Argentina agrega estrés a la economía mundial


Al terminar la reunión entre los directivos de la CGT y los funcionarios del FMI hace pocos días, los delegados del Fondo señalaron con previsibilidad discursiva que la Argentina va mejor y que no hay temor a cambio en la presidencia para el próximo periodo.
Como salidos de otra reunión, los jefes de la Central sindical mayoritaria convocaron al Paro Nacional para el 29 de mayo. Se trata de una fecha emblemática, nada menos que a 50 años del “Cordobazo”, antecedido en pocos días por el “rosariazo”, y que serían fechas históricas del momento de máxima acumulación de poder popular en la historia local.
Para contrarrestar tremenda movilización popular, obrero estudiantil, y con todas las corrientes combativas del sindicalismo, dirigidas entonces por Atilio López, René Salamanca y Agustín Tosco, hizo falta el accionar parapolicial y paramilitar, seguido luego por el terrorismo de Estado genocida, para inaugurar décadas de ofensiva capitalista en contra de las trabajadoras, los trabajadores, la naturaleza y el conjunto de la sociedad.
Graves problemas económicos
Los argumentos de la CGT para la convocatoria al Paro nacional aluden a la necesidad de modificar la política económica en curso y a la necesaria solidaridad con los trabajadores en conflicto; a la grave situación económica que afecta al mercado interno, a la producción y su consecuente secuela de cesantías que agudizan el problema del empleo y la pobreza.
Aunque se convoca a paro sin movilización, el anuncio de ambas CTA, el sindicalismo disidente de la CGT y los movimientos populares, anticipan que saldrán a movilizar, incluso recuperando la fecha histórica del medio siglo del “Cordobazo”.
No solo el sindicalismo y el movimiento popular se preocupa por la grave situación económica de la Argentina, con recesión e inflación. Los precios de los últimos 12 meses crecieron por encima del 55% y el de los alimentos por más de 66%, constituyendo datos alarmantes ante los ingresos populares deteriorados por la recesión, el cierre de las empresas y las cesantías de personal.
El caso es que, más allá del sindicalismo, también se preocupan los entes especializados. De hecho, el británico “Financial Times” llama la atención sobre la fuga de capitales financiada en Argentina con los préstamos del FMI. Es algo no permitido por los estatutos del organismo internacional y que la práctica en el país consolida la fuga de capitales, sea por pagos de intereses, cancelaciones de deuda de capital, remesas de utilidades al exterior o simplemente atesoramiento de divisas, sin perjuicio de inversiones en activos externos.
Dicen los especialistas del periódico británico que esta situación no solo afecta a la Argentina, sino a la reputación del Fondo y de su Directora Gerente, Christine Lagarde.
Vale mencionar que, si el 9/4 pasado se acreditaron 10.835 millones de dólares en las cuentas de reservas internacionales, gestionadas por el BCRA, eso se debió al último desembolso del FMI. Las reservas alcanzaron entonces los 77.481 millones de dólares. Cinco semanas después, para el 15/5 las reservas habían disminuido a 67.306 millones, habiéndose fugado unos 10.175 millones de dólares. Prácticamente la misma cifra ingresada, en apenas un poco más de un mes.
Como con Sturzenegger y Caputo antes, ahora con Sandleris, desde la Presidencia del BCRA se facilita la salida de capitales en beneficio de muy pocos y a cuenta del conjunto de la sociedad. La socialización de las perdidas y las privatizaciones de las ganancias constituyen un dato en el capitalismo realmente existente.
Por su parte, el FMI destaca el crecimiento del Índice Mundial de Incertidumbre (WUI) que mide la desconfianza de los inversores capitalistas y que afecta el crecimiento mundial de la economía, bajando la previsión para el 2019 a 3,3% cuando en 2018 fue de 3,6%.
Se menciona como principales problemas de la economía mundial a la guerra comercial entre EEUU y China, y al Brexit, con impacto en una menor tasa de crecimiento de la economía mundial.
La cuestión se agrava dice el informe por el “estrés económico que incorporan Argentina y Turquía” a la economía mundial.
¿Quiénes son los responsables de la situación?
Retomando la argumentación, la CGT, mesurada en medidas de protesta, llama la atención sobre la situación económica local, en consonancia con insospechados observadores internacionales como los mencionados, lo que provoca a pensar las responsabilidades sobre el fenómeno.
El gobierno y Los principales operadores económicos, políticos y mediáticos apuntan la responsabilidad al gobierno anterior entre 2003-2015, sin matizar en los diferentes momentos de esas gestiones; y más aún al porvenir si resultara gananciosa una propuesta de regreso a la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner (CFK).
Los argumentos fueron contrastados en Washington por Axel Kicillof, insistiendo que el problema no es el pasado o el futuro, sino el presente del Gobierno Macri.
Una jugada política inesperada del sábado 18/5 realizada por CFK, anunciando la fórmula Alberto Fernández a Presidente y acompañada por ella, desarticula esos razonamientos por capacidad de diálogo del presidenciable con los principales medios de comunicación, especialmente el diario Clarín, la llegada a sectores del poder económico y a la diplomacia estadounidense, lo que impactaría favorablemente en lo llamados “mercados”, que no son otra cosa que los inversionistas internacionales.
Más allá de especulaciones y consideraciones que la fórmula entre Unidad Ciudadana y el PJ sugiera, el dato real es que la vulnerabilidad económica está asociada a casi cuatro años de gestión del gobierno Macri, del PRO y Cambiemos, sin haber podido avanzar lo suficiente en las demandas de modificaciones estructurales, especialmente la reforma laboral, previsional y tributaria.
Un dato sobresaliente lo constituye la situación mundial, que no define necesariamente la Argentina y que se expresa en la Guerra comercial en curso entre EEUU y China que afecta al sistema mundial, pero también lo dificultoso que resultan las negociaciones por el Brexit. Todo eso aleja inversiones hacia los países emergentes, aun cuando se la califique nuevamente y en ese sentido a la Argentina.
En rigor, solo se atraen inversiones con la pérdida creciente de soberanía, tal como la procesada con las adjudicaciones de 18 áreas offshore para la exploración de gas y petróleo, entre otras, a empresas británicas vinculadas al ilegitimo gobierno kelper en las Islas Malvinas. Se trata de un área extensa en frente del territorio que involucra desde el sur de Buenos Aires al extremo fueguino y las Islas del Atlántico Sur.
¿Alcanza la alquimia electoral?
Muchos interrogantes habilitan la jugada política de CFK, destacando en primer lugar la respuesta de los inversores especulativos, entre ellos, los principales tenedores de títulos de la deuda pública local, que son los que están fugando divisas, sea por desconfianza en la actual gestión o especulaciones sobre el futuro político de la Argentina.
Otros interrogantes remiten al electorado y a otros partidos, grupos y referentes que intentan armados electorales competitivos por fuera de la iniciativa de Macri y sus aliados, o de CFK. En ese sentido se considera la posibilidad de un armado diverso que involucre a sectores del peronismo y otros espacios del centro político que puedan disputar un lugar en el ballotage, y no necesariamente con Macri en la competencia.
También existen quienes demandan creatividad y amplitud a la izquierda para intervenir más allá de lo testimonial, completando un cuadro diverso en la resolución electoral. Al estilo de las recientes elecciones españolas, ya no serían dos los que compiten, sino que la ecuación cierra con socios a derecha o a izquierda.
Más allá de cualquier especulación política, lo que importa es qué diagnóstico de situación está detrás de cualquiera de las propuestas y, por ende, cuáles son las proposiciones en materia de política económica para superar la grave situación económica que afecta a la enorme mayoría de la sociedad en la Argentina. Es algo que se juega más allá del proceso electoral.
Buenos Aires, 18 de mayo de 2019

Teorías que fundamentan el discurso económico en tiempo electoral


Aún no están los candidatos definitivos para las elecciones de octubre próximo en la Argentina, pero las ideas en disputa aparecen en los escritos y discursos de los precandidatos y grupos o partidos políticos que intervienen en la discusión sobre el momento político y económico.
Existe una verdadera lucha de ideas y opiniones, las que tienen base teórica que las sustenta en la tradición histórica de la Economía Política y su crítica.
Remito al liberalismo devenido en “neo-liberalismo”, hegemónico en el sentido común abonado por los principales formadores de opinión; al keynesianismo en sus versiones contemporáneas y diversas, “neo” y “post”; como a la continuidad matizada en la “crítica” que expresan los seguidores de Carlos Marx, una minoría en la discusión.
Son las tres fuentes en las que abrevan discursos y escritos de candidatos o de propuestas políticas en el debate por un nuevo ciclo de gobierno desde fines del 2019.Con esos fundamentos se despliegan propuestas de Política Económica y estrategias políticas para atender una coyuntura muy difícil que definen la recesión y una elevada inflación, las que traen gigantescas y regresivas consecuencias sobre la mayoría empobrecida de la población.
La economía argentina está en problemas y más allá de cualquier diagnóstico sobre las responsabilidades, que para el oficialismo remiten al anterior ciclo de tres periodos de gobierno, el kirchnerismo; o incluso lo extienden a siete décadas bajo el surgimiento del peronismo en el gobierno de 1945. El ex Ministro de Economía Axel Kicillof respondió desde Washington, que el problema no está en el pasado, sino en el presente del gobierno de Macri, del PRO-Cambiemos. No muy distinta resulta la crítica de la oposición no kirchnerista y que disputa el gobierno del capitalismo local. Desde los seguidores de Marx se complica el asunto, ya que el fondo esencial de la crítica apunta al capitalismo propiamente dicho, lo que no cuenta con suficiente conciencia social instalada para intervenir efectivamente en la discusión, algo que involucra a la propia práctica de la izquierda política y social.
El rincón de las derechas
Entre los liberales se encuentran los oficialistas con sus matices al interior de la coalición de gobierno, o incluso de aquellos que por razones diferentes quedaron afuera del núcleo de las definiciones. El debate es en torno al gradualismo o el shock del ajuste y la reestructuración regresiva, con el límite de todos ellos de no contar con base social organizada, más allá del consenso electoral o pasivo derivado del accionar ideológico de medios de comunicación afines. A ello puede sumarse algún centro de opinión o grupo profesional con capacidad de incidencia sobre cámaras empresarias o núcleos de organización tradicional de las clases dominantes, como puede ser la SRA o la CRA. El radicalismo, socio político principal se debate entre la pertenencia a la coalición de gobierno o su rechazo.
La crítica por derecha al gobierno de Macri se concentra en los nuevos cruzados con fuerte presencia en los medios de comunicación, especialmente en la TV, los liberales ortodoxos, autodenominados “libertarios” o “anarco-capitalistas”. Entre estos, el tema esencial es la crítica al gasto público y más a fondo contra el Estado. Exacerban el discurso simplista contra la Política y el Estado. Suena muy parecido al sentido común de las dictaduras. Es más, recordemos que el neoliberalismo solo pudo ensayarse mundialmente en los 70´ de la mano de las dictaduras del Cono Sur de Nuestramérica y luego generalizarse desde la impronta autoritaria y de derecha de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en los años 80´.
Desde el gobierno ofrecen su decálogo para el consenso, verdadera hoja de ruta del acuerdo con el FMI para el ajuste y la regresiva reestructuración de las relaciones entre el capital y el trabajo, reforma laboral, previsional y tributaria mediante. La propuesta para el debate es simple y se limita al aval de la política impulsada desde el Poder Ejecutivo. Aparece como una convocatoria al debate lo que solo es un convite para subirse a la estrategia condicionada por acuerdos internacionales sustentados en una hipoteca de imposible pago y que condena al ajuste perpetuo. Detrás de la estrategia está el apoyo, que parece incondicional, de EEUU y su gobierno dirigido por Donald Trump, que está dispuesto a ir más allá del FMI, con asistencia financiera directa del propio Tesoro estadounidense, según trascendió de la conversación telefónica en estos días de ambos jefes de Estado.
Oficialistas y críticos por derecha abrevan en la tradición histórica de la escuela clásica (Siglo XVIII), devenida en neo-clásica (desde fines del Siglo XIX), sin los atributos ni consideraciones sociales, éticas o morales que podrían atribuirse a la primera, la que sustentaba la teoría objetiva del valor-trabajo. Recuperando el vínculo ideológico con los neo-clásicos, negando a Keynes y sus seguidores, los neoliberales confirman un objetivo por la eficiencia técnica de las empresas, mejorando la productividad, para asegurar la maximización de la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista. El tiempo de la crisis de la globalización en curso (2007-09 al presente), exacerbado por la guerra comercial decretada por EEUU contra China, parece no entenderse desde el arco derecho de la confrontación de ideas e incluso sobre qué medidas concretas encarar para atender la evolución cotidiana del orden económico local. Mientras tanto, los problemas se trasfieren hacia los sectores de más bajos ingresos, promoviendo una lógica recurrente de ajuste.
El rincón de las reformas
La crítica al oficialismo y a la crítica por derecha es numerosa en propuestas y en disenso a su interior, lo que aleja cualquier posibilidad de un frente anti Macri que algunos imaginan. Se trata de un frente fragmentado que involucra al kirchnerismo como principal colectora de consenso electoral; al peronismo muy diverso, aun cuando contiene destacamentos muy difíciles de aislar del rumbo oficialista, aun militando en el anti Macri; y a otras propuestas que incluyen a radicales disidentes y un variado arco de propuestas políticas auto-asumidas en el centro, en un anodino ni de derechas, ni de izquierdas.
Sorprendió en estos días el discurso de Cristina Fernández al presentar “Sinceramente” (libro de su autoría) en la Feria del Libro reivindicando la política económica de Trump. Se entiende el énfasis en la defensa de la producción local, lo que no necesariamente supone mejora integral de los beneficiarios del mercado interno estadounidense, aun con el nivel más bajo de desempleo en los últimos años. No resulta menor considerar que uno de los ejes de la economía de Trump pasa por la baja de impuestos a la franja más enriquecida de la población estadounidense, lo que puede explicar cierto rebote en el crecimiento del PBI que muestra EEUU en los años recientes. Más allá del índice laboral estadounidense, interesa descubrir en EEUU la creciente irregularidad en el empleo, la ausencia de legislación protectoria del trabajo (que inspira la reforma laboral local), la pobreza y marginación de inmigrantes e indocumentados, tanto como una persecución discriminatoria hacia minorías migrantes de todo el mundo, muy especialmente de la región nuestramericana.
Es verdad que se critica el aperturismo anti producción local evidenciado en las políticas de estos años bajo el gobierno Macri, pero hace falta mencionar el complemento, esencial, en definitiva, de la política imperialista sustentada desde Washington. La guerra comercial en curso contra China encarece el consumo en EEUU y la propia producción dependiente de las importaciones de insumos, en muchos casos provenientes desde el gigante asiático, al mismo tiempo que incorpora incertidumbre en el conjunto de la economía mundial, especialmente entre los países dependientes y subordinados del capitalismo mundial. La política exterior estadounidense incluye la estrategia de boicot a Cuba y Venezuela, tanto como eliminar toda forma de construir lazos de cooperación regional que florecieron como propuestas alternativas en los últimos años.
Más allá del elogio a la política económica de Trump, se destacó la experiencia del pacto social en 1973-74, liderado por el peronismo en el Gobierno (Cámpora y luego Perón) y la CGT con la CGE, propuesta acompañada ahora de un debate sobre el orden constitucional. Todo “pacto social” supone determinadas correlaciones de fuerza entre quienes sustentan el acuerdo. En ese sentido, resulta de interés considerar los sujetos involucrados en cualquier acuerdo y cuáles son los condicionantes de época. Uno de esos condicionantes en la actualidad es el acuerdo con el FMI y los compromisos de pago de una acrecida deuda que dificulta cualquier proceso de redistribución progresiva del ingreso, más aún si se pretende distribuir la riqueza.
Un tema no menor es que la inflación tiene base en la puja distributiva, por lo que no queda claro cuál sería el eje de una negociación a pactar entre quienes suscribirían un acuerdo: el gobierno de la derecha, los principales formadores de precios, y los representantes sindicales o sociales. Vamos a insistir que lo que importa es la correlación de fuerzas para instalar una base de ingresos populares en la distribución del ingreso. Resulta de interés balancear como está hoy la iniciativa de las clases en el poder y la capacidad de organización y lucha de los sectores populares.
Un tema que atraviesa a todo el arco opositor a Macri remite al modelo productivo, especialmente a la nueva expectativa que genera el yacimiento Vaca Muerta y los hidrocarburos no convencionales. El tema es una gran coincidencia de éstos, los opositores y de los oficialistas, y cuando mucho, la discusión es sobre el modo de encarar el proceso de explotación, que excluye la condena de la invasiva tecnología del fracking y menos la extranjerización que supone la subordinación al capital inversor de las petroleras, un asunto que está presente desde el origen del acuerdo secreto entre Chevron e YPF.
Lo mismo diríamos si el tema remite al modelo del agro negocio, la mega minería o la industria de ensamble. En todos ellos, el común denominador es la dependencia del capital externo y la inserción subordinada en la transnacionalización. Cuando mucho, la discusión se centra desde el neo-desarrollismo, en el privilegio al crecimiento y al productivismo como crítica a la economía especulativa. Aun así, son varias las décadas de gobiernos constitucionales desde 1983 y la legislación financiera de 1977 sigue vigente, base de la extranjerización de la banca y el vínculo con el mercado internacional de capitales.
El rincón de las izquierdas
Mucha menos visibilidad tiene el conjunto de las propuestas sustentadas desde la izquierda, que es también diversa y fragmentada.
El punto en común es contra del acuerdo con el FMI, su rechazo e investigación de la deuda y suspensión de pagos para reorientar escasos recursos en resolver demandas insatisfechas de la amplia mayoría empobrecida de la sociedad y encarar una nueva política productiva y de desarrollo integrado. Sería un punto de partida de una generosa convocatoria a la unidad, la que aparece debilitada por miradas muy diferentes sobre la situación regional, especialmente en la consideración sobre la agresión imperialista sobre Cuba y Venezuela.
La menor visibilidad de la izquierda en la consideración pública está asociada al clima de época y al accionar de medios de comunicación y un sentido común más favorable a la mercantilización que a la defensa de derechos históricos. No se trata de subestimar problemas en el propio espacio de la izquierda, pero queremos enfatizar en colocar en el centro del problema a la ofensiva del capital y sus diferentes mecanismos ideológicos y represivos.
El mayor límite para la visibilidad de la propuesta teórica y política de la izquierda está en la posibilidad de ganar conciencia colectiva anti capitalista en una parte importante de la sociedad. Solo a modo de ejemplo podemos acotar la importancia de múltiples resistencias, especialmente de mujeres en el último tiempo (algo que trasciende a la izquierda), pero también del ámbito sindical y territorial, de organizaciones de derechos humanos y juveniles, contra ciertas facetas del modelo productivo, pero sin capacidad de articular en un objetivo integrado por otra sociedad no capitalista.
Más allá del proceso electoral, la izquierda necesita potenciar su organización y capacidad de promover la más amplia lucha por reivindicaciones democráticas y revolucionarias para ganar en subjetividad colectiva y consciente con capacidad de disputar la mayoría social en la lucha por el poder y otra sociedad.
En definitiva, aun cuando resta conocer los principales candidatos en la disputa electoral, el debate de ideas ya está lanzado, y es la oportunidad para hacer visible la crítica a la política de Macri y su derrota, al tiempo que se trascienda los límites de la lucha por gestionar el orden capitalista, e intentar ir más allá en la consideración de la sociedad.
Buenos Aires, 12 de mayo de 2019

Macri y la flexibilidad del FMI


Existe sorpresa por la tolerancia del FMI ante la insostenible situación económica de la Argentina, que no puede cumplir a mediano plazo con los compromisos de cancelación del préstamo. Oportunamente se acordaron préstamos por más de 56.000 millones de dólares, y los desembolsos realizados con regularidad alcanzan los 39.000 millones de dólares. El grueso del monto total se acreditará antes de finalizar el mandato gubernamental. También existen recurrentes acuerdos para modificar pautas de condicionalidad inscriptas en los sucesivos convenios, algo que se reiteró en estos días pasados ante las turbulencias y la volatilidad cambiaria.
La volatilidad se expresó al cierre de la semana pasada, luego de alzas y bajas en la cotización del dólar con subas de las tasas de interés que bordearon el 74%, una cotización de 46 pesos por dólar y un riesgo país cercano a los mil puntos. La expectativa es que el dólar no supere los 51,44 pesos hacia fin de año y por eso se utilizan los recursos del FMI para atender la demanda de divisas para fuga de capitales, algo no permitido por el propio FMI y que sin embargo se le facilita al gobierno de Macri. Se incumplen los estatutos de la organización internacional para sostener al gobierno macrista y si se puede, que se reelija por un nuevo período.
Es algo que puede costarle caro al staff del FMI y que, sin embargo, a EEUU, el mayor accionista del FMI y con su capacidad de veto, parece no interesarle colocar todos los fondos necesarios para mantener a Mauricio Macri en el gobierno. Se trata de una operación a medida de las necesidades políticas del gobierno de la Argentina, pero también del gobierno de EEUU.
Vale recordar que el primer pacto de Macri con el FMI data de junio del 2018, realizado de urgencia ante la corrida cambiaria ocurrida desde abril del año pasado. Solo se entiende la celeridad en la toma de decisiones por la sintonía política y objetivos y estrategias de Trump y Macri, de ambos gobiernos.
El acuerdo fue pautado para tres años, y rápidamente, a los 90 días, en septiembre, se corrigió el convenio ante la imposibilidad de cumplir con lo pactado. No hubo problemas en el FMI para redefinir las cláusulas del convenio y se aceleraron los desembolsos. El motivo fue asegurar el plan financiero del gobierno Macri antes de finalizar el primer mandato en diciembre del 2019. La cotización del dólar pasó en este tiempo, de 20 a 46 pesos, con todo lo que ello significa para el traslado a precios y en redistribución de ingresos para potenciar la desigualdad.
La política de EEUU es la que se impone
Queda claro el interés del FMI y atrás de este, de EEUU para blindar económicamente la política del gobierno argentino, imprescindible para la lógica de la política exterior estadounidense hacia la región latinoamericana y caribeña, el territorio propio, o de cercanía, para la disputa del poder mundial.
Las condiciones de la política y la disputa mundial actual son las que imponen la flexibilidad del FMI con la Argentina. No se trata de pedidos de perdón del país deudor como es lo habitual, sino de total connivencia entre los ámbitos de decisión en EEUU y en Argentina, mediados por el staff del FMI.
Argentina fue el motivo de un cambio de la política de EEUU en el FMI en la crisis del 2001 y por eso la interrupción de los desembolsos y la posterior cesación de pagos. El FMI cambió su política de asistencia, manifestada en la crisis asiática o brasileña en 1997 y 1998. Era otro momento de la situación mundial y no importaba hacer caer al gobierno de turno en la Argentina. Ya sabemos el impacto socioeconómico del 2002 luego de la devaluación, con 57% de pobreza y más de 21% de desempleo hacia mayo del 2002.
La situación actual es diferente y especialmente a los efectos de la política estadounidense en la región. Un gobierno de derecha y alineado con EEUU como el macrista resulta imprescindible para intervenir en la mutación del rumbo político y económico de la región, aun cuando los datos económicos sociales en la Argentina sean alarmantes, con 10% de desempleo y un tercio de la población bajo la pobreza. Trump necesita la continuidad de Macri en el gobierno y si no, la máxima condicionalidad ante cualquier cambio de gobierno. Solo así se entiende la magnanimidad en el sostenimiento financiero, que hipoteca al país a futuro.
Una conclusión no menor es que la hegemonía política mundial y local manda sobre las consideraciones económicas. El presidente del FMI siempre fue europeo según los acuerdos de Bretton Woods en 1944, pero con el porcentual de votos de EEUU en el Directorio del FMI, el segundo al mando del organismo, un estadounidense, es el que decide en última instancia. Fue Anne Krueger en 2001 y es David Lipton en 2019. Ambos alineados y subordinados al gobierno de EEUU.
La situación se agrava por la relación entre EEUU y sus socios europeos, no solo por la cuota de decisión en el FMI, sino que la política exterior estadounidense en este momento agudiza contradicciones, no solo relativas al financiamiento con la insostenible situación de la Argentina. EEUU ha decidido, por razones esenciales de la economía y la política confrontar con la realidad regional, especialmente contra Venezuela y Cuba, extensión a todo país en donde se intente formular una política de autonomía e independencia.
Para esa política exterior de EEUU se necesita de gobiernos afines a sus objetivos e intereses. El ascenso al gobierno de Macri en 2015 y el consenso electoral reiterado en 2017 lo puso como socio privilegiado para los afanes de EEUU y el gobierno Trump en la región y así modificar el clima de cambio político puesto de manifiesto en los primeros años de este siglo. La llegada de Bolsonaro al gobierno de Brasil incorpora otro socio a esa política. Aun siendo un país más poderoso que la Argentina, resta la estabilización política que confirme una nueva hegemonía en Brasil y que sea confiable para la política exterior de EEUU. Otros regímenes de derecha en la región no resultaban tan confiables como la deriva del cambio de gobierno en argentina y potencialmente ahora en Brasil.
El boicot económico a Venezuela y las múltiples amenazas y acciones para desestabilizar al gobierno venezolano tienen una aceleración desde la inclusión de la Argentina como socio de privilegio del club de países subordinados a la lógica de Washington. La iniciática estadounidense alcanza a Cuba y por eso se revierten las medidas de acercamiento iniciadas en la gestión Obama. La eliminación de la suspensión del Capítulo III de la Ley Helms-Burton apunta en ese sentido y puede tener consecuencias gravísimas, no solo para Cuba, sino y muy especialmente para capitales europeos que gestionan propiedades en Cuba.
Por todo ello, es que no solo se trata de los negocios con Venezuela o las diferencias sobre la capacidad de pago de la Argentina en el FMI, sino de intereses nacionales definidos desde Washington y con impacto regional y mundial. Al mismo tiempo debe considerarse el creciente papel de China en la región y las nuevas incursiones de Rusia, asociadas a su estratégico acuerdo con la potencia asiática y que tanto preocupa a EEUU.
Capitalismo, anticapitalismo e hidrocarburos
Preocupa a EEUU la definición anticapitalista de rumbos políticos en la región, pero más la necesidad estratégica de dominación del petróleo y otros recursos naturales, abundantes en Nuestramérica.
Los hidrocarburos son insumos estratégicos en la producción mundial y EEUU es el principal consumidor mundial y aun recuperando el papel de principal productor en 2015, fracking mediante, requiere asegurar la provisión petrolera en el mediano plazo ante el agotamiento de las reservas mundiales. Por eso interesó e interesa Irak, Irán, Libia y las acciones militares, diplomáticas, económicas y políticas impulsadas sobre esos países, con costos inmensos para sus pueblos.
Venezuela es la mayor reserva probada de petróleo y a pocos días de traslado para el abastecimiento estadounidense. Argentina es la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional, con Vaca Muerta como yacimiento de privilegio. Es el destino esperado de las inversiones externas que tanto demanda y espera el gobierno de Macri, del PRO y Cambiemos. Por eso Argentina está involucrada en la sociedad de privilegio con EEUU y sus acciones contra Venezuela y Cuba.
El gobierno de la Argentina y los proyectos políticos que lo disputan quieren ser los administradores de la explotación energética en Vaca Muerta y, por ende, beneficiarios de la lluvia de inversiones. El boom de los hidrocarburos no convencionales se imagina similar al provocado oportunamente por la soja transgénica en los años 90 y que esta cosecha demuestra con su nuevo récord de producción y exportación.
Con el precio del petróleo nuevamente en alza y su carácter estratégico se ilusionan los a grandes capitales locales y globales para alzarse con ganancias derivadas de la renta petrolera y gasífera. Esto es lo que preocupa al poder sobre la cuestión argentina. El tema es quién administrará esa riqueza y bajo qué condiciones estructurales para la explotación de los hidrocarburos no convencionales.
Hay quienes consideran un fracaso el gobierno Macri y se preguntan para que quiere seguir en la gestión por un nuevo periodo. El asunto es que la llegada de inversiones está subordinada a algunos cambios estructurales que todavía no se pudieron implementar, que estaban en el imaginario de la política oficial y que la organización popular impidió. Esos aspectos están enunciados en el decálogo sometido en estos días al diálogo para el compromiso de acción futura en la política pública.
Los diez puntos sometidos a discusión para un acuerdo político con la oposición “responsable” y que el poder económico local salió a defender se asocian al ajuste fiscal, la apertura económica a las inversiones externas, facilitando condiciones para su desembarco con cambios en el régimen tributario y muy especialmente con las reformas laboral y previsional, todo para favorecer ganancias empresarias.
Esos aspectos remiten a la esencia del acuerdo con el FMI y por eso, el decálogo ofrecido para suscribir en el diálogo político es una iniciativa para disputar el consenso electoral desde acuerdos relativos a “políticas de estado” que dinamicen el desarrollo del capitalismo local. Son asuntos implícitos en el acuerdo con el FMI y que hacen al nuevo tiempo del desarrollo capitalista global.
¿Qué rumbo para la Argentina?
La discusión es sobre el rumbo de la Argentina, consolidando el modelo productivo asentado en el agro negocio, la mega minería a cielo abierto y los hidrocarburos no convencionales, asociado a una lógica especulativa en lo financiero, con una deuda externa creciente que lo financia, u otra dinámica productiva y de desarrollo que colocaría al país por afuera de la razón contemporánea del capitalismo.
No hay dudas sobre la inclusión en la primera opción de buena parte de la oferta electoral en construcción y que podrían, más allá de suscribirlo con firma explícita, el programa de los 10 puntos colocados al debate desde el gobierno de Mauricio Macri.
El debate es sobre la construcción de un proyecto político que sustente la opción alternativa, que no solo discuta el rumbo en curso, sino que organice conciencia colectiva para transitar un camino no explorado y que encontrará todo tipo de obstáculos para su desarrollo. Es lo que se aprecia en Cuba por seis décadas o más recientemente en Venezuela y todo intento de cambio para favorecer mejores condiciones de vida a la mayoría empobrecida.
La lucha social impidió hasta ahora el éxito en los cambios estructurales pensados desde el poder. Este cambio estructural es el horizonte imaginado para el futuro inmediato por los que mandan y pretenden continuar haciéndolo, los de adentro y los de afuera. Tanto Macri como los que disputan el gobierno pretenderán afirmar esos cambios estructurales en el nuevo periodo presidencial. La tradición de organización y resistencia popular de la Argentina continuará retrasando esos cambios institucionales regresivos, que sin embargo progresivamente se instalan en la vida cotidiana, como la flexibilización laboral, el cambio de función del Estado o la subordinación creciente a la lógica mundializada impuesta por las transnacionales. Claro que se requiere frenar la desarticulación socio política del fragmentado movimiento popular.
Esta dinámica de la lucha de clases en la Argentina es la que empantana una solución a la puja distributiva manifestada como inflación, por lo que la lucha contra la inflación es estructural y política. Remite a quien vence a quien. Derrotar al movimiento obrero y popular resulta sustancial para el poder, al tiempo que esa capacidad de resistencia demanda constituirse en poder político no solo para resistir el objetivo del poder, sino para encaminar un nuevo rumbo que no tiene lugar bajo la lógica capitalista.
Nuestra reflexión apunta más allá del desenlace electoral en 2019, pero resulta imprescindible su discusión para que toda construcción electoral con pretensión transformadora asuma el desafío de un futuro para revolucionar el orden económico y social. No alcanza con evitar un nuevo gobierno de Macri o de similar objetivo, aun siendo “opositor” e impulsado por el “peronismo racional”. Claro que no es lo mismo que continúe Macri por un nuevo periodo a que haya un freno electoral al proyecto del poder, pero pretendemos llamar la atención sobre aspectos que en general no encuentran eco en el debate de la política actual.
Buenos Aires, 5 de mayo de 2019

El Primero de mayo de 2019 ante la ofensiva capitalista


Hacia 1890 se celebró por primera vez el día internacional de los trabajadores, que pasó a ser desde entonces un día de lucha por las reivindicaciones de las trabajadoras y trabajadores de todo el mundo.
Desde el origen se trataba de poner en evidencia ante la sociedad las demandas democráticas y revolucionarias expresadas por el movimiento obrero que ya tenía identidad internacional desde la Asociación Internacional de Trabajadores constituida en 1864.
Las reivindicaciones democráticas se expresaban, entre otras cuestiones, en la demanda por las 8 horas de trabajo y mejores condiciones laborales, y entre las revolucionarias se manifestaban en la disputa del poder para la emancipación de los trabajadores, en la lógica del intento desplegado en su momento por la Comuna de París en 1871.
¿Por qué recuperar las fechas de 1864, 1871 y 1890 en 2019?
Porque son momentos de constitución de un sujeto colectivo con capacidad de discutir el poder de las trabajadoras y los trabajadores contra la burguesía y el orden capitalista, un orden que mutaba desde la realidad de la libre concurrencia a la dominación monopolista y al imperialismo.
Era un tiempo en que se visibilizaba y se hacían realidad las dos estrategias confrontadas en la lucha de clases, para consolidar la lógica del capital o para confrontarla. Vale la recordación porque pocos años después, a fines de 1917 y en Rusia se haría la experiencia del primer intento de construir una sociedad no capitalista.
Comenzaba una nueva historia en la lucha de clases que pondría en crisis al orden capitalista hacia 1930. La respuesta del poder burgués fue entonces, por única vez a la defensiva, con el Estado de Bienestar y las políticas reformistas definidas en el keynesianismo.
El keynesianismo se constituyó en la corriente principal del pensamiento económico entre 1945 y la emergencia del neoliberalismo hacia 1973-76, con el monetarismo ortodoxo y Milton Friedman receptando el Nobel del Banco de Suecia en 1976. Eran tiempos de dictaduras genocidas en Sudamérica, territorio del ensayo neoliberal.
Con el neoliberalismo se retomaba la histórica ofensiva capitalista, abandonando la etapa de la defensiva del medio siglo entre 1930 y 1980, para ya no volver.
Hay quienes sostienen, desde la crítica al neoliberalismo, que es posible revivir el reformismo del paradigma keynesiano y quienes sostenemos que la transnacionalización de la economía solo habilita el desarrollo de una acumulación de poder popular del movimiento obrero y social para ir más allá y en contra del régimen del capital.
Por ende, no alcanza con la crítica al neoliberalismo, sino que se requiere profundizar en la crítica al capitalismo.
Esta última es una lógica asociada a las primeras fechas enunciadas en esta nota, incluso a 1848 y el primer grito del manifiesto demandando la unidad mundial de los trabajadores.
Consecuencias de la ofensiva del capital
Asistimos a una lucha de clases desequilibrada a favor de los capitales más concentrados, las corporaciones transnacionales, las que pretenden en todo el mundo reaccionarias reformas estructurales que eliminen derechos laborales, previsionales y sociales, individuales y colectivos.
Las transnacionales se apoyan en los principales Estados del capitalismo mundial, con la connivencia de la mayoría de los Estados que consolidan la dependencia ideológica, política y cultural; pero también asociados a los organismos internacionales que bregan por una institucionalidad centralizada del poder del capital.
En rigor, la ofensiva no es solo contra trabajadores y trabajadoras, sino que también es contra la naturaleza y la sociedad. El saqueo de los bienes comunes y la contaminación asociada al cambio climático evidencia el privilegio a la ganancia y a la acumulación del capital por encima del cuidado del hábitat y el planeta tierra.
Por su parte, el aliento al consumismo y la deliberada obsolescencia programada demuestra el despilfarro de un modelo productivo y de desarrollo a contramano de los derechos humanos y de la naturaleza, destruyendo la propia civilización humana.
En ese camino, el capital construye su ofensiva desde la hegemonía del pensamiento y la manipulación de las ideas vía redes sociales y medios de comunicación.
Alcanza volumen la estrategia con las “fake news”, con las cuales disputan consenso social para exacerbar la lógica individualista en el momento de mayor socialización de la producción, tal como lo anticipó Marx en la Introducción a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Un escrito esencial de un joven Marx que empezaba a encontrar la explicación del eslabón perdido en la Economía Política: el origen del excedente, la plusvalía, y con ello la fundamentación de la revolución.
Más, junto al fundamento teórico, las tareas de los clásicos de la crítica de la Economía Política asociaron su práctica cotidiana a la construcción de experiencias que permitan transformar la realidad, contribuyendo a construir sujetos, programas e instrumentos políticos y sociales que hagan realidad la formulación conceptual por el cambio de régimen.
La teoría de la revolución se asociaba a la práctica social por la transformación, articulando lo reivindicativo democrático con la demanda por la revolución. Es una síntesis de lo que se pretende en cada conmemoración del primero de mayo.
Volver a fundamentar el proyecto de la emancipación
La historia no se repite linealmente, pero es conveniente estudiar el proceso de su evolución y considerar los momentos de las ofensivas y contraofensivas de las clases en el poder y de quienes se lo disputan.
Resulta imprescindible conocer la lógica actual de funcionamiento del régimen del capital, que sigue esencialmente sustentado en la extracción y acumulación del plusvalor, pero bajo las condiciones de un nuevo ciclo de innovación tecnológica y formas de dominación del saber hacer y la cultura social, que involucra niveles inusitados de violencia y barbarie.
Pero no solo se trata de las relaciones de producción, sino de la manufactura del consenso a la cotidianeidad, lo que supone variados mecanismos de ejercicio de la dominación del capital, ideológicos y represivos. Son cuestiones imprescindibles no solo para la crítica teórica sino para asociar los fundamentos de la crítica a la organización de las clases subalternas en la disputa del poder.
En nuestro tiempo se consolida un mensaje relativo al futuro del trabajo, como si la innovación técnico científica desalojara a la fuerza de trabajo, expresión del trabajo vivo, sin comprender que ésta es la que desarrolla a las fuerzas productivas en su integralidad. Se trata de recuperar la esencia de la ley del valor y ratificar con los clásicos de la Economía Política que el capital es trabajo acumulado.
Afirmamos que sin trabajo no hay futuro y en todo caso lo que se necesita es ajustar las reivindicaciones democráticas del movimiento obrero, especialmente ante casi 180 millones de desempleados en el mundo según la OIT, o un 25% de la fuerza laboral global bajo la pobreza según el organismo centenario, que confirma el crecimiento de la inseguridad social en la contratación contemporánea de la fuerza laboral, que certifica la tendencia a la precarización del empleo derivada de la ofensiva del capital.
¿Por qué no reducir la jornada laboral, sin reducir salarios, ante la dimensión del avance tecnológico y científico? Resulta posible distribuir el empleo sobre el conjunto de la población y evitar el fenómeno del desempleo, la baja del salario y de los ingresos populares.
Es posible asegurar junto a la mayor expectativa de vida de la población mejores condiciones sociales, de ingresos y prestaciones sociales de jubiladas y jubilados. La longevidad es una buena noticia y no un mecanismo de preocupación para la supervivencia de la población mayor.
También se necesita discutir los mecanismos actuales de intervención para la transición del capitalismo al socialismo, lo que supone desplegar estrategias anticoloniales, anticapitalistas, antiimperialistas, contra el patriarcalismo y toda forma de discriminación y racismo.
Para ello se requiere retomar la máxima histórica de la unidad de todas las trabajadoras y todos los trabajadores del mundo.
Buenos Aires, 1 de mayo de 2019

El poder busca consenso electoral para aplicar el ajuste


Macri, el PRO y Cambiemos consiguieron consenso electoral en 2015 y 2017, con lo cual sustentaron el programa de ajuste en curso, con deterioro creciente de todas las variables económicas y sociales. Por eso, al tiempo que crece el desempleo, la pobreza y la desigualdad, junto a la concentración económica y la extranjerización, aparece el agotamiento en el consenso a la política oficial.
La inflación y la recesión son una realidad para definir el rumbo de la dominación, con impacto regresivo en la sociedad, impactando fuertemente en quienes perciben los menores ingresos y que constituyen la mayoría de la población. Son realidad porque son procesos deliberados en la disputa del poder. La recesión es provocada por el gobierno, para ajustar, aunque se le escape el tema precios. Estos aumentan como parte de la disputa entre fijadores de precios para ver quien acumula más riqueza socialmente generada. No solo hay distribución regresiva del ingreso entre el capital y el trabajo, sino que opera también una disputa por la renta entre los propios empresarios.
En ese cuadro, en estos días se agravó la situación, con nuevas alzas del tipo de cambio, con un dólar a 47 pesos, o un riesgo país cercano a los 1000 puntos, evidenciando la imposibilidad de pago de la deuda externa acrecida durante estos años en unos 185.000 millones de dólares. Todo puede seguir aumentando. El dólar no tiene techo y mientras alto cotice más fácil será el logro por sostener el déficit cero de las cuentas públicas, e incluso buscar el superávit exigido por la ortodoxia. El riesgo país es la presión internacional para acelerar el ajuste y las regresivas reformas laborales, previsionales y tributarias. La deuda seguirá refinanciándose tanto como se quiera, a cambio de nuevas rondas de ajustes. Los acreedores externos, más que cobrar, pretenden condicionar el cambio reaccionario.
Estas devaluaciones de la moneda son palmaria demostración del ejercicio del ajuste y se traslada a los precios, más allá de los “precios esenciales”, apenas 64 productos sobre una base de miles necesarios en el abastecimiento cotidiano. Algunos se sorprenden por la evolución de tal o cual variable, cuando todas y cada una de ellas son variantes del ajuste buscado por el poder económico y político, local y mundial. Ese conjunto de bienes y servicios del universo cotidiano de consumo sufren modificaciones en sus precios y afectan la vida diaria por la carestía. Solo a modo de ejemplo podemos verificar como las petroleras ya anuncian un 5% de incremento de los combustibles para mayo, y a no dudar, eso se transfiere a precio.
Sobre esta realidad y para intentar frenar la volatilidad cambiaria, la tasa de interés establecida desde el BCRA vuelve a superar el 70% (71,87% para las LELIQ del 26/4 según el BCRA) y persevera en un costo usurario para cualquier proyecto familiar, productivo o de desarrollo. Lo concreto es el estímulo a la especulación financiera para los pocos en capacidad de invertir excedentes en la timba de las finanzas. De hecho, basta observar el movimiento del saldo de las reservas internacionales para verificar que los ingresos de divisas desembolsados por el FMI o por liquidación de exportaciones favorecen la fuga de capitales. Si el 9/4 había 77.481 millones de dólares de Reservas internacionales, dos semanas después, el 24/4 quedaban 72.330 millones de dólares.
¡¡¡Son 5.151 millones de dólares menos en dos semanas!!! Después argumentan que en el país no hay recursos disponibles para inversiones productivas, ¡¡¡increíble, pero real!!! No a todos les va mal. Esos miles de millones se acreditaron en algunas cuentas, seguramente en el exterior o en activos externos, lo que incluye las cajas de seguridad.
Tan dura es la realidad económica y social que ahora se duda del mantenimiento del consenso electoral a la propuesta del oficialismo para gestionar otro periodo de gobierno y consolidar el cambio (reaccionario) del orden vigente. Crece el descontento social e incluso la protesta, que incluye un Paro Nacional con movilización para el próximo 30/4. Por eso, desde el mismo poder económico concentrado y extranjerizado se proponen adecuaciones en la oferta electoral de renovación presidencial, incluyendo hipótesis que demandan la abstención de la candidatura del presidente Macri. Aunque ello no ocurra, vale consignar la presión a Macri y su entorno más estrecho para acelerar los cambios que el poder demanda. Insistamos: reformas laborales, previsionales e impositivas.
El poder reconoce que, ante la baja de la consideración social al aporte del gobierno, ya no alcanza con el ajuste en desarrollo, ya que se necesita del consenso electoral para avanzar más allá de la contención del gasto público y promover reformas estructurales (laborales, previsionales y tributarias) para hacer rentable la inversión capitalista. Es una exigencia del capitalismo de época y no solo para la Argentina. Se trata de un programa que es hegemónico en el sistema mundial actual y que solo tiene resistencias nacionalizadas en función de la histórica organización social y popular en cada territorio.
Queda claro que en la Argentina no han podido torcer el brazo, aún, del movimiento sindical y social para realizar las reaccionarias reformas que requieren, pese a complicidades de organizaciones sindicales y sociales que retardan protestas y movilizaciones de confrontación con la estrategia del poder. Destacan suscripciones a la baja de convenios colectivos, caso de los petroleros en el sur patagónico para avanzar con las inversiones en Vaca Muerta, pero no pueden trasladarlo a otros sectores y territorios. Si alguien consulta por el conflicto energético cordobés, más allá de la pretendida privatización de la empresa pública (EPEC), lo que hay es una fuerte presión ´para modificar el histórico convenio colectivo de Luz y Fuerza de los tiempos de Agustín Tosco.
El objetivo del poder pasa por disciplinar a las organizaciones populares que retardan la adecuación estructural del capitalismo local a las demandas de la hegemonía neoliberal construida desde la política pública en las últimas cuatro décadas. El capitalismo, local y mundial ya no puede funcionar bajo las lógicas reformistas del Estado benefactor o su variante devaluada aplicada en nuestra región entre los 50 y los 70 del siglo pasado. Por eso el neoliberalismo ensayado bajo las dictaduras del Cono Sur entre 1973 y 1976, generalizadas luego en el capitalismo mundial en los 80 y 90, viene por más, que no es otra cosa que revertir derechos conquistados por más de un siglo. Insistamos, no es solo una cuestión nacional, es global.
La onda temporal pasa por la reestructuración regresiva de las relaciones laborales con precariedad del empleo, menos seguridad social y baja de salarios; pero también con la reforma del Estado vía privatizaciones, desregulación y nueva funcionalidad del Estado para sostener la demanda de ganancias y acumulación capitalista. Por eso no servía ni sirve para el poder la integración no subordinada en la lógica del ALBA, la CELAC e incluso Unasur. Estas dos últimas, aun conteniendo a regímenes de orientación contradictoria, no incluían la presencia de EEUU y Canadá, discutiendo así la hegemonía imperialista para la región.
En síntesis, el ajuste avanza con la política oficial consensuada y avalada por una oposición institucional complaciente, sin espacio por ahora para profundizar en líneas de intervención directa en cambios estructurales por la subsistencia de un movimiento popular en la resistencia. Este obstáculo es el que hay que remover, aducen desde el poder. La disputa electoral interviene en esa dirección, ya que el que gane deberá confrontar el mayoritario apoyo conseguido en las urnas con una lógica en sentido inverso de crítica, protesta y búsqueda de alternativas que satisfagan necesidades populares ampliadas. Esa contradicción no se resuelve en el mercado, sino que será producto de fuertes iniciativas enfrentadas, entre el bloque del poder y los sectores afectados por la política hegemónica, lo que incluye la represión crecientemente explícita.
La batalla es política y se busca hacer funcionar el orden económico en tiempos de brutal ofensiva del capital. Algunos intelectuales, como Joseph Stiglitz, Nobel de Economía 2001, y otros economistas críticos de la ortodoxia cree que es posible volver a la política económica de hace 4 décadas, restableciendo un orden entre mercado y sociedad, ilusionando con una lógica que asocia democracia con capitalismo. Es bueno discutir esa tesis para pensar si es posible encontrar solución a las necesidades sociales y de la propia naturaleza en el marco del capitalismo.
El socialismo no tiene buena prensa, pero su búsqueda sigue siendo un faro que ilumina el presente y el futuro, por lo que a veces nos entusiasma indagar sobre la posibilidad de construir nuevas propuestas políticas, que rompan el tablero de lo previsible y se presente una propuesta en contra y más allá de la lógica del capital. Ello supondría romper la fragmentación de una izquierda amplia, más allá de partidos, que articule a grupos políticos, sociales, a personalidades y a diferentes trayectorias históricas que anidan en una perspectiva crítica al capitalismo y horizonte socialista. Puede parecer un sueño, pero en la víspera del día internacional de los trabajadores y las trabajadoras bien vale anteponer un deseo por hacer realidad de la utopía en tanto objetivo que nos permita caminar para inducir una lógica de transformación social.
Buenos Aires, 28 de abril de 2019