¿Alimentos o combustibles?

La producción agropecuaria tuvo históricamente un sentido asociado a la alimentación de la población. La revolución agraria que antecede a la industrial se vincula a la mayor capacidad de la humanidad por generar una producción que resuelva las necesidades de la sociedad humana, al tiempo que favorezca la producción y reproducción de la vida misma.
Así, agricultura y vida estuvieron asociadas al debate sobre la capacidad de resolver las crecientes necesidades de una sociedad en expansión y cuyas necesidades alimentarias se hacían más complejas y crecían en amplitud y diversidad. La historia contemporánea demostró largamente que la productividad agraria y agroindustrial hizo avanzar la producción de alimentos más allá de las crecientes necesidades alimentarias, claro que lo dicho se relativiza en la sociedad capitalista contemporánea que da cuenta de más de 1.000 millones de personas con hambre en el mundo según estadísticas de la FAO al año 2009.
Alimentos para toda la población mundial existen, lo que no existe es capacidad de compra del conjunto de la población. Eso explica el hambre, la miseria y la desnutrición. La crisis alimentaria actual combina un impresionante crecimiento de la oferta de alimentos y el hambre. Es que el tema necesita completarse con el nuevo destino que se asigna a la producción agrícola: la energía. Es casi un dato “natural”, mejor decir naturalizado el destino como bien intermedio para producir energía de productos tradicionalmente destinados a la alimentación. De este modo, los productos agrícolas se destinan solo en parte como alimentos y otra parte como insumos para la producción de energía.
Es el resultado de un modelo productivo en el capitalismo contempráneo que está agotando las reservas del insumo estratégico por excelencia para la producción, tal como los hidrocarburos. El agotamiento del pico de reservas de petróleo convoca al desarrollo de fuentes alternativas de energía, sea eólica, solar, hidráulica, a la que se adiciona en el presente la que se deriva de la agricultura. La energía disputa alimentos a las personas. En rigor, el patrón de consumo actual, del automotor individual, p.e. (pensemos en el record de la producción de automóviles en Argentina) absorbe la producción energética agotando las reservas internacionales. El resultado es el crecimiento de la incertidumbre sobre las fuentes de provisión energética y la convocatoria a sembrar agricultura con destino a la producción de insumos energéticos.
Es conocido el crecimiento del precio de la soja. La novedad viene del crecimiento del precio del maíz, tradicionalmente por debajo del producto estrella de la tradición agrícola en la Argentina, el trigo. La realidad es el acercamiento del precio internacional del maíz y la creciente tendencia a la expansión de la frontera agrícola maicera. De la gran cosecha de 100 millones de toneladas, el 51% es de soja, y otro 40% se lo llevan el maíz y el trigo. Los crecientes precios internacionales estimulan esa producción más allá del destino de consumo, directo o intermedio, para las personas o la producción material industrial. De hecho, la soja tiene destino en el consumo animal, ante el cambio de la dieta alimentaria en países asiáticos, especialmente China. Es creciente el uso del maíz como insumo energético.
La sociedad está naturalizando el cambio de producir agricultura para alimentos y destinarla como provisión de insumos estratégicos para la energía. ¿Es un tema discutido en esos términos en el conjunto de la sociedad nacional, regional o mundial? ¿Hay que subordinarse a este destino definido por las transnacionales de la alimentación, la genética y la biogenética? ¿El patrón productivo y de consumo actual es el único posible? ¿Se puede asociar una respuesta soberana en la alimentación y en la energía? ¿Existen recursos para ello? No son interrogantes ociosos, sino necesarios en la perspectiva de discutir  el modelo productivo y de desarrollo vigente, al tiempo que pensamos rumbos alternativos para aprovechar las ventajas comparativas de la argentina como productor de alimentos, claro que desafiando a la recuperación de la soberanía petrolera para discutir también la inserción del país en el debate energético desde la recuperación de los recursos naturales, especialmente el petróleo y el gas.

La OTAN contra Libia

Mientras siguen los bombardeos de la OTAN sobre Libia, es bueno interrogarse sobre las causas de esa agresión, que como en muchas ocasiones anteriores tienen olor a petróleo.
Quizá uno de los mejores analistas de la situación es el líder de la revolución cubana, Fidel Castro, que recientemente, el 29 de marzo pasado, en una de sus reflexiones (pueden leerse en internet en:  http://www.cubadebate.cu) señala que “No había que ser adivino para saber lo que preví con rigurosa precisión en tres Reflexiones que publiqué en el sitio Web CubaDebate, entre el 21 de febrero y el 3 de marzo: “El plan de la OTAN es ocupar Libia”, “Danza macabra de cinismo”, y “La Guerra inevitable de la OTAN”.
En esa sucesión de reflexiones en tan poco tiempo se anuncia y denuncia la operación “ocupación territorial” por parte del imperialismo. Es una crónica impecable de un observador protagonista muy activo por más de medio siglo y con capacidad de análisis sobre la conflictividad global. No olvidemos los 50 años de bloqueo criminal a Cuba. Es que el imperialismo sabe interpretar cuando existe peligro para la continuidad de su régimen: el capitalismo.
Veamos un poco hacia atrás en la historia, y cuando se consolidó un bloque de países socialistas al finalizar la segunda guerra mundial, el objetivo principal del imperialismo y especialmente EEUU fue atacar a la URSS y al bloque socialista en lo que se conoció como guerra fría.
El alejamiento de China de ese bloque motivó el acercamiento estadounidense para desgastar y diferenciar la situación al interior de los países socialistas. Como consecuencia de ello, las relaciones entre EEUU y China, e incluso entre el gigante asiático y el mundo capitalista avanzó en relaciones comerciales, al punto de convertir a China en el principal destino de las inversiones externas globales, e incluso en potencia mundial.
Caída la URSS y desarticulado el bloque socialista en el este de Europa, la agresión se concentró en Cuba y en la emergencia de nuevos países con proyecto liberador, incluso socialista, especialmente Venezuela. ¡Qué casualidad, también un gran productor y exportador de petróleo, incluso gran proveedor de crudo al imperio! Pero sobre todo, una amenaza para el orden capitalista.
A comienzos del 2011 estalló la conflictividad social y política en Túnez y en Egipto, dos países aliados de la estrategia estadounidense en el norte de África. Entre ambos países se ubica el territorio de Libia. El ascenso de la lucha de masas en Egipto hizo renunciar al gobernante que por 30 años fue funcional al acuerdo árabe-israelí, que aseguraba la provisión petrolera al mundo capitalista, al tiempo que puso freno al nacionalismo de ese y otros pueblos árabes con fines de liberación y perspectiva socialista.
Todo iba sobre ruedas hasta que la rebelión popular pateó el tablero y desarmó los acuerdos de décadas y habilitó a pensar nuevamente en perspectiva anticapitalista. Desde ese momento comenzó la preocupación imperialista, especialmente por la dinámica social en buena parte de los países árabes, vinculados a la producción y circulación petrolera y de comercio exterior entre Asia y el capitalismo desarrollado.
Es la oportunidad elegida por los estrategas de la dominación capitalista para enfrentar al régimen libio. Hay que señalar que en los años anteriores Libia realizó cuantiosos negocios con los principales países europeos y con EEUU, que hizo pensar a muchos que Khadafi había modificado sus lealtades, que a comienzos de los 70´ lo ubican entre los principales líderes del tercer mundo y con una original propuesta de organización socialista para su país. De hecho, la calidad de vida en Libia, petróleo mediante, es superior al conjunto de los países vecinos.
Este gambito de Khadafi, de líder setentista a negociador y socio privilegiado con las transnacionales, le hace decir a Fidel en su mencionada reflexión: “Puedo expresar mis puntos de vista sobre la guerra en Libia con entera libertad. No comparto con el líder de ese país concepciones políticas o de carácter religioso. Soy marxista-leninista y martiano, como ya he expresado. Veo a Libia como un miembro del Movimiento de Países No Alineados y un Estado soberano de los casi 200 de la Organización de Naciones Unidas.” Queda clara la referencia a la historia como integrante de los “No alineados” más allá de los negocios de los últimos años.
Continúa señalando Castro que: “Jamás un país grande o pequeño, en este caso de apenas 5 millones de habitantes, fue víctima de un ataque tan brutal por la fuerza aérea de una organización belicista que cuenta con miles de cazabombarderos, más de 100 submarinos, portaaviones nucleares, y suficiente arsenal para destruir numerosas veces el planeta. Tal situación jamás la conoció nuestra especie y no existía nada parecido hace 75 años cuando los bombarderos nazis atacaron objetivos en España.” Y más aún, señala que “Ahora, sin embargo, la desprestigiada y criminal OTAN escribirá una “bella” historieta sobre su “humanitario” bombardeo.”
Es una denuncia al carácter unilateral de la agresión de la OTAN sobre un país independiente. El imperialismo miente y agrede, como lo hizo con la URSS, con Cuba, con el socialismo, y ahora con Venezuela, y militarmente con Haití, con ayuda de militares latinoamericanos, con Afganistán e Irak asociada con varios países, y ahora con Libia, desembozadamente con la OTAN.

El FMI visita y asesora al gobierno argentino


Esta semana tuvimos la visita de técnicos del FMI para asesorar a la Argentina en materia de estadísticas. Todos reconocen las debilidades estadísticas de la actualidad. Los datos hablan por sí mismo. ¿Cuál es el dato válido sobre inflación?
Para el 2010, el INDEC informa un registro del 10,9%, mientras que el organismo oficial de la Provincia de Mendoza anuncia un 20,8% de incremento anual; siendo del 32% el dato para la Provincia de Jujuy, del 13,8% para la provincia de Córdoba y un 26% para la Provincia de Santa Fe.
La dispersión va del 10,9% al 32%, considerando el dato nacional del INDEC y de las cuatro provincias visitadas por los técnicos del FMI para conocer las metodologías de relevamiento de datos, tanto a nivel nacional como en el ámbito de las Provincias entrevistadas.
A priori no es creíble que el costo de vida aumente en mayor proporción en Jujuy que en Córdoba, o en la zona metropolitana del Gran Buenos Aires, aunque no debería llamar la atención que hubiera precios diferenciados en condiciones de un funcionamiento económico de libre mercado. Eso explicaría mayores precios en zonas de residencias de elevados ingresos contra otras de menores recursos. Pero la dispersión del mercado libre no invalida para elaborar indicadores adecuados que expresen los promedios en la evolución de los precios de una canasta media de una familia tipo.
La medición de precios es siempre un promedio de referencia para la actividad económica. El problema es que desde el 2007 existe una interferencia en el organismo nacional que contribuye al deterioro en el registro estadístico.
Es uno de los temas a resolver con urgencia y por eso el acuerdo del gobierno con el FMI, aunque vale interrogarse si era necesario acudir al organismo internacional cuando durante el año pasado funcionó una comisión integrada por especialistas de universidades públicas de la Argentina. Actuaron profesionales de las Universidades de Buenos Aires, Rosario, Tres de Febrero, Tucumán y Mar del Plata.
El informe de las universidades es crítico, muy crítico, y aun conociendo en detalle la opinión técnica local se acudió al Fondo. ¿Por qué? La realidad es que la Argentina integra el Grupo de los 20, que asumió protagonismo como cumbre mundial de jefes de Estado en la crisis del 2008, y entre las principales resoluciones se fortaleció el papel del FMI para atender la crítica situación de la economía mundial.
La Argentina venía de una relación tortuosa con el FMI, ya que desde el 2006 se obturó la realización de auditorías de las cuentas públicas del país por parte del organismo mundial. Es un tema que genera múltiples especulaciones que incluyen un debate que existió, por diferentes razones, desde el comienzo de la existencia del G20, y que remite a la pertinencia de la participación argentina en ese cónclave mundial.
Lo cierto es que Argentina ha dado variadas señales de normalización con el mercado financiero mundial, sea el pago anticipado al FMI y el formal cumplimiento en tiempo y forma de todos los vencimientos con organismos internacionales, excluidos de la cesación de pagos (default) del 2001; realizó el canje de deuda en default en el 2005 y lo reabrió en 2010, alcanzando a más del 90% de los títulos en cesación de pagos, lo que da cuenta de acuerdos importantes con la mayoría de los acreedores privados de la deuda pública Argentina. Uno de los temas pendientes lo constituye la deuda con el Club de París, aunque en 2010 se hicieron anuncios públicos de inicios de las negociaciones.
Todo indica que Argentina cumple con los requisitos del mercado financiero mundial para normalizar su situación luego del default de hace una década, entre ellos, reconstituir una relación con el FMI. El asesoramiento por indicadores de inflación debe medirse en ese contexto.
El tema también interesa al FMI, especialmente luego de que su titular, Dominique Strauss Kahn ha manifestado, tardíamente por cierto, que el consenso de Washington se acabó. El FMI sabe, crisis mundial mediante, que no puede dictaminar desde las alturas la liberalización de la economía, tal como lo hiciera en décadas anteriores, y el gobierno argentino también sabe que si su rumbo es la normalización capitalista de la Argentina, se requiere el visto bueno del FMI.
Son condiciones de funcionamiento mutuo de instituciones del sistema mundial que nos hacen pensar en la urgencia de discutir una nueva arquitectura financiera mundial, donde los pueblos pueden ejercer la soberanía financiera. América latina y el Caribe están desafiados a materializarla.

Conversatorio Alternativas de Resistencia a la Crisis Global

Con la participación de:
Eric Toussaint (Belgica)
Maria Lucia Fatorelli (Brasil)
William Gaviria (Colombia)
Jorge Marchini (Argentina)
Julio Gambina (Argentina)
Victor Mendibil (Argentina)
Carlos Chile (Argentina)
Manuel Gutierrez (Argentina)Viernes 15 de Abril, 2011
6pm - 8pm
Federación Judicial Argentina
Rincón 74 (Continuación de Junín)
Buenos Aires, Argentina
Convoca:
CADTM AYNA
ATTAC Argentina
Encuentro Sindical de Nuestra América

Cambios económicos en Cuba. ¿Qué se debate? ¿Qué relaciones existen con la cuestión económica de la Argentina?

Vengo de estar una semana en La Habana, Cuba, donde la población está discutiendo sobre algunos cambios necesarios en la economía cubana, y a mí me resulta interesante para comparar con el debate que al respecto ocurre en la Argentina.
I
Un primer gran tema se asocia al comercio exterior, deficitario en la isla y superavitario entre nosotros, donde la producción agropecuaria está en el centro de la atención.
Los cubanos importan cerca de 2.000 millones de dólares en alimentos, para satisfacer la demanda del 70% aproximadamente de sus necesidades alimentarias, sean de la población como del creciente turismo de extranjeros.
En el caso argentino, la cosecha de 100 millones de toneladas, de las cuales el 51% es de soja, tiene destino principal el mercado externo. El resto se comparte entre el maíz, el trigo, el girasol y otros cultivos, buena parte destinada al comercio mundial.
En ambos países existe la preocupación por el crecimiento de la producción agropecuaria, pero a diferencia de la Argentina, la política agraria cubana está asentada en la entrega de tierras a productores individuales u organizados en cooperativas para la producción de alimentos.
El estímulo a la agricultura familiar y cooperativa es el rumbo definido en la isla, mientras que en la Argentina el resultado del desarrollo en el campo es la concentración y extranjerización de la tierra y la producción.
II
Otro tema de interés pasa por la eficiencia de la economía y el crecimiento de la productividad del trabajo. Es una cuestión que se discute en ambos países.
En la Argentina se manifiesta como disputa en la distribución funcional del ingreso, entre los propietarios de empresas y los trabajadores, mientras que en Cuba se define por nuevas formas de organización del trabajo más allá del orden estatal.
En nuestro país se concentra el debate entre los trabajadores regulares y los empresarios en las negociaciones colectivas de trabajo que involucran aproximadamente al 20% de la fuerza laboral del país, una minoría por cierto, que deja afuera a desocupados, subocupados y trabajadores irregulares.
En Cuba se discute que el Estado deje de ocuparse de peluquerías u otros servicios personales, tales como los de plomería, cuidadores de estacionamientos, paseadores de perros, u otras múltiples actividades de oficios, los que pasarán a resolverse, no sin facilidades de infraestructura otorgada por el Estado a un 10% aproximado de la fuerza laboral del país.
De 5 millones de población en edad de trabajar, el proyecto de desvinculación del empleo estatal para los próximos 5 años alcanza a unos 500.000 trabajadores, lo que llevó a muchos, especialmente fuera de la isla, a exagerar con que Cuba transitaba el camino del socialismo al capitalismo.
Ni la educación o la salud, ni los sectores estratégicos de Cuba, sea la energía, o los principales sectores de la producción tradicional de níquel o azúcar, o sectores nuevos, caso de la biotecnología, producción de medicamentos, o del sector petrolero, se piensa en sacarse de la hegemonía y dominación del Estado cubano.
La mayoría de esos sectores están privatizados e la Argentina.
III
Si las discusiones sobre el ingreso en la Argentina se concentran en el salario y su actualización, en Cuba se extiende al conjunto del orden económico.
En nuestro país no se discute la macroeconomía en las empresas, si ni siquiera se incluye el debate sobre las condiciones de salud y medio ambiente de trabajo.
En Cuba se organizaron asambleas de trabajadores donde participaron más del 90% de los 3.500.000 trabajadores afiliados a las 18 federaciones sindicales de la Central de Trabajadores de Cuba, donde incluyeron importantes cambios a la propuesta original del documento congresal del partido de gobierno. Entre otras, aquella desvinculación de medio millón de trabajadores pensada para realizar durante el presente ejercicio fiscal ha sido ralentizada para materializarse en un periodo de cinco años y perfeccionando los consensos al interior de los colectivos laborales para definir la fuerza de trabajo necesaria en cada centro laboral. Para que se entienda, quienes definen la extensión y nómina de una plantilla laboral en Cuba, son principalmente los trabajadores de cada centro laboral. No es una decisión patronal o gubernamental.
IV
Ambos países están excluidos del crédito internacional, por razones distintas, aunque la deuda externa es un punto en común y Cuba incorpora el bloqueo definido por EEUU.
La Argentina viene reinsertándose en el mercado financiero mundial desde el canje de deuda del 2005 y el riguroso pago a los organismos internacionales. Es un hecho a un costo gigantesco, donde las cancelaciones de deuda suman más que la factura de educación y salud en conjunto, mucho más.
Cuba intenta una inserción diferenciada, especialmente por afinidades diversas, con China por un lado, pero especialmente con la región latinoamericana, especialmente con Venezuela y los países del ALBA, la Alianza Bolivariana para los pueblos de las Américas, donde existe ya un Banco propio que empezó a caminar, ante la parálisis que aún impide el funcionamiento del Banco del Sur.
El ALBA experimenta el intercambio con moneda regional, algo que Argentina también lleva adelante con Brasil.
V
Son diferentes aspectos comunes que muestran diferencias sobre el rumbo del modelo productivo que impulsan nuestros países y sirven para pensar en términos de alternativas posibles al orden actual.