La encerrona de la deuda

La negociación de la deuda ocupa el centro de la atención del Ministerio de Economía de la Argentina y es considerada caso testigo en el ámbito mundial. El país negocia con los Fondos Financieros tenedores de buena parte de una deuda en títulos por 66.500 millones de dólares. Al mismo tiempo, el ministro Martín Guzmán anuncia que empezarán las conversaciones con el FMI, con acuerdo o sin acuerdo de los acreedores privados, tendientes a discutir como reestructurar los vencimientos de una deuda por 44.500 millones de dólares desembolsados en el último tramo del gobierno Macri y cuyos vencimientos caerán en 2021.

En la argumentación oficial de la Argentina se insiste en la “sostenibilidad” del pago de la deuda, por eso dicen plantarse en la última oferta realizada a los acreedores. Claro que, entre la primera oferta a la última, el ahorro de fondos cae de un poco más de 40.000 millones a unos 25.000 millones de dólares. Incluso con la cifra mayor cuesta identificar la sustentabilidad de una deuda que a fines del 2019 totalizaba unos 323.000 millones de dólares y por ende solo se está negociando por ahora algo así como un tercio del total. Pretendemos enfatizar que la deuda pública de la Argentina es gigantesca y que no hay condiciones para cancelarla. El Ministro argentino argumenta que lo que importa es la “sostenibilidad” de los pagos futuros de la deuda, y no el acuerdo en sí mismo. Por eso sostiene una oferta que en principio parece ser rechazada por más del 65% de los tenedores de títulos, incluso les endosa a ellos el default y estira el horizonte de negociación sine die. El establishment privilegia el “acuerdo”, porque así el país puede volver al mercado financiero y así, con nuevos créditos, imaginan hacer sostenible la deuda.

 

Lo que demandan es habilitar el camino de nuevos préstamos para pagar viejos préstamos y hacer funcionar una calesita productora de intereses como forma de transferencia de riqueza social a pocas manos privadas. Hay una encerrona en el proceso actual de tratamiento de la deuda, sea que la noticia próxima señale acuerdo o no con los principales acreedores, sean los Fondos especulativos o en próximo tiempo el FMI. Existen problemas presentes y futuros si se acuerda, y en rigor, otros también si la decisión resulta en el default explícito, razón por la cual, la situación argentina está en la mira del acontecer económico y político, local y mundial. El nobel de economía 2001, Joseph Stiglitz, calificó a los acreedores de la deuda argentina como “recalcitrantes y miopes” que no ven que el problema no es solo el país, sino el “riesgo de que más de 100 países de ingresos medios y bajos no puedan hacer frente este año a sus obligaciones de deuda por más US$ 130 mil millones” pronosticando “Una crisis de deuda global empujará a millones de personas al desempleo y alimentará la inestabilidad y la violencia en todo el mundo”[1] Ahí está el debate. ¿A quién privilegiar ante la situación de emergencia sanitaria y de recesión agravada por el COVID19? ¿A los acreedores de la deuda, tenedores de títulos y préstamos o a los millones de afectados por la situación actual? Se trata de una situación grave, más aún si se observan los datos de la evolución de la actividad económica en todo el mundo, con los informes a la vista del segundo trimestre del 2020, con una profunda caída de la economía en los principales países del sistema mundial.

Traemos a colación a Stiglitz por el fuerte vínculo académico y político con el ministro de la Argentina. La Universidad de Columbia en Nueva York fue el territorio que cobijó el seguimiento académico de los problemas del endeudamiento y las reestructuraciones posibles, donde el caso argentino es testigo, pero en el plano de la política, el horizonte es una de las alternativas de salida a la crisis capitalista. Resulta evidente la asociación de ideas con las sugerencias de “Laudato Si” de Francisco y sus críticas al orden económico del capitalismo hegemónico, como la búsqueda de desalojo de Trump y los republicanos en la Casa Blanca, para otra orientación de la hegemonía capitalista. El imaginario apunta a recrear condiciones para un nuevo acuerdo, por lo que proliferan iniciativas vinculadas, caso de los demócratas y sus propuestas de “New Green Deal”, incluso las propuestas de una “nueva internacional progresista”. No es menor lo que está en discusión. Se trata de un marco de alianzas locales y globales para disputar el horizonte económico, social, cultural y político del capitalismo en tiempos de coronavirus y una profunda crisis recesiva que impulsa a millones de personas a la desesperanza o al “conflicto”, que en definitiva es lo que le preocupa, no para superar el capitalismo, sino para adecuarlo a un rumbo reformista que solo fue posible en condiciones de bipolaridad del sistema mundial, condición hoy inexistente.

Acuerdo si o no

La pelota se puede tirar para adelante, si en diciembre pasado la fecha límite para el acuerdo era marzo, ahora definida para principios de agosto puede seguir siendo prorrogada más allá durante el 2020, la incertidumbre global lo permite. En el inicio se pensó en tres años de gracia en la negociación y reestructuración con los acreedores privados, ahora licuados, lo que exige un plan de acumulación de ahorros y condiciones de generación de divisas para atender futuros vencimientos que caerán desde el 2021. Insistamos que la negociación involucra una parte relativamente pequeña de una deuda que carga vencimientos más pesados en el corto y mediano plazo, que en su conjunto son de incumplimiento ante la incapacidad de generar excedente económico, no solo por la especificidad local, sino por la situación mundial.

Hasta ahora hay postergación de vencimientos, con re-perfilamiento, eufemismo del default. Por eso financió el FMI, interés político mediante, asociado a la búsqueda de la reelección de Macri. Ahora, el FMI podría desembolsar el remanente del préstamo por 57.000 millones de dólares u ofrecer una nueva línea de crédito a cambio de un programa de estabilización de la economía, es decir, de ajuste. En rigor, aun con política social ampliada y elevación del déficit fiscal en torno al 10% del PBI, la realidad en términos de ingresos populares verifica un ajuste de proporciones inusitadas. Solo hay que pensar en el achique de la proporción del gasto salarial con relación al conjunto del gasto público, y en ese horizonte, los crecientes intereses de una deuda impagable. Las conversaciones con el FMI están atravesadas por estas cuestiones y asociadas a especulaciones sobre el nuevo gobierno de EEUU a definirse en noviembre próximo. Un futuro demócrata al frente de las riendas en Washington es mejor mirado por el tándem mencionado de la sociedad Stiglitz, Francisco y variadas propuestas de “nuevo acuerdo”.

Si hay acuerdo con acreedores, habrá que ahorrar y buscar divisas para cancelar vencimientos desde el 2021, lo que supone profundizar el rumbo de una economía orientada a la exportación. Por el contrario, el no acuerdo, supone demandas judiciales en Nueva York y problemas políticos con el poder mundial, sin perjuicio del accionar ideológico y propagandístico de “lobbistas” locales en los medios de comunicación, asociados claro a una oposición con peso en el Congreso y capacidad de movilización, como lo demuestra lo acontecido en el pasado 20/6, el 9/7 y pronto el 17/8, utilizando fechas patrias para reivindicar una política reaccionaria y en defensa de la propiedad privada de los medios de producción, situación clara y evidente en el caso Vicentin. Más ahora que el gobierno fue para atrás con el decreto de intervención y expropiación contra la gran estafa de la empresa del norte santafesino. Una presión por derecha que demora el ingreso del impuesto a las grandes fortunas para su tratamiento en el Congreso, mientras se avanza en la moratoria e incluso probables blanqueos. No acordar con acreedores generará mayor confrontación con el poder económico.

Hemos sostenido que no alcanza con no acordar o no pagar, sino que se requiere orientar la decisión en la voluntad de suspender los pagos de la deuda, realizar una profunda auditoria con participación popular y disputar consenso social amplio para una política de reestructuración, no de la deuda, sino del modelo productivo y de desarrollo, a contramano de la demanda del poder.

Buenos Aires, 2 de agosto de 2020

 


Proyecciones preocupantes de la CEPAL


Con información hasta el 30 de junio del 2020, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL, actualizó el impacto regional de la situación económica, afectada por el receso derivado del COVID19. [1]
Señala el informe, con base en el Banco Mundial, que “La economía mundial experimentará su mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial y el producto interno bruto (PIB) per cápita disminuirá en el 90% de los países, en un proceso sincrónico sin precedentes”.
El dato es en sí mismo muy grave porque afecta al orden mundial emergente en la segunda posguerra, con preminencia del dólar y el poderío ideológico y militar de EEUU.
No se trata de un problema circunstancial, sino y más allá de la disputa con China, como hemos sostenido en varias ocasiones, se constituye en un problema civilizatorio, que trasciende a la economía. No es solo la dominación lo que se discute, sino que la propia supervivencia del planeta y la humanidad está en cuestión por la afectación de la Naturaleza.
Queda claro que, si el tema es global, entonces, la región nuestramericana se ve también afectada, más aún cuando el COVID19 toma a la región como epicentro.
No solo es Brasil o México los que preocupan, con casi 87.000 y 43.000 fallecidos respectivamente, sino que tomando muertes por millón de habitantes encabeza la lista Perú, seguidos por Chile y recién Brasil y México.
Enfatizo este dato, porque ambos países andinos, Perú y Chile, han sido destacados en el último tiempo como los “modelos económicos” a seguir, tomando sus procesos de liberalización económica como paradigmas a imitar.
Las consecuencias de la mercantilización se hacen notar ahora en la pauperización de la población y el deterioro de la salud pública, que recae sobre la población más desprotegida.
Proyecta el informe de CEPAL:
“para el conjunto de la región, una caída promedio del PIB del 9,1% en 2020, con disminuciones del 9,4% en América del Sur, el 8,4% en Centroamérica y México, y el 7,9% en el Caribe, sin incluir Guyana, cuyo fuerte crecimiento lleva el total subregional a una caída del 5,4%”.
En ese marco, es Sudamérica la zona más afectada, con datos por encima del promedio para Brasil con una baja del -9,2%, la Argentina con una caída del -10,5%, Perú del -13% y Venezuela en las peores condiciones del -26%.
Hay que destacar para el caso venezolano, que más allá de los problemas locales, las sanciones y el bloqueo estadounidense perjudican seriamente el funcionamiento económico.
Sobresalen algunos datos sobre la recesión en curso, en especial se menciona que:
“La producción industrial en México cayó un 29,3% interanual en abril, mientras que la actividad total de la economía en el mismo período disminuyó un 26,4% en la Argentina, un 15,1% en el Brasil, un 14,1% en Chile, un 20,1% en Colombia y un 40,5% en el Perú.”
No se trata de la especificidad de una economía, sino que a los problemas locales se suma una situación agravada mundialmente por el coronavirus.
Dimensión social del problema
El impacto es fenomenal para buena parte de la población en Nuestramérica.
“La fuerte contracción en 2020 se traducirá en una caída del PIB per cápita regional del 9,9%. Después de que hubiera prácticamente un estancamiento entre 2014 y 2019 (cuando el crecimiento promedio anual fue de solo un 0,1%), esta caída del PIB per cápita implica un retroceso de diez años: su nivel en 2020 será similar al registrado en 2010.”
Recordemos que, para la década del 80 del siglo pasado, la CEPAL popularizó la frase de la “década perdida”, a propósito de la crisis de la deuda mexicana de 1982 y las secuelas derivadas de la generalización de la hegemonía neoliberal.
Es la década, bajo el liderazgo de Fidel, en la que se intenta crear el Club de los países deudores, para enfrentar al de los acreedores, que estaba bajo la gerencia del FMI.
Se trataba del estancamiento económico en un decenio caracterizado por políticas de ajuste y reforma estructural, las que se generalizaron y popularizaron bajo el designio del Consenso de Washington en los 90.
Así se impusieron las privatizaciones, la desregulación, la liberalización y el aliento a la iniciativa privada con normas orientadas al ajuste fiscal.
Ese saldo se proyectó en el último decenio del Siglo XX como una “media década perdida”, que se sumaba a la anterior.
Los primeros 10 años del Siglo XXI aparecen como de repunte, con crecimiento y distribución del ingreso, producto de la combinación de precios internacionales de exportación en alza y una voluntad política para la mejora en la distribución del ingreso.
El clima de cambio político en toda la región indujo la extensión de las políticas asistenciales, más allá de la orientación a izquierda o derecha de los diferentes gobiernos.
Por eso, resalta el hecho que la CEPAL nos recuerde ahora que el 2020 lleva a la región al nivel registrado en 2010, por lo que consolida otra década perdida, que supone un impacto social regresivo en materia de empleo y pobreza, agravando y consolidando la desigualdad.
El mercado laboral será fuertemente impactado, al comentar la CEPAL que:
“…la tasa de desocupación regional se ubique en alrededor del 13,5% al cierre de 2020, lo que representa una revisión al alza (2 puntos porcentuales) de la estimación presentada en abril de 2020 y un incremento de 5,4 puntos porcentuales respecto del valor registrado en 2019 (8,1%).”
Afirma que:
“Con la nueva estimación, el número de desocupados llegaría a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento cercano a 18 millones con respecto al nivel de 2019 (26,1 millones de desocupados).”
Agrega que:
“Estas cifras son significativamente mayores que las observadas durante la crisis financiera mundial, cuando la tasa de desocupación se incrementó del 6,7% en 2008 al 7,3% en 2009 (0,6 puntos porcentuales).”
En rigor, no es novedad, ya que la OIT contempla una escalada del desempleo y la informalidad en el ámbito global, con mayor perjuicio hacia las mujeres y los jóvenes.
Así, en un marco de ofensiva del capital contra el trabajo, las condiciones de la recesión mundial y regional consolida la iniciativa capitalista que en la coyuntura aceleró una demanda demorada por el trabajo a distancia, remoto o teletrabajo.
Es parte de la búsqueda por disminuir el costo de producción laboral, transfiriendo a las trabajadoras y trabajadores parte del gasto en mantenimiento de los instrumentos y medios de trabajo.
Por eso no hay que sorprenderse que el mercado laboral haga evidente el costo en términos de ingreso y empleo que demuestran los datos de la CEPAL.
Más grave aún resulta el tema en términos de pobreza e indigencia.
“La CEPAL proyecta que el número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, con lo que el total de personas en situación de pobreza pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020, cifra que representa el 37,3% de la población latinoamericana. Dentro de este grupo, el número de personas en situación de pobreza extrema se incrementaría en 28,5 millones, pasando de 67,7 millones de personas en 2019 a 96,2 millones de personas en 2020, cifra que equivale al 15,5% del total de la población.”
Señala el informe que:
“Los mayores incrementos de la tasa de pobreza (de al menos 7 puntos porcentuales) se producirían en la Argentina, el Brasil, el Ecuador, México y el Perú.”.
Para el caso de la Argentina, la pobreza extrema pasa de 3,8% al 6,9%, con una variación de 3,1 puntos porcentuales de crecimiento; y la pobreza pasa del 26,7% al 37,5%, con 10,8 puntos porcentuales de incremento.
Hace tiempo que la región nuestramericana llama la atención por los niveles de desigualdad, que son crecientes y este informe corrobora.
En esta ocasión no se difunden los datos de la concentración del ingreso y de la riqueza, que agravan la situación de inequidad que configura a Latinoamérica y al Caribe como el territorio de mayor desigualdad en el sistema mundial.
Propuestas de la CEPAL
Sostiene en el informe cuatro líneas de acción:
a) un ingreso básico de emergencia como instrumento de protección social;
b) un bono contra el hambre;
c) el apoyo a las empresas y los empleos en riesgo;
d) el fortalecimiento del rol de las instituciones financieras internacionales.
Parece poco, y discutible, para un diagnóstico tan crudo, aun cuando sustenta medidas urgentes que promueven buena parte de los perjudicados social y económicamente.
Son demandas, las tres primeras, que se sostienen desde las organizaciones sociales y políticas que agrupan en el territorio a los sectores más desprotegidos.
Las dos primeras son sugerencias para la emergencia social y la tercera apunta a contener el entramado de pequeñas y medianas empresas, incluso las “micro”, que son en conjunto, el principal sustento del empleo en todos los países.
Más difícil resulta la última, que remite a un fortalecimiento de organismos que debieran incluirse más como parte del problema que, como solución, más aún cuando detrás del diagnóstico aparece la dependencia financiera y el sobreendeudamiento de varias de las economías con problemas.
Sin ir más lejos, el caso argentino es paradigmático en la coyuntura, cuando se encuentra discutiendo el refinanciamiento de su deuda con grandes Fondos Financieros y con un FMI que hundió al país con un préstamo impagable que condiciona el presente y futuro de la economía y su pueblo.
Es tiempo de pensar en una perspectiva civilizatoria en contra y más allá del capitalismo.
Buenos Aires, 26 de julio de 2020


[1] CEPAL. Informe especial COVID19, 15/07/2020, en:  https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45782/1/S2000471_es.pdf

¿Cuál es el rumbo? ¿Cambios en el gabinete?


Ante la gravedad de la situación de la Argentina, con una proyección de caída de la actividad económica para el 2020 en el orden del 10% tiene lógica que se discuta el qué hacer, cómo responder. Algunos sugieren cambios en el gabinete de gobierno, con siete meses en funciones, ante los problemas evidentes de la economía, y de la política. Vamos a insistir que no se puede disociar la economía y la política, como si ambos aspectos fueran dos temas que puedan analizarse por separado, incluso la relación de estos aspectos con el orden mundial.
Los problemas derivados de la recesión se profundizan en tiempos de pandemia por el coronavirus, pero tienen trasfondo en problemas de arrastre de funcionamiento de la sociedad capitalista contemporánea. La prensa estadounidense da cuenta del pico de infecciones en EEUU, luego del pico neoyorkino. “Los funcionarios emiten una alarma tras el registro diario de 75,600 casos nuevos en los EE. UU. El número de muertes en el país está aumentando, y más de la mitad de los estados han promulgado órdenes de máscara. Brasil supera los 2 millones de casos totales, e India ha alcanzado un millón.”[1] Al día siguiente la cifra escaló por encima de los 77.000 casos, agravando la situación sanitaria y su impacto sobre la vida económica de la primera potencia del mundo, en un año en que se discute el gobierno en el país y con ello la continuidad de un liderazgo que agrava la tendencia de no cooperación mundial.
Por su parte, la prensa británica se hace eco las dificultades “para cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza extrema para 2030, con más personas en lugar de volverse muy empobrecidas por nuevos shocks, incluidos coronavirus y desafíos existentes como la crisis climática”[2]. Insiste en la incapacidad del sector privado para resolver los temas tan apremiantes, poniendo en evidencia el debate sobre el qué hacer económico en el ámbito mundial. Son alarmantes los pronósticos británicos sobre el futuro: “La economía se recupera más lentamente de lo previsto anteriormente, con el producto interno bruto (PIB) recuperando su pico anterior al virus a finales de 2022. El PIB cae un 12,4% en 2020.”[3] La nota recoge que en el peor de los escenarios, se “advierte que la producción podría no alcanzar los niveles previos a la pandemia hasta 2024”, dando cuenta de la gravedad de la situación.
Informa la prensa sobre la situación europea que: “Los líderes de la Unión Europea (UE) participaron de la primera reunión virtual para intentar alcanzar un acuerdo sobre la forma que debe tener el plan del bloque para la recuperación economía post pandemia, pero no lograron ponerse de acuerdo y postergaron la definición para una segunda cumbre, presencial, a mediados de julio en Bruselas.”[4] La burocracia de la UE se reunió para analizar el presupuesto 2021-2027 en la perspectiva de la pos-pandemia y se explicitaron los límites políticos para un acuerdo, expresando contradicciones entre lo acordado por el liderazgo de Alemania y Francia, con el que no acuerdan diferentes bloques al interior de la Unión, exacerbando la crisis que oportunamente explicitó Gran Bretaña con su proceso de salida. Es crisis económica, sí, pero sobre todo, política.
Las dificultades vienen para largo, con EEUU imaginando que había pasado el pico de la pandemia, y lo real es la incertidumbre que se impone ante nuevos casos de COVID19 que alarman. El impacto económico es fuerte en caída de actividad e impacto social. Existe un gran debate sobre cómo se sale de la encerrona de la recesión, que va mucho más allá que un problema sanitario. En todo el mundo se discute como terminar la “recesión inducida” ante la pandemia, porque el capitalismo funciona si hay potencialidad de obtener ganancias, lo que requiere una dinámica de inversión productiva, hoy limitada en gran parte del sistema mundial. Claro que más allá de la pandemia preocupa el orden económico en su conjunto y se debate el rumbo, que aparece como disputa hegemónica bajo el fenómeno de guerra comercial o monetaria. En ese sentido existe un debate en los últimos años que alude a la financiarización de la economía, como si la circulación se impusiera sobre la producción, sin considerar ambos aspectos en conjunto.
A propósito de los diagnósticos en debate es interesante leer al marxista británico Michael Roberts cuando señala: “Si China pudiera ofrecer una moneda fuerte y líquida para reemplazar al dólar, el imperialismo estadounidense estaría en serios problemas. Pero una moneda fuerte no puede ser "creada" por los mercados financieros; proviene de la fuerza relativa de la productividad del trabajo y la creación de valor en una economía. Ahí es donde se centra la guerra económica; con el comercio, la tecnología y las finanzas como campos de batalla. El valor decide, no el crédito”[5] Coincidimos que el tema sigue remitiendo a la vigencia de las leyes del valor y del plusvalor, que es lo que define al orden capitalista.
Argentina flexibiliza la cuarentena
La presión por retomar la actividad económica está en todo el planeta, ya que sin producción no hay generación posible de ganancia, ley del valor mediante. No es que preocupe el consumo o satisfacer necesidades sociales, que puede ser parte del pensamiento en ciertas esferas. Lo que realmente preocupa es que se produzca y reproduzca la lógica de la ganancia y la acumulación, que hace a la vida cotidiana de la reproducción social capitalista. Por ello es que en todo el mundo aparece la noticia por la flexibilización de los procesos de “aislamiento social preventivo”, con idas y vueltas según evoluciona la pandemia por el coronavirus.
En la Argentina, en el pico de infectados se decide avanzar en la flexibilización de la cuarentena. Argumentos existen en todos los sentidos, más allá de la evidente manipulación mediática ejercida desde un horizonte que enfatiza la confrontación política entre oficialismo y oposición e incluso al interior del frente político en el gobierno. La presión es por abrir la actividad económica, imaginando “soluciones mágicas” para superar la recesión. Parecieran obviarse las dificultades económicas del orden capitalista en general, con recesión mundial y caída del comercio internacional. Entre las soluciones mágicas aparece el cambio de nombres en el Gabinete de Gobierno, incluso la falacia que remite a la asimilación del Comité de expertos sanitarios con un Comité de economistas.
¿Acaso los cambios de nombres en las funciones de gobierno resolverían los temas estructurales que preocupan, sea la deuda pública, los bajos ingresos, el desempleo o la pobreza, la evolución de la inflación? ¿Qué nombres integrarían el Comité de expertos en asuntos económicos? Como si el tema se limitara a opinión de especialistas. No es un tema de nombres, sino de proyecto, más aún, en una crisis que es mundial, antes y más allá de la pandemia. Existen problemas estructurales que superan el tema de "nombres propios para un gabinete". Por eso tampoco le fue bien al Gobierno de Mauricio Macri entre 2015 y 2019, que sostenía tener el “mejor gabinete” de la historia local. No le fue "bien" en términos macro-económicos, porque algunas empresas y fortunas ganaron y acumularon como nunca. Un caso es Vicentin con su gigantesca estafa al BNA, consentido por las autoridades del Banco y del gobierno; pero estafaron también a más de 2.200 productores, entre muchos otros acreedores de un fraude fenomenal.[6] Se destaca en la nota periodística que refiere al estudio profesional contratado por el BNA que “Los activos correspondientes a los créditos por ventas y los bienes de cambio tuvieron una variación negativa por u$s 886 millones entre julio de 2019 y febrero de 2020; del mismo modo, los pasivos comerciales aumentaron en u$s 442 millones en igual período. De esta forma, estos movimientos dieron cuenta de un deterioro patrimonial por u$s 1328 millones.”
Falta un debate a fondo
No existe un debate serio sobre el capitalismo realmente existente hoy, sobre el trasfondo de lo que está en juego en las elecciones estadounidenses y el rumbo imaginado para el sistema mundial desde la reelección de Trump o la posibilidad de un turno demócrata con un imaginado “new deal”, ahora coloreado de verde. ¿Es posible un “nuevo acuerdo” sin el contrapeso y “peligro” para el orden capitalista del socialismo realmente existente en los treinta del siglo pasado? Desde los 90 del siglo pasado está obturado en el imaginario social la potencia del anticapitalismo, lo que obliga a discutir alternativas contra y más allá del capitalismo que tenga una base social amplia de consenso. Es más, el interrogante más complejo aun deviene de la hipótesis de un segundo mandato del inefable Trump. ¿Qué destino a la relación con el ascendente proceso chino e incluso qué dinámicas se desatan ante la situación energética y su impacto climático? Más complejo resulta el análisis si involucramos la situación contradictoria al interior de la Unión Europea en tiempos en que se define la salida británica del bloque. Más allá de la geopolítica y los “imaginarios” de solución propuestos por las burocracias gobernantes, políticas o académicas, el conflicto social y la demanda por satisfacer necesidades estallará como parte de una protesta sin contención de proyecto social unificado.
Para el caso argentino se considera la situación en términos binarios, entre la oposición macrista y el oficialismo, incluso como visiones confrontadas al interior de la coalición en el gobierno. Imaginan algunos, como proceso ideal para restablecer previsibilidad al orden capitalista local, que podría existir confluencia de proyecto estratégico entre ciertos sectores en ambos lados de la ecuación oficialismo y oposición. Resulta mágico imaginar un proyecto local compartido para un capitalismo con rumbo mundial en discusión. Más sensato nos parece pensar la crítica al orden vigente y promover un debate en contra y más allá del orden capitalista. Es más realista pensar un futuro alternativo que intentar seguir adecuando la realidad a una salida mágica de “inversores” que nunca llegan, o a la insistencia de profundizar un modelo productivo de inserción internacional subordinada, que condena al pago recurrente de una impagable deuda pública externa, aun cuando se diseñen paliativos de contención social.
Buenos Aires, 19 de julio de 2020


[1] The New York Times, 17/07/2020, en: https://www.nytimes.com/
[2] The Guardian, 17/07/2020, en:  https://www.theguardian.com/international  
[3] The Guardian. Tres predicciones crudas del pronosticador del Tesoro para la economía de Gran Bretaña, 19/07/2020, en: https://www.theguardian.com/business/2020/jul/14/obr-publish-three-covid-19-forecasts-for-the-uk-economy
[4] TELAM. La Unión Europea no llegó a un acuerdo sobre el plan para la recuperación económica, en: https://www.telam.com.ar/notas/202006/478764-union-europea-reunion-virtual-sobre-recuperacion-economica-post-pandemia.html
[5] Michael Roberts. “Guerras capitales”, 19/07/2020, en: https://thenextrecession.wordpress.com/      
[6] Raúl Dellatorre. “Vicentin: No tienen cómo explicar que el capital se esfumó”, Página12 del 17/07/2020, en:  https://www.pagina12.com.ar/279063-vicentin-no-tienen-como-explicar-que-el-capital-se-esfumo

Preocupa la prolongada y profunda recesión


La recesión genera preocupaciones múltiples, tanto al sector privado como al público, más aún, al conjunto social empobrecido, afectado por un regresivo impacto social ante la disímil capacidad de asimilación de las personas, según sea su capacidad de ingreso regular o por la riqueza acumulada. En este sentido, no es lo mismo ser parte en la Argentina de la docena de millones de personas que solicitaron el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de 10.000 pesos mensuales, que integrar la cúpula privilegiada de las 12.000 fortunas apuntadas como potenciales sujetos de un tributo especial para atender la emergencia. Resulta interesante la comparación ya que el estimado de recaudación del impuesto sobre 12.000 fortunas alcanzaría para satisfacer el IFE por 2 meses de 12 millones de personas.
Así visto el tema, la preocupación por la recesión tiene sentidos diferentes, según el papel que se ocupe en la organización de la producción, en la propiedad de los medios de producción o no, tanto como el lugar que se ocupa en la distribución del ingreso, definitorio a la hora de resolver la capacidad de consumo y por ende satisfacer necesidades. En la gestión del asunto se encuentra el Gobierno, que intenta mostrarse equidistante de las diferentes presiones para resolver un tema complejo y contradictorio, que llevó a la falsa dicotomía entre salud o economía. La insustentable crítica a la ausencia de respuestas económicas por privilegio a la salud no incluye las consideraciones más generales de una recesión que trasciende y precede a la pandemia, tanto como que el deterioro de la salud responde a procesos deliberados de destrucción del derecho a la salud por décadas, desde una concepción que privilegió el negocio de la salud vía privatización y mercantilización de la misma.
Un interrogante remite a por donde pasa la preocupación gubernamental, la que puede intuirse en los variados encuentros, algunos ampliamente publicitados, con diferentes actores económicos y políticos. Se privilegia entre los primeros a principales referentes del gremialismo empresario (rural, industrial, servicios) y sindical (CGT), pero también entre los segundos, con responsables de la gestión provincial, sean oficialistas o de la oposición. ¿Qué pasa con la sociedad no expresada en la representatividad (cuestionada y cuestionable) empresarial y sindical, incluso política? Es cierto que el sistema republicano supone los procesos electores y la institucionalidad vigente, incluso en el ámbito social empresarial y sindical, fuertemente criticado por millones que nos sugieren una crisis de representación política y social.
La reflexión apunta a no quedarse solo en consideraciones de evolución negativa de las cuentas públicas, sino a atender un clima social de crítica política, que admite proyectos confrontados entre quienes defienden la lógica de la propiedad privada, la apropiación concentrada del producto social y quienes sustentan la potencialidad de un rumbo alternativo, incluso de confrontación con el régimen del capital. Los descontentos son diferentes según el punto de partida que se defiende. No es lo mismo quien demanda superar la cuarentena para restablecer la condición de posibilidad para normalizar la producción de ganancia, que aquellos que sustentamos transformaciones orientadas a una nueva normalidad con base en la autogestión y la organización comunitaria, social y no lucrativa de la actividad económica, pensada en resolver necesidades de la población más empobrecida.
El COVID19 se extiende en la región y agrava la crisis económica
Todo ocurre en el marco del agravamiento de la pandemia en el país y en la región. América es el epicentro del coronavirus en el presente, con EEUU encabezando los registros de infección y muerte, y creciente protagonismo de la región latinoamericana. Brasil se destaca detrás de EEUU, segundo en infectados y fallecidos, pero Perú y Chile con poca población ocupan los primeros lugares por cantidad de infectados y México sobresale por los fallecidos. Entre los 15 países con mayor cantidad de fallecidos por COVID19 cada 100.000 habitantes, 7 son americanos: EEUU (41,15), Chile (36,21), Perú (35,95), Brasil (33,61), Ecuador (29,45), México (27,09) y Canadá (23,8). Encabezan el listado: Bélgica, Reino Unido, España, Italia, Suecia y Francia.[1]
Argentina ya superó en contagios a China y a limitado con medidas preventivas los casos fatales, pero sin el pico de afectación las restricciones económicas generan las preocupaciones ya señaladas. El problema a dilucidar es por donde se sale de la situación económico y por eso no alcanza con la relevancia y profundidad de la recesión económica, sino se apunta a una fuerte consideración crítica del modelo productivo y de desarrollo para reorientarlo en otro rumbo, que intentando superar la coyuntura de miseria e incertidumbre en una parte importante de la sociedad, pueda encaminar un nuevo camino de organización económica de la sociedad.
Los datos oficiales provistos por el Instituto de Estadísticas del país son elocuentes sobre la realidad.[2] Si bien los indicadores de mayo del 2020 de producción industrial manufacturera mejoran un 9% sobre los de abril, acumulan un -16,3% entre enero y mayo del 2020 respecto al mismo periodo de un año atrás, y un -26,4% respecto del mes de mayo del 2019. Aun creciendo la actividad industrial en mayo, algo que incluso puede reiterarse en junio, ante aperturas parciales en varios territorios del país derivadas del levantamiento progresivo de las políticas de “aislamiento”, la situación es grave.
Esos repuntes son en el marco de una profunda caída de la producción industrial, que podría ser momento adecuado para re-pensar el sector productivo manufacturero en el país. Mucho más si se asume el otro dato ofrecido por el INDEC relativo a la situación “cualitativa” del sector industrial.[3] En la encuesta cualitativa se señala que 4 de cada 10 establecimientos industriales operaron con normalidad, por lo que los otros 6 tuvieron distintos tipos de anormalidades. Algunos, pudiendo abrir no tuvieron condiciones para la asistencia de sus trabajadores y trabajadoras; otros presentaron inconvenientes de abastecimiento de insumos; otros con dificultades para colocar la producción. Son situaciones de logística, de mercado o financieras. Los inconvenientes ocurren más allá de las facilidades crediticias, fiscales e incluso asistencia salarial proveniente del sector estatal.
El marco internacional
No son buenas las señales que provienen del mundo, muy especialmente en lo que atañe a las discusiones locales sobre la inserción internacional de la Argentina. Una cuestión es la negociación relativa al endeudamiento público del país con acreedores privados y otra con el FMI. El propio gobierno condicionó toda política económica a la resolución de un acuerdo con los Fondos financieros que gestionan inversiones en deuda pública en divisas y de legislación extranjera. De hecho, no hay presupuesto 2020 y la gestión funciona en el marco de la emergencia sanitaria y económica, dónde los destinos a satisfacer vencimientos de deuda, aun en default, son cuantiosos, superando los desembolsos orientados a paliar la crítica emergencia de millones de personas.
Las declaraciones públicas sugieren disposición negociadora entre el Gobierno y el FMI, que como sabemos, EEUU es el principal socio, quien en definitiva resuelve. Así ocurrió para otorgar el insustentable préstamo por 57.000 millones de dólares al gobierno de Mauricio Macri, y todo indica que desde allí viene el registro favorable para un acuerdo de negociación de las condiciones de cancelación de los desembolsos por 41.500 millones de dólares. De todas maneras, es una cuestión a develar más adelante, luego que finalicen las negociaciones con los fondos financieros, toda una incógnita. Con estos, lo concreto es la dilación. Se anunció que en marzo pasado estaría todo resuelto. Pasado un trimestre el tema sigue abierto, por ahora hasta el 4 de agosto próximo y quién sabe si habrá “fumata”.
Argentina negocia y consuma la cesación de pagos parcial, mientras cancela una parte de la deuda, que según la información oficial alcanza a más de 3.200 millones de dólares en el primer trimestre del 2020. En estos meses de negociación la propuesta de pago es cada vez más favorable a los tenedores de los títulos de la deuda, pese a una situación de incertidumbre en el mercado mundial y una deuda pública en suba inusitada. Entre los más duros negociadores externos se encuentra el Fondo Black Rock, que actúa como agente financiero del Tesoro estadounidense, el Ministerio de Economía de la potencia imperialista.
Lo curioso es este doble juego de la burocracia estadounidense, favorable a una negociación desde el FMI y cuestionadora desde los acreedores privados.
En rigor, es un trabajo en pinza sobre el país, que termina en ajuste económico de las cuentas públicas de la Argentina. Los del Fondo quieren cobrar y no tienen problema de inducir quitas a los tenedores privados de la deuda, al tiempo que estimulan cambios estructurales favorables a la inversión privada en términos generales, sean las reaccionarias reformas laboral o previsional.
La política de EEUU sostiene su interés de dominación en el organismo internacional, ahora trasladado al BID, con una Argentina que no validó la propuesta estadounidense, que por primera vez aspira a presidir la organización de financiamiento. Una movida que evitó que el candidato argentino, Gustavo Béliz, vinculado históricamente a la Iglesia, pudiera disputar el máximo cargo de gestión del Banco regional.
Más aún, Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador tuvieron su bilateral, con foto y declaraciones amigables que no favorecen una estrategia crítica a desplegar desde Nuestramérica hacia EEUU, algo que tuvo su auge hace una década, con procesos de integración alternativos que excluyeron a EEUU y Canadá de la integración regional.
Incertidumbres políticas
Sean las señales locales de recesión e impacto social regresivo en la mayoría de la población empobrecida, o por la dinámica desfavorable de una situación mundial, también recesiva, agravada con una pandemia sin vacuna en el horizonte cercano, la incertidumbre crece en el país.
El dato relevante es una Argentina rodeada por gobiernos de derecha en el marco de una fuerte ofensiva del capital, que incluso se apresta a reformar, a favor de las patronales, la media sanción de la legislación sobre teletrabajo, que curiosamente se aplicaría 90 días después de levantada la cuarentena, poniendo en duda la urgencia de su necesidad y confirmando la necesidad de condicionar cambios regresivos en la relación laboral.
Crece el descontento y habilita el interrogante sobre que desconformidades se atenderán en primer lugar. El interrogante no es solo para las autoridades, sino en el marco del conflicto social, latente o explicito, remite a la sociedad en su conjunto.
¿Qué presión pesa más, la de los banderazos, ampliamente publicitados por medios de comunicación hegemónicos, en defensa de la propiedad ante amenazas de intervención a Vicentín, o las de aquellos, ninguneadas por los medios, que demandan desalojar de la gestión empresarial a los delincuentes que estafaron a productores agrarios y al fisco?
¿Qué pesa más en las definiciones políticas, la voluntad negociadora y de pago de una deuda odiosa, ilegitima, e ilegal, o la suspensión de pagos y una auditoria con participación popular?
Se trata de pensar la economía y la política entrelazados, en un momento complejo donde las opciones ante la incertidumbre exigen definir marcos de alianzas adecuados para resolver problemas históricos, de la coyuntura y más allá, todo un gran desafío para quienes imaginamos la posibilidad de rumbos alternativos, en contra y más allá del orden capitalista.
Buenos Aires, 12 de julio de 2020



[2] INDEC. Índice de producción industrial manufacturero. Mayo de 2020, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipi_manufacturero_07_201822E20A12.pdf (consultado el 12/07/2020)
[3] INDEC. Encuesta cualitativa de la industria manufacturera durante la emergencia sanitaria. Mayo de 2020, en: https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/economia/encuesta_cualitativa_industria_covid_07_20.pdf (consultada el 12/07/2020)

Usos alternativos de las divisas que gestiona el Estado


Preocupa la fuerte recesión en el país (10 a 12%) y en el mundo (5%), porque es menos lo que se puede distribuir, máxime cuando existe un rumbo previo de asimetría en la distribución del producto social. Es lo que explica la desigualdad que ha sido creciente bajo la hegemonía del gran capital en tiempos de neoliberalismo (1973-2020) y ofensiva reaccionaria del gran capital en todo el mundo. La recesión supone menos consumo, inversión y dificultades en la dinámica del comercio internacional, insistamos, con consecuencias diferenciadas según la acumulación previa de riqueza y el acceso al ingreso de las personas. Si bien las categorías aludidas, consumo, inversión, o balance comercial y financiero, remiten a cuantificaciones nacionales del PBI, todas ellas están asociadas al tipo de inserción internacional de cada país y a la capacidad de gestión de las divisas por cada país.
A fuerza de ser obvio, no es lo mismo ser el país emisor de la moneda mundial, EEUU, o de uno con moneda de circulación global, caso de Europa Unida, Inglaterra, China o Japón, que ser dependiente de la acumulación de esas monedas para insertarse en la mundialización de la economía. Por esto es que los países dependientes en su capacidad de acumulación de divisas deben ser cuidadosos de los usos de las mismas. ¿Cómo obtiene divisas un país dependiente como la Argentina? Por ingreso de inversiones externas, con años que la región latinoamericana y caribeña no es destino privilegiado de ellas; por el saldo positivo de su comercio internacional de bienes y servicios, con tendencia a la baja de los precios internacionales de exportación; por la venta de activos al exterior, cuando ya se ejecutaron buena parte de las privatizaciones de empresas y bienes públicos; o por préstamos externos recibidos (deuda), eso sí en constante incremento.
Esas divisas que ingresan al país se canalizan por el BCRA, que actúa como intermediario. Contra el ingreso de esos recursos en divisas, el BCRA entrega moneda local, de circulación regular en el territorio nacional. Al mismo tiempo, es proveedor de esas divisas para cancelar deuda con el extranjero, facilitar compras de activos externos realizadas por residentes locales, o para favorecer las remesas de utilidades al exterior de los inversores externos, que como sabemos, en un régimen bajo la lógica del capital, lo que les interesa es la obtención de ganancias. Son todas razones para considerar con detenimiento las relaciones económicas de la argentina, o de cualquier país, con el resto del mundo, y la forma de utilización de las divisas, que son escasas y esenciales al momento de definir el tipo de inserción de cualquier país con el resto del mundo.
Por eso hay que seguir con atención las negociaciones por el endeudamiento público. El gobierno sugirió que para marzo tendría solucionado el proceso con los acreedores privados de la deuda pública de legislación extranjera, por unos 62.500 millones de dólares. Luego sería el turno de los organismos internacionales, por unos 69.000 millones de dólares, especialmente el FMI, acreedor por 41.500 millones de dólares. En total es una cifra considerable a pagar según se resuelva en las negociaciones. Aun cuando nunca se cancele el capital, lo que preocupa es la cancelación de intereses, que restringe la capacidad de uso alternativo de las divisas destinadas a pago de intereses.
Argentina resigna divisas
El gobierno argentino sigue postergando las negociaciones, concediendo mejores condiciones a los acreedores y mientras, cancelando intereses de la deuda pública, tal como señalan los informes oficiales. En el primer trimestre del año se cancelaron 3.279 millones de dólares en concepto de intereses.[1] En el mismo informe se detallan pagos por remesas de utilidades al exterior por 370 millones de dólares.
Algunas consideraciones hay que hacer al respecto. La primera tiene que ver con la resignación de 3.640 millones de dólares que podrían haber tenido uso alternativo, claro que previamente debió suspenderse el pago de la deuda y claro, auditarla con participación popular como demanda la campaña en ese sentido. Al mismo tiempo se debía establecer la imposibilidad de transferir utilidades al exterior en el marco de la emergencia sanitaria y social derivada de la prolongada recesión de la economía local. Otra cuestión es relativa a los ingresos fiscales, ya que mientras se paga deuda por casi 3.700 millones de dólares, se demora el ingreso al Parlamento del proyecto de ley a las grandes fortunas, con el cual se pretende recaudar una cifra similar.
El tema se complica a futuro, ya que la oferta inicial a los acreedores externos suponía un valor de descuento de los títulos equivalente a un 39% de valor presente, contra el 57% promedio por ellos demandados. Según la información que circula, ya se estaría ofreciendo un valor presente equivalente al 53% del valor nominal de los títulos de deuda, incrementando así los intereses a pagar en el futuro. Son millones de dólares que el país deberá colectar con gran esfuerzo y continuar postergando su uso alternativo.
Los datos ofrecidos sobre el sector externo argentino, en el informe antes mencionado destacan una pérdida de reservas internacionales por 1.089 millones de dólares.
Son datos elocuentes de quienes acumulan en la economía argentina, aun en condiciones de recesión y elevada inflación. Mientras que acreedores e inversores externos apropian riqueza, generada socialmente en la actividad local, la información cotidiana remite a cierres de empresas, cesantías y suspensión de trabajadoras y trabajadores, baja de ingresos salariales y sociales derivados del alza de precios más allá de congelamientos y acuerdos sustentados por la política pública. Todo indica que las tendencias del primer trimestre se repetirán, agravadas en el segundo, completando un primer semestre de deterioro para las cuentas externas, lo que impacta regresivamente sobre el conjunto de la sociedad. Más aún, el detalle de las cuentas públicas alude a un déficit externo por -444 millones de dólares, especialmente explicado por el saldo negativo de la cuenta de capitales (más egresos que ingresos), que se compensa con un saldo positivo del intercambio comercial. Pero esto último que debiera ser buena noticia, tiene el límite de que es consecuencia de la recesión. Es que la industria local es dependiente de insumos, máquinas y equipos externos y como hay recesión, entonces no se importan esos bienes. Además, las exportaciones disminuyen en cantidad y monto.
El comercio exterior local tiene saldo positivo porque hay fuerte caída de las importaciones. Ante la mínima recuperación de la actividad económica local, hasta podría revertirse el balance total, con saldo negativo no solo d ela cuenta de capital. Por eso se impone discutir el uso de las divisas y apuntar a modificar el modelo productivo y de desarrollo. Nuestra propuesta es que las divisas deben usarse para reactivas la economía con otro orden socioeconómico, más asentado en la economía popular, de autogestión y comunitaria, que atienda las demandas de producción y consumo del 50% empobrecido de la Argentina. Vale señalar que medidas en este sentido supone otros problemas, es cierto, especialmente con el sector del privilegio económico, pero constituiría el inicio de una política que privilegie el combate contra la pobreza. Por eso interesa discutir los datos relativos a las relaciones internacionales y los usos de las divisas. Al analizar cuál es la inserción internacional del país y las posibilidades de usos alternativos de la riqueza socialmente generada, es que se potencia la posibilidad de no reiterar una lógica de dominación que reproduce la salida recurrente de divisas, e imposibilita un arranque económico con la mira colocada en satisfacer las amplias necesidades de los sectores sociales más desprotegidos. Es claramente una cuestión política.
Buenos Aires, 5 de julio de 2020


[1] INDEC. Balanza de pagos, posición de inversión internacional y deuda externa. Primer trimestre 2020, en: