La economía golpea a muchos que hoy demandan urgentes cambios


La tasa de desempleo en la Argentina ascendió al 10,6% y la de subocupación al 13,1% para el II° trimestre del 2019, según el INDEC[1].
Hace un año eran del 9,6% y del 11,2% respectivamente. Así, son más los afectados en la evolución de una política económica que agrede a los sectores de menores ingresos de la población.
Sin duda, se agravó la situación del desempleo y el subempleo, como lógica derivada de la recesión de la economía local. En efecto, las estadísticas oficiales señalan que el Producto Interno Bruto acumula en el año 2019 una caída del -2,5% respecto a similar periodo de hace un año[2].
La proyección para todo el 2019 oscilará entre ese -2,5% y un mayor deterioro, afectando la potencialidad de la recuperación del producto y del ingreso.
Resulta lógico asociar la situación recesiva de la producción local con el crecimiento del problema del empleo, al que debe adicionarse una reiterada agudización de la forma irregular de contratación de trabajadoras y trabajadores que transforma en estructural la “precariedad” laboral, que sobre pasa al tercio de la población trabajadora.
Ahora lo “normal” pasa a ser la irregularidad en las formas de contratación, lo que desafía al movimiento sindical y social para ofrecer nuevas formas de agrupamiento en la defensa de los intereses y necesidades de los afectados, más allá de cualquier actitud de protección de los derechos laborales vulnerados.
Ya no se trata solo de defender derechos, sino de agrupar a un gran sector de trabajadoras y trabajadores que se integran en los ámbitos laborales sin derechos ni agremiaciones que los defiendan individual y colectivamente.
Hemos dicho en anteriores ocasiones que esta situación o modalidad del empleo pasa a ser una tendencia mundial del orden capitalista, que se asocia a las nuevas formas que asume el régimen del capital en su búsqueda de renovar la dominación del capital sobre el trabajo, asunto esencial para reproducir los mecanismos de la explotación de la fuerza de trabajo, eje sustantivo de la generación de excedente económico.
La tradición de lucha y organización del movimiento obrero y popular impidió hasta ahora acelerar los tiempos de cumplimiento de los objetivos del gran capital para profundizar la subordinación de los trabajadores y las trabajadoras, pero la realidad impone rediseñar estrategias novedosas, de organización y lucha, para impedir la consolidación y avance de la estrategia de la dominación capitalista.
Cambios estructurales en el orden capitalista
Los cambios en la situación laboral y económica, afectan la aspiración de continuidad en un nuevo periodo del gobierno de Mauricio Macri, pero construyen un nuevo cimiento de las relaciones de explotación en el capitalismo local, que condiciona la relación entre el capital y el trabajo bajo cualquier administración de gobierno.
Son mutaciones largamente buscadas ante el agotamiento de las políticas de industrialización sustitutiva de importaciones, dependientes, construidas por más de medio siglo entre 1910 y 1970.
Estos cambios económicos son los que generaron nuevos reordenamientos en el bloque de poder, bajo nuevas identidades políticas de representación social para la disputa en la apropiación del excedente, de parte de una burguesía industrial local que aspiró a ser socia, del capital externo y de los terratenientes, en los mecanismos de distribución de la renta socialmente generada.
Radicales y peronistas se transforman en las nuevas identidades mayoritarias de la política local, habilitando políticas orientadas al mercado interno para satisfacer aspiraciones de una más compleja y dilatada organización social. Es lo que sedimenta en la memoria histórica el irigoyenismo y el peronismo.
En esta dinámica es que debe entenderse el proceso de elevada inflación que reconoce la Argentina en este largo periodo de casi un siglo. Con el nuevo orden y política se habilitó la disputa del poder, que no es solo de tipo político, sino esencialmente de apropiación del excedente económico, lo que se materializa vía precios.
Son los precios el mecanismo de distribución del excedente en una economía monetaria y mercantil. Es expresión de la hegemonía económica y política.
¿Influye la política monetaria, vía creación de dinero, en la aceleración de los precios y la inflación, tal como sostienen insistentemente desde la ortodoxia monetarista? Sí, pero la inflación es en primera instancia una disputa de poder por el ingreso y la riqueza.
El viejo orden oligárquico de inserción exportadora en el sistema mundial hegemónico, vigente entre 1860/80 y 1920/30, retomó sus aspiraciones desde los 70 del siglo pasado, reorientando el proceso industrial bajo su mando en la forma del agro negocio (soja y transgénicos; cerealeras y oleaginosas; transnacionales de la alimentación y la biotecnología) y adicionando perspectivas productivas extractivas en mega minería a cielo abierto; gas y petróleo no convencionales.
Se consuma así un orden capitalista que demanda baja de los salarios, las jubilaciones e incluso de la política social, la que se ha transformado en masiva, aun cuando apenas reproduce la miseria y estrechez de la vida cotidiana de millones de familias. Por eso no debe sorprender en la coyuntura la anulación del congelamiento de los combustibles, con el aumento de las naftas que celebran las petroleras y que afecta vía aumentos de precios a la mayoría de la sociedad.
Condicionalidad del presente y del futuro
Muchos señalan la incongruencia del FMI al otorgar un préstamo excesivo e imposible de devolución a la Argentina. Es un error de análisis simplista de la función de un organismo financiero como el Fondo. Este no cumple una función bancaria, de intermediación entre la oferta y la demanda de dinero, sino y esencialmente es un instrumento del poder económico mundial, hoy asociado al disputado poder de EEUU.
El papel del FMI y el acuerdo celebrado con el gobierno Macri convive con el propósito de adecuar al capitalismo local a la demanda del capital más concentrado por reducir el costo de producción, especialmente el laboral, en un país con tanta autodefensa del movimiento sindical, social y popular. Por ello es que en contrato suscripto figuran las reformas laborales y previsionales, con el sentido de disminuir derechos históricamente consagrados a favor de las trabajadoras y los trabajadores.
Con ello, podemos entender el marco y el contexto para que el gobierno argentino incumpla los acuerdos con el FMI y ahora flexibilice las pautas monetarias y emita por encima de los comprometido oportunamente de “cero emisiones” de moneda. Tienen que llegar al final del mandato y para eso hay que emitir, aun cuando su religión monetarista y liberal, como la letra con el Fondo, les indique lo contrario. Son pragmáticos del gobierno y el poder. Tienen que terminar el mandato en diciembre próximo, y ceder su lugar, transitoriamente, para intentar volver al gobierno más adelante, pero con el piso de cambios a consolidar en tramos y etapas no lineales de expresión del poder capitalista.
Incumplen el acuerdo con el FMI, al tiempo que destacan los deberes realizados en materia de ajuste fiscal, con superávit primario de 13.764 millones de pesos para agosto del 2019 y un déficit financiero de -14.798 millones de pesos, poniendo de manifiesto que el privilegio de la política fiscal en el gobierno Macri son los acreedores externos. A éstos, se les cumplen rigurosamente las cancelaciones de los intereses de la deuda pública acrecentada. Ocurre algo totalmente contrario con los estatales de Chubut, quienes cobran sus ingresos de manera atrasada y sin las actualizaciones de una inflación incontenida.
No debe sorprender entonces que continúe la incertidumbre de la cotización del dólar, ahora con ofertas variadas de tipos de cambio, incluso operaciones ilegales (dólar blue), junto a elevadísimas tasas de interés para sostener las condiciones de especulación. Son negocios para unos pocos sectores de la economía, asociados al poder de apropiación del excedente que resulta de la lógica del poder local. Son los mismos que pretenden, junto al poder mundial, condicionar las formas de organización de la producción en el país para continuar concentrando la riqueza y el ingreso.
La larga tradición de organización socio política de la Argentina es la que ha puesto límites a esta estrategia del poder, y es la reserva moral para pensar en la emergencia de nuevas formas de pensamiento y acción para contrarrestar la dinámica del poder y construir nuevos desafíos para el proyecto y la imaginación por la emancipación social.
Buenos Aires, 22 de septiembre de 2019

El capitalismo no está en la discusión y solo aparece la dimensión de lo posible en su seno


En variados debates mediáticos y presenciales en los que participo se analizan propuestas sobre lo que habría que hacer en materia económica, en el país, la región o en el mundo, con un límite estructural e ideológico importante que remite al qué hacer en el marco del capitalismo. Es inimaginable en el sentido común intelectual y profesional pensar en ir más allá y en contra del capitalismo. No existe, en general, el imaginario intelectual de superación del orden capitalista, lo que constituye un freno para pensar y proponer un orden alternativo, o como procesar un rumbo de transición del capitalismo hacia otro orden social productivo, lo que supone otras formas de distribución, cambio y consumo social.
Parece una utopía, un “no lugar”, el ir más allá y en contra del régimen del capital. Algunos sostienen que el problema es el capitalismo “financiarizado” y que lo óptimo resultaría retomar un rumbo de capitalismo “productivo”, como si la generación de excedentes no fuera producida por la explotación de la fuerza de trabajo en el proceso de producción. Que ese excedente se apropie principalmente por mecanismos financieros especulativos no niega la esencia de la explotación. La distribución opera en la circulación, por lo que, aquello que se produce en la esfera de la producción se termina realizado en la esfera de la circulación. Por ende, no puede escindirse producción de circulación, son un par dialéctico.
Hay quienes sostienen que el problema reside en que no hay propuesta productiva o industrial, por ejemplo, en el gobierno de la derecha de Mauricio Macri en Argentina, que solo remite a un proyecto de especulación y “financiarización” de la economía. Algunos lo extienden como diagnóstico a lo que ocurre en el ámbito mundial y por eso las propuestas se limitan a la industrialización, como si pudiera pensarse en términos de independencia y desvinculación de cadenas mundiales de producción. La elevada deuda pública y la fuga de capitales que acontece en la Argentina avalaría la teoría. Como si no fuera productivo, incluso competitivo mundialmente, el complejo del agro negocio asentado en la soja, el maíz y otros cultivos, con sus derivados agro industriales de harinas, aceites y producción de agro energía; la manufacturación de alimentos cárnicos, lácteos, etc. Lo mismo ocurre con la producción mega minera a cielo abierta; la producción petrolera, especialmente relativa a hidrocarburos no convencionales (Vaca Muerta), o los complejos exportadores de corte industrial, caso de la industria automotriz y otros asociados a la exportación y la inserción internacional subordinada.
Más allá de los discursos o los saberes profesionales de los gobernantes, o los balances macroeconómicos de los países, el excedente que sigue generándose es producto de la explotación de la fuerza de trabajo, y que se apropia por mecanismos diversos de transformación de la plusvalía en formas transfiguradas de la ganancia, sea renta, beneficio empresario, interés bancario o cualquiera de las formas que asuma la expropiación del trabajo social. Es un diagnóstico a generalizar entre trabajadoras, trabajadores y sus organizaciones sociales y sindicales.
La restringida condición de posibilidad
Existe un consenso sobre el condicionante de lo posible, que remite al orden capitalista, y más precisamente a un capitalismo productivo a contramano del financiero. La fundamentación alude al fracaso del socialismo, como si esa formulación sustentada en fallidas experiencias, caso del “socialismo realmente existente en el Este de Europa” validara el éxito del capitalismo.
¿Es acaso un éxito la desigualdad económica y social avalada por diversidad de organismos nacionales, regionales o mundiales y con ello la magnitud de la pobreza, la indigencia y la marginación social de millones?
¿Resulta un éxito la depredación de la naturaleza, derivada del modelo productivo capitalista extendido? Solo hay que pensar en los recientes incendios del Amazonas, las continuas sequías o inundaciones, entre muchas calamidades de destrucción del hábitat y la vida.
¿Puede considerarse un éxito la expansión del delito económico asentado en la venta de drogas, armas, la trata de personas o la especulación multiplicada con políticas públicas, de Estados que intervienen a favor de la ganancia, la acumulación de capitales y la dominación capitalista?
Las respuestas son en general de crítica al orden existente, es cierto, pero que termina justificándose en el: “es lo que hay”. Se transforma así en el límite civilizatorio aceptado desde el “sentido común” que instalan los mecanismos de acción ideológica en múltiples medios y redes sociales. Solo queda reformar al capitalismo, establecer límites a la apropiación del excedente y encontrar paliativos en la distribución del excedente.
El problema es que el capitalismo se organiza desde la relación de explotación, de la relación entre el trabajo y el capital. Esa relación predetermina el punto de partida en la inversión como el dinamizador de la actividad económica, y no en el trabajo como creador de riqueza. Es desde esa relación que el capital subsume a la naturaleza y la explota y depreda, tanto como subsume a la población vía el consumo inducido, incluso superfluo con mecanismos como la obsolescencia programada o la publicidad.
Se razona que a partir de la inversión surge la capacidad de producir y reproducir la actividad económica, desplazando al trabajo como fuente del valor y del plusvalor. El inversor capitalista resulta así imprescindible, sea el inversor Estado o el inversor privado. Desde ese punto de partida, toda la lógica argumental parte de conseguir inversores, y los actores se limitan al Estado o al sector privado, cuyo sector más dinámico está altamente concentrado y transnacionalizado, por lo que la apuesta remite a la búsqueda de inversores internacionales.
La opción estatal aparece restringida al capital estatal acumulado en algunos territorios, caso de China en la coyuntura actual, o a la capacidad de emisión de moneda local, fenómeno restringido a ciertas circunstancias.
Resulta un callejón sin salida la opción de la emisión monetaria, por las restricciones de los Estados nacionales sin capacidad de licuar regional o mundialmente su posibilidad de emisión monetaria, como si puede hacerlo EEUU con el dólar, u otros Estados nacionales que internacionalizan sus monedas locales. El caso de China es interesante en ese sentido, acrecentando en estos años los esfuerzos por imponer el carácter mundial del yuan, o como promovió, con ciertos límites Europa con el euro.
Los ejemplos de “modelos” a copiar son tentadores, pero se omiten las especificidades nacionales que permiten ciertas coyunturas. El caso de Portugal es sintomático, ya que el repunte de la economía no es solo luego del ajuste de la derecha hasta 2015, sino la realidad de un gobierno socialdemócrata con apoyo de izquierda desde afuera del gobierno y control movilizado del movimiento obrero clasista. Es una ecuación política que podría cambiar en las próximas elecciones nacionales y si el gobierno puede desprenderse del apoyo crítico y movilizado desde la izquierda. No hay modelos sino mecanismos de intervención política donde lo que define es la presión social organizada y movilizada.
Pensar la transición para construir alternativamente
Actuar desde la transición para una producción y circulación alternativa supone retomar el punto de partida de la hipótesis de la Economía Política, en tanto es el trabajo el creador de valor, claro que desplegado con el desarrollo teórico desarrollado por Marx con la “crítica” de la Economía Política al sustentar el origen del excedente económico en la explotación de la fuerza de trabajo.
Dicen los clásicos que el capital es trabajo acumulado, por lo que el inversor de inicio de la lógica productiva actualmente aceptada tiene en origen al trabajo, a la subordinación (subsunción) del trabajo en el capital.
Así, desde el trabajo organizado socialmente es que pueden pensarse alternativas, lo que supone el cambio de la lógica productiva. No se trata de buscar inversores, sino de organizar solidariamente el trabajo social para producir, distribuir, intercambiar y consumir.
Claro que lo primero a realizar supone desmontar el actual modelo productivo, lo que requiere de un periodo de transición, ya que no puede desarmarse el mecanismo de la noche a la mañana.
En Bolivia se alude a la transición del modelo neoliberal (1985-2005) al del Vivir Bien en desarrollo desde el acceso al gobierno de Evo Morales en 2006, explicitado en la Constitución reformada del 2009. El camino fue la instalación de una lógica de Economía Plural plasmada en la Constitución, lo que incluye a la economía privada, la estatal, la cooperativa y la comunitaria. El privilegio por 13 años entre 2006 y 2019 pasó por consolidar el sector estatal de ese Estado plurinacional en transición. El ejemplo boliviano es útil por el efecto demostración regional que supone ser el país de mayor crecimiento en los últimos años, más allá de críticas fundados en la continuidad de un modelo productivo que puede contradecir postulados del Vivir Bien, pero que hace a los límites del subdesarrollo, el atraso y la ausencia de autónomos desarrollos tecnológicos y científicos que aseguren la viabilidad de otro modelo productivo, de distribución, intercambio y consumo.
Para el caso de la Argentina pasa en primer lugar por desarmar el condicionante del acuerdo con el FMI. No se trata de renegociar, sino de auditar vieja y nueva deuda, responsabilizando a personajes de afuera y de adentro en la organización de esta hipoteca imposible de pagar sin el deterioro consecuente y reiterado de la calidad de vida de la población. No se debe pagar ni renegociar sin antes auditar. Al mismo tiempo, se requiere un amplio acuerdo político para debatir la transición del orden actual a otro basado en la satisfacción de las necesidades populares, que incluya los programas construidos por el movimiento popular en reiteradas luchas por sus reivindicaciones. Resulta necesario discutir el punto de partida y de llegada de cualquier pacto o acuerdo social. ¿Desde dónde se parte y adonde se pretende llegar? Responder el interrogante supone evidenciar las correlaciones de fuerzas existentes.
Solo a modo de ejemplo, veamos como en estos días se aprobó la media sanción de la emergencia alimentaria con un costo estimado por 8.000 millones de pesos, al tiempo que se canceló deuda por más de 7.000 millones de pesos, unos 120 millones de dólares, con un núcleo reducido de empresas de energía, cuyos titulares son amigos directos del presidente, caso de Pampa Energía de Marcelo Mindlin, o Central Puerto de Nicolás Caputo. Para el primer caso fue necesaria una amplia movilización social, iniciativas políticas legislativas y un amplio debate mediático. Para la segunda bastó un simple acto administrativo negociado a puertas cerradas y sin difusión suficiente.
¿Cuál es y será la prioridad en la Argentina, la emergencia alimentaria o los subsidios a las petroleras y energéticas, entre otros grupos empresarios favorecidos? ¿Es prioridad la deuda con el FMI y otros acreedores o la que existe en derechos no resueltos del conjunto social? ¿Las propuestas a futuro priorizan la rentabilidad y competitividad del capital o la satisfacción de necesidades ampliadas de la mayoría empobrecida de la población? Son interrogantes para animar la discusión política y económica en tiempos electorales.
Buenos Aires, 14 de septiembre de 2019

Reformas en debate


Hace tiempo que los sectores hegemónicos de la economía y la política claman por la REFORMA laboral, o la previsional, o incluso una tributaria, ya que argumentan sobre esta última que la presión fiscal es muy elevada para el sector inversor y, por ende, dicen, se desestimulan las inversiones, y que curioso, es el mismo argumento para modificar la legislación laboral y previsional.
Respecto de los impuestos, nada explican con relación a la merma de ingresos impositivos y con qué recursos ellos serán reemplazados para sustentar las necesidades presupuestarias y satisfacer derechos consagrados. En rigor, ocultan que, a menor recaudación, la lógica inmediata supone la reducción del gasto público. Dan por sentado que hay que achicar el Estado, es lo que les gusta decir y escuchar, y ojo con que alguien venga con alguna idea diferente.
Claro que podemos imaginar qué tipo de gasto público es el que se apunta para la reducción. Recordemos que es gasto el pago de intereses de la deuda pública, tanto como los salarios abonados por el Estado. Son gastos los subsidios a las empresas, como la afectación de recursos al derecho a la salud o a la educación.
¿Cuáles gastos se recortarían en caso de disminuir la presión impositiva o al reducir la percepción de tributos? Seguro no serán los intereses de la impagable deuda ni los subsidios a los empresarios. Ni siquiera hablamos del carácter regresivo del régimen tributario, en general asentado en impuestos al consumo que afectan a los sectores de menores ingresos de una manera más que proporcional al efecto sobre personas de altos ingresos.
En ese sentido, ni hablar de la aplicación del impuesto a las ganancias a los asalariados, que por definición no perciben ganancias, sino que el salario es la remuneración por la venta de la fuerza de trabajo. La ganancia es la retribución al factor productivo “capital”, es decir, al propietario de los medios de producción. Esas precisiones se omiten a la hora de la discusión.
Reformas
Está legitimado el discurso de la REFORMA, insistamos, laboral, previsional o tributaria. Basta que alguien discuta la necesidad de otras dimensiones de la reforma para que les caigan encima con infinidad de improperios y descalificaciones.
Hace poco, Juan Grabois, dirigente político y social, sostuvo la demanda por la “reforma agraria”, como mecanismo para atender la emergencia alimentaria existente en el país. Del mismo modo, en otros ámbitos del movimiento territorial popular se reclama por una “reforma urbana”, al servicio de las necesidades de vivienda popular, familiar, y en defensa del hábitat en contra del negocio inmobiliario y la especulación.
La agresividad de la respuesta gubernamental y del poder territorial a Grabois no se hizo esperar. No solo del sector agrario (Sociedad Rural Argentina, SRA), sino también industrial, es decir, los dueños más concentrados del poder económico en la Argentina.
El Ministro de agricultura y antes presidente de la SRA, Luis Etchevehere le contestó descalificadoramente y en defensa de la propiedad privada. Se produjo un debate interesante en las redes sociales, pero sin síntesis posible, entre los defensores de la propiedad privada (con voz ampliada en los principales medios de comunicación) y quienes sustentan variantes de reforma agraria.
Los argumentos anticomunistas brotaron a flor de piel para defender el modelo del agro negocio en curso, en tanto mecanismo de atracción de divisas en la coyuntura, las que se apropian privadamente. Nada por cierto sobre los “pueblos fumigados” o los cambios culturales en el modo de vida cotidiano por el despoblamiento rural que conlleva las nuevas formas de producción bajo dominio de las transnacionales de la alimentación y la biogenética.
El titular de la Fiat Chrysler Argentina (FCA), Cristiano Ratazzi descalificó la propuesta por decirse desde un lugar “lejano al poder”, o sea impensable e irrealizable. Habrá que hacerle caso y acumular más poder popular para hacer efectivas reformas en el sentido que demanda la sociedad excluida y explotada.
No se concibe la realidad si no es desde la propiedad privada y el orden capitalista. Señalan que esas ideas “comunistas” atrasan, que eso fracasó, como si el capitalismo fuera un “éxito”, o incluso las ideas liberales no fueran más antiguas que el ideario marxista. El ideario clásico sustentado en escuelas de pensamiento anteriores, datan del Siglo XVII y XVIII, y los neo-clásicos son contemporáneos a la “crítica de la economía política” formulada por Carlos Marx.
¿Qué dirán si la propuesta fuera una reforma financiera? Una reforma que termine con el régimen financiero inaugurado en 1977 y vigente en el presente con la Ley de Entidades Financiera impulsada por Martínez de Hoz en tiempos de la genocida dictadura. Una medida “revolucionaria”, la más revolucionara dijo el terrateniente devenido en Ministro de la Dictadura y homenajeado en un salón de la SRA en Palermo.
No solo hay que modificar la legislación, sino la política financiera, la de las tasas actuales al 85%, o todos los mecanismos de la especulación en curso, que no es nueva y remite a una cultura de especulación sembrada en los 70´, abonada en los 90´ y recreada con fuerza en el cuatrienio macrista.
En rigor, la dimensión de la reforma financiera remite al crucial problema del endeudamiento público y el acuerdo con el FMI. Algunos hablan de renegociar y es bueno interrogarse sobre las posibilidades de rechazar el acuerdo con el Fondo, exigiendo una investigación en profundidad sobre la deuda en su conjunto, la nueva desde fines del 2015, pero también la histórica desde mediados de 1975.
¿Por qué habrá que dejar sentada la legalidad de un acuerdo que no contempla ni las formas del organismo internacional, ni respeta las normas bancarias relativas a no exponer a una entidad de préstamos ante un acreedor con imposibilidad de cancelación de deudas?
Reivindicar las reformas con perspectivas de revolución
Dirán que atrasamos quienes sustentamos ese punto de vista por “otras reformas”, y los críticos aconsejarán desmentir y/o alejarse de estas posiciones a quienes disputan el gobierno, ya que no pueden sostener a los actuales “liberales” y, por ende, pretenden disciplinar al gobierno por llegar. Quieren dictarle el cómo pensar y cuáles son los límites de las reformas posibles o funcionales al poder.
Es triste que algunos convencidos del cambio de gobierno, no los que abandonan el barco (esos son oportunistas), clamen en el mismo sentido y descrean de las viejas reformas: la universitaria, la agraria, entre otras muchas de contenido progresista, e incluso en aquella vieja dinámica de reforma y revolución.
La reforma agraria fue consigna y bandera de organizaciones rurales y populares, que ahora se asocian a la demanda por soberanía alimentaria, lo que podría converger con la reforma energética para la soberanía y el derecho a la energía; o con la reforma financiera para la soberanía en el manejo de los dineros de la sociedad.
No se trata de pianta votos, sino de quienes sustentamos una perspectiva reformista ´para hacer avanzar un orden de cambios profundos, la forma de mentar a la revolución.
Algunos interrogan si es posible razonar en este sentido y bien vale consultar sobre el contenido del reciente voto en las PASO, impensado hasta hace muy poco. Lo que parece imposible proponer deviene de un razonamiento estrecho que establece los límites de lo posible en coincidencia con las expectativas del poder.
Con tal de no hacer olas solo imaginan que se puede hacer lo que te dejan hacer, lo que se instala como sentido común desde las clases dominantes, y por eso, no se termina de debatir en términos de lo que hay que hacer. Por eso queremos debatir sobre la REFORMA.
En definitiva, todo queda en solo proponer aquello que se piensa que puede ser aceptado por los que mandan, salvo quienes se animan a ir más allá en la crítica y la propuesta de un imaginario que realmente apunte a resolver la insatisfecha demanda social.
Buenos Aires, 6 de septiembre de 2019

La parte afectada del mercado de consumo y de trabajo decidió el fin de la economía de ajuste de Macri


El mes de agosto termina con agravamiento de la situación económica de millones de personas en Argentina, agudizando problemas de inflación en torno al 55% anual y de recesión proyectada en torno a -3% para el 2019, a lo que debemos sumar los primeros indicios de cesación de pagos.
La cotización del dólar cerró por encima de $62 y sin techo, con la consecuente pérdida de reservas internacionales por más de 250 millones de dólares diarios; el riesgo país que sube a 2.500 puntos, elevando las tasas en dólares haciendo más impagable el costo de la deuda pública dolarizada y por extensión al conjunto del endeudamiento; y las tasas de interés de referencia desde el BCRA vuelan al 85% como resultado de la política gubernamental, que incluye las decisiones sobre el ámbito económico y financiero. En ese plano actúa el re-perfilamiento de las cancelaciones de la impagable deuda pública.
No es solo política económica, sino consecuencia directa de un gobierno “de salida” que consolida una gigantesca transferencia de recursos hacia a una minoría privilegiada que concentra el ingreso y la riqueza en el país. Se trata de una definición de modelo productivo y de desarrollo con una lógica capitalista centrada en la ganancia, la acumulación y la dominación.
El mercado es una relación social
El “urnazo” del 11/8 en las elecciones primarias. las PASO, supuso la intervención del “mercado” para exigir el fin de una política anti popular.
Utilizo la expresión “mercado” en sentido opuesto al lenguaje hegemónico que al remitir al concepto aluden solo al sector hegemónico y beneficiado del mismo. Están obviando así que el mercado es una relación social, con ganadores y perdedores.
La masividad del voto y diferencia en contra del rumbo oficial es la voz que en el mercado de consumo no puede satisfacer sus necesidades básicas o alimentarias por insuficiencia de ingresos, o por su contrario, el alza del costo de vida derivada de una inflación que engorda los ingresos del sector beneficiado. Pero es también la voz de los excluidos o afectados del mercado de trabajo, aquellos que soportan la precariedad, flexibilización de las relaciones laborales o sufren la merma salarial, las cesantías o suspensiones derivadas de la impunidad empresarial o la recesión.
El mercado es el espacio de encuentro y materialización de una forma económica de organizar la sociedad. La economía capitalista se organiza en torno a las relaciones monetarios mercantiles, por lo que la vida cotidiana se resuelve en el mercado, donde todas y todos actuamos como vendedores o compradores.
De manera regular vivimos comprando y vendiendo para resolver nuestras necesidades. Vendemos la fuerza de trabajo para conseguir recursos monetarios que nos permitan comprar bienes y servicios para satisfacer necesidades cotidianas. Del mismo modo que otros compran esa fuerza de trabajo para activar medios de producción y al tiempo que resuelven sus ingresos, las ganancias, acumulan más recursos monetarios para ampliar, si pueden, el proceso de explotación y dominación.
El “mercado” no es solo quienes definen la suba del tipo de cambio u otros precios de la economía, sino que también son aquellos que pierden aun siendo mayoría en las relaciones mercantiles monetarias capitalistas.
Respuestas oficiales
Desde el gobierno se actúa como siempre, sin escuchar la demanda de terminar con el rumbo y la política en curso. ¿Por qué la afirmación? El resultado concreto de lo acontecido desde las PASO confirma la tendencia al agravamiento de la suba de precios y la recesión.
La devaluación monetaria impacta en pérdidas de ingresos y capacidad de compra de la mayoría. Solo mejoran su situación los grandes exportadores y especuladores, cuyos activos dolarizados se revalúan al ritmo de la depreciación de la moneda local. La mayoría social subordinada a la utilización de pesos solo tiene acceso a una menor disposición de bienes y servicios.
El gobierno no escucha el mandato de las urnas y solo atina a culpabilizar a quienes no comparten su lógica civilizatoria.
Cuando mucho, se aplican medidas compensatorias, de relativo impacto social.
Entre ellas las relativas al mínimo no imponible del impuesto a las ganancias para categorías salariales; o la eliminación del IVA a ciertos productos de la canasta, ejecutado de una manera que no se extiende al conjunto del “mercado”.
Las medidas son limitadas, tal como la restricción de remisión de utilidades al exterior de la Banca, cuando debiera avanzar al respecto sobre el conjunto del sector concentrado extranjero.
Todo es tardío, sin confianza en el sentido último de la compensación y limitación de las disposiciones de último momento, más pensadas para revertir el fracaso electoral que convencidos de una estrategia de redistribución del ingreso.
La mejor prueba al respecto es la convocatoria al Consejo del salario mínimo, que termina por decreto resolviendo una actualización que ni siquiera alcanza al 50% de las necesidades básicas.
No pedir peras al olmo y de cómo sembrar para resolver
No se le pueden pedir peras a un olmo dice el refrán popular y es de absoluta veracidad respecto de lo que puede esperarse del gobierno Macri.
El gobierno espera que el FMI desembolse lo más rápido posible los 5.400 millones de dólares comprometidos para diciembre, para continuar con la fuga de capitales, cancelando vencimientos de deuda, remitiendo remesas de utilidades al exterior (ahora la banca debe solicitar autorización) y dolarizando activos, todo a costa de una hipoteca a cancelar por el conjunto de la sociedad, a tasas hoy superiores al 20% en dólares.
Macri sigue esperanzado en la ayuda se su principal socio, Donald Trump y el gobierno de EEUU, que como queda claro es quien decide en el FMI más allá de cualquier consideración técnica o profesional.
El gobierno se agota con las botas puestas en su ideología liberal (¿neo?) y evita en la medida de lo posible incluir restricciones (controles) para contener la voracidad de los que dominan en el “mercado”.
Los afectados o subordinados en el “mercado” ya decidieron con su voto terminar con esta experiencia y reorientar la economía y la política.
Solo resta saber si la iniciativa política popular presiona más allá del momento electoral y logra anticipar los cambios, sea antes de las elecciones de octubre o del cambio de gobierno en diciembre.
Es más, el debate próximo apunta a cómo se resolverán las aspiraciones, expectativas y necesidades expresadas en las voluntades del voto crítico a la política del gobierno.
Para ello falta conocer la letra chica del que se hará con el condicionante del FMI y el campo minado que dejan 4 años de macrismo y muchos más de un modelo productivo y de desarrollo de inserción subordinada de la Argentina en el sistema de la transnacionalización.
Si se quieren peras hay que sembrar perales y no olmos, lo que supone discutir la estrategia de transformaciones socio económicas necesarias más allá de las opciones que resultan de la disputa electoral. Muchos descreen de ir más allá del orden capitalista, del horizonte de lo posible, sin soñar con los pies en la tierra cuando las voluntades sociales mayoritarias se expresan para animarse a ir por más. ¿Es voluntarismo? De ningún modo, lo alternativo o alterativo solo es posible si la imaginación social convoca a superar los límites del orden vigente.
Buenos Aires, 31 de agosto de 2019


¿Es posible des-dolarizar?


Acaba de realizarse el 12° Encuentro de Economistas de Bolivia en las ciudades de La Paz y de El Alto.
Un cónclave con 8.000 inscriptos donde expusieron oradores locales y de diferentes países, junto a representantes de organismos internacionales, como la CAF o la CEPAL.
Las intervenciones destacaron el momento de desaceleración de la economía mundial, aun cuando comparativamente el país anfitrión ofrece datos económicos y sociales para considerar, incluso, encabezando los puestos del crecimiento regional en los últimos años.
Bolivia resulta un caso para considerar, especialmente por reivindicar una política económica, que en esencia avanza a contramarcha de las recomendaciones de la receta liberalizadora de la corriente principal del pensamiento económico, con resultados sorprendentes.
Entre los aspectos destacados, en una presentación del Presidente del Banco Central de Bolivia, el Licenciado Pablo Ramos Sánchez, de amplísima trayectoria académica, señala la “bolivianización” del sistema financiero del país, con una modificación de las variables de opción de los usuarios entre la moneda local y la divisa estadounidense.
Antes de la asunción del Gobierno de Evo Morales la cartera de créditos en pesos era apenas del 5% y en 2019 del 99%.
Por su parte, el ahorro en moneda local era del 10% y en el presente un 87%.
La cotización hacia el 2005 superaba a los 8 pesos y en la actualidad está por debajo de los 7, en un claro proceso de apreciación de la moneda local.
El endeudamiento en divisas era del 51,7% del PBI en 2005 y se reduce al presente al 24,6%.
Lo que resulta evidente es la des-dolarización de la economía, cuando hace apenas una década la lógica referencia de los principales precios de la economía remitían al dólar, sean las tarifas de servicios públicos como el mercado inmobiliario o automotor.
Es un tema de especial interés para aquellas economías, caso de la Argentina, de creciente referencia de los precios al dólar.
La principal preocupación en Argentina y otros países de la región pasa por la evolución del tipo de cambio y las decisiones de política nacional que se toman en Washington y que impactan en economías dolarizadas, dependientes de la situación y disposición en el país hegemónico del sistema mundial.
La soberanía
Resulta esencial la recuperación de la capacidad soberana del manejo de la política económica y muy especialmente de la definición relativa a la apropiación estatal y destino de la renta generada por el trabajo social.
La principal riqueza boliviana está en los hidrocarburos y la apropiación estatal de la renta de los hidrocarburos desde el 2006 explica lo determinante de la fuente de acumulación económica.
El sector estatal desarrollado en estos años en la economía de Bolivia constituye el principal motor de la dinámica de crecimiento y expansión con atención en la mejora de los indicadores económicos y sociales. Dicho en un marco de ampliación de las diferentes esferas de la “economía plural” según define la Constitución del 2009, que junto al Estado despliega el sector privado, cooperativo y comunitario.
Lo que ocurre es una expansión de la inversión pública y por ende de la privada (en menor medida) y del consumo extendido, tanto público como privado, con una expansión de las relaciones comerciales y económicas internacionales. El resultado es el crecimiento económico continuado más allá de las dificultades de la economía mundial y muy especialmente de la región.
Entre los principales logros se encuentran los indicadores sociales de calidad de vida, más allá de insuficiencias en el modelo productivo y de desarrollo, asociado a los límites y a la dependencia económica y tecnológica del país. Bolivia es un país que se define en transición hacia una nueva sociedad y Estado plurinacional del Vivir Bien.
Desde el punto de partida del empobrecimiento, un 37,7% de extrema pobreza en 2006, se llega al 15,2% del 2018; y para la pobreza moderada se pasó del 59,9% al 34,6%. Resulta aún elevada la pobreza, pero marca una tendencia declinante bajo el marco de las definiciones de política económica en estos años de Gobierno del Movimiento al Socialismo, MAS.
Siendo uno de los países más empobrecidos del mundo, se reconoce en el presente una fuerte distribución del ingreso, mejorando el índice de GINI, del 60,2% en 2005 al 43,6% del 2018.
La reducción de la pobreza y la mejora en la distribución del ingreso es un logro producto de transferencias realizadas a la mitad de la población, denotando un uso social de la renta apropiada por el Estado.
Por lo que la economía resuelve por un lado la acumulación y la distribución progresiva del ingreso. Un logro derivado de las decisiones soberanas en materia económica.
¿Cuánto más se aprovecharía este rumbo a contramano de la hegemonía mundial si los países vecinos se comprometieran en el mismo sentido? Lo que se ve es el cerco conservador y de derecha de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, y Perú.
Recuperar soberanía en el manejo de la política económica resulta estratégico, más en un tiempo con tendencias a la desaceleración y de reestructuración de las reglas de la “normalidad” en la dominación capitalista mundial.
Desacople
Las experiencias de cambio político operadas en la primera década del Siglo XXI en la región auguraban una agenda de transformaciones económicas, con propuestas muy interesantes en materia de integración productiva en alimentos, energía y finanzas, promoviendo una mayor relación comercial al interior de la región latinoamericana y caribeña, suspendida por la ofensiva conservadora de los últimos años, muy especialmente en Argentina y Brasil, que suman su estrategia a las de Chile, Colombia, Paraguay y Perú.
Con la situación de desaceleración de la economía mundial provocada por la guerra comercial entre EEUU y China, que escala en el ámbito mundial, lo mejor para los países dependientes sería el desacople de esa dinámica, buscando recuperar coordinación y convergencias de políticas económicas soberanas en una perspectiva de integración alternativa. Aún sin modificar las relaciones capitalistas de producción, suponen un primer paso para pensar en la transición contra el orden del capital.
El ejemplo de Bolivia, con política económica a contramano de la ortodoxia y la hegemonía de la corriente principal liberalizadora, otorga validez y actualidad a una concepción de desacople para transitar un rumbo de cambio económico, modificando la ecuación de beneficiarios y perjudicados.
Claro que el poder económico mundial y el actuante en cada país intentará por todos los medios impedir ese camino de transición. Es el costo necesario para resolver con independencia las necesidades insatisfechas de la mayoría de la población en nuestros países.
Buenos Aires, 26 de agosto de 2019