Deuda pública: un cáncer que acecha en la Argentina, pero también a Grecia o España

La deuda pública de la Argentina promete ser uno de los grandes temas económicos y políticos del 2015 y no solo para el país, ya que la situación en torno al conflicto con los fondos buitres o especuladores, como con la Justicia de EEUU interviene en otras latitudes, no solo por lo económico, sino y especialmente en el plano de la política.
Tanto Grecia como España, en procesos electorales en el corto plazo y que habilitan expectativas de cambio tienen entre sus amenazas a los acreedores de la deuda y al sistema financiero mundial y sus gerentes de los organismos financieros internacionales, tales como el FMI y el BM.
El sistema mundial del capitalismo ejerce presión sobre los países deudores para la cancelación de deudas contra un ajuste que se descarga sobre los pueblos y a costa de la soberanía. Constituye una de las facetas de la crisis mundial en curso desde 2007/08.
Por ello es que el sistema se la juega en el desenlace de la situación local, que puede seguir cancelando deuda o iniciar un proceso complejo de desobediencia, suspendiendo los pagos y habilitando la auditoría de la deuda desde tiempos de la dictadura de 1976/83 tal como se resolvió en la Ley de Pago Soberano de septiembre del 2014.
Monto de la negociación en curso
Recordemos que la cesación de pagos fue por 100.000 millones de dólares en 2001. El país sigue en cesación de pagos con el 7,6% de los acreedores tenedores de aquellos bonos, ya que el 92,4% accedió a los canjes de deuda del 2005 y 2010.
El país se comprometió a no mejorar la oferta de pago, y si así lo hacía con los acreedores no ingresados a los canjes de deuda, debía ofrecer las mismas condiciones a los que si aceptaron el canje. Es lo que se conoce como cláusula RUFO, la que venció a fines del 2014 y razón por lo cual no se accedía a la demanda de cobro de la sentencia Griesa lograda por los fondos buitres.
La acreencia en default alcanza a 7.600 millones de dólares del 2001 (7,6% de 100.000 millones), a los cuales deben sumarse los intereses correspondientes reclamados por los actuales tenedores de esos títulos. Se estima que actualizada la deuda con todos esos acreedores se puede llegar a más de 20.000 millones de dólares según estiman las autoridades argentinas.
No es poco para un país sin gran capacidad de compra de divisas para hacer frente a sus obligaciones externas, del orden de los 147.000 millones de dólares a junio del 2014 según las cuentas nacionales (claro que no se computa la deuda con organismos estatales). Vale recordar que al momento del default en diciembre del 2001 la deuda externa alcanzaba los 145.000 millones de dólares. Si computamos esos potenciales 20.000 millones de dólares de deuda actualizada, el stock de deuda en valores absolutos es mayor al del momento de la cesación de pagos. El argumento oficial es que el stock de deuda es menor en proporción al PBI, un dato cuestionado por las mediciones de la estadística oficial.
A los fines de pensar la capacidad de pago de la Argentina, conviene recordar el deterioro de la situación externa del país, con un superávit comercial en baja estimado en 7.000 millones de dólares para 2015 derivado de precios internacionales en baja de los productos de exportación, especialmente la soja y límites estructurales al ingreso de divisas, por inversiones o préstamos. Vale adicionar que el superávit se logra con restricciones a las importaciones y regulación de las exportaciones, todo lo que interviene en el nivel de actividad y su impacto como desaceleración económica, recesión productiva y pérdidas de puestos de trabajo-
La deuda era un cáncer en 2001 y lo sigue siendo en el 2015.
La información oficial reconoce a septiembre del 2014 una deuda pública de 209.000 millones de dólares, que según comentamos se aumentaría luego de algún acuerdo con los hold-out y mucho más si contabilizamos la deuda asumida por las provincias de la Argentina. La cifra podría escalar en un 50% más. Vale diferenciar deuda externa por 147.000 millones de dólares y deuda pública por 209.000 millones de dólares.
Muchos de esos acreedores que demandan cancelar deuda a la Argentina compraron los bonos por una miseria, en tiempos de default y escasa credibilidad en la capacidad y posibilidad de pago por parte de Argentina. Es una situación que cambió desde que el país se transformó en un riguroso pagador de deuda, que como se reconoce desde el gobierno, en estos años transitados desde el 2003 se cancelaron más de 190.000 millones de dólares bajo la política de desendeudamiento.
En ese marco, de un país cumplidor con los vencimientos, los fondos especulativos apostaron fuerte a la recuperación de la capacidad de pago de la Argentina y demandaron al país ante la justicia estadounidense, tal como estaba previsto en la emisión de esos títulos.
Por eso, por ser fondos que especularon con la mejora de la situación argentina se los denominó “fondos buitres”, aves de rapiña que atacan a un deudor con problemas de pago hasta la recuperación.
La Argentina llevó en crítica la situación a los ámbitos mundiales recibiendo la máxima solidaridad e incluso un trámite favorable en Naciones Unidas para legislar sobre temas similares relativo a deudas soberanas a futuro.
El caso, de seguir el trámite y aprobarse algún mecanismo favorable a los países deudores, servirá eventualmente para evitar ataques especulativos sobre deudas soberanas de otros países, aunque no para la situación argentina actual, demandada como está por los fondos buitres en la Justicia de EEUU. Las disposiciones de la ONU tendrán vigencia a futuro y sin efecto retroactivo.
Una parte de esos acreedores (hold-out), demandaron a la Argentina en los tribunales de Nueva York por unos 1.300 millones de dólares. En el Juzgado neoyorkino de Thomas Griesa lograron durante el 2014 una sentencia favorable ratificada en instancias judiciales superiores que obliga a la Argentina a cancelar en efectivo el 100% de la deuda más intereses, lo que alcanza al día de hoy a más de 1.600 millones de dólares. La Argentina ofreció a esos acreedores las mismas condiciones que al 92,4% ingresado a los canjes del 2005 y 2010, un monto que está por debajo de la sentencia judicial lograda en Nueva York, por lo que los acreedores no aceptaron.
A partir de esa situación se generó un default técnico de la Argentina, no solo por no cancelar el juicio en EEUU, sino porque ya no se puede acreditar en la cuenta en EEUU de los acreedores ingresados a los canjes de deuda bajo legislación estadounidense. Es que existe la posibilidad de embargo de esos fondos. Así, hay 539 millones de dólares inmovilizados en el Banco Mellon de Nueva York, depositados desde junio del 2014 y se habilitó por ley del Congreso argentino el cambio de domicilio de pago, previo canje de bonos, hacia una cuenta en el Banco de la Nación en Buenos Aires. No hubo adherentes a esta posibilidad y el gobierno depositó esos fondos desde septiembre pasado, los que están inmovilizados en una cuenta especial en el BCRA.
Los siguientes pagos siguen inmovilizados en esa cuenta. Argentina quiere pagar y el probable embargo externo impide que los acreedores ingresados a los canjes de duda acrediten en sus cuentas fondos que el país destina con ese fin, haciendo más compleja aun la situación de la deuda. Un gran embrollo que resulta en fondos inmovilizados para cancelar deuda que podrían ser utilizados con otros destinos de política económica y social.
Lo que puede suceder y un camino alternativo
La negociación con los fondos buitres casi no existió en este tiempo, por lo menos públicamente, y la Argentina fue declarada en default técnico limitado y se mantiene penalizada en el sistema financiero internacional, quien presiona para un arreglo con esos hold-outs o fondos buitres.
Entre otras razones para no mejorar la oferta de pago, desde el gobierno argentino se esgrimía la vigencia de la cláusula RUFO, con efecto hasta fines del 2014 y que exigía pagar a los ingresados en los canjes del 2005 y 2010 los mejores pagos que se hicieran a cualquier acreedor de aquella deuda en cesación de pagos del 2001. Ya no existe la famosa cláusula y se habilita la posibilidad de nuevas negociaciones con los acreedores de la sentencia Griesa, lo que puede ser extensivo al conjunto de los acreedores que no ingresaron a ninguno de los canjes de deuda.
Insistamos que están en juego 1.600 millones de dólares con la deuda con sentencia y unos 20.000 millones de dólares con el conjunto de tenedores de títulos en default.
Un primer interrogante es si durante el 2015 la Argentina accederá a negociar con esos fondos buitres y bajo qué condiciones se logrará el acuerdo. Si no negocia y/o no acuerda, el problema se transfiere al nuevo gobierno que asuma en diciembre del 2015. Otro interrogante remite a las fuentes de financiamiento externo de la Argentina en un año donde deben cancelarse 12.000 millones de dólares, la mitad en BODEN 2015, un bono del canje de deuda que tiene vencimiento en octubre del presente año. El último y reciente intento para conseguir un canje de deuda por 3.000 millones de dólares, alargando los plazos de vencimiento de octubre del 2015 a octubre del 2024, con mejores condiciones para los acreedores, no obtuvo propuestas suficientes y evidencia los límites de reinserción de la Argentina en el mercado mundial de préstamos.
En ese sentido, China facilitó la ejecución de tres tramos, por 814 millones, 500 millones y 1.000 millones, de su operación swap contraída con la Argentina por un total posible de 11.000 millones de dólares, en rigor, en yuanes, la moneda de China. Así, la Argentina se hizo de yuanes equivalentes por 2.314 millones de dólares y utilizar fondos de reservas internacionales para cumplir con los compromisos derivados de la deuda y finalizar el año con más de 31.000 millones de dólares de reservas internacionales. Es un horizonte posible la continuidad de asumir nueva deuda con China y postergar una nueva explosión de la crisis de la desuda pública de la Argentina
Otra posibilidad es la suspensión de los pagos y la realización de una auditoría de la deuda, como se establece en la legislación de septiembre pasado.
La asamblea popular integrada por un conjunto diverso de organizaciones sociales y políticas que impulsan una campaña por la suspensión de los pagos, la realización de una auditoría de la deuda y en defensa de la soberanía de los bienes comunes, se dirigieron a todos los parlamentarios nacionales para consultarlos sobre los avances realizados en la conformación de la Comisión de Auditoría. Aclaran en un comunicado que nada esperan de los congresistas y si de la población para instalar un gran movimiento popular que exija una política alternativa en materia de deuda, para terminar con el cáncer de la deuda.
Por todo ello es que madura la idea de una Conferencia Internacional por la suspensión de los pagos de la deuda en Argentina, en abril del 2015, a 15 años del fallecimiento de Alejandro Olmos, quien llevó a juicio a los responsables del endeudamiento externo en tiempos de la dictadura genocida, el inicio ilegitimo del endeudamiento actual.
Esa Conferencia Internacional puede ser un ámbito en donde se publicite la situación de Argentina, Grecia o España y de todos los pueblos del mundo chantajeados por el cáncer de la deuda pública y el ajuste que demandan las clases dominantes de un capitalismo en crisis.

Buenos Aires, 2 de enero de 2015

La dependencia del ingreso de capitales define al capitalismo argentino

La dependencia del ingreso de capitales define al capitalismo argentino
Por: Julio C. Gambina
Estamos sobre el fin del año y muchos me consultan sobre la evolución de la inflación y el tipo de cambio, insistiendo en que este, el tipo de cambio es un precio más en la economía, el de las monedas extranjeras, o sea, las divisas, entre otras, el dólar, el euro, el yen o el yuan.
La cuestión de los precios trasciende la coyuntura y expresa, como aprendimos con Marx, aspectos esenciales de la producción y la circulación, ya que los precios son la manifestación en dinero del valor de cambio, y este, resume la contradictoria relación social de intercambio en el capitalismo, entre compradores y vendedores, entre valor de uso y valor de cambio o valor. Los precios condensan las contradicciones del capitalismo, el intercambio de equivalentes y la generación y apropiación del plusvalor.
Aludimos a una cuestión teórica que está en la esencia del régimen de explotación. Los precios remiten al dinero, y este es expresión de una forma histórica del valor, que fetichizado se impone con autonomía de su origen como relación social. La inflación o deflación de los precios está asociado a la teoría del valor y por ende del dinero. No hay autonomía del dinero sobre la producción y circulación en el capitalismo, y por lo tanto, en el dinero y la política monetaria, financiera, cambiaria o de precios se manifiestan las contradicciones inmanentes en el doble carácter del trabajo materializado en las mercancías.
El tema de los precios y la inflación requiere de consideraciones que remiten a la coyuntura y sus impactos en las distintas clases y sectores sociales, como una mirada teórica que permita dilucidar el origen del problema en las contradicciones sociales del orden capitalista.
Los aumentos expresan la dominación de clases
Sobre la evolución de los precios en Argentina se evidencia una aceleración respecto de los años anteriores, proceso en curso desde el 2007. La afirmación se verifica con los datos de la medición oficial o con los que difunden otras mediciones alternativas, de privados o de algunas provincias aferradas a metodologías previas a los cambios en el INDEC. Los datos varían entre el 30 y el 40%. Puede creerse más en una o en otras mediciones, pero nadie duda del alza de los precios en la economía argentina, lo que evidencia un problema en la capacidad de compra para los sectores de menores ingresos y enfatiza la desigual relación social entre quienes fijan los precios y la mayoría que los sufre.
Nuestra economía es parte de la economía mundial, capitalista por cierto, que resume en un mercado mundial crecientemente sostenido con precios internacionales independientes de los costos de producción locales. Lo que se intercambia en el mundo son comodities, más que bienes y servicios. La soja o el petróleo, el oro, los minerales y el conocimiento son comodities y no interesa su localización para la producción, salvo en lo atinente a la búsqueda de la mayor productividad, o la disminución del costo de producción para maximizar la ganancia.
Es una afirmación para localizar a los fijadores de precios en el mercado mundial. No es desde la Argentina que se define el alza o la disminución del precio internacional de la soja o del petróleo, aunque sin duda y a escala, la producción local interviene en tanto y en cuanto participa de la producción global de cada mercancía. Sin perjuicio de lo dicho, el carácter nacional de la política y por ende del Estado, favorece una redistribución del poder global en el orden local, y eso explica las transferencias de ingresos al interior de cada país, siendo la inflación interna el mecanismo de redistribución regresiva del ingreso a escala interna, local. Es un ejercicio del poder, de quienes pueden subir precios y encontrar su realización en el mercado.
Las tendencias actuales en los precios y la política pública
También puede decirse que en el último tramo de este 2014 se percibe una desaceleración de la tendencia general ascendente de los precios, cuya explicación puede encontrarse en la baja de la actividad económica y la recesión productiva, con impacto directo en la pérdida de empleo y las restricciones para operar una reanimación de la economía local, que termina dependiendo de los estímulos externos, sean inversiones o préstamos provenientes desde el exterior.
El límite a la expansión de los precios está entonces condicionado por la reducción de la capacidad de realización en el mercado, sea por disminución de las compras empresarias o del consumo en general, especialmente entre los sectores de menores ingresos. Y por ende el ajuste en la contratación de fuerza de trabajo y un agravamiento de las formas de flexibilización laboral y salarial.
La política económica, es decir, el accionar del Estado, intenta frenar la evolución de los precios y activar la economía, incluso compensando con política social a los sectores más desprotegidos, vía planes sociales o renovadas moratorias previsionales. Es parte del aprendizaje del Estado capitalista en la administración de la crisis, legado de los 30´ y del keynesianismo que hoy asumen hasta los más conservadores de la política económica convencional en los principales Estados del capitalismo mundial.
En ese sentido y en la Argentina se anotan: a) los precios cuidados; b) los préstamos en cuotas para el consumo diverso; c) el estímulo al crédito para la vivienda o compra de automotores; d) las restricciones a la compra y venta de divisas; e) y ahora la disminución del 5% en el precio de los combustibles.
Uno de los problemas a destacar es que esas políticas no tienen efecto universal, ya que los precios cuidados no involucran más que una canasta de bienes que se distribuye en una cadena comercial de grandes supermercados y limitada geográficamente, con vencimiento a comienzos de enero y una fuerte disputa por la actualización de valores para su continuidad en el 2015.
Con el acceso a los créditos, el problema se presenta por los límites establecidos en los ingresos de los posibles adjudicatarios, excluyendo amplios sectores sociales que sufren el déficit habitacional.
Aun considerando los estímulos crediticios, con tasas subsidiadas a la pequeña producción, constituyen la minoría de la cartera bancaria, ya que lo principal del crédito bancario tiene destino en confirmar la estructura concentrada de la economía argentina y una orientación privilegiada en la especulación y el financiamiento estatal de la deuda pública.
Incluso la reducción de los combustibles es limitada para no entorpecer el estímulo al ingreso de inversores externos para la producción petrolera que morigere el déficit energético que supone la importación de combustibles, al tiempo que los estacioneros denuncian ser los principales perjudicados y señalan el privilegio hacia las grandes petroleras.
Vale también mencionar que las restricciones a la operatoria con moneda externa suponen una intervención para evitar la transferencia del precio de las divisas hacia el resto de los bienes y servicios. El problema es la referencia que supone en muchas actividades económicas el tipo de cambio paralelo y aún, la pérdida de reservas para atender las demandas de atesoramiento de pequeños inversores u ahorristas, que en cuenta gotas acumulan cuantiosos recursos, unos 3.000 millones de dólares estimados en todo el año, que son retirados de la actividad productiva.
La dependencia como lógica del funcionamiento del capitalismo local
En este marco, la economía en la Argentina está atrapada en la lógica capitalista de un excedente definido por el capital externo que presiona vía precios por su apropiación.
En el origen de la acumulación está el inversor de dinero (D) que pretende en un tiempo y espacio obtener más dinero (D´, o D +d, siendo d, el plusvalor). Esta ecuación define la valorización del inversor. Así, quien aporta D pretende D´ (D +d), o sea un incremento (d) de la inversión originaria (D). La economía local demanda crecientemente de inversores externos dispuestos a colocar su D en el proceso local de producción, y esos inversores demandan la búsqueda de seguridad jurídica para obtener el suficiente valor acrecentado (d) según la lógica de la ganancia monopolista de un capitalismo en crisis. Vale adicionar que los capitales hegemónicos, ya asentados en el país, defienden su posición de dominación vía precios, mientras pueden y no tienen límites de mercado o de la regulación estatal.
La cuestión de los precios en alza, incluso del tipo de cambio, apunta a capturar la renta socialmente generada en la Argentina y disponerla en el circuito de la valorización mundial que definen las corporaciones transnacionales que actúan en el país.
Por todo esto es que sostenemos que el gran problema de la economía capitalista argentina es la dependencia del ingreso de capitales para asegurar el ciclo de valorización económica. Es que para la valorización hace falta una dinámica de inversión reproductiva, la que proviene del excedente económico generado por el funcionamiento de la economía local o por su inserción en la economía mundial.
La dinámica del capitalismo argentino está definida por los capitales externos, tal como se deriva de la estructura económica social hegemónica del capital externo en los sectores productivos y de servicios. Por eso es que hablamos de dependencia de los capitales transnacionales y del mercado mundial capitalista. En el agro, la minería, la energía, la industria, el comercio y los servicios de comunicación, bancarios y transporte, entre muchos, resultan definitorias las inversiones externas y el paquete tecnológico en manos de las corporaciones transnacionales.
Más aún, en términos más generales, el punto de partida del ciclo del capital en la argentina se resume en la capacidad de ingresar capitales externos, siendo las fuentes de esos ingresos: a) el menguante superávit comercial; b) las renuentes inversiones externas; c) y el esquivo endeudamiento proveniente del exterior.
Es más, la apuesta de política económica apunta a sostener el superávit comercial, aun frenando importaciones y regulando las exportaciones; generando condiciones para el ingreso de inversiones, asegurando elevada rentabilidad, especialmente para petroleros interesados en explotar yacimientos no convencionales; y logrando una parcial inserción en el mercado de crédito mundial por medio del acuerdo bilateral con China. Por estas medidas es que puede explicarse la recomposición de reservas internacionales en torno de los 31.000 millones de dólares, la contención de las expectativas por una devaluación, claro que todo tiene un costo, principalmente social.
La afectación de la dinámica de producción y reproducción capitalista afecta principalmente a los trabajadores, la mayoría de la sociedad. El nuevo endeudamiento presiona sobre los recursos fiscales compitiendo con demandas sociales de gasto público en salarios, salud, educación, seguridad o promoción de las economías regionales y una política productiva y de desarrollo para satisfacer necesidades de otro modelo y patrón de producción y consumo.
Nuestra reflexión apunta a la construcción de una argumentación que supere los límites a que nos condena el régimen del capital e ir más allá, contra el orden capitalista, por la transformación social para la emancipación y la liberación. Ello supone la crítica a la mercantilización creciente, o sea, a la subordinación del orden social a la lógica mercantil de producción de valor y plusvalor que definen la producción, la distribución, el cambio y el consumo, y si se quiere superar estas condiciones históricas del funcionamiento social, se requiere ir más allá en la imaginación de la sociedad necesaria, pensando más en satisfacer necesidades que en la lógica de la ganancia, la acumulación, el poder y la dominación capitalista.
El tema es la revolución para modificar las relaciones sociales de producción, y aquella se juega en la acumulación de poder popular y su orientación en la construcción de una nueva sociedad sin explotación, un paradigma que define los nuevos horizontes de la lucha de clases desde los trabajadores y los pueblos.

Buenos Aires, 27 de diciembre de 2014

Los desafíos para la integración regional, entre Bolivia en el Mercosur y las relaciones Cuba y EEUU

La integración latinoamericana sigue en la discusión como forma de enfrentar las secuelas de la crisis mundial del capitalismo y aspirar a un desarrollo alterativo del orden mundial.
En estos días se realizó la reunión del Mercosur en Paraná, Argentina, con la noticia más destacada, vía superación de obstáculos políticos e institucionales para un próximo ingreso pleno de Bolivia al bloque de integración regional.
Salvo esa novedad, muy poco en concreto para mostrar en materia de avance de una integración autónoma, a contra marcha de la hegemonía aperturista y por el libre comercio que requieren las grandes transnacionales. La ampliación de socios no es por cualquier lado, sino de países que lideran la experiencia de confrontación con la estrategia neoliberal: Venezuela y Bolivia.
Recordemos que a los cuatro originarios, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, se le incorporaron Venezuela luego del rechazo al ALCA en Mar del Plata 2005, y ahora Bolivia, que aparece en la mira de todos los análisis por su estabilidad económica y el crecimiento del consenso al gobierno de Evo.
Estos dos países, Venezuela y Bolivia, junto a Cuba, dinamizan la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestramérica, ALBA, con origen y propuestas para un modelo productivo y de desarrollo alternativo.
Así, ahora en el Mercosur conviven dos sentidos, el originario que remite al libre comercio y la impronta alternativa de los nuevos procesos. La duda siempre transita sobre quién se impondrá finalmente.
El cónclave del Mercosur fue en simultáneo con el anuncio conjunto entre EEUU y Cuba sobre el restablecimiento de relaciones mutuas, y de alguna manera, el comienzo del fin al criminal bloqueo del imperialismo estadounidense sobre la isla de la libertad.
Así, se reabre la discusión por el lugar de Cuba y su proyecto socialista en la región. De ser el excluido en las negociaciones por el ALCA, Cuba pasa a constituirse como miembro pleno  del sistema de relaciones continentales.
También vale el interrogante sobre quién vence a quién. ¿Pesará más la lógica capitalista sobre Cuba, o esta podrá intervenir con el ejemplo de la importante experiencia de lucha por la autodeterminación y el socialismo?
Alejarse del libre comercio como desafío
Vale concentrarse en los desafíos que supone la coyuntura, especialmente para alejarse del origen neoliberal, liberalizador, del Mercosur a comienzos de la década del 90’.
Eran los tiempos del fin de la bipolaridad y el triunfalismo del unicato capitalista. Aquellos eran momentos en que todos los procesos económicos y políticos en la región apuntaban a las privatizaciones, las aperturas indiscriminadas y a favorecer la iniciativa privada del capital más concentrado. El imaginario socialista tenía destino en el baúl de los recuerdos, de vieja utopía descentrada y derrotada.
Han pasado más de veinte años desde entonces y el cambio político en la región en este comienzo de siglo supuso algunas modificaciones en la agenda de la integración, muchos de los cuales aún solo son parte del discurso, o relativas a expectativas inconclusas.
Entre otras, remitimos al anunciado Banco del Sur, que cumple ya siete años desde su compromiso inicial en diciembre del 2007. No es menor considerar la ausencia de un instrumento de financiamiento regional con pretensión alternativa, precisamente en momentos de despliegue de la crisis mundial, que incluye, entre otras, a la dimensión financiera.
Es un asunto que Argentina llevó al cónclave del Mercosur a propósito de la amenaza que significa la deuda, la especulación y el accionar combinado de la institucionalidad jurídica y corporativa del capitalismo delictual contemporáneo.
Cuando aludimos al financiamiento alternativo remitimos a otros destinos para los recursos financieros, ya que el financiamiento existe, sea que proviene de la banca comercial, del mercado de capitales, o de los organismos internacionales, y ahora de Rusia y sobre todo de China; pero de lo que se trata es de romper con la lógica de financiamiento de un determinado modelo productivo y de desarrollo. Para ello, es necesario asegurar la materialización de una política de soberanía financiera, con autonomía de la lógica y reglas del sistema financiero mundial capitalista.
En síntesis, hablamos de una nueva arquitectura financiera para la región y el mundo. Nuestros países, integradamente pueden canalizar sus recursos soberanos, entre ellos las reservas internacionales y orientarlos en la construcción del camino de la independencia y la soberanía de nuestras naciones integradas.
La realidad es que un obstáculo muy serio para encarar esa tarea de autonomía e independencia, pasa por la demora en la destrucción de la vieja institucionalidad financiera, el cambio de la política económica y la definición de un rumbo más allá del orden capitalista.
Mirando la realidad local, confirmamos en ese sentido a la ley de entidades financieras, que en la Argentina data de 1977 (gobierno dictatorial) y que fuera calificada en su momento por el Ministro emblemático (Martínez de Hoz) como un  instrumento esencial para la reforma económica reaccionaria promovida por los genocidas.
Otro caso es la continuidad de la presencia de Argentina y otros países de la región en el CIADI, ámbito sujeto al Banco Mundial, cuando Brasil nunca suscribió el protocolo de adhesión, y Venezuela, Ecuador y Bolivia denunciaron la adhesión a esa subordinación a la lógica de la ganancia y la acumulación de las voraces transnacionales.
Pero también aludimos a la difusión de contratos y de acuerdos comerciales por la liberación y la seguridad jurídica de los inversores externos, que se explicitan en variados tratados de libre comercio, o tratados bilaterales de inversión. Todos esos tratados necesitan ser denunciados por la región, como base para discutir nuevos marcos estratégicos para la integración soberana y el desarrollo independiente.
En rigor, no solo se trata de la institucionalidad neoliberal gestada en los 80´ y en los 90´, sino de una política económica al servicio del capitalismo de época, organizado por las transnacionales, sustentado en la promoción de la expansión internacional del capital, con la complicidad de los principales Estados del capitalismo mundial y los organismos internacionales. En ese marco, América Latina y el Caribe ofrecen fuerza de trabajo capacitada y disponible a bajo salario y una dotación abundante de bienes comunes para el saqueo imperialista.
Insistamos en que el debate es si se puede romper con esa lógica de funcionamiento del orden vigente. Por eso es nuestro interrogante y expectativa sobre un tiempo para profundizar el cambio en la región y desde la economía, de los cambios económicos, estructurales, de la institucionalidad y de la política económica, encarar un nuevo tiempo de transformación social, en perspectiva emancipadora, que cambie la matriz productiva y de consumo, para soñar con la liberación y el otro mundo posible. Claro que estamos hablando del proceso de la revolución socialista en nuestro tiempo.
La perseverancia de la experiencia cubana
Es bueno pensar en términos de “lo posible” anti capitalista, cuando esta dimensión de “lo posible” se reduce, se achica, en sentido defensivo, relativo solo a las políticas que “sean posibles” en el marco del capitalismo, algo que sufrimos en nuestros procesos políticos nacionales y regionales.
El ejemplo cubano es relevante, como experiencia que lucha contra el capitalismo y brega por el socialismo, como ejemplo de ir más allá de lo posible dentro del capitalismo y animarse a la lucha anticapitalista, antiimperialista y por el socialismo, sin final asegurado.
Con la perseverancia de sus objetivos por el socialismo cubano, la Isla, su pueblo y su gobierno supieron doblegar la política exterior agresiva e invasiva de EEUU que por más de medio siglo bloqueó y boicoteó a la revolución cubana sin éxito. En el marco de la guerra fría había que impedir el ejemplo de la lucha por el comunismo en Nuestramérica, por eso Bahía de los Cochinos y la invasión para luego bloquear e intentar ahogar sin éxito a la isla.
El inicio de negociaciones entre EEUU y Cuba, con la mediación del Vaticano permite varias lecturas, y la primera es el éxito de las convicciones por la dignidad, la soberanía y la autonomía de Cuba. Pero también, que EEUU se estaba aislando de procesos de diálogo político en la región, cuestión que no resulta indiferente a las clases dominantes de nuestros países y del mundo, incluido, claro está el Vaticano.
Qué gran diferencia cuando en los 90´ la agenda regional se definía por el ALCA y la hegemonía absoluta de EEUU y su política expansionista convalidada por gobiernos y clases dominantes locales.
La realidad indica que no solo hubo “No al ALCA”, construido éste entre 2001 y 2005, campaña popular continental mediante, sino que se habilitó un nuevo tiempo para discutir la integración. El ALBA es parte de ello, como luego y con matices la Unasur, y más aún la CELAC. Especialmente ésta durante el 2013 bajo la coordinación de Raúl Castro, que otorgó un dinamismo a las relaciones regionales con la exclusión de Norteamérica: EEUU y Canadá.
Vale considerar además, que la Iglesia juega en América Latina su disputa por la mayor fidelidad de feligreses en el mundo y está interesada en suturar fisuras o fracturas presentes o futuras del orden contemporáneo.
La Iglesia jugó en los 80´ ante el conflicto y la situación polaca y el este de Europa. Fue una intervención para modificar la correlación de fuerzas en la lucha de clases mundial. Ahora, bajo otras circunstancias, el papado también actúa, con discurso crítico al neoliberalismo, como corresponde en estos tiempos en que la lucha popular desgastó el discurso neoliberal, el que refería a que no había alternativas.
Recordemos a Margaret Thathcher y su “There Is Not Alternative” (TINA), que entre nosotros difundiera como lema propio Carlos Menem. La alternativa empezó a pronunciarse como “otro mundo posible” en el Foro Social Mundial del 2001 en Porto Alegre, y se hizo más cercana con la reinstalación de la lucha por el socialismo que animaron los procesos más radicalizados de Sudamérica, que junto a Cuba se animaron a una integración más audaz, aún en proceso de sostenerse en la coyuntura crítica vigente.
Cuba ganó su batalla de reinserción en las relaciones interamericanas y mundiales, y las clases dominantes actúan por todos los medios posibles para evitar rupturas revolucionarias al orden capitalista, y en todo caso, negociar para intentar favorecer, desde las relaciones comerciales, la ampliación de mercados y una respuesta más a la crisis en curso. EEUU busca mercado en Cuba, canalizar inversiones que suman en la ampliación de todos y cada uno de los mercados.
En ese sentido, no hay mercados chicos, todo suma, y aun cuando la región aparece como suma de varios países, para los capitales, son todos mercados que incluyen una considerable parte de mercado sustentable, sujetos de subordinarse a la lógica de la ganancia y la acumulación capitalista. Para eso luchan por la liberalización, la apertura económica y un mayor espacio para las transnacionales. Es un camino en el que también se anotan China y Rusia crecientemente, e incluso algunos países que como Brasil y sus translatinas disputan un lugar en la dominación regional y global.
El problema es el capitalismo y la necesidad de instalar la lucha por el socialismo
El movimiento popular necesita profundizar el camino de acumulación social, política y cultural para hacer realidad la disputa de poder popular y la demanda del 2001 por otro mundo posible.
La consigna empezó a ganar en credibilidad de la mano de nuevos sueños por el socialismo, con la renovación cubana y las búsquedas por el socialismo del Siglo XXI (Venezuela) o Comunitario (Bolivia), por el objetivo del Vivir Bien (Bolivia) o el Buen Vivir (Ecuador).
El anticapitalismo y el antiimperialismo es posible si se consolida una masa social mayoritaria por los cambios, la transformación, la emancipación y la liberación.
Es que la lucha por la integración alternativa, contra la inserción subordinada, demanda de un sujeto popular organizado y consciente que empuje la dinámica de la sociedad en la lucha contra el poder, por la suspensión de los pagos de la deuda, que libere fondos para un nuevo modelo productivo y de desarrollo, con financiamiento autónomo de nuestros países.
Se trata de aprender de la dignidad de Cuba en la lucha contra el aislamiento y la generación de condiciones para sentar al imperialismo a negociar y seguir buscando nuevas posibilidades para defender lo logrado (salud, educación, cultura) e ir por más liberación social y nacional, articulando nuevas redes que hagan realidad el sueño de la patria grande en Nuestramérica.
Hay quienes piensan, en una lectura errónea del acontecimiento, que esta negociación entre EEUU y Cuba puede reiterarse para terminar con procesos coloniales, por ejemplo el que subsiste entre Inglaterra y Argentina por Malvinas.
El error consiste en considerar que la decisión del gobierno estadounidense es unilateral y generosa. Muy por el contrario, el imperialismo fue arrastrado a la mesa de negociaciones por la diplomacia cubana, la situación de integración regional sin la presencia de norteamericanos, y claro, también con el peso moral que supone el poder de la Iglesia y el papado esperanzador de Francisco. Esperanza que deviene de un papel histórico que se juega en este Siglo XXI para sostener el peso del Vaticano y su creciente influencia entre la población de nuestros territorios y otras latitudes.
Rusia condonó el 90% de la deuda que mantenía Cuba y decidió reinvertir el 10% restante en proyectos decididos desde la soberanía cubana, por la forma de negociación e inserción autónoma de Cuba en las relaciones internacionales. Lo mismo puede señalarse sobre la esencia de las relaciones cubanas con China, creciente actor político en la Isla y en la región latinoamericana y caribeña.
No debe esperarse que Inglaterra se avenga a discutir soberanía imitando el gesto de distensión de EEUU para con Cuba, Argentina debe consolidar su proyecto de independencia y solo así sentará a Inglaterra en la mesa de negociaciones. Claro que eso supone transitar el camino de confrontación con el capitalismo y el imperialismo.
Proponerse el rumbo socialista, con todas las dificultades que ello supone y donde Cuba es la vidriera para observar, marca el único camino posible para pensar en la independencia y la articulación integrada de una producción centrada en satisfacer las necesidades de nuestra población más que en la lógica de la valorización capitalista de la explotación de la fuera de trabajo y el saqueo de nuestros bienes comunes.
Es una decisión política que debe partir de los pueblos. Solo en esas condiciones podrán los gobernantes asumir el mandato que confirme un destino emancipado, por la liberación y que materialice el sueño de la patria grande Nuestramericana.

Buenos Aires, 20 de diciembre de 2014

Nuevo canje y emisión de deuda en la Argentina

Argentina retomó el camino del endeudamiento público con un ofrecimiento de cancelación anticipada de un título con vencimiento en octubre del 2015 por 6.700 millones de dólares.
Al mismo tiempo se ofreció canjear el mismo por otro con vencimiento en el 2024 y mejorando la tasa de interés, del 7 al 8,75%.
En el mismo acto se ofreció una nueva emisión de ese título con vencimiento a 10 años y con cancelaciones anticipadas a la mitad de su vigencia. El título ofrecido es el mismo con el que se compensó en abril pasado a Repsol por la expropiación parcial de YPF.
La operatoria estuvo abierta por tres días, entre el 10 y 12 de diciembre, un tiempo complejo por los datos que arroja la continuidad de la crisis mundial, con bolsas en baja generalizada y tensiones varias por la disminución de los precios internacionales de las comodities, especialmente el petróleo, que perforó el piso de los 60 dólares el barril y no parece tener fin, en lo que ya se anuncia como una guerra por el manejo de la economía del petróleo, un insumo estratégico en el orden mundial contemporáneo.
Al cierre de la operatoria, el propio Ministro de Economía informó en conferencia de prensa que solo se presentaron al cobro anticipado títulos equivalentes a 185 millones de dólares, los que se abonarán en dólares en efectivo, una curiosidad en la economía de la Argentina, con fuertes restricciones en la operatoria de divisas.
Por otra parte, fueron unos 377 millones de dólares los bonos canjeados, que entregan sus títulos de vencimiento en el 2015 para recibir en canje otros con vencimiento en el 2024.
Ante la oferta de nueva emisión, se colocaron bonos por 286 millones de dólares, parte de lo cual tiene destino en cancelar aquellos 185 millones presentados a cobrar anticipadamente el vencimiento que operaba en 2015.
Información periodística de Página 12 (medio oficialista) indica que una parte importante del canje, por unos 170 millones de dólares fue cubierta por los fondos administrados por la ANSES. Al mismo tiempo se informa que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, administrado por la ANSES se constituyó en el principal suscriptor de los nuevos títulos emitidos con vencimiento en el 2024.
La prueba llevada adelante por las autoridades económicas para reinsertar a la Argentina en el mercado mundial de créditos presenta relativo éxito, aunque desde el gobierno se juzga que la escasa presentación al cobro anticipado es un gesto de confianza en que Argentina cumplirá sus compromisos en el 2015 y aleja las consideraciones de una posible cesación de pagos en el corto y mediano plazo.
Vale aclarar, que al mismo tiempo que se desarrollaba la operatoria de canje y emisión de deuda, la Argentina solicitó el tercer tramo del crédito swap acordado con China este año.
La operatoria puede involucrar 11.000 millones de dólares en moneda china. Desde septiembre y en tres tramos, ya se liquidaron 2.314 millones de dólares de nueva deuda pública, con vencimiento en un año y renovable por otros tres años más. La operatoria se resolvió por 814 millones de dólares en septiembre, por 500 millones en octubre y 1.000 millones en diciembre.
Producto de ello, las reservas internacionales reconocen al presente un stock de 30.256 millones de dólares, cuando hace un par de meses el piso se encontraba cercano a los 26.000 millones y con tendencia a la baja. No solo se explica por los préstamos externos, sino por las liquidaciones de las cerealeras que se apuraron a vender la cosecha ante la baja del precio internacional de la soja.
China se ha transformado en el nuevo prestamista de última instancia de la Argentina sorteando el cierre a los mercados internacionales.
Convengamos también que la escasa aceptación de la operatoria de canje y emisión ofrecida se debe a que por las condiciones de funcionamiento del mercado de capitales local y mundial, la coyuntura de baja en los precios de los títulos hacía más ventajoso comprar en el mercado secundario los bonos y esperar al vencimiento en 2015, antes de ingresar a la operatoria oficial de cancelación anticipada o de canje.
La Argentina ratifica en estas horas su voluntad de cancelación de deuda, al tiempo que confirma su interés por volver al mercado mundial de deuda.
Esta semana puede considerarse como un ensayo, que marca el camino del re-endeudamiento en futuro cercano. Las provincias argentinas, con dificultades fiscales, esperaban este momento con expectativa para tomar nuevos préstamos en el mercado mundial.
Cualquier consideración nos lleva a la convicción que el cáncer de la deuda sigue presente. Con desendeudamiento o con nuevo endeudamiento todo se subordina a la lógica que imponen los acreedores.
Se impone un gran debate nacional sobre los costos de pagar la deuda, por lo que necesitamos discutir la legitimidad y legalidad de la deuda, ir a fondo con una investigación de la misma y avanzar en una campaña de esclarecimiento popular sobre la suspensión de los pagos y la utilización de los recursos públicos con un destino alternativo que promueve otro modelo productivo y de desarrollo.
Una medida de esta naturaleza será condenada por el sistema mundial en crisis, y nada mejor en la coyuntura internacional que ofrecer propuestas políticas alternativas que animen la perspectiva anticapitalista y antiimperialista. Lo más interesante es que no existe otra salida, sino se profundiza la dependencia y subordinación.
El camino de la independencia requiere convocar a la sociedad y al pueblo a realizar una consulta popular sobre la suspensión del pago de la deuda y la auditoria popular integral. Es una forma de constituir sujetos colectivos conscientes para enfrentar la realidad y asumir la perspectiva de un proyecto político alternativo al de subordinación y de dependencia.

Buenos Aires, 13 de diciembre de 2014

Desendeudamiento y reendeudamiento público en la Argentina

El ministro de Economía de la Argentina anunció el jueves 4 de diciembre pasado el pago anticipado del BODEN 2015, que como su nombre indica vence el próximo año, más precisamente el 3 de octubre.
La opción incluye el canje por el BONAR 2024, con vencimiento el 30 de enero de ese año. El atractivo supone pasar de una tasa de 7% del BODEN 2015 a otra de 8,75% del BONAR 2014, aunque postergando el vencimiento por una década.
Al mismo tiempo se ofrece una nueva convocatoria a suscribir BONAR 2024 por unos 3.000 millones de dólares.
Por un lado, se sostiene la política de cancelar, de desendeudar, vía ofrecimiento de cancelación a los tenedores de títulos que vencía en octubre del 2015.
Algunos inversores optaran por cobrar y hacerse de dólares en momentos en que está restringido el mecanismo para obtener divisas. Son recursos que irán a las cajas fuertes u otras formas de atesoramiento, o quizá animen el mercado inmobiliario e incluso el pequeño mercado del paralelo, contribuyendo con esa mayor oferta a reducir la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo, ilegal o blue.
No es la principal apuesta del gobierno, aun cuando en el discurso oficial, la medida apunta a destacar la capacidad de pago de la Argentina, sobre todo cuando crece la especulación sobre el impago continuado en 2015 a los acreedores que demandaron al país en EEUU.
El país confirma su vocación de pago, de ser “pagador serial”, tal como afirman las autoridades argentinas, que en estos años de gobiernos kirchneristas cancelaron 192.000 millones de dólares, según informa la Presidenta Cristina Fernández.
La apuesta del gobierno se concentra en estirar los plazos de vencimiento, desde el 2015 al 2024, en la expectativa de que los tenedores del BODEN 2015 acepten el convite del canje por el BONAR 2024, con mayor rendimiento.
En el fondo, sigue el festival de bonos, el cáncer del endeudamiento, aun cuando desde el punto de vista del ordenamiento de pagos, estos se estiran en el tiempo, gobierne quien gobierne en el futuro.
Desde el próximo año y por 10 años caerán vencimientos de intereses, y al final, el vencimiento total, problema de gobiernos futuros, similares o diferentes al actual. En rigor, no solo será cuestión del BONAR 2014, sino de un conjunto de viejos vencimientos a los que se suman los nuevos préstamos provenientes de China y Francia.
El costo a pagar es del conjunto de la sociedad, la que verá limitada su demanda por derechos ante reclamos de tenedores de títulos de la deuda pública.
La especulación financiera volverá a ganarle a los derechos constitucionales de una paga digna a los trabajadores estatales, y por cierto a la educación o la salud pública, la seguridad y ni hablar de los reclamos de los jubilados que confirmarán el achatamiento de la pirámide de ingresos previsionales.
Por si esto fuera poco, la Argentina confirma con esta ampliación de la deuda, que retoma el camino del endeudamiento público, al ofrecer una nueva emisión de títulos públicos, ampliando los compromisos derivados del BONAR 2024, oportunamente emitido para cancelar a REPSOL la expropiación parcial de YPF.
Ahora se ofrecen bonos por 3.000 millones de dólares que se suman a la acrecida deuda pública del último tiempo, con inversores locales en pesos equivalentes a la cotización del dólar al vencimiento; con Francia y especialmente con china. Es un aporte a las opciones de financiamiento para ahorristas con capacidad económica y fondos ociosos.
¿Para qué necesita el Estado estos recursos? Para pagar deuda, entre otras cuestiones. Con lo cual se confirma el ciclo de más deuda para seguir pagando deuda, comprometiendo recursos demandados para educación, salud, salarios de estatales, jubilaciones y variadas necesidades sociales.
Campaña popular para suspender los pagos
Ante esta situación se requiere profundizar la campaña popular por la suspensión de los pagos de la deuda y la conformación urgente de una auditoría popular que investigue la deuda en la Argentina.
En septiembre del 2014 se votó la “ley de pago soberano” que incluía la conformación de una Comisión Investigadora por parte del Parlamento sobre la deuda desde la dictadura de 1976 hasta la actualidad. Se cumplirán tres meses desde entonces y el Congreso está en mora, y nada indica que cumplirá con su cometido.
Por eso necesitamos ejercer el derecho soberano del pueblo para organizar lo que las instituciones no realizan.
El próximo año, el 24 de abril del 2015, se cumplirán 15 años del fallecimiento de Alejandro Olmos, quien denunció la deuda en tiempos de la dictadura (1976-1983) y lograra el fallo condenatorio en el 2000, con enunciado de más de 400 fraudes comprobados. Ese es el origen espurio, ilegal, ilegitimo y repudiable de la deuda pública, que bien puede considerarse “odiosa”.
Entre la CTA Autónoma y el Comité de Anulación de la Deuda del Tercer Mundo, el CADTM, se está considerando realizar una Conferencia Internacional para analizar el caso argentino y estimular la campaña por la suspensión de los pagos y la conformación de una auditoría popular que investigue lo que las instituciones no hicieron, no hacen y que muy probablemente no hagan.
La propuesta fue llevada a la Asamblea por la suspensión de los pagos, la conformación de una auditoría de la misma y en defensa de los bienes comunes. Se trata de un ámbito plural entre los variados que asumen campañas diversas por cuestiones específicas, contra la mega-minería a cielo abierto, contra la fumigación de los pueblos asentados en la cuenca sojera, contra la ley de semillas ajustada a la demanda de Monsanto y el modelo productivo de re-primarización de la economía,
Todos esos movimientos y muchos otros, necesitan articularse en una propuesta integradora, que bien pude subsumirse en una campaña por la suspensión de pagos y defensa de los bienes comunes.
Se trata de constituir sujeto colectivo consciente y masivo por otro modelo productivo y de desarrollo, por otro país, en una agenda más allá de la preocupación electoral y que la contiene, para modificar la agenda política en el país. Que no solo tenga en cuenta el programa de las clases dominantes, que contiene las propuestas de las opciones con posibilidad de gobernar a la Argentina.
Esa Conferencia Internacional que imaginan desde la CTA Autónoma y el CADTM tiene que ser el punto de partida de una consulta popular, para que la sociedad argentina, en un gran debate pueda decidir en que utilizar los recursos públicos.
¿Debe el país seguir postergando derechos de la mayoría de la población para ratificar sus compromisos con el sistema financiero internacional?
¿Hay que seguir alimentando el mercado de la especulación y la danza de bonos que paga el pueblo?
Son interrogantes que se responden desde la política, desde la acumulación de fuerzas necesarias para enfrentar la posibilidad de un presente y un futuro con autonomía e independencia, contra la subordinación y la dependencia que confirma la política del endeudamiento estructural, sea con desendeudamiento o con reendeudamiento, tal como ocurre en el presente.
Como en otras ocasiones, el pago o no de la deuda vuelve a constituirse como dicotomía entre dependencia o soberanía.

Buenos Aires, 8 de diciembre de 2014