¿Hay solución para la mora crediticia?

Siempre hay solución, pero no en el marco de la política económica en curso, ya que sería pedirle peras al olmo. El gobierno insiste es que la mora familiar no es un problema de la política económica, sino un tema entre privados y por ende, la solución está entre acreedor y deudor. Con esa lógica, los bancos y prestamistas diversos debieran mandar a incobrables si no pueden refinanciar, o cancelar una parte de las deudas y en todo caso, engrosar la cuenta de pérdida. En definitiva, razonan, es una cuestión de mercado y de riesgo. Que los prestamistas ejecuten las garantías si pueden, y si no, a pérdida. La vida continúa. Mientras, para enjugar esas pérdidas habrá que subir tasas o costo financiero para con quienes cumplen a sus vencimientos para amortizar esas pérdidas. Se sostiene una lógica de “aprendizaje forzoso” en un país con escaso crédito personal, con relación a la realidad de otros países, no solo vecinos. Si en Chile, los préstamos a los hogares, a las familias representa el 44% del PBI, para Argentina apenas supera el 6%. La ecuación en Brasil es del 35%, del 25% en Bolivia, del 15% en Paraguay y del 13% en Uruguay. Es cercano al 70% en EEUU, superior al 60% en Japón y más del 50% en la Eurozona. La respuesta del gobierno es que debe celebrarse que volvió el crédito al país en la gestión Milei y eso explica que, con más crédito crece la mora. No solo se trata de bancos, sino de las fintech, las diversas tarjetas bancarias y comerciales, y aun de prestamistas personales, los tradicionales usureros, aun cuando las tasas institucionalizadas nos permitirían hablar de usura generalizada. El problema es serio y así lo explican unas 30 propuestas legislativas, que el oficialismo obstaculiza su tratamiento, con argumentos ortodoxos que remiten a la libertad de mercado. ¿Qué proponen esos proyectos? ¿Qué hacer? Mecanismos diversos de refinanciación, topes a la tasa de interés, estiramientos de los plazos; condonaciones parciales o totales en función de las limitaciones y vulnerabilidad de los deudores morosos. De hecho, algunas entidades iniciaron por su cuenta esos procesos de refinanciamiento, incluso el Banco Nación ofrece refinanciar la deuda más allá de la contraída con el propio banco. Una vez más, la banca oficial sale al rescate de los privados, con costo al conjunto de la sociedad. Dicho en un momento de gestión liberal libertaria, privatizadora y desreguladora, y cuando el propio gobierno dice que no se debe intervenir desde el Estado. El problema es que son NO SOLUCIONES, ya que, aún condonando las deudas, si no se resuelve el problema de ingresos populares insuficientes, salarios y jubilaciones, no habrá posibilidad de acudir al crédito, además caro, para la reactivación económica y la satisfacción de las necesidades de consumo de la población, especialmente la de menores ingresos, precisamente los que viven de salarios o jubilaciones. No es el crédito el problema, sino los ingresos de la mayoría de la población, en una economía que crece, 5,5% en 2025 y una proyección entre 2 y 3% para este 2026, pero que distribuye inequitativamente a favor de la ganancia concentrada y en detrimento de ingresos populares. Convengamos que es un resultado de una política de ajuste fiscal y reestructuración regresiva de la organización económica de la Argentina, con modificaciones del modelo productivo, dinamizado ahora por la energía, la minería y la economía del conocimiento. El resultado es la concentración de la riqueza y el ingreso, profundizando la dependencia a la transnacionalización capitalista, por eso el R.I.G.I. y las facilidades al capital externo, junto a lo cual se potencia la subordinación a la política exterior estadounidense. No es un tema nuevo, y tiene historia, la política económica en general y la financiera en particular. Todo lo que hoy acontece tiene antecedentes en la dictadura genocida y Martínez de Hoz con su legislación financiera vigente desde 1977. Hace casi 50 años se estableció la “desregulación financiera”, eje de la política de Milei, Caputo y Sturzzenegger, en la cual, las entidades financieras pueden hacer todo lo que no esté prohibido favoreciendo la especulación, especialmente en el circuito global financiero comandado por el capital ficticio. Más de 40 años de gobiernos constitucionales y nunca se derogó o anuló la legislación de la dictadura. Ese es el punto de partida para atender el tema del endeudamiento y la morosidad. Se debe modificar la legislación y la política financiera en el marco de una reorientación de la política económica, revertiendo la ecuación de beneficiarios y perjudicados. No solo es problema el crédito de las familias, sino también el de las empresas asociadas a la capacidad de consumo popular y por supuesto el endeudamiento público, una hipoteca que nos ata desde los tiempos del terrorismo de Estado. La solución no pasa por préstamos dolarizados a empresas que no operan con divisas. Ni el financiamiento con recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para créditos hipotecarios, los que solo llegaran a una porción limitada de población con ingresos superiores a la media de las/os trabajadoras/es y jubiladas/os. Avanzar en cambios de fondo es la única posibilidad de resolver la problemática del crédito y la mora en la coyuntura. Se requiere un debate y una iniciativa política con rumbo alternativo para modificar sustancialmente la situación actual. Buenos Aires, 26 de agosto de 2026

No hay un loco en la casa rosada

La reorganización capitalista en Argentina iniciada en 1975/76 se aceleró desde diciembre del 2023. En este tiempo de medio siglo cambió el modelo productivo y con él se recreó el bloque del poder, con adecuación jurídica e institucional, disputando consensos electorales que otorguen legalidad a la reaccionaria reestructuración. No eran locos los dictadores, ni Menem, Macri o Milei, aun cuando alguien pudiera diagnosticarlo. Se trata de una “política económica” deliberada que en un plan de largo aliento se viene cumpliendo. Vamos por parte, la novedad en este tiempo histórico, 2023-26, es la dinámica productiva del sector energético y minero, incluso de la actividad asociada al desarrollo de las nuevas tecnologías. Si antes por un siglo (1880-1975/6) lo dinámico se concentraba en el sector agrícola ganadero y una industria principalmente orientada al mercado interno, lo nuevo apunta a potenciar la inserción subordinada en el mercado mundial, abasteciendo de las materias primas demandadas, especialmente petróleo, gas, cobre, litio, plata, oro, etc. Materias esenciales para atender la crisis energética y de productividad del capitalismo contemporáneo. El sector financiero se constituyó como elemento central de las transformaciones desde 1977. En el libro “Bases para una Argentina moderna”, de 1981, el ex ministro de la dictadura genocida, Martínez de Hoz, hizo su balance destacando a la reforma financiera como el logro de transformación estructural más importante y trascendental de todo su programa. Esa ley sigue vigente y cumplirá 50 años en 2027. La legislación financiera proponía la “desregulación”, facilitando la libertad de establecer tasas y restringiendo cualquier “control” sobre el sistema, una cuestión interesante para pensar y discutir en la coyuntura el “acuerdo entre privados” del discurso oficialista y el crecimiento de la “mora” de 6 millones de endeudados. Con la ley se permitió todo lo que no estaba prohibido y alimentó las tendencias especulativas que se generalizaron y constituyen una característica del capitalismo actual. Esa legislación estimuló la privatización y extranjerización del sistema financiero, agravando la dinámica de subordinación a las tendencias globales asociadas a la especulación y al endeudamiento externo. Ese es el marco para el aliento a las fintech, las plataformas y en definitiva la legalización de mecanismos usurarios, a los que se suma el accionar narco de fuerte penertracion en las barriadas. La gestión Milei es un paso estructural profundo en el sentido que se pensó hacia 1975/76. El modelo productivo anterior necesitaba ser reformado para el desarrollo del capitalismo bajo las nuevas condiciones de acumulación ante la crisis de los 60/70 en el ámbito global. De ahí la liberalización, hoy narrada desde el ideario liberal libertario o anarco capitalista. Era una tarea que no podía llevarse a cabo con la correlación de fuerzas sociales y políticas construidas históricamente hacia mediados de los 70, por eso, el terrorismo de Estado fue la condición de posibilidad para una tarea que lleva medio siglo, más allá de los interludios de la acción sociopolítica de este tiempo (1975-2026). La tarea no está terminada y cada gestión reaccionaria asume que llevó adelante lo que la anterior no pudo. Así, bajo gestión Menem, se resolvieron tareas que la dictadura no materializó, caso de las privatizaciones y la reforma estatal. Macri supuso un salto en el cambio del régimen político, con el primer no radical ni peronista en sentarse en el sillón presidencial, dejando un antecedente que se ratificó en 2023. Milei, por su parte, no escatima en destacar sus “logros”, los del poder, que explicita en la reforma laboral y la extensión de la desregulación, y muy especialmente la sintonía con la política exterior de EEUU bajo gestión Trump. Por eso, el cambio productivo sienta las bases para el cambio de la política y que se manifiesta en la construida “crítica a la política” que se manifiesta en extensión de la abstención electoral y una máxima relativa a que la política no resuelve la cotidianeidad. En ese marco, la apuesta estuvo en una apariencia: el ascenso de la anti-política, o sea, Milei. Claro que es “otra política”, la que reafirma el proyecto reaccionario desde la dictadura de 1976. No es una locura, es un proyecto reaccioanrio de reorganización capitalista. ¿Cómo superar este momento? La primera convicción es que no se puede volver hacia atrás y así como el poder reconfiguró su propuesta, el contra-poder necesita avanzar con su realidad de crítica, protestas, resistencias y oposiciones, incluidos desencantos y desilusiones, en organización popular para transformar los deseos, reivindicaciones o propuestas alternativas en un “programa” de transformación socioeconómica para una sociedad con otros propósitos. Se trata de recomponer una reiterada historia de multiplicidad de acciones de los de abajo, los explotados, oprimidos y desposeídos, en una búsqueda muchas veces apropiada por núcleos de poder que utilizan la fuerza de la crítica para apuntalar objetivos particulares ajenos a la mayoría empobrecida. Remito a una dinámica de organización de la cotidianeidad que se desarrolla más allá de los tiempos institucionales. He sostenido que los tiempos electorales no necesariamente convergen con los de la construcción popular, por lo que desde el poder se intentan adecuaciones más funcionales a los objetivos de transformación reaccionaria, mientras la acumulación de poder popular demora su organización. En esas condiciones es que aparece el plan B a la reelección de Milei y si no se instala nadie como opción y no peligra la política “reformista” (reaccionaria) en curso, insistirán con el liberal libertario, pese a sus formas y modos de gestión. Desde el contra-poder se requiere articular la multiplicidad de propuestas programáticas que pueblan las calles de la protesta, sea por los derechos humanos, la educación y la salud pública, los ingresos salariales o previsionales, la igualdad de género y diversidades, el medio ambiente y un conjunto de derechos afectados por la política de la ultraderecha. No es tarea sencilla ante los límites de las identidades políticas que disputan la gestión gubernamental, especialmente desde el peronismo y la izquierda institucionalizada. Existe una amplia base social que remite a esas identidades y que reconocen las dificultades para construir nueva representación política en este tiempo de cambios profundos en la estructura económico social. Son tres los ámbitos de construcción de alternativa. Uno remite a la extensión de la organización de la crítica, la protesta y el descontento; otro a la articulación de programas diversos, a veces contradictorios, caso del empleo, el salario y la lucha ambiental; y principalmente las formas políticas de síntesis organizativas no solo de confrontación, sino de anticipo del imaginario para la sociedad deseada. Cómo pasar del modelo productivo actual de apropiación concentrada del producto social orientado al mundo vía exportaciones, a un uso difundido en la sociedad de la producción actual para una mejora integrada de la población, sin afectar el medio ambiente. Lo resumimos en la materialización de la soberanía alimentaria, energética, minera o financiera. Ello supone una confrontación con los actuales propietarios y beneficiarios de ese orden, que no resignan su potestad desde el privilegio de la propiedad privada de los principales medios de producción. Sin duda, se trata de una tarea ideológica propagandística que dispute “sentido común”, lo que exige transformarlo en imaginario dominante. Es la batalla ideológica, en un sentido de confrontación con el empeño de la ultraderecha por afirmar su deseo a favor de la propiedad privada y la posibilidad de acumular bajo condiciones de consensos extendidos, aunque más no sea por un tiempo. Veamos, el consenso en la “estabilidad” de la dictadura sentó las bases del cambio estructural consolidado en los ´90, “estabilidad monetaria” mediante, y continuado bajo gestión Macri y que ahora pretende continuarse por dos periodos. Los consensos, aún temporales, son esenciales para definir mutaciones en la organización económica de la sociedad, aun cuando luego sean criticados. Revertir las privatizaciones y la reaccionaria reforma del Estado es aún una asignatura pendiente, como lo es reversar la reforma financiera de la dictadura, o las restricciones a la aplicación de derechos laborales o sindicales, especialmente luego de la reciente reforma laboral. Se conoce la estafa de las privatizaciones, ahora medida en crecientes subas de las tarifas, pero cuesta ganar consensos en la necesidad de reorganizar la producción de bienes y servicios bajo formatos no subordinados y contrarios a la lógica de la ganancia. En síntesis, lo que ocurre es parte de una propuesta de cambio económico y político que tiene medio siglo. Ante esa situación emergen nuevas posibilidades históricas de construir base social y política para pensar un proyecto que entusiasme desde la satisfacción de las necesidades de la población que hoy sufre la reaccionaria reconversión. Se trata de pensar en una transición desde este presente de ajuste y reaccionaria reorganización capitalista a un proyecto de perspectiva emancipadora en contra del capitalismo. Buenos Aires, 25 de agosto de 2026

Reformas financieras en modo campaña

El presidente presentó en cadena nacional un paquete de reformas orientado a liberalizar la economía y reducir la intervención del Estado. Las iniciativas principales incluyen modificar la carta orgánica del Banco Central, establecer un freno fiscal y flexibilizar los mercados de capitales y seguros. Los ejes del paquete de reformas La reforma del Banco Central busca modificar la carta orgánica vigente desde 2012 para enfocar el rol de la entidad exclusivamente en el cuidado de la moneda y el freno a la emisión monetaria. Para el control fiscal y funcionamiento del Estado introduce la idea de un "grillete fiscal" o cierre temporal del gobierno ("Shut Down") ante la falta de fondos. Respecto al mercados de capitales y seguros propone reducir los controles estatales para que las empresas emitan títulos con mayor libertad y las aseguradoras operen con menos restricciones. Esta iniciativa gubernamental tiene fundamentos económicos y políticos en sintonía con los objetivos de repetir un mandato más en 2027. En primer lugar, parte de un diagnóstico erróneo que atribuye la inflación únicamente a la emisión monetaria, siendo algo que genera controversias teóricas frente a políticas de otros países hegemónicos del capitalismo e incluso visiones heterodoxas. También supone una estrategia electoral y parlamentaria para disputar consenso, especialmente centrado en el objetivo de reducir la inflación. La suba de precios se mantiene, aun cuando el gobierno induce una recesión vía caída de ingresos salariales y jubilatorios, impactando en el consumo popular y el nivel de actividad asociado al mercado interno. Lo dinámico del capitalismo local sigue siendo el mercado mundial, con crecientes exportaciones de energía y minería, que se suman a la tradicional proveniente del sector del agro negocio. Es una lógica con escasa difusión al conjunto social y que, además, recrea la constante fuga de capitales. Los mayores ingresos de divisas por exportaciones se esterilizan con pagos de la deuda, remesas de utilidades al exterior y constitución de activos externos. Con los cambios anunciados, si avanzaran, solo se consolidará un rumbo de dependencia y subordinación a la demanda del capital más concentrado y su dinámica de acumulación. Al mismo tiempo debe señalarse que la situación actual del mercado de capitales y el sistema financiero no impidió el avance de la reaccionaria reestructuración del capitalismo local. Campaña y alternativa Se trata de una lógica de campaña para consolidar su proyecto político, aunque su aprobación final dependerá de la negociación con la oposición y los gobernadores aliados en el Congreso y muy especialmente a la respuesta social, estimulada por la crítica situación derivada de ingresos populares deteriorados. En este sentido vale mencionar que crece el descontento con la política pública y comienza a crecer el desencanto con las expectativas esperanzadas de votantes de Milei. El problema sigue siendo la construcción de alternativa política, sin lo cual no hay horizonte de cambio del rumbo, que se afirma en la subordinación a la lógica del capital más concentrado y la política exterior de EEUU. Es una situación a definir en la acumulación de poder popular, que trasciende la coyuntura electoral. Buenos Aires, 1 de agosto de 2026

Para discutir el uso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS)

Es habitual escuchar que “no hay plata” para financiar proyectos alternativos al actual modelo productivo y de desarrollo. Por ende, los gobiernos reiteran una monserga reiterada de busca de financiamiento para la renovación de una deuda impagable. Entre ese financiamiento está el uso del FGS, el “fondo de los jubilados”, que todos los gobiernos utilizan como si fuera un fondo propio del Estado capitalista. Un 80% del FGS está invertido en deuda pública. Por eso, el “no hay plata y hay que endeudarse”, resulta una afirmación condenatoria que augura la reproducción de la dinámica actual de funcionamiento del orden capitalista local. Hemos insistido en reiteradas oportunidades que el país está atrapado “sin salida” en el condicionante de la deuda, especialmente monitoreado por el FMI. En estos días, la titular del FMI visita la Argentina para asegurarse que su principal acreedor cancele la deuda iniciada bajo gobierno Macri (2018), renegociada en la gestión Fernández (2022) y asegurada en el gobierno Milei. Observando el último informe del FGS gestionado por ANSES a junio del 2026, en: https://www.anses.gob.ar/fgs-fondo-de-garantia-de-sustentabilidad, podemos observar que un Fondo de 123,4 billones de pesos, equivalentes a 79.232 millones de dólares, tiene destino en financiar al Estado Nacional con títulos que representan el 77,7% del total. El FGS, el fondo acumulado por el régimen jubilatorio desde el 2008 tiene destino principal en el financiamiento público. Además, junto a títulos de Entes Estatales, el porciento alcanza al 79.5%, que al sumar inversiones en acciones de empresas privadas por 14,3% y en otros activos destinados a potenciar al capital, el grueso de las inversiones financieras del FGS utilizan casi el 96% del total. El capitalismo argentino, sea su sector privado directamente, o el Estado capitalista, recibe financiamiento desde un fondo que acumula en función del régimen jubilatorio “solidario”. Un Fondo que es parte sustancial de la seguridad social. Plata hay, sí, pero para financiar al capitalismo y sus mecanismos de acumulación, asociado a las finanzas, la especulación y el endeudamiento. ¿Podría hacerse algo distinto con esos fondos? Desde luego, ya que la propia legislación de su creación establece destinos posibles, hoy marginalmente utilizados, como aliento a proyectos productivos o préstamos a sectores pequeños o medianos de la economía y a trabajadores/as, lo que incluye emprendimientos autogestionarios, cooperativos o comunitarios. Claro que eso supone discutir el carácter de esos proyectos, el para qué de los mismos y el cómo llevarlos adelante, con que ecuación de beneficiarios. Por ejemplo, entre las novedades del modelo productivo en curso se encuentra el sector de la energía y de la minería. El interrogante que debemos formular es si el curso actual en esos sectores modifica la tendencia histórica a la concentración y centralización del capital en un marco de extranjerización y transnacionalización de la economía local. Incluso, observando el sector agro ganadero, el tradicional en la acumulación capitalista del país, todo conduce a la reproducción de una lógica concentradora del ingreso y de la riqueza, con escasa capacidad de difusión en la distribución y en el empleo, con el agravante de la fuga de capitales. La nueva acumulación energética y minera reproduce la lógica de reproducción del capital vía fuga de capitales. El excedente económico logrado en el país se orienta en la cancelación de deuda, remesas de utilidades al exterior o constitución de activos externos, entre ellos, las divisas en billetes. El BCRA estima que existen en Argentina unos 170.000 millones de dólares bajo el colchón (cajas fuertes o de seguridad). Por eso el gobierno insiste con la “inocencia fiscal”, un perdón a la evasión por fuga de capitales, que incluye a los propios funcionarios gubernamentales. Por lo tanto, los recursos gestionados por ANSES podrían tener otro destino, lo que requiere es una voluntad política para construir otro modelo productivo y de desarrollo, sustentado en la soberanía alimentaria, energética, minera, financiera. La discusión apunta a que producir, de qué manera hacerlo, como definir beneficiarios a contramano del proceso concentrador actual. Aludimos a un cambio del modelo productivo agrario, energético o minero, entre otros, y claro que también a la política y legislación financiera, que remite al patrón instalado por Martínez de Hoz en 1977. En ese marco, hay que desandar lo actual, especialmente lo instrumentado bajo la gestión Milei y asumir un plan con participación popular para definir la orientación de producción y circulación de bienes y servicios, la inserción internacional y el estímulo a la educación y la investigación pública para la actualización e innovación tecnológica aplicada al nuevo rumbo local y global. Pensando en el horizonte de soluciones debe apuntarse a proyectos soberanos en alimentación, energía o finanzas, en un marco de respeto a la reproducción social y natural de manera integral. Se trata de resolver necesidades de empleo en condiciones de ingresos adecuadas, compatibilizando demandas regionales diversas, expandiendo la capacidad productiva destinado principalmente a satisfacer la demanda interna. Es un desarrollo a contramano de la orientación liberal libertaria, pero también en contra del “posibilismo” de opciones críticas a la liberalización pero que se quedan a mitad de camino, no solo en la crítica, sino en la realización de un horizonte alternativo. La búsqueda de un nuevo modelo productivo y de desarrollo supone la confrontación con el bloque dominante que define hace medio siglo el rumbo liberalizador del país, sino también con aquellos proyectos que negocian con el poder la posibilidad de cambios progresivos para atender las múltiples necesidades asociadas al empleo y a los ingresos. Aun más, puede pensarse en elevar la mínima a 1.800.000, precio de la canasta del adulto mayor, utilizando recursos del FGS y discutir ingresos al mismo para que no disminuya su volumen. En síntesis, plata hay y el FGS es una de las posibilidades, que junto a un programa financiero a contramano de la lógica instaurada desde 1976/7 y a una desvinculación del país del condicionante de la deuda y del FMI, dicho especialmente ante la inminente visita de su Directora Gerente al país. La presencia de Kristalina Georgieva supone un espaldarazo a la política liberal libertaria, responsable de las calamidades que sufre la mayoría social en Argentina. Cambiar es posible, los recursos están, solo falta la voluntad política y una acumulación de poder alternativo para hacer realidad un rumbo diferente en el país, que modifique la ecuación de beneficiarios y perjudicados a favor de la mayoría de la sociedad. Buenos Aires, 25 de julio de 2026

Cambios en la Carta Orgánica del BCRA: ortodoxia ideológica para profundizar la regresiva reestructuración capitalista

Mucho ruido y pocas nueces sostiene el dicho popular. En efecto, en medio de la pasión mundialista, Milei impulsa “reformas estructurales” con acciones propagandísticas de afirmación ideológica libertaria. Ese es el sentido de la reunión con legisladores para explicar la reforma a la Carta Orgánica (CO) del BCRA. El objetivo es blindar el impedimento para la emisión monetaria, porque según la ideología de la ortodoxia, la inflación es un fenómeno monetario. La realidad es que el proyecto de ley aún no está finalizado, pero el adoctrinamiento de legisladores propios y su publicidad evidencian un mensaje de que algo importante está en preparación. Para el oficialismo, modificar el estatuto del ente rector del sistema financiero estará acorde con los profundos cambios en la estructura económico social y el rumbo liberal libertario del país. ¿Acaso la CO definida en 2012 impidió la consolidación del modelo primario exportador sustentado en el complejo sojero? ¿Impidió la CO actual la emergencia de nuevos sectores económicos y territorios de la acumulación capitalista en energía o minería? ¿La CO vigente modificó la esencia de la política financiera y monetaria definida por la vigente ley de entidades financieras de la “dictadura genocida”, la que impulsó Martínez de Hoz en 1977? Hay que ser enfáticos al señalar que la reforma del 2012 no modificó el modelo productivo y de desarrollo capitalista, por más progresista que parezcan los objetivos allí definidos por la “inclusión social”. La estructura económica social construida desde 1975/76 y el modelo productivo, esencialmente primario exportador, estuvo asociado a un modelo de desarrollo que transformó la pobreza en un problema estructural, tanto como la tendencia a la expansión de la precariedad laboral. Son aspectos que definen esencialmente el proceso de acumulación capitalista de la Argentina desde mediados de los ´70. Inflación en debate EEUU registró una baja de precios del -0,4% en junio, por la reducción del precio de los combustibles ante el cese del fuego en medio oriente, que ahora podrán revertirse con la reanudación de los ataques militares y el aumento del crudo. Más allá de ese dato concreto, si hay un país que emite más allá de lo aconsejable por la ortodoxia es precisamente la potencia del norte. Resulta curiosa la máxima liberal libertaria que remite al fenómeno monetario como explicación de la inflación en todo momento y en todo lugar. Hace décadas, desde la hegemonía del dólar en 1945 y especialmente desde la inconvertibilidad del dólar en 1971, que la principal potencia capitalista emite más allá de cualquier premisa ortodoxa. Es más, la Unión Europea flexibilizó la norma relativa al déficit fiscal permitido a sus miembros integrantes para favorecer el incremento del gasto y del déficit para resolver la presión de EEUU a una suba del gasto militar. Argentina retomó la senda de la disminución inflacionaria con base en el deterioro de los ingresos populares, salarios y jubilaciones, fuente de ingreso de la mayoría de la población. Por eso baja el consumo, los cierres de empresas y el creciente saldo en cesantías y el cambio de empleo regular a irregular, sin seguridad social. No es la baja de la emisión, sino la recesión inducida por la baja de ingresos de la mayoría social. La inflación debe asociarse al “poder” de quienes establecen subas de precios, por caso, las tarifas de servicios públicos aumentadas desde el “poder” del Estado, cuyas alzas intervienen en la mejora de las ganancias de las transnacionales propietarias de las empresas de servicios públicos privatizadas. Ocurre lo mismo con el gasto público, en donde las operaciones crediticias con organismos internacionales generan gastos y comisiones por cifras millonarias, mientras no hay plata para cumplir con la ley de financiamiento universitario. Podemos leer en la prensa: “Toto Caputo dio a conocer los contratos de los préstamos por u$s 3200 millones garantizados por el Banco Mundial y el BID. La documentación revela un costo inicial cercano a los u$s 165 millones entre comisiones, primas y gastos.” https://www.letrap.com.ar/economia/la-letra-chica-la-deuda-toto-caputo-bancos-gastos-y-comisiones-us-165-millones-y-clausula-fmi-n5425009 La ley de financiamiento a la discapacidad es incumplida por el gobierno ante un gasto estimado de menos de 670 millones de dólares y la de financiamiento universitario por unos 1.700 millones para cumplir con la ley de financiamiento universitario. Está claro que no hay recursos para el gasto en discapacidad o en educación universitaria, mientras que una sola operación de préstamo para cumplir con los acreedores financieros requiere sumas considerables que se cargan al conjunto de la sociedad. La inflación está asociada al poder en el capitalismo, es decir, a las condiciones de funcionamiento bajo el imperio de la ley del valor, en un intercambio que explicita las relaciones de producción y circulación a favor del capital. ¿Independencia del BCRA? El vínculo entre el Ministro de Economía (Caputo) y el Presidente del BCRA (Bausili) tiene historia, sea por su accionar en conjunto en la gestión de Mauricio Macri, como en la actividad privada y ahora en la sintonía fina que se establece entre el programa económico y el monetario financiero. No hay autonomía ni independencia, sino una articulación para asegurar los objetivos políticos y económicos de la gestión liberal libertaria a favor de la mayor concentración y centralización del capital en un marco de subordinación a la lógica del capital extranjero y la política exterior de EEUU. Una asignatura pendiente de los gobiernos constitucionales desde 1983 pasa por la derogación de la Ley de Entidades Financieras de 1977 y la reorganización del sistema financiero y de la política del sector para sustentar otro modelo productivo y de desarrollo. Es algo imposible con la hegemonía política actual, no solo de la gestión Milei, sino que debe sumarse a los cómplices en las gobernaciones de varias provincias, en el poder legislativo y judicial, como en los medios de comunicación y redes que modelan las conciencias para el logro de los consensos electorales. Otra política se requiere y ello demanda una acumulación de fuerzas sociales, culturales y políticas que instalen otro proyecto de sociedad, que tenga en el centro la satisfacción de las necesidades mayoritarias hoy afectadas por el rumbo liberal libertario. Buenos Aires, 14 de julio de 2026

Argentina y EEUU en la reconfiguración capitalista

El orden capitalista está en reconfiguración, cuya base es el desarrollo de las fuerzas productivas, innovaciones tecnológicas mediante, especialmente de la mano de la inteligencia artificial; y unas adecuaciones de las relaciones sociales de producción, especialmente de la relación entre el capital y el trabajo, en las funciones estatales y en las relaciones internacionales. Para esto, lo que actúa es una fortísima ofensiva del capital en el último medio siglo, en contra de los históricos derechos sociales, sindicales, laborales, colectivos e individuales conquistados por la lucha de las/os trabajadoras/es. Pero también se destaca la disputa por la hegemonía estatal en el sistema mundial, entre China y EEUU y más en general, entre Asia y “occidente”, incluido en esta categoría el Japón. Se trata de un fenómeno mundial, que tiene especificidades nacionales según sea la dinámica política prevalente en cada país. En el centro está la carrera por la innovación tecnológica, con el Estado y el gobierno de EEUU asociado a las grandes transnacionales de capital privado, hoy a la vanguardia de la valorización de capitales. Desde Washington, inducen una política de inversiones privadas gigantescas con pretensión de mejora de la productividad del trabajo y recreación de una lógica de ampliación de la producción y apropiación de plusvalor. Intenta, al mismo tiempo una regulación vía aranceles y sanciones a la política de inserción global de China y sus aliados globales. Por su parte, el Estado y gobierno de China interviene desde la planificación estatal y la subordinación de la lógica empresarial local, tanto privada como estatal, a un desarrollo científico tecnológico propio, con relativa autonomía en un contexto histórico de internacionalización de la producción y transnacionalización de los capitales. Se trata de una estrategia obturada por la aplicación de las sanciones unilaterales de EEUU a China y sus asociados en el sistema mundial. En ese marco de reconfiguración o reestructuración del régimen del capital y de disputa por la hegemonía del sistema mundial es que debe considerarse el proceso de relaciones bilaterales, en nuestro caso, entre Argentina y EEUU. La dinámica productiva contemporánea aleja la competencia histórica entre EEUU y Argentina. En efecto, hasta hace poco, el modelo productivo prevalente en ambos países se caracterizaba por una competencia sustentada en la especialización productiva de Argentina en el sector agro ganadera para la exportación. Era un tema que se exacerbaba más o menos en función de los acercamientos políticos o ideológicos en los distintos momentos histórico, salvo excepciones. Resulta curioso en este sentido, recordar que el alineamiento ideológico de la dictadura genocida (1976/83) con Washington, cambió eludir el embargo cerealero a la URSS boicoteando la participación argentina en los juegos olímpicos de 1980 en Moscú. Se afectaron intereses de deportistas, pero se mantuvo un fuerte volumen de ventas de cereales para equilibrar el déficit comercial con EEUU y Europa y favorecer los intereses de los terratenientes y el capital del agro negocio de exportación asociado a las transnacionales. De la competencia a la complementación Con la gestión Milei desde diciembre del 2023 se exacerba el alineamiento ideológico y político con EEUU, profundizando una estrategia antes desplegada por la presidencia de Mauricio Macri (2015/19) y antes en la década del ´90 del siglo pasado por Carlos Menem (1989/99) y Fernando De la Rúa (1999/2001), en el camino de la dictadura genocida desde 1976 a 1983. Fueron decisiones políticas, al tiempo que el modelo productivo desarrollado potenciaba la competencia con EEUU, especialmente ante el desarrollo del complejo sojero y la presencia dominante de los transgénicos desde fines de los 90 del siglo XX. Tanto EEUU como los países integrantes del Mercosur constituyen el polo de concentración de la producción sojera mundial. La novedad se presentó desde los cambios estructurales iniciados en esos ´90 de la centuria pasada, especialmente en el ámbito de la minería y de la energía. Argentina inició en ese tiempo un largo camino, que se consolida en el presente para pasar de ser “un país con minería” a una pretensión de ser una potencia minera. Es algo que se potencia con la sanción del nuevo código y legislación en minería en la última década del siglo XX, y ahora con el RIGI (inversiones desde los 200 millones de dólares) y el súper RIGI (inversiones desde los 1000 millones de dólares). La privatización de la estatal petrolera en 1992 y su actual gestión de mayoría estatal, habilitó el camino de la importante expansión de la producción y exportación de hidrocarburos no convencionales. Hoy, la conjunción de exportaciones mineras y de energía tienden a equivaler a las provenientes del sector agro ganadero, con perspectivas de superarlas, si se potencian las inversiones externas comprometidas asociadas a la nuev complementariedad de Argentina con EEUU. Es cierto también que EEUU es el principal productor mundial de hidrocarburos, y en ese sentido resulta un competidor, pero la realidad es que el origen de la inversión para el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales fue proveído por EEUU. La fractura hidráulica o “fracking”, fue aportada a la Argentina por Chevron, en el acuerdo secreto entre la YPF, empresa privada de gestión estatal (26% del Estado Nacional y 25% de los Estados petroleros de la Argentina) y la petrolera estadounidense. Un dato importante resulta del crecimiento del precio de las commodities, especialmente en el escenario de guerra e incertidumbre en el mundo, agudizado con la agresión de EEUU e Israel contra Irán. Esa alza de los precios beneficia a los capitales concentrados de las petroleras, entre ellos favorece la articulación de la privada de gestión estatal, YPF, y a las de origen estadounidense. Argentina no es una potencia militar, pero su asociación con la política exterior de Washington la asocia al impacto inflacionario de la guerra con rédito en la apropiación de excedente económico que incide en el balance energético y el ingreso de divisas, un tema estratégico en la economía local. El gobierno de Argentina necesita del capital externo para consolidar su estrategia de desarrollo e inserción internacional en el capitalismo contemporáneo, especialmente proveniente desde EEUU, sea en su forma de inversión externa o de capital de préstamo. Hay que recordar la importancia de EEUU en el FMI y que Argentina es el principal deudor del organismo internacional desde 2018. Además, en 2025 y en vísperas de la elección de medio término, el Tesoro de EEUU favoreció la compra de moneda nacional por 2.000 millones de dólares y alentó un swap por 20.000 millones de dólares, que extiende la consideración en los análisis políticos, de haber sido un sostén esencial (aval político) para el triunfo de Milei en dicha elección, consolidando poder de legitimación parlamentaria. Algo que se visibiliza en avances en reformas estructurales reaccionarias, caso de la reciente reforma laboral, una verdadera contra reforma que afecta intereses y derechos de trabajadoras y trabajadores. Por su parte, EEUU necesita de los abundantes recursos naturales de la Argentina, especialmente en litio y cobre, esenciales en la perspectiva de innovación tecnológica contemporánea. Son materias primas indispensables para los nuevos desarrollos de la innovación tecnológica, que las transnacionales de origen estadounidense necesitan y que el Estado con sede en Washington estimula su aprovisionamiento potenciando relaciones de subordinación, las que encuentra con creces en la relación gestada con el gobierno Milei en Argentina. Milei resulta altamente funcional a la política exterior estadounidense bajo gestión Trump, sujeta a la imprevisible situación que pueda generarse en noviembre en el medio término del país del Norte, incluso en la renovación presidencial del 2027 en el Sur. La incertidumbre es parte del diagnóstico de nuestro tiempo, habilitando el imaginario para desarrollos alternativos a la estrategia del poder. Recuperar un proyecto soberano En rigor, las relaciones internacionales están asociadas a las afinidades político ideológicas de los gobiernos de turno, pero en un marco de sustentación del momento del régimen del capital. Este está en crisis, visible en 2007/09 y más con la pandemia en 2020, por lo que el poder global del capitalismo, con sustento en las corporaciones transnacionales, los principales Estados del capitalismo y los organismos internacionales, bregan y disputan para asegurar un rumbo civilizatorio para la reproducción sistémica. Ese es la base de la ofensiva política de MAGA en EEUU y del libertarismo en Argentina. Se trata de un proyecto liberalizador de ultra derecha para una mayor concentración y centralización del capital en el ámbito mundial, que necesita obturar toda perspectiva de poder alternativo, por eso el ensañamiento con la disputa proveniente de China y aliados y mucho más sobre cualquier estrategia de poder popular. La concentración de la política exterior de EEUU es en el hemisferio occidental, o sea, en la región latinoamericana y caribeña, afirmando la sujeción de Canadá y la posibilidad de hacerse del poder soberano en Groenlandia. Milei es funcional a esa estrategia y se transformó en el modelo a imitar por los sectores más reaccionarios en distintos países, quienes juegan las cartas electorales en la coyuntura, recientemente en Colombia, Perú o Chile, incluso anticipando programas de restricciones democráticas y represión, caso de El Salvador o Ecuador, junto a un profundo ajuste fiscal y social en desmedro de la mayoría trabajadora y empobrecida, afrentando la desigualdad social y la concentración del ingreso y de la riqueza. El imperativo desde una lógica alternativa, de revolución en contra del capitalismo, supone crear condiciones de posibilidad para la emergencia de un proyecto de soberanía que articule la lucha nacional con una perspectiva de emancipación social regional y mundial. Ello supone el estímulo a la multiplicación de las experiencias resistentes aquí y allá, en Argentina y en EEUU, entre otros territorios del planeta, para generar una nueva experiencia global social que nos anime en la afirmación renovada de un fantasma recorriendo el mundo…, que recupere la máxima impresa por Marx y Engels en el manifiesto comunista en 1848. Si la experiencia revolucionaria escaló entre mediados del Siglo XIX y fines del XX, recrear un proyecto revolucionario para este tiempo presume la lucha soberana para el ejercicio del poder y la construcción de posibilidades para resolver las necesidades de la reproducción de la humanidad y de la naturaleza. Buenos Aires, 1 de julio de 2026

Recuperar una estrategia por la revolución ¿Qué hacer para avanzar en una propuesta alternativa?

Parte de esta NOTA fue publicada en PERFIL, en: https://www.perfil.com/noticias/opinion/avanzar-en-una-propuesta-alternativa-pero-como.phtml El punto de partida es discutir el presente del capitalismo, que ya no es aquel que emerge de la crisis de 1930, con las reformas keynesianas, condicionado por la novedad del comunismo soviético, la planificación y la expectativa esperanzada de un nuevo rumbo en buena parte de la humanidad. Aquel condicionamiento del socialismo empezó a desmoronarse con la desarticulación de la URSS en los 80/90 del siglo pasado y hoy se explicita en los límites que se presentan en Cuba y otros territorios en los que se enuncia el proyecto socialista. Además, vale considerar que la humanidad en su larga historia recorrió distintos momentos sustentados en ideas y prácticas hegemónicas que definieron rumbos civilizatorios, que no definen fatalmente el devenir socio político. No siempre hubo capitalismo, por lo que se trata de un momento histórico de la civilización. No siempre existió el capitalismo y al mismo tiempo, éste, reconoce distintas formas de existencia. El capitalismo es un producto social y por ende, no fatal ni eterno. La revolución es la constante en el desarrollo civilizatorio. Esa es la experiencia histórica. Interesa ver los distintos momentos del desarrollo capitalista. Un momento es el largo trayecto de construcción originario del orden capitalista, entre los siglos XV y XVIII, un tiempo también para su universalización, “descubrimiento, conquista y colonización” mediante. Es un tiempo de violencia explícita, que incluye la cacería de personas y el cercamiento de territorios para afianzar la centralidad de la explotación y la apropiación privada de la tierra. Otro tiempo es su consolidación en la extensión de la forma monetario mercantil de reproducción social de la cotidianidad en el ámbito mundial, en la internacionalización de la producción y la transnacionalización del régimen del capital. Es un tiempo también violento, que incluye a la guerra, la militarización y la extensión del carácter delictivo del capitalismo con trata de personas, venta de armas y drogas, especulación y estafas diversas que hacen a la corrupción generalizada. En el medio, procesos de crisis que exigieron cambios en la forma de ser del orden capitalista. Uno es el capitalismo antes de la crisis del 30 del siglo pasado y otro después; como es distinto el régimen del capital antes de la crisis del 60/70 que luego; y de nuevo, el debate en torno a la crisis del 2007/09, agravadas con la pandemia y las encrucijadas del presente. Este presente de incertidumbres y por ende, de posibilidad de recrear condiciones para la revolución. La historia no está escrita, la hacemos los sujetos actuantes, especialmente desde la resistencia y la confrontación con el poder instituido con base en la explotación y el saqueo. La revolución como alternativa Un freno a esa historia de expansión capitalista se presentó con el desafío de una alternativa anticapitalista, puesto de manifiesto con la “revolución” europea de 1848 y la aparición en simultáneo del Manifiesto comunista. El fenómeno social manifestado como conflicto tenía su correlato como ideario de proposición alternativa, que recogía y sistematizaba variadas formas de impugnación al orden vigente. Había nacido un tiempo de “revolución”, que escribiría su historia hasta fines del siglo XX. A fines del siglo pasado se definen orientaciones hegemónicas en contra de las revoluciones, por ende, regresivas y de restauración conservadora. El imaginario social extendido por la revolución entre 1848 y 1979/80 mutó progresivamente hacia una concepción de unilateralidad por el orden capitalista. Se nominó a ello “neoliberalismo”, en tanto retorno al origen “liberal” hegemónico del pensamiento filosófico y político, convergente con la escuela clásica de Economía Política y el librecambio. La concepción teórica clásica había mutado del liberalismo originario (Adam Smith, David Ricardo) a la crítica marxista. En réplica a Marx emergía una restauración del pensamiento en origen con la escuela austríaca hacia 1871 (Karl Menger) y la síntesis neoclásica hacia 1890 (Alfred Marshal). Ese debate situado se mantiene, esencialmente, en los debates contemporáneos, una cuestión privilegiada en la narrativa de Javier Milei, quien sostiene una polémica sustancial con Marx y todo atisbo de regulación económica, de Keynes a los neoclásicos. Con la revolución rusa (1917) y la expansión soviética en plena crisis de los ´30, John Maynard Keynes procesa una ruptura epistémica para modificar las formas del ejercicio de la política económica, con fortísima intervención directa del Estado capitalista. Se constituye el keynesianismo en corriente principal del pensamiento económico y lógica generalizada de política económica, de razón de Estado. La revolución de 1917 habilitó un nuevo tiempo, definido por la bipolaridad entre 1945 y 1991, incluso habilitando la emergencia de un tercer mundo entre el capitalismo y el socialismo. Entre el segundo y el tercer mundo se definirán las alternativas y posibilidades de encarar procesos de revolución, desde el marxismo soviético, chino, cubano, o por sus referencias a liderazgos históricos, sea Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Gramsci o Mariátegui, entre otros; junto a diferentes liderazgos terceristas en África, Asia o América latina y el caribe, con el objetivo de la liberación nacional y/o social. Aludimos a la posibilidad del debate sobre el Nuevo Orden Económico Internacional, NOEI, discutido hacia 1973/74 en Naciones Unidas. Luego de eso y bajo dictaduras genocidas en el cono sur de América, se ensayarían las concepciones luego generalizadas bajo el “neoliberalismo” de la restauración conservadora en el epicentro de la hegemonía capitalista: Gran Bretaña y EEUU. Se impusieron así los criterios en contra de la revolución para desalojar en el imaginario social la posibilidad del anticapitalismo y de la revolución. Acumular fuerza económica y sociopolítica para la revolución En este marco histórico, los pueblos protagonizan nuevas experiencias para habilitar imaginarios alternativos que sustenten proyectos en contra y más allá del capitalismo. Puede en ese sentido considerarse una diversidad de experiencias de práctica crítica y nuevas síntesis teórico políticas para dar contenido y sentido a un nuevo tiempo de transformación civilizatoria, que atienda la necesaria reproducción de la vida social y natural, hoy amenazada por la lógica de la acumulación capitalista, de progreso y devastación. Remito a las experiencias de crítica y resistencia desplegadas en la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, especialmente en la región latinoamericana y caribeña; o la que se procesan en la actualidad en la región del Sahel en África. Todo en un proceso de transformación de la economía mundial, con disputa por la hegemonía entre EEUU en declive de su poder global y la emergencia de China y su potencial productivo. Pero eso que remite a una dimensión macro, se expresa en multiplicidad de experiencias de reproducción de la cotidianeidad en emprendimientos asociativos, cooperativos, comunitarios, de autogestión, que en casos anticipa la posibilidad de retomar cosmovisiones de organización sustentados en lo “común”, a contramano de una lógica dominante de contenido individualista. Aun cuando lo hegemónico sea el liberalismo en cualquiera de sus formas, caso del libertarismo en la Argentina, resulta de interés atender lo menos visible en las prácticas alternativas y en los estudios que buscan nuevas síntesis teóricas que reinstalen la posibilidad de revolucionar la realidad. Buenos Aires, 27 de junio de 2026

La resistencia a la política de Milei y la ultraderecha (Publicado en Colombia, Revista Margen Izquierdo, en: https://revistaizquierda.com/la-resistencia-a-la-politica-de-milei-y-la-ultraderecha/

I – La resistencia como una constante en la práctica política La tradición de organización y lucha del pueblo argentino tiene una importante historia, y es visible en la coyuntura contra la política de la ultraderecha, especialmente en las grandes ciudades del país y en los nuevos territorios de la acumulación capitalista, asociados al desarrollo minero, de la energía y las nuevas tecnologías. Los espacios de la concentración urbana sufren las consecuencias de la ofensiva por el ajuste fiscal y la reaccionaria reestructuración del capitalismo local, convocando a desconformidades, protestas y resistencias varias. Al mismo tiempo, crecen las confrontaciones a las políticas públicas en localidades de menor peso relativo de asentamiento poblacional, pero de enorme significado en la ampliación de la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo sobre los bienes comunes. Este es un tema asociado a las protestas en defensa del medio ambiente y en contra del extractivismo exacerbado que promueve el saqueo y la destrucción del hábitat. El problema es quién representa políticamente esta resitencia. Cualquier visitante extranjero que ingrese por Buenos Aires al país se encontrará todos los miércoles con la “marchas de las/os jubiladas/os”, que hace más de tres décadas pueblan la geografía a las puertas del Congreso de la Nación, una dinámica exacerbada desde la asunción de Milei en diciembre del 2023 y que se generaliza federalmente en todo el territorio nacional. En simultáneo podrán observar fortísimos operativos de seguridad, que al reprimir son destacados por el morbo de los medios de comunicación. La represión incluyó la agresión a un “fotoperiodista”, que recibió un impacto directo en la cabeza que lo mantuvo por meses en terapia intensiva, aun hoy, a más de un año del episodio, sigue en proceso de recuperación y las investigaciones judiciales por la responsabilidad del operativo. Vale mencionar que fue un episodio que convocó a la más amplia solidaridad social en repudio al accionar represivo de la política oficial de la ultraderecha. Interesa más el “desorden” que la difusión del reclamo de las/os movilizadas/os. En el mismo sentido que el movimiento de jubiladas/os, de hecho, el sector social más ajustado por las políticas de austeridad y disminución del déficit fiscal, afectando a cerca de 8 millones de argentinas/os, son diversas las movilizaciones que expresan la protesta y el conflicto social en el país. Un caso especial y ya hace medio siglo que acontecen, y son visibles: las “rondas de los jueves de las Madres de la Plaza”, movilizadas en torno a la Pirámide de Mayo en un territorio emblemático de la política local. De lucha especifica se transformó en la bandera por los derechos humanos y la memoria contra el terrorismo de Estado, ejemplo que potencia las luchas feministas y por las diversidades, contra la discriminación y el racismo. La lucha de las madres y de jubiladas y jubilados expresan la universalidad del conflicto social en el país. No se agota la presencia recurrente de movilizados en las demandas de las Madres o de jubiladas y jubilados. Destaca el movimiento obrero organizado en sindicatos y en el territorio, con paros generales y movilizaciones sociales en demandas por históricos derechos laborales, educativos, sanitarios, por la energía o la vivienda, contra la carestía de la vida y la inflación, por diversas demandas sociales, afectados por la ofensiva capitalista desde la emergencia de la dictadura genocida, incluso desde antes. Remito a la ofensiva del capital y de la derecha argentina desde 1975/76 hasta el presente. Un proceso acelerado en tramos especiales bajo gestión cívico militar entre 1976 y fines de 1983; potenciado bajo gobiernos constitucionales en la década del 90 y más recientemente en la gestión de Mauricio Macri (2015/19) y ahora bajo presidencia de Javier Milei y cómplices desde 2023. Claro que esa lucha popular acontece en simultáneo con una desazón social ampliada ante el descrédito del régimen político luego de décadas de gobiernos constitucionales (1983-2026) que no resolvieron las urgentes necesidades y expectativas de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Al mismo tiempo, la ausencia de alternativa política puede explicar que pese a la tremenda agresión del ajuste y la regresiva reestructuración tras dos años del gobierno Milei, aun no haya un levantamiento popular tal como aconteció en otros momentos, por caso, en el 2001. La movilización y lucha actual recorre una experiencia que supone un debate con los afectados por la política pública, al mismo tiempo que acumula en la perspectiva de construir alternativa política que genere entusiasmo y perspectiva de triunfo para una transformación social que apunte a satisfacer las necesidades populares. I.1 - Hay historia de la resistencia No es sorpresa que haya resistencia organizada en la Argentina. La resistencia popular tiene historia desde la confrontación al proceso de conquista y colonización de los pueblos originarios. No todo fue de aceptación y adecuación a la violencia colonial. En esa tradición se inscribe la lucha por la “independencia”, que supuso la confrontación de proyectos políticos, uno minoritario y en búsqueda aún de su materialización por la emancipación, asociado a una perspectiva similar por la “patria grande” imaginada por los libertadores. Es una asignatura aún pendiente. Otro, el hegemónico que buscó y busca un lugar en el orden capitalista mundial. Un lugar dependiente, subordinado, especialmente ante el desarrollo monopolista del régimen del capital y el desarrollo imperialista del capitalismo. Esta lógica de inserción subordinada en el capitalismo mundial explica la tradición de lucha y resistencia anticolonial, antimperialista y anticapitalista. Una tradición que convive con proyectos de lucha con base en la “conciliación de clases”, hegemónica en tiempos de “defensiva capitalista”, especialmente entre 1930 y 1980. El origen del sindicalismo argentino tiene antecedentes en la inmigración, principalmente europea de fines del Siglo XIX y comienzos del XX, que incorpora las ideas y prácticas de organización y lucha del anarquismo, el socialismo y el comunismo. Es una impronta de lucha contra el poder oligárquico imperialista asociado al gran capital de origen local, especialmente en la clase terrateniente. Luego de la segunda posguerra mundial y la dinámica de industrialización impulsada para toda la región latinoamericana y caribeña, se impone una cultura por el desarrollo del “capitalismo nacional”, lo que supone acuerdos estratégicos que sustentan la conciliación social en la mejora de ingresos de las/os trabajadoras/es y las patronales. Es la era de las políticas keynesianas en todo el mundo, matizada según las especificidades nacionales en cada país, que en la Argentina suponía la emergencia de una “burguesía nacional”. Remito a dos momentos de la organización y lucha del movimiento obrero y sindical de la Argentina. El primero de tradición clasista hasta mediados de la década del 40 del siglo XX, y luego, hegemónico hasta el presente, una perspectiva asociada a la conciliación de clases, no sin disputas en su interior, sobre quien hegemoniza ese proyecto, si las patronales o la clase trabajadora. El terrorismo de Estado desde 1975 y más aún con la dictadura genocida (1976) se ensaña con ambas formas de la tradición de organización y lucha del movimiento obrero local. Desde entonces, la organización económica social de la estructura del capitalismo local se afirma en el deterioro en la distribución del ingreso a favor del capital y en contra del trabajo, en la irregularidad persistente y recurrente de las condiciones laborales y salariales de la explotación de la fuerza de trabajo. La ofensiva del capital contra el trabajo fue solo amortiguada bajo algunas experiencias de gobiernos que asumieron la crítica al rumbo neoliberal en este medio siglo, pero la esencia del proceso histórico es la ofensiva capitalista contra el trabajo, lo que incluye la profundización de un modelo productivo y de desarrollo para la precarización productiva y exportadora, junto a la dependencia al orden trasnacional del régimen del capital. II - ¿Quién representa políticamente a la resistencia? La tradición de organización y lucha se mantuvo, al mismo tiempo que se deterioró la representación política del movimiento obrero y popular, lo que posibilitó el ascenso electoral de las derechas. En 2015 es la primera vez que asume la presidencia por el voto un candidato que no provino de los dos partidos políticos tradicionales, el radicalismo y el peronismo. Desde 1916 y hasta 2015, los presidentes constitucionales provinieron de los dos partidos tradicionales, quienes expresaron la principal representación política del movimiento sindical y social por un siglo. En la actualidad se presenta un quiebre entre la legitimidad del movimiento sindical y social por un lado y la representación política electoral por el otro, que favoreció la emergencia de presidentes de la derecha con el consenso electoral en la última década. Lo que pretendo enfatizar es la importancia de la resistencia obrera y popular, al tiempo que se presenta una crisis en la representación política, dando lugar a una reconversión de la política en la Argentina. Este es el principal dilema de la lucha de clases local. La dominación avanza con un plan histórico de reconversión regresiva del capitalismo, iniciado hace medio siglo y que se encuentra con la posibilidad de consolidar la reversión de derechos conquistados por la lucha obrera y popular por un siglo y medio, entre 1875 y 2026. No es falta de lucha y resistencia el problema en la Argentina, sino de proyecto político y estrategia de las organizaciones populares que asumen la perspectiva de la revolución contra el régimen del capital y por la emancipación. Desde que asumió Milei su gobierno de minoría, sin mayorías en las Cámaras de Diputados y Senadores, sin gobernadores en las provincias ni intendentes en las municipalidades, el gobierno encontró innumerables protestas de confrontación. Sin embargo, avanzó en variadas reformas estructurales regresivas, especialmente la reaccionaria reforma laboral contra derechos sindicales, laborales, sociales, individuales y colectivos aprobada en febrero de 2026. Eso fue posible por la complicidad del poder político, legislativo, judicial y el que se ejerce desde las provincias argentinas. Ahí aparece la contradicción, entre la movilización popular, su representación política y la institucionalidad que otorga cobertura y “legalidad” a las acciones del gobierno de Milei. Toda una contradicción entre la “identidad” de la mayoría de los sujetos que protagonizan las protestas y la de quienes representan a la sociedad en los poderes del Estado. El radicalismo y el peronismo, como identidades mayoritarias de la tradición “democrática” en la Argentina y con expresión institucional en el régimen político, avalaron mayoritariamente las reaccionarias políticas de Milei, por lo que son cómplices y contradicen la identidad política mayoritaria entre quienes protagonizan la resistencia popular. De ahí nuestro interrogante sobre la representación política de la protesta y la resistencia popular. Esa contradicción es expresión de la derrota de una estrategia histórica del movimiento obrero y popular, con reivindicaciones clasistas hasta los inicios de la década del 40 del siglo pasado y luego y, especialmente, en los 60/70 bajo las consignas antimperialistas por la liberación contra la dependencia. En este sentido fue emblemático el debate televisivo en febrero de 1973 entre el dirigente clasista Agustín Tosco y el representante oficialista de la CGT, José Ignacio Rucci. La esencia de la polémica se daba entre el proyecto socialista sustentado por Tosco y el del peronismo defendido por Rucci. La liberación contra la dependencia fue la consigna que hegemonizó a la diversidad de la identidad peronista, mayoritaria en el movimiento obrero y popular. III - Principales resistencias y los debates estratégicos A la cabeza de la resistencia están los paros generales, nacionales, sustentados por las centrales sindicales: la Confederación General del Trabajo, la CGT (mayoritaria); y las dos CTA (Central de los Trabajadores de la Argentina), la Autónoma (CTAA) y la de los Trabajadores (CTAT), con sus respectivas organizaciones afiliadas en todo el territorio. Destacamos la figura del “paro nacional” porque es una medida que arrastra al conjunto de la conflictividad social, paralizando en buena medida al conjunto de la actividad económico social y que expresa una posición de confrontación política en la discusión del rumbo impulsado desde el poder político. Es más, ante la reticencia de las Centrales, en especial de la CGT a convocar al paro y a la movilización, esa demanda es la consigna principal de los sujetos que protagonizan la cotidiana resistencia a la política de ajuste y regresiva reestructuración de Milei y sus cómplices en el poder del Estado. La política pública ha generado desde diciembre del 2023, entre otros aspectos, el cierre de más de 25.000 empresas y la pérdida de más de 300.000 empleos formales, más de 200.000 del sector privado, unos 80.000 del sector estatal y el resto de casas particulares. El desempleo se atempera por impacto del crecimiento del trabajo informal en la economía de plataforma, repartidores, choferes, etc., engordando la irregularidad en el empleo, que involucra a más del 50% de la población trabajadora. Todo abonado por la condicionalidad del endeudamiento externo ratificado en renegociaciones bajo la sumisión al FMI y a grandes acreedores externos hegemonizados por el capital financiero mundial. En ese cuadro es que crece la conflictividad, con acciones en empresas, en ramas de actividad, especialmente de los sectores afectados, del comercio, la industria y la construcción, sectores económicos que explican la mayoría del empleo en el país y el renovado fenómeno del desempleo. Los datos de crecimiento económico de Argentina, del 4,4% para el 2025 se explica por el impacto que genera en la producción y exportación, tanto la minería como la energía, especialmente hidrocarburos no convencionales, petróleo y gas, junto a la expectativa de radicación, vía inversión externa, de “centros de datos” y empresas asociadas a la digitalización y la innovación tecnológica. Un dato curioso es que el impacto regresivo de la política económica no genera aún respuesta corporativa de las principales cámaras y expresiones del poder económico tradicional. Se explica por el acuerdo ideológico político con el rumbo del gobierno Milei, en donde convergen en el objetivo por disminuir ingresos populares, salarios y jubilaciones, en la perspectiva de recomponer la tasa de ganancia. Una parte del poder económico tradicional sufre las consecuencias de la política oficial de la derecha en el gobierno, pero espera que los cambios estructurales en la relación capital trabajo habilite un tiempo de recomposición de los intereses del capital. Las pérdidas de ingresos son cuantiosas entre jubiladas/os y trabajadoras/es, que como dijimos, afecta también a sectores pequeños y medianos de la economía. Este fenómeno extendido de perjudicados por el programa Milei, pese a la extendida protesta y resistencia, no encuentra respuesta de síntesis política alternativa. En ese marco, en el ámbito político hay quienes sustentan la construcción de un “frente político” contra Milei. Otros, sostienen que esa puede ser una estrategia limitada, que al no confrontar con la dinámica histórica de reconversión regresiva de la estructura económico social de la Argentina, puede reiterar experiencias recientes de gobiernos que asumen bajo rótulos “progresistas” y sin modificar sustancialmente el modelo productivo y de desarrollo habilitan el retorno de programas de la derecha y la ultraderecha, caso especial del gobierno Milei. La realidad de la resistencia se amplía con las masivas protestas de la comunidad educativa, especialmente en defensa de la Universidad pública y del ámbito de la salud. Son protestas dinamizadas por las organizaciones sindicales de la educación y la salud, pero que involucran al amplio espectro de la sociedad en defensa de la educación y la salud pública. La ofensiva capitalista contra los derechos a la educación o la salud tiene historia y se agravan en el presente con las privatizaciones que se arrastran de los ´90 y las políticas de ajuste fiscal gubernamental, incluso a contramano de legislaciones específicas que se dictaron en este tiempo para el financiamiento educativo y del ámbito de la salud. El discurso oficial ataca consensos históricos construidos en luchas centenarias, en donde destacan en el último tiempo las luchas de los feminismos populares y del ambientalismo. En efecto, la prédica contra la cultura “woke” encontró la masiva respuesta del movimiento LGBT+ en marchas contra el fascismo que se sucedieron en 2024 y en 2025, con amplísima masividad en respuesta a la prédica oficialista de carácter racista y discriminatorio. En las luchas ambientales destaca la defensa del agua, especialmente en la organización popular contra la minería en la provincia de Mendoza, contra las concesiones en la circulación por el Río Paraná y otros territorios en donde la contaminación aparece como horizonte derivado de un modelo productivo que exacerba el productivismo con el saqueo de los bienes comunes. IV - Una asignatura pendiente Interesa resaltar que las movilizaciones masivas tienen como horizonte la crítica a las políticas oficialistas y pese a la masividad y consenso socio político logrado, no expresan aun una síntesis política para una nueva representación popular que levante el programa de esas múltiples protestas y movilizaciones. Entre las principales gestas de movilización popular se encuentran las reiteradas de los “24 de marzo” en memoria y rechazo al golpe de 1976, hace 50 años. Del mismo modo se pueden citar las grandes concentraciones por el 8M que da cuentan del aporte de las luchas feministas y de las diversidades sexuales al proyecto emancipador en su conjunto. La ausencia de alternativa política es el límite que tiene la importante resistencia al programa de la derecha en el gobierno, quien expresa la demanda del gran capital por disciplinar al movimiento popular para un proyecto de reconfiguración reaccionaria del capitalismo local. En ese sentido Milei es continuidad del proyecto de la dictadura genocida (1976-83), del proyecto de corte neoliberal de Menem (1989-99) y de De la Rúa (1999-2001), seguido por el periodo presidencial de Macri (2015-19) y ahora Milei con pretensión de repetir un segundo periodo de gestión entre 2027 y 2031. El proyecto de la ultraderecha en el gobierno se propone cerrar el círculo iniciado en 1975/76 para reestructurar el capitalismo local en sintonía con las búsquedas de las clases dominantes en el ámbito mundial. En el Foro Económico Mundial (FEM), en plena crisis pandémica, convocaron a “resetear” el capitalismo en crisis. Expresión de ello es la lucha por la hegemonía sobre las innovaciones tecnológicas, los mercados y la reestructuración regresiva de las relaciones laborales y previsionales a favor de capital. Por eso el desorden mundial, las sanciones unilaterales desde EEUU y la complicidad de sus socios globales, la militarización creciente y el resultado en la expansión del gasto militar y el capitalismo delictivo, con ampliación del comercio de drogas, de armas y la trata de personas, agravando con el productivismo la dimensión ambiental de la crisis. Milei no es solo parte de este programa, sino que ensaya formas propias para exportar al capitalismo global, por lo que su política no es “nacionalista” como en la mayoría de los casos gobernados por la derecha, sea Trump, Bolsonaro, Kast o Bukele, por mencionar algunos de los liderazgos regionales; aunque claro, también es discutible el “nacionalismo” de estos líderes de la derecha. El proyecto por la liberalización pretende universalidad, que se sustenta en la crítica al socialismo y al reformismo, a Marx y su tradición, tanto como a Keynes e incluso la tradición neoclásica, todas las que llevan a privilegiar, según el cultor de la escuela austríaca, la intervención directa del Estado en el orden cotidiano. Milei se asume liberal libertario, anarco capitalista, lo que supone un rumbo liberalizador a ultranza, como forma de reimpulsar el régimen del capital en el ámbito global. La resistencia popular en la Argentina es por lo tanto una búsqueda de una estrategia para confrontar con el proyecto más reaccionario de la ofensiva capitalista global. Es parte de una estrategia que la izquierda y el movimiento revolucionario mundial necesita reinstalar en el imaginario social global. Ello supone la reorganización del movimiento obrero y popular. El proyecto revolucionario, la estrategia por la revolución, encontró limites en la ofensiva capitalista a la salida de la crisis de los 60/70. Es lo que se denomina “neoliberalismo”, que no es nuevo ni liberal, que se asienta en una fortísima intervención estatal, potenciando el peso del gasto y la acción militar, de seguridad y defensa (guerra), al tiempo que estimula la especulación con base en el capital ficticio. Por ello es que las clases subalternas y la potencia del proyecto revolucionario requiere de nuevas experiencias que habiliten la emergencia de una estrategia con posibilidad de triunfo, en contra del capitalismo y por el socialismo. La experiencia de la lucha en la Argentina es parte de las búsquedas en el ámbito mundial por recrear una teoría y práctica de la revolución. Una búsqueda que tiene historia en las expectativas dc cambio político en la primera década de este siglo en la región latinoamericana y caribeña., en el empecinamiento cubano pese a la profundización del bloqueo; en las luchas anticoloniales africanas o las expectativas en sostener un proyecto socialista en el mundo para la preservación del medio ambiente y de la humanidad. Por eso, los límites de la resistencia en Argentina o en otros territorios pasa por su alcance nacional. Requiere de una mirada más amplia, regional y mundial, en el horizonte imaginado por Martí de un territorio de Nuestra América, a contramano de la concentración hemisférica que propone Donald Trump en su disputa por sostener la hegemonía estadounidense. La inestabilidad es la característica del orden económico y político en la Argentina, con una ofensiva del gran capital en contra de la mayoría de la población, especialmente la masa trabajadora. El sueño de la reconversión tiene 50 años y se proyecta volver a la hegemonía previa a la existencia de gobiernos constitucionales, a un orden retrógrado y conservador, con impunidad del capital en la explotación y el saqueo. Es un proyecto autoritario que vía consenso mediático y de redes sociales de comunicación, ideológico cultural, logra votaciones suficientes, más allá del descreimiento y el ausentismo electoral, para otorgar legalidad a un rumbo reaccionario y antipopular. A esa perspectiva se enfrenta la experiencia de luchas y resistencias del presente y renovar el imaginario mayoritario por el sueño eterno de la emancipación y la revolución. Buenos Aires, 27 de mayo de 2026

La economía crece, pero no para todos

Nota publicada en PERFIL: https://www.perfil.com/noticias/opinion/la-economia-crece-pero-no-para-todos.phtml Resulta contradictoria la situación económica de la Argentina, con un crecimiento a marzo pasado del PBI, según el INDEC, del 5,5% anualizado, y del 3,5% respecto de febrero, pero con ingresos a la baja de la mayoría de la población. No solo corren por detrás de la inflación los salarios y jubilaciones, sino buena parte de las ganancias de los sectores no favorecidos por el núcleo actual de la acumulación capitalista local. En efecto, el crecimiento del PBI se explica principalmente por la novedad en la acumulación, la energía, la minería y el sector asociado al conocimiento y las nuevas tecnologías. A ellos se suma el tradicional sector del agro negocio y las finanzas. Por el otro lado, en retroceso, corre el comercio, la industria o la construcción, aún con los datos positivos de marzo. De hecho, existe un nuevo núcleo de la acumulación capitalista, que explica la expansión del PBI, como consecuencia de cambios que se viene operando hace medio siglo y que manifiestan su madurez en la coyuntura bajo gestión Milei. En este sentido está la apuesta a la “nueva industrialización” pensada para el país. A eso apunta el súper RIGI que sugiere el gobierno, estimulando la transformación de las materias primas que explican el boom de exportaciones actuales. Por un lado, hay expectativa en los proyectos aprobados bajo el RIGI, en donde el gobierno espera se acelere la concreción de esas inversiones, por ahora demoradas. A esos beneficios apunta la UIA, que demanda un RIGI propio. Más aún, Luis Caputo dice que ya “no hay más espacio para el ajuste” y que, por lo tanto, la apuesta es al crecimiento. Para eso un nuevo RIGI, para inversores que adicionen valor a la producción de energía y de minería. No llegan aun las inversiones del RIGI, por más que se hayan aprobado y ya sueñan con nuevas rondas de inversiones externas para una novedosa industrialización de la Argentina. Los datos de inversiones extranjeras en el mundo no validan al país como destino y mucho menos el elevado riesgo país, que más allá de la propaganda oficial se mantiene por encima de los 500 puntos, muy lejos de las calificaciones de otros países de la región. No es que sea importante esa calificación, pero es una norma del orden capitalista a la que el gobierno y los grandes inversores miran con atención. El capitalismo argentino está en una profunda transformación socioeconómica desde hace medio siglo y parece consolidarse bajo la gestión Milei, que intenta repetir su mandato desde 2027. Para contrarrestarlo hace falta otro proyecto de país, sustentado en un programa económico y político que atienda la satisfacción de las más amplias necesidades populares. No alcanza con la extensión importante de protestas sociales en expansión sin una referencia política que contenga las demandas de las movilizaciones sociales en defensa de los ingresos salariales y previsionales, la educación o la salud pública, el derecho a la energía, entre muchas demandas. Esas protestas necesitan referenciarse en proyectos políticos alternativos que entusiasmen a una mayoría suficiente para intentar un rumbo a contramano del programa hegemónico de las derechas. No hay respuesta desde las identidades tradicionales, por lo que la expectativa está en la emergencia de una nueva representación política que asuma el programa de la crítica y de la resistencia popular. En todo caso es lo que asoma en una referencialidad creciente de la izquierda que está desafiada a constituirse en proyecto social masivo. Buenos Aires, 26 de mayo de 2026

El capitalismo en crisis y las incertidumbres sobre el futuro

La economía mundial está en crisis, los que supone la exacerbación de la confrontación entre las/os propietarias/os de los medios de producción y las/os propietarias/os de la fuerza de trabajo. Aludimos a la lucha de clases expresada esencialmente en la relación entre el capital y el trabajo, entre capitalistas y trabajadoras/es. Decir economía mundial apunta a destacar que el orden capitalista en su totalidad está en crisis. No solo es la economía, sino la política y con ello, la totalidad de vida, de la humanidad y de la naturaleza. El capitalismo, producto de la crisis, está en reestructuración, lo que significa un nuevo momento de las relaciones de explotación y del saqueo; una redefinición de la función estatal para asegurar el objetivo del régimen del capital, sea en la obtención de ganancias, la capacidad de acumular y de dominar para reproducir una lógica de proliferación del régimen de explotación y saqueo. Pero, como el capitalismo es una relación social, junto a la dominación está la subordinación, la de las clases subalternas, las que resisten la iniciativa del poder concentrado, generando no solo la resistencia, sino recreando perspectivas de emancipación social. Es una dinámica de revolución en la búsqueda de un nuevo orden anticapitalista. La confrontación de proyectos, entre la clase dominante y la subalterna se procesa en los órdenes nacionales, regionales y en el mundial. En cada país se procesan iniciativas de lucha de clases, las que articulan regional y globalmente. Solo para arrimar un ejemplo, pueden pensarse los cambios nacionales ocurridos en varios países de Sudamérica en la primera década del siglo XXI, quienes articularon propuestas novedosas de carácter regional en torno a una integración no subordinada en materia económica, financiera, política, comunicacional, cultural. El impacto en la sociedad mundial fue importante, incluso construyendo iniciativas de articulación en campañas mundiales, caso del Foro Social Mundial en Brasil hacia el 2001, que se extendió por todo el planeta. Ahora, a fines de marzo pasado, nuevamente en Porto Alegre se convocó globalmente a la construcción de una Conferencia Antifascista y Antimperialista, con la pretensión de confrontar a los múltiples foros de la ultraderecha. Crisis y violencia Es un dato relevante la crisis capitalista y los nivele de incertidumbre que genera la creciente desigualdad, el aumento de la carestía con el retorno de la inflación, las amenazas que suponen la extensión de la guerra y la militarización, exacerbando el carácter delictivo del capitalismo contemporáneo. Esto ocurre vía aumento de la venta de drogas, armas o la trata de personas, más la creciente especulación de mercados financieros que extienden el papel del capital ficticio en beneficio de pocos sectores sociales altamente concentrado en desmedro de la inmensa mayoría de la población mundial. Se repite un fenómeno esencial del capitalismo desde su origen: la violencia, que junto al “progreso” tecnológico productivo, incluso de la extensión de las expectativas de vida, crece la “devastación” por medio de calamidades naturales evitables, desde inundaciones a sequías, pasando por pandemias que afectan a los sectores más empobrecidos de la población. El progreso y la devastación constituyen una constante en nuestro tiempo, agravando el problema de la desigualdad de ingresos y de riquezas. La violencia está en el origen del capitalismo y se reproduce en el marco de procesos de crisis y reestructuración capitalista. El capitalismo se construyó desde la lógica colonialista e imperialista, que supuso la conquista de pueblos y territorios, junto a la cacería desplegada en África para la esclavización de fuerza laboral. Son mecanismos en el origen del capitalismo que constituyen su continuidad estratégica bajo nuevas modalidades de explotación de la fuerza de trabajo. La apropiación territorial supone al mismo tiempo la dominación sobre la “madre” y el “padre” de la riqueza: la naturaleza y el trabajo. Es una constante que bajo diferentes modalidades acontecen en la historia del capitalismo. Las crisis convocan a reestructuraciones violentas, por eso las dos guerras mundiales entre 1914 y 1945, o la actualidad del genocidio operado en Gaza, la violación de la soberanía en Venezuela o la agresión militar a Irán, o la exacerbación del bloqueo sobre Cuba, solo por mencionar ejemplos evidentes de la violencia imperial capitalista contemporánea. En la actualidad, el capitalismo pretende reestructurarse afirmando la tendencia a la liberalización de la economía, curiosamente, con fuerte intervención estatal para ejercer la violencia sobre países que pretendan rumbos alternativos o autónomos. Por eso, es una liberalización con sanciones unilaterales que rompen las normas internacionales por los países más poderosos, por caso, contra las normas establecidas en la ONU hacia 1945. La incapacidad de la ONU para hacer respetar las normas internacionales establecidas por las potencias hegemónicas hacia 1945 habla de la crisis de la institucionalidad mundial del orden capitalista. La realidad es una tendencia extendida a la precariedad del empleo y el ingreso de trabajadoras y trabajadores, la mayoría de la población mundial. Del mismo modo que se extiende la lógica de la privatización y la desregulación, favoreciendo la iniciativa del capital privado en la perspectiva de restablecer niveles superiores de producción y acumulación de las ganancias. Se trata de una dinámica que busca sostener la hegemonía lograda luego de 1945 por EEUU, hoy desafiada desde Asia por China, que articula relaciones internacionales más allá de la dominación económica, financiera, monetaria construida desde Washington. Alternativa al capitalismo En ese marco se procesa la carrera por la innovación tecnológica, la productividad del trabajo y la capacidad de apropiar concentradamente el excedente, que es resultado de la producción social, cada vez más extendida en su potencia de universalización. Esa universalidad creciente del capitalismo convoca a una respuesta de carácter alternativo, por otra sociedad. No es un tema nuevo, que podemos traer al debate desde la tradición de organización y lucha por la revolución. La revolución fue la estrategia del movimiento obrero que anticipó el Manifiesto Comunista en las luchas de 1848 en Europa, territorio del movimiento obrero en su primera etapa. Una estrategia que se asumió bajo la consigna: “proletarios del mundo uníos”, como consigna de la Asociación Internacional de Trabajadores hacia 1864, que tuvo materialidad con el intento de la Comuna de París en 1871, y más aún, con la Revolución en Rusia en 1917. Esas experiencias se desarrollaron como fundamentos para una expectativa en contra y más allá del capitalismo. Con la ofensiva capitalista de los 70/90 del siglo pasado, emerge en esta tercera década del siglo XXI la ofensiva política de la ultraderecha, con su proyecto reaccionario por desarmar conquistas históricas de la lucha obrera y popular, en un intento de relanzar la lógica de explotación y saqueo. Como siempre, la resistencia obrera y popular se opone a la política criminal de la ofensiva del capital y de las ultraderechas y reanima la búsqueda por caminos alternativos que otorguen perspectiva histórica a la posibilidad de la lucha por otro orden mundial, sin explotación y saqueo de los bienes comunes. Es la experiencia de las luchas de las/os trabajadoras/es y de nuestros pueblos los que construyen la esperanza liberadora en todos los continentes, por una nueva institucionalidad global en donde sea los pueblos los que definan el presente y el futuro. Buenos Aires, 22 de mayo de 2026

La fragmentación del movimiento obrero limita la síntesis estratégica para construir alternativa de poder

La reestructuración regresiva del capitalismo en la Argentina por medio siglo, desde la dictadura genocida en 1976, puede explicar el retroceso de las/os explotadas/os en su confrontación con la clase propietaria, local y extranjera, del núcleo principal de acumulación capitalista. En efecto, ante la acumulación de poder popular de la clase trabajadora hacia 1975/76, la respuesta fue la genocida ofensiva del capital en contra del trabajo, que hoy se asume, además, como ofensiva de la ultraderecha (el gobierno de Javier Milei) para eliminar las conquistas obtenidas en la lucha obrera y popular. Se acaba de aprobar una reaccionaria reforma laboral en contra de derechos históricos de trabajadoras y trabajadores, que era un objetivo de largo aliento del gran capital. La acumulación de poder popular fue producto o de un siglo de experiencias de organización y lucha (1875-1975), en la que confrontaron una estrategia de conciliación de clases, hegemónica luego de 1945, para el desarrollo del capitalismo y una corriente que sustentó una estrategia de poder en contra del capital, hegemónica en los albores de la emergencia obrera a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Esa disputa coexistió desde el inicio de la organización política de la clase trabajadora y se proyecta en nuestro tiempo en las formas que asume la fragmentación y la reorganización del movimiento de trabajadoras y trabajadores. Es algo que se visibilizó en la diversidad de actos del 1° de mayo pasado. Son tendencias que conviven en la resistencia cotidiana, expresadas en paros generales y diferentes formas de lucha, pero sin síntesis de una propuesta política alternativa a la lógica capitalista. Regresivos cambios estructurales La pobreza y el desempleo oscilaron en torno al 5% y al 3% respectivamente antes de la ofensiva reaccionaria de la Dictadura genocida iniciada en 1976. En la actualidad, la pobreza oscila entre el 30 y el 50% desde hace tres décadas, como dato estructural de la organización económica de la sociedad en Argentina. El desempleo, el subempleo y la situación irregular, de precarización en el empleo, creció de manera alarmante y afecta al 50% de la población trabajadora. Por eso, el impacto regresivo en la distribución del ingreso, que desciende desde el máximo de un 50% para el capital y otro tanto para el trabajo a niveles de 70 a 30, en desmedro de la clase trabajadora. La Argentina contemporánea es más desigual en apropiación de ingresos y de riqueza con relación a las formas del desarrollo capitalista previo al proceso inaugurado hace medio siglo desde el golpe de Estado de 1976. El golpe del 76 instaló reaccionarias reformas en las relaciones entre el capital y el trabajo, tanto como en las funciones asumidas por el Estado y en un realineamiento internacional del país favorable a la dinámica de liberalización y transnacionalización del régimen del capital. No sorprende entonces que el primero de mayo de 2026 presentó diferentes actos y movilizaciones de las centrales sindicales existentes y de organizaciones sindicales, sociales y políticas. Esa diversidad es una manifestación de estrategias divergentes que existen en el movimiento obrero y popular, de quienes mantienen una lógica de conciliación de clases en tiempos de imposibilidad para políticas de tipo keynesiana, funcionales a otro momento del capitalismo global. Otros, sustentan lógicas de confrontación sin conciliar diagnósticos relativos a la derrota sufrida por el movimiento obrero desde la ofensiva capitalista global de los ´70 y los ´90 del siglo pasado. Constituye aún una asignatura pendiente el balance de la lucha de clases contemporánea, de los ciclos acontecidos desde los orígenes del movimiento obrero y las estrategias por la emancipación y la revolución, de 1848 al presente. Aludimos a una derrota estratégica que afectó el imaginario por la lucha anticapitalista, antimperialista, anticolonialista y toda forma de discriminación o racismo. En rigor, un diagnóstico adecuado sobre la derrota sufrida es el punto de partida para reagrupar al movimiento de trabajadoras y trabajadores en una nueva estrategia por la revolución en contra y más allá del capital. Desafíos estratégicos Son líneas escritas pensando en la Argentina, pero que pueden hacerse extensivas a otras latitudes, en tanto acontecen cambios reaccionarios en el capitalismo mundial a la salida de la crisis de rentabilidad de los 60/70 en todo el mundo. Cambios estimulados por la derrota y desarticulación del socialismo en el este de Europa y muy especialmente con el fin de la Unión Soviética y la bipolaridad del sistema mundo. El movimiento obrero y la izquierda está desafiada a gestar un nuevo tiempo por la revolución y el socialismo, en donde la teoría revolucionaria está convocada al análisis riguroso y la generación de síntesis de nuevas experiencias de transformación revolucionaria. Son reflexiones que remiten a una práctica teórica política en el movimiento obrero y en la izquierda, en la Argentina y en la región. Reflexiones que apuntan al desafío intelectual por reconstruir una estrategia contra el capital en esta tercera década del Siglo XXI. Buenos Aires, 5 de mayo de 2026. A 208 años del nacimiento de Karl Marx.

Pareciera que los tiempos no le dan a Milei (publicado en Perfil https://www.perfil.com/noticias/opinion/pareciera-que-los-tiempos-no-le-dan-a-milei.phtml

La salvación de Milei serían las inversiones externas o la apertura del mercado mundial de capitales y deuda. Parece que los tiempos no le dan. Los inversores internacionales miran para otro lado ante las incertidumbres de la economía mundial y eso agrava el riesgo de aquellos que podrían asentar sus inversiones en la Argentina. En el mundo existe lo que se denomina “vuelo a la calidad”, especialmente en tiempos de crisis, y eso es lo que ocurre con la militarización y guerra, con escalada de precios internacionales. Los capitales se orientan hacia la industria militar, radicada en los principales países del sistema mundial. Una parte importante se asocia a la tecnología que la sustenta, entre ellas, la crema de las innovaciones tecnológicas: la inteligencia artificial. Además, la lógica de alianzas internacionales de Milei apunta a la complementación entre la demanda de materias primas de la economía estadounidense, litio entre otros, y la posibilidad de oferta que tiene la Argentina. Por fin quedaría atrás la competencia entre ambos países y podría existir asociación de beneficio mutuo, con inversores del norte y provisión de bienes comunes desde la Argentina. Claro que en la amplia geografía y en la disputa geopolítica existen otras opciones que compiten como oferentes de la misma producción. Remito a Australia, gran proveedor de China y que EEUU está interesado en potenciar la reorientación de esas exportaciones hacia el mandamás del sistema mundial. Es un momento complicado para las expectativas del liberal libertario en la Casa Rosada. La subordinación política e ideológica a Trump y al proyecto MAGA no paga en la imaginación de reestructuración regresiva del capitalismo local. La competencia mundial existe y no solo están los amigos de Trump, sino y especialmente los intereses económicos. Esa reorganización del capitalismo mundial se asienta en el destino de las inversiones productivas y cada Estado nacional disputa por la atracción de esas inversiones. La búsqueda de esos inversores no es solo política de la Argentina. Entonces… más ajuste y recesión Milei debe profundizar su política para atraer esas inversiones que parecen esquivas. No alcanza con el RIGI, ni la reforma laboral, obstaculizada en la justicia. Por eso profundiza la línea del ajuste fiscal con la lógica de la motosierra. Es que se le disparó el índice de precios, con el 3,4% de marzo y para bajarlo induce más recesión de esa parte no beneficiada de la política económica, intentando exhibir que lo que importa son los cuatro sectores del crecimiento: el agro negocio de exportación, la minería, la energía, todo basado en un sistema financiero abierto al mercado mundial. Un mercado mundial que se resiste a ofrecer los suficientes recursos de renegociación de una deuda impagable en la perspectiva de los vencimientos de un calendario de pagos muy abultados en los próximos años. El relato lo condena. Pareciera que aquello de que la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario no resuelve la demanda social por estabilizar la economía de la cotidianeidad, más aún cuando presionan los precios internacionales. Milei con su relato monetarista y en contra de la casta y la corrupción construyó un relato esperanzador, materializado en consenso electoral. Ese relato se derrumba por la realidad económica a la que se suman las evidencias de corrupción de la casta en el gobierno. La sociedad empieza a ver estos problemas y la desesperanza crece, habilitando la búsqueda de un nuevo proyecto esperanzador, que debe transitar por rumbos opuestos a la lógica liberal libertaria. ¿Cuál rumbo? Discutir si se atiende a los acreedores externos o a los acreedores de alimentación, salud, educación, empleo o ingresos suficientes. Si debe favorecerse la producción extranjera abriendo indiscriminadamente las importaciones o si se debe hacerse promoviendo la local, bajo formas comunitarias, de autogestión, cooperativas, solidarias, que privilegian la necesidad de resolver producción y circulación para la mayoría social empobrecida por la lógica de mercado hoy imperante. En fin, un proyecto en construcción en las demandas organizadas del conflicto social que crece en el país y que no encuentra respuesta ni en el gobierno ni una oposición que no combate el fondo del proyecto oficialista, sino las formas del ejercicio del poder. Combatir el relato oficial resulta imprescindible para generar condición de posibilidad de otro proyecto político que vaya a contramano de esta lógica de ofensiva ultra liberal. Buenos Aires, 14 de abril de 2026

Ofensiva del capital y de la ultraderecha en Argentina. Desafíos y problemas para construir alternativa

Resulta importante destacar la oportunidad y el lugar de la convocatoria a esta “Conferencia”. El momento es de una enorme gravedad, por la escalada guerrerista de EEUU e Israel sobre Irán, potenciando el genocidio en Palestina, la intromisión en Venezuela y las amenazas a Colombia, México o a Cuba, entre otros países. Sobre el lugar, Porto Alegre, recupera la zaga de encuentros del Foro Social Mundial desde 2001, ámbito que en enero del 2002 había puesto en escena la “pueblada” de Argentina de fines del 2001 y su contribución a la dinámica de cambio político regional en la primera década del siglo XXI. El fenómeno Milei y lo esencial de la reaccionaria reorganización del capitalismo local Es necesario caracterizar el fenómeno del ascenso político del liberal libertario Javier Milei a la presidencia de la Argentina, desde diciembre del 2023 y con mandato hasta diciembre del 2027, con posibilidad de renovación de gestión presidencial entre 2027 y 2031. Se trata de un “fenómeno” asociado al desarrollo capitalista del país, a la reorganización estructural regresiva que se viene operando desde hace medio siglo, especialmente desde la emergencia de la dictadura genocida instaurada en marzo de 1976. Esa es la “esencia” detrás del fenómeno. No es una casualidad, ni está al margen del proceso histórico concreto, sino resultado del desarrollo del capitalismo. Desde 1975/76 acontecen cambios estructurales en las relaciones económico sociales, sea la relación entre el capital y el trabajo, la relación estatal y en el ámbito de las relaciones internacionales, las que se potencian en el presente de ofensiva ultra-liberal de la ultraderecha. Los cambios estructurales son expresión de la ofensiva del capital por la “liberalización” de la economía y la recuperación de márgenes favorables a la tasa de ganancia en desmedro de los ingresos salariales y de los de la mayoría de la población, por lo que se avanzó en desregular y privatizar el sector productivo, subordinando al país a la lógica de acumulación de la internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital. Aludimos a cambios que son parte de una reorganización reaccionaria del capitalismo en el ámbito global. Son consecuencia de la crisis capitalista de “rentabilidad” en los 60/70 y de la respuesta “liberalizadora”, denominada neoliberal. Esos cambios estructurales en las relaciones económico sociales generan cambios políticos, en la representación política. Por eso, asistimos a una dinámica de crisis de las representaciones tradicionales, no solo en los partidos políticos, sino también en la representación sindical, social, cultural; en un cambio de paradigma que afecta la tradición político cultural de la clase explotada y del conjunto del pueblo. Las claves para entender la economía y la política en el país, incluso a escala global, cambiaron. El capitalismo, como relación social existente hasta 1975/76 había generado determinadas estructuras de poder y de réplica sociopolítica, derivada de la lucha de clases concreta. Todo eso estalló en este medio siglo y ante la crisis política emergen nuevas representaciones, las que intentan reflejar los cambios en el desarrollo de las fuerzas productiva y las relaciones de producción. Detrás de Milei está la iniciativa política del poder, de capitales concretos que lo instalaron en una campaña mediática para hacerlo conocido, inducir una crítica a las formas de ejercicio de la política y ofrecer una perspectiva legitimadora del “ajuste y la regresiva reestructuración” del capitalismo local. El discurso legitimador supone la liberalización de la economía, es decir, la eliminación o limitación de los derechos sociales, sindicales, colectivos e individuales que restringen la apropiación de ganancia empresaria. Se trata de una búsqueda por la funcionalidad de la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes a las condiciones y necesidades del capitalismo mundial. Lo primero, explotación de la fuerza de trabajo, viene lográndose en una tortuosa y persistente ofensiva del capital contra el trabajo, cuyas consecuencias son la tendencia a la baja de los ingresos salariales, el crecimiento del trabajo irregular y por lo tanto de la precarización salarial y laboral. El saqueo, lo segundo, es una tendencia histórica liderada por la gran propiedad territorial, afirmada con el cambio del modelo productivo agropecuario exportador centrado en el complejo de la soja transgénica, especialmente desde los 90 del siglo pasado. La novedad en la estructura socio económica del país deviene en los nuevos territorios de la explotación y del saqueo, ya no los tradicionales de la “pampa húmeda” y su producción histórica de granos y carnes, luego soja y cultivos transgénicos, sino las oportunidades de la energía bajo la explotación de hidrocarburos no convencionales y de la minería. El sector financiero, especialmente el endeudamiento público, resulta funcional a esa estrategia. Esa novedad del modelo productivo y de desarrollo supone una transformación estructural para desarmar la lógica productiva y del poder histórico. Es lo que puede entenderse de la dinámica de “desindustrialización” en curso, que, en rigor, significa una reindustrialización hacia otros sectores productivos, especialmente empujados por la inversión extranjera y la lógica de acumulación global que implican las innovaciones tecnológicas en el presente. La expectativa por inversiones externas acerca al gobierno de la Argentina al de EEUU y modifica la tradicional relación “competitiva” del capitalismo local con el yanqui. Ocurre ahora una complementariedad, en donde desde el sur se ofertan abundantes “recursos naturales”, los bienes comunes demandados por el norte, a cambio de capitales que buscan rentabilidad en tiempos de crisis mundial, de ralentización de la economía y de búsqueda de rentabilidad. En ese marco, Milei y Trump constituyen una sociedad altamente funcional, aun cuando el neoyorquino es “nacionalista” y el argentino no lo es. De hecho, Milei pretende dar letra a los líderes del capitalismo mundial sobre la liberalización necesaria en el presente. Los líderes de la ultraderecha son nacionalistas, Milei no. Este pretende inaugurar un nuevo paradigma global. Recordemos que Pinochet impulsó la política económica pergeñada en la Escuela de Chicago o desde la austríaca, dando lugar al ensayo neoliberal que luego generalizarían Thatcher y Reagan, más aún a la caída de la URSS para generalizarse desde los 90 del siglo pasado hasta la crisis del 2007/09. Esa es la pretensión del presidente de la Argentina, marcando la cancha al capitalismo mundial por más liberalización, ahora desde el consenso electoral. Si hace medio siglo, el ensayo chileno y de las dictaduras del Cono Sur de América marcaron el rumbo del capitalismo mundial, ahora se ensaya desde la Argentina una propuesta radicalizada de liberalización. Si entonces se hizo desde la Dictadura, ahora se organiza desde el consenso electoral, legitimador de una propuesta autoritaria y antipopular. El desafío y los problemas para construir alternativa política Lo fundamental pasa por reconstruir una estrategia de contrapoder, no solo para derrotar electoralmente a Milei, lo que puede ocurrir desde una fuerza política que unifique el espectro crítico al liberal libertario y no modifique sustancialmente el rumbo de regresiva reestructuración del capitalismo local. De hecho, ya ocurrió con las críticas a los proyectos liberalizadores de los 90 del siglo pasado, en donde las oposiciones construidas para derrotarlos mantuvieron lo esencial de las reformas regresivas de los años 90, incluso las previas en tiempos de la Dictadura genocida, ejemplo de la legislación financiera de 1977 y la dinámica subordinada del endeudamiento público, no revertida en 43 años de gobiernos constitucionales, salvo el efímero momento del 2001 bajo la presión popular, que definió la suspensión de pagos hasta el canje de deuda del 2005. No alcanza entonces con un frente anti Milei. Lo que se requiere es una alternativa política para otro rumbo económico y social de la Argentina, con el privilegio a satisfacer las demandas de la mayoría social, por ingresos, empleo y derechos conculcados en tiempos de liberalización de la economía. El punto de partida es la derrota política de la estrategia de la clase obrera y el movimiento popular en tiempos de la dictadura genocida, cuya reversión es la asignatura pendiente, imprescindible para reconstruir estrategia de gobierno y de poder en el país. En rigor, no se trata de un tema local, sino que es extensivo en el ámbito regional y mundial ante la derrota global identificada con el fin de la bipolaridad. Los episodios como los de Venezuela o Irán tenían límites en tiempos de confrontación entre el socialismo y el capitalismo, más allá de lo que se opine acontecía en el este de Europa. Ponencia presentada en el panel: “La lucha contra el fascismo ultra-liberal de Milei” en la “Conferencia Internacional antifascista y antiimperialista”. Actividad realizada el 26 de marzo de 2026 en Porto Alegre, Brasil. Por el escaso tiempo solo se presentaron verbalmente aspectos salientes de las ideas aquí expuestas. El cambio político en nuestra América en la primera década del Siglo XXI generó enormes expectativas, aun cuando la propuesta “progresista” mostró sus límites, precisamente por no confrontar al proyecto reaccionario de inserción subordinada en la lógica de la internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital. Se trata de reorganizar al movimiento obrero y popular, lo que supone desafiar a la institucionalidad de la representación popular. El desafío lanzado en los 90 por una “nueva” organización de trabajadores y trabajadoras sigue pendiente de materialización. En la crisis del 2001 emergieron nuevas formas de expresión y representación popular, sean las asambleas, los piquetes, las empresas recuperadas y diversas formas de expresión de la demanda de organización y lucha de trabajadores y trabajadoras. Fueron y son formas de expresión de la diversa resistencia que existe en la Argentina, con el límite de la ausencia de una síntesis política que la exprese de manera unificada en una propuesta política alternativa. Un problema irresuelto en la construcción de alternativa es el dialogo y la articulación de propuestas que anidan en tradiciones políticas diferentes, especialmente la identidad del peronismo y de la izquierda. Existen límites subjetivos para una articulación política de ambas tradiciones para avanzar en políticas de unidad de acción y más aún de unidad estratégica. No remite a la unidad de las organizaciones partidarias, sino a las identidades colectivas en el seno de las trabajadoras y los trabajadores. Las recientes movilizaciones de carácter antifascista (febrero 2025 y 2026), las convocatorias por el 8M o la masiva convocatoria del 24M dan cuenta de la capacidad de movilización y organización popular, aun cuando acontecen en el marco de fragmentaciones diversas, especialmente en materia política. Grandes concentraciones convocadas por amplios espectros políticos sociales no tienen aún capacidad de articular síntesis políticas que hagan realidad el programa que sustenta cada sector de la sociedad, caso de la lucha de jubiladas y jubilados, por mejoras de los ingresos salariales y populares, por los derechos a la educación o la salud, por el género y las diversidades, por la defensa del medio ambiente, entre muchos aspectos que difunden multiplicidad de luchas cotidianas. Son todos reclamos que encarnan un programa, con la dificultad que no son sintetizados en una propuesta política integral, que pueda disputar gobierno y poder. Las reflexiones aquí volcadas son expresadas en mi carácter de integrante de ATTAC-CADTM, parte de la red CADTM, convocante de esta Conferencia antifascista y antimperialista, con años de militancia en campañas mundiales contra la globalización capitalista y muy especialmente en contra del endeudamiento público y los organismos financieros y la banca transnacional. También milito la Corriente Política de Izquierda, CPI, en “Vientos del Pueblo. Por un frente para el Poder Popular”. Desde Vientos del Pueblo se viene impulsando la “Agenda del pueblo trabajador”, que articula movimientos y grupos que sustentan luchas y demandas. Se trata de una forma de construcción de alternativa política interactuando entre las luchas populares y sus organizaciones en la búsqueda de nuevas síntesis que habiliten el proceso de construcción colectiva de una propuesta anticapitalista, antimperialista, contra toda forma de racismo y discriminación. Resulta imprescindible reagrupar a la clase obrera y al movimiento popular en todas sus dimensiones y transiciones políticas, especialmente el peronismo y la izquierda, quienes disputaron la hegemonía en el seno de la clase trabajadora. El sindicalismo argentino transitó desde fines del siglo XIX entre el anarquismo, el socialismo, el comunismo, desde sus orígenes hasta la emergencia del peronismo a mitad de los 40 del siglo pasado. Se requiere la reorganización política y la identidad del movimiento obrero y popular para sentar las bases de una propuesta política que sea síntesis de la estrategia de poder en contra de la ofensiva del capital y de la ultraderecha. Los problemas de la fragmentación social y política constituyen desafíos para reorganizar al sujeto consciente que enarbole los programas aislados de múltiples luchas sectoriales a lo largo y ancho del país para construir síntesis política para la emancipación. Buenos Aires, 26 de marzo de 2026