CAMPAÑA 2023 en Argentina, con la inspiración de la lucha por la soberanía

Ya se largó la campaña presidencial 2023 y se difunden las candidaturas de las coaliciones que disputan el gobierno del capitalismo local, en un momento de profunda crisis mundial, agravada por la pandemia que no culmina y una guerra que parece recién empezar y que puede escalar con peligro para la sociedad global y la propia naturaleza. ¿Por qué no pensar en candidaturas alternativas, más allá de las coaliciones con posibilidades de ganar? Que exprese una articulación política popular que puedan surgir desde la meca del modelo primario exportador, por ejemplo, desde Rosario, claro que también desde Córdoba, de Cuyo, la Mesopotamia, la Patagonia, el centro o el litoral, de los cuatro puntos cardinales en nuestra extensa geografía. Imagino la gran ciudad del sur santafesino por ser un territorio de grandes contrastes, de acumulación de ganancias, de capitales y de poder, pero también de resistencias variadas, incluso con expresiones públicas en el ámbito institucional y popular. Rosario es la riqueza y la pobreza, expresión del capitalismo de esta época, que incluye el delito del tráfico, de drogas, armas o personas. Alguna vez fue la Chicago local, pero también anticipó y continuó el “Cordobazo”. Los rosariazos son antecedentes y continuidad de la emblemática lucha a fines de los sesenta del siglo pasado, y cuna de históricas luchas de nuestro pueblo. Los “azos” levantaron la vos de alerta de la reacción y produjeron la ofensiva más feroz sobre las y los alzados, las trabajadoras, los trabajadores y el pueblo argentino, con el terrorismo de Estado y la contribución a la ofensiva neoliberal, que aún hoy sufrimos. El eje de ese modelo se sustenta en la concentración y centralización de negocios con epicentro en el puerto y en las vías navegables, especialmente el Rio Paraná y los negocios que por el navegan. Hay que unir el espacio de la denuncia y la movilización para otro país posible y que venga desde el interior profundo, por ejemplo, a trescientos kilómetros de la capital federal, o incluso más lejano, pero con proyección de estimular un proyecto popular que contenga a los habitantes de toda la Nación. A los de abajo en tanto mayoría social en contra de los de arriba, la minoría de la población, que sustenta su poder en la acumulación de capital local y externo. La política parece concentrarse en torno a la General Paz, pero las expresiones populares tienen historia, experiencia y reflexión en todo el territorio nacional. Así lo expresa la historia de lucha indígena, anticolonial y anticapitalista por años. No es distinto en el presente, con las luchas feministas o ambientalistas, como los múltiples auto convocados en defensa de las trabajadoras y los trabajadores, con variadas experiencias de movimientos sociales vilipendiados desde proyectos de gestión del capitalismo local, u organizaciones sindicales y territoriales que no concilian con el proyecto del capital. En el mismo sentido actúa el pensamiento crítico, revolucionario, anti sistémico por la emancipación y la revolución. Existe una experiencia de lucha parlamentaria de la izquierda y una dinámica desarticulada de una izquierda plural que necesita articularse en un proyecto más amplio de identidades por la crítica y las transformaciones profundas, más allá y en contra de la mera gestión del orden capitalista. Si hay lectores atentos a estas líneas, ya se puede ponerle nombre a esa candidatura alternativa, con múltiples aspirantes y aspirantas, que recoja la crítica política del orden existente e imagine un horizonte de transformaciones, con la insignia de la bandera, la soberanía y el internacionalismo popular como emblema. Son muchas y muchos los que pueden expresar esa aspiración, con construcciones de colectivos que despliegan su experiencia en toda la extensión del país. Está muy cerca el 20/6 y el 9/7, lo que puede ayudarnos en la perspectiva de la independencia y la soberanía, abonada con las luchas callejeras, expresamente contra el acuerdo del gobierno y el FMI que intenta 2legitimar” la estafa del macrismo y el FMI del 2018. Una candidatura que vaya por la expropiación de Vicentin y la suspensión de pagos de la deuda, contra el acuerdo del FMI, que hay que anular y sustentar un modelo productivo y de desarrollo pensado en la cooperación, lo autogestionario y lo comunitario. Un proyecto de independencia e integración regional que articule propuestas existentes de organización popular fragmentada. Que sustente la defensa de las reivindicaciones y demandas de los de abajo y con respeto por los bienes comunes y la naturaleza, contra toda forma de discriminación y racismo, contra el patriarcalismo y por la solidaridad y cooperación regional. Con una orientación latinoamericanista y caribeña, con las mejores tradiciones que reivindica la lucha de Nuestra América, por la independencia y el bienestar de nuestro pueblo. ¿Es ello posible? Totalmente, si es que así lo construimos, nos lo proponemos y lo echamos a andar, como tarea colectiva, sin techo a la imaginación transformadora. Buenos Aires, 1 de julio de 2022

Decadencia del capitalismo local y disputa de la hegemonía estatal

Cristina Fernández de Kirchner (CFK) marca la cancha del debate político estratégico en el capitalismo local. Todos los análisis políticos remiten a su discurso del 20/6 y el impacto sobre las filas oficialistas y opositoras. Sea para el elogio o la crítica, el mensaje ocupa el centro del debate mediático y político. Su punto de partida es la legitimación del “capitalismo como el más eficiente modo de producción”, asociado al consumo extendido de la población. Es algo que se contradice con el crecimiento de la desigualdad global en estos tiempos de triple crisis, a la que alude CFK: continuidad del impacto del 2008 más pandemia y guerra en Europa. El mensaje deslegitima cualquier búsqueda de alternativas, ejemplificando con el cine: con “Good bye Lenin” explica el fracaso de la provisión de bienes y servicios para el consumo masivo; y con “La vida de los otros” critica el control social y autoritario del estado. La conclusión es que el capitalismo es lo que hay como horizonte, forma eficiente de producir, y debe desestimarse cualquier exploración de organización alternativa del orden económico social sustentado en la explotación y el saqueo. Así, la disputa política se reduce a la mejor gestión del orden capitalista y de allí se deriva un conjunto de argumentaciones para explicar la especificidad de la recurrente y continuada inflación local, que diferencia a la Argentina de la mayoría de los países del sistema mundial, aun cuando ahora, la suba de precios aparece como fenómeno global. Argumentos La línea argumental apunta contra el discurso hegemónico, liberal monetarista, que instala un sentido común de causal “monetaria” para el ascenso de los precios. Apoyada en estadística del G20, destaca que el país no se encuentra entre los principales “déficits fiscales” o “comerciales”, a la cabeza de los cuales se encuentra EEUU. Explicita los cambios regresivos en la distribución funcional del ingreso de estos años en el país, con perceptores de la ganancia que se apropian para el 2021 del 58% del ingreso, contra el 42% de los perceptores de salario. Abunda con datos relativos al crecimiento de la rentabilidad de las inversiones, antes de impuestos y pagos de deuda, que llegan en el país y para un caso al +412,6% entre 2019 y 2021. En rigor, la lógica capitalista de privilegio a la ganancia. Los argumentos son críticos respecto de las causales monetaristas de la inflación, o de responsabilizar al déficit fiscal o comercial, o por desacoples entre la oferta y demanda, como aquellos que aluden a la presión tributaria. Si enfatiza en la “evasión fiscal”, comparando la recaudación potencial del orden del 45% contra una efectiva del 28% del PBI. La evasión fiscal, la fuga de capitales y el dominio de la producción y circulación de pocas empresas concentradas explicarían la situación actual de inflación recurrente. Ahí está la especificidad de la suba de precios en la Argentina, lo que demanda, en el discurso de CFK un estricto ejercicio del poder ejecutivo en el control estatal de estas variables y actores dominantes de la economía local. Son críticas a la ineficiencia del oficialismo en el ejercicio del gobierno. En definitiva, el excedente económico, altamente concentrado en pocas manos, evade impuestos y acumula en divisas en el extranjero, para lo cual requiere que ingresen divisas al país, vía endeudamiento, tal como ocurrió en la gestión Macri (2015-19). La deuda es el mecanismo privilegiado de ingreso de divisas para facilitar la fuga de capitales y, por ende, la constitución de activos externos por grandes capitales que actúan en el proceso de producción y circulación local. El razonamiento continúa señalando que ante la falta de divisas luego de la fuga, el poder económico presiona por acelerar las devaluaciones monetarias para continuar disputando la apropiación privada del excedente económico. Para resolver el problema demanda la eliminación de los secretos bancarios, fiscales y bursátiles y un ejercicio más decidido del control estatal sobre los grandes capitales. Hegemonía Quizá, el argumento ausente remite a la disputa de la hegemonía del Estado capitalista local, entre capitales externos y sus socios locales en contraposición con aquellos que disputan el excedente en el mercado interno; o entre quienes estimulan la acumulación en el marco de la especulación y la lógica fundada en la apropiación de rentas, del suelo o el dinero y aquellos que privilegian la producción de plusvalor en el terreno de la elaboración material de bienes y servicios. La decadencia del capitalismo local viene de lejos. Si para mediados del siglo XX el país explicitaba el mayor PBI de la región, la debacle del presente se explica por la disputa política para disciplinar a la sociedad según las aspiraciones de la dominación. Brasil y México desplazaron a la Argentina del podio en la generación de riqueza, asociada a la construcción de hegemonía al interior de sus estados capitalistas. Entre 1930 y 1976, ese poder de restauración estuvo asociado a los golpes de Estado, y ahora, sin posibilidad inmediata de golpe, la disputa electoral no termina de resolver una hegemonía restauradora del bloque de poder que construyó la Argentina potencia entre 1880 y 1930, por lo que la disputa política por el poder del Estado transita la alternancia de la gestión capitalista, tal como vimos con el menemismo o la alianza en los ´90, y luego con el macrismo. Se trata de una alternancia que no termina de definir la estabilización del Estado capitalista para un proyecto de rumbo e inserción en la contemporaneidad crítica del orden global. El Estado capitalista argentino no termina de disciplinar a las clases subalternas, con fuerte tradición (desde el último cuarto del Siglo XIX) en la organización popular, sindical, territorial, política y cultural; pero tampoco puede dirimir una clara hegemonía de un proyecto político que se orienta por la dolarización o subordinación de la economía local al dictado de la potencia del dólar; o aquellos que resuelven las contrdiciones con la devaluación para la apropiación recurrente del excedente económico. Ni dolarización ni devaluación, como proyecto, parecen definir las contradicciones del capitalismo local, por eso la persistente decadencia local, como especificidad nacional de la suba de precios, ahora agravada por la inflación internacional. La inflación mundial es producto de los debates por la hegemonía capitalista, en donde el régimen del capital confronta la perdida de rentabilidad, y la tendencia decreciente de la productividad del trabajo con mayor apropiación privada del excedente económico por grandes capitales concentrados. Argentina desde su especificidad busca su lugar en el capitalismo global, pero también desde las desconformidades y protestas sociales extendidas puede encontrar nuevos rumbos de alternativa política para una emancipación en contra y más allá del capitalismo. Buenos Aires, 21 de Julio de 2022

Aceleran la devaluación y suben las tasas de interés: son respuestas a las demandas del “mercado”

La Reserva Federal de EEUU (FED) elevó sus tasas de interés. Indicando que se “decidió elevar el rango objetivo para la tasa de fondos federales de 1-1/2 a 1-3/4 por ciento y anticipa que los aumentos continuos en el rango objetivo serán apropiados”, anticipando una suba similar en los próximos meses. Si pretendemos indagar en las causas, estás se encuentran en el retomo de la combinación de estancamiento económico y la elevada inflación. Así, revivimos el fenómeno de la estanflación. Las proyecciones económicos de EEUU, en el corto y mediano plazo (2022/24) se revisaron a la baja sobre los pronósticos de marzo pasado, con un pobre crecimiento para el 2022. De casi cero, las tasas estadounidenses escalan a 1,75%, con varios incrementos en este año, y con perspectiva de continuar en ascenso. No hay en el horizonte un pronóstico de importante crecimiento económico y de reducción inflacionario, por lo que se aceleran los procesos de enfriamiento de la mayor economía del mundo, con claro impacto en la economía mundial. Más que reactivar, la respuesta monetarista de la FED apunta al enfriamiento de la economía, con consecuencias sociales regresivas en el orden local y global. El Banco Central de la República Argentina actuará en el mismo sentido en estas horas, mucho más con la presión de especuladores diversos que demandan acelerar la devalución de la moneda local y aumentar las tasas, tal como se sostiene en el acuerdo con el FMI. La demanda de especuladores y del mercado financiero es así satisfecha. No ocurre lo mismo con la demanda de mejoras de los ingresos populares, salarios, jubilaciones, beneficios sociales. Por su parte, se espera que el BCRA eleve la tasa de referencia por encima de los 50 puntos, encareciendo el costo del dinero y afectando a los sectores más empobrecidos, fuertemente endeudados vía tarjetas, con las que mal resuelven los consumos cotidianos, afectados por una inflación que ya supera los 60% anualizada y se proyecta en torno a los 70/75% para todo el 2022 en Argentina. Inflación y regresividad La suba de la inflación mundial, principal problema para la mayoría social empobrecida, está motivando políticas económicas nacionales de restricción monetaria, por el mecanismo clásico de la suba de las tasas de interés. Por eso, la Reserva Federal de EEUU viene cumpliendo sus anuncios de aumentos programadas para este año y se espera nuevos aumentos en los próximos meses. El impacto inmediato resulta recesivo y afecta a la recuperación del empleo, del consumo y a la inversión, deteriorando los ingresos populares, salarios, jubilaciones y planes sociales. Incrementar el costo del dinero afecta a países, empresas y a familias empobrecidas fuertemente endeudadas. Lo que se verifica es una alta concentración de ingresos de los grandes propietarios de medios de producción, induciendo una mayor desigualdad de ingresos y en la riqueza apropiada. Es una información verificable en el sitio del Credit Suisse y su informe global sobre la riqueza . También resulta ilustrativa la información detallada de OXFAM sobre la desigualdad acrecida . En rigor, los organismos internacionales informan detalladamente el impacto regresivo sobre vastos sectores empobrecidos de la sociedad mundial. Tiene lógica, la ganancia, en tanto objetivo del régimen del capital, resulta la única privilegiada en momentos de crisis. No hay espacio para relativas mejoras de ingresos salariales. En este sentido puede explicarse también la inflación, ya que mediante aumento de precios puede apropiarse el excedente económico bajo el formato de la ganancia. La inflación es un mecanismo de distribución regresiva del ingreso. Mucho se esperó el fin de la pandemia para pensar en una dinámica de recuperación de la economía y que más allá de la ganancia, sean los ingresos populares los que permitieran reactivar el consumo y la inversión, la llamada “vuelta a la normalidad” demandada desde enfoques keynesianos. La realidad es un proceso de crisis continua que aleja la salida del túnel y como señalamos, se privilegia la recomposición de ingresos del capital perdidos en tiempos recesivos. En efecto, la pandemia continúa, sin fecha cierta de finalización, agravada por la guerra en Ucrania y el aumento del gasto militar a nivel récord en el ámbito mundial. Las consecuencias sobre el conjunto de la sociedad, especialmente los más empobrecidos, son alarmantes. Quienes imaginaron que el 2021 suponía el cambio de la tendencia recesiva del 2020 se equivocaron. Solo aconteció un rebote, ya que las novedades asociadas a la continuidad de la pandemia y la guerra, impusieron nuevos límites a la expansión cuantitativa de la producción y circulación de mercancías, servicios y capitales. Los datos apuntan a la continua desaceleración en un horizonte de recesión en las principales economías del sistema mundial. Los datos de los organismos internacionales así lo confirman. La reunión de primavera del FMI/BM confirmaron una perspectiva a la reducción de las tendencias de evolución de la economía mundial. Continuidad del ajuste y necesidad de alternativa En rigor, el régimen del capital no ofrece salidas a las demandas mayoritarias de la población mundial. Sin embargo, en el diagnóstico hegemónico se insisten en asumir las perspectivas de “reformas estructurales” concentradas en reaccionarias reformas laborales y previsionales. No aparecen, ni pueden aparecer rumbos alternativos. Tiene su lógica, ya que la institucionalidad en el ámbito nacional de la mayoría de los países y en los organismos internacionales prevalece una cosmovisión subordinada a la demanda de las corporaciones transnacionales, forma de dominio del régimen del capital. Las reformas reaccionarias solo contemplan la demanda de recuperar condiciones de posibilidad para recomponer la tasa de ganancia, postergando cualquier orientación a resolver las demandas sociales múltiples, aun con amenazas de hambrunas y agravamiento de la situación ambiental por la política energética asociada a las sanciones a Rusia. Parece una orientación suicida, sin embargo, se reitera una dinámica que evidencia el objetivo de la producción y reproducción del orden económico sustentado en las ganancias, la acumulación y la dominación. En ese marco se disputa la reorganización de la hegemonía capitalista, en donde el principal afectado parece el territorio europeo. Al mismo tiempo, la elevación de las tasas de interés agrava el problema de los países altamente endeudados y subordinados a la lógica de la dominación del sistema mundial. Recordemos que, en rigor, los más endeudados son los países capitalistas desarrollados, pero con capacidad de atender sus deudas, en buena medida asumidas en sus propias monedas. No es el caso de la mayoría de los países dependientes, endeudados en divisas que no producen y que, por lo tanto, están obligados a obtenerlas con elevado costo en el mercado global. El capitalismo despliega en las condiciones descriptas una fortísima ofensiva contra trabajadoras y trabajadores, contra los pueblos del mundo, agudizando el saqueo sobre los bienes comunes y manipulando las conciencias sociales globales para no obstaculizar el gasto improductivo en la guerra. Hay un doble movimiento de salto hacia adelante en la búsqueda de respuesta a la dinamización del orden vigente, al tiempo que destruye vidas y a la naturaleza misma. Como siempre sostenemos, resta visibilizar cuantiosas protestas y descontentos, que puedan articularse en una propuesta alternativa, que anime un horizonte posible de satisfacción de necesidades sociales sin acudir a la explotación y al saqueo. Buenos Aires, 15 de junio de 2022

Tiempos globales de incertidumbre y cambios

Crece la incertidumbre en la economía y la política mundial, de la mano de problemas estructurales del capitalismo contemporáneo evidenciados en el comienzo del Siglo XXI y agravados luego de tres años de pandemia y una guerra en Europa que escala y amenaza a la sociedad y al planeta. Por un lado, el estancamiento económico y el retorno preocupante del alza de precios, especialmente de alimentos y energía, afectando sobre todo a la mayoría empobrecida del sistema mundial. Por otro lado, la confrontación bélica exacerba la disputa por la hegemonía del orden capitalista, configurando campos geopolíticos en donde junto al incremento del gasto militar se dirimen sanciones y réplicas que agravan los problemas de la sociedad empobrecida del sistema mundial. La crisis capitalista convocaba en el cambio de siglo, desde las voces de los pueblos, al debate de una agenda alternativa, que remitía a la eliminación de la pobreza, del patriarcalismo y variados derechos conculcados de mujeres, jóvenes, pueblos originarios, trabajadoras y trabajadores, junto a la promoción del empleo, la economía autogestionaria y comunitaria, contra la explotación y a la defensa del medio ambiente ante el cambio climático, contra el saqueo y destrucción de los bienes comunes de la humanidad. Desde la institucionalidad del sistema mundial y con lenguaje diplomático, inefectivo e irrealizable se aludía a incumplibles objetivos para el desarrollo o para el milenio. La realidad devolvía la hipocresía del statu quo, que privilegia la lógica de la ganancia y la acumulación, visible en materia de salud, mientras que la ausencia de una alternativa transformadora resulta evidente como expresión de superación del orden vigente. Hacen falta cambios No hay duda que, en todos los análisis, de izquierda a derecha, la situación es preocupante y que se anticipan modificaciones sustanciales. En jerga futbolística diríamos que hay “movimientos en el banco”, es decir, se vienen cambios, en donde algunos salen y otros ingresan, colocando en juego el lugar de la dominación y la subordinación. Claro que a veces, esos cambios solo suponen modificaciones cosméticas que no transforman a fondo la sociedad. Nuestra preocupación apunta a instalar en la agenda que, junto a la iniciativa de las clases dominantes por restaurar la confianza y el orden capitalista, desde los pueblos debemos generar condiciones para iniciativas en sentido contrario, que gesten las condiciones de posibilidad para cambios revolucionarios. La incertidumbre y el sentido de la iniciativa del poder, es algo que vemos en las discusiones de los cónclaves recientes y a realizar. Las reuniones de primavera de los organismos internacionales anticiparon las malas nuevas para los negocios, con tendencias a ralentizar el crecimiento económico y un horizonte de “estanflación”. ¿Vuelve el fantasma “estanflación” de los 70/80? La respuesta liderada por Paul Volcker desde la Reserva Federal de EEUU (FED) fue entonces monetarista, e impregnó la lógica dominante “liberalizadora” de la política económica de la mayoría de los países. Se generalizó el neoliberalismo que se había ensayado en las dictaduras del cono sur de América. El próximo año se cumplirá medio siglo de aquel experimento que luego colonizó a la civilización e intenta sostenerse en la dominación mundial. Por estas horas, la FED lidera una dinámica de aumento de tasas de interés, que replica la banca central del capitalismo desarrollado, agravando la situación de países con problema de endeudamiento público, no precisamente los más endeudados, que son los hegemónicos del capitalismo global. Pero también afectando la deuda privada de aquellas empresas sin capacidad de disputa en la hegemonía mercantil capitalista, induciendo nuevos procesos de concentración y centralización de capitales sobre la base del quiebre de capitales desechables. Del mismo modo, resulta preocupante el caso de las familias de menores recursos, fuertemente endeudadas para la reproducción de la cotidianeidad. En la misma sintonía que los organismos financieros funcionó el Foro de Davos, el Foro Económico Mundial (FEM), pidiendo restaurar la “confianza” ante la crisis agravada con inflación en alza, tendencias a la baja de la producción, el comercio y las inversiones, más aún con el confinamiento en China ante la permanencia del COVID19. Existe incertidumbre global sobre el presente y el devenir, lo que se manifiesta en los distintos cónclaves convocados para las próximas semanas. ¿Qué horizonte para nuestro tiempo? Por un lado, la lógica de la liberalización, como inducen desde el FMI y el Banco Mundial, o desde el FEM; pero muy especialmente en junio próximo en la Cumbre de Presidentes de las Américas que convoca Joe Biden, el presidente estadounidense, excluyendo a Cuba, Nicaragua y Venezuela, con fuerte rechazo y demandas de inclusión de esos países por varios gobiernos de la región, que anticipan ausencias o reducción de la jerarquía en la presencia. Se reitera la tradicional política imperialista desde Washington que reproduce la lógica de dominación sobre América Latina y el Caribe, olvidando que su poder está desafiado por la perseverancia de un proyecto liberador que hace más de seis décadas sostiene la Cuba revolucionaria. La discusión en contra de las exclusiones pone en debate el rumbo de Nuestramérica, que bien puede recuperar la inventiva de los primeros años del siglo XXI, especialmente la constitución de la CELAC. La cumbre en EE.UU. y la OEA responden a una vieja concepción de subordinación, mientras que la CELAC y otras iniciativas generan expectativas de otros diálogos y articulaciones para discutir un rumbo propio de la región y las formas y modos de inserción mundial. En el mismo sentido liberalizador pretende funcionar en junio el G7 en Alemania, atrayendo como invitados especiales a presidentes en funciones de articulación política y diplomática en diversas regiones, caso de Argentina en la presidencia de la CELAC, o de Senegal al frente de la Unión Africana; pero también a Indonesia, sede de la próxima cumbre presidencial del G20, en un intento por cooptar países a la dinámica de la ofensiva capitalista. De lo que se trata, por otro lado, apunta en la dirección de resolver el desafío que se presenta a la humanidad para definir el fin de la unilateralidad dominante del capitalismo según los acuerdos de fines de la segunda guerra mundial, consolidados a comienzos de los noventa del siglo pasado con la ruptura de la bipolaridad y la debacle de la URSS. El interrogante es si los acomodamientos económicos, políticos, diplomáticos en curso solo servirán para reproducir una lógica de disputa por el gobierno del capitalismo mundial, o si se habilita una perspectiva de transformación en contra y más allá del capitalismo. Vale la pena pensar en esos reacomodamientos ante la reciente cumbre de cancilleres en marzo y próxima de presidentes del BRICS en junio, con invitados con intencionalidad de ampliación. El agrupamiento de países BRICS plus, es decir, con nuevos miembros, puede expresar elevados porcentajes de la población global, en torno al 50%, con fuerte participación en el producto mundial, disputando un tercio de la capacidad económico total. El asunto es si la iniciativa puede ser parte de una lógica que desande el camino de la sociedad monetaria mercantil fuertemente estimulada en el último medio siglo con la liberalización, y proponerse un sentido alternativo pensado en la satisfacción de las necesidades sociales insatisfechas de gran parte de la población mundial. Puede alguien pensar que se trata de elucubraciones utópicas. Sin embargo, el propósito de enunciarlas apunta a desafiar a la imaginación de la humanidad sufriente de las relaciones capitalistas en tiempos de transnacionalización y crisis, para inducir respuestas populares que desafíen el orden vigente y las iniciativas políticas del poder, incluida la próxima cumbre de la OTAN. Si se trata de producir cambios, la imaginación debe ir más allá de lo posible y animar la confrontación en contra de la explotación y el saqueo, pensando más en la cooperación del trabajo social y en la defensa del medio ambiente, abandonando el patriarcalismo y toda forma de discriminación y racismo. Buenos Aires, 27 de mayo de 2022

La crítica de la Economía Política y los desafíos teóricos y políticos contemporáneos

Lo que sigue son algunas reflexiones para una intervención en la inauguración del Instituto de Economía Política en la Universidad Abierta de Recoleta, en Chile. Como lo indica el título del Coloquio, lo que se pretende discutir es el papel de la Economía Política, más aún, de la crítica de la Economía Política en el proceso de trasformación social, nada menos que en contra la corriente principal de política económica contemporánea: el neoliberalismo. No es formal agradecer la invitación a nombre de la SEPLA, una articulación intelectual regional que pretende interactuar con el movimiento popular en una dinámica de transformación social. En ese sentido, Chile, con la acumulación de luchas por años, especialmente los levantamientos del 2019 y la deriva política expresada en el cambio de gobierno y en el proceso constitucional en curso, genera expectativas en la región y en el mundo. Por ello, la SEPLA no debe estar al margen de este presente de creación, lleno de contradicciones y de esperanzadoras perspectivas más allá del territorio nacional chileno. Medio siglo de liberalización Vale destacar que cuando se habla de neoliberalismo se alude a las políticas económicas hegemónicas que se ensayaron bajo las sangrientas dictaduras del Cono Sur, la primera de ellas, la de Chile en 1973. En el próximo año 2023 se cumplirá medio siglo de esos acontecimientos, que luego se generalizaron al mundo capitalista desde las restauraciones conservadoras en 1979 y 1980 en Gran Bretaña y en EEUU. Ni hablar de la ampliación de la liberalización gestada luego de la ruptura de la bipolaridad en 1989/91. Así, el neoliberalismo, desde 1980, define la gran ofensiva del capital contra el trabajo, en réplica a las conquistas sociales derivadas del Estado benefactor (1920/30 en adelante), resultado directo de la amenaza comunista (Revolución rusa de 1917 y de la URSS desde 1922) ante la crisis del 30 del siglo pasado. La ofensiva capitalista se extenderá en nuestros días sobre la naturaleza y el conjunto de la sociedad. El saqueo de los bienes comunes explicita el proceso, tanto como el consumismo exacerbado, estimulado por la obsolescencia programada. Por ello, la subsunción del trabajo en el capital que estudiara Marx se extiende desde el trabajo, a la naturaleza y a la sociedad. Esa ofensiva capitalista neoliberal es la “gran revancha” a la impugnación teórica y política de Marx y el socialismo, tanto como de Keynes y la concepción reformista y desarrollista en el orden capitalista. Marx criticó a la Economía Política y al capitalismo. Los neoclásicos le contestaron con nueva nominación de la disciplina, con Marshall en 1890 y desde entonces se pasó a hablar de “Economía”, como disciplina de los negocios, la ganancia y la acumulación, la producción y reproducción del capitalismo. También se cambió el objeto de estudio de la disciplina y se abandonó la búsqueda del origen del excedente económico. Ya no importó la teoría del valor trabajo, sino que el subjetivismo colonizó los estudios en la disciplina. Keynes, neoclásico, contestó oportunamente a los neoclásicos, su referencia de origen, ante la crisis del 30 y la amenaza “comunista”. Propuso defender al capitalismo desde la intervención estatal en el proceso productivo, ya que no hacía falta seguir luchando contra la intervención estatal previa a las relaciones capitalistas. Observando el proceso soviético y para confrontarlo, Keynes sostuvo que se debía restablecer la capacidad de funcionamiento del régimen del capital y por ello las concesiones sociales o reformas y la intervención estatal. De ahí el “new deal” o nuevo acuerdo en EEUU y generalizado al mundo capitalista. Los liberales en minoría criticaban a Marx, desde luego, pero también a Keynes, quien los había desplazado en la hegemonía del pensamiento y la formulación de políticas públicas en el sistema mundial entre 1930 y 1980. Incluso algunos neoclásicos que confrontaron con Keynes, morigeraron sus juicios en una dinámica de adaptación a las corrientes mayoritarias en el plano político e ideológico. Fue el caso de Pigou, sucesor de Marshall en la cátedra de Economía, y conocido por sus aportes a la economía del bienestar. En 1952, Arthur Cecil Pigou (1877-1959), sucesor de Alfred Marshall desde 1908 en la cátedra de “Economía”, aludió al pensamiento de su maestro en la nueva tendencia hacia el “socialismo”, denominación que apuntaba al intervencionismo estatal keynesiano, más que al modelo soviético en expansión con la revolución en China. Luego de comentar los aportes de Marshall en el estudio y uso de los métodos matemáticos, la estadística, las elasticidades, la tasa de interés y las utilidades, en su adaptación a las nuevas regularidades del capitalismo de época, pasó a evaluar como leería el “maestro” liberal la realidad sobre temas más de la política cotidiana. Por eso dijo: “Para terminar esta discusión, ahora descenderé del estudio a la tribuna”. Queda claro que no alcanza con el academicismo y que es imprescindible asociar teoría con la práctica, discurso académico con la realidad que viven las personas en concreto. Remitía al debate sobre el pleno al empleo y el socialismo. Sobre el primero se auto limitó, por ausencia de información fuerte, manifestó; pero sobre el “socialismo” intentó actualizar el pensamiento del maestro, adaptado a los tiempos que corrían, aun cuando finalizó señalando que “todo gran paso en el sentido del colectivismo constituye una gran amenaza contra el mantenimiento de nuestra moderada tasa actual de progreso”. Estábamos en un tiempo de hegemonía keynesiana, desplegada entre 1945 y 1980, y un Pigou que ya no era tan crítico de Keynes, por lo que intentaba una síntesis entre Keynes y los neoclásicos, especialmente Marshall. Eran los tiempos políticos de la bipolaridad entre capitalismo y socialismo (1945-1989/91) y, por ende, del único momento “reformista” y concesivo del régimen del capital, entre 1930 y 1980. El único momento de debilidad del capitalismo en más de cinco siglos desde sus orígenes. Por eso es importante ubicar al neoliberalismo como ofensiva del capital, política y teórica, contra Marx y el socialismo, como contra Keynes, las reformas y la socialdemocracia. Se buscaba restablecer la hegemonía “liberal”, de nuevo, por eso: neoliberalismo. Los austríacos de ayer y su presente Resulta de interés ubicar que el antecedente de Marshall y la ECONOMIA está en la Escuela Austríaca y en Carl Menger, con sus publicaciones desde 1871. Corría el tiempo de la COMUNA de París y de la aparición en 1867 del Tomo I de El Capital de Carlos Marx. Había que impugnar la teoría y el ensayo de la práctica trabsfdormnadora. Incluso, ya publicados el Tomo II y el II, en 1885 y 1894 respectivamente, en 1906 von Bawerk intentará descalificar a Marx señalando contradicciones que animarán el debate, incluso hasta el presente. En rigor, con Marx se termina el tiempo de la escuela clásica de la Economía Política y se inaugura el proceso de la Crítica de la Economía Política y, con ello, la impugnación teórica y práctica del orden capitalista. Lo que siguió desde el liberalismo, con la escuela neoclásica, en todas sus tribus, fue apologética. Se convoca desde Marx a repensar la realidad, a criticarla y a transformarla, es algo que sigue constituyendo agenda en el presente y que este COLOQUIO promueve desde su título. Es interesante analizar nuestro tema en un periodo largo, de más de 250 años de discusión, con hegemonía “clásica” por un siglo, entre Adam Smith (1776) y Carl Menger (1871); y neoclásica por siglo y medio (1871-2022), desde los austríacos a los neoliberales actuales. Más aún cuando los “austríacos” disputan hoy la preminencia ideológica de las corrientes liberalizadoras. No existe innovación “esencial”, si no que actualizada se sigue discutiendo sobre el excedente, su origen, su destino y sentido de las relaciones socioeconómicas que explican el orden capitalista. Bajo nuevas condiciones los mismos problemas en esencia. De hecho, crece el predicamento de los “austríacos” en la coyuntura actual, de gran incertidumbre en donde convive la crisis capitalista explicitada en el 2001 estadounidense, el 2007/09 en todo el mundo, y la tendencia a la desaceleración y bajo crecimiento de la productividad es un dato preocupante; junto a la pandemia en su tercer año y sin final concreto a la vista, más la guerra y su escalada como gasto militar en ascenso y peligro de deriva nuclear. Además, necesitamos una mirada desde América Latina y el Caribe. En 1804 tenemos el antecedente de la lucha anti colonial, anti esclavista desatada en Haití que aun explica la revancha de la dominación sobre ese pueblo. También tenemos la convocatoria al mito de la “revolución socialista” realizada por Mariátegui a fines de los 20 del siglo pasado. Más reciente, la revolución cubana instaló la agenda por el socialismo en la región, una tarea pendiente y vigente tras más de 60 años de bloqueo y obstrucción de todo tipo. Pero también se desplegó la lógica “desarrollista” en los 50/70, de la mano del debate impulsado desde CEPAL, con las discusiones del estructuralismo, los dependentistas, especialmente la corriente marxista y claro, la revancha neoliberal, con la influencia de la Escuela de Chicago orientada por Milton Friedman y sus seguidores locales. Desde esa orientación principal la agenda del poder privilegia las reformas a favor de la ganancia, la acumulación y la liberalización económica. Cambios y alternativas En el comienzo del Siglo XXI se habilitaron enormes expectativas de cambio en la región, con discursos impugnadores al neoliberalismo, no necesariamente al capitalismo, precisamente en el territorio de la emergencia del ideario y la práctica de la liberalización. Incluso pudo retomarse la perspectiva por el socialismo, sea del siglo XXI, o el comunitario, como otros paradigmas de re-significación de la tradición originaria indígena: el vivir bien o el buen vivir. No terminó siendo la propuesta mayoritaria y que disputara la conciencia social hegemónica para relanzar un proyecto anti capitalista en la región, pero ante el escenario visible en 1991, era alentador retomar el debate por el rumbo socialista. Ahora, en la tercera década del siglo XXI, con idas y venidas hay que continuar estudiando los procesos políticos, las políticas económicas y el orden económico social resultante para intentar avanzar en la crítica, que es la invariante en la concepción de Carlos Marx. A modo de síntesis programática, de una ruta para pensar debates y profundizar: 1. La creciente desigualdad informada regularmente por organismos internacionales y organizaciones sociales, caso de OXFAM; los estudios de Piketty. La CEPAL alude a una nueva década perdida en el combate a la pobreza. La OIT y los organismos nacionales aluden a la pérdida de empleos, a la caída de los ingresos populares (salarios, jubilaciones, planes sociales) y a la concentración de los ingresos y la riqueza. Ello supone el estudio y síntesis de las nuevas formas de organización y producción en defensa del ingreso popular y la reproducción de la vida cotidiana. 2. Nuevas tendencias al crecimiento de la inflación y al estancamiento en el ámbito mundial, lo que potencia la respuesta neoliberal como en los 80 del siglo pasado, con aumentos de las tasas de interés y desestimulo a políticas activas. Con renovadas reaccionarias reformas laborales, previsionales, tributarias. Son nuevas formas del chantaje de la clase dominante para inducir cambios a favor de la ganancia y la acumulación de capitales, mientras profundizan el saqueo sobre los bienes comunes y la explotación de la fuerza de trabajo y muy especialmente discriminatoria contra las mujeres y diversidades. 3. La ilusión reformista vestida de verde, con el New Green Deal, en un horizonte de espejo a las reformas de los 30 del siglo XX con Roosevelt, pero sin la amenaza comunista, aun cuando se visibilice la disputa por la hegemonía en EEUU y China, cada uno con sus aliados. En el mismo sentido apuntan las propuestas de “reformas” desde el Vaticano, de algunos “nobel de economía”, caso de Stiglitz y otros, incluso desde la izquierda demócrata en EEUU y un variado arco socialdemócrata. La ilusión imagina posible derrotar al neoliberalismo sin confrontar al capitalismo. 4. La crisis y sus impactos sociales, el cambio climático y las luchas ambientales, las luchas feministas contra la discriminación y la doble explotación; junto a los diferentes mecanismos de una diversidad en que se explicita la disputa política de las trabajadoras y trabajadores, los pueblos originarios y todos aquellos sectores sociales subordinados a la lógica del capital. Estudiar los sujetos en lucha en contra del régimen del capital, las distintas formas de racismo y discriminación constituye el desafío del momento. 5. La necesidad de pensar en la crítica y un nuevo orden: con des-mercantilización de la vida cotidiana; integración alternativa desde otro modelo productivo, sustentando el programa de las soberanías, alimentaria, energética, financiera. Un horizonte que haga realidad la crítica y la transformación socioeconómica, lo que supone modificar las relaciones sociales de producción. Son solo algunos aspectos a relevar del necesario debate en el marco de la lucha de clases contemporánea, a más de tres décadas del fin de la bipolaridad y la ausencia de un imaginario alternativo que oriente el proceso de luchas cuantiosas que demandan la articulación de un rumbo político estratégico de cambio civilizatorio, en contra y más del capitalismo. Buenos Aires, 18 de mayo de 2022