La resistencia a la política de Milei y la ultraderecha (Publicado en Colombia, Revista Margen Izquierdo, en: https://revistaizquierda.com/la-resistencia-a-la-politica-de-milei-y-la-ultraderecha/

I – La resistencia como una constante en la práctica política La tradición de organización y lucha del pueblo argentino tiene una importante historia, y es visible en la coyuntura contra la política de la ultraderecha, especialmente en las grandes ciudades del país y en los nuevos territorios de la acumulación capitalista, asociados al desarrollo minero, de la energía y las nuevas tecnologías. Los espacios de la concentración urbana sufren las consecuencias de la ofensiva por el ajuste fiscal y la reaccionaria reestructuración del capitalismo local, convocando a desconformidades, protestas y resistencias varias. Al mismo tiempo, crecen las confrontaciones a las políticas públicas en localidades de menor peso relativo de asentamiento poblacional, pero de enorme significado en la ampliación de la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo sobre los bienes comunes. Este es un tema asociado a las protestas en defensa del medio ambiente y en contra del extractivismo exacerbado que promueve el saqueo y la destrucción del hábitat. El problema es quién representa políticamente esta resitencia. Cualquier visitante extranjero que ingrese por Buenos Aires al país se encontrará todos los miércoles con la “marchas de las/os jubiladas/os”, que hace más de tres décadas pueblan la geografía a las puertas del Congreso de la Nación, una dinámica exacerbada desde la asunción de Milei en diciembre del 2023 y que se generaliza federalmente en todo el territorio nacional. En simultáneo podrán observar fortísimos operativos de seguridad, que al reprimir son destacados por el morbo de los medios de comunicación. La represión incluyó la agresión a un “fotoperiodista”, que recibió un impacto directo en la cabeza que lo mantuvo por meses en terapia intensiva, aun hoy, a más de un año del episodio, sigue en proceso de recuperación y las investigaciones judiciales por la responsabilidad del operativo. Vale mencionar que fue un episodio que convocó a la más amplia solidaridad social en repudio al accionar represivo de la política oficial de la ultraderecha. Interesa más el “desorden” que la difusión del reclamo de las/os movilizadas/os. En el mismo sentido que el movimiento de jubiladas/os, de hecho, el sector social más ajustado por las políticas de austeridad y disminución del déficit fiscal, afectando a cerca de 8 millones de argentinas/os, son diversas las movilizaciones que expresan la protesta y el conflicto social en el país. Un caso especial y ya hace medio siglo que acontecen, y son visibles: las “rondas de los jueves de las Madres de la Plaza”, movilizadas en torno a la Pirámide de Mayo en un territorio emblemático de la política local. De lucha especifica se transformó en la bandera por los derechos humanos y la memoria contra el terrorismo de Estado, ejemplo que potencia las luchas feministas y por las diversidades, contra la discriminación y el racismo. La lucha de las madres y de jubiladas y jubilados expresan la universalidad del conflicto social en el país. No se agota la presencia recurrente de movilizados en las demandas de las Madres o de jubiladas y jubilados. Destaca el movimiento obrero organizado en sindicatos y en el territorio, con paros generales y movilizaciones sociales en demandas por históricos derechos laborales, educativos, sanitarios, por la energía o la vivienda, contra la carestía de la vida y la inflación, por diversas demandas sociales, afectados por la ofensiva capitalista desde la emergencia de la dictadura genocida, incluso desde antes. Remito a la ofensiva del capital y de la derecha argentina desde 1975/76 hasta el presente. Un proceso acelerado en tramos especiales bajo gestión cívico militar entre 1976 y fines de 1983; potenciado bajo gobiernos constitucionales en la década del 90 y más recientemente en la gestión de Mauricio Macri (2015/19) y ahora bajo presidencia de Javier Milei y cómplices desde 2023. Claro que esa lucha popular acontece en simultáneo con una desazón social ampliada ante el descrédito del régimen político luego de décadas de gobiernos constitucionales (1983-2026) que no resolvieron las urgentes necesidades y expectativas de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Al mismo tiempo, la ausencia de alternativa política puede explicar que pese a la tremenda agresión del ajuste y la regresiva reestructuración tras dos años del gobierno Milei, aun no haya un levantamiento popular tal como aconteció en otros momentos, por caso, en el 2001. La movilización y lucha actual recorre una experiencia que supone un debate con los afectados por la política pública, al mismo tiempo que acumula en la perspectiva de construir alternativa política que genere entusiasmo y perspectiva de triunfo para una transformación social que apunte a satisfacer las necesidades populares. I.1 - Hay historia de la resistencia No es sorpresa que haya resistencia organizada en la Argentina. La resistencia popular tiene historia desde la confrontación al proceso de conquista y colonización de los pueblos originarios. No todo fue de aceptación y adecuación a la violencia colonial. En esa tradición se inscribe la lucha por la “independencia”, que supuso la confrontación de proyectos políticos, uno minoritario y en búsqueda aún de su materialización por la emancipación, asociado a una perspectiva similar por la “patria grande” imaginada por los libertadores. Es una asignatura aún pendiente. Otro, el hegemónico que buscó y busca un lugar en el orden capitalista mundial. Un lugar dependiente, subordinado, especialmente ante el desarrollo monopolista del régimen del capital y el desarrollo imperialista del capitalismo. Esta lógica de inserción subordinada en el capitalismo mundial explica la tradición de lucha y resistencia anticolonial, antimperialista y anticapitalista. Una tradición que convive con proyectos de lucha con base en la “conciliación de clases”, hegemónica en tiempos de “defensiva capitalista”, especialmente entre 1930 y 1980. El origen del sindicalismo argentino tiene antecedentes en la inmigración, principalmente europea de fines del Siglo XIX y comienzos del XX, que incorpora las ideas y prácticas de organización y lucha del anarquismo, el socialismo y el comunismo. Es una impronta de lucha contra el poder oligárquico imperialista asociado al gran capital de origen local, especialmente en la clase terrateniente. Luego de la segunda posguerra mundial y la dinámica de industrialización impulsada para toda la región latinoamericana y caribeña, se impone una cultura por el desarrollo del “capitalismo nacional”, lo que supone acuerdos estratégicos que sustentan la conciliación social en la mejora de ingresos de las/os trabajadoras/es y las patronales. Es la era de las políticas keynesianas en todo el mundo, matizada según las especificidades nacionales en cada país, que en la Argentina suponía la emergencia de una “burguesía nacional”. Remito a dos momentos de la organización y lucha del movimiento obrero y sindical de la Argentina. El primero de tradición clasista hasta mediados de la década del 40 del siglo XX, y luego, hegemónico hasta el presente, una perspectiva asociada a la conciliación de clases, no sin disputas en su interior, sobre quien hegemoniza ese proyecto, si las patronales o la clase trabajadora. El terrorismo de Estado desde 1975 y más aún con la dictadura genocida (1976) se ensaña con ambas formas de la tradición de organización y lucha del movimiento obrero local. Desde entonces, la organización económica social de la estructura del capitalismo local se afirma en el deterioro en la distribución del ingreso a favor del capital y en contra del trabajo, en la irregularidad persistente y recurrente de las condiciones laborales y salariales de la explotación de la fuerza de trabajo. La ofensiva del capital contra el trabajo fue solo amortiguada bajo algunas experiencias de gobiernos que asumieron la crítica al rumbo neoliberal en este medio siglo, pero la esencia del proceso histórico es la ofensiva capitalista contra el trabajo, lo que incluye la profundización de un modelo productivo y de desarrollo para la precarización productiva y exportadora, junto a la dependencia al orden trasnacional del régimen del capital. II - ¿Quién representa políticamente a la resistencia? La tradición de organización y lucha se mantuvo, al mismo tiempo que se deterioró la representación política del movimiento obrero y popular, lo que posibilitó el ascenso electoral de las derechas. En 2015 es la primera vez que asume la presidencia por el voto un candidato que no provino de los dos partidos políticos tradicionales, el radicalismo y el peronismo. Desde 1916 y hasta 2015, los presidentes constitucionales provinieron de los dos partidos tradicionales, quienes expresaron la principal representación política del movimiento sindical y social por un siglo. En la actualidad se presenta un quiebre entre la legitimidad del movimiento sindical y social por un lado y la representación política electoral por el otro, que favoreció la emergencia de presidentes de la derecha con el consenso electoral en la última década. Lo que pretendo enfatizar es la importancia de la resistencia obrera y popular, al tiempo que se presenta una crisis en la representación política, dando lugar a una reconversión de la política en la Argentina. Este es el principal dilema de la lucha de clases local. La dominación avanza con un plan histórico de reconversión regresiva del capitalismo, iniciado hace medio siglo y que se encuentra con la posibilidad de consolidar la reversión de derechos conquistados por la lucha obrera y popular por un siglo y medio, entre 1875 y 2026. No es falta de lucha y resistencia el problema en la Argentina, sino de proyecto político y estrategia de las organizaciones populares que asumen la perspectiva de la revolución contra el régimen del capital y por la emancipación. Desde que asumió Milei su gobierno de minoría, sin mayorías en las Cámaras de Diputados y Senadores, sin gobernadores en las provincias ni intendentes en las municipalidades, el gobierno encontró innumerables protestas de confrontación. Sin embargo, avanzó en variadas reformas estructurales regresivas, especialmente la reaccionaria reforma laboral contra derechos sindicales, laborales, sociales, individuales y colectivos aprobada en febrero de 2026. Eso fue posible por la complicidad del poder político, legislativo, judicial y el que se ejerce desde las provincias argentinas. Ahí aparece la contradicción, entre la movilización popular, su representación política y la institucionalidad que otorga cobertura y “legalidad” a las acciones del gobierno de Milei. Toda una contradicción entre la “identidad” de la mayoría de los sujetos que protagonizan las protestas y la de quienes representan a la sociedad en los poderes del Estado. El radicalismo y el peronismo, como identidades mayoritarias de la tradición “democrática” en la Argentina y con expresión institucional en el régimen político, avalaron mayoritariamente las reaccionarias políticas de Milei, por lo que son cómplices y contradicen la identidad política mayoritaria entre quienes protagonizan la resistencia popular. De ahí nuestro interrogante sobre la representación política de la protesta y la resistencia popular. Esa contradicción es expresión de la derrota de una estrategia histórica del movimiento obrero y popular, con reivindicaciones clasistas hasta los inicios de la década del 40 del siglo pasado y luego y, especialmente, en los 60/70 bajo las consignas antimperialistas por la liberación contra la dependencia. En este sentido fue emblemático el debate televisivo en febrero de 1973 entre el dirigente clasista Agustín Tosco y el representante oficialista de la CGT, José Ignacio Rucci. La esencia de la polémica se daba entre el proyecto socialista sustentado por Tosco y el del peronismo defendido por Rucci. La liberación contra la dependencia fue la consigna que hegemonizó a la diversidad de la identidad peronista, mayoritaria en el movimiento obrero y popular. III - Principales resistencias y los debates estratégicos A la cabeza de la resistencia están los paros generales, nacionales, sustentados por las centrales sindicales: la Confederación General del Trabajo, la CGT (mayoritaria); y las dos CTA (Central de los Trabajadores de la Argentina), la Autónoma (CTAA) y la de los Trabajadores (CTAT), con sus respectivas organizaciones afiliadas en todo el territorio. Destacamos la figura del “paro nacional” porque es una medida que arrastra al conjunto de la conflictividad social, paralizando en buena medida al conjunto de la actividad económico social y que expresa una posición de confrontación política en la discusión del rumbo impulsado desde el poder político. Es más, ante la reticencia de las Centrales, en especial de la CGT a convocar al paro y a la movilización, esa demanda es la consigna principal de los sujetos que protagonizan la cotidiana resistencia a la política de ajuste y regresiva reestructuración de Milei y sus cómplices en el poder del Estado. La política pública ha generado desde diciembre del 2023, entre otros aspectos, el cierre de más de 25.000 empresas y la pérdida de más de 300.000 empleos formales, más de 200.000 del sector privado, unos 80.000 del sector estatal y el resto de casas particulares. El desempleo se atempera por impacto del crecimiento del trabajo informal en la economía de plataforma, repartidores, choferes, etc., engordando la irregularidad en el empleo, que involucra a más del 50% de la población trabajadora. Todo abonado por la condicionalidad del endeudamiento externo ratificado en renegociaciones bajo la sumisión al FMI y a grandes acreedores externos hegemonizados por el capital financiero mundial. En ese cuadro es que crece la conflictividad, con acciones en empresas, en ramas de actividad, especialmente de los sectores afectados, del comercio, la industria y la construcción, sectores económicos que explican la mayoría del empleo en el país y el renovado fenómeno del desempleo. Los datos de crecimiento económico de Argentina, del 4,4% para el 2025 se explica por el impacto que genera en la producción y exportación, tanto la minería como la energía, especialmente hidrocarburos no convencionales, petróleo y gas, junto a la expectativa de radicación, vía inversión externa, de “centros de datos” y empresas asociadas a la digitalización y la innovación tecnológica. Un dato curioso es que el impacto regresivo de la política económica no genera aún respuesta corporativa de las principales cámaras y expresiones del poder económico tradicional. Se explica por el acuerdo ideológico político con el rumbo del gobierno Milei, en donde convergen en el objetivo por disminuir ingresos populares, salarios y jubilaciones, en la perspectiva de recomponer la tasa de ganancia. Una parte del poder económico tradicional sufre las consecuencias de la política oficial de la derecha en el gobierno, pero espera que los cambios estructurales en la relación capital trabajo habilite un tiempo de recomposición de los intereses del capital. Las pérdidas de ingresos son cuantiosas entre jubiladas/os y trabajadoras/es, que como dijimos, afecta también a sectores pequeños y medianos de la economía. Este fenómeno extendido de perjudicados por el programa Milei, pese a la extendida protesta y resistencia, no encuentra respuesta de síntesis política alternativa. En ese marco, en el ámbito político hay quienes sustentan la construcción de un “frente político” contra Milei. Otros, sostienen que esa puede ser una estrategia limitada, que al no confrontar con la dinámica histórica de reconversión regresiva de la estructura económico social de la Argentina, puede reiterar experiencias recientes de gobiernos que asumen bajo rótulos “progresistas” y sin modificar sustancialmente el modelo productivo y de desarrollo habilitan el retorno de programas de la derecha y la ultraderecha, caso especial del gobierno Milei. La realidad de la resistencia se amplía con las masivas protestas de la comunidad educativa, especialmente en defensa de la Universidad pública y del ámbito de la salud. Son protestas dinamizadas por las organizaciones sindicales de la educación y la salud, pero que involucran al amplio espectro de la sociedad en defensa de la educación y la salud pública. La ofensiva capitalista contra los derechos a la educación o la salud tiene historia y se agravan en el presente con las privatizaciones que se arrastran de los ´90 y las políticas de ajuste fiscal gubernamental, incluso a contramano de legislaciones específicas que se dictaron en este tiempo para el financiamiento educativo y del ámbito de la salud. El discurso oficial ataca consensos históricos construidos en luchas centenarias, en donde destacan en el último tiempo las luchas de los feminismos populares y del ambientalismo. En efecto, la prédica contra la cultura “woke” encontró la masiva respuesta del movimiento LGBT+ en marchas contra el fascismo que se sucedieron en 2024 y en 2025, con amplísima masividad en respuesta a la prédica oficialista de carácter racista y discriminatorio. En las luchas ambientales destaca la defensa del agua, especialmente en la organización popular contra la minería en la provincia de Mendoza, contra las concesiones en la circulación por el Río Paraná y otros territorios en donde la contaminación aparece como horizonte derivado de un modelo productivo que exacerba el productivismo con el saqueo de los bienes comunes. IV - Una asignatura pendiente Interesa resaltar que las movilizaciones masivas tienen como horizonte la crítica a las políticas oficialistas y pese a la masividad y consenso socio político logrado, no expresan aun una síntesis política para una nueva representación popular que levante el programa de esas múltiples protestas y movilizaciones. Entre las principales gestas de movilización popular se encuentran las reiteradas de los “24 de marzo” en memoria y rechazo al golpe de 1976, hace 50 años. Del mismo modo se pueden citar las grandes concentraciones por el 8M que da cuentan del aporte de las luchas feministas y de las diversidades sexuales al proyecto emancipador en su conjunto. La ausencia de alternativa política es el límite que tiene la importante resistencia al programa de la derecha en el gobierno, quien expresa la demanda del gran capital por disciplinar al movimiento popular para un proyecto de reconfiguración reaccionaria del capitalismo local. En ese sentido Milei es continuidad del proyecto de la dictadura genocida (1976-83), del proyecto de corte neoliberal de Menem (1989-99) y de De la Rúa (1999-2001), seguido por el periodo presidencial de Macri (2015-19) y ahora Milei con pretensión de repetir un segundo periodo de gestión entre 2027 y 2031. El proyecto de la ultraderecha en el gobierno se propone cerrar el círculo iniciado en 1975/76 para reestructurar el capitalismo local en sintonía con las búsquedas de las clases dominantes en el ámbito mundial. En el Foro Económico Mundial (FEM), en plena crisis pandémica, convocaron a “resetear” el capitalismo en crisis. Expresión de ello es la lucha por la hegemonía sobre las innovaciones tecnológicas, los mercados y la reestructuración regresiva de las relaciones laborales y previsionales a favor de capital. Por eso el desorden mundial, las sanciones unilaterales desde EEUU y la complicidad de sus socios globales, la militarización creciente y el resultado en la expansión del gasto militar y el capitalismo delictivo, con ampliación del comercio de drogas, de armas y la trata de personas, agravando con el productivismo la dimensión ambiental de la crisis. Milei no es solo parte de este programa, sino que ensaya formas propias para exportar al capitalismo global, por lo que su política no es “nacionalista” como en la mayoría de los casos gobernados por la derecha, sea Trump, Bolsonaro, Kast o Bukele, por mencionar algunos de los liderazgos regionales; aunque claro, también es discutible el “nacionalismo” de estos líderes de la derecha. El proyecto por la liberalización pretende universalidad, que se sustenta en la crítica al socialismo y al reformismo, a Marx y su tradición, tanto como a Keynes e incluso la tradición neoclásica, todas las que llevan a privilegiar, según el cultor de la escuela austríaca, la intervención directa del Estado en el orden cotidiano. Milei se asume liberal libertario, anarco capitalista, lo que supone un rumbo liberalizador a ultranza, como forma de reimpulsar el régimen del capital en el ámbito global. La resistencia popular en la Argentina es por lo tanto una búsqueda de una estrategia para confrontar con el proyecto más reaccionario de la ofensiva capitalista global. Es parte de una estrategia que la izquierda y el movimiento revolucionario mundial necesita reinstalar en el imaginario social global. Ello supone la reorganización del movimiento obrero y popular. El proyecto revolucionario, la estrategia por la revolución, encontró limites en la ofensiva capitalista a la salida de la crisis de los 60/70. Es lo que se denomina “neoliberalismo”, que no es nuevo ni liberal, que se asienta en una fortísima intervención estatal, potenciando el peso del gasto y la acción militar, de seguridad y defensa (guerra), al tiempo que estimula la especulación con base en el capital ficticio. Por ello es que las clases subalternas y la potencia del proyecto revolucionario requiere de nuevas experiencias que habiliten la emergencia de una estrategia con posibilidad de triunfo, en contra del capitalismo y por el socialismo. La experiencia de la lucha en la Argentina es parte de las búsquedas en el ámbito mundial por recrear una teoría y práctica de la revolución. Una búsqueda que tiene historia en las expectativas dc cambio político en la primera década de este siglo en la región latinoamericana y caribeña., en el empecinamiento cubano pese a la profundización del bloqueo; en las luchas anticoloniales africanas o las expectativas en sostener un proyecto socialista en el mundo para la preservación del medio ambiente y de la humanidad. Por eso, los límites de la resistencia en Argentina o en otros territorios pasa por su alcance nacional. Requiere de una mirada más amplia, regional y mundial, en el horizonte imaginado por Martí de un territorio de Nuestra América, a contramano de la concentración hemisférica que propone Donald Trump en su disputa por sostener la hegemonía estadounidense. La inestabilidad es la característica del orden económico y político en la Argentina, con una ofensiva del gran capital en contra de la mayoría de la población, especialmente la masa trabajadora. El sueño de la reconversión tiene 50 años y se proyecta volver a la hegemonía previa a la existencia de gobiernos constitucionales, a un orden retrógrado y conservador, con impunidad del capital en la explotación y el saqueo. Es un proyecto autoritario que vía consenso mediático y de redes sociales de comunicación, ideológico cultural, logra votaciones suficientes, más allá del descreimiento y el ausentismo electoral, para otorgar legalidad a un rumbo reaccionario y antipopular. A esa perspectiva se enfrenta la experiencia de luchas y resistencias del presente y renovar el imaginario mayoritario por el sueño eterno de la emancipación y la revolución. Buenos Aires, 27 de mayo de 2026

La economía crece, pero no para todos

Nota publicada en PERFIL: https://www.perfil.com/noticias/opinion/la-economia-crece-pero-no-para-todos.phtml Resulta contradictoria la situación económica de la Argentina, con un crecimiento a marzo pasado del PBI, según el INDEC, del 5,5% anualizado, y del 3,5% respecto de febrero, pero con ingresos a la baja de la mayoría de la población. No solo corren por detrás de la inflación los salarios y jubilaciones, sino buena parte de las ganancias de los sectores no favorecidos por el núcleo actual de la acumulación capitalista local. En efecto, el crecimiento del PBI se explica principalmente por la novedad en la acumulación, la energía, la minería y el sector asociado al conocimiento y las nuevas tecnologías. A ellos se suma el tradicional sector del agro negocio y las finanzas. Por el otro lado, en retroceso, corre el comercio, la industria o la construcción, aún con los datos positivos de marzo. De hecho, existe un nuevo núcleo de la acumulación capitalista, que explica la expansión del PBI, como consecuencia de cambios que se viene operando hace medio siglo y que manifiestan su madurez en la coyuntura bajo gestión Milei. En este sentido está la apuesta a la “nueva industrialización” pensada para el país. A eso apunta el súper RIGI que sugiere el gobierno, estimulando la transformación de las materias primas que explican el boom de exportaciones actuales. Por un lado, hay expectativa en los proyectos aprobados bajo el RIGI, en donde el gobierno espera se acelere la concreción de esas inversiones, por ahora demoradas. A esos beneficios apunta la UIA, que demanda un RIGI propio. Más aún, Luis Caputo dice que ya “no hay más espacio para el ajuste” y que, por lo tanto, la apuesta es al crecimiento. Para eso un nuevo RIGI, para inversores que adicionen valor a la producción de energía y de minería. No llegan aun las inversiones del RIGI, por más que se hayan aprobado y ya sueñan con nuevas rondas de inversiones externas para una novedosa industrialización de la Argentina. Los datos de inversiones extranjeras en el mundo no validan al país como destino y mucho menos el elevado riesgo país, que más allá de la propaganda oficial se mantiene por encima de los 500 puntos, muy lejos de las calificaciones de otros países de la región. No es que sea importante esa calificación, pero es una norma del orden capitalista a la que el gobierno y los grandes inversores miran con atención. El capitalismo argentino está en una profunda transformación socioeconómica desde hace medio siglo y parece consolidarse bajo la gestión Milei, que intenta repetir su mandato desde 2027. Para contrarrestarlo hace falta otro proyecto de país, sustentado en un programa económico y político que atienda la satisfacción de las más amplias necesidades populares. No alcanza con la extensión importante de protestas sociales en expansión sin una referencia política que contenga las demandas de las movilizaciones sociales en defensa de los ingresos salariales y previsionales, la educación o la salud pública, el derecho a la energía, entre muchas demandas. Esas protestas necesitan referenciarse en proyectos políticos alternativos que entusiasmen a una mayoría suficiente para intentar un rumbo a contramano del programa hegemónico de las derechas. No hay respuesta desde las identidades tradicionales, por lo que la expectativa está en la emergencia de una nueva representación política que asuma el programa de la crítica y de la resistencia popular. En todo caso es lo que asoma en una referencialidad creciente de la izquierda que está desafiada a constituirse en proyecto social masivo. Buenos Aires, 26 de mayo de 2026

El capitalismo en crisis y las incertidumbres sobre el futuro

La economía mundial está en crisis, los que supone la exacerbación de la confrontación entre las/os propietarias/os de los medios de producción y las/os propietarias/os de la fuerza de trabajo. Aludimos a la lucha de clases expresada esencialmente en la relación entre el capital y el trabajo, entre capitalistas y trabajadoras/es. Decir economía mundial apunta a destacar que el orden capitalista en su totalidad está en crisis. No solo es la economía, sino la política y con ello, la totalidad de vida, de la humanidad y de la naturaleza. El capitalismo, producto de la crisis, está en reestructuración, lo que significa un nuevo momento de las relaciones de explotación y del saqueo; una redefinición de la función estatal para asegurar el objetivo del régimen del capital, sea en la obtención de ganancias, la capacidad de acumular y de dominar para reproducir una lógica de proliferación del régimen de explotación y saqueo. Pero, como el capitalismo es una relación social, junto a la dominación está la subordinación, la de las clases subalternas, las que resisten la iniciativa del poder concentrado, generando no solo la resistencia, sino recreando perspectivas de emancipación social. Es una dinámica de revolución en la búsqueda de un nuevo orden anticapitalista. La confrontación de proyectos, entre la clase dominante y la subalterna se procesa en los órdenes nacionales, regionales y en el mundial. En cada país se procesan iniciativas de lucha de clases, las que articulan regional y globalmente. Solo para arrimar un ejemplo, pueden pensarse los cambios nacionales ocurridos en varios países de Sudamérica en la primera década del siglo XXI, quienes articularon propuestas novedosas de carácter regional en torno a una integración no subordinada en materia económica, financiera, política, comunicacional, cultural. El impacto en la sociedad mundial fue importante, incluso construyendo iniciativas de articulación en campañas mundiales, caso del Foro Social Mundial en Brasil hacia el 2001, que se extendió por todo el planeta. Ahora, a fines de marzo pasado, nuevamente en Porto Alegre se convocó globalmente a la construcción de una Conferencia Antifascista y Antimperialista, con la pretensión de confrontar a los múltiples foros de la ultraderecha. Crisis y violencia Es un dato relevante la crisis capitalista y los nivele de incertidumbre que genera la creciente desigualdad, el aumento de la carestía con el retorno de la inflación, las amenazas que suponen la extensión de la guerra y la militarización, exacerbando el carácter delictivo del capitalismo contemporáneo. Esto ocurre vía aumento de la venta de drogas, armas o la trata de personas, más la creciente especulación de mercados financieros que extienden el papel del capital ficticio en beneficio de pocos sectores sociales altamente concentrado en desmedro de la inmensa mayoría de la población mundial. Se repite un fenómeno esencial del capitalismo desde su origen: la violencia, que junto al “progreso” tecnológico productivo, incluso de la extensión de las expectativas de vida, crece la “devastación” por medio de calamidades naturales evitables, desde inundaciones a sequías, pasando por pandemias que afectan a los sectores más empobrecidos de la población. El progreso y la devastación constituyen una constante en nuestro tiempo, agravando el problema de la desigualdad de ingresos y de riquezas. La violencia está en el origen del capitalismo y se reproduce en el marco de procesos de crisis y reestructuración capitalista. El capitalismo se construyó desde la lógica colonialista e imperialista, que supuso la conquista de pueblos y territorios, junto a la cacería desplegada en África para la esclavización de fuerza laboral. Son mecanismos en el origen del capitalismo que constituyen su continuidad estratégica bajo nuevas modalidades de explotación de la fuerza de trabajo. La apropiación territorial supone al mismo tiempo la dominación sobre la “madre” y el “padre” de la riqueza: la naturaleza y el trabajo. Es una constante que bajo diferentes modalidades acontecen en la historia del capitalismo. Las crisis convocan a reestructuraciones violentas, por eso las dos guerras mundiales entre 1914 y 1945, o la actualidad del genocidio operado en Gaza, la violación de la soberanía en Venezuela o la agresión militar a Irán, o la exacerbación del bloqueo sobre Cuba, solo por mencionar ejemplos evidentes de la violencia imperial capitalista contemporánea. En la actualidad, el capitalismo pretende reestructurarse afirmando la tendencia a la liberalización de la economía, curiosamente, con fuerte intervención estatal para ejercer la violencia sobre países que pretendan rumbos alternativos o autónomos. Por eso, es una liberalización con sanciones unilaterales que rompen las normas internacionales por los países más poderosos, por caso, contra las normas establecidas en la ONU hacia 1945. La incapacidad de la ONU para hacer respetar las normas internacionales establecidas por las potencias hegemónicas hacia 1945 habla de la crisis de la institucionalidad mundial del orden capitalista. La realidad es una tendencia extendida a la precariedad del empleo y el ingreso de trabajadoras y trabajadores, la mayoría de la población mundial. Del mismo modo que se extiende la lógica de la privatización y la desregulación, favoreciendo la iniciativa del capital privado en la perspectiva de restablecer niveles superiores de producción y acumulación de las ganancias. Se trata de una dinámica que busca sostener la hegemonía lograda luego de 1945 por EEUU, hoy desafiada desde Asia por China, que articula relaciones internacionales más allá de la dominación económica, financiera, monetaria construida desde Washington. Alternativa al capitalismo En ese marco se procesa la carrera por la innovación tecnológica, la productividad del trabajo y la capacidad de apropiar concentradamente el excedente, que es resultado de la producción social, cada vez más extendida en su potencia de universalización. Esa universalidad creciente del capitalismo convoca a una respuesta de carácter alternativo, por otra sociedad. No es un tema nuevo, que podemos traer al debate desde la tradición de organización y lucha por la revolución. La revolución fue la estrategia del movimiento obrero que anticipó el Manifiesto Comunista en las luchas de 1848 en Europa, territorio del movimiento obrero en su primera etapa. Una estrategia que se asumió bajo la consigna: “proletarios del mundo uníos”, como consigna de la Asociación Internacional de Trabajadores hacia 1864, que tuvo materialidad con el intento de la Comuna de París en 1871, y más aún, con la Revolución en Rusia en 1917. Esas experiencias se desarrollaron como fundamentos para una expectativa en contra y más allá del capitalismo. Con la ofensiva capitalista de los 70/90 del siglo pasado, emerge en esta tercera década del siglo XXI la ofensiva política de la ultraderecha, con su proyecto reaccionario por desarmar conquistas históricas de la lucha obrera y popular, en un intento de relanzar la lógica de explotación y saqueo. Como siempre, la resistencia obrera y popular se opone a la política criminal de la ofensiva del capital y de las ultraderechas y reanima la búsqueda por caminos alternativos que otorguen perspectiva histórica a la posibilidad de la lucha por otro orden mundial, sin explotación y saqueo de los bienes comunes. Es la experiencia de las luchas de las/os trabajadoras/es y de nuestros pueblos los que construyen la esperanza liberadora en todos los continentes, por una nueva institucionalidad global en donde sea los pueblos los que definan el presente y el futuro. Buenos Aires, 22 de mayo de 2026

La fragmentación del movimiento obrero limita la síntesis estratégica para construir alternativa de poder

La reestructuración regresiva del capitalismo en la Argentina por medio siglo, desde la dictadura genocida en 1976, puede explicar el retroceso de las/os explotadas/os en su confrontación con la clase propietaria, local y extranjera, del núcleo principal de acumulación capitalista. En efecto, ante la acumulación de poder popular de la clase trabajadora hacia 1975/76, la respuesta fue la genocida ofensiva del capital en contra del trabajo, que hoy se asume, además, como ofensiva de la ultraderecha (el gobierno de Javier Milei) para eliminar las conquistas obtenidas en la lucha obrera y popular. Se acaba de aprobar una reaccionaria reforma laboral en contra de derechos históricos de trabajadoras y trabajadores, que era un objetivo de largo aliento del gran capital. La acumulación de poder popular fue producto o de un siglo de experiencias de organización y lucha (1875-1975), en la que confrontaron una estrategia de conciliación de clases, hegemónica luego de 1945, para el desarrollo del capitalismo y una corriente que sustentó una estrategia de poder en contra del capital, hegemónica en los albores de la emergencia obrera a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Esa disputa coexistió desde el inicio de la organización política de la clase trabajadora y se proyecta en nuestro tiempo en las formas que asume la fragmentación y la reorganización del movimiento de trabajadoras y trabajadores. Es algo que se visibilizó en la diversidad de actos del 1° de mayo pasado. Son tendencias que conviven en la resistencia cotidiana, expresadas en paros generales y diferentes formas de lucha, pero sin síntesis de una propuesta política alternativa a la lógica capitalista. Regresivos cambios estructurales La pobreza y el desempleo oscilaron en torno al 5% y al 3% respectivamente antes de la ofensiva reaccionaria de la Dictadura genocida iniciada en 1976. En la actualidad, la pobreza oscila entre el 30 y el 50% desde hace tres décadas, como dato estructural de la organización económica de la sociedad en Argentina. El desempleo, el subempleo y la situación irregular, de precarización en el empleo, creció de manera alarmante y afecta al 50% de la población trabajadora. Por eso, el impacto regresivo en la distribución del ingreso, que desciende desde el máximo de un 50% para el capital y otro tanto para el trabajo a niveles de 70 a 30, en desmedro de la clase trabajadora. La Argentina contemporánea es más desigual en apropiación de ingresos y de riqueza con relación a las formas del desarrollo capitalista previo al proceso inaugurado hace medio siglo desde el golpe de Estado de 1976. El golpe del 76 instaló reaccionarias reformas en las relaciones entre el capital y el trabajo, tanto como en las funciones asumidas por el Estado y en un realineamiento internacional del país favorable a la dinámica de liberalización y transnacionalización del régimen del capital. No sorprende entonces que el primero de mayo de 2026 presentó diferentes actos y movilizaciones de las centrales sindicales existentes y de organizaciones sindicales, sociales y políticas. Esa diversidad es una manifestación de estrategias divergentes que existen en el movimiento obrero y popular, de quienes mantienen una lógica de conciliación de clases en tiempos de imposibilidad para políticas de tipo keynesiana, funcionales a otro momento del capitalismo global. Otros, sustentan lógicas de confrontación sin conciliar diagnósticos relativos a la derrota sufrida por el movimiento obrero desde la ofensiva capitalista global de los ´70 y los ´90 del siglo pasado. Constituye aún una asignatura pendiente el balance de la lucha de clases contemporánea, de los ciclos acontecidos desde los orígenes del movimiento obrero y las estrategias por la emancipación y la revolución, de 1848 al presente. Aludimos a una derrota estratégica que afectó el imaginario por la lucha anticapitalista, antimperialista, anticolonialista y toda forma de discriminación o racismo. En rigor, un diagnóstico adecuado sobre la derrota sufrida es el punto de partida para reagrupar al movimiento de trabajadoras y trabajadores en una nueva estrategia por la revolución en contra y más allá del capital. Desafíos estratégicos Son líneas escritas pensando en la Argentina, pero que pueden hacerse extensivas a otras latitudes, en tanto acontecen cambios reaccionarios en el capitalismo mundial a la salida de la crisis de rentabilidad de los 60/70 en todo el mundo. Cambios estimulados por la derrota y desarticulación del socialismo en el este de Europa y muy especialmente con el fin de la Unión Soviética y la bipolaridad del sistema mundo. El movimiento obrero y la izquierda está desafiada a gestar un nuevo tiempo por la revolución y el socialismo, en donde la teoría revolucionaria está convocada al análisis riguroso y la generación de síntesis de nuevas experiencias de transformación revolucionaria. Son reflexiones que remiten a una práctica teórica política en el movimiento obrero y en la izquierda, en la Argentina y en la región. Reflexiones que apuntan al desafío intelectual por reconstruir una estrategia contra el capital en esta tercera década del Siglo XXI. Buenos Aires, 5 de mayo de 2026. A 208 años del nacimiento de Karl Marx.

Pareciera que los tiempos no le dan a Milei (publicado en Perfil https://www.perfil.com/noticias/opinion/pareciera-que-los-tiempos-no-le-dan-a-milei.phtml

La salvación de Milei serían las inversiones externas o la apertura del mercado mundial de capitales y deuda. Parece que los tiempos no le dan. Los inversores internacionales miran para otro lado ante las incertidumbres de la economía mundial y eso agrava el riesgo de aquellos que podrían asentar sus inversiones en la Argentina. En el mundo existe lo que se denomina “vuelo a la calidad”, especialmente en tiempos de crisis, y eso es lo que ocurre con la militarización y guerra, con escalada de precios internacionales. Los capitales se orientan hacia la industria militar, radicada en los principales países del sistema mundial. Una parte importante se asocia a la tecnología que la sustenta, entre ellas, la crema de las innovaciones tecnológicas: la inteligencia artificial. Además, la lógica de alianzas internacionales de Milei apunta a la complementación entre la demanda de materias primas de la economía estadounidense, litio entre otros, y la posibilidad de oferta que tiene la Argentina. Por fin quedaría atrás la competencia entre ambos países y podría existir asociación de beneficio mutuo, con inversores del norte y provisión de bienes comunes desde la Argentina. Claro que en la amplia geografía y en la disputa geopolítica existen otras opciones que compiten como oferentes de la misma producción. Remito a Australia, gran proveedor de China y que EEUU está interesado en potenciar la reorientación de esas exportaciones hacia el mandamás del sistema mundial. Es un momento complicado para las expectativas del liberal libertario en la Casa Rosada. La subordinación política e ideológica a Trump y al proyecto MAGA no paga en la imaginación de reestructuración regresiva del capitalismo local. La competencia mundial existe y no solo están los amigos de Trump, sino y especialmente los intereses económicos. Esa reorganización del capitalismo mundial se asienta en el destino de las inversiones productivas y cada Estado nacional disputa por la atracción de esas inversiones. La búsqueda de esos inversores no es solo política de la Argentina. Entonces… más ajuste y recesión Milei debe profundizar su política para atraer esas inversiones que parecen esquivas. No alcanza con el RIGI, ni la reforma laboral, obstaculizada en la justicia. Por eso profundiza la línea del ajuste fiscal con la lógica de la motosierra. Es que se le disparó el índice de precios, con el 3,4% de marzo y para bajarlo induce más recesión de esa parte no beneficiada de la política económica, intentando exhibir que lo que importa son los cuatro sectores del crecimiento: el agro negocio de exportación, la minería, la energía, todo basado en un sistema financiero abierto al mercado mundial. Un mercado mundial que se resiste a ofrecer los suficientes recursos de renegociación de una deuda impagable en la perspectiva de los vencimientos de un calendario de pagos muy abultados en los próximos años. El relato lo condena. Pareciera que aquello de que la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario no resuelve la demanda social por estabilizar la economía de la cotidianeidad, más aún cuando presionan los precios internacionales. Milei con su relato monetarista y en contra de la casta y la corrupción construyó un relato esperanzador, materializado en consenso electoral. Ese relato se derrumba por la realidad económica a la que se suman las evidencias de corrupción de la casta en el gobierno. La sociedad empieza a ver estos problemas y la desesperanza crece, habilitando la búsqueda de un nuevo proyecto esperanzador, que debe transitar por rumbos opuestos a la lógica liberal libertaria. ¿Cuál rumbo? Discutir si se atiende a los acreedores externos o a los acreedores de alimentación, salud, educación, empleo o ingresos suficientes. Si debe favorecerse la producción extranjera abriendo indiscriminadamente las importaciones o si se debe hacerse promoviendo la local, bajo formas comunitarias, de autogestión, cooperativas, solidarias, que privilegian la necesidad de resolver producción y circulación para la mayoría social empobrecida por la lógica de mercado hoy imperante. En fin, un proyecto en construcción en las demandas organizadas del conflicto social que crece en el país y que no encuentra respuesta ni en el gobierno ni una oposición que no combate el fondo del proyecto oficialista, sino las formas del ejercicio del poder. Combatir el relato oficial resulta imprescindible para generar condición de posibilidad de otro proyecto político que vaya a contramano de esta lógica de ofensiva ultra liberal. Buenos Aires, 14 de abril de 2026

Ofensiva del capital y de la ultraderecha en Argentina. Desafíos y problemas para construir alternativa

Resulta importante destacar la oportunidad y el lugar de la convocatoria a esta “Conferencia”. El momento es de una enorme gravedad, por la escalada guerrerista de EEUU e Israel sobre Irán, potenciando el genocidio en Palestina, la intromisión en Venezuela y las amenazas a Colombia, México o a Cuba, entre otros países. Sobre el lugar, Porto Alegre, recupera la zaga de encuentros del Foro Social Mundial desde 2001, ámbito que en enero del 2002 había puesto en escena la “pueblada” de Argentina de fines del 2001 y su contribución a la dinámica de cambio político regional en la primera década del siglo XXI. El fenómeno Milei y lo esencial de la reaccionaria reorganización del capitalismo local Es necesario caracterizar el fenómeno del ascenso político del liberal libertario Javier Milei a la presidencia de la Argentina, desde diciembre del 2023 y con mandato hasta diciembre del 2027, con posibilidad de renovación de gestión presidencial entre 2027 y 2031. Se trata de un “fenómeno” asociado al desarrollo capitalista del país, a la reorganización estructural regresiva que se viene operando desde hace medio siglo, especialmente desde la emergencia de la dictadura genocida instaurada en marzo de 1976. Esa es la “esencia” detrás del fenómeno. No es una casualidad, ni está al margen del proceso histórico concreto, sino resultado del desarrollo del capitalismo. Desde 1975/76 acontecen cambios estructurales en las relaciones económico sociales, sea la relación entre el capital y el trabajo, la relación estatal y en el ámbito de las relaciones internacionales, las que se potencian en el presente de ofensiva ultra-liberal de la ultraderecha. Los cambios estructurales son expresión de la ofensiva del capital por la “liberalización” de la economía y la recuperación de márgenes favorables a la tasa de ganancia en desmedro de los ingresos salariales y de los de la mayoría de la población, por lo que se avanzó en desregular y privatizar el sector productivo, subordinando al país a la lógica de acumulación de la internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital. Aludimos a cambios que son parte de una reorganización reaccionaria del capitalismo en el ámbito global. Son consecuencia de la crisis capitalista de “rentabilidad” en los 60/70 y de la respuesta “liberalizadora”, denominada neoliberal. Esos cambios estructurales en las relaciones económico sociales generan cambios políticos, en la representación política. Por eso, asistimos a una dinámica de crisis de las representaciones tradicionales, no solo en los partidos políticos, sino también en la representación sindical, social, cultural; en un cambio de paradigma que afecta la tradición político cultural de la clase explotada y del conjunto del pueblo. Las claves para entender la economía y la política en el país, incluso a escala global, cambiaron. El capitalismo, como relación social existente hasta 1975/76 había generado determinadas estructuras de poder y de réplica sociopolítica, derivada de la lucha de clases concreta. Todo eso estalló en este medio siglo y ante la crisis política emergen nuevas representaciones, las que intentan reflejar los cambios en el desarrollo de las fuerzas productiva y las relaciones de producción. Detrás de Milei está la iniciativa política del poder, de capitales concretos que lo instalaron en una campaña mediática para hacerlo conocido, inducir una crítica a las formas de ejercicio de la política y ofrecer una perspectiva legitimadora del “ajuste y la regresiva reestructuración” del capitalismo local. El discurso legitimador supone la liberalización de la economía, es decir, la eliminación o limitación de los derechos sociales, sindicales, colectivos e individuales que restringen la apropiación de ganancia empresaria. Se trata de una búsqueda por la funcionalidad de la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes a las condiciones y necesidades del capitalismo mundial. Lo primero, explotación de la fuerza de trabajo, viene lográndose en una tortuosa y persistente ofensiva del capital contra el trabajo, cuyas consecuencias son la tendencia a la baja de los ingresos salariales, el crecimiento del trabajo irregular y por lo tanto de la precarización salarial y laboral. El saqueo, lo segundo, es una tendencia histórica liderada por la gran propiedad territorial, afirmada con el cambio del modelo productivo agropecuario exportador centrado en el complejo de la soja transgénica, especialmente desde los 90 del siglo pasado. La novedad en la estructura socio económica del país deviene en los nuevos territorios de la explotación y del saqueo, ya no los tradicionales de la “pampa húmeda” y su producción histórica de granos y carnes, luego soja y cultivos transgénicos, sino las oportunidades de la energía bajo la explotación de hidrocarburos no convencionales y de la minería. El sector financiero, especialmente el endeudamiento público, resulta funcional a esa estrategia. Esa novedad del modelo productivo y de desarrollo supone una transformación estructural para desarmar la lógica productiva y del poder histórico. Es lo que puede entenderse de la dinámica de “desindustrialización” en curso, que, en rigor, significa una reindustrialización hacia otros sectores productivos, especialmente empujados por la inversión extranjera y la lógica de acumulación global que implican las innovaciones tecnológicas en el presente. La expectativa por inversiones externas acerca al gobierno de la Argentina al de EEUU y modifica la tradicional relación “competitiva” del capitalismo local con el yanqui. Ocurre ahora una complementariedad, en donde desde el sur se ofertan abundantes “recursos naturales”, los bienes comunes demandados por el norte, a cambio de capitales que buscan rentabilidad en tiempos de crisis mundial, de ralentización de la economía y de búsqueda de rentabilidad. En ese marco, Milei y Trump constituyen una sociedad altamente funcional, aun cuando el neoyorquino es “nacionalista” y el argentino no lo es. De hecho, Milei pretende dar letra a los líderes del capitalismo mundial sobre la liberalización necesaria en el presente. Los líderes de la ultraderecha son nacionalistas, Milei no. Este pretende inaugurar un nuevo paradigma global. Recordemos que Pinochet impulsó la política económica pergeñada en la Escuela de Chicago o desde la austríaca, dando lugar al ensayo neoliberal que luego generalizarían Thatcher y Reagan, más aún a la caída de la URSS para generalizarse desde los 90 del siglo pasado hasta la crisis del 2007/09. Esa es la pretensión del presidente de la Argentina, marcando la cancha al capitalismo mundial por más liberalización, ahora desde el consenso electoral. Si hace medio siglo, el ensayo chileno y de las dictaduras del Cono Sur de América marcaron el rumbo del capitalismo mundial, ahora se ensaya desde la Argentina una propuesta radicalizada de liberalización. Si entonces se hizo desde la Dictadura, ahora se organiza desde el consenso electoral, legitimador de una propuesta autoritaria y antipopular. El desafío y los problemas para construir alternativa política Lo fundamental pasa por reconstruir una estrategia de contrapoder, no solo para derrotar electoralmente a Milei, lo que puede ocurrir desde una fuerza política que unifique el espectro crítico al liberal libertario y no modifique sustancialmente el rumbo de regresiva reestructuración del capitalismo local. De hecho, ya ocurrió con las críticas a los proyectos liberalizadores de los 90 del siglo pasado, en donde las oposiciones construidas para derrotarlos mantuvieron lo esencial de las reformas regresivas de los años 90, incluso las previas en tiempos de la Dictadura genocida, ejemplo de la legislación financiera de 1977 y la dinámica subordinada del endeudamiento público, no revertida en 43 años de gobiernos constitucionales, salvo el efímero momento del 2001 bajo la presión popular, que definió la suspensión de pagos hasta el canje de deuda del 2005. No alcanza entonces con un frente anti Milei. Lo que se requiere es una alternativa política para otro rumbo económico y social de la Argentina, con el privilegio a satisfacer las demandas de la mayoría social, por ingresos, empleo y derechos conculcados en tiempos de liberalización de la economía. El punto de partida es la derrota política de la estrategia de la clase obrera y el movimiento popular en tiempos de la dictadura genocida, cuya reversión es la asignatura pendiente, imprescindible para reconstruir estrategia de gobierno y de poder en el país. En rigor, no se trata de un tema local, sino que es extensivo en el ámbito regional y mundial ante la derrota global identificada con el fin de la bipolaridad. Los episodios como los de Venezuela o Irán tenían límites en tiempos de confrontación entre el socialismo y el capitalismo, más allá de lo que se opine acontecía en el este de Europa. Ponencia presentada en el panel: “La lucha contra el fascismo ultra-liberal de Milei” en la “Conferencia Internacional antifascista y antiimperialista”. Actividad realizada el 26 de marzo de 2026 en Porto Alegre, Brasil. Por el escaso tiempo solo se presentaron verbalmente aspectos salientes de las ideas aquí expuestas. El cambio político en nuestra América en la primera década del Siglo XXI generó enormes expectativas, aun cuando la propuesta “progresista” mostró sus límites, precisamente por no confrontar al proyecto reaccionario de inserción subordinada en la lógica de la internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital. Se trata de reorganizar al movimiento obrero y popular, lo que supone desafiar a la institucionalidad de la representación popular. El desafío lanzado en los 90 por una “nueva” organización de trabajadores y trabajadoras sigue pendiente de materialización. En la crisis del 2001 emergieron nuevas formas de expresión y representación popular, sean las asambleas, los piquetes, las empresas recuperadas y diversas formas de expresión de la demanda de organización y lucha de trabajadores y trabajadoras. Fueron y son formas de expresión de la diversa resistencia que existe en la Argentina, con el límite de la ausencia de una síntesis política que la exprese de manera unificada en una propuesta política alternativa. Un problema irresuelto en la construcción de alternativa es el dialogo y la articulación de propuestas que anidan en tradiciones políticas diferentes, especialmente la identidad del peronismo y de la izquierda. Existen límites subjetivos para una articulación política de ambas tradiciones para avanzar en políticas de unidad de acción y más aún de unidad estratégica. No remite a la unidad de las organizaciones partidarias, sino a las identidades colectivas en el seno de las trabajadoras y los trabajadores. Las recientes movilizaciones de carácter antifascista (febrero 2025 y 2026), las convocatorias por el 8M o la masiva convocatoria del 24M dan cuenta de la capacidad de movilización y organización popular, aun cuando acontecen en el marco de fragmentaciones diversas, especialmente en materia política. Grandes concentraciones convocadas por amplios espectros políticos sociales no tienen aún capacidad de articular síntesis políticas que hagan realidad el programa que sustenta cada sector de la sociedad, caso de la lucha de jubiladas y jubilados, por mejoras de los ingresos salariales y populares, por los derechos a la educación o la salud, por el género y las diversidades, por la defensa del medio ambiente, entre muchos aspectos que difunden multiplicidad de luchas cotidianas. Son todos reclamos que encarnan un programa, con la dificultad que no son sintetizados en una propuesta política integral, que pueda disputar gobierno y poder. Las reflexiones aquí volcadas son expresadas en mi carácter de integrante de ATTAC-CADTM, parte de la red CADTM, convocante de esta Conferencia antifascista y antimperialista, con años de militancia en campañas mundiales contra la globalización capitalista y muy especialmente en contra del endeudamiento público y los organismos financieros y la banca transnacional. También milito la Corriente Política de Izquierda, CPI, en “Vientos del Pueblo. Por un frente para el Poder Popular”. Desde Vientos del Pueblo se viene impulsando la “Agenda del pueblo trabajador”, que articula movimientos y grupos que sustentan luchas y demandas. Se trata de una forma de construcción de alternativa política interactuando entre las luchas populares y sus organizaciones en la búsqueda de nuevas síntesis que habiliten el proceso de construcción colectiva de una propuesta anticapitalista, antimperialista, contra toda forma de racismo y discriminación. Resulta imprescindible reagrupar a la clase obrera y al movimiento popular en todas sus dimensiones y transiciones políticas, especialmente el peronismo y la izquierda, quienes disputaron la hegemonía en el seno de la clase trabajadora. El sindicalismo argentino transitó desde fines del siglo XIX entre el anarquismo, el socialismo, el comunismo, desde sus orígenes hasta la emergencia del peronismo a mitad de los 40 del siglo pasado. Se requiere la reorganización política y la identidad del movimiento obrero y popular para sentar las bases de una propuesta política que sea síntesis de la estrategia de poder en contra de la ofensiva del capital y de la ultraderecha. Los problemas de la fragmentación social y política constituyen desafíos para reorganizar al sujeto consciente que enarbole los programas aislados de múltiples luchas sectoriales a lo largo y ancho del país para construir síntesis política para la emancipación. Buenos Aires, 26 de marzo de 2026

EEUU e Israel desatan la guerra sobre Irán y más allá

Crecen los argumentos que detrás del poder militar de EEUU están los problemas locales y denuncias “Epstein” sobre Trump, tanto como la presión de Israel para involucrar a la primera potencia militar mundial en el ataque a Irán, como parte de una estrategia de dominación en Medio Oriente, precedida por el genocidio del pueblo palestino. Entre otros que argumentan al respecto están las afirmaciones del renunciado Director del Centro Nacional Antiterrorista estadounidense, Joe Kent al destacar que Trump asumió la decisión de atacar sin que el país islámico fuera una amenaza. El dato real es que el 28 de febrero, el ataque militar de EEUU e Israel sobre la República islámica agrava las tensiones económicas y políticas de un mundo capitalista en crisis y en reorganización. Algo ya no funciona como antes y hay que rearmar el mecanismo de la explotación y el saqueo. La/s guerra/s ocupa el lugar de última instancia como iniciativa del poder. Se trata del fenómeno de la guerra y la militarización como evidencia de la esencia de los problemas del régimen de acumulacion capitalista. La crisis se manifiesta en la brutal ofensiva en contra del trabajo desde la crisis de rentabilidad de los 60/70, agravada desde la política liberalizadora desde los 80 del siglo XX y potenciada luego del 2007/09 y la desaceleración económica, agravada en tiempos de pandemia desde el 2020. Es una dinámica asociada a la regresiva reforma estatal y a nuevos reagrupamientos globales en la disputa de EEUU con China por la hegemonía capitalista. Por su parte, la reorganización del sistema mundial se expresa en el proyecto MAGA de Trump y su equipo, que trasciende la política local para proyectarse en todo el mundo. El Foro de Davos hizo explícito el desafío al proclamar la necesidad de barajar y dar de nuevo, de resetear el capitalismo. En efecto, Marco Rubio, Secretario de Estado llevó en febrero de 2026 a Múnich un mensaje de justificación guerrerista para restablecer la dominación imperialista desde Washington. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, Rubio reivindicó el papel civilizatorio del capitalismo y la colonización europea en Nuestra América, resaltando el error de convalidación del sistema bipolar desde 1945. La lógica es que el capitalismo es la civilización occidental que mejoró a la humanidad, por lo que se sostiene su defensa de cualquier modo. El problema es cualquier alternativa, que inevitablemente conduciría al comunismo. La violencia en origen del régimen del capital se reitera en cada nueva etapa de afirmación y extensión de las relaciones capitalistas de producción y circulación. El capitalismo nace chorreando sangre dirá Karl Marx y nunca dejará de hacerlo. Con esos argumentos del Secretario de Estado se sostiene la lucha contra el comunismo y múltiples variantes que llevan a la humanidad por ese rumbo: el socialismo y las variantes reformistas de base socialdemócrata, e incluso la democracia liberal y las políticas económicas keynesianas, incluso neoclásicas. Se sostiene que el capitalismo llevó inversiones para fortalecer al comunismo, en clara alusión a China y su poder construido en las últimas cuatro décadas. Un crecimiento asociado a las inversiones de capitales transnacionales que buscaban fuerza de trabajo más barata que en el capitalismo desarrollado, una forma de contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancias. La apuesta de Trump es la reorganización del sistema mundial para afirmar el papel hegemónico de EEUU y en ese sentido, el Estado de Israel y la gestión Netanyahu constituyen su principal aliada en Medio Oriente, territorio de concentración del insumo estratégico que motoriza las confrontaciones militares, económicas y políticas especialmente desde la crisis energética estadounidense de los setenta del siglo pasado. La operación sobre Venezuela tiene el mismo sello. Petróleo, dólar y orden mundial En rigor, no solo se trata del Petróleo, sino de su comercialización bajo el dólar, los petrodólares, a partir del acuerdo de EEUU con Arabia Saudita para que la comercialización petrolera se materialice con la moneda estadounidense. Ese acuerdo funcionó por medio siglo hasta junio del 2024, habilitando el comercio petrolero en otras monedas, debilitando el peso del dólar. Todos los intentos previos por eliminar ese condicionante generaron conflictos graves en Irak, Libia e incluso Venezuela. En este país, no es tanto la apropiación de petróleo actual, sino de asegurar el mantenimiento de la producción petrolera en la esfera del dólar. Con el ataque sobre Irán se produjo un fuerte crecimiento del precio de petróleo y una importante valorización de la divisa estadounidense. El fantasma inflacionario se extiende deteriorando las condiciones de vida de las poblaciones empobrecidas. La inflación es un mecanismo regresivo en la distribución del ingreso, consolidando la desigualdad. El petróleo subió un 40% aproximadamente, de más de 60 dólares el barril antes del ataque a Irán a más de 100 dólares y con picos de 120 dólares, sin estimación de su evolución futura según sea la duración del conflicto. El cierre del estrecho de Ormuz contribuye a la incertidumbre, agravada con la respuesta de las aseguradoras que encarecen el costo de transporte. Ante la incertidumbre se produce el “vuelo hacia la calidad” de los capitales excedentes y por eso la valorización del dólar, aun cuando no recupera las perdidas acontecidas en el último año. Esta revalorización del dólar dificulta la demanda de Trump por bajar las tasas de interés en EEUU y en definitiva interviene en los límites para superar la desaceleración económica de arrastre en la potencia hegemónica. La gestión Trump pretende recomponer el papel de EEUU en el sistema capitalista mundial y para ello necesita sostener el peso de su divisa en las relaciones económicas internacionales. De ahí su política de sanciones y guerra arancelaria, más allá del fallo adverso de la Corte Suprema, ya que con esos aranceles avanzó en acuerdo de inversiones, especialmente de países del Medio Oriente en EEUU. Trump alardea con compromiso por 18 billones de dólares, destaca Paul Krugman, cuando en realidad solo son verificables una tercera parte. La columna del nobel de economía del 2008 se publicó el 18 de marzo pasado bajo el título “Donald Trump, Petropresidente”, en donde analiza los impactos económicos de la agresión a Irán, pero especialmente los lazos de corrupción y enriquecimiento entre el jefe de Estado de EEUU y las monarquías de Oriente Medio. El orden mundial se reorganizó al final de la segunda guerra bajo la bipolaridad entre capitalismo y socialismo, más allá de cualquier opinión sobre el tipo de sociedad en construcción en el este de Europa y en cualquier territorio en donde avanzara una propuesta de revolución contra el capitalismo y por el socialismo. La desarticulación de la URSS y el socialismo en el este de Europa supuso una reorganización del sistema mundial. La lógica cultural estaba abonada por el “fin de la historia” y un relanzamiento del imaginario social mayoritario a favor del mercado, generando condiciones de posibilidad para la expansión de la corriente hegemónica liberalizadora asentadas en la escuela austríaca de economía y en la de Chicago. Mises, Hayek y Friedman pasaron a hegemonizar el pensamiento y con ello se consolidó la ofensiva capitalista desde la política económica y habilitó el rápido ascenso de las ultraderechas en variados gobiernos, especialmente desde el arribo a la Casa Blanca del magnate inmobiliario en 2016 y ahora con mayor iniciativa y poder desde 2025. Pensar la alternativa Un gran desafío para la emancipación social supone este presente de guerra y amenaza de escalada bélica nuclear, que se suma a la destrucción sistemática del medio ambiente. En tiempos de fuerte innovación científica y tecnológica, se afirma la constante de progreso y devastación que devuelve la historia del orden capitalista. La respuesta en origen fue la resistencia de los pueblos colonizados y la construcción de sujetos en lucha que instalaron su sello en revoluciones que significaron y aun significan experiencias de cambio social y político. No solo es necesario hacer balance de dichas experiencias, sino de motorizar nuevas síntesis teóricas de la variedad inmensa de luchas populares en todo el planeta y generar condiciones de posibilidad para nuevas síntesis de praxis política que abran camino a una perspectiva revolucionaria en contra del capitalismo y más allá. Es larga la historia de la civilización y en ella, la del capitalismo, que continua el proceso de expansión de las relaciones monetario mercantiles, de explotación y saqueo. La crítica al régimen del capital sigue siendo un imperativo para sistematizar alternativas civilizatorias en defensa de la vida social y natural. Buenos Aires, 18 de marzo de 2026

Corrupción e inflación al alza

Los principales responsables de la gestión de gobierno, el presidente, la secretaria general, el jefe de gabinete, y varios funcionarios están con procesos judiciales por corrupción. Se trata de un gobierno que asumió con un discurso de sustento “ético” contra la corrupción en gestiones previas, por lo que puso en el centro de su mensaje la crítica a la “casta” o la profesionalización de la política. La realidad es que el gobierno funciona gracias a la incorporación masiva de la “casta” tradicional: Bullrich, Caputo, Sturzzenegger y buena parte del PRO y de la política profesional tradicional, reiterando mecanismos de corrupción. El poder corrompe y enriquece vía ilícitos a un conjunto de burócratas de distinto nivel, que a veces por tajadas menores sostienen su beneficio individual y apañan operaciones de enriquecimiento de una enorme malla de delincuencia entronizada en la jerarquía oficialista. El combate a la inflación fue el otro eje en la campaña electoral hacia la presidencia y en la gestión, ya por más de dos años. La tendencia descendente en la medición de precios, más allá de cualquier observación al método de medición por el INDEC, tuvo su punto más bajo con el 1,5% en mayo de 2025. Desde entonces, no dejó de crecer y casi duplicar el valor con el 2,9% de enero y febrero del 2026. Más aún, la medición interanual bajó hasta el 31,3% en octubre del 2025. Todo un logro sobre el 211% del 2023, influido por el 25,5% de diciembre del 2023, motivado en la mega devaluación del nuevo gobierno de Javier Milei. Desde ese registro del 31,3% en octubre, los meses siguientes iniciaron un rumbo ascendente que alcanza el 33,1% para febrero. Consultoras internacionales y locales, en el marco de la incertidumbre mundial de guerra y suba de los precios del petróleo vaticinan dificultades para retomar el ritmo descendente de los precios. Ambas banderas, el combate a la corrupción y a la inflación permitieron acrecentar el consenso social de una parte importante de la sociedad para los triunfos electorales del 2023 en segunda vuelta, y del medio término en 2025, base de sustento para el objetivo por la reelección en 2027. ¿Afecta ese consenso la creciente visibilizarían de la corrupción gubernamental y del alza de los precios por razones locales y globales? Los niveles de insatisfacción oscilan entre el 60 y el 65%, contra respaldos del 35 al 40% de un núcleo duro de apoyo político ideológico. El problema es la ausencia de un imaginario social expresado en una propuesta política alternativa. Una propuesta que induzca otro rumbo para el país en las condiciones actuales de ofensiva capitalista de la ultraderecha en el desarrollo capitalista mundial. En efecto, en el mundo crecen las propuestas de la ultraderecha, como réplica a las insuficiencias de la economía y la política contemporánea, las que remitían al imaginario bipolar del objetivo socialista y del capitalismo del Estado benefactor, una dualidad de propuestas que expresaban la confrontación entre socialismo y capitalismo entre 1945 y 1989/91. El derrumbe del socialismo en el este de Europa y las crisis de la socialdemocracia, con las secuelas de crecientes insatisfacciones habilitaron el avance de las ultraderechas. Hace un siglo y ante la crisis económica, social y política emergió el fascismo y el nazismo, contribuyendo al desastre humanitario de la guerra mundial. La realidad nos hace pensar en el retorno de viejos fantasmas bajo nuevas condiciones. Las transformaciones en el capitalismo se presentan en la flexibilización del trabajo y el crecimiento del empleo irregular, sin acceso a seguridad social; del mismo modo que aumenta el gasto estatal “improductivo” en seguridad y defensa, para reprimir protestas sociales y con fines de guerra, afectando el gasto público social; y se reorganizan las relaciones internacionales en tiempo de crisis del orden mundial surgido en 1945. A la vanguardia de esa reorganización está EEUU en su confrontación con China. Se disputa la hegemonía del sistema mundial. Beiging está ganando la batalla de la producción y la circulación, mientras desde Washington se sostiene la dominación mundial financiera sustentada en el dólar y muy especialmente la capacidad militar desplegada en todo el planeta, con el mayor presupuesto militar, muy lejos. Argentina se sumó sin beneficio de inventario ni reservas a la política estadounidense. Las consecuencias se hacen sentir, especialmente pr el impacto d ela inflación mundial. No alcanza con el descontento social por la suba de precios e ingresos populares, salarios y jubilaciones que corren de atrás; ni con el descrédito del oficialismo por las prácticas corruptas de sus referentes. El problema es cómo ganar una mayoría sociopolítica consciente para otro rumbo de país, que privilegie un modelo productivo y de desarrollo que satisfaga la demanda de alimentación, salud, educación para el conjunto de la población, reorganizando estructuralmente el orden económico social con base en la solidaridad y la cooperación, el trabajo de autogestión o bajo formas cooperativas y comunitarios. El centro debe estar en “resolver” necesidades populares y no en la lógica de la ganancia y la acumulación capitalista. La coyuntura local y muy especialmente la mundial, nos convoca a pensar estratégicamente la crítica al presente para construir otra posibilidad de organización socioeconómica sin reproducir lógicas impugnadas que se sustentan en el lucro. Buenos Aires, 17 de marzo de 2026

Argentina en venta

La guerra es una calamidad social que se manifiesta en muertes y devastación de infraestructura y condiciones de vidas, en Gaza o en Teherán, al mismo tiempo que aumentan los precios de las commodities, especialmente el petróleo y las materias primas asociadas a los alimentos, y con ellos, la inflación como mecanismo regresivo de la distribución del ingreso. Por su parte, el belicismo incrementa el gasto militar mundial y disputa los usos sociales de los recursos públicos. Más inflación y presupuesto bélico está vinculado al endeudamiento público y privado, potenciando las tendencias especulativas del objetivo capitalista por la rentabilidad. Resulta entristecedor observar como los grandes capitales y los gobernantes que los representan se frotan las manos pensando en jugosos ingresos, ganancias e incremento de una dinámica propia de acumulación y de poder. Muerte, destrucción, junto a las ganancias y la acumulación son elementos esenciales del escenario de guerra. La violencia está en el origen y en la continuidad del orden capitalista. No hay novedad, es una constante y convoca a frenarlo y revertirlo. Una feria para las inversiones en Nueva York En ese marco y con el crecimiento de la producción y exportación de energía, la Argentina presenta en Nueva York su feria para futuras inversiones: “Argentina Week”. A la ciudad neoyorkina se trasladó la cabeza del ejecutivo nacional para ofertar al país, especialmente la disponibilidad de bienes comunes. La expectativa son inversiones mineras, energéticas, agro ganaderas y del sector de la economía del conocimiento, potenciando la alianza con el capital financiero mundial. Las inversiones buscadas constituyen la salvación de la política oficialista, especialmente ante la caída del consumo. El gobierno sabe que el crecimiento económico tiene su debilidad en la caída de la producción industrial, del comercio y la construcción, sectores preponderantes al momento de definir el empleo. Ante el cierre de empresas y el desempleo creciente, la alternativa de empleo es informal, sin registración ni seguridad social. Por eso hay necesidad de radicar inversiones externas que aumenten la producción y la exportación, asegurando ingresos de divisas que puedan resolver el cumplimiento de importantes vencimientos de deuda. Hasta ahora, el ingreso de divisas provenía de las ventas del complejo sojero y agro-ganadero más el endeudamiento y la especulación financiera. Ahora aparece como novedad el sector minero, el energético y el de la economía del conocimiento. El sector energético fue superavitario en 2025, con exportaciones por 11.000 millones de dólares e importaciones, especialmente combustible, por un poco más de 3.000 millones aproximadamente. Con el crecimiento del precio internacional del petróleo y el gas por el ataque militar sobre Irán, el gobierno liberal libertario especula con atraer inversores hacia el modelo productivo imaginado: agro-negocio de exportación, minería, energía, economía del conocimiento y finanzas. Piensan en potenciar las inversiones externas, especialmente cuando el consumo aparece debilitado por ingresos populares, salarios y jubilaciones, disminuidos. Pero también es floja la inversión local. Necesitan compensar la baja del consumo con el aumento de la inversión. Shock externo e inflación Claro que el shock externo incrementa la inflación internacional y tendrá impacto en el país, cuando el privilegio de la política pública es la reducción de la inflación a cualquier costo. No hay confianza en la perspectiva económica local, pese al crecimiento de la macroeconomía del 4,4% para el pasado año y cifras un poco menores previstas para este 2026. Una desconfianza que explica la reticencia a la baja del riesgo país, aun con la data de crecimiento señalada. El shock externo genera incertidumbre global y los capitales excedentes buscan mercados seguros, alejándose de las cuantiosas ofertas de rentabilidad que ofrece la economía de la Argentina. Milei sostiene que solo unos pocos sectores no resultan competitivos, curiosamente, esos que son definitorios en la creación y difusión del empleo y parte sustancial del ingreso popular, o sea, de la población trabajadora. Son sectores que activan el consumo y la inversión de sectores empresarios pequeños y mediados vinculados a la capacidad de ingreso de la mayoría social. No es el objetivo de la política pública. Desde el gobierno se demanda el ingreso de divisas, necesario para atender vencimientos y aumentar reservas internacionales, según compromiso con los acreedores externos, especialmente el FMI. Esas compras de divisas provenientes del superávit comercial o de préstamos supone emisión monetaria, la que debe ser esterilizada con nueva deuda vía emisión de bonos públicos. La no emisión es un condicionante de la ideología gubernamental, por lo que la contrapartida es la emisión de deuda pública. En definitiva, una rueda interminable de vencimientos a corto y mediano plazo, compitiendo con el gasto social, por lo que el horizonte es de mayor ajuste sobre el gasto público social. Según anuncia el gobierno, este 2026 incorporará 10.000 millones de dólares a las reservas, lo que supone emisión y esterilización con nuevos bonos (deuda pública) por ese volumen. Como la decisión es no emitir, lo que existe es una baja liquidez y ante la demanda de dinero ocurre una suba de las tasas de interés, complicando aún más la reactivación económica, y agudizando el problema de la mora crediticia. Resulta así una rueda sin fin de caída de la producción, del ingreso popular y del consumo, con más ajuste y endeudamiento. La generalización de la miseria impone la necesaria reversión de esta realidad de concentración del ingreso y de la riqueza. Buenos Aires, 9 de marzo de 2026

La apuesta libertaria por la competitividad

La lógica del gobierno es que las empresas no competitivas cierran y habilitan un nuevo ciclo de expansión empresaria sobre la base de innovación tecnológica y condiciones macroeconómicas para favorecer la competitividad. Esas condiciones macroeconómicas serían las que ofrece la política económica gubernamental: equilibrio fiscal, no emisión monetaria y estabilidad cambiaria, reforma laboral y la institucionalización del libre comercio, especialmente con Europa y EEUU; el resto lo aporta el sector privado. Preguntado por el cierre de empresas, Luis Caputo, el ministro de economía responde: “Mirá, cierran y abren”, “hay gente que está aprovechando el cambio, que cree, que ve, que confía y que entiende que este es momento de invertir. Estamos en un esquema diferente, en el que va a haber un reacomodamiento de empresas y de algunas industrias. Algunas serán más competitivas y otras menos, y dentro de una misma industria ocurrirá lo mismo: habrá empresas más competitivas y otras que no lo sean tanto. Eso es lo normal y no hay que desgarrarse las vestiduras”. A su vez, un consejo a los obreros despedidos, de parte de consultores y profesionales apunta a la búsqueda de nuevos empleos o emprendimientos, aun a costa de perder ingresos y seguridad social. La idea es que empresarios/as o trabajadores/as deben buscar por su cuenta un lugar en el nuevo orden que imaginan los liberales libertarios para la Argentina en construcción. ¿Destrucción creativa? En esa concepción imaginan un inmenso desembarco de inversiones externas en sectores definidos para la acumulación capitalista local: el agro-negocio de exportación, la minería y la energía, junto a las finanzas y el sector de la innovación tecnológica de época, la inteligencia artificial vía inversiones en centro de datos. La lógica teórica nos lleva a la “destrucción creativa”, concepto difundido por Joseph Schumpeter de los años 40 del siglo pasado para definir la dinámica de la innovación en el capitalismo. Una categoría desplegada en tiempos de crecimiento importante de la economía mundial. En octubre del 2025, se les otorgó el Nobel de Economía, premio del Banco de Suecia, a Philippe Aghion y Peter Howitt por “la teoría del crecimiento sostenido a través de la destrucción creativa”, quienes compartieron el premio con Joel Mokyr por sus aportes a como el progreso tecnológico impulsa el crecimiento continuo. La “destrucción creativa” está de moda en tiempos de crisis capitalista, manifestada como tendencia a la ralentización económica. En efecto, según variados análisis, la economía mundial no crece al ritmo previo al 2007/09 y encima, todo se agravó con la pandemia desde el 2020 y la extensión de guerras localizadas que se amplían desde el conflicto Rusia-Ucrania desde hace 4 años. Es una situación que se agrava con el ataque de Israel y EEUU sobre Irán y que impacta en toda la región del medio oriente y amenaza a extenderse. Los cambios en el sistema mundial afectan la producción y circulación del capital en el ámbito mundial, ralentizando la producción y el comercio global, a contramano de la lógica de mundialización desde la salida de la crisis de rentabilidad de los 60/70 hasta las iniciativas (MAGA) de la gestión Trump desde 2016, agudizadas en su segundo gobierno desde 2025. Pensar en alternativas A propósito del tema, Michael Roberts señala en una nota reciente y para la economía británica, donde cierran empresas y crece el desempleo, sin creación de nuevas empresas, que: "Existe una alternativa a la «destrucción creativa», diseñada únicamente para impulsar la rentabilidad del sector capitalista. Se trata de un aumento masivo de la inversión pública mediante la propiedad pública de los bancos y las industrias estratégicas en un plan nacional de inversión en tecnología, educación, sanidad, vivienda, transporte y comunicaciones." Resulta interesante la reflexión del marxista británico para pensar en los desafíos para la Argentina, a contrapelo de la opinión del ministro de economía Caputo, ya que el plan en función en la Argentina tiene como principal consecuencia del ajuste fiscal la baja de la “obra pública” como parte de ajuste en el gasto público social. El rubro “obra pública” supuso resignar inversiones/gasto por 28,8 billones de pesos, que junto a otros “ahorros” por la austeridad y el ajuste en planes sociales (19,8 billones), jubilaciones (19,1 billones), salarios estatales (12 billones), subsidios a la energía (11,7 billones) y Educación (8 billones), entre otros. Son los rubros más destacados de un informe de los investigadores rosarinos de MATE (https://mateconomia.com.ar/) en el que aluden al “ahorró” en el Estado desde que gobierno Milei por 116 billones de pesos, un equivalente aproximado de 82.500 millones de dólares al tipo de cambio oficial. Pensar en alternativa al “modelo” liberal libertario supone construir una mayoría política por desandar el camino de la “destrucción” de estos años, no asumir la lógica monetarista y liberalizadora y promover el programa “creativo” que está en las demandas populares para la “reorganización económica de la sociedad” y satisfacer las necesidades en base al trabajo asociado, auto-gestionado, comunitario, no lucrativo. Es parte de la urgente batalla cultural contra la ofensiva del capital y la ultraderecha local y mundial. Buenos Aires, 3 de marzo de 2026

Inauguración del año parlamentario. Un show electoral de Milei

Inauguró Javier Milei, el pasado 1 de marzo, las sesiones ordinarias del Congreso. Fue una “puesta en escena”, cual show mediático, dirigido a su público. El escenario fue la Asamblea Parlamentaria, pero al trasmitirse por cadena nacional, el público era el electorado, por lo que se asistió al lanzamiento de la campaña para la renovación presidencial del 2027. Si ese formato agresivo le había dado resultado … ¿por qué no reiterarlo?, aun cuando había manifestado hace poco que dejaría atrás los insultos y groserías. Milei es pragmático y el estilo “show” disimula precisiones, por eso, habla de crecimiento económico al tiempo que escatima el tipo de crecimiento y oculta el decrecimiento. Del mismo modo habla de la corrupción ajena y esconde la propia. Lo que crece no amplia el empleo El INDEC, destaca que, a diciembre del 2025, último dato disponible, el crecimiento remite a la actividad agropecuaria, del sector financiero, la minería, la energía y la pesca, con escaso impacto en la contratación de la fuerza de trabajo. Por el contrario, se destaca la caída del comercio, minorista y mayorista, de la construcción y la industria manufacturera, dos grandes sectores generadores de empleo. Fueron más de 21.000 las empresas cerradas bajo la gestión Milei, y una cifra similar de kioscos que ya no existen. En empleos perdidos, más los cesantes estatales, ya alcanzan 320.000 puestos de trabajo, algunos de los cuales acrecientan el empleo “irregular”, sin seguridad social. La cuestión de fondo remite al ajuste regresivo en los ingresos de la mayoría de la población. Los ingresos por salario y jubilaciones no alcanzan a la evolución de los precios (inflación), aun cuando el “showman” a cargo del poder ejecutivo dice que esos ingresos han mejorado. Además, lo más serio es que se anuncia que lo que viene es más de lo mismo, que se espera que el crecimiento siga en esos sectores, más aquellos asociados a la innovación tecnológica. Por eso aludió al frío patagónico como territorio de desembarco de inversiones en centros de datos. En rigor, son anuncios de inversiones que vendrían por las facilidades del RIGI. Faltan aún las efectividades conducentes de los inversores externos, nada menos que en tiempos de incertidumbre global y de “vuelo hacia la calidad” de los capitales excedentes, o sea: el dólar y el mercado estadounidense, no un país cuyo riesgo se resiste a disminuir. Libertad de comercio y reforma tributaria La orientación productiva en curso y los límites a la materialización de las inversiones pone en duda la perspectiva del crecimiento anunciado. Por otra parte, se anuncian las continuidades de las reformas estructurales, con más libertad de comercio y reformas tributarias. Sobre las primeras, la apertura comercial, vale mencionar los límites estructurales que se imponen en el mercado mundial, sanciones unilaterales mediante, que dificultan el comercio global. Además, que ello supone el estímulo a la producción externa en desmedro de la local. Sobre las segundas, las reformas impositivas, señalemos que la baja en el consumo popular, por impacto de ingresos disminuidos de la mayoría de la sociedad, el horizonte es de merma en la recaudación. Más aún, en el informe de recaudación de ARCA, a enero 2026, se destaca que los impuestos son el 58% de la recaudación fiscal, la seguridad social captura un 36,50% y la Aduana un 5,50% y dentro de los impuestos, el IVA capta el 53% y Ganancias el 28%, totalizando entre ambos un 81%. La merma en el consumo por continuidad del cierre de empresas ante la continuidad de la apertura importadora, y la tendencia a menores ingresos populares, salarios y jubilaciones, supone una perspectiva crítica en la evolución económica futura y la capacidad recaudadora del fisco. Entre tantas diatribas del discurso presidencial, se colaron mensajes de baja de impuestos que suenan agradables a los votantes libertarios, incluso con el énfasis relativo a “destruir” el Estado. Con menor recaudación, no quedará otra que mayor ajuste fiscal. Para otra política Lo que hace falta es una nueva representación política popular, que renueve el horizonte político en el país. Las viejas tradiciones políticas necesitan ser recreadas o superadas desde una nueva síntesis, que recoja las tradiciones, pero resignificadas ante los desafíos de nuestro tiempo. Esos imaginarios que dieron origen a las tradiciones históricas han mutado al compás de los cambios en el capitalismo global, con precariedad laboral devenida de la ofensiva del capital sobre el trabajo. Habrá que recrear un imaginario en contra y más allá del orden monetario mercantil del régimen del capital, lo que invita a un cambio cultural hacia lo solidario, la autogestión y lo comunitario. Un verdadero cambio cultural, alejado de la batalla en enuncia el liberal libertario a cargo del poder ejecutivo en Argentina. Buenos Aires, 2 de marzo de 2026

¿Qué hay detrás de la desindustrialización? (Publicado en: https://www.diagonales.com/opinion/-que-hay-detras-de-la-desindustrializacion-_a699c9bcb988c116d81d17c2d)

La lógica del consumidor es comprar “barato y bueno”, sin discriminar origen de la producción. El razonamiento para el vendedor: si resulta más caro producir, entonces se importa. Ambas lógicas de la compra-venta están ocurriendo en la Argentina de la mano de las importaciones promovidas por la política económica liberal libertaria. Todo con el objetivo de bajar la inflación a cualquier costo, con especial impacto en el desempleo y la precarización laboral, y más allá de los preciso está el proyecto de reestructuración regresiva del orden económico local, un proyecto que se viene amasando hace medio siglo. Cae el empleo y los ingresos En el informe de “evolución del empleo registrado” elaborado por la Unión Industrial Argentina” a octubre del 2025, último disponible en el sitio web de la Central fabril se destaca la fuerte caída del empleo registrado en la producción (-2,7%) respecto de la caída del conjunto del sector privado (-0,9%). Destaca el Informe que: “Durante los primeros diez meses de 2025 la industria perdió más de 30.000 empleos.” Agrega: “Al comparar históricamente, el empleo industrial cuenta 128.432 trabajadores menos (-10,1%) que en el máximo de octubre de 2013.” Luego del cierre de FATE, la UIA señaló: “Cada planta industrial que se apaga implica la pérdida de conocimiento acumulado, empleo calificado y entramados productivos que tardan décadas en construirse" En la nota se informa que la Industria “…lleva perdidos casi 65.000 trabajadores (-5,4%) en los últimos dos años…a noviembre 2026”, sobre un total de más de 300.000 puestos de trabajo perdido bajo la gestión Milei. Los despidos actúan en la disminución de la masa salarial, ya que los desalojados de la situación regular migran a distintas formas de la irregularidad, especialmente hacia las empresas de plataforma, hacia las “aplicaciones”, el mono-tributo, la venta de la fuerza de trabajo por cuenta propia o la changa esporádica. El ajuste fiscal y de la economía en su conjunto significa una pérdida de ingresos entre trabajadores activos y jubilados y pensionados. “El salario real en el sector privado…quedó 6% por debajo del nivel que tenía al asumir Milei.” Agrega el Informe: “El poder de compra de las jubilaciones es 23% menor al de 2023…” MATE destaca que bajo el gobierno Milei, la pérdida de empleos registrados del sector privado alcanza a -194.116, a -96.008 en el sector público y a -29.069 de casas particulares, totalizando -319.193, una magnitud preocupante como resultado de la política oficial. Cambio estructural regresivo Más allá de las regresivas consecuencias, el tema de fondo es el cambio del modelo productivo y de desarrollo, un proceso iniciado hace medio siglo y profundizado en turnos de liberalización acelerada, durante la dictadura genocida, la década del ´90 (Menem y De la Rúa), la gestión Macri y exacerbado con Milei. La Argentina se integró al mundo capitalista bajo el proyecto de la generación del ´80 del siglo XIX, para modificarlo con la industrialización sustitutiva procesada durante el siglo XX. Desde el 75/76 se inició un proceso reaccionario para restaurar la matriz conservadora de subordinación al capital transnacional. Es un proceso en consolidación en esta tercera década del siglo XXI. El objetivo de la política pública es transformar a la economía local en un apéndice de servicios a los capitales externos que ingresen para dinamizar el sector primario exportador. De ese modo, se afirma el sector agro-ganadero, la minería, la energía y aquella producción asociada a la innovación tecnológica contemporánea relativa a la digitalización y la inteligencia artificial. Todos actuando en el marco de la extranjerización del sistema financiero, cuyo origen remite a la ley de entidades financieras de la dictadura genocida de 1977 y una recurrencia al financiamiento externo y local, gran condicionante de política en este medio siglo transcurrido. Si la reestructuración se inició bajo dictadura, ahora el proceso aparece consensuado electoralmente y desafía a construir otros consensos para la reversión del reaccionario curso de la organización económico social del país. Buenos Aires, 23 de febrero de 2026

La industria en el debate sobre el orden económico

Cerró FATE y despidió a 920 trabajadoras/es y afectó a varios miles de forma indirecta, más allá de las propias familias de despedidas/os. La conciliación obligatoria adoptada por la presión social posterga la definición. La “conversación digital”, que el gobierno sigue con atención, le impuso la decisión conciliatoria, aun cuando en la lógica mercantil capitalista que propicia hubiese dejado que el tema siga el curso de la insensibilidad del orden capitalista. En la argumentación oficialista se critica al millonario propietario de FATE y de ALUAR, tal como ya hizo con el titular de Techint, de ser parte de un empresariado que “caza en el zoológico”. Remite a la burguesía prebendaría de un modelo económico sustentado desde el Estado capitalista por décadas, más allá de gobiernos, constitucionales o de facto. Fundan la opinión liberalizadora a favor de la práctica de consumo más allá del empleo y la producción local. Respecto de los neumáticos, se extendía la compra en el exterior o de la mano de las importaciones, el privilegio a producción extranjera. Lo que Milei, equipo y cómplices en la institucionalidad actual están resolviendo es una modificación sustancial del orden económico local, desarmando lo existente. La industrialización subordinada es una norma histórica de la Argentina. No podría ser distinta la situación por el lugar dependiente y subordinado, desde siempre, del país en el sistema mundial capitalista. No invalida la calificación por la dependencia la existencia de momentos históricos de promoción de una industria local, incluso del sector productor de medios de producción, en general bajo la órbita del Estado. Ni las mejores experiencias desarrollaron una perspectiva de independencia tecnológica, un tema central en tiempos de grandes innovaciones científico técnicas que expresa el presente del desarrollo económico social y la disputa global por la hegemonía. Milei propone y actúa para reestructurar regresivamente el capitalismo local. Hasta ahora, el proyecto libertario tiene poca resistencia del bloque histórico de poder, que sufre en carne propia el nuevo horizonte asentado en inversiones externas en sectores estratégicos de la producción primaria, agro-ganadera, energética, minera, tecnológica, con base de inserción subordinada financiera, una lógica que se arrastra desde 1977 con la ley de entidades financieras de la dictadura genocida y el condicionante del endeudamiento externo. En rigor, aun cuando sufren las consecuencias de la política oficial libertaria, el consenso cultural de la burguesía, en su mayoría, es en contra de los intereses y condiciones de vida de trabajadores y trabajadoras. Es una cuestión ideológica en tiempos de ofensiva del capital y de la ultraderecha contra derechos sociales. Un ejemplo es el apoyo a la contrarreforma laboral en curso, un objetivo de largo aliento, frenado por la lucha popular. La resistencia está ejercida desde sectores sociales afectados, especialmente trabajadoras y trabajadores, con sus organizaciones sindicales, territoriales, culturales, políticas e intelectuales. Es cierto que una parte de la base social de esa organicidad contacta con la expectativa del “cambio” ofrecido por el líder libertario, no solo en el aspecto económico, sino en el cultural, contra la casta y los privilegios, y otorga consenso electoral, sin perjuicio de protagonizar, incluso, el descontento o la protesta por ingresos y condiciones favorables de vida. El problema pasa por instalar un orden económico crítico al actual y al precedente, con el horizonte en una propuesta alternativa, que parte de satisfacer las urgentes necesidades de la mayoría empobrecida. ¿Qué sería lo alternativo? Resolver en primer lugar las necesidades de alimentación, dicho en un país especializado en la producción alimentaria. Ello requiere modificar el privilegio al modelo productor de commodities para la exportación, sustituyendo progresivamente por una estrategia de reorganización de la producción y la circulación de bienes y servicios para atender el objetivo de la alimentación. Claro que es una cuestión de poder, para “reestructurar” el orden vigente en sentido contrario a lo sustentado por Milei y sus cómplices, pero también, ejerciendo una crítica al régimen del capital con que se construyeron históricamente las relaciones económico sociales en el país, privilegiando la obtención de ganancias concentradas y no el derecho a la alimentación, entre muchos derechos socioeconómicos. Lo sostenido para los alimentos puede extenderse hacia la energía o las finanzas, la salud y la educación, entre otros aspectos, y muy especialmente para una política industrial, de producción local que privilegie el empleo y las condiciones de trabajo en un marco de inserción internacional no subordinada y de fuerte vínculo con una estrategia de promoción de la investigación científica para un desarrollo no dependiente. Se trata de un tema de discusión ante la agresión del cierre de empresas y de masivos despidos, pero no para avalar ganancias a sectores sociales privilegiados en la apropiación del excedente, la plusvalía, sino para construir un orden socioeconómico que privilegie la satisfacción de amplias necesidades sociales. Buenos Aires, 19 de febrero de 2026

La ONU en debate ante la crisis capitalista (!)

(I) Ponencia presentada en el debate en español de la Campaña sobre relocalización de la ONU. El debate puede escucharse en: https://politeknik-international.org/wp-content/uploads/2026/02/video1198693060.mp4 (mi intervencion puede escucharse desde el minuto 40 hasta el 48) La convocatoria a discutir la localización geográfica de la Organización de Naciones Unidas (ONU) es parte del descrédito actual de la organización. En rigor, el tema de fondo es la pérdida de función del organismo en tiempos de la crisis capitalista contemporánea y la lucha existente por la hegemonía del sistema mundial. Vale recuperar que la Sociedad de Naciones (SN) emergió al final de la primera guerra mundial (1914-18), como un intento de establecer un marco de relaciones internacionales en la posguerra. El límite estructural de la SN estuvo dado por la no participación de EEUU y la URSS, pero también de Alemania, de hecho, las potencias que definirán el orden mundial en los años siguientes, hasta la crisis actual. La ONU surge al final de la segunda guerra mundial como parte de acuerdos político diplomáticos de EEUU, la URSS, Gran Bretaña, China y Francia. La organización es resultado del relativo equilibrio mundial, que “guerra fría” mediante instaló la bipolaridad del sistema mundial entre capitalismo y socialismo (1945-1991). Con la desarticulación de la URSS desde 1991 se abre una nueva etapa en el sistema mundial de relaciones internacionales, bajo la premisa anti histórica del “fin de la historia” y el “fin del socialismo”, por lo que se habilitó una lógica ideológica, de propaganda y manipulación de la conciencia social mundial sobre el triunfo del capitalismo. Con ello, la unilateralidad de la dominación extendida del régimen del capital: de explotación y saqueo. Más aún, bajo las condiciones de guerra fría y la iniciativa de la política exterior de EEUU, OTAN mediante, se consolidó un sistema de organizaciones mundiales bajo orbita de la ONU con claro predominio de EEUU, especialmente los Organismos Internacionales, el FMI y el BM, con el papel del “dólar” en el centro del sistema monetario mundial, ahora en crisis; del mismo modo que operaron otras agencias de la ONU. Situación agravada en 1971 con la inconvertibilidad del dólar decretada unilateralmente por EEUU. Esa crisis monetaria, sumada a la ecológica y la energética dio lugar a un mayor condicionamiento de la política mundial bajo la lógica de la “liberalización” y la extensión de la dominación del dólar, especialmente con el “petrodólar” como respuesta estadounidense a la crisis capitalista, petrolera, financiera, ecológica, integral. Mucho cambió el capitalismo global en el último medio siglo, entre la crisis de los 60/70 y la evidenciada desde 2007/09. Hay cambios estructurales en la relación de explotación de la fuerza de trabajo, con regresivo impacto directo en las formas de organización de las/os trabajadoras/es y sus organizaciones sindicales, territoriales, sociales y económicas, deteriorando ingresos y beneficios sociales y previsionales. Al mismo tiempo se exacerbó el saqueo de los bienes comunes ante la demanda de insumos estratégicos, como la tierra, el agua, los minerales, la biodiversidad, etc., en tiempos de la internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital. La explotación y el saqueo extendido crece en este medio siglo y es la base de la disputa por la producción y acumulación de valor y plusvalor, nudo esencial de la disputa por la hegemonía. Al describir el proceso esencial del desarrollo capitalista, con la extensión del trabajo asalariado, cada vez más irregular derivado de la impunidad empresaria, y la apropiación de bienes comunes, asistimos a la creciente universalización del régimen del capital. Eso define la “ofensiva capitalista” en contra de las/os trabajadoras/es y los pueblos por medio siglo, que ahora adquiere relevancia en el ámbito de la política y el gobierno de las naciones como “ofensiva de la ultraderecha”. La deriva es el creciente autoritarismo en el ámbito local de los países y en el sistema mundial, con “sanciones unilaterales” desde Washington que rompen las relaciones sustentadas en reglas. Por eso, desde la hegemonía estadounidense se sostiene una refundación del orden mundial con el llamado “Consejo de la Paz” o “Junta de la Paz”, con presidencia permanente de Trump, al tiempo que vacía y desfinancia a la inoperante ONU y sus agencias. La crisis económica, política, cultural, integral del orden capitalista demanda que se extienda la vos de las/os trabajadoras/es y de los pueblos, en un conjunto de iniciativas de carácter popular para confrontar con la estrategia de la dominación y generar las condiciones de posibilidad para transformaciones anticapitalistas y por el socialismo en los ámbitos local-nacionales, regionales y mundiales. Este debate por el cambio de la sede de la ONU favorece una discusión sobre las estrategias confrontadas del poder y el contrapoder, lucha de clases, para reorganizar al movimiento obrero y popular en una perspectiva de revolución contra el capital, contra toda forma de discriminación y racismo, por la paz y la vida social y natural. Buenos Aires, 1 de febrero de 2026