EEUU e Israel desatan la guerra sobre Irán y más allá

Crecen los argumentos que detrás del poder militar de EEUU están los problemas locales y denuncias “Epstein” sobre Trump, tanto como la presión de Israel para involucrar a la primera potencia militar mundial en el ataque a Irán, como parte de una estrategia de dominación en Medio Oriente, precedida por el genocidio del pueblo palestino. Entre otros que argumentan al respecto están las afirmaciones del renunciado Director del Centro Nacional Antiterrorista estadounidense, Joe Kent al destacar que Trump asumió la decisión de atacar sin que el país islámico fuera una amenaza. El dato real es que el 28 de febrero, el ataque militar de EEUU e Israel sobre la República islámica agrava las tensiones económicas y políticas de un mundo capitalista en crisis y en reorganización. Algo ya no funciona como antes y hay que rearmar el mecanismo de la explotación y el saqueo. La/s guerra/s ocupa el lugar de última instancia como iniciativa del poder. Se trata del fenómeno de la guerra y la militarización como evidencia de la esencia de los problemas del régimen de acumulacion capitalista. La crisis se manifiesta en la brutal ofensiva en contra del trabajo desde la crisis de rentabilidad de los 60/70, agravada desde la política liberalizadora desde los 80 del siglo XX y potenciada luego del 2007/09 y la desaceleración económica, agravada en tiempos de pandemia desde el 2020. Es una dinámica asociada a la regresiva reforma estatal y a nuevos reagrupamientos globales en la disputa de EEUU con China por la hegemonía capitalista. Por su parte, la reorganización del sistema mundial se expresa en el proyecto MAGA de Trump y su equipo, que trasciende la política local para proyectarse en todo el mundo. El Foro de Davos hizo explícito el desafío al proclamar la necesidad de barajar y dar de nuevo, de resetear el capitalismo. En efecto, Marco Rubio, Secretario de Estado llevó en febrero de 2026 a Múnich un mensaje de justificación guerrerista para restablecer la dominación imperialista desde Washington. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, Rubio reivindicó el papel civilizatorio del capitalismo y la colonización europea en Nuestra América, resaltando el error de convalidación del sistema bipolar desde 1945. La lógica es que el capitalismo es la civilización occidental que mejoró a la humanidad, por lo que se sostiene su defensa de cualquier modo. El problema es cualquier alternativa, que inevitablemente conduciría al comunismo. La violencia en origen del régimen del capital se reitera en cada nueva etapa de afirmación y extensión de las relaciones capitalistas de producción y circulación. El capitalismo nace chorreando sangre dirá Karl Marx y nunca dejará de hacerlo. Con esos argumentos del Secretario de Estado se sostiene la lucha contra el comunismo y múltiples variantes que llevan a la humanidad por ese rumbo: el socialismo y las variantes reformistas de base socialdemócrata, e incluso la democracia liberal y las políticas económicas keynesianas, incluso neoclásicas. Se sostiene que el capitalismo llevó inversiones para fortalecer al comunismo, en clara alusión a China y su poder construido en las últimas cuatro décadas. Un crecimiento asociado a las inversiones de capitales transnacionales que buscaban fuerza de trabajo más barata que en el capitalismo desarrollado, una forma de contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancias. La apuesta de Trump es la reorganización del sistema mundial para afirmar el papel hegemónico de EEUU y en ese sentido, el Estado de Israel y la gestión Netanyahu constituyen su principal aliada en Medio Oriente, territorio de concentración del insumo estratégico que motoriza las confrontaciones militares, económicas y políticas especialmente desde la crisis energética estadounidense de los setenta del siglo pasado. La operación sobre Venezuela tiene el mismo sello. Petróleo, dólar y orden mundial En rigor, no solo se trata del Petróleo, sino de su comercialización bajo el dólar, los petrodólares, a partir del acuerdo de EEUU con Arabia Saudita para que la comercialización petrolera se materialice con la moneda estadounidense. Ese acuerdo funcionó por medio siglo hasta junio del 2024, habilitando el comercio petrolero en otras monedas, debilitando el peso del dólar. Todos los intentos previos por eliminar ese condicionante generaron conflictos graves en Irak, Libia e incluso Venezuela. En este país, no es tanto la apropiación de petróleo actual, sino de asegurar el mantenimiento de la producción petrolera en la esfera del dólar. Con el ataque sobre Irán se produjo un fuerte crecimiento del precio de petróleo y una importante valorización de la divisa estadounidense. El fantasma inflacionario se extiende deteriorando las condiciones de vida de las poblaciones empobrecidas. La inflación es un mecanismo regresivo en la distribución del ingreso, consolidando la desigualdad. El petróleo subió un 40% aproximadamente, de más de 60 dólares el barril antes del ataque a Irán a más de 100 dólares y con picos de 120 dólares, sin estimación de su evolución futura según sea la duración del conflicto. El cierre del estrecho de Ormuz contribuye a la incertidumbre, agravada con la respuesta de las aseguradoras que encarecen el costo de transporte. Ante la incertidumbre se produce el “vuelo hacia la calidad” de los capitales excedentes y por eso la valorización del dólar, aun cuando no recupera las perdidas acontecidas en el último año. Esta revalorización del dólar dificulta la demanda de Trump por bajar las tasas de interés en EEUU y en definitiva interviene en los límites para superar la desaceleración económica de arrastre en la potencia hegemónica. La gestión Trump pretende recomponer el papel de EEUU en el sistema capitalista mundial y para ello necesita sostener el peso de su divisa en las relaciones económicas internacionales. De ahí su política de sanciones y guerra arancelaria, más allá del fallo adverso de la Corte Suprema, ya que con esos aranceles avanzó en acuerdo de inversiones, especialmente de países del Medio Oriente en EEUU. Trump alardea con compromiso por 18 billones de dólares, destaca Paul Krugman, cuando en realidad solo son verificables una tercera parte. La columna del nobel de economía del 2008 se publicó el 18 de marzo pasado bajo el título “Donald Trump, Petropresidente”, en donde analiza los impactos económicos de la agresión a Irán, pero especialmente los lazos de corrupción y enriquecimiento entre el jefe de Estado de EEUU y las monarquías de Oriente Medio. El orden mundial se reorganizó al final de la segunda guerra bajo la bipolaridad entre capitalismo y socialismo, más allá de cualquier opinión sobre el tipo de sociedad en construcción en el este de Europa y en cualquier territorio en donde avanzara una propuesta de revolución contra el capitalismo y por el socialismo. La desarticulación de la URSS y el socialismo en el este de Europa supuso una reorganización del sistema mundial. La lógica cultural estaba abonada por el “fin de la historia” y un relanzamiento del imaginario social mayoritario a favor del mercado, generando condiciones de posibilidad para la expansión de la corriente hegemónica liberalizadora asentadas en la escuela austríaca de economía y en la de Chicago. Mises, Hayek y Friedman pasaron a hegemonizar el pensamiento y con ello se consolidó la ofensiva capitalista desde la política económica y habilitó el rápido ascenso de las ultraderechas en variados gobiernos, especialmente desde el arribo a la Casa Blanca del magnate inmobiliario en 2016 y ahora con mayor iniciativa y poder desde 2025. Pensar la alternativa Un gran desafío para la emancipación social supone este presente de guerra y amenaza de escalada bélica nuclear, que se suma a la destrucción sistemática del medio ambiente. En tiempos de fuerte innovación científica y tecnológica, se afirma la constante de progreso y devastación que devuelve la historia del orden capitalista. La respuesta en origen fue la resistencia de los pueblos colonizados y la construcción de sujetos en lucha que instalaron su sello en revoluciones que significaron y aun significan experiencias de cambio social y político. No solo es necesario hacer balance de dichas experiencias, sino de motorizar nuevas síntesis teóricas de la variedad inmensa de luchas populares en todo el planeta y generar condiciones de posibilidad para nuevas síntesis de praxis política que abran camino a una perspectiva revolucionaria en contra del capitalismo y más allá. Es larga la historia de la civilización y en ella, la del capitalismo, que continua el proceso de expansión de las relaciones monetario mercantiles, de explotación y saqueo. La crítica al régimen del capital sigue siendo un imperativo para sistematizar alternativas civilizatorias en defensa de la vida social y natural. Buenos Aires, 18 de marzo de 2026

Corrupción e inflación al alza

Los principales responsables de la gestión de gobierno, el presidente, la secretaria general, el jefe de gabinete, y varios funcionarios están con procesos judiciales por corrupción. Se trata de un gobierno que asumió con un discurso de sustento “ético” contra la corrupción en gestiones previas, por lo que puso en el centro de su mensaje la crítica a la “casta” o la profesionalización de la política. La realidad es que el gobierno funciona gracias a la incorporación masiva de la “casta” tradicional: Bullrich, Caputo, Sturzzenegger y buena parte del PRO y de la política profesional tradicional, reiterando mecanismos de corrupción. El poder corrompe y enriquece vía ilícitos a un conjunto de burócratas de distinto nivel, que a veces por tajadas menores sostienen su beneficio individual y apañan operaciones de enriquecimiento de una enorme malla de delincuencia entronizada en la jerarquía oficialista. El combate a la inflación fue el otro eje en la campaña electoral hacia la presidencia y en la gestión, ya por más de dos años. La tendencia descendente en la medición de precios, más allá de cualquier observación al método de medición por el INDEC, tuvo su punto más bajo con el 1,5% en mayo de 2025. Desde entonces, no dejó de crecer y casi duplicar el valor con el 2,9% de enero y febrero del 2026. Más aún, la medición interanual bajó hasta el 31,3% en octubre del 2025. Todo un logro sobre el 211% del 2023, influido por el 25,5% de diciembre del 2023, motivado en la mega devaluación del nuevo gobierno de Javier Milei. Desde ese registro del 31,3% en octubre, los meses siguientes iniciaron un rumbo ascendente que alcanza el 33,1% para febrero. Consultoras internacionales y locales, en el marco de la incertidumbre mundial de guerra y suba de los precios del petróleo vaticinan dificultades para retomar el ritmo descendente de los precios. Ambas banderas, el combate a la corrupción y a la inflación permitieron acrecentar el consenso social de una parte importante de la sociedad para los triunfos electorales del 2023 en segunda vuelta, y del medio término en 2025, base de sustento para el objetivo por la reelección en 2027. ¿Afecta ese consenso la creciente visibilizarían de la corrupción gubernamental y del alza de los precios por razones locales y globales? Los niveles de insatisfacción oscilan entre el 60 y el 65%, contra respaldos del 35 al 40% de un núcleo duro de apoyo político ideológico. El problema es la ausencia de un imaginario social expresado en una propuesta política alternativa. Una propuesta que induzca otro rumbo para el país en las condiciones actuales de ofensiva capitalista de la ultraderecha en el desarrollo capitalista mundial. En efecto, en el mundo crecen las propuestas de la ultraderecha, como réplica a las insuficiencias de la economía y la política contemporánea, las que remitían al imaginario bipolar del objetivo socialista y del capitalismo del Estado benefactor, una dualidad de propuestas que expresaban la confrontación entre socialismo y capitalismo entre 1945 y 1989/91. El derrumbe del socialismo en el este de Europa y las crisis de la socialdemocracia, con las secuelas de crecientes insatisfacciones habilitaron el avance de las ultraderechas. Hace un siglo y ante la crisis económica, social y política emergió el fascismo y el nazismo, contribuyendo al desastre humanitario de la guerra mundial. La realidad nos hace pensar en el retorno de viejos fantasmas bajo nuevas condiciones. Las transformaciones en el capitalismo se presentan en la flexibilización del trabajo y el crecimiento del empleo irregular, sin acceso a seguridad social; del mismo modo que aumenta el gasto estatal “improductivo” en seguridad y defensa, para reprimir protestas sociales y con fines de guerra, afectando el gasto público social; y se reorganizan las relaciones internacionales en tiempo de crisis del orden mundial surgido en 1945. A la vanguardia de esa reorganización está EEUU en su confrontación con China. Se disputa la hegemonía del sistema mundial. Beiging está ganando la batalla de la producción y la circulación, mientras desde Washington se sostiene la dominación mundial financiera sustentada en el dólar y muy especialmente la capacidad militar desplegada en todo el planeta, con el mayor presupuesto militar, muy lejos. Argentina se sumó sin beneficio de inventario ni reservas a la política estadounidense. Las consecuencias se hacen sentir, especialmente pr el impacto d ela inflación mundial. No alcanza con el descontento social por la suba de precios e ingresos populares, salarios y jubilaciones que corren de atrás; ni con el descrédito del oficialismo por las prácticas corruptas de sus referentes. El problema es cómo ganar una mayoría sociopolítica consciente para otro rumbo de país, que privilegie un modelo productivo y de desarrollo que satisfaga la demanda de alimentación, salud, educación para el conjunto de la población, reorganizando estructuralmente el orden económico social con base en la solidaridad y la cooperación, el trabajo de autogestión o bajo formas cooperativas y comunitarios. El centro debe estar en “resolver” necesidades populares y no en la lógica de la ganancia y la acumulación capitalista. La coyuntura local y muy especialmente la mundial, nos convoca a pensar estratégicamente la crítica al presente para construir otra posibilidad de organización socioeconómica sin reproducir lógicas impugnadas que se sustentan en el lucro. Buenos Aires, 17 de marzo de 2026

Argentina en venta

La guerra es una calamidad social que se manifiesta en muertes y devastación de infraestructura y condiciones de vidas, en Gaza o en Teherán, al mismo tiempo que aumentan los precios de las commodities, especialmente el petróleo y las materias primas asociadas a los alimentos, y con ellos, la inflación como mecanismo regresivo de la distribución del ingreso. Por su parte, el belicismo incrementa el gasto militar mundial y disputa los usos sociales de los recursos públicos. Más inflación y presupuesto bélico está vinculado al endeudamiento público y privado, potenciando las tendencias especulativas del objetivo capitalista por la rentabilidad. Resulta entristecedor observar como los grandes capitales y los gobernantes que los representan se frotan las manos pensando en jugosos ingresos, ganancias e incremento de una dinámica propia de acumulación y de poder. Muerte, destrucción, junto a las ganancias y la acumulación son elementos esenciales del escenario de guerra. La violencia está en el origen y en la continuidad del orden capitalista. No hay novedad, es una constante y convoca a frenarlo y revertirlo. Una feria para las inversiones en Nueva York En ese marco y con el crecimiento de la producción y exportación de energía, la Argentina presenta en Nueva York su feria para futuras inversiones: “Argentina Week”. A la ciudad neoyorkina se trasladó la cabeza del ejecutivo nacional para ofertar al país, especialmente la disponibilidad de bienes comunes. La expectativa son inversiones mineras, energéticas, agro ganaderas y del sector de la economía del conocimiento, potenciando la alianza con el capital financiero mundial. Las inversiones buscadas constituyen la salvación de la política oficialista, especialmente ante la caída del consumo. El gobierno sabe que el crecimiento económico tiene su debilidad en la caída de la producción industrial, del comercio y la construcción, sectores preponderantes al momento de definir el empleo. Ante el cierre de empresas y el desempleo creciente, la alternativa de empleo es informal, sin registración ni seguridad social. Por eso hay necesidad de radicar inversiones externas que aumenten la producción y la exportación, asegurando ingresos de divisas que puedan resolver el cumplimiento de importantes vencimientos de deuda. Hasta ahora, el ingreso de divisas provenía de las ventas del complejo sojero y agro-ganadero más el endeudamiento y la especulación financiera. Ahora aparece como novedad el sector minero, el energético y el de la economía del conocimiento. El sector energético fue superavitario en 2025, con exportaciones por 11.000 millones de dólares e importaciones, especialmente combustible, por un poco más de 3.000 millones aproximadamente. Con el crecimiento del precio internacional del petróleo y el gas por el ataque militar sobre Irán, el gobierno liberal libertario especula con atraer inversores hacia el modelo productivo imaginado: agro-negocio de exportación, minería, energía, economía del conocimiento y finanzas. Piensan en potenciar las inversiones externas, especialmente cuando el consumo aparece debilitado por ingresos populares, salarios y jubilaciones, disminuidos. Pero también es floja la inversión local. Necesitan compensar la baja del consumo con el aumento de la inversión. Shock externo e inflación Claro que el shock externo incrementa la inflación internacional y tendrá impacto en el país, cuando el privilegio de la política pública es la reducción de la inflación a cualquier costo. No hay confianza en la perspectiva económica local, pese al crecimiento de la macroeconomía del 4,4% para el pasado año y cifras un poco menores previstas para este 2026. Una desconfianza que explica la reticencia a la baja del riesgo país, aun con la data de crecimiento señalada. El shock externo genera incertidumbre global y los capitales excedentes buscan mercados seguros, alejándose de las cuantiosas ofertas de rentabilidad que ofrece la economía de la Argentina. Milei sostiene que solo unos pocos sectores no resultan competitivos, curiosamente, esos que son definitorios en la creación y difusión del empleo y parte sustancial del ingreso popular, o sea, de la población trabajadora. Son sectores que activan el consumo y la inversión de sectores empresarios pequeños y mediados vinculados a la capacidad de ingreso de la mayoría social. No es el objetivo de la política pública. Desde el gobierno se demanda el ingreso de divisas, necesario para atender vencimientos y aumentar reservas internacionales, según compromiso con los acreedores externos, especialmente el FMI. Esas compras de divisas provenientes del superávit comercial o de préstamos supone emisión monetaria, la que debe ser esterilizada con nueva deuda vía emisión de bonos públicos. La no emisión es un condicionante de la ideología gubernamental, por lo que la contrapartida es la emisión de deuda pública. En definitiva, una rueda interminable de vencimientos a corto y mediano plazo, compitiendo con el gasto social, por lo que el horizonte es de mayor ajuste sobre el gasto público social. Según anuncia el gobierno, este 2026 incorporará 10.000 millones de dólares a las reservas, lo que supone emisión y esterilización con nuevos bonos (deuda pública) por ese volumen. Como la decisión es no emitir, lo que existe es una baja liquidez y ante la demanda de dinero ocurre una suba de las tasas de interés, complicando aún más la reactivación económica, y agudizando el problema de la mora crediticia. Resulta así una rueda sin fin de caída de la producción, del ingreso popular y del consumo, con más ajuste y endeudamiento. La generalización de la miseria impone la necesaria reversión de esta realidad de concentración del ingreso y de la riqueza. Buenos Aires, 9 de marzo de 2026

La apuesta libertaria por la competitividad

La lógica del gobierno es que las empresas no competitivas cierran y habilitan un nuevo ciclo de expansión empresaria sobre la base de innovación tecnológica y condiciones macroeconómicas para favorecer la competitividad. Esas condiciones macroeconómicas serían las que ofrece la política económica gubernamental: equilibrio fiscal, no emisión monetaria y estabilidad cambiaria, reforma laboral y la institucionalización del libre comercio, especialmente con Europa y EEUU; el resto lo aporta el sector privado. Preguntado por el cierre de empresas, Luis Caputo, el ministro de economía responde: “Mirá, cierran y abren”, “hay gente que está aprovechando el cambio, que cree, que ve, que confía y que entiende que este es momento de invertir. Estamos en un esquema diferente, en el que va a haber un reacomodamiento de empresas y de algunas industrias. Algunas serán más competitivas y otras menos, y dentro de una misma industria ocurrirá lo mismo: habrá empresas más competitivas y otras que no lo sean tanto. Eso es lo normal y no hay que desgarrarse las vestiduras”. A su vez, un consejo a los obreros despedidos, de parte de consultores y profesionales apunta a la búsqueda de nuevos empleos o emprendimientos, aun a costa de perder ingresos y seguridad social. La idea es que empresarios/as o trabajadores/as deben buscar por su cuenta un lugar en el nuevo orden que imaginan los liberales libertarios para la Argentina en construcción. ¿Destrucción creativa? En esa concepción imaginan un inmenso desembarco de inversiones externas en sectores definidos para la acumulación capitalista local: el agro-negocio de exportación, la minería y la energía, junto a las finanzas y el sector de la innovación tecnológica de época, la inteligencia artificial vía inversiones en centro de datos. La lógica teórica nos lleva a la “destrucción creativa”, concepto difundido por Joseph Schumpeter de los años 40 del siglo pasado para definir la dinámica de la innovación en el capitalismo. Una categoría desplegada en tiempos de crecimiento importante de la economía mundial. En octubre del 2025, se les otorgó el Nobel de Economía, premio del Banco de Suecia, a Philippe Aghion y Peter Howitt por “la teoría del crecimiento sostenido a través de la destrucción creativa”, quienes compartieron el premio con Joel Mokyr por sus aportes a como el progreso tecnológico impulsa el crecimiento continuo. La “destrucción creativa” está de moda en tiempos de crisis capitalista, manifestada como tendencia a la ralentización económica. En efecto, según variados análisis, la economía mundial no crece al ritmo previo al 2007/09 y encima, todo se agravó con la pandemia desde el 2020 y la extensión de guerras localizadas que se amplían desde el conflicto Rusia-Ucrania desde hace 4 años. Es una situación que se agrava con el ataque de Israel y EEUU sobre Irán y que impacta en toda la región del medio oriente y amenaza a extenderse. Los cambios en el sistema mundial afectan la producción y circulación del capital en el ámbito mundial, ralentizando la producción y el comercio global, a contramano de la lógica de mundialización desde la salida de la crisis de rentabilidad de los 60/70 hasta las iniciativas (MAGA) de la gestión Trump desde 2016, agudizadas en su segundo gobierno desde 2025. Pensar en alternativas A propósito del tema, Michael Roberts señala en una nota reciente y para la economía británica, donde cierran empresas y crece el desempleo, sin creación de nuevas empresas, que: "Existe una alternativa a la «destrucción creativa», diseñada únicamente para impulsar la rentabilidad del sector capitalista. Se trata de un aumento masivo de la inversión pública mediante la propiedad pública de los bancos y las industrias estratégicas en un plan nacional de inversión en tecnología, educación, sanidad, vivienda, transporte y comunicaciones." Resulta interesante la reflexión del marxista británico para pensar en los desafíos para la Argentina, a contrapelo de la opinión del ministro de economía Caputo, ya que el plan en función en la Argentina tiene como principal consecuencia del ajuste fiscal la baja de la “obra pública” como parte de ajuste en el gasto público social. El rubro “obra pública” supuso resignar inversiones/gasto por 28,8 billones de pesos, que junto a otros “ahorros” por la austeridad y el ajuste en planes sociales (19,8 billones), jubilaciones (19,1 billones), salarios estatales (12 billones), subsidios a la energía (11,7 billones) y Educación (8 billones), entre otros. Son los rubros más destacados de un informe de los investigadores rosarinos de MATE (https://mateconomia.com.ar/) en el que aluden al “ahorró” en el Estado desde que gobierno Milei por 116 billones de pesos, un equivalente aproximado de 82.500 millones de dólares al tipo de cambio oficial. Pensar en alternativa al “modelo” liberal libertario supone construir una mayoría política por desandar el camino de la “destrucción” de estos años, no asumir la lógica monetarista y liberalizadora y promover el programa “creativo” que está en las demandas populares para la “reorganización económica de la sociedad” y satisfacer las necesidades en base al trabajo asociado, auto-gestionado, comunitario, no lucrativo. Es parte de la urgente batalla cultural contra la ofensiva del capital y la ultraderecha local y mundial. Buenos Aires, 3 de marzo de 2026

Inauguración del año parlamentario. Un show electoral de Milei

Inauguró Javier Milei, el pasado 1 de marzo, las sesiones ordinarias del Congreso. Fue una “puesta en escena”, cual show mediático, dirigido a su público. El escenario fue la Asamblea Parlamentaria, pero al trasmitirse por cadena nacional, el público era el electorado, por lo que se asistió al lanzamiento de la campaña para la renovación presidencial del 2027. Si ese formato agresivo le había dado resultado … ¿por qué no reiterarlo?, aun cuando había manifestado hace poco que dejaría atrás los insultos y groserías. Milei es pragmático y el estilo “show” disimula precisiones, por eso, habla de crecimiento económico al tiempo que escatima el tipo de crecimiento y oculta el decrecimiento. Del mismo modo habla de la corrupción ajena y esconde la propia. Lo que crece no amplia el empleo El INDEC, destaca que, a diciembre del 2025, último dato disponible, el crecimiento remite a la actividad agropecuaria, del sector financiero, la minería, la energía y la pesca, con escaso impacto en la contratación de la fuerza de trabajo. Por el contrario, se destaca la caída del comercio, minorista y mayorista, de la construcción y la industria manufacturera, dos grandes sectores generadores de empleo. Fueron más de 21.000 las empresas cerradas bajo la gestión Milei, y una cifra similar de kioscos que ya no existen. En empleos perdidos, más los cesantes estatales, ya alcanzan 320.000 puestos de trabajo, algunos de los cuales acrecientan el empleo “irregular”, sin seguridad social. La cuestión de fondo remite al ajuste regresivo en los ingresos de la mayoría de la población. Los ingresos por salario y jubilaciones no alcanzan a la evolución de los precios (inflación), aun cuando el “showman” a cargo del poder ejecutivo dice que esos ingresos han mejorado. Además, lo más serio es que se anuncia que lo que viene es más de lo mismo, que se espera que el crecimiento siga en esos sectores, más aquellos asociados a la innovación tecnológica. Por eso aludió al frío patagónico como territorio de desembarco de inversiones en centros de datos. En rigor, son anuncios de inversiones que vendrían por las facilidades del RIGI. Faltan aún las efectividades conducentes de los inversores externos, nada menos que en tiempos de incertidumbre global y de “vuelo hacia la calidad” de los capitales excedentes, o sea: el dólar y el mercado estadounidense, no un país cuyo riesgo se resiste a disminuir. Libertad de comercio y reforma tributaria La orientación productiva en curso y los límites a la materialización de las inversiones pone en duda la perspectiva del crecimiento anunciado. Por otra parte, se anuncian las continuidades de las reformas estructurales, con más libertad de comercio y reformas tributarias. Sobre las primeras, la apertura comercial, vale mencionar los límites estructurales que se imponen en el mercado mundial, sanciones unilaterales mediante, que dificultan el comercio global. Además, que ello supone el estímulo a la producción externa en desmedro de la local. Sobre las segundas, las reformas impositivas, señalemos que la baja en el consumo popular, por impacto de ingresos disminuidos de la mayoría de la sociedad, el horizonte es de merma en la recaudación. Más aún, en el informe de recaudación de ARCA, a enero 2026, se destaca que los impuestos son el 58% de la recaudación fiscal, la seguridad social captura un 36,50% y la Aduana un 5,50% y dentro de los impuestos, el IVA capta el 53% y Ganancias el 28%, totalizando entre ambos un 81%. La merma en el consumo por continuidad del cierre de empresas ante la continuidad de la apertura importadora, y la tendencia a menores ingresos populares, salarios y jubilaciones, supone una perspectiva crítica en la evolución económica futura y la capacidad recaudadora del fisco. Entre tantas diatribas del discurso presidencial, se colaron mensajes de baja de impuestos que suenan agradables a los votantes libertarios, incluso con el énfasis relativo a “destruir” el Estado. Con menor recaudación, no quedará otra que mayor ajuste fiscal. Para otra política Lo que hace falta es una nueva representación política popular, que renueve el horizonte político en el país. Las viejas tradiciones políticas necesitan ser recreadas o superadas desde una nueva síntesis, que recoja las tradiciones, pero resignificadas ante los desafíos de nuestro tiempo. Esos imaginarios que dieron origen a las tradiciones históricas han mutado al compás de los cambios en el capitalismo global, con precariedad laboral devenida de la ofensiva del capital sobre el trabajo. Habrá que recrear un imaginario en contra y más allá del orden monetario mercantil del régimen del capital, lo que invita a un cambio cultural hacia lo solidario, la autogestión y lo comunitario. Un verdadero cambio cultural, alejado de la batalla en enuncia el liberal libertario a cargo del poder ejecutivo en Argentina. Buenos Aires, 2 de marzo de 2026