Crece el horizonte del conflicto. ¿Perspectivas de revolución?

La caída de la actividad económica y especialmente de los ingresos populares augura un crecimiento de la conflictividad social, especialmente de la huelga general. En los cursos de economía se enseña que el Ingreso (Y) es igual al Producto (P), es decir, que el PBI se iguala con los ingresos de la población, sean salarios, ganancias o rentas. La disminución del P y de los Y no es igualitaria. En efecto, la distribución del Y es desigual y las estadísticas del INDEC destacan que el crecimiento económico, del P en 2022 y 2023 no se distribuyeron equitativamente, si no que hubo una transferencia de ingresos desde los salarios a las ganancias. En el mes de diciembre, según fuentes oficiales el índice del empleo estable, el RIPTE, bajó un 17,2%, expresión de la pérdida de ingresos de salarios, jubilaciones y planes sociales. Según informa MATE, colectivo intelectual de Rosario, las trabajadoras y trabajadores perdieron 1,6 billones de pesos de sus ingresos, lo que implica una pérdida de 1,1 billón en el ingreso de bolsillo, una merma en la recaudación tributaria del orden de los 390 mil millones, una reducción de la recaudación de obras sociales por 109 mil millones y menor contribución a los sindicatos por 24 mil millones. Lo que se pierde de ingresos populares se gana en el ingreso empresario, sean ganancias o rentas. El tema es similar en todas las áreas de ingreso populares. El salario promedio es equiparable a la situación del 2001/02, del mismo modo que la jubilación mínima se encuentra en esos registros históricos de deterioro. El Consejo del salario no llegó a ningún acuerdo, ya que las centrales sindicales propusieron un 85% de actualización, para llevar el mínimo a 288.000 pesos mensuales. Las patronales no acordaron ni propusieron alternativa para la negociación y el gobierno hizo mutis por el foro y según se informa lleva el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) a 202.000 pesos por mes desde marzo, un 30% de actualización, por debajo de la inflación sufrida por la población empobrecida. El 50% del SMVM es base para el plan potenciar trabajo y el 82% de ese monto es la jubilación mínima, de allí su importancia, además de referencia para toda negociación salarial. Desde el gobierno se anticipa que no convocará a paritarias a los docentes, negando la negociación colectiva, espacio para ejercer la “libertad de discusión salarial” de trabajadores y trabajadoras. Eso demuestra la restricción de la libertad de fijar precios solo a quienes desde posición de poder pueden sumar precios. Trabajadores y trabajadoras estarán limitados de luchar por el precio de la fuerza de trabajo al negarse los espacios de discusión de esos ingresos, base para intervenir sobre el conjunto de los ingresos populares. Paro nacional y horizonte transformador La respuesta solo se resuelve desde la huelga general, anunciada desde las centrales de trabajadores y trabajadoras, en el camino del 24E y que ya aparece con fecha antes de fines de febrero, según los resuelto por el plenario de estatales del 15 de febrero pasado, con el aval de 40 organizaciones sindicales del Estado y de las empresas públicas, de jubilados del sector y articulaciones sociales diversas. Crece la conflictividad sobre la base de un descontento social ampliado por la carestía de la vida, la consecuente reducción del consumo popular por la baja de los ingresos, constituyendo el punto de sostén de una protesta diversa que convoca a la organización de inter-sindicales y multisectoriales, de asambleas populares que empiezan a definir, sin claridad de dirección política un rumbo de confrontación con la política oficial. En rigor, ocurre un debate sobre la hegemonía en el movimiento popular, entre quienes reiteran hegemonías previas y la búsqueda de nuevos rumbos, incluso más allá de la confrontación de corto plazo y que defina una nueva hegemonía en la base social para una disputa por otro orden socioeconómico más allá del capitalismo. La derecha se reorganiza bajo la hegemonía de Milei y el liberalismo exacerbado, si es que su proyecto avanza, mientras, en la oposición se habilita un debate sobre el rumbo. Hay quienes imaginan un “capitalismo reformista”, con distribución del ingreso sin cambiar las relaciones de producción, que se definen políticamente en el “centro”, con base en la tradición de gobiernos constitucionales por décadas, incluso algunos proyectos que intentan superar las agrupaciones tradicionales, sea de la lógica bipartidista o de las dos coaliciones que definieron la política luego de la crisis del 2001. En la izquierda existe una presencia institucional, cuyo peso importa a la hora de la denuncia, y un conjunto fragmentado de organizaciones sociales, culturales y políticas, incluyendo personalidades que actúan en espacios intelectuales, artísticos o culturales diversos, que animan el espacio de la búsqueda por regresar horizontes anticapitalistas, socialistas, comunistas, de autogestión y organización económico social comunitaria, sin fin de lucro y por otro orden. En este ámbito existe un importante debate ante la oportunidad de la reorganización de la derecha y el desconsiento de la tradición centrista, para constituir una propuesta política alternativa y que dispute consenso en la sociedad para un rumbo no solo alternativo a la propuesta oficial, sino uno que actúe y contribuya a la necesaria animación de propuesta de liberación en el país, la región y el mundo. La crisis capitalista empuja más liberalización y es lo que encarna el gobierno Milei. La izquierda global no tiene estrategia conjunta que se exprese en un imaginario colectivo tal como se visibilizó por décadas desde el Manifiesto Comunista, la Comuna de París o la revolución en Rusia. Más allá de matices, el rumbo por la revolución definía el Siglo XX. ¿Es posible reinstalar una perspectiva por la revolución en el Siglo XXI? Una parte de los debates en el amplio espectro de la izquierda diversa transita la discusión por reinstalar un imaginario de confrontación con el capitalismo y sus consecuencias actuales en la destrucción del ambiente o el crecimiento de la desigualdad y la amenaza sobre la vida y la naturaleza. Buenos Aires, 19 de febrero de 2024

Déficit cero más desregulación en camino a la dolarización

En un informe oficial de fines de enero pasado se menciona que: “El Ministerio de Economía refuerza su compromiso de alcanzar el equilibrio fiscal financiero en 2024, como punto central de un programa económico orientado a estabilizar la macroeconomía y generar las condiciones para un crecimiento sostenido del empleo.” Queda claro que eso se logra: a) disminuyendo sustancialmente la transferencia de fondos discrecionales a las Provincias, “mejorando” las cuentas públicas nacionales e induciendo un “ajuste federal”; b) eliminando los subsidios al transporte público de pasajeros a provincias y disminuyéndolos en zona metropolitana, cargando ese costo en los presupuestos provinciales, con ingresos disminuidos por merma en la coparticipación y la recesión económica que afecta a todo el territorio nacional (medida que puede redundar en limitaciones o eliminación del servicio de transporte en localidades sin capacidad de sustentar el servicio público de transporte); c) no transfiriendo los fondos de incentivo docente, haciendo peligrar el inicio de las clases, según manifiestan los propios gobernantes de provincias. Lograr el fin de déficit fiscal se explica también por la no entrega de alimentos a los comedores y muy especialmente con la licuación de las jubilaciones y los salarios estatales. En este sentido, el INDEC informa que, a diciembre del 2023, los salarios tuvieron una variación porcentual del 8,9%, contra una inflación minorista del 25,5%. Pero, en ese marco, si los salarios privados registrados se actualizaron al 11%, los del sector público lo hicieron al 5,5%. Mientras que la inflación minorista del 2023 que alcanzó el 211,40%, los salarios privados regularizados tuvieron una variación del 165,8% y los salarios estatales del 148,6%. El ajuste fiscal, promesa de campaña electoral se está cumpliendo restando recursos a las provincias, y descargándose sobre el empleo público y las partidas del gasto social, que en definitiva se traslada como deterioro de las condiciones de vida de la población más empobrecida. El Ministro de Economía señaló que al no aprobarse la Ley de “Bases y Puntos de Partida para La Libertad de los Argentinos” (ómnibus), el ajuste fiscal deberá incrementarse. En efecto, la idea del déficit cero suponía una mejora del ingreso fiscal, especialmente tributario, en un 2,1%, lo que se suponía venía del blanqueo de capitales, la moratoria tributaria y la disponibilidad de alícuotas incrementadas de impuestos, sin efecto al caerse el tratamiento en las extraordinarias legislativas. Por eso, si la idea era reducir el gasto un 2,9%, ahora debe bajarse más al gasto para compensar la insuficiencia de ingresos fiscales previstos, más aún cuando no se podrá avanzar, por ahora con las privatizaciones de empresas públicas. Con el profundo ajuste fiscal, paralización de la obra pública mediante y ña creciente recesión producto de la caída de la actividad económica, producción y circulación de bienes y servicios, el gobierno busca que la inflación disminuya del pico del 25,5% de diciembre. Así mostrará “sus logros”: bajar el déficit y la inflación, claro que primero duplicó el índice minorista de noviembre a diciembre, y luego bajará…¿a cuánto? Incluso, a qué costo social, en caída de ingresos populares y satisfacción de amplias necesidades alimentarias, sanitarias, educativas. Devaluación del peso y rumbo para la dolarización Pero los logros que se registran son también monetarios y entre ellos sobresale que, derivado de la devaluación, el BCRA disminuyó el pasivo en pesos y acumuló reservas por 7.000 millones de dólares contra una base monetaria de 8.000 millones de dólares según Milei. Son declaraciones del Presidente ante la sugerencia de Forbes para acelerar la dolarización. En efecto, Steve Forbes, editor y nieto del fundador de la revista Forbes, elogiando y apoyando a Milei, especialmente por su intervención en Davos, destacó que “si no dolariza no tendrá éxito”. El camino de la dolarización empezó con la devaluación, confirmando el operativo tendiente al uso de los dólares del colchón o en cajas de seguridad, evidente en el gasto turístico de este verano, especialmente al exterior, incluso de pequeños ahorristas que compensan el gasto mensual liquidando sus tenencias de divisas ahorradas. Pero también desde el BCRA y la operatoria con el BOPREAL, el “Bono para la Reconstrucción de una Argentina Libre”, que dolariza los pasivos del Banco Central y tras su primera colocación de una serie por 5.000 millones de dólares empieza a ser atractiva para inversores, especialmente puesto de manifiesto con la compra realizada por el Fondo Black Rock. Bienvenidos los buitres, pareciera ser la onda de los financistas en la gestión del gobierno de la Argentina. Milei dice que estamos cerca del objetivo de la dolarización, ahora planteado para el 2025, en el camino de Menem y Cavallo, sus referencias políticas de la Argentina reciente. Lo que debemos recordar es el final de esa experiencia en el 2001, con una pueblada derivada de una pobreza acrecida que quedó como fenómeno estructural del país actual, un fuerte desempleo como consecuencia de una actividad achicada, orientada como proveedora de bienes primarios bajo la lógica subordinada de la dominación del capital externo en una dinámica transnacionalizada de la economía local. El problema es el consenso electoral que anima el ajuste, la devaluación, la desregulación económica, la libertad de comercio y para establecer precios, que está en la base del avance de una reaccionaria política económica, y que aun con importante resistencia no perfora aún el aval de los votos, por lo que el problema, más que económico es político. La dolarización y el ajuste podrá pararse si se logra articular una propuesta política que no pretenda retomar tendencias estructurales del capitalismo local de los últimos años, sino precisamente una dinámica económica y política de cuestionamiento al régimen del capital. Claro que no es sencillo, pero la voluntad del voto en el 2023 está más en el rechazo a lo existente y en la expectativa de soluciones a futuro prometidas con la liberalización de la economía y el crecimiento de la productividad para luego distribuir en beneficio de la sociedad. Una proclama jamás evidenciada en la historia del capitalismo y que el fracaso de las experiencias anticapitalistas no impide la reiteración de la crítica al orden vigente y la búsqueda de nuevos ordenes civilizatorios. Buenos Aires, 13 de febrero de 2024

Las perspectivas del capitalismo en 2024

La economía mundial capitalista continúa con sus problemas estructurales, con bajo crecimiento, principalmente en los territorios de la dominación, EEUU, Europa y Japón. China, India y otros países “emergentes” disminuyen la tendencia global y amortiguan los problemas de producción y circulación en el ámbito mundial. En el fondo, es parte de la disputa por la hegemonía del orden global, base de las disputas económicas, políticas, diplomáticas, militares que pueblan la cotidiana realidad, en un marco de amenaza civilizatoria, sea por el cambio climático o la creciente criminalidad del capitalismo, expresado en el tráfico de drogas, de armas, o la trata de personas. El objetivo principal del régimen del capital en estos momentos de crisis pasa por la creciente explotación de la fuerza laboral y el saqueo de los bienes comunes. Eso explica la fuerte ofensiva del capital en contra de las trabajadoras y los trabajadores, sus derechos y formas de lucha y organización sindical y social; tanto como la ofensiva contra la naturaleza expresada en la apropiación de los bienes comunes y los territorios, especialmente del sur global. Una ofensiva que se manifiesta en contra de toda la sociedad desde la manipulación ideológica y mediada por redes sociales y medios de comunicación subsumiendo a la humanidad en la lógica de la ganancia y la acumulación capitalista. Salir de la crisis es el desafío de las clases dominantes y en ese rumbo consolidan las preocupantes tendencias a la desigualdad, a la guerra y la militarización, orientando recursos a fines improductivos en desmedro de la satisfacción de necesidades insatisfechas de la población mundial. Aumenta el gasto militar global y se profundiza la privatización de derechos sociales, caso de la salud y la educación. El FMI pronostica un crecimiento para el 2024 del orden del 2,9%, menor a los registros pos-pandemia entre 2021 y 2023, con las “economías avanzadas” en un registro del 1,4%, en donde EEUU crecería al 1,5%, Alemania al 0,9% y el Reino Unido al 6%. Los “emergentes” crecerían al 4%, con China al 4,2% y la India al 6,3%. América Latina y el Caribe un 2,3%, explicitando serios problemas para la evolución de los países periféricos del capitalismo mundial. La información sobre la riqueza que elabora la Unión de Bancos Suizos (figura abajo) destaca el crecimiento de la desigualdad en todo el mundo, con una pirámide que se ensancha en la base empobrecida y concentra en la cúspide un núcleo reducido de concentración de riqueza e ingreso. La crisis en el capitalismo y la alternativa La economía mundial, el capitalismo, contestó a la crisis de los 60/70 con la política de liberalización de la economía bajo la denominación genérica de “neoliberalismo” porque intentaba restaurar la lógica originaria de la Economía Política (Adam Smith en 1776 y seguidores), la que fundamentaba los cimientos del orden capitalista en expansión universal. El liberalismo de los clásicos de la Economía sustentaba bajo los principios de libre comercio, libre competencia y libertad de mercado las aspiraciones de la nueva dominación burguesa de las relaciones humanas. La crítica de Carlos Marx (1867 se publica El Capital) fundamentó las aspiraciones anticapitalistas por otro orden social, sin explotación ni saqueo, que inspiró organizaciones sociales populares desde la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864). La respuesta a la perspectiva de “revolución” emergió bajo nueva fundamentación con la escuela neoclásica, que desde fines del siglo XIX resulta hegemónica en la academia y ámbitos de gobierno nacionales y globales del sistema mundial. Desde ese enfoque neoclásico emergió el keynesianismo para intentar resolver la superación de la crisis de 1930 sin caer en la perspectiva que ofrecía la revolución rusa y el socialismo. En ese derrotero es que ante la crisis de los 60/70 y bajo el ensayo terrorista de Estado en Sudamérica es que surge el “neoliberalismo”, que extiende la liberalización económica desde la década del 80 del Siglo XX y que desde 2007/09 entra en crisis y búsqueda de nuevos rumbos teóricos y políticos para orden capitalista. Desde ahí se explica la agresiva ofensiva contemporánea. Ante la desaceleración de la economía y los límites al crecimiento de la productividad del trabajo, explicitado en la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, lo que opera es un agravamiento de la explotación y el saqueo para acrecentar la masa de ganancias, explicitadas especialmente desde el complejo militar o el negocio farmacéutico sanitario, entre otros muchos. Por eso, el cambio energético demandado resulta en función de mejoras de las ganancias y la acumulación de concentrados y centralizados sectores de la economía global. Es el caso de Elon Musk y Tesla, una de las empresas que manifiesta las tendencias contemporáneas del desarrollo tecnológico y la disputa de territorios para el saqueo, como puede observarse en los intentos de apropiación del litio como insumo para la transformación del patrón energético. La disputa actual es por la subordinación de la fuerza de trabajo a la lógica del capital, lo que requiere de “consensos” ideológicos, políticos, culturales, por lo que la centralidad de la dominación mundial está en resignificar las formas políticas de la dominación. En ese sentido, así como en 1973, la dictadura chilena se constituyó en el ensayo neoliberal que luego se extendió en todo el planeta, el triunfo electoral de Javier Milei en Argentina en 2023 puede ser el experimento para una nueva prueba de liberalización económica, que aleje cualquier perspectiva anticapitalista. Contrario a otras expresiones de la ultraderecha (Bolsonaro, Trump, Meloni o Le Pen), Milei no es “nacionalista”, sino “liberal libertario”, tal como se auto define. Su objetivo es restaurar la “libertad de mercado” a ultranza, disputando consenso de la sociedad en desmedro de cualquier proyecto de crítica al capitalismo, objetado por la deriva del colapso en el este de Europa y la ausencia de un imaginario global anticapitalista. A 50 años del golpe de Chile y del inicio “neoliberal”, las clases dominantes se re-articulan en un escenario de amenaza sobre la naturaleza con violencia (guerra y desigualdad), evidenciando un capitalismo criminal que subordina a la humanidad al objetivo de la ganancia y la acumulación. El desafío teórico y político pasa por una crítica situada a las nuevas condiciones del capitalismo mundial en la perspectiva de desaceleración y crisis del 2024. Un desafío que tiene historia en la lucha de los pueblos originarios, resignificada y visible en la primera década del siglo XXI en los países andinos, especialmente las experiencias de Bolivia y Ecuador, en cuyas constituciones aprobadas hacia el 2009 se configura y delinean las bases de un programa emancipador para el Siglo XXI. En ese sentido actúa la experiencia de las luchas de los feminismos populares, las luchas anticapitalistas contra el saqueo de los bienes comunes, la re-significación de las luchas sindicales y de trabajadoras y trabajadores que enhebran nuevas formas de organización, lucha y reproducción de la vida cotidiana desde la autogestión, la cooperación y el comunitarismo. 15/01/2024

Milei pone en evidencia la crisis política

Milei avanza en su proyecto liberalizador, en defensa de la propiedad privada de los grandes medios de producción, esos que están concentrados en manos de grandes inversores, locales y mundiales. Nada para los pobres, los que tendrán que esperar el “derrame” prometido por la ideología liberal libertaria. No es una novedad, pero arrastra en la coyuntura el consesno electoral de sectores empobrecidos. Desde el diario La Nación aluden a una “revolución”, aseveración en la letra de sus principales columnistas, Carlos Pagni y Joaquín Morales Solá. Una revolución a favor de un capitalismo ortodoxo, sin intervención económica del Estado, a tal punto, que Milei reprime y pretende cobrar a los reprimidos el costo de la represión. Según Milei, el pueblo resistente debe pagar lo que no quiere comprar: la represión, lo que será una vulneración del principio de libertad que sustenta el anarco-capitalista en el gobierno. La lógica política del nuevo gobernante en Argentina desconcierta a propios y extraños, ya que convoca a sesiones extraordinarias y nadie conoció la letra chica en el Congreso hasta hoy, y en sintonía con la regresividad política, se califica a ambos instrumentos de un contenido antidemocrático, sea la Ley Ómnibus como Decreto de Necesidad y Urgencia, el DNU, que arrasa con 300 regulaciones de un plumazo, con claros beneficiarios en la cúpula empresarial y una extensa variedad de perjudicados entre los sectores empobrecidos. Además, amenaza Milei a los congresistas señalando que, si no aprueban el DNU, convocará a un plebiscito para que la sociedad ratifique su voluntad de transformación reaccionaria. El Procurador Rodolfo Barra, recordado ejecutor implacable del programa menemista en los 90, destaca el carácter no vinculante de esa consulta. Sin embargo, la amenaza apunta a resaltar la continuidad del consenso social en la “revolución restauradora” del poder oligárquico imperialista. La realidad del alza de precios de la “revolución liberal” puede evidenciar los límites del consenso social logrado en el proceso electoral, en apariencia supérstite mientras no se receptan aun las subas de tarifas en servicios públicos de energía o transporte. El descontento no es aun visible y genera desconcierto sobre como confrontar con una línea política de esencia ortodoxa en el discurso que no tiene experiencia de ejecución. Hasta algunos liberales temen por el experimento ultra liberal de Milei, quien apuesta a ser “modelo” en el mundo y por eso desafía con sus propuestas a la elite del pensamiento y la política global. Repite sin datos fehacientes que Argentina fue líder de la economía mundial a comienzos del Siglo XX y que ahora debiera retomar ese lugar. El interrogante está en si la sociedad argentina soporta el deterioro de una calidad de vida que viene de medio siglo de retroceso, con escasos momentos de tibia recuperación, que nunca supusieron revertir la “revolución” conservadora, verdadero propósito del golpe de 1976 y del rumbo potenciado en los 90 con gobernantes peronistas y radicales, una senda que intentó desarrollar Mauricio Macri entre 2015 y 2019. Alternativa se busca Se trata de un problema estructural, en rigor, no solo de la Argentina, sino en el ámbito mundial. La crisis política es global y las clases dominantes discuten como procesar una propuesta que otorgue salida a la crisis del 2007/09, lo que explica las tendencias de “derecha” que se ensayan en el ámbito mundial. En ese marco se destaca Milei, una derecha no nacionalista, que exacerba el argumento esencial de la escuela austríaca, desde Carl Menger a Murray Rothbard. La revolución “liberal”, “neo”, desplegada desde el terrorismo de Estado del sur de América, como ensayo, y generalizada en el norte imperialista por Thatcher y Reagan, entró en crisis. Esa es la razón para que aparezcan ideas y proyectos “salvadores” por derecha, evidenciando también el fracaso de propuestas tradicionales de una izquierda que colapsó en la experiencia de la URSS y sin réplica en el presente. Proyectos que sobreviven a esa experiencia o “modelo” intentan, con suerte diversa, abrir sus propios rumbos, que aun requieren ser analizados en sus posibilidades de transformación anticapitalista. El capitalismo viene respondiendo a la crisis de los 60/70 con una ofensiva reaccionaria que se define en el crecimiento de la desigualdad, la afectación del medio ambiente y la profundización de una lógica de militarización, violencia explícita y estímulo a la criminalidad del orden vigente, con trata de personas, venta de drogas, armas y una especulación exacerbada dirigida por el capital ficticio. La ausencia de alternativa política es el problema a resolver. El fracaso de las propuestas de “reforma” al orden emergente hace cuatro décadas en la Argentina, con continuidad de un modelo productivo primario exportador demanda la generación de un proyecto sustentado en un bloque social que, partiendo de las experiencias sociales y políticas por otro orden, pueda proyectar un horizonte de “revolución” en contra y más allá del régimen del capital. Resulta imprescindible la crítica al capitalismo, lo que supone recuperar en esencia los análisis de Marx, contra quien se levantó la “escuela austríaca”. Se trata de un debate histórico por la supervivencia del régimen del capital o la posibilidad de confrontarlo. La teoría austríaca tiene ahora la posibilidad de ejercer políticamente sus postulados, convocando al mismo tiempo a una crítica sustancial sobre el orden capitalista, con las especificidades nacionales de la Argentina y su inserción global, en una historia viva de búsqueda de la emancipación social. Asistimos a un tiempo de crisis de la política y de ensayo de nuevas propuestas sustentadas en la crítica del orden vigente. Buenos Aires, 27 de diciembre de 2023

Digitalización y Universidad. Desafíos ante la crisis capitalista y el desarrollo tecnológico inducido por el gran capital transnacional

Lo que sigue son los fundamentos de mi presentación en el debate internacional sobre “La transformación digital en la educación: luces y sombras”, organizado por “KAIROS-EDUCACION, equipo para la transformación educativa y social sostenible” y “ciiove, centro internacional de investigación OTRAS VOCES EN EDUCACION”. La actividad se desarrolló por plataforma el pasado 19 de diciembre y puede verse completa en: https://www.youtube.com/live/CbK3CiBaOk0?si=Gj7nd8tDl5huinX4 El tema de este foro de debate resulta trascendente, ya que remite a la digitalización del desarrollo capitalista contemporáneo, en un momento de crisis del capitalismo. Una crisis que viene del 2007/09, con una tendencia a la desaceleración de la economía mundial, agravado con la pandemia (2020-23) y la guerra en Europa desde el inicio del 2022. La pandemia acelero el proceso de digitalización con impacto muy fuerte en el mercado de trabajo, y por supuesto en la educación. Nos cambió la vida como docentes universitarios, como sujetos que interactuamos en el ámbito educativo. En rigor, afectó a toda la docencia, a todo nivel educativo, pero nos concentraremos en las reflexiones al ámbito de la educación universitaria. Hay que pensar en este desarrollo tecnológico en los términos del tomo 1 de El Capital de Carlos Marx, con relación al análisis que supuso aquella revolución industrial con la maquinización, e incluso las primeras respuestas de los trabajadores y las trabajadoras que fue contra las máquinas, hasta que se entendió que el problema no era la máquina, como ahora el problema no es la digitalización, sino que es la propiedad y la apropiación de las nuevas formas de la explotación, vía dispositivos electrónicos. Se trata de la dominación del proceso de trabajo a través de este instrumento que es la digitalización, que tiene impacto en nuestra vida cotidiana porque uno dice el mundo del trabajo y el ámbito de la educación, pero bueno, el ámbito de la educación en pandemia se transformó en nuestro domicilio y por lo tanto desplegamos nuestra tarea educativa con medios electrónicos que teníamos que tener instalado en nuestras casas y aunque las plataformas aparecían como gratuitas, teníamos que hacernos cargos del costo de la electricidad, del costo de internet, de los instrumentos y dispositivos adecuados: una buena computadora, un buen celular para poder llevar adelante el proceso de comunicación para el proceso de enseñanza y aprendizaje. Señalo estas cuestiones porque hay que pensar que recuperando a Marx y al pensamiento crítico de la economía política, la respuesta a la primera revolución industrial fue la propuesta por la “Revolución”. Hoy debiera retomarse el planteo de la “revolución”. En ese sentido, estoy pensando en la gran reforma universitaria de 1918, en Córdoba, Argentina, en Perú, en Cuba. Esa reforma del 18, hace más de un siglo, fue un mecanismo de “revolución” en la educación superior. Por eso hay que pensar hoy el debate para la apropiación de la digitalización para un proceso de liberación social, económica, política, de emancipación, de revolución. Asistimos a un tiempo de crecimiento de la desigualdad, como parte de la crisis capitalista y las respuestas que promueven las clases dominantes y, de hecho, América Latina y el Caribe es el territorio más desigual del mundo, donde más creció la desigualdad. No el territorio que contiene más pobreza, pero si el de mayor desigualdad. Por eso mi primera reflexión es recuperar la necesidad de revolucionar la sociedad. ¿Por qué lo digo de esta manera? Porque lo que falta a los sectores subalternos, a los explotados, empobrecidos, saqueados, es una estrategia de transformación integral de la sociedad, y en ese plano, de la educación y de la educación superior. Doble sentido de la Universidad Una segunda idea que quiero incorporar en nuestro debate apunta a discutir a la universidad, en su doble carácter, contradictorio, que tiene la Universidad. A la universidad podemos pensarla como una “institución del sistema”, de hecho, nuestras universidades, incluso las públicas producen conocimiento y profesionales para la lógica del modelo productivo y de desarrollo vigente en esta época del “capitaloceno”. El capitalismo demanda un tipo de profesional, un tipo de técnico, un tipo de científico o docente, y por lo tanto necesitamos hacer la critica de esa funcionalidad de la institución universidad a la realidad y demanda del capitalismo contemporáneo. Pero la universidad no es solo institución funcional al sistema, sino que también es movimiento: movimiento estudiantil, movimiento de docentes, movimiento de trabajadores/as administrativos/as, la comunidad universitaria interactuando no solo en la docencia y en la investigación, sino también en la extensión universitaria con la comunidad, con el movimiento social y popular. De hecho, la reforma universitaria, la revolución en la educación superior, provino del movimiento estudiantil y del movimiento docente, sosteniendo que había que cambiar, renovar, revolucionar la universidad en un momento e cambios muy importantes en el capitalismo mundial a principios del siglo XX. Creo que eso es lo que nos está faltando a nosotros/as en el presente. Hay que suscitar una nueva dinámica de presión y critica del movimiento universitario a la institución universidad. Pensar desde lo alternativo y alterativo Eso me lleva a una tercera reflexión al nivel de propuestas, de lo propositivo, en el sentido de avanzar en un diseño de lo alternativo, en una estrategia del movimiento universitario para que impacte en la institución universitaria y revolucione los contenidos y las formas de lo educativo en la universidad en la actualidad. Lo que significa discutir cuales son las tecnologías y formas de desarrollo tecnológico autónomo e independiente. Doy un ejemplo para que se entienda bien concreto: en plena pandemia el único país que desarrolló una vacuna propia fue Cuba, con todos los limites que tiene el bloqueo genocida que hay sobre Cuba. En efecto, un país atrasado como Cuba, un país con tremendos problemas como tiene ahora Cuba, avasallado por el bloqueo; un país que ha hecho de la educación un proyecto estratégico pudo desarrollar una vacuna contra el COVID19, incluso varias. Cuba demuestra la posibilidad de la independencia tecnológica, aun en condiciones de atraso y desventaja de lo que representa el capitalismo desarrollado y su capacidad de daño con sanciones a todo proceso de intento transformador y autónomo del régimen del capital. Nosotros tenemos experiencias de tecnológica aplicada por movimientos populares sociales, en el caso de la Argentina, de empresas recuperadas, de organizaciones solidarias, cooperativas, auto-gestionadas, y no siempre el desarrollo tecnológico y la digitalización como parte del mismo supone los grandes desarrollos de las empresas de vanguardia, y por lo tanto, hay que formar profesionales que estén acorde con el debate, un diagnostico de cual es la necesidad de desarrollo científico tecnológico de la organización popular en la economía. ¿Qué demandar a distintos ámbitos de la política? Está claro que hay una tendencia en el ultimo medio siglo “neoliberal” de un proceso de flexibilización laboral, de informalización de las relaciones laborales y por lo tanto cada vez más definido en la precariedad del trabajo, con trabajadores y trabajadoras que viven fuera del mercado regular del trabajo y reproducen la vida cotidiana en condiciones de miseria. La universidad como institución debe acercarse ahí y no a la mercantilización que convoca a venderles servicios a las corporaciones trasnacionales, al Gran Capital. Reorientar a la universidad a atender las necesidades y demandas del movimiento popular es un tema fundamental que debe plantearse como un desafío desde abajo, desde el movimiento universitario articulado con el movimiento popular. No hay que esperar que, a nivel de los gobiernos, incluso las grandes cumbres, lo resuelvan. Me remito a la finalización de la COP 28 recientemente, donde tras el diagnóstico de cambio climático aparecen grandes discursos, pero no soluciones concretas para confrontar la destrucción del medio ambiente que generan las corporaciones trasnacionales que dominan, asociados a los principales estados del capitalismo mundial y a los organismos internacionales. Por eso, desde el propio movimiento hay que generar condiciones de critica a lo que realmente acontece y si, por supuesto, pelear, luchar por el acceso a la conectividad, por acceso a la tecnología, por acceso a equipos, por democratizar el proceso de revolución científico-técnica que se desarrolla en este momento. Es necesario ya que el impacto sobre la sociedad es inmenso. Nos comunicamos, nos informamos y formamos mediante estos dispositivos, plataformas y mecanismos de circulación de la producción intelectual y material. De hecho, este foro está funcionando sobre la base de la digitalización y claro, este proceso de digitalización hoy define el proceso productivo, el proceso de investigación científico tecnológico, los procesos de formación, los desarrollos de las telecomunicaciones. Nuestro desafío, creo, y este foro apunta en ese sentido, a plantear una crítica sustantiva y profunda a quien domina hoy el proceso de digitalización, y tratar de generar un pensamiento crítico que abone a que la digitalización sea apropiada por el conjunto de la sociedad, para pensar en soluciones que tengan que ver con una dinámica de emancipación. La emancipación educativa es parte de la emancipación social en términos generales La demanda para las organizaciones internacionales, los gobiernos y las instituciones debe orientarse a que permitan y faciliten una amplia participación social, que haga visible la critica que está muy fuerte en los propósitos de este foro, de las organizaciones convocantes y en planteos alternativos respecto del uso de la tecnología, entre ellas la inteligencia artificial, para pensar en términos de transición civilizatoria. Si no se pone en debate lo que el movimiento social dijo en el Foro Social Mundial de Porto Alegre hace más de 20 años, que “otro mundo es posible”, también con una apropiación de la tecnología por parte de la sociedad para transformar precisamente a la sociedad. Por lo que todo lo que tenga que ver con permitir, facilitar, e impulsar que aparezca la crítica me parece muy importante. Lo que debe demandarse a los gobiernos, y lo pienso desde la Argentina, donde hace una semana empezó un gobierno de ultraderecha, ultra liberal, que se auto asume “anarco capitalista” y por lo tanto la demanda es que no permitan que crezca más la mercantilización educativa y que hay que rescatar que la educación es un “derecho”, no una “mercancía”. y por lo tanto mas que una demanda a los gobiernos es un estimulo para que se potencie la denuncia de la mercantilización educativa y por lo tanto no solo es una cuestión de cantidad de recursos para la educación sino una orientación en un sentido público para la emancipación. Para las instituciones el pedido es que se abran a la consulta y la participación de la comunidad educativa. Algo así como la democratización de las instituciones, la desburocratización y al carácter corporativo que asumen las universidades y sus autoridades. Para los académicos, convocaría a dejar el perfil “academicista”, en tanto escritores de “papers”, repetidores de teoría y que se animen a pensar proyectando una función más “intelectual”, a que se transformen en intelectuales, en pensadores críticos, para recuperar la tradición de la reforma universitaria, esa tradición revolucionaria, para que tanto intelectuales que actuamos en la universidad, como las instituciones universitarias, podamos pensar el nuevo tiempo para una transformación civilizatoria. De lo que se trata es de refundar una educación para la transición civilizatoria, de la explotación y el saqueo a una sociedad de cooperación y de comunidad, en el rescate de la pedagogía del oprimido y la pedagogía de la esperanza, en un tiempo para recuperar la perspectiva social por la revolución.