Las apariencias engañan: los datos duros de la economía argentina


Mientras la propaganda oficial, seguida de voces oficialistas en los medios de comunicación, aún mayoría abrumadora, anuncian la mejora de la macroeconomía de la Argentina, los datos de la realidad son contundentes en los nefastos efectos sociales de la recesión.
La calma del dólar, la baja de la tasa de interés y la reducción del riesgo país remite a un discurso oficialista de estabilización con perspectivas de mejora de la actividad económica, fuertemente desmentida por los datos oficiales del INDEC. En efecto, el desempleo abierto volvió a los dos dígitos, con una tasa del 10,1% para el primer trimestre del 2019 y el PIB cayó en el mismo periodo un -5,8%.
Cruda es la realidad contra el dato propagandístico de contención de algunas variables. Lo concreto es que la baja de las importaciones se motiva en la cotización del peso contra las principales monedas en que se establecen los intercambios comerciales. Es sabido que la industria local es dependiente del ingreso de insumos externos y la recesión en el sector manufacturero resulta agobiante. Ante el cierre de empresas industriales, o ante la recesión productiva, la demanda de importaciones como bienes intermedios para la producción industrial se retrae. De hecho, en el primer trimestre del año las importaciones se redujeron un -24,6%. No se trata de que pretendemos estimular el ingreso de esos bienes, sino que la debacle es consecuencia de la política monetaria y cambiaria, sin un proceso de aliento y estímulo a un proceso industrial no subordinado, lo que requeriría de otro rumbo de la economía y la política en general.
Un aspecto clave del desarrollo capitalista pasa por las inversiones, el punto de partida de la producción y reproducción de la ganancia y del capital. Es harto conocida la expectativa gubernamental por el desembarco de inversiones externas para reactivas la economía local, sin embargo, para el primer trimestre del 2019, el INDEC señala que la inversión cayó -24,5% y se explica principalmente por la baja en el sector de maquinarias y equipos, con un registro de -31,5%. La construcción, sector que rápidamente activa la economía muestra una caída de la inversión de -9,9%. Sin inversiones, públicas o privadas, no hay posibilidad de recuperar la actividad económica y la política oficial confirma un escenario de recesión productiva, todo en aras de estabilizar la economía.
El resultado se concentra en la caída del consumo privado en -10,5, principalmente relativo a la baja del poder adquisitivo de los ingresos populares, afectados por la persistencia de la elevada inflación.
Recesión e inflación definen el cuadro de situación económico de la Argentina, aun cuando la propaganda oficial orienta la evaluación de contexto en la contención relativa de ciertas variables: precio del dólar, evolución de las tasas de interés y del riesgo país. Es cierto que este combo impacta en cierta “cultura económica” de la sociedad argentina, con predicamento en el sentido común que instalan los sectores dominantes vía medios de comunicación social.
¿Qué impacto tendrá la contradicción señalada en las elecciones de agosto (PASO) y octubre (primera vuelta)?
En rigor, la discusión remite a la prevalencia de un enfoque u otro en las opciones electorales de renovación presidencial, proceso en curso con la definición de listas de candidatos a partir de hoy.
Igual, hay que señalar que la respuesta política al interrogante puede no resolver la ecuación relativa a la reversión del impacto económico sobre la mayoría empobrecida de la sociedad.
Lo que pretendemos señalar es que, si la opción electoral confirma la continuidad del proyecto en el gobierno, el correlato será la aceleración del ajuste y la reestructuración comprometida en el acuerdo con el FMI.
Es cierto que como se vio a fines del 2017, como la política no son solo votos, la resistencia popular puede frenar cualquier intento de modificar regresivamente las relaciones laborales o el régimen previsional. El triunfo electoral de Macri en octubre de 2017, elecciones de medio turno, envalentonó y estimuló el proyecto de reforma laboral, postergado ante la inmensa movilización sindical y popular. Las elecciones sugieren una parte del consenso social, pero no todo el apoyo político para cambios estructurales regresivos.
Otra posibilidad es el triunfo de la oposición, con reales posibilidades en el acuerdo logrado por la fórmula de los Fernández y un amplio espectro de una veintena de partidos políticos.
No resulta menor impedir la continuidad del proyecto actual en el gobierno, restando las definiciones concretas sobre el futuro e inmediato rumbo económico. La expectativa estará en la respuesta a la situación recesiva e inflacionaria, con efecto social regresivo de estos años. Es una cuestión agravada con serios problemas que arrastra la economía local en el marco de la irresuelta crisis mundial del 2008.
En efecto, la situación mundial resulta muy distinta del momento de la recuperación operada desde el 2002 ante la recesión arrastrada desde 1998. Ni los precios internacionales de exportación ayudan en la coyuntura, ni el clima de época de la economía mundial favorece. Remito a la guerra comercial provocada por EEUU contra China y muchos otros conflictos de base económica que promueve la presidencia Trump desde 2016, que asociado al BREXIT implican un nuevo tiempo en el despliegue de las respuestas globales a la difícil situación del capitalismo mundial, con crecimientos ralentizados según todas las fuentes de análisis de sistema mundial. Situación exacerbada con los cambios políticos en Brasil y la ofensiva de las derechas en la región.
Interesa frenar la ola conservadora, de ajuste y reestructuración regresiva que supone el gobierno Macri, que intenta constituir una nueva representación política en la Argentina para habilitar una adecuación estructural del país a los tiempos y necesidades del capital más concentrado del sistema mundial, por eso las reformas empujadas y varias veces anunciadas en materia laboral, previsional e impositiva. Pero insistiremos que no alcanzará con frenar la reelección de Macri, el PRO y Cambiemos, ahora ampliado con la inclusión de Miguel Angel Pichetto en la formula presidencial, sino que el descontento y la protesta social deberá confrontar con cualquier escenario futuro en la Argentina y contrarrestar el fuerte condicionante de los acuerdos con el FMI.
Existe la incógnita sobre la respuesta social ante las elecciones, más aún ante el creciente descontento por la situación social y aún con protesta o desconformidad, interesa habilitar una discusión sustancial relativa al qué hacer, en Argentina, la región y el mundo para superar los límites en que se debate el orden capitalista contemporáneo. Son muy pocos las opciones que emergen en el debate actual para intentar un rumbo económico y político más allá y en contra del capitalismo. Un aliciente en ese sentido se expresó entre el 19 y 21 de junio en los debates por los 20 años de la red ATTAC en Argentina, cuyas deliberaciones apuntaron no solo a mirar el pasado, sino a considerar el horizonte temporal de las próximas décadas, que amenazan la continuidad de la vida a manos del modelo productivo y de desarrollo depredador del régimen del capital. Es una discusión que necesita extenderse más allá del activo militante y desplegarse en el conjunto de la sociedad con pretensión de constituirse en debate cultural por el cambio social.
Buenos Aires, 22 de junio de 2019

El apagón eléctrico es síntoma del desinterés por lo común


El ingreso a Buenos Aires por Retiro, pasadas las 7am del domingo 16/6 (venía desde San Luis, donde participé de un Curso de posgrado sobre Economía Política y uno de los contenidos remitió a la crisis energética), me encontró con el apagón de la ciudad y mucha gente incomodada por los cierres de los trenes y el subte, con escaso transporte público por el feriado dominical, y encima, con tarifas de taxis muy elevadas para ser absorbidas por los transeúntes regulares de ese especial territorio.
Salía de la Terminal con lluvia, sin paraguas y memorando a los responsables de la desidia por lo “común”, sí, especialmente la gente de abajo, la de la calle, la de a pie, que ante estas situaciones se pone en evidencia la lejanía de sus necesidades e intereses en las agendas del poder. Mientras caminaba, todo tapado, abrigado, por el frío y la lluvia, escuchaba el delirio de la desinformación (fue mi primera impresión): “parece que es en todo el país y países limítrofes”.
¡No, no era delirio, era verdad! El país, salvo Tierra del Fuego estaba afectado por un corte general, que alcanzaba a parte de Uruguay y Brasil. En el trayecto hacia mi casa busqué por todas las redes información sobre el episodio (que bueno que había cargado el celular en el viaje) y nada encontraba, solo la indignación de los afectados, en este caso, nadie se salvaba.
Ninguna información de las autoridades, la que solo llegó a las 15:30 en una mísera conferencia del Secretario de Energía, un tal Lopetegui, que antes había sido uno de los segundos de la Jefatura de Gabinete y que Macri dice que es como si fuera el mismo; ah, antes había sido ejecutivo de LAN (la que era empresa de Piñera, el empresario ricachón y Presidente chileno).
En la Conferencia, el Secretario nos informó que en 15 días habrá alguna información sobre “algo que nunca debió ocurrir”. ¡Increíble!
Ahí si pensé en el delirio de nuestras autoridades, que no pueden explicar nada. No explican el apagón, ni la perdida de reservas internacionales, ni la pobreza, el desempleo, la inflación o la recesión.
Unas 12 horas después de iniciado el apagón, el Presidente tuiteó que estaban buscando el problema para restablecer el servicio. Vale interrogarse si alguna vez sabremos lo que ocurrió, mientras tanto, el incremento de tarifas continuará, a no dudar.
La ganancia es lo que interesa
Imprevisión es poco decir para identificar lo ocurrido, que es resultado lógico de un proceso que lleva tres décadas desde las privatizaciones de las empresas públicas, donde la extranjerización ha sido el resultado evidente con la consecuencia directa por el interés privado por la ganancia, agravado en estos años de aumentos impresionantes de las tarifas de servicios públicos, sin el correlato de inversiones.
En todo caso, el fenómeno nos devuelve que, ante el fallo técnico, el sistema se apaga y cuesta reconectar en defensa de los equipos, privilegiados antes que el derecho de los usuarios al acceso de la energía.
No hay que sorprenderse, la energía es una mercancía en la lógica neoliberal que nos gobierna desde 1975/76, exacerbada en los 90 del siglo pasado (Menem y De la Rúa) y reafirmada en este ciclo del PRO y Cambiemos, que pretende sucederse otro periodo de gestión presidencial, entre 2019 y 2023.
Desde los años de la genocida dictadura se avanzó en un proceso deliberado de destrucción de los servicios públicos, como antesala de las privatizaciones ocurridas bajo la gestión Menem. Es cierto que los intentos por morigerar el impacto extranjerizante y privatizador apenas pudo instalarse en estos muchos años y sí, estructuralmente no pudieron revertirse, sino contener parcialmente sus regresivos efectos.
A contramarcha podemos registrar variadas resistencias populares y escasos intentos de activos militantes por instalar una concepción de “derecho a la energía”, que entre pocos difunde el sindicalismo de la energía, desde la militancia de José Rigane, el sindicato de base en Mar del Plata y la Federación de Trabajadores de la Energía, la FeTERA en la CTA Autónoma.
Es una batalla desigual, no solo contra el poder de las transnacionales y los gobiernos a su servicio, sino de aquellos que no incorporan a la energía como parte de los derechos humanos imprescindibles para la sociedad.
No alcanza con señalar que el Estado debe hacerse cargo de los servicios públicos, sino que es la sociedad y por eso sustentamos la socialización de los servicios públicos, con participación de trabajadores, trabajadoras y usuarios a todo nivel, para decidir sobre el derecho a la energía.
Es la sociedad en su conjunto la que debe definir el alcance de los derechos humanos, más allá del derecho a la salud o a la educación, siendo de carácter estratégico el derecho a la energía.
El futuro cercano
Asistimos a un proceso electoral en el que se define el futuro cercano de la Argentina, donde se discute la continuidad o no del gobierno Macri.
En rigor, no alcanza con obstaculizar un nuevo ciclo del PRO-Cambiemos, aun con ampliación de aliados, sino que se debe poner en discusión el modelo productivo y de desarrollo y señalar, en un proceso de transición, el rumbo a seguir relativo al papel de la sociedad en la toma de decisiones, cuales son las prioridades a resolver y en ese marco definir la política económica.
No alcanza con no reiterar las pautas sostenidas en el acuerdo entre el FMI y el Gobierno Macri, sino revertir el rumbo, cambiando de beneficiarios y perjudicados, para encarar una etapa de cambios que encaminen un proceso de liberación nacional y social. Es algo en discusión a partir de las alianzas actuantes para el debate electoral y las candidaturas que se definen en las próximas horas.
El apagón de luz puede anticipar el político, pero no nos alcanza con que se apague Macri en la presidencia para el próximo turno, sino que lo que necesitamos es que se apague la política neoliberal consensuada electoralmente por la sociedad.
Buenos Aires, 17 de junio de 2019

Bolsonaro en Argentina: ¿moneda común?


Antes de consolidarse la propuesta del “Peso-Real” anunciado por el ultra liberal Ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, en ocasión de la visita de Jair Bolsonaro a la Argentina, el propio Banco Central del Brasil le bajó el precio a la iniciativa. Roberto Campos Neto, titular de la entidad brasileña dejó en claro que no existen estudios técnicos al respecto, aunque destacó la importancia de la convergencia de iniciativas de cooperación económica y financiera entre los socios mayores del Mercosur.
Más allá de la bola de ensayo lanzada por Paulo Guedes, el seguidor de la escuela de Chicago y monetarista ortodoxo a cargo de la política económica del derechista gobierno brasileño, su par argentino, Nicolás Dujovne, salió desde Japón, donde participa en una reunión preparatoria de la Cumbre del G20, a confirmar las conversaciones sostenidas al respecto entre los funcionarios de Economía de la Argentina y del Brasil.
Convergencia reaccionaria de la política económica
La desmentida desde el Banco rector del sector financiero en Brasil no anula las mutuas aspiraciones de convergencia liberal, neoliberal, de la política económica de ambos países. Las derechas convergen en sus aspiraciones por sustentar un rumbo a la economía y a la política de ambos países y del conjunto de la región latinoamericana y caribeña, por lo que se unen junto a EEUU en la crítica a Venezuela y a Cuba.
Sostienen voceros de Bolsonaro que la prioridad en la coyuntura pasa por la reforma previsional, un tema que es agenda del FMI, del Banco Mundial y del mercado mundial de capitales. Se trata de un tema contenido en el acuerdo de la Argentina con el FMI.
Con la reforma del régimen jubilatorio en todo el mundo se pretende utilizar los fondos aportados por trabajadores y trabajadoras, más los realizados por las patronales y los fondos específicos complementados por los Estados nacionales para financiar el ciclo de valorización de los capitales.
No es un tema menor en tiempos de restricciones al financiamiento de los países “emergentes”, quienes no definen el rumbo del capitalismo contemporáneo, mucho más aún cuando la Reserva Federal de EEUU (FED) acaba de anunciar el cambio de su política monetaria: ya no subirán las tasas de interés en EEUU, sino que bajarán, como consecuencia de la tendencia a la desaceleración de la economía estadounidense en el segundo semestre del 2019.
Los anuncios de la FED suponen mayor fuga de recursos hacia los mercados de capitales de los países desarrollados y, por ende, menor oferta de inversores externos en las economías dependientes, ahora llamadas “emergentes”. Es conocida la demanda de esos inversores en nuestros países, que solo atraen inversores especulativos o acrecentamiento de la deuda pública que hipoteca el futuro de los pueblos.
Pero seamos claros, no solo es globo de ensayo, sino anticipo de imaginarios de sectores hegemónicos en la región para intentar un lugar en la transnacionalización de la economía mundial capitalista, con Brasil liderando regionalmente ese proceso. El “subimperialismo” que sugirió Rui Mauro Marini en su momento.
Brasil intentó en la etapa anterior, gobiernos del PT, integrarse en la lógica de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), proceso del que Argentina imaginó sumarse, sin éxito, como BRICSA. Allí se insinuó la lucha por una Nueva Arquitectura Financiera del sistema mundial, algo que está detrás de las guerras comerciales y monetarias contemporáneas.
El cambio de rumbo político en Brasil reabre la discusión por el tipo de inserción internacional de la mayor economía de la región, y el vínculo con la Argentina, favorecido por el gobierno Macri. ¿Inserción independiente o subordinada a la lógica del poder de las transnacionales?
Ambos países reconocen las vinculaciones comerciales mutuas y similares perfiles productivos en materia de agro negocio, primarización de exportaciones y potenciales ventajas ante la crisis energética para la producción de energía, sea el “Pre-sal” en Brasil o “Vaca Muerta” en Argentina. Los dos países asumen la estrategia discursiva de la ortodoxia del ajuste fiscal y las regresivas reformas estructurales: laboral, previsional y tributaria en un marco generalizado de expansión de la mercantilización de la vida cotidiana.
Las tareas planteadas por los dos gobiernos suponen adecuaciones nacionales en la forma de funcionamiento del régimen capitalista, lo que implica la eliminación de derechos laborales, sociales, individuales y colectivos, conquistados en diferentes momentos de la historia de ambos países. Por eso se estimulan y apoyan mutuamente, algo que quedó claro en los discursos y mensajes de ambos mandatarios en el paso de Bolsonaro por Buenos Aires y en las reuniones sostenidas del Presidente del Brasil con el poder económico local.
Recuperar la historia de la institucionalidad liberal (neoliberal)
El Mercosur fue definido como “institución” por Brasil y Argentina, y desde esos acuerdos se lideró el ingreso de Paraguay y de Uruguay, países subordinados a la lógica productiva que definen las transnacionales de la alimentación y la biogenética en la región; o las petroleras y las trasnacionales de la energía en un marco de inserción en una lógica general de especulación. Solo en condiciones políticas muy especiales se incorporó Venezuela al Mercosur, luego de la fallida Cumbre por el ALCA en el 2005.
Ahora, nuevamente, bajo la ofensiva liberal (neoliberal) se busca liderar el fenómeno de la integración subordinada entre los dos mayores del Sur, para arrastrar a los dos más chicos e incluso a una Venezuela despojada de su actual gobierno. Esa es la razón para apurar acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y avanzar en la liberalización económica que supone la inserción subordinada de nuestros países en la economía mundial.
Claro que se realiza a contramano de las tendencias “proteccionistas” del gobierno de EEUU. No se trata de una contradicción como algunos imaginan, sino una opción de vinculación dependiente con la lógica de los capitales más concentrados, con la aspiración, por cierto, de participar en una cuota parte de los beneficios que implica incluirse en las tendencias de la hegemonía contemporánea del capitalismo.
Las reformas estructurarles de los años 80 y 90, consolidadas con el Consenso de Washington en la última década del Siglo XX, afirmó el proyecto liberal (neoliberal) en la región, que fuera objetado en los primeros años del Siglo XXI.
Hoy se pretende recuperar la iniciativa política, demorada por el accionar de la resistencia de los pueblos y los gobiernos del cambio político a la estrategia de apertura de la economía, la desregulación y las privatizaciones, como respecto a la integración subordinada. Ese rumbo transitado pretendió construir iniciativas confrontadas por una Nueva Arquitectura Financiera; nuevas estrategias de producción compartida y formas novedosas de integración más allá del campo de la economía. Aunque mucho de ello solo quedó en propuestas irresueltas, siguen inspirando programas de acciones posibles para transformar la realidad.
Argentina y Brasil deben avanzar en procesos de integración alternativa y en ese camino proponer políticas económicas, financiera, monetarias, culturales compartidas, pero en un escenario de emancipación social. La ofensiva en curso de las derechas en la región, especialmente en Brasil y Argentina, pretenden cerrar el camino de la crítica a la lógica de construcción de las relaciones económicas en nuestros países. El interrogante siempre estará en la respuesta de los pueblos a las iniciativas políticas del poder local y mundial.
Buenos Aires, 8 de junio de 2019

Incertidumbres en la política y la economía


En pocos días se anunciarán alianzas electorales (12/6) y candidaturas (22/6) de las distintas opciones que disputarán en octubre el gobierno argentino para el periodo 2019-2023.
Por ahora, lo que hay son hipótesis de variantes que incorporan incertidumbre en la situación política local en un marco de inestabilidad con variados interrogantes sobre el futuro cercano de la Argentina.
¿Hay espacio para la continuidad de Mauricio Macri en el gobierno? ¿Cuál es la alianza opositora en condiciones de asegurar un gobierno de signo político diferenciado a la gestión Pro-Cambiemos?
Las posibilidades en uno u otro sentido cambian de día a día según avancen o no las negociaciones sobre acuerdos electorales.
Esta incertidumbre política está asociada a la que se presente en materia económica, porque es la primera vez que la dimensión económica interviene en la decisión sobre el voto.
Lo “económico” no pesó en las elecciones del 2015 o del 2017, pero sí parece intervenir en la decisión por el voto del 2019. Lo que apareció como definitorio fue un voto castigo, en contra del gobierno anterior. Es algo que disminuye en la coyuntura, aun cuando no desaparece por completo, especialmente en el escenario de ballotage.
Queda discernir cuánto interviene la cuestión económica en la definición por el voto, especialmente en un marco de continuidad de la suba de precios y la recesión. En la fecha volvieron a subir los combustibles, lo que asegura traslado a precios y deterioro de la capacidad de compra de la población sujeta a ingresos populares deprimidos: salarios, jubilaciones y planes sociales.
Incertidumbre mundial
A los problemas locales se suman los mundiales. Los problemas son globales, ya que los principales socios comerciales de la Argentina presentan su propias dificultades económicas y políticas.
Es algo a destacar para el caso brasileño que presenta un trimestre económico a la baja, con proyección de reiterarse y definir una recesión para el principal comprador y vendedor en las relaciones internacionales de la Argentina.
Pero también acontece con los otros dos principales animadores del comercio internacional de la Argentina: China y EEUU.
El primero, China, desacelera su ritmo por la inestabilidad del orden mundial, que lo tiene como protagonista por la guerra comercial que le declaró el gobierno de Trump y que impacta en el conjunto de la economía Mundial, por ende, sobre la Argentina y sus relaciones bilaterales.
Para el segundo, EEUU, aparece preocupante el horizonte de la segunda mitad del año, a la baja de la actividad económica, luego del empuje en la etapa inicial del gobierno estadounidense desde la llegada de Trump en 2016.
Esos problemas agudizan las contradicciones de EEUU con el sistema mundial, no solo la guerra comercial con China, sino que agrega ahora la suba de aranceles a México para inducir la intervención mexicana para frenar la inmigración proveniente de ese país y de otros que mudan desde Centro América y el Caribe.
Un problema especial en EEUU deviene de la merma en la actividad agrícola, que induce una suba de los precios internacionales de los precios de productos primarios para la exportación, algo que en la coyuntura mejora las cuentas nacionales de la Argentina.
En efecto, las expectativas de los grandes productores y exportadores de la Argentina son elevadas ante los límites de la producción estadounidense. Es una situación confirmada con la evolución reciente de la actividad agrícola y ganadera de la Argentina, la única que crece en los datos relevados para marzo por el INDEC. El Agro crece 10,8%, siendo el único sector en expansión de la actividad local. En sentido inverso lo expresan la caída del sector industrial por -13,2% y del sector del comercio minorista y mayorista por -14,6 para marzo pasado.
El FMI indica tendencias a la baja de la economía mundial, que no son mayores por el efecto de China y otros emergentes, los que siguen creciendo, pese a sus dificultades, más que los países capitalistas desarrollados.
La situación de EEUU, acoplada a la baja expansión europea y japonesa agregan incertidumbre al momento actual de la economía mundial.
Por eso preocupa la tendencia al pobre crecimiento de la economía mundial, agravado con la expansión de la especulación y el endeudamiento público de varios países.
Son todos elementos que anticipan estallidos que suponen una recidiva de la explosión 2007/09 que derivó en la gran recesión. Es una situación aún no superada según variados análisis de la situación global.
¿Qué expectativas?
No son buenas las expectativas en el corto y en el mediano plazo, y en rigor, es un panorama poco destacado en el limitado debate sobre el rumbo económico de la Argentina actual.
¿Qué hacer en el país ante el condicionante del acuerdo con el FMI y los fortísimos vencimientos para el 2020 y años subsiguientes? Es un tema central que apenas se sobrevuela con la mención a renegociaciones de difícil factura, no solo por la situación local, sino por la global.
En la coyuntura pesó la protesta por el masivo Paro Nacional del 29/5 pasado, a 50 años del Cordobazo, pero muy alejado del clima político de aquel acontecimiento hace medio siglo. La protesta de entonces suponía una determinada correlación de fuerzas en la disputa del imaginario social, a contramano del actual, condicionado por la influencia neoliberal en el sentido común instalado.
Desde el gobierno se insistió en el costo producido por el paro, cuantificado en unos 40.000 millones de pesos, lo que suena a risa contra la perdida de los 11.000 millones de dólares desembolsados por el FMI y acreditados en el BCRA el pasado 9/4. A menos de dos meses ya se dilapidaron más de 500.000 millones de pesos (al cambio de hoy).
Más que pedirle cuenta y facturar al sindicalismo en protesta, habría que investigar el destino de esos recursos fugados de las cuentas de reservas internacionales y analizar a los responsables de la política pública.
El rumbo de la economía debe cambiar y para que ello ocurre debe modificarse la correlación de fuerzas en el ámbito de la política, algo que trasciende el proceso electoral y se dirime en la sociedad, no sin conflicto.
Buenos Aires, 1 de junio de 2019

¿Lo peor ya pasó? Un interrogante actual y que se proyecta más allá de las elecciones presidenciales


El gobierno intenta hacer propaganda sobre una mejora en perspectiva de la economía y, sin embargo, los datos estadísticos del propio oficialismo devuelven otra realidad, la que sigue definida por la recesión y la inflación, más allá de las obras de infraestructura inauguradas, especialmente en la ciudad capital de la Argentina. Un gran interrogante es como afecta esta situación en la disputa del consenso electoral, incluso luego de la renovación presidencial, especialmente con los condicionantes de política económica futura, gane quien gane las elecciones presidenciales en octubre próximo.
La recesión continúa y el INDEC lo señala en los últimos datos oficiales, a marzo del 2019, que la actividad económica cayó un -6,77% respecto de marzo del 2018, e incluso, se revirtió el signo alentador que propagandeaba el gobierno, cuando señalaba que mes a mes, la actividad venía creciendo, poco, pero creciendo. Sobre esa base sostenían que lo peor ya pasó. En efecto, en diciembre del 2018 la actividad económica había crecido respecto del mes anterior un 0,4%, en enero del 2019, un 0,5%, en febrero de este año otro 0,1%, y ahora en marzo, la reversión es de -1,3%, desarmando el discurso alentador del oficialismo y confirmando una tendencia recesiva que complica la situación económica del 2019. Es más, la caída acumulada en un año es del -5,7%.[1]
En el informe del INDEC se comprueba que es el sector de la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca el único que manifiesta crecimiento con un 10,8% en marzo. Mientras, en el otro extremo, figuran en baja el comercio minorista y mayorista con un -14,6%, principalmente explicando por el deterioro de la capacidad de consumo popular. También en fuerte retroceso está el sector de la industria manufacturera con un -13,2%. En este caso resuena el incremento de cierres de empresas y los despidos de personal, tanto como el cierre de negocios por la baja del consumo.
Los datos recesivos explican al mismo tiempo el superávit externo de 1.131 millones de dólares para abril del 2019, como consecuencia de 5.305 millones de dólares de exportaciones y 4.174 millones de dólares de importaciones, los que sumados alcanzan 9.479 millones de dólares de intercambio comercial de la Argentina, una evolución negativa del -16,2% respecto a abril del 2018.[2] Hay decrecimiento del comercio exterior, desmintiendo la propaganda oficial de una mayor inserción del país en el mundo. El dato real es la baja de insumos importados, imprescindibles para un sector industrial dependiente de bienes de capital e intermedios. La suba del dólar por devaluaciones sucesivas disminuye la capacidad de compra de la dependiente industria local e impacta en la recesión, al tiempo que incrementa el peso de la deuda sobre el conjunto del PBI, los bienes y servicios finales producidos en un ejercicio.
El FMI y la realidad condicionan el presente y el futuro
Constituye una preocupación la coyuntura recesiva, agravada con la inflación de precios, cuya tendencia alarma para el conjunto del 2019, con un registro similar al del 2019. Repetir un valor entre 40 y 50% para el presente año agravará el presente y el futuro cercano de la mayoría de la sociedad empobrecida y de menores ingresos, más del 60% de la población, incluida la discriminación de género al interior de la referencia. La cuestión se agudiza por el condicionante estructural que la situación supone hacia adelante, sea repetición del gobierno Macri para un nuevo periodo, o cualquiera que lo suceda con el FMI exigiendo se cumpla el ajuste y la regresiva reforma laboral, previsional y tributaria.
Por eso interesa profundizar en el estado de la conciencia social sobre el momento económico y político. Es una cuestión a dilucidar en los discursos y propuestas electorales. ¿Qué imaginan que ocurre en el pensar y sentir de la sociedad desde el oficialismo y las oposiciones? ¿Alcanza para el oficialismo con profundizar un sentimiento crítico al gobierno kirchnerista por 12 años entre 2003 y 2015, especialmente en materia de corrupción? ¿Resulta suficiente la comparación de la situación económica en el tiempo de los gobiernos K contra la pérdida de derechos e ingresos en estos años bajo gobierno Macri, tal como sostiene el kirchnerismo? ¿Existe lugar para un camino del medio entre un gobierno Macri y otro Kirchnerista? ¿Hay posibilidad para una propuesta de izquierda explícita, más allá de las hegemónicas?
Esta última pregunta supone también discutir que se considera una propuesta de izquierda en la coyuntura actual. Es una premisa que proponen algunos diagnósticos para toda la región, destacando el avance de la ofensiva de las derechas y la política intervencionista de EEUU en la región, especialmente sobre Venezuela y Cuba.
Me toca compartir ámbitos de militancia y de relaciones personales, asociadas a un abanico de ideas a la izquierda del arco político, e incluso críticos al orden capitalista. En esos espacios, estos interrogantes son parte del debate regular y las respuestas y enfoques ensayados en los debates son diversos, lo que dificulta la síntesis necesaria de amplios espacios de confluencia ideológica por transformar la realidad.
Están quienes sostienen que la izquierda se define la unidad de quien resulte más efectivo en culminar con el ciclo de gobierno Macri, algo aún dificultado por la irresuelta interna del peronismo, que involucra al “peronismo federal” y a la alianza entre el PJ y Unidad Ciudadana, la que arrastra un colectivo de partidos políticos con diversa tradición en la izquierda y el centro (categorías difusas pero generalizadas en la prensa). Otros sostienen un camino más vinculado a la experiencia de la izquierda partidaria, que encuentra en el FIT al principal polo de atracción electoral, al mismo tiempo que sostienen los límites de una estrategia que no involucra una unidad más amplia con sectores muy diversos de la acumulación política de la izquierda, en el ámbito social, cultural y político. Coexisten con esas posiciones las propuestas abstencionistas e incluso los que imaginan la potencialidad de una articulación política y social que acumule para el futuro.
Claro que todavía falta tiempo, escaso, por cierto, para la materialización de alianzas electorales y la confirmación de candidaturas, todo lo que ocurrirá en menos de un mes. Ello incluye la alquimia de “colectoras electorales”, corte de boletas mediante en las elecciones provinciales, válido muy especialmente para la elección en la Provincia de Buenos Aires, un tema que está pendiente de resolverse.
En este corto lapso se dirimen posicionamientos políticos diversos que contribuirán a esclarecer muchas de las dudas actuales y encaminarán colectivos sociales en uno u otro sentido.
Será un tiempo de discusión sobre propuestas programáticas relativas al corto y mediano plazo, como que hacer con el condicionante del acuerdo con el FMI, siendo muy pocos los que pretenden confrontarlo y muchos los que piensan renegociar sin afectar el contenido regresivo de sus términos. En el mismo sentido se puede pensar en la continuidad o no de un modelo productivo sustentado en el agro-negocio; en la energía basada en las promesas relativas a los hidrocarburos no convencionales surgidas de la explotación del yacimiento Vaca Muerta; la industria de armaduría y la continuidad de los mecanismos especulativos que definen el fuerte endeudamiento y la dependencia de los fondos externos, sean inversiones productivas o financieras.
Articulación popular
Más allá del debate programático, la discusión involucra las mejores o peores condiciones que se generan en la construcción de alternativa. Por un lado, la continuidad de un gobierno que manifiesta que un consenso electoral confirmará el rumbo de estos 4 años y se acelerarán los mecanismos e instrumentos para su concreción. La contracara es la posibilidad de construir consensos para discutir alternativa a futuro bajo un gobierno que suponga la derrota electoral del gobierno Macri.  
Todo lo cual se procesa en un marco de descontento que se expande socialmente y un conflicto social que no termina de explotar, aun cuando está el llamado a Paro Nacional para el próximo 29/5. Una fecha simbólica, a medio siglo del Cordobazo, emblemática lucha histórica que expresó una acumulación de unidad obrero estudiantil, por ende, de sectores de ingresos relativamente elevados; a contramano de una penuria social que suponen los alicaídos ingresos actuales de trabajadoras, trabajadores y sectores medios.
Resulta prematuro anticipar el final de estos debates en la coyuntura, aunque puede ser estimulante que se generen espacios de contención de diferentes posicionamientos político electorales, ejercidos en unidad de acción en el conflicto social, pensando en el proceso político posterior a la asunción a fines del 2019 de un nuevo gobierno en la Argentina.
Buenos Aires, 27 de mayo de 2019


[1] INDEC. Estimador mensual de actividad económica. Marzo de 2019, en:  https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/emae_05_1946015599C0.pdf (consultada el 27/05/2019)
[2] INDEC. Intercambio comercial argentino. Cifras estimadas de abril de 2019, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ica_05_191E0031A3A3.pdf (consultada el 27/05/2019)

Argentina agrega estrés a la economía mundial


Al terminar la reunión entre los directivos de la CGT y los funcionarios del FMI hace pocos días, los delegados del Fondo señalaron con previsibilidad discursiva que la Argentina va mejor y que no hay temor a cambio en la presidencia para el próximo periodo.
Como salidos de otra reunión, los jefes de la Central sindical mayoritaria convocaron al Paro Nacional para el 29 de mayo. Se trata de una fecha emblemática, nada menos que a 50 años del “Cordobazo”, antecedido en pocos días por el “rosariazo”, y que serían fechas históricas del momento de máxima acumulación de poder popular en la historia local.
Para contrarrestar tremenda movilización popular, obrero estudiantil, y con todas las corrientes combativas del sindicalismo, dirigidas entonces por Atilio López, René Salamanca y Agustín Tosco, hizo falta el accionar parapolicial y paramilitar, seguido luego por el terrorismo de Estado genocida, para inaugurar décadas de ofensiva capitalista en contra de las trabajadoras, los trabajadores, la naturaleza y el conjunto de la sociedad.
Graves problemas económicos
Los argumentos de la CGT para la convocatoria al Paro nacional aluden a la necesidad de modificar la política económica en curso y a la necesaria solidaridad con los trabajadores en conflicto; a la grave situación económica que afecta al mercado interno, a la producción y su consecuente secuela de cesantías que agudizan el problema del empleo y la pobreza.
Aunque se convoca a paro sin movilización, el anuncio de ambas CTA, el sindicalismo disidente de la CGT y los movimientos populares, anticipan que saldrán a movilizar, incluso recuperando la fecha histórica del medio siglo del “Cordobazo”.
No solo el sindicalismo y el movimiento popular se preocupa por la grave situación económica de la Argentina, con recesión e inflación. Los precios de los últimos 12 meses crecieron por encima del 55% y el de los alimentos por más de 66%, constituyendo datos alarmantes ante los ingresos populares deteriorados por la recesión, el cierre de las empresas y las cesantías de personal.
El caso es que, más allá del sindicalismo, también se preocupan los entes especializados. De hecho, el británico “Financial Times” llama la atención sobre la fuga de capitales financiada en Argentina con los préstamos del FMI. Es algo no permitido por los estatutos del organismo internacional y que la práctica en el país consolida la fuga de capitales, sea por pagos de intereses, cancelaciones de deuda de capital, remesas de utilidades al exterior o simplemente atesoramiento de divisas, sin perjuicio de inversiones en activos externos.
Dicen los especialistas del periódico británico que esta situación no solo afecta a la Argentina, sino a la reputación del Fondo y de su Directora Gerente, Christine Lagarde.
Vale mencionar que, si el 9/4 pasado se acreditaron 10.835 millones de dólares en las cuentas de reservas internacionales, gestionadas por el BCRA, eso se debió al último desembolso del FMI. Las reservas alcanzaron entonces los 77.481 millones de dólares. Cinco semanas después, para el 15/5 las reservas habían disminuido a 67.306 millones, habiéndose fugado unos 10.175 millones de dólares. Prácticamente la misma cifra ingresada, en apenas un poco más de un mes.
Como con Sturzenegger y Caputo antes, ahora con Sandleris, desde la Presidencia del BCRA se facilita la salida de capitales en beneficio de muy pocos y a cuenta del conjunto de la sociedad. La socialización de las perdidas y las privatizaciones de las ganancias constituyen un dato en el capitalismo realmente existente.
Por su parte, el FMI destaca el crecimiento del Índice Mundial de Incertidumbre (WUI) que mide la desconfianza de los inversores capitalistas y que afecta el crecimiento mundial de la economía, bajando la previsión para el 2019 a 3,3% cuando en 2018 fue de 3,6%.
Se menciona como principales problemas de la economía mundial a la guerra comercial entre EEUU y China, y al Brexit, con impacto en una menor tasa de crecimiento de la economía mundial.
La cuestión se agrava dice el informe por el “estrés económico que incorporan Argentina y Turquía” a la economía mundial.
¿Quiénes son los responsables de la situación?
Retomando la argumentación, la CGT, mesurada en medidas de protesta, llama la atención sobre la situación económica local, en consonancia con insospechados observadores internacionales como los mencionados, lo que provoca a pensar las responsabilidades sobre el fenómeno.
El gobierno y Los principales operadores económicos, políticos y mediáticos apuntan la responsabilidad al gobierno anterior entre 2003-2015, sin matizar en los diferentes momentos de esas gestiones; y más aún al porvenir si resultara gananciosa una propuesta de regreso a la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner (CFK).
Los argumentos fueron contrastados en Washington por Axel Kicillof, insistiendo que el problema no es el pasado o el futuro, sino el presente del Gobierno Macri.
Una jugada política inesperada del sábado 18/5 realizada por CFK, anunciando la fórmula Alberto Fernández a Presidente y acompañada por ella, desarticula esos razonamientos por capacidad de diálogo del presidenciable con los principales medios de comunicación, especialmente el diario Clarín, la llegada a sectores del poder económico y a la diplomacia estadounidense, lo que impactaría favorablemente en lo llamados “mercados”, que no son otra cosa que los inversionistas internacionales.
Más allá de especulaciones y consideraciones que la fórmula entre Unidad Ciudadana y el PJ sugiera, el dato real es que la vulnerabilidad económica está asociada a casi cuatro años de gestión del gobierno Macri, del PRO y Cambiemos, sin haber podido avanzar lo suficiente en las demandas de modificaciones estructurales, especialmente la reforma laboral, previsional y tributaria.
Un dato sobresaliente lo constituye la situación mundial, que no define necesariamente la Argentina y que se expresa en la Guerra comercial en curso entre EEUU y China que afecta al sistema mundial, pero también lo dificultoso que resultan las negociaciones por el Brexit. Todo eso aleja inversiones hacia los países emergentes, aun cuando se la califique nuevamente y en ese sentido a la Argentina.
En rigor, solo se atraen inversiones con la pérdida creciente de soberanía, tal como la procesada con las adjudicaciones de 18 áreas offshore para la exploración de gas y petróleo, entre otras, a empresas británicas vinculadas al ilegitimo gobierno kelper en las Islas Malvinas. Se trata de un área extensa en frente del territorio que involucra desde el sur de Buenos Aires al extremo fueguino y las Islas del Atlántico Sur.
¿Alcanza la alquimia electoral?
Muchos interrogantes habilitan la jugada política de CFK, destacando en primer lugar la respuesta de los inversores especulativos, entre ellos, los principales tenedores de títulos de la deuda pública local, que son los que están fugando divisas, sea por desconfianza en la actual gestión o especulaciones sobre el futuro político de la Argentina.
Otros interrogantes remiten al electorado y a otros partidos, grupos y referentes que intentan armados electorales competitivos por fuera de la iniciativa de Macri y sus aliados, o de CFK. En ese sentido se considera la posibilidad de un armado diverso que involucre a sectores del peronismo y otros espacios del centro político que puedan disputar un lugar en el ballotage, y no necesariamente con Macri en la competencia.
También existen quienes demandan creatividad y amplitud a la izquierda para intervenir más allá de lo testimonial, completando un cuadro diverso en la resolución electoral. Al estilo de las recientes elecciones españolas, ya no serían dos los que compiten, sino que la ecuación cierra con socios a derecha o a izquierda.
Más allá de cualquier especulación política, lo que importa es qué diagnóstico de situación está detrás de cualquiera de las propuestas y, por ende, cuáles son las proposiciones en materia de política económica para superar la grave situación económica que afecta a la enorme mayoría de la sociedad en la Argentina. Es algo que se juega más allá del proceso electoral.
Buenos Aires, 18 de mayo de 2019

Teorías que fundamentan el discurso económico en tiempo electoral


Aún no están los candidatos definitivos para las elecciones de octubre próximo en la Argentina, pero las ideas en disputa aparecen en los escritos y discursos de los precandidatos y grupos o partidos políticos que intervienen en la discusión sobre el momento político y económico.
Existe una verdadera lucha de ideas y opiniones, las que tienen base teórica que las sustenta en la tradición histórica de la Economía Política y su crítica.
Remito al liberalismo devenido en “neo-liberalismo”, hegemónico en el sentido común abonado por los principales formadores de opinión; al keynesianismo en sus versiones contemporáneas y diversas, “neo” y “post”; como a la continuidad matizada en la “crítica” que expresan los seguidores de Carlos Marx, una minoría en la discusión.
Son las tres fuentes en las que abrevan discursos y escritos de candidatos o de propuestas políticas en el debate por un nuevo ciclo de gobierno desde fines del 2019.Con esos fundamentos se despliegan propuestas de Política Económica y estrategias políticas para atender una coyuntura muy difícil que definen la recesión y una elevada inflación, las que traen gigantescas y regresivas consecuencias sobre la mayoría empobrecida de la población.
La economía argentina está en problemas y más allá de cualquier diagnóstico sobre las responsabilidades, que para el oficialismo remiten al anterior ciclo de tres periodos de gobierno, el kirchnerismo; o incluso lo extienden a siete décadas bajo el surgimiento del peronismo en el gobierno de 1945. El ex Ministro de Economía Axel Kicillof respondió desde Washington, que el problema no está en el pasado, sino en el presente del gobierno de Macri, del PRO-Cambiemos. No muy distinta resulta la crítica de la oposición no kirchnerista y que disputa el gobierno del capitalismo local. Desde los seguidores de Marx se complica el asunto, ya que el fondo esencial de la crítica apunta al capitalismo propiamente dicho, lo que no cuenta con suficiente conciencia social instalada para intervenir efectivamente en la discusión, algo que involucra a la propia práctica de la izquierda política y social.
El rincón de las derechas
Entre los liberales se encuentran los oficialistas con sus matices al interior de la coalición de gobierno, o incluso de aquellos que por razones diferentes quedaron afuera del núcleo de las definiciones. El debate es en torno al gradualismo o el shock del ajuste y la reestructuración regresiva, con el límite de todos ellos de no contar con base social organizada, más allá del consenso electoral o pasivo derivado del accionar ideológico de medios de comunicación afines. A ello puede sumarse algún centro de opinión o grupo profesional con capacidad de incidencia sobre cámaras empresarias o núcleos de organización tradicional de las clases dominantes, como puede ser la SRA o la CRA. El radicalismo, socio político principal se debate entre la pertenencia a la coalición de gobierno o su rechazo.
La crítica por derecha al gobierno de Macri se concentra en los nuevos cruzados con fuerte presencia en los medios de comunicación, especialmente en la TV, los liberales ortodoxos, autodenominados “libertarios” o “anarco-capitalistas”. Entre estos, el tema esencial es la crítica al gasto público y más a fondo contra el Estado. Exacerban el discurso simplista contra la Política y el Estado. Suena muy parecido al sentido común de las dictaduras. Es más, recordemos que el neoliberalismo solo pudo ensayarse mundialmente en los 70´ de la mano de las dictaduras del Cono Sur de Nuestramérica y luego generalizarse desde la impronta autoritaria y de derecha de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en los años 80´.
Desde el gobierno ofrecen su decálogo para el consenso, verdadera hoja de ruta del acuerdo con el FMI para el ajuste y la regresiva reestructuración de las relaciones entre el capital y el trabajo, reforma laboral, previsional y tributaria mediante. La propuesta para el debate es simple y se limita al aval de la política impulsada desde el Poder Ejecutivo. Aparece como una convocatoria al debate lo que solo es un convite para subirse a la estrategia condicionada por acuerdos internacionales sustentados en una hipoteca de imposible pago y que condena al ajuste perpetuo. Detrás de la estrategia está el apoyo, que parece incondicional, de EEUU y su gobierno dirigido por Donald Trump, que está dispuesto a ir más allá del FMI, con asistencia financiera directa del propio Tesoro estadounidense, según trascendió de la conversación telefónica en estos días de ambos jefes de Estado.
Oficialistas y críticos por derecha abrevan en la tradición histórica de la escuela clásica (Siglo XVIII), devenida en neo-clásica (desde fines del Siglo XIX), sin los atributos ni consideraciones sociales, éticas o morales que podrían atribuirse a la primera, la que sustentaba la teoría objetiva del valor-trabajo. Recuperando el vínculo ideológico con los neo-clásicos, negando a Keynes y sus seguidores, los neoliberales confirman un objetivo por la eficiencia técnica de las empresas, mejorando la productividad, para asegurar la maximización de la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista. El tiempo de la crisis de la globalización en curso (2007-09 al presente), exacerbado por la guerra comercial decretada por EEUU contra China, parece no entenderse desde el arco derecho de la confrontación de ideas e incluso sobre qué medidas concretas encarar para atender la evolución cotidiana del orden económico local. Mientras tanto, los problemas se trasfieren hacia los sectores de más bajos ingresos, promoviendo una lógica recurrente de ajuste.
El rincón de las reformas
La crítica al oficialismo y a la crítica por derecha es numerosa en propuestas y en disenso a su interior, lo que aleja cualquier posibilidad de un frente anti Macri que algunos imaginan. Se trata de un frente fragmentado que involucra al kirchnerismo como principal colectora de consenso electoral; al peronismo muy diverso, aun cuando contiene destacamentos muy difíciles de aislar del rumbo oficialista, aun militando en el anti Macri; y a otras propuestas que incluyen a radicales disidentes y un variado arco de propuestas políticas auto-asumidas en el centro, en un anodino ni de derechas, ni de izquierdas.
Sorprendió en estos días el discurso de Cristina Fernández al presentar “Sinceramente” (libro de su autoría) en la Feria del Libro reivindicando la política económica de Trump. Se entiende el énfasis en la defensa de la producción local, lo que no necesariamente supone mejora integral de los beneficiarios del mercado interno estadounidense, aun con el nivel más bajo de desempleo en los últimos años. No resulta menor considerar que uno de los ejes de la economía de Trump pasa por la baja de impuestos a la franja más enriquecida de la población estadounidense, lo que puede explicar cierto rebote en el crecimiento del PBI que muestra EEUU en los años recientes. Más allá del índice laboral estadounidense, interesa descubrir en EEUU la creciente irregularidad en el empleo, la ausencia de legislación protectoria del trabajo (que inspira la reforma laboral local), la pobreza y marginación de inmigrantes e indocumentados, tanto como una persecución discriminatoria hacia minorías migrantes de todo el mundo, muy especialmente de la región nuestramericana.
Es verdad que se critica el aperturismo anti producción local evidenciado en las políticas de estos años bajo el gobierno Macri, pero hace falta mencionar el complemento, esencial, en definitiva, de la política imperialista sustentada desde Washington. La guerra comercial en curso contra China encarece el consumo en EEUU y la propia producción dependiente de las importaciones de insumos, en muchos casos provenientes desde el gigante asiático, al mismo tiempo que incorpora incertidumbre en el conjunto de la economía mundial, especialmente entre los países dependientes y subordinados del capitalismo mundial. La política exterior estadounidense incluye la estrategia de boicot a Cuba y Venezuela, tanto como eliminar toda forma de construir lazos de cooperación regional que florecieron como propuestas alternativas en los últimos años.
Más allá del elogio a la política económica de Trump, se destacó la experiencia del pacto social en 1973-74, liderado por el peronismo en el Gobierno (Cámpora y luego Perón) y la CGT con la CGE, propuesta acompañada ahora de un debate sobre el orden constitucional. Todo “pacto social” supone determinadas correlaciones de fuerza entre quienes sustentan el acuerdo. En ese sentido, resulta de interés considerar los sujetos involucrados en cualquier acuerdo y cuáles son los condicionantes de época. Uno de esos condicionantes en la actualidad es el acuerdo con el FMI y los compromisos de pago de una acrecida deuda que dificulta cualquier proceso de redistribución progresiva del ingreso, más aún si se pretende distribuir la riqueza.
Un tema no menor es que la inflación tiene base en la puja distributiva, por lo que no queda claro cuál sería el eje de una negociación a pactar entre quienes suscribirían un acuerdo: el gobierno de la derecha, los principales formadores de precios, y los representantes sindicales o sociales. Vamos a insistir que lo que importa es la correlación de fuerzas para instalar una base de ingresos populares en la distribución del ingreso. Resulta de interés balancear como está hoy la iniciativa de las clases en el poder y la capacidad de organización y lucha de los sectores populares.
Un tema que atraviesa a todo el arco opositor a Macri remite al modelo productivo, especialmente a la nueva expectativa que genera el yacimiento Vaca Muerta y los hidrocarburos no convencionales. El tema es una gran coincidencia de éstos, los opositores y de los oficialistas, y cuando mucho, la discusión es sobre el modo de encarar el proceso de explotación, que excluye la condena de la invasiva tecnología del fracking y menos la extranjerización que supone la subordinación al capital inversor de las petroleras, un asunto que está presente desde el origen del acuerdo secreto entre Chevron e YPF.
Lo mismo diríamos si el tema remite al modelo del agro negocio, la mega minería o la industria de ensamble. En todos ellos, el común denominador es la dependencia del capital externo y la inserción subordinada en la transnacionalización. Cuando mucho, la discusión se centra desde el neo-desarrollismo, en el privilegio al crecimiento y al productivismo como crítica a la economía especulativa. Aun así, son varias las décadas de gobiernos constitucionales desde 1983 y la legislación financiera de 1977 sigue vigente, base de la extranjerización de la banca y el vínculo con el mercado internacional de capitales.
El rincón de las izquierdas
Mucha menos visibilidad tiene el conjunto de las propuestas sustentadas desde la izquierda, que es también diversa y fragmentada.
El punto en común es contra del acuerdo con el FMI, su rechazo e investigación de la deuda y suspensión de pagos para reorientar escasos recursos en resolver demandas insatisfechas de la amplia mayoría empobrecida de la sociedad y encarar una nueva política productiva y de desarrollo integrado. Sería un punto de partida de una generosa convocatoria a la unidad, la que aparece debilitada por miradas muy diferentes sobre la situación regional, especialmente en la consideración sobre la agresión imperialista sobre Cuba y Venezuela.
La menor visibilidad de la izquierda en la consideración pública está asociada al clima de época y al accionar de medios de comunicación y un sentido común más favorable a la mercantilización que a la defensa de derechos históricos. No se trata de subestimar problemas en el propio espacio de la izquierda, pero queremos enfatizar en colocar en el centro del problema a la ofensiva del capital y sus diferentes mecanismos ideológicos y represivos.
El mayor límite para la visibilidad de la propuesta teórica y política de la izquierda está en la posibilidad de ganar conciencia colectiva anti capitalista en una parte importante de la sociedad. Solo a modo de ejemplo podemos acotar la importancia de múltiples resistencias, especialmente de mujeres en el último tiempo (algo que trasciende a la izquierda), pero también del ámbito sindical y territorial, de organizaciones de derechos humanos y juveniles, contra ciertas facetas del modelo productivo, pero sin capacidad de articular en un objetivo integrado por otra sociedad no capitalista.
Más allá del proceso electoral, la izquierda necesita potenciar su organización y capacidad de promover la más amplia lucha por reivindicaciones democráticas y revolucionarias para ganar en subjetividad colectiva y consciente con capacidad de disputar la mayoría social en la lucha por el poder y otra sociedad.
En definitiva, aun cuando resta conocer los principales candidatos en la disputa electoral, el debate de ideas ya está lanzado, y es la oportunidad para hacer visible la crítica a la política de Macri y su derrota, al tiempo que se trascienda los límites de la lucha por gestionar el orden capitalista, e intentar ir más allá en la consideración de la sociedad.
Buenos Aires, 12 de mayo de 2019

Macri y la flexibilidad del FMI


Existe sorpresa por la tolerancia del FMI ante la insostenible situación económica de la Argentina, que no puede cumplir a mediano plazo con los compromisos de cancelación del préstamo. Oportunamente se acordaron préstamos por más de 56.000 millones de dólares, y los desembolsos realizados con regularidad alcanzan los 39.000 millones de dólares. El grueso del monto total se acreditará antes de finalizar el mandato gubernamental. También existen recurrentes acuerdos para modificar pautas de condicionalidad inscriptas en los sucesivos convenios, algo que se reiteró en estos días pasados ante las turbulencias y la volatilidad cambiaria.
La volatilidad se expresó al cierre de la semana pasada, luego de alzas y bajas en la cotización del dólar con subas de las tasas de interés que bordearon el 74%, una cotización de 46 pesos por dólar y un riesgo país cercano a los mil puntos. La expectativa es que el dólar no supere los 51,44 pesos hacia fin de año y por eso se utilizan los recursos del FMI para atender la demanda de divisas para fuga de capitales, algo no permitido por el propio FMI y que sin embargo se le facilita al gobierno de Macri. Se incumplen los estatutos de la organización internacional para sostener al gobierno macrista y si se puede, que se reelija por un nuevo período.
Es algo que puede costarle caro al staff del FMI y que, sin embargo, a EEUU, el mayor accionista del FMI y con su capacidad de veto, parece no interesarle colocar todos los fondos necesarios para mantener a Mauricio Macri en el gobierno. Se trata de una operación a medida de las necesidades políticas del gobierno de la Argentina, pero también del gobierno de EEUU.
Vale recordar que el primer pacto de Macri con el FMI data de junio del 2018, realizado de urgencia ante la corrida cambiaria ocurrida desde abril del año pasado. Solo se entiende la celeridad en la toma de decisiones por la sintonía política y objetivos y estrategias de Trump y Macri, de ambos gobiernos.
El acuerdo fue pautado para tres años, y rápidamente, a los 90 días, en septiembre, se corrigió el convenio ante la imposibilidad de cumplir con lo pactado. No hubo problemas en el FMI para redefinir las cláusulas del convenio y se aceleraron los desembolsos. El motivo fue asegurar el plan financiero del gobierno Macri antes de finalizar el primer mandato en diciembre del 2019. La cotización del dólar pasó en este tiempo, de 20 a 46 pesos, con todo lo que ello significa para el traslado a precios y en redistribución de ingresos para potenciar la desigualdad.
La política de EEUU es la que se impone
Queda claro el interés del FMI y atrás de este, de EEUU para blindar económicamente la política del gobierno argentino, imprescindible para la lógica de la política exterior estadounidense hacia la región latinoamericana y caribeña, el territorio propio, o de cercanía, para la disputa del poder mundial.
Las condiciones de la política y la disputa mundial actual son las que imponen la flexibilidad del FMI con la Argentina. No se trata de pedidos de perdón del país deudor como es lo habitual, sino de total connivencia entre los ámbitos de decisión en EEUU y en Argentina, mediados por el staff del FMI.
Argentina fue el motivo de un cambio de la política de EEUU en el FMI en la crisis del 2001 y por eso la interrupción de los desembolsos y la posterior cesación de pagos. El FMI cambió su política de asistencia, manifestada en la crisis asiática o brasileña en 1997 y 1998. Era otro momento de la situación mundial y no importaba hacer caer al gobierno de turno en la Argentina. Ya sabemos el impacto socioeconómico del 2002 luego de la devaluación, con 57% de pobreza y más de 21% de desempleo hacia mayo del 2002.
La situación actual es diferente y especialmente a los efectos de la política estadounidense en la región. Un gobierno de derecha y alineado con EEUU como el macrista resulta imprescindible para intervenir en la mutación del rumbo político y económico de la región, aun cuando los datos económicos sociales en la Argentina sean alarmantes, con 10% de desempleo y un tercio de la población bajo la pobreza. Trump necesita la continuidad de Macri en el gobierno y si no, la máxima condicionalidad ante cualquier cambio de gobierno. Solo así se entiende la magnanimidad en el sostenimiento financiero, que hipoteca al país a futuro.
Una conclusión no menor es que la hegemonía política mundial y local manda sobre las consideraciones económicas. El presidente del FMI siempre fue europeo según los acuerdos de Bretton Woods en 1944, pero con el porcentual de votos de EEUU en el Directorio del FMI, el segundo al mando del organismo, un estadounidense, es el que decide en última instancia. Fue Anne Krueger en 2001 y es David Lipton en 2019. Ambos alineados y subordinados al gobierno de EEUU.
La situación se agrava por la relación entre EEUU y sus socios europeos, no solo por la cuota de decisión en el FMI, sino que la política exterior estadounidense en este momento agudiza contradicciones, no solo relativas al financiamiento con la insostenible situación de la Argentina. EEUU ha decidido, por razones esenciales de la economía y la política confrontar con la realidad regional, especialmente contra Venezuela y Cuba, extensión a todo país en donde se intente formular una política de autonomía e independencia.
Para esa política exterior de EEUU se necesita de gobiernos afines a sus objetivos e intereses. El ascenso al gobierno de Macri en 2015 y el consenso electoral reiterado en 2017 lo puso como socio privilegiado para los afanes de EEUU y el gobierno Trump en la región y así modificar el clima de cambio político puesto de manifiesto en los primeros años de este siglo. La llegada de Bolsonaro al gobierno de Brasil incorpora otro socio a esa política. Aun siendo un país más poderoso que la Argentina, resta la estabilización política que confirme una nueva hegemonía en Brasil y que sea confiable para la política exterior de EEUU. Otros regímenes de derecha en la región no resultaban tan confiables como la deriva del cambio de gobierno en argentina y potencialmente ahora en Brasil.
El boicot económico a Venezuela y las múltiples amenazas y acciones para desestabilizar al gobierno venezolano tienen una aceleración desde la inclusión de la Argentina como socio de privilegio del club de países subordinados a la lógica de Washington. La iniciática estadounidense alcanza a Cuba y por eso se revierten las medidas de acercamiento iniciadas en la gestión Obama. La eliminación de la suspensión del Capítulo III de la Ley Helms-Burton apunta en ese sentido y puede tener consecuencias gravísimas, no solo para Cuba, sino y muy especialmente para capitales europeos que gestionan propiedades en Cuba.
Por todo ello, es que no solo se trata de los negocios con Venezuela o las diferencias sobre la capacidad de pago de la Argentina en el FMI, sino de intereses nacionales definidos desde Washington y con impacto regional y mundial. Al mismo tiempo debe considerarse el creciente papel de China en la región y las nuevas incursiones de Rusia, asociadas a su estratégico acuerdo con la potencia asiática y que tanto preocupa a EEUU.
Capitalismo, anticapitalismo e hidrocarburos
Preocupa a EEUU la definición anticapitalista de rumbos políticos en la región, pero más la necesidad estratégica de dominación del petróleo y otros recursos naturales, abundantes en Nuestramérica.
Los hidrocarburos son insumos estratégicos en la producción mundial y EEUU es el principal consumidor mundial y aun recuperando el papel de principal productor en 2015, fracking mediante, requiere asegurar la provisión petrolera en el mediano plazo ante el agotamiento de las reservas mundiales. Por eso interesó e interesa Irak, Irán, Libia y las acciones militares, diplomáticas, económicas y políticas impulsadas sobre esos países, con costos inmensos para sus pueblos.
Venezuela es la mayor reserva probada de petróleo y a pocos días de traslado para el abastecimiento estadounidense. Argentina es la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional, con Vaca Muerta como yacimiento de privilegio. Es el destino esperado de las inversiones externas que tanto demanda y espera el gobierno de Macri, del PRO y Cambiemos. Por eso Argentina está involucrada en la sociedad de privilegio con EEUU y sus acciones contra Venezuela y Cuba.
El gobierno de la Argentina y los proyectos políticos que lo disputan quieren ser los administradores de la explotación energética en Vaca Muerta y, por ende, beneficiarios de la lluvia de inversiones. El boom de los hidrocarburos no convencionales se imagina similar al provocado oportunamente por la soja transgénica en los años 90 y que esta cosecha demuestra con su nuevo récord de producción y exportación.
Con el precio del petróleo nuevamente en alza y su carácter estratégico se ilusionan los a grandes capitales locales y globales para alzarse con ganancias derivadas de la renta petrolera y gasífera. Esto es lo que preocupa al poder sobre la cuestión argentina. El tema es quién administrará esa riqueza y bajo qué condiciones estructurales para la explotación de los hidrocarburos no convencionales.
Hay quienes consideran un fracaso el gobierno Macri y se preguntan para que quiere seguir en la gestión por un nuevo periodo. El asunto es que la llegada de inversiones está subordinada a algunos cambios estructurales que todavía no se pudieron implementar, que estaban en el imaginario de la política oficial y que la organización popular impidió. Esos aspectos están enunciados en el decálogo sometido en estos días al diálogo para el compromiso de acción futura en la política pública.
Los diez puntos sometidos a discusión para un acuerdo político con la oposición “responsable” y que el poder económico local salió a defender se asocian al ajuste fiscal, la apertura económica a las inversiones externas, facilitando condiciones para su desembarco con cambios en el régimen tributario y muy especialmente con las reformas laboral y previsional, todo para favorecer ganancias empresarias.
Esos aspectos remiten a la esencia del acuerdo con el FMI y por eso, el decálogo ofrecido para suscribir en el diálogo político es una iniciativa para disputar el consenso electoral desde acuerdos relativos a “políticas de estado” que dinamicen el desarrollo del capitalismo local. Son asuntos implícitos en el acuerdo con el FMI y que hacen al nuevo tiempo del desarrollo capitalista global.
¿Qué rumbo para la Argentina?
La discusión es sobre el rumbo de la Argentina, consolidando el modelo productivo asentado en el agro negocio, la mega minería a cielo abierto y los hidrocarburos no convencionales, asociado a una lógica especulativa en lo financiero, con una deuda externa creciente que lo financia, u otra dinámica productiva y de desarrollo que colocaría al país por afuera de la razón contemporánea del capitalismo.
No hay dudas sobre la inclusión en la primera opción de buena parte de la oferta electoral en construcción y que podrían, más allá de suscribirlo con firma explícita, el programa de los 10 puntos colocados al debate desde el gobierno de Mauricio Macri.
El debate es sobre la construcción de un proyecto político que sustente la opción alternativa, que no solo discuta el rumbo en curso, sino que organice conciencia colectiva para transitar un camino no explorado y que encontrará todo tipo de obstáculos para su desarrollo. Es lo que se aprecia en Cuba por seis décadas o más recientemente en Venezuela y todo intento de cambio para favorecer mejores condiciones de vida a la mayoría empobrecida.
La lucha social impidió hasta ahora el éxito en los cambios estructurales pensados desde el poder. Este cambio estructural es el horizonte imaginado para el futuro inmediato por los que mandan y pretenden continuar haciéndolo, los de adentro y los de afuera. Tanto Macri como los que disputan el gobierno pretenderán afirmar esos cambios estructurales en el nuevo periodo presidencial. La tradición de organización y resistencia popular de la Argentina continuará retrasando esos cambios institucionales regresivos, que sin embargo progresivamente se instalan en la vida cotidiana, como la flexibilización laboral, el cambio de función del Estado o la subordinación creciente a la lógica mundializada impuesta por las transnacionales. Claro que se requiere frenar la desarticulación socio política del fragmentado movimiento popular.
Esta dinámica de la lucha de clases en la Argentina es la que empantana una solución a la puja distributiva manifestada como inflación, por lo que la lucha contra la inflación es estructural y política. Remite a quien vence a quien. Derrotar al movimiento obrero y popular resulta sustancial para el poder, al tiempo que esa capacidad de resistencia demanda constituirse en poder político no solo para resistir el objetivo del poder, sino para encaminar un nuevo rumbo que no tiene lugar bajo la lógica capitalista.
Nuestra reflexión apunta más allá del desenlace electoral en 2019, pero resulta imprescindible su discusión para que toda construcción electoral con pretensión transformadora asuma el desafío de un futuro para revolucionar el orden económico y social. No alcanza con evitar un nuevo gobierno de Macri o de similar objetivo, aun siendo “opositor” e impulsado por el “peronismo racional”. Claro que no es lo mismo que continúe Macri por un nuevo periodo a que haya un freno electoral al proyecto del poder, pero pretendemos llamar la atención sobre aspectos que en general no encuentran eco en el debate de la política actual.
Buenos Aires, 5 de mayo de 2019