Macri y la flexibilidad del FMI


Existe sorpresa por la tolerancia del FMI ante la insostenible situación económica de la Argentina, que no puede cumplir a mediano plazo con los compromisos de cancelación del préstamo. Oportunamente se acordaron préstamos por más de 56.000 millones de dólares, y los desembolsos realizados con regularidad alcanzan los 39.000 millones de dólares. El grueso del monto total se acreditará antes de finalizar el mandato gubernamental. También existen recurrentes acuerdos para modificar pautas de condicionalidad inscriptas en los sucesivos convenios, algo que se reiteró en estos días pasados ante las turbulencias y la volatilidad cambiaria.
La volatilidad se expresó al cierre de la semana pasada, luego de alzas y bajas en la cotización del dólar con subas de las tasas de interés que bordearon el 74%, una cotización de 46 pesos por dólar y un riesgo país cercano a los mil puntos. La expectativa es que el dólar no supere los 51,44 pesos hacia fin de año y por eso se utilizan los recursos del FMI para atender la demanda de divisas para fuga de capitales, algo no permitido por el propio FMI y que sin embargo se le facilita al gobierno de Macri. Se incumplen los estatutos de la organización internacional para sostener al gobierno macrista y si se puede, que se reelija por un nuevo período.
Es algo que puede costarle caro al staff del FMI y que, sin embargo, a EEUU, el mayor accionista del FMI y con su capacidad de veto, parece no interesarle colocar todos los fondos necesarios para mantener a Mauricio Macri en el gobierno. Se trata de una operación a medida de las necesidades políticas del gobierno de la Argentina, pero también del gobierno de EEUU.
Vale recordar que el primer pacto de Macri con el FMI data de junio del 2018, realizado de urgencia ante la corrida cambiaria ocurrida desde abril del año pasado. Solo se entiende la celeridad en la toma de decisiones por la sintonía política y objetivos y estrategias de Trump y Macri, de ambos gobiernos.
El acuerdo fue pautado para tres años, y rápidamente, a los 90 días, en septiembre, se corrigió el convenio ante la imposibilidad de cumplir con lo pactado. No hubo problemas en el FMI para redefinir las cláusulas del convenio y se aceleraron los desembolsos. El motivo fue asegurar el plan financiero del gobierno Macri antes de finalizar el primer mandato en diciembre del 2019. La cotización del dólar pasó en este tiempo, de 20 a 46 pesos, con todo lo que ello significa para el traslado a precios y en redistribución de ingresos para potenciar la desigualdad.
La política de EEUU es la que se impone
Queda claro el interés del FMI y atrás de este, de EEUU para blindar económicamente la política del gobierno argentino, imprescindible para la lógica de la política exterior estadounidense hacia la región latinoamericana y caribeña, el territorio propio, o de cercanía, para la disputa del poder mundial.
Las condiciones de la política y la disputa mundial actual son las que imponen la flexibilidad del FMI con la Argentina. No se trata de pedidos de perdón del país deudor como es lo habitual, sino de total connivencia entre los ámbitos de decisión en EEUU y en Argentina, mediados por el staff del FMI.
Argentina fue el motivo de un cambio de la política de EEUU en el FMI en la crisis del 2001 y por eso la interrupción de los desembolsos y la posterior cesación de pagos. El FMI cambió su política de asistencia, manifestada en la crisis asiática o brasileña en 1997 y 1998. Era otro momento de la situación mundial y no importaba hacer caer al gobierno de turno en la Argentina. Ya sabemos el impacto socioeconómico del 2002 luego de la devaluación, con 57% de pobreza y más de 21% de desempleo hacia mayo del 2002.
La situación actual es diferente y especialmente a los efectos de la política estadounidense en la región. Un gobierno de derecha y alineado con EEUU como el macrista resulta imprescindible para intervenir en la mutación del rumbo político y económico de la región, aun cuando los datos económicos sociales en la Argentina sean alarmantes, con 10% de desempleo y un tercio de la población bajo la pobreza. Trump necesita la continuidad de Macri en el gobierno y si no, la máxima condicionalidad ante cualquier cambio de gobierno. Solo así se entiende la magnanimidad en el sostenimiento financiero, que hipoteca al país a futuro.
Una conclusión no menor es que la hegemonía política mundial y local manda sobre las consideraciones económicas. El presidente del FMI siempre fue europeo según los acuerdos de Bretton Woods en 1944, pero con el porcentual de votos de EEUU en el Directorio del FMI, el segundo al mando del organismo, un estadounidense, es el que decide en última instancia. Fue Anne Krueger en 2001 y es David Lipton en 2019. Ambos alineados y subordinados al gobierno de EEUU.
La situación se agrava por la relación entre EEUU y sus socios europeos, no solo por la cuota de decisión en el FMI, sino que la política exterior estadounidense en este momento agudiza contradicciones, no solo relativas al financiamiento con la insostenible situación de la Argentina. EEUU ha decidido, por razones esenciales de la economía y la política confrontar con la realidad regional, especialmente contra Venezuela y Cuba, extensión a todo país en donde se intente formular una política de autonomía e independencia.
Para esa política exterior de EEUU se necesita de gobiernos afines a sus objetivos e intereses. El ascenso al gobierno de Macri en 2015 y el consenso electoral reiterado en 2017 lo puso como socio privilegiado para los afanes de EEUU y el gobierno Trump en la región y así modificar el clima de cambio político puesto de manifiesto en los primeros años de este siglo. La llegada de Bolsonaro al gobierno de Brasil incorpora otro socio a esa política. Aun siendo un país más poderoso que la Argentina, resta la estabilización política que confirme una nueva hegemonía en Brasil y que sea confiable para la política exterior de EEUU. Otros regímenes de derecha en la región no resultaban tan confiables como la deriva del cambio de gobierno en argentina y potencialmente ahora en Brasil.
El boicot económico a Venezuela y las múltiples amenazas y acciones para desestabilizar al gobierno venezolano tienen una aceleración desde la inclusión de la Argentina como socio de privilegio del club de países subordinados a la lógica de Washington. La iniciática estadounidense alcanza a Cuba y por eso se revierten las medidas de acercamiento iniciadas en la gestión Obama. La eliminación de la suspensión del Capítulo III de la Ley Helms-Burton apunta en ese sentido y puede tener consecuencias gravísimas, no solo para Cuba, sino y muy especialmente para capitales europeos que gestionan propiedades en Cuba.
Por todo ello, es que no solo se trata de los negocios con Venezuela o las diferencias sobre la capacidad de pago de la Argentina en el FMI, sino de intereses nacionales definidos desde Washington y con impacto regional y mundial. Al mismo tiempo debe considerarse el creciente papel de China en la región y las nuevas incursiones de Rusia, asociadas a su estratégico acuerdo con la potencia asiática y que tanto preocupa a EEUU.
Capitalismo, anticapitalismo e hidrocarburos
Preocupa a EEUU la definición anticapitalista de rumbos políticos en la región, pero más la necesidad estratégica de dominación del petróleo y otros recursos naturales, abundantes en Nuestramérica.
Los hidrocarburos son insumos estratégicos en la producción mundial y EEUU es el principal consumidor mundial y aun recuperando el papel de principal productor en 2015, fracking mediante, requiere asegurar la provisión petrolera en el mediano plazo ante el agotamiento de las reservas mundiales. Por eso interesó e interesa Irak, Irán, Libia y las acciones militares, diplomáticas, económicas y políticas impulsadas sobre esos países, con costos inmensos para sus pueblos.
Venezuela es la mayor reserva probada de petróleo y a pocos días de traslado para el abastecimiento estadounidense. Argentina es la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional, con Vaca Muerta como yacimiento de privilegio. Es el destino esperado de las inversiones externas que tanto demanda y espera el gobierno de Macri, del PRO y Cambiemos. Por eso Argentina está involucrada en la sociedad de privilegio con EEUU y sus acciones contra Venezuela y Cuba.
El gobierno de la Argentina y los proyectos políticos que lo disputan quieren ser los administradores de la explotación energética en Vaca Muerta y, por ende, beneficiarios de la lluvia de inversiones. El boom de los hidrocarburos no convencionales se imagina similar al provocado oportunamente por la soja transgénica en los años 90 y que esta cosecha demuestra con su nuevo récord de producción y exportación.
Con el precio del petróleo nuevamente en alza y su carácter estratégico se ilusionan los a grandes capitales locales y globales para alzarse con ganancias derivadas de la renta petrolera y gasífera. Esto es lo que preocupa al poder sobre la cuestión argentina. El tema es quién administrará esa riqueza y bajo qué condiciones estructurales para la explotación de los hidrocarburos no convencionales.
Hay quienes consideran un fracaso el gobierno Macri y se preguntan para que quiere seguir en la gestión por un nuevo periodo. El asunto es que la llegada de inversiones está subordinada a algunos cambios estructurales que todavía no se pudieron implementar, que estaban en el imaginario de la política oficial y que la organización popular impidió. Esos aspectos están enunciados en el decálogo sometido en estos días al diálogo para el compromiso de acción futura en la política pública.
Los diez puntos sometidos a discusión para un acuerdo político con la oposición “responsable” y que el poder económico local salió a defender se asocian al ajuste fiscal, la apertura económica a las inversiones externas, facilitando condiciones para su desembarco con cambios en el régimen tributario y muy especialmente con las reformas laboral y previsional, todo para favorecer ganancias empresarias.
Esos aspectos remiten a la esencia del acuerdo con el FMI y por eso, el decálogo ofrecido para suscribir en el diálogo político es una iniciativa para disputar el consenso electoral desde acuerdos relativos a “políticas de estado” que dinamicen el desarrollo del capitalismo local. Son asuntos implícitos en el acuerdo con el FMI y que hacen al nuevo tiempo del desarrollo capitalista global.
¿Qué rumbo para la Argentina?
La discusión es sobre el rumbo de la Argentina, consolidando el modelo productivo asentado en el agro negocio, la mega minería a cielo abierto y los hidrocarburos no convencionales, asociado a una lógica especulativa en lo financiero, con una deuda externa creciente que lo financia, u otra dinámica productiva y de desarrollo que colocaría al país por afuera de la razón contemporánea del capitalismo.
No hay dudas sobre la inclusión en la primera opción de buena parte de la oferta electoral en construcción y que podrían, más allá de suscribirlo con firma explícita, el programa de los 10 puntos colocados al debate desde el gobierno de Mauricio Macri.
El debate es sobre la construcción de un proyecto político que sustente la opción alternativa, que no solo discuta el rumbo en curso, sino que organice conciencia colectiva para transitar un camino no explorado y que encontrará todo tipo de obstáculos para su desarrollo. Es lo que se aprecia en Cuba por seis décadas o más recientemente en Venezuela y todo intento de cambio para favorecer mejores condiciones de vida a la mayoría empobrecida.
La lucha social impidió hasta ahora el éxito en los cambios estructurales pensados desde el poder. Este cambio estructural es el horizonte imaginado para el futuro inmediato por los que mandan y pretenden continuar haciéndolo, los de adentro y los de afuera. Tanto Macri como los que disputan el gobierno pretenderán afirmar esos cambios estructurales en el nuevo periodo presidencial. La tradición de organización y resistencia popular de la Argentina continuará retrasando esos cambios institucionales regresivos, que sin embargo progresivamente se instalan en la vida cotidiana, como la flexibilización laboral, el cambio de función del Estado o la subordinación creciente a la lógica mundializada impuesta por las transnacionales. Claro que se requiere frenar la desarticulación socio política del fragmentado movimiento popular.
Esta dinámica de la lucha de clases en la Argentina es la que empantana una solución a la puja distributiva manifestada como inflación, por lo que la lucha contra la inflación es estructural y política. Remite a quien vence a quien. Derrotar al movimiento obrero y popular resulta sustancial para el poder, al tiempo que esa capacidad de resistencia demanda constituirse en poder político no solo para resistir el objetivo del poder, sino para encaminar un nuevo rumbo que no tiene lugar bajo la lógica capitalista.
Nuestra reflexión apunta más allá del desenlace electoral en 2019, pero resulta imprescindible su discusión para que toda construcción electoral con pretensión transformadora asuma el desafío de un futuro para revolucionar el orden económico y social. No alcanza con evitar un nuevo gobierno de Macri o de similar objetivo, aun siendo “opositor” e impulsado por el “peronismo racional”. Claro que no es lo mismo que continúe Macri por un nuevo periodo a que haya un freno electoral al proyecto del poder, pero pretendemos llamar la atención sobre aspectos que en general no encuentran eco en el debate de la política actual.
Buenos Aires, 5 de mayo de 2019

El Primero de mayo de 2019 ante la ofensiva capitalista


Hacia 1890 se celebró por primera vez el día internacional de los trabajadores, que pasó a ser desde entonces un día de lucha por las reivindicaciones de las trabajadoras y trabajadores de todo el mundo.
Desde el origen se trataba de poner en evidencia ante la sociedad las demandas democráticas y revolucionarias expresadas por el movimiento obrero que ya tenía identidad internacional desde la Asociación Internacional de Trabajadores constituida en 1864.
Las reivindicaciones democráticas se expresaban, entre otras cuestiones, en la demanda por las 8 horas de trabajo y mejores condiciones laborales, y entre las revolucionarias se manifestaban en la disputa del poder para la emancipación de los trabajadores, en la lógica del intento desplegado en su momento por la Comuna de París en 1871.
¿Por qué recuperar las fechas de 1864, 1871 y 1890 en 2019?
Porque son momentos de constitución de un sujeto colectivo con capacidad de discutir el poder de las trabajadoras y los trabajadores contra la burguesía y el orden capitalista, un orden que mutaba desde la realidad de la libre concurrencia a la dominación monopolista y al imperialismo.
Era un tiempo en que se visibilizaba y se hacían realidad las dos estrategias confrontadas en la lucha de clases, para consolidar la lógica del capital o para confrontarla. Vale la recordación porque pocos años después, a fines de 1917 y en Rusia se haría la experiencia del primer intento de construir una sociedad no capitalista.
Comenzaba una nueva historia en la lucha de clases que pondría en crisis al orden capitalista hacia 1930. La respuesta del poder burgués fue entonces, por única vez a la defensiva, con el Estado de Bienestar y las políticas reformistas definidas en el keynesianismo.
El keynesianismo se constituyó en la corriente principal del pensamiento económico entre 1945 y la emergencia del neoliberalismo hacia 1973-76, con el monetarismo ortodoxo y Milton Friedman receptando el Nobel del Banco de Suecia en 1976. Eran tiempos de dictaduras genocidas en Sudamérica, territorio del ensayo neoliberal.
Con el neoliberalismo se retomaba la histórica ofensiva capitalista, abandonando la etapa de la defensiva del medio siglo entre 1930 y 1980, para ya no volver.
Hay quienes sostienen, desde la crítica al neoliberalismo, que es posible revivir el reformismo del paradigma keynesiano y quienes sostenemos que la transnacionalización de la economía solo habilita el desarrollo de una acumulación de poder popular del movimiento obrero y social para ir más allá y en contra del régimen del capital.
Por ende, no alcanza con la crítica al neoliberalismo, sino que se requiere profundizar en la crítica al capitalismo.
Esta última es una lógica asociada a las primeras fechas enunciadas en esta nota, incluso a 1848 y el primer grito del manifiesto demandando la unidad mundial de los trabajadores.
Consecuencias de la ofensiva del capital
Asistimos a una lucha de clases desequilibrada a favor de los capitales más concentrados, las corporaciones transnacionales, las que pretenden en todo el mundo reaccionarias reformas estructurales que eliminen derechos laborales, previsionales y sociales, individuales y colectivos.
Las transnacionales se apoyan en los principales Estados del capitalismo mundial, con la connivencia de la mayoría de los Estados que consolidan la dependencia ideológica, política y cultural; pero también asociados a los organismos internacionales que bregan por una institucionalidad centralizada del poder del capital.
En rigor, la ofensiva no es solo contra trabajadores y trabajadoras, sino que también es contra la naturaleza y la sociedad. El saqueo de los bienes comunes y la contaminación asociada al cambio climático evidencia el privilegio a la ganancia y a la acumulación del capital por encima del cuidado del hábitat y el planeta tierra.
Por su parte, el aliento al consumismo y la deliberada obsolescencia programada demuestra el despilfarro de un modelo productivo y de desarrollo a contramano de los derechos humanos y de la naturaleza, destruyendo la propia civilización humana.
En ese camino, el capital construye su ofensiva desde la hegemonía del pensamiento y la manipulación de las ideas vía redes sociales y medios de comunicación.
Alcanza volumen la estrategia con las “fake news”, con las cuales disputan consenso social para exacerbar la lógica individualista en el momento de mayor socialización de la producción, tal como lo anticipó Marx en la Introducción a la Contribución a la Crítica de la Economía Política. Un escrito esencial de un joven Marx que empezaba a encontrar la explicación del eslabón perdido en la Economía Política: el origen del excedente, la plusvalía, y con ello la fundamentación de la revolución.
Más, junto al fundamento teórico, las tareas de los clásicos de la crítica de la Economía Política asociaron su práctica cotidiana a la construcción de experiencias que permitan transformar la realidad, contribuyendo a construir sujetos, programas e instrumentos políticos y sociales que hagan realidad la formulación conceptual por el cambio de régimen.
La teoría de la revolución se asociaba a la práctica social por la transformación, articulando lo reivindicativo democrático con la demanda por la revolución. Es una síntesis de lo que se pretende en cada conmemoración del primero de mayo.
Volver a fundamentar el proyecto de la emancipación
La historia no se repite linealmente, pero es conveniente estudiar el proceso de su evolución y considerar los momentos de las ofensivas y contraofensivas de las clases en el poder y de quienes se lo disputan.
Resulta imprescindible conocer la lógica actual de funcionamiento del régimen del capital, que sigue esencialmente sustentado en la extracción y acumulación del plusvalor, pero bajo las condiciones de un nuevo ciclo de innovación tecnológica y formas de dominación del saber hacer y la cultura social, que involucra niveles inusitados de violencia y barbarie.
Pero no solo se trata de las relaciones de producción, sino de la manufactura del consenso a la cotidianeidad, lo que supone variados mecanismos de ejercicio de la dominación del capital, ideológicos y represivos. Son cuestiones imprescindibles no solo para la crítica teórica sino para asociar los fundamentos de la crítica a la organización de las clases subalternas en la disputa del poder.
En nuestro tiempo se consolida un mensaje relativo al futuro del trabajo, como si la innovación técnico científica desalojara a la fuerza de trabajo, expresión del trabajo vivo, sin comprender que ésta es la que desarrolla a las fuerzas productivas en su integralidad. Se trata de recuperar la esencia de la ley del valor y ratificar con los clásicos de la Economía Política que el capital es trabajo acumulado.
Afirmamos que sin trabajo no hay futuro y en todo caso lo que se necesita es ajustar las reivindicaciones democráticas del movimiento obrero, especialmente ante casi 180 millones de desempleados en el mundo según la OIT, o un 25% de la fuerza laboral global bajo la pobreza según el organismo centenario, que confirma el crecimiento de la inseguridad social en la contratación contemporánea de la fuerza laboral, que certifica la tendencia a la precarización del empleo derivada de la ofensiva del capital.
¿Por qué no reducir la jornada laboral, sin reducir salarios, ante la dimensión del avance tecnológico y científico? Resulta posible distribuir el empleo sobre el conjunto de la población y evitar el fenómeno del desempleo, la baja del salario y de los ingresos populares.
Es posible asegurar junto a la mayor expectativa de vida de la población mejores condiciones sociales, de ingresos y prestaciones sociales de jubiladas y jubilados. La longevidad es una buena noticia y no un mecanismo de preocupación para la supervivencia de la población mayor.
También se necesita discutir los mecanismos actuales de intervención para la transición del capitalismo al socialismo, lo que supone desplegar estrategias anticoloniales, anticapitalistas, antiimperialistas, contra el patriarcalismo y toda forma de discriminación y racismo.
Para ello se requiere retomar la máxima histórica de la unidad de todas las trabajadoras y todos los trabajadores del mundo.
Buenos Aires, 1 de mayo de 2019

El poder busca consenso electoral para aplicar el ajuste


Macri, el PRO y Cambiemos consiguieron consenso electoral en 2015 y 2017, con lo cual sustentaron el programa de ajuste en curso, con deterioro creciente de todas las variables económicas y sociales. Por eso, al tiempo que crece el desempleo, la pobreza y la desigualdad, junto a la concentración económica y la extranjerización, aparece el agotamiento en el consenso a la política oficial.
La inflación y la recesión son una realidad para definir el rumbo de la dominación, con impacto regresivo en la sociedad, impactando fuertemente en quienes perciben los menores ingresos y que constituyen la mayoría de la población. Son realidad porque son procesos deliberados en la disputa del poder. La recesión es provocada por el gobierno, para ajustar, aunque se le escape el tema precios. Estos aumentan como parte de la disputa entre fijadores de precios para ver quien acumula más riqueza socialmente generada. No solo hay distribución regresiva del ingreso entre el capital y el trabajo, sino que opera también una disputa por la renta entre los propios empresarios.
En ese cuadro, en estos días se agravó la situación, con nuevas alzas del tipo de cambio, con un dólar a 47 pesos, o un riesgo país cercano a los 1000 puntos, evidenciando la imposibilidad de pago de la deuda externa acrecida durante estos años en unos 185.000 millones de dólares. Todo puede seguir aumentando. El dólar no tiene techo y mientras alto cotice más fácil será el logro por sostener el déficit cero de las cuentas públicas, e incluso buscar el superávit exigido por la ortodoxia. El riesgo país es la presión internacional para acelerar el ajuste y las regresivas reformas laborales, previsionales y tributarias. La deuda seguirá refinanciándose tanto como se quiera, a cambio de nuevas rondas de ajustes. Los acreedores externos, más que cobrar, pretenden condicionar el cambio reaccionario.
Estas devaluaciones de la moneda son palmaria demostración del ejercicio del ajuste y se traslada a los precios, más allá de los “precios esenciales”, apenas 64 productos sobre una base de miles necesarios en el abastecimiento cotidiano. Algunos se sorprenden por la evolución de tal o cual variable, cuando todas y cada una de ellas son variantes del ajuste buscado por el poder económico y político, local y mundial. Ese conjunto de bienes y servicios del universo cotidiano de consumo sufren modificaciones en sus precios y afectan la vida diaria por la carestía. Solo a modo de ejemplo podemos verificar como las petroleras ya anuncian un 5% de incremento de los combustibles para mayo, y a no dudar, eso se transfiere a precio.
Sobre esta realidad y para intentar frenar la volatilidad cambiaria, la tasa de interés establecida desde el BCRA vuelve a superar el 70% (71,87% para las LELIQ del 26/4 según el BCRA) y persevera en un costo usurario para cualquier proyecto familiar, productivo o de desarrollo. Lo concreto es el estímulo a la especulación financiera para los pocos en capacidad de invertir excedentes en la timba de las finanzas. De hecho, basta observar el movimiento del saldo de las reservas internacionales para verificar que los ingresos de divisas desembolsados por el FMI o por liquidación de exportaciones favorecen la fuga de capitales. Si el 9/4 había 77.481 millones de dólares de Reservas internacionales, dos semanas después, el 24/4 quedaban 72.330 millones de dólares.
¡¡¡Son 5.151 millones de dólares menos en dos semanas!!! Después argumentan que en el país no hay recursos disponibles para inversiones productivas, ¡¡¡increíble, pero real!!! No a todos les va mal. Esos miles de millones se acreditaron en algunas cuentas, seguramente en el exterior o en activos externos, lo que incluye las cajas de seguridad.
Tan dura es la realidad económica y social que ahora se duda del mantenimiento del consenso electoral a la propuesta del oficialismo para gestionar otro periodo de gobierno y consolidar el cambio (reaccionario) del orden vigente. Crece el descontento social e incluso la protesta, que incluye un Paro Nacional con movilización para el próximo 30/4. Por eso, desde el mismo poder económico concentrado y extranjerizado se proponen adecuaciones en la oferta electoral de renovación presidencial, incluyendo hipótesis que demandan la abstención de la candidatura del presidente Macri. Aunque ello no ocurra, vale consignar la presión a Macri y su entorno más estrecho para acelerar los cambios que el poder demanda. Insistamos: reformas laborales, previsionales e impositivas.
El poder reconoce que, ante la baja de la consideración social al aporte del gobierno, ya no alcanza con el ajuste en desarrollo, ya que se necesita del consenso electoral para avanzar más allá de la contención del gasto público y promover reformas estructurales (laborales, previsionales y tributarias) para hacer rentable la inversión capitalista. Es una exigencia del capitalismo de época y no solo para la Argentina. Se trata de un programa que es hegemónico en el sistema mundial actual y que solo tiene resistencias nacionalizadas en función de la histórica organización social y popular en cada territorio.
Queda claro que en la Argentina no han podido torcer el brazo, aún, del movimiento sindical y social para realizar las reaccionarias reformas que requieren, pese a complicidades de organizaciones sindicales y sociales que retardan protestas y movilizaciones de confrontación con la estrategia del poder. Destacan suscripciones a la baja de convenios colectivos, caso de los petroleros en el sur patagónico para avanzar con las inversiones en Vaca Muerta, pero no pueden trasladarlo a otros sectores y territorios. Si alguien consulta por el conflicto energético cordobés, más allá de la pretendida privatización de la empresa pública (EPEC), lo que hay es una fuerte presión ´para modificar el histórico convenio colectivo de Luz y Fuerza de los tiempos de Agustín Tosco.
El objetivo del poder pasa por disciplinar a las organizaciones populares que retardan la adecuación estructural del capitalismo local a las demandas de la hegemonía neoliberal construida desde la política pública en las últimas cuatro décadas. El capitalismo, local y mundial ya no puede funcionar bajo las lógicas reformistas del Estado benefactor o su variante devaluada aplicada en nuestra región entre los 50 y los 70 del siglo pasado. Por eso el neoliberalismo ensayado bajo las dictaduras del Cono Sur entre 1973 y 1976, generalizadas luego en el capitalismo mundial en los 80 y 90, viene por más, que no es otra cosa que revertir derechos conquistados por más de un siglo. Insistamos, no es solo una cuestión nacional, es global.
La onda temporal pasa por la reestructuración regresiva de las relaciones laborales con precariedad del empleo, menos seguridad social y baja de salarios; pero también con la reforma del Estado vía privatizaciones, desregulación y nueva funcionalidad del Estado para sostener la demanda de ganancias y acumulación capitalista. Por eso no servía ni sirve para el poder la integración no subordinada en la lógica del ALBA, la CELAC e incluso Unasur. Estas dos últimas, aun conteniendo a regímenes de orientación contradictoria, no incluían la presencia de EEUU y Canadá, discutiendo así la hegemonía imperialista para la región.
En síntesis, el ajuste avanza con la política oficial consensuada y avalada por una oposición institucional complaciente, sin espacio por ahora para profundizar en líneas de intervención directa en cambios estructurales por la subsistencia de un movimiento popular en la resistencia. Este obstáculo es el que hay que remover, aducen desde el poder. La disputa electoral interviene en esa dirección, ya que el que gane deberá confrontar el mayoritario apoyo conseguido en las urnas con una lógica en sentido inverso de crítica, protesta y búsqueda de alternativas que satisfagan necesidades populares ampliadas. Esa contradicción no se resuelve en el mercado, sino que será producto de fuertes iniciativas enfrentadas, entre el bloque del poder y los sectores afectados por la política hegemónica, lo que incluye la represión crecientemente explícita.
La batalla es política y se busca hacer funcionar el orden económico en tiempos de brutal ofensiva del capital. Algunos intelectuales, como Joseph Stiglitz, Nobel de Economía 2001, y otros economistas críticos de la ortodoxia cree que es posible volver a la política económica de hace 4 décadas, restableciendo un orden entre mercado y sociedad, ilusionando con una lógica que asocia democracia con capitalismo. Es bueno discutir esa tesis para pensar si es posible encontrar solución a las necesidades sociales y de la propia naturaleza en el marco del capitalismo.
El socialismo no tiene buena prensa, pero su búsqueda sigue siendo un faro que ilumina el presente y el futuro, por lo que a veces nos entusiasma indagar sobre la posibilidad de construir nuevas propuestas políticas, que rompan el tablero de lo previsible y se presente una propuesta en contra y más allá de la lógica del capital. Ello supondría romper la fragmentación de una izquierda amplia, más allá de partidos, que articule a grupos políticos, sociales, a personalidades y a diferentes trayectorias históricas que anidan en una perspectiva crítica al capitalismo y horizonte socialista. Puede parecer un sueño, pero en la víspera del día internacional de los trabajadores y las trabajadoras bien vale anteponer un deseo por hacer realidad de la utopía en tanto objetivo que nos permita caminar para inducir una lógica de transformación social.
Buenos Aires, 28 de abril de 2019

Medidas económicas para disputar consenso electoral y continuar con el plan de fondo


Antes de la “Semana Santa”, el gobierno argentino lanzó un paquete de medidas económicas[1] orientadas a contener a sus votantes, y si se puede, ampliar el consenso electoral para la renovación del ciclo de Macri en la gestión presidencial. Se trata de medidas de impacto político, más que económico.
La conclusión política señalada no es una novedad, ya que se reitera hasta el cansancio en todos los análisis y comentarios sobre los anuncios de estos días. Solo el gobierno imagina desde su relato económico, algunas posibilidades propagandísticas respecto de las medidas dispuestas. Lo que importa es transitar lo más rápido posible hacia las elecciones de agosto a octubre/noviembre, con la imagen de que algo se está haciendo para resolver el fenómeno de la inflación.
¿Alcanzará para ganar las elecciones? Puede que sí o que no, pero se elude el debate de fondo sobre el modelo productivo y los condicionantes instalados sobre la base del acuerdo con el FMI y el avance del agro negocios y los nuevos rumbos de la producción y exportación de hidrocarburos no convencionales, todo en el marco del aliento a la especulación financiera, la concentración y extranjerización de la economía local.
Entre los anuncios está el acuerdo de precios, de un poco más de 60 productos esenciales para la vida cotidiana, difundido como un “acuerdo de caballeros”. Increíble pero real, ya que no hay estructura oficial para controlar la efectividad de la medida. Todo lo que suene a control estatal está afuera de la ideología y la política del gobierno, por lo que en estos años de gobierno desarmaron toda organización de control. ¿Cómo controlarán ahora?
Todo se limita al “acuerdo” con formadores de precios, los que, precavidos, aumentaron antes de difundir los precios estabilizados hasta las elecciones de renovación presidencial. La mención a la caballerosidad de los fijadores de precios recuerda a Pugliese, ministro de Economía de Alfonsín cuando señaló que él había hablado al corazón de los empresarios y le contestaron con el bolsillo.  Recordemos que el capital no tiene sentimientos, sino objetivos de lucro.
Además del acuerdo de precios, se suspendieron los incrementos tarifarios del orden nacional, por lo que se acrecientan los subsidios a costo del conjunto de la sociedad. Ello supone mayor ajuste fiscal para consolidar el déficit fiscal cero, oportunamente acordado con el FMI.  Entre otras cuestiones, se ofrecen préstamos diversos, todo con fondos de la ANSES, además de facilidades de pagos de deuda con la AFIP.
Si se pretendía recuperar el consumo, ¿no era más sencillo poner dinero en el bolsillo de jubilados y jubiladas, tanto como a beneficiarios de planes sociales y a los trabajadores y trabajadoras de menores ingresos? Ocurre que solo se pretende dar la imagen de la preocupación por la carestía de la vida. Para ser enfático, no se pretenden soluciones reales que estimulen el consumo popular y mucho menos intervenir en la distribución progresiva del ingreso y la riqueza. Todo es maquillaje con fines electorales.
Junto al poder ejecutivo también hubo anuncios del BCRA[2], congelando el techo de la zona de intervención cambiaria en 51,45 pesos por dólar, por encima de lo cual se venden todos los dólares que se demanden. Además, hasta junio no se tendrá en cuenta la base de la brecha de no intervención, insinuando que el dólar puede bajar de precio en el corto plazo (39,75) y el Banco Central no saldrá a comprar divisas.
Lo que afirma el BCRA es que la devaluación está asegurada hacia fin de año, gracias a los fondos desembolsados por el FMI y unas reservas internacionales que superan los 77.000 millones de dólares, suficientes para aguantar en el corto plazo una corrida contra el peso. Lo anunciado por el BCRA induce operaciones financieras en pesos y trata de desestimular la demanda de dólares. Existe el convencimiento que, si se contiene el tipo de cambio, el dato en sí mismo contribuirá a potenciar el consenso electoral para un nuevo turno de Macri, el PRO y Cambiemos.
Iniciativa política electoral y críticas por derecha
Convengamos que se trata de una iniciativa política, con escaso impacto en la economía, aun cuando algunos sectores podrían beneficiarse con el abastecimiento de ciertos productos y como beneficiarios de crédito, pese a la excesiva tasa de interés, donde el crédito barato ronda el 50%, difícil de soportar por los sectores de menores ingresos.
Es común escuchar críticas al gobierno por inútil en materia de política económica. El argumento alude a la incapacidad en cuestión económica y a la ausencia de un programa. Son argumentos que provienen de sectores críticos por derecha. Aludo a los ultra-liberales, autodefinidos como “libertarios”, incluso como “anarco-liberales”, Espert, Milei o Giacomini. En el mismo sentido opinan ortodoxos de anteriores ajustes, caso de López Murphy, Carlos Rodríguez, u oficialistas críticos como Melconian o Santángelo.
Para estos, algunos en campaña, el ajuste y la reestructuración debe ser una política de shock y, por ende, critican el “gradualismo” y la “inutilidad” del gobierno. Proponen un ajuste y reformas estructurales sin anestesia, acudiendo incluso a proposiciones autoritarias como el “voto calificado” o a eliminar directamente el Estado, responsabilizando a la “política” en su conjunto. Quieren ya la reforma laboral y previsional, eliminado derechos laborales, sociales, individuales y colectivos, incluso, si fuera posible, hacer desaparecer las organizaciones sindicales y sociales. No es una crítica al clientelismo o a la corrupción sindical u organizacional del viejo modelo sindical, sino a toda forma de expresión social organizada en defensa de derechos de las clases subalternas.
Las reformas estructurales son necesarias, reclaman, para el desembarque de las ansiadas inversiones en los sectores que ofrecen elevados volúmenes de ganancias, caso del agro negocio con cosecha récord o la nueva Meca de Vaca Muerta para la producción y exportación de hidrocarburos no convencionales, y de trasfondo, como siempre, la deuda y la especulación financiera. En rigor, no es un discurso nuevo. Es el mensaje hegemónico con antecedentes en la dictadura genocida, en los 90 y ahora, con los matices de instrumentos, sea el terrorismo de Estado, la convertibilidad, desregulaciones y las privatizaciones, pero siempre en la perspectiva de las reformas regresivas: a) de las relaciones laborales, b) del cambio de función del Estado y, c) la subordinación a la lógica hegemónica de la transnacionalización.
Puede repetir Macri, o no, pero quedará el condicionante estructural de la regresividad esencial construida en el proceso 1975/76 hasta nuestros días, con los matices y retardos de procesos sociales y políticos sustentados en organización y acumulación social sustentadas en las resistencias a la dictadura o al menemismo, y que recientemente, de la mano y el vínculo con la región latinoamericana y caribeña devolvieron un imaginario de independencia, soberanía y perspectiva liberadora.
Esto último puede ser el punto de partida para presentar en sociedad una propuesta atractiva para transitar un rumbo a contramano de la lógica de la ganancia, pero esa es otra historia que está más allá de la dinámica electoral en curso.
Buenos Aires, 20 de abril de 2019


[1] Los ministros Dujovne, Stanley y Sica explicaron las medidas que adoptó el Gobierno, en: https://www.casarosada.gob.ar/slider-principal/45228-los-ministros-dujovne-stanley-y-sica-explicaron-las-medidas-que-adopto-el-gobierno (consultado el 20/04/2019)
[2] Informe de Política Monetaria, abril 2019, en: http://www.bcra.gov.ar/Pdfs/PublicacionesEstadisticas/Presentacion-IPOM-abril-2019.pdf (consultado el 20/04/2019)

Descontento, protesta y amenazas con el “cuco”


La inflación y la recesión golpean fuerte en la mayoría de la sociedad argentina y crece la protesta por el impacto económico, lo que motiva iniciativas para implementar políticas económicas impensadas en el oficialismo. Es que por vez primera suena la alarma de merma en el consenso electoral que dificulta los planes reeleccionistas. La “economía” empieza a intervenir en las opciones electorales de los votantes y peleigra la reelección de Macri.
Apareció ahora la intención de extender el programa de “precios cuidados” o considerar “acuerdos de precios” con principales cadenas de producción y comercialización, tanto como nuevas líneas de crédito con los fondos de ANSES, los de la seguridad social. Son medidas en las que la ideología liberal oficial no acuerda, pero se imponen ante el descontento creciente que reproduce la prensa, incluso la que puede ser considerada amiga. Algo hay que hacer, sostienen.
Queda claro que es una respuesta de tipo política para mantener las expectativas de consenso electoral en sectores que hoy tienen dudas en sustentar un nuevo periodo de Macri, el PRO y Cambiemos.
Las medidas no están dirigidas al núcleo duro de consenso ideológico, a quienes nada les debe satisfacer medidas “intervencionistas” como las mencionadas. Apuntan a disputar el consenso de una franja del nuevo y creciente descontento por el impacto social de la política económica. De implementarse durarían hasta las elecciones, luego, otra vez el ajuste sin anestesia, pero con el consenso de los votos.
Explícitamente el Jefe de Gabinete y en variadas ocasiones el Presidente han denostado cualquier mecanismo visibilizado como intervencionista, claro que al mismo tiempo impulsan una fuerte intervención del Estado en el establecimiento de la tasa de interés o en la suba de las tarifas de servicios públicos. Buena parte de la suba de precios en la actualidad se deriva de la intervención del Estado, caso de las autorizaciones en la suba de precios a pre-pagas, petroleras, o simplemente el cronograma de aumento de tarifas o la política monetaria y suba de tasas de interés.
Las opiniones críticas relativas al intervencionismo estatal son por lo tanto de tipo ideológico. El Estado siempre interviene, la discusión es a favor de quién. No hay dudas que el gobierno favorece a un núcleo reducido de beneficiarios en el ámbito de la especulación, la banca y el mercado de capitales, los grandes productores y exportadores y las empresas privatizadas de servicios públicos.
El nuevo problema para el gobierno y sus asociados es el crecimiento del descontento, que podría, dicho en potencial, entorpecer los planes reeleccionistas a fin de este año. Avisados del tema, la campaña en curso remite al “cuco”, que no es otra cosa que el retorno del “populismo”.
No solo el gobierno instala la cuestión, sino que también se procesa entre radicales y peronistas, incluidos los que imaginan que pueden desplazar de la primera magistratura a Macri desde fines del 2019. Remito a Lavagna, Massa, Urtubey, Pichetto, Lousteau entre varios de los que disputan la gestión del modelo. Por su parte, los aludidos como populistas pocas pistas otorgan sobre lo que harían desde el gobierno.
Así las cosas, ya no se discuten temas concretos relativos a cómo resolver las necesidades de la población, sino a una opción imaginaria entre el país populista o el moderno y liberal sustentado desde la fuerza en el gobierno, sin opciones para pensar e ir más allá de esas variantes.
La dificultad de la opción es que todos los indicadores sociales o variables en consideración, tales como la pobreza, el desempleo, la carestía de la vida, e incluso el riesgo país que mide el poder mundial, registran guarismos peores en el presente que en el denostado pasado inmediato adjudicado al populismo. Vamos a insistir que no apostamos al populismo, aun cuando queremos desmitificar la falsa opción presentada desde el poder.
Mucho se trabajó mediáticamente al “cuco”, con el populismo, Venezuela, o el socialismo, ejemplificado en Cuba o el fracaso de la URSS. No se trata de la defensa a libro cerrado de esas experiencias, o de gobiernos locales anteriores, denominados populistas, sino la posibilidad de pensar que no hay un solo camino para el presente y el futuro del país y del mundo.
Repican que el único camino posible es el actual, con el FMI detrás y por cierto el contexto del programa liberal que sustentan gobiernos de la derecha latinoamericana, obviando la tradición autoritaria y la corrupción que las sustenta junto a un regresivo impacto social en calidad de vida.
El descontento no supone la protesta en la misma dimensión, aunque ya tiene fecha el paro nacional para el 30 de abril, convocado desde un arco sindical y social diverso que no involucra explícitamente a la cúpula de la CGT.
La fecha de la protesta es previa al Primero de Mayo y resulta simbólica la conmemoración del día internacional de los trabajadores y las trabajadoras ante la ofensiva abierta contra los derechos sindicales, individuales y colectivos, patrón verificable en todo el mundo, muy especialmente con la demanda de reaccionarias reformas laborales, previsionales e impositivas.
Asistimos a un tiempo de revancha para el capital, en contra los derechos conquistados en décadas de lucha y organización del movimiento sindical y social por décadas.
Ofensiva capitalista contra el trabajo. ¿Se puede transitar otro rumbo?
Desde la OIT en su centenario, el propio gobierno y las patronales se instaló hace un tiempo un debate relativo al “futuro del trabajo”, engañoso mecanismo para disfrazar la ofensiva del capital contra los derechos de trabajadoras y trabajadores.
El trabajo es una actividad humana que transforma la realidad, la naturaleza y al propio ser humano; es un dato de la historia y no puede concebirse el futuro sin el aporte del trabajo. No hay futuro sin el aporte del trabajo vivo de las trabajadoras y los trabajadores del mundo.
Los clásicos de la Economía Política, en el origen de la disciplina científica que intentaba explicar el capitalismo sostuvieron que el CAPITAL es Trabajo acumulado. Qué decir hoy sobre el desarrollo tecnológico, la innovación, la robótica o la inteligencia artificial, sino que son creaciones del trabajo humano acumulado.
Si esos adelantos técnicos y científicos hoy son utilizadas por los propietarios de medios de producción, los empresarios de mayor acumulación de capitales, da cuenta de la privatización concentrada del aporte social universal de trabajadoras y trabajadores de todo el mundo a través de la historia.
El trabajo es fuente del valor, y como recordamos, fuente creadora del capital, por ende, de la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista. Esta tríada derivada de la ganancia afecta la calidad de vida de la mayoría de la sociedad: las trabajadoras y los trabajadores. No se trata de un tema local, sino mundial y derivado de las relaciones capitalistas de producción.
Son razones suficientes para defender el derecho de las trabajadoras y trabajadores a la apropiación social de una riqueza que se apropia privada y concentradamente por unos pocos, generando condiciones de desigualdad insostenibles, que en la propia estadística oficial en la Argentina señala que el 10% más enriquecido por ingresos en el país percibe 20 veces más que el 10% más empobrecido. Por lo dicho es que el 32% de la población argentina percibe ingresos por debajo de la pobreza y ya no alcanza con estar empleado para no ser pobre, exacerbado con más de un tercio de trabajadoras y trabajadores en situación irregular de empleo.
No solo las trabajadoras y trabajadores son las y los generadores de la riqueza y del capital, sino que la impunidad empresaria, aceptada por la ineficacia del control estatal impide que más de un tercio de la población trabajadora tenga acceso a la seguridad social.
Sobre esta base se sustenta el chantaje del acuerdo del gobierno argentino con el FMI que demandan reaccionarias reformas laborales, previsionales e impositivas. Es más, el FMI convoca a seguir con el rumbo actual de política económica e induce a la oposición a sustentarlo a futuro. Son condicionantes para desarmar derechos individuales, sociales y sindicales conquistados en una larga historia de organización sindical y social.
Por eso el paro nacional, como forma de canalizar organizadamente la protesta y darle cauce al descontento. Algunos se interrogan si el paro cambia algo, y en ese sentido, se trata de una acción colectiva que motiva la discusión sobre los rumbos posibles de acción, si solo alcanza con esperar las elecciones o si el debate del rumbo a seguir se precipita en la demanda social ampliada motorizada por acciones de movilización y organización del descontento. No tienen razón los que niegan la acción colectiva y el paro como una de sus formas, válido para las condiciones actuales y también en la historia reciente con otros gobiernos. El movimiento se construye andando y la historia de la lucha de clases no se detiene.
Varias veces hemos sostenido que la política es más que las instituciones y el momento de su conformación vía elecciones. Es algo que los medios de comunicación y el debate en redes tiene asumido, por lo que la acción de calles también contribuye a sostener un debate político sobre qué hacer en el país. Los paros son necesarios ahora, tal como lo fueron previamente, porque constituyen acciones constitutivas de sujetos autónomos de partidos, gobiernos y patronales, con reivindicaciones programáticas y, en definitiva, estrategia del movimiento obrero y popular, imprescindible en este tiempo histórico.
Hay que modificar el rumbo de la intervención estatal y frenar el financiamiento del programa en curso, lo que supone la anulación del acuerdo con el FMI, una gigantesca hipoteca a corto y mediano plazo, con las obligaciones de allí emanadas que promueven mayor recesión desde el objetivo por déficit fiscal cero y el compromiso de no emisión. No alcanzará con renegociar las condiciones del acuerdo con el Fondo, se necesita la anulación. Para eso se requiere mayor movilización y paros como parte de la lucha y organización popular, como ayer y mañana para fortalecer la demanda popular.
El ajuste fiscal y la política cambiaria y monetaria de allí emanada establece tasas de usura que han comprometido en los últimos seis meses, solo en intereses de títulos (leliq) unos 200.000 millones de pesos, equivalentes a unos 4.500 millones de dólares. Son recursos que bien podrían haberse utilizado para financiar una política alternativa, para resolver empleo y ampliación de la producción con vistas a satisfacer necesidades de la población. Es un mecanismo para desangrar al país, para transferir al exterior riqueza socialmente generada en el país.
Ante el descontento y la protesta resulta necesario pensar en alternativas, descalificando la posibilidad de la crítica por derecha de los ortodoxos liberales que pretenden exacerbar el ajuste y la regresiva reestructuración, tanto como la reaparición de propuestas por la dolarización, caso de Cavallo, quien sostuvo la oportunidad para dolarizar salarios y jubilaciones. Una propuesta destinada a consolidar la pérdida de poder adquisitivo de la población que percibe ingresos fijos, cuando por efecto de sucesivas devaluaciones y dolarizaciones de precios, la ganancia del sector más concentrado estuvo asegurada.
La dolarización apuntada exacerba la dependencia económica y financiera y está a contramano del rumbo soberano necesario que la realidad exige en el presente. Tampoco alcanza con la crítica a la política actual sin establecer los mecanismos de política alternativa con base en la defensa soberana de los intereses de la mayoría de la población y por otro orden socioeconómico.
No basta con el descontento y aún con la protesta; es momento para instalar una discusión sobre otro rumbo para la economía, la sociedad y el Estado, con un horizonte centrado en satisfacer necesidades y terminar con la lógica liberal que privilegia la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista.
Buenos Aires, 13 de abril de 2019