Pacto de mayo para el ajuste

El gobierno de Javier Milei convocó al Pacto que finalmente se suscribió un 9 de julio, día en que se conmemora la “independencia” de la Argentina . Lo destacamos, porque el pacto suscripto por la mayoría de los gobernadores supone un momento más de subordinación a la lógica del capital transnacional y a contramano de todo proyecto por la independencia. Es un rumbo asumido con el decreto desregulador de diciembre pasado, el 70/23, la ley de “Bases…” y el conjunto de la política libertaria que potencia el rumbo inaugurado en la dictadura genocida, en los noventa del siglo pasado y recientemente bajo la gestión de Mauricio Macri. Los sujetos políticos involucrados en el “Pacto de mayo” (de julio) son los mismos que hegemonizan los poderes del Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, quienes subordinan recurrentemente la política al condicionante de la deuda y muy especialmente al gerente de la misma, el FMI. Una deuda que crece desde la dictadura, para disciplinar a la sociedad local a las demandas del capitalismo mundial, por eso, reiteradamente, cada turno constitucional de gobierno re-negocia la deuda para profundizar la dependencia y la subordinación a la lógica de la ganancia. Si a fin del 2001 la deuda alcanzaba los 144.000 millones de dólares, a finales del gobierno de Cristina Fernández en 2015 ascendió a más de 240.000 millones. A fines del macrismo, en 2019, superó los 323.000 millones de la moneda estadunidense, elevándose al final del mandato de Alberto Fernández a más de 370.000 millones. En el primer trimestre del 2024, bajo gobierno Milei, la deuda alcanza a más de 403.000 millones de dólares. Por eso no sorprende, que, junto a las enormes pérdidas de ingresos populares por el ajuste gubernamental, las principales empresas del país registran superlativas ganancias. Pese al ajuste y a la recesión, crecen las ganancias de la cúpula empresarial, expresión palmaria de la transferencia de ingresos que impone la perdida de salarios e ingresos previsionales hacia los sectores más concentrados del capital. La actividad económica puede decrecer, pero, aun así, el sector concentrado de la economía ejerce su poder para generar una transferencia gigantesca de recursos desde la mayoría empobrecido en su beneficio. El “ajuste” es una política funcional a la burguesía concentrada y aun cuando los modales de Milei parece preocupar a ciertos sectores del poder, utilizan el consenso logrado por el libertario para consolidar la transferencia de ingresos y generar reformas estructurales que consoliden un rumbo favorable a las ganancias y a la acumulación capitalista. El programa del Pacto en un decálogo Ahí está la esencia del decálogo del “Pacto”, presidido por la máxima del principio de “inviolabilidad de la propiedad privada”, omitiendo que en origen está la violencia del genocidio a los pueblos originarios en la campaña militar de Roca en 1880. La sacrosanta propiedad privada de los principales medios de producción en el país explica esa acumulación de ganancias de los principales grupos empresarios, de capital externo y local, que antes mencionamos. Se firma el “Pacto” para el compromiso de continuar y profundizar la subordinación a la lógica de la ganancia de ese reducido grupo de la elite empresarial. El programa del Pacto generaliza el ajuste y compromete a los gobernadores para ese fin, emulando los despidos nacionales. Ese es el mandato del Pacto para hacer realidad el equilibrio fiscal y la disminución del gasto público al 25% del PIB. Es la base para una mayor regresividad tributaria en el programa de reforma impositiva, consolidando un rumbo fiscal favorable a la rentabilidad del capital. Por eso, y bajo ese espíritu es que sostienen una reforma laboral que consolide la impunidad patronal; y una reforma previsional que solo contemple a quienes aportaron oportunamente, dejando de lado las aspiraciones de millones de trabajadoras y trabajadores a quienes no se les hicieron aportes por irregularidad empresarial en el empleo. El modelo productivo se consolida en el Pacto impulsando que las provincias faciliten la explotación de los bienes comunes de sus territorios, sea el litio, el agua, el cobre o el oro, los hidrocarburos o la tierra, demandados por el capital transnacional, aún a costa de la devastación que supone el uso de tecnologías que afectan al ambiente y a la población asentada en esos territorios. Todo dicho en aras de favorecer la apertura y el libre comercio, ratificando una forma de inserción mundial dependiente y proveedora de bienes comunes no reproducibles. Para manifestar voluntad de diálogo se incluyó un punto relativo a la “educación” “primaria y secundaria”, “útil y moderna”, excluyendo toda mención al “derecho a la educación”, patrimonio de la cultura histórica de la lucha social local, que remite a la temprana alfabetización e incluso a la reforma universitaria de proyección regional y mundial. El “Pacto” es parte de la institucionalidad consensuada para una reforma reaccionaria de la Argentina. La sociedad afectada por la política oficial está desafiada a construir nuevos imaginarios culturales y políticos que se asienten en la solidaridad, la autogestión y la cooperación no lucrativa, para satisfacer derechos sociales y al tiempo que cuida a los bienes comunes reproduce la naturaleza para la actual y futura generación. Se trata de un programa político alternativo, de contenido anticapitalista, que pueda construir un gran consenso popular para la transformación social, empezando por la “anulación” de las reaccionarias reformas del gobierno Milei. Desde ahí se podrá construir la nueva realidad que satisfaga las demandas y necesidades insatisfechas de la población explotada y empobrecida por el régimen del capital. Buenos Aires, 11 de Julio de 2024

El pueblo francés y el rumbo de la sociedad

Las recientes legislativas francesas del 7 de julio le dieron el triunfo a la izquierda en unidad, y frenaron las expectativas a la extrema derecha por constituirse, no solo en primera minoría parlamentaria, sino en colocarse en posibilidad de gobernar a Francia. Es un fenómeno interesante porque trasciende lo nacional francés, incluso europeo e interviene en un debate global sobre qué rumbo para la sociedad en tiempos de crisis, económica, ambiental, con peligro de guerra nuclear. Se trata de horizontes para la civilización contemporánea, que como hace un siglo remite a opciones autoritarias sustentadas en propuestas demagógicas, de liberalización económica, exaltación del racismo y la discriminación, las que desembocaron en la masacre de las guerras entre 1914 y 1945. La alternativa, claro, apunta a un nuevo orden económico, social, cultural, sustentado en la cooperación, la solidaridad y emancipación social. En aquellos debates de hace un siglo y con mucho dolor derivado de las guerras emergió un tiempo de coexistencia entre las naciones, la bipolaridad, no exenta de la continuidad de una violencia, característica esencial del orden capitalista, nacido con esclavización y racialización de la población africana o el genocidio indígena en territorio americano. Los noventa del siglo pasado dieron por terminado ese tiempo bipolar y el reinicio de una ofensiva de violencia por difundir las relaciones de explotación capitalista en el ámbito mundial. El fin de la contradicción entre socialismo y capitalismo no trajo la “paz”, sino la extensión de conflictos armados y nuevas formas de agresión criminal contra la sociedad y la naturaleza, sea la trata de personas, el negocio clandestino de las armas o las drogas, la especulación, la fuga de capitales o la evasión y elusión fiscal vía paraísos. Aludimos al marco histórico concreto para explicar el avance del ideario de las ultras derechas, puesto de manifiesto con Trump desde 2016 en EEUU, o con Bolsonaro en Brasil, el acceso al gobierno italiano de Meloni, o de Javier Milei en la Argentina. Un proceso matizado que en la región latinoamericana se evidencia en el gobierno de El Salvador o de Ecuador, de Paraguay o de Uruguay. En todos los casos, son respuestas a la crisis y a las insatisfacciones sociales del orden existente que se manifiesta en creciente desigualdad de ingresos y patrimonios, inseguridad social derivada de flexibilizaciones salariales y laborales que impactan regresivamente en la calidad de vida de la mayoría de la población que vive de la venta de la fuerza de trabajo. Francia no es ajena al fenómeno que describimos y por eso sorprendieron las movilizaciones de los “chalecos amarillos”, las protestas de las barriadas de Paris y otros territorios franceses ante la discriminación a inmigrantes y sus descendientes, y muy especialmente a las recientes movilizaciones en contra de la regresiva reforma previsional del gobierno de derecha de Macron. El triunfo de la derecha en las legislativas europeas, motivo de la disolución de la Asamblea legislativa y convocatoria a elecciones en Francia, supuso una convulsión política que arrastró al 66% del electorado a las urnas para evitar el triunfo de la coalición liderada por la ultra derechista Marine Le Pen. La hegemonía radicalizada de la unidad Se frenaron las aspiraciones de la ultra derecha del Reagrupamiento Nacional (RN) y su programa xenófobo contra los inmigrantes, pero desde un reagrupamiento de socialistas, comunistas, verdes, trotskistas, liderados por la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. No se trata de una unidad corrida al “centro” para frenar a la derecha, si no que en base a las movilizaciones populares y al activismo militante en el movimiento social, sindical e intelectual, una fuerza de izquierda promovió una amplia unidad para derrotar las aspiraciones ultraderechistas. El resultado electoral puede no alcanzar para formar gobierno en Francia, es lo que se discute en estas horas, pero genera condiciones políticas de una subjetividad que actúa en el debate europeo y global sobre el rumbo civilizatorio contemporáneo. Resulta interesante el programa del Nuevo Frente Popular, que incluye recomposición del salario mínimo, gravar a las grandes fortunas, mejoras en el presupuesto de los servicios públicos, y muy especialmente anular la reforma jubilatoria de Macron. Es un programa que fundamentará las luchas del próximo tiempo en Francia y en Europa, más allá de cualquier negociación de gobernabilidad que intente Macron para desarmar la unidad de las izquierdas galas. Considerar lo ocurrido en Francia es importante, pero precisando la hegemonía radicalizada en la coalición, que supone matices a lo ocurrido en las elecciones inglesas, con hegemonía del “centro” y su voluntad pro OTAN. Es un comentario para quienes privilegian cualquier unidad para derrotar al mal menor. Francia marca el camino de las luchas y organización popular con rumbo anticapitalista y antimperialista, con capacidad de ampliar la unidad, no solo de acción, sino política para un proyecto alternativo. Se frenó a la derecha, pero no desde cualquier lugar, lo que nos convoca a pensar en la necesaria acumulación de poder popular con una perspectiva más allá de derrotar a la ultraderecha, es decir, con un horizonte crítico y de superación del régimen del capital. Buenos Aires, 8 de julio de 2024

Milei y la disputa por el poder en el capitalismo local

Milei constituyó una sorpresa política en la Ciudad de Buenos Aires en 2021 tras su elección como Diputado Nacional, y luego lo fue en 2023 con su acceso a la presidencia de la Nación. Su objetivo es seguir creciendo en volumen institucional de cara al 2025 y 2027 para la reelección y otra correlación de fuerza política en los poderes del Estado. ¿Es Milei un fenómeno de afuera de la política o producto de la política de reestructuración regresiva del capitalismo local por cuatro décadas? La sociedad cambió profundamente desde la aplicación de reformas regresivas sucesivas aplicadas desde 1976. Son cambios en la estructura del poder y la dominación, pero también en el amplio espectro de los explotados y subordinados. El poder económico consolidó la asociación transnacional del capital más concentrado localmente y así se procesó la subordinación a una lógica de internacionalización de la producción y transnacionalización del capital. El eje primario exportador más especulación, poder financiero y fuga del excedente para constituir activos externos y condicionar al conjunto de la política económica vía deuda resultó el mecanismo de profundización de la dependencia local. La consecuencia de ese proceso resultó en empobrecimiento estructural de la población y fragmentación de la fuerza laboral, con desempleo y subempleo en alza, en condiciones de flexibilización salarial y laboral, extendiendo la irregularidad en el empleo, alejando a millones de trabajadores y trabajadoras junto a sus familias de la seguridad social. El salto es del 3 o 4% de pobreza en la previa a la dictadura genocida a los elevadísimos registros actuales de pobreza e indigencia; o de una tendencia a la regularidad en el empleo y la sindicalización, a la extensión de la irregularidad derivada de la impunidad empresaria y la pérdida de mecanismos de defensa de las trabajadoras y trabajadores. La ley de Bases avanza en ese camino de reaccionaria reforma laboral. La masa social excluida del empleo regular y por ende de la seguridad social define los cambios profundos que explican la extensión del capitalismo criminal en el país, sea la droga, las armas o la trata de personas. Junto a ese proceso, la difusión de la tecnología de la comunicación, las redes y los nuevos dispositivos, son el caldo de cultivo para la emergencia política del personaje “presidente”. Milei constituye una incógnita de la política contemporánea y así como existe el horizonte de crecimiento y reelección, la moneda en el aire también señala un rumbo de fracaso inminente. “Nunca puede ganar ya que no tiene estructura y es apenas una expresión municipal” se decía en plena campaña electoral. “No tiene poder institucional, apenas el 10% de los senadores y el 15% de los diputados; ni gobernadores, ni intendentes, ni partido, ni cuadros para la gestión”, se sostuvo luego de asumido en diciembre pasado. A seis meses de inicio de la gestión se sostiene con un “decreto”, resistido en las calles, impugnado en una cámara y restringido por el poder judicial, pero funcionando para la desregulación y la liberalización. Además, una ley de Bases que le otorga “facultades especiales”, instrumentos para la reforma del Estado, las privatizaciones y la desregulación, más un Régimen de Incentivos a la Inversiones Externas, el RIGI, como un “dulce” para inversores ávidos por la explotación de los importantes bienes comunes en el país, especialmente el litio, el cobre, el oro, los hidrocarburos y los productos de la tierra en su conjunto. Es cierto que la resistencia a la política del gobierno es elevada, con dos paros generales y múltiples acciones de protesta de organizaciones sindicales, populares, que se reagrupan en multisectoriales o asambleas que discuten programas y formas de confrontación, mientras atinan a esbozar un proyecto político alternativo, la gran ausencia del momento político actual. Pulseada a dos puntas El gobierno está en pleno despliegue de una pulseada a dos puntas, en contra de los proyectos desde abajo, pero también orientado hacia los de arriba, los que definen el modelo de acumulación y reproducción del capital local, incluso con aspiraciones de intervenir en proceso global de un capitalismo mundial en crisis. Por un lado, asentado en el consenso social, primero electoral y ahora sustentado en la confianza de una estrategia en contra de la “política tradicional” en el país, lo que Milei define como “casta”, la pulseada es en contra de todo sustento político a una intervención estatal imaginada para la distribución progresiva del ingreso y de la riqueza, un imaginario muy fuerte instalado entre 1945 y 1975. Se propone disciplinar el poder sindical y social de trabajadoras y trabajadores construido desde fines del Siglo XIX, si puede con consenso y si no con represión, por ende, con “protocolo anti piquete”, detenciones e incluso despidos y amenazas de cesantías para instalar miedo. Desde otro ángulo, la disputa es con el poder real y sus representaciones ideológicas, intelectuales, comunicacionales y políticas. Por eso se pelea con todos y gobierna con improperios, incluso a variados compañeros de ruta reciente. La crítica es a connotados profesionales de la economía liberal, considerados “fracasados”, caso emblemático del efímero ministro Ricardo López Murphy, o quienes no llegaron a la función ministerial, caso de Carlos Melconian. En ese camino se inscriben casi todos los “consultados” por la hegemonía comunicacional del país, generando asombro en la cultura dominante. Son expresiones intelectuales de parte importante del poder construido en estos años y sus ideas se reproducen para generar sentido de lo que hay que hacer. Por eso, la crítica involucra a periodistas “ensobrados” que difunden ese ideario y que, de inducir la liberalización de la economía, se constituyen en objetores de la personalidad agresiva de Milei. Claro que en la base de esas “opiniones o ideas” está el poder real, al que Milei se cuida de atacar y si bien alude a los “empresarios prebendarlos” de la política de intervención estatal, también los califica de “héroes”, especialmente por sus acciones de evasión o elusión fiscal, incluso de la fuga de capitales, que según Milei, son expresión de las restricciones al libre movimiento de capitales y a las decisiones obstruccionistas de la libertad de comercio, de competencia o de cambio. El sujeto del proyecto Milei es el empresario, especialmente el exitoso en términos de mercado, el monopolio, y por lo tanto su mensaje hacia allí se orienta y descalifica las recetas de otros profesionales a ellos vinculados. Está convencido que su lógica libertaria es la necesaria para la solución a la crisis de la Argentina y del capitalismo en general. Nunca aparece en su mensaje el interés del trabajador o trabajadora, salvo como apéndice del capital y la libertad de mercado. Milei pretende liderar a la clase dominante local, en tanto es hijo de ella y considera ser el portador de un proyecto intelectual para refundar el país en el camino de los primeros fundadores, que emblemáticamente expresan Juan Bautista Alberdi y Julio A. Roca, sustentos intelectuales y políticos de la propiedad privada de los medios de producción y de la materialización institucional y productiva de la inserción local en la lógica del capital global. Presión cambiaria y de la desconformidad La pulseada con el poder económico y sus representaciones se manifiesta en estas horas en la presión por la devaluación de la moneda local. El ideal de Milei sería la “dolarización” y, por ende, resiste la presión devaluatoria y sostiene un rumbo de ajuste y reestructuración regresiva, mientras le dure el consenso social. Conoce las limitaciones económicas expresadas en la ausencia de divisas que respalden las aspiraciones del poder para terminar con las restricciones cambiarias, el cepo, e imagina una solución de mercado, con inversiones o préstamos externos, incluso que se abran las cajas de seguridad para la inversión productiva. Es cierto que puede no durar y transitará en el camino etapas de cambios de funcionarios, que ya los ha habido en cantidad, para seguir ensayando su lógica libertaria; incluso ser derrotado, pero con las botas puestas. Está empecinado en imponer su convicción libertaria en contra del Estado y su participación para intervenir en la asignación de recursos para derechos sociales consagrados. En ese proceso también puede triunfar, lo que supone una ampliación de la miseria y deterioro de las condiciones de vida de millones de personas, base de cultivo para el estímulo al capitalismo criminal y no necesariamente para inducir un nuevo rumbo politico. También comienza a expresarse la desconformidad social ante la falta de soluciones concretas para la reproducción adecuada de la cotidianeidad de millones. En ese sentido crecerá la protesta y una conflictividad que agudizará las confrontaciones sociales y políticas. El gran problema es si esa desconfianza, transformada en protesta y conflicto explícito asume una propuesta política transformadora que gane consenso en la sociedad para otro rumbo para la Argentina. El país se divide hoy en ese dilema, sobre que prima más, si la presión cambiaria del poder económico o la presión social por resolver ingresos para satisfacer necesidades. En ese marco, Milei, intenta colocarse por encima y disciplinar a unos y a otros. Son las bases, en definitiva, de una crisis política que puede alumbrar nuevos tiempos de emancipación social. Buenos Aires, 3 de Julio de 2024

Los mercados festejan mientras avanza la recesión

El gobierno logró la aprobación en el Senado de la Ley “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, que tenía media sanción en la Cámara de Diputados. Con ella se aprobó el “paquete fiscal”. Ambos instrumentos legales fueron modificados por los senadores, en frenéticas negociaciones que involucraron a los poderes ejecutivos provinciales. Intentará ahora el gobierno que los diputados transformen en ley ambos proyectos, y en la medida de lo posible, con el contenido que fue al debate del Senado. No es menor lo que se juega, pero, incluso, transformando en ley lo resuelto por los senadores significa un triunfo para el oficialismo, que llevó a la reunión del G7 en Italia este primer consenso legislativo sobre reformas estructurales que demanda el poder económico. En efecto, tan es así, que los “mercados” respondieron favorablemente con mejoras de los indicadores bursátiles, cambiarios, estimulados por dos medidas anunciadas en simultaneo. Una remite al FMI, que anunció la liberación de 800 millones de dólares ante el “sobre cumplimiento” de las metas acordadas en los términos macroeconómicos, sea el superávit fiscal, como las mejoras en las reservas y el proceso des-inflacionario, con el 4,2% del registro para mayo pasado, con sugerencias de avanzar en la búsqueda de consensos políticos para el ajuste y la reestructuración, entiéndase reformas laborales y previsionales, tanto como atender las necesidades de los sectores más vulnerables, un guiño no muy convincente de “sensibilidad”, algo extraño al régimen del capital, mucho menos al organismo rector de las finanzas globales. El Fondo pronostica una caída del PBI para este año del -3,5% y demoras en el repunte de la actividad, algo que confirman los datos oficiales. El otro caso es la aprobación desde China para la renovación del swap, una operación de préstamo iniciada en el segundo gobierno de Cristina Fernández y ratificado y ampliado en los sucesivos gobiernos de Mauricio Macri y Alberto Fernández. Son 5.000 millones de dólares que vencían en junio y julio, que sin la renovación hubiese complicado las cuentas externas del país. Ahora está planificado el viaje de Milei a Beijing luego de las diatribas críticas hacia los comunistas y el gobierno chino. Negocios son negocios dice el dicho popular, por lo que la ideología se mantiene, pero a los efectos de asegurar recursos para el programa del gobierno, se terminó negociando con el gobierno comunista. Todo suma a los objetivos del gobierno. La contracara proviene de la realidad de la cotidianeidad de la mayoría de la población. La caída del consumo es resultado directo de la baja de los ingresos populares, salarios, jubilaciones y planes sociales. El resultado directo es la recesión y con ella el previsible crecimiento del desempleo y las suspensiones, los cierres de empresas y los problemas que se suscitan en las cadenas de pagos. El fin de semana largo finalizado este lunes 17 de junio fue una muestra de baja en los consumos turísticos, motivados principalmente en la carestía a pesar de la tendencia a la baja de la inflación. Una baja puesta en dudas ante las subas de tarifas y una probable meseta de los precios según anticipan las consultoras que informa pronósticos al BCRA en un nivel del 5% hasta diciembre. Ya pasó un semestre del gobierno Milei y se acerca el fin del primer semestre del año, en donde las jubilaciones amortiguarán el impacto regresivo del ajuste y la recesión, al mismo tiempo que se esperan miles de despidos en el sector estatal, quienes se preparan sindicalmente para resistir el ajuste y la reforma del Estado que ahora, si se aprueba finalmente en Diputados ña ley Bases, tendrán legalidad parlamentaria para cesantear otros 50.000 trabajadores/as según anticipó Milei. Las cartas están echadas y el gobierno cumple con la demanda del poder y las sugerencias del FMI, mientras la población más empobrecida sufre las consecuencias del ajuste. El interrogante remite a la transformación de ese sufrimiento en descontento y a este en protesta. Claro que no alcanza con la protesta y los que hace falta en el país es la construcción de un rumbo alternativo que tenga consenso mayoritario en la población, y claro, seguramente, no será avalado por los “mercados”, convocando a nuevas desestabilizaciones de la economía y de la política. Buenos Aires, 17 de junio de 2024

Crece la ultraderecha y se necesita la izquierda

Me consultó una joven treintañera si este era el peor momento de la “política” que me había tocado vivir. No fue fácil la respuesta luego de medio siglo en la actividad partidaria en la izquierda, como militante social y partidario, como candidato incluso en varios momentos electorales desde 1987. De hecho, siempre insertado en movimientos populares, primero como militante estudiantil en la ciudad de Santa Fe, en la UNL, la del Litoral; luego en Rosario, ya como docente y parte de la sindicalización de los profesores en los 80. Más tarde, en los 90 y más acá en la experiencia del nuevo sindicalismo que pretendió la central de Trabajadores y Trabajadoras de la Argentina, la CTA, ahora habría que mencionarla en plural. Claro, entre el 76 y el 83, sin parar la actividad política, la dictadura genocida, quizá ese, el “peor” momento. En todo caso, asumo la política como actividad por lograr mejores condiciones para la emancipación social, más allá de “buenos” o “malos” momentos. Resulta dramático que hoy en Argentina se reivindica ese proyecto reaccionario de la genocida dictadura, que inició la regresiva transformación del país, potenciado bajo gobiernos constitucionales en los 90 del siglo pasado, con Menem y De la Rúa, luego con Macri y ahora exacerbado con Milei y Villarruel desde el poder ejecutivo, electos con el voto mayoritario en 2023. Algo similar ocurre en la reciente votación parlamentaria europea, en las cuales crecen las votaciones a quienes reivindican a Hitler y a Mussolini, en Alemania e Italia. Puede parecer una casualidad, pero no, el fenómeno se expresa en varios territorios, aun cuando existen disputas que posicionan en los gobiernos a fuerzas políticas que se reivindican en la izquierda. Hace falta pensar porque crece la ultraderecha, o directamente la “derecha”, el pro capitalismo, y en todo caso que expectativas genera la izquierda. Me incorporé a la política en el momento de máxima acumulación de la izquierda y del poder popular, el año en que Vietnam derrotó militarmente a la principal potencia bélica, sustentada en el poder hegemónico construido desde 1945. La ilusión de nuestro imaginario por la “revolución” se asociaba a un encadenamiento que remitía a 1917 en Rusia, a 1949 en China, a 1959 en Cuba, incluso se proyectó hacia 1979 en Nicaragua, incluso, pese a la especificidad diferenciada, a Irán. Ese era el paradigma de una experiencia que se asentaba en la teoría construida desde la crítica al capitalismo con Carlos Marx. Es cierto que había matices en esas experiencias y debates (lecturas) sobre los devenires en cada una de ellas, incluso en la continuidad o ruptura respecto del fundador de la teoría y su socio, Federico Engels. La izquierda discutida Entre 1989 y 1991, desde la caída del muro de Berlín a la desarticulación de la Unión Soviética y el fin de la bipolaridad global entre capitalismo y socialismo, emergieron las teorías del fin de la historia e incluso del socialismo y el marxismo. Es el tiempo de consolidación de la propuesta de liberalización de la economía, en simultáneo a una conclusión ideológica de imposibilidad de alternativa. “There is not alternative”, enfatizó Margaret Thatcher en los 80. La consigna fue bandera de varios proyectos, que en el caso de la Argentina explicita la orientación gubernamental de los 90 del siglo pasado para afirmar el proyecto reaccionario de la dictadura. La izquierda derrotada se debatía en explicaciones sobre el derrumbe soviético, entre la defensa de la experiencia y lo que faltó, hasta la denuncia del desvió autoritario a la muerte de Lenin, el líder histórico, o incluso desde casi el inicio, tal como puede rastrearse en las polémicas de Rosa Luxemburgo con los líderes comunistas del comienzo de la experiencia soviética, especialmente sobre la participación democrática en la toma de decisiones. A un siglo de la muerte de Lenin, la polémica continúa, con sentido para pensar el destino de la revolución en el presente. Hace medio siglo que en el mundo crece la “liberalización”, en contra de la intervención estatal generalizada luego de la crisis del 30 y muy especialmente luego del fin de la segunda guerra mundial. La liberalización es una demanda esencial del capital, que remite al origen manifestado en la consigna por el libre cambio, la libre competencia o el libre mercado. Ese proyecto se potenció con el derrumbe del proyecto socialista en el este de Europa, más allá de cualquier discusión relativa a lo que se construía en esos territorios. En términos de imaginarios sociales ampliados, lo que había era “primer” y “segundo” mundo, habilitando la categoría del “tercer” mundo y la tercera posición. Con ello, estrategias para el desarrollo de países en el sur del mundo, en África, Asia y América latina. Insistiré que se puede discutir si era socialismo lo que existía, pero en la lucha de clases concreta en el sistema mundial, las categorías de tres mundos o “posiciones” definían tácticas y estrategias que prefiguraron décadas de acción política en el mundo. La derecha a la ofensiva Aun cuando las tesis del fin de la historia fueron debatidas y ridiculizadas, el capital más concentrado retomó la ofensiva, suspendida por medio siglo entre 1930 y 1970, en la disputa por la apropiación de la ganancia y desarmar la competencia a su rentabilidad por la intervención estatal. Es un programa en continuado hasta el presente, que, además, seguirá y se expresa en todo el mundo en la demanda por reformas laborales y previsionales, por las privatizaciones, las desregulaciones y las mejores condiciones de seguridad jurídica para los inversores capitalistas en cualquier territorio del sistema mundial. En ese derrotero, la izquierda, sin consenso relativo al diagnóstico de lo ocurrido, intentó recolocarse en el debate político integral, sea en la disputa electoral, como en el plano cultural por ofrecer un imaginario de la sociedad deseada. Hay quienes defienden lo que existió para posicionar rumbos estratégicos contemporáneo, mientras que otros reniegan de aquellas experiencias y no asumen que la crítica involucra a toda la izquierda, sea cual haya sido el papel jugado en tiempo pasado. La derecha y la ortodoxia liberal, en su ofensiva, descalifica el accionar de toda la izquierda. Es más, desde Mises y Hayek, hace un siglo, la prédica por la ortodoxia incluía junto a la crítica a Marx y su tradición intelectual y revolucionaria, la crítica al naciente rumbo que luego de la crisis de los 30 se asumiría bajo la hegemonía keynesiana. Por eso, quien se asume como vanguardia del liberalismo contemporáneo, Javier Milei, titula su libro “Capitalismo Socialismo y la trampa neoclásica. De la teoría económica a la acción política”. En el texto critica a sus colegas de la corriente principal del pensamiento y la práctica económica, porque con las “fallas de mercado” sustentan la intervención del Estado, y con ello abren las puertas al socialismo. Es cierto que Keynes no se identifica con Marx, ni los continuadores del nacido en Tréveris asumen una perspectiva de salvataje del capitalismo, tal como puede interpretarse a la intervención teórica y de política económica del británico autor de la teoría general y sus seguidores, que también supone una crítica a la corriente principal neoclásica. Pensar nuevamente a la izquierda Lo cierto es que la izquierda en su búsqueda en estas tres décadas desde el derrumbe soviético y de la bipolaridad, se fue corriendo hacia la derecha, en función de las nuevas condiciones concretas del desarrollo capitalista y los enfoques políticos que se abrieron paso para la disputa del consenso electoral. Muchos se mantuvieron en sus programas radicales, con más o menos éxito electoral, pero en ningún caso volvió a instalarse una perspectiva de opción civilizatoria entre capitalismo o socialismo, incluso entre socialismo o barbarie como sostuvo Rosa. Insistiré en que son variadas las voces y las organizaciones que sostienen la radicalidad y la perspectiva de la revolución, pero que en el imaginario social global no alcanza a definir las opciones civilizatorias de buena parte de los siglos XIX y XX. Por eso en el título destaco la “necesidad” de la izquierda, como proyecto político visible y asumida por una mayoría en condiciones de construir un nuevo tiempo para la sociedad, amenazada por el cambio climático, la guerra, la especulación y la desigualdad que agrava las condiciones de vida de la mayoría empobrecida. En la Argentina eso supone una articulación amplia de tradiciones políticas diversas, no necesariamente auto-asumidas en la izquierda, pero con voluntad de responder a la novedosa reestructuración regresiva del capitalismo que fragmenta el trabajo, a los/as trabajadores/as e impacta en la organicidad social y política, en sus representaciones, demandas y reivindicaciones. Es una referencia a la diversidad del nacionalismo popular revolucionario y a las diversas tradiciones de la izquierda propiamente dicha, que necesita ser asumida por nuevas generaciones. La izquierda y la derecha fueron categorías emergentes de la representación política en la disputa por el poder, que hoy se renueva desde la ofensiva de la derecha. La izquierda necesita retomar la crítica esencial al orden capitalista, retomar a Marx para una mejor comprensión de los cambios actuales y sintetizar las prácticas de transformación profunda que está en nuevas y renovadas experiencias de la lucha de clases actual. Remito en esa trayectoria al movimiento de los pueblos originarios y su re significación de las cosmovisiones por el “vivir bien” o el “buen vivir”; de los feminismos populares y las luchas por las diversidades; del ambientalismo popular en contra del saqueo de las transnacionales estimulados por el accionar de los principales estados del capitalismo mundial y los organismos internacionales; por las luchas que asumen nuevas camadas de sindicalistas y organizaciones clasistas propias de nuestro tiempo en contra de la explotación, con actuación en los ámbitos de trabajo o en los territorios en donde desarrollan la cotidianeidad de la vida. Volviendo al comienzo, si en los comienzos de los 70, los jóvenes asumíamos con entusiasmo el tiempo de la política transformadora, y luego nos preocupó por décadas la ofensiva capitalista, asumimos hoy el desafío de un futuro de emancipación, que empieza por adecuados diagnósticos desde el presente. En síntesis, no hay tiempo o malo para la política, ya que habiendo protagonizado un tiempo de ofensiva popular con destino de izquierda y por el socialismo, la tarea por refundar a la izquierda resulta imprescindible para frenar a la derecha y cambiar un horizonte de explotación, saqueo y destrucción de la vida, social y natural. Buenos Aires, 16 de junio de 2024