La resistencia a la política de Milei y la ultraderecha (Publicado en Colombia, Revista Margen Izquierdo, en: https://revistaizquierda.com/la-resistencia-a-la-politica-de-milei-y-la-ultraderecha/

I – La resistencia como una constante en la práctica política La tradición de organización y lucha del pueblo argentino tiene una importante historia, y es visible en la coyuntura contra la política de la ultraderecha, especialmente en las grandes ciudades del país y en los nuevos territorios de la acumulación capitalista, asociados al desarrollo minero, de la energía y las nuevas tecnologías. Los espacios de la concentración urbana sufren las consecuencias de la ofensiva por el ajuste fiscal y la reaccionaria reestructuración del capitalismo local, convocando a desconformidades, protestas y resistencias varias. Al mismo tiempo, crecen las confrontaciones a las políticas públicas en localidades de menor peso relativo de asentamiento poblacional, pero de enorme significado en la ampliación de la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo sobre los bienes comunes. Este es un tema asociado a las protestas en defensa del medio ambiente y en contra del extractivismo exacerbado que promueve el saqueo y la destrucción del hábitat. El problema es quién representa políticamente esta resitencia. Cualquier visitante extranjero que ingrese por Buenos Aires al país se encontrará todos los miércoles con la “marchas de las/os jubiladas/os”, que hace más de tres décadas pueblan la geografía a las puertas del Congreso de la Nación, una dinámica exacerbada desde la asunción de Milei en diciembre del 2023 y que se generaliza federalmente en todo el territorio nacional. En simultáneo podrán observar fortísimos operativos de seguridad, que al reprimir son destacados por el morbo de los medios de comunicación. La represión incluyó la agresión a un “fotoperiodista”, que recibió un impacto directo en la cabeza que lo mantuvo por meses en terapia intensiva, aun hoy, a más de un año del episodio, sigue en proceso de recuperación y las investigaciones judiciales por la responsabilidad del operativo. Vale mencionar que fue un episodio que convocó a la más amplia solidaridad social en repudio al accionar represivo de la política oficial de la ultraderecha. Interesa más el “desorden” que la difusión del reclamo de las/os movilizadas/os. En el mismo sentido que el movimiento de jubiladas/os, de hecho, el sector social más ajustado por las políticas de austeridad y disminución del déficit fiscal, afectando a cerca de 8 millones de argentinas/os, son diversas las movilizaciones que expresan la protesta y el conflicto social en el país. Un caso especial y ya hace medio siglo que acontecen, y son visibles: las “rondas de los jueves de las Madres de la Plaza”, movilizadas en torno a la Pirámide de Mayo en un territorio emblemático de la política local. De lucha especifica se transformó en la bandera por los derechos humanos y la memoria contra el terrorismo de Estado, ejemplo que potencia las luchas feministas y por las diversidades, contra la discriminación y el racismo. La lucha de las madres y de jubiladas y jubilados expresan la universalidad del conflicto social en el país. No se agota la presencia recurrente de movilizados en las demandas de las Madres o de jubiladas y jubilados. Destaca el movimiento obrero organizado en sindicatos y en el territorio, con paros generales y movilizaciones sociales en demandas por históricos derechos laborales, educativos, sanitarios, por la energía o la vivienda, contra la carestía de la vida y la inflación, por diversas demandas sociales, afectados por la ofensiva capitalista desde la emergencia de la dictadura genocida, incluso desde antes. Remito a la ofensiva del capital y de la derecha argentina desde 1975/76 hasta el presente. Un proceso acelerado en tramos especiales bajo gestión cívico militar entre 1976 y fines de 1983; potenciado bajo gobiernos constitucionales en la década del 90 y más recientemente en la gestión de Mauricio Macri (2015/19) y ahora bajo presidencia de Javier Milei y cómplices desde 2023. Claro que esa lucha popular acontece en simultáneo con una desazón social ampliada ante el descrédito del régimen político luego de décadas de gobiernos constitucionales (1983-2026) que no resolvieron las urgentes necesidades y expectativas de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Al mismo tiempo, la ausencia de alternativa política puede explicar que pese a la tremenda agresión del ajuste y la regresiva reestructuración tras dos años del gobierno Milei, aun no haya un levantamiento popular tal como aconteció en otros momentos, por caso, en el 2001. La movilización y lucha actual recorre una experiencia que supone un debate con los afectados por la política pública, al mismo tiempo que acumula en la perspectiva de construir alternativa política que genere entusiasmo y perspectiva de triunfo para una transformación social que apunte a satisfacer las necesidades populares. I.1 - Hay historia de la resistencia No es sorpresa que haya resistencia organizada en la Argentina. La resistencia popular tiene historia desde la confrontación al proceso de conquista y colonización de los pueblos originarios. No todo fue de aceptación y adecuación a la violencia colonial. En esa tradición se inscribe la lucha por la “independencia”, que supuso la confrontación de proyectos políticos, uno minoritario y en búsqueda aún de su materialización por la emancipación, asociado a una perspectiva similar por la “patria grande” imaginada por los libertadores. Es una asignatura aún pendiente. Otro, el hegemónico que buscó y busca un lugar en el orden capitalista mundial. Un lugar dependiente, subordinado, especialmente ante el desarrollo monopolista del régimen del capital y el desarrollo imperialista del capitalismo. Esta lógica de inserción subordinada en el capitalismo mundial explica la tradición de lucha y resistencia anticolonial, antimperialista y anticapitalista. Una tradición que convive con proyectos de lucha con base en la “conciliación de clases”, hegemónica en tiempos de “defensiva capitalista”, especialmente entre 1930 y 1980. El origen del sindicalismo argentino tiene antecedentes en la inmigración, principalmente europea de fines del Siglo XIX y comienzos del XX, que incorpora las ideas y prácticas de organización y lucha del anarquismo, el socialismo y el comunismo. Es una impronta de lucha contra el poder oligárquico imperialista asociado al gran capital de origen local, especialmente en la clase terrateniente. Luego de la segunda posguerra mundial y la dinámica de industrialización impulsada para toda la región latinoamericana y caribeña, se impone una cultura por el desarrollo del “capitalismo nacional”, lo que supone acuerdos estratégicos que sustentan la conciliación social en la mejora de ingresos de las/os trabajadoras/es y las patronales. Es la era de las políticas keynesianas en todo el mundo, matizada según las especificidades nacionales en cada país, que en la Argentina suponía la emergencia de una “burguesía nacional”. Remito a dos momentos de la organización y lucha del movimiento obrero y sindical de la Argentina. El primero de tradición clasista hasta mediados de la década del 40 del siglo XX, y luego, hegemónico hasta el presente, una perspectiva asociada a la conciliación de clases, no sin disputas en su interior, sobre quien hegemoniza ese proyecto, si las patronales o la clase trabajadora. El terrorismo de Estado desde 1975 y más aún con la dictadura genocida (1976) se ensaña con ambas formas de la tradición de organización y lucha del movimiento obrero local. Desde entonces, la organización económica social de la estructura del capitalismo local se afirma en el deterioro en la distribución del ingreso a favor del capital y en contra del trabajo, en la irregularidad persistente y recurrente de las condiciones laborales y salariales de la explotación de la fuerza de trabajo. La ofensiva del capital contra el trabajo fue solo amortiguada bajo algunas experiencias de gobiernos que asumieron la crítica al rumbo neoliberal en este medio siglo, pero la esencia del proceso histórico es la ofensiva capitalista contra el trabajo, lo que incluye la profundización de un modelo productivo y de desarrollo para la precarización productiva y exportadora, junto a la dependencia al orden trasnacional del régimen del capital. II - ¿Quién representa políticamente a la resistencia? La tradición de organización y lucha se mantuvo, al mismo tiempo que se deterioró la representación política del movimiento obrero y popular, lo que posibilitó el ascenso electoral de las derechas. En 2015 es la primera vez que asume la presidencia por el voto un candidato que no provino de los dos partidos políticos tradicionales, el radicalismo y el peronismo. Desde 1916 y hasta 2015, los presidentes constitucionales provinieron de los dos partidos tradicionales, quienes expresaron la principal representación política del movimiento sindical y social por un siglo. En la actualidad se presenta un quiebre entre la legitimidad del movimiento sindical y social por un lado y la representación política electoral por el otro, que favoreció la emergencia de presidentes de la derecha con el consenso electoral en la última década. Lo que pretendo enfatizar es la importancia de la resistencia obrera y popular, al tiempo que se presenta una crisis en la representación política, dando lugar a una reconversión de la política en la Argentina. Este es el principal dilema de la lucha de clases local. La dominación avanza con un plan histórico de reconversión regresiva del capitalismo, iniciado hace medio siglo y que se encuentra con la posibilidad de consolidar la reversión de derechos conquistados por la lucha obrera y popular por un siglo y medio, entre 1875 y 2026. No es falta de lucha y resistencia el problema en la Argentina, sino de proyecto político y estrategia de las organizaciones populares que asumen la perspectiva de la revolución contra el régimen del capital y por la emancipación. Desde que asumió Milei su gobierno de minoría, sin mayorías en las Cámaras de Diputados y Senadores, sin gobernadores en las provincias ni intendentes en las municipalidades, el gobierno encontró innumerables protestas de confrontación. Sin embargo, avanzó en variadas reformas estructurales regresivas, especialmente la reaccionaria reforma laboral contra derechos sindicales, laborales, sociales, individuales y colectivos aprobada en febrero de 2026. Eso fue posible por la complicidad del poder político, legislativo, judicial y el que se ejerce desde las provincias argentinas. Ahí aparece la contradicción, entre la movilización popular, su representación política y la institucionalidad que otorga cobertura y “legalidad” a las acciones del gobierno de Milei. Toda una contradicción entre la “identidad” de la mayoría de los sujetos que protagonizan las protestas y la de quienes representan a la sociedad en los poderes del Estado. El radicalismo y el peronismo, como identidades mayoritarias de la tradición “democrática” en la Argentina y con expresión institucional en el régimen político, avalaron mayoritariamente las reaccionarias políticas de Milei, por lo que son cómplices y contradicen la identidad política mayoritaria entre quienes protagonizan la resistencia popular. De ahí nuestro interrogante sobre la representación política de la protesta y la resistencia popular. Esa contradicción es expresión de la derrota de una estrategia histórica del movimiento obrero y popular, con reivindicaciones clasistas hasta los inicios de la década del 40 del siglo pasado y luego y, especialmente, en los 60/70 bajo las consignas antimperialistas por la liberación contra la dependencia. En este sentido fue emblemático el debate televisivo en febrero de 1973 entre el dirigente clasista Agustín Tosco y el representante oficialista de la CGT, José Ignacio Rucci. La esencia de la polémica se daba entre el proyecto socialista sustentado por Tosco y el del peronismo defendido por Rucci. La liberación contra la dependencia fue la consigna que hegemonizó a la diversidad de la identidad peronista, mayoritaria en el movimiento obrero y popular. III - Principales resistencias y los debates estratégicos A la cabeza de la resistencia están los paros generales, nacionales, sustentados por las centrales sindicales: la Confederación General del Trabajo, la CGT (mayoritaria); y las dos CTA (Central de los Trabajadores de la Argentina), la Autónoma (CTAA) y la de los Trabajadores (CTAT), con sus respectivas organizaciones afiliadas en todo el territorio. Destacamos la figura del “paro nacional” porque es una medida que arrastra al conjunto de la conflictividad social, paralizando en buena medida al conjunto de la actividad económico social y que expresa una posición de confrontación política en la discusión del rumbo impulsado desde el poder político. Es más, ante la reticencia de las Centrales, en especial de la CGT a convocar al paro y a la movilización, esa demanda es la consigna principal de los sujetos que protagonizan la cotidiana resistencia a la política de ajuste y regresiva reestructuración de Milei y sus cómplices en el poder del Estado. La política pública ha generado desde diciembre del 2023, entre otros aspectos, el cierre de más de 25.000 empresas y la pérdida de más de 300.000 empleos formales, más de 200.000 del sector privado, unos 80.000 del sector estatal y el resto de casas particulares. El desempleo se atempera por impacto del crecimiento del trabajo informal en la economía de plataforma, repartidores, choferes, etc., engordando la irregularidad en el empleo, que involucra a más del 50% de la población trabajadora. Todo abonado por la condicionalidad del endeudamiento externo ratificado en renegociaciones bajo la sumisión al FMI y a grandes acreedores externos hegemonizados por el capital financiero mundial. En ese cuadro es que crece la conflictividad, con acciones en empresas, en ramas de actividad, especialmente de los sectores afectados, del comercio, la industria y la construcción, sectores económicos que explican la mayoría del empleo en el país y el renovado fenómeno del desempleo. Los datos de crecimiento económico de Argentina, del 4,4% para el 2025 se explica por el impacto que genera en la producción y exportación, tanto la minería como la energía, especialmente hidrocarburos no convencionales, petróleo y gas, junto a la expectativa de radicación, vía inversión externa, de “centros de datos” y empresas asociadas a la digitalización y la innovación tecnológica. Un dato curioso es que el impacto regresivo de la política económica no genera aún respuesta corporativa de las principales cámaras y expresiones del poder económico tradicional. Se explica por el acuerdo ideológico político con el rumbo del gobierno Milei, en donde convergen en el objetivo por disminuir ingresos populares, salarios y jubilaciones, en la perspectiva de recomponer la tasa de ganancia. Una parte del poder económico tradicional sufre las consecuencias de la política oficial de la derecha en el gobierno, pero espera que los cambios estructurales en la relación capital trabajo habilite un tiempo de recomposición de los intereses del capital. Las pérdidas de ingresos son cuantiosas entre jubiladas/os y trabajadoras/es, que como dijimos, afecta también a sectores pequeños y medianos de la economía. Este fenómeno extendido de perjudicados por el programa Milei, pese a la extendida protesta y resistencia, no encuentra respuesta de síntesis política alternativa. En ese marco, en el ámbito político hay quienes sustentan la construcción de un “frente político” contra Milei. Otros, sostienen que esa puede ser una estrategia limitada, que al no confrontar con la dinámica histórica de reconversión regresiva de la estructura económico social de la Argentina, puede reiterar experiencias recientes de gobiernos que asumen bajo rótulos “progresistas” y sin modificar sustancialmente el modelo productivo y de desarrollo habilitan el retorno de programas de la derecha y la ultraderecha, caso especial del gobierno Milei. La realidad de la resistencia se amplía con las masivas protestas de la comunidad educativa, especialmente en defensa de la Universidad pública y del ámbito de la salud. Son protestas dinamizadas por las organizaciones sindicales de la educación y la salud, pero que involucran al amplio espectro de la sociedad en defensa de la educación y la salud pública. La ofensiva capitalista contra los derechos a la educación o la salud tiene historia y se agravan en el presente con las privatizaciones que se arrastran de los ´90 y las políticas de ajuste fiscal gubernamental, incluso a contramano de legislaciones específicas que se dictaron en este tiempo para el financiamiento educativo y del ámbito de la salud. El discurso oficial ataca consensos históricos construidos en luchas centenarias, en donde destacan en el último tiempo las luchas de los feminismos populares y del ambientalismo. En efecto, la prédica contra la cultura “woke” encontró la masiva respuesta del movimiento LGBT+ en marchas contra el fascismo que se sucedieron en 2024 y en 2025, con amplísima masividad en respuesta a la prédica oficialista de carácter racista y discriminatorio. En las luchas ambientales destaca la defensa del agua, especialmente en la organización popular contra la minería en la provincia de Mendoza, contra las concesiones en la circulación por el Río Paraná y otros territorios en donde la contaminación aparece como horizonte derivado de un modelo productivo que exacerba el productivismo con el saqueo de los bienes comunes. IV - Una asignatura pendiente Interesa resaltar que las movilizaciones masivas tienen como horizonte la crítica a las políticas oficialistas y pese a la masividad y consenso socio político logrado, no expresan aun una síntesis política para una nueva representación popular que levante el programa de esas múltiples protestas y movilizaciones. Entre las principales gestas de movilización popular se encuentran las reiteradas de los “24 de marzo” en memoria y rechazo al golpe de 1976, hace 50 años. Del mismo modo se pueden citar las grandes concentraciones por el 8M que da cuentan del aporte de las luchas feministas y de las diversidades sexuales al proyecto emancipador en su conjunto. La ausencia de alternativa política es el límite que tiene la importante resistencia al programa de la derecha en el gobierno, quien expresa la demanda del gran capital por disciplinar al movimiento popular para un proyecto de reconfiguración reaccionaria del capitalismo local. En ese sentido Milei es continuidad del proyecto de la dictadura genocida (1976-83), del proyecto de corte neoliberal de Menem (1989-99) y de De la Rúa (1999-2001), seguido por el periodo presidencial de Macri (2015-19) y ahora Milei con pretensión de repetir un segundo periodo de gestión entre 2027 y 2031. El proyecto de la ultraderecha en el gobierno se propone cerrar el círculo iniciado en 1975/76 para reestructurar el capitalismo local en sintonía con las búsquedas de las clases dominantes en el ámbito mundial. En el Foro Económico Mundial (FEM), en plena crisis pandémica, convocaron a “resetear” el capitalismo en crisis. Expresión de ello es la lucha por la hegemonía sobre las innovaciones tecnológicas, los mercados y la reestructuración regresiva de las relaciones laborales y previsionales a favor de capital. Por eso el desorden mundial, las sanciones unilaterales desde EEUU y la complicidad de sus socios globales, la militarización creciente y el resultado en la expansión del gasto militar y el capitalismo delictivo, con ampliación del comercio de drogas, de armas y la trata de personas, agravando con el productivismo la dimensión ambiental de la crisis. Milei no es solo parte de este programa, sino que ensaya formas propias para exportar al capitalismo global, por lo que su política no es “nacionalista” como en la mayoría de los casos gobernados por la derecha, sea Trump, Bolsonaro, Kast o Bukele, por mencionar algunos de los liderazgos regionales; aunque claro, también es discutible el “nacionalismo” de estos líderes de la derecha. El proyecto por la liberalización pretende universalidad, que se sustenta en la crítica al socialismo y al reformismo, a Marx y su tradición, tanto como a Keynes e incluso la tradición neoclásica, todas las que llevan a privilegiar, según el cultor de la escuela austríaca, la intervención directa del Estado en el orden cotidiano. Milei se asume liberal libertario, anarco capitalista, lo que supone un rumbo liberalizador a ultranza, como forma de reimpulsar el régimen del capital en el ámbito global. La resistencia popular en la Argentina es por lo tanto una búsqueda de una estrategia para confrontar con el proyecto más reaccionario de la ofensiva capitalista global. Es parte de una estrategia que la izquierda y el movimiento revolucionario mundial necesita reinstalar en el imaginario social global. Ello supone la reorganización del movimiento obrero y popular. El proyecto revolucionario, la estrategia por la revolución, encontró limites en la ofensiva capitalista a la salida de la crisis de los 60/70. Es lo que se denomina “neoliberalismo”, que no es nuevo ni liberal, que se asienta en una fortísima intervención estatal, potenciando el peso del gasto y la acción militar, de seguridad y defensa (guerra), al tiempo que estimula la especulación con base en el capital ficticio. Por ello es que las clases subalternas y la potencia del proyecto revolucionario requiere de nuevas experiencias que habiliten la emergencia de una estrategia con posibilidad de triunfo, en contra del capitalismo y por el socialismo. La experiencia de la lucha en la Argentina es parte de las búsquedas en el ámbito mundial por recrear una teoría y práctica de la revolución. Una búsqueda que tiene historia en las expectativas dc cambio político en la primera década de este siglo en la región latinoamericana y caribeña., en el empecinamiento cubano pese a la profundización del bloqueo; en las luchas anticoloniales africanas o las expectativas en sostener un proyecto socialista en el mundo para la preservación del medio ambiente y de la humanidad. Por eso, los límites de la resistencia en Argentina o en otros territorios pasa por su alcance nacional. Requiere de una mirada más amplia, regional y mundial, en el horizonte imaginado por Martí de un territorio de Nuestra América, a contramano de la concentración hemisférica que propone Donald Trump en su disputa por sostener la hegemonía estadounidense. La inestabilidad es la característica del orden económico y político en la Argentina, con una ofensiva del gran capital en contra de la mayoría de la población, especialmente la masa trabajadora. El sueño de la reconversión tiene 50 años y se proyecta volver a la hegemonía previa a la existencia de gobiernos constitucionales, a un orden retrógrado y conservador, con impunidad del capital en la explotación y el saqueo. Es un proyecto autoritario que vía consenso mediático y de redes sociales de comunicación, ideológico cultural, logra votaciones suficientes, más allá del descreimiento y el ausentismo electoral, para otorgar legalidad a un rumbo reaccionario y antipopular. A esa perspectiva se enfrenta la experiencia de luchas y resistencias del presente y renovar el imaginario mayoritario por el sueño eterno de la emancipación y la revolución. Buenos Aires, 27 de mayo de 2026