El debate sobre Venezuela y el orden capitalista


El debate sobre Venezuela convoca a discutir la posibilidad de ir más allá del orden capitalista, algo que sobrepasa cualquiera de las consideraciones sobre las especificidades nacionales.
La discusión apunta a la transición del capitalismo hacia una sociedad no capitalista, parte de un debate más amplio que inauguró la revolución rusa en 1917 y que no cerró el colapso de la URSS en 1991.
Esa transición se re significó en cada una de las experiencias de procesos que autodefinieron su rumbo contra el orden del capital, en China de 1949 y más aún con la modernización desde 1978; en Cuba hace 60 años y recientemente con el cambio de la economía desde 2011; o en Vietnam desde 1973/5 con la unificación territorial y su actualización asociando mercado y socialismo, sin renegar del objetivo anticapitalista.
Son temas que se actualizaron en Nuestramérica en la primera década del siglo XXI, con la reaparición del objetivo socialista, ratificado bajo la actual renovación cubana, con cambios en la generación que conduce la experiencia; las concepciones por el socialismo del Siglo XXI en Venezuela desde fines del 2004; o el socialismo comunitario formulado desde Bolivia en enero del 2010; incluso con las manifestaciones constitucionales del 2009 por el Vivir Bien boliviano o el Buen Vivir ecuatoriano.
Obvio resulta concluir que al orden capitalista no le resulta ajeno el boicot a cualquier intento transformador, que acote el ámbito de accionar del régimen de la ganancia y por eso, más allá del petróleo o cualquier consideración, la cuestión estrategica del rumbo de la transición define el accionar actual en la coyuntura contra Venezuela y el gobierno de Nicolás Maduro.
Crítica de la realidad
Los debates son varios y entre otros remiten a discutir el socialismo y claro, su opuesto, el capitalismo. Recordemos que hacia 1990 bajo el influjo del fin de la historia y de las ideologías, lo que aparecía era el fin de la utopía anticapitalista y el triunfo, por fin, del orden capitalista.
Es 1990 un momento de consolidación de una fuerte ofensiva capitalista por modificar reaccionariamente las relaciones sociales imperantes, abandonando todo vestigio de concesión de derechos individuales y colectivos por parte del Estado capitalista.
Por eso, el dato de la realidad es la hegemonía capitalista del sistema mundial, que como conjunto de las relaciones sociales de producción, es lo que se expande en el ámbito mundial.
Las consecuencias directas impactan sobre la población mundial y el planeta tierra, bajo las formas crecientes de explotación de la fuerza de trabajo y la depredación de la naturaleza.
Son sus formas de acción la militarización de la vida cotidiana y aceleración de formas especulativas en el ámbito de la economía y las finanzas, asociando ambos aspectos en un aliento a una cotidianeidad del crimen; sea la trata de personas, la venta de armas o drogas, junto a la evasión o elusión fiscal en paraísos que ocultan cuantiosas ganancias en un mundo de mayor desigualdad y concentración de la riqueza.
En efecto, lo que crece en el sistema de relaciones sociales de producción es la salarización de la población mundial, bajo las nuevas condiciones que explicita la OIT cuando habla de 190 millones de desempleados o 2.000 millones de personas bajo condiciones de trabajo informal, dando cuenta de la creciente flexibilización laboral y la pérdida de derechos sociales, laborales, individuales y colectivos.
Pero también se modifican las relaciones en el Estado, con cambios reaccionarios en sus funciones, más favorables a la promoción de la mercantilización, las privatizaciones y la libre circulación de mercancías, servicios y capitales, subordinada a la lógica del capital más que a satisfacer demandas sociales conquistadas por la lucha popular.
Esos cambios en el Estado imponen la apertura liberalizadora de las economías para vincular más estrechamente un sistema de relaciones internacionales que ratifica la existencia de un único mercado mundial y en consecuencia determinadas organizaciones supranacionales y una juridicidad acorde.
Son cambios relacionales que entran en contradicciones variadas y no solo económicas, entre los afectados y vulnerables de menores ingresos o excluidos de la lógica hegemónica, sino también políticas, entre quienes gestionan los principales países del mundo, con las novedades que supone la emergencia de los nuevos nacionalismos al estilo Trump o Bolsonaro, por solo mencionar dos fenómenos cercanos al debate regional.
Pero, más allá de cualquier contradicción entre globalizadores a ultranza y nacionalismos variados, la dominación social y territorial se impone, especialmente si se trata del petróleo, insumo estratégico del modelo productivo capitalista.
La cuestión petrolera está en el centro de las agresiones estadounidenses en Irak, Libia o Venezuela y la crítica al orden capitalista debe asentarse en problemas esenciales. La energía es asunto esencial en el proceso de dominación mundial contemporáneo y Venezuela es la principal reserva mundial de petróleo, ubicada geográficamente a pocos días de transporte de crudo al principal consumidor mundial.
A EEUU no le alcanza con comprar el petróleo venezolano, necesita asegurar estratégicamente su provisión regular, evitando cualquier potencialidad de manejo soberano de la producción de hidrocarburos, hoy dependiente de la tecnología en manos de las petroleras transnacionales.
Cuenta EEUU para ello con la complicidad del orden político hegemónico, aun con las contradicciones derivadas de la especificidad e impronta personal e ideológica de Trump.
No hay duda por eso, entre las principales potencias capitalistas y sus aliados, en apoyar la injerencia de EEUU sobre Venezuela aun cuando Trump les genere molestia en el campo de la dominación capitalista. Sea en el Consejo de Seguridad de la ONU o en la OEA, los que se alinean con EEUU son los defensores de la explotación y el saqueo.
Consideraciones sobre los intentos de transición
Claro que la ecuación de la crítica debe alcanzar a los intentos de transformación social y verificar las dificultades de la transición.
Queda aún pendiente el debate sobre la debacle en el este de Europa, que no solo incluye la agresión del orden capitalista hegemónico en el ámbito mundial, sino también las propias limitaciones de las experiencias a nombre del anticapitalismo.
Entre ellas aparece el burocratismo y la corrupción, que se arrastran esencialmente de las formas de gestión previas.
Fueron argumentos esgrimidos por Lenin antes de su muerte en 1924 e incluso forma parte del argumental crítico de Trotsky y el trotskismo a la realidad de la evolución de la URSS. Son argumentos que se encuentran en el Che y sus aportaciones teóricas para pensar una construcción del socialismo diferenciada con los métodos de gestión de la URSS.
Sin perjuicio de ello, un dato de la realidad deviene de la complejidad resultante del intento de desarmar una lógica civilizatoria construida por siglos  y al mismo tiempo construir la nueva sociedad, bajo nuevos valores culturales relativos al consumo y la producción. No es solo una cuestión de planificación, sino cultural social que remite al imaginario de nueva sociedad de una amplia mayoría que otorgue hegemonía a la construcción de la transición.
Una gran duda remite a la construcción de esa hegemonía. Fidel Castro manifestó en noviembre del 2005 que “…entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”.
Vale recordar que a fines del 2004 se suscribirían los acuerdos originarios entre Cuba y Venezuela que darían base a la construcción del ALBA-TCP y que motivaría la definición de Hugo Chávez por el socialismo, cuando hasta entonces, la formulación del gobernante bolivariano adscribía a una concepción de “tercera vía”, formulada en su momento por el británico Anthony Giddens, como un rumbo entre la concepción reaccionaria de la restauración conservadora de Thatcher y Reagan, neoliberal, y la antigua concepción socialdemócrata, lo que incluye la tradición comunista y socialista europea.
Aludo a la relativa simultaneidad temporal de la formulación por el socialismo de Chávez con la confesión de Fidel relativa al error sobre la los contenidos de la construcción socialista, lo que me permite enfatizar que lo que importa es el análisis y construcción de experiencias por el socialismo, por la transición del capitalismo al socialismo, lo que incluye la crítica de las experiencias concretas, no solo de las políticas de Estado, sino de los niveles de conciencia y subjetividad colectiva en la construcción de la nueva sociedad.
Hacer la crítica de los procesos auto asumidos por la transformación conlleva la dificultad de avanzar en simultáneo en el desmonte de lo anterior y la construcción de lo nuevo. Se transforma sobre la realidad del orden capitalista, lo que supone un límite considerable para las expectativas de cambio hacia otra sociedad, sin explotación y con otros valores humanistas y de cuidado del medio ambiente y la naturaleza.
No se trata de eludir cualquiera de las críticas que se enuncien, sino de contextuarlas en los que significa avanzar en un camino alternativo al “sentido común” capitalista. No olvidemos que ese sentido común es el parecer que impone la cultura dominante sobre el conjunto de la población.
La transición se construye por ende sobre la base de la cultura que se pretende desmontar.
Agresión a la experiencia venezolana
Este es el marco del fenómeno actual de agresión de EEUU y sus socios en la región y el mundo hacia Venezuela.
No puede pensarse la situación actual sin las consideraciones históricas de época, de la ofensiva del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad.
Tampoco puede analizarse sin considerar los límites intrínsecos y las limitaciones que se presentan a cualquier intento de transición anticapitalista.
Como tampoco puede obviarse lo difícil que resulta para la derecha venezolana romper el núcleo duro de adhesión popular al proyecto chavista.
Existen factores externos e internos que se potencian en la realidad venezolana, los que deben ser evaluados en adecuada dimensión para no exacerbar unos sobre otros.
Venezuela cuenta hoy con una experiencia de por lo menos dos décadas de construcción de una práctica que atravesó distintos momentos, con un origen de pueblada de hace tres décadas, el caracazo.
Resulta válido interrogarse sobre la voluntad mayoritaria de los sujetos que en diversidad construyeron estos 30 años de experiencia para poder interpretar el porqué del sostenimiento de una voluntad social por mantener el rumbo del cambio.
Vale incluso para explicar los límites de la derecha para constituirse en sujeto organizado y con proyecto para detener el proceso en curso y por ende, como la derecha local venezolana no puede articular un proyecto propio, se apoya en la injerencia externa.
No es solo petróleo lo que está en juego, sino la posibilidad de pensar en un mundo más allá y en contra del orden capitalista. Eso explica la solidaridad internacional con Venezuela, con matices incluso en hacerlo extensivo al pueblo venezolano, o a éste y al gobierno de Nicolás Maduro.
La coyuntura de la agresión a Venezuela tiene impacto en toda la región y en el mundo, ya que en Nuestramérica la impugnación alcanzará inmediatamente a Cuba y a todo proceso de cambio persistente, más allá de límites y matices en Bolivia, El Salvador, Nicaragua o Uruguay, incluso condenando a la profundización de procesos regresivos del estilo argentino o brasileño, los que alimentan el Grupo de Lima.
En el ámbito mundial consolida la tendencia a salidas autoritarias alimentadas desde variadas fracciones políticas alineadas con la derecha y en contra de cualquier demanda de ampliación de derechos sociales. Por eso, vale enfatizar que no existe impericia de política internacional en los Macri o los Bolsonaro, sino deliberada acción para confrontar con cualquier proceso de transformación social.
Con la agresión imperialista se pretende enterrar toda posibilidad de cambio contra el orden capitalista, obturando la posibilidad de un imaginario popular que abone la transición del capitalismo al socialismo.
Buenos Aires, 28 de enero de 2019

¿Cómo pinta el 2019 para la Argentina?


Empezó el 2019 manteniendo las tendencias económicas heredadas del 2018 en la Argentina: elevada inflación y consolidación de la recesión productiva con impacto regresivo sobre la mayoría empobrecida de la población.
Los pronósticos aluden a una elevación de precios que oscilará entre el 30 y el 35% contra actualización de salarios, jubilaciones, pensiones y planes sociales que perderán mayor capacidad de compra, la que se acumula a la perdida de los años previos.
El registro inflacionario de los precios minoristas en 2018 alcanzó el 47.6%, mientras que los precios mayoristas marcaron un 73,5% de aumento, asegurando un remanente de incrementos para el comienzo del 2019, con la lógica consecuencia de un registro elevado pronosticado para todo el año.
Como hemos sostenido, la inflación es un mecanismo de transferencia de ingresos, de los que menos tienen a los sectores de ingresos más concentrados, agravando el cuadro de desigualdad vigente en el país.
Desde los organismos internacionales señalan una caída de la actividad económica para el presente año muy por encima del -0,50 % pronosticado por el Gobierno en su presupuesto para el próximo año y que avalara el Parlamento, es decir, oficialismo y oposición cómplice.
La CEPAL alude a una caída del -1,8% y el FMI a una retracción similar del -1,7%, manteniendo la situación del presente año, que a noviembre del 2018 registra una caída del -2,2%, confirmando tres años recesivos de los cuatro de la gestión presidencial de Mauricio Macri, entre diciembre del 2015 y diciembre del 2019.
El tema de la recesión se agrava porque la menor producción de bienes y servicios derivada de la menor actividad económica tiene que distribuirse para consolidar la estructura del poder concentrado y por ende, hay menos para repartir. Agravado el tema con el condicionante del achique del gasto público para lograr el déficit fiscal primario cero, privilegiando cuantiosos pagos de deuda, asegurados con el ingreso de los fondos del FMI.
Se confirma así una situación que augura un año de empobrecimiento de la mayoría de la sociedad en beneficio del sector más concentrado, el que se explicita en el 10% de la población de mayores ingresos, que como mucho puede extenderse a una 40% en condiciones de superación del ingreso promedio percibido por la población en la Argentina.
Queda claro que los perjudicados de la realidad económica recesiva, tal y como se presenta al comienzo del año afectará al 60% según las propias estadísticas del INDEC.
Impacto en la política en un año electoral y de conflicto social
El interrogante es si esto afectará el objetivo reeleccionista de Macri para un nuevo periodo presidencial entre 2019 y 2023.
Bajo condiciones normales, tras un periodo de gestión de gobierno con deterioro de todos los indicadores sociales, podría vislumbrarse un voto castigo y la expectativa por un nuevo rumbo de la economía y la política.
Sin embargo, la división del peronismo opositor puede facilitar la renovación gubernamental del macrismo. Desde los medios se instala la voluntad electoral divida en tercios entre Mauricio Macri y Cristina Fernández, habilitando la posibilidad de terciar con otra candidatura. Son especulaciones que solo se resolverán cuando se inscriban las candidaturas que disputen la representación política institucional.
En estos días y a propósito del debate sobre Venezuela, la perspectiva estratégica de los principales referentes del peronismo y otros espacios con capacidad de liderar proyecto político electoral, apareció fragmentada en el apoyo al gobierno de Nicolás Maduro o a la injerencia extranjera y el aliento a un gobierno paralelo en la tierra de Bolívar y Chávez.
No es un dato menor a la hora de definir coincidencias ideológicas sobre el rumbo a definir para el desarrollo inmediato de la política en la Argentina.
Hasta la fecha solo juega la candidatura oficial de Macri, aun cuando algunos auguran variantes y opciones improbables en el macrismo, sea la gobernadora provincial bonaerense o el jefe gubernamental de la ciudad capital del país.
En el campo opositor con probabilidades de acceder al gobierno, son variadas las pre postulaciones sin quedar en claro el mapa de la confrontación electoral, especialmente en el balotaje, lo que se descuenta ante la imposibilidad de lograr alguna mayoría electoral en la primera vuelta de octubre 2019.
La incertidumbre al respecto impacta en una mayor presión del poder económico, los “inversores”, para que no se modifique el rumbo económico de ofensiva del capital contra el trabajo.
Más allá de la disputa por el Gobierno nacional, será 2019 un año de renovaciones en los ejecutivos provinciales, lo que supone una sucesión de elecciones primarias y finales entre febrero y octubre próximos; pero también de renovaciones legislativas en municipios, provincias y en la nación, con un debate político electoral extendido durante todo el año.
Claro que ese debate transitará en simultáneo con una conflictividad social creciente derivada de la reaccionaria política oficial.
Las discusiones políticas trascenderán el escenario electoral y se pondrán de manifiesto en la movilización y organización popular más allá del resultado institucional provincial y nacional.
El verano empezó con movilizaciones populares contra el incremento de las tarifas de servicios públicos, de agua, luz, gas o transporte.
Movilizaciones que recorren todo el territorito interpelando al conjunto de la sociedad y  conformando un entramado social y político que contiene a diferentes proyectos políticos electorales, los que no necesariamente confluirán en propuestas unificadas en el proceso electoral.
La imposibilidad de pagar cuentas por parte de las familias o sectores sociales populares organizados en clubes sociales, organizaciones barriales e incluso pequeñas y medianas empresas, convoca a organizar el reclamo por la condonación de las deudas con empresas prestadoras de servicios públicos o entidades financieras que aplican intereses imposibles de cubrir por las menguadas economías familiares y populares.
Desde el movimiento sindical se procesan las condiciones para un paro general antes de finalizar el verano, confluyendo con la tradicional discusión sobre el conflicto educativo a comienzos del año escolar. Los docentes universitarios, con inicio de clases previsto para febrero en algunas casas de estudios, amenazan con paros si no se recupera la escandalosa cifra perdida en 2018, agravada con la perspectiva del 2019.
Es una situación que se comparte con estatales de diversas actividades que sufren la aplicación del ajuste fiscal.
Los programas en lucha
El debate político ya está planteado más allá de las elecciones de renovación de cargos institucionales.
Se asocia la discusión a los niveles de organización popular necesarios para constituir un proyecto político que supere los límites que instala el programa del poder.
Un programa que se sustenta desde el gobierno y la complicidad opositora en el Parlamento y que para el 2019 tendrá epicentro en la reforma laboral y previsional, contenidas en el acuerdo con el FMI y como demanda estratégica del poder económico local y mundial.
La respuesta desde el movimiento obrero, para el caso argentino es sustancial, pues se trata de uno de los países de mayor sindicalización en la región y con una larga tradición de lucha, especialmente con capacidad de convocar y realizar paros nacionales.
Sujetos movilizados en lucha, construyendo un programa propio más allá del resultado electoral, aparece como desafío popular para construir propuesta política alternativa que supere los límites de una coyuntura que aparece definida por la continuidad de las políticas de ajuste contempladas en el acuerdo con el FMI.
Buenos Aires, 28 de enero de 2019

LA IZQUIERDA TIENE PRESENTE Y FUTURO


Respuesta a Jorge Sigal por su nota en LN del 23/01/19: “El duelo pendiente de una izquierda melancólica y con amnesia”
“LA IZQUIERDA TIENE PRESENTE Y FUTURO”
Por: Julio C. Gambina
Al leer la nota de referencia me sentí interpelado en mi carácter de Presidente de una entidad de pensamiento, que se asume marxista, la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.
Sigal escribe sobre un supuesto duelo respecto de una riquísima tradición y experiencia que pretende sea asumido por el conjunto de la izquierda. Aclaro que este año que pasó, desde la FISYP realizamos un Seminario sobre “Marx y la Política. El legado de Carlos Marx a 200 años de su nacimiento: la fragmentación del movimiento obrero”, con la participación de intelectuales y dirigentes sociales sindicales y territoriales, de Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Haití, México, Paraguay, y de varias ciudades argentinas. Las ponencias pueden leerse en nuestro sitio en internet, en: https://fisyp.org.ar/media/uploads/regular_files/periferias-26.completo10.12.2018.bis.pdf
En esa oportunidad dimos cuenta sobre la tradición y el presente de la revolución, el anticapitalismo y el proyecto irresuelto del socialismo. Claro que un año antes habíamos convocado a un debate sobre los 100 años de la revolución de Octubre, lo que supone sustentar el objetivo vigente de transformar la realidad e intentar construir una sociedad opuesta a la que violentamente construye el capitalismo en forma cotidiana. No se trata de repetir situaciones de antaño y de modo irreflexivo, sino de considerar bajo las nuevas condiciones del desarrollo social, la necesidad de criticar y superar al capitalismo, claro que ello incluye la crítica, no la destrucción, a la teoría y práctica de la Revolución.
Violencia en el capitalismo
Hay que reflexionar sobre la actualidad, por caso el Foro de Davos que en estas horas está discutiendo bajo las consignas del Clima y la Desigualdad. Son dos aspectos derivados del modelo productivo y de desarrollo capitalista en el orden mundial. No es el clima el problema, sino el impacto en la Naturaleza de la deforestación y las formas productivas que exacerban y privilegian las ganancias por encima de cualquier consideración relativa al respeto a la naturaleza o a la huella ecológica. Podemos creer o no en la sensibilidad de los protagonistas del Foro Económico Mundial, pero ahí se presenta el Informe OXFAM que equipara la riqueza de 26 multimillonarios a las de la mitad de la población mundial. Ambas cuestiones en debate, el calentamiento global y la acumulación de gases de invernaderos, junto a la creciente concentración de riqueza y desigualdad constituyen los elementos más evidentes de la violencia sistémica.
Nada de esto aparece en la nota de Sigal, solo la crítica a la violencia de la izquierda en todo su trayecto desde 1917, pasando por experiencias que aun requieren análisis sobre su legado e incluso presente, casos de la Unidad Popular de Salvador Allende o la gesta del pueblo de Vietnam.
Pero también la OIT difunde su Informe sobre el futuro del trabajo, a propósito del centenario del organismo (1919-2019). Destaca la OIT la realidad de 190 millones de desempleados, o los 534 millones de empleo necesario hacia el 2030 para terminar con el flagelo del desempleo; o los 2.000 millones de trabajadores con sustento en la economía informal. Menciono el tema porque si algo preocupa en la Argentina, la región y en el mundo son las presiones para una reforma reaccionaria de las relaciones laborales y el régimen previsional. Los datos presentados por la OIT aluden a la violencia del sistema, cuando en la nota de Sigal, la preocupación transita por el fracaso de la izquierda, enfatizando su carácter violento y antidemocrático.
Puede pensarse por omisión que se escamotea a la dictadura del capital y sus horrendos crímenes cotidianos en México o Brasil, en Haití, Honduras, Guatemala o Colombia, por solo mencionar los casos más emblemáticos en la región. En el cierre nos convoca “…a matar al muerto. Para salir de la melancolía e imaginar un mundo en que la vida y la libertad sean valores no negociables”. El “muerto” es la experiencia de la izquierda sin importar “diferenciar entre quienes estaban o no alineados con Moscú”. Se carga Sigal a toda la izquierda y sus experiencias, sin considerar esa práctica de búsqueda que sobrevive muy a pesar de quienes entierran a Marx, a Lenin, a Rosa Luxemburgo, al Che o a Fidel Castro, personalidades que animaron y animan el debate teórico y político en la perspectiva de un mundo sin explotación, aun hoy, ya entrado el Siglo XXI.
Nuevas formas de la violencia y la intromisión del poder
Su acusación contra las experiencias de cambio político en los últimos años, a las que alude como populismos y con apoyo de la izquierda, no tiene en cuenta el accionar deliberado de los sectores hegemónicos y dominantes que batallan con noticias falsas y nuevas formas del golpe de Estado, vía intervención venal de la Justicia o Parlamentos corrompidos por los negociados propios del orden capitalista. No pretendemos ser acríticos de las experiencias revolucionarias, de las centenarias, o de las más recientes, incluso de las denominadas populistas, pero todas en conjunto constituyen un acervo que merecen ser estudiadas a fondo.
Dice Sigal que existe mimetización con populismos más cercanos al fascismo que al socialismo. Categoría difusa si la hay es la de populismo, que puede remitir a propuestas a la derecha o la izquierda del arco político. ¿Es el intento de construir una integración productiva solidaria en materia de alimentos o energía una propuesta fascista o socialista? ¿Promover una nueva arquitectura financiera para el Sur suponía demagogia, fascismo o intento de avanzar en potenciales caminos anticapitalistas?
¿Acaso remite al papel de las Fuerzas Armadas en apoyo de algunos de estos procesos? Si así fuera, hace falta mayor explicitación y precisión en la crítica, de lo contrario, parecen argumentos amigables con la crítica reiterada de la derecha tradicional y en defensa del orden capitalista.
Puede no resultar sencillo contestar los interrogantes, pero solo son preocupaciones construidas en estos años en novedosos intentos por recrear contemporáneamente las propuestas de izquierdas y por la revolución socialista que animan debates que Sigal omite.
De ofensivas y contraofensivas
Sigal comienza su relato con la muerte de Salvador Allende y la asocia a Fidel y al AK regalado por éste al presidente de Chile, asociando por añadidura a la URSS. No hay mención en la nota a Pinochet, al papel de EEUU en el apoyo y promoción del terrorismo de Estado en Chile y luego en toda Sud América, el plan Cóndor, verdadera transnacional del crimen. Ese momento, hacia septiembre de 1973 combina una gigantesca caída de la tasa de ganancia del capital mundial y la máxima acumulación de poder popular y anticapitalista, con el triunfo y despliegue de la revolución cubana y muy especialmente con la victoria de Vietnam sobre la intervención militar estadounidense.
La ofensiva capitalista define, vía neoliberalismo (Friedman y la escuela de Chicago) la eliminación de toda experiencia reformista o revolucionaria que atente contra el régimen del capital y por eso se redobla la agresión hacia los pueblos e incluso las estrategias revolucionarias o reformistas, comunistas o socialdemócratas. Desde entonces se confronta con cualquier estrategia reformista o de “progreso” como alude el autor. La flexibilidad laboral, las privatizaciones y la apertura para el libre movimiento de capitales se construyen por la violenta política de las clases dominantes, aquí, allá y por doquier. Esa ofensiva neoliberal está ahora en crisis, con Trump, el Brexit o Bolsonaro y sus propuestas nacionalistas, y hasta resulta paradójica la defensa de la globalización efectuada desde China.
Por eso, ahora los pueblos tienen el desafío de retomar la tradición de confrontación anticapitalista, la de ayer y la del presente, para asumir las tareas actuales, por la igualdad, contra el colonialismo, el capitalismo, el imperialismo, contra el patriarcado y toda forma de discriminación y racismo. Si hay que condenar acciones que deshonran a la izquierda o incluso, quieran o no, consolidan el proyecto de los que dominan, eso debe circunstanciarse, pero no tirar toda la experiencia histórica del proceso de confrontación contra el orden capitalista.
Finalmente, vale señalar que si bien el texto de Sigal se centra en los procesos del siglo XX y XXI, en realidad obtura la misma idea del progreso social y la aspiración a una sociedad justa e igualitaria.
Buenos Aires, 24 de enero de 2019