Seguridad y represión para el ajuste con el FMI


Impresionante fue el dispositivo represivo de seguridad para aislar la movilización popular del cónclave en Buenos Aires de los responsables económicos y financieros del G20.
En efecto, para que pudieran reunirse este fin de semana los ministros de economía y los presidentes de los bancos centrales del G20 más los organismos internacionales, especialmente el FMI, tuvieron que cercar por varias cuadras a la redonda el Centro de Convenciones de la Ciudad.
El sábado por la mañana, en Conferencia de Prensa conjunta entre Christine Lagarde y Nicolás Dujovne, la primera había señalado que el FMI dialogaba regularmente con la sociedad civil. Le habían preguntado si el organismo internacional aceptaría conversaciones con sindicatos y organizaciones sociales.
Queda claro que se trata de un diálogo de sordos, típico de amos o patrones, que solo bajan discursos únicos a ser convalidados por los súbditos o socios afines. No aceptan otro lenguaje que el que promueve la sumisión ideológica o el temor a las armas y la represión.
“Vamos bien” dijeron los titulares del Fondo y de la Política económica de la Argentina. Dicho en simultáneo con una inflación minorista de Junio del 3,7% y 16% entre enero y junio, proyectando un 32% para todo el año.
¿A quién le va bien con este alza promedio de precios? A los pocos en condiciones de establecer precios, caso de los grandes productores y exportadores o a los sectores de la alta especulación con tasas de interés entre 40 y 60% en sus colocaciones millonarias.
Ilusiones macristas
Pero tranquilos que Macri anticipó que el próximo año 2019, la inflación será 10 puntos más baja, es decir, casi la misma que la elevada tasa de inflación del 2017.
En rigor, otra ilusión que se vende a la población, como aquella que mentaba al segundo semestre para el crecimiento en 2016, y luego fue el próximo año, el 2017.
Se trata siempre de un imaginario a futuro, mientras el ajuste regresivo pasa. El proyecto de Cambiemos se asienta en un discurso vacío (para la mayoría de la sociedad) de un futuro mejor por venir.
La ilusión al crecimiento del PBI, a la llegada de las inversiones, o a la baja de los precios se presenta mientras la realidad transita por otro camino. Se establece, por ejemplo, un techo a los salarios en las negociaciones paritarias y se deterioran los ingresos populares de la mayoría de la sociedad.
No solo hay menos recursos para la mayoría de la población, sino que también se afecta la actividad económica, con un 0,4% previsto de crecimiento para el año y pronósticos a la baja del PBI para todo el 2018 en torno al -1,5%.
Es la base con la que se organiza el presupuesto del ajuste para el 2019 y en el que pretenden encorsetar a las provincias.
Con esos guarismos de crecimiento se bajan las expectativas para resolver el problema del empleo de millones de despedidos y de la joven generación que pretende ingresar a su primer empleo.
Inflación y recesión son el resultado de la política económica del gobierno, convalidada en el acuerdo con el FMI.
El organismo insiste que el Plan es del Gobierno Macri y que el Fondo avala y financia. Son socios en el ajuste social, condición de posibilidad para viabilizar la rentabilidad futura de las inversiones.
No son ilusiones la inflación y la recesión. Son la realidad de una política que solo tiene perspectiva si se confirma una distribución regresiva del ingreso y la riqueza.
En otros momentos del desarrollo capitalista, entre 1930 y 1980, el proceso de acumulación estuvo obligado, por la correlación de fuerzas en el mundo, a satisfacer aun desigualmente la demanda por el salario y la ganancia.
Pero en las condiciones actuales del desarrollo capitalista, la acumulación solo atiende el objetivo de la ganancia. Por eso, las clases dominantes arremeten con fuerza contra los derechos sociales, laborales y sindicales.
Es la lucha de clases en tiempos contemporáneos, que advirtió el proceso de cambio político en la región latinoamericana y caribeña a comienzo de siglo y por lo cual actualizó los mecanismos de una ofensiva favorable a la rentabilidad del capital.
Fortalecer el poder de demanda social
La ofensiva del capital se desplegó con fuerza desde comienzos de los años setenta y se generalizó como “neoliberalismo”, más allá de la polémica que el término en sí mismo genera, ya que la política hegemónica en este tiempo no es nueva ni liberal.
Para contrarrestar esa ofensiva y la consecuente iniciativa política se requiere restablecer la capacidad de demanda social por derechos, a la alimentación, a la educación y la salud, a la energía y a la democracia participativa y comunitaria, a la paridad de género y la diversidad sexual; al derecho a la vida y por ende a la despenalización del aborto, entre muchos derechos a demandar.
Las movilizaciones contra el FMI poblaron las calles del viernes y el sábado en el país, y acumulan en la gran batalla de denuncia de las políticas que emanan los gobiernos del G20 y los organismos internacionales, los que se reunirán en Buenos Aires en cónclave de presidentes el próximo 30/11 y 1/12.
Constituye un desafío articular la fragmentada protesta que anima el descontento social. De lo contrario, la ilusión macrista podrá continuar disputando el consenso electoral más allá del presente periodo de gestión de gobierno.
La movilización popular es la condición necesaria, no suficiente aún, para gestar un horizonte alternativo a la política represiva, de ajuste y reestructuración regresiva del Gobierno Macri que avala y financia el FMI.
Buenos Aires, 21 de julio de 2018

La guerra comercial entre EEUU y China expresa los problemas del capitalismo mundial


El viernes 6/7/2018 EEUU impuso aranceles a las importaciones provenientes de China por 34.000 millones de dólares. La inmediata respuesta china fue de réplica y por el mismo importe.
La escalada proteccionista amenaza a multiplicar ese monto por varias veces, trascendiendo la relación bilateral y afectando al propio capitalismo como sistema mundial.
Es EEUU contra China, pero también EEUU contra Europa, o Canadá y México, o sea, contra todos los países del sistema mundial en aras de recomponer a favor de Washington las relaciones económicas bi o multilaterales.
Desde las relaciones internacionales se teme porque nadie tiene el poder de confrontación de EEUU, o de éste y de China.
EEUU tiene el poder del dólar, con capacidad de emitir a voluntad, aun siendo ello relativo, del mismo modo que suma poder bélico y cultural e intenta la supremacía tecnológica en tiempos contemporáneos.
China se sostiene en un gigantesco superávit comercial y financiero, especialmente en bonos del Tesoro de EEUU, junto a su ampliada capacidad de gasto bélico y de desarrollo tecnológico de última generación.
La batalla por el dominio tecnológico está en el centro de la discusión comercial, monetaria y productiva, a lo que debe sumarse la capacidad de disuasión bélica y la influencia mediático cultural.
Esta situación de confrontación descoloca la lógica aperturista y liberalizadora inspirada desde el mentiroso ideario neoliberal, que supone la no intervención estatal, desmentida desde una gigantesca participación de cada Estado Nación en el sustento de los intereses de los capitales de origen en sus territorios.
La realidad es que esos intereses privados se negocian en los organismos internacionales, gestionados por funcionarios de los Estados Nacionales en favor de los capitales privados. El Estado es el mecanismo de lobby del capital privado. En el ámbito nacional el Estado regula los intereses del capital contra el conjunto social y en el ámbito mundial cada Estado defiende a los capitales nacionales en función de su capacidad negociadora en el sistema mundial.
Sin el Estado Nación, los capitales privados no pueden imponer sus necesidades como reglas del sistema mundial.
Trump y su proteccionismo descoloca a los organismos internacionales y a sus mentores ideológicos, contraponiendo sus propuestas contra el sentido común neoliberal construido por cuatro décadas luego de la crisis de los setenta.
Quedan descolocados organismos, funcionarios e intelectuales de la lógica “globalizadora”, sea el FMI, la OMC, o aquellos que remiten a la corriente principal del pensamiento económico “liberal” (o neo-liberal), los que influyen en la Academia, los Medios de Comunicación y muy especialmente en los gobiernos de derecha, en expansión en varios territorios del planeta.
Existe entonces incertidumbre tras décadas de un discurso “aperturista y liberalizador”, que con el cuantioso déficit comercial estadounidense, principalmente con China, desnudó sus límites.
¿No era que la apertura resulta beneficiosa para todos los países?
El triunfo de Trump se explica por los votos del descontento con la globalización, por el efecto del cierre de empresas y su impacto en el empleo y la crisis urbana de territorios antiguamente progresistas, sea Detroit como capital del automóvil, u otras ciudades fantasmas y/o desaparecidas, o disminuidas rutas que explicaron el progreso de antaño, caso de la Ruta 66 en EEUU.
Por eso, Trump hizo campaña y asumió bajo la presidencia de EEUU sustentando la consigna “America First”, lo que suponía una crítica a la liberalización operada e impulsada por casi cuatro décadas desde EEUU, entre Reagan (1981-1989) y Obama (2009-2017). En la lectura de Trump y sus votantes, EEUU perdió con la globalización, en la desindustrialización y pérdidas de empleo.
Pero atención que en ese mismo tiempo histórico operó la modernización de China, iniciada en 1978 por Deng Xia Ping, para transformar al país ya hace unos años en la “fábrica” del mundo, adueñándose del primer lugar en la producción y exportación de bienes materiales del sistema mundial. Aquí la lectura es de ganancia con la globalización.
Es curioso observar como los promotores de la globalización hacen un balance negativo sobre las consecuencias en su territorio, y a la inversa, la emergencia china se presenta como sostén de la continuidad de la globalización.
La liberalización de la economía mundial bajo discurso hegemónico “neoliberal”, ensayado bajo dictaduras genocidas en el sur de América desde 1973, facilitó la libre circulación de capitales que transitoriamente resolvió el problema de rentabilidad del capital estadounidense, europeo y japonés ante las fuertes caídas de fines de los sesenta y comienzos de los setenta, recolocando sus inversiones en otros territorios “emergentes”, especialmente China.
Un nuevo orden emergió ante los problemas del capitalismo mundial en los 60/70, que era aún un mundo bipolar que proyectaba en el imaginario social global la posibilidad de ir más allá del capitalismo y por ende se imponía cultural e ideológicamente demostrar las ventajas del libre cambio en el nuevo tiempo de transnacionalización de la economía mundial, contra cualquier propuesta de orden anticapitalista.
Esos flujos de inversión se orientaron principalmente hacia Asia y el Medio Oriente, petróleo mediante para este caso.
China fue el gran receptor de inversiones externas, bajo la soberanía del Estado gobernado por el Partido Comunista, lo que suponía la gestión soberana del orden económico bajo la dirección del Estado Nación. Entre otras cuestiones, los gobernantes de China no enajenaron la propiedad del suelo y establecieron normas restrictivas a la lógica universal del capital.
El flujo de capitales hacia China se constituyó en un gigantesco stock para la acumulación y reproducción ampliada del capital, no solo en China, sino en el ámbito mundial. El capital del Estado chino se agigantó en ese periodo y con esa lógica.
Pero en ese proceso, China creció en la producción material y por ende en la oferta comercial global, con capital estatal y privado, muy especialmente en contra del papel de EEUU, al tiempo que se constituía en el principal financista con su excedente económico, del déficit fiscal y comercial de EEUU. China es el mayor tenedor de bonos del tesoro de EEUU.
Con esa acumulación material, China se presenta últimamente en la disputa monetaria. Su moneda actúa contra la antigua hegemonía del dólar lograda desde Bretton Woods en 1944. Son cuantiosos los convenios comerciales bilaterales acordados en los últimos años con moneda China, el yuan.
Orden y desorden en el capitalismo
El interrogante es si EEUU bajo gobierno Trump o sucesivos con la misma orientación, si la política interna estadounidense así lo indicara (crecimiento económico mediante o baja del desempleo), podrá revertir la situación estructural gestada por décadas de liberalización, a contramano del origen “proteccionista” que llevó a las colonias independizadas en 1776 a crecer y transformarse hacia 1945 en la potencia hegemónica del orden imperialista.
Vale la mención histórica ya que Inglaterra se había constituido en potencia hegemónica baja la consigna liberal del libre comercio, la libre competencia y el libre cambio. Es una concepción ideológica sustentada en pensamiento clásico de la nueva ciencia emergente: la Economía Política, con Adam Smith y su “Acerca de la Riqueza de las Naciones” hacia 1776, o David Ricardo y su magna obra de 1817 “Principio de Economía Política y Tributación”.
La traducción de ese ideario en el nuevo país fue a contramano del libre comercio y se sustentó en un renovado proteccionismo para la industrialización y las finanzas desde un nacionalismo propio (algo similar ocurrió en Alemania). El ideólogo de ese accionar fue Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores y el primer Secretario del Tesoro del gobierno de George Washington.
El proteccionismo originario de Hamilton es el antecedente histórico de una política económica que colocó a EEUU en la línea de sucesión de la hegemonía imperialista, único caso de esa evolución desde su inicio colonial. EEUU como Gran Bretaña, luego de su consolidación como potencia industrial y financiera promovió junto al proteccionismo para su territorio y capitales, la más amplia apertura del resto del mundo.
Así se construyó el mundo capitalista desde 1945, inundando de dólares el sistema mundial para declarar la inconvertibilidad del dólar en 1971 rompiendo todos los acuerdos sustentados al fin de la segunda guerra mundial. El mundo capitalista se desbarató entonces, pero EEUU consolidó su poder económico, militar y cultural.
¿Podrá consolidarse ahora desbaratando las relaciones internacionales construidas por décadas?
La impunidad de la política exterior del imperialismo estadounidense es una constante desde su histórica hegemonía, incluso desde antes (expansión territorial histórica contra México, por ejemplo).
Con la caída de la URSS se validó el imaginario para la libre circulación del capital bajo hegemonía estadounidense, lo que encontró límites en varios procesos en curso, donde China es uno de los más destacados, no el único.
Entre otros puede registrarse la re-emergencia de Rusia en el sistema mundial, especialmente por razones militares y diplomáticas.
Puede también considerarse en otro plano el proceso de cambio político en Nuestra América a comienzos del Siglo XXI, lo que provocó la contraofensiva de las clases dominantes en curso, vía golpes blandos y fuerte batalla ideológica cultural para recomponer la agenda de la restauración liberalizadora.
Más allá del capitalismo
Se escuchan voces críticas a la guerra comercial desatada por EEUU, que pareciera defienden el orden capitalista vigente desde los setenta y ochenta bajo el discurso neoliberal.
Como si el accionar actual del EEUU gobernado por Trump fuera contrario a un bienestar deseado gobernado por la experiencia previa.
No se comprende que el accionar previo, de Reagan a Obama era la forma asumida de la supremacía estadounidense (neoliberal) y que ahora con Trump se asume una nueva etapa (¿proteccionista?) para renovar y recrear la dominación estadounidense.
El efecto social negativo en materia de mayor explotación y depredación de bienes comunes operó con la propuesta de liberalización de la economía en tiempos aperturistas y tratados de libre comercio y bilaterales en defensa de las inversiones, como ahora con el proteccionismo de Trump.
Por eso Nuestra América debe recomponer una estrategia de integración regional alternativa a las demandas e intereses de las transnacionales y las principales potencias de la dominación contemporánea.
Ni aquel orden liberal fue favorable a los explotados y empobrecido, ni esta búsqueda proteccionista lo será para la amplia mayoría de la sociedad.
La guerra comercial y monetaria es por la dominación y la aspiración debiera ser por constituir la lucha por la emancipación social.
Por eso, la discusión debe ir más allá y pensar en la crítica del orden contemporáneo, incluido el desorden generado desde la guerra comercial o monetaria, parte de procesos de confrontación ideológica o bélica que el panorama mundial devuelve.
Ni el pensamiento hegemónico ni el poder real imaginan ese horizonte más allá del capitalismo, que solo puede estar en la capacidad social de criticar nuestro tiempo para transformar la realidad en favor de las necesidades sociales insatisfechas. Todo un desafío social e intelectual.
Buenos Aires, 7 de julio de 2018

Ajuste con corrida bancaria


La cotización del dólar se acerca a 30 pesos por cada unidad de la moneda estadounidense, lo que repercute en la suba de precios, afectando el consumo popular y el proceso de producción.
Encima nadie sabe a cuánto llegará el dólar en el corto plazo. Un ex funcionario del gobierno, Melconian, sugirió 41 pesos por dólar y otros imaginan hasta el doble para igualar la pos-convertibilidad que pasó del 1 a 1, al 4 a 1 en poco tiempo.
Si el piso era 20 unidades de pesos por cada dólar antes de la corrida cambiaria, el 4 a 1 supondría llegar a 80 pesos por dólar, como aspiración del sector beneficiado por el alza de la divisa, principalmente grandes exportadores, sectores asociados al turismo externo receptor y especuladores.
Precios, consumo, producción y empleo
El precio del dólar se traslada en buena medida a los precios del conjunto de la economía y eso se refleja en la vida cotidiana de las familias de menores ingresos y por eso el mes de junio será el de mayor inflación en el año, entre 3 y 4%, con una proyección anual superior al 30%.
La corrida cambiaria de mayo y junio provoca el ajuste en la capacidad de gasto de la población.
Hay quienes dicen que el acuerdo con el FMI traerá ajuste (dicho en futuro), y lo que ocurre (en el presente) es el ajuste más allá de políticas explícitas de recorte de gasto público o despidos de personal del Estado, caso emblemático en estas horas en TELAM.
Con la suba del dólar suben los precios y cae el consumo popular, que gasta ingresos escasos en productos de la canasta básica, especialmente alimentos y servicios públicos privatizados y con tarifas en alza.
Aun cuando señalan que se morigera la suba de tarifas, la próxima semana aumentan los combustibles y la ronda de ascenso de precios no tiene fin.
Solo el conflicto social sindical genera expectativa de recuperación de ingresos perdidos por negociaciones colectivas amañadas y con techo, que solo se mueve en tanto la protesta traspasa el interés corporativo y se asume por el conjunto de la sociedad.
Es algo a discutir respecto de la valoración social sobre la educación, el trabajo estatal o en la justicia, con un despliegue de iniciativa gubernamental deslegitimando la demanda salarial de los docentes, estatales y judiciales.
Por la suba de precios y la baja relativa de los ingresos existen señales de caída de la actividad económica que se manifiestan en datos concretos, tal como señala el INDEC.
En abril del 2018 hay una caída de la actividad económica del 0,9% respecto al mismo mes de 2017, con especial impacto en el sector primario, que hasta ahora explicaba las mejoras económicas durante el gobierno Macri.
No solo el agro, ya que la “actividad de la industria manufacturera de mayo de 2018 presenta una baja de 1,2% respecto al mismo mes del año 2017” dice el INDEC, con especial impacto en el sector químico, textil y petrolero.[1]
Todo se manifiesta en el crecimiento de la desocupación, del 9,1% hacia marzo 2018, especialmente en los principales centros urbanos y de concentración de trabajadoras y trabajadores, el Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario.
Son preocupantes los datos del crecimiento de la irregularidad en el empleo, del orden del 35% y de los ocupados y sub-ocupados demandantes de empleo, lo que generaliza problemas laborales objetivos en la mayoría de los trabajadores y trabajadoras.
El Ministerio de Trabajo informa en sus estudios laborales que “el empleo privado formal presentó una reducción de 0,2% en mayo de 2018 con respecto a abril”.[2]
Agrega que el dato “se explica por la disminución en las ramas: Industria Manufacturera (-0,2%), Construcción (-1,0%), Comercio, restaurantes y hoteles  (-0,2%) y Transporte, almacenaje y comunicaciones (-0,4%). El resto de las ramas tuvieron un comportamiento positivo: Servicios financieros y a las empresas (+0,1%) y Servicios  comunales, sociales y personales (+0,1%).”
Vale recordar que la recuperación económica del 2002-2007 se motivó en la expansión del sector industrial, que ahora aparece afectado en su capacidad de expansión.
Esta caída afecta principalmente a sectores de la pyme y por eso existieron anuncios oficiales en materia crediticia, intentando contener la desazón en un sector ideológicamente favorable al gobierno.
El imaginario del gobierno es erróneo
Macri accedió al gobierno con la convicción que su sola presencia al frente de la gestión significaría el desembarco de capitales externos. Por eso pretendió cerrar el conflicto con los fondos buitres. En eso lo acompañaron opositores que le disputan gobierno pero no proyecto o rumbo económico y político.
No solo no terminó con el problema con algunos “buitres” que siguen demandando al país, sino que inició un nuevo ciclo de peligroso endeudamiento público mientras los capitales externos  se disponían a desembarcar.
La cruda realidad demuestra que no ingresan esos capitales externos, sino que se agiganta la fuga de capitales invertidos en el país y se aprovechan del ingreso de divisas vía préstamos o inversión especulativa para salir de la Argentina.
Eso explica la corrida cambiaria. Si las LEBAC generaron alta renta a inversores especulativos privados, ahora venden esos títulos y se resguardan en la moneda estadounidense que el gobierno generosamente ofrece.
Señalamos así, que el dólar es el resguardo de los inversores y encima, las autoridades no establecen ninguna restricción. En dos meses son cerca de 12.000 millones de dólares entregados a las cuentas de inversores especulativos, en lugar de usar reservas internacionales para una política de promoción de inversiones y empleos genuinos en todo el territorio nacional.
La situación del capitalismo mundial es inestable, con EEUU o Gran Bretaña promoviendo políticas  “proteccionistas” para intervenir con beneficio en la liberalización de la economía mundial.
Desde EEUU se instala la guerra comercial y monetaria, contra Europa o China; contra sus vecinos Canadá o México y se atrinchera en la región latinoamericana con base a socios ideológicos del libre mercado mentiroso en época de transnacionalización y dominación monopolista.
El gobierno Macri no entiende como sus aliados del capitalismo desarrollado no lo apoyan más allá del discurso y clama por la llegada de capitales externos.
Los potenciales inversores le aseguran futuras radicaciones si se avanza en el ajuste y la reconversión regresiva contra derechos sociales y sindicales de la población trabajadora. Para eso se insiste en la reforma previsional y laboral.
Por eso y a toda costa se avanza con el ajuste y se ensayan procesos de liquidación de ámbitos laborales en el Estado. La tercerización continúa y se vacían de tareas al sector público. Se genera así el clima de “no trabajo” y por lo tanto, que sobra personal, legitimando los despidos. Hoy se verifica la situación en los medios públicos, visibilizados en TELAM y pronto en la TV y Radio pública.
El experimento cuesta y mucho, porque la liberalización está generando un gigantesco déficit externo. El INDEC nos dice que el saldo negativo de la cuenta corriente de la Argentina alcanzó los 9.623 millones de dólares para el primer trimestre del 2018, producto de mayores importaciones que exportaciones; más gasto de argentinos en el exterior que el ingreso de turismo (aun antes del mundial de fútbol) y remesas de utilidades al exterior.
Todo se suple con una deuda externa crecida en 19.000 millones de dólares entre enero y marzo del 2018, a lo que deben sumarse los 15.000 millones desembolsados por el FMI el pasado 22 de junio.
A no confundirse, el error de diagnóstico del gobierno supone en simultáneo el ajuste contra los sectores de menores ingresos, derivado del consenso electoral del 2015 y 2017 y que pretende recrear para el 2019.
Ya no es tan segura la continuidad, pero un cambio de gestión tampoco augura una modificación sustancial del rumbo, por lo que hace falta una discusión sustantiva sobre el país a construir
Ir más allá de la crítica al gobierno macrista
Se necesita una seria discusión sobre el sentido del voto en el país y la discusión profunda para evitar que se continúe la misma política bajo otra gestión.
La discusión es sobre quién y para que el gobierno, y con ello intentar instalar en la sociedad el tipo de orden económico, social, cultural y político que se requiere para satisfacer necesidades sociales extendidas. No es un debate electoral, sino que lo trasciende.
El descontento social se manifiesta en conflicto, recientemente los paros del 14/6 y del 25/6, que avanzan en organización del descontento, o en las protestas de Chubut y variados territorios o de sectores que demandan por sus reivindicaciones. No alcanza con ello y se requiere discutir el rumbo, que es más que recomponer ingresos.
Claro que lo primero es la disputa para resolver la cotidianeidad, pero esta no existe si no se avanza en el consenso social para otra sociedad con mayorías sociales satisfechas, lo que implica una fuerte confrontación con los beneficiados del orden capitalista.
Buenos Aires, 30 de junio de 2018


Dos miradas sobre la situación en Argentina


El lunes 25 de junio está convocado un Paro Nacional por la CGT y acompañado por las dos CTAs, más organizaciones sociales y populares diversas.
La medida recoge la tradición histórica de lucha del movimiento obrero y popular local para expresar desde la dinámica del conflicto el descontento ante la realidad socio-económica. Esta se manifiesta, entre otras cuestiones, en el crecimiento del desempleo, la reducción del consumo popular y las expectativas negativas por el mayor endeudamiento y la perspectiva de ajuste que supone el acuerdo con el FMI.
Desde otro enfoque, por su parte, el gobierno de Mauricio Macri y el poder económico local y mundial destacan la satisfacción por la aprobación del acuerdo de asistencia del FMI, y en simultáneo, la calificación de “mercado emergente” para la Argentina resuelta en estos días por Morgan Stanley Capital International, MSCI.
Se trata de una calificación, un índice, otorgada por un proveedor de índices e informaciones para inversores internacionales, caso principal de los bancos de inversiones estadounidenses. La banca J. P. Morgan es el organizador inicial del índice, ampliado con la absorción de empresas de información económica en estos últimos años.
La decisión de MCSI está en clara asociación y sintonía con los intereses hegemónicos del sistema financiero mundial, el FMI y la especulación que identifica el rumbo criminal del capitalismo contemporáneo.
Datos para el descontento
Informa el INDEC para el I° trimestre del 2018 un crecimiento del desempleo al 9,1%, con trabajadores ocupados demandantes de empleo por el 15,3% y sub-ocupados demandantes de empleo por 6,8%.
Son todos valores superiores a los registrados en el trimestre anterior y que por lógica no incluyen aún el impacto de la crisis cambiaria de mayo y junio.
La situación se agrava si consideramos que un 29,9% de la población económicamente activa (PEA), o sea, en edad de trabajar, “presiona sobre el mercado de trabajo” según informa el INDEC.
Además, un 35% de los trabajadores se encuentra en situación irregular, sin seguridad social.
Son datos que reflejan la situación de trabajadoras y trabajadores, agravada en las zonas de mayor concentración de población y pobreza, caso del Gran Buenos Aires, el Gran Córdoba o el Gran Rosario.
Al mismo tiempo explica la caída del consumo popular, situación agravada con la perspectiva inflacionaria del 2018, que según relata el acuerdo con el FMI podría llegar al 32%, muy lejos de las actualizaciones negociadas en paritarias, aun las más exitosas.
Por su parte, el comercio internacional profundiza el saldo negativo y confirma la dependencia argentina del ingreso de capitales.
Según el INDEC, entre enero y mayo el déficit comercial alcanza los 4.691 millones de dólares, contra 1.866 millones del mismo periodo en 2017.
Si el déficit externo del 2017 alcanzó los 8.400  millones de dólares, bien puede proyectarse un valor entre 11.000 y 12.000 millones para el 2017, lo que evidencia la necesidad de financiar ese saldo negativo.
La situación es más compleja aun si consideramos que las tasas de interés ofrecidas esta semana para la renovación de las Letras del Banco Central, las LEBAC, alcanzó el 47%, agudizando el carácter usurario del crédito, lo que impide cualquier horizonte de repunte de la actividad económica vía préstamos.
FMI y MSCI
Todo se concentra en la capacidad de captar inversores externos.
Allí radica la satisfacción del gobierno local y el poder económico por el ingreso del primer tramo del acuerdo FMI por 50.000 millones de dólares a desembolsar hasta el 2021.
Por ahora, ya ingresaron al país 15.000 millones de dólares, los que acrecientan las reservas internacionales, ahora por encima de los 62.000 millones de dólares.
Al mismo tiempo que ingresa el primer desembolso del FMI, MSCI devuelve a la Argentina la categoría de mercado emergente que fuera perdida en 2009.
La expectativa es el ingreso de divisas para inversiones productivas y/o especulativas.
Claro que MSCI señala que se mantendrá la calificación siempre y cuando se mantenga el rumbo económico y no se presenten restricciones al movimiento internacional de capitales.
Es una clara alusión de respaldo político al sentido de las medidas de ajuste que intenta el macrismo y aliados en el gobierno y una advertencia si crece la crítica y el descontento social ante el rumbo del ajuste.
Resulta evidente la apuesta del poder mundial expresada en el Directorio del FMI con el gobierno de la Argentina, con capacidad de sostener financiera e ideológicamente la política de ajuste y reestructuración regresiva.
En el ámbito local, el Gobierno Macri avanzó en modificaciones del elenco ministerial para buscar nuevos argumentos en la disputa del consenso social, alejando a responsables visibilizados por sus resultados regresivos en el tarifazo (Aranguren) y la promoción de las importaciones (Cabrera).
Con los nuevos ministros busca recomponer imagen y consenso y con Caputo en el BCRA tienta a los banqueros globales y al FMI a dirigir cotidianamente la política monetaria y financiera.
Dos miradas
Todo lo mencionado constituye dos miradas sobre la realidad.
Una es la del poder local y mundial para afirmar el rumbo reaccionario de la política y la economía en el país.
Otra se manifiesta en creciente descontento y aliento a la conflictividad para evidenciar la necesidad de un rumbo que modifique la ecuación de beneficiarios y perjudicados.
En el horizonte aparece la renovación de la gestión presidencial del 2019, que hasta hace muy poco parecía inducir una segura reelección de la gestión Macri y que ahora, de cara a la situación en curso y el descontento que se organiza en protesta puede augurar una disputa con resultados imprevisibles.
Un problema no menor apunta a desentrañar el tipo de cambio político y económico necesario, que no se agota en el cambio de gestión del mismo rumbo, sino en la perspectiva de construcción de una alternativa que incluye la confrontación con el orden capitalista.
La sola mención de la cuestión anticapitalista remite a profundos debates en curso en el movimiento social e intelectual en el país y más allá.
No se trata solo de una cuestión coyuntural, sino estratégica en el ámbito mundial.
Buenos Aires, 23 de junio de 2018

Cambios en la gestión económica para acelerar ajuste y cumplir con el FMI


Una nueva corrida cambiaria llevó la cotización del dólar a $28,80, lo que supone un traslado, aún parcial, a precios de la economía, perjudicando a la mayoría social de menores ingresos. Nadie puede asegurar que ese sea el techo de la cotización, que en este año acumula una depreciación del 50%. La contracara es la satisfacción de grandes exportadores agrarios, mineros e industriales que obtienen más pesos por sus ventas al exterior;  operadores de turismo del exterior, que imaginan mayores contingentes de visitantes al país, tanto como de aquellos inversores especulativos asociados a operaciones de compra y venta de las divisas.
Todo ocurrió en el marco de cambios en la gestión económica del gobierno de Mauricio Macri. La movida supone la fusión del Ministerio de Hacienda y el de Finanzas bajo la dirección de Nicolás Dujovne, hace poco designado coordinador de las áreas económicas del Gobierno Nacional y representante en la negociación con el FMI para el acuerdo stand by por 50.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, el ex Ministro de Finanzas, Luis Caputo, pasa a la Presidencia del BCRA, luego de renunciado Federico Sturzenegger.
El académico monetarista ortodoxo, de derecha, pasa a ser reemplazado por un operador directo del sistema financiero mundial. Luis Caputo, hombre con antecedentes importantes en J.P. Morgan sale del Poder Ejecutivo Nacional para asumir tareas en el “independiente” BCRA. Como nunca, se evidencia la ausencia de independencia de la entidad monetaria y la política económica, con lo que coincidimos, pero queremos evidenciar la hipocresía discursiva de las derechas que regularmente aluden a la necesaria (imposible) independencia del BCRA respecto del Poder Ejecutivo. Incluso, en el acuerdo con el FMI se compromete el Gobierno a una reforma de la Carta orgánica del BCRA para una mayor independencia.
A Caputo lo secunda Gustavo Cañonero como Vicepresidente del BCRA, con experiencia y antecedentes en la gestión de fondos de inversión. Caputo es el nexo con el mercado financiero mundial, celebrado en enero por anticipar el ingreso de 9.000 millones de dólares de las necesidades de financiamiento del 2018, los que sirvieran para favorecer la fuga de capitales facilitada por el BCRA en las corridas cambiarias de mayo y junio, verificadas con pérdidas de reservas internacionales por más de 10.000 millones de dólares. Un gran negocio para especuladores, quienes aprovecharon el ingreso de divisas para acreditarlas en sus cuentas ante una política económica y monetaria que favoreció intereses de especuladores a costa del regresivo impacto inflacionario sobre la población.
Es Caputo el que negoció con la banca y los tenedores de LEBAC la reciente renovación total de un vencimiento de 670.000 millones de pesos y habilitó el mercado de crédito por 4 horas con licitaciones de operaciones en pesos para dos fondos de inversión internacional. Los BOTE (Bonos del Tesoro) negociados a esos fondos buitres ofrecen cuantiosas ganancias a inversores “buitres” que lucran con las miserias que se descargan sobre el conjunto de la población.
Antes del cambio de función, Caputo anunció que del primer desembolso de 15.000 millones de dólares que se hará efectivo el próximo 20 de junio, la mitad se destinará a suplir necesidades fiscales y el resto a favorecer la operatoria del BCRA para iniciar la cancelación de unos 25.000 millones de dólares en LEBAC, en un proceso a ejecutar en el mediano plazo. El stock de LEBAC, en pesos, se está licuando también con las sucesivas devaluaciones derivadas de las corridas cambiarias.
Memo con el FMI
El 12 de junio se envió la carta al FMI comprometiendo las metas del acuerdo stand by por 50.000 millones de dólares. Firman la misiva Dujovne y el renunciado Sturzenegger. Se dice en el Memorándum que “Reafirmamos nuestro compromiso con alcanzar el equilibrio fiscal y llevaremos a cero el resultado primario del gobierno nacional en 2020.” Ello supone un ajuste de 20.000 millones de dólares en ese periodo y una perspectiva de estancamiento, muy lejos de los prometidos 20 años de crecimiento anunciado hace poco por Dujovne y Macri.
Se afirma en el Memo que “…esperamos que el crecimiento se sitúe este año entre 0,4 por ciento y 1,4 por ciento interanual”. En rigor, el texto confirma una perspectiva de crecimiento económico del 0,4% para el 2018. No es bueno para las expectativas de empleo de millones de personas, ni alienta perspectivas de mejoras del mercado interno, el consumo popular y las condiciones de vida de la población.
La meta de inflación para el año se establece en el 27% y se considera una banda con piso de 22% y que puede llegar al 32%. Muy lejos quedó el 15% establecido en diciembre del 2017 y des-actualizan los acuerdos paritarios que respetaron ese techo impuesto por la política económica. Queda claro que el objetivo es descargar los problemas sobre los sectores más debilitados de la economía, aun cuando se afirma hipócritamente que se tienen en cuenta los intereses de sectores vulnerables.
Se establece en el Memo que los desembolsos de los 50.000 millones de dólares siguen un cronograma de 15.000 millones de dólares para el 20/6/2018 y luego de manera trimestral y hasta junio 2021 cuotas de 2.916 millones de dólares, totalizando 35.000 millones de dólares, con desembolsos los días 15 de marzo, de junio, de septiembre y de diciembre de cada año.
Todos son datos relativos al Memorándum de Entendimiento con el FMI suscripto entre el organismo internacional y las autoridades de la Argentina.[1] Las condiciones acordados serán evaluadas diaria, mensual y periódicamente por el organismo internacional, con lo que ocurrirá un monitoreo externo de la política económica local.
El documento confirma la línea de ajuste fiscal que se descarga sobre el gasto de personal del Estado y al mismo tiempo confirma las orientaciones de modificaciones estructurales favorables a la inversión y la ganancia empresaria, contra derechos laborales, sindicales y sociales.
Se trata de un largo documento explicita la política oficial de insertar subordinadamente a la Argentina en la lógica de austeridad que impone el sistema mundial gestionado financieramente por el FMI.
Inadecuada lectura sobre las tensiones de la mundialización
El acuerdo con el FMI es una línea de acción reiterada que anima el fracaso de la actividad global del organismo internacional, especialmente con una mundialización en tensión con disputa de la hegemonía inter-capitalista.
Lo que ocurre en el mundo es una guerra comercial y monetaria entre los principales países que definen la hegemonía del sistema mundial. EEUU y Europa por un lado despliegan una guerra de aranceles que amenaza el comercio mundial, y China anticipa represalias hacia la política comercial de EEUU contra la nación asiática. Por su parte, el dólar se discute desde el euro o el yuan. Sea por los problemas comerciales, monetarios o de geopolítica, desde Washington se boicotean cumbes globales, recientemente en Canadá por el G7 y contribuye a desarmar la lógica tradicional de las relaciones internacionales, entre otras cuestiones, con el diálogo abierto recientemente con Corea del Norte o la ruptura de los acuerdos con Irán.
Tanto EEUU como Europa suben las tasas de interés y generan una reorientación de los flujos de inversión hacia el capitalismo desarrollado. Algo que confirma la CEPAL al destacar que el pico de ingresos de capitales por inversiones externas ocurrió  hacia el 2011, para luego replegarse recurrentemente ante el cambio de orientación de los inversores internacionales.
Solo marginalmente y por intereses asociados a la extracción de materias primas y razones especulativas se explican las inversiones en la región y pone en evidencia la errónea lectura del gobierno argentino sobre el momento actual del capitalismo mundial. Es una lógica internacional erróneamente asumida desde el gobierno Macri y que confirma la dependencia del capitalismo local a un imaginario “ideologizado” del orden mundial contemporáneo, y claramente en contra de intereses soberanos de la Nación Argentina.
Más que nunca la región latinoamericana y caribeña debiera mirar hacia una integración regional, de carácter alternativa, que disponga de una lógica de aliento a un modelo productivo y de desarrollo que suponga orientaciones soberanas en materia alimentaria, energética o financiera. No es esa la lógica del gobierno Macri y de quienes en el mundo imaginan el liderazgo del gobierno argentino para cerrar esa orientación y retomar un rumbo de liberalización económica a contramano de las nuevas tendencias que explican la política proteccionista de EEUU o del Brexit.
La novedad proviene del descontento de los votantes del 2015 y 2017, expresado con el crecimiento de la protesta social que escala con los paros nacionales del 14/6 y del próximo 25/6. Es la masividad de la protesta lo que puede hacer emerger una subjetividad consciente para inducir cambios progresivos en la política, con capacidad de intervenir en el mediano plazo que supone la elección presidencial del 2019.
Buenos Aires, 16 de junio de 2018