Ingresos populares y la “política” en el centro de la discusión


La inflación de enero según el INDEC alcanzó al 1,8%, o sea, un 25% anual, superando la cifra del 2017 y con un pronóstico similar para febrero y que se proyecta para todo el primer semestre que incluye aumentos programados de tarifas y la liberalización del precio de los combustibles, con un petróleo con precio internacional en ascenso. Además, los precios mayoristas escalaron 4,6%, agravando los pronósticos. Lo curioso es que se augura un segundo semestre de esperanza en la baja de los precios para sostener la expectativa favorable de la sociedad en el rumbo actual.
Como hemos sostenido en variadas ocasiones, la inflación de precios es un mecanismo de redistribución regresiva del ingreso, ya que solo suben precios los que pueden, sea el Estado cuando se trata de precios regulados, caso de las tarifas, o las empresas que deciden por su cuenta en un mercado solvente dispuesto a pagar esos valores. A los trabajadores activos y pasivos no les resulta sencillo imponer el precio de la fuerza de trabajo y mucho menos aumentarlo. Solo basta con el ejemplo de jubilados y jubiladas para notar que ahora recibirán un tercio del ajuste que debieran percibir, gracias a la nueva fórmula de actualización de haberes votada en el Parlamento por el oficialismo y parte de la oposición.
Libre mercado en los precios
Es la libertad de mercado dirían los ortodoxos de la economía, con un discurso que bien les cierra a los sectores hegemónicos y que converge con la política del gobierno.
Desde el gobierno se sostiene el objetivo de las metas de inflación definidas a fines de diciembre de un 15% de inflación para todo el 2018. Con la proyección del indicador de enero solo se puede inferir una presión en la política de ajuste fiscal como parte de la ofensiva del capital contra el trabajo.
El encierro gubernamental en Chapadmalal colocó el acento en la unificación tras la estrategia del ajuste para disminuir el déficit fiscal.
La estrategia oficial se extiende a la lógica gran empresaria contra los ingresos populares y a favor de la ganancia, algo a sostener en las negociaciones colectivas de trabajo.
Por eso, la variable de ajuste de la economía son los ingresos populares: los salarios, las jubilaciones y pensiones, los beneficios sociales, la política de ingresos y de seguridad social.
¿Es un tema nuevo? No, es histórico, precisamente luego de la crisis de los 70 cuando opera una tremenda ofensiva capitalista contra los derechos salariales, laborales y sociales de los trabajadores y trabajadoras.
En efecto, en una larga tradición de luchas históricas, el movimiento social, especialmente de trabajadores y trabajadoras arrancó limitación a las horas de trabajo, mejoras en las condiciones salariales y de trabajo, con beneficios sociales extendidos y sustentados desde la legislación estatal.
Con la disminución de la tasa de rentabilidad a fines de los 60 y comienzos de los 70 se inició una ofensiva que continúa a escala planetaria para reducir derechos y conquistas sociales. Para el caso argentino el tema se verifica con la dictadura genocida, los 90 con explícitas políticas neoliberales y en la actualidad.
El consenso social está en disputa
La predica gubernamental y del empresariado hegemónico disputa consenso desde el accionar ideológico propagandístico de los principales medios de comunicación y sus comunicadores, periodistas, panelistas y voceros invitados, asociados a la difusión de un sentido común favorable al discurso del ajuste y en definitiva a la recomposición del orden capitalista.
Concentran la tarea en desprestigiar las iniciativas políticas que confrontan con el diagnóstico oficial y del poder y demandan otra distribución del ingreso y de la riqueza, que en estas horas s e concentra en la movilización del 21F.
Iniciada como un reclamo de camioneros por sus reivindicaciones escaló a una movilización de un amplio abanico sindical y social que articula a sectores de la CGT,  ambas CTA, la CTEP y otros movimientos sociales y populares, con pretensión de organizar el descontento y la protesta.
El eje de la crítica es a la política económica del gobierno Macri, lo que habilita una discusión sobre una perspectiva de organización económica con otros objetivos.
¿Es ello posible? Si, solo si se logra ganar el sentido común de la sociedad, por ejemplo, discutir el tipo de inversiones que el país requiere para superar el límite de la pobreza, el desempleo, la miseria y la insatisfacción social de necesidades múltiples.
El asunto es que en el discurso oficial se sostiene la necesidad de lograr inversiones con el destino que los inversores decidan, sea para ampliar el parque automotor u obras de infraestructura para sostener un modelo productivo y de desarrollo para favorecer la ganancia y la acumulación de capitales.
Como no se quiere discutir el rumbo de las inversiones ni la política económica se embarra la cancha. Ayuda en este sentido la corrupción en ámbitos sindicales y sociales, claro que se tapa la propia corrupción gubernamental, con cuentas en el exterior y fuga de capitales de parte de funcionarios. Evasión fiscal y connivencia familiar y empresarial.
Desde esas denuncias contra la corrupción se pone en duda al conjunto de las luchas sociales, incluso denostando las demandas de los más empobrecidos.
La “política” está en discusión
En definitiva, se discuten estrategias e iniciativa política. Queda clara la orientación oficial y de un sector de la oposición que converge, con matices, con las demandas del sector económico hegemónico local y global.
Por su parte, en el amplio arco opositor el debate estratégico es diverso y limita las posibilidades de unificación más allá de los reclamos reivindicativos inmediatos, eje de la unidad del 21F.
Las diferentes estrategias están en juego en la disputa del consenso de la sociedad, entre los que destaca la propuesta por volver a la lógica de gobierno de las administraciones kirchneristas y un polo visible de una parte de la izquierda partidaria. Entre esos proyectos existen innumerables organizaciones y propuestas que buscan articular un posicionamiento que organice las aspiraciones por otro orden social.
Estas estrategias, o parte sustancial de ellas comparten la movilización y reivindicaciones del 21F, pero recelan de un camino en común más allá de la protesta y demanda inmediata, lo que supone habilitar espacio para la hegemonía que disputa el macrismo, por ahora en el ámbito electoral y con pretensión de extenderse como nueva propuesta de dirección del orden político en la Argentina, coincidente con una lógica similar en otros países de la región y del mundo.
La renovación del sistema de partidos, o de la democracia en el capitalismo, con empresarios o representantes directos a la cabeza de los gobiernos remite a la crisis de la representación o de la política, lo que demanda creatividad para resolver el problema para quienes sustentan una posición por otro orden social posible, contra y más allá del régimen del capital.
Por eso sostenemos que las discusiones actuales transitan el camino de la unidad en acción en lo inmediato y un proceso de más larga duración por el rumbo de la “política” para darle carnadura a un proyecto social con perspectiva por la emancipación social.
Buenos Aires, 17 de febrero de 2018



Favorecer la ganancia y afectar los salarios en el eje de la política económica del gobierno Macri


El gobierno tomó deuda pública esta semana, ofreciendo bonos a un año con un rendimiento del 22,5%, o la inflación más el 3,75%, lo que sea mejor para el inversor. Son los inversores los privilegiados.
Al mismo tiempo aspira a colocar un tope del 15% a las negociaciones salariales y cuando mucho, habilitar una futura negociación consensuada por patrones y sindicatos si la inflación resultara mayor. No hay intención de ajuste automático al alza, sino que otorgaría la posibilidad de una nueva negociación. Todo dicho en potencial.
Queda claro que existen dos varas muy diferentes para considerar los ingresos de la población. Una generosa para satisfacer al inversor capitalista, otra restrictiva para atender las demandas de actualización salarial de los trabajadores. En la regresiva distribución de ingreso está el destino económico en la Argentina.
Es un tema preocupante, cuando todo indica que el alza de los precios para este año se proyecta de manera similar a la del 2017, y sabemos que la inflación es un mecanismo regresivo de distribución del ingreso.
Se consolida así la vara diferenciada utilizada en la distribución del ingreso para afirmar polos pequeños de riqueza y abundancia de pobreza.
Un horizonte de conflictos y represión
Aparece claramente un horizonte de conflictividad creciente, verificado en el paro bancario en la previa del feriado por carnaval y las movilizaciones del 15F y del 21F promovidas en unidad por movimientos sociales y centrales sindicales, como parte de un plan de acción que puede derivar en la convocatoria a un paro nacional a corto plazo.
En torno al conflicto se juega la disputa del sentido común en la sociedad, ya que no solo interviene la lógica económica, de bolsillo, en el humor político de la sociedad.
Por eso, en el discurso oficial se insiste con una lógica argumental contra el “sindicalismo”, englobando a todas las organizaciones sindicales en el fenómeno de la corrupción y las prácticas clientelares, tanto como denigrando el trabajo social y político entre los más empobrecidos.
Resulta más una crítica a los pobres que una sostenida política contra la pobreza, exacerbada con la intencionalidad mayoritaria favorable al gobierno en los medios masivos de comunicación. En ese plano se inscribe la nueva política de combate del delito abonando un clima social cultural por la represión.
Insisto en el discurso oficial porque hace al consenso social en disputa, aun cuando las condiciones de vida sean cada vez más desfavorables para la mayoría de la población de menores ingresos.
También desafía la cuestión a quienes bregan por un nuevo modelo de organización sindical y social, para reorientar prácticas y propuestas desde una radicalización democrática y construir nuevas subjetividades que interpelen a la sociedad para un nuevo rumbo de la economía y la política, que abandone la subordinación del funcionamiento de la economía con base en mayor endeudamiento público.
Crece la deuda pública y subsiste la especulación
Los bonos colocados por el Ministerio de Finanzas fueron en pesos y por el equivalente de 3.500 millones de dólares, más una renovación de Letras del Tesoro por 1.000 millones de dólares.
En total suman 4.500 millones de dólares que se adicionan a los 9,000 millones de dólares emitidos en enero pasado, Son nuevos 13.500 millones de dólares en los dos primeros meses del año.
La previsión para todo el 2018 alcanza a los 30.000 millones de dólares. Una verdadera hipoteca sobre el conjunto de la sociedad, máxime cuando la expectativa es de crecimiento de las tasas internacionales de interés.
Ese previsible aumento de las tasas internacionales empujado por EEUU es lo que explica en estos días el derrumbe de las bolsas en el mundo, con epicentro en Nueva York, lo que acarrea consecuencias sobre todos los países, obviamente también sobre la economía argentina y regional.
Las consecuencias se perciben en la suba de la divisa, ya en torno de los 20 pesos por dólar, lo que supone una devaluación que afecta la capacidad de compra de los sectores mayoritarios del país, los que menos ingresos perciben.
Entre los especuladores se resuelve la incógnita cambiando acciones por dólares u otras monedas; vendiendo Letras del Banco Central y comprando bonos del tesoro; pero el problema es para la mayoría de la sociedad, la que vive de la venta de su fuerza de trabajo o aquellos que producen o comercian con los que perciben ingresos fijos.
Canalizar la protesta
Los trabajadores o trabajadoras se aferran a sus puestos de trabajo ante el temor del despido, presionando a una lógica defensiva que facilita la irregularidad en el empleo.
Es un fenómeno con consecuencias directas sobre productores y empresarios pequeños y medianos que orientan la producción o el comercio en este sector de bajos ingresos.
Ambos sectores se empobrecen y necesitan canalizar su descontento, lo que exige atractivas iniciativas de organización y de unidad en confrontación de la política hegemónica, algo que puede percibirse en la articulación detrás del 15F y del 21F.
Queda clara la iniciativa política del gobierno y las clases dominantes, que solo puede contrarrestarse con otras iniciativas en sentido inverso.
La incógnita es que iniciativa se impone, la del poder económico y político en aumentos de precios (entre ellos el dólar), tarifas y deuda pública, o la protesta social organizada hacia otro rumbo económico para favorecer necesidades sociales.
Buenos Aires, 9 de febrero de 2018

Crecen los precios y pretenden disminuir salarios

A fines de diciembre del 2017 el Gobierno de Macri anunció el cambio de las metas de inflación, del 10 al 15% para todo el 2018, al tiempo que promovió una baja de las tasas de interés que paga el BCRA por las LEBAC, de casi 29% a menos del 27%, logrando una disparada del dólar que se acerca a los 20 pesos por dólar.
En rigor, el movimiento inverso entre tasas y cotización de las divisas remite al carácter especulativo de la economía local y aleja cualquier posibilidad u optimismo para pensar en el crédito como instrumento para el crecimiento productivo.
La medida adoptada por el Gobierno era un aliento a la liberalización de los precios, entre ellos el del dólar. Estos incrementados precios se descargan sobre la sociedad y en beneficio de los que perciben esas facturas aumentadas, sean de transporte, energía, telefonía, medicina pre paga, combustibles o peajes, entre muchos otros.
De hecho, este comienzo del año inició una serie de aumentos de precios que se proyectan por lo menos hasta junio, arrastrando una espiral inflacionaria que pone en discusión los pronósticos oficiales.
¿A cuánto ascenderá la inflación de enero y cuanto arrastra hacia febrero?
No resulta sencillo responder el interrogante, cuando sospechamos que la inflación anualizada desde Febrero 2017 a Enero 2018 supera a la del año pasado y con disminución de los ingresos de la mayoría de la sociedad.
Es más, con apoyo político y legislativo de parte de la oposición ya se generaron condiciones para reducir ingresos de jubiladas, jubilados y otros perceptores de planes sociales, estimados en 100.000 millones de pesos.
Ahora pretenden frenar la demanda salarial, empezando por anular la paritaria nacional de los docentes, que siempre actuó como disparador de las negociaciones ante la inminencia del inicio de las clases.
Para eso lo necesitan al Ministro de Trabajo, aún con el papelón incurrido por sostener como patrón el carácter irregular de una empleada familiar y además localizarla arbitrariamente en una intervención sindical.
El papel del Ministro apunta a contener la demanda de actualización salarial y el Gobierno confía en los lazos desarrollados con sectores funcionales del sindicalismo a esa negociación con las patronales y el Gobierno.
Claro que no resulta sencillo disciplinar al movimiento sindical y social, menos luego de las movilizaciones en diciembre y el impacto generado en buena parte de la población, incluso votantes y adherentes ideológicamente del rumbo gubernamental.
La pérdida de consenso se verifica en algunos editoriales y columnistas de medios altamente favorables al rumbo y orientación del PRO y Cambiemos, que imaginan un cambio de personas para sostener la misma política de distribución regresiva del ingreso.
Protesta y conflicto en ciernes
Esta situación inflacionaria se monta en una coyuntura donde los despidos están al orden del día, con información oficial de crecimiento del empleo de menor calidad y con escaso impacto en el empleo privado, regular y del sector industrial.
Diverso es el clima social, con consensos a la política oficial aun cuando afecta la economía a la mayoría de la sociedad, perceptora de ingresos fijos por salarios o beneficios sociales.
El descontento crece y existe un activo social organizado que pretende expresar públicamente la protesta, y ya se anuncia una próxima movilización encabezada por sectores de la CGT, las CTA y otros varios movimientos sociales.
La discusión incluye cómo seguir, lo que supone un horizonte de paro nacional y de conflicto extendido ante la persistencia de una política de ajuste regresivo contra los salarios y los ingresos populares.
Desde el FMI se demanda explícitamente que para superar la situación de la Argentina en materia de inflación se requiere contener la demanda salarial, en una orientación para morigerar la demanda de actualización de salarios, que pueda sustentar el atractivo de los inversores y sus esperadas ganancias.
La evolución de la economía augura conflictividad social creciente, porque aún las noticias de record en la venta de automotores en enero del 2018 suponen un acrecentamiento del déficit comercial por importación de autopartes y unidades producidas en el exterior. El déficit comercial escalará a 10.000 millones de dólares en 2018, contra los 8.500 millones del 2017.
Ese déficit, sumado al fiscal se paga con mayor endeudamiento que supone un crecimiento de los intereses a pagar y que afectan otros rubros del gasto, condenando a un recurrente ajuste fiscal vía achicamiento del gasto social.
Como siempre sostenemos, la incógnita política es cual presión pesará más, la del ajuste o la protesta y la movilización social para otro modelo productivo y de desarrollo con otros beneficiarios y perjudicados.

Buenos Aires, 2 de febrero de 2018

Despidos y ajuste para atraer inversores

Los despidos crecen, en el INTI, en los Yacimientos de Carbón, en el Hospital Posadas, entre los más mencionados; acompañado con cierres de empresas.
Son situaciones que generan incertidumbre en miles de familias de trabajadores y trabajadoras.
Al mismo tiempo, el Presidente y sus Ministros declaran en Moscú, Davos o París que todo funciona viento en popa y con gran futuro.
¿Cuál de las dos realidades expresa el funcionamiento de la economía?
La primera, despidos y cierres, es expresión del ajuste del capital contra el trabajo, algo que está detrás de la segunda, el discurso optimista del gobierno y del poder económico.
Por ende, no son dos realidades, sino dos caras de la misma moneda.
Macri necesita atraer inversores externos y para eso muestra el ajuste desde sus políticas, que necesitan del “gradualismo” para que la sociedad lo soporte, al tiempo que otorga señales de la reestructuración empresarial en curso.
Esta reestructuración opera tanto en el capital privado como en el público, el que se lleva adelante desde el área de “modernización”, crecientemente asociado al achique, el ajuste o los despidos.
Todo bajo un discurso moderno, de eficiencia, que encubre la necesidad de bajar el salario para reducir los costos de producción y mejorar la ganancia.
En ese sentido opera la cotización del dólar, la suba de las tarifas y las pretendidas restricciones a la actualización salarial. ¿Por qué?
Cotización en alza
El dólar alto es demandado por grandes empresarios, productores y exportadores, del campo y la ciudad, que si no subía la cotización seguían guardando sus cosechas, especulando con el precio y así demoran las ventas externas y reducen el ingreso de divisas al país.
Se genera así una situación que agrava un déficit comercial de 8.500 millones de dólares para el 2017 y unos 10.000 millones previstos para este 2018. En el horizonte supone más endeudamiento para cancelar ese déficit externo.
Además, un dólar más alto está asociado a la baja de tasas de interés que promueve el cambio de las metas de inflación dispuesto a fines de diciembre pasado. Especuladores contentos pueden ahora apostar sus capitales al dólar, a las tasas o a bonos y acciones.
El accionar especulativo continúa definiendo el rumbo económico de la Argentina, especialmente con un Estado Nacional que juega su destino con el endeudamiento externo.
Tarifas exigidas por las empresas privatizadas
Las tarifas tienen que aumentar, así lo exigen las empresas y es el programa a seguir desde la asunción de Macri a fines del 2015. La idea es que sean equivalentes a un precio de mercado, que es monopólico por cierto.
Quien no pueda pagar perderá el servicio, es la norma del mercado que se define contra el derecho al agua, la luz, la electricidad, la energía, el transporte, la salud, la educación, etc.
La definición gubernamental, con consenso electoral y complicidad de los poderes del Estado, legislativo y judicial, apunta a la mercantilización de la cotidianeidad, algo contradictorio con una concepción de derechos.
Salarios en baja
Para completar la ecuación se requieren salarios en baja, algo que con todas las letras demanda el FMI en sus comentarios relativos al futuro de la Argentina.
Dicen textualmente en el Fondo: “La inflación seguiría retrocediendo, suponiendo que haya una moderación salarial.”[1]
No hay dudas que el poder económico requiere de la baja salarial y para ello pretende disciplinar al movimiento obrero, que en diciembre pasado, como en marzo, pudo evidenciar la fortísima capacidad movilizadora y de protesta modificando el escenario de la política.
Si luego de las elecciones de octubre, el gobierno confiaba en regresivas reformas previsionales y laborales, a costa de un importante descrédito avanzó contra las jubilaciones a fines de diciembre.
Luego postergó para febrero el tratamiento de la ley laboral y ahora morigera el ritmo reformista para avanzar con algunos cambios y en modo “gradual” tratar de cumplir con el objetivo, no solo afectando ingresos laborales, sino capacidad de acción sociopolítica de organizaciones sindicales y territoriales de trabajadores y trabajadoras.
Macri en Moscú, Davos y París
Toda esta realidad es la que Macri presentó con escaso éxito en Moscú, Davos o París.
Fue festejado por grandes empresarios, los organismos internacionales y saludados por sus colegas del capitalismo desarrollado, pero con escasas “efectividades conducentes”.
Resulta que los inversores necesitan confirmar el diagnóstico, especialmente esperando la derrota del movimiento obrero y popular, algo que aún está en veremos.
La inversión inicia el ciclo del capital
El capitalismo funciona con base en inversiones, que el Estado está imposibilitado de encarar y el capital local es huidizo al riesgo, acostumbrado al subsidio y al sostén estatal.
Solo queda el capital externo, ruso, francés o global, que elige sus destinos con base en ganancias seguras y con libre disponibilidad de movimiento.
Por eso no sorprende que Macron, el gobernante francés interponga el interés nacional a la presión ideológica de Macri por avanzar con los acuerdos entre la Unión Europea y el Mercosur.
El presidente argentino sostiene un discurso ideológico a favor del libre comercio y el colega francés le dice “primero Francia”. Es el mismo lenguaje de Donald Trump: “First América”.
Dirían en el barrio que Macri es más papista que el Papa y es cierto, ni EEUU, ni Francia, ni la Unión Europea, ni ningún país con pretensión o realidad hegemónica subordina el discurso del libre cambio a la realidad del capitalismo y la dominación.
Claro que también, junto a la voluntad “gradual” de reaccionarias reformas, existe la iniciativa política popular asentada en el descontento y una creciente protesta popular, que puede ser masiva como en diciembre y modificar el ritmo del accionar político del gobierno o del ajuste pretendido por el gran capital: los ansiados y esperados inversores.
 Buenos Aires, 27 de enero de 2018



[1] Alejandro Werner. América Latina y el Caribe en 2018: Recuperación económica en ciernes.  Blog del FMI, en: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=8634 (consultado el 27/01/2018)

No se discute el capitalismo, como mucho sus efectos

En el debate cotidiano aparecen ciertos asuntos que motivan discusiones interesantes, aun cuando no siempre van al fondo de la cuestión.
Desde un punto de vista conceptual solo se quedan en el fenómeno y no avanzan sobre la esencia.
El fenómeno apunta a las consecuencias sociales y ambientales del orden contemporáneo, pero la esencia es el régimen capitalista.
Veamos el tema referido a tres asuntos: a) Trump, sus actitudes, comentarios, políticas y consideraciones sobre el mismo; b) los dichos del Papa Francisco y los apoyos y críticas que arrastra; c) en capitalismo en la Argentina y su financiamiento.
LA RACIONALIDAD TRUMP
Un ejemplo es Donald Trump y el gobierno de EEUU. Hace un año que gobierna Trump y el gobierno cerró ante la negativa parlamentaria para aprobar el Presupuesto 2018 en tiempo y forma (el viernes 19/01). Eso significa que varios trabajadores estatales sean licenciados en sus tareas y se cierren funciones estatales que afectan a usuarios y a esos trabajadores. Ni siquiera pudo Trump disciplinar a la mayoría republicana en el Congreso de EEUU.
Trump gobierna a EEUU y es la mejor expresión de la anarquía del capitalismo, con base en la anarquía de la producción para sostener el régimen de la ganancia, de lo que se jacta Trump. Él se considera el mejor intérprete del capitalismo y de EEUU, y quizá tenga razón.
La racionalidad del capitalismo es la irracionalidad de la explotación de los seres humanos y la depredación de la Naturaleza. Quién mejor que Donald Trump para expresar esos "valores". “Primero EEUU” sostiene Trump y eso lleva implícito "primero el capitalismo estadounidense" y los negocios Trump.
EEUU es la potencia hegemónica del capitalismo mundial, más allá de cualquier disputa por la dominación global y por eso preocupa Trump y su gobierno de especulación y militarización.
La sociedad necesita discutir el molde capitalista y desafiar el orden "normal, natural" y aspirar a otro mundo posible.
EL PAPA EN CHILE Y PERU
Mucho se escribe sobre las visitas de Francisco a Chile y Perú. Se destacan las críticas del Papa a los efectos del capitalismo de época y a los gobiernos que aplican políticas hegemónicas llamadas neo-liberales.
Algunos lo dicen en tono crítico a Francisco, porque acuerdan con las políticas hegemónicas, incluso hablan de convergencia entre los gobiernos regionales (de derecha).
Otros acuerdan con Jorge Bergoglio y reclaman cambiar políticas "neo-liberales" por otras, como si hubiera otras dentro del capitalismo actual. Las otras, esas "otras", keynesianas, o neo-keyesianas, corresponden a otra época del capitalismo, que no son los años recientes, sino las que se aplicaron entre los 30 y los 80 en el marco de la bipolaridad entre capitalismo y socialismo, que además, eran hegemónicas en el capitalismo mundial, incluso en el socialismo (para el debate)....
Si se quiere ser crítico con el orden contemporáneo no alcanza con la critica a los efectos del capitalismo, sino que hay que criticar y superar al propio régimen del capital. Ese es el debate, lo demás es entretenimiento.
POR CASA AFECTA EL ACECHO DEL FANTASMA DE LA DEUDA
La economía capitalista de la Argentina funciona con base en la DEUDA PÚBLICA, lo que da aire a las clases dominantes locales y en contra de la mayoría de la población, principalmente trabajadores y trabajadores, activos y pasivos.
El capitalismo funciona si hay inversor en origen y poco importa si es productivo o financiero, ya que la lógica del capital es mundial y el más valor o plusvalor obtenido es mundial y se apropia en la circulación mundial.
Argentina es parte de esa lógica mundial entre producción y circulación, por lo que no alcanza con condenar la valorización financiera o la especulación, al neo-liberalismo o las modas teóricas, sino condenar al capitalismo.
Claro que para eso hay que animarse, ya que si se critica al capitalismo, al real, al que existe, al que define nuestra cotidianidad, hay que animarse a proponer alternativas no capitalistas, y no cualquiera se anima ante la condena socio intelectual de que es posible.
CONCLUSION
En los tres casos se analiza el fenómeno, sin avanzar en la esencia que supone el debate contra y más allá del capitalismo.
Trump no es un accidente de la historia política de EEUU, como no lo fue Bush, hijo o padre, ni Reagan u otros de los presidentes de la potencia imperialista, sino lógica consecuencia de la crisis política y el funcionamiento anárquico del orden capitalista para sostener la razón de ser del orden: la ganancia y la acumulación.
Francisco no discute la explotación del hombre por el hombre, sino que aboga contra las consecuencias más negativas del orden vigente y concentrado en la miseria y la pobreza de millones, abrigando expectativas por modificaciones en el margen del sistema.
En Argentina como en otros países se apuesta a la atracción de inversiones, con la secuela de producción y generación de excedentes que reproducen una lógica de la desposesión y la depredación.
Para todos los casos, se escamotea lo esencial, e orden capitalista y con ello la posibilidad de discutir un orden en contra y más allá de la lógica del capital.

Buenos Aires, 21 de enero de 2018