La economía crece, pero no para todos

Nota publicada en PERFIL: https://www.perfil.com/noticias/opinion/la-economia-crece-pero-no-para-todos.phtml Resulta contradictoria la situación económica de la Argentina, con un crecimiento a marzo pasado del PBI, según el INDEC, del 5,5% anualizado, y del 3,5% respecto de febrero, pero con ingresos a la baja de la mayoría de la población. No solo corren por detrás de la inflación los salarios y jubilaciones, sino buena parte de las ganancias de los sectores no favorecidos por el núcleo actual de la acumulación capitalista local. En efecto, el crecimiento del PBI se explica principalmente por la novedad en la acumulación, la energía, la minería y el sector asociado al conocimiento y las nuevas tecnologías. A ellos se suma el tradicional sector del agro negocio y las finanzas. Por el otro lado, en retroceso, corre el comercio, la industria o la construcción, aún con los datos positivos de marzo. De hecho, existe un nuevo núcleo de la acumulación capitalista, que explica la expansión del PBI, como consecuencia de cambios que se viene operando hace medio siglo y que manifiestan su madurez en la coyuntura bajo gestión Milei. En este sentido está la apuesta a la “nueva industrialización” pensada para el país. A eso apunta el súper RIGI que sugiere el gobierno, estimulando la transformación de las materias primas que explican el boom de exportaciones actuales. Por un lado, hay expectativa en los proyectos aprobados bajo el RIGI, en donde el gobierno espera se acelere la concreción de esas inversiones, por ahora demoradas. A esos beneficios apunta la UIA, que demanda un RIGI propio. Más aún, Luis Caputo dice que ya “no hay más espacio para el ajuste” y que, por lo tanto, la apuesta es al crecimiento. Para eso un nuevo RIGI, para inversores que adicionen valor a la producción de energía y de minería. No llegan aun las inversiones del RIGI, por más que se hayan aprobado y ya sueñan con nuevas rondas de inversiones externas para una novedosa industrialización de la Argentina. Los datos de inversiones extranjeras en el mundo no validan al país como destino y mucho menos el elevado riesgo país, que más allá de la propaganda oficial se mantiene por encima de los 500 puntos, muy lejos de las calificaciones de otros países de la región. No es que sea importante esa calificación, pero es una norma del orden capitalista a la que el gobierno y los grandes inversores miran con atención. El capitalismo argentino está en una profunda transformación socioeconómica desde hace medio siglo y parece consolidarse bajo la gestión Milei, que intenta repetir su mandato desde 2027. Para contrarrestarlo hace falta otro proyecto de país, sustentado en un programa económico y político que atienda la satisfacción de las más amplias necesidades populares. No alcanza con la extensión importante de protestas sociales en expansión sin una referencia política que contenga las demandas de las movilizaciones sociales en defensa de los ingresos salariales y previsionales, la educación o la salud pública, el derecho a la energía, entre muchas demandas. Esas protestas necesitan referenciarse en proyectos políticos alternativos que entusiasmen a una mayoría suficiente para intentar un rumbo a contramano del programa hegemónico de las derechas. No hay respuesta desde las identidades tradicionales, por lo que la expectativa está en la emergencia de una nueva representación política que asuma el programa de la crítica y de la resistencia popular. En todo caso es lo que asoma en una referencialidad creciente de la izquierda que está desafiada a constituirse en proyecto social masivo. Buenos Aires, 26 de mayo de 2026

El capitalismo en crisis y las incertidumbres sobre el futuro

La economía mundial está en crisis, los que supone la exacerbación de la confrontación entre las/os propietarias/os de los medios de producción y las/os propietarias/os de la fuerza de trabajo. Aludimos a la lucha de clases expresada esencialmente en la relación entre el capital y el trabajo, entre capitalistas y trabajadoras/es. Decir economía mundial apunta a destacar que el orden capitalista en su totalidad está en crisis. No solo es la economía, sino la política y con ello, la totalidad de vida, de la humanidad y de la naturaleza. El capitalismo, producto de la crisis, está en reestructuración, lo que significa un nuevo momento de las relaciones de explotación y del saqueo; una redefinición de la función estatal para asegurar el objetivo del régimen del capital, sea en la obtención de ganancias, la capacidad de acumular y de dominar para reproducir una lógica de proliferación del régimen de explotación y saqueo. Pero, como el capitalismo es una relación social, junto a la dominación está la subordinación, la de las clases subalternas, las que resisten la iniciativa del poder concentrado, generando no solo la resistencia, sino recreando perspectivas de emancipación social. Es una dinámica de revolución en la búsqueda de un nuevo orden anticapitalista. La confrontación de proyectos, entre la clase dominante y la subalterna se procesa en los órdenes nacionales, regionales y en el mundial. En cada país se procesan iniciativas de lucha de clases, las que articulan regional y globalmente. Solo para arrimar un ejemplo, pueden pensarse los cambios nacionales ocurridos en varios países de Sudamérica en la primera década del siglo XXI, quienes articularon propuestas novedosas de carácter regional en torno a una integración no subordinada en materia económica, financiera, política, comunicacional, cultural. El impacto en la sociedad mundial fue importante, incluso construyendo iniciativas de articulación en campañas mundiales, caso del Foro Social Mundial en Brasil hacia el 2001, que se extendió por todo el planeta. Ahora, a fines de marzo pasado, nuevamente en Porto Alegre se convocó globalmente a la construcción de una Conferencia Antifascista y Antimperialista, con la pretensión de confrontar a los múltiples foros de la ultraderecha. Crisis y violencia Es un dato relevante la crisis capitalista y los nivele de incertidumbre que genera la creciente desigualdad, el aumento de la carestía con el retorno de la inflación, las amenazas que suponen la extensión de la guerra y la militarización, exacerbando el carácter delictivo del capitalismo contemporáneo. Esto ocurre vía aumento de la venta de drogas, armas o la trata de personas, más la creciente especulación de mercados financieros que extienden el papel del capital ficticio en beneficio de pocos sectores sociales altamente concentrado en desmedro de la inmensa mayoría de la población mundial. Se repite un fenómeno esencial del capitalismo desde su origen: la violencia, que junto al “progreso” tecnológico productivo, incluso de la extensión de las expectativas de vida, crece la “devastación” por medio de calamidades naturales evitables, desde inundaciones a sequías, pasando por pandemias que afectan a los sectores más empobrecidos de la población. El progreso y la devastación constituyen una constante en nuestro tiempo, agravando el problema de la desigualdad de ingresos y de riquezas. La violencia está en el origen del capitalismo y se reproduce en el marco de procesos de crisis y reestructuración capitalista. El capitalismo se construyó desde la lógica colonialista e imperialista, que supuso la conquista de pueblos y territorios, junto a la cacería desplegada en África para la esclavización de fuerza laboral. Son mecanismos en el origen del capitalismo que constituyen su continuidad estratégica bajo nuevas modalidades de explotación de la fuerza de trabajo. La apropiación territorial supone al mismo tiempo la dominación sobre la “madre” y el “padre” de la riqueza: la naturaleza y el trabajo. Es una constante que bajo diferentes modalidades acontecen en la historia del capitalismo. Las crisis convocan a reestructuraciones violentas, por eso las dos guerras mundiales entre 1914 y 1945, o la actualidad del genocidio operado en Gaza, la violación de la soberanía en Venezuela o la agresión militar a Irán, o la exacerbación del bloqueo sobre Cuba, solo por mencionar ejemplos evidentes de la violencia imperial capitalista contemporánea. En la actualidad, el capitalismo pretende reestructurarse afirmando la tendencia a la liberalización de la economía, curiosamente, con fuerte intervención estatal para ejercer la violencia sobre países que pretendan rumbos alternativos o autónomos. Por eso, es una liberalización con sanciones unilaterales que rompen las normas internacionales por los países más poderosos, por caso, contra las normas establecidas en la ONU hacia 1945. La incapacidad de la ONU para hacer respetar las normas internacionales establecidas por las potencias hegemónicas hacia 1945 habla de la crisis de la institucionalidad mundial del orden capitalista. La realidad es una tendencia extendida a la precariedad del empleo y el ingreso de trabajadoras y trabajadores, la mayoría de la población mundial. Del mismo modo que se extiende la lógica de la privatización y la desregulación, favoreciendo la iniciativa del capital privado en la perspectiva de restablecer niveles superiores de producción y acumulación de las ganancias. Se trata de una dinámica que busca sostener la hegemonía lograda luego de 1945 por EEUU, hoy desafiada desde Asia por China, que articula relaciones internacionales más allá de la dominación económica, financiera, monetaria construida desde Washington. Alternativa al capitalismo En ese marco se procesa la carrera por la innovación tecnológica, la productividad del trabajo y la capacidad de apropiar concentradamente el excedente, que es resultado de la producción social, cada vez más extendida en su potencia de universalización. Esa universalidad creciente del capitalismo convoca a una respuesta de carácter alternativo, por otra sociedad. No es un tema nuevo, que podemos traer al debate desde la tradición de organización y lucha por la revolución. La revolución fue la estrategia del movimiento obrero que anticipó el Manifiesto Comunista en las luchas de 1848 en Europa, territorio del movimiento obrero en su primera etapa. Una estrategia que se asumió bajo la consigna: “proletarios del mundo uníos”, como consigna de la Asociación Internacional de Trabajadores hacia 1864, que tuvo materialidad con el intento de la Comuna de París en 1871, y más aún, con la Revolución en Rusia en 1917. Esas experiencias se desarrollaron como fundamentos para una expectativa en contra y más allá del capitalismo. Con la ofensiva capitalista de los 70/90 del siglo pasado, emerge en esta tercera década del siglo XXI la ofensiva política de la ultraderecha, con su proyecto reaccionario por desarmar conquistas históricas de la lucha obrera y popular, en un intento de relanzar la lógica de explotación y saqueo. Como siempre, la resistencia obrera y popular se opone a la política criminal de la ofensiva del capital y de las ultraderechas y reanima la búsqueda por caminos alternativos que otorguen perspectiva histórica a la posibilidad de la lucha por otro orden mundial, sin explotación y saqueo de los bienes comunes. Es la experiencia de las luchas de las/os trabajadoras/es y de nuestros pueblos los que construyen la esperanza liberadora en todos los continentes, por una nueva institucionalidad global en donde sea los pueblos los que definan el presente y el futuro. Buenos Aires, 22 de mayo de 2026

La fragmentación del movimiento obrero limita la síntesis estratégica para construir alternativa de poder

La reestructuración regresiva del capitalismo en la Argentina por medio siglo, desde la dictadura genocida en 1976, puede explicar el retroceso de las/os explotadas/os en su confrontación con la clase propietaria, local y extranjera, del núcleo principal de acumulación capitalista. En efecto, ante la acumulación de poder popular de la clase trabajadora hacia 1975/76, la respuesta fue la genocida ofensiva del capital en contra del trabajo, que hoy se asume, además, como ofensiva de la ultraderecha (el gobierno de Javier Milei) para eliminar las conquistas obtenidas en la lucha obrera y popular. Se acaba de aprobar una reaccionaria reforma laboral en contra de derechos históricos de trabajadoras y trabajadores, que era un objetivo de largo aliento del gran capital. La acumulación de poder popular fue producto o de un siglo de experiencias de organización y lucha (1875-1975), en la que confrontaron una estrategia de conciliación de clases, hegemónica luego de 1945, para el desarrollo del capitalismo y una corriente que sustentó una estrategia de poder en contra del capital, hegemónica en los albores de la emergencia obrera a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Esa disputa coexistió desde el inicio de la organización política de la clase trabajadora y se proyecta en nuestro tiempo en las formas que asume la fragmentación y la reorganización del movimiento de trabajadoras y trabajadores. Es algo que se visibilizó en la diversidad de actos del 1° de mayo pasado. Son tendencias que conviven en la resistencia cotidiana, expresadas en paros generales y diferentes formas de lucha, pero sin síntesis de una propuesta política alternativa a la lógica capitalista. Regresivos cambios estructurales La pobreza y el desempleo oscilaron en torno al 5% y al 3% respectivamente antes de la ofensiva reaccionaria de la Dictadura genocida iniciada en 1976. En la actualidad, la pobreza oscila entre el 30 y el 50% desde hace tres décadas, como dato estructural de la organización económica de la sociedad en Argentina. El desempleo, el subempleo y la situación irregular, de precarización en el empleo, creció de manera alarmante y afecta al 50% de la población trabajadora. Por eso, el impacto regresivo en la distribución del ingreso, que desciende desde el máximo de un 50% para el capital y otro tanto para el trabajo a niveles de 70 a 30, en desmedro de la clase trabajadora. La Argentina contemporánea es más desigual en apropiación de ingresos y de riqueza con relación a las formas del desarrollo capitalista previo al proceso inaugurado hace medio siglo desde el golpe de Estado de 1976. El golpe del 76 instaló reaccionarias reformas en las relaciones entre el capital y el trabajo, tanto como en las funciones asumidas por el Estado y en un realineamiento internacional del país favorable a la dinámica de liberalización y transnacionalización del régimen del capital. No sorprende entonces que el primero de mayo de 2026 presentó diferentes actos y movilizaciones de las centrales sindicales existentes y de organizaciones sindicales, sociales y políticas. Esa diversidad es una manifestación de estrategias divergentes que existen en el movimiento obrero y popular, de quienes mantienen una lógica de conciliación de clases en tiempos de imposibilidad para políticas de tipo keynesiana, funcionales a otro momento del capitalismo global. Otros, sustentan lógicas de confrontación sin conciliar diagnósticos relativos a la derrota sufrida por el movimiento obrero desde la ofensiva capitalista global de los ´70 y los ´90 del siglo pasado. Constituye aún una asignatura pendiente el balance de la lucha de clases contemporánea, de los ciclos acontecidos desde los orígenes del movimiento obrero y las estrategias por la emancipación y la revolución, de 1848 al presente. Aludimos a una derrota estratégica que afectó el imaginario por la lucha anticapitalista, antimperialista, anticolonialista y toda forma de discriminación o racismo. En rigor, un diagnóstico adecuado sobre la derrota sufrida es el punto de partida para reagrupar al movimiento de trabajadoras y trabajadores en una nueva estrategia por la revolución en contra y más allá del capital. Desafíos estratégicos Son líneas escritas pensando en la Argentina, pero que pueden hacerse extensivas a otras latitudes, en tanto acontecen cambios reaccionarios en el capitalismo mundial a la salida de la crisis de rentabilidad de los 60/70 en todo el mundo. Cambios estimulados por la derrota y desarticulación del socialismo en el este de Europa y muy especialmente con el fin de la Unión Soviética y la bipolaridad del sistema mundo. El movimiento obrero y la izquierda está desafiada a gestar un nuevo tiempo por la revolución y el socialismo, en donde la teoría revolucionaria está convocada al análisis riguroso y la generación de síntesis de nuevas experiencias de transformación revolucionaria. Son reflexiones que remiten a una práctica teórica política en el movimiento obrero y en la izquierda, en la Argentina y en la región. Reflexiones que apuntan al desafío intelectual por reconstruir una estrategia contra el capital en esta tercera década del Siglo XXI. Buenos Aires, 5 de mayo de 2026. A 208 años del nacimiento de Karl Marx.