La resistencia a la política de Milei y la ultraderecha (Publicado en Colombia, Revista Margen Izquierdo, en: https://revistaizquierda.com/la-resistencia-a-la-politica-de-milei-y-la-ultraderecha/

I – La resistencia como una constante en la práctica política La tradición de organización y lucha del pueblo argentino tiene una importante historia, y es visible en la coyuntura contra la política de la ultraderecha, especialmente en las grandes ciudades del país y en los nuevos territorios de la acumulación capitalista, asociados al desarrollo minero, de la energía y las nuevas tecnologías. Los espacios de la concentración urbana sufren las consecuencias de la ofensiva por el ajuste fiscal y la reaccionaria reestructuración del capitalismo local, convocando a desconformidades, protestas y resistencias varias. Al mismo tiempo, crecen las confrontaciones a las políticas públicas en localidades de menor peso relativo de asentamiento poblacional, pero de enorme significado en la ampliación de la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo sobre los bienes comunes. Este es un tema asociado a las protestas en defensa del medio ambiente y en contra del extractivismo exacerbado que promueve el saqueo y la destrucción del hábitat. El problema es quién representa políticamente esta resitencia. Cualquier visitante extranjero que ingrese por Buenos Aires al país se encontrará todos los miércoles con la “marchas de las/os jubiladas/os”, que hace más de tres décadas pueblan la geografía a las puertas del Congreso de la Nación, una dinámica exacerbada desde la asunción de Milei en diciembre del 2023 y que se generaliza federalmente en todo el territorio nacional. En simultáneo podrán observar fortísimos operativos de seguridad, que al reprimir son destacados por el morbo de los medios de comunicación. La represión incluyó la agresión a un “fotoperiodista”, que recibió un impacto directo en la cabeza que lo mantuvo por meses en terapia intensiva, aun hoy, a más de un año del episodio, sigue en proceso de recuperación y las investigaciones judiciales por la responsabilidad del operativo. Vale mencionar que fue un episodio que convocó a la más amplia solidaridad social en repudio al accionar represivo de la política oficial de la ultraderecha. Interesa más el “desorden” que la difusión del reclamo de las/os movilizadas/os. En el mismo sentido que el movimiento de jubiladas/os, de hecho, el sector social más ajustado por las políticas de austeridad y disminución del déficit fiscal, afectando a cerca de 8 millones de argentinas/os, son diversas las movilizaciones que expresan la protesta y el conflicto social en el país. Un caso especial y ya hace medio siglo que acontecen, y son visibles: las “rondas de los jueves de las Madres de la Plaza”, movilizadas en torno a la Pirámide de Mayo en un territorio emblemático de la política local. De lucha especifica se transformó en la bandera por los derechos humanos y la memoria contra el terrorismo de Estado, ejemplo que potencia las luchas feministas y por las diversidades, contra la discriminación y el racismo. La lucha de las madres y de jubiladas y jubilados expresan la universalidad del conflicto social en el país. No se agota la presencia recurrente de movilizados en las demandas de las Madres o de jubiladas y jubilados. Destaca el movimiento obrero organizado en sindicatos y en el territorio, con paros generales y movilizaciones sociales en demandas por históricos derechos laborales, educativos, sanitarios, por la energía o la vivienda, contra la carestía de la vida y la inflación, por diversas demandas sociales, afectados por la ofensiva capitalista desde la emergencia de la dictadura genocida, incluso desde antes. Remito a la ofensiva del capital y de la derecha argentina desde 1975/76 hasta el presente. Un proceso acelerado en tramos especiales bajo gestión cívico militar entre 1976 y fines de 1983; potenciado bajo gobiernos constitucionales en la década del 90 y más recientemente en la gestión de Mauricio Macri (2015/19) y ahora bajo presidencia de Javier Milei y cómplices desde 2023. Claro que esa lucha popular acontece en simultáneo con una desazón social ampliada ante el descrédito del régimen político luego de décadas de gobiernos constitucionales (1983-2026) que no resolvieron las urgentes necesidades y expectativas de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Al mismo tiempo, la ausencia de alternativa política puede explicar que pese a la tremenda agresión del ajuste y la regresiva reestructuración tras dos años del gobierno Milei, aun no haya un levantamiento popular tal como aconteció en otros momentos, por caso, en el 2001. La movilización y lucha actual recorre una experiencia que supone un debate con los afectados por la política pública, al mismo tiempo que acumula en la perspectiva de construir alternativa política que genere entusiasmo y perspectiva de triunfo para una transformación social que apunte a satisfacer las necesidades populares. I.1 - Hay historia de la resistencia No es sorpresa que haya resistencia organizada en la Argentina. La resistencia popular tiene historia desde la confrontación al proceso de conquista y colonización de los pueblos originarios. No todo fue de aceptación y adecuación a la violencia colonial. En esa tradición se inscribe la lucha por la “independencia”, que supuso la confrontación de proyectos políticos, uno minoritario y en búsqueda aún de su materialización por la emancipación, asociado a una perspectiva similar por la “patria grande” imaginada por los libertadores. Es una asignatura aún pendiente. Otro, el hegemónico que buscó y busca un lugar en el orden capitalista mundial. Un lugar dependiente, subordinado, especialmente ante el desarrollo monopolista del régimen del capital y el desarrollo imperialista del capitalismo. Esta lógica de inserción subordinada en el capitalismo mundial explica la tradición de lucha y resistencia anticolonial, antimperialista y anticapitalista. Una tradición que convive con proyectos de lucha con base en la “conciliación de clases”, hegemónica en tiempos de “defensiva capitalista”, especialmente entre 1930 y 1980. El origen del sindicalismo argentino tiene antecedentes en la inmigración, principalmente europea de fines del Siglo XIX y comienzos del XX, que incorpora las ideas y prácticas de organización y lucha del anarquismo, el socialismo y el comunismo. Es una impronta de lucha contra el poder oligárquico imperialista asociado al gran capital de origen local, especialmente en la clase terrateniente. Luego de la segunda posguerra mundial y la dinámica de industrialización impulsada para toda la región latinoamericana y caribeña, se impone una cultura por el desarrollo del “capitalismo nacional”, lo que supone acuerdos estratégicos que sustentan la conciliación social en la mejora de ingresos de las/os trabajadoras/es y las patronales. Es la era de las políticas keynesianas en todo el mundo, matizada según las especificidades nacionales en cada país, que en la Argentina suponía la emergencia de una “burguesía nacional”. Remito a dos momentos de la organización y lucha del movimiento obrero y sindical de la Argentina. El primero de tradición clasista hasta mediados de la década del 40 del siglo XX, y luego, hegemónico hasta el presente, una perspectiva asociada a la conciliación de clases, no sin disputas en su interior, sobre quien hegemoniza ese proyecto, si las patronales o la clase trabajadora. El terrorismo de Estado desde 1975 y más aún con la dictadura genocida (1976) se ensaña con ambas formas de la tradición de organización y lucha del movimiento obrero local. Desde entonces, la organización económica social de la estructura del capitalismo local se afirma en el deterioro en la distribución del ingreso a favor del capital y en contra del trabajo, en la irregularidad persistente y recurrente de las condiciones laborales y salariales de la explotación de la fuerza de trabajo. La ofensiva del capital contra el trabajo fue solo amortiguada bajo algunas experiencias de gobiernos que asumieron la crítica al rumbo neoliberal en este medio siglo, pero la esencia del proceso histórico es la ofensiva capitalista contra el trabajo, lo que incluye la profundización de un modelo productivo y de desarrollo para la precarización productiva y exportadora, junto a la dependencia al orden trasnacional del régimen del capital. II - ¿Quién representa políticamente a la resistencia? La tradición de organización y lucha se mantuvo, al mismo tiempo que se deterioró la representación política del movimiento obrero y popular, lo que posibilitó el ascenso electoral de las derechas. En 2015 es la primera vez que asume la presidencia por el voto un candidato que no provino de los dos partidos políticos tradicionales, el radicalismo y el peronismo. Desde 1916 y hasta 2015, los presidentes constitucionales provinieron de los dos partidos tradicionales, quienes expresaron la principal representación política del movimiento sindical y social por un siglo. En la actualidad se presenta un quiebre entre la legitimidad del movimiento sindical y social por un lado y la representación política electoral por el otro, que favoreció la emergencia de presidentes de la derecha con el consenso electoral en la última década. Lo que pretendo enfatizar es la importancia de la resistencia obrera y popular, al tiempo que se presenta una crisis en la representación política, dando lugar a una reconversión de la política en la Argentina. Este es el principal dilema de la lucha de clases local. La dominación avanza con un plan histórico de reconversión regresiva del capitalismo, iniciado hace medio siglo y que se encuentra con la posibilidad de consolidar la reversión de derechos conquistados por la lucha obrera y popular por un siglo y medio, entre 1875 y 2026. No es falta de lucha y resistencia el problema en la Argentina, sino de proyecto político y estrategia de las organizaciones populares que asumen la perspectiva de la revolución contra el régimen del capital y por la emancipación. Desde que asumió Milei su gobierno de minoría, sin mayorías en las Cámaras de Diputados y Senadores, sin gobernadores en las provincias ni intendentes en las municipalidades, el gobierno encontró innumerables protestas de confrontación. Sin embargo, avanzó en variadas reformas estructurales regresivas, especialmente la reaccionaria reforma laboral contra derechos sindicales, laborales, sociales, individuales y colectivos aprobada en febrero de 2026. Eso fue posible por la complicidad del poder político, legislativo, judicial y el que se ejerce desde las provincias argentinas. Ahí aparece la contradicción, entre la movilización popular, su representación política y la institucionalidad que otorga cobertura y “legalidad” a las acciones del gobierno de Milei. Toda una contradicción entre la “identidad” de la mayoría de los sujetos que protagonizan las protestas y la de quienes representan a la sociedad en los poderes del Estado. El radicalismo y el peronismo, como identidades mayoritarias de la tradición “democrática” en la Argentina y con expresión institucional en el régimen político, avalaron mayoritariamente las reaccionarias políticas de Milei, por lo que son cómplices y contradicen la identidad política mayoritaria entre quienes protagonizan la resistencia popular. De ahí nuestro interrogante sobre la representación política de la protesta y la resistencia popular. Esa contradicción es expresión de la derrota de una estrategia histórica del movimiento obrero y popular, con reivindicaciones clasistas hasta los inicios de la década del 40 del siglo pasado y luego y, especialmente, en los 60/70 bajo las consignas antimperialistas por la liberación contra la dependencia. En este sentido fue emblemático el debate televisivo en febrero de 1973 entre el dirigente clasista Agustín Tosco y el representante oficialista de la CGT, José Ignacio Rucci. La esencia de la polémica se daba entre el proyecto socialista sustentado por Tosco y el del peronismo defendido por Rucci. La liberación contra la dependencia fue la consigna que hegemonizó a la diversidad de la identidad peronista, mayoritaria en el movimiento obrero y popular. III - Principales resistencias y los debates estratégicos A la cabeza de la resistencia están los paros generales, nacionales, sustentados por las centrales sindicales: la Confederación General del Trabajo, la CGT (mayoritaria); y las dos CTA (Central de los Trabajadores de la Argentina), la Autónoma (CTAA) y la de los Trabajadores (CTAT), con sus respectivas organizaciones afiliadas en todo el territorio. Destacamos la figura del “paro nacional” porque es una medida que arrastra al conjunto de la conflictividad social, paralizando en buena medida al conjunto de la actividad económico social y que expresa una posición de confrontación política en la discusión del rumbo impulsado desde el poder político. Es más, ante la reticencia de las Centrales, en especial de la CGT a convocar al paro y a la movilización, esa demanda es la consigna principal de los sujetos que protagonizan la cotidiana resistencia a la política de ajuste y regresiva reestructuración de Milei y sus cómplices en el poder del Estado. La política pública ha generado desde diciembre del 2023, entre otros aspectos, el cierre de más de 25.000 empresas y la pérdida de más de 300.000 empleos formales, más de 200.000 del sector privado, unos 80.000 del sector estatal y el resto de casas particulares. El desempleo se atempera por impacto del crecimiento del trabajo informal en la economía de plataforma, repartidores, choferes, etc., engordando la irregularidad en el empleo, que involucra a más del 50% de la población trabajadora. Todo abonado por la condicionalidad del endeudamiento externo ratificado en renegociaciones bajo la sumisión al FMI y a grandes acreedores externos hegemonizados por el capital financiero mundial. En ese cuadro es que crece la conflictividad, con acciones en empresas, en ramas de actividad, especialmente de los sectores afectados, del comercio, la industria y la construcción, sectores económicos que explican la mayoría del empleo en el país y el renovado fenómeno del desempleo. Los datos de crecimiento económico de Argentina, del 4,4% para el 2025 se explica por el impacto que genera en la producción y exportación, tanto la minería como la energía, especialmente hidrocarburos no convencionales, petróleo y gas, junto a la expectativa de radicación, vía inversión externa, de “centros de datos” y empresas asociadas a la digitalización y la innovación tecnológica. Un dato curioso es que el impacto regresivo de la política económica no genera aún respuesta corporativa de las principales cámaras y expresiones del poder económico tradicional. Se explica por el acuerdo ideológico político con el rumbo del gobierno Milei, en donde convergen en el objetivo por disminuir ingresos populares, salarios y jubilaciones, en la perspectiva de recomponer la tasa de ganancia. Una parte del poder económico tradicional sufre las consecuencias de la política oficial de la derecha en el gobierno, pero espera que los cambios estructurales en la relación capital trabajo habilite un tiempo de recomposición de los intereses del capital. Las pérdidas de ingresos son cuantiosas entre jubiladas/os y trabajadoras/es, que como dijimos, afecta también a sectores pequeños y medianos de la economía. Este fenómeno extendido de perjudicados por el programa Milei, pese a la extendida protesta y resistencia, no encuentra respuesta de síntesis política alternativa. En ese marco, en el ámbito político hay quienes sustentan la construcción de un “frente político” contra Milei. Otros, sostienen que esa puede ser una estrategia limitada, que al no confrontar con la dinámica histórica de reconversión regresiva de la estructura económico social de la Argentina, puede reiterar experiencias recientes de gobiernos que asumen bajo rótulos “progresistas” y sin modificar sustancialmente el modelo productivo y de desarrollo habilitan el retorno de programas de la derecha y la ultraderecha, caso especial del gobierno Milei. La realidad de la resistencia se amplía con las masivas protestas de la comunidad educativa, especialmente en defensa de la Universidad pública y del ámbito de la salud. Son protestas dinamizadas por las organizaciones sindicales de la educación y la salud, pero que involucran al amplio espectro de la sociedad en defensa de la educación y la salud pública. La ofensiva capitalista contra los derechos a la educación o la salud tiene historia y se agravan en el presente con las privatizaciones que se arrastran de los ´90 y las políticas de ajuste fiscal gubernamental, incluso a contramano de legislaciones específicas que se dictaron en este tiempo para el financiamiento educativo y del ámbito de la salud. El discurso oficial ataca consensos históricos construidos en luchas centenarias, en donde destacan en el último tiempo las luchas de los feminismos populares y del ambientalismo. En efecto, la prédica contra la cultura “woke” encontró la masiva respuesta del movimiento LGBT+ en marchas contra el fascismo que se sucedieron en 2024 y en 2025, con amplísima masividad en respuesta a la prédica oficialista de carácter racista y discriminatorio. En las luchas ambientales destaca la defensa del agua, especialmente en la organización popular contra la minería en la provincia de Mendoza, contra las concesiones en la circulación por el Río Paraná y otros territorios en donde la contaminación aparece como horizonte derivado de un modelo productivo que exacerba el productivismo con el saqueo de los bienes comunes. IV - Una asignatura pendiente Interesa resaltar que las movilizaciones masivas tienen como horizonte la crítica a las políticas oficialistas y pese a la masividad y consenso socio político logrado, no expresan aun una síntesis política para una nueva representación popular que levante el programa de esas múltiples protestas y movilizaciones. Entre las principales gestas de movilización popular se encuentran las reiteradas de los “24 de marzo” en memoria y rechazo al golpe de 1976, hace 50 años. Del mismo modo se pueden citar las grandes concentraciones por el 8M que da cuentan del aporte de las luchas feministas y de las diversidades sexuales al proyecto emancipador en su conjunto. La ausencia de alternativa política es el límite que tiene la importante resistencia al programa de la derecha en el gobierno, quien expresa la demanda del gran capital por disciplinar al movimiento popular para un proyecto de reconfiguración reaccionaria del capitalismo local. En ese sentido Milei es continuidad del proyecto de la dictadura genocida (1976-83), del proyecto de corte neoliberal de Menem (1989-99) y de De la Rúa (1999-2001), seguido por el periodo presidencial de Macri (2015-19) y ahora Milei con pretensión de repetir un segundo periodo de gestión entre 2027 y 2031. El proyecto de la ultraderecha en el gobierno se propone cerrar el círculo iniciado en 1975/76 para reestructurar el capitalismo local en sintonía con las búsquedas de las clases dominantes en el ámbito mundial. En el Foro Económico Mundial (FEM), en plena crisis pandémica, convocaron a “resetear” el capitalismo en crisis. Expresión de ello es la lucha por la hegemonía sobre las innovaciones tecnológicas, los mercados y la reestructuración regresiva de las relaciones laborales y previsionales a favor de capital. Por eso el desorden mundial, las sanciones unilaterales desde EEUU y la complicidad de sus socios globales, la militarización creciente y el resultado en la expansión del gasto militar y el capitalismo delictivo, con ampliación del comercio de drogas, de armas y la trata de personas, agravando con el productivismo la dimensión ambiental de la crisis. Milei no es solo parte de este programa, sino que ensaya formas propias para exportar al capitalismo global, por lo que su política no es “nacionalista” como en la mayoría de los casos gobernados por la derecha, sea Trump, Bolsonaro, Kast o Bukele, por mencionar algunos de los liderazgos regionales; aunque claro, también es discutible el “nacionalismo” de estos líderes de la derecha. El proyecto por la liberalización pretende universalidad, que se sustenta en la crítica al socialismo y al reformismo, a Marx y su tradición, tanto como a Keynes e incluso la tradición neoclásica, todas las que llevan a privilegiar, según el cultor de la escuela austríaca, la intervención directa del Estado en el orden cotidiano. Milei se asume liberal libertario, anarco capitalista, lo que supone un rumbo liberalizador a ultranza, como forma de reimpulsar el régimen del capital en el ámbito global. La resistencia popular en la Argentina es por lo tanto una búsqueda de una estrategia para confrontar con el proyecto más reaccionario de la ofensiva capitalista global. Es parte de una estrategia que la izquierda y el movimiento revolucionario mundial necesita reinstalar en el imaginario social global. Ello supone la reorganización del movimiento obrero y popular. El proyecto revolucionario, la estrategia por la revolución, encontró limites en la ofensiva capitalista a la salida de la crisis de los 60/70. Es lo que se denomina “neoliberalismo”, que no es nuevo ni liberal, que se asienta en una fortísima intervención estatal, potenciando el peso del gasto y la acción militar, de seguridad y defensa (guerra), al tiempo que estimula la especulación con base en el capital ficticio. Por ello es que las clases subalternas y la potencia del proyecto revolucionario requiere de nuevas experiencias que habiliten la emergencia de una estrategia con posibilidad de triunfo, en contra del capitalismo y por el socialismo. La experiencia de la lucha en la Argentina es parte de las búsquedas en el ámbito mundial por recrear una teoría y práctica de la revolución. Una búsqueda que tiene historia en las expectativas dc cambio político en la primera década de este siglo en la región latinoamericana y caribeña., en el empecinamiento cubano pese a la profundización del bloqueo; en las luchas anticoloniales africanas o las expectativas en sostener un proyecto socialista en el mundo para la preservación del medio ambiente y de la humanidad. Por eso, los límites de la resistencia en Argentina o en otros territorios pasa por su alcance nacional. Requiere de una mirada más amplia, regional y mundial, en el horizonte imaginado por Martí de un territorio de Nuestra América, a contramano de la concentración hemisférica que propone Donald Trump en su disputa por sostener la hegemonía estadounidense. La inestabilidad es la característica del orden económico y político en la Argentina, con una ofensiva del gran capital en contra de la mayoría de la población, especialmente la masa trabajadora. El sueño de la reconversión tiene 50 años y se proyecta volver a la hegemonía previa a la existencia de gobiernos constitucionales, a un orden retrógrado y conservador, con impunidad del capital en la explotación y el saqueo. Es un proyecto autoritario que vía consenso mediático y de redes sociales de comunicación, ideológico cultural, logra votaciones suficientes, más allá del descreimiento y el ausentismo electoral, para otorgar legalidad a un rumbo reaccionario y antipopular. A esa perspectiva se enfrenta la experiencia de luchas y resistencias del presente y renovar el imaginario mayoritario por el sueño eterno de la emancipación y la revolución. Buenos Aires, 27 de mayo de 2026

La economía crece, pero no para todos

Nota publicada en PERFIL: https://www.perfil.com/noticias/opinion/la-economia-crece-pero-no-para-todos.phtml Resulta contradictoria la situación económica de la Argentina, con un crecimiento a marzo pasado del PBI, según el INDEC, del 5,5% anualizado, y del 3,5% respecto de febrero, pero con ingresos a la baja de la mayoría de la población. No solo corren por detrás de la inflación los salarios y jubilaciones, sino buena parte de las ganancias de los sectores no favorecidos por el núcleo actual de la acumulación capitalista local. En efecto, el crecimiento del PBI se explica principalmente por la novedad en la acumulación, la energía, la minería y el sector asociado al conocimiento y las nuevas tecnologías. A ellos se suma el tradicional sector del agro negocio y las finanzas. Por el otro lado, en retroceso, corre el comercio, la industria o la construcción, aún con los datos positivos de marzo. De hecho, existe un nuevo núcleo de la acumulación capitalista, que explica la expansión del PBI, como consecuencia de cambios que se viene operando hace medio siglo y que manifiestan su madurez en la coyuntura bajo gestión Milei. En este sentido está la apuesta a la “nueva industrialización” pensada para el país. A eso apunta el súper RIGI que sugiere el gobierno, estimulando la transformación de las materias primas que explican el boom de exportaciones actuales. Por un lado, hay expectativa en los proyectos aprobados bajo el RIGI, en donde el gobierno espera se acelere la concreción de esas inversiones, por ahora demoradas. A esos beneficios apunta la UIA, que demanda un RIGI propio. Más aún, Luis Caputo dice que ya “no hay más espacio para el ajuste” y que, por lo tanto, la apuesta es al crecimiento. Para eso un nuevo RIGI, para inversores que adicionen valor a la producción de energía y de minería. No llegan aun las inversiones del RIGI, por más que se hayan aprobado y ya sueñan con nuevas rondas de inversiones externas para una novedosa industrialización de la Argentina. Los datos de inversiones extranjeras en el mundo no validan al país como destino y mucho menos el elevado riesgo país, que más allá de la propaganda oficial se mantiene por encima de los 500 puntos, muy lejos de las calificaciones de otros países de la región. No es que sea importante esa calificación, pero es una norma del orden capitalista a la que el gobierno y los grandes inversores miran con atención. El capitalismo argentino está en una profunda transformación socioeconómica desde hace medio siglo y parece consolidarse bajo la gestión Milei, que intenta repetir su mandato desde 2027. Para contrarrestarlo hace falta otro proyecto de país, sustentado en un programa económico y político que atienda la satisfacción de las más amplias necesidades populares. No alcanza con la extensión importante de protestas sociales en expansión sin una referencia política que contenga las demandas de las movilizaciones sociales en defensa de los ingresos salariales y previsionales, la educación o la salud pública, el derecho a la energía, entre muchas demandas. Esas protestas necesitan referenciarse en proyectos políticos alternativos que entusiasmen a una mayoría suficiente para intentar un rumbo a contramano del programa hegemónico de las derechas. No hay respuesta desde las identidades tradicionales, por lo que la expectativa está en la emergencia de una nueva representación política que asuma el programa de la crítica y de la resistencia popular. En todo caso es lo que asoma en una referencialidad creciente de la izquierda que está desafiada a constituirse en proyecto social masivo. Buenos Aires, 26 de mayo de 2026

El capitalismo en crisis y las incertidumbres sobre el futuro

La economía mundial está en crisis, los que supone la exacerbación de la confrontación entre las/os propietarias/os de los medios de producción y las/os propietarias/os de la fuerza de trabajo. Aludimos a la lucha de clases expresada esencialmente en la relación entre el capital y el trabajo, entre capitalistas y trabajadoras/es. Decir economía mundial apunta a destacar que el orden capitalista en su totalidad está en crisis. No solo es la economía, sino la política y con ello, la totalidad de vida, de la humanidad y de la naturaleza. El capitalismo, producto de la crisis, está en reestructuración, lo que significa un nuevo momento de las relaciones de explotación y del saqueo; una redefinición de la función estatal para asegurar el objetivo del régimen del capital, sea en la obtención de ganancias, la capacidad de acumular y de dominar para reproducir una lógica de proliferación del régimen de explotación y saqueo. Pero, como el capitalismo es una relación social, junto a la dominación está la subordinación, la de las clases subalternas, las que resisten la iniciativa del poder concentrado, generando no solo la resistencia, sino recreando perspectivas de emancipación social. Es una dinámica de revolución en la búsqueda de un nuevo orden anticapitalista. La confrontación de proyectos, entre la clase dominante y la subalterna se procesa en los órdenes nacionales, regionales y en el mundial. En cada país se procesan iniciativas de lucha de clases, las que articulan regional y globalmente. Solo para arrimar un ejemplo, pueden pensarse los cambios nacionales ocurridos en varios países de Sudamérica en la primera década del siglo XXI, quienes articularon propuestas novedosas de carácter regional en torno a una integración no subordinada en materia económica, financiera, política, comunicacional, cultural. El impacto en la sociedad mundial fue importante, incluso construyendo iniciativas de articulación en campañas mundiales, caso del Foro Social Mundial en Brasil hacia el 2001, que se extendió por todo el planeta. Ahora, a fines de marzo pasado, nuevamente en Porto Alegre se convocó globalmente a la construcción de una Conferencia Antifascista y Antimperialista, con la pretensión de confrontar a los múltiples foros de la ultraderecha. Crisis y violencia Es un dato relevante la crisis capitalista y los nivele de incertidumbre que genera la creciente desigualdad, el aumento de la carestía con el retorno de la inflación, las amenazas que suponen la extensión de la guerra y la militarización, exacerbando el carácter delictivo del capitalismo contemporáneo. Esto ocurre vía aumento de la venta de drogas, armas o la trata de personas, más la creciente especulación de mercados financieros que extienden el papel del capital ficticio en beneficio de pocos sectores sociales altamente concentrado en desmedro de la inmensa mayoría de la población mundial. Se repite un fenómeno esencial del capitalismo desde su origen: la violencia, que junto al “progreso” tecnológico productivo, incluso de la extensión de las expectativas de vida, crece la “devastación” por medio de calamidades naturales evitables, desde inundaciones a sequías, pasando por pandemias que afectan a los sectores más empobrecidos de la población. El progreso y la devastación constituyen una constante en nuestro tiempo, agravando el problema de la desigualdad de ingresos y de riquezas. La violencia está en el origen del capitalismo y se reproduce en el marco de procesos de crisis y reestructuración capitalista. El capitalismo se construyó desde la lógica colonialista e imperialista, que supuso la conquista de pueblos y territorios, junto a la cacería desplegada en África para la esclavización de fuerza laboral. Son mecanismos en el origen del capitalismo que constituyen su continuidad estratégica bajo nuevas modalidades de explotación de la fuerza de trabajo. La apropiación territorial supone al mismo tiempo la dominación sobre la “madre” y el “padre” de la riqueza: la naturaleza y el trabajo. Es una constante que bajo diferentes modalidades acontecen en la historia del capitalismo. Las crisis convocan a reestructuraciones violentas, por eso las dos guerras mundiales entre 1914 y 1945, o la actualidad del genocidio operado en Gaza, la violación de la soberanía en Venezuela o la agresión militar a Irán, o la exacerbación del bloqueo sobre Cuba, solo por mencionar ejemplos evidentes de la violencia imperial capitalista contemporánea. En la actualidad, el capitalismo pretende reestructurarse afirmando la tendencia a la liberalización de la economía, curiosamente, con fuerte intervención estatal para ejercer la violencia sobre países que pretendan rumbos alternativos o autónomos. Por eso, es una liberalización con sanciones unilaterales que rompen las normas internacionales por los países más poderosos, por caso, contra las normas establecidas en la ONU hacia 1945. La incapacidad de la ONU para hacer respetar las normas internacionales establecidas por las potencias hegemónicas hacia 1945 habla de la crisis de la institucionalidad mundial del orden capitalista. La realidad es una tendencia extendida a la precariedad del empleo y el ingreso de trabajadoras y trabajadores, la mayoría de la población mundial. Del mismo modo que se extiende la lógica de la privatización y la desregulación, favoreciendo la iniciativa del capital privado en la perspectiva de restablecer niveles superiores de producción y acumulación de las ganancias. Se trata de una dinámica que busca sostener la hegemonía lograda luego de 1945 por EEUU, hoy desafiada desde Asia por China, que articula relaciones internacionales más allá de la dominación económica, financiera, monetaria construida desde Washington. Alternativa al capitalismo En ese marco se procesa la carrera por la innovación tecnológica, la productividad del trabajo y la capacidad de apropiar concentradamente el excedente, que es resultado de la producción social, cada vez más extendida en su potencia de universalización. Esa universalidad creciente del capitalismo convoca a una respuesta de carácter alternativo, por otra sociedad. No es un tema nuevo, que podemos traer al debate desde la tradición de organización y lucha por la revolución. La revolución fue la estrategia del movimiento obrero que anticipó el Manifiesto Comunista en las luchas de 1848 en Europa, territorio del movimiento obrero en su primera etapa. Una estrategia que se asumió bajo la consigna: “proletarios del mundo uníos”, como consigna de la Asociación Internacional de Trabajadores hacia 1864, que tuvo materialidad con el intento de la Comuna de París en 1871, y más aún, con la Revolución en Rusia en 1917. Esas experiencias se desarrollaron como fundamentos para una expectativa en contra y más allá del capitalismo. Con la ofensiva capitalista de los 70/90 del siglo pasado, emerge en esta tercera década del siglo XXI la ofensiva política de la ultraderecha, con su proyecto reaccionario por desarmar conquistas históricas de la lucha obrera y popular, en un intento de relanzar la lógica de explotación y saqueo. Como siempre, la resistencia obrera y popular se opone a la política criminal de la ofensiva del capital y de las ultraderechas y reanima la búsqueda por caminos alternativos que otorguen perspectiva histórica a la posibilidad de la lucha por otro orden mundial, sin explotación y saqueo de los bienes comunes. Es la experiencia de las luchas de las/os trabajadoras/es y de nuestros pueblos los que construyen la esperanza liberadora en todos los continentes, por una nueva institucionalidad global en donde sea los pueblos los que definan el presente y el futuro. Buenos Aires, 22 de mayo de 2026

La fragmentación del movimiento obrero limita la síntesis estratégica para construir alternativa de poder

La reestructuración regresiva del capitalismo en la Argentina por medio siglo, desde la dictadura genocida en 1976, puede explicar el retroceso de las/os explotadas/os en su confrontación con la clase propietaria, local y extranjera, del núcleo principal de acumulación capitalista. En efecto, ante la acumulación de poder popular de la clase trabajadora hacia 1975/76, la respuesta fue la genocida ofensiva del capital en contra del trabajo, que hoy se asume, además, como ofensiva de la ultraderecha (el gobierno de Javier Milei) para eliminar las conquistas obtenidas en la lucha obrera y popular. Se acaba de aprobar una reaccionaria reforma laboral en contra de derechos históricos de trabajadoras y trabajadores, que era un objetivo de largo aliento del gran capital. La acumulación de poder popular fue producto o de un siglo de experiencias de organización y lucha (1875-1975), en la que confrontaron una estrategia de conciliación de clases, hegemónica luego de 1945, para el desarrollo del capitalismo y una corriente que sustentó una estrategia de poder en contra del capital, hegemónica en los albores de la emergencia obrera a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Esa disputa coexistió desde el inicio de la organización política de la clase trabajadora y se proyecta en nuestro tiempo en las formas que asume la fragmentación y la reorganización del movimiento de trabajadoras y trabajadores. Es algo que se visibilizó en la diversidad de actos del 1° de mayo pasado. Son tendencias que conviven en la resistencia cotidiana, expresadas en paros generales y diferentes formas de lucha, pero sin síntesis de una propuesta política alternativa a la lógica capitalista. Regresivos cambios estructurales La pobreza y el desempleo oscilaron en torno al 5% y al 3% respectivamente antes de la ofensiva reaccionaria de la Dictadura genocida iniciada en 1976. En la actualidad, la pobreza oscila entre el 30 y el 50% desde hace tres décadas, como dato estructural de la organización económica de la sociedad en Argentina. El desempleo, el subempleo y la situación irregular, de precarización en el empleo, creció de manera alarmante y afecta al 50% de la población trabajadora. Por eso, el impacto regresivo en la distribución del ingreso, que desciende desde el máximo de un 50% para el capital y otro tanto para el trabajo a niveles de 70 a 30, en desmedro de la clase trabajadora. La Argentina contemporánea es más desigual en apropiación de ingresos y de riqueza con relación a las formas del desarrollo capitalista previo al proceso inaugurado hace medio siglo desde el golpe de Estado de 1976. El golpe del 76 instaló reaccionarias reformas en las relaciones entre el capital y el trabajo, tanto como en las funciones asumidas por el Estado y en un realineamiento internacional del país favorable a la dinámica de liberalización y transnacionalización del régimen del capital. No sorprende entonces que el primero de mayo de 2026 presentó diferentes actos y movilizaciones de las centrales sindicales existentes y de organizaciones sindicales, sociales y políticas. Esa diversidad es una manifestación de estrategias divergentes que existen en el movimiento obrero y popular, de quienes mantienen una lógica de conciliación de clases en tiempos de imposibilidad para políticas de tipo keynesiana, funcionales a otro momento del capitalismo global. Otros, sustentan lógicas de confrontación sin conciliar diagnósticos relativos a la derrota sufrida por el movimiento obrero desde la ofensiva capitalista global de los ´70 y los ´90 del siglo pasado. Constituye aún una asignatura pendiente el balance de la lucha de clases contemporánea, de los ciclos acontecidos desde los orígenes del movimiento obrero y las estrategias por la emancipación y la revolución, de 1848 al presente. Aludimos a una derrota estratégica que afectó el imaginario por la lucha anticapitalista, antimperialista, anticolonialista y toda forma de discriminación o racismo. En rigor, un diagnóstico adecuado sobre la derrota sufrida es el punto de partida para reagrupar al movimiento de trabajadoras y trabajadores en una nueva estrategia por la revolución en contra y más allá del capital. Desafíos estratégicos Son líneas escritas pensando en la Argentina, pero que pueden hacerse extensivas a otras latitudes, en tanto acontecen cambios reaccionarios en el capitalismo mundial a la salida de la crisis de rentabilidad de los 60/70 en todo el mundo. Cambios estimulados por la derrota y desarticulación del socialismo en el este de Europa y muy especialmente con el fin de la Unión Soviética y la bipolaridad del sistema mundo. El movimiento obrero y la izquierda está desafiada a gestar un nuevo tiempo por la revolución y el socialismo, en donde la teoría revolucionaria está convocada al análisis riguroso y la generación de síntesis de nuevas experiencias de transformación revolucionaria. Son reflexiones que remiten a una práctica teórica política en el movimiento obrero y en la izquierda, en la Argentina y en la región. Reflexiones que apuntan al desafío intelectual por reconstruir una estrategia contra el capital en esta tercera década del Siglo XXI. Buenos Aires, 5 de mayo de 2026. A 208 años del nacimiento de Karl Marx.

Pareciera que los tiempos no le dan a Milei (publicado en Perfil https://www.perfil.com/noticias/opinion/pareciera-que-los-tiempos-no-le-dan-a-milei.phtml

La salvación de Milei serían las inversiones externas o la apertura del mercado mundial de capitales y deuda. Parece que los tiempos no le dan. Los inversores internacionales miran para otro lado ante las incertidumbres de la economía mundial y eso agrava el riesgo de aquellos que podrían asentar sus inversiones en la Argentina. En el mundo existe lo que se denomina “vuelo a la calidad”, especialmente en tiempos de crisis, y eso es lo que ocurre con la militarización y guerra, con escalada de precios internacionales. Los capitales se orientan hacia la industria militar, radicada en los principales países del sistema mundial. Una parte importante se asocia a la tecnología que la sustenta, entre ellas, la crema de las innovaciones tecnológicas: la inteligencia artificial. Además, la lógica de alianzas internacionales de Milei apunta a la complementación entre la demanda de materias primas de la economía estadounidense, litio entre otros, y la posibilidad de oferta que tiene la Argentina. Por fin quedaría atrás la competencia entre ambos países y podría existir asociación de beneficio mutuo, con inversores del norte y provisión de bienes comunes desde la Argentina. Claro que en la amplia geografía y en la disputa geopolítica existen otras opciones que compiten como oferentes de la misma producción. Remito a Australia, gran proveedor de China y que EEUU está interesado en potenciar la reorientación de esas exportaciones hacia el mandamás del sistema mundial. Es un momento complicado para las expectativas del liberal libertario en la Casa Rosada. La subordinación política e ideológica a Trump y al proyecto MAGA no paga en la imaginación de reestructuración regresiva del capitalismo local. La competencia mundial existe y no solo están los amigos de Trump, sino y especialmente los intereses económicos. Esa reorganización del capitalismo mundial se asienta en el destino de las inversiones productivas y cada Estado nacional disputa por la atracción de esas inversiones. La búsqueda de esos inversores no es solo política de la Argentina. Entonces… más ajuste y recesión Milei debe profundizar su política para atraer esas inversiones que parecen esquivas. No alcanza con el RIGI, ni la reforma laboral, obstaculizada en la justicia. Por eso profundiza la línea del ajuste fiscal con la lógica de la motosierra. Es que se le disparó el índice de precios, con el 3,4% de marzo y para bajarlo induce más recesión de esa parte no beneficiada de la política económica, intentando exhibir que lo que importa son los cuatro sectores del crecimiento: el agro negocio de exportación, la minería, la energía, todo basado en un sistema financiero abierto al mercado mundial. Un mercado mundial que se resiste a ofrecer los suficientes recursos de renegociación de una deuda impagable en la perspectiva de los vencimientos de un calendario de pagos muy abultados en los próximos años. El relato lo condena. Pareciera que aquello de que la inflación es en todo momento y lugar un fenómeno monetario no resuelve la demanda social por estabilizar la economía de la cotidianeidad, más aún cuando presionan los precios internacionales. Milei con su relato monetarista y en contra de la casta y la corrupción construyó un relato esperanzador, materializado en consenso electoral. Ese relato se derrumba por la realidad económica a la que se suman las evidencias de corrupción de la casta en el gobierno. La sociedad empieza a ver estos problemas y la desesperanza crece, habilitando la búsqueda de un nuevo proyecto esperanzador, que debe transitar por rumbos opuestos a la lógica liberal libertaria. ¿Cuál rumbo? Discutir si se atiende a los acreedores externos o a los acreedores de alimentación, salud, educación, empleo o ingresos suficientes. Si debe favorecerse la producción extranjera abriendo indiscriminadamente las importaciones o si se debe hacerse promoviendo la local, bajo formas comunitarias, de autogestión, cooperativas, solidarias, que privilegian la necesidad de resolver producción y circulación para la mayoría social empobrecida por la lógica de mercado hoy imperante. En fin, un proyecto en construcción en las demandas organizadas del conflicto social que crece en el país y que no encuentra respuesta ni en el gobierno ni una oposición que no combate el fondo del proyecto oficialista, sino las formas del ejercicio del poder. Combatir el relato oficial resulta imprescindible para generar condición de posibilidad de otro proyecto político que vaya a contramano de esta lógica de ofensiva ultra liberal. Buenos Aires, 14 de abril de 2026