Incertidumbres de la coyuntura en Argentina

La incertidumbre es lo que permea la coyuntura económica de la Argentina en varios sentidos. Por un lado, el resultado del conflicto del neumático, la semana pasada, habilitó un proceso de negociaciones y actualizaciones en las negociaciones colectivas de una buena parte de los trabajadores y trabajadoras de la argentina. Son negociaciones que legitiman demandas de incrementos en los ingresos populares en general, es decir, aquellos trabajadores y trabajadoras asalariados que no están bajo convenio colectivo de trabajo, por supuesto presión sobre las jubilaciones y pensiones, expresado en las expectativas enunciadas para percibir un bono para las jubilaciones menores, e incluso para los planes sociales. He aquí una primera incertidumbre, respecto de la disputa por el ingreso, en principio entre el capital y el trabajo, es decir, ¿cuánto del ingreso va para ingresos populares (salarios, jubilaciones, planes sociales) y cuánto va como renta, ganancia e intereses es decir retribución a los propietarios de las fuerzas de trabajo? Existen otras incertidumbres, en lo que se plantea como la distribución del excedente económico entre los propios propietarios de medios de producción, en donde talla, entre otros aspectos, el tipo de cambio. Ya se conoce el balance de liquidaciones de la cosecha sojera ante la cotización especial otorgada para comercializar la soja durante septiembre (200 pesos por dólar). Puede considerarse un éxito macroeconómico según los datos ofrecidos desde el ministerio de economía, que “superó altamente las expectativas, al alcanzar los 8.123 millones de dólares de ingresos” , una parte de lo cual fortaleció la acumulación de reservas internacionales, una de las exigentes metas acordadas con el FMI. El tema tranquiliza “políticamente” la relación con el FMI, ya que esta semana, el Directorio del organismo internacional debe considerar y aprobar el segundo tramo de auditoria trimestral (ya aprobado técnicamente pero que falta ratificar por el Directorio) y junto con ello un desembolso. Hay que señalar el “éxito” del dólar soja a un costo financiero gigantesco, porque para comprar esos dólares a 200 pesos por dólar hubo que hacer una importante emisión de dinero y al tiempo, retirarla del mercado, con el crecimiento de las Letras de Liquidez, las LELIQS. Las LELIQS vienen creciendo a un nivel abismal con un stock que supera los 7 billones de pesos, muy por encima de una base monetaria arriba de 4 billones de pesos. El stock de letras a comienzos del 2022 era de 1,8 billones de pesos, evidenciando un problema adicional de deuda a la contraída con el FMI y los acreedores externos. Esa emisión de títulos resulta una operación altamente onerosa, que tiene costos, y ese costo presiona a la disminución de otros tipos de gastos, sobretodo el gasto social. Por eso hay una doble tenaza: por un lado, el compromiso con el FMI para reducir el déficit fiscal, que venía de arrastre y ahora con este incremento del costo financiero por sacar de circulación la emisión monetaria, por sacar del mercado de dinero, presiona para profundizar aún más la disminución del gasto fiscal y por lo tanto proveer un mayor ajuste. Incertidumbre a varias puntas La incertidumbre tiene que ver con la disputa entre el capital y el trabajo, por un lado, pero también una disputa entre distintos capitales en función de su fortaleza para apropiarse de la ganancia de una manera o de otra. Es decir, que sector de la producción y circulación de bienes y servicios se apropia del excedente económico, la plusvalía. Está claro que hay un gran sector ganador, claramente demostrado en el mes de septiembre, el complejo oleaginoso, constituido por grandes productores y exportadores de materia prima, y la disputa que hay con el sector agro-industrial especialmente, incluso, el propio sector industrial. Para este caso, se evidenció en el conflicto del neumático, con impacto en la industria automotriz y el sector siderometalúrgico, un complejo que intentó contener la suba de los ingresos salariales y mejorar su capacidad de competencia, de competitividad y de disputa en la apropiación de la ganancia. Todo lo comentado ocurre en un marco de inflación que septiembre mantendrá en torno al 7% y una proyección de tres dígitos para el 2022, algo que dificulta sobremanera al 60% proyectado del presupuesto 2023, un proyecto de presupuesto que claramente sigue siendo un dibujo muy lejano de superar la incertidumbre que hay en la economía nacional en un marco de grandes incógnitas sobre la evolución económica regional y mundial. Las propias elecciones de Brasil agregan incertidumbre económica, porque incluso aun ganando Lula en segunda vuelta, la importantísima votación de Bolsonaro, que quedaría como opositor, con un congreso de primera minoría de sus seguidores y segunda minoría del PT, y una importante presencia de parlamentarios de derecha y centroderecha, genera condiciones muy complicadas, no solo en Brasil sino también en la relación Brasil-Argentina y en la región. En rigor, genera dificultades para pensar cómo encarar un momento de la economía regional y mundial que tiende a la desaceleración, cuando no a la recesión en los principales mercados del mundo. Por eso no es un pequeño detalle que Argentina más allá de datos macroeconómicos que aparecen “auspiciosos” para el gobierno y/o para el poder, tenga un horizonte de incertidumbre del presente y del futuro cercano y mediano. La conflictividad presente y latente induce interrogantes sobre el corto y mediano plazo, evidenciando problemas políticos más allá de cualquier índice relativo al orden económico. Buenos Aires, 4 de octubre de 2022

La lucha económica sindical y social aporta a la construcción de alternativa política

La lucha del neumático y otras similares, junto a las renovadas movilizaciones de organizaciones sociales y estudiantiles aportan a la dinámica de acumulación de fuerzas en la perspectiva de hacer visible para una parte de la sociedad un contrasentido al “común” instalado desde el poder. En efecto, resulta suficiente considerar el clima ideológico creado en el país en contra de las luchas por reivindicaciones económicas, proferidas desde el poder articulado de los capitales más concentrados, asociados a ellos desde el mensaje gubernamental, los profesionales del sistema y especialmente del poder mediático y comentaristas diversos. Muy pocas voces acompañaron desde el inicio las medidas decididas por colectivos organizados de trabajadores y trabajadoras en sindicatos y organizaciones populares. Son medidas que impactan sobre el conjunto de la sociedad, en dos sentidos. Para los de abajo estimula la lucha por una distribución progresiva de la renta socialmente producida. Desde el “sentido común” instalado por el poder, se ejercía presión ideológica propagandística ante el avasallamiento de “derechos” a la compra de autos o a la libre circulación por el centro porteño, por ejemplo. Nada, claro está, sobre los derechos de ingresos y condiciones de empleo o vida de los demandantes en conflicto contra las patronales, incluido el Estado y su política social y económica. Asistimos, con matices en algunos breves periodos, a casi medio siglo de distribución regresiva del ingreso y de la riqueza en el país. Empobrecimiento versus enriquecimiento El orden económico social expulsa la pobreza de los grandes centros urbanos hacia las periferias, lo que define el Gran Buenos Aires, la Capital y el conurbano bonaerense, en extensiones de contención de la pobreza con innumerables insuficiencias en las condiciones de vida de la población empobrecida en asentamientos carentes de mínimas posibilidades de alimentación, salud, educación, o energía, entre varis carencias. Sin embargo, los empobrecidos pueblan la ciudad Capital con sus movilizaciones y demandas. Les muestran a sus habitantes y al país sus carencias, con frío o calor. Los acampes son la cara de contraste con la ciudad de la opulencia y el mayor índice de apropiación de ingreso geográfico en la Argentina. Movilizaciones y piquetes son la cara de la pobreza en contraste con la riqueza concentrada en la metrópoli porteña, ahora gobernada por la derecha explicita desde 2007. No toda la población de la capital argentina, ni del conjunto del país es la beneficiaria de la apropiación privada concentrada de la riqueza generada en el país, pero si son objeto de la manipulación ideológica de los mecanismos del poder que actúan para ganar “consensos sociales” a la situación existente de una pobreza del 36,5%, una indigencia en alza con el 8,8% para el cierre del primer semestre del 2022; del mismo modo que se reconoce un 40% de población trabajadora en situación irregular en el empleo, sin seguridad social e incierto futuro jubilatorio. La lucha sindical empuja la disputa por la renta Emblemático resultó en estas horas la negociación de la paritaria del neumático, con un sindicato que ganó la solidaridad mayoritaria de organizaciones populares diversas, a contramano del poder integrado, incluidas burocracias sindicales, sociales y comunicacionales que acompañaron la victimización de la lucha sindical, incluso convocando a la represión violenta, “meter balas” mediante desde la ultra derecha. La lógica del inversor capitalista “dador de trabajo” y “única” salida a los problemas de la Argentina, inflación mediante, recorre el discurso hegemónico. En este caso, desde la industria del neumático, estratégica en la cadena industrial del automotor, que asocia a las principales empresas industriales en la argentina con capitales altamente concentrados y fuertemente inserta en la transnacionalización capitalista. Insistiremos hasta el cansancio que “el capital” es trabajo acumulado, una conclusión que se arrastra desde los clásicos de la economía política. Que el trabajo en el capitalismo, por ende, en sociedades mercantiles y monetarias, es quien produce, bienes y servicios, que, bajo la modalidad capitalista, produce plusvalía y con su apropiación privada por los inversores, produce y reproduce al capital. Por eso la lucha sindical interviene en la disputa entre el capital y el trabajo para la apropiación del excedente socialmente generado, es una lucha por la plusvalía, forma de acumular poder en la disputa por el poder. Son trabajadores y trabajadores los creadores de la riqueza social, no el capital, tal como sustenta el mensaje hegemónico en la sociedad capitalista, en Argentina y en el mundo. La inflación, es de paso, una forma de accionar del poder para apropiarse de la plusvalía socialmente generada por el trabajo. Por eso el empobrecimiento estructural creciente y su contracara, el enriquecimiento de unos pocos, propietarios concentrados del gran capital. Inflación y poder La inflación argentina es producto de la lucha entre el trabajo y el capital, en donde pierden recurrentemente la fuerza de trabajo; pero también es un mecanismo de lucha entre capitalistas de distinta composición orgánica del capital (mayor peso del capital constante, o sea, capital fijo, las inversiones en maquinarias, materiales, materias primas, etc.). Es un tema de poder económico y político que atraviesa la disputa de la gestión del capitalismo local. ¿Quién manda sobre el conjunto? ¿El agro negocio de exportación, que incluye el complejo agroindustrial dominado por el capital concentrado de la alimentación y los transgénicos? ¿La financiarización del capital productivo y la banca transnacional asociada a los mecanismos especulativos, de endeudamiento y fuga? Los interrogantes involucran a las cámaras empresariales y a sus demandas, a las tradicionales como la Sociedad Rural y su arrastre sobre la Mesa de Enlace, como a la UIA y a la emergencia de la Asociación Empresaria que nuclea a los jefes de las grandes trasnacionales y nuevos emergentes del poder económico local, tanto como al complejo agroindustrial que negocia con el gobierno la promoción de la argentina exportadora. Esa interna empresarial interviene en el debate político por la gestión gubernamental desde adentro de ambas coaliciones que disputan la gestión capitalista local y por eso promueven sus relaciones con el poder mundial, especialmente en EEUU y en el FMI. Son debates y disputas hacia adentro del poder económico y político sobre la apropiación privada del plusvalor generado socialmente por el trabajo, bajo las distintas modalidades, por convenio o no, de manera regular o irregular. Todo el trabajo produce plusvalor, por eso, el capital no cede territorio en el mundo y explota hasta las poblaciones más empobrecidas del planeta, estén radicados en África o en nuestra América, caso de Haití, hoy nuevamente en revuelta popular, que demanda nuestra más activa y extendida solidaridad. ¿Por qué hay más inflación en Argentina que en otros territorios? Porque la disputa viene irresuelta, por lo menos desde el 2001. Argentina resolvió la ecuación del poder político, con consenso electoral ampliado en los 90, con convertibilidad extendida bajo gobierno peronista (1991-1999) y radical (1999-2001), un consenso capitalista estallado con la rebelión popular del 2001. Desde entonces pretende recomponerse a fuerza de lucha por la apropiación del ingreso, entre el capital y el trabajo y entre los propios capitales en función del poder relativo de los mismos, quienes lo hacen, entre otras formas, desde los precios, base de apropiación de las ganancias. El tema es creciente desde el 2006, motivo de la salida de Lavagna que no podía contener la escalada de precios y que se sostiene e incrementa desde entonces. En el mundo ocurre parecido, aunque la estabilidad de precios fuera contenida por el triunfo “político” del monetarismo ejercido desde los principales estados del capitalismo mundial, desde los 80 del siglo pasado, con Thatcher o Reagan, la caída del socialismo del este entre los 80/90, la subordinación de la socialdemocracia europea a esa dinámica de acumulación, y la fortísima ofensiva liberalizadora bajo la nominación “neoliberal”. La pandemia obligó a políticas recesivas en todo el mundo hacia el 2020, agravando la ralentización de la economía mundial al comienzo del siglo XXI y evidenciada con fuerza entre 2007 y 2009. El imaginario del fin pandémico hacia 2021 aceleró la carrera de precios para recuperar lo perdido y junto a las contradicciones explicitas en la disputa del poder mundial, la estabilidad de precios estalló y escaló la inflación en los principales países del capitalismo mundial. Ahora, con la guerra en Europa, las sanciones unilaterales y el desorden en el “orden” mundial (post 1945, post 1991) con peligro de guerra nuclear, en donde se disputa la hegemonía capitalista, los precios se disparan, especialmente de alimentos, energía y fármacos. Lo que se discute es la política, el poder, quién se apropia del plusvalor mundial, esencia del orden capitalista. Lecciones sobre el conflicto del neumático Por ello, la disputa del neumático constituye un ejemplo de la condición de posibilidad por transformar la realidad económica, si existe consecuencia en la asunción democratiza del mandato de base, a la que se suma la solidaridad social, sindical, popular, a contramano de un sentido elaborado desde el poder. Es posible derrotar la inflexibilidad de las empresas y la complicidad del poder integrado, con consecuencia y solidaridad social ampliada. Claro que no alcanza. Esta lucha económica demanda conclusiones políticas que suponen reorganizar al movimiento popular, bajo distintas tradiciones e identidades populares históricas y construir nuevas subjetividades en lucha, del que emergen programas de transformación y formas de organización articuladoras de una propuesta superadora de la sola gestión del capitalismo para intentar los que parece imposible: cambiar el mundo. Parecía imposible ganar la lucha del neumático, ante el coro de voces cómplices de los objetivos asociados a la demanda de las empresas del neumático y de todas las ramas asociadas y que definen el perfil productivo del país en tiempos de transnacionalización y crisis. La condición de posibilidad para el triunfo es la consciencia, la solidaridad la articulación popular y la lucha por un objetivo de transformación en contra del capitalismo y más allá. Buenos Aires, 2 de octubre de 2022

Elogios del FMI a la Argentina

Hace una semana los elogios de la titular del FMI fueron para el Ministro de Economía Sergio Massa , claro, con la confirmación argentina del cumplimiento de los acuerdos suscriptos con el FMI. El turno de los elogios de Kristalina Georgieva llegaron ahora para Alberto Fernández, de visita en EEUU para participar de la Asamblea de la ONU. La felicitación es por el “acuerdo entre los técnicos del FMI y el gobierno argentino” anunciado en la fecha en el sitio oficial del Fondo . Se trata de un acuerdo respecto de la segunda revisión de las cuentas macroeconómicas, las auditorías trimestrales a que se somete el gobierno argentino por el acuerdo de marzo pasado. Argentina cumple con el ajuste. Ese acuerdo es el resultado de la segunda auditoría trimestral, y claro, aún resta la aprobación por el Directorio del FMI, lo que ocurriría el próximo 7 de octubre. Aún restan 8 auditorías trimestrales, lo que augura un largo periodo de ajuste a los compromisos derivados de una deuda odiosa e impagable, que hipoteca por décadas al país. Mientras tanto apruebe el Directorio del fondo, el país deberá cancelar el vencimiento de estos días con el FMI, para lo cual se dispusieron varias medidas para colectar divisas y acrecentar las reservas internacionales, las que venían en baja ante las corridas cambiarias. Es el caso del “dólar soja”, diversas restricciones a la disposición de moneda extranjera para importaciones de insumos productivos, y otros mecanismos para obstaculizar las negociaciones con divisas. La información del BCRA indica que en las dos últimas semanas las reservas internacionales crecieron en unos 1.300 millones de dólares, todo para cancelar al FMI, y que este libere esos mismos recursos para sostener una deuda comprometida hasta el 2034. Esos elogios se materializan en un proyecto de “Presupuesto 2023” de ajuste, pero que se acompaña con una “política económica” que ofrece negocios a inversores transnacionales para profundizar el modelo productivo y de desarrollo de dependencia y extranjerización de la economía local. Remitimos al agro-negocio de exportación, no solo del complejo sojero; a la minería, a los hidrocarburos y especialmente a la novedad demandada de litio. EEUU y el poder global Quién manda en el FMI es el gobierno de EEUU, en su calidad de socio hegemónico, único con capacidad de veto en el organismo. En ese marco no sorprenden los elogios hacia los gobernantes del país, ya que no solo se cubren en sus acreencias, cuantiosas, por cierto, sino que aseguran un rumbo de política económica de la Argentina en sintonía con las necesidades del capital concentrado y las premisas de política exterior del imperialismo estadounidense. Ocurre en un momento en donde está amenazada la omnipotencia de EEUU, por lo que desde Washington se agilizan acuerdos con gobiernos que en la región recogen consenso critico a las políticas liberalizadoras, casos de los cambios de gobierno recientes en Perú, Chile o Colombia, las previsibles mutaciones en Brasil y especialmente la revuelta popular de Haití. Desde EEUU necesitan adecuar su política exterior en la región para asegurar lo que consideran su patio trasero. Si no logran consenso electoral con gobiernos afines, buscan condicionar aquellos que remiten a consensos críticos al orden liberalizador. No es solo una cuestión política o diplomática, sino y sobre todo de intereses materiales, de asegurar la provisión de materias primas y bienes comunes para la lógica de explotación y saqueo en tiempo de tendencias decrecientes de las tasas de ganancia y de productividad, base material del deterioro relativo de la hegemonía estadounidense en el capitalismo mundial. El capitalismo está en crisis, lo que se visibiliza en las tendencias a la desaceleración económica, con baja producción y por ende una enorme disputa por el excedente económico mundial, lo que eleva los precios, especialmente de alimentos y energía. Remitimos a la inflación como fenómeno global. Es un fenómeno que agrega especificidades nacionales, caso de la Argentina, con una tasa de inflación en torno a los tres dígitos. Allí deben buscarse los puntos para pensar la encrucijada local en contra del ajuste y la profundización de la regresiva reestructuración económica y social con antecedentes desde 1975, muy especialmente en los 90 del siglo pasado y durante la gestión Macri entre 2015 y 2019. Por un lado, es una lucha por la independencia del poder mundial, de las transnacionales y especialmente de EEUU; pero también en contra de la disputa del poder concentrado local por la apropiación del excedente, el plusvalor socialmente generado. Se trata de una lucha a dos puntas, contra el poder local y su entramado con el global; proceso necesario para encarar una dinámica con eje en un plan productivo orientado a satisfacer las necesidades sociales, antes que la actual subordinada a la demanda de ganancias y acumulación del poder, de acá y de allá. Es claro que se trata de una decisión política a resolver desde el movimiento popular, gestando un nuevo ciclo de construcción de identidad por la liberación y la independencia del poder global. Buenos Aires, 19 de septiembre de 2022

Massa en EEUU confirma con el FMI el modelo de primarización, concentración y extranjerización

Sergio Massa, el ministro de economía de la Argentina, se encuentra en Washington con múltiples negociaciones con empresarios, inversores, sobre todo en los negocios estratégicos del modelo productivo argentino, sean los hidrocarburos, especialmente Vaca Muerta, gas y petróleo; pero también con la minería y muy especialmente con los desarrollos presentes y futuros del litio; pero también y por supuesto, potenciando el modelo del agro-negocio de exportación con epicentro en la soja y sus derivados. Tengamos en cuenta que Massa desembarco en EEUU para negociaciones con el FMI y captar inversiones, pero con el “dulce” que representaba haber concedido un tipo de cambio de 200 pesos por dólar para el negocio de la exportación de la soja, lo que le trajo réditos más que importantes a ese núcleo del poder económico en el capitalismo local. Con esa medida, se esperaba en los primeros días de la semana pasada obtener unos mil millones de dólares por la venta de soja, y en rigor, en la primera semana lograron unos 2.300 millones de dólares. El objetivo para todo el mes es de 5 mil millones de dólares. Todo indica que el objetivo se cumplirá. Lógicamente, otros sectores de la producción primaria y secundaria solicitan un tratamiento similar. Es el camino de la devaluación en cuotas o sectorial, en desmedro de los ingresos populares. Así como hay “dólar soja”, se pretende que haya un “dólar maíz”, por ejemplo. El problema es que la producción de soja se coloca, mayoritariamente, en el mercado mundial. Por ende, no tendría impacto en la inflación local, porque la soja no se consume en el mercado interno. Con el maíz pasaría algo distinto porque si se consume en el mercado interno y podría impactar en los precios. Preocupa el tema, porque la inflación del mes que paso, que conoceremos esta semana, va a estar entre el 6% y el 7%, y la inflación anualizada proyectada estará entre el 90% y el 100%. En ese marco, desde el ministerio de economía se analiza como otorgar concesiones al poder económico, productivo, financiero en función de obtener divisas para fortalecer las reservas internacionales. Un tema adicional es el costo financiero que tiene ese tipo de cambio especial para la liquidación de la soja. Porque claro, los productores y exportadores de la argentina liquidan sus exportaciones de soja a 200 pesos por dólar y se supone que el banco central paga esos dólares a los exportadores, al tiempo que les permite mantenerlos en el exterior. Para comprar esos dólares, el BCRA tiene que emitir pesos. Por lo tanto, el éxito por la liquidación de divisas supone una gigantesca emisión monetaria con enorme costo financiero, porque la autoridad monetaria debe esterilizar esos pesos emitidos para cumplir con el acuerdo con el FMI. El BCRA debe pagar tasas de intereses elevadas para retirar los pesos volcados al mercado. Si bien es deuda en pesos, en tanto mecanismo de crecimiento de la deuda pública interna, condiciona los futuros presupuestos. De ese modo se condiciona el gasto público social (en educación, salud, salarios estatales) en función de los pagos de la deuda pública, sea de la deuda externa en divisas o de la deuda interna en pesos. Se sostiene que deber en pesos es mejor que deber en dólares porque es una deuda interestatal. Eso es correcto en general, pero en particular los pagos de intereses de la deuda interna tienen impacto en que gasto público se privilegia: si los gastos por la deuda, o el gasto social, que incluye la educación, salud, vivienda, promoción del empleo o de las económicas regionales. El FMI aprueba la segunda auditoria La presencia en Washington de Sergio Massa consolida la política de ajuste y de reestructuración regresiva incluida en el acuerdo con el FMI, fortaleciendo así los lazos de la dependencia y subordinación a la lógica transnacional del capital. Son elementos que confirma el propio FMI, que en un comunicado con declaraciones de la Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, sobre Argentina, se destaca la “fructífera semana de reuniones técnicas presenciales en el marco de la segunda revisión del programa del Acuerdo Ampliado del FMI con Argentina” Entre los datos positivos que difunde el gobierno y el ministerio de economía (presentados al FMI) está el ingreso de unos tres mil millones de dólares entre préstamos concedidos por parte del BID y del Banco Mundial, los que se han liberado en tanto y en cuanto el gobierno argentino ha otorgado concesiones como el mencionado dólar soja y otros temas que permiten postergar el proceso de devaluación general de la moneda, pero que aceleran el proceso de adecuación del tipo de cambio oficial a lo que requieren los grandes productores, exportadores y especuladores de la economía argentina. Por ello, la Directora Gerente del FMI destaca que “felicitó” al ministro por “estabilizar los mercados y revertir un escenario de alta volatilidad”, claro que concediendo la principal reivindicación del sector agroexportador de soja, al tiempo que destacó el “compromiso e impulso para lograr las metas del programa—que se mantendrán sin ser alteradas--y los concluyentes avances logrados”, en materia de ajuste fiscal y monetario, como de acumulación de reservas internacionales. La mención de la Georgieva apunta a la inestabilidad política generada por la corrida cambiaria de las últimas semanas. Son señales del poder mundial radicado en Washington que le otorgan aire político al gobierno y que más allá del debate entre dolarizar o devaluar, se acelera el proceso del ajuste y el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población, algo que se consolida con el dato de inflación que conoceremos esta semana respecto del último mes, que augura una inflación cercana a los tres dígitos. La transferencia de ingresos que opera vía remarcaciones de precios y la consolidación del programa de ajuste con el FMI, demanda la emergencia de una alternativa política que superen las opciones de gestión del capitalismo. Buenos Aires, 12 de septiembre de 2022

Massa busca el consenso de Washington

El ministro de economía Sergio Massa viaja a EEUU para buscar el apoyo de Washington. ¿Se acuerdan del Consenso de Washington (CW) en los 90 del Siglo XX? Washington es la sede del gobierno de EEUU y de los organismos internacionales: el FMI y el Banco Mundial, los que mandan en la economía mundial. Por eso, buscar el consenso de Washington apunta al consentimiento del poder mundial. Si en los 90 del siglo pasado la “receta” era la “liberalización y apertura” de la economía a la libre circulación de los capitales, la pretensión actual se resuelve en asegurar los mecanismos de incentivo a la iniciativa privada y la transnacionalización. Argentina ingresó subordinadamente en ese proceso y el acuerdo con el FMI en marzo pasado, renegociando el préstamo del 2018, ratifica y profundiza el rumbo dependiente del capitalismo local. La orientación política de la política económica en la Argentina actual tiene un eje en las decisiones que se toman en Washington, sede del debate del poder económico mundial. Un poder global en un tiempo de crisis mundial del capitalismo, donde EEUU disputa la hegemonía, no solo con China, sino también con la alianza de Rusia con el gigante asiático y otros países sancionados unilateralmente desde Washington, los que se articulan en bloques económicos, financieros, productivos, e incluso políticos. Argentina está también atravesada por este debate, pero el sesgo de privilegio se orienta hacia las orientaciones emergentes desde Washington, aun cuando son múltiples los lazos económicos con Beiging y sus aliados sancionados unilateralmente por EEUU. La discusión es por la producción mundial, por eso la/s guerra/s tienen el trasfondo de los hidrocarburos, base de las sanciones contra las exportaciones de petróleo y gas desde Rusia. Son sanciones empujadas por el principal consumidor y productor mundial de hidrocarburos: EEUU. Una potencia económica con capacidad política y diplomática para arrastrar a sus socios occidentales a aventuras suicidas, no solo militares. Desde los diferentes gobiernos en Washington, demócratas o republicanos, necesitan asegurarse la dominación material, ideológica y política del sistema mundial y en ese sentido, les preocupa el clima de conflicto social y político en la región latinoamericana y caribeña. Dólar “soja” Hacia EEUU viaja Sergio Massa, y para asegurarse buenos resultados en su lógica de política económica y su perspectiva para el futuro de la Argentina en un año electoral (2023), en donde aspira a tener algún lugar de importancia, lo que hace es una conferencia de prensa y la publicación en el boletín oficial, de un dólar soja. Una concesión el poder concentrado del complejo de la agro exportación del producto estrella de las últimas décadas: la soja. Lo que se dispuso fue la concesión de un tipo de cambio diferenciado para las exportaciones de soja. Es transitorio, hasta fin de septiembre, pero que puede constituirse en permanente, por lo que pueden existir prorrogas recurrentes. Claro que los grandes sectores de productores y exportadores de soja no están satisfechos, incluso algunos de sus colegas del modelo primario exportador reclaman la extensión de las medidas a otros productos, no solo la soja: el trigo, el maíz, incluso sectores industriales diversos. Es parte de la gestión gubernamental ir otorgando estas concesiones para mostrar en Washington, que la Argentina está cumpliendo con el acuerdo con el FMI. Se busca, entre otras cuestiones, fortalecer las reservas internacionales, y este acuerdo publicitado en en el boletín oficial, difundido por conferencia de prensa y con todo el poder económico especialmente agroexportador en la presentación del tema, aseguran para esta semana se liquiden unos mil millones de dólares, de un total de cinco mil millones de dólares que imaginan ingresados en el mes de septiembre. Así, se rinde cuenta ante el FMI, que las reservas internacionales crecen, que la Argentina cumple con lo pactado con el Fondo y claro, son concesiones a los grandes productores y exportadores de soja que intentan destrabar la retención de soja de los productores. La medida tiene como efecto económico concreto mejorar el tipo de cambio, algo así como “eliminar” sin eliminar las retenciones. Un tipo de cambio a 200 pesos por dólar, menos las retenciones, es equivalente al tipo de cambio oficial sin retenciones, una mejora entre el 35 y 40% del precio que hoy recibe el productor. Recordemos que el poder exportador demanda la eliminación de las retenciones. La respuesta con el dólar soja es de equivalencia. No se quitan las retenciones, pero se mejora el tipo de cambio. En la práctica actúa como haber quitado las retenciones. Eso supone una mejora en el tipo de cambio y razonan desde el gobierno que como el grueso de la producción de la soja y sus derivados está destinado al mercado mundial, este tipo de cambio especial no impacta en el precio de los alimentos en el mercado interno. Por lo tanto, no debería afectar la evolución de la inflación en el país. Concesiones al poder y al modelo productivo Lo que se ve es que hay concesiones al poder económico y sostiene el ministro de economía que la soja es nuestro principal complejo productivo y de exportación, en una lógica donde promueven un incremento de exportaciones para resolver la ecuación fiscal en el marco del acuerdo con el FMI y la decisión de privilegiar la cancelación de la deuda pública. Concesiones al fin, al poder económico. No existen unas concesiones similares orientadas a los ingresos populares: jubiladas y jubilados, trabajadores/as. o perceptoras/es de planes sociales. Se trata de una orientación a consolidar el modelo productivo. La especulación desde el poder económico es que este dólar especial para la soja se oriente a otras producciones más allá del agro, caso de la minería, consolidando ese modelo primario exportador de concentración del poder económico local con grandes corporaciones trasnacionales, en este caso, de la soja con trasnacionales de la alimentación y la biotecnología. Cuando señalamos que el acuerdo con el Fondo condiciona la política económica local, alcanza con analizar medidas como estas, de dólar especial para el poder, para confirmar el carácter subordinado de la política local a la lógica transnacional del capital dominante, local y global. Massa viaja a EEUU para tratar de viabilizar la continuidad del acuerdo con el FMI, recibir los fondos para pagarle al FMI y si es posible ampliar los préstamos del Fondo, todo para cumplir con el acuerdo y reproducir y mejorar una lógica de generación de riqueza altamente concentrada para potenciar un modelo productivo y de desarrollo que no satisface las demandas de la mayoría de la población empobrecida. Buenos Aires, 5 de septiembre de 2022