Cuarentena en peligro. ¿Salir de cualquier modo?


Argentina está bien conceptuada mundialmente por anticipar políticas de “aislamiento” de su población para prevenir el coronavirus, morigerando la curva de contagios. El argumento por la “vida y la salud pública” es criticado por el poder económico y sus comunicadores ante la parálisis de buena parte de la actividad económica y las dificultades que conlleva. Ese accionar de la crítica, mecanismo mediático propagandístico mediante, actúa sobre la realidad de una parte importante de la sociedad que desarrolla su actividad económica de manera “informal”, al contado, por fuera del sistema bancario, quien también presiona por el levantamiento, aun parcial de la cuarentena.
El episodio del viernes 3 de abril, con miles de beneficiarios de jubilaciones y AUH haciendo colas en las entidades financieras que abonan esos beneficios disparó una aceleración de la demanda por apresurar la salida de la cuarentena, aun parcialmente. Eran mayores rompiendo el aislamiento dispuesto, abrumados por sus necesidades cotidianas y sin acceso a ingresos en una organización económica que exige tener dinero para consumir y sobrevivir.
Levantar o flexibilizar la cuarentena es un debate interesante, que en general no discute el modelo productivo y de desarrollo. Por ejemplo: ¿la salida de la cuarentena supone discutir otra forma de atender la producción y el abastecimiento de alimentos? ¿Debe retomarse la forma mercantil subordinada a las grandes transnacionales de la alimentación y a los grandes centros comerciales para la distribución con destino al consumo? ¿Por dónde transitaría lo alternativo?
Debatir la banca
Este último interrogante supone incluso poner en discusión el papel de la banca, y no solo por el episodio de miles de personas, mayores de edad, sujetos vulnerables de la pandemia, expuestos a romper el aislamiento.
¿Por qué no pagan beneficios sociales y previsionales todos los bancos? ¿Por qué no utilizar el fondo gestionado por los bancos al servicio de financiar las necesidades actuales derivadas de la pandemia, incluso para modificar el modelo productivo y de desarrollo? Son muchos los emprendimientos sociales desplegados en los territorios de la pobreza en el país, con insuficiente capacidad de dinero para invertir en fuerza de trabajo y medios de producción, sean equipos, materiales, herramientas, materias primas.
Algunos sugieren la colocación de una LETRA del Banco Central, obligatoria para todas las entidades financieras, con rendimientos limitados para las entidades. Eso ya lo hizo Domingo Cavallo en los 90´, obligando a colocar deuda, incluso a la ANSES, todo lo cual cayó en el default del 2001; pero también se hizo “voluntariamente” en tiempos de Macri, ofreciendo esas letras con tasas de interés de más del 80% de rendimiento, caso de las Lebac, Leliq, etc. No hay novedad en el instrumento, sí en el para qué.  Ello supone utilizar una parte de la capacidad prestable de las entidades para aplicarlo a atender la pandemia, pero también para otra política económica, especialmente en la PRODUCCIÓN de bienes y servicios.
Otros proponen directamente la “nacionalización de los depósitos”, como en el primer gobierno peronista, o en el de 1973-76, de modo que el crédito se canaliza por redescuentos del BCRA según sea la orientación de la política económica, algo común en muchos países. Más aún, se sostiene la nacionalización de la banca, para terminar con la extranjerización de una historia que viene desde la aún vigente ley 21.526 de Entidades Financieras formulada y aplicada desde 1977, en Dictadura y con Martínez de Hoz ministro.
Incluso, se postula la socialización de la banca, para que en la gestión participe el Estado, las trabajadoras y los trabajadores de los bancos y el conjunto de la sociedad interesada en discutir la orientación del crédito para otro modelo productivo y de desarrollo.
Con la “cuarentena” venimos bien en materia de achatamiento de la curva de contagios y así debiéramos continuar, sabiendo que no toda la población puede hacer cuarentena, entonces, ¿qué hacer?
La realidad impone flexibilizar, pero no de cualquier manera. Se requiere planificación del Estado con participación popular, especialmente en los territorios de la pobreza acrecentada en décadas de hegemonía neoliberal, la Dictadura genocida y los 90´, apenas contrarrestada en pocos periodos por casi medio siglo desde 1975/6. No se debiera salir de la cuarentena de cualquier manera, ni atendiendo la demanda de ganancia de los sectores más concentrados de la economía local.
Como decimos, el sistema financiero es clave, especialmente la autoridad monetaria, el BCRA. Entre los activos más preciados del Banco Central están más de 44.000 millones de dólares, los que pueden, en parte, utilizarse para asegurar insumos externos para una lógica de producción que modifique la organización económica actual. Ello supone no utilizarlos, tal como ocurre en la actualidad, para cancelar préstamos del exterior o con destino a la fuga de capitales. Sino que, todas las divisas que pasen por el BCRA sean utilizables para el plan de transformación que esbozamos en estas líneas. No salir de cualquier manera de la cuarentena, sino de acuerdo a un plan con participación popular.
¿Qué normalidad?
Entre el 30 y el 40% de la población económicamente activa del país transita por la economía informal. Es parte de la demanda por salir del aislamiento y retomar la “normalidad”.
¿Puede generarse otro sentido de “normalidad” en el ámbito de la población que sufre la informalidad? No hay solución burocrática o tecnocrática al problema, se requiere un inmenso mecanismo de protagonismo y participación social, que incluya la experimentación de quienes ya desarrollan tareas productivas en emprendimientos de autogestión de la economía popular.
Han vuelto las ollas populares a las barriadas empobrecidas, las que pueden organizar encadenamientos productivos y de servicios, hacia atrás y hacia adelante, respecto de quienes proveen los alimentos y como ampliar la cadena de distribución. Son mecanismos para discutir el encarecimiento de los precios, incluso cierto desabastecimiento que se reconoce en estos tiempos irregulares.
Está claro que no alcanza con los controles actuales, debilitados con años de prescindencia del Estado en la gestión y control de los precios. Involucrar a la sociedad en la producción y distribución es un mejor y más efectivo mecanismo de confrontación a la fijación de precios por sectores con poder y, capacidad para aumentar precios. Insistamos que hay que acercar recursos económicos a los más necesitados sobre la base de una planificación con participación popular. La producción incluye a la salud, ya que hay que planificar la producción de infraestructura hospitalaria, los medicamentos y utensilios necesarios para la actividad; incluso los salarios e ingresos de trabajadoras/es de la salud.
Salir de la cuarentena supone discutir la inversión pública, en qué sectores y con qué fines. Un tema estratégico remite a la deuda pública externa, más cuando en esta semana se continuó con la cancelación, utilizando divisas que son escasas y necesarias para sustentar una política que atienda la gravedad del momento de pandemia, pero también imprescindible para superar el modelo productivo y de desarrollo, que nos permita salir, progresivamente, de la cuarentena. Y, no para retomar el rumbo de la normalidad de las ganancias, sino de otra normalidad, la de la satisfacción de las amplias necesidades sociales.
Buenos Aires, 4 de abril de 2020

La pandemia y Nuestramérica


A esta altura nadie duda del carácter global de la pandemia, si hasta los remisos gobiernos de EEUU o Brasil recomiendan ahora el aislamiento de la población, cuando hasta muy poco relativizaban el efecto del fenómeno coronavirus que preocupa a la humanidad. Hasta ahora son más de 45.000 las personas fallecidas y más de 900.000 las contagiadas, para una población mundial de 7.700 millones de personas.
La pandemia es una amenaza a la vida, agravada por las condiciones de funcionamiento de la sociedad capitalista, que exacerbó en las últimas cuatro décadas, políticas neoliberales mediante, la privatización de la salud y la mercantilización de derechos, caso de la salud o la educación, entre muchos. Es el resultado de la ofensiva del capital contra la vida, la fuerza de trabajo y la naturaleza, con importantes cambios en las relaciones sociales de producción, a favor del capital contra el trabajo, de aquel contra los bienes comunes e incluso contra la sociedad vía exacerbación de un innecesario consumismo.
Resulta inadecuado diferencias la pandemia del capitalismo, ni la opción por la salud, la vida, del proceso económico, que no es otra cosa que el sistema de relaciones sociales de producción capitalista. Por eso preocupa la realidad recesiva del sistema mundial y su manifestación en la periferia, sea Nuestramérica, Asia o África. La desaceleración económica de la última década es ya recesión creciente para el 2020, aun con la incertidumbre de la temporalidad de permanencia de la pandemia coronavirus.
Los pronósticos hablan de caída del producto mundial. Para la región latinoamericana y caribeña, la CEPAL[1] señala:
“El embate del Covid 19 nos encontró en mal momento. Para el mundo, el año pasado 2019 había registrado el peor desempeño de la última década (2,5% PIB). Para América Latina y el Caribe el desempeño era aún más dramático. Para encontrar crecimientos peores a los que la región registró en los pasados siete años, hay que remontarse siete décadas.
Hace solo pocos meses, y tras cerrar un 2019 con un pobre crecimiento regional de solo 0,1%, CEPAL estimaba que el 2020 vería un repunte tímido y que la tasa alcanzaría un alza de 1,3% del PIB. Hoy, una aproximación conservadora, con los datos que aún se van consolidando, nos dice que América Latina y el Caribe registrará para este año un crecimiento negativo de -1,8% con probables sesgos a la baja.”
La preocupación tiene que ir más allá de la coyuntura y permitirnos pensar en cómo afrontar los desafíos del presente y del futuro. Nuestro presente está amenazado por décadas de ofensiva del capital contra los derechos sociales, manifestados en los proyectos de reformas laborales y previsionales, pero también en una creciente contaminación ambiental que afecta nuestras vidas. Por eso el futuro demanda un programa de retorno a la lucha por los derechos sociales y a la vida, que involucra la defensa del planeta Tierra. Defender nuestros derechos de la ofensiva capitalista y del capitalismo es la impronta necesaria de este tiempo histórico.
Una buena noticia en nuestro tiempo deviene de la mayor expectativa de vida, ahora amenazada por el coronavirus, que ubica a los mayores como población de más riesgo. Es tiempo para defender la vida, las políticas de seguridad social que aseguren ingresos y calidad de vida a los mayores y al conjunto de la sociedad. Por eso es tiempo de terminar con el derroche del gasto militar y el privilegio a la ganancia y la acumulación capitalista. Es tiempo de mayor seguridad social y atención a los mayores, con jubilaciones y pensiones acorde a las necesidades históricas. Hay que terminar con la especulación y la hipoteca de las deudas públicas a manos de inversores especulativos, los fondos de inversión, que acumulan gigantescas masas de capital en todo el mundo.
Es tiempo para pensar en el día después de la pandemia. Una posibilidad será volver a la “normalidad” de los negocios y el orden capitalista, o se podrá cuestionar y pensar en caminos para la transición desde el capitalismo a una sociedad del vivir bien, el buen vivir, o más clásicamente, hacia el socialismo.
Al hablar de Nuestramérica bien vale dedicarle un párrafo a Cuba, que desde su “aislamiento” impuesto por un genocida bloqueo por medio siglo, no duda en ofrecer su solidaria cooperación internacional a quien lo solicite. Qué ejemplo en tiempos de aislamiento deliberado de nacionalismos que pretenden salvarse en soledad, sin pensar en una lógica de humanidad, concepto muy claro en la lógica de pensamiento y acción de la revolución cubana. Ante el desorden mundial de las sanciones unilaterales, este es un tiempo para pensar en acciones colectivas solidarias.
Buenos Aires, 1 de abril de 2020


[1] CEPAL. Hora Cero: Nuestra región de cara a la pandemia. Columna de opinión de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL. 31 DE MARZO DE 2020, en:   https://www.cepal.org/es/articulos/2020-hora-cero-nuestra-region-cara-la-pandemia (consultado el 01/04/2020)

Pandemia, salud y economía



Existe una falsa dicotomía entre salud y economía, tal como interesadamente se la quiere visibilizar en estas horas. El argumento es que está bien el aislamiento, la cuarentena, pero que al mismo tiempo se destruye la economía por efecto de la recesión inducida, la que agrava un trayecto de arrastre de más de dos años. Son argumentos para condicionar la decisión de ampliación de la cuarentena, que, si observamos la breve historia del COVID19, resulta lo adecuado desde la política pública para evitar los contagios, lo que supone aplanar la curva de contagios de la población. Les preocupa a los grandes empresarios y a sus intelectuales, profesionales, comunicadores o periodistas, la ausencia de ganancias durante la cuarentena. Se escudan en el argumento que no podrán pagar salarios e incluso, reconocen los millones que viven de la diaria, de un trabajo cotidiano informal, en muchos casos no inscriptos por la impunidad empresarial. Es cierto que el aislamiento afecta a buena parte de la economía, pero existen actividades esenciales que continúan su actividad, por caso la industria de la alimentación, de la medicina, o el servicio de traslado y distribución de las mismas y otras mercancías. La actividad productiva de alimentos o de medicamentos no está parada, ni tampoco la actividad de exportación de la producción primaria, que genera actividad en los puertos. ¿Incluso, y no menor, siendo esto así, porque aumentan los precios de los alimentos, cuando los precios están congelados al 6/3?
Hay presión del poder económico porque les preocupa la ganancia, sus ganancias, caso evidente con el grupo Techint despidiendo 1450 trabajadores. Un grande de la economía local y mundial que acumuló a costa del Estado. Ese acumular de cuantiosas ganancias le permitió una expansión más allá del territorio nacional para constituirse en un grupo transnacional con origen en el país, pero con actividad y especialización del primer nivel en varios países del sistema mundial. Si no puede aguantar el costo de esos salarios, la sociedad debe discutir cómo enfrentar estas acciones ante el incumplimiento de las disposiciones y sugerencias relativas a no despedir y a conservar empleo, entre ellos, créditos pre acordados sobre la nómina salarial.
En torno a la crisis del 2001 se generalizaron experiencias de “recuperación de empresas” y la autogestión por las trabajadoras y los trabajadores pasó a ser una respuesta de los afectados por la recesión y la crisis. Habrá que pensar, en la coyuntura, los cursos de acción a tomar desde la sociedad e incluso desde el Estado, para inducir una nueva institucionalidad en el orden económico.
¿Salud versus economía?
No se puede dividir el razonamiento entre salud y economía. Qué habría ocurrido si la inversión pública por años se hubiera orientado a consolidar y fortalecer integralmente la salud, a contramano de una lógica ideológica de retirada del Estado de la inversión, donde lo único que valía era la iniciativa privada, el estímulo a la inversión privada, incluso externa. En el mismo sentido y extendido a la situación de la economía mundial, imaginemos un mundo donde el gasto en salud (también en educación) fuera similar al gasto militar o a las inmensas remesas destinadas a cancelar deudas públicas externas, en muchos casos ilegitimas u odiosas, caso de la Argentina.
No sorprende la dinámica militar en sus desplazamientos por el mundo y lo que podría generarse si la previsión de los Estados estuviera puesta en la salud de la población. Si el eje fueran los derechos humanos, el mundo podría tener brigadas internacionales de solidaridad, tal como lo hace Cuba, que a propósito del coronavirus ofrece asistencia a 13 países que demandaron la efectiva participación sanitaria de la Isla. Qué curioso, los países hegemónicos del sistema mundial pueden desplazar contingentes militares y sus equipos con eficiencia, e incluso desarrollar tecnología de guerra que actúa sobre el planeta como si fuera un solo territorio. El despliegue de bases y tropas suponen un gasto enorme, que, aplicado a salud, más la cooperación internacional, aseguraría el combate a cualquier pandemia. La política nacionalista, de America First, impide la cooperación de los países que mejor resolvieron la situación, por caso China. La realidad es que Trump estigmatiza a su competidor global designando al coronavirus con la identificación de “virus chino”. La impotencia o la soberbia puede ser grave para un país que lidera el número de contagiados, superando los 143.000 afectados y sumando más de 2.500 fallecidos.
Los países que hoy constituyen el foco de contagio debieran promover la cooperación internacional y no la competencia entre ellos para ver quien resuelve la vacuna antes de tiempo. Es momento de cooperación y no de competencia. Es tiempo de aprender de quienes anticiparon propuestas que a ojo vista han resultado adecuadas. Mientras antes se resuelva la pandemia más rápido se recuperará la actividad económica, pero claro, ¿habrá que discutir si se pretende volver a una “normalidad” sustentada en la súper explotación de la fuerza de trabajo y la depredación de la naturaleza? Es grave que hace pocos días se reuniera virtualmente el G20, para no resolver más que diplomáticas declaraciones. En el mismo sentido se pronuncia el FMI, que solicita tener en cuenta las necesidades de los países con sectores sociales vulnerables, al tiempo que aconseja el ajuste y las regresivas reestructuraciones de la economía. Resulta interesante el mensaje del presidente argentino al G20, pero desoído por la hegemonía del capitalismo global.
Argentina
Respecto de la Argentina se destaca el accionar preventivo en materia de salud e incluso diferentes medidas con el ojo puesto en sectores muy necesitados, y claro que eso no alcanza, pero es el rumbo que debe enfatizarse. El abastecimiento básico no está asegurado en los territorios de la pobreza y de la indigencia. Es más, los precios de la carne, frutas y verduras suben, ni hablar de otros bienes en circulación que hacen a la vida cotidiana. Estos bolsones de pobreza son consecuencia del orden capitalista, en Argentina y en el mundo, más aún con la lógica neoliberal impuesta desde el 1975/76 en adelante, con los matices defensivos en el periodo. La pobreza es un crimen, como el deterioro de la salud pública. Mercantilizar la salud fue un crimen y hay que revertir el proceso, centralizando en la gestión pública el derecho a la salud.
Por eso, es que insistimos que todos los recursos deben orientarse a satisfacer derechos, en primer lugar, la salud, claro que también la educación e incluso otros, pero en la pandemia, la salud es el privilegio. No se debe destinar un solo peso o dólar a la cancelación de la deuda si previamente no se realiza una auditoria con participación popular y se define que parte es legal, legitima y en esa condición establecer el calendario de afectación de recursos, insistamos, con privilegio en la salud. Eso es: infraestructura hospitalaria, camas, respiradores, insumos, seguridad de las/os trabajadoras/es. Es común en estos tiempos la realización de asambleas de trabajadores reclamando medidas urgentes sobre equipamiento, ni hablar de salarios, de profesionales, enfermeras/os, camilleras/os, administrativas/os, etc. No alcanza con el aplauso colectivo, hace falta presupuesto y centralidad del Estado, en el país y en el mundo.
Salud es economía, y debemos constatar que existen millones que no pueden hacer cuarentena porque hay hacinamiento, ausencia de ingresos y por tanto deben salir diariamente a resolver la vida cotidiana, lo que incluye acciones colectivas de prevención, caso de los comedores o merenderos. Hay imposibilidad de asumir el aislamiento para millones de personas empobrecidas, esos que el INDEC cuenta por encima del 35% de la población en nuestro país. El mismo INDEC alude a casi 400.000 millones de activos de argentinos en el exterior, el 84% del sector privado, con una deuda de 330.000 millones de dólares. La repatriación de esos capitales o la aplicación de un impuesto de emergencia es una necesidad inmediata.
Está bien preocuparse por la economía, la inflación actual y la recesión, sí, pero no por el camino del lobby “gran empresario” y sus voces ampliadoras, inspirados en las diatribas de los Trump o los Bolsonaro. Hay que actuar rápido para sostener la economía popular, por lo que no debe haber despidos e incluso sustentar las paritarias virtualmente, como se promueve para las clases en el sector educativo. Los docentes deben adecuarse a las nuevas modalidades a distancia, bueno, los convenios colectivos de trabajo pueden discutirse también virtualmente.
No hay excusa, la economía importa e interesa y hay que pensar en el sector más empobrecido. Resulta imprescindible articular una política conjunta entre autoridades, movimientos populares, sindicales, territoriales, de jubilados, para estimular la auto-gestión entre trabajadoras/es y el Estado, incluso el sector cooperativo y las pequeñas y medianas empresas. En el eje de este comentario está asegurar la alimentación para el conjunto de la sociedad. En el país no debería haber hambre.
Buenos Aires, 30 de marzo de 2020


La pandemia agrava la tendencia recesiva y sus efectos regresivos en el empleo y los ingresos populares


La pandemia del coronavirus crece en el ámbito mundial, y por supuesto, también en la Argentina, ahora en “aislamiento social preventivo” hasta fines de marzo. Es un fenómeno que agrava la situación crítica que venía arrastrando la economía mundial y por supuesto, la propia de la Argentina.
Aparece un horizonte de recesión mundial para este 2020, con EEUU en retroceso, del -0,4; la Zona Euro cayendo aún más y reiterando la gravedad del momento en el viejo continente, al -2,8%; con Japón repitiendo un largo retroceso, ahora del -1,5%, y China muy lejos de sus elevadas tasas por décadas, pero creciendo menos de lo acostumbrado, al +3,5%. En el imaginario se proyecta un crecimiento nulo para el conjunto. Son datos provistos por el Instituto Internacional de Finanzas. (https://www.iif.com/)
Junto a la baja la producción, lo que crece es la deuda, favorecida por la reducción de los tipos de interés, cercana al 0%. Los bancos centrales del capitalismo desarrollado están emitiendo dinero en grandes cantidades, siguiendo el camino de la crisis del 2007/09, buscando que no caigan los grandes operadores financieros y económicos del sistema mundial. Son políticas de estímulo monetario, a contramano de la lógica discursiva de la corriente principal del pensamiento económico, curiosamente financiados por los mismos que deciden estas masivas emisiones de moneda.
Las bolsas se desploman y los grandes especuladores intentan hacer diferencias y acreditar ganancias por compras anteriores. Por eso venden sus tenencias en activos financieros y arrastran a la baja al conjunto de los activos financieros, alentando maniobras especulativas que agravan la situación de desigualdad en la distribución del ingreso y de la riqueza. Las ventas de títulos, bonos y acciones afectan incluso a la “banca en las sombras”, los grandes fondos de inversión, los que están perdiendo valorización en sus activos, agudizando la inflada burbuja financiera.
A ello debe sumarse la impunidad de quienes aprovechan la situación para aumentar precios y con ello, sus ganancias, a costa de la mayoría de la sociedad. Es la lógica mercantil que se impone a la necesaria solidaridad en tiempos de pandemia.
Emisión monetaria para sostener al capitalismo
La emisión monetaria generalizada en el capitalismo contemporáneo es para salvar a estos grandes operadores y empresas de la economía mundial, aun cuando sus economistas e ideólogos, insistamos, pregonan un discurso crítico sobre la emisión monetaria y su impacto en los precios, un tema de interés en la Argentina con inflación minorista estimada para el 2020 en torno al 40%.
De este modo, los gobiernos de los principales estados del capitalismo desarrollado ofrecen cuantiosas cantidades de dinero para sostener a sus economías, o, mejor dicho, a sus sectores hegemónicos, afectados desde hace rato por la caída de la producción y las tensiones que adiciona en la coyuntura el coronavirus. El propio FMI convoca a colectar 1 billón de dólares para asistir a los gobiernos ante los problemas en curso, anticipando que podría disponer de unos 50.000 millones que serán ofrecidos a países emergentes y unos 10.000 millones a países de bajos ingresos.
En ese sentido y en dialogo con las autoridades de la Argentina, el FMI sugiere que los prestamistas privados deben resignar entre 55.000 y 85.000 millones de dólares en el mediano plazo para hacer sustentable el pago de la deuda pública externa de la Argentina. El tema es que Argentina está en default virtual, si es que se lee adecuadamente los 4.000 puntos de riesgo país con que se califica al país. Por ello, la Argentina le informa al FMI que no podrá atender la deuda con el organismo internacional por los próximos cuatro años, verificando la existencia de un default de hecho.
Atendiendo la situación mundial y la especificidad de la Argentina, es tiempo de suspender los pagos, mientras se audita la deuda y se fijan prioridades locales, especialmente ante la demanda sanitaria y el agravamiento de la recesión productiva que impone la pandemia del coronavirus.
Impacto en el empleo, el salario y la pobreza
La situación social es grave y la emergencia sanitaria y recesiva la profundizará, especialmente con un fuerte impacto sobre el empleo, el salario y la desigualdad en materia de Ingreso y Riqueza.
Es interesante leer detenidamente el informe al respecto presentado recientemente por la OIT.
Señala el organismo que el aumento del desempleo mundial oscilará “entre 5,3 millones (hipótesis “prudente”) y 24,7 millones (hipótesis “extrema”) a partir de un nivel de base de 188 millones en 2019”.[1] Agrega el análisis que, en comparación, “la crisis financiera mundial de 2008-2009 aumentó el desempleo mundial en 22 millones". Es una referencia evidente de la gravedad de la situación presente. Sigue señalando la OIT que, "Las caídas del empleo también conllevan grandes pérdidas de ingresos para los trabajadores”, que calcula entre 860.000 millones de dólares y 3,4 billones de dólares a finales de 2020. La consecuencia “se traducirá en caídas en el consumo de bienes y servicios” y “afectará a las empresas y las economías".
"La OIT estima que entre 8,8 y 35 millones de personas más estarán en situación de pobreza laboral en todo el mundo, frente a la estimación original para 2020 (que preveía una disminución de 14 millones en todo el mundo)". Serán afectados: "Las mujeres y los migrantes también. Estos últimos son vulnerables debido a la falta de protección y derechos sociales, y las mujeres tienden a predominar en los empleos de baja remuneración y en los sectores afectados."
Estos datos confirman estimaciones de afectaciones diferenciadas sobre el conjunto de la población, ya que existen distintas reservas monetarias para soportar las “cuarentenas” que se generalizan, sin previsión temporal, por lo menos en el corto plazo.
¿Soportarán los sectores de menores ingresos, precarizados en el empleo, largos tiempos de inactividad económica? ¿Las políticas de asistencia social dispuestas serán suficientes para atender la emergencia? Son interrogantes para habilitar un diálogo que trasciende el problema de la pandemia en curso y se concentre más en los temas estructurales de los límites civilizatorios del orden capitalista contemporáneo.
Algunas enseñanzas en el marco de las tensiones
Queda claro que no fue adecuada, para la mayoría empobrecida de la sociedad, la decisión de mercantilizar derechos, especialmente salud y educación.
Resulta necesario revertir la situación con gasto e inversión pública, destinando todos los recursos posibles y planificando su desarrollo inmediato.
Se trata de volver a sostener la importancia de la acción colectiva desde un Estado con objetivos por la transición social y perspectivas de resolver las más amplias necesidades de la sociedad. No es cuestión del tradicional Estado capitalista que sostiene los objetivos del gran capital, sino de un nuevo Estado para la transición hacia otra sociedad.
No hay mayor prioridad que la vida, una cuestión extendida a la naturaleza en su conjunto. De hecho, existen imágenes satelitales que evidencian la mejora del ambiente ante el paro obligado de la industria y la producción de bienes y servicios (transporte, turismo, etc.), lo que pone en discusión la necesidad de cambiar el modelo productivo y de desarrollo, lo que supone todo un tema para el debate. Terminar con la toxicidad y contaminación actual, lo que provoca el calentamiento global, llamado “cambio climático”, asunto subestimado por las transnacionales más concentradas y el poder político mundial.
Al mismo tiempo habrá que discutir y confrontar la petición del lobby empresario, especialmente energético, petrolero, automotriz, financiero, entre otros, quienes demandan subsidios estatales, ahora o cuando se supere la emergencia por la pandemia, para sostener su rentabilidad ante el paro de la economía, e incluso la discontinuidad de una orientación que ganaba espacio por el aliento a energías alternativas en manos de los Estados.
Por el contrario, toda la asistencia debe concentrarse en frenar el desempleo, la precariedad laboral, la marginación. el empobrecimiento social y la emergencia sanitaria.
Es tiempo para pensar en ir más allá del orden capitalista, favoreciendo lazos de solidaridad por encima de la competencia impulsado como sentido común liberal y neoliberal. Un ejemplo es la cooperación de Cuba con China y de ambos, con países que abren sus puertas para receptar el beneficio de esa relación internacional de cooperación.
Por eso, resulta inadmisible la continuidad del bloqueo genocida de EEUU sobre Cuba o las unilaterales sanciones económicas sobre variados países llevadas adelante desde Washington junto a la complicidad de varios gobiernos y organismos internacionales, por caso la OEA en nuestra región.
Es tiempo de cooperación y solidaridad entre los pueblos y los países, a contramano de la lógica individualista sustentada desde el privilegio al mercado, la ganancia y la acumulación para la dominación.
Con todo lo preocupante del momento, la emergencia de una tradición y lucha por una cultura solidaria entre las personas habilita a pensar en nuevos tiempos de humanización de la sociedad para salvar y promover la naturaleza en su conjunto, es decir, a la propia vida.
Buenos Aires, 21 de marzo de 2020


[1] El COVID-19 podría cobrarse casi 25 millones de empleos en el mundo, afirma la OIT, en: https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_738766/lang--es/index.htm (consultado el 20/03/2020)

COVID 19 como fenómeno visible de una situación crítica de la economía mundial que viene de lejos


La pandemia del “coronavirus”, más allá de cualquier consideración sobre su origen, es el fenómeno que hace visible la crisis capitalista mundial, que viene de lejos, con antecedentes en 1999-2001 y la crisis de las empresas “punto.com”; del 2007-2009, con las hipotecas, los bonos tóxicos, la caída de Lehman Brothers y la recesión mundial del 2009.
Es la crisis de la política de liberalización en el orden capitalista, que fuera la respuesta de las clases dominantes ante la crisis de rentabilidad de los grandes capitales a fines de los años 60 y comienzos de los 70. Es lo que se denominó “neoliberalismo”, en cuanto corriente hegemónica de la política económica en el sistema mundial.
Ante esta crisis actual, lo que se discute es quien hegemoniza el nuevo orden mundial, y por eso la guerra comercial entre EEUU y China, o las respuestas nacionalistas y proteccionistas de Trump o del Brexit, de Bolsonaro y varios regímenes derechistas.
Son respuestas políticas a la crisis del orden de liberalización mundial, llevadas adelante bajo las banderas del neoliberalismo.
Por eso, más allá de cualquier análisis, la “retórica proteccionista” en tiempos de transnacionalización de la economía responde a la crítica de la globalización construida por más de cuatro décadas desde el ensayo sudamericano del terrorismo de Estado.
Tanto EEUU, como el Reino Unido, entre muchos, pretenden barajar y dar de nuevo, pero como actúan otros, se transforma en una lucha que se juega a varias bandas.
Claro que también intervienen en el debate quienes imaginan espacio para la restauración de las políticas keynesianas, hegemónicas entre 1930 y la instalación de la lógica hegemonizada por el neoliberalismo.
En ese sentido se inscribe la campaña demócrata de Bernie Sanders en EEUU, o la prédica del laborista James Corbyn en Inglaterra, tanto como los postulados que emanan desde el Papa Francisco desde el Vaticano en sus diálogos con Joseph Stiglitz.
Menos visible resulta la voluntad alternativa, anticapitalista, con límites muy importantes para instalar un sentido común global favorable a una expectativa de transición sistémica por la transformación social.
No solo hay dimensión política de esta disputa hegemónica, sino que transcurre sobre un trasfondo de innovación tecnológica y de las formas que asumen las relaciones sociales de producción, especialmente entre el capital y el trabajo, y muy en particular, el papel o función que asume el Estado, no solo en cada país, sino en la articulación de capacidad global de subordinación y domesticación desde la institucionalidad mundialmente construida (Organismos Internacionales, Naciones Unidas y sus agencias, etc.).
Horizonte recesivo
Lo que señalamos es el marco de las turbulencias en curso, con caídas de las bolsas, de los precios internacionales de las commodities (en particular del petróleo), del comercio y de la producción mundial.
El pronóstico es de agravamiento de la desaceleración, que viene desde la salida de la recesión del 2009, y una predicción ya antigua y reiterada de un rumbo recesivo con futuro incierto, en cuanto a su duración e impacto social en términos de empobrecimiento, desempleo, desigualdad y marginación social.
Dice la titular del FMI: “el crecimiento global en 2020 caerá por debajo del nivel del año pasado”, y agrega que será “…particularmente difícil para los países con sistemas de salud y capacidad de respuesta más débiles…” Sigue diciendo que “La prioridad número uno en términos de respuesta fiscal es garantizar gastos de primera línea relacionados con la salud para proteger el bienestar de las personas, cuidar a los enfermos y frenar la propagación del virus”. Además, reclama acciones “oportunas y dirigidas a los sectores, empresas y hogares más afectados”.[1]
Gita Gopinath, economista del FMI, propone una fuerte intervención estatal en materia fiscal, monetaria y crediticia, incluso subsidios a empresas y familias con problemas, en clara contraposición a la corriente principal de la economía que se empecina en un diagnóstico y propuesta liberalizadoras y de contención del gasto público.[2]
Por estas opiniones es que algunos imaginan un FMI más amigable con la perspectiva keynesiana, hegemónica antes de la versión neoliberal. Lo que no debe olvidarse es que en definitiva al Fondo lo dirigen sus principales asociados y entre ellos, el que manda es EEUU, muy lejos de cualquier orientación asociada al Estado del Bienestar.
La preocupación está en la protesta social y, por ende, lo que se pretende es el control social mediante el gasto segmentado.
En todo caso y a propósito del “coronavirus” y éstas opiniones del FMI, lo que queda en evidencia es el fracaso en términos sociales de la política de privatización de la salud.
La mercantilización de la salud y otros derechos sociales, entregando la gestión de derechos sociales al régimen del capital y a las relaciones monetarios mercantiles es lo que ahora evidencia la ausencia de infraestructura y políticas sanitarias de prevención y asistencia extendida a la población.
Por el contrario, la estrategia cubana de aliento a la medicina y al derecho a la salud desde siempre, la encuentra en condiciones de atender desde sus desarrollos tecnológicos y medicinales, no solo el problema en su territorio, sino que puede intervenir con gran efectividad en el tratamiento y búsqueda de soluciones definitivas en el exterior, particularmente en China y ahora en Italia y otros países que sufren la pandemia.
Cuán distinta sería la contribución cubana de no mediar las sanciones y el bloqueo genocida que impuso EEUU con complicidad de los principales países del capitalismo mundial.
El horizonte de recesión mundial afecta a los derechos sociales de la humanidad, por lo que se demanda una modificación sustancial de las orientaciones de los Estados y para ello se requiere que la sociedad y los movimientos populares en especial logren instalar su agenda de reivindicaciones y de derechos para transformarlas en políticas que los hagan realidad.
Hegemonía en disputa  
Un asunto central de esta situación de crisis mundial requiere una mirada sobre EEUU y China, en donde la guerra comercial es la cara visible de una disputa por la hegemonía de la producción mundial, la que se juega en el terreno de la tecnología, las comunicaciones y la energía.
La dominación estadounidense, ejercida mundialmente desde el orden económico emergente de la segunda guerra mundial está siendo desafiado por las innovaciones que lidera el proceso chino, lo que incluye las formas políticas de ejercicio del gobierno y las relaciones internacionales.
Con experiencia en planificación estatal por décadas, dirigidas centralmente desde la lógica disciplinar del PCCH, y una diplomacia de ampliación de las relaciones, China parece aventajar en la perspectiva de horizonte cercano a una agresiva política exterior de Washington, agravada en este tiempo con las sanciones unilaterales que desarman todo orden y norma internacional consensuada con otros países que definen el sistema mundial. De paso, en tiempos de pandemia queda claro que las sanciones constituyen verdaderos actos de genocidio, más aún si se compara la política de solidaridad internacional de países sancionados como Cuba.
Por su parte, EEUU asienta su poder en la casi ilimitada capacidad de emisión de moneda de aceptación mundial, su poderío militar y su influencia cultural ideológica, con años de asociación entre su forma de democracia y el orden capitalista. No debe subestimarse la capacidad de acción global de EEUU, la que condiciona los procesos políticos, sociales y culturales de la humanidad.
Ambos tienen problemas de base material, con EEUU ralentizando sus tasas de crecimiento, importantes en los primeros años de gobierno Trump, pero en desaceleración en el presente, año donde se juega la reelección presidencial.
Por eso, Trump presiona a la FED para bajar los tipos de interés y atraer capitales externos ante la incertidumbre de las turbulencias en curso. El objetivo apunta a concentrar todo el capital posible en territorio estadounidense y estimular las tasas de empleo y actividad, que es lo que le ha permitido mantener, pese a algunas dificultades, relativo consenso entre sus electores.
China viene decreciendo desde sus anteriores tasas del 10% o más, anual, con registros que bajaron entre el 8 y el 6% de los últimos tiempos pos 2009, y un pronóstico entre el 4 y el 5% para este año, según como sea la evolución de la pandemia en curso.
Según Xi Jinping, de visita en el epicentro del problema en estos días, afirma que el tema está controlado y todo indica que podría retomarse la normalidad.[3] La baja en la producción industrial de China es histórica desde que explotó el COVID 19 y resta confirmar si es posible en el corto plazo retomar el ritmo de la “normalidad” previa. El entrecomillado supone una discusión de que es considerado “normal”, especialmente cuando está en juego la supervivencia de la Naturaleza y la vida en sí misma.
Según el FMI, en su actualización sobre las Perspectivas de la Economía Mundial, de enero pasado, registra para EEUU un 2,9% de crecimiento en 2018, que baja al 2,3% para el 2019 y al 2,0% para el 2020, con una proyección de continuidad hacia la baja en 2021 del orden del 1,7%. Los datos correspondientes para China son del 6,6% para el 2018, bajando sucesivamente al 6,1% para el 2019, al 6% para el 2020 y al 5,8% para el 2021. Los registros de la economía mundial, según el fondo fueron del 3,6% para el 2018, del 2,9 para el 2019, con repunte para el 2020 del 3,3% y del 3,1% para el 2021.[4]
Resulta obvio que con las informaciones que emanan del propio organismo internacional, todas las proyecciones para el presente año y el próximo se corregirán a la baja. En varios análisis, la proyección es recesiva para este 2020, con dudas relativas a la posible superación rápida de la caída de la producción y la circulación. La recesión agravará los problemas sociales e inducirá políticas reaccionarias para afectar derechos históricamente conquistados y mejorar las condiciones de reproducción de la búsqueda de ganancias y acumulación de capitales.
¿Cómo enfrentar el fenómeno?
Primero debe enfrentarse la pandemia y para ello está claro que debe retomarse una concepción de Derecho a la Salud, en contra de la tendencia hegemónica que construyó la lógica mercantilista de la privatización.
Adicionemos que, si es por problemas de salud, existen muchos otros más graves y de mayor impacto social que el coronavirus, entre ellos aquellos que remiten a enfermedades o accidentes laborales, que requieren de mayor dedicación de inversión de prevención en los ámbitos de trabajo, sin perjuicio de la correspondiente atención sanitaria.
Es una orientación que sirve para todos los países del sistema mundial, y que involucra la cooperación internacional, al estilo de la que ahora despliegan entre Cuba y China para la producción y desarrollo del Interferon.
Por ello es que se impone terminar con las sanciones unilaterales, entre ellas el genocida bloqueo sobre Cuba, con medio siglo de aplicación.
En rigor, hay que desarmar la lógica de la mercantilización y privatización transnacional por otras orientada a des-mercantilizar, organizando relaciones sociales de producción y circulación de cooperación.
Más allá de la cooperación internacional para la salud pública mundial y otros derechos sociales, resulta imperioso discutir y objetar la lógica del orden de la producción y la circulación capitalista.
La lógica de la ganancia, desplegada bajo políticas neoliberales agravó todos los problemas de arrastre del régimen de explotación, entre ellos la desigualdad promovida por la enorme concentración y centralización de capitales.
Discutir la transición hacia otro orden económico y social constituye una urgencia, imperiosa ante la lógica estimulada desde los medios de comunicación y el poder por aislarse y evitar congregaciones sociales de un debate necesario. Más que salvarse desde el aislacionismo, lo que se requiere es un debate colectivo en confrontación con el poder real.
En ese sentido, la dominación transnacional debe ser confrontada por otra lógica de cooperación social que coloque en el centro de los objetivos de la producción y la circulación de bienes y servicios el cuidado de los comunes, de la naturaleza y de la vida.
No solo por escribir desde la Argentina, un asunto a considerar con rapidez remite a los problemas derivados del elevado endeudamiento de los países y las familias más empobrecidas.
Para todo lo mencionado se requiere un gran debate social que pueda generar una conciencia colectiva mayoritaria para construir otra sociedad, con reversión de la ecuación de perjudicados y beneficiarios.
Buenos Aires, 13 de marzo de 2020




[2] Gita Gopinath. “Limitar las consecuencias económicas del coronavirus con grandes políticas dirigidas”, Blog del FMI del 9 de marzo del 2020, en: https://blogs.imf.org/2020/03/09/limiting-the-economic-fallout-of-the-coronavirus-with-large-targeted-policies/?utm_medium=email&utm_source=govdelivery (consultado el 13 de marzo de 2020)
[3] BBC. “Coronavirus: el sorpresivo mensaje de Xi Jinping con su primera visita a la zona cero en China” del 10 de marzo del 2020, en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51827207 (consultado el 13/03/2020)
[4] FMI. Perspectivas de la economía mundial, actualización a enero 2020, en: file:///C:/Users/jcgam/Downloads/texts%20(1).pdf (consultado el 13/03/2020)