Nueva hegemonía política en el Mercosur


El lenguaje de las declaraciones al finalizar la cumbre del Mercosur en la ciudad de Santa Fe en la Argentina mantiene el carácter diplomático, a veces anodino, pero queda muy claro el cambio de la hegemonía política de hace pocos años.
Se trata de un regreso al origen por constituir la institucionalidad de la liberalización económica en la región sudamericana. Recordemos que el Mercosur surge en 1991, momento de auge de la liberalización y el neo liberalismo, consecuencia directa de la ruptura de la bipolaridad entre capitalismo y socialismo derivado de la caída del Muro de Berlín y la desarticulación de la URSS. Es un proceso desplegado entre 1989 y 1991, con antecedentes diversos en los 80, sea un nuevo papado en la Iglesia católica, la crisis polaca y la impronta global de las presidencias de Thatcher y Reagan en Gran Bretaña y EEUU. Es una historia larga, de remotos antecedentes por enterrar cualquier posibilidad de construcción social no capitalista.
La ofensiva liberalizadora de los 80 se consolidó en la región latinoamericana y caribeña en los 90, Consenso de Washington mediante. La ofensiva liberalizadora del capital imponía la agenda de reorganización del sistema mundial y de las relaciones capitalistas, afectando derechos laborales, súper explotando a la Naturaleza y modificando la función del Estado. Claro que al mismo tiempo los pueblos presentaron resistencia, especialmente en los territorios de Nuestramérica y se habilitó una experiencia de cambio político que generó expectativas en el ámbito mundial.
Experiencias de cambio político
El laboratorio de los nuevos gobiernos surgidos de la dinámica de la resistencia popular a la globalización neoliberal y capitalista, retardó el proceso imaginado de una integración subordinada en la lógica imperialista del ALCA o de las negociaciones lideradas desde Europa por los países de la península Ibérica.
La novedad “nuestramericana” debía ser abortada y se aplicaron todas las estrategias posibles para revertir un fenómeno que aludía y ejercitaba nuevos mecanismos de una integración no subordinada, incluso con ideas en la articulación productiva del petróleo y la soberanía energética; la alimentación y la soberanía alimentaria; e incluso con propuestas sobre una “nueva arquitectura financiera” sustentando la soberanía financiera.
Con la foto de la cumbre presidencial de estos días en Argentina, se consolida una nueva hegemonía de orientación de derecha en el Mercosur, con el alineamiento y sintonía muy especial de los presidentes de Brasil y de Argentina, los dos mayores entre los socios de la articulación regional, los que se suman a la tradición derechista en Chile y Paraguay, condicionando fuertemente al Uruguay. Solo Bolivia sustenta hoy los valores que hasta hace pocos años hegemonizaban el proyecto de integración en la región, donde Hugo Chávez y Venezuela aportaban la dinámica de creatividad y renovación de los principales instrumentos de una integración no subordinada. Venezuela está afuera del Mercosur por la decisión de la hegemonía en el bloque, crecientemente subordinado a la política exterior de EEUU.
La disputa es por la institucionalización de instrumentos que faciliten la libre circulación de capitales, mercancías y servicios en el Mercosur. En esa disputa se juegan los acuerdos recientes con la Unión Europea, probables con EEUU y con variados países. Son acuerdos políticos entre Estados capitalistas para favorecer negocios de las transnacionales con origen en esos territorios o países.
Inserción mundial de la región
Es por eso que gana espacio la extensión de la mercantilización en tiempo de dominación transnacional de la economía mundial, y que define el lugar de la región en el sistema mundial.
De hecho, se configura una especialización productiva que privilegia un modelo primario exportador sustentado en la histórica dotación de recursos naturales, sea la tierra, el agua, los minerales, el petróleo, el gas, el cobre, la biodiversidad, etc.
La poca industrialización construida en tiempos de sustitución de importaciones deriva en una lógica de ensamble subordinada a la dominación tecnológica y financiera de las grandes corporaciones transnacionales.
Todo acompañado de una dinámica de especulación financiera, que al tiempo que alimenta el endeudamiento público y privado, compromete las finanzas en la región.
En rigor, se es parte de un proceso que apunta a alimentar un ciclo mundial donde la valorización del capital potencia la integración de los ámbitos productivos y de circulación con gran peso de la banca, los mercados de capitales y una política monetarista en los organismos internacionales y los principales países del capitalismo.
Aclaremos que los gobiernos del cambio político no modificaron esencialmente ese perfil productivo y el modelo de desarrollo consecuente, asociado al consumismo, aun cuando aparecieron novedosas propuestas de articulación productiva y financiera como comentamos.
Los gobiernos de la derecha en la región, pretenden en la coyuntura retomar el rumbo de los noventa, de inserción subordinada, y consolidar unas relaciones socio económicas convergentes con la demanda política de la hegemonía mundial capitalista. Por eso gana el discurso de apertura al mundo, lo que supone subordinación a la lógica de la dominación, sustentada en la concentración y centralización del capital.
Recreación de la hegemonía neo liberal
En ese camino se debe retomar el desarme de la lógica reformista construida por medio siglo entre 1930 y 1980.
Aun con matices en distintos países del mundo, las políticas de Estado benefactor o keynesianas son las que otorgaron dinámica en lo esencial a las políticas públicas en todo el mundo, con un resultado favorable a la ganancia, sí, pero también para el salario, el empleo y la seguridad social, con derechos sociales, individuales y laborales extendidos. Se pretendía alejar la demanda socialista entre los trabajadores y las trabajadoras
La política neo liberal se propuso desmantelar esas conquistas sociales, matizadas según la realidad de la lucha de clases en cada territorio.
Ese propósito fue interrumpido en el cambio de siglo en Nuestramérica, que, con la subsistencia del proyecto cubano, se reanimó la posibilidad de imaginar un destino socialista, del Siglo XXI para nuestros países. Eso era y es lo que había que frenar.
Solo así se puede explicar lo que viene aconteciendo, más allá de opiniones que puedan verterse sobre las diferentes realidades y experiencias. No es lo mismo el imaginario por el socialismo construido en algunos de los procesos, que las propuestas por un capitalismo “serio” o “normal” formulados por algunos gobiernos. Aun así, lo común era la crítica al discurso hegemónico de corte neo liberal, más allá de la no realización de mutaciones estructurales que afirmaran un rumbo anticapitalista o incluso reformista en el marco de las relaciones capitalistas.
Se trata ahora de recuperar el tiempo perdido y por eso se avanza con definiciones políticas por la apertura y la liberalización, las que inducen cambios estructurales de fondo, caso de las reformas laborales, previsionales y tributarias, con distinto nivel de avance según las realidades de cada país.
Desde el Mercosur se consolida un discurso por la liberalización, habilitando condiciones para la disputa hegemónica de los capitales más concentrados del sistema mundial, apoyados por las burocracias de los principales Estados del capitalismo y de su propio peso en los organismos internacionales. El interrogante pasa por las acciones de confrontación derivadas de la iniciativa popular, permeada por la lógica comunicacional contemporánea, también definida por la acumulación de poder económico y cultural del orden capitalista.
Buenos Aires, 19 de julio de 2019

Reformas estructurales regresivas en Brasil y Argentina


El Senado brasileño aprobó una reaccionaria reforma previsional, con una mayoría de votos que supera largamente el mínimo necesario y evidencia que la lógica pro mercado trasciende al partido en el gobierno. Ahora pasa la ley para el debate en la cámara de Diputados del Brasil, quienes podrán hacer reformas que considerarán luego los senadores antes de transformarla en ley. La situación generó triunfalismo entre los grandes capitales del Brasil y su gobierno, algo que también se celebra entre los empresarios más poderosos con intereses en la región, y obviamente por los gobiernos de la derecha, especialmente el argentino, quien incluyó en el acuerdo con el FMI la realización de esas reformas estructurales, especialmente la previsional y la laboral.
No debe sorprender entonces declaraciones de empresarios argentinos demandando urgentes y profundas reformas laborales. Uno de los principales dirigentes de la Cámara de la Construcción de la Argentina, Julio Crivelli, el Vicepresidente de la organización empresarial sostuvo que "Necesitamos poder despedir sin causa a empleados en todas las industrias y comercios", responsabilizando a trabajadoras y trabajadores por sus derechos socio laborales adquiridos de los problemas de productividad de la economía local. El planteo pasa por eliminar las “indemnizaciones”, causa principal, según la lógica discursiva burguesa, de la caída del empleo y el nivel de actividad económica.
La argumentación empresarial apunta a la inviabilidad de la competencia de las empresas locales con las extrajeras según se desprende de los acuerdos de libre comercio ente la Unión Europea y el Mercosur. La demanda pasa por la disminución del costo laboral en el conjunto del costo empresario. No demandan por el elevadísimo costo financiero, mecanismo de apropiación de plusvalor del sector financiero; ni del costo tributario vinculado a las necesidades de financiamientos del Estado; ni de las elevadas tarifas de los servicios públicos privatizados. Como no pueden contra la banca ni contra el Estado, ni con las privatizadas de servicios públicos, apuntan contra los trabajadores y las trabajadoras.
Está claro que la demanda por la ganancia se resuelve en contra del precio de la fuerza de trabajo, o sea, el salario y los beneficios sociales. Otro empresario, del sector cafetero señaló: "Queremos que haya mayor flexibilización. Que sea más fácil despedir y contratar gente". La opinión del titular de Café Cabrales es coincidente con el empresario de la construcción y desnuda la demanda de los empresarios contra trabajadoras y trabajadores.
Coincidentemente con la demanda empresarial, el Estado actúa desde el gobierno, en sintonía con las expresiones del capital y por eso proliferan las opiniones contra los sindicatos y sus representantes. Es cierto que existen sindicalistas que buscan puentes de diálogo con empresarios y gobernantes, en una lógica de negociación (más producto de otra época del desarrollo capitalista: el del reformismo keynesiano) y en contra de los trabajadores y las trabajadoras, por lo que resalta la necesidad de consolidar un nuevo modelo de organización sindical, que sea autónomo e independiente de patrones y gobiernos, tanto como de los partidos políticos que disputan el poder.
Es el mensaje que inspiró en origen a la CTA, la Central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina allá en su nacimiento en los 90 y que algunos sustentan en la actualidad, del mismo modo que inspira a las corrientes clasistas en el PIT-CNT y otras centrales sindicales en Nuestramérica, las que articulan en el Encuentro Sindical Nuestra América, ESNA.
Lógicas civilizatorias en disputa
Los empresarios mencionados, como otros hegemónicos en la región, parten de una lectura de la lucha de clases mundial que ellos consideran cambiaron desde fines de los 80 y comienzos de los 90, con la ruptura de la bipolaridad y el triunfo del capitalismo, como parte de una fortísima ofensiva del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad.
Sustentan una concepción ideológica contra toda reforma del capitalismo, y claro, cualquier idea o pensamiento que sustente un proyecto en contra del orden del capital. Por eso, son profundamente contrarios a una lógica socialista, socialdemócrata o socialcristiana, inclusive populista de izquierda. Consideran al keynesianismo o al reformismo económico, generalizado en el sistema mundial entre 1930/45 y 1980, como una respuesta adecuada a tiempos de crisis capitalista y ofensiva de las estrategias revolucionarias, especialmente desde la irrupción de la revolución socialista en Rusia y la instalación de la bipolaridad del sistema mundial en 1945.
Para los tiempos actuales se lo considera una inadecuada propuesta y antigua propuesta, pese a ser sustentada desde algunos ámbitos intelectuales y religiosos, tal como surge del último encuentro entre el Papa Francisco y Joseph Stiglitz, premio de Economía del Banco de Suecia en 2001.[1] Destacamos la referencia por la importancia de los personajes, pero el pensamiento neo-keynesiano o pos-keynesiano inspira variadas propuestas políticas críticas de la corriente principal hegemónica inscripta en el neoliberalismo explícito.
La realidad del mundo capitalista desde 1989/91, vista desde la hegemonía económica, política e ideológica demanda la revocación de todos los derechos entregados a la reivindicación por la valorización de la fuerza de trabajo en contra de la ganancia y el interés del capital. Es una prédica contra el llamado Estado benefactor y toda forma de amenguar los efectos del funcionamiento del orden capitalista, que algunos imaginan posible y por ello lo incluyen como propuestas actuales.
Por eso insistimos en nuestros escritos en la ofensiva del capital contra el trabajo desde la crisis capitalista de mediados de los setenta y especialmente en despliegue acelerado desde los 90 del siglo pasado, un tiempo de consolidación de la lógica neoliberal.
Con la bipolaridad del sistema mundial, entre 1945 y 1989/91, el orden mundial cambió y no solo funcionó la lógica de civilización construida desde el imaginario burgués por la expansión del régimen del capital, en su momento de carácter reformista bajo políticas de corte keynesiano y diferentes modalidades o versiones del Estado benefactor. El socialismo fue entonces también una posibilidad, que hoy reconocemos fallida en sus manifestaciones más evidentes, pero que actuó en la configuración de los imaginarios sociales posibles de la organización socio económica.
La caída de la experiencia a nombre del socialismo en el este europeo generó las condiciones de posibilidad para la reinstalación de una lógica “única” por la restauración del sentido común capitalista. Esto es lo que está hoy en debate y anima el revanchismo empresarial contra los derechos laborales, sociales y sindicales de trabajadoras, trabajadores y sus familias, por lo que el gran interrogante pasa por como restituir un imaginario social más allá y en contra del orden capitalista.
Es que la extensión de experiencias revolucionarias desde Rusia, en China, Cuba o Vietnam, junto a diversas luchas anticoloniales, hacia visualizar hacia mediados de los años 70 las posibilidades de organizar un nuevo orden económico mundial. El tema se suscitó en la ONU hacia 1973/4 y se consagró como la demanda por un “Nuevo Orden Económico Internacional” (NOEI), lo que motivó una violenta respuesta, geográficamente localizada desde Sudamérica con las dictaduras genocidas, para dar nacimiento al orden neoliberal, que aun cuando no sea ni nuevo, ni liberal, explica la lógica y el sentido común de nuestro tiempo.
Por eso, el gran desafío del extendido movimiento popular que hoy confronta contra la hegemonía capitalista pasa por construir estrategias que restituyan un horizonte civilizatorio más allá y en contra del régimen del capital. Desde nuestra lógica de pensamiento aspiramos a introducir estos debates en tiempos electorales en Sudamérica, próximos en Argentina, Bolivia y Uruguay, donde la agenda del poder privilegia un debate favorable a las reformas estructurales funcionales a la lógica ideológica del capital.
Buenos Aires, 15 de julio de 2019


[1] Francisco y Stiglitz coinciden en impulsar una "economía social de mercado". TELAM, 13/05/2019; en: https://www.telam.com.ar/notas/201905/357468-francisco-y-stiglitz-coinciden-en-la-necesidad-de-impulsar-una-economia-social-de-mercado.html

Recrudece la propaganda neoliberal en el Mercosur


Los gobiernos de derecha de Brasil y Argentina apuraron la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en el marco de la reunión del G20 realizada hace una semana en Japón. Los países miembros del Mercosur apoyaron sin observaciones el protocolo que deberán suscribir los parlamentos nacionales de los países que suscriben el tratado comercial y de inversiones.
Ahora, ambos mandatarios, Bolsonaro y Macri, aceleran negociaciones para un tratado comercial con EEUU, para compensar la iniciativa política desplegada con los gobiernos europeos, y ratificar la cercanía ideológica y política con Donald Trump. La agenda del ALCA, desechada en 2005 como un todo, está de vuelta en la región.
En ambos casos, con Europa y con EEUU, se sostiene propagandísticamente los beneficios del libre comercio, incluso, señalan que favorecerá a los sectores pequeños y medianos de la economía, como si hubiese paridad entre estos y los monopolios más concentrados.
La realidad es que en materia de producción se confirma el destino de especialización primario exportador del orden económico para nuestros países, bajo la dominación del capital trasnacional, mayoritariamente extranjero. Una lógica especulativa acompaña ese perfil productivo y se asocia a la hipoteca de crecientes deudas internas y externas, agravado para el caso argentino con la hipoteca suscripta con el FMI.
Se trata de la profundización de la dominación de las transnacionales de la alimentación y la biotecnología, a lo que se suma el complejo petrolero para la explotación de la energía no convencional, sin descuidar, obvio, la energía convencional. No en vano, algunos empresarios del poder económico sostienen la necesaria desaparición de aquellos sectores económicos sin capacidad de competir. El mecanismo de mediación para este resultado regresivo socialmente resulta ser el Estado, hipotecado y condicionado por la creciente e impagable deuda pública, interna y externa.
Esa lógica que inspira la política oficial en Brasil y Argentina converge con el rumbo del Paraguay, y salvo por la programática y el discurso del Frente Amplio en Uruguay, tampoco desagrada entre los principales ejecutores de la política oriental, tal como lo sostiene recientemente una declaración pública de la Central sindical, el PIT-CNT.
Así, el Mercosur, sin la participación ya de Venezuela, excluido por el cambio de la agenda y las presiones de la política exterior estadounidense, avanza en la recuperación de sus formulaciones originarias a comienzos de los noventa, tiempo de fuerte ofensiva liberalizadora en el ámbito regional y mundial.
Vale interrogarse sobre la respuesta de la sociedad ante el retorno explícito de un discurso que enarbola las ventajas del libre comercio, la libre competencia y el libre cambio. Es más, el interrogante es sobre cómo instalar vías de discusión con la sociedad para imaginar otras posibilidades para la construcción de la cotidianeidad y la satisfacción de las necesidades de la población.
¿Libre competencia?
Recordemos que esas banderas “liberalizadoras” de los noventa del siglo pasado fueron el grito originario de la emergente burguesía europea y sus intelectuales forjadores de la nueva ciencia, la Economía Política, entre los Siglos XVI y XVIII. Fueron concepciones que subsistieron en el sentido común de los que dominaron históricamente en el capitalismo hasta la crisis mundial de 1930, aun cuando la presencia de los monopolios negaba cualquier posibilidad de competencia.
El discurso económico era y es fuertemente ideológico y propagandístico, por lo que también hace rato existe la crítica de la economía política, que no solo confronta con la realidad y su impacto regresivo sobre la mayoría de la sociedad, sino que refuta los preceptos teóricos falaces de la apología liberal ejercida por la academia y la corriente principal explicativa del orden económico contemporáneo.
Pero no alcanza con la crítica, por muy certera que sea si no es patrimonio de una conciencia social masiva, más aún en tiempos de predominio del accionar mediático vía internet y las redes sociales.
La apología del orden vigente define al discurso hegemónico y la única forma de confrontarlo es con la acción masiva de la sociedad en lucha por otro orden. Es el aprendizaje que nos deja el 2005, coronando el rechazo al ALCA, vía la confluencia de los gobiernos y especialmente de las luchas populares previas, en una larga campaña motorizada por variadas organizaciones y redes sociales y políticas.
En rigor, esas campañas articuladas, portadoras de diversas reivindicaciones son las que generaron la condición de posibilidad de los cambios de gobierno en la década pasada, favoreciendo el accionar estatal en sintonía con la dinámica reivindicativa del movimiento popular que demandaba otro mundo posible, consigna generalizada en el cambio del siglo.
Fue la dinámica de la sociedad la que demandó históricamente la libertad de circulación mercantil, contra el Estado pre-capitalista europeo, surgiendo de esa realidad la teorización sobre el funcionamiento del sistema económico, reproduciendo una forma de producción que favoreció la apropiación privada del excedente económico.
Ese mecanismo se internacionalizó por vía del colonialismo, de lo que Nuestramérica puede dar cuenta con la conquista y el carácter dual de su significado, sea para las naciones vencedoras y las derrotadas. Estas pagaron con millones de muertos la explotación humana y la apropiación y depredación de sus territorios.
Queremos señalar que la lucha por la libertad de comercio se transformó en política del Estado capitalista para estimular la expansión global del régimen del capital y solo ha sido frenado en ocasiones de lucha social y política intentando otro rumbo del orden económico, aun cuando no fue logrado.
Remito a las experiencias del socialismo, que más allá de los balances necesarios a realizar, aun constituyen un horizonte potencial para confrontar la situación barbárica del presente: especulación financiera, depredación de la naturaleza y acrecentamiento de los problemas sociales por insuficiencias en el acceso a derechos en condiciones de resolverse con la capacidad intelectual, productiva, científico y técnica de la sociedad contemporánea, incluso defendiendo los derechos de la naturaleza.
El keynesianismo y el Estado del Bienestar solo fue posible por la existencia de la experiencia socialista, aun con el resultado conocido de su derrumbe en el Este de Europa hace tres décadas.
La caída del socialismo europeo desacreditó la posibilidad de ir más allá del capitalismo, por lo que sorprendió y entusiasmó el debate reciente en la experiencia latinoamericana y caribeña por la recreación del horizonte no capitalista, algo que está todavía en proceso y en disputa con la lógica discursiva del libre comercio.
Pretendemos enfatizar que no existe la libre competencia, que solo es un discurso del poder que manipula la conciencia social. Al mismo tiempo llamamos la atención sobre la potencialidad de un discurso falaz para generar consensos ideológicos que soportan el injusto orden de cosas actuales. Discursos falaces posibilitaron experiencias olvidables de la historia humana. No es solo cuestión de racionalidad lo que se necesita para explicar ciertos momentos de la historia social y este es uno de esos momentos, donde discursos falaces generan consensos políticos para afectar la vida.
Construir nuevos imaginarios populares
Es cierto que falta un imaginario alternativo, dificultado por los límites de la experiencia humana por organizar económicamente la sociedad sin la perspectiva del lucro individual y la apropiación privada del producto social del trabajo. Contribuir a ese propósito es una dura tarea, siendo consciente que lo definitorio es el accionar popular.
Se puede explicar hasta el cansancio los efectos negativos de la apertura indiscriminada sobre la mayoría de la sociedad, con cierres de empresas, suspensiones y cesantías, del mismo modo que lo es el cierre de las fronteras para favorecer a ciertas franjas del capital.
Es un debate falso el de apertura o cierre de la economía. Lo que se requiere es una apertura para otro orden económico, social y político, privilegiando la satisfacción de necesidades ampliadas de la sociedad por encima de la lógica de la ganancia.
Con los acuerdos con Europa y con EEUU se privilegia un mecanismo de inserción subordinada de los países del Mercosur, que demandará reaccionarias reformas laborales y previsionales, con la consiguiente pérdida de derechas sociales. 
Son debates que trascienden los procesos electorales en curso en la región, casos de Argentina, Bolivia y Uruguay y que definen el futuro cercano en nuestros territorios.
Buenos Aires, 5 de julio de 2019

¿A quién beneficia el apurado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea?


Son seis páginas de buenos deseos, aprobadas de apuro bajo la denominación de “acuerdo estratégico”. Habrá que considerar a fondo los textos completos de la negociación cerrada en Japón en el marco de la Cumbre del G20.
¿Porqué de apuro si se inició el proceso en 1995, interrumpido varios años y retomado en 2016 y en cámara lenta?
La respuesta está en la situación mundial de lento crecimiento económico y un relativo fuera de juego de los actores que suscriben el compromiso.
Ni la Unión Europea (UE), ni el Mercosur (MS) son protagonistas de las principales ligas contemporáneas de la economía mundial. El juego determinante está entre EEUU y China, ejemplificado por la guerra comercial y monetaria, parte de la disputa por la hegemonía económica entre ambas potencias.
Europa está condenada desde hace años a ser un parque temático, aun cuando intenta sostener algunas posiciones en la dominación productiva y financiera.
Solo basta transitar por sus principales capitales e identificar que el movimiento de turistas explica la especificidad europea, contra el desarrollo fabril y tecnológico de China y la carrera de Trump para evitar quedar atrás en esa disputa.
Ni hablar del Mercosur a la espera de inversiones, las que están más tentadas por la seguridad ofrecida, aún con bajas tasas de interés, en los principales mercados de capitales del mundo desarrollado.
Corren desde atrás los suscriptores del acuerdo, la UE y el MS, con formulaciones propagandísticas de soluciones mágicas desde el libre comercio, que más que comercio sustenta el libre movimiento de capitales internacionales.
Esta cuestión central de las inversiones define a los beneficiarios principales del acuerdo político. Se trata de la búsqueda de rentabilidad del gran capital transnacional, bajo el paraguas ilusorio del empleo y el cuidado del medio ambiente.
Esas ilusorias inversiones sustentan el apuro de los gobernantes del Mercosur, que tratarán de generar las condiciones de posibilidad en sus territorios para la disputa de esas inversiones externas, lo que supone reaccionarias reformas laborales, previsionales o tributarias favorables a mejorar el costo de producción de los grandes inversores externos.
Se trata de profundizar el perfil primario exportador de nuestros países, agudizando el rumbo del agro negocio de la soja transgénica con la incorporación de la producción de agro energía, derivada de los combustibles no convencionales.
Integración subordinada versus alternativa
Este acuerdo entre la UE y el MS resulta de una larga historia de negociaciones.
Desde los noventa se despliega con fuerza la estrategia aperturista de la liberalización, resultando una competencia entre EEUU y Europa para disputar el mercado latinoamericano y caribeño. Son los tiempos de las Cumbres presidenciales de las Américas, por un lado, y las Iberoamericanas por el otro.  
El cambio del siglo modifica la situación en la región, especialmente por la situación generada desde el movimiento popular contra los tratados de libre comercio, la globalización neoliberal y capitalista, creando las condiciones de posibilidad para unas relaciones internacionales de contenido alternativo, con la pretensión de superar la subordinación de la lógica capitalista.
Remitimos al proceso de cambio político en Nuestramérica, con las modificaciones de gobiernos y una experiencia por una integración alternativa desplegada con mucha fuerza en la década transitada desde la creación del ALBA (2004) a la presidencia cubana de la CELAC (2013).
Con el nuevo clima político en la región, muy especialmente con el ascenso a la presidencia de la Argentina de Mauricio Macri en 2016 se retoman las negociaciones, las que se aceleran con los gobiernos Temer y Bolsonaro en Brasil.
La agenda por el libre comercio retoma un lugar estratégico en la ideología de los gobiernos en buena parte de Sudamérica, intentando desmontar los consensos sociales para rumbos de inserción internacional no dependientes ensayados en el escaso tiempo mencionado.
Se destaca en esta Cumbre del G20 el papel desplegado por el mandatario argentino para acercar posiciones del gobierno de Brasil con otros europeos, para privilegiar una institucionalidad asociada al orden liberalizador del capitalismo contemporáneo, como forma de atraer inversiones a la región.
Al tiempo que se buscó consensos internacionales para posicionar a la Argentina como promotor del camino único del orden liberalizador, se pretende trascender en la política local con mensajes del tipo: Argentina abierta al mundo.
Vale insistir que más que abierta al mundo, lo que se induce es una apertura a los negocios de transnacionales que no encuentran rentabilidad adecuada en los tiempos que corren.
Los pueblos nada pueden esperar del libre comercio, la libre competencia o el librecambio, todos mecanismos de las economías monetario-mercantiles desde el origen del capitalismo, que solo sirven para un desarrollo que asegura la lógica de las ganancias acumuladas para la dominación y reproducción del orden capitalista.
Claro que el acuerdo suscripto en Japón, aún tiene que respaldarse en los cuerpos legislativos de los países que suscribieron el compromiso, lo que supone la habilitación para campañas populares de rechazo a la institucionalidad liberalizadora en el ámbito mundial.
¿Es posible transitar otro rumbo?
Sí, pero supone la confrontación con el poder económico, que como vemos en la historia no se las hace fácil a los procesos socio políticos que intentan un desarrollo no capitalista.
Cuba es un ejemplo por seis décadas. Venezuela está en el centro del acoso imperialista y en cuanto puedan, la mirada será sobre Bolivia. No importa el éxito o fracaso de la macroeconomía de cada país, sino que los territorios y sus poblaciones sean parte de la lógica reproductiva del capital. Es una historia con antecedentes desde 1917 en Rusia, y si se quiere desde 1871 con la Comuna de París.
El anticapitalismo tiene historia en la crítica a la Economía Política y al orden económico del modelo productivo y de desarrollo capitalista, con la insuficiente cultura masiva por la transformación social y una decisión de transitar un rumbo contra el sentido común instalado del capitalismo.
Nuestramérica, mejor aún, los pueblos de la región, necesitan discutir el rumbo liberalizador que empuja la hegemonía política de las derechas en los gobiernos y retomar una senda de amplio consenso para el cambio del modelo productivo y de desarrollo en contra y más allá del orden del capital.
Si los gobernantes del MS, especialmente de Argentina y de Brasil, definieron como estratégico el acuerdo con la UE, el desafío ideológico y político supone instalar una lógica por otra estrategia económica, política y cultural, la que debe enfrentar a la hegemonía construida en estos años desde la derecha en nuestros países. Lo que planteamos trasciende el proceso electoral y se inscribe en una estrategia de largo aliento.
Si los pueblos crearon las condiciones de posibilidad de los gobiernos del cambio político hace pocos años, más allá de las diferencias entre ellos, serán los propios pueblos en sus luchas actuales contra la hegemonía liberalizadora, los que definan nuevas situaciones para la transición hacia un orden no capitalista.
Buenos Aires, 29 de junio de 2019

Las apariencias engañan: los datos duros de la economía argentina


Mientras la propaganda oficial, seguida de voces oficialistas en los medios de comunicación, aún mayoría abrumadora, anuncian la mejora de la macroeconomía de la Argentina, los datos de la realidad son contundentes en los nefastos efectos sociales de la recesión.
La calma del dólar, la baja de la tasa de interés y la reducción del riesgo país remite a un discurso oficialista de estabilización con perspectivas de mejora de la actividad económica, fuertemente desmentida por los datos oficiales del INDEC. En efecto, el desempleo abierto volvió a los dos dígitos, con una tasa del 10,1% para el primer trimestre del 2019 y el PIB cayó en el mismo periodo un -5,8%.
Cruda es la realidad contra el dato propagandístico de contención de algunas variables. Lo concreto es que la baja de las importaciones se motiva en la cotización del peso contra las principales monedas en que se establecen los intercambios comerciales. Es sabido que la industria local es dependiente del ingreso de insumos externos y la recesión en el sector manufacturero resulta agobiante. Ante el cierre de empresas industriales, o ante la recesión productiva, la demanda de importaciones como bienes intermedios para la producción industrial se retrae. De hecho, en el primer trimestre del año las importaciones se redujeron un -24,6%. No se trata de que pretendemos estimular el ingreso de esos bienes, sino que la debacle es consecuencia de la política monetaria y cambiaria, sin un proceso de aliento y estímulo a un proceso industrial no subordinado, lo que requeriría de otro rumbo de la economía y la política en general.
Un aspecto clave del desarrollo capitalista pasa por las inversiones, el punto de partida de la producción y reproducción de la ganancia y del capital. Es harto conocida la expectativa gubernamental por el desembarco de inversiones externas para reactivas la economía local, sin embargo, para el primer trimestre del 2019, el INDEC señala que la inversión cayó -24,5% y se explica principalmente por la baja en el sector de maquinarias y equipos, con un registro de -31,5%. La construcción, sector que rápidamente activa la economía muestra una caída de la inversión de -9,9%. Sin inversiones, públicas o privadas, no hay posibilidad de recuperar la actividad económica y la política oficial confirma un escenario de recesión productiva, todo en aras de estabilizar la economía.
El resultado se concentra en la caída del consumo privado en -10,5, principalmente relativo a la baja del poder adquisitivo de los ingresos populares, afectados por la persistencia de la elevada inflación.
Recesión e inflación definen el cuadro de situación económico de la Argentina, aun cuando la propaganda oficial orienta la evaluación de contexto en la contención relativa de ciertas variables: precio del dólar, evolución de las tasas de interés y del riesgo país. Es cierto que este combo impacta en cierta “cultura económica” de la sociedad argentina, con predicamento en el sentido común que instalan los sectores dominantes vía medios de comunicación social.
¿Qué impacto tendrá la contradicción señalada en las elecciones de agosto (PASO) y octubre (primera vuelta)?
En rigor, la discusión remite a la prevalencia de un enfoque u otro en las opciones electorales de renovación presidencial, proceso en curso con la definición de listas de candidatos a partir de hoy.
Igual, hay que señalar que la respuesta política al interrogante puede no resolver la ecuación relativa a la reversión del impacto económico sobre la mayoría empobrecida de la sociedad.
Lo que pretendemos señalar es que, si la opción electoral confirma la continuidad del proyecto en el gobierno, el correlato será la aceleración del ajuste y la reestructuración comprometida en el acuerdo con el FMI.
Es cierto que como se vio a fines del 2017, como la política no son solo votos, la resistencia popular puede frenar cualquier intento de modificar regresivamente las relaciones laborales o el régimen previsional. El triunfo electoral de Macri en octubre de 2017, elecciones de medio turno, envalentonó y estimuló el proyecto de reforma laboral, postergado ante la inmensa movilización sindical y popular. Las elecciones sugieren una parte del consenso social, pero no todo el apoyo político para cambios estructurales regresivos.
Otra posibilidad es el triunfo de la oposición, con reales posibilidades en el acuerdo logrado por la fórmula de los Fernández y un amplio espectro de una veintena de partidos políticos.
No resulta menor impedir la continuidad del proyecto actual en el gobierno, restando las definiciones concretas sobre el futuro e inmediato rumbo económico. La expectativa estará en la respuesta a la situación recesiva e inflacionaria, con efecto social regresivo de estos años. Es una cuestión agravada con serios problemas que arrastra la economía local en el marco de la irresuelta crisis mundial del 2008.
En efecto, la situación mundial resulta muy distinta del momento de la recuperación operada desde el 2002 ante la recesión arrastrada desde 1998. Ni los precios internacionales de exportación ayudan en la coyuntura, ni el clima de época de la economía mundial favorece. Remito a la guerra comercial provocada por EEUU contra China y muchos otros conflictos de base económica que promueve la presidencia Trump desde 2016, que asociado al BREXIT implican un nuevo tiempo en el despliegue de las respuestas globales a la difícil situación del capitalismo mundial, con crecimientos ralentizados según todas las fuentes de análisis de sistema mundial. Situación exacerbada con los cambios políticos en Brasil y la ofensiva de las derechas en la región.
Interesa frenar la ola conservadora, de ajuste y reestructuración regresiva que supone el gobierno Macri, que intenta constituir una nueva representación política en la Argentina para habilitar una adecuación estructural del país a los tiempos y necesidades del capital más concentrado del sistema mundial, por eso las reformas empujadas y varias veces anunciadas en materia laboral, previsional e impositiva. Pero insistiremos que no alcanzará con frenar la reelección de Macri, el PRO y Cambiemos, ahora ampliado con la inclusión de Miguel Angel Pichetto en la formula presidencial, sino que el descontento y la protesta social deberá confrontar con cualquier escenario futuro en la Argentina y contrarrestar el fuerte condicionante de los acuerdos con el FMI.
Existe la incógnita sobre la respuesta social ante las elecciones, más aún ante el creciente descontento por la situación social y aún con protesta o desconformidad, interesa habilitar una discusión sustancial relativa al qué hacer, en Argentina, la región y el mundo para superar los límites en que se debate el orden capitalista contemporáneo. Son muy pocos las opciones que emergen en el debate actual para intentar un rumbo económico y político más allá y en contra del capitalismo. Un aliciente en ese sentido se expresó entre el 19 y 21 de junio en los debates por los 20 años de la red ATTAC en Argentina, cuyas deliberaciones apuntaron no solo a mirar el pasado, sino a considerar el horizonte temporal de las próximas décadas, que amenazan la continuidad de la vida a manos del modelo productivo y de desarrollo depredador del régimen del capital. Es una discusión que necesita extenderse más allá del activo militante y desplegarse en el conjunto de la sociedad con pretensión de constituirse en debate cultural por el cambio social.
Buenos Aires, 22 de junio de 2019