Jubilaciones en Francia según Krugman
En una nota de Paul Krugman (PK) titulada ¿Qué le pasa a Francia? y divulgada en su blog, alude a la crítica situación del país europeo, con movilizaciones estudiantiles masivas y con suba de las tasas de interés, junto a crecientes dudas de cancelación de la deuda publica derivada de un creciente déficit fiscal.
PK discute la voluntad europea de asistencia financiera del BCE ya que el país tiene “altos impuestos y su generoso estado de bienestar ofendían” las “sensibilidades conservadoras” europeas. (las negritas son mías)
De ese razonamiento concluye como dudosa la asistencia financiera al país sin el enorme ajuste que se hizo en la crisis del 2010 en Grecia y otros países europeos que recibieron el salvataje del BCE, “todo lo que hiciera falta” según dijo Draghi, titular de la entidad financiera en aquella ocasión. Es una sugerencia preocupante para las organizaciones de jubiladas/os y en general para el movimiento sindical y las/os trabajadoras/es en general.
La falta de recursos para la educación que motiva las movilizaciones estudiantiles estarían en el excesivo destino de recursos a las pensiones y jubilaciones.
Destaca PK que la pertenencia de Francia “a la zona euro plantea la posibilidad de una crisis de deuda explosiva, y tal crisis podría ser destructiva para la unidad europea”.
Jubilaciones en debate
Nos interesa la nota, ya que más allá de las movilizaciones estudiantiles y la suba de las tasas y el riesgo de impago, el eje de la nota son las JUBILACIONES y el régimen previsional, veamos:
“¿Cuál es el problema de Francia? Francia se encuentra en una situación fiscal insostenible. La deuda ya es muy elevada como porcentaje del PIB, y el gobierno francés la incrementa mediante grandes déficits presupuestarios, a pesar de no existir una emergencia como una guerra, una recesión grave o una pandemia que justifique dichos déficits. Además, Francia tiene una población que envejece, lo que significa que, en igualdad de condiciones, los costos de las pensiones crecerán mucho más rápido que los ingresos.”
Continúa diciendo:
“Ahora bien, todo lo que acabo de decir sobre la situación fiscal de Francia también es cierto para otras grandes economías avanzadas, incluyendo a Estados Unidos. Pero Francia destaca, incluso entre las naciones con problemas fiscales, en un aspecto fundamental: su persistente incapacidad para ser realista respecto a la jubilación.”
El argumento destaca:
“La edad oficial de jubilación en Francia —la edad a la que los trabajadores pueden percibir la pensión completa— era de tan solo 62 años en 2023. En comparación, la edad de jubilación en Dinamarca, país que los progresistas estadounidenses suelen citar como modelo de nación con una sólida red de seguridad social, era de 67 años (la misma que en Estados Unidos). La edad real promedio de jubilación, que siempre es inferior a la edad legal debido a que algunas personas optan por aceptar prestaciones reducidas, era menor en Francia que en cualquier otro lugar de Europa Occidental.”
“El gobierno de centroderecha de Macron tenía previsto elevar gradualmente la edad de jubilación a 64 años, una cifra aún baja en comparación con otros países desarrollados. Sin embargo, debido a la oposición de los partidos de extrema derecha y extrema izquierda en Francia, este aumento se ha suspendido hasta después de las elecciones del próximo año. En consecuencia, la edad de jubilación se encuentra actualmente estancada en 62 años y 9 meses.”
“No hace falta ser conservador para considerar insostenible la jubilación anticipada en Francia, sobre todo teniendo en cuenta que la esperanza de vida a los 65 años ronda los 87, dos años más que en Estados Unidos. Por lo tanto, la presión fiscal derivada en gran medida del generoso sistema de pensiones público francés ha provocado recortes en otros gastos, especialmente en educación. En la práctica, Francia está otorgando cuantiosas subvenciones a los mayores a costa del resto de la población. Las multitudinarias manifestaciones estudiantiles a nivel nacional no deberían sorprender a nadie.”
Hemos incluido estas largas citas para evidenciar como analiza, desde el “progresismo” estadounidense, los problemas coyunturales y estructurales de Francia.
El problema es, según el autor, la temprana edad de las jubilaciones y el ingreso “generoso” percibido por jubiladas/os a costa del presupuesto público, incluso razonando que existe una tendencia al envejecimiento de la población, algo que, por supuesto, no es solo patrimonio de Francia.
La nota habilita un debate más amplio, sobre la nueva tendencia demográfica mundial al envejecimiento de la población.
¿Hay que aumentar la edad de jubilación o disminuirla?
Es un interrogante que debe asociarse a la reducción de la jornada laboral en tiempos de fortísima innovación tecnológica.
De donde saldrán los recursos dirán de manera inmediata y eso nos lleva a la discusión sobre los ingresos y egresos fiscales, es decir, quien, y como se financia el gasto público, qué gasto y para resolver que necesidades.
¿Por qué se flexibiliza la norma fiscal en favor del aumento del presupuesto militar y no orientado a la seguridad social, entre otros aspectos el régimen jubilatorio?
Son interrogantes para el debate, más allá de la polémica con Krugman, quien podría decir que su escrito apunta a identificar otros problemas, pero como el argumento se centra en un enfoque difundido de insostenibilidad del sistema previsional, nos vemos inducidos a proponer otro tipo de razonamiento.
La creciente productividad del trabajo desarrollada por el capitalismo, más aún con el inmenso estímulo de la innovación tecnológica actual, coloca en debate el propio orden económico social. La socialización de la producción mundial no condice con la privatización de los frutos y menos con la conciencia individualista que impregna la lógica liberalizadora contemporánea.
No solo se trata de defender derechos conquistados, sino de instalar la necesidad de otro orden socio económico con eje en la satisfacción de las necesidades y en contra de la explotación, el saqueo, la guerra, el genocidio y la masacre social y natural.
Buenos Aires, 8 de octubre de 2026
Las elecciones en Brasil desmienten determinaciones objetivas
En muchos debates informales o incluso en reflexiones de comentaristas mediáticos se afirma que la masacre económica en términos de ingresos populares o informalización del empleo, o el mismo desempleo y el crecimiento de la pobreza, constituyen condición suficiente para una derrota electoral de Javier Milei y sus cómplices.
Se apoyan en aquello de “es la economía, estúpido”. No siempre es así, y depende mucho de las circunstancias concretas. Veamos sino Brasil, respecto de lo cual aquellos argumentadores daban cuenta del “buen trabajo” del gobierno Lula en materia económica. Es cierto que muchos brasileños discuten esa afirmación, pero en el progresismo local se sostiene una opinión favorable a la gestión económica en el gigante del cono sur.
La realidad es que el descontento con la “política” en general se explica en buena parte del voto opositor en Brasil, pero también en los votos perdidos respecto de anteriores compulsas, el “blanco o nulo” e incluso en la abstención.
No existe una determinación objetiva que asocie la baja de la inflación o del riesgo país para atraer el voto de la sociedad. Hay otras motivaciones, ideológicas, políticas y de percepción, incluso de manipulación vía medios y redes, de la conciencia social, de las aspiraciones y las valoraciones en cada momento histórico.
Es un tema de época
Asistimos a una violenta y brutal ofensiva del capital en contra del trabajo, que empezó con el terrorismo de Estado (los ´70) y se potenció a la caída del socialismo en el este de Europa y con la desarticulación de la Unión Soviética (los ´90).
Basta leer los mensajes de Milei sobre el resultado electoral en la primera vuelta de Brasil:
"Zurdos empobrecedores, córranse que estamos intentando darle brillo al continente"
“DE MANUAL...!!! Pierde un zurdo comunista a manos de alguien de derecha y los mercados lo festejan con grandes subas. MAGA!”
O en su saludo al Partido Liberal triunfante:
“La Libertad Avanza en Brasil. Felicitaciones querido amigo Flávio Bolsonaro, por esta histórica elección ante el comunista de Lula. El continente americano es de ciudadanos que quieren vivir en libertad. Espero que pronto podamos empezar a trabajar juntos para que la Argentina y Brasil sigan siendo grandes socios comerciales, culturales y políticos. VIVA LA LIBERTAD CARAJO...!!”
Más claro échenle agua. Todo podría discutirse. Ni Lula es comunista ni su gobierno sustentaba un programa socialista, ni estaba integrado por “zurdos”, ya que en su fórmula presidencial explicitaba una alianza con sectores de la derecha. No importa, la calificación corre y se asienta en lo que el liberal libertario denomina “batalla cultural”.
Es más, candidatos ministeriales de Flávio Bolsonaro anticipan la política de ajuste fiscal cuando asuman, similar a la Argentina, aun antes de la segunda vuelta y eso no les quita votos, sino que confirman una voluntad electoral por la ultra derecha brasileña. Una campaña electoral que aume la motosierra como factor de éxito.
La disputa electoral en las condiciones actuales es por la política, para lo cual instalan un diagnóstico crítico hacia un gobierno que definen de izquierda aun cuando no lo sea.
Claro que a veces, la izquierda es un tema relativo a otro que está a la derecha.
El tema es que la derecha instala que la izquierda es ineficiente y corrupta y escamotea la propia ineficiencia, corrupción y las acciones delictivas propias. Es un uso electoral facilitado por el accionar mediático en tiempos de digitalización.
Para pensar y discutir en nuestro país
La lección para nosotros en la Argentina es importante, ya que no se trata de esperar que “la gente se reconozca en la masacre económica” para otorgar el voto a la oposición, aun cuando no se pronuncie sobre lo que hará diferente.
Ojo que ya pasó y hubo gobiernos para revisar/investigar/denunciar el carácter odioso e ilegal de la deuda y no se hizo.
Ni se fue por la anulación o derogación sobre la legislación financiera vigentes desde 1977.
Mucho menos sobre el modelo primario exportador del complejo sojero potenciado por la soja transgénica desde 1996, o el acuerdo secreto con Chevron para “resolver” el déficit energético vía fractura hidráulica en julio del 2013.
No es Milei el que explica la continuidad de la subordinación a los acreedores externos y al FMI; ni es el ejecutor del boom sojero, energético o minero; todo lo cual es legado de la “democracia realmente existente” y su política económica de continuidad esencial en la lógica del nuevo poder económico emergente en este medio siglo.
Argentina, Brasil y el conjunto de países de la región necesitan una respuesta alternativa, contra el régimen del capital, la ganancia y la acumulación capitalista.
Por eso, más que esperar que la masacre derrame el consenso para repetir proyectos que habilitaron la llegada de Milei y sus cómplices al gobierno, lo que se requiere es una nueva representación política popular que asiente su propuesta en el descontento, la protesta y el conflicto social para encarar un proyecto de sociedad para la defensa de la vida y de la naturaleza, en contra y más allá del capitalismo.
Buenos Aires, 5 de octubre de 2026
Los cambios estructurales y el imaginario colectivo a propósito de las elecciones en BRASIL
La elección brasileña confirma el momento de disputa de los imaginarios colectivos, con nuevas mayorías electorales favorables a proyectos a la derecha del arco político, funcional a la lógica de política exterior estadounidense.
Remito a procesos electorales recientes en Chile, Costa Rica, Bolivia, Colombia, Perú y ahora Brasil, que aun Lula revirtiendo en segunda vuelta el resultado, la acumulación de la derecha en gobernaciones y en las cámaras legislativas consolidan un poder integrado en la institucionalidad brasileña de la derecha.
Hasta ahí el fenómeno electoral reciente, pero que en términos estructurales o si se quiere, civilizatorios, nos convocan a reflexionar sobre los cambios operados en el capitalismo local y global para explicar el giro en las preferencias electorales en la mayoría de los países.
Aludimos a un proceso en desarrollo, incluso de búsquedas de un rumbo epocal. Proceso porque en general, los oficialismos ceden a oposiciones que en general son transitorias, con un anhelo de cambio que va más allá de una simplificación entre derechas e izquierdas.
Hace medio siglo y bajo dictaduras genocidas se impuso el rumbo liberal, “neo”, ante la recidiva de un proyecto de liberalización que debe buscarse un siglo atrás. La crítica a esos procesos instaló proyectos desarrollistas, también “neo”, buscando replicar procesos imposibles de décadas pasadas, entre los ´50 y los ´70 del siglo XX.
Más allá de los procesos electorales, la revolución mexicana instaló un imaginario por la reforma agraria y, por ende, una discusión sobre la tierra, en tanto medio de producción y de vida esencial para millones de personas asociadas a una cultura de vida de tradición previa al capitalismo.
Era un proceso, el mexicano en la segunda década del siglo pasado, en un tiempo en donde el horizonte socialista se instalaría con fuerza desde 1917 y más aún desde 1945, que constituyó en realidad el desafío de la revolución cubana desde 1959 y el ascenso a la presidencia de Allende en Chile de 1971.
La discusión estaba entre rumbo socialista o capitalista y por eso no es menor reflexionar sobre que cambió en medio siglo. Es más, ese debate estaba mediado por una tercera posición, que, sin ser equidistante, permitía transiciones derivadas de las especificidades nacionales, contradictorias, por cierto. Javier Milei insiste toda vez que puede que el objetivo es la batalla cultural en contra del socialismo y a favor del capitalismo.
¿Qué cambió en estos años?
La política de industrialización sustitutiva de importaciones, generalizada en la región latinoamericana y caribeña hacia mediados de la centuria pasada, mutó en el último cuarto del siglo pasado y se consolida en esta tercera década del siglo XXI hacia un modelo “primario exportador” en el sur de América y en una lógica “productiva de ensamble” en la región norte, especialmente para México.
Ese modelo productivo impacta regresivamente en la lógica de la distribución y el desarrollo, agigantando una característica regional en la desigualdad. América latina y el caribe, sin ser el territorio de mayor pobreza mundial, si es el de mayor desigualdad. Es una situación que significa el deterioro en la “ciudadanización” de la población, que se explicita en la pérdida de derechos económicos y sociales, afectando a la “democracia” realmente existente.
La marginación social está estrechamente vinculada a la precarización laboral y salarial derivada de la ofensiva del capital sobre el trabajo, al tiempo que se desplegaron políticas en contra de derechos colectivos que impactaron regresivamente en la organización social, sindical, territorial, popular.
El privilegio a las exportaciones estimula la baja del costo laboral, por ende, de salarios y beneficios sociales de la mayoría trabajadora de la población, acompañado de políticas fiscales de austeridad con disminución de las asignaciones presupuestarias para atender derechos históricamente conquistados.
Por eso, no solo cambió la relación entre el capital y el trabajo, sino que se orientó regresivamente la intervención estatal en beneficio de la tasa de ganancia y la acumulación capitalista, subordinando la dinámica económica al proceso de internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital. Son las condiciones de posibilidad para facilitar la dominación de la estrategia de las potencias hegemónicas, especialmente de EEUU bajo gestión Trump.
Estos cambios en la relación capital trabajo, en la orientación estatal y en las relaciones internacionales, fueron facilitadas por un trabajo cultural, ideológico político, sustentado por medios y redes de comunicación, que hacen parte sustancial de la lógica capitalista contemporánea. El capitalismo no es solo “economía”, es la integralidad de la vida cotidiana, es cuerpo y alma, es un todo.
¿Es posible otro rumbo?
La resistencia a esa iniciativa política que lleva medio siglo demoró la consolidación de una hegemonía de derecha para liderar un nuevo rumbo civilizatorio en la región, que como sostenemos era el propósito esencial del terrorismo estatal en los 60/70.
Ahora pareciera que cosechan los frutos de un trabajo sobre la conciencia social, que algunos definen como “despolitización” y que prefiero nominar como “otra” politización, más orientada a la lógica “individualista”, precisamente en un tiempo de inmensa socialización de la producción en tiempos de digitalización e innovaciones gigantescas de la tecnología.
Quizá el problema sea de “estrategia” de la iniciativa política de las clases subalternas.
Una hipótesis apunta a que los objetivos críticos y de propuesta alternativas solo miran hacia atrás, queriendo replicar en el presente fórmulas que en el pasado funcionaron, o perecieron funcionar, cuando los nuevos tiempos sugieren la innovación en propuestas que trasciendan al capitalismo y entusiasmen a la población en otro orden de vida y de relación con la naturaleza.
Ello supone discutir qué producir, cómo hacerlo y para quien, es decir, como distribuir socialmente el producto social del trabajo, sin afectar, además, la reproducción natural, que hoy está afectada por un productivismo que no respeta ni la vida social ni la natural.
¿Cierra Brasil las expectativas de otro mundo posible o nos convoca a nuevas formas de organización económica, social, productiva, política para soñar con el “otro mundo posible”, una consigna que emergió con fuerza en Porto Alegre en 2001?
La vida sigue y cada proceso social incorpora novedades que deben servirnos para no cristalizar conclusiones “finalistas”. No hay fin de la historia, solo búsquedas que sumen los pueblos con sus tiempos, con ensayos que deben motorizar la creatividad para encontrar los caminos de una humanización contra la explotación y el saqueo, con respeto a la reproducción social y natural.
Buenos Aires, 5 de octubre de 2026
Declaración final de la III conferencia de las américas de la UIS FSM
Declaración final de la III° Conferencia de América
UIS P&J FSM
La III° Conferencia realizada en Buenos Aires, Argentina, entre el 23 y 25 de septiembre de 2026 recogió el debate de compañeras/os pensionadas/os y jubiladas/os de Puerto Rico, Honduras, Colombia, Venezuela, Perú, Paraguay, Uruguay, Chile y de varias provincias y localidades de Argentina, enriquecido con ponencias llegadas desde Cuba y México más las reflexiones aportadas por la presencia de la compañera de Grecia e integrante de la dirección de la UIS de P&J de la FSM, constató que nuestro tiempo está caracterizado por una “ofensiva estratégica” del capital contra la clase trabajadora y por ende contra jubiladas/os y pensionadas/os.
Es una ofensiva construida en el último medio siglo bajo el influjo de la lógica liberalizadora, nominada como “neoliberal” con el acento en la recreación de la explotación y el saqueo, a costa de la vida social y natural, destruyendo vidas y afectando al clima y a la naturaleza en su conjunto.
Se trata de una iniciativa política de la burguesía concentrada, que avanza en contra de los históricos derechos conquistados en la lucha del movimiento obrero y popular mundial, en un proceso que interviene regresivamente en la afectación de la seguridad social, y muy especialmente en los regímenes previsionales, cuyos fondos acumulados pretenden privatizarse al servicio del capital transnacional.
El proceso de ofensiva capitalista deviene en un cambio político en el ámbito mundial, afectando la institucionalidad tradicional de la “democracia liberal burguesa”, habilitando un tiempo histórico signado por el autoritarismo y la represión, con manifestaciones de violencia abonadas por la militarización, el armamentismo, la guerra y formas contemporáneas de ejercicio del fascismo, dando apertura a una escalada bélica dramática que ponen riesgo a la especie humana y al propio planeta Tierra.
Todo lo que acontece es en desmedro del gasto publico social, la atención a derechos sociales y se manifiesta como una fortísima agresión a los pueblos del mundo, tal como se expresa en el genocidio sobre el pueblo palestino; el Líbano o Irán; la invasión y captura del presidente y su compañera en Venezuela; o en el bloqueo agravado sobre Cuba y la pretensión de EEUU de subordinar a los pueblos de América a los objetivos de dominación imperialista.
La Conferencia condenó la agresión imperialista, al tiempo que consideró críticamente el accionar de la respuesta y la resistencia social en todo el continente y en el mundo, convocando a promover un nuevo momento en la acumulación popular en defensa de los derechos de pensionadas/os y jubiladas/os y los pueblos del mundo.
Salir de la defensiva y construir poder
Esta realidad de largo aliento impactó en fenómenos que llevan a la fragmentación social y al debilitamiento de la capacidad organizativa y de movilización popular, al tiempo que convoca a restablecer una dinámica de acumulación de poder de los pueblos para superar la defensiva y construir nuevamente las condiciones de posibilidad para la ofensiva emancipadora.
La realidad de un capitalismo delictivo, con venta de armas y drogas, trata de personas y exacerbada especulación financiera, que alienta la guerra como principal acción para contrarrestar la crisis capitalista, despliega políticas reaccionarias y regresivas que afectan la condición de vida de la población que vive de la venta de su fuerza de trabajo. La agresión a pensionadas/os y jubiladas/os es parte inescindible de la ofensiva del capital contra el trabajo.
En el horizonte del capital y su objetivo de maximizar las ganancias se promueve un accionar ideológico político cultural para desarmar toda cultura de resistencia o confrontación, descartando toda lógica de negociación o “conciliación de clases”. Una lógica conciliadora que le impuso el movimiento obrero al capital bajo el imperio de las “revoluciones” desde mediados del siglo XIX hasta la contraofensiva liberalizadora iniciada con las dictaduras del cono sur de América en los inicios de los ´70.
Fueron las revoluciones las que condicionaron al capital para un rumbo “reformista” y a la defensiva vía conciliación de clases.
La historia de los regímenes de pensionistas y jubilaciones constituyen conquistas obreras arrancadas a la dominación capitalista para contener y desarmar la organización y lucha de un movimiento obrero en ascenso a fines del siglo XIX e inicios del XX, del mismo modo que las lógicas del “Estado benefactor” resultaron de la ampliación del proyecto revolucionario por el socialismo a fines de la segunda guerra mundial.
Por ello, la contraofensiva capitalista ante la crisis de rentabilidad en los ´70 se propuso liquidar el poder obrero y popular que desafiaba el orden capitalista mundial. Asistimos en el presente a medio siglo de esa ofensiva reaccionaria en contra de trabajadoras/es, pensionadas/os y jubiladas/os.
La Conferencia recorrió la experiencia de nuestras organizaciones en la confrontación a la ofensiva capitalista en jornadas de luchas locales, nacionales y globales, en defensa de derechos y reivindicaciones; al tiempo que se explicitaron las campañas de solidaridad internacional con los pueblos que luchan contra las agresiones del imperialismo y acciones para denunciar el costo de los medicamentos e iniciativas de luchas promovidas desde la UIS en todo el planeta.
La ofensiva reaccionaria y nuestro accionar
En la Conferencia se analizaron los distintos mecanismos de la iniciativa del poder, y entre ellos, sobresale la apropiación del proceso de innovación científico tecnológico contemporáneo. Este impulso al desarrollo de las fuerzas productivas convoca al capital para la apropiación del crecimiento de la productividad y la superación de la crisis capitalista, recreando procesos de explotación y dominación, generando mayor explotación, desigualdad y empobrecimiento poblacional en tiempos de envejecimiento secular.
La ofensiva se potencia mediante la manipulación de medios y redes de comunicación y modelación de la conciencia social, en un accionar ideológico político de efecto cultural que arrastra a una conducta pasiva y de consensos sociales extendidos a la política de promoción del individualismo y el sálvese quien pueda. Es una batalla cultural ideológica que nos desafía a construir imaginarios sociopolíticos alternativos, en una batalla ideológica que dispute la cabeza y el corazón de las/os trabajadoras/es.
Se trata de una situación que nos provoca desafíos para el impulso de la dinámica de masas, alentando el proceso de las luchas por nuestras reivindicaciones en sentido integral, por ingresos y condiciones de vida, por derechos y la recuperación de los bienes comunes para la clase trabajadora y el pueblo, aprovechando las innovaciones tecnológicas para una iniciativa sociopolítica de los pueblos.
Nuestra lucha es por el socialismo, contra la barbarie del delito y la guerra, la austeridad y agresión hacia los pueblos y la miserabilización de la vida cotidiana de la mayoría empobrecida de la población. Lo que se requiere es avanzar en la recreación de una estrategia de poder político alternativo al régimen del capital. En ese sentido, asumimos el legado de Mariátegui respecto a que socialismo “no debe ser ni calco ni copia, sino creación heroica”, de un legado que debe reivindicarse críticamente como experiencia y voluntad humana de transformación revolucionaria de la sociedad.
Por todo ello, nuestras demandas inmediatas por ingresos previsionales y acceso a derechos de salud y de vida, se podrán asegurar si fortalecemos nuestras organizaciones de pensionados y jubilados, la de la UIS, la FSM y potenciamos lazos de unidad, tal como se expresa en el Encuentro que protagonizamos con CLATE en estos días.
Un accionar que debemos extender a múltiples acciones de unidad en la acción del movimiento obrero local, regional y mundial, articulando diferentes tradiciones e identidades de la clase, desde el anarquismo, el socialismo, el comunismo, los sectores nacional populares; lo que ha sido denominado en varios ámbitos como “frente único de las/os trabajadoras/es”.
Las tareas que asumimos
No hay solución a nuestras reivindicaciones si no fortalecemos la subjetividad en lucha de las organizaciones de pensionistas y jubilados, en tanto parte de la clase obrera, yendo a la búsqueda de otras organizaciones similares y contribuir a la disputa por la conciencia de clase para recuperar sentido estratégico de nuestra perspectiva antimperialista y anticapitalista.
La Conferencia resolvió profundizar el trabajo organizativo para mejorar nuestro accionar en la región de las Américas, potenciando la articulación de las organizaciones a nosotros vinculadas.
En ese sentido, se propuso estimular la membresía a nuestra UIS en toda la región americana y ampliar los mecanismos de trabajo convocando a dirigentes de todos los países a asumir diversas tareas, de comunicación, de formación, organizativas, con capacidad de intervenir en la disputa de las masas en defensa de nuestros derechos e intereses en un rumbo estratégico de emancipación social.
La Conferencia saludó los esfuerzos que se vienen realizando en la construcción de la UIS y de la FSM, especialmente desde las 6 conferencias regionales, para reconstruir estrategia de la clase trabajadora y que la vos de las/os trabajadoras/es, las/os pensionistas y jubiladas/os gane la conciencia de la sociedad y se haga escuchar en los foros internacionales en la perspectiva de una sociedad que privilegie la satisfacción de los derechos de la sociedad y de la naturaleza.
En el centenario del natalicio de un ser humano extraordinario como lo fue el Comandante Fidel Castro, que abrió paso a una poderosa primavera revolucionaria y supo liderar la construcción de una nueva sociedad sin explotados ni excluidos en las narices de los EEUU, asumimos su concepción de la Batalla de Ideas como piedra angular de la organización y reagrupamiento en clave ofensiva, del movimiento obrero y popular, convocando al ingenio, a la imaginación y al desenmascaramiento de la ridícula cuan criminal lógica capitalista.
Esta declaración se llevará a la OIT, la ONU y la OMC. La conferencia saluda la pronta realización del 19° Congreso de la FSM en mayo 2027 en Sri Lanka.
Buenos Aires, Argentina, 26 de septiembre de 2026.
1000 dia de Gobierno Milei
1000 días de gobierno Milei y la incertidumbre política crece
Por Julio C. Gambina y Lucas Castiglioni
El consenso de la mayoría de los análisis destaca la creciente incertidumbre política en las filas del gobierno, entre sus aliados (cómplices) políticos e ideológicos y especialmente entre los apoyos en el poder económico concentrado.
Algunos elementos al respecto pasan por las dificultades por bajar más rápido la inflación, un logro “relativo”, derivado de la baja en los ingresos populares, salarios y jubilaciones, aunque también por merma de ingresos empresarios del sector pequeño y mediano, verificado en cierres de empresas y bajas de las ventas en el mercado local.
La pérdida de ingresos de la mayoría de la población es un tema central, al que se suma de manera creciente el desempleo y la irregularidad del destino a trabajos sin seguridad social y de menor calidad laboral, que al mismo tiempo afectan al régimen jubilatorio, presente y futuro.
También hay límites estructurales en la reducción del “riesgo país”, indicador de confianza para los inversores internacionales y elaborado por el propio sector financiero global, cuyos parámetros de “confianza” asientan la mirada en las expectativas de ganancias y rentabilidad de los inversores, en general a contramano de las aspiraciones de trabajadores y trabajadoras.
Claro que hay temas impensados hasta hace poco que intervienen en el humor político de la sociedad. Remitimos al mundial de fútbol y muy especialmente al triunfo deportivo contra el equipo inglés y el corolario del trapo desplegado con “Las Malvinas son argentinas”. Se trata de un tema de enorme valor en la construcción de subjetividad social extendida en defensa de la soberanía.
El fracaso legislativo relativo a la “ley de tierras”, que permitía la extensión del límite de tierras a comprar por el capital extranjero, fue ratificado con una inmensa movilización popular en pronunciamientos y en la calle el 6 de agosto pasado.
A 1000 días desde la asunción gubernamental ya se abrió el debate sobre el próximo periodo presidencial desde diciembre del 2027.
No es un tema menor, ya que se pone en juego la continuidad o no de la política económica y de la inserción internacional sustentada por el gobierno de Javier Milei desde el 10 de diciembre del 2023.
El dato que aparece como contradicción es el crecimiento de la economía y el escaso impacto en la condición de vida de la mayoría de la población.
El INDEC informa un crecimiento del 4,4% para todo el 2025, luego de las caídas del 2023 por (-1,9%) y del (-1,3%) en 2024, en una tendencia de mediano plazo de estancamiento, tal como puede verificarse en la gráfica de abajo. En la última actualización (julio 2026) del informe de Perspectivas de la economía mundial (WEO) del FMI, el organismo mantiene una proyección optimista en relación al crecimiento de la economía argentina (3,5% en el corriente año y 4% para 2027)
Gráfico 1. Producto Bruto Interno. En millones de pesos a precios de 2004
Fuente: Elaborado en base a datos del INDEC
Gráfico 2. Crecimiento del PBI de Argentina y proyecciones FMI. En porcentajes
Fuente: Elaborado en base a datos del Banco Mundial y WEO del FMI
Tiene explicación el fenómeno en la expansión de nuevos sectores de la acumulación capitalista local, la energía y la minería. Ambos se suman al tradicional complejo agro ganadero y al sector financiero. Como se muestra en el siguiente gráfico, tomando como referencia los datos del INDEC en comparación al tercer trimestre de 2023 a pesos constantes, el PBI se mantuvo casi igual, cuando fueron los sectores antedichos los que crecieron en este período agricultura, ganadería, caza y silvicultura (55,9%), explotación de minas y canteras (21,6%) e Intermediación financiera (21%). Como contrapartida, la industria manufacturera cayó (19,6%) al igual que la construcción (14,4%) y el comercio (-8,5%) durante estos 1000 días de presidencia Milei.
Son sectores que muestran crecimiento con bajo impacto en la generación de empleo. De hecho, las únicas provincias con leve incremento de empleo son Neuquén y San Juan, territorios de la inversión extractiva en hidrocarburos y minería.
Gráfico 3. PBI por sectores, período tercer trimestre 2023 - primer trimestre 2026. Índice de nivel (100 = 3T2023)
Fuente: Elaborado en base a datos del INDEC
Para complementar estos datos del INDEC se pueden citar registros mensuales que actualicen las tendencias de la economía argentina. Al respecto, la Confederación Argentina de la pequeña y Mediana Empresa (CAME) registró el catorce meses en los últimos quince con caída de las ventas minoristas. De manera ilustrativa, CAME informa que, en el último día de las infancias, las ventas cayeron 2,5 en comparación al 2025, con caídas pronunciadas en juguetería (-4,8%) e Indumentaria (-4,1%).
Gráfico 4. Índice de Ventas Minoristas Pyme, Argentina
Fuente: Elaborado con datos de CAME
La realidad económico social pasados 1000 días de gobierno resulta alarmante para la mayoría d la población que vive de ingresos fijos. En cuanto al problema del desempleo, entendemos que debe analizarse en comparación con las referencias anteriores, ya que el tema debe asociarse a la caída del nivel de actividad, a la recesión interna en curso, a la tendencia declinante de los ingresos de trabajadores y trabajadoras regularizados en la economía local.
Existe una tendencia a la suba del desempleo (7,8%). Asimismo, se registra una importante proporción de la clase trabajadora que tiene empleos irregulares (42%), según la EPH del primer trimestre 2026.
Gráfico 5. Tasa de desempleo en Argentina, 2023-2026
Fuente: Elaborado en base a datos del INDEC
Gráfico 6. Tasa de informalidad (% trabajadores con empleo) en Argentina, 2023-2026
Fuente: Elaborado en base a datos del INDEC
La situación del empleo y de los ingresos salariales explican la gravedad relativa a los indicadores de pobreza y de indigencia, tal como destaca la gráfica más abajo. Complementariamente, según el último Informe de la Situación y Evolución del Trabajo Registrado (SIPA) con datos de mayo de 2026, desde noviembre 2023 se perdieron 241.176 puestos laborales registrados del sector privado, 79.865 empleos registrados del sector público y 16.324 empleos registrados en casas particulares, mientras que aumentaron los monotributistas en 160,573 personas.
Gráfico 7. Variación del empleo desde noviembre 2023 (en miles)
Fuente: Elaborado en base a datos de SIPA
En relación a los ingresos laborales, a 1000 días de la presidencia de Milei se puede observar cómo la clase trabajadora sufrió la caída del salario real. Retomando nuevamente la estadística oficial, en el siguiente gráfico se muestra la caída del salario real con el shock inicial del gobierno de Milei y la consolidación de dicha tendencia, especialmente sobre los salarios del sector público (-17,6%).
Gráfico 8. Variación salario real, nov-23 = 100
Fuente: Elaborado en base a datos del INDEC
En este sentido nos resulta importante recuperar la noción del Salario Mínimo como un derecho de la clase trabajadora. Al respecto, un ejercicio interesante es comparar el nivel de cobertura de dicho salario con las canastas básicas alimentaria (CBA) y total (CBT) que utiliza el INDEC para medir los niveles de indigencia y de pobreza, respectivamente. Según los últimos datos disponibles el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) solamente alcanzó a cubrir el 53% de la CBA y apenas el 24% de la CBT en el mes de julio de 2026.
Estos datos se agravan si se utilizan los datos elaborados por las/os trabajadoras/es del INDEC. Según estiman la Junta Interna de ATE-INDEC, el salario mínimo en el mes de julio debería haber llegado a los 2.558.677 de pesos para un hogar compuesto por dos adultos y dos menores. Sin embargo, el SMVM representó el 15% de dicha canasta de consumos mínimos. Como se observa en el siguiente gráfico, el ataque sobre los salarios estableció un piso más bajo desde el inicio del gobierno de Milei.
Gráfico 9. Cobertura Salario Mínimo. Canasta básica alimentaria y total (INDEC) y Canasta Consumos Mínimos (ATE-INDEC) – julio 2026
Fuente: Elaborado con datos de INDEC y ATE-INDEC
Lo que está en juego
El debate hacia el nuevo turno presidencial remite a la continuidad o no del rumbo. Por la afirmativa se habilita la reelección de Milei y varios otros anotados en un sentido de Plan B, continuando el rumbo y modificando las formas y modos de la comunicación y el ejercicio del poder libertario.
Las formas de la gestión gubernamental impactan negativamente en el amplio sector del poder que avala el rumbo del ajuste y la regresiva reestructuración sistémica, y no comparte ni insultos ni bravuconadas del presidente y equipo.
Hay un balance positivo en el núcleo concentrado del poder, en el sentido del avance del ajuste fiscal y las reformas estructurales.
Para algunos, se trata de un “trabajo sucio”, que solo podía llevarse adelante bajo la impunidad de las formas autoritarias desplegadas por el gobierno y sus cómplices en los distintos poderes de Estado Nacional y los locales.
El problema ahora es darle continuidad al proyecto y mantener consensos electorales y políticos suficientes para sostener el rumbo del ajuste fiscal y profundizar las reformas estructurales, consolidando y avanzando en el ámbito laboral y encarar la reaccionaria reforma previsional.
Hay movimientos en el amplio espectro de las derechas, con varios anotados para ocupar la posición presidencial, bajo nuevos intentos de reorganizar a la derecha política para estabilizar un rumbo del capitalismo local abierto a inversores externos en la explotación y exportación de los recursos naturales (para ello el R.I.G.I).
Más compleja es la situación en términos de “alternativa política”, de cambio del rumbo, lo que supone desandar el camino de lo transcurrido desde la asunción de Milei. Aun así, no alcanza, se requiere definir una reorganización social y política sobre la base de la nueva realidad construida.
Eso apunta a repensar el sentido de la producción primaria, agro-ganadera, minera y energética, tanto como la organización y política financiera.
Los caminos de la soberanía alimentaria, energética, minera y financiera pueden otorgar una pista relativa a qué producir, para quien, como distribuir y asignare recursos.
En definitiva, una discusión sobre una reorganización integral de la política en el país para cambiar de base a los beneficiarios de la política pública y terminar con la masacre social del ajuste y la regresiva reestructuración con efectos en el desempleo y caída de los ingresos salariales y de jubilaciones; cierres de empresas, baja del consumo popular, endeudamiento familiar insostenible con una morosidad en ascenso que involucra a 6 millones de personas.
La realidad es el creciente descontento social y la protesta popular, que necesitan junto a la organización y movilización una respuesta política para desandar el entramado jurídico, político e ideológico construido por el gobierno y sus cómplices desde diciembre del 2023, y así, comenzar a reorientar el rumbo del país en beneficio de la mayoría empobrecida, del pueblo y la masa de trabajadoras y trabajadores.
Buenos Aires, septiembre de 2026
¿Hay solución para la mora crediticia?
Siempre hay solución, pero no en el marco de la política económica en curso, ya que sería pedirle peras al olmo.
El gobierno insiste es que la mora familiar no es un problema de la política económica, sino un tema entre privados y por ende, la solución está entre acreedor y deudor.
Con esa lógica, los bancos y prestamistas diversos debieran mandar a incobrables si no pueden refinanciar, o cancelar una parte de las deudas y en todo caso, engrosar la cuenta de pérdida.
En definitiva, razonan, es una cuestión de mercado y de riesgo. Que los prestamistas ejecuten las garantías si pueden, y si no, a pérdida. La vida continúa.
Mientras, para enjugar esas pérdidas habrá que subir tasas o costo financiero para con quienes cumplen a sus vencimientos para amortizar esas pérdidas.
Se sostiene una lógica de “aprendizaje forzoso” en un país con escaso crédito personal, con relación a la realidad de otros países, no solo vecinos.
Si en Chile, los préstamos a los hogares, a las familias representa el 44% del PBI, para Argentina apenas supera el 6%.
La ecuación en Brasil es del 35%, del 25% en Bolivia, del 15% en Paraguay y del 13% en Uruguay.
Es cercano al 70% en EEUU, superior al 60% en Japón y más del 50% en la Eurozona.
La respuesta del gobierno es que debe celebrarse que volvió el crédito al país en la gestión Milei y eso explica que, con más crédito crece la mora.
No solo se trata de bancos, sino de las fintech, las diversas tarjetas bancarias y comerciales, y aun de prestamistas personales, los tradicionales usureros, aun cuando las tasas institucionalizadas nos permitirían hablar de usura generalizada.
El problema es serio y así lo explican unas 30 propuestas legislativas, que el oficialismo obstaculiza su tratamiento, con argumentos ortodoxos que remiten a la libertad de mercado.
¿Qué proponen esos proyectos? ¿Qué hacer?
Mecanismos diversos de refinanciación, topes a la tasa de interés, estiramientos de los plazos; condonaciones parciales o totales en función de las limitaciones y vulnerabilidad de los deudores morosos.
De hecho, algunas entidades iniciaron por su cuenta esos procesos de refinanciamiento, incluso el Banco Nación ofrece refinanciar la deuda más allá de la contraída con el propio banco.
Una vez más, la banca oficial sale al rescate de los privados, con costo al conjunto de la sociedad. Dicho en un momento de gestión liberal libertaria, privatizadora y desreguladora, y cuando el propio gobierno dice que no se debe intervenir desde el Estado.
El problema es que son NO SOLUCIONES, ya que, aún condonando las deudas, si no se resuelve el problema de ingresos populares insuficientes, salarios y jubilaciones, no habrá posibilidad de acudir al crédito, además caro, para la reactivación económica y la satisfacción de las necesidades de consumo de la población, especialmente la de menores ingresos, precisamente los que viven de salarios o jubilaciones.
No es el crédito el problema, sino los ingresos de la mayoría de la población, en una economía que crece, 5,5% en 2025 y una proyección entre 2 y 3% para este 2026, pero que distribuye inequitativamente a favor de la ganancia concentrada y en detrimento de ingresos populares.
Convengamos que es un resultado de una política de ajuste fiscal y reestructuración regresiva de la organización económica de la Argentina, con modificaciones del modelo productivo, dinamizado ahora por la energía, la minería y la economía del conocimiento.
El resultado es la concentración de la riqueza y el ingreso, profundizando la dependencia a la transnacionalización capitalista, por eso el R.I.G.I. y las facilidades al capital externo, junto a lo cual se potencia la subordinación a la política exterior estadounidense.
No es un tema nuevo, y tiene historia, la política económica en general y la financiera en particular. Todo lo que hoy acontece tiene antecedentes en la dictadura genocida y Martínez de Hoz con su legislación financiera vigente desde 1977.
Hace casi 50 años se estableció la “desregulación financiera”, eje de la política de Milei, Caputo y Sturzzenegger, en la cual, las entidades financieras pueden hacer todo lo que no esté prohibido favoreciendo la especulación, especialmente en el circuito global financiero comandado por el capital ficticio.
Más de 40 años de gobiernos constitucionales y nunca se derogó o anuló la legislación de la dictadura. Ese es el punto de partida para atender el tema del endeudamiento y la morosidad.
Se debe modificar la legislación y la política financiera en el marco de una reorientación de la política económica, revertiendo la ecuación de beneficiarios y perjudicados.
No solo es problema el crédito de las familias, sino también el de las empresas asociadas a la capacidad de consumo popular y por supuesto el endeudamiento público, una hipoteca que nos ata desde los tiempos del terrorismo de Estado.
La solución no pasa por préstamos dolarizados a empresas que no operan con divisas. Ni el financiamiento con recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para créditos hipotecarios, los que solo llegaran a una porción limitada de población con ingresos superiores a la media de las/os trabajadoras/es y jubiladas/os.
Avanzar en cambios de fondo es la única posibilidad de resolver la problemática del crédito y la mora en la coyuntura. Se requiere un debate y una iniciativa política con rumbo alternativo para modificar sustancialmente la situación actual.
Buenos Aires, 26 de agosto de 2026
No hay un loco en la casa rosada
La reorganización capitalista en Argentina iniciada en 1975/76 se aceleró desde diciembre del 2023. En este tiempo de medio siglo cambió el modelo productivo y con él se recreó el bloque del poder, con adecuación jurídica e institucional, disputando consensos electorales que otorguen legalidad a la reaccionaria reestructuración.
No eran locos los dictadores, ni Menem, Macri o Milei, aun cuando alguien pudiera diagnosticarlo. Se trata de una “política económica” deliberada que en un plan de largo aliento se viene cumpliendo.
Vamos por parte, la novedad en este tiempo histórico, 2023-26, es la dinámica productiva del sector energético y minero, incluso de la actividad asociada al desarrollo de las nuevas tecnologías.
Si antes por un siglo (1880-1975/6) lo dinámico se concentraba en el sector agrícola ganadero y una industria principalmente orientada al mercado interno, lo nuevo apunta a potenciar la inserción subordinada en el mercado mundial, abasteciendo de las materias primas demandadas, especialmente petróleo, gas, cobre, litio, plata, oro, etc. Materias esenciales para atender la crisis energética y de productividad del capitalismo contemporáneo.
El sector financiero se constituyó como elemento central de las transformaciones desde 1977. En el libro “Bases para una Argentina moderna”, de 1981, el ex ministro de la dictadura genocida, Martínez de Hoz, hizo su balance destacando a la reforma financiera como el logro de transformación estructural más importante y trascendental de todo su programa. Esa ley sigue vigente y cumplirá 50 años en 2027.
La legislación financiera proponía la “desregulación”, facilitando la libertad de establecer tasas y restringiendo cualquier “control” sobre el sistema, una cuestión interesante para pensar y discutir en la coyuntura el “acuerdo entre privados” del discurso oficialista y el crecimiento de la “mora” de 6 millones de endeudados.
Con la ley se permitió todo lo que no estaba prohibido y alimentó las tendencias especulativas que se generalizaron y constituyen una característica del capitalismo actual.
Esa legislación estimuló la privatización y extranjerización del sistema financiero, agravando la dinámica de subordinación a las tendencias globales asociadas a la especulación y al endeudamiento externo. Ese es el marco para el aliento a las fintech, las plataformas y en definitiva la legalización de mecanismos usurarios, a los que se suma el accionar narco de fuerte penertracion en las barriadas.
La gestión Milei es un paso estructural profundo en el sentido que se pensó hacia 1975/76. El modelo productivo anterior necesitaba ser reformado para el desarrollo del capitalismo bajo las nuevas condiciones de acumulación ante la crisis de los 60/70 en el ámbito global. De ahí la liberalización, hoy narrada desde el ideario liberal libertario o anarco capitalista.
Era una tarea que no podía llevarse a cabo con la correlación de fuerzas sociales y políticas construidas históricamente hacia mediados de los 70, por eso, el terrorismo de Estado fue la condición de posibilidad para una tarea que lleva medio siglo, más allá de los interludios de la acción sociopolítica de este tiempo (1975-2026).
La tarea no está terminada y cada gestión reaccionaria asume que llevó adelante lo que la anterior no pudo.
Así, bajo gestión Menem, se resolvieron tareas que la dictadura no materializó, caso de las privatizaciones y la reforma estatal.
Macri supuso un salto en el cambio del régimen político, con el primer no radical ni peronista en sentarse en el sillón presidencial, dejando un antecedente que se ratificó en 2023.
Milei, por su parte, no escatima en destacar sus “logros”, los del poder, que explicita en la reforma laboral y la extensión de la desregulación, y muy especialmente la sintonía con la política exterior de EEUU bajo gestión Trump.
Por eso, el cambio productivo sienta las bases para el cambio de la política y que se manifiesta en la construida “crítica a la política” que se manifiesta en extensión de la abstención electoral y una máxima relativa a que la política no resuelve la cotidianeidad.
En ese marco, la apuesta estuvo en una apariencia: el ascenso de la anti-política, o sea, Milei. Claro que es “otra política”, la que reafirma el proyecto reaccionario desde la dictadura de 1976.
No es una locura, es un proyecto reaccioanrio de reorganización capitalista.
¿Cómo superar este momento?
La primera convicción es que no se puede volver hacia atrás y así como el poder reconfiguró su propuesta, el contra-poder necesita avanzar con su realidad de crítica, protestas, resistencias y oposiciones, incluidos desencantos y desilusiones, en organización popular para transformar los deseos, reivindicaciones o propuestas alternativas en un “programa” de transformación socioeconómica para una sociedad con otros propósitos.
Se trata de recomponer una reiterada historia de multiplicidad de acciones de los de abajo, los explotados, oprimidos y desposeídos, en una búsqueda muchas veces apropiada por núcleos de poder que utilizan la fuerza de la crítica para apuntalar objetivos particulares ajenos a la mayoría empobrecida. Remito a una dinámica de organización de la cotidianeidad que se desarrolla más allá de los tiempos institucionales.
He sostenido que los tiempos electorales no necesariamente convergen con los de la construcción popular, por lo que desde el poder se intentan adecuaciones más funcionales a los objetivos de transformación reaccionaria, mientras la acumulación de poder popular demora su organización. En esas condiciones es que aparece el plan B a la reelección de Milei y si no se instala nadie como opción y no peligra la política “reformista” (reaccionaria) en curso, insistirán con el liberal libertario, pese a sus formas y modos de gestión.
Desde el contra-poder se requiere articular la multiplicidad de propuestas programáticas que pueblan las calles de la protesta, sea por los derechos humanos, la educación y la salud pública, los ingresos salariales o previsionales, la igualdad de género y diversidades, el medio ambiente y un conjunto de derechos afectados por la política de la ultraderecha. No es tarea sencilla ante los límites de las identidades políticas que disputan la gestión gubernamental, especialmente desde el peronismo y la izquierda institucionalizada.
Existe una amplia base social que remite a esas identidades y que reconocen las dificultades para construir nueva representación política en este tiempo de cambios profundos en la estructura económico social.
Son tres los ámbitos de construcción de alternativa. Uno remite a la extensión de la organización de la crítica, la protesta y el descontento; otro a la articulación de programas diversos, a veces contradictorios, caso del empleo, el salario y la lucha ambiental; y principalmente las formas políticas de síntesis organizativas no solo de confrontación, sino de anticipo del imaginario para la sociedad deseada.
Cómo pasar del modelo productivo actual de apropiación concentrada del producto social orientado al mundo vía exportaciones, a un uso difundido en la sociedad de la producción actual para una mejora integrada de la población, sin afectar el medio ambiente.
Lo resumimos en la materialización de la soberanía alimentaria, energética, minera o financiera.
Ello supone una confrontación con los actuales propietarios y beneficiarios de ese orden, que no resignan su potestad desde el privilegio de la propiedad privada de los principales medios de producción.
Sin duda, se trata de una tarea ideológica propagandística que dispute “sentido común”, lo que exige transformarlo en imaginario dominante.
Es la batalla ideológica, en un sentido de confrontación con el empeño de la ultraderecha por afirmar su deseo a favor de la propiedad privada y la posibilidad de acumular bajo condiciones de consensos extendidos, aunque más no sea por un tiempo.
Veamos, el consenso en la “estabilidad” de la dictadura sentó las bases del cambio estructural consolidado en los ´90, “estabilidad monetaria” mediante, y continuado bajo gestión Macri y que ahora pretende continuarse por dos periodos.
Los consensos, aún temporales, son esenciales para definir mutaciones en la organización económica de la sociedad, aun cuando luego sean criticados.
Revertir las privatizaciones y la reaccionaria reforma del Estado es aún una asignatura pendiente, como lo es reversar la reforma financiera de la dictadura, o las restricciones a la aplicación de derechos laborales o sindicales, especialmente luego de la reciente reforma laboral.
Se conoce la estafa de las privatizaciones, ahora medida en crecientes subas de las tarifas, pero cuesta ganar consensos en la necesidad de reorganizar la producción de bienes y servicios bajo formatos no subordinados y contrarios a la lógica de la ganancia.
En síntesis, lo que ocurre es parte de una propuesta de cambio económico y político que tiene medio siglo. Ante esa situación emergen nuevas posibilidades históricas de construir base social y política para pensar un proyecto que entusiasme desde la satisfacción de las necesidades de la población que hoy sufre la reaccionaria reconversión.
Se trata de pensar en una transición desde este presente de ajuste y reaccionaria reorganización capitalista a un proyecto de perspectiva emancipadora en contra del capitalismo.
Buenos Aires, 25 de agosto de 2026
Reformas financieras en modo campaña
El presidente presentó en cadena nacional un paquete de reformas orientado a liberalizar la economía y reducir la intervención del Estado. Las iniciativas principales incluyen modificar la carta orgánica del Banco Central, establecer un freno fiscal y flexibilizar los mercados de capitales y seguros.
Los ejes del paquete de reformas
La reforma del Banco Central busca modificar la carta orgánica vigente desde 2012 para enfocar el rol de la entidad exclusivamente en el cuidado de la moneda y el freno a la emisión monetaria. Para el control fiscal y funcionamiento del Estado introduce la idea de un "grillete fiscal" o cierre temporal del gobierno ("Shut Down") ante la falta de fondos. Respecto al mercados de capitales y seguros propone reducir los controles estatales para que las empresas emitan títulos con mayor libertad y las aseguradoras operen con menos restricciones.
Esta iniciativa gubernamental tiene fundamentos económicos y políticos en sintonía con los objetivos de repetir un mandato más en 2027. En primer lugar, parte de un diagnóstico erróneo que atribuye la inflación únicamente a la emisión monetaria, siendo algo que genera controversias teóricas frente a políticas de otros países hegemónicos del capitalismo e incluso visiones heterodoxas. También supone una estrategia electoral y parlamentaria para disputar consenso, especialmente centrado en el objetivo de reducir la inflación.
La suba de precios se mantiene, aun cuando el gobierno induce una recesión vía caída de ingresos salariales y jubilatorios, impactando en el consumo popular y el nivel de actividad asociado al mercado interno. Lo dinámico del capitalismo local sigue siendo el mercado mundial, con crecientes exportaciones de energía y minería, que se suman a la tradicional proveniente del sector del agro negocio. Es una lógica con escasa difusión al conjunto social y que, además, recrea la constante fuga de capitales. Los mayores ingresos de divisas por exportaciones se esterilizan con pagos de la deuda, remesas de utilidades al exterior y constitución de activos externos.
Con los cambios anunciados, si avanzaran, solo se consolidará un rumbo de dependencia y subordinación a la demanda del capital más concentrado y su dinámica de acumulación. Al mismo tiempo debe señalarse que la situación actual del mercado de capitales y el sistema financiero no impidió el avance de la reaccionaria reestructuración del capitalismo local.
Campaña y alternativa
Se trata de una lógica de campaña para consolidar su proyecto político, aunque su aprobación final dependerá de la negociación con la oposición y los gobernadores aliados en el Congreso y muy especialmente a la respuesta social, estimulada por la crítica situación derivada de ingresos populares deteriorados. En este sentido vale mencionar que crece el descontento con la política pública y comienza a crecer el desencanto con las expectativas esperanzadas de votantes de Milei.
El problema sigue siendo la construcción de alternativa política, sin lo cual no hay horizonte de cambio del rumbo, que se afirma en la subordinación a la lógica del capital más concentrado y la política exterior de EEUU. Es una situación a definir en la acumulación de poder popular, que trasciende la coyuntura electoral.
Buenos Aires, 1 de agosto de 2026
Para discutir el uso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS)
Es habitual escuchar que “no hay plata” para financiar proyectos alternativos al actual modelo productivo y de desarrollo. Por ende, los gobiernos reiteran una monserga reiterada de busca de financiamiento para la renovación de una deuda impagable. Entre ese financiamiento está el uso del FGS, el “fondo de los jubilados”, que todos los gobiernos utilizan como si fuera un fondo propio del Estado capitalista. Un 80% del FGS está invertido en deuda pública.
Por eso, el “no hay plata y hay que endeudarse”, resulta una afirmación condenatoria que augura la reproducción de la dinámica actual de funcionamiento del orden capitalista local.
Hemos insistido en reiteradas oportunidades que el país está atrapado “sin salida” en el condicionante de la deuda, especialmente monitoreado por el FMI.
En estos días, la titular del FMI visita la Argentina para asegurarse que su principal acreedor cancele la deuda iniciada bajo gobierno Macri (2018), renegociada en la gestión Fernández (2022) y asegurada en el gobierno Milei.
Observando el último informe del FGS gestionado por ANSES a junio del 2026, en: https://www.anses.gob.ar/fgs-fondo-de-garantia-de-sustentabilidad, podemos observar que un Fondo de 123,4 billones de pesos, equivalentes a 79.232 millones de dólares, tiene destino en financiar al Estado Nacional con títulos que representan el 77,7% del total.
El FGS, el fondo acumulado por el régimen jubilatorio desde el 2008 tiene destino principal en el financiamiento público.
Además, junto a títulos de Entes Estatales, el porciento alcanza al 79.5%, que al sumar inversiones en acciones de empresas privadas por 14,3% y en otros activos destinados a potenciar al capital, el grueso de las inversiones financieras del FGS utilizan casi el 96% del total.
El capitalismo argentino, sea su sector privado directamente, o el Estado capitalista, recibe financiamiento desde un fondo que acumula en función del régimen jubilatorio “solidario”.
Un Fondo que es parte sustancial de la seguridad social. Plata hay, sí, pero para financiar al capitalismo y sus mecanismos de acumulación, asociado a las finanzas, la especulación y el endeudamiento.
¿Podría hacerse algo distinto con esos fondos?
Desde luego, ya que la propia legislación de su creación establece destinos posibles, hoy marginalmente utilizados, como aliento a proyectos productivos o préstamos a sectores pequeños o medianos de la economía y a trabajadores/as, lo que incluye emprendimientos autogestionarios, cooperativos o comunitarios.
Claro que eso supone discutir el carácter de esos proyectos, el para qué de los mismos y el cómo llevarlos adelante, con que ecuación de beneficiarios.
Por ejemplo, entre las novedades del modelo productivo en curso se encuentra el sector de la energía y de la minería.
El interrogante que debemos formular es si el curso actual en esos sectores modifica la tendencia histórica a la concentración y centralización del capital en un marco de extranjerización y transnacionalización de la economía local.
Incluso, observando el sector agro ganadero, el tradicional en la acumulación capitalista del país, todo conduce a la reproducción de una lógica concentradora del ingreso y de la riqueza, con escasa capacidad de difusión en la distribución y en el empleo, con el agravante de la fuga de capitales.
La nueva acumulación energética y minera reproduce la lógica de reproducción del capital vía fuga de capitales.
El excedente económico logrado en el país se orienta en la cancelación de deuda, remesas de utilidades al exterior o constitución de activos externos, entre ellos, las divisas en billetes. El BCRA estima que existen en Argentina unos 170.000 millones de dólares bajo el colchón (cajas fuertes o de seguridad). Por eso el gobierno insiste con la “inocencia fiscal”, un perdón a la evasión por fuga de capitales, que incluye a los propios funcionarios gubernamentales.
Por lo tanto, los recursos gestionados por ANSES podrían tener otro destino, lo que requiere es una voluntad política para construir otro modelo productivo y de desarrollo, sustentado en la soberanía alimentaria, energética, minera, financiera.
La discusión apunta a que producir, de qué manera hacerlo, como definir beneficiarios a contramano del proceso concentrador actual. Aludimos a un cambio del modelo productivo agrario, energético o minero, entre otros, y claro que también a la política y legislación financiera, que remite al patrón instalado por Martínez de Hoz en 1977.
En ese marco, hay que desandar lo actual, especialmente lo instrumentado bajo la gestión Milei y asumir un plan con participación popular para definir la orientación de producción y circulación de bienes y servicios, la inserción internacional y el estímulo a la educación y la investigación pública para la actualización e innovación tecnológica aplicada al nuevo rumbo local y global.
Pensando en el horizonte de soluciones debe apuntarse a proyectos soberanos en alimentación, energía o finanzas, en un marco de respeto a la reproducción social y natural de manera integral.
Se trata de resolver necesidades de empleo en condiciones de ingresos adecuadas, compatibilizando demandas regionales diversas, expandiendo la capacidad productiva destinado principalmente a satisfacer la demanda interna.
Es un desarrollo a contramano de la orientación liberal libertaria, pero también en contra del “posibilismo” de opciones críticas a la liberalización pero que se quedan a mitad de camino, no solo en la crítica, sino en la realización de un horizonte alternativo.
La búsqueda de un nuevo modelo productivo y de desarrollo supone la confrontación con el bloque dominante que define hace medio siglo el rumbo liberalizador del país, sino también con aquellos proyectos que negocian con el poder la posibilidad de cambios progresivos para atender las múltiples necesidades asociadas al empleo y a los ingresos.
Aun más, puede pensarse en elevar la mínima a 1.800.000, precio de la canasta del adulto mayor, utilizando recursos del FGS y discutir ingresos al mismo para que no disminuya su volumen.
En síntesis, plata hay y el FGS es una de las posibilidades, que junto a un programa financiero a contramano de la lógica instaurada desde 1976/7 y a una desvinculación del país del condicionante de la deuda y del FMI, dicho especialmente ante la inminente visita de su Directora Gerente al país.
La presencia de Kristalina Georgieva supone un espaldarazo a la política liberal libertaria, responsable de las calamidades que sufre la mayoría social en Argentina.
Cambiar es posible, los recursos están, solo falta la voluntad política y una acumulación de poder alternativo para hacer realidad un rumbo diferente en el país, que modifique la ecuación de beneficiarios y perjudicados a favor de la mayoría de la sociedad.
Buenos Aires, 25 de julio de 2026
Cambios en la Carta Orgánica del BCRA: ortodoxia ideológica para profundizar la regresiva reestructuración capitalista
Mucho ruido y pocas nueces sostiene el dicho popular. En efecto, en medio de la pasión mundialista, Milei impulsa “reformas estructurales” con acciones propagandísticas de afirmación ideológica libertaria.
Ese es el sentido de la reunión con legisladores para explicar la reforma a la Carta Orgánica (CO) del BCRA. El objetivo es blindar el impedimento para la emisión monetaria, porque según la ideología de la ortodoxia, la inflación es un fenómeno monetario.
La realidad es que el proyecto de ley aún no está finalizado, pero el adoctrinamiento de legisladores propios y su publicidad evidencian un mensaje de que algo importante está en preparación.
Para el oficialismo, modificar el estatuto del ente rector del sistema financiero estará acorde con los profundos cambios en la estructura económico social y el rumbo liberal libertario del país.
¿Acaso la CO definida en 2012 impidió la consolidación del modelo primario exportador sustentado en el complejo sojero?
¿Impidió la CO actual la emergencia de nuevos sectores económicos y territorios de la acumulación capitalista en energía o minería?
¿La CO vigente modificó la esencia de la política financiera y monetaria definida por la vigente ley de entidades financieras de la “dictadura genocida”, la que impulsó Martínez de Hoz en 1977?
Hay que ser enfáticos al señalar que la reforma del 2012 no modificó el modelo productivo y de desarrollo capitalista, por más progresista que parezcan los objetivos allí definidos por la “inclusión social”.
La estructura económica social construida desde 1975/76 y el modelo productivo, esencialmente primario exportador, estuvo asociado a un modelo de desarrollo que transformó la pobreza en un problema estructural, tanto como la tendencia a la expansión de la precariedad laboral.
Son aspectos que definen esencialmente el proceso de acumulación capitalista de la Argentina desde mediados de los ´70.
Inflación en debate
EEUU registró una baja de precios del -0,4% en junio, por la reducción del precio de los combustibles ante el cese del fuego en medio oriente, que ahora podrán revertirse con la reanudación de los ataques militares y el aumento del crudo.
Más allá de ese dato concreto, si hay un país que emite más allá de lo aconsejable por la ortodoxia es precisamente la potencia del norte.
Resulta curiosa la máxima liberal libertaria que remite al fenómeno monetario como explicación de la inflación en todo momento y en todo lugar.
Hace décadas, desde la hegemonía del dólar en 1945 y especialmente desde la inconvertibilidad del dólar en 1971, que la principal potencia capitalista emite más allá de cualquier premisa ortodoxa.
Es más, la Unión Europea flexibilizó la norma relativa al déficit fiscal permitido a sus miembros integrantes para favorecer el incremento del gasto y del déficit para resolver la presión de EEUU a una suba del gasto militar.
Argentina retomó la senda de la disminución inflacionaria con base en el deterioro de los ingresos populares, salarios y jubilaciones, fuente de ingreso de la mayoría de la población.
Por eso baja el consumo, los cierres de empresas y el creciente saldo en cesantías y el cambio de empleo regular a irregular, sin seguridad social.
No es la baja de la emisión, sino la recesión inducida por la baja de ingresos de la mayoría social.
La inflación debe asociarse al “poder” de quienes establecen subas de precios, por caso, las tarifas de servicios públicos aumentadas desde el “poder” del Estado, cuyas alzas intervienen en la mejora de las ganancias de las transnacionales propietarias de las empresas de servicios públicos privatizadas.
Ocurre lo mismo con el gasto público, en donde las operaciones crediticias con organismos internacionales generan gastos y comisiones por cifras millonarias, mientras no hay plata para cumplir con la ley de financiamiento universitario.
Podemos leer en la prensa: “Toto Caputo dio a conocer los contratos de los préstamos por u$s 3200 millones garantizados por el Banco Mundial y el BID. La documentación revela un costo inicial cercano a los u$s 165 millones entre comisiones, primas y gastos.” https://www.letrap.com.ar/economia/la-letra-chica-la-deuda-toto-caputo-bancos-gastos-y-comisiones-us-165-millones-y-clausula-fmi-n5425009
La ley de financiamiento a la discapacidad es incumplida por el gobierno ante un gasto estimado de menos de 670 millones de dólares y la de financiamiento universitario por unos 1.700 millones para cumplir con la ley de financiamiento universitario.
Está claro que no hay recursos para el gasto en discapacidad o en educación universitaria, mientras que una sola operación de préstamo para cumplir con los acreedores financieros requiere sumas considerables que se cargan al conjunto de la sociedad.
La inflación está asociada al poder en el capitalismo, es decir, a las condiciones de funcionamiento bajo el imperio de la ley del valor, en un intercambio que explicita las relaciones de producción y circulación a favor del capital.
¿Independencia del BCRA?
El vínculo entre el Ministro de Economía (Caputo) y el Presidente del BCRA (Bausili) tiene historia, sea por su accionar en conjunto en la gestión de Mauricio Macri, como en la actividad privada y ahora en la sintonía fina que se establece entre el programa económico y el monetario financiero.
No hay autonomía ni independencia, sino una articulación para asegurar los objetivos políticos y económicos de la gestión liberal libertaria a favor de la mayor concentración y centralización del capital en un marco de subordinación a la lógica del capital extranjero y la política exterior de EEUU.
Una asignatura pendiente de los gobiernos constitucionales desde 1983 pasa por la derogación de la Ley de Entidades Financieras de 1977 y la reorganización del sistema financiero y de la política del sector para sustentar otro modelo productivo y de desarrollo.
Es algo imposible con la hegemonía política actual, no solo de la gestión Milei, sino que debe sumarse a los cómplices en las gobernaciones de varias provincias, en el poder legislativo y judicial, como en los medios de comunicación y redes que modelan las conciencias para el logro de los consensos electorales.
Otra política se requiere y ello demanda una acumulación de fuerzas sociales, culturales y políticas que instalen otro proyecto de sociedad, que tenga en el centro la satisfacción de las necesidades mayoritarias hoy afectadas por el rumbo liberal libertario.
Buenos Aires, 14 de julio de 2026
Argentina y EEUU en la reconfiguración capitalista
El orden capitalista está en reconfiguración, cuya base es el desarrollo de las fuerzas productivas, innovaciones tecnológicas mediante, especialmente de la mano de la inteligencia artificial; y unas adecuaciones de las relaciones sociales de producción, especialmente de la relación entre el capital y el trabajo, en las funciones estatales y en las relaciones internacionales. Para esto, lo que actúa es una fortísima ofensiva del capital en el último medio siglo, en contra de los históricos derechos sociales, sindicales, laborales, colectivos e individuales conquistados por la lucha de las/os trabajadoras/es. Pero también se destaca la disputa por la hegemonía estatal en el sistema mundial, entre China y EEUU y más en general, entre Asia y “occidente”, incluido en esta categoría el Japón.
Se trata de un fenómeno mundial, que tiene especificidades nacionales según sea la dinámica política prevalente en cada país. En el centro está la carrera por la innovación tecnológica, con el Estado y el gobierno de EEUU asociado a las grandes transnacionales de capital privado, hoy a la vanguardia de la valorización de capitales. Desde Washington, inducen una política de inversiones privadas gigantescas con pretensión de mejora de la productividad del trabajo y recreación de una lógica de ampliación de la producción y apropiación de plusvalor. Intenta, al mismo tiempo una regulación vía aranceles y sanciones a la política de inserción global de China y sus aliados globales. Por su parte, el Estado y gobierno de China interviene desde la planificación estatal y la subordinación de la lógica empresarial local, tanto privada como estatal, a un desarrollo científico tecnológico propio, con relativa autonomía en un contexto histórico de internacionalización de la producción y transnacionalización de los capitales. Se trata de una estrategia obturada por la aplicación de las sanciones unilaterales de EEUU a China y sus asociados en el sistema mundial.
En ese marco de reconfiguración o reestructuración del régimen del capital y de disputa por la hegemonía del sistema mundial es que debe considerarse el proceso de relaciones bilaterales, en nuestro caso, entre Argentina y EEUU.
La dinámica productiva contemporánea aleja la competencia histórica entre EEUU y Argentina. En efecto, hasta hace poco, el modelo productivo prevalente en ambos países se caracterizaba por una competencia sustentada en la especialización productiva de Argentina en el sector agro ganadera para la exportación. Era un tema que se exacerbaba más o menos en función de los acercamientos políticos o ideológicos en los distintos momentos histórico, salvo excepciones. Resulta curioso en este sentido, recordar que el alineamiento ideológico de la dictadura genocida (1976/83) con Washington, cambió eludir el embargo cerealero a la URSS boicoteando la participación argentina en los juegos olímpicos de 1980 en Moscú. Se afectaron intereses de deportistas, pero se mantuvo un fuerte volumen de ventas de cereales para equilibrar el déficit comercial con EEUU y Europa y favorecer los intereses de los terratenientes y el capital del agro negocio de exportación asociado a las transnacionales.
De la competencia a la complementación
Con la gestión Milei desde diciembre del 2023 se exacerba el alineamiento ideológico y político con EEUU, profundizando una estrategia antes desplegada por la presidencia de Mauricio Macri (2015/19) y antes en la década del ´90 del siglo pasado por Carlos Menem (1989/99) y Fernando De la Rúa (1999/2001), en el camino de la dictadura genocida desde 1976 a 1983. Fueron decisiones políticas, al tiempo que el modelo productivo desarrollado potenciaba la competencia con EEUU, especialmente ante el desarrollo del complejo sojero y la presencia dominante de los transgénicos desde fines de los 90 del siglo XX. Tanto EEUU como los países integrantes del Mercosur constituyen el polo de concentración de la producción sojera mundial.
La novedad se presentó desde los cambios estructurales iniciados en esos ´90 de la centuria pasada, especialmente en el ámbito de la minería y de la energía. Argentina inició en ese tiempo un largo camino, que se consolida en el presente para pasar de ser “un país con minería” a una pretensión de ser una potencia minera. Es algo que se potencia con la sanción del nuevo código y legislación en minería en la última década del siglo XX, y ahora con el RIGI (inversiones desde los 200 millones de dólares) y el súper RIGI (inversiones desde los 1000 millones de dólares). La privatización de la estatal petrolera en 1992 y su actual gestión de mayoría estatal, habilitó el camino de la importante expansión de la producción y exportación de hidrocarburos no convencionales. Hoy, la conjunción de exportaciones mineras y de energía tienden a equivaler a las provenientes del sector agro ganadero, con perspectivas de superarlas, si se potencian las inversiones externas comprometidas asociadas a la nuev complementariedad de Argentina con EEUU.
Es cierto también que EEUU es el principal productor mundial de hidrocarburos, y en ese sentido resulta un competidor, pero la realidad es que el origen de la inversión para el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales fue proveído por EEUU. La fractura hidráulica o “fracking”, fue aportada a la Argentina por Chevron, en el acuerdo secreto entre la YPF, empresa privada de gestión estatal (26% del Estado Nacional y 25% de los Estados petroleros de la Argentina) y la petrolera estadounidense.
Un dato importante resulta del crecimiento del precio de las commodities, especialmente en el escenario de guerra e incertidumbre en el mundo, agudizado con la agresión de EEUU e Israel contra Irán. Esa alza de los precios beneficia a los capitales concentrados de las petroleras, entre ellos favorece la articulación de la privada de gestión estatal, YPF, y a las de origen estadounidense. Argentina no es una potencia militar, pero su asociación con la política exterior de Washington la asocia al impacto inflacionario de la guerra con rédito en la apropiación de excedente económico que incide en el balance energético y el ingreso de divisas, un tema estratégico en la economía local.
El gobierno de Argentina necesita del capital externo para consolidar su estrategia de desarrollo e inserción internacional en el capitalismo contemporáneo, especialmente proveniente desde EEUU, sea en su forma de inversión externa o de capital de préstamo. Hay que recordar la importancia de EEUU en el FMI y que Argentina es el principal deudor del organismo internacional desde 2018. Además, en 2025 y en vísperas de la elección de medio término, el Tesoro de EEUU favoreció la compra de moneda nacional por 2.000 millones de dólares y alentó un swap por 20.000 millones de dólares, que extiende la consideración en los análisis políticos, de haber sido un sostén esencial (aval político) para el triunfo de Milei en dicha elección, consolidando poder de legitimación parlamentaria. Algo que se visibiliza en avances en reformas estructurales reaccionarias, caso de la reciente reforma laboral, una verdadera contra reforma que afecta intereses y derechos de trabajadoras y trabajadores.
Por su parte, EEUU necesita de los abundantes recursos naturales de la Argentina, especialmente en litio y cobre, esenciales en la perspectiva de innovación tecnológica contemporánea. Son materias primas indispensables para los nuevos desarrollos de la innovación tecnológica, que las transnacionales de origen estadounidense necesitan y que el Estado con sede en Washington estimula su aprovisionamiento potenciando relaciones de subordinación, las que encuentra con creces en la relación gestada con el gobierno Milei en Argentina.
Milei resulta altamente funcional a la política exterior estadounidense bajo gestión Trump, sujeta a la imprevisible situación que pueda generarse en noviembre en el medio término del país del Norte, incluso en la renovación presidencial del 2027 en el Sur. La incertidumbre es parte del diagnóstico de nuestro tiempo, habilitando el imaginario para desarrollos alternativos a la estrategia del poder.
Recuperar un proyecto soberano
En rigor, las relaciones internacionales están asociadas a las afinidades político ideológicas de los gobiernos de turno, pero en un marco de sustentación del momento del régimen del capital. Este está en crisis, visible en 2007/09 y más con la pandemia en 2020, por lo que el poder global del capitalismo, con sustento en las corporaciones transnacionales, los principales Estados del capitalismo y los organismos internacionales, bregan y disputan para asegurar un rumbo civilizatorio para la reproducción sistémica. Ese es la base de la ofensiva política de MAGA en EEUU y del libertarismo en Argentina. Se trata de un proyecto liberalizador de ultra derecha para una mayor concentración y centralización del capital en el ámbito mundial, que necesita obturar toda perspectiva de poder alternativo, por eso el ensañamiento con la disputa proveniente de China y aliados y mucho más sobre cualquier estrategia de poder popular.
La concentración de la política exterior de EEUU es en el hemisferio occidental, o sea, en la región latinoamericana y caribeña, afirmando la sujeción de Canadá y la posibilidad de hacerse del poder soberano en Groenlandia. Milei es funcional a esa estrategia y se transformó en el modelo a imitar por los sectores más reaccionarios en distintos países, quienes juegan las cartas electorales en la coyuntura, recientemente en Colombia, Perú o Chile, incluso anticipando programas de restricciones democráticas y represión, caso de El Salvador o Ecuador, junto a un profundo ajuste fiscal y social en desmedro de la mayoría trabajadora y empobrecida, afrentando la desigualdad social y la concentración del ingreso y de la riqueza.
El imperativo desde una lógica alternativa, de revolución en contra del capitalismo, supone crear condiciones de posibilidad para la emergencia de un proyecto de soberanía que articule la lucha nacional con una perspectiva de emancipación social regional y mundial. Ello supone el estímulo a la multiplicación de las experiencias resistentes aquí y allá, en Argentina y en EEUU, entre otros territorios del planeta, para generar una nueva experiencia global social que nos anime en la afirmación renovada de un fantasma recorriendo el mundo…, que recupere la máxima impresa por Marx y Engels en el manifiesto comunista en 1848. Si la experiencia revolucionaria escaló entre mediados del Siglo XIX y fines del XX, recrear un proyecto revolucionario para este tiempo presume la lucha soberana para el ejercicio del poder y la construcción de posibilidades para resolver las necesidades de la reproducción de la humanidad y de la naturaleza.
Buenos Aires, 1 de julio de 2026
Recuperar una estrategia por la revolución ¿Qué hacer para avanzar en una propuesta alternativa?
Parte de esta NOTA fue publicada en PERFIL, en: https://www.perfil.com/noticias/opinion/avanzar-en-una-propuesta-alternativa-pero-como.phtml
El punto de partida es discutir el presente del capitalismo, que ya no es aquel que emerge de la crisis de 1930, con las reformas keynesianas, condicionado por la novedad del comunismo soviético, la planificación y la expectativa esperanzada de un nuevo rumbo en buena parte de la humanidad. Aquel condicionamiento del socialismo empezó a desmoronarse con la desarticulación de la URSS en los 80/90 del siglo pasado y hoy se explicita en los límites que se presentan en Cuba y otros territorios en los que se enuncia el proyecto socialista.
Además, vale considerar que la humanidad en su larga historia recorrió distintos momentos sustentados en ideas y prácticas hegemónicas que definieron rumbos civilizatorios, que no definen fatalmente el devenir socio político. No siempre hubo capitalismo, por lo que se trata de un momento histórico de la civilización. No siempre existió el capitalismo y al mismo tiempo, éste, reconoce distintas formas de existencia. El capitalismo es un producto social y por ende, no fatal ni eterno. La revolución es la constante en el desarrollo civilizatorio. Esa es la experiencia histórica.
Interesa ver los distintos momentos del desarrollo capitalista. Un momento es el largo trayecto de construcción originario del orden capitalista, entre los siglos XV y XVIII, un tiempo también para su universalización, “descubrimiento, conquista y colonización” mediante. Es un tiempo de violencia explícita, que incluye la cacería de personas y el cercamiento de territorios para afianzar la centralidad de la explotación y la apropiación privada de la tierra. Otro tiempo es su consolidación en la extensión de la forma monetario mercantil de reproducción social de la cotidianidad en el ámbito mundial, en la internacionalización de la producción y la transnacionalización del régimen del capital. Es un tiempo también violento, que incluye a la guerra, la militarización y la extensión del carácter delictivo del capitalismo con trata de personas, venta de armas y drogas, especulación y estafas diversas que hacen a la corrupción generalizada.
En el medio, procesos de crisis que exigieron cambios en la forma de ser del orden capitalista. Uno es el capitalismo antes de la crisis del 30 del siglo pasado y otro después; como es distinto el régimen del capital antes de la crisis del 60/70 que luego; y de nuevo, el debate en torno a la crisis del 2007/09, agravadas con la pandemia y las encrucijadas del presente. Este presente de incertidumbres y por ende, de posibilidad de recrear condiciones para la revolución. La historia no está escrita, la hacemos los sujetos actuantes, especialmente desde la resistencia y la confrontación con el poder instituido con base en la explotación y el saqueo.
La revolución como alternativa
Un freno a esa historia de expansión capitalista se presentó con el desafío de una alternativa anticapitalista, puesto de manifiesto con la “revolución” europea de 1848 y la aparición en simultáneo del Manifiesto comunista. El fenómeno social manifestado como conflicto tenía su correlato como ideario de proposición alternativa, que recogía y sistematizaba variadas formas de impugnación al orden vigente. Había nacido un tiempo de “revolución”, que escribiría su historia hasta fines del siglo XX.
A fines del siglo pasado se definen orientaciones hegemónicas en contra de las revoluciones, por ende, regresivas y de restauración conservadora.
El imaginario social extendido por la revolución entre 1848 y 1979/80 mutó progresivamente hacia una concepción de unilateralidad por el orden capitalista. Se nominó a ello “neoliberalismo”, en tanto retorno al origen “liberal” hegemónico del pensamiento filosófico y político, convergente con la escuela clásica de Economía Política y el librecambio.
La concepción teórica clásica había mutado del liberalismo originario (Adam Smith, David Ricardo) a la crítica marxista. En réplica a Marx emergía una restauración del pensamiento en origen con la escuela austríaca hacia 1871 (Karl Menger) y la síntesis neoclásica hacia 1890 (Alfred Marshal).
Ese debate situado se mantiene, esencialmente, en los debates contemporáneos, una cuestión privilegiada en la narrativa de Javier Milei, quien sostiene una polémica sustancial con Marx y todo atisbo de regulación económica, de Keynes a los neoclásicos.
Con la revolución rusa (1917) y la expansión soviética en plena crisis de los ´30, John Maynard Keynes procesa una ruptura epistémica para modificar las formas del ejercicio de la política económica, con fortísima intervención directa del Estado capitalista. Se constituye el keynesianismo en corriente principal del pensamiento económico y lógica generalizada de política económica, de razón de Estado.
La revolución de 1917 habilitó un nuevo tiempo, definido por la bipolaridad entre 1945 y 1991, incluso habilitando la emergencia de un tercer mundo entre el capitalismo y el socialismo.
Entre el segundo y el tercer mundo se definirán las alternativas y posibilidades de encarar procesos de revolución, desde el marxismo soviético, chino, cubano, o por sus referencias a liderazgos históricos, sea Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Gramsci o Mariátegui, entre otros; junto a diferentes liderazgos terceristas en África, Asia o América latina y el caribe, con el objetivo de la liberación nacional y/o social.
Aludimos a la posibilidad del debate sobre el Nuevo Orden Económico Internacional, NOEI, discutido hacia 1973/74 en Naciones Unidas. Luego de eso y bajo dictaduras genocidas en el cono sur de América, se ensayarían las concepciones luego generalizadas bajo el “neoliberalismo” de la restauración conservadora en el epicentro de la hegemonía capitalista: Gran Bretaña y EEUU.
Se impusieron así los criterios en contra de la revolución para desalojar en el imaginario social la posibilidad del anticapitalismo y de la revolución.
Acumular fuerza económica y sociopolítica para la revolución
En este marco histórico, los pueblos protagonizan nuevas experiencias para habilitar imaginarios alternativos que sustenten proyectos en contra y más allá del capitalismo.
Puede en ese sentido considerarse una diversidad de experiencias de práctica crítica y nuevas síntesis teórico políticas para dar contenido y sentido a un nuevo tiempo de transformación civilizatoria, que atienda la necesaria reproducción de la vida social y natural, hoy amenazada por la lógica de la acumulación capitalista, de progreso y devastación.
Remito a las experiencias de crítica y resistencia desplegadas en la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, especialmente en la región latinoamericana y caribeña; o la que se procesan en la actualidad en la región del Sahel en África.
Todo en un proceso de transformación de la economía mundial, con disputa por la hegemonía entre EEUU en declive de su poder global y la emergencia de China y su potencial productivo.
Pero eso que remite a una dimensión macro, se expresa en multiplicidad de experiencias de reproducción de la cotidianeidad en emprendimientos asociativos, cooperativos, comunitarios, de autogestión, que en casos anticipa la posibilidad de retomar cosmovisiones de organización sustentados en lo “común”, a contramano de una lógica dominante de contenido individualista.
Aun cuando lo hegemónico sea el liberalismo en cualquiera de sus formas, caso del libertarismo en la Argentina, resulta de interés atender lo menos visible en las prácticas alternativas y en los estudios que buscan nuevas síntesis teóricas que reinstalen la posibilidad de revolucionar la realidad.
Buenos Aires, 27 de junio de 2026
La resistencia a la política de Milei y la ultraderecha (Publicado en Colombia, Revista Margen Izquierdo, en: https://revistaizquierda.com/la-resistencia-a-la-politica-de-milei-y-la-ultraderecha/
I – La resistencia como una constante en la práctica política
La tradición de organización y lucha del pueblo argentino tiene una importante historia, y es visible en la coyuntura contra la política de la ultraderecha, especialmente en las grandes ciudades del país y en los nuevos territorios de la acumulación capitalista, asociados al desarrollo minero, de la energía y las nuevas tecnologías. Los espacios de la concentración urbana sufren las consecuencias de la ofensiva por el ajuste fiscal y la reaccionaria reestructuración del capitalismo local, convocando a desconformidades, protestas y resistencias varias. Al mismo tiempo, crecen las confrontaciones a las políticas públicas en localidades de menor peso relativo de asentamiento poblacional, pero de enorme significado en la ampliación de la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo sobre los bienes comunes. Este es un tema asociado a las protestas en defensa del medio ambiente y en contra del extractivismo exacerbado que promueve el saqueo y la destrucción del hábitat. El problema es quién representa políticamente esta resitencia.
Cualquier visitante extranjero que ingrese por Buenos Aires al país se encontrará todos los miércoles con la “marchas de las/os jubiladas/os”, que hace más de tres décadas pueblan la geografía a las puertas del Congreso de la Nación, una dinámica exacerbada desde la asunción de Milei en diciembre del 2023 y que se generaliza federalmente en todo el territorio nacional. En simultáneo podrán observar fortísimos operativos de seguridad, que al reprimir son destacados por el morbo de los medios de comunicación. La represión incluyó la agresión a un “fotoperiodista”, que recibió un impacto directo en la cabeza que lo mantuvo por meses en terapia intensiva, aun hoy, a más de un año del episodio, sigue en proceso de recuperación y las investigaciones judiciales por la responsabilidad del operativo. Vale mencionar que fue un episodio que convocó a la más amplia solidaridad social en repudio al accionar represivo de la política oficial de la ultraderecha. Interesa más el “desorden” que la difusión del reclamo de las/os movilizadas/os. En el mismo sentido que el movimiento de jubiladas/os, de hecho, el sector social más ajustado por las políticas de austeridad y disminución del déficit fiscal, afectando a cerca de 8 millones de argentinas/os, son diversas las movilizaciones que expresan la protesta y el conflicto social en el país. Un caso especial y ya hace medio siglo que acontecen, y son visibles: las “rondas de los jueves de las Madres de la Plaza”, movilizadas en torno a la Pirámide de Mayo en un territorio emblemático de la política local. De lucha especifica se transformó en la bandera por los derechos humanos y la memoria contra el terrorismo de Estado, ejemplo que potencia las luchas feministas y por las diversidades, contra la discriminación y el racismo. La lucha de las madres y de jubiladas y jubilados expresan la universalidad del conflicto social en el país.
No se agota la presencia recurrente de movilizados en las demandas de las Madres o de jubiladas y jubilados. Destaca el movimiento obrero organizado en sindicatos y en el territorio, con paros generales y movilizaciones sociales en demandas por históricos derechos laborales, educativos, sanitarios, por la energía o la vivienda, contra la carestía de la vida y la inflación, por diversas demandas sociales, afectados por la ofensiva capitalista desde la emergencia de la dictadura genocida, incluso desde antes. Remito a la ofensiva del capital y de la derecha argentina desde 1975/76 hasta el presente. Un proceso acelerado en tramos especiales bajo gestión cívico militar entre 1976 y fines de 1983; potenciado bajo gobiernos constitucionales en la década del 90 y más recientemente en la gestión de Mauricio Macri (2015/19) y ahora bajo presidencia de Javier Milei y cómplices desde 2023.
Claro que esa lucha popular acontece en simultáneo con una desazón social ampliada ante el descrédito del régimen político luego de décadas de gobiernos constitucionales (1983-2026) que no resolvieron las urgentes necesidades y expectativas de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Al mismo tiempo, la ausencia de alternativa política puede explicar que pese a la tremenda agresión del ajuste y la regresiva reestructuración tras dos años del gobierno Milei, aun no haya un levantamiento popular tal como aconteció en otros momentos, por caso, en el 2001. La movilización y lucha actual recorre una experiencia que supone un debate con los afectados por la política pública, al mismo tiempo que acumula en la perspectiva de construir alternativa política que genere entusiasmo y perspectiva de triunfo para una transformación social que apunte a satisfacer las necesidades populares.
I.1 - Hay historia de la resistencia
No es sorpresa que haya resistencia organizada en la Argentina. La resistencia popular tiene historia desde la confrontación al proceso de conquista y colonización de los pueblos originarios. No todo fue de aceptación y adecuación a la violencia colonial. En esa tradición se inscribe la lucha por la “independencia”, que supuso la confrontación de proyectos políticos, uno minoritario y en búsqueda aún de su materialización por la emancipación, asociado a una perspectiva similar por la “patria grande” imaginada por los libertadores. Es una asignatura aún pendiente. Otro, el hegemónico que buscó y busca un lugar en el orden capitalista mundial. Un lugar dependiente, subordinado, especialmente ante el desarrollo monopolista del régimen del capital y el desarrollo imperialista del capitalismo.
Esta lógica de inserción subordinada en el capitalismo mundial explica la tradición de lucha y resistencia anticolonial, antimperialista y anticapitalista. Una tradición que convive con proyectos de lucha con base en la “conciliación de clases”, hegemónica en tiempos de “defensiva capitalista”, especialmente entre 1930 y 1980. El origen del sindicalismo argentino tiene antecedentes en la inmigración, principalmente europea de fines del Siglo XIX y comienzos del XX, que incorpora las ideas y prácticas de organización y lucha del anarquismo, el socialismo y el comunismo. Es una impronta de lucha contra el poder oligárquico imperialista asociado al gran capital de origen local, especialmente en la clase terrateniente.
Luego de la segunda posguerra mundial y la dinámica de industrialización impulsada para toda la región latinoamericana y caribeña, se impone una cultura por el desarrollo del “capitalismo nacional”, lo que supone acuerdos estratégicos que sustentan la conciliación social en la mejora de ingresos de las/os trabajadoras/es y las patronales. Es la era de las políticas keynesianas en todo el mundo, matizada según las especificidades nacionales en cada país, que en la Argentina suponía la emergencia de una “burguesía nacional”.
Remito a dos momentos de la organización y lucha del movimiento obrero y sindical de la Argentina. El primero de tradición clasista hasta mediados de la década del 40 del siglo XX, y luego, hegemónico hasta el presente, una perspectiva asociada a la conciliación de clases, no sin disputas en su interior, sobre quien hegemoniza ese proyecto, si las patronales o la clase trabajadora.
El terrorismo de Estado desde 1975 y más aún con la dictadura genocida (1976) se ensaña con ambas formas de la tradición de organización y lucha del movimiento obrero local. Desde entonces, la organización económica social de la estructura del capitalismo local se afirma en el deterioro en la distribución del ingreso a favor del capital y en contra del trabajo, en la irregularidad persistente y recurrente de las condiciones laborales y salariales de la explotación de la fuerza de trabajo.
La ofensiva del capital contra el trabajo fue solo amortiguada bajo algunas experiencias de gobiernos que asumieron la crítica al rumbo neoliberal en este medio siglo, pero la esencia del proceso histórico es la ofensiva capitalista contra el trabajo, lo que incluye la profundización de un modelo productivo y de desarrollo para la precarización productiva y exportadora, junto a la dependencia al orden trasnacional del régimen del capital.
II - ¿Quién representa políticamente a la resistencia?
La tradición de organización y lucha se mantuvo, al mismo tiempo que se deterioró la representación política del movimiento obrero y popular, lo que posibilitó el ascenso electoral de las derechas.
En 2015 es la primera vez que asume la presidencia por el voto un candidato que no provino de los dos partidos políticos tradicionales, el radicalismo y el peronismo. Desde 1916 y hasta 2015, los presidentes constitucionales provinieron de los dos partidos tradicionales, quienes expresaron la principal representación política del movimiento sindical y social por un siglo. En la actualidad se presenta un quiebre entre la legitimidad del movimiento sindical y social por un lado y la representación política electoral por el otro, que favoreció la emergencia de presidentes de la derecha con el consenso electoral en la última década.
Lo que pretendo enfatizar es la importancia de la resistencia obrera y popular, al tiempo que se presenta una crisis en la representación política, dando lugar a una reconversión de la política en la Argentina.
Este es el principal dilema de la lucha de clases local. La dominación avanza con un plan histórico de reconversión regresiva del capitalismo, iniciado hace medio siglo y que se encuentra con la posibilidad de consolidar la reversión de derechos conquistados por la lucha obrera y popular por un siglo y medio, entre 1875 y 2026.
No es falta de lucha y resistencia el problema en la Argentina, sino de proyecto político y estrategia de las organizaciones populares que asumen la perspectiva de la revolución contra el régimen del capital y por la emancipación.
Desde que asumió Milei su gobierno de minoría, sin mayorías en las Cámaras de Diputados y Senadores, sin gobernadores en las provincias ni intendentes en las municipalidades, el gobierno encontró innumerables protestas de confrontación. Sin embargo, avanzó en variadas reformas estructurales regresivas, especialmente la reaccionaria reforma laboral contra derechos sindicales, laborales, sociales, individuales y colectivos aprobada en febrero de 2026.
Eso fue posible por la complicidad del poder político, legislativo, judicial y el que se ejerce desde las provincias argentinas. Ahí aparece la contradicción, entre la movilización popular, su representación política y la institucionalidad que otorga cobertura y “legalidad” a las acciones del gobierno de Milei. Toda una contradicción entre la “identidad” de la mayoría de los sujetos que protagonizan las protestas y la de quienes representan a la sociedad en los poderes del Estado. El radicalismo y el peronismo, como identidades mayoritarias de la tradición “democrática” en la Argentina y con expresión institucional en el régimen político, avalaron mayoritariamente las reaccionarias políticas de Milei, por lo que son cómplices y contradicen la identidad política mayoritaria entre quienes protagonizan la resistencia popular.
De ahí nuestro interrogante sobre la representación política de la protesta y la resistencia popular. Esa contradicción es expresión de la derrota de una estrategia histórica del movimiento obrero y popular, con reivindicaciones clasistas hasta los inicios de la década del 40 del siglo pasado y luego y, especialmente, en los 60/70 bajo las consignas antimperialistas por la liberación contra la dependencia. En este sentido fue emblemático el debate televisivo en febrero de 1973 entre el dirigente clasista Agustín Tosco y el representante oficialista de la CGT, José Ignacio Rucci. La esencia de la polémica se daba entre el proyecto socialista sustentado por Tosco y el del peronismo defendido por Rucci. La liberación contra la dependencia fue la consigna que hegemonizó a la diversidad de la identidad peronista, mayoritaria en el movimiento obrero y popular.
III - Principales resistencias y los debates estratégicos
A la cabeza de la resistencia están los paros generales, nacionales, sustentados por las centrales sindicales: la Confederación General del Trabajo, la CGT (mayoritaria); y las dos CTA (Central de los Trabajadores de la Argentina), la Autónoma (CTAA) y la de los Trabajadores (CTAT), con sus respectivas organizaciones afiliadas en todo el territorio.
Destacamos la figura del “paro nacional” porque es una medida que arrastra al conjunto de la conflictividad social, paralizando en buena medida al conjunto de la actividad económico social y que expresa una posición de confrontación política en la discusión del rumbo impulsado desde el poder político. Es más, ante la reticencia de las Centrales, en especial de la CGT a convocar al paro y a la movilización, esa demanda es la consigna principal de los sujetos que protagonizan la cotidiana resistencia a la política de ajuste y regresiva reestructuración de Milei y sus cómplices en el poder del Estado.
La política pública ha generado desde diciembre del 2023, entre otros aspectos, el cierre de más de 25.000 empresas y la pérdida de más de 300.000 empleos formales, más de 200.000 del sector privado, unos 80.000 del sector estatal y el resto de casas particulares. El desempleo se atempera por impacto del crecimiento del trabajo informal en la economía de plataforma, repartidores, choferes, etc., engordando la irregularidad en el empleo, que involucra a más del 50% de la población trabajadora. Todo abonado por la condicionalidad del endeudamiento externo ratificado en renegociaciones bajo la sumisión al FMI y a grandes acreedores externos hegemonizados por el capital financiero mundial.
En ese cuadro es que crece la conflictividad, con acciones en empresas, en ramas de actividad, especialmente de los sectores afectados, del comercio, la industria y la construcción, sectores económicos que explican la mayoría del empleo en el país y el renovado fenómeno del desempleo. Los datos de crecimiento económico de Argentina, del 4,4% para el 2025 se explica por el impacto que genera en la producción y exportación, tanto la minería como la energía, especialmente hidrocarburos no convencionales, petróleo y gas, junto a la expectativa de radicación, vía inversión externa, de “centros de datos” y empresas asociadas a la digitalización y la innovación tecnológica.
Un dato curioso es que el impacto regresivo de la política económica no genera aún respuesta corporativa de las principales cámaras y expresiones del poder económico tradicional. Se explica por el acuerdo ideológico político con el rumbo del gobierno Milei, en donde convergen en el objetivo por disminuir ingresos populares, salarios y jubilaciones, en la perspectiva de recomponer la tasa de ganancia. Una parte del poder económico tradicional sufre las consecuencias de la política oficial de la derecha en el gobierno, pero espera que los cambios estructurales en la relación capital trabajo habilite un tiempo de recomposición de los intereses del capital.
Las pérdidas de ingresos son cuantiosas entre jubiladas/os y trabajadoras/es, que como dijimos, afecta también a sectores pequeños y medianos de la economía. Este fenómeno extendido de perjudicados por el programa Milei, pese a la extendida protesta y resistencia, no encuentra respuesta de síntesis política alternativa.
En ese marco, en el ámbito político hay quienes sustentan la construcción de un “frente político” contra Milei. Otros, sostienen que esa puede ser una estrategia limitada, que al no confrontar con la dinámica histórica de reconversión regresiva de la estructura económico social de la Argentina, puede reiterar experiencias recientes de gobiernos que asumen bajo rótulos “progresistas” y sin modificar sustancialmente el modelo productivo y de desarrollo habilitan el retorno de programas de la derecha y la ultraderecha, caso especial del gobierno Milei.
La realidad de la resistencia se amplía con las masivas protestas de la comunidad educativa, especialmente en defensa de la Universidad pública y del ámbito de la salud. Son protestas dinamizadas por las organizaciones sindicales de la educación y la salud, pero que involucran al amplio espectro de la sociedad en defensa de la educación y la salud pública. La ofensiva capitalista contra los derechos a la educación o la salud tiene historia y se agravan en el presente con las privatizaciones que se arrastran de los ´90 y las políticas de ajuste fiscal gubernamental, incluso a contramano de legislaciones específicas que se dictaron en este tiempo para el financiamiento educativo y del ámbito de la salud.
El discurso oficial ataca consensos históricos construidos en luchas centenarias, en donde destacan en el último tiempo las luchas de los feminismos populares y del ambientalismo. En efecto, la prédica contra la cultura “woke” encontró la masiva respuesta del movimiento LGBT+ en marchas contra el fascismo que se sucedieron en 2024 y en 2025, con amplísima masividad en respuesta a la prédica oficialista de carácter racista y discriminatorio. En las luchas ambientales destaca la defensa del agua, especialmente en la organización popular contra la minería en la provincia de Mendoza, contra las concesiones en la circulación por el Río Paraná y otros territorios en donde la contaminación aparece como horizonte derivado de un modelo productivo que exacerba el productivismo con el saqueo de los bienes comunes.
IV - Una asignatura pendiente
Interesa resaltar que las movilizaciones masivas tienen como horizonte la crítica a las políticas oficialistas y pese a la masividad y consenso socio político logrado, no expresan aun una síntesis política para una nueva representación popular que levante el programa de esas múltiples protestas y movilizaciones.
Entre las principales gestas de movilización popular se encuentran las reiteradas de los “24 de marzo” en memoria y rechazo al golpe de 1976, hace 50 años. Del mismo modo se pueden citar las grandes concentraciones por el 8M que da cuentan del aporte de las luchas feministas y de las diversidades sexuales al proyecto emancipador en su conjunto.
La ausencia de alternativa política es el límite que tiene la importante resistencia al programa de la derecha en el gobierno, quien expresa la demanda del gran capital por disciplinar al movimiento popular para un proyecto de reconfiguración reaccionaria del capitalismo local. En ese sentido Milei es continuidad del proyecto de la dictadura genocida (1976-83), del proyecto de corte neoliberal de Menem (1989-99) y de De la Rúa (1999-2001), seguido por el periodo presidencial de Macri (2015-19) y ahora Milei con pretensión de repetir un segundo periodo de gestión entre 2027 y 2031.
El proyecto de la ultraderecha en el gobierno se propone cerrar el círculo iniciado en 1975/76 para reestructurar el capitalismo local en sintonía con las búsquedas de las clases dominantes en el ámbito mundial. En el Foro Económico Mundial (FEM), en plena crisis pandémica, convocaron a “resetear” el capitalismo en crisis. Expresión de ello es la lucha por la hegemonía sobre las innovaciones tecnológicas, los mercados y la reestructuración regresiva de las relaciones laborales y previsionales a favor de capital. Por eso el desorden mundial, las sanciones unilaterales desde EEUU y la complicidad de sus socios globales, la militarización creciente y el resultado en la expansión del gasto militar y el capitalismo delictivo, con ampliación del comercio de drogas, de armas y la trata de personas, agravando con el productivismo la dimensión ambiental de la crisis.
Milei no es solo parte de este programa, sino que ensaya formas propias para exportar al capitalismo global, por lo que su política no es “nacionalista” como en la mayoría de los casos gobernados por la derecha, sea Trump, Bolsonaro, Kast o Bukele, por mencionar algunos de los liderazgos regionales; aunque claro, también es discutible el “nacionalismo” de estos líderes de la derecha. El proyecto por la liberalización pretende universalidad, que se sustenta en la crítica al socialismo y al reformismo, a Marx y su tradición, tanto como a Keynes e incluso la tradición neoclásica, todas las que llevan a privilegiar, según el cultor de la escuela austríaca, la intervención directa del Estado en el orden cotidiano. Milei se asume liberal libertario, anarco capitalista, lo que supone un rumbo liberalizador a ultranza, como forma de reimpulsar el régimen del capital en el ámbito global.
La resistencia popular en la Argentina es por lo tanto una búsqueda de una estrategia para confrontar con el proyecto más reaccionario de la ofensiva capitalista global. Es parte de una estrategia que la izquierda y el movimiento revolucionario mundial necesita reinstalar en el imaginario social global. Ello supone la reorganización del movimiento obrero y popular.
El proyecto revolucionario, la estrategia por la revolución, encontró limites en la ofensiva capitalista a la salida de la crisis de los 60/70. Es lo que se denomina “neoliberalismo”, que no es nuevo ni liberal, que se asienta en una fortísima intervención estatal, potenciando el peso del gasto y la acción militar, de seguridad y defensa (guerra), al tiempo que estimula la especulación con base en el capital ficticio.
Por ello es que las clases subalternas y la potencia del proyecto revolucionario requiere de nuevas experiencias que habiliten la emergencia de una estrategia con posibilidad de triunfo, en contra del capitalismo y por el socialismo.
La experiencia de la lucha en la Argentina es parte de las búsquedas en el ámbito mundial por recrear una teoría y práctica de la revolución. Una búsqueda que tiene historia en las expectativas dc cambio político en la primera década de este siglo en la región latinoamericana y caribeña., en el empecinamiento cubano pese a la profundización del bloqueo; en las luchas anticoloniales africanas o las expectativas en sostener un proyecto socialista en el mundo para la preservación del medio ambiente y de la humanidad.
Por eso, los límites de la resistencia en Argentina o en otros territorios pasa por su alcance nacional. Requiere de una mirada más amplia, regional y mundial, en el horizonte imaginado por Martí de un territorio de Nuestra América, a contramano de la concentración hemisférica que propone Donald Trump en su disputa por sostener la hegemonía estadounidense.
La inestabilidad es la característica del orden económico y político en la Argentina, con una ofensiva del gran capital en contra de la mayoría de la población, especialmente la masa trabajadora. El sueño de la reconversión tiene 50 años y se proyecta volver a la hegemonía previa a la existencia de gobiernos constitucionales, a un orden retrógrado y conservador, con impunidad del capital en la explotación y el saqueo. Es un proyecto autoritario que vía consenso mediático y de redes sociales de comunicación, ideológico cultural, logra votaciones suficientes, más allá del descreimiento y el ausentismo electoral, para otorgar legalidad a un rumbo reaccionario y antipopular. A esa perspectiva se enfrenta la experiencia de luchas y resistencias del presente y renovar el imaginario mayoritario por el sueño eterno de la emancipación y la revolución.
Buenos Aires, 27 de mayo de 2026
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