Milei pone en evidencia la crisis política

Milei avanza en su proyecto liberalizador, en defensa de la propiedad privada de los grandes medios de producción, esos que están concentrados en manos de grandes inversores, locales y mundiales. Nada para los pobres, los que tendrán que esperar el “derrame” prometido por la ideología liberal libertaria. No es una novedad, pero arrastra en la coyuntura el consesno electoral de sectores empobrecidos. Desde el diario La Nación aluden a una “revolución”, aseveración en la letra de sus principales columnistas, Carlos Pagni y Joaquín Morales Solá. Una revolución a favor de un capitalismo ortodoxo, sin intervención económica del Estado, a tal punto, que Milei reprime y pretende cobrar a los reprimidos el costo de la represión. Según Milei, el pueblo resistente debe pagar lo que no quiere comprar: la represión, lo que será una vulneración del principio de libertad que sustenta el anarco-capitalista en el gobierno. La lógica política del nuevo gobernante en Argentina desconcierta a propios y extraños, ya que convoca a sesiones extraordinarias y nadie conoció la letra chica en el Congreso hasta hoy, y en sintonía con la regresividad política, se califica a ambos instrumentos de un contenido antidemocrático, sea la Ley Ómnibus como Decreto de Necesidad y Urgencia, el DNU, que arrasa con 300 regulaciones de un plumazo, con claros beneficiarios en la cúpula empresarial y una extensa variedad de perjudicados entre los sectores empobrecidos. Además, amenaza Milei a los congresistas señalando que, si no aprueban el DNU, convocará a un plebiscito para que la sociedad ratifique su voluntad de transformación reaccionaria. El Procurador Rodolfo Barra, recordado ejecutor implacable del programa menemista en los 90, destaca el carácter no vinculante de esa consulta. Sin embargo, la amenaza apunta a resaltar la continuidad del consenso social en la “revolución restauradora” del poder oligárquico imperialista. La realidad del alza de precios de la “revolución liberal” puede evidenciar los límites del consenso social logrado en el proceso electoral, en apariencia supérstite mientras no se receptan aun las subas de tarifas en servicios públicos de energía o transporte. El descontento no es aun visible y genera desconcierto sobre como confrontar con una línea política de esencia ortodoxa en el discurso que no tiene experiencia de ejecución. Hasta algunos liberales temen por el experimento ultra liberal de Milei, quien apuesta a ser “modelo” en el mundo y por eso desafía con sus propuestas a la elite del pensamiento y la política global. Repite sin datos fehacientes que Argentina fue líder de la economía mundial a comienzos del Siglo XX y que ahora debiera retomar ese lugar. El interrogante está en si la sociedad argentina soporta el deterioro de una calidad de vida que viene de medio siglo de retroceso, con escasos momentos de tibia recuperación, que nunca supusieron revertir la “revolución” conservadora, verdadero propósito del golpe de 1976 y del rumbo potenciado en los 90 con gobernantes peronistas y radicales, una senda que intentó desarrollar Mauricio Macri entre 2015 y 2019. Alternativa se busca Se trata de un problema estructural, en rigor, no solo de la Argentina, sino en el ámbito mundial. La crisis política es global y las clases dominantes discuten como procesar una propuesta que otorgue salida a la crisis del 2007/09, lo que explica las tendencias de “derecha” que se ensayan en el ámbito mundial. En ese marco se destaca Milei, una derecha no nacionalista, que exacerba el argumento esencial de la escuela austríaca, desde Carl Menger a Murray Rothbard. La revolución “liberal”, “neo”, desplegada desde el terrorismo de Estado del sur de América, como ensayo, y generalizada en el norte imperialista por Thatcher y Reagan, entró en crisis. Esa es la razón para que aparezcan ideas y proyectos “salvadores” por derecha, evidenciando también el fracaso de propuestas tradicionales de una izquierda que colapsó en la experiencia de la URSS y sin réplica en el presente. Proyectos que sobreviven a esa experiencia o “modelo” intentan, con suerte diversa, abrir sus propios rumbos, que aun requieren ser analizados en sus posibilidades de transformación anticapitalista. El capitalismo viene respondiendo a la crisis de los 60/70 con una ofensiva reaccionaria que se define en el crecimiento de la desigualdad, la afectación del medio ambiente y la profundización de una lógica de militarización, violencia explícita y estímulo a la criminalidad del orden vigente, con trata de personas, venta de drogas, armas y una especulación exacerbada dirigida por el capital ficticio. La ausencia de alternativa política es el problema a resolver. El fracaso de las propuestas de “reforma” al orden emergente hace cuatro décadas en la Argentina, con continuidad de un modelo productivo primario exportador demanda la generación de un proyecto sustentado en un bloque social que, partiendo de las experiencias sociales y políticas por otro orden, pueda proyectar un horizonte de “revolución” en contra y más allá del régimen del capital. Resulta imprescindible la crítica al capitalismo, lo que supone recuperar en esencia los análisis de Marx, contra quien se levantó la “escuela austríaca”. Se trata de un debate histórico por la supervivencia del régimen del capital o la posibilidad de confrontarlo. La teoría austríaca tiene ahora la posibilidad de ejercer políticamente sus postulados, convocando al mismo tiempo a una crítica sustancial sobre el orden capitalista, con las especificidades nacionales de la Argentina y su inserción global, en una historia viva de búsqueda de la emancipación social. Asistimos a un tiempo de crisis de la política y de ensayo de nuevas propuestas sustentadas en la crítica del orden vigente. Buenos Aires, 27 de diciembre de 2023

Digitalización y Universidad. Desafíos ante la crisis capitalista y el desarrollo tecnológico inducido por el gran capital transnacional

Lo que sigue son los fundamentos de mi presentación en el debate internacional sobre “La transformación digital en la educación: luces y sombras”, organizado por “KAIROS-EDUCACION, equipo para la transformación educativa y social sostenible” y “ciiove, centro internacional de investigación OTRAS VOCES EN EDUCACION”. La actividad se desarrolló por plataforma el pasado 19 de diciembre y puede verse completa en: https://www.youtube.com/live/CbK3CiBaOk0?si=Gj7nd8tDl5huinX4 El tema de este foro de debate resulta trascendente, ya que remite a la digitalización del desarrollo capitalista contemporáneo, en un momento de crisis del capitalismo. Una crisis que viene del 2007/09, con una tendencia a la desaceleración de la economía mundial, agravado con la pandemia (2020-23) y la guerra en Europa desde el inicio del 2022. La pandemia acelero el proceso de digitalización con impacto muy fuerte en el mercado de trabajo, y por supuesto en la educación. Nos cambió la vida como docentes universitarios, como sujetos que interactuamos en el ámbito educativo. En rigor, afectó a toda la docencia, a todo nivel educativo, pero nos concentraremos en las reflexiones al ámbito de la educación universitaria. Hay que pensar en este desarrollo tecnológico en los términos del tomo 1 de El Capital de Carlos Marx, con relación al análisis que supuso aquella revolución industrial con la maquinización, e incluso las primeras respuestas de los trabajadores y las trabajadoras que fue contra las máquinas, hasta que se entendió que el problema no era la máquina, como ahora el problema no es la digitalización, sino que es la propiedad y la apropiación de las nuevas formas de la explotación, vía dispositivos electrónicos. Se trata de la dominación del proceso de trabajo a través de este instrumento que es la digitalización, que tiene impacto en nuestra vida cotidiana porque uno dice el mundo del trabajo y el ámbito de la educación, pero bueno, el ámbito de la educación en pandemia se transformó en nuestro domicilio y por lo tanto desplegamos nuestra tarea educativa con medios electrónicos que teníamos que tener instalado en nuestras casas y aunque las plataformas aparecían como gratuitas, teníamos que hacernos cargos del costo de la electricidad, del costo de internet, de los instrumentos y dispositivos adecuados: una buena computadora, un buen celular para poder llevar adelante el proceso de comunicación para el proceso de enseñanza y aprendizaje. Señalo estas cuestiones porque hay que pensar que recuperando a Marx y al pensamiento crítico de la economía política, la respuesta a la primera revolución industrial fue la propuesta por la “Revolución”. Hoy debiera retomarse el planteo de la “revolución”. En ese sentido, estoy pensando en la gran reforma universitaria de 1918, en Córdoba, Argentina, en Perú, en Cuba. Esa reforma del 18, hace más de un siglo, fue un mecanismo de “revolución” en la educación superior. Por eso hay que pensar hoy el debate para la apropiación de la digitalización para un proceso de liberación social, económica, política, de emancipación, de revolución. Asistimos a un tiempo de crecimiento de la desigualdad, como parte de la crisis capitalista y las respuestas que promueven las clases dominantes y, de hecho, América Latina y el Caribe es el territorio más desigual del mundo, donde más creció la desigualdad. No el territorio que contiene más pobreza, pero si el de mayor desigualdad. Por eso mi primera reflexión es recuperar la necesidad de revolucionar la sociedad. ¿Por qué lo digo de esta manera? Porque lo que falta a los sectores subalternos, a los explotados, empobrecidos, saqueados, es una estrategia de transformación integral de la sociedad, y en ese plano, de la educación y de la educación superior. Doble sentido de la Universidad Una segunda idea que quiero incorporar en nuestro debate apunta a discutir a la universidad, en su doble carácter, contradictorio, que tiene la Universidad. A la universidad podemos pensarla como una “institución del sistema”, de hecho, nuestras universidades, incluso las públicas producen conocimiento y profesionales para la lógica del modelo productivo y de desarrollo vigente en esta época del “capitaloceno”. El capitalismo demanda un tipo de profesional, un tipo de técnico, un tipo de científico o docente, y por lo tanto necesitamos hacer la critica de esa funcionalidad de la institución universidad a la realidad y demanda del capitalismo contemporáneo. Pero la universidad no es solo institución funcional al sistema, sino que también es movimiento: movimiento estudiantil, movimiento de docentes, movimiento de trabajadores/as administrativos/as, la comunidad universitaria interactuando no solo en la docencia y en la investigación, sino también en la extensión universitaria con la comunidad, con el movimiento social y popular. De hecho, la reforma universitaria, la revolución en la educación superior, provino del movimiento estudiantil y del movimiento docente, sosteniendo que había que cambiar, renovar, revolucionar la universidad en un momento e cambios muy importantes en el capitalismo mundial a principios del siglo XX. Creo que eso es lo que nos está faltando a nosotros/as en el presente. Hay que suscitar una nueva dinámica de presión y critica del movimiento universitario a la institución universidad. Pensar desde lo alternativo y alterativo Eso me lleva a una tercera reflexión al nivel de propuestas, de lo propositivo, en el sentido de avanzar en un diseño de lo alternativo, en una estrategia del movimiento universitario para que impacte en la institución universitaria y revolucione los contenidos y las formas de lo educativo en la universidad en la actualidad. Lo que significa discutir cuales son las tecnologías y formas de desarrollo tecnológico autónomo e independiente. Doy un ejemplo para que se entienda bien concreto: en plena pandemia el único país que desarrolló una vacuna propia fue Cuba, con todos los limites que tiene el bloqueo genocida que hay sobre Cuba. En efecto, un país atrasado como Cuba, un país con tremendos problemas como tiene ahora Cuba, avasallado por el bloqueo; un país que ha hecho de la educación un proyecto estratégico pudo desarrollar una vacuna contra el COVID19, incluso varias. Cuba demuestra la posibilidad de la independencia tecnológica, aun en condiciones de atraso y desventaja de lo que representa el capitalismo desarrollado y su capacidad de daño con sanciones a todo proceso de intento transformador y autónomo del régimen del capital. Nosotros tenemos experiencias de tecnológica aplicada por movimientos populares sociales, en el caso de la Argentina, de empresas recuperadas, de organizaciones solidarias, cooperativas, auto-gestionadas, y no siempre el desarrollo tecnológico y la digitalización como parte del mismo supone los grandes desarrollos de las empresas de vanguardia, y por lo tanto, hay que formar profesionales que estén acorde con el debate, un diagnostico de cual es la necesidad de desarrollo científico tecnológico de la organización popular en la economía. ¿Qué demandar a distintos ámbitos de la política? Está claro que hay una tendencia en el ultimo medio siglo “neoliberal” de un proceso de flexibilización laboral, de informalización de las relaciones laborales y por lo tanto cada vez más definido en la precariedad del trabajo, con trabajadores y trabajadoras que viven fuera del mercado regular del trabajo y reproducen la vida cotidiana en condiciones de miseria. La universidad como institución debe acercarse ahí y no a la mercantilización que convoca a venderles servicios a las corporaciones trasnacionales, al Gran Capital. Reorientar a la universidad a atender las necesidades y demandas del movimiento popular es un tema fundamental que debe plantearse como un desafío desde abajo, desde el movimiento universitario articulado con el movimiento popular. No hay que esperar que, a nivel de los gobiernos, incluso las grandes cumbres, lo resuelvan. Me remito a la finalización de la COP 28 recientemente, donde tras el diagnóstico de cambio climático aparecen grandes discursos, pero no soluciones concretas para confrontar la destrucción del medio ambiente que generan las corporaciones trasnacionales que dominan, asociados a los principales estados del capitalismo mundial y a los organismos internacionales. Por eso, desde el propio movimiento hay que generar condiciones de critica a lo que realmente acontece y si, por supuesto, pelear, luchar por el acceso a la conectividad, por acceso a la tecnología, por acceso a equipos, por democratizar el proceso de revolución científico-técnica que se desarrolla en este momento. Es necesario ya que el impacto sobre la sociedad es inmenso. Nos comunicamos, nos informamos y formamos mediante estos dispositivos, plataformas y mecanismos de circulación de la producción intelectual y material. De hecho, este foro está funcionando sobre la base de la digitalización y claro, este proceso de digitalización hoy define el proceso productivo, el proceso de investigación científico tecnológico, los procesos de formación, los desarrollos de las telecomunicaciones. Nuestro desafío, creo, y este foro apunta en ese sentido, a plantear una crítica sustantiva y profunda a quien domina hoy el proceso de digitalización, y tratar de generar un pensamiento crítico que abone a que la digitalización sea apropiada por el conjunto de la sociedad, para pensar en soluciones que tengan que ver con una dinámica de emancipación. La emancipación educativa es parte de la emancipación social en términos generales La demanda para las organizaciones internacionales, los gobiernos y las instituciones debe orientarse a que permitan y faciliten una amplia participación social, que haga visible la critica que está muy fuerte en los propósitos de este foro, de las organizaciones convocantes y en planteos alternativos respecto del uso de la tecnología, entre ellas la inteligencia artificial, para pensar en términos de transición civilizatoria. Si no se pone en debate lo que el movimiento social dijo en el Foro Social Mundial de Porto Alegre hace más de 20 años, que “otro mundo es posible”, también con una apropiación de la tecnología por parte de la sociedad para transformar precisamente a la sociedad. Por lo que todo lo que tenga que ver con permitir, facilitar, e impulsar que aparezca la crítica me parece muy importante. Lo que debe demandarse a los gobiernos, y lo pienso desde la Argentina, donde hace una semana empezó un gobierno de ultraderecha, ultra liberal, que se auto asume “anarco capitalista” y por lo tanto la demanda es que no permitan que crezca más la mercantilización educativa y que hay que rescatar que la educación es un “derecho”, no una “mercancía”. y por lo tanto mas que una demanda a los gobiernos es un estimulo para que se potencie la denuncia de la mercantilización educativa y por lo tanto no solo es una cuestión de cantidad de recursos para la educación sino una orientación en un sentido público para la emancipación. Para las instituciones el pedido es que se abran a la consulta y la participación de la comunidad educativa. Algo así como la democratización de las instituciones, la desburocratización y al carácter corporativo que asumen las universidades y sus autoridades. Para los académicos, convocaría a dejar el perfil “academicista”, en tanto escritores de “papers”, repetidores de teoría y que se animen a pensar proyectando una función más “intelectual”, a que se transformen en intelectuales, en pensadores críticos, para recuperar la tradición de la reforma universitaria, esa tradición revolucionaria, para que tanto intelectuales que actuamos en la universidad, como las instituciones universitarias, podamos pensar el nuevo tiempo para una transformación civilizatoria. De lo que se trata es de refundar una educación para la transición civilizatoria, de la explotación y el saqueo a una sociedad de cooperación y de comunidad, en el rescate de la pedagogía del oprimido y la pedagogía de la esperanza, en un tiempo para recuperar la perspectiva social por la revolución.

Argentina bajo gobierno ultra liberal y antidemocrático

El 10 de diciembre inició su gestión el gobierno de Javier Milei , un ultra liberal autodenominado “anarco-capitalista”, o “liberal-libertario”, cultor de la escuela “austríaca” y en especial de Murray Newton Rothbard (estadounidense, 1926-1995), un profeta de la crítica al “estatismo” y un fanático del mercado y la iniciativa privada. La crítica al “estado” es extensiva al socialismo en todas sus variantes, y muy especialmente a Marx y sus continuadores. En rigor, se incluye también la crítica a Keynes y sus políticas de intervención estatal para superar la crisis, tal como hacían sus contemporáneos von Mises y von Hayek. Ese keynesianismo es hoy manifestado a través del “neo-desarrollismo”, por lo que no sorprenden las críticas del libertario a las recientes experiencias de impugnación neoliberal y al titular del Vaticano, sus encíclicas y a pensadores y seguidores afines. Milei accedió al gobierno luego de una segunda vuelta en la que venció al oficialismo con casi 15 millones de votos, superándolo por 3 millones de sufragios. Resultó así un fuerte consenso electoral, el 56% de votantes contra el 44% de votos positivos a Sergio Massa, el ex Ministro de Economía de Alberto Fernández. Con ese consenso electoral se legitima la iniciativa gubernamental de “ajuste y reestructuración regresiva” del capitalismo local. Esa política se confirma con el discurso inaugural del presidente, el paquete de urgencia presentado al inicio por el Ministro de Economía Luis Caputo, quien fuera Ministro de Finanzas y Presidente del BCRA durante la gestión de Mauricio Macri (2015-19). Caputo es un financista, asociado al fuerte endeudamiento de la gestión macrista y ahora un reestructurador de la deuda local, un gran condicionante de la política económica, especialmente por los recursos requeridos para hacer frente a la cancelación de intereses y capital de la deuda, lo que compite con cualquier destino social de los recursos públicos. La iniciativa se completa con el anuncio de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que elimina y reforma un cuerpo legal de unas 300 regulaciones, de las cuales solo identificó 30 en su mensaje por cadena nacional. Señaló que serán completadas con otras medidas y especialmente aquellas que requieren ser materializadas legalmente, las que se presentarán próximamente en sesiones extraordinarios del poder legislativo. El solo hecho de resolver por decreto un conjunto de normas que deberían pasar por el congreso, torno anti democrático el funcionamiento del gobierno. Para complementar estos reaccionarios anuncios a favor del capital más concentrado, desde el Ministerio de Seguridad, Patricia Bullrich (también funcionaria de Macri y del gobierno caído en 2001), se informó sobre un protocolo anti piquetes, un mecanismo anti democrático de amedrentamiento y represión del movimiento popular. En simultaneo, la Ministra de “Capital Humano”, Sandra Pettovello, desplegó una fortísima campaña de propaganda, a lo Goebbels, convocando a quedarse en casa ante el anuncio de movilización en conmemoración de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre del 2001, en donde la movilización popular terminó con el gobierno de turno y dio fin a la convertibilidad de la moneda con el dólar, una virtual dolarización. Recordemos que la dolarización fue la principal bandera en campaña de Milei. Todo apunta a una brutal reconversión regresiva del capitalismo local, con fuerte intervención represiva de las fuerzas de seguridad. El ajuste no pasa sin represión, es el análisis más extendido en los pronósticos sobre la coyuntura y la evolución del nuevo gobierno. La histórica tradición de organización y lucha popular en la Argentina habilita el debate sobre el fracaso o el éxito de la ofensiva ultraderechista. De hecho, en estos primeros días ya se realizaron manifestaciones que discuten el horizonte de la política pública, incluido el intento desmovilizador. Una importante jornada de lucha se vivió el pasado 20/12 durante la tarde y luego, en la noche, a posteriori del mensaje presidencial anunciando el “decretazo” reaccionario, la respuesta movilizada recuperó la tradición del “caceroleo” del 2001. Con pocas horas de diferencia hubo manifestaciones de piqueteros y caceroleros, dos formas de lucha emblemáticas del 2001 cuando la consigna remitía a “piquetes y cacerolas, la lucha es una sola”, expresión de la unidad popular entre trabajadores precarizados y sectores medios de la población. La respuesta sindical está latente con convocatoria diversas en estos días, que se sumarán a las primeras iniciativas de confrontación. Se trata de un bloque social que interviene en este proceso concreto de la lucha de clases, en donde la política oficial vuelca la balanza en un solo sentido, el de las grandes patronales. Orientaciones, medidas y propósitos El enfoque libertario propone retrotraer al país al régimen político previo a los gobiernos constitucionales de voto universal (de varones), es decir al orden capitalista glorificado por las clases dominantes construido entre 1860 y 1910. Fueron tiempos de “fraudes” políticos, antidemocráticos, represivos, a tal punto que el centenario en 1910 mostraba un impresionante desarrollo de las fuerzas productivas, junto al estado de sitio, por eso crecimiento económico y represión, una identidad que se recupera en el presente. Los grandes terratenientes, luego de la masacre y genocidio indígena de la campaña patagónica hacia 1880, junto a los capitales externos en frigoríficos, ferrocarriles o la banca, construyeron la inserción subordinada del capitalismo local en la lógica imperialista dominada por Gran Bretaña. Claro que para ello habilitaron la inmigración, principalmente europea, de los empobrecidos expulsados del viejo continente, por razones económicos o políticas, quienes arribaron en busca de empleo y aportaron su experiencia organizacional, sindical, social, ideológica y política. La identidad obrera vino de la mano del anarquismo, el socialismo y el comunismo, otorgando el sello en origen de la capacidad organizativa y de lucha del movimiento obrero y popular del país, el que mutó en los años 40 del siglo pasado bajo la identidad peronista. El liberalismo era la lógica ideológica de la generación del 80 del Siglo XIX, en el poder del capitalismo local, concepción que impugnaba globalmente a la teoría de la revolución emergente con las tesis de Marx y la experiencia de la Comuna de París (1871), dinámica que habilitó por más de un siglo la ofensiva popular por la transformación revolucionaria de la sociedad mundial. En Argentina se desplegó una práctica teórica y sociopolítica en ese sentido, lo que se expresó en un nuevo régimen político, donde destacan dos grandes partidos que alternaron gobiernos constitucionales desde 1916 hasta el 2015, el radicalismo y el peronismo. Ambos partidos alternaron el gobierno con los golpes militares entre 1930 y 1983, quienes se proponían restaurar el poder oligárquico imperialista sin éxito. Hacia 2015 apareció el primer intento de restaurar el viejo poder sin golpe de estado. Fue la fracasada gestión Macri entre 2015 y 2019. Ese intento se vuelve a repetir ahora con un mayor consenso electoral, que impugna anteriores consensos en los partidos tradicionales y que opta por una propuesta de clara identificación con el poder económico concentrado, bajo un discurso de crítica al socialismo y al comunismo, al estatismo, que según Milei, es lo que gobernó en la Argentina de los últimos 100 años. Una confusión deliberada en la caracterización, que sigue las formulaciones de sus maestros “austríacos”. Esa crítica a los gobiernos de discurso crítico al neoliberalismo, que no resolvieron las urgentes demandas de los sectores explotados y más empobrecidos, impugna cualquier salida por izquierda, lo que limitó el discurso crítico de la tradición político organizativa en el pensamiento de Marx. La salida es por derecha porque primó un discurso liberal a ultranza, crítico a cualquier política de izquierda, además desprestigiada por la impugnación global a la respuesta socialista, pero también a cualquier planteo de critica discursiva, visibilizada como privilegio a “castas”, no solo en la política, de la burocracia política, sino también a trabajadores/as bajo convenios y, por ende, salarios por encima del promedio del conjunto de quienes viven de la venta de la fuerza de trabajo. Entre las principales medidas figura una devaluación del 50%, de 400 a 800 pesos por dólar, lo que supone un relanzamiento de la inflación que veía corriendo hacia el 200% anual, y que ahora se mueve al 1% diario, en una proyección alarmante que amenaza con hiperinflación. Es una perspectiva que apareja miedo en la población y genera condiciones de posibilidad para reformas ultra reaccionarias en camino de la de máxima: la dolarización. Las desregulaciones por “decreto” recién anunciadas podrán ser objetadas por vía legislativa o judicial, pero sobre todo por la movilización popular. El decreto es un cuerpo normativo dictado por las grandes patronales e inversores que pretenden retrotraer la normativa local al tiempo de la liberalización en favor de la ganancia y la acumulación, una lógica esencial del régimen del capital. Sienten que tienen el consenso electoral y por eso van a la búsqueda del consenso político, asociados con el poder transnacional, expresado en el apoyo del FMI, y especialmente del gobierno de EEUU, por eso la afirmación en el privilegio de relaciones externas con Washington e Israel. No es gratuito en estos tiempos alejarse del vínculo político y diplomático con los dos principales socios comerciales de Argentina, Brasil y China, pero es la exigencia ideológica y una apuesta a constituirse en vanguardia de la derecha mundial en tiempos de crisis capitalista y de discusión sobre la gestión global del capitalismo. Milei apuesta al éxito local y a marcar el rumbo global con su experiencia. Al igual que Pinochet en el 73 y su ensayo neoliberal, el libertario en el poder intenta, con consenso y represión realizar el ensayo de un nuevo tiempo de experiencia capitalista. No es poco y por eso la importancia de frenarlo en el origen, un gran desafío. Buenos Aires, 21 de diciembre de 2023

Las políticas para frenar la inflación

El principal problema para la mayoría de la sociedad en Argentina es la suba de precios. Afecta a la mayoría empobrecida, ya que al núcleo que concentra la riqueza y los ingresos, la remarcación no les limita en su capacidad de consumo y de acumulación. La inflación no afecta por igual a la población y aun, todo quien “puede” aumentar precios, incluso pequeños empresarios, si lo convalida el consumo, lo hará, y no necesariamente le ganará al proceso inflacionario. Sostenemos que la estrategia del gobierno de Milei apunta a inducir miedo a la hiperinflación, por lo que explica que hoy se asiste a una proyección del 1% diario, o al 3.500% anualizado, incluso aludió a un pronóstico de 15.000%, un disparate que induce el temor ante la imposibilidad de la reproducción de la cotidianeidad. La política oficial es un chantaje para favorecer el ajuste y la regresiva reestructuración del régimen del capital. Es una estrategia tendiente a provocar la adhesión a una política de shock en el ajuste que afecta a la mayoría empobrecida y favorece la acumulación de ganancias en el sector más concentrado de la economía, al tiempo que se generan condiciones de posibilidad para reformas estructurales regresivas en las relaciones laborales y en el ámbito previsional, entre otras. Se alude a un problema heredado, que en parte es cierto, pero que la liberación de precios inducida exacerba las remarcaciones y agrava el cuadro de situación en los precios relativos. La inflación es guerra de precios (competencia) Los precios son expresión de los valores generados en el proceso de producción capitalista. El alza de precios es un mecanismo del capital en la disputa por el excedente económico, la plusvalía. La producción capitalista se sustenta en valores, base constitutiva de los precios, que mediante sucesivas mediaciones se presentan ante el consumidor como precios de mercado. Estos precios de mercado no son necesariamente equivalentes al valor producido en cada rama de la producción, sino que son parte de un proceso social ampliado de producción y circulación mercantil que integra al conjunto de la economía. Por eso, lo que ocurre en el mercado es una guerra de precios y claro, en esa disputa, los capitales más concentrados son los que definen la competencia a su favor. Remitimos a grandes conglomerados empresarios, extranjeros y locales, que concentran la producción, las ventas y las ganancias, en la industria, el agro o los servicios. El trabajo productivo genera valor, que lanzados al mercado se realizan mediante los precios, insistamos, en un proceso social en el cual se define la acumulación capitalista desde la centralización y concentración de capitales mediante la competencia. La explicación teórica relativa a los precios y a la inflación debe entenderse desde la teoría del valor de Marx, por ende, de la crítica a la economía política, que es la crítica al capitalismo. Regular la inflación es, por ende, una tarea que asumen los Estados del capitalismo desde su capacidad para disciplinar el funcionamiento en cada país de las relaciones capitalistas. Eso podría explicar el porqué de los elevados índices inflacionarios en Argentina, ante la incapacidad del Estado local para disciplinar no solo la contradicción entre el trabajo y el capital, sino, principalmente la competencia inter capitalista, es decir, entre los principales capitales que lucha por la apropiación de valor y plusvalor. Milei pretende que ese disciplinamiento lo logre la 2libre competencia” y por eso profetiza el fin del Estado. Es la base de su concepción “anarco capitalista”. Siguiendo la ley del valor de Marx, verificamos que el inversor privado anticipa dinero (D) en medios de producción (MP) y en fuerza de trabajo (FT) para obtener un producto, una mercancía (M) que al llevarla al mercado la vende por un precio mayor al D originalmente invertido. Así, la producción en el capitalismo responde a la fórmula: D que compra MP y FT para producir M y obtener luego de la venta D+d, en donde d es la plusvalía. En definitiva: D – M – (D+d); o D-M-D´ Las mercancías llegan al mercado (salen a la venta), más allá de las mediaciones de intermediarios con un VALOR, que, en la complejidad del capitalismo, el PRECIO no es necesariamente igual al VALOR de cada mercancía, sino que las mercancías, portadoras de valor (trabajo socialmente necesario) se expresan en un precio de producción asociado a la composición orgánica de cada capital (c/v), o sea, la cantidad de capital constante sobre el capital variable, que es la forma de expresión del avance tecnológico aplicado al proceso productivo en el capitalismo. Insistamos que los productos, bienes y servicios, en el mercado, tienen un precio en correspondencia con la ley del valor de Marx. Esa ley del valor permite explicar el funcionamiento de la sociedad capitalista, monetario mercantil, basada en la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes. Distintas políticas contra la inflación La inflación es un fenómeno que expresa la disputa de los capitales por apropiarse del plusvalor generado socialmente por el trabajo productivo, aquel que produce la plusvalía o excedente económico que define la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista. Por eso resulta complejo asumir políticas antiinflacionarias en el marco del capitalismo. Confrontar a la ley del valor desde la política de un Estado es un tema que el Che Guevara introdujo en el debate en los primeros años de la revolución cubana. Su estrategia apuntaba a la des-mercantilización de la economía, a una producción a contramano de la lógica mercantil y monetaria. Es un tema que requiere desarrollo en la actualidad y constituye una asignatura pendiente en el debate teórico contemporáneo de la izquierda. La propuesta antiinflacionaria de Milei y Caputo es una réplica bajo nuevas condiciones de los intentos de Martínez de Hoz, Cavallo o Macri en este ciclo de regresiva reestructuración capitalista entre 1976-2023. Es una política de transferencia de ingresos desde las mayorías empobrecidas al capital más concentrado. Una política de izquierda supone entonces, en primer lugar, combatir esta propuesta reaccionaria y generar suficiente acumulación de poder político popular para empujar políticas de distribución progresiva del ingreso que habiliten propuestas de construcción de una estrategia revolucionaria que vaya más allá del régimen del capital. En esa perspectiva debe lucharse por modificar el modelo productivo y de desarrollo asumiendo el programa construido por el movimiento popular, sustentando las lógicas soberanas en materia de alimentación, energía o las finanzas, como parte de una perspectiva de transformación sistémica, revolucionaria, en contra y más allá del capitalismo. Buenos Aires, 18 de diciembre de 2023

Ajuste con represión convoca a reagrupar

Una semana de gobierno Milei y se confirma el pronóstico, de ajuste y represión. El ministro de economía, Luis Caputo, anunció su “paquete de urgencia”, primera exposición de un Plan de reestructuración regresiva del capitalismo local. Enseguida, la ministra de seguridad, Patricia Bullrich presentó en sociedad el “protocolo anti-piquetes”, un estatuto para la represión”. Ambas cuestiones estuvieron en el discurso de asunción presidencial el 10/12, remitiendo al mensaje ajustador y que el que no cumpla con la ley (corte de calles o rutas, por ejemplo) será reprimido, “todo dentro de la ley, nada fuera de ella”. No hay novedad, en todo caso, precisiones y letra chica de la reestructuración reaccionaria. Lo primero concreto fue la devaluación, del 50% (de 400 a 800 pesos por dólar), lo que supone un costo más elevado de los dólares, si antes hacían falta 366 pesos, ahora se requieren 800, casi un 120% de incremento. Como sabemos, la devaluación es un mecanismo de transferencia de ingresos, de quienes perciben ingresos en pesos al sector dolarizado, especialmente grandes productores y exportadores. Eran los que pedían las devaluaciones, y que las obtenían de manera parcial, caso de los “soja I, II y III”, y otras parecidas, incluso la devaluación pos-primaria, realizadas por el gobierno saliente del Frente de Todos. El objetivo de la devaluación apunta a consolidar el modelo exportador, al tiempo que encarece las importaciones. Ambas cuestiones son funcionales a un objetivo de promover la RECESIÓN de la economía para favorecer la baja inflacionaria. La lógica es privilegiar la producción para el mercado mundial, del complejo agro-ganadero de exportación, del incremento de la producción minera y de hidrocarburos, consolidando la primarización de la producción y las exportaciones. El mercado interno no se privilegia y por ende se espera que se “enfríe” la economía, y que la recesión suponga cierres de empresas, despidos o cesantías, suspensiones y junto a ello la disminución del consumo por afectación de los ingresos populares, sean salarios, jubilaciones o planes sociales, inclusos las ganancias aminoradas de sectores pequeños y medianos del comercio y la industria local. Milei aludió a la “estanflación”, que de hecho acontece desde hace una década. Más que estancamiento se asistirá a una caída de la producción, a una recesión inducida por la política pública. La devaluación y la recesión están en el eje de la política antiinflacionaria del gobierno Milei. En ese marco hay que ver el ajuste fiscal, definido por Caputo como el principal problema de la suba de precios. Es una lógica conceptual monetarista y por eso la solución pasa por el “ajuste”, mejorando los ingresos en 2,2% y reduciendo el gasto en 2,9% para alcanzar el déficit cero en 2024. En estos datos está el mentado 5% de ahorro fiscal para equilibrar las cuentas nacionales. Más impuestos, cuando había prometido “cortarse los brazos” antes de aumentar tributos; y menos gastos, que en su mayoría afectan a la clase trabajadora, incluyendo allí incremento de tarifas, reducción de asignaciones a provincias y aspectos relativos a ingresos del personal estatal y no renovación de contratos. La sola prórroga del presupuesto del 2023 para el próximo año, con actualizaciones arbitrarias del poder ejecutivo, pone en discusión el funcionamiento de variados ámbitos, especialmente las Universidades públicas, que podrían empezar a tener problemas de funcionamiento en el primer trimestre y ser inducidas a financiarse vía mecanismos de privatización para mantener abiertas sus puertas. Un dato relevante es que se anunciaba un ajuste a la “casta”, a la “política”, y Milei acaba de confirmar que las medidas en curso suponen “un 60 por ciento en los políticos” y “otro 40 por ciento en el sector privado”, escamoteando que los principales perjudicados son los sectores de menores ingresos. Se trata de un duro ajuste, sin anestesia, avalado por el consenso electoral y la impunidad de un balance relativo a la herencia inflacionaria del gobierno anterior. Es un argumento que sirvió para ganar las elecciones, que contactó con la población que no veía satisfacer sus necesidades con la política previa y que compartía la narrativa de ingresos privilegiados de gobernantes y representantes políticos de la “democracia liberal”, la realmente existente. La crítica al gobierno de Fernández y al de Macri es el que habilitó la propuesta de ajuste y refundación (reestructuración) del orden económico, social y político del capitalismo local. Esa refundación se asocia con la Argentina del centenario (1910), antes de la Ley Sáenz Peña y el gobierno electo con voto universal (de varones). Es un tiempo de importante expansión económica, pero también de resistencia y organización obrera y popular, por eso el “estado de sitio”. Bonanza económica para el poder concentrado y represión a las clases subalternas. Ahora se pretende lo mismo, un gran ajuste para poner las cuentas en orden, equilibrar el presupuesto de ingresos y gastos y al mismo tiempo avanzar en una reestructuración a fondo, a realizarse con leyes, las que se tratarán en sesiones extraordinarias desde enero próximo. Mientras, desde el BCRA, el socio de Caputo en la “consultora”, Bausilis, dispuso la creación del BOPREAL Bono para la Reconstrucción de una Argentina Libre. Nombre pomposo que explicita la estatización de una deuda privada El vencimiento del bono será en octubre del 2027. Se contrata entregando pesos y se recibirán dólares. Es al mismo tiempo un mecanismo de absorción de pesos. La AFIP auditará los reclamos y se estiman una emisión de 30.000 millones de dólares. Un gran un privilegio para grandes importadores, en donde se presume auto-préstamos con casas matrices. El cambio Milei supone una reestructuración regresiva del capitalismo local, mirado con sumo interés en el mundo, ya que las derechas emergentes lo son ante la crisis contemporánea del capitalismo. La respuesta neoliberal a la crisis de los 60/70 se construyó con el ensayo reaccionario de Chile en 1973, seguido de las genocidas dictaduras del cono sur, lo que fu luego asumido en el capitalismo desarrollado de las manos de Thatcher y Reagan. Eso entró en crisis en el 2007/09 y por eso las tendencias al desorden o al combate a la mundialización con las sanciones unilaterales, lo que provoca reorganizaciones políticas para el logro de los objetivos del régimen del capital. La radicalidad de Milei, que se diferencia del “nacionalismo” de otras experiencias de ultraderecha, pueden asumirse como un nuevo ensayo que con consenso social introduzca perspectivas de restauración de poder concentrado, sin las ataduras que supone la experiencia de la democracia liberal. Por eso las apelaciones a funcionar bajo decretos sostenidos en el acuerdo social ampliado al obtenido en elecciones, algo que aún está por verse. Tanto como el temprano protocolo que anticipa la represión e intenta desmovilizar el reclamo social ante la agresión del paquete ajustador. La derecha local y global se reagrupa en torno al gobierno Milei, evidente en las visitas a su asunción, especialmente el enviado de EEUU y la OTAN, Zelensky. Las próximas visitas de funcionarios estadounidenses y el explícito apoyo del FMI dan muestras de consensos políticos del establishment global. El desafío está en la izquierda y el movimiento popular, que requiere un reagrupamiento que supere la experiencia que habilitó el camino de las experiencias gubernamentales por derecha, ayer Macri y hoy Milei. No pasa la solución por reconstruir la misma experiencia fallida de los últimos años, sin confrontar con la lógica capitalista, sino la de avanzar en un proceso de articulación diversa, de tradiciones políticas y experiencias con perspectiva de confrontar, no solo contra el ajuste y la reestructuración regresiva, sino de ir mas allá, por un nuevo bloque de poder que dispute al régimen del capital la reorganización de la sociedad argentina. Buenos Aires, 16 de diciembre del 2023