El Blog de Julio C. Gambina
Notas y artículos de análisis sobre la actualidad político-económica.
La economía crece, pero no para todos
Nota publicada en PERFIL: https://www.perfil.com/noticias/opinion/la-economia-crece-pero-no-para-todos.phtml
Resulta contradictoria la situación económica de la Argentina, con un crecimiento a marzo pasado del PBI, según el INDEC, del 5,5% anualizado, y del 3,5% respecto de febrero, pero con ingresos a la baja de la mayoría de la población.
No solo corren por detrás de la inflación los salarios y jubilaciones, sino buena parte de las ganancias de los sectores no favorecidos por el núcleo actual de la acumulación capitalista local.
En efecto, el crecimiento del PBI se explica principalmente por la novedad en la acumulación, la energía, la minería y el sector asociado al conocimiento y las nuevas tecnologías. A ellos se suma el tradicional sector del agro negocio y las finanzas. Por el otro lado, en retroceso, corre el comercio, la industria o la construcción, aún con los datos positivos de marzo.
De hecho, existe un nuevo núcleo de la acumulación capitalista, que explica la expansión del PBI, como consecuencia de cambios que se viene operando hace medio siglo y que manifiestan su madurez en la coyuntura bajo gestión Milei.
En este sentido está la apuesta a la “nueva industrialización” pensada para el país. A eso apunta el súper RIGI que sugiere el gobierno, estimulando la transformación de las materias primas que explican el boom de exportaciones actuales.
Por un lado, hay expectativa en los proyectos aprobados bajo el RIGI, en donde el gobierno espera se acelere la concreción de esas inversiones, por ahora demoradas. A esos beneficios apunta la UIA, que demanda un RIGI propio.
Más aún, Luis Caputo dice que ya “no hay más espacio para el ajuste” y que, por lo tanto, la apuesta es al crecimiento. Para eso un nuevo RIGI, para inversores que adicionen valor a la producción de energía y de minería.
No llegan aun las inversiones del RIGI, por más que se hayan aprobado y ya sueñan con nuevas rondas de inversiones externas para una novedosa industrialización de la Argentina.
Los datos de inversiones extranjeras en el mundo no validan al país como destino y mucho menos el elevado riesgo país, que más allá de la propaganda oficial se mantiene por encima de los 500 puntos, muy lejos de las calificaciones de otros países de la región. No es que sea importante esa calificación, pero es una norma del orden capitalista a la que el gobierno y los grandes inversores miran con atención.
El capitalismo argentino está en una profunda transformación socioeconómica desde hace medio siglo y parece consolidarse bajo la gestión Milei, que intenta repetir su mandato desde 2027.
Para contrarrestarlo hace falta otro proyecto de país, sustentado en un programa económico y político que atienda la satisfacción de las más amplias necesidades populares.
No alcanza con la extensión importante de protestas sociales en expansión sin una referencia política que contenga las demandas de las movilizaciones sociales en defensa de los ingresos salariales y previsionales, la educación o la salud pública, el derecho a la energía, entre muchas demandas.
Esas protestas necesitan referenciarse en proyectos políticos alternativos que entusiasmen a una mayoría suficiente para intentar un rumbo a contramano del programa hegemónico de las derechas.
No hay respuesta desde las identidades tradicionales, por lo que la expectativa está en la emergencia de una nueva representación política que asuma el programa de la crítica y de la resistencia popular.
En todo caso es lo que asoma en una referencialidad creciente de la izquierda que está desafiada a constituirse en proyecto social masivo.
Buenos Aires, 26 de mayo de 2026
El capitalismo en crisis y las incertidumbres sobre el futuro
La economía mundial está en crisis, los que supone la exacerbación de la confrontación entre las/os propietarias/os de los medios de producción y las/os propietarias/os de la fuerza de trabajo. Aludimos a la lucha de clases expresada esencialmente en la relación entre el capital y el trabajo, entre capitalistas y trabajadoras/es. Decir economía mundial apunta a destacar que el orden capitalista en su totalidad está en crisis. No solo es la economía, sino la política y con ello, la totalidad de vida, de la humanidad y de la naturaleza.
El capitalismo, producto de la crisis, está en reestructuración, lo que significa un nuevo momento de las relaciones de explotación y del saqueo; una redefinición de la función estatal para asegurar el objetivo del régimen del capital, sea en la obtención de ganancias, la capacidad de acumular y de dominar para reproducir una lógica de proliferación del régimen de explotación y saqueo. Pero, como el capitalismo es una relación social, junto a la dominación está la subordinación, la de las clases subalternas, las que resisten la iniciativa del poder concentrado, generando no solo la resistencia, sino recreando perspectivas de emancipación social. Es una dinámica de revolución en la búsqueda de un nuevo orden anticapitalista.
La confrontación de proyectos, entre la clase dominante y la subalterna se procesa en los órdenes nacionales, regionales y en el mundial. En cada país se procesan iniciativas de lucha de clases, las que articulan regional y globalmente. Solo para arrimar un ejemplo, pueden pensarse los cambios nacionales ocurridos en varios países de Sudamérica en la primera década del siglo XXI, quienes articularon propuestas novedosas de carácter regional en torno a una integración no subordinada en materia económica, financiera, política, comunicacional, cultural. El impacto en la sociedad mundial fue importante, incluso construyendo iniciativas de articulación en campañas mundiales, caso del Foro Social Mundial en Brasil hacia el 2001, que se extendió por todo el planeta. Ahora, a fines de marzo pasado, nuevamente en Porto Alegre se convocó globalmente a la construcción de una Conferencia Antifascista y Antimperialista, con la pretensión de confrontar a los múltiples foros de la ultraderecha.
Crisis y violencia
Es un dato relevante la crisis capitalista y los nivele de incertidumbre que genera la creciente desigualdad, el aumento de la carestía con el retorno de la inflación, las amenazas que suponen la extensión de la guerra y la militarización, exacerbando el carácter delictivo del capitalismo contemporáneo. Esto ocurre vía aumento de la venta de drogas, armas o la trata de personas, más la creciente especulación de mercados financieros que extienden el papel del capital ficticio en beneficio de pocos sectores sociales altamente concentrado en desmedro de la inmensa mayoría de la población mundial.
Se repite un fenómeno esencial del capitalismo desde su origen: la violencia, que junto al “progreso” tecnológico productivo, incluso de la extensión de las expectativas de vida, crece la “devastación” por medio de calamidades naturales evitables, desde inundaciones a sequías, pasando por pandemias que afectan a los sectores más empobrecidos de la población. El progreso y la devastación constituyen una constante en nuestro tiempo, agravando el problema de la desigualdad de ingresos y de riquezas. La violencia está en el origen del capitalismo y se reproduce en el marco de procesos de crisis y reestructuración capitalista.
El capitalismo se construyó desde la lógica colonialista e imperialista, que supuso la conquista de pueblos y territorios, junto a la cacería desplegada en África para la esclavización de fuerza laboral. Son mecanismos en el origen del capitalismo que constituyen su continuidad estratégica bajo nuevas modalidades de explotación de la fuerza de trabajo. La apropiación territorial supone al mismo tiempo la dominación sobre la “madre” y el “padre” de la riqueza: la naturaleza y el trabajo. Es una constante que bajo diferentes modalidades acontecen en la historia del capitalismo.
Las crisis convocan a reestructuraciones violentas, por eso las dos guerras mundiales entre 1914 y 1945, o la actualidad del genocidio operado en Gaza, la violación de la soberanía en Venezuela o la agresión militar a Irán, o la exacerbación del bloqueo sobre Cuba, solo por mencionar ejemplos evidentes de la violencia imperial capitalista contemporánea.
En la actualidad, el capitalismo pretende reestructurarse afirmando la tendencia a la liberalización de la economía, curiosamente, con fuerte intervención estatal para ejercer la violencia sobre países que pretendan rumbos alternativos o autónomos. Por eso, es una liberalización con sanciones unilaterales que rompen las normas internacionales por los países más poderosos, por caso, contra las normas establecidas en la ONU hacia 1945. La incapacidad de la ONU para hacer respetar las normas internacionales establecidas por las potencias hegemónicas hacia 1945 habla de la crisis de la institucionalidad mundial del orden capitalista.
La realidad es una tendencia extendida a la precariedad del empleo y el ingreso de trabajadoras y trabajadores, la mayoría de la población mundial. Del mismo modo que se extiende la lógica de la privatización y la desregulación, favoreciendo la iniciativa del capital privado en la perspectiva de restablecer niveles superiores de producción y acumulación de las ganancias. Se trata de una dinámica que busca sostener la hegemonía lograda luego de 1945 por EEUU, hoy desafiada desde Asia por China, que articula relaciones internacionales más allá de la dominación económica, financiera, monetaria construida desde Washington.
Alternativa al capitalismo
En ese marco se procesa la carrera por la innovación tecnológica, la productividad del trabajo y la capacidad de apropiar concentradamente el excedente, que es resultado de la producción social, cada vez más extendida en su potencia de universalización. Esa universalidad creciente del capitalismo convoca a una respuesta de carácter alternativo, por otra sociedad. No es un tema nuevo, que podemos traer al debate desde la tradición de organización y lucha por la revolución.
La revolución fue la estrategia del movimiento obrero que anticipó el Manifiesto Comunista en las luchas de 1848 en Europa, territorio del movimiento obrero en su primera etapa. Una estrategia que se asumió bajo la consigna: “proletarios del mundo uníos”, como consigna de la Asociación Internacional de Trabajadores hacia 1864, que tuvo materialidad con el intento de la Comuna de París en 1871, y más aún, con la Revolución en Rusia en 1917. Esas experiencias se desarrollaron como fundamentos para una expectativa en contra y más allá del capitalismo.
Con la ofensiva capitalista de los 70/90 del siglo pasado, emerge en esta tercera década del siglo XXI la ofensiva política de la ultraderecha, con su proyecto reaccionario por desarmar conquistas históricas de la lucha obrera y popular, en un intento de relanzar la lógica de explotación y saqueo. Como siempre, la resistencia obrera y popular se opone a la política criminal de la ofensiva del capital y de las ultraderechas y reanima la búsqueda por caminos alternativos que otorguen perspectiva histórica a la posibilidad de la lucha por otro orden mundial, sin explotación y saqueo de los bienes comunes.
Es la experiencia de las luchas de las/os trabajadoras/es y de nuestros pueblos los que construyen la esperanza liberadora en todos los continentes, por una nueva institucionalidad global en donde sea los pueblos los que definan el presente y el futuro.
Buenos Aires, 22 de mayo de 2026
La fragmentación del movimiento obrero limita la síntesis estratégica para construir alternativa de poder
La reestructuración regresiva del capitalismo en la Argentina por medio siglo, desde la dictadura genocida en 1976, puede explicar el retroceso de las/os explotadas/os en su confrontación con la clase propietaria, local y extranjera, del núcleo principal de acumulación capitalista.
En efecto, ante la acumulación de poder popular de la clase trabajadora hacia 1975/76, la respuesta fue la genocida ofensiva del capital en contra del trabajo, que hoy se asume, además, como ofensiva de la ultraderecha (el gobierno de Javier Milei) para eliminar las conquistas obtenidas en la lucha obrera y popular. Se acaba de aprobar una reaccionaria reforma laboral en contra de derechos históricos de trabajadoras y trabajadores, que era un objetivo de largo aliento del gran capital.
La acumulación de poder popular fue producto o de un siglo de experiencias de organización y lucha (1875-1975), en la que confrontaron una estrategia de conciliación de clases, hegemónica luego de 1945, para el desarrollo del capitalismo y una corriente que sustentó una estrategia de poder en contra del capital, hegemónica en los albores de la emergencia obrera a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Esa disputa coexistió desde el inicio de la organización política de la clase trabajadora y se proyecta en nuestro tiempo en las formas que asume la fragmentación y la reorganización del movimiento de trabajadoras y trabajadores. Es algo que se visibilizó en la diversidad de actos del 1° de mayo pasado.
Son tendencias que conviven en la resistencia cotidiana, expresadas en paros generales y diferentes formas de lucha, pero sin síntesis de una propuesta política alternativa a la lógica capitalista.
Regresivos cambios estructurales
La pobreza y el desempleo oscilaron en torno al 5% y al 3% respectivamente antes de la ofensiva reaccionaria de la Dictadura genocida iniciada en 1976.
En la actualidad, la pobreza oscila entre el 30 y el 50% desde hace tres décadas, como dato estructural de la organización económica de la sociedad en Argentina. El desempleo, el subempleo y la situación irregular, de precarización en el empleo, creció de manera alarmante y afecta al 50% de la población trabajadora.
Por eso, el impacto regresivo en la distribución del ingreso, que desciende desde el máximo de un 50% para el capital y otro tanto para el trabajo a niveles de 70 a 30, en desmedro de la clase trabajadora.
La Argentina contemporánea es más desigual en apropiación de ingresos y de riqueza con relación a las formas del desarrollo capitalista previo al proceso inaugurado hace medio siglo desde el golpe de Estado de 1976.
El golpe del 76 instaló reaccionarias reformas en las relaciones entre el capital y el trabajo, tanto como en las funciones asumidas por el Estado y en un realineamiento internacional del país favorable a la dinámica de liberalización y transnacionalización del régimen del capital.
No sorprende entonces que el primero de mayo de 2026 presentó diferentes actos y movilizaciones de las centrales sindicales existentes y de organizaciones sindicales, sociales y políticas.
Esa diversidad es una manifestación de estrategias divergentes que existen en el movimiento obrero y popular, de quienes mantienen una lógica de conciliación de clases en tiempos de imposibilidad para políticas de tipo keynesiana, funcionales a otro momento del capitalismo global.
Otros, sustentan lógicas de confrontación sin conciliar diagnósticos relativos a la derrota sufrida por el movimiento obrero desde la ofensiva capitalista global de los ´70 y los ´90 del siglo pasado.
Constituye aún una asignatura pendiente el balance de la lucha de clases contemporánea, de los ciclos acontecidos desde los orígenes del movimiento obrero y las estrategias por la emancipación y la revolución, de 1848 al presente.
Aludimos a una derrota estratégica que afectó el imaginario por la lucha anticapitalista, antimperialista, anticolonialista y toda forma de discriminación o racismo.
En rigor, un diagnóstico adecuado sobre la derrota sufrida es el punto de partida para reagrupar al movimiento de trabajadoras y trabajadores en una nueva estrategia por la revolución en contra y más allá del capital.
Desafíos estratégicos
Son líneas escritas pensando en la Argentina, pero que pueden hacerse extensivas a otras latitudes, en tanto acontecen cambios reaccionarios en el capitalismo mundial a la salida de la crisis de rentabilidad de los 60/70 en todo el mundo.
Cambios estimulados por la derrota y desarticulación del socialismo en el este de Europa y muy especialmente con el fin de la Unión Soviética y la bipolaridad del sistema mundo.
El movimiento obrero y la izquierda está desafiada a gestar un nuevo tiempo por la revolución y el socialismo, en donde la teoría revolucionaria está convocada al análisis riguroso y la generación de síntesis de nuevas experiencias de transformación revolucionaria.
Son reflexiones que remiten a una práctica teórica política en el movimiento obrero y en la izquierda, en la Argentina y en la región. Reflexiones que apuntan al desafío intelectual por reconstruir una estrategia contra el capital en esta tercera década del Siglo XXI.
Buenos Aires, 5 de mayo de 2026.
A 208 años del nacimiento de Karl Marx.
Pareciera que los tiempos no le dan a Milei (publicado en Perfil https://www.perfil.com/noticias/opinion/pareciera-que-los-tiempos-no-le-dan-a-milei.phtml
La salvación de Milei serían las inversiones externas o la apertura del mercado mundial de capitales y deuda.
Parece que los tiempos no le dan. Los inversores internacionales miran para otro lado ante las incertidumbres de la economía mundial y eso agrava el riesgo de aquellos que podrían asentar sus inversiones en la Argentina.
En el mundo existe lo que se denomina “vuelo a la calidad”, especialmente en tiempos de crisis, y eso es lo que ocurre con la militarización y guerra, con escalada de precios internacionales.
Los capitales se orientan hacia la industria militar, radicada en los principales países del sistema mundial. Una parte importante se asocia a la tecnología que la sustenta, entre ellas, la crema de las innovaciones tecnológicas: la inteligencia artificial.
Además, la lógica de alianzas internacionales de Milei apunta a la complementación entre la demanda de materias primas de la economía estadounidense, litio entre otros, y la posibilidad de oferta que tiene la Argentina.
Por fin quedaría atrás la competencia entre ambos países y podría existir asociación de beneficio mutuo, con inversores del norte y provisión de bienes comunes desde la Argentina.
Claro que en la amplia geografía y en la disputa geopolítica existen otras opciones que compiten como oferentes de la misma producción. Remito a Australia, gran proveedor de China y que EEUU está interesado en potenciar la reorientación de esas exportaciones hacia el mandamás del sistema mundial.
Es un momento complicado para las expectativas del liberal libertario en la Casa Rosada. La subordinación política e ideológica a Trump y al proyecto MAGA no paga en la imaginación de reestructuración regresiva del capitalismo local.
La competencia mundial existe y no solo están los amigos de Trump, sino y especialmente los intereses económicos.
Esa reorganización del capitalismo mundial se asienta en el destino de las inversiones productivas y cada Estado nacional disputa por la atracción de esas inversiones.
La búsqueda de esos inversores no es solo política de la Argentina.
Entonces… más ajuste y recesión
Milei debe profundizar su política para atraer esas inversiones que parecen esquivas.
No alcanza con el RIGI, ni la reforma laboral, obstaculizada en la justicia.
Por eso profundiza la línea del ajuste fiscal con la lógica de la motosierra.
Es que se le disparó el índice de precios, con el 3,4% de marzo y para bajarlo induce más recesión de esa parte no beneficiada de la política económica, intentando exhibir que lo que importa son los cuatro sectores del crecimiento: el agro negocio de exportación, la minería, la energía, todo basado en un sistema financiero abierto al mercado mundial.
Un mercado mundial que se resiste a ofrecer los suficientes recursos de renegociación de una deuda impagable en la perspectiva de los vencimientos de un calendario de pagos muy abultados en los próximos años.
El relato lo condena. Pareciera que aquello de que la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario no resuelve la demanda social por estabilizar la economía de la cotidianeidad, más aún cuando presionan los precios internacionales.
Milei con su relato monetarista y en contra de la casta y la corrupción construyó un relato esperanzador, materializado en consenso electoral.
Ese relato se derrumba por la realidad económica a la que se suman las evidencias de corrupción de la casta en el gobierno.
La sociedad empieza a ver estos problemas y la desesperanza crece, habilitando la búsqueda de un nuevo proyecto esperanzador, que debe transitar por rumbos opuestos a la lógica liberal libertaria.
¿Cuál rumbo?
Discutir si se atiende a los acreedores externos o a los acreedores de alimentación, salud, educación, empleo o ingresos suficientes.
Si debe favorecerse la producción extranjera abriendo indiscriminadamente las importaciones o si se debe hacerse promoviendo la local, bajo formas comunitarias, de autogestión, cooperativas, solidarias, que privilegian la necesidad de resolver producción y circulación para la mayoría social empobrecida por la lógica de mercado hoy imperante.
En fin, un proyecto en construcción en las demandas organizadas del conflicto social que crece en el país y que no encuentra respuesta ni en el gobierno ni una oposición que no combate el fondo del proyecto oficialista, sino las formas del ejercicio del poder.
Combatir el relato oficial resulta imprescindible para generar condición de posibilidad de otro proyecto político que vaya a contramano de esta lógica de ofensiva ultra liberal.
Buenos Aires, 14 de abril de 2026
Ofensiva del capital y de la ultraderecha en Argentina. Desafíos y problemas para construir alternativa
Resulta importante destacar la oportunidad y el lugar de la convocatoria a esta “Conferencia”.
El momento es de una enorme gravedad, por la escalada guerrerista de EEUU e Israel sobre Irán, potenciando el genocidio en Palestina, la intromisión en Venezuela y las amenazas a Colombia, México o a Cuba, entre otros países.
Sobre el lugar, Porto Alegre, recupera la zaga de encuentros del Foro Social Mundial desde 2001, ámbito que en enero del 2002 había puesto en escena la “pueblada” de Argentina de fines del 2001 y su contribución a la dinámica de cambio político regional en la primera década del siglo XXI.
El fenómeno Milei y lo esencial de la reaccionaria reorganización del capitalismo local
Es necesario caracterizar el fenómeno del ascenso político del liberal libertario Javier Milei a la presidencia de la Argentina, desde diciembre del 2023 y con mandato hasta diciembre del 2027, con posibilidad de renovación de gestión presidencial entre 2027 y 2031.
Se trata de un “fenómeno” asociado al desarrollo capitalista del país, a la reorganización estructural regresiva que se viene operando desde hace medio siglo, especialmente desde la emergencia de la dictadura genocida instaurada en marzo de 1976.
Esa es la “esencia” detrás del fenómeno. No es una casualidad, ni está al margen del proceso histórico concreto, sino resultado del desarrollo del capitalismo.
Desde 1975/76 acontecen cambios estructurales en las relaciones económico sociales, sea la relación entre el capital y el trabajo, la relación estatal y en el ámbito de las relaciones internacionales, las que se potencian en el presente de ofensiva ultra-liberal de la ultraderecha.
Los cambios estructurales son expresión de la ofensiva del capital por la “liberalización” de la economía y la recuperación de márgenes favorables a la tasa de ganancia en desmedro de los ingresos salariales y de los de la mayoría de la población, por lo que se avanzó en desregular y privatizar el sector productivo, subordinando al país a la lógica de acumulación de la internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital.
Aludimos a cambios que son parte de una reorganización reaccionaria del capitalismo en el ámbito global. Son consecuencia de la crisis capitalista de “rentabilidad” en los 60/70 y de la respuesta “liberalizadora”, denominada neoliberal.
Esos cambios estructurales en las relaciones económico sociales generan cambios políticos, en la representación política. Por eso, asistimos a una dinámica de crisis de las representaciones tradicionales, no solo en los partidos políticos, sino también en la representación sindical, social, cultural; en un cambio de paradigma que afecta la tradición político cultural de la clase explotada y del conjunto del pueblo.
Las claves para entender la economía y la política en el país, incluso a escala global, cambiaron.
El capitalismo, como relación social existente hasta 1975/76 había generado determinadas estructuras de poder y de réplica sociopolítica, derivada de la lucha de clases concreta.
Todo eso estalló en este medio siglo y ante la crisis política emergen nuevas representaciones, las que intentan reflejar los cambios en el desarrollo de las fuerzas productiva y las relaciones de producción.
Detrás de Milei está la iniciativa política del poder, de capitales concretos que lo instalaron en una campaña mediática para hacerlo conocido, inducir una crítica a las formas de ejercicio de la política y ofrecer una perspectiva legitimadora del “ajuste y la regresiva reestructuración” del capitalismo local.
El discurso legitimador supone la liberalización de la economía, es decir, la eliminación o limitación de los derechos sociales, sindicales, colectivos e individuales que restringen la apropiación de ganancia empresaria.
Se trata de una búsqueda por la funcionalidad de la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes a las condiciones y necesidades del capitalismo mundial.
Lo primero, explotación de la fuerza de trabajo, viene lográndose en una tortuosa y persistente ofensiva del capital contra el trabajo, cuyas consecuencias son la tendencia a la baja de los ingresos salariales, el crecimiento del trabajo irregular y por lo tanto de la precarización salarial y laboral.
El saqueo, lo segundo, es una tendencia histórica liderada por la gran propiedad territorial, afirmada con el cambio del modelo productivo agropecuario exportador centrado en el complejo de la soja transgénica, especialmente desde los 90 del siglo pasado.
La novedad en la estructura socio económica del país deviene en los nuevos territorios de la explotación y del saqueo, ya no los tradicionales de la “pampa húmeda” y su producción histórica de granos y carnes, luego soja y cultivos transgénicos, sino las oportunidades de la energía bajo la explotación de hidrocarburos no convencionales y de la minería. El sector financiero, especialmente el endeudamiento público, resulta funcional a esa estrategia.
Esa novedad del modelo productivo y de desarrollo supone una transformación estructural para desarmar la lógica productiva y del poder histórico. Es lo que puede entenderse de la dinámica de “desindustrialización” en curso, que, en rigor, significa una reindustrialización hacia otros sectores productivos, especialmente empujados por la inversión extranjera y la lógica de acumulación global que implican las innovaciones tecnológicas en el presente.
La expectativa por inversiones externas acerca al gobierno de la Argentina al de EEUU y modifica la tradicional relación “competitiva” del capitalismo local con el yanqui.
Ocurre ahora una complementariedad, en donde desde el sur se ofertan abundantes “recursos naturales”, los bienes comunes demandados por el norte, a cambio de capitales que buscan rentabilidad en tiempos de crisis mundial, de ralentización de la economía y de búsqueda de rentabilidad.
En ese marco, Milei y Trump constituyen una sociedad altamente funcional, aun cuando el neoyorquino es “nacionalista” y el argentino no lo es. De hecho, Milei pretende dar letra a los líderes del capitalismo mundial sobre la liberalización necesaria en el presente.
Los líderes de la ultraderecha son nacionalistas, Milei no. Este pretende inaugurar un nuevo paradigma global. Recordemos que Pinochet impulsó la política económica pergeñada en la Escuela de Chicago o desde la austríaca, dando lugar al ensayo neoliberal que luego generalizarían Thatcher y Reagan, más aún a la caída de la URSS para generalizarse desde los 90 del siglo pasado hasta la crisis del 2007/09.
Esa es la pretensión del presidente de la Argentina, marcando la cancha al capitalismo mundial por más liberalización, ahora desde el consenso electoral. Si hace medio siglo, el ensayo chileno y de las dictaduras del Cono Sur de América marcaron el rumbo del capitalismo mundial, ahora se ensaya desde la Argentina una propuesta radicalizada de liberalización.
Si entonces se hizo desde la Dictadura, ahora se organiza desde el consenso electoral, legitimador de una propuesta autoritaria y antipopular.
El desafío y los problemas para construir alternativa política
Lo fundamental pasa por reconstruir una estrategia de contrapoder, no solo para derrotar electoralmente a Milei, lo que puede ocurrir desde una fuerza política que unifique el espectro crítico al liberal libertario y no modifique sustancialmente el rumbo de regresiva reestructuración del capitalismo local.
De hecho, ya ocurrió con las críticas a los proyectos liberalizadores de los 90 del siglo pasado, en donde las oposiciones construidas para derrotarlos mantuvieron lo esencial de las reformas regresivas de los años 90, incluso las previas en tiempos de la Dictadura genocida, ejemplo de la legislación financiera de 1977 y la dinámica subordinada del endeudamiento público, no revertida en 43 años de gobiernos constitucionales, salvo el efímero momento del 2001 bajo la presión popular, que definió la suspensión de pagos hasta el canje de deuda del 2005.
No alcanza entonces con un frente anti Milei. Lo que se requiere es una alternativa política para otro rumbo económico y social de la Argentina, con el privilegio a satisfacer las demandas de la mayoría social, por ingresos, empleo y derechos conculcados en tiempos de liberalización de la economía.
El punto de partida es la derrota política de la estrategia de la clase obrera y el movimiento popular en tiempos de la dictadura genocida, cuya reversión es la asignatura pendiente, imprescindible para reconstruir estrategia de gobierno y de poder en el país. En rigor, no se trata de un tema local, sino que es extensivo en el ámbito regional y mundial ante la derrota global identificada con el fin de la bipolaridad.
Los episodios como los de Venezuela o Irán tenían límites en tiempos de confrontación entre el socialismo y el capitalismo, más allá de lo que se opine acontecía en el este de Europa.
Ponencia presentada en el panel: “La lucha contra el fascismo ultra-liberal de Milei” en la “Conferencia Internacional antifascista y antiimperialista”. Actividad realizada el 26 de marzo de 2026 en Porto Alegre, Brasil. Por el escaso tiempo solo se presentaron verbalmente aspectos salientes de las ideas aquí expuestas.
El cambio político en nuestra América en la primera década del Siglo XXI generó enormes expectativas, aun cuando la propuesta “progresista” mostró sus límites, precisamente por no confrontar al proyecto reaccionario de inserción subordinada en la lógica de la internacionalización de la producción y la transnacionalización del capital.
Se trata de reorganizar al movimiento obrero y popular, lo que supone desafiar a la institucionalidad de la representación popular. El desafío lanzado en los 90 por una “nueva” organización de trabajadores y trabajadoras sigue pendiente de materialización.
En la crisis del 2001 emergieron nuevas formas de expresión y representación popular, sean las asambleas, los piquetes, las empresas recuperadas y diversas formas de expresión de la demanda de organización y lucha de trabajadores y trabajadoras. Fueron y son formas de expresión de la diversa resistencia que existe en la Argentina, con el límite de la ausencia de una síntesis política que la exprese de manera unificada en una propuesta política alternativa.
Un problema irresuelto en la construcción de alternativa es el dialogo y la articulación de propuestas que anidan en tradiciones políticas diferentes, especialmente la identidad del peronismo y de la izquierda. Existen límites subjetivos para una articulación política de ambas tradiciones para avanzar en políticas de unidad de acción y más aún de unidad estratégica. No remite a la unidad de las organizaciones partidarias, sino a las identidades colectivas en el seno de las trabajadoras y los trabajadores.
Las recientes movilizaciones de carácter antifascista (febrero 2025 y 2026), las convocatorias por el 8M o la masiva convocatoria del 24M dan cuenta de la capacidad de movilización y organización popular, aun cuando acontecen en el marco de fragmentaciones diversas, especialmente en materia política.
Grandes concentraciones convocadas por amplios espectros políticos sociales no tienen aún capacidad de articular síntesis políticas que hagan realidad el programa que sustenta cada sector de la sociedad, caso de la lucha de jubiladas y jubilados, por mejoras de los ingresos salariales y populares, por los derechos a la educación o la salud, por el género y las diversidades, por la defensa del medio ambiente, entre muchos aspectos que difunden multiplicidad de luchas cotidianas.
Son todos reclamos que encarnan un programa, con la dificultad que no son sintetizados en una propuesta política integral, que pueda disputar gobierno y poder.
Las reflexiones aquí volcadas son expresadas en mi carácter de integrante de ATTAC-CADTM, parte de la red CADTM, convocante de esta Conferencia antifascista y antimperialista, con años de militancia en campañas mundiales contra la globalización capitalista y muy especialmente en contra del endeudamiento público y los organismos financieros y la banca transnacional. También milito la Corriente Política de Izquierda, CPI, en “Vientos del Pueblo. Por un frente para el Poder Popular”. Desde Vientos del Pueblo se viene impulsando la “Agenda del pueblo trabajador”, que articula movimientos y grupos que sustentan luchas y demandas. Se trata de una forma de construcción de alternativa política interactuando entre las luchas populares y sus organizaciones en la búsqueda de nuevas síntesis que habiliten el proceso de construcción colectiva de una propuesta anticapitalista, antimperialista, contra toda forma de racismo y discriminación.
Resulta imprescindible reagrupar a la clase obrera y al movimiento popular en todas sus dimensiones y transiciones políticas, especialmente el peronismo y la izquierda, quienes disputaron la hegemonía en el seno de la clase trabajadora. El sindicalismo argentino transitó desde fines del siglo XIX entre el anarquismo, el socialismo, el comunismo, desde sus orígenes hasta la emergencia del peronismo a mitad de los 40 del siglo pasado.
Se requiere la reorganización política y la identidad del movimiento obrero y popular para sentar las bases de una propuesta política que sea síntesis de la estrategia de poder en contra de la ofensiva del capital y de la ultraderecha.
Los problemas de la fragmentación social y política constituyen desafíos para reorganizar al sujeto consciente que enarbole los programas aislados de múltiples luchas sectoriales a lo largo y ancho del país para construir síntesis política para la emancipación.
Buenos Aires, 26 de marzo de 2026
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