Argentina en el gobierno Milei

Artículo publicado en Revista Argumentum: http://10.0.185.96/argumentum.v18.2026.54393 Resumen: Transcurridos 1000 días del gobierno de ultraderecha de Javier Milei en la Argentina se necesita superar un análisis fenoménico relativo al personaje y concentrarse en aspectos esenciales que hacen a la reconfiguración del capitalismo local en el marco de la crisis y reorganización del sistema mundial capitalista. Aspectos locales y globales son considerados para intentar explicar la situación en el capitalismo en la Argentina y las modificaciones económicas, políticas y culturales que manifiesta el gobierno de la ultraderecha, al tiempo que se suscitan interrogantes sobre potenciales rumbos alternativos. Palabras claves: ultraderecha; reconfiguración capitalista; ofensiva reaccionaria; alternativas I -Introducción Han trascurrido 1000 días del gobierno de Javier Milei desde el 10 de diciembre de 2023, y a un año de las elecciones presidenciales en octubre de 2027, la ultraderecha se prepara para reelegir la gestión por otro mandato de 4 años, 2027-31. Incluso, hay plan B, ya que, si Milei no pudiera ser candidato por descrédito ante el impacto económico devastador sobre gran parte de la población afectada por el ajuste fiscal y la baja de los ingresos populares, salarios y jubilaciones, hay varias candidaturas ofreciéndose para asegurar la continuidad del proyecto de reestructuración regresivo en la Argentina. Los datos oficiales (INDEC, 2026) de la realidad son alarmantes y remiten a una catástrofe social. La pobreza vuelve a crecer y se ubica en el primer semestre de 2026 en 32,3%, en ascenso, ya que ese promedio incluye un indicador encima del 34% para el segundo trimestre del 2026. Es un dato relevante y preocupante, desconocido para la historia argentina del siglo XIX y XX. La pobreza se ha transformado en un problema estructural del país en los últimos años, consolidando en el siglo XXI a un tercio de la población bajo esa situación. Otro indicador de la catástrofe social es la irregularidad en el empleo, ya que el 50% de la fuerza laboral no cuenta con seguridad social, afectando los ingresos actuales y futuros de la población jubilada. El tema se agrava entre los jóvenes y el primer empleo, en donde cerca del 70% ingresa a trabajar bajo condiciones de irregularidad, flexibilización y precariedad laboral y salarial. Se trata de una cuestión que ratifica la discriminación de género, agravando la explotación de la fuerza de trabajo femenina y la diversidad sexual. En rigor, hace medio siglo que la Argentina vive bajo la ofensiva del capital contra el trabajo, con origen en la dictadura genocida de 1976 y la continuidad esencial de aquel proyecto en los años ´90 del siglo pasado, bajo gobiernos peronistas y radicales, con Carlos Menem (1989-1999) y Fernando de la Rúa (1999-2001), y más recientemente con Mauricio Macri (2015-2019) y ahora con Javier Milei desde 2023. Hace medio siglo que en Argentina se despliegan políticas de reconfiguración reaccionaria del capitalismo local, cuyo impacto trasciende el orden económico y se proyecta a la política, evidenciando una crisis de representación, una hipótesis que nos puede permitir una explicación del rápido ascenso de un “outsider” de la política hasta hace poco en el ejercicio del gobierno. Los cambios operan en las modificaciones regresivas de la relación capital y trabajo; pero también en la redefinición de la relación estatal, colocando a la política pública y al aparato estatal en función de las demandas más radicales del gran capital, vía privatizaciones y desregulaciones. Claro que también supuso una reorientación de la política de inserción internacional, que con Milei se concentra en la subordinación a EEUU y a Israel. Es una definición asumida a favor de los “valores occidentales” y la opción por potenciar al capitalismo bajo hegemonía de EEUU, en desmedro de la pretensión multipolar liderada por China. De hecho, Argentina declinó el convite a ser parte del BRICS plus desde enero del 2024, la primera medida de Milei anticipando su alineamiento internacional. II - Reorganización productiva En un informe reciente señalamos “una tendencia de mediano plazo de estancamiento” de la economía local. Una tendencia de arrastre desde el 2010. (Gambina, 2026) La política de Milei supone una reorganización productiva de la Argentina, superando la tradicional producción agro-ganadera de exportación para diversificar el extractivismo al sector de hidrocarburos y la minería. De hecho, el petróleo crudo con 6.781 millones de dólares de exportaciones, se ha transformado en el principal producto de exportación en el primer semestre del 2026, aun cuando el complejo sojero con 9.082 millones de dólares se mantiene al frente por encima del petrolero petroquímico con 8.116 millones de dólares. (INDEC b, 2026) Históricamente, los registros muestran a la Argentina como importador petrolero. El país tenía petróleo sin ser un país petrolero. La política estatal remitía al cuidado de las reservas probadas, completando la producción local con importaciones de crudo y derivados. Desde la privatización de la empresa pública en los ´90 se exacerbó la producción con tendencias al agotamiento de las reservas. La puesta en funcionamiento del yacimiento de “vaca muerta” y los hidrocarburos no convencionales, han transformado al país en un productor y exportador de petróleo y gas, cuarta y segunda reserva mundial de shale. Así, la balanza energética es superavitaria y creciendo en la perspectiva del futuro cercano. La petrolera YPF, es una empresa privada con capital externo, de gestión pública, derivada de tenencias accionarias por el 25% en manos de las provincias petroleras y 26% del Estado nacional. La minería es la otra novedad del modelo productivo local. Argentina no era considerado un país minero, si con minería. Con los cambios institucionales en los ´90 se generaron las condiciones de posibilidad ara una expansión del negocio minero, subordinado a la dinámica de los grandes operadores internacionales de la minería. Dice el informe citado sobre “oro y plata” que si “se considera la serie 2002-2026, el complejo registró ventas récord en el último semestre”, del mismo modo que ocurre con el “litio”. Minería e hidrocarburos son la novedad que diversifica la producción primaria del país más allá de la pampa húmeda y adiciona nuevas territorialidades a la acumulación capitalista, diversificando el mapa productivo del país. A ello se adiciona la potencia de la economía del conocimiento y el estímulo a convertir a la Argentina en territorio de la “inteligencia artificial” liberada de todo control y regulación. Ese crecimiento de estos sectores asociados a la internacionalización de la producción local y a la transnacionalización del capital explican los datos de aumento del PBI en 2025 del 4,4%, superando las caídas del 2023 por (-1,9%) y del (-1,3%) en 2024. Hay muchas dudas para sostener esos guarismos en el presente y futuro cercano, en un marco de ralentización del crecimiento mundial. La apuesta del gobierno es a la radicación de inversiones externas en los nuevos territorios de la acumulación capitalista y para eso generó mecanismos fiscales y crediticios para atraer a grandes inversores internacionales. Para ello se legisló el Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones, el R.I.G.I, para inversiones de por lo menos 200 millones de dólares, con beneficios en ascenso para montos de 1.000 millones. La propuesta avanza con un súper RIGI para estimular ingresos de fondos superiores y la intencionalidad de industrializar la explotación minera y petrolera. Una crítica al RIGI puede encontrarse en las reflexiones de Luciana Ghiotto, quien señala que “El RIGI crea un sistema paralelo de justicia para las corporaciones” (Ghiotto, 2026) La política productiva privilegia el tradicional sector agro ganadero y adiciona la minería y el petróleo junto a la economía del conocimiento, de la cual la Argentina presenta algunas potencialidades en la dotación de personal especializado y zonas de radicación para Centros de Datos en territorios de abundancia de agua y adecuadas condiciones climáticas, especialmente en la Patagonia. A contramano de esa evolución, los sectores tradicionales de la economía local, la industria, la construcción y el comercio muestran signos preocupantes. Es un hecho que la actualización informativa verifique que el país está a punto de confirmar dos trimestres de caída en su capacidad de producir y por tanto se explicite una “recesión técnica”. Señala el INDEC que “En julio de 2026, el estimador mensual de actividad económica (EMAE) registró una caída de 1,4% en la comparación interanual (i.a.) y de 2,9% respecto a junio en la medición desestacionalizada (s.e.).” Se destaca la baja de la construcción -3,3%, la industria manufacturera -4,6% y el comercio mayorista, minorista y reparaciones -5,1%. (INDEC c, 2026) Entre otros aspectos, sobresale el cierre de más de 30.000 empresas bajo la gestión Milei. Sostenemos en el escrito citado sobre los 1000 días de gobierno Milei que “según el último Informe de la Situación y Evolución del Trabajo Registrado (SIPA) con datos de mayo de 2026, desde noviembre 2023 se perdieron 241.176 puestos laborales registrados del sector privado, 79.865 empleos registrados del sector público y 16.324 empleos registrados en casas particulares, mientras que aumentaron los monotributistas en 160,573 personas.” (Gambina, 2026) A eso debe sumarse la caída de los ingresos populares, salarios y jubilaciones, lo que explica la recurrente disminución del consumo, agravado con una tendencia al crecimiento de las tarifas de servicios públicos que deteriora la capacidad de satisfacer necesidades de la mayoría de la población que vive de ingresos fijos. Un informe del IAG, Instituto Argentina Grande divulgado en la prensa destaca “Desde diciembre de 2023, la canasta de servicios públicos del AMBA acumula un incremento del 966%, mientras que el nivel general de precios subió 241% en el mismo lapso. El salto más pronunciado lo registró el gas, con un avance del 2.185 por ciento. En ese mismo período, según el IAG, la tarifa de luz subió un 1.065% para los hogares con subsidio y un 509,5% para los que no lo tienen, contra una inflación del 320 por ciento.” (Infobae, 2026) La reorganización productiva a que aludimos se asocia al límite del modelo productivo del desarrollo capitalista local. En efecto, el modelo aperturista gestado entre 1860/80 y 1930 fue sustituido por la industrialización dependiente desplegada desde comienzos del siglo XX y potenciada entre 1930 y 1975, hasta la crisis de rentabilidad de los 60/70. (Gambina, 2013) Una crisis, la de los 60/70, que mostró el límite de las políticas “desarrollistas” y con ello la reformulación del modelo productivo y de desarrollo. En esa lógica es que debe pensarse el proceso de reconfiguración bajo gestión Milei. No se trata de una novedad. No es posible el presente de cambio estructural regresivo sin las “bases” instaladas bajo la dictadura genocida entre 1976 y 1983, incluso con el avance e institucionalización de los cambios de los ´90, con privatizaciones y desregulaciones, reforma constitucional mediante hacia 1994, otorgando la base jurídica de transformaciones profundas que pueden explicar el presente reaccionario. La reorganización en curso, bajo gobierno de Milei supone un largo proceso, de medio siglo desde 1976 para generar las condiciones de posibilidad, no solo en el ámbito institucional, sino y muy especialmente en la generación de una subjetividad favorable al rumbo liberalizador y privatista, claro que mediado por la manipulación mediática de grandes operadores concentrados de la propaganda ideológica liberalizadora. En ese sentido vale mencionar que el proceso de lucha y organización popular de estos años mantuvo, esencialmente, un programa de reivindicaciones a contramano de esta lógica impuesta por las clases dominantes, locales y extranjeras, excluyendo de esas demandas a los nuevos excluidos que explican la creciente informalidad del empleo. La fragmentación social es el resultado del cambio de modelo de acumulación en este medio siglo y muchas reivindicaciones populares no contemplaron esta diferenciación, entre una masa disminuida de trabajo formal y una creciente informalización del empleo. La consigna “defender los derechos adquiridos”, correcta para los regularizados, los formales, no era percibida así por los informales o irregulares en el empleo. Hacia fines de la dictadura se pensó en el retorno a la lógica de acumulación previa y se sostuvieron demandas del modelo productivo y de desarrollo anterior. Los programas económicos y políticos pretendían el retorno al momento del golpe, a lo que acontecía en 1975/76, el momento de mayor acumulación de poder popular y sindical, con una distribución del ingreso definida por el “fifty-fifty”, es decir, paridad en la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo. Desde la dictadura genocida (1976-83), no solo se produjo una regresión en la distribución del ingreso, sino que se avanzó en la pérdida de derechos sindicales, sociales, colectivos, individuales, incluso desde la prohibición de organización política del movimiento popular. En rigor, de un país de industrialización principalmente orientado al mercado interno desde fines del siglo XIX hasta fines del XX, se fue imponiendo una dinámica de inserción productiva en la demanda y lógica del capitalismo mundial, con cambios profundos, no solo en el orden económico, como señalamos, sino también en la política y en la sociedad. Se consolidaba un modelo primario exportador más allá del sector agro ganadero de exportación, que se consolida en el presente, bajo gestión Milei, con la novedad de las importantes exportaciones de energía y minería. La base material productiva modificada construyó nuevos imaginarios culturales y sociales sobre la que se edificó la representación política de la ultraderecha, ahora con sustento electoral y que convoca a revisar la estrategia de acumulación popular con perspectiva emancipadora. III – Crisis política Un dato relevante para intentar entender el consenso electoral al gobierno de Milei debe buscarse en la crisis de representación política derivado de los cambios estructurales regresivos en el capitalismo local. El cambio en el modelo productivo reorganiza el bloque dominante en el poder y alienta cambios en los proyectos que definen el rumbo civilizatorio en la coyuntura. La dinámica de organización económica y política de la sociedad construye las representaciones políticas en cada momento histórico. Por eso, la etapa del desarrollo agroexportador entre 1860/80 y 1930 tuvo como ariete esencial el proceso de inmigración (demanda de fuerza laboral) y la presencia hegemónica en el bloque del poder del capital externo, al que se asoció el capital terrateniente. Ello fue acompañado de una política de construcción de la identidad “nacional” y con ello, las diferentes representaciones que emergieron en el movimiento popular. Ambos fenómenos, la organización de la clase obrera (inmigración y migraciones internas), junto a la dominación del capital externo, fueron condicionantes estructurales de un proceso de organización sindical y política de tipo clasista, con influencias anarquistas, socialistas y comunistas, en el marco de la preeminencia del capital externo y una lógica de producción para la exportación, principalmente hacia Inglaterra, potencia hegemónica mundial. En esas condiciones de contradicciones y conflictividad social emergieron nuevas experiencias de organización popular y política. Habitualmente se habla del proyecto de la generación del 80 del siglo XIX, con el foco colocado en el proyecto de las clases dominantes, pero si lo analizamos desde la experiencia de lucha y organización de las clases subalternas, apreciamos otras perspectivas civilizatorias, influenciadas para la lógica de revolución que impregnaba al movimiento obrero y popular global. Aludimos a un tiempo de protagonismo popular con el voto universal masculino, la construcción de una novedosa institucionalidad popular y la presencia de nuevos partidos políticos asociados a las demandas populares, entre ellos el radicalismo y el socialismo. Surge en ese camino el primer gobierno electo bajo reglas constitucionales en 1916, dando identidad a una de las fuerzas políticas, el “radicalismo”, de larga tradición en la Argentina hasta la crisis que explicita el acceso de las derechas al gobierno por el voto masivo en el primer cuarto del siglo XXI. La crisis del 29/32, incluso de 1914 a 1945, por ende, el ciclo de las guerras mundiales, supusieron cambios en el capitalismo mundial y local, orientando la dinámica productiva hacia la industrialización por sustitución de importaciones, que propondrá generalizar en la región latinoamericana y caribeña la CEPAL, organismo de Naciones Unidas creada hacia 1948, luego de la posguerra mundial para empujar nuevas políticas de desarrollo. Es en ese marco de expansión de la fuerza laboral es que surge el “peronismo” hacia 1945/6, como identidad mayoritaria de las trabajadoras y los trabajadores en la Argentina. Con el peronismo se generaliza el voto universal, con la participación femenina desde 1952 en los procesos electorales. Aludimos a una nueva representación política en el marco de cambios sustanciales del régimen del capital en el ámbito mundial y local. Las tradiciones políticas se conforman en ese ciclo histórico originario de la extensión capitalista en el país, con el anarquismo, el socialismo y el comunismo, hegemónicos entre las clases subalternas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, y un nuevo ciclo político con nuevas referencias políticas que disputan gobierno desde 1912/16 con el radicalismo y desde 1945 con el peronismo, afianzado la representación en el ámbito social, estudiantil y sindical. El radicalismo entre el estudiantado, en donde sobresale el movimiento de la reforma universitaria de 1918 y el peronismo desde 1945 en el sindicalismo, desplazando y posicionando como minoría a la tradición clasista histórica de manarquistas, socialistas y comunistas. En rigor, desde 1916 y hasta el 2015, todos los presidentes constitucionales provenían del radicalismo (Hipólito Irigoyen, Marcelo T. de Alvear, Arturo Frondizi, Arturo Illia, Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa) o del peronismo (Juan D. Perón, Héctor J. Cámpora, Estela Martínez de Perón, Carlos Menem, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández). Recién en 2015, un siglo después del primer presidente resultado del voto de la población, asume el primer presidente no radical ni peronista, Mauricio Macri (2015-19). Era una señal de la crisis de representación política en la Argentina, que habilitó por primera vez el acceso de una fuerza de la derecha al gobierno por la vía electoral. Hasta ese momento, la derecha había gobernado bajo dictaduras resultado de golpes de Estado, propiciados entre 1930 y 1983. Las derechas accedían al gobierno por vía de los golpes, ahora, desde el 2015, lo harán con el consenso electoral. Las fuerzas tradicionales de la representación política mayoritaria daban lugar a una nueva expresión de la política. El bipartidismo radical peronista terminaba con expresiones, fracciones, de estos dos partidos diluidos en la nueva formación política. En efecto, el PRO, el partido de Macri, incluía fracciones de las dos formaciones políticas tradicionales: radicalismo y peronismo. Con la no renovación presidencial de Macri en 2019, retornó el peronismo con la principal referente, Cristina Fernández de Kirchner, secundando la formula encabezada por Alberto Fernández. Esa gestión, entre 2019 y 2023, incumplió las expectativas de los votantes y habilitaron el inesperado triunfo de Javier Milei, quien, desde la profesión de panelista de TV, outsider de la política, desplazó a la tradición política del peronismo e incluso a la nueva fuerza emergente del macrismo. Muchos análisis coincidieron en que esa experiencia no duraría por las características del personaje que asumía la gestión presidencial. Mucho debate se procesó en torno a ese diagnóstico, pero la realidad es que ya pasaron 1.000 días y se acerca el proceso de renovación presidencial en octubre del 2027 y a la cabeza de las preferencias, por ahora, aparece la reelección. En nota periodística reciente se señala que el partido del gobierno nacional La Libertad Avanza obtendría el 35% de los votos, el peronismo el 33%, la izquierda del FITU el 8%, el PRO de Macri un 7%, otras propuestas se dividen el 6%, en blanco el 4% y un 7% no sabe no contesta. (Leibovich, 2026) Se especula que en una segunda vuelta, ballotage, se repita la situación de la elección del 2023 y aun con diferencias con la gestión o el perfil del presidente, la derecha aúne voluntades para reiterar un gobierno de Javier Milei entre 2027 y 2031. Es cierto que el escenario puede cambiar sustancialmente si crece el descontento y la protesta por el impacto social de una economía de miseria para la mayoría de la población que vive de ingresos fijos, incluso de sectores medios que viven del mercado interno y la capacidad de compra de la mayoría de la sociedad. Pero se trata de “política” y la sorpresa de la derecha gobernando con consenso electoral es aun materia de análisis. Más aún si no aparece el entusiasmo por una propuesta alternativa a la oferta liberalizadora de la ultraderecha. La izquierda sostuvo su identidad en el movimiento social popular con baja presencia electoral, con presencia de destacadas personalidades en el ámbito legislativo y sin presencia en los cargos ejecutivos. Se destacan Alfredo Palacios, Juan B Justo, Jesús Mira, Juan Carlos Comínguez, Alfredo Bravo, Héctor Polino, Luis Zamora, Floreal Gorini, entre otros. Esa presencia legislativa reaparece como minoría en los primeros años noventa del siglo pasado en una llamativa alianza de comunistas y trotskistas bajo la sigla de la Izquierda Unida (Zamora, Gorini9), que producto de sucesivas divisiones no emerge hasta la aparición de la alianza en 2011 de tres partidos de la tradición trotskista, el FIT, el Frente de Izquierda de los Trabajadores, luego FITU desde 2019, incorporando una cuarta agrupación y el aditamento de Unidad. Desde 2013 tiene representación legislativa y ante la crisis de representación política tradicional logra en el presente una importante visibilidad de una de sus referentes, Myriam Bregman, militante de los DDHH y comprometida con las luchas, demandas y conflictos sociales. Hay un proceso de reconfiguración política en la Argentina. La novedad es la ultraderecha que accede al gobierno por el voto y sostiene niveles de consenso electoral con aspiración de renovar para un segundo periodo. La crisis de los partidos tradicionales, el radicalismo y el peronismo es evidente, aun cuando el partido de Perón aparece como la principal fuerza política de oposición con capacidad de gobernar. No está claro a esta altura ni quien encabezará la propuesta y mucho menos el programa de gobierno. Por primera vez en la historia, la izquierda emerge con un potencial de representación política que motiva múltiples análisis sobre sus alcances y posibilidades en el corto y mediano plazo. Lo que está claro es que las representaciones políticas tradicionales han cambiado. Ya no se puede pensar en términos de bipartidismo entre el radicalismo y el peronismo, un clásico de la segunda mitad del siglo XX, ni en el carácter de bi-coalición entre “macrismo y kirchnerismo” de los primeros años del siglo XXI. La ultraderecha emerge como un actor político competitivo en la escena electoral y la izquierda puede intervenir por primera vez en la disputa por el gobierno. Cambió el modelo productivo y de desarrollo y también la política, con un final abierto respecto del rumbo en el corto y mediano plazo. IV – Lo global juega. El contexto Hemos aportado argumentos locales sobre el fenómeno Milei, aunque debe señalarse que su emergencia y sostén está asociado a una dinámica global de la política en el capitalismo contemporáneo. El capitalismo en su ofensiva de universalización, vía el colonialismo en los siglos XVII y XVIII, se encontró con variadas resistencias a las que enfrentó violentamente y de modo recurrente en todo el planeta, hasta la revolución en Rusia (1917), que en términos históricos puso al régimen del capital a la defensiva. Esa defensiva se procesó durante buena parte del Siglo XX, políticas keynesianas y Estado benefactor mediante. Las prácticas reformistas ante la crisis del ´30, el keynesianismo y el “Estado benefactor”, las concesiones del proceso de “conciliación de clases”, son respuestas a la sorpresa y éxito inicial de los bolcheviques, más aún luego del fin de la segunda guerra mundial y la emergencia de un mundo bipolar desde 1945 a 1991. No hay previsibilidad en la construcción humana y la propuesta por el socialismo generó consensos variados y renovadas experiencias para revolucionar la sociedad mundial., sea en China, Cuba, Vietnam o en el “tercer mundo” de África, Asia o América Latina y el caribe. Claro que la expansión de la “revolución” por la emancipación y el socialismo indujo múltiples iniciativas de réplica, boicot y desestabilización de procesos, todo en el marco de la “guerra fría”. Aludimos a una dinámica que fructificó ante el fracaso del socialismo realmente existente y devino en la crisis del socialismo en los 80/90 del siglo pasado, objetando en el imaginario social global la posibilidad de la construcción anti capitalista y recreando el horizonte de lo único posible: el capitalismo. Será el momento de abandonar la lógica “defensiva” para recuperar la ofensiva del capital sobre el trabajo y reorganizar el sistema mundial. La crítica al socialismo supuso la ofensiva capitalista al punto de instalar las concepciones del “fin de la historia”, del marxismo y de la lucha de clases, todo lo cual, entre los ´70 y los ´90 del siglo pasado dio nacimiento a las políticas de liberalización, profesadas por la Escuela de Chicago y la austríaca. (Gambina, 2021) Nuevamente el liberalismo adquiría visibilidad y el “neoliberalismo” se constituyó en referencia global, primero desde las dictaduras del cono sur de América y luego desde Gran Bretaña y EEUU en los ´80 de la pasada centuria. La instalación del fracaso del objetivo socialista y la ofensiva capitalista habilitó un nuevo tiempo de expectativa para el resurgimiento del capitalismo en crisis, pero ya sin el enemigo de la bipolaridad. La desmesura capitalista se encontró con las resistencias de los pueblos a la globalización neoliberal o capitalista, en luchas contra el libre comercio o distintas formas de suprimir proyectos soberanos. Esas resistencias, desde Chiapas a Caracas, de Argentina a Brasil, de Bolivia a Ecuador, generaron nuevas expectativas a procesos de liberación, puestos de manifiesto en nuevos gobiernos en la primera década del siglo XXI. Esta dinámica de resistencia acontece en todo el planeta, por lo que el 2001 sintetizará en la propuesta multitudinaria del Foro Social Mundial en Porto alegre, Brasil, para darle visibilidad a un movimiento global de resistencia, al neoliberalismo para algunos y contra el capitalismo para otros. Fueron procesos que en la región latinoamericana y caribeña volvieron a traer el debate por el socialismo, comunitario o del siglo XXI, junto a la recuperación de proyectos ancestrales para el nuevo tiempo, el Vivir Bien o Buen Vivir. De ese proceso hay mucho por escribir y balancear, pero lo acontecido, sin avanzar en cambios profundos de la economía y la política, esas experiencias fueron perdiendo consenso y generalizando la decepción en la política, en los partidos tradicionales y en la izquierda, habilitando lugar a los procesos emergentes de la derecha. Una derecha que se presentaba “novedosa”, con discurso simplista y atractivo desde el imaginario individualista. La izquierda y sus proyectos fueron derrotados en los ´70, especialmente en la región latinoamericana, y en los ´90, con la desarticulación de la URSS y el campo socialista en Europa del Este, incluyendo límites propios de esas experiencias a nombre del anticapitalismo y del socialismo. El principal efecto fue la inhabilitación cultural en la conciencia social masiva de la posibilidad de transformación social en el imaginario colectivo. Remito en este sentido al desafío que supone gestar una tarea pendiente para generar conciencia de posibilidad por construir un mundo bajo otras reglas de organización socio económica y política, en el sentido de Mariátegui quien convocara oportunamente a que “el socialismo no debe ser ni calco ni copia, sino construcción heroica de los pueblos”. Al mismo tiempo sostenía el “mito de la revolución socialista” como inspiradora de la estrategia del movimiento obrero y popular en la región. (Gambina, 2024) La emergencia de Javier Milei debe inscribirse en este ciclo histórico, de ofensiva capitalista y descrédito de la propuesta socialista. Incluso, bajo las nuevas condiciones de la economía mundial, la República Popular de China no funge como otrora la Unión Soviética. El presidente argentino privilegia en sus discursos la prédica contra el socialismo, que en rigor no es solo contra Marx y sus teorías, sino a todo lo que no se encolumne detrás de la ortodoxia, por lo que polemiza con Keynes e incluso con la escuela neoclásica, en un libro dedicado “A mis hijos de cuatro patas, Conan, Murray, Milton, Robert y Lucas, por su amor incondicional” . (Milei, 2024) Además, los cambios en la organización de la producción y la circulación de capitales, mercancías y servicios, supone nuevas formas de la convivencia y la sociabilidad de las personas, más allá de la producción y circulación de bienes y servicios. La organización sindical, social, política y cultural sufrió cambios sustanciales en estas últimas décadas. Vale mencionar que en el momento de máxima socialización se asiste un encumbramiento del individualismo exacerbado, mediado por dispositivos electrónicos vinculados en red y que aíslan a los individuos. Algo similar destacó Karl Marx en su Introducción, destacando que “La producción realizada fuera de la sociedad por el individuo aislado –hecho excepcional, que podría sucederle a un civilizado transportado por azar a un lugar desierto, y que poseyera ya en potencia las fuerzas propias de la sociedad- es algo tan absurdo como la idea de un desarrollo del lenguaje sin la presencia de individuos viviendo y hablando juntos.” (Marx, 2008) En 2007/09 la crisis estalla y pone en debate la reorganización capitalista que aparecía triunfal ante el fin de la bipolaridad entre socialismo y capitalismo. Ese es el contexto para que una década después hace su aparición Donald Trump en la política estadounidense y las consecuencias que ello supone para un liderazgo de las derechas globales. En efecto, el acceso de Trump a la presidencia de EEUU, especialmente en su segundo mandato, acontece cuando China ya se constituyó en un proyecto que disputa la hegemonía del sistema mundial. De representar un 1% del PBI mundial, alcanza ahora el 16% y un claro predominio en la producción fabril global, en el comercio internacional y con peso creciente en las finanzas, totalizando para el 2025 19,5 billones de dólares. Por su parte, EEUU continua en el liderazgo de la economía mundial, detentando un 26% del PBI mundial, con 30,8 billones de dólares para el 2025. (Banco Mundial, 2026) La crisis del 2007/09 y luego la pandemia por el COVID19 devuelven una realidad de ralentización de la economía mundial, según pueden leerse en los informes del FMI o del BM entre muchos entes especializados en el seguimiento de la coyuntura mundial. En ese marco, en el Foro Económico Mundial, en DAVOS, se sustentó la necesidad de “resetear” el orden global bajo la propuesta del “Gran Reinicio”, o “Gran Reseteo”. (Villamuera, 2021) Como en cada crisis mundial del capitalismo, lo que opera es una reestructuración del orden capitalista, que, bajo las nuevas condiciones del conflicto social, la lucha de clases, se procese un nuevo acuerdo, un “new deal” se sostuvo a la salida de la crisis del 30 del siglo XX. En aquella ocasión aconteció la novedad de la intervención directa del Estado en la producción y circulación de bienes y servicios, recreando el ciclo de valorización del capital. En la crisis de los 60/70 y con una crítica a la “solución” intervencionista, se impulsó la “liberalización”, recuperando la categoría del libre comercio, la libre competencia, el libre cambio. Ahora, ante la crisis que se procesa desde el 2007/09 existe una búsqueda que se asienta materialmente en la innovación tecnológica, la robótica y la inteligencia artificial, que tiene a china y a EEUU en la vanguardia de la disputa por la tecnología de frontera que otorgue base material a la reorganización del sistema mundial. En ese marco, lo que tenemos es una aceleración del capitalismo delictivo, el comercio de drogas, armas y la trata de personas, junto a la especulación y la dominación del capital ficticio. Por eso la violencia y el genocidio, la guerra y la militarización, afectando el gasto social y el bienestar de la humanidad, al tiempo que se afecta a la propia naturaleza en aras del productivismo al servicio de la máxima ganancia y la acumulación capitalista. En ese contexto llego Milei a gobernar la Argentina y constituirse en abanderado del proyecto Trump en la región, el hemisferio occidental según reza la política exterior estadounidense. V – En síntesis Argentina es parte del fenómeno de avance de la ultraderecha en el sistema mundial, y el gobierno de Javier Milei evoluciona en su alineamiento con “occidente”, más precisamente con EEUU e Israel, modificando una tradición de política exterior orientada con el “no alineamiento”. Es cierto, que este camino es una profundización del rumbo asumido por la dictadura genocida en 1976/83 y los gobiernos constitucionales de la década del 90. Este presente remite a una historia de medio siglo, que incluye más de cuatro décadas de gobiernos constitucionales avalados por elecciones. El consenso electoral de los partidos políticos mayoritarios en el gobierno desde 1983 y su capacidad para subordinar a la burocracia política, sindical, intelectual, cultural y al conjunto del sistema de instituciones que definen el funcionamiento del sistema político argentino generó las condiciones de posibilidad para el acceso al gobierno de un presidente que se asume liberal “libertario”, “anarco-capitalista”, a contramano de la lógica histórica libertaria y anarquista. Es cierto que la lucha popular condicionó esos procesos y existieron momentos de límite a la ofensiva liberalizadora, pero que al no producir procesos ideológicos y políticos para transformar a fondo la situación y revertir las reaccionarias reformas que se acumulan desde 1976, no solo no se avanzó, sino que se habilitaron posibilidades para profundizar las reaccionarias políticas. Sobre esos legados estructurales remitimos al caso del régimen y legislación financiera (1977) o la sumisión a los acreedores externos por una deuda pública odiosa, ilegal o ilegitima que hipoteca al país desde el origen de la dictadura. Al no remover esos escollos “estructurales”, el acceso de las derechas al gobierno exacerba el rumbo civilizatorio local en contra de la sociedad y de la naturaleza. Javier Milei se autodefine como un “topo que viene a destruir el Estado” y sin embargo no escatima en los usos estatales, caso de la “seguridad” o represión, pero también la corrupción en los estamentos del gobierno para hacer avanzar su reaccionario proyecto político. La experiencia de esta gestión con Milei en el gobierno genera múltiples análisis, pero especialmente convoca a pensar la recreación de una estrategia popular, de los trabajadores y las trabajadoras en este tiempo de fragmentación social. No solo para revertir la masacre social que vive el país, sino para entusiasmar a la sociedad en la organización y lucha por un orden económico social alternativo, en contra y más allá de la mercantilización, la subordinación al capital concentrado y habilitar un debate para construir un proyecto asentado en las aspiraciones y necesidades de la mayoría del pueblo argentino. No se trata solo de la lucha en contra del capitalismo, el imperialismo y las nuevas formas de la colonización, sino de pensar con un horizonte de superación del orden vigente, recuperando tradiciones de la vida en común, de organización comunitaria, cooperativa, autogestionarias. Superar a Milei y a las ultraderechas contemporáneas supone ir más allá de la confrontación al régimen del capital. Se trata de pensar en un objetivo que trascienda la inmediatez electoral y se proyecte como construcción local, regional y mundial para la discusión de otro presente y futuro, de una sociedad para la satisfacción de las necesidades, a contramano del lucro, el productivismo, la devastación, y al servicio de la reproducción de la humanidad y de la naturaleza. Buenos Aires, 30 de septiembre de 2026 Bibliografía Instituto de Estadísticas y Censos, INDEC, en: https://www.indec.gob.ar/ Gambina Julio y Castiglioni Lucas. “1000 días de gobierno Milei y la incertidumbre política crece”. Informe preparado para el Centro de Estudios y Formación de la Federación Judicial Argentina, CEFJA. Buenos Aires, septiembre de 2026. INDEC b. Complejos Exportadores, primer semestre de 2026. Comercio Exterior, volumen 10, n° 14, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/complejos_08_26084E913425.pdf Ghiotto Luciana. Izquierda Diario, entrevista, en: https://www.laizquierdadiario.com/Luciana-Ghiotto-El-RIGI-crea-un-sistema-paralelo-de-justicia-para-las-corporaciones INDEC c. Estimador mensual de actividad económica. Estimación preliminar de julio de 2026, Informes técnicos. Vol. 10, nº 237, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/emae_09_26FE154D8FFE.pdf Infobae 2026. Tarifas e inflación, en: https://www.infobae.com/economia/2026/08/18/las-tarifas-de-servicios-publicos-equivalen-a-mas-del-12-del-salario-el-doble-de-lo-que-costaban-hace-dos-anos-y-medio/ Gambina Julio. Crisis del capital (2007/2013). La crisis capitalista contemporánea y el debate sobre las alternativas, en: https://fisyp.org.ar/wp-content/uploads/media/uploads/gambinacrisiscapital.pdf Leibovich Felipe. “Elecciones 2027”, Diario Perfil, 30/09/2026, en: https://www.perfil.com/noticias/politica/elecciones-2027-una-encuesta-midio-a-milei-frente-a-kicillof-cristina-y-massa.phtml Gambina Julio. “La escuela austríaca y la apología del capitalismo”, noviembre del 2021, en: https://rebelion.org/la-escuela-austriaca-y-la-apologia-del-capitalismo/ Gambina Julio. “Latinoamérica y el Caribe atrapados en la dependencia.” en: https://fisyp.org.ar/2024/12/11/latinoamerica-y-el-caribe-atrapados-en-la-dependencia-por-julio-gambina/ Milei Javier. “Capitalismo, Socialismo y la trampa neoclásica. De la teoría económica a la acción politica.” Editorial Planeta, Argentina, 2024 Marx, Karl. Introducción a la crítica de la Economía Política, 1857. Estudio introductorio de Julio Gambina. Ediciones Luxemburg, Buenos aires, 2018 Grupo Banco Mundial. “Los datos relativos a China, Estados Unidos”, en: https://datos.bancomundial.org/?locations=CN-US Villamuera Jaime. ¿Qué es el Gran Reseteo, o Gran Reinicio? En: https://elordenmundial.com/que-es-gran-reseteo-gran-reinicio/

La movilización popular definió el balotaje en Brasil

¡Qué grande Brasil! ¡La política lo puede si el pueblo lo asume! Ese fue mi primer mensaje o reacción ante el triunfo en segunda vuelta de Lula sobre Bolsonaro hijo en Brasil, ya que el dato relevante es la movilización social con más de 10 millones votos sumados a los obtenidos en primera vuelta para el candidato del PT, producto de una batalla política cuerpo a cuerpo y con colectivos sociales movilizados en la disputa electoral para revertir el resultado de la primera vuelta. Claro que quedan las mayorías parlamentarias del “bolsonarismo” y un conjunto de gobernaciones de Estados de gran peso económico y político en manos de la ultraderecha, además de un 49% de opción electoral que marca la polaridad de la política en Brasil en un marco de enormes desafíos locales y globales. Entre estos y nada menor estaba la aspiración de Donald Trump de avanzar en su política exterior de homogeneizar a los gobiernos latinoamericanos detrás de las posiciones de la política exterior estadounidense. En lo local, la agenda de demandas populares es inmensa y se manifiesta en el descontento a la política pública de los últimos años. Brasil es el país más poblado y la principal economía de la región, de ahí la relevancia del acontecimiento. Además, es protagonista importante en la agenda global por encontrar caminos de integración no subordinados a la hegemonía capitalista. Es la posibilidad de retomar rumbos de integración pensados desde la región para la independencia y la defensa soberana d elas demandas populares. No era ni es lo mismo lo mismo el triunfo de uno o de otro. La región y el mundo estaban atentos a estos resultados, en un marco de incertidumbre global de la economía y la política. El rumbo civilizatorio está en discusión y no da lo mismo un alineamiento incondicional con la ofensiva del capital, de la ultraderecha y de la política exterior imperialista estadounidense. La sucesión de próximas elecciones en Israel, en EEUU, incluso en España, entre otras, son expresión de los dilemas de la época. El acontecimiento brasileño acontece en un tiempo de desconformidad social masiva con la “política”, la de la derecha y la “progresista” limitada a la conciliación de clases y al posibilismo, en tiempos de baja de ingresos populares, salarios y jubilaciones, de pérdida de seguridad social, no solo en educación y salud, sino creciendo la precariedad laboral, la explotación y el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población, con afirmación de la discriminación de género o racial. Lo increíble es que esta ofensiva a favor de la ganancia ocurre globalmente, cuando la innovación tecnológica, especialmente la inteligencia artificial, ofrece un mensaje de optimismo que resulta contradictorio con el crecimiento de la explotación y la desigualdad. ¿Y ahora? Por eso vale destacar el freno a la ofensiva de la ultraderecha, que parecía imparable. “No todo está perdido” dice la poesía y es una verdad si la asume como proyecto una parte importante de la sociedad. Ahora empezará otra historia, y el nuevo gobierno en Brasil deberá leer adecuadamente la derrota y la crítica del resultado en primera vuelta y la inmensa movilización en el balotaje para redefinir rumbos de política interior y exterior. Son temas que ya están en debate en Brasil y en la región, pero también en el mundo, abriendo múltiples interrogantes sobre iniciativas a desplegar, nacional, regional y mundialmente. ¿Qué hacer ante el avance de las ultraderechas en sus versiones neofascistas y las faltas de propuestas de recreación de alternativas que reinstalen una perspectiva por cambios revolucionarios? La inmensa movilización popular indica que hay voluntad y posibilidad de construir rumbos alternativos. En la continuidad de ese impulso movilizador se define el dilema. O se retoma un programa de cambios favorables a la mayoría social afectada por la agenda del capital o se mantiene un ineficaz relato crítico que subordina las políticas públicas al límite de lo posible bajo la lógica capitalista en crisis. Perdió Bolsonaro, Trump, Milei y la ultraderecha en los gobiernos regionales y del mundo, habilitando nuevos debates y expectativas en la búsqueda por nuevos horizontes civilizatorios. La innovación tecnológica puede servir a solucionar problemas de nuestro tiempo si es que se incorpora en una agenda que privilegie la solución de problemas cotidianos del “vivir bien” o el “buen vivir” como demanda la consigna recreada de los pueblos originarios y la dinámica de lucha del movimiento popular. El resultado electoral de Brasil es una puerta esperanzada en la búsqueda no dogmática para recrear bajo nuevas condiciones el debate entre fascismo y socialismo.

Jubilaciones en Francia según Krugman

En una nota de Paul Krugman (PK) titulada ¿Qué le pasa a Francia? y divulgada en su blog, alude a la crítica situación del país europeo, con movilizaciones estudiantiles masivas y con suba de las tasas de interés, junto a crecientes dudas de cancelación de la deuda publica derivada de un creciente déficit fiscal. PK discute la voluntad europea de asistencia financiera del BCE ya que el país tiene “altos impuestos y su generoso estado de bienestar ofendían” las “sensibilidades conservadoras” europeas. (las negritas son mías) De ese razonamiento concluye como dudosa la asistencia financiera al país sin el enorme ajuste que se hizo en la crisis del 2010 en Grecia y otros países europeos que recibieron el salvataje del BCE, “todo lo que hiciera falta” según dijo Draghi, titular de la entidad financiera en aquella ocasión. Es una sugerencia preocupante para las organizaciones de jubiladas/os y en general para el movimiento sindical y las/os trabajadoras/es en general. La falta de recursos para la educación que motiva las movilizaciones estudiantiles estarían en el excesivo destino de recursos a las pensiones y jubilaciones. Destaca PK que la pertenencia de Francia “a la zona euro plantea la posibilidad de una crisis de deuda explosiva, y tal crisis podría ser destructiva para la unidad europea”. Jubilaciones en debate Nos interesa la nota, ya que más allá de las movilizaciones estudiantiles y la suba de las tasas y el riesgo de impago, el eje de la nota son las JUBILACIONES y el régimen previsional, veamos: “¿Cuál es el problema de Francia? Francia se encuentra en una situación fiscal insostenible. La deuda ya es muy elevada como porcentaje del PIB, y el gobierno francés la incrementa mediante grandes déficits presupuestarios, a pesar de no existir una emergencia como una guerra, una recesión grave o una pandemia que justifique dichos déficits. Además, Francia tiene una población que envejece, lo que significa que, en igualdad de condiciones, los costos de las pensiones crecerán mucho más rápido que los ingresos.” Continúa diciendo: “Ahora bien, todo lo que acabo de decir sobre la situación fiscal de Francia también es cierto para otras grandes economías avanzadas, incluyendo a Estados Unidos. Pero Francia destaca, incluso entre las naciones con problemas fiscales, en un aspecto fundamental: su persistente incapacidad para ser realista respecto a la jubilación.” El argumento destaca: “La edad oficial de jubilación en Francia —la edad a la que los trabajadores pueden percibir la pensión completa— era de tan solo 62 años en 2023. En comparación, la edad de jubilación en Dinamarca, país que los progresistas estadounidenses suelen citar como modelo de nación con una sólida red de seguridad social, era de 67 años (la misma que en Estados Unidos). La edad real promedio de jubilación, que siempre es inferior a la edad legal debido a que algunas personas optan por aceptar prestaciones reducidas, era menor en Francia que en cualquier otro lugar de Europa Occidental.” “El gobierno de centroderecha de Macron tenía previsto elevar gradualmente la edad de jubilación a 64 años, una cifra aún baja en comparación con otros países desarrollados. Sin embargo, debido a la oposición de los partidos de extrema derecha y extrema izquierda en Francia, este aumento se ha suspendido hasta después de las elecciones del próximo año. En consecuencia, la edad de jubilación se encuentra actualmente estancada en 62 años y 9 meses.” “No hace falta ser conservador para considerar insostenible la jubilación anticipada en Francia, sobre todo teniendo en cuenta que la esperanza de vida a los 65 años ronda los 87, dos años más que en Estados Unidos. Por lo tanto, la presión fiscal derivada en gran medida del generoso sistema de pensiones público francés ha provocado recortes en otros gastos, especialmente en educación. En la práctica, Francia está otorgando cuantiosas subvenciones a los mayores a costa del resto de la población. Las multitudinarias manifestaciones estudiantiles a nivel nacional no deberían sorprender a nadie.” Hemos incluido estas largas citas para evidenciar como analiza, desde el “progresismo” estadounidense, los problemas coyunturales y estructurales de Francia. El problema es, según el autor, la temprana edad de las jubilaciones y el ingreso “generoso” percibido por jubiladas/os a costa del presupuesto público, incluso razonando que existe una tendencia al envejecimiento de la población, algo que, por supuesto, no es solo patrimonio de Francia. La nota habilita un debate más amplio, sobre la nueva tendencia demográfica mundial al envejecimiento de la población. ¿Hay que aumentar la edad de jubilación o disminuirla? Es un interrogante que debe asociarse a la reducción de la jornada laboral en tiempos de fortísima innovación tecnológica. De donde saldrán los recursos dirán de manera inmediata y eso nos lleva a la discusión sobre los ingresos y egresos fiscales, es decir, quien, y como se financia el gasto público, qué gasto y para resolver que necesidades. ¿Por qué se flexibiliza la norma fiscal en favor del aumento del presupuesto militar y no orientado a la seguridad social, entre otros aspectos el régimen jubilatorio? Son interrogantes para el debate, más allá de la polémica con Krugman, quien podría decir que su escrito apunta a identificar otros problemas, pero como el argumento se centra en un enfoque difundido de insostenibilidad del sistema previsional, nos vemos inducidos a proponer otro tipo de razonamiento. La creciente productividad del trabajo desarrollada por el capitalismo, más aún con el inmenso estímulo de la innovación tecnológica actual, coloca en debate el propio orden económico social. La socialización de la producción mundial no condice con la privatización de los frutos y menos con la conciencia individualista que impregna la lógica liberalizadora contemporánea. No solo se trata de defender derechos conquistados, sino de instalar la necesidad de otro orden socio económico con eje en la satisfacción de las necesidades y en contra de la explotación, el saqueo, la guerra, el genocidio y la masacre social y natural. Buenos Aires, 8 de octubre de 2026

Las elecciones en Brasil desmienten determinaciones objetivas

En muchos debates informales o incluso en reflexiones de comentaristas mediáticos se afirma que la masacre económica en términos de ingresos populares o informalización del empleo, o el mismo desempleo y el crecimiento de la pobreza, constituyen condición suficiente para una derrota electoral de Javier Milei y sus cómplices. Se apoyan en aquello de “es la economía, estúpido”. No siempre es así, y depende mucho de las circunstancias concretas. Veamos sino Brasil, respecto de lo cual aquellos argumentadores daban cuenta del “buen trabajo” del gobierno Lula en materia económica. Es cierto que muchos brasileños discuten esa afirmación, pero en el progresismo local se sostiene una opinión favorable a la gestión económica en el gigante del cono sur. La realidad es que el descontento con la “política” en general se explica en buena parte del voto opositor en Brasil, pero también en los votos perdidos respecto de anteriores compulsas, el “blanco o nulo” e incluso en la abstención. No existe una determinación objetiva que asocie la baja de la inflación o del riesgo país para atraer el voto de la sociedad. Hay otras motivaciones, ideológicas, políticas y de percepción, incluso de manipulación vía medios y redes, de la conciencia social, de las aspiraciones y las valoraciones en cada momento histórico. Es un tema de época Asistimos a una violenta y brutal ofensiva del capital en contra del trabajo, que empezó con el terrorismo de Estado (los ´70) y se potenció a la caída del socialismo en el este de Europa y con la desarticulación de la Unión Soviética (los ´90). Basta leer los mensajes de Milei sobre el resultado electoral en la primera vuelta de Brasil: "Zurdos empobrecedores, córranse que estamos intentando darle brillo al continente" “DE MANUAL...!!! Pierde un zurdo comunista a manos de alguien de derecha y los mercados lo festejan con grandes subas. MAGA!” O en su saludo al Partido Liberal triunfante: “La Libertad Avanza en Brasil. Felicitaciones querido amigo Flávio Bolsonaro, por esta histórica elección ante el comunista de Lula. El continente americano es de ciudadanos que quieren vivir en libertad. Espero que pronto podamos empezar a trabajar juntos para que la Argentina y Brasil sigan siendo grandes socios comerciales, culturales y políticos. VIVA LA LIBERTAD CARAJO...!!” Más claro échenle agua. Todo podría discutirse. Ni Lula es comunista ni su gobierno sustentaba un programa socialista, ni estaba integrado por “zurdos”, ya que en su fórmula presidencial explicitaba una alianza con sectores de la derecha. No importa, la calificación corre y se asienta en lo que el liberal libertario denomina “batalla cultural”. Es más, candidatos ministeriales de Flávio Bolsonaro anticipan la política de ajuste fiscal cuando asuman, similar a la Argentina, aun antes de la segunda vuelta y eso no les quita votos, sino que confirman una voluntad electoral por la ultra derecha brasileña. Una campaña electoral que aume la motosierra como factor de éxito. La disputa electoral en las condiciones actuales es por la política, para lo cual instalan un diagnóstico crítico hacia un gobierno que definen de izquierda aun cuando no lo sea. Claro que a veces, la izquierda es un tema relativo a otro que está a la derecha. El tema es que la derecha instala que la izquierda es ineficiente y corrupta y escamotea la propia ineficiencia, corrupción y las acciones delictivas propias. Es un uso electoral facilitado por el accionar mediático en tiempos de digitalización. Para pensar y discutir en nuestro país La lección para nosotros en la Argentina es importante, ya que no se trata de esperar que “la gente se reconozca en la masacre económica” para otorgar el voto a la oposición, aun cuando no se pronuncie sobre lo que hará diferente. Ojo que ya pasó y hubo gobiernos para revisar/investigar/denunciar el carácter odioso e ilegal de la deuda y no se hizo. Ni se fue por la anulación o derogación sobre la legislación financiera vigentes desde 1977. Mucho menos sobre el modelo primario exportador del complejo sojero potenciado por la soja transgénica desde 1996, o el acuerdo secreto con Chevron para “resolver” el déficit energético vía fractura hidráulica en julio del 2013. No es Milei el que explica la continuidad de la subordinación a los acreedores externos y al FMI; ni es el ejecutor del boom sojero, energético o minero; todo lo cual es legado de la “democracia realmente existente” y su política económica de continuidad esencial en la lógica del nuevo poder económico emergente en este medio siglo. Argentina, Brasil y el conjunto de países de la región necesitan una respuesta alternativa, contra el régimen del capital, la ganancia y la acumulación capitalista. Por eso, más que esperar que la masacre derrame el consenso para repetir proyectos que habilitaron la llegada de Milei y sus cómplices al gobierno, lo que se requiere es una nueva representación política popular que asiente su propuesta en el descontento, la protesta y el conflicto social para encarar un proyecto de sociedad para la defensa de la vida y de la naturaleza, en contra y más allá del capitalismo. Buenos Aires, 5 de octubre de 2026

Los cambios estructurales y el imaginario colectivo a propósito de las elecciones en BRASIL

La elección brasileña confirma el momento de disputa de los imaginarios colectivos, con nuevas mayorías electorales favorables a proyectos a la derecha del arco político, funcional a la lógica de política exterior estadounidense. Remito a procesos electorales recientes en Chile, Costa Rica, Bolivia, Colombia, Perú y ahora Brasil, que aun Lula revirtiendo en segunda vuelta el resultado, la acumulación de la derecha en gobernaciones y en las cámaras legislativas consolidan un poder integrado en la institucionalidad brasileña de la derecha. Hasta ahí el fenómeno electoral reciente, pero que en términos estructurales o si se quiere, civilizatorios, nos convocan a reflexionar sobre los cambios operados en el capitalismo local y global para explicar el giro en las preferencias electorales en la mayoría de los países. Aludimos a un proceso en desarrollo, incluso de búsquedas de un rumbo epocal. Proceso porque en general, los oficialismos ceden a oposiciones que en general son transitorias, con un anhelo de cambio que va más allá de una simplificación entre derechas e izquierdas. Hace medio siglo y bajo dictaduras genocidas se impuso el rumbo liberal, “neo”, ante la recidiva de un proyecto de liberalización que debe buscarse un siglo atrás. La crítica a esos procesos instaló proyectos desarrollistas, también “neo”, buscando replicar procesos imposibles de décadas pasadas, entre los ´50 y los ´70 del siglo XX. Más allá de los procesos electorales, la revolución mexicana instaló un imaginario por la reforma agraria y, por ende, una discusión sobre la tierra, en tanto medio de producción y de vida esencial para millones de personas asociadas a una cultura de vida de tradición previa al capitalismo. Era un proceso, el mexicano en la segunda década del siglo pasado, en un tiempo en donde el horizonte socialista se instalaría con fuerza desde 1917 y más aún desde 1945, que constituyó en realidad el desafío de la revolución cubana desde 1959 y el ascenso a la presidencia de Allende en Chile de 1971. La discusión estaba entre rumbo socialista o capitalista y por eso no es menor reflexionar sobre que cambió en medio siglo. Es más, ese debate estaba mediado por una tercera posición, que, sin ser equidistante, permitía transiciones derivadas de las especificidades nacionales, contradictorias, por cierto. Javier Milei insiste toda vez que puede que el objetivo es la batalla cultural en contra del socialismo y a favor del capitalismo. ¿Qué cambió en estos años? La política de industrialización sustitutiva de importaciones, generalizada en la región latinoamericana y caribeña hacia mediados de la centuria pasada, mutó en el último cuarto del siglo pasado y se consolida en esta tercera década del siglo XXI hacia un modelo “primario exportador” en el sur de América y en una lógica “productiva de ensamble” en la región norte, especialmente para México. Ese modelo productivo impacta regresivamente en la lógica de la distribución y el desarrollo, agigantando una característica regional en la desigualdad. América latina y el caribe, sin ser el territorio de mayor pobreza mundial, si es el de mayor desigualdad. Es una situación que significa el deterioro en la “ciudadanización” de la población, que se explicita en la pérdida de derechos económicos y sociales, afectando a la “democracia” realmente existente. La marginación social está estrechamente vinculada a la precarización laboral y salarial derivada de la ofensiva del capital sobre el trabajo, al tiempo que se desplegaron políticas en contra de derechos colectivos que impactaron regresivamente en la organización social, sindical, territorial, popular. El privilegio a las exportaciones estimula la baja del costo laboral, por ende, de salarios y beneficios sociales de la mayoría trabajadora de la población, acompañado de políticas fiscales de austeridad con disminución de las asignaciones presupuestarias para atender derechos históricamente conquistados. Por eso, no solo cambió la relación entre el capital y el trabajo, sino que se orientó regresivamente la intervención estatal en beneficio de la tasa de ganancia y la acumulación capitalista, subordinando la dinámica económica al proceso de internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital. Son las condiciones de posibilidad para facilitar la dominación de la estrategia de las potencias hegemónicas, especialmente de EEUU bajo gestión Trump. Estos cambios en la relación capital trabajo, en la orientación estatal y en las relaciones internacionales, fueron facilitadas por un trabajo cultural, ideológico político, sustentado por medios y redes de comunicación, que hacen parte sustancial de la lógica capitalista contemporánea. El capitalismo no es solo “economía”, es la integralidad de la vida cotidiana, es cuerpo y alma, es un todo. ¿Es posible otro rumbo? La resistencia a esa iniciativa política que lleva medio siglo demoró la consolidación de una hegemonía de derecha para liderar un nuevo rumbo civilizatorio en la región, que como sostenemos era el propósito esencial del terrorismo estatal en los 60/70. Ahora pareciera que cosechan los frutos de un trabajo sobre la conciencia social, que algunos definen como “despolitización” y que prefiero nominar como “otra” politización, más orientada a la lógica “individualista”, precisamente en un tiempo de inmensa socialización de la producción en tiempos de digitalización e innovaciones gigantescas de la tecnología. Quizá el problema sea de “estrategia” de la iniciativa política de las clases subalternas. Una hipótesis apunta a que los objetivos críticos y de propuesta alternativas solo miran hacia atrás, queriendo replicar en el presente fórmulas que en el pasado funcionaron, o perecieron funcionar, cuando los nuevos tiempos sugieren la innovación en propuestas que trasciendan al capitalismo y entusiasmen a la población en otro orden de vida y de relación con la naturaleza. Ello supone discutir qué producir, cómo hacerlo y para quien, es decir, como distribuir socialmente el producto social del trabajo, sin afectar, además, la reproducción natural, que hoy está afectada por un productivismo que no respeta ni la vida social ni la natural. ¿Cierra Brasil las expectativas de otro mundo posible o nos convoca a nuevas formas de organización económica, social, productiva, política para soñar con el “otro mundo posible”, una consigna que emergió con fuerza en Porto Alegre en 2001? La vida sigue y cada proceso social incorpora novedades que deben servirnos para no cristalizar conclusiones “finalistas”. No hay fin de la historia, solo búsquedas que sumen los pueblos con sus tiempos, con ensayos que deben motorizar la creatividad para encontrar los caminos de una humanización contra la explotación y el saqueo, con respeto a la reproducción social y natural. Buenos Aires, 5 de octubre de 2026