Consideraciones sobre el avance de la derecha Una mirada desde la Argentina
Consideraciones sobre el avance de la derecha
Una mirada desde la Argentina
(Versión corregida por el autor de una exposición realizada en México )
El avance de las derechas políticas, unas más que agresivas y desafiantes que otras, nos promueven a la discusión sobre la crisis de alternativa política desde las izquierdas. El problema por lo tanto es como asumir e instalar en la sociedad una propuesta anticapitalista, antimperialista, anticolonial, contra el patriarcalismo y toda forma de discriminación, en defensa de la vida y de la naturaleza. Ese es el tema central que nos preocupa y por eso la respuesta popular a la ofensiva derechista es lo más importante.
Las reflexiones que siguen tienen un anclaje territorial, más precisamente desde la Argentina, con un gobierno de ultraderecha como el de Javier Milei que pretende ser un líder del capitalismo global. Milei no se conforma con aplicar su política antipopular, de ajuste fiscal y regresiva reestructuración de las relaciones sociales capitalistas en la Argentina, sino que, en todos los foros internacionales, principalmente aquellos que tienen que ver con el capitalismo desarrollado y hegemónico, en Estados Unidos y en Europa, ahí lo veremos intentando difundir la receta del ajuste y la restructuración reaccionaria de las relaciones económicas sociales y políticas.
Algunos se interrogan si se puede pretender desde la Argentina, un país atrasado y dependiente del sur del mundo, construir un imaginario para el capitalismo mundial. La pregunta es interesante, porque hace 50 años desde Chile, un país pequeño, atrasado y dependiente, bajo imperio de la dictadura militar de Pinochet se ensayó lo que hoy es conocido en todo el mundo como las “políticas neoliberales”. No hay tamaño de país para pensar la proyección que tiene un proyecto estratégico. Veamos un contraejemplo: ¿Qué importante ha sido y es para la revolución mundial la experiencia de un pequeño país como Cuba? Pese a ser una isla asediada y bloqueada por el imperialismo, Cuba sigue mostrando que la experiencia por la revolución tiene validez en pleno siglo XXI. Incluso, pesa tanto Cuba, que la agresión imperialista se extiende a los países de la región que articulan productiva y socialmente con la tierra de Martí, de Fidel y el Che, caso de Venezuela, apetecida por sus reservas internacionales de petróleo. Cuba es la gran batalla de la región latinoamericana.
Lo que acontece en Argentina es una avanzada de lo que el poder económico mundial y los reaccionarios del capitalismo global aspiran para el mundo, por eso es una experiencia a prestarle atención. Hubo y hay sorpresa en la argentina con el triunfo electoral de Milei. En rigor, es parte de una tendencia de estos años con relación al avance de la ultraderecha en todo el planeta. En el año 2016 muchos se sorprendieron con la emergencia de Donald Trump en el gobierno de EEUU. No constituía parte de la tradición política estadounidense y sus políticas lo trascendieron pese a la derrota electoral en el intento de renovar mandato. Cuba sufre actualmente las políticas de agravamiento del bloqueo impulsadas por Trump y no desarmadas por Biden. Pocos dieron crédito en inicio al Brexit, contemporáneo y en sintonía con el fenómeno de Trump. En Brasil era impensado en 2018 el triunfo de Bolsonaro. Pese a no lograr la reelección, el “bolsonarismo” mantiene adhesión importante en la sociedad brasileña e incluso, para que Lula retome el gobierno debió conciliar con fuerzas del espectro de la derecha política de Brasil. La ultraderecha esta en varados países de la región, más allá de ls ejemplos mencionados.
Si Trump, Bolsonaro y Milei han sido sorpresas en los respectivos países y en la política mundial, hay que dejar de sorprenderse y constatar que estamos en un momento de brutal ofensiva no solo económica, sino política y cultural del capital contra el trabajo, contra la naturaleza y contra la sociedad. El fenómeno contemporáneo es la presencia de la ultraderecha en ascenso en la política de variados países, expresando el proyecto más agresivo del capital hegemónico. Aun cuando en Francia hubo capacidad para confrontar a la ultraderecha, fue posible con la estrategia de coalición que involucro a la izquierda con la derecha, mediante el acuerdo de Mélenchon y Macron. En efecto, en aquellos territorios donde el que tenia mas fuerza para confrontar al frente nacionalista de Le Pen, era la opción a ser votada. Por lo tanto, no se trata solo de el peso de la izquierda en unidad, liderada por la “izquierda insumisa”, sino, la existencia de un acuerdo entre izquierda y derecha para confrontar al fascismo y a la ultraderecha.
Lo esencial
Ya no hay sorpresas, estamos asistiendo a una amenaza sobre América Latina y el Caribe, sobre el mundo, sobre la vida, que exacerba lo más reaccionario que tiene el capitalismo actual a escala mundial. Pero eso es el fenómeno, y lo que hay que considerar es la esencia. ¿Cuál es la razón de la emergencia de la ultraderecha como opción política con consenso electoral? Interrogante que nos remonta al consenso electoral de hace un siglo en Benito Mussolini, o ten Adolfo Hitler. No hay sorpresa en el ascenso electoral de las ultraderechas. La esencia es la crisis del capitalismo, una crisis que viene del 2007-2009 y que se exacerbó con la pandemia desde el 2020. La pandemia provocó el aislamiento obligatorio de quienes podían, ya que los sectores marginados y empobrecidos no tenían condiciones materiales de aislamiento. Son sectores sociales sin acceso a la vivienda, ni a internet o a la electricidad, ni a la salud o a la educación, ni al agua potable, por lo que debieron encontrar “soluciones” o sucumbir a un mayor deterioro de su condición de vida. Ese aislamiento y abandono relativo desde el –Estado y la política se constituyó en demanda de “libertad”, en el sentido que utiliza la ultraderecha para disputar consenso. Una libertad vinculada al libre comercio y a la propiedad privada de los medios de producción, libertad de mercado que ejercen los capitales mas concentrados, La crisis capitalista es la que convoca a una ofensiva y a una iniciativa política muy fuerte de las ultraderechas.
A la crisis del 2007-2009 y la pandemia, debemos incorporar el escenario de guerra desde el 2022. No es solo en Europa, sino también la ofensiva genocida sobre Gaza y el pueblo palestino por el colonialismo impulsado por el estado de Israel y su principal apoyo mundial que es EEUU y los capitales más concentrados. Es una ofensiva militarista a escala global. Tengamos en cuenta que la producción de armas es una producción improductiva en los términos de la vida, porque la producción de armas, la producción militar, que sirve para destruir vidas y fuerzas productivas sociales de la humanidad no aportan más allá de un gasto que compite con los necesarios para la alimentación, la salud, la educación y muchos otros temas. Pero claro, en el capitalismo tiene objeto en la maximización de la ganancia, la acumulación y la dominación.
Iniciativa política y estrategia
Lo esencial a discutir es que ante la crisis del capitalismo los que nos hemos quedado sin respuesta para interpelar a la sociedad es la izquierda, el movimiento popular y revolucionario. No quiere eso decir que los que leen esto no están participando o asumiendo propuestas individuales o colectivas por transformaciones profundas y revolucionarias, pero la realidad es que no hemos ganado o conquistado la batalla por la conciencia y los corazones de nuestros pueblos.
Porque son los mismos empobrecidos, los explotados, los excluidos, los que terminan optando por estas opciones de las ultraderechas. Por eso hay que ver que el problema esencial en la crisis del capitalismo. Claro, en otras crisis del capitalismo la respuesta alternativa era el socialismo, era la sociedad emancipada, sin explotación. Por eso la revolución rusa pudo abrirse camino en 1917, la revolución china, la revolución cubana, la revolución vietnamita, incluso la revolución sandinista del 1979 y la revolución iraní, ultimas expresiones revolucionarias desplegadas bajo esa lógica de lucha de clases mundial en un tiempo bipolar (1945-1991) que se terminó con la desarticulación de la URSS.
El imaginario que se construyo a escala mundial en el último medio siglo fue progresivamente sobre la base de la liberalización de la economía, junto a una subjetividad individualista, potenciada con cambios en la estructura del trabajo, estimulando lo que se llama la “uberización”, que se expresa en múltiples formas de trabajo, especialmente desplegadas luego de la crisis de la pandemia y la digitalización de la economía mundial.
La ultraderecha encontró ahí sus territorios de propaganda, de debate ideológico político y cultural y ustedes pueden ver ahora tenemos que recurrir a las plataformas como Netflix, que disputan horas diarias de la población mundial para ganar en conciencia. En estas horas, por ejemplo, las elecciones de Venezuela llevan un libreto que estuvo planteado en la campaña electoral, durante el día de la votación, y por supuesto desde ahí en adelante, por lo que hoy tenemos un nuevo “Guaidó” proclamado desde EEUU y las derechas globales compitiendo y disputando con la realidad de una lucha popular muy concreta que se desarrolla en Venezuela y en todos nuestros países.
Iniciativa política
Si el fenómeno es la ultraderecha y la esencia de la crisis del capital, lo que tenemos que ver nosotros es la dinámica de la iniciativa política confrontada. Por un lado, la iniciativa política de las derechas sustentadas en el poder económico. Se dice que Milei surge de afuera de la política, es un “outsider”, pero sin embargo fue un profesional de grupos económicos altamente concentrados y transnacionalizados en la Argentina. Ni hablar de que Trump, otro “outsider” es un multimillonario neoyorkino vinculado al poder económico de los EEUU y la lógica global. Detrás de Milei esta Elon Musk, por ejemplo, el multimillonario número 1 y sustenta su poder asociado a la economía de plataformas, en la digitalización, en la vanguardia del desarrollo tecnológico vinculado a la producción contemporánea, al cambio de matriz energética y por lo tanto hay una respuesta del gran capital ante los problemas del capitalismo contemporáneo.
La iniciativa política de la derecha está buscando la coordinación, por lo tanto, la internacional de la ultraderecha funciona. Nosotros tenemos que apuntar a la construcción de un nuevo internacionalismo popular, un nuevo internacionalismo de las trabajadoras y los trabajadores, un internacionalismo de las luchas feministas, de las luchas ambientales, de las luchas sindicales, de las luchas territoriales, populares, por la soberanía alimentaria, energética y financiera, por las articulaciones globales que confronten contra la estrategia del poder.
Por eso digo que viendo la dinámica de la lucha de clases contemporáneas lo que hay es una fuerte iniciativa de las ultraderechas por unificarse y nosotros necesitamos articular una estrategia compartida, aunque tengamos opiniones distintas. Este es un problema: no toda la ultraderecha piensa lo mismo. Por ejemplo, Bolsonaro y Trump son nacionalistas, Milei no lo es. Milei no es un nacionalista que defiende a la Argentina y al capitalismo argentino, sino que es un universalista, es un promotor capitalista del capitalismo global. Pero eso no les quita capacidad de articular, de reunirse y promover cumbres de la ultraderecha e intercambios bilaterales y multilaterales para conformar un programa común a escala global.
Nosotros en nuestros territorios nos vivimos “contando las costillas”, tratando de mirar donde está el error del compañero/a de otro grupo de izquierda, de otro grupo del movimiento popular, en vez de pensar que a lo que debemos apostar es a múltiples tácticas con un objetivo de vencer a la ofensiva del capital en este tiempo histórico. Por eso la unidad y el internacionalismo son una prioridad, y no hago mas que recuperar a Carlos Marx en la Asociación Internacional de Trabajadores, AIT. Ahí estaba Marx y sus seguidores, los que hoy llamaríamos los marxistas, pero también estaban los socialistas a los que calificaba de utópicos, con quienes polemizó teóricamente. También estaban los anarquistas con los cuales Marx discutía teoría y política, sin impedir una articulación necesaria en la AIT, la primera internacional, que fue considerada autora ideológica de la Comuna de París, el primer intento de gobierno obrero en el mundo en 1871, y por lo tanto, pensar que es posible la unidad de acción aunque haya diferencias teóricas, concepciones disimiles sobre lo que es la sociedad anticapitalista, lo que es el socialismo, lo que es un futuro sin explotación, un tema que necesitamos debatir.
El principal desafío es promover una respuesta popular articulada, algo que se intentó y se fue desvaneciendo en el camino, por ejemplo, con el Foro Social Mundial, FSM en el 2001. Habrá que ensayar múltiples formas de articulación como esta que se está haciendo ahora acá, intentando promover nuevos diálogos y escuchas de diversas propuestas desde la izquierda y el movimiento popular.
Se trata de abrir nuestras cabezas, corazones a las propuestas múltiples que hay en la diversidad de las formas de lucha y organización del movimiento popular; de los pueblos originarios que tratan de traer sus cosmovisiones históricas a la disputa contemporánea; a los feminismos populares que han abierto un nuevo camino en la disputa contra el patriarcalismo evidenciando temas históricos de discriminación a la mujer y disidencias sexuales, pero resignificados en este momento. O el ambientalismo que nos pone a discutir el modelo productivo y de desarrollo contemporáneo. Por lo tanto, debemos discutir el programa, que está en las luchas del movimiento popular en su diversidad y que debe convocar a la síntesis.
El programa tiene que ir en el mismo sentido de la formulación genérica contra el capitalismo. Si el capitalismo es una relación monetaria y mercantil, entonces, una propuesta programática tiene que desarmar todo lo que tenga que ver con la dominación mercantil-monetaria. Hay que recordar que el Che sostuvo en la década del 60 en Cuba, planteando la lucha por los derechos en contra de la mercantilización, en un desafío a la ley del valor.
Hay que ir en contra de la mercantilización, algo que sustentó Hugo Chávez antes de morir, que no es lo que se ha desarrollado principalmente en Venezuela, pero que hay que retomar el camino por lo comunitario, por lo que va en contra de la lógica mercantil, de la lógica monetaria, de la lógica del lucro y de la ganancia, de la acumulación.
Los términos de las soberanías, como la soberanía alimentaria, que no son soberanías nacionales, sino que son soberanías populares, por los alimentos, por el derecho a la energía, un tema que los compañeros y las compañeras de los sindicatos de la energía, como el Sindicato Mexicano de electricistas, SME, vienen planteando desde hace mucho tiempo con otros sindicatos y organizaciones de la energía en todo el territorio regional y mundial. El tema de la soberanía financiera para que encontremos mecanismos de financiamiento de formas de organización y de reproducción de la vida cotidiana que no tengan la lógica del mercado. Por eso la desmercantilización en primer lugar.
Quiero terminar señalando que, si el fenómeno es el avance de la ultraderecha que, si la esencia del problema es la crisis del capitalismo y que en tercer lugar hay que ver la dinámica confrontada de la lucha de clases y las iniciativas del poder e iniciativas del movimiento popular, lo que hay que discutir finalmente es el tema de la respuesta popular.
Nosotros estamos convocados a reconstruir un ciclo global para que se reinstale el imaginario por la revolución. Hace 100 años Mariátegui desde Perú discutía con los marxistas, los comunistas de América Latina que el “mito” del movimiento obrero latinoamericano y caribeño era la revolución socialista, a contramano de la tesis de los comunistas de época de hace un siglo era que había que ir por la revolución democrática burguesa para crear las condiciones de desarrollo del capitalismo y recién ahí el socialismo.
Tenía razón Mariátegui entonces y ahora, como tenían razón los revolucionarios haitianos en 1804, que promovieron la primera revolución triunfante contra la esclavitud en el mundo. Por eso el poder jamás le perdono al pueblo de Haití esa revolución triunfante contra el esclavismo, que ya en EEUU generaba las condiciones de la acumulación originaria del capitalismo, en esa potencia única en el mundo que de colonia llego a imperio.
Hay que reinstalar el debate por la revolución. Es un desafío para nosotros, porque la crisis capitalista no es solo un problema económico, la crisis del capitalismo, pensando en el capitalismo como un todo, es crisis económica, crisis política y crisis cultural, y por lo tanto, nosotros estamos desafiados a reinstalar una alternativa contra el capitalismo, para alentar y llevar un proceso de emancipación social, como creatividad del movimiento popular para ponerle freno a la ofensiva de la ultraderecha y generar las condiciones para otro mundo posible, que resuelva las necesidades de la mayoría de nuestros pueblos, especialmente, cuando el mundo está amenazado por la destrucción de la vida tal como promueve el militarismo actual y del metabolismo natural del planeta con un modelo productivo contaminante que destruye la vida humana.
Presentación realizada en México, por plataforma, el 6/08/2024
Recuperar el mensaje del Che a los pueblos
Resulta imprescindible volver sobre el legado del Che, que poco antes de ser capturado y asesinado en Bolivia realiza un diagnóstico de la situación mundial, con una mirada desde el sur del mundo. Junto a la denuncia al capitalismo de época evidencia el papel de vanguardia del Estado estadounidense en las relaciones de dominación del sistema mundial. Bajo esas premisas sustenta una propuesta de lucha armada con base en su experiencia histórica en la revolución cubana, las luchas internacionalistas y expectativas de su experiencia en Bolivia y el compromiso de extender a su terruño de origen.
El mensaje a los pueblos por medio de la Tricontinental es un grito de rebeldía y convocatoria a la lucha por el socialismo. Son los años sesenta de un siglo de revoluciones que hasta entonces, con Rusia, China o Cuba, pero especialmente la revolución vietnamita, en proceso junto a otros similares en Indochina, daban la nota del camino revolucionario. Pocos años después, en 1971, con el triunfo electoral de la Unidad Popular en Chile se habilitó un debate sobre las “vías de la revolución”, armada o pacífica. En rigor, en 1973, el golpe pinochetista cerró la discusión para ambas propuestas y habilitó la ofensiva capitalista con las desastrosas consecuencias que hoy sufren los pueblos del continente y del mundo. Nicaragua e Irán serán las últimas versiones de procesos revolucionarios de un tiempo iniciado en 1848, ensayado y abortado tempranamente en 1871 y “exitoso”, en tanto “modelo” entre 1917 y 1979.
La descripción del Che sobre las consecuencias sociales del capitalismo en su desarrollo imperialista se acrecentó desde entonces a la luz de los datos que hoy devuelve la explotación global de la fuerza de trabajo, el saqueo gigantesco sobre los bienes comunes, especialmente en el sur del mundo y la dinámica de la dominación derivada de la innovación tecnológica y la digitalización.
Son procesos que intervienen en la subjetividad de la sociedad contemporánea y habilitó recientemente la emergencia de la ultraderecha en la dirección de las políticas públicas para superar la crisis capitalista, evidenciada entre 2007/09 e insuperada, acrecentando la crueldad y agresividad de la dominación en la apropiación global del plusvalor.
Es que como hace un siglo, bajo novedosas condiciones, el acceso al poder de Mussolini o de Hitler se sustentó en el consenso electoral. Nuestro tiempo retoma el fenómeno de la guerra que explicita el Che, ahora en Europa, Palestina u otros territorios, agravado con el acceso a los gobiernos de propuestas ultra liberales, casos emblemáticos de Trump, Bolsonaro o Milei.
La derrota del proyecto estratégico de la izquierda, en el mundo, a manos de la ofensiva capitalista desde hace ya medio siglo, nos exige reflexionar sobre el mensaje del Che.
Un texto escrito en momentos de auge de la iniciativa política popular de izquierda y revolucionaria, en los años sesenta del siglo pasado. Era un tiempo de entusiasmo en la perspectiva anticapitalista, anticolonial y antiimperialista, de horizonte socialista, que más allá de las críticas, que el propio texto recoge a las desavenencias entre la URSS y China, ofrecía un futuro posible por la revolución socialista.
Se trataba de un objetivo que tres décadas antes había formulado el amauta José Carlos Mariátegui para la revolución latinoamericana y caribeña.
Nuestro tiempo, en esta tercera década del Siglo XXI, nos enfrenta a un desafío por reconstruir subjetividad masiva consciente de la crítica al capitalismo actual, junto a la construcción de un programa sustentado en las reivindicaciones de los sujetos en lucha, entre las trabajadoras y los trabajadores y sus nuevas experiencias en el sindicalismo de nuevo cuño, en confrontación con la burocracia sindical y la lucha por reivindicaciones de un reformismo que no alcanza propósitos por la revolución; tanto como de otros sujetos fuertemente visibilizados en la coyuntura, sean los pueblos originarios, los feminismos populares y los colectivos de lucha en defensa del medio ambiente y en contra del modelo productivo y de desarrollo depredador de la vida social y natural.
Resulta vital construir los instrumentos políticos necesarios para esa batalla integral que necesita de la unidad, demandada enfáticamente por el Che en su mensaje a los pueblos. Un logro de la ofensiva capitalista es la fragmentación del sujeto popular para la lucha por la revolución. Se manifiesta objetivamente en reorganización de las relaciones capitalistas en la esfera económica, con tendencias crecientes a la “uberización” y con ello al individualismo y al sálvese quien pueda bajo la lógica ideológica del liberalismo a ultranza, expresión del “éxito” electoral de las derechas.
Son muchas las luchas populares, incluso los logros en evidenciar nuevas agendas de confrontación con la lógica del capital, no solo en el ámbito laboral de concentración de la relación capital trabajo, sino también en hacer explícitos los derechos de los pueblos originarios, de las mujeres, las disidencias y diversidades sexuales, las luchas ambientales, entre variadas formas de articulación de la protesta contra el régimen del capital.
La articulación de ese conjunto de manifestaciones diversas de la lucha de clases, en un proyecto político que dispute el poder y construya el imaginario popular por la nueva sociedad. Se trata de construir un horizonte de posibilidad socialista o comunista para canalizar descontentos y protestas sociales.
Recuperar al Che y con él, la teoría de la revolución, supone, como como con Carlos Marx, hacer la crítica situada al capitalismo de época.
Con Marx podemos pensar la hegemonía del “capital ficticio” en tiempos de internacionalización de la producción, transnacionalización del capital y la vanguardia de las plataformas, la nube, la innovación, la robotización, la inteligencia artificial y la digitalización; junto a las nuevas formas que asume la explotación y el saqueo para la apropiación del plusvalor bajo distintas formas actualizadas de la renta, sea del suelo o del dinero.
El Che nos convoca a pensar los caminos de construcción de la subjetividad popular consciente por la revolución, asumiendo el programa que hoy construyen los pueblos en la demanda de soberanía alimentaria, energética o financiera. En el estímulo a las formas comunitarias de organización social, a la autogestión y la cooperación, a la producción de bienes de consumo y no de valor, tal como sostuvo en sus debates teóricos en los años 60 desde sus funciones de gobierno en la organización de la producción en Cuba.
La unidad sustentada por el Che recoge la consigna levantada por Marx sobre el internacionalismo proletario en tiempos de constitución de la clase obrera como clase para sí, para la revolución y la emancipación. La complejidad del desarrollo capitalista contemporáneo nos impone recuperar la esencia de la crítica al régimen del capital, incluyendo el objetivo unitario de las luchas y organizaciones obreras y populares en contra de la dominación colonial, imperial, capitalista, del patriarcado y de toda forma de discriminación y racismo, en tanto condiciones de posibilidad para hacer realidad la perspectiva socialista por la que luchó el Che.
Buenos Aires, 21 de agosto de 2024
El capitalismo que resulta del trio Milei Caputo Sturzenegger
Esto no va más sostienen muchos en un marco de alta inflación y tendencias recesivas en la actividad económica, más allá de la actividad primario exportadora, que encima, no liquida integralmente la cosecha. Opinión contraria sostiene el gobierno de Milei, que alude al piso entre abril y mayo y una recomposición de salarios y actividad que los demás “no ven”. En rigor, ni una, ni otra. La realidad del crecimiento de la pobreza y de la desigualdad es simultánea a la mayor apropiación del excedente económico de los sectores concentrados de la economía local.
¿Quién dijo que el capitalismo es siempre crecimiento y distribución del ingreso y la riqueza? El capitalismo local está en reconstrucción reaccionaria y lo gestiona el tridente del Presidente y sus dos ministros, el de economía y el de desregulación. La reconstrucción es una entre tantas desde el origen del país capitalista, y en cada una de ellas emerge un bloque social en el poder y otro, de mayoría social, subordinado.
La dictadura propuso una reestructuración del poder que con idas y vueltas a través de los años nos devuelve el presente del ajuste, sea la licuadora o la motosierra, como base esencial de la política económica que gestiona Luis Caputo. Como no alcanza con el ajuste licuadora o motosierra, la tarea de reorganizar las relaciones sociales, el cambio estructural, es la tarea encomendada a Federico Sturzenegger. Milei es quien hace políticamente posible el ajuste que gerencia Caputo y la reestructuración que encara Sturzenegger. Un trío imprescindible para la masacre social.
Se trata del trío que gestiona hoy el capitalismo local, más allá de cualquier consideración sobre si hay cepo o se levanta, si hay dólares o no para la disposición de la política pública y el pago de la deuda, si se sale de la recesión en corto o en largo plazo. Milei es el reaseguro de las clases dominantes para el ajuste y la reestructuración, aun cuando no les gusten sus modos o decires. Es quien logró el consenso social ampliado para disciplinar el conflicto social, incluso con la represión del protocolo comandado por Patricia Bullrich, y subordinar a los de abajo, a los sectores de menores ingresos, a las condiciones que hoy impone la búsqueda de ganancias concentradas.
De hecho, ya se hizo bastante con el DNU70/23 y la ley de Bases, especialmente con la facultades delegadas, y puede seguir profundizando su política reaccionaria o quedar en el camino, sea porque se potencie la resistencia social derivada del hartazgo ante las “no solucione” a las expectativas de los votantes empobrecidos, o sea derivado de las inconsistencias internas de la política económica, entre la “devaluación” o la “dolarización”, o entre los políticos de “La Libertad Avanza”, o de sus socios temporarios o permanentes en el macrismo, el radicalismo, el peronismo o variadas tribus subordinadas.
El trabajo sucio de toda reestructuración está en marcha y durará lo que dure para reencauzar la lógica sistémica de la ganancia bajo condiciones de democracia liberal de buenos modales. Es lo que favoreció Domingo Cavallo en sus gestiones durante la dictadura o en tiempos constitucionales. El capitalismo en crisis necesita de experiencias locales que muestren el rumbo de la necesaria reestructuración. Así como el Chile de Pinochet y sus Chicago boys fueron el modelo ensayado para la extensión neoliberal, Argentina pretende mostrar un rumbo de exacerbada liberalización económica.
El futuro cercano
Es una incógnita el futuro, sujeto a las vicisitudes de la “política”. Milei llegó a la presidencia producto de opciones relativas a la gestión del capitalismo local en tiempos de crisis mundial del capitalismo. Una crisis que trasciende las relaciones económicas y se manifiesta en la política con el ascenso de las derechas, en plural, unas más a la derecha que otras, pero todas las opciones de la política con posibilidad de gobernar discuten la gestión del capitalismo.
Hay frenos a las derechas, explicitadas en gobiernos que levantan programas de reformas, sustentados en procesos de distribución del ingreso y reivindicaciones a favor de satisfacer derechos, que no cuestionan el orden capitalista y por ello, se someten al boicot del capital hegemónico, no solo de cada país, sino del sistema mundial. Por eso, el mundo reconoce hoy sanciones unilaterales de todo tipo, económicas, políticas, diplomáticas, militares, intentando subordinar cualquier proyecto que se salga del límite de lo permitido por el régimen de liberalización del orden económico.
Lo que pretendemos señalar es que la civilización contemporánea tiene que retomar un horizonte de crítica al capitalismo, no solo para pensar el país, sino la sociedad mundial. Argentina, como parte del sistema mundial, vive la ofensiva del capital más concentrado y de la ultraderecha política. Mientras esto acontece, los cambios reaccionarios ocurren con saldos socioeconómicos alarmantes en términos de pobreza, desempleo, deterioro de las condiciones de vida de millones de personas, resumidas en la extensión de la brecha de la desigualdad.
¿Estamos condenados a este presente y destino? No necesariamente, si es que otros valores para la convivencia social se instalan, incluso de convivio con la naturaleza, claro que no es solo una cuestión nacional, pero se empieza por casa. Por eso, más allá del debate mediático instalado en la espera de las divisas que traería el Régimen de Incentivos a Grandes Inversores, RIGI; o un nuevo acuerdo con el FMI o algún préstamo con garantía del oro, que para eso se lo traslada a Inglaterra; sostenemos un rumbo alternativo asentado en la des-mercantilización de la vida cotidiana, empujando proyectos solidarios, de autogestión, no lucrativos, de cooperación y comunitarios como propuesta de organización económica social alterativa del orden vigente.
La propuesta remite a la política, ya que ese es el origen del gobierno de la ultraderecha. El tridente Milei, Caputo, Sturzenegger, que gestiona la economía de la reestructuración capitalista avanzará todo lo que se lo deje, mientras no aparezca una propuesta política que entusiasme a la mayoría social para encarnar un ciclo de transformaciones con otros valores. Queda claro que ello requiere confrontar con el poder y los valores que remiten a la construcción del capitalismo en este tiempo.
En otros tiempos se pensaron y actuaron formas de confrontación, en partidos, sindicatos, organizaciones sociales y económicas diversas, que con el tiempo fueron absorbidas por la lógica dominante. Hoy necesitan ser recreadas o reformuladas en las condiciones actuales de la explotación ampliada de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes que agrede las posibilidades de reproducción de la vida. Se trata de pensar más allá del capitalismo, que como vemos, bajo mecanismos de democracia liberal, con idas y vueltas, el programa reaccionario de la restauración conservadora de la dictadura militar del 76/83, ahora se remoza y avanza con consenso electoral.
Existe un futuro distinto si reconocemos que hay vida más allá del régimen del capital, que demanda una etapa de freno y reversión de las medidas en curso y otra de más largo alienta que supone cambiar el conjunto de las relaciones sociales a favor de satisfacer necesidades y derechos de lka sociedad y de la naturaleza.
Buenos Aires, 19 de agosto de 2024
Inflación y recesión en el deterioro de los ingresos populares (publicado en: https://t.co/BK5n5OGmxc)
Existe un consenso generalizado en que la realidad de la economía argentina está definida por la inflación y la caída del nivel de actividad en perspectiva recesiva.
Respecto de la inflación, en tanto suba generalizada de los precios de bienes y servicios, conviene resaltar que éstos, los precios, son el agregado del costo laboral, salarios y aportes a la seguridad social, si los hay; más los insumos en materiales, materias primas, herramientas, maquinarias e instalaciones, por lo menos sus amortizaciones, y claro; la ganancia empresaria.
En terminología usual, el costo de producción más la ganancia, y más precisamente, teóricamente, el valor, en términos de la suma del capital variable invertido en pago de la fuerza de trabajo, la reposición del capital constante y el plusvalor.
Así, el desagregado de valor expresado como precios, explicita la distribución entre salarios y ganancias, más allá de la recomposición del capital fijo invertido. Descomponer los precios nos interesa para discutir la distribución del ingreso, especialmente entre salario y ganancia
Si remitimos a la información oficial, lo que se confirma es una regresiva apropiación de los ingresos a favor de los propietarios de medios de producción y en desmedro de quienes viven de la venta de la fuerza de trabajo, que de un 100% perciben un 45%.
Es una tendencia recurrente desde 1975/76, más allá de cualquier recomposición temporal en ciertos momentos de la historia reciente y la base para explicar los elevados niveles de pobreza (55%) y de indigencia (20%).
La tendencia es a la baja de los ingresos populares. Por eso, la inflación en sí misma es un mecanismo de distribución regresiva del ingreso, ya que no todos pueden defenderse ante la suba de los precios y, de hecho, los ingresos populares, salarios, jubilaciones o beneficios sociales van muy por detrás de la suba de precios.
Con reactivación o recesión de la economía, tal como alguna vez se señaló, los salarios suben por la escalera y los precios lo hacen por el ascensor.
Recesión
La recesión, por su parte, agudiza la confrontación entre ingresos populares y las ganancias, por lo que, además de la regresiva distribución del ingreso, el gran capital demanda reformas estructurales, entre las que destacan las laborales y previsionales.
Eliminar derechos de trabajadores y trabajadoras, en actividad o jubilados/as es la gran demanda de los capitales más concentrados.
Ambos temas aparecen en la ley de Bases recientemente aprobada por el Congreso Nacional y son parte sustancial de la agenda del poder desde 1975/76.
La actividad económica muestra señales alarmantes de merma en el sector industrial y en el de servicios. La excepción deviene de la producción agropecuaria, fuertemente centralizada en grandes propietarios y exportadores, todos fuertemente transnacionalizados.
Por ello, aun cuando ese sector crezca, no derrama en el conjunto de pequeños y medianos productores, cooperativas y/o emprendimientos autogestionarios o comunitarios; mucho menos en el conjunto de la sociedad.
La baja del consumo popular es un hecho de nuestro tiempo y afecta al mercado interno, agravado con una lógica de política económica que privilegia al sector externo en tanto fuente de ingreso de divisas.
Divisas que tienen destino principal en atender las demandas de los acreedores externos y en la fuga de capitales.
Todo lo dicho apunta a destacar que el deterioro de los ingresos populares es resultado de una estrategia de acumulación de capitales, que más allá de la inflación o la recesión, solo favorece la lógica de la ganancia, de la acumulación y una inserción subordinada en el sistema capitalista mundial.
Vale señalar que solo se le pondrá fin a esta situación si la sociedad afectada se articula detrás de una propuesta que no solo rechace el ajuste y la reaccionaria reestructuración del modelo productivo y de desarrollo en curso, sino que aliente una estrategia productiva y de circulación favorable a la satisfacción de las necesidades sociales, a contramano de la lógica mercantil monetaria vigente.
Buenos Aires, 10 de agosto de 2024
Pánico bursátil de un lunes negro
Sorprendió a los analistas tradicionales de la prensa cotidiana la crisis bursátil del lunes 5 de agosto. Un lunes “negro”, en el que nadie se animó a pronosticar como seguirá. El desplome de la bolsa sacudió fuertemente a Japón, y generó una situación similar en Europa y en Estados Unidos, propagándose a todos los mercados de dinero del mundo. Hubo por horas un diagnóstico de “hecatombe”, aun cuando al final del día todo parecía en calma y nadie entre los especialistas se anima con un pronóstico certero sobre el futuro inmediato.
No todo lo que reluce es oro indica el dicho popular, y por eso, afirmamos que no fue sorpresa, y aun, cuando todo pareciera resuelto, lo que está detrás es la crisis contemporánea de la economía mundial, esa que se hizo visible entre 2007 y 2009 y que persiste con ritmos bajos de crecimiento, la desaceleración económica, que anticipa un futuro de recesión que no termina de cuajar.
El fenómeno pretendió explicarse con las subas de los tipos de interés del Banco Central de Japón, a contramano de la lógica estadounidense, en donde la Reserva Federal venía de anunciar probables bajas de las tasas para septiembre. Muchos demandan a la Reserva Federal que abandone la ortodoxia y baje los tipos de interés para reactivas una economía en donde crece el desempleo más allá de lo que consideran “normal”. Se trata de políticas económicas “nacionales” según las necesidades y lógica de sus respectivas economías locales. Japón necesitaba atraer capitales y por eso ofrece mejores rendimientos, mientras que, en EEUU, la ortodoxia monetarista pretende enfriar la economía y por eso sostiene elevadas tasas.
La especulación es que como subió más de lo previsto el desempleo en EEUU y pese a que no bajan lo suficiente los precios, la ansiada baja de intereses puedo producirse antes de lo anunciado por la Reserva Federal. En rigor, al capitalismo en EEUU le cuesta volver a la estabilidad de precios previa a la crisis del 2007/09 (bajar la inflación) y sostener el empleo y el ingreso de los trabajadores para evitar escaladas de descontento social y conflicto.
Esa contradicción en las decisiones de dos países de la dominación capitalista es expresión de la anarquía del capitalismo, un orden mundial sustentado en una producción global pero atravesado por políticas nacionales, no necesariamente convergentes. Ejemplificamos con Japón y EEUU, pero podríamos colocar otros ejemplos y ver lógicas diferenciadas, al punto que las autoridades argentinas, ultra liberales, elogiaron las restricciones imperantes a la circulación de divisas, el CEPO, para explicar el bajo impacto de la crisis bursátil y las incertidumbres del mercado mundial en el país. La intervención estatal les vino bien, curiosamente, a los liberales anti estado.
Crisis no resuelta
Lo de fondo es la crisis mundial no resuelta, que se manifiesta como “desaceleración” de la economía, un tema que viene de lejos, de la recesión del 2009, de la pandemia y la situación de guerra y aliento al gasto militar por conflictos estallados en el último tiempo, en Ucrania, Palestina y otros territorios.
El 2007 se presentó como una crisis “hipotecaria”, que derivó en “financiera” y cierre de bancos en el 2008, para expandirse como gran recesión en el 2009. La realidad es que el conjunto de problemas del 2007 al 2009 constituyó una recidiva de la crisis de rentabilidad de los capitales. Por lo tanto, el capitalismo mundial desde el 2007/09 viene respondiendo con una tasa de crecimiento ralentizada. El orden mundial ya no crece a los ritmos del periodo 1945 a 1975, los llamados “30 años gloriosos” del capitalismo que definía al “estado de bienestar”.
La respuesta desde entonces es una fortísima ofensiva del capital para retomar la tasa de rentabilidad, y por eso las políticas neoliberales que se ensayaron en Sudamérica bajo dictaduras, que luego se instalaron en EEUU y en Gran Bretaña como restauración conservadora. Un proceso que se asentó en el desarrollo del capital ficticio que alimentó la burbuja especulativa que domina el mercado mundial contemporáneo.
De hecho, una ofensiva del capital contra el trabajo en toda la línea y por eso en prácticamente todos los países hay un mandato actual del capital para reaccionarias reformas laborales y previsionales y así mejorar la rentabilidad del capital. Ese es el marco de la presencia de las ultraderechas y la liberalización en nuestro tiempo y que se manifiesta en las expectativas de excedentes en los mercados de dinero y capital.
Lo que aconteció en el lunes negro es parte de las incertidumbres del orden mundial, en disputa desde la multipolaridad que empuja China y varios países empujados a esas alianzas ante las sanciones unilaterales emanadas desde EEUU y que acompañan sus socios globales. El episodio bursátil japonés del 5/8 es una manifestación más de la crisis mundial del capitalismo, que empujan respuestas más agresivas para la ofensiva liberalizadora. La agresión es la militarización y la avanzada de una estrategia de mercantilización para el desarme de la institucionalidad sustentada en derechos.
Se discute como responden los bancos centrales de cada país, incluso sus contradicciones, pero se omite y no se considera la potencia de unas políticas que contemplen superar los problemas de una mayoría social empobrecida, en tanto constante del momento actual de la civilización contemporánea. La esencia y lo que oculta el “lunes negro” es una crisis general del capitalismo, sin horizontes alternativos de un proyecto político que sustente una reorganización económica de la sociedad con un imaginario civilizatorio no subordinado a la lógica monetario mercantil de la ganancia del capital concentrado.
Buenos Aires, 6 de agosto de 2024
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