Conflicto de poderes y pago de la deuda

El poder económico recibió con beneplácito el Fondo del Bicentenario. La decisión de asegurar las cancelaciones de los vencimientos privados y de organismos internacionales para el 2010 contó con el apoyo local y mundial de quienes requieren la normalización de la inserción capitalista de la Argentina en momentos de crisis de la economía mundial.



Los principales Estados capitalistas han dispuestos cifras millonarias para el salvataje de bancos y empresas en crisis, con lo que no debe sorprender que las decisiones de política económica local vayan en ese sentido y aseguren la voluntad de pago. Es el deseo de los acreedores, un abanico que expresa parte del poder económico mundial. El paquete incluye a los holdouts y al Club de Paris. Todos esperan se les pague, la totalidad de la deuda o una buena negociación según sus intereses.


El canje del 2005, el pago al FMI en 2006 y todas las cancelaciones operadas en los últimos años expresan voluntad de pago de la deuda y reinserción en el sistema financiero internacional, como una parte de la continuidad del capitalismo en la Argentina.


Un problema inesperado resultó ser ahora la “autonomía del BCRA”. Queda demostrado con un absurdo como la “política” en la Argentina está pagando caro no modificar la institucionalidad de los 90´, entre otras la “autonomía del BCRA” inscripta en la carta orgánica de la institución. La política monetaria es un instrumento clave de toda política económica y no puede disociarse en falsas autonomías al servicio de las demandas del poder económico.


Lo curioso es que ahora, con la decisión del pago de la deuda a tenedores privados y organismos internacionales por 6.569 millones de dólares en el 2010, en acuerdo con el Fondo del Bicentenario, el “poder económico” reclama la subordinación del BCRA a la decisión de pagar del poder ejecutivo nacional. Es el pronunciamiento de las asociaciones de bancos, de ADEBA y de ABAPRA. En el mismo sentido se pronunció la CGT, asociado claramente a las políticas de gobierno.


¿Cómo se salda la crisis institucional?


El gobierno quiere que el titular del BCRA renuncie y este resiste. La decisión aparece condicionada por una comisión parlamentaria que motivada en el recambio legislativo aún no está conformada y hay receso hasta marzo próximo. La presión política entre el Poder Ejecutivo y el presidente del BCRA continuará, tanto como los juegos de poder entre el oficialismo y la oposición de derecha. Esa situación agudizará los elementos de crisis política que hay en la Argentina desde la ruptura de sectores de las clases dominantes, del agro y la industria con el gobierno. La medida de pagar deuda apunta a recomponer lazos con el poder económico mundial y es lo que debe colocarse en discusión.


La sociedad, especialmente el movimiento popular, debe manifestar su voluntad de modificar la agenda de prioridades e incidir en la crisis política para contribuir a satisfacer necesidades populares insatisfechas. La Argentina no necesita nuevo endeudamiento, sino reorientar su política económica en función de las necesidades de millones de personas con dificultades para acceder a sus derechos a la alimentación, la educación, la salud o la vivienda, el trabajo y una calidad de vida adecuada. Los recursos en la Argentina existen, el problema es su utilización.


No es él problema el suscitado en torno a la “autonomía”. Hay que volver a instalar que no se puede pagar deuda con el hambre de la población, que los fondos públicos deben utilizarse para la recuperación de una economía popular que resuelve necesidades insatisfechas y se articule con un proyecto de integración regional que discuta el orden capitalista en crisis.

3 comentarios:

Diógenes dijo...

Un episodio que hubiera terminado sin pena ni gloria, con otro neoliberal como Blejer en el Central, por el impulso de los sectores de la oposición, permitió instalar un debate casi olvidado: la independencia del Banco Central. Lo mismo que sucedió con otras acciones "impulsadas" por la ceguera de la impresentable oposición que, de este modo, termina siendo la impulsora de los cambios que detesta. Pino Solanas es un caso de diván, quien perdió completamente la brújula y está más preocupado por preservar a la derecha culposa que le dió el 24% en Capital que en aprovechar cada grieta (como la actual, herencia del Consenso de Washington).
Pero me parece que Redrado y esta cuestión ya son historia y solo el pulmotor de la camándula mediática podrá mantenerlos vivos artificialmente un tiempito más.

Lo interesante, me parece, sería que los analistas más conocedores como Julio, Katz, etc. empezaran a hablar de "la alternativa" al neoliberalismo que postula el gobierno. Es decir, empezar a hablar de Keynes y los neokeynesianos. El neoliberalismo abierto también ya es historia y sólo algunos atrapados por su ignorancia lo reivindican. El resto, al menos de la boca para afuera, no hacen sino intentar despegarse de ese mote que hoy se ha convertido en un estigma.

Creo que habría que adelantar un paso y empezar a desenmascarar al restaurador del liberalismo: Lord Keynes, a cuyos postulados -nombrándolo o no- adhiere este gobierno, más que por convicción, como un acto de fe. Quizás la demostración que hablamos del mismo perro pero con otro collar, forzaría a pensar "más allá del capital".

Julio C. dijo...

Lo importante, luego de la remoción de Redrado es no quedar entreampado en un debate "jurídico" o "institucional", aún siendo un tema muy importante. La discusión, quiero insistir es el no pago de la deuda, su investigación y auditoria; la modificación de la carta orgánica del banco central para terminar con la autonomía y una reorienación de la política económica para satisfacer necesidades insatisfechas y emrender una integración alternativa en la región. Son premisas necesarias para ir más allá del régimen del capital.

Diógenes dijo...

Con todo respeto, me parece que en la actual relación de fuerzas, aspirar a salir airosos en un debate sobre si pagamos o no la deuda está cercana a cero, mal que nos pese (espero no se me corra con el posibilismo, del que estoy -pretendo estar- lejos). Sí creo que está la mesa servida para plantear la modificación del régimen del central, del mismo modo que lo hizo (con éxito) Venezuela hace un tiempito. Como dije, aprovechar cada acción conspirativa y generar una reacción que genere posturas más radicales (con perdón). Nosotros no tenemos la manija del debate, entonces sobre lo que hay, habrá que tener la astucia de hacer nuestro aporte y no escapar por la tangente, como hacen algunos dirigentes egoncentricos. Eso creo.