El Blog de Julio C. Gambina
Notas y artículos de análisis sobre la actualidad político-económica.
Reformas financieras en modo campaña
El presidente presentó en cadena nacional un paquete de reformas orientado a liberalizar la economía y reducir la intervención del Estado. Las iniciativas principales incluyen modificar la carta orgánica del Banco Central, establecer un freno fiscal y flexibilizar los mercados de capitales y seguros.
Los ejes del paquete de reformas
La reforma del Banco Central busca modificar la carta orgánica vigente desde 2012 para enfocar el rol de la entidad exclusivamente en el cuidado de la moneda y el freno a la emisión monetaria. Para el control fiscal y funcionamiento del Estado introduce la idea de un "grillete fiscal" o cierre temporal del gobierno ("Shut Down") ante la falta de fondos. Respecto al mercados de capitales y seguros propone reducir los controles estatales para que las empresas emitan títulos con mayor libertad y las aseguradoras operen con menos restricciones.
Esta iniciativa gubernamental tiene fundamentos económicos y políticos en sintonía con los objetivos de repetir un mandato más en 2027. En primer lugar, parte de un diagnóstico erróneo que atribuye la inflación únicamente a la emisión monetaria, siendo algo que genera controversias teóricas frente a políticas de otros países hegemónicos del capitalismo e incluso visiones heterodoxas. También supone una estrategia electoral y parlamentaria para disputar consenso, especialmente centrado en el objetivo de reducir la inflación.
La suba de precios se mantiene, aun cuando el gobierno induce una recesión vía caída de ingresos salariales y jubilatorios, impactando en el consumo popular y el nivel de actividad asociado al mercado interno. Lo dinámico del capitalismo local sigue siendo el mercado mundial, con crecientes exportaciones de energía y minería, que se suman a la tradicional proveniente del sector del agro negocio. Es una lógica con escasa difusión al conjunto social y que, además, recrea la constante fuga de capitales. Los mayores ingresos de divisas por exportaciones se esterilizan con pagos de la deuda, remesas de utilidades al exterior y constitución de activos externos.
Con los cambios anunciados, si avanzaran, solo se consolidará un rumbo de dependencia y subordinación a la demanda del capital más concentrado y su dinámica de acumulación. Al mismo tiempo debe señalarse que la situación actual del mercado de capitales y el sistema financiero no impidió el avance de la reaccionaria reestructuración del capitalismo local.
Campaña y alternativa
Se trata de una lógica de campaña para consolidar su proyecto político, aunque su aprobación final dependerá de la negociación con la oposición y los gobernadores aliados en el Congreso y muy especialmente a la respuesta social, estimulada por la crítica situación derivada de ingresos populares deteriorados. En este sentido vale mencionar que crece el descontento con la política pública y comienza a crecer el desencanto con las expectativas esperanzadas de votantes de Milei.
El problema sigue siendo la construcción de alternativa política, sin lo cual no hay horizonte de cambio del rumbo, que se afirma en la subordinación a la lógica del capital más concentrado y la política exterior de EEUU. Es una situación a definir en la acumulación de poder popular, que trasciende la coyuntura electoral.
Buenos Aires, 1 de agosto de 2026
Para discutir el uso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS)
Es habitual escuchar que “no hay plata” para financiar proyectos alternativos al actual modelo productivo y de desarrollo. Por ende, los gobiernos reiteran una monserga reiterada de busca de financiamiento para la renovación de una deuda impagable. Entre ese financiamiento está el uso del FGS, el “fondo de los jubilados”, que todos los gobiernos utilizan como si fuera un fondo propio del Estado capitalista. Un 80% del FGS está invertido en deuda pública.
Por eso, el “no hay plata y hay que endeudarse”, resulta una afirmación condenatoria que augura la reproducción de la dinámica actual de funcionamiento del orden capitalista local.
Hemos insistido en reiteradas oportunidades que el país está atrapado “sin salida” en el condicionante de la deuda, especialmente monitoreado por el FMI.
En estos días, la titular del FMI visita la Argentina para asegurarse que su principal acreedor cancele la deuda iniciada bajo gobierno Macri (2018), renegociada en la gestión Fernández (2022) y asegurada en el gobierno Milei.
Observando el último informe del FGS gestionado por ANSES a junio del 2026, en: https://www.anses.gob.ar/fgs-fondo-de-garantia-de-sustentabilidad, podemos observar que un Fondo de 123,4 billones de pesos, equivalentes a 79.232 millones de dólares, tiene destino en financiar al Estado Nacional con títulos que representan el 77,7% del total.
El FGS, el fondo acumulado por el régimen jubilatorio desde el 2008 tiene destino principal en el financiamiento público.
Además, junto a títulos de Entes Estatales, el porciento alcanza al 79.5%, que al sumar inversiones en acciones de empresas privadas por 14,3% y en otros activos destinados a potenciar al capital, el grueso de las inversiones financieras del FGS utilizan casi el 96% del total.
El capitalismo argentino, sea su sector privado directamente, o el Estado capitalista, recibe financiamiento desde un fondo que acumula en función del régimen jubilatorio “solidario”.
Un Fondo que es parte sustancial de la seguridad social. Plata hay, sí, pero para financiar al capitalismo y sus mecanismos de acumulación, asociado a las finanzas, la especulación y el endeudamiento.
¿Podría hacerse algo distinto con esos fondos?
Desde luego, ya que la propia legislación de su creación establece destinos posibles, hoy marginalmente utilizados, como aliento a proyectos productivos o préstamos a sectores pequeños o medianos de la economía y a trabajadores/as, lo que incluye emprendimientos autogestionarios, cooperativos o comunitarios.
Claro que eso supone discutir el carácter de esos proyectos, el para qué de los mismos y el cómo llevarlos adelante, con que ecuación de beneficiarios.
Por ejemplo, entre las novedades del modelo productivo en curso se encuentra el sector de la energía y de la minería.
El interrogante que debemos formular es si el curso actual en esos sectores modifica la tendencia histórica a la concentración y centralización del capital en un marco de extranjerización y transnacionalización de la economía local.
Incluso, observando el sector agro ganadero, el tradicional en la acumulación capitalista del país, todo conduce a la reproducción de una lógica concentradora del ingreso y de la riqueza, con escasa capacidad de difusión en la distribución y en el empleo, con el agravante de la fuga de capitales.
La nueva acumulación energética y minera reproduce la lógica de reproducción del capital vía fuga de capitales.
El excedente económico logrado en el país se orienta en la cancelación de deuda, remesas de utilidades al exterior o constitución de activos externos, entre ellos, las divisas en billetes. El BCRA estima que existen en Argentina unos 170.000 millones de dólares bajo el colchón (cajas fuertes o de seguridad). Por eso el gobierno insiste con la “inocencia fiscal”, un perdón a la evasión por fuga de capitales, que incluye a los propios funcionarios gubernamentales.
Por lo tanto, los recursos gestionados por ANSES podrían tener otro destino, lo que requiere es una voluntad política para construir otro modelo productivo y de desarrollo, sustentado en la soberanía alimentaria, energética, minera, financiera.
La discusión apunta a que producir, de qué manera hacerlo, como definir beneficiarios a contramano del proceso concentrador actual. Aludimos a un cambio del modelo productivo agrario, energético o minero, entre otros, y claro que también a la política y legislación financiera, que remite al patrón instalado por Martínez de Hoz en 1977.
En ese marco, hay que desandar lo actual, especialmente lo instrumentado bajo la gestión Milei y asumir un plan con participación popular para definir la orientación de producción y circulación de bienes y servicios, la inserción internacional y el estímulo a la educación y la investigación pública para la actualización e innovación tecnológica aplicada al nuevo rumbo local y global.
Pensando en el horizonte de soluciones debe apuntarse a proyectos soberanos en alimentación, energía o finanzas, en un marco de respeto a la reproducción social y natural de manera integral.
Se trata de resolver necesidades de empleo en condiciones de ingresos adecuadas, compatibilizando demandas regionales diversas, expandiendo la capacidad productiva destinado principalmente a satisfacer la demanda interna.
Es un desarrollo a contramano de la orientación liberal libertaria, pero también en contra del “posibilismo” de opciones críticas a la liberalización pero que se quedan a mitad de camino, no solo en la crítica, sino en la realización de un horizonte alternativo.
La búsqueda de un nuevo modelo productivo y de desarrollo supone la confrontación con el bloque dominante que define hace medio siglo el rumbo liberalizador del país, sino también con aquellos proyectos que negocian con el poder la posibilidad de cambios progresivos para atender las múltiples necesidades asociadas al empleo y a los ingresos.
Aun más, puede pensarse en elevar la mínima a 1.800.000, precio de la canasta del adulto mayor, utilizando recursos del FGS y discutir ingresos al mismo para que no disminuya su volumen.
En síntesis, plata hay y el FGS es una de las posibilidades, que junto a un programa financiero a contramano de la lógica instaurada desde 1976/7 y a una desvinculación del país del condicionante de la deuda y del FMI, dicho especialmente ante la inminente visita de su Directora Gerente al país.
La presencia de Kristalina Georgieva supone un espaldarazo a la política liberal libertaria, responsable de las calamidades que sufre la mayoría social en Argentina.
Cambiar es posible, los recursos están, solo falta la voluntad política y una acumulación de poder alternativo para hacer realidad un rumbo diferente en el país, que modifique la ecuación de beneficiarios y perjudicados a favor de la mayoría de la sociedad.
Buenos Aires, 25 de julio de 2026
Cambios en la Carta Orgánica del BCRA: ortodoxia ideológica para profundizar la regresiva reestructuración capitalista
Mucho ruido y pocas nueces sostiene el dicho popular. En efecto, en medio de la pasión mundialista, Milei impulsa “reformas estructurales” con acciones propagandísticas de afirmación ideológica libertaria.
Ese es el sentido de la reunión con legisladores para explicar la reforma a la Carta Orgánica (CO) del BCRA. El objetivo es blindar el impedimento para la emisión monetaria, porque según la ideología de la ortodoxia, la inflación es un fenómeno monetario.
La realidad es que el proyecto de ley aún no está finalizado, pero el adoctrinamiento de legisladores propios y su publicidad evidencian un mensaje de que algo importante está en preparación.
Para el oficialismo, modificar el estatuto del ente rector del sistema financiero estará acorde con los profundos cambios en la estructura económico social y el rumbo liberal libertario del país.
¿Acaso la CO definida en 2012 impidió la consolidación del modelo primario exportador sustentado en el complejo sojero?
¿Impidió la CO actual la emergencia de nuevos sectores económicos y territorios de la acumulación capitalista en energía o minería?
¿La CO vigente modificó la esencia de la política financiera y monetaria definida por la vigente ley de entidades financieras de la “dictadura genocida”, la que impulsó Martínez de Hoz en 1977?
Hay que ser enfáticos al señalar que la reforma del 2012 no modificó el modelo productivo y de desarrollo capitalista, por más progresista que parezcan los objetivos allí definidos por la “inclusión social”.
La estructura económica social construida desde 1975/76 y el modelo productivo, esencialmente primario exportador, estuvo asociado a un modelo de desarrollo que transformó la pobreza en un problema estructural, tanto como la tendencia a la expansión de la precariedad laboral.
Son aspectos que definen esencialmente el proceso de acumulación capitalista de la Argentina desde mediados de los ´70.
Inflación en debate
EEUU registró una baja de precios del -0,4% en junio, por la reducción del precio de los combustibles ante el cese del fuego en medio oriente, que ahora podrán revertirse con la reanudación de los ataques militares y el aumento del crudo.
Más allá de ese dato concreto, si hay un país que emite más allá de lo aconsejable por la ortodoxia es precisamente la potencia del norte.
Resulta curiosa la máxima liberal libertaria que remite al fenómeno monetario como explicación de la inflación en todo momento y en todo lugar.
Hace décadas, desde la hegemonía del dólar en 1945 y especialmente desde la inconvertibilidad del dólar en 1971, que la principal potencia capitalista emite más allá de cualquier premisa ortodoxa.
Es más, la Unión Europea flexibilizó la norma relativa al déficit fiscal permitido a sus miembros integrantes para favorecer el incremento del gasto y del déficit para resolver la presión de EEUU a una suba del gasto militar.
Argentina retomó la senda de la disminución inflacionaria con base en el deterioro de los ingresos populares, salarios y jubilaciones, fuente de ingreso de la mayoría de la población.
Por eso baja el consumo, los cierres de empresas y el creciente saldo en cesantías y el cambio de empleo regular a irregular, sin seguridad social.
No es la baja de la emisión, sino la recesión inducida por la baja de ingresos de la mayoría social.
La inflación debe asociarse al “poder” de quienes establecen subas de precios, por caso, las tarifas de servicios públicos aumentadas desde el “poder” del Estado, cuyas alzas intervienen en la mejora de las ganancias de las transnacionales propietarias de las empresas de servicios públicos privatizadas.
Ocurre lo mismo con el gasto público, en donde las operaciones crediticias con organismos internacionales generan gastos y comisiones por cifras millonarias, mientras no hay plata para cumplir con la ley de financiamiento universitario.
Podemos leer en la prensa: “Toto Caputo dio a conocer los contratos de los préstamos por u$s 3200 millones garantizados por el Banco Mundial y el BID. La documentación revela un costo inicial cercano a los u$s 165 millones entre comisiones, primas y gastos.” https://www.letrap.com.ar/economia/la-letra-chica-la-deuda-toto-caputo-bancos-gastos-y-comisiones-us-165-millones-y-clausula-fmi-n5425009
La ley de financiamiento a la discapacidad es incumplida por el gobierno ante un gasto estimado de menos de 670 millones de dólares y la de financiamiento universitario por unos 1.700 millones para cumplir con la ley de financiamiento universitario.
Está claro que no hay recursos para el gasto en discapacidad o en educación universitaria, mientras que una sola operación de préstamo para cumplir con los acreedores financieros requiere sumas considerables que se cargan al conjunto de la sociedad.
La inflación está asociada al poder en el capitalismo, es decir, a las condiciones de funcionamiento bajo el imperio de la ley del valor, en un intercambio que explicita las relaciones de producción y circulación a favor del capital.
¿Independencia del BCRA?
El vínculo entre el Ministro de Economía (Caputo) y el Presidente del BCRA (Bausili) tiene historia, sea por su accionar en conjunto en la gestión de Mauricio Macri, como en la actividad privada y ahora en la sintonía fina que se establece entre el programa económico y el monetario financiero.
No hay autonomía ni independencia, sino una articulación para asegurar los objetivos políticos y económicos de la gestión liberal libertaria a favor de la mayor concentración y centralización del capital en un marco de subordinación a la lógica del capital extranjero y la política exterior de EEUU.
Una asignatura pendiente de los gobiernos constitucionales desde 1983 pasa por la derogación de la Ley de Entidades Financieras de 1977 y la reorganización del sistema financiero y de la política del sector para sustentar otro modelo productivo y de desarrollo.
Es algo imposible con la hegemonía política actual, no solo de la gestión Milei, sino que debe sumarse a los cómplices en las gobernaciones de varias provincias, en el poder legislativo y judicial, como en los medios de comunicación y redes que modelan las conciencias para el logro de los consensos electorales.
Otra política se requiere y ello demanda una acumulación de fuerzas sociales, culturales y políticas que instalen otro proyecto de sociedad, que tenga en el centro la satisfacción de las necesidades mayoritarias hoy afectadas por el rumbo liberal libertario.
Buenos Aires, 14 de julio de 2026
Argentina y EEUU en la reconfiguración capitalista
El orden capitalista está en reconfiguración, cuya base es el desarrollo de las fuerzas productivas, innovaciones tecnológicas mediante, especialmente de la mano de la inteligencia artificial; y unas adecuaciones de las relaciones sociales de producción, especialmente de la relación entre el capital y el trabajo, en las funciones estatales y en las relaciones internacionales. Para esto, lo que actúa es una fortísima ofensiva del capital en el último medio siglo, en contra de los históricos derechos sociales, sindicales, laborales, colectivos e individuales conquistados por la lucha de las/os trabajadoras/es. Pero también se destaca la disputa por la hegemonía estatal en el sistema mundial, entre China y EEUU y más en general, entre Asia y “occidente”, incluido en esta categoría el Japón.
Se trata de un fenómeno mundial, que tiene especificidades nacionales según sea la dinámica política prevalente en cada país. En el centro está la carrera por la innovación tecnológica, con el Estado y el gobierno de EEUU asociado a las grandes transnacionales de capital privado, hoy a la vanguardia de la valorización de capitales. Desde Washington, inducen una política de inversiones privadas gigantescas con pretensión de mejora de la productividad del trabajo y recreación de una lógica de ampliación de la producción y apropiación de plusvalor. Intenta, al mismo tiempo una regulación vía aranceles y sanciones a la política de inserción global de China y sus aliados globales. Por su parte, el Estado y gobierno de China interviene desde la planificación estatal y la subordinación de la lógica empresarial local, tanto privada como estatal, a un desarrollo científico tecnológico propio, con relativa autonomía en un contexto histórico de internacionalización de la producción y transnacionalización de los capitales. Se trata de una estrategia obturada por la aplicación de las sanciones unilaterales de EEUU a China y sus asociados en el sistema mundial.
En ese marco de reconfiguración o reestructuración del régimen del capital y de disputa por la hegemonía del sistema mundial es que debe considerarse el proceso de relaciones bilaterales, en nuestro caso, entre Argentina y EEUU.
La dinámica productiva contemporánea aleja la competencia histórica entre EEUU y Argentina. En efecto, hasta hace poco, el modelo productivo prevalente en ambos países se caracterizaba por una competencia sustentada en la especialización productiva de Argentina en el sector agro ganadera para la exportación. Era un tema que se exacerbaba más o menos en función de los acercamientos políticos o ideológicos en los distintos momentos histórico, salvo excepciones. Resulta curioso en este sentido, recordar que el alineamiento ideológico de la dictadura genocida (1976/83) con Washington, cambió eludir el embargo cerealero a la URSS boicoteando la participación argentina en los juegos olímpicos de 1980 en Moscú. Se afectaron intereses de deportistas, pero se mantuvo un fuerte volumen de ventas de cereales para equilibrar el déficit comercial con EEUU y Europa y favorecer los intereses de los terratenientes y el capital del agro negocio de exportación asociado a las transnacionales.
De la competencia a la complementación
Con la gestión Milei desde diciembre del 2023 se exacerba el alineamiento ideológico y político con EEUU, profundizando una estrategia antes desplegada por la presidencia de Mauricio Macri (2015/19) y antes en la década del ´90 del siglo pasado por Carlos Menem (1989/99) y Fernando De la Rúa (1999/2001), en el camino de la dictadura genocida desde 1976 a 1983. Fueron decisiones políticas, al tiempo que el modelo productivo desarrollado potenciaba la competencia con EEUU, especialmente ante el desarrollo del complejo sojero y la presencia dominante de los transgénicos desde fines de los 90 del siglo XX. Tanto EEUU como los países integrantes del Mercosur constituyen el polo de concentración de la producción sojera mundial.
La novedad se presentó desde los cambios estructurales iniciados en esos ´90 de la centuria pasada, especialmente en el ámbito de la minería y de la energía. Argentina inició en ese tiempo un largo camino, que se consolida en el presente para pasar de ser “un país con minería” a una pretensión de ser una potencia minera. Es algo que se potencia con la sanción del nuevo código y legislación en minería en la última década del siglo XX, y ahora con el RIGI (inversiones desde los 200 millones de dólares) y el súper RIGI (inversiones desde los 1000 millones de dólares). La privatización de la estatal petrolera en 1992 y su actual gestión de mayoría estatal, habilitó el camino de la importante expansión de la producción y exportación de hidrocarburos no convencionales. Hoy, la conjunción de exportaciones mineras y de energía tienden a equivaler a las provenientes del sector agro ganadero, con perspectivas de superarlas, si se potencian las inversiones externas comprometidas asociadas a la nuev complementariedad de Argentina con EEUU.
Es cierto también que EEUU es el principal productor mundial de hidrocarburos, y en ese sentido resulta un competidor, pero la realidad es que el origen de la inversión para el desarrollo de los hidrocarburos no convencionales fue proveído por EEUU. La fractura hidráulica o “fracking”, fue aportada a la Argentina por Chevron, en el acuerdo secreto entre la YPF, empresa privada de gestión estatal (26% del Estado Nacional y 25% de los Estados petroleros de la Argentina) y la petrolera estadounidense.
Un dato importante resulta del crecimiento del precio de las commodities, especialmente en el escenario de guerra e incertidumbre en el mundo, agudizado con la agresión de EEUU e Israel contra Irán. Esa alza de los precios beneficia a los capitales concentrados de las petroleras, entre ellos favorece la articulación de la privada de gestión estatal, YPF, y a las de origen estadounidense. Argentina no es una potencia militar, pero su asociación con la política exterior de Washington la asocia al impacto inflacionario de la guerra con rédito en la apropiación de excedente económico que incide en el balance energético y el ingreso de divisas, un tema estratégico en la economía local.
El gobierno de Argentina necesita del capital externo para consolidar su estrategia de desarrollo e inserción internacional en el capitalismo contemporáneo, especialmente proveniente desde EEUU, sea en su forma de inversión externa o de capital de préstamo. Hay que recordar la importancia de EEUU en el FMI y que Argentina es el principal deudor del organismo internacional desde 2018. Además, en 2025 y en vísperas de la elección de medio término, el Tesoro de EEUU favoreció la compra de moneda nacional por 2.000 millones de dólares y alentó un swap por 20.000 millones de dólares, que extiende la consideración en los análisis políticos, de haber sido un sostén esencial (aval político) para el triunfo de Milei en dicha elección, consolidando poder de legitimación parlamentaria. Algo que se visibiliza en avances en reformas estructurales reaccionarias, caso de la reciente reforma laboral, una verdadera contra reforma que afecta intereses y derechos de trabajadoras y trabajadores.
Por su parte, EEUU necesita de los abundantes recursos naturales de la Argentina, especialmente en litio y cobre, esenciales en la perspectiva de innovación tecnológica contemporánea. Son materias primas indispensables para los nuevos desarrollos de la innovación tecnológica, que las transnacionales de origen estadounidense necesitan y que el Estado con sede en Washington estimula su aprovisionamiento potenciando relaciones de subordinación, las que encuentra con creces en la relación gestada con el gobierno Milei en Argentina.
Milei resulta altamente funcional a la política exterior estadounidense bajo gestión Trump, sujeta a la imprevisible situación que pueda generarse en noviembre en el medio término del país del Norte, incluso en la renovación presidencial del 2027 en el Sur. La incertidumbre es parte del diagnóstico de nuestro tiempo, habilitando el imaginario para desarrollos alternativos a la estrategia del poder.
Recuperar un proyecto soberano
En rigor, las relaciones internacionales están asociadas a las afinidades político ideológicas de los gobiernos de turno, pero en un marco de sustentación del momento del régimen del capital. Este está en crisis, visible en 2007/09 y más con la pandemia en 2020, por lo que el poder global del capitalismo, con sustento en las corporaciones transnacionales, los principales Estados del capitalismo y los organismos internacionales, bregan y disputan para asegurar un rumbo civilizatorio para la reproducción sistémica. Ese es la base de la ofensiva política de MAGA en EEUU y del libertarismo en Argentina. Se trata de un proyecto liberalizador de ultra derecha para una mayor concentración y centralización del capital en el ámbito mundial, que necesita obturar toda perspectiva de poder alternativo, por eso el ensañamiento con la disputa proveniente de China y aliados y mucho más sobre cualquier estrategia de poder popular.
La concentración de la política exterior de EEUU es en el hemisferio occidental, o sea, en la región latinoamericana y caribeña, afirmando la sujeción de Canadá y la posibilidad de hacerse del poder soberano en Groenlandia. Milei es funcional a esa estrategia y se transformó en el modelo a imitar por los sectores más reaccionarios en distintos países, quienes juegan las cartas electorales en la coyuntura, recientemente en Colombia, Perú o Chile, incluso anticipando programas de restricciones democráticas y represión, caso de El Salvador o Ecuador, junto a un profundo ajuste fiscal y social en desmedro de la mayoría trabajadora y empobrecida, afrentando la desigualdad social y la concentración del ingreso y de la riqueza.
El imperativo desde una lógica alternativa, de revolución en contra del capitalismo, supone crear condiciones de posibilidad para la emergencia de un proyecto de soberanía que articule la lucha nacional con una perspectiva de emancipación social regional y mundial. Ello supone el estímulo a la multiplicación de las experiencias resistentes aquí y allá, en Argentina y en EEUU, entre otros territorios del planeta, para generar una nueva experiencia global social que nos anime en la afirmación renovada de un fantasma recorriendo el mundo…, que recupere la máxima impresa por Marx y Engels en el manifiesto comunista en 1848. Si la experiencia revolucionaria escaló entre mediados del Siglo XIX y fines del XX, recrear un proyecto revolucionario para este tiempo presume la lucha soberana para el ejercicio del poder y la construcción de posibilidades para resolver las necesidades de la reproducción de la humanidad y de la naturaleza.
Buenos Aires, 1 de julio de 2026
Recuperar una estrategia por la revolución ¿Qué hacer para avanzar en una propuesta alternativa?
Parte de esta NOTA fue publicada en PERFIL, en: https://www.perfil.com/noticias/opinion/avanzar-en-una-propuesta-alternativa-pero-como.phtml
El punto de partida es discutir el presente del capitalismo, que ya no es aquel que emerge de la crisis de 1930, con las reformas keynesianas, condicionado por la novedad del comunismo soviético, la planificación y la expectativa esperanzada de un nuevo rumbo en buena parte de la humanidad. Aquel condicionamiento del socialismo empezó a desmoronarse con la desarticulación de la URSS en los 80/90 del siglo pasado y hoy se explicita en los límites que se presentan en Cuba y otros territorios en los que se enuncia el proyecto socialista.
Además, vale considerar que la humanidad en su larga historia recorrió distintos momentos sustentados en ideas y prácticas hegemónicas que definieron rumbos civilizatorios, que no definen fatalmente el devenir socio político. No siempre hubo capitalismo, por lo que se trata de un momento histórico de la civilización. No siempre existió el capitalismo y al mismo tiempo, éste, reconoce distintas formas de existencia. El capitalismo es un producto social y por ende, no fatal ni eterno. La revolución es la constante en el desarrollo civilizatorio. Esa es la experiencia histórica.
Interesa ver los distintos momentos del desarrollo capitalista. Un momento es el largo trayecto de construcción originario del orden capitalista, entre los siglos XV y XVIII, un tiempo también para su universalización, “descubrimiento, conquista y colonización” mediante. Es un tiempo de violencia explícita, que incluye la cacería de personas y el cercamiento de territorios para afianzar la centralidad de la explotación y la apropiación privada de la tierra. Otro tiempo es su consolidación en la extensión de la forma monetario mercantil de reproducción social de la cotidianidad en el ámbito mundial, en la internacionalización de la producción y la transnacionalización del régimen del capital. Es un tiempo también violento, que incluye a la guerra, la militarización y la extensión del carácter delictivo del capitalismo con trata de personas, venta de armas y drogas, especulación y estafas diversas que hacen a la corrupción generalizada.
En el medio, procesos de crisis que exigieron cambios en la forma de ser del orden capitalista. Uno es el capitalismo antes de la crisis del 30 del siglo pasado y otro después; como es distinto el régimen del capital antes de la crisis del 60/70 que luego; y de nuevo, el debate en torno a la crisis del 2007/09, agravadas con la pandemia y las encrucijadas del presente. Este presente de incertidumbres y por ende, de posibilidad de recrear condiciones para la revolución. La historia no está escrita, la hacemos los sujetos actuantes, especialmente desde la resistencia y la confrontación con el poder instituido con base en la explotación y el saqueo.
La revolución como alternativa
Un freno a esa historia de expansión capitalista se presentó con el desafío de una alternativa anticapitalista, puesto de manifiesto con la “revolución” europea de 1848 y la aparición en simultáneo del Manifiesto comunista. El fenómeno social manifestado como conflicto tenía su correlato como ideario de proposición alternativa, que recogía y sistematizaba variadas formas de impugnación al orden vigente. Había nacido un tiempo de “revolución”, que escribiría su historia hasta fines del siglo XX.
A fines del siglo pasado se definen orientaciones hegemónicas en contra de las revoluciones, por ende, regresivas y de restauración conservadora.
El imaginario social extendido por la revolución entre 1848 y 1979/80 mutó progresivamente hacia una concepción de unilateralidad por el orden capitalista. Se nominó a ello “neoliberalismo”, en tanto retorno al origen “liberal” hegemónico del pensamiento filosófico y político, convergente con la escuela clásica de Economía Política y el librecambio.
La concepción teórica clásica había mutado del liberalismo originario (Adam Smith, David Ricardo) a la crítica marxista. En réplica a Marx emergía una restauración del pensamiento en origen con la escuela austríaca hacia 1871 (Karl Menger) y la síntesis neoclásica hacia 1890 (Alfred Marshal).
Ese debate situado se mantiene, esencialmente, en los debates contemporáneos, una cuestión privilegiada en la narrativa de Javier Milei, quien sostiene una polémica sustancial con Marx y todo atisbo de regulación económica, de Keynes a los neoclásicos.
Con la revolución rusa (1917) y la expansión soviética en plena crisis de los ´30, John Maynard Keynes procesa una ruptura epistémica para modificar las formas del ejercicio de la política económica, con fortísima intervención directa del Estado capitalista. Se constituye el keynesianismo en corriente principal del pensamiento económico y lógica generalizada de política económica, de razón de Estado.
La revolución de 1917 habilitó un nuevo tiempo, definido por la bipolaridad entre 1945 y 1991, incluso habilitando la emergencia de un tercer mundo entre el capitalismo y el socialismo.
Entre el segundo y el tercer mundo se definirán las alternativas y posibilidades de encarar procesos de revolución, desde el marxismo soviético, chino, cubano, o por sus referencias a liderazgos históricos, sea Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Gramsci o Mariátegui, entre otros; junto a diferentes liderazgos terceristas en África, Asia o América latina y el caribe, con el objetivo de la liberación nacional y/o social.
Aludimos a la posibilidad del debate sobre el Nuevo Orden Económico Internacional, NOEI, discutido hacia 1973/74 en Naciones Unidas. Luego de eso y bajo dictaduras genocidas en el cono sur de América, se ensayarían las concepciones luego generalizadas bajo el “neoliberalismo” de la restauración conservadora en el epicentro de la hegemonía capitalista: Gran Bretaña y EEUU.
Se impusieron así los criterios en contra de la revolución para desalojar en el imaginario social la posibilidad del anticapitalismo y de la revolución.
Acumular fuerza económica y sociopolítica para la revolución
En este marco histórico, los pueblos protagonizan nuevas experiencias para habilitar imaginarios alternativos que sustenten proyectos en contra y más allá del capitalismo.
Puede en ese sentido considerarse una diversidad de experiencias de práctica crítica y nuevas síntesis teórico políticas para dar contenido y sentido a un nuevo tiempo de transformación civilizatoria, que atienda la necesaria reproducción de la vida social y natural, hoy amenazada por la lógica de la acumulación capitalista, de progreso y devastación.
Remito a las experiencias de crítica y resistencia desplegadas en la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, especialmente en la región latinoamericana y caribeña; o la que se procesan en la actualidad en la región del Sahel en África.
Todo en un proceso de transformación de la economía mundial, con disputa por la hegemonía entre EEUU en declive de su poder global y la emergencia de China y su potencial productivo.
Pero eso que remite a una dimensión macro, se expresa en multiplicidad de experiencias de reproducción de la cotidianeidad en emprendimientos asociativos, cooperativos, comunitarios, de autogestión, que en casos anticipa la posibilidad de retomar cosmovisiones de organización sustentados en lo “común”, a contramano de una lógica dominante de contenido individualista.
Aun cuando lo hegemónico sea el liberalismo en cualquiera de sus formas, caso del libertarismo en la Argentina, resulta de interés atender lo menos visible en las prácticas alternativas y en los estudios que buscan nuevas síntesis teóricas que reinstalen la posibilidad de revolucionar la realidad.
Buenos Aires, 27 de junio de 2026
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