Existe consenso ideológico sobre el ajuste y las reaccionarias reformas. Hay necesidad de confrontarlo


La presión mediática, política e intelectual es fuerte para sostener el dogma del pago de la deuda y la buena letra con el mando detrás del FMI: el gobierno de EEUU.
Parte importante de la propaganda del poder insiste en que las autoridades prontas a asumir no deben confrontar con Trump, quien se ofrece como mediador ante el Fondo, al tiempo que apoya y saluda el golpe en Bolivia y la represión en Chile. En realidad, critican la posición pública de Alberto Fernández con relación al golpe de Estado contra Evo y las gestiones realizadas para el exilio mexicano del presidente y vice del Estado Plurinacional de Bolivia.
La reacción mediática e ideológica solicita alineamiento del nuevo gobierno con la política exterior de injerencia estadounidense en la región para lograr apoyo financiero y de esa manera intentan intervenir con sugerencias de que política y que gabinete debe conformarse. En rigor, lo que se precisa es autonomía e independencia para resolver las asignaturas pendientes en el país y así mejor contribuir a modificar una lógica de patio trasero con la que el poder piensa a Nuestramérica desde Washington.
No hay que subordinarse a la lógica estadounidense ni fondomonetarista, sino crecer en autonomía e independencia, aunque ello signifique problemas en el corto plazo. El condicionante del acuerdo con el organismo internacional se impone como si fuera un dato insoslayable e ineludible, sin discutir la posibilidad de confrontarlo e impugnarlo.
Más que nunca se requiere investigar la deuda, la nueva durante la gestión de Macri y la vieja acumulada desde tiempos de la genocida dictadura.
No debe descontarse la legalidad de los créditos, ni el privilegio a su cancelación. La investigación de la deuda es un imperativo para indagar en el uso de los recursos, y mientras ello ocurre debe operar la suspensión de los pagos, como parte constitutiva de una estrategia para el inicio de un nuevo tiempo constitucional desde el 10 de diciembre próximo en Argentina.
Combate al hambre o cancelación de la deuda
Acaba de difundirse la estrategia en torno a un Consejo Federal contra el Hambre, convocado por Alberto Fernández, el Presidente electo, rodeado por personalidades y organismos de derechos humanos, sindicales, sociales, empresariales y religiosos, en un arco muy diverso, señalando la prioridad temática para la próxima gestión.
No son compatibles ambas cuestiones. No se puede compartir el objetivo de cumplir con los acreedores “externos” y con los “internos” relativos a las necesidades de alimentación, salud, o educación, entre otros muchos aspectos. El hambre está primero y hasta no resolver el problema no debe considerarse otra prioridad.
El pago de la deuda supone el ajuste fiscal comprometido con el FMI, lo que supone achicar aún más el gasto social, cuando en paralelo crecen los intereses del endeudamiento público.
Al mismo tiempo, el privilegio al condicionante de la deuda establece el consenso para generar divisas para la cancelación de las acreencias. Esas divisas se obtienen de promover y exacerbar el modelo productivo sustentado en las exportaciones derivadas del agro negocio o la nueva vedette en los hidrocarburos no convencionales, fractura hidráulica y contaminación mediante.
El discurso hegemónico del poder asume el crecimiento de las exportaciones para generar excedentes con destino al pago de la deuda pública y consolidar el poder del capital extranjero asociado a la cúpula burguesa local.
Hay consenso entonces en sostener el modelo productivo de inserción subordinada y generar divisas vía exportaciones. Es el camino, sostienen, para cancelar una deuda que enfatizamos: es incobrable.
La deuda augura una recurrente y gravosa hipoteca para el conjunto de la sociedad. Se necesita salir de la trampa de la deuda y la especulación, con el chantaje proveniente del sector financiero que amenaza con desfinanciar al país, como si el actual financiamiento hubiese servido para resolver necesidades de la población. De hecho, ha sido un mecanismo de fuga de capitales.
El hambre es la prioridad y hacia ese objetivo debe concentrarse toda la energía de la política pública, lo que supone definir políticas específicas de promoción de la distribución del ingreso, el empleo y la recuperación del mercado interno. Es la lógica que encadena el conjunto de la política económica.
¿Qué hacer entonces con la deuda, el FMI y el modelo productivo?
Hay que denunciar lo realizado por el gobierno Macri y la complicidad institucional en estos años, lo que requiere de un profundo debate en el conjunto de la sociedad.
Por eso se debe confrontar el consenso del poder y transitar una batalla de ideas para ganar un consenso alternativo, para desarmar la lógica especulativa que viene de las reformas financieras y de inversiones externas desde tiempos de la dictadura.
Se trata de un debate a fondo sobre qué es lo que produce el país y que debe producir, tanto como quienes son los beneficiarios y principales organizadores de ese orden económico.
La información relativa a la estructura productiva en la Argentina, propiciada por el INDEC con fuentes provistas por la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales, señala que la producción primaria (agropecuaria, minería, extractiva en general) ronda el 17% de la actividad económica. El sector secundario, industria y construcción apenas supera el 19%, con lo que entre ambos sectores se procesa un tercio de la capacidad productiva del país, sin mencionar el complejo propietario dominado por el capital transnacional. El resto son servicios en torno al 49% e impuestos netos de subsidios por encima del 15%.
Esta estructura de producción de bienes y servicios debe ser cuestionada, sin perjuicio de analizar en profundidad que tipo de producto (PBI) es el que se genera en nuestro país.
Además, se debe cuestionar la propiedad concentrada de ese aparato de producción de bienes y servicios, tanto como los beneficiarios de la política tributaria.
¿Se trata de una producción pensada en satisfacer necesidades o es un mecanismo para resolver ganancias y un proceso subordinado de acumulación de capitales y dominación social?
Reestructurar el aparato productivo del país y discutir la propiedad de los medios de producción requieren de un debate que está muy alejado de la discusión pública contemporánea.
En principio se debe pensar y actuar con lógica de soberanía popular para atender necesidades sociales insatisfechas. En ese sentido se requiere cuestionar el destino de la producción, que reconoce un escaso 13% de inversión, con mínima capacidad reproductiva en una lógica de superación de la dependencia derivada de la importación de medios de producción: maquinarias y herramientas.
Por su parte, el consumo es una variable necesaria para el debate, ya que se trata de un guarismo elevado en la ecuación macroeconómica, que alcanza al 78%, un 64% el privado y un 14% el público.
Hace falta discutir la composición del consumo privado, y del público, para privilegiar la satisfacción de las imperiosas necesidades de los sectores más vulnerables.
¿Cómo financiar un proyecto alternativo y soberano?
La recaudación tributaria se asienta en un 50% en el IVA, que afecta a los sectores más desprotegidos; un 30% en Ganancias y el 20% restante en varios impuestos de baja recaudación.
Es un régimen de recaudación regresivo, que debe ser sustituido. No alcanza con la reciente eliminación del IVA para algunos bienes de la canasta. Hace falta bajar la alícuota y modificar el sentido con merma en la participación general de la recaudación total.
Por su parte en el impuesto a las Ganancias se debe eliminar la imposición a trabajadores activos y pasivos, al tiempo que centralizar la percepción en las empresas más concentradas, diversificando los porcentuales en beneficio de las más chicas.
Según la AFIP, más de 200.000 empleadores solo ocupan un/a trabajador/a y son el 36% de los empleadores en el país, lo que si se extiende a 3 trabajadores suman más de 300.000 empleadores, que alcanzan a 411.000 con hasta 5 trabajadoras/es. Con más de 500 trabajadoras/es son apenas un poco más de 1000 empleadores, la cúpula empresarial en la Argentina, sobre quienes debe recaer lo principal de la imposición sobre Ganancias.
El impuesto a los bienes personales es apenas marginal, por debajo de medio punto porcentual.
Lo que proponemos es discutir el modelo productivo y la estructura productiva y de propiedad, al tiempo que se requiere considerar quien debe financiar el Estado y su política económica en una perspectiva de emancipación y liberación.
Buenos Aires, 15 de noviembre de 2019

Tensiones y contradicciones en Nuestramérica


Lula libre ya no es una consigna, sino una realidad. Fue una decisión judicial que responde a una demanda social extendida y que anima las contradicciones de nuestro tiempo en la región. Los inversores actuaron ante la sola mención de la posible liberación de la injusta prisión al líder del PT. El resultado de ese accionar impactó a la baja sobre las cotizaciones de acciones y a la variación de las divisas, afectando vía devaluación monetaria las condiciones de vida de la mayoría empobrecida del Brasil. La algarabía popular es preocupación de los ganadores bajo el gobierno Bolsonaro, antes de Temer, que festejaban en estas horas el alineamiento del Brasil con EEUU e Israel para sostener el bloqueo a Cuba. Brasil condensa en estas horas las tensiones y contradicciones en nuestra región, que nos motiva a pensar en otros procesos y en debates postergados en aras del imaginario de lo posible y lo necesario para transformar la realidad.
Hay tensa espera por la segunda vuelta uruguaya, “no está muerto quien pelea” sostiene el dicho popular, y ya asistimos a la despedida del gobierno de Macri en Argentina y a las expectativas por el próximo gobierno de los Fernández. Dos pueblos hermanados, el uruguayo y el argentino, y separados por la historia que no siempre caminaron en conjunto y, de hecho, las tensiones a ambos lados del Río de la Plata han sido frecuentes y no hablo de tango o de fútbol precisamente. La unidad de objetivos y rumbo en el Río de la Plata resulta fundamental para mejor articular una política desde el Sur de América para empujar otras posibilidades en la unidad regional, especialmente con Brasil y Paraguay, lo que podría extenderse más allá, hacia Bolivia y Chile. Pero de nuevo, hay debates ausentes que involucran esos desencuentros, aun con gobiernos que enarbolaban un discurso de impugnación al neoliberalismo en años recientes, del Frente Amplio y del Kirchnerismo. La discusión es el límite de lo posible, ya que el “posibilismo” en ambas orillas, para no confrontar con el poder, culmina a la corta o a la larga en la reversión de procesos emancipadores y transformadores.
Celebramos el triunfo de Evo Morales, junto al reconocimiento de la ofensiva opositora que agudiza un proyecto destituyente en Bolivia. Las “derechas” ya no solo son proyectos autoritarios, protagonizados por militares auspiciados por el poder en las sombras, al margen de consensos sociales, que ahora son movilizados y organizados para el desarrollo de acciones callejeras. Las “guarimbas” venezolanas como ensayo, se despliegan en otros territorios, más allá del reconocido “éxito” macroeconómico de Bolivia, destacado por todos los organismos internacionales. Algunos justificaron esas acciones en Venezuela ante los problemas económicos, que ahora se aplican en Bolivia con argumentos relativos a la política. Es quizá Bolivia el territorio de mayor consolidación de un proyecto popular en el gobierno, surgido de la impugnación a la lógica hegemónica que denominaron neoliberal. Recordemos que en el origen están las luchas contra la privatización del gas y del agua.
Por su parte y como gran novedad, el pueblo chileno mantiene su protesta en las calles y exige cambios profundos que descoloca al poder continuado de la dictadura pinochetista. Esta, consolidada por tres décadas bajo la norma constitucional elaborada por el régimen dictatorial como forma de institucionalizar el orden construido desde 1973, junto a reprimir intenta retomar la iniciativa política. Lo que ocurre es que la dinámica social en lucha no lo permite, al mismo tiempo que se desafía a construir un proyecto propio que pueda ser asumido por la mayoría de la sociedad y transformar la realidad.
¿Qué hacer?
Son datos contradictorios de nuestro tiempo, que expresan los sentimientos cruzados de concepciones confrontadas sobre el qué hacer en nuestros territorios. La gran discusión es cuál será el rumbo que se imponga. No es menor la impugnación social masiva, caso chileno, a un orden que dio inicio a lo que hoy se considera hegemónico en el sistema mundial: el neoliberalismo. Lo importante es la dinámica y la discusión sobre el qué hacer, que si se queda corto reanima el rumbo conservador y reaccionario de un orden capitalista en desorden.
Parece una contradicción, pero no lo es. El “orden” requiere de un “nuevo orden” y por eso el “desorden”. EEUU lideró la ofensiva capitalista liberalizadora ante la crisis de los años 70´ para terminar con la bipolaridad entre capitalismo y socialismo, objetivo logrado hace tres décadas. Sin embargo, la propia dinámica de la acumulación de capitales generó, vía exportaciones de capital hacia China, la confrontación por la hegemonía del sistema con base en la gran expansión de la relación capital-trabajo en territorio chino. El peso de China en el sistema mundial y las alianzas políticas, militares y económicas desplegadas en estos años, con Rusia e Irán entre otros, debilitó el peso de la dominación estadounidense. Con ello se exacerbaron las contradicciones y el fenómeno de la guerra comercial, económica, financiera puso en evidencia la impunidad sancionatoria de Washington y la exacerbación del militarismo. Las sanciones unilaterales de EEUU rompen todas las reglas del orden mundial surgido al final de la segunda guerra en 1945. Por eso, lo que ocurre es un desorden, para intentar reordenar el sistema capitalista contemporáneo a favor del liderazgo de EEUU.
¿Cuál es el papel de Nuestramérica? En este territorio surgió como ensayo el “neoliberalismo” en tiempos violentos de dictaduras genocidas, luego instaladas en el capitalismo desarrollado, no solo por las restauraciones neoconservadoras en Inglaterra y EEUU, sino también bajo la dirección de la socialdemocracia europea. Con la caída del socialismo en el este de Europa el fenómeno se extendió planetariamente y se pensó en el fin de la historia y el triunfo del capitalismo. En este comienzo del Siglo XXI, Nuestramérica encendió la expectativa esperanzada contra el “neoliberalismo”, incluso contra el capitalismo, animando procesos políticos en Europa y en África, provocando como respuesta el accionar desestabilizador de la dominación local, regional y mundial. Por eso aludimos a las tensiones y contradicciones actuales, que requieren ser resueltas y el gran interrogante es con que rumbo.
Son muchos los desafíos en estas horas. En Argentina no le funcionó la estrategia a Trump y su asistencia financiera vía FMI a la Argentina para sostener otro periodo de gobierno a Macri. Pero “muerto el rey, viva el rey”, sostiene el dicho popular. Trump ya felicitó a Alberto Fernández y se apuró a poner a disposición la voluntad estadounidense, de peso decisorio en el FMI, para “cooperar” con el nuevo gobierno de la Argentina. La OEA por su parte fiscaliza las elecciones en Bolivia, y el Grupo de Lima sostiene la ilegitimidad de la impugnación al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, mientras un renovado Grupo de Puebla intenta nuevos reagrupamientos de impreciso signo “progresista”, del mismo modo que en su momento el Consenso de Buenos Aires intentó contestar al consenso de Washington. Al mismo tiempo, en La Habana sesionó el Encuentro antiimperialista, con una perspectiva que intenta radicalizar los procesos sociales de impugnación neoliberal, con movimientos sociales y políticos en donde conviven quienes apuestan a procesos profundos de cambios socioeconómicos y otros que son contenidos en los límites de lo posible.
El que no cambia todo no cambia nada dice la setentista canción popular de César Isella y Armando Tejada Gómez, tan genialmente interpretada y matizada por Mercedes Sosa y Alfredo Zitarroza. Es sugerente la letra para pensar nuestro tiempo desde la transición necesaria, para terminar con el neoliberalismo que es la política hegemónica del capitalismo contemporáneo. No alcanza con la impugnación al neoliberalismo y lo que debe impugnarse es el capitalismo. Es cierto que hubo tiempo para el reformismo del orden capitalista, pero fueron tiempos de bipolaridad y confrontación entre capitalismo y socialismo. Fueron tiempos del Estado del bienestar y políticas keynesianas entre 1945 y 1975, los treinta años gloriosos del capitalismo mundial, solo posible por la visibilidad de una propuesta anticapitalista. Por eso, solo es reformable el capitalismo si se opone la potencialidad del orden alternativo, de confrontación anticapitalista. No es una cuestión de consignas, sino de colocar objetivos que reviertan la situación, al estilo de la citada canción “Triunfo agrario”, que dice: “hay que dar vuelta el viento como la taba, el que no cambia todo, no cambia nada”.
¿Qué supone cambiar todo?
Enfrentar el ajuste y las reformas inducidas en los acuerdos con el FMI, tal como lo hizo el pueblo ecuatoriano recientemente, o en otro sentido la movilización chilena, incluso la haitiana.
La Argentina está desafiada a atender la deuda con el tercio empobrecido y los problemas de empleo e ingresos de la mitad de la población trabajadora o atender la usura de la hipoteca con los acreedores externos. Son objetivos confrontados.
Bolivia para profundizar tendrá que apuntar a extender la preocupación por el desarrollo de la economía comunitaria y el aliento a la construcción del sujeto de los cambios, coherente con el sujeto político indígena, originario campesino, con todo el peso del Estado Plurinacional, o pensar en la retracción social a manos del revanchismo de los sectores más concentrados de la economía local.
La disputa uruguaya se juega en la disputa del rumbo en un debate con la sociedad y hacia donde avanzar, en la profundización de los cambios esperados por la mayoría social de menores ingresos y recursos, o en la restauración de la lógica del capital por la liberalización.
Resulta necesario discutir la modificación del modelo productivo y de desarrollo sustentado en el crecimiento, la expectativa por atraer inversiones y la tendencia a la mercantilización generalizada en una reproducción de una norma por la ganancia y la acumulación. Se trata de un cambio de lógica, más orientada a la satisfacción de las necesidades sociales extendidas y por eso más pensar en producir bienes de uso que bienes de cambio, y en defender a la Naturaleza en tiempos de agresión y devastación con peligro sobre la vida, la sociedad y el propio habitat.
Existe un tiempo de contradicciones y de definiciones, que pueden resolverse en términos civilizatorios, lo que requiere un debate a fondo que no se quede en el límite de los posible.
Buenos Aires, 8 de noviembre de 2019

Lecciones que nos dejan las movilizaciones que impugnan la ofensiva capitalista en Nuestramérica.


Acaba de realizarse la elección en Bolivia y estamos a pocas horas de las que se realizan en Argentina y en Uruguay. En los tres casos no da lo mismo uno que otro resultado. La confirmación de un triunfo en primera vuelta de Evo Morales habilita la continuidad y profundización de un rumbo de cambio político en contra de la lógica hegemónica de la ofensiva capitalista a escala mundial. El conteo provisorio confirma el triunfo oficialista en primera vuelta y da para pensar en un tiempo de aliento a la economía comunitaria para el vivir bien. El triunfo del Frente Amplio en Uruguay y la derrota de Macri en Argentina pueden potenciar una articulación regional objetada por la promoción de la “liberalización” sostenida hasta ahora por los gobiernos de Brasil, Argentina, Paraguay y Chile. Bolsonaro amenaza con excluir a la Argentina del Mercosur si no continúa el macrismo en el gobierno.
Por ello es que no sorprende la asociación entre la oposición boliviana y la OEA, o sea, EEUU, quienes pretenden sobrepasar el límite de la legalidad nacional boliviana para convocar a una segunda vuelta electoral, desafiar el rumbo actual de Bolivia y encaminar al país junto a los impugnados regímenes de derecha de la región. No sorprende que ahora la intelectualidad funcional al poder acuse a Bolivia como la nueva dictadura y estigmaticen como lo hacen con Venezuela. Lo de impugnado remite en estas horas a la situación chilena. Luego de casi medio siglo de golpe pinochetista e inauguración de las políticas “neoliberales” en el mundo, y a 30 años de la constitución heredada de la dictadura genocida, el pueblo chileno ganó las calles con sus protestas. Hay paro de 48 horas convocado por el movimiento obrero, en confluencia con las luchas de los estudiantes y pobladores. El conjunto de la protesta social constituye un episodio de acumulación gestado en pocos días, que recupera una histórica gesta de luchas protagonizadas por millones.
Todo se disparó con un aumento del boleto del subterráneo en Santiago de Chile y la inmediata impugnación estudiantil, quienes decidieron saltar los  molinetes para no pagar y demostrar el descontento. La actitud fue masiva y la represión fue la respuesta gubernamental, lo que motivó la indignación social ampliada y la protesta se transformó en pueblada. El gobierno respondió con el Decreto del “estado de emergencia” y con ello, escaló la represión. A la memoria social retornó la Dictadura pinochetista, con miles de policías, gendarmes y militares reprimiendo con saña. Muertos, heridos y detenidos es el saldo, más el toque de queda que se extendió a varios territorios, ya no solo la capital chilena.
Chile, el modelo exitoso
Es curioso destacar que, en el último debate presidencial en la Argentina (20/10/2019), con la movilización chilena como noticia principal en todos los medios, hubo quien, desde el liberalismo ortodoxo, resaltara el ejemplo del modelo trasandino. Paradigma emblemático del liberalismo contemporáneo (neoliberalismo) que hoy está siendo rechazado ampliamente por la movilización social.
¿A qué se debe que Chile sea considerado exitoso? Chile es el territorio de facilitación de ganancias para el capital más concentrado, de ampliación de tratados de libre comercio; con bajos salarios y deterioro deliberado de la respuesta sindical y popular. Es el modelo a seguir para la ofensiva capitalista, que, además, empezó como “neoliberalismo” en Chile de 1973, algo que se extendió a la Dictaduras del Cono Sur. Solo luego de ese éxito a costa de la calidad de vida de la población, el neoliberalismo desembarcó en Inglaterra y EEUU, con Thatcher en 1979 y Reagan en 1980. Ahora ya son política hegemónica más allá de la desaceleración y crisis de la economía mundial.
Las protestas en Chile fueron más allá que el aumento del transporte y se extiende a la ofensiva capitalista contra los ingresos populares: los trabajadores/as; jubilados/as y los perceptores de ingresos derivados de la política social. Una parte considerable de la población se cansó y salió a la calle para intervenir en la fijación de la política. No solo deciden los “mercados”, también lo hace la población movilizada. Resulta muy interesante concentrarse en las lecciones que vienen desde Chile; como hace muy poco seguimos atentamente el levantamiento indígena y popular en Ecuador contra el aumento del combustible y el acuerdo del ajuste fiscal con el FMI.
En ambos casos, Chile y Ecuador, la movilización popular frenó la medida de aumentos e impuso a las autoridades la convocatoria al “dialogo”, aun cuando se mantuvo el despliegue represivo. Un diálogo amañado con los socios del poder y que desafía a resolver si se está del lado de la institucionalidad anti popular o del de la impugnación de la movilización social. Tanto en Ecuador como en Chile se sabe que al dialogo hay que llegar y abonarlo con organización y conciencia movilizada sino se quiere avanzar con las artimañas del poder para hacer realidad el ajuste en contra de la mayoría empobrecida de la sociedad. Al mismo tiempo, el pueblo de Haití, el más empobrecido de toda la región, se levantó en estos días en la demanda por la renuncia del antipopular gobierno.
Chile, Ecuador y Haití muestran el cansancio de los pueblos a las políticas hegemónicas, liberalizadoras (neoliberales), de ajuste perpetuo en sintonía con la ofensiva mundial del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad. El conflicto social evidencia que no todo está dicho en el rumbo que deben seguir los países, que no todo lo que reluce es oro, como señala la sabiduría popular. Todo eso que aparece como “modelo” se desvanece cuando la movilización social es masiva. Si el capital interviene con lobby o presión mediática, Estado mediante, la sociedad popular lo hace desde la protesta social y la organización popular. En lenguaje tradicional remitimos a la “lucha de clases”.
Lecciones en tiempos electorales
Vale la pena desde Bolivia, Argentina o Uruguay, mirarse en el espejo de la realidad chilena, ecuatoriana o haitiana, porque es el destino del discurso de las derechas y el liberalismo (neo). El neoliberalismo parte de un mensaje directo, simplón, que puede resultar atractivo para una parte de la sociedad, incluso de sectores empobrecidos, si no, no se puede entender el traspié de los gobiernos que impugnaron, con más o con menos, el discurso hegemónico de corte neoliberal. La simpleza del mensaje liberal contemporáneo puede ayudarnos a explicar el consenso electoral en los gobiernos de Argentina con Macri, o de Brasil con Bolsonaro, y que intentan hacer pie de cualquier modo en Bolivia o en Uruguay.
La disputa en estas horas en Bolivia es por continuar y profundizar el proceso de cambio iniciado por Evo Morales en 2006 o retomar una senda cuyos resultados ya vimos en nuestros países en la oleada liberalizadora de los 80´ y los 90´, y que no hay duda se rechazan en las calles de Chile, Ecuador o Haití, incluso en Bolivia. Es lo que se discute en Argentina y Uruguay el próximo domingo 27/10, un rumbo de impugnación a la lógica de la mercantilización que sostienen los ideólogos de la apertura económica y las reaccionarias reformas laborales y previsionales, o un rumbo definido por la organización social consciente de construir otra realidad, basada en la lucha por satisfacer necesidades y ampliar derechos.
Algunos me interrogan porque esas movilizaciones tan amplias no se realizan en la Argentina del 35,4% de pobres, de más del 10% de desocupados o del tercio con empleo irregular, con tarifas por ahora congeladas, pero que al estar dolarizadas volverán a congelar los bolsillos de una mayoría con limitaciones severas en la apropiación personal de ingresos suficientes para atender las ampliadas necesidades. La explicación es que en Argentina existen expectativas político electorales, del mismo modo que en Uruguay, algo que no necesariamente ocurre con las luchas comentadas en el resto de la región, pero en uno u otro de estos territorios, la garantía siempre estará en la capacidad de movilización y protesta de la sociedad para hacer realidad la satisfacción de las reivindicaciones democráticas, y mucho más si lo que se pretende es transformar la realidad.
La Habana, 24 de octubre de 2019

Agravamiento de la situación social en la Argentina


A pocos días de la elección presidencial en la Argentina, el domingo 27/10/2019, la información disponible sobre la situación económica, ya sea la ofrecida por el INDEC, el Banco Central, o la que proviene de los organismos internacionales, el FMI o el Banco Mundial, continúa siendo muy preocupante para la mayoría de la sociedad. La inflación combinada con recesión genera impactos sociales alarmantes sin ninguna expectativa de mejora en la coyuntura para la mayoría empobrecida, aun con el discurso electoral optimista de un futuro cercano mejor que sustenta el oficialismo en la persona de Mauricio Macri.
Sin embargo, en sentido contrario, la especulación genera importantes negocios para un sector muy reducido, ya que el dólar oficial se mantiene en torno de los 60 pesos por dólar, mientras que el ilegal (blue) alcanza los 67 pesos y las operaciones de compra de acciones y liquidación en el exterior (contado con liqui) cotizan a casi 75 pesos por dólar. Las operaciones con divisas excluyen a la mayor parte de la población y solo constituyen oportunidades de negocios para inversores concentrados. Recordemos que los bancos pueden optar por inversiones en leliq, que ofrece el BCRA a tasas del 68%, con un diferencial de más de 20 punto con inversores tradicionales del sistema financiero.
Como siempre sostenemos, no todos pierden con el funcionamiento de la economía, un argumento válido para cualquier país. La Política Económica siempre genera beneficiados y perjudicados, grandes productores y exportadores; grandes industriales transnacionalizados; sectores especulativos asociados a la internacionalización de las finanzas, por lo que no adherimos a las calificaciones de “errores” o “mala praxis” en el establecimiento de las medidas de gobierno.
El problema es que no pudieron sostener en una parte de la sociedad las expectativas esperanzadas para gobernar un segundo periodo y consolidar una propuesta política “conservadora” que recuperara el lugar de dominación cedido a manos de nuevos sectores económico sociales surgidos al influjo de la industrialización en el primer tercio del Siglo XX.
Puede decirse que el engaño o la ilusión se cortó, pero en el intento estaba ajustar y reestructurar el orden económico local para afianzar la inserción de la Argentina en un orden mundial con enormes dificultades para satisfacer necesidades del conjunto social, muy especialmente con el ascenso de Donald Trump al gobierno de EEUU, quien puso en crisis la lógica de la mundialización construida por cuatro décadas de neoliberalismo en el sistema mundial.
Inflación en alza
El INDEC[1] anunció el registro del 5,9% de inflación para el mes de septiembre pasado, con un acumulado anual de 53,5%, mientras el BCRA[2] pronostica, según las consultoras que ofrecen sus estudios al organismo, que para los próximos 12 meses se espera un crecimiento de los precios en torno al 48%.
La carrera por apropiarse de la renta socialmente generada tiene entre los ganadores a los sectores más concentrados de la economía, que vía precios defienden sus posiciones de privilegio y condenan a la sobrevivencia a la mayoría trabajadora de la población.
El dato lo confirma el propio INDEC, que acaba de difundir la “cuenta de generación del ingreso”, lo que antes se llamaba “distribución funcional del ingreso”, que explica cuanto se apropian del total del ingreso, los trabajadores y trabajadoras, por un lado, y los propietarios de los medios de producción por el otro. Los primeros, trabajadores y trabajadoras, perciben un 42,5% del total para el segundo trimestre del 2019[3]. Un año antes habían percibido un 46,4%. Lo que unos y otras perdieron, -3,9%, es lo apropiado por las patronales en sus diversidades de tamaño, lo que nos permite intuir una ganancia de los sectores hegemónicos más concentrados.
La inflación golpea de manera diferente según sea el nivel de ingreso percibido, por lo que el 35,4% de pobres o la mayoría de jubilados y jubiladas que perciben la mínima, o la mayoría de asalariados y perceptores de planes sociales sufren la remarcación regular de precios y se ven imposibilitados de resolver adecuadamente la vida cotidiana. El desagregado de los datos agrava las consideraciones sobre el impacto entre los sectores de menores ingresos, ya que los alimentos crecen por encima de la inflación anualizada, tal como ocurre con la salud y otros rubros de la canasta diaria.
Un problema para destacar es que el gobierno congeló precios de tarifas hasta la celebración de las elecciones el próximo 27 de octubre, lo que hace pensar a futuro en elevación del índice inflacionario, si es que las tarifas retoman su evolución asociada al crecimiento de los precios, e incluso de la variación del tipo de cambio. Recordemos que la presión de las empresas privatizadas de servicios públicos demandó la dolarización de sus tarifas más allá de masivas protestas sociales.
Solo con fines electorales se asumió el congelamiento y regulación de algunos precios, que, de haber mantenido la política originaria, en la que cree firmemente el gobierno de Macri, el PRO-Cambiemos, la inflación sería aún mayor.
Macri le reclama al FMI
En el FMI existe mar de fondo y algunos al interior del organismo pasan factura por el desmedido apoyo financiero a la Argentina y al gobierno de Mauricio Macri. También se queja el gobierno Macri, quien sostiene que cumplió con lo acordado, que era el ajuste fiscal. En ese marco presiona para que le desembolsen 5.400 millones de dólares que debieron ingresar a mediados de septiembre al país. Los necesitan para seguir financiando la salida de capitales.
La interna se procesa en el FMI, aunque un poco inútil, ya que la voz final está en manos de Donald Trump, gobernante del país que tiene la última decisión en el organismo internacional. Trump no dudó en invertir “políticamente” en la Argentina, para asegurarse el acompañamiento en su estrategia de injerencia sobre Venezuela, que Macri ratifica reconociendo sobre el final de su mandato a la embajadora designada por el auto designado “presidente a cargo”. La búlgara Kristalina Giorgieva, recientemente a cargo del Fondo se desentiende de ese debate y espera el resultado electoral para redefinir los marcos del ajuste y la regresiva reestructuración con el ganador del 27/10.
Mientras, Hernán Lacunza, Ministro de Hacienda y Guido Sandleris, titular del BCRA, presentan las cuentas nacionales con los deberes realizados ante las nuevas autoridades del FMI. Ellos sostienen que cumplieron con el ajuste y poco les importa la hipoteca de una deuda a cancelar en futuras administraciones. Como cumplieron solicitan el desembolso para llegar lo mejor posible a las elecciones y a la entrega del gobierno. Temen que se les agoten las reservas internacionales que hoy administran. El último día hábil previo a las PASO, las reservas internacionales alcanzaban los 66.309 millones de dólares, que al último dato provisto por el BCRA para el 15/10, las mismas se redujeron a 47.780 millones de dólares. La disminución continua.
Se perdieron en tan poco tiempo unos 18.529 millones de dólares, una cifra gigantesca que podría haber tenido destino alternativo y que requiere de una investigación sobre el destino. En rigor, no solo se trata de investigar esta fuga de capitales, sino asumir el proceso completo desde diciembre del 2015, signado por un crecimiento enorme de la deuda pública que hoy alcanza al 100% del PBI, duplicando el registro al comienzo de la gestión. Es la ocasión para avanzar en una asignatura pendiente: la investigación de la deuda iniciada en el ciclo de la dictadura genocida. No es conveniente postergar para el futuro la auditoría integral que pueda definir lo legal de lo ilegal, para no seguir descargando sobre el colectivo social el cáncer del endeudamiento que ha favorecido la concentración de ingresos y riqueza.
Preocupación por la pobreza
En el mundo preocupa la pobreza, tal como mencionamos hace pocos días con relación al informe del Banco Mundial, que avisa sobre una desaceleración en la reducción del indicador de pobreza en todo el mundo, especialmente en los países de menor desarrollo relativo. Por su parte, el Banco de Suecia entregó el premio “Nobel” a tres investigadores sobre la pobreza, una mujer y dos hombres, una francesa, Esther Duflo; un hindú, Abhijit Banerjee y un estadounidense, Michael Kremer; todos radicados en EEUU. Por su parte, Thomas Piketty difunde un nuevo libro “Capital e Ideología”, donde vuelve sobre el tema de la desigualdad, abordado en su “Capital del Siglo XXI”. Lo que retoma es la brecha entre ricos y pobres y el más que interesante análisis del discurso justificados relativo a la acumulación patrimonial de la riqueza.
Vamos a insistir que ni el Banco Mundial, ni el Banco de Suecia, ni el economista francés asumen la responsabilidad del capitalismo como causa de la concentración de la riqueza y la desigualdad en contraposición a la situación de la mayoría de la población empobrecida. Todos ellos proponen paliativos a la hora de atender el problema, pero sin afectar el régimen subordinado a la lógica de la ganancia y la acumulación de capitales, aun cuando el profesor galo se anima a proponer fuertes tributos a los más enriquecidos.
¿Habrá voluntad en nuestros países para avanzar más allá de los condicionantes del orden capitalista o solo puede pensarse en paliativos que morigeren el impacto de la pobreza y la desigualdad?
Es una dimensión para pensar en tiempos electorales en la Argentina, e incluso este próximo domingo en Bolivia y luego en simultáneo con nuestro país en el Uruguay.
Córdoba, 18 de octubre de 2019


[1] Instituto Nacional de Estadística y Censos, INDEC Índice de precios al consumidor. Septiembre de 2019, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipc_10_19FB1348322D.pdf (consultado el 18/10/2019)
[2] Banco Central de la República Argentina, BCRA. Principales Variables, en: http://www.bcra.gov.ar/ (consultado el 18/10/2019)
[3] Instituto Nacional de Estadística y Censos, INDEC. Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra. Segundo trimestre de 2019, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/cgi_10_192FDDDA2A2F.pdf (consultado el 18/10/2019)

El contexto de la economía mundial exacerba la ofensiva del capital


La perspectiva de la economía mundial es de desaceleración con posibilidades de transformarse en recesión, exacerbando los objetivos del capital contra el trabajo, la naturaleza y la sociedad.
El objetivo del capital apunta a resolver la obtención de ganancias y en ese marco sostener el ritmo de la acumulación, intentando escamotear el efecto de la situación económica mundial y descargando el costo sobre la mayoría empobrecida de la sociedad mundial.
Habla el Banco Mundial
Son asuntos que se pueden verificar en cada país en particular, pero resultan alarmantes cuando la síntesis proviene de la cúpula de un organismo internacional como el Banco Mundial, cuya tarea según manifiesta en su portada es la “lucha contra la pobreza”.
En la presentación del Informe Anual 2019 del Banco Mundial, su presidente inicia señalando:
“Nuestra misión de desarrollo es clara: promover la prosperidad compartida y poner fin a la pobreza extrema. Los problemas siguen siendo acuciantes.”
Continúa afirmando que:
“En muchos países, el ritmo de reducción de la pobreza ha disminuido o, incluso, se ha revertido, y las inversiones y el crecimiento no serán suficientes para mejorar el nivel de vida. Los países más pobres enfrentan numerosos desafíos para lograr avances en el desarrollo básico, lo que incluye graves déficits en materia de agua potable, electricidad, salud, educación, empleo y competitividad del sector privado; obstáculos a la plena inclusión de las mujeres en las economías y las sociedades, así como políticas que con mucha frecuencia benefician a minorías selectas en lugar de crear oportunidades laborales y respaldar a los habitantes más necesitados; la urgencia de los desafíos ambientales y climáticos, y el marcado aumento de la deuda que no reditúa beneficios reales.”[1]
El razonamiento de David Malpass, titular del Banco mundial (BM) reconoce las dificultades del momento actual para cumplir con los objetivos de reducción de la pobreza, pero asienta su diagnóstico en la insuficiencia del crecimiento, obviando toda alusión a lo esencial: el modelo productivo del capitalismo y la exacerbación de los sectores hegemónicos por disminuir derechos sociales en aras de satisfacer la demanda de ganancias y la reproducción del ciclo de acumulación de los capitales.
No se le puede pedir a un organismo que integra la cúpula de decisiones del capitalismo mundial que asuma el problema en su esencia. Lo que hace es reconocer el problema, sí, pero sus soluciones apuntan a intentar morigerar los impactos sociales con las iniciativas relativas al “desarrollo inclusivo”, el aliento al “capital humano” y generar condiciones de “resiliencia” ante los problemas del cambio climático, como si no tuvieran que ver con el orden capitalista de explotación y destrucción de la Naturaleza.
Las propuestas del BM parecen más un manual de autoayuda que unas recomendaciones de modificación sustancial de la política económica, con otra orientación de beneficiarios y perjudicados del orden económico. Lo que buscan es “mejorar el clima de las inversiones”, lo que traducido supone enfocar el rumbo de la política económica contemporánea en el restablecimiento de la lógica de la ganancia y la acumulación de capitales.
En este plano y con claridad destaca la realización a fines del 2018 del:
“Foro de Inversionistas organizado junto con el Gobierno argentino en vísperas de la Cumbre del G-20 celebrada en Buenos Aires, en el que se buscó determinar las medidas necesarias para impulsar la inversión privada sostenible y de largo plazo”
Toda radica en las “inversiones”, incluso “privadas”, asentando la perspectiva de la evolución económica en las posibilidades de la inversión de capitales, olvidando que los clásicos de la Economía Política indicaban que el capital es “trabajo acumulado” y por ende, lo que debiera estimularse es el aliento al trabajo social, que no requiere de la iniciativa privada, sino de la decisión y voluntad de construir otro orden económico y social, sustentado en la cooperación entre trabajadoras y trabajadores, que al mismo tiempo cuiden la lógica reproductiva del hábitat y el medio natural.
Palabra de la nueva titular del FMI
Por su parte, la nueva titular del FMI, la búlgara Kristalina Georgieva, en su primer discurso señaló:
“Se prevé que, en 2019, el crecimiento disminuya en casi el 90% del mundo”[2]
“Esta desaceleración generalizada significa que el crecimiento este año caerá a su tasa más baja desde principios de la década.”
“En Estados Unidos y Alemania, el desempleo se encuentra en mínimos históricos. Aun así, en las economías avanzadas, inclusive Estados Unidos, Japón y, en especial, la zona del euro, se observa una moderación de la actividad económica.”
“En algunas de las principales economías de mercados emergentes, como India y Brasil, la desaceleración es incluso más pronunciada este año.”
“En China, el crecimiento se está reduciendo gradualmente con respecto al rápido ritmo que ha llevado durante muchos años.”
“Las precarias perspectivas plantean desafíos para muchos países que se ven confrontados con dificultades, incluidos algunos de los países que están aplicando programas del FMI.”
En la última aseveración puede entenderse la hipoteca de la Argentina por el acuerdo suscripto en 2018 con un préstamo por 57.000 millones de dólares bajo la condición del ajuste del gasto público (social) y el aliento a reaccionarias reformas laborales, previsionales y tributarias. Pero también remite al papel del FMI en Ecuador, que generó un levantamiento indígena y el rechazo popular en el país, con la solidaridad internacional de los pueblos.
La economista búlgara argumenta que los problemas actuales derivan de las “fracturas” del sistema mundial, especialmente la “guerra comercial” con subas recurrentes de aranceles, que promueven la caída abrupta del comercio mundial y sus consecuencias decisorias en la desaceleración económica actual. Claro que en su diagnóstico no aparece la responsabilidad directa del gobierno de EEUU en la promoción de la confrontación arancelaria, especialmente contra China. Confrontación que desnuda los límites estadounidenses para el ejercicio de la hegemonía del capitalismo, y con ello, la discusión del orden mundial emergente desde 1944, cuando surgieron los organismos financieros internacionales, BM y FMI, para resguardar los intereses del capitalismo mundial.
Ni el capitalismo ni el gobierno de EEUU son indicados como responsables directos. Es más, respecto del capitalismo afirma: “La clave es mejorar el sistema, no abandonarlo.” Es una afirmación que la sostiene por haber crecido “detrás de la Cortina de Hierro.” Dice Georgieva que “la aplicación de políticas correctas, con el apoyo internacional, puede volver a situar a un país y su gente en la senda hacia la prosperidad.” No parece coincidir con ello la movilización actual en Ecuador o el rechazo electoral masivo que se anticipan para las elecciones argentinas del 27/10 próximo.
La directora Gerente del FMI hace la apología del capitalismo. Se puede afirmar que para eso ocupa el lugar de conducción del organismo internacional. Para ella lo correcto son las políticas pro mercado; pro liberalización, de ajuste y reformas estructurales. Todo muy alejado de cualquier posición crítica al orden vigente.
Otro orden es necesario
El asunto es que los pueblos están desafiados a construir otro imaginario social de organización de la economía, que pueda ir en contra y más allá del orden capitalista.
Ni el BM o el FMI aportarán soluciones a los problemas de la pobreza, el desempleo o la baja de los ingresos populares; ni pueden esperarse aportes reales de ellos, más allá de grandilocuentes definiciones por la inclusión social contra la pobreza. Los organismos del sistema mundial solo inducen políticas para hacer sustentable el régimen de la ganancia.
El contexto de la economía mundial no favorece las aspiraciones sociales extendidas por resolver acuciantes problemas de la vida cotidiana. El pensamiento crítico debe hacer más visibles las respuestas concretas que millones de personas llevan adelante en la reproducción de la especie y el planeta. Es algo que no siempre tiene visibilidad en el debate político, especialmente en tiempos electorales trascendentes en el cono sur de América: Bolivia, Argentina y Uruguay.
Córdoba, 11 de octubre de 2019


[1] Introducción del Presidente del Banco Mundial al Informe Anual 2019 del BM; en: file:///C:/Users/jcgam/Downloads/211470SP%20(1).pdf (consultado el 11/10/2019)
[2] Kristalina Georgieva, Directora Gerente del FMI. Ante la desaceleración del crecimiento es necesario acelerar la acción, del 8/10/2019, en: https://www.imf.org/es/News/Articles/2019/10/03/sp100819-AMs2019-Curtain-Raiser (consultado el 11/10/2019)