¿Tiene valor el agua? Apuntes para discutir el uso del Río Paraná o cualquier curso de agua

 

El interrogante que encabeza esta reflexión es pregunta habitual que hace décadas incluyo en mis cursos sobre Economía Política, lo que genera un gran debate. La misma pregunta remite a la tierra. ¿Tiene valor la tierra?

Claro, profundizando en la teoría del valor explicamos que para tener “valor” se requiere que una mercancía tenga utilidad (valor de uso), estar destinada al mercado (valor de cambio) y ser producto del trabajo humano. Se trata de una síntesis de discusiones por décadas, desde antes de la escuela clásica en la disciplina científica, que aún mantiene vigencia.

Tanto la tierra como el agua tienen valor de uso y no son producto del trabajo humano, salvo cuando están procesadas o envasadas, por lo que no tienen valor. Sin embargo, la tierra natural tiene precio, no valor, porque es susceptible de ser apropiada. No ocurre igual con el agua, aun cuando existen quienes pretenden apropiarse, en sus territorios privados, de los cursos naturales de agua.

Por eso cuando hablamos de agua o de tierra aludimos a “bienes comunes”, que no deberían ser susceptibles de apropiación privada.

Bienes comunes y capitalismo

Los bienes comunes trascienden a la generación actual, por lo que deben resguardarse para el futuro de la humanidad, amenazada hoy por un modelo productivo de saqueo y destrucción de la vida, natural y social. Ahí está la explicación de la contaminación, producto del accionar productivo del ser humano.

El tema ambiental o ecológico es evidente y por eso se habla de “cambio climático” y se emiten argumentos en cónclaves de todo tipo para intentar contener los desastrosos efectos de la producción ejercida por la iniciativa del capital sobre la naturaleza.

Todos esos argumentos eluden el tema principal que supone afectar el modo de producción capitalista.

Resulta de interés el debate teórico que proponemos a propósito del análisis sobre la llamada Hidrovía Paraná-Paraguay, que arrastra ya una larga historia. Incluso desde los tiempos en que se definió la inserción subordinada de los territorios y poblaciones del sur de América en la dinámica del capitalismo mundial (europeo).

Con la conquista y colonización se le daba forma universal a la producción y circulación “capitalista” de bienes y servicios. Carlos Marx describió ese proceso de manera brillante en El Capital, apuntando que la modernidad europea brilla por la apropiación de los bienes comunes de la región latinoamericana y caribeña con base en la explotación y saqueo.

Sin ese proceso, además sustentado en la violencia física y cultural, no puede explicarse la constitución y consolidación del orden capitalista como sistema mundial. La discusión es el uso del curso de agua, caso del río Paraná, u otros, con que destino o propósito, a favor de quienes y con qué fines.

La “Hidrovía” como empresa supone puertos privados y privatización del transporte ferroviario, naval, aéreo o carretero, organizado al servicio de la lógica de la ganancia y la acumulación, apropiada por un núcleo reducido de capitales transnacionales, más allá de algunos de origen local enganchado en esa lógica productiva, muchas veces de manera delictiva, caso Vicentin.

Vivimos en una sociedad global “monetario-mercantil”, por lo que la “ley del valor”, explica por qué “bienes y servicios” de distinta calidad son comparables, intercambiables, mediante los precios, que son expresión monetaria del valor.

El río, los ríos, los bienes comunes se subordinan a una lógica de las relaciones de intercambio al servicio de la ganancia y la acumulación.

La relación de intercambio (comercial) opera mediante la intermediación del dinero (monedas, billetes, en sus diversas manifestaciones a través del tiempo, incluso electrónica en el presente).

Insistamos que ni el agua, ni la tierra son producidos por el trabajo humano, salvo el agua o la tierra procesada, la que se vende en botellas o bolsas, por ejemplo.

Estas formas de oferta en el mercado si son producto del trabajo humano, pero no las aguas y las tierras naturales. Pero no siendo “valor”, tienen precio a partir de la apropiación privada.

Tiene historia larga la apropiación de tierras y territorios, a las que remito con invasiones de triste historia en todo el planeta. Con el agua es más difícil la apropiación privada, pero son conocidos casos de cursos de agua apropiados ilegítimamente al transitar (naturalmente) por propiedad privada territorial, lo que genera conflictos históricos.

Apropiación privada y derecho a los bienes comunes

La propiedad privada, categoría jurídica histórica, es decir, que no siempre existió, pretende expandir su jurisdicción sobre todo lo que sea posible y hace medio siglo que se generalizaron las políticas de privatización del capital público, a su vez, una forma específica del desarrollo, estimulado por la lógica productiva hasta la crisis de los 70 del Siglo XX. Luego vendrían las privatizaciones.

En ese marco no sorprende que los “derechos de uso” del agua hayan desembarcado recientemente en el mercado de capitales estadounidense, o que la utilización de cursos de aguas se oriente con fines de acumulación de ganancia, caso del Río Paraná, ahora en debate a propósito de la concesión para la gestión del transporte de la producción del modelo del agro-negocio.

Los pueblos en su desarrollo histórico se asentaron a la vera de los cursos de agua, facilitando la reproducción social individual y colectivamente, lo que estimuló la regulación de los usos del agua, tanto para el consumo individual como para la producción social.

Existe una cantidad importante de personas (agricultores, pescadores, etc.) que asocian su subsistencia al río Paraná, hoy afectado por una bajante que no debe disociarse de los problemas ambientales generados por el modelo productivo y de desarrollo, dominado por corporaciones transnacionales y su objetivo específico por las ganancias y la acumulación.

Los pobladores a la vera de los cursos del agua demandan el derecho al agua, como derecho a la vida por encima del uso capitalista del curso de agua.

El avance actual de las relaciones económicas se asienta en la expansión de la propiedad privada de los medios de producción. En sentido histórico de las formas productivas, debemos remitirnos a formas previas, comunitarias o de articulación individual-familiar sobre medios naturales ocupados y trabajados comunitariamente.

No siempre hubo propiedad privada de los medios de producción y por ende podría no haberla a futuro. Tanto el capital público como el privado son formas histórico transitorias de organizar el proceso de producción y circulación.

Por eso, la discusión actual no trata solo de cómo gestionar la vía navegable o quien cobra el peaje del uso de la “autopista”[1] por donde transitan el 80% de las exportaciones e importaciones de la Argentina.

El debate se extiende al conjunto del modelo productivo, que incluye el agro-negocio de inserción subordinado a la dominación de las grandes transnacionales de la alimentación y la biotecnología, la industria de ensamble para el mercado mundial y una dependencia de la especulación fuertemente asociado al endeudamiento, gran condicionante de la política económica.

Todos estos mecanismos derivados de la “propiedad privada de los medios de producción” inducen que el excedente económico de la producción local migre al exterior, lo que se llama “fuga de capitales”, sea por cancelaciones parciales y reiteradas de deudas impagables de eterna negociación; como parte de las habituales remesas de utilidades al exterior y/o directamente, para favorecer constitución de activos en el exterior.

Al no renovarse la concesión privada sobre el uso del río Paraná, habilita a discutir el conjunto del problema, con el eje en la defensa de los bienes comunes, el derecho a ellos o si se quiere, el derecho a la vida.

Buenos Aires, 2 de julio de 2021



[1] Boletín Oficial. ADMINISTRACIÓN GENERAL DE PUERTOS SOCIEDAD DEL ESTADO

Decreto 427/2021; 30/06/2021, en: https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/246303/20210701

¿Fracaso del neoliberalismo?

 En variadas ocasiones escucho decir, o leo, que el “neoliberalismo” ha fracasado, y creo entender lo que se pretende trasmitir, especialmente cuando el que emite la opinión orienta sus conclusiones a la denuncia del impacto socio económico regresivo. Pero, inmediatamente me surge la necesidad de explicar que las políticas económicas hegemónicas, llamadas neoliberales (no son nuevas ni liberales), no se proponen un objetivo de progresividad económica en la sociedad, sino exacerbar el objetivo de la ganancia. De hecho, se puede discutir si alguna vez la progresividad fue el objetivo de las políticas públicas del orden capitalista, cuando solo producto de las luchas de los sectores subalternos se le arrancaron temporalmente ingresos al capital.

Con las políticas keynesianas, entre 1930 y 1980, la “progresividad” está asociada a la máxima acumulación de poder popular en el ámbito mundial, revolución rusa mediante y bipolaridad sistémica desde 1945 entre el socialismo y el capitalismo (se piense lo que se piense sobre lo que aconteció en la URSS hasta su debacle en 1991), lo que contrarrestó la ofensiva del capital. Se trata de un momento a la defensiva de la iniciativa política del capital, cuyo punto más elevado y último, para lanzar la contraofensiva, es la derrota estadounidense en Vietnam entre 1973 y 1975, fecha coincidente con la experiencia monetarista liberalizadora del terrorismo de Estado en Sudamérica, origen de la ofensiva capitalista en ascenso hasta la situación actual.

Nunca ha sido la “progresividad” el objetivo de la política económica en el orden capitalista. El objetivo histórico apunta a la producción de valor y plusvalor, de ganancia y acumulación, de valorización del capital invertido para una acumulación ampliada que asegure la dominación del capital sobre la sociedad en su conjunto.

Claro que el capitalismo es una relación social sustentada en la explotación de la fuerza de trabajo y en el saqueo de la naturaleza, por lo que demanda consenso social para sus propósitos. Ese consenso le resulta negado y contrarrestada con formas de organización social que luchan por el logro de mejores condiciones de vida, sea en la lucha sindical, ambiental o contra el patriarcalismo. Esas y otras formas de confrontación con el “orden” del régimen del capital restan “poder” al objetivo de la ganancia, la acumulación y la dominación. Solo bajo esas condiciones de resistencia social es que las políticas de los Estados capitalistas promueven concesiones de contenido progresivo.

Dicho de otro modo, la política pública en el capitalismo pretende resolver la demanda esencial del orden social, con consenso extendido en que el capitalismo es el único modo de resolver la satisfacción de necesidades hasta dónde ello es posible. Por lo que el ascenso de la protesta social organizada contribuye a la preeminencia de políticas de distribución del ingreso, y en ciertas condiciones de acumulación de fuerzas de poder popular, a la distribución de la riqueza.

Resulta elocuente en este sentido el último informe del Credit Suisse sobre la riqueza global.[2]

En un 2020 de pandemia, lockdown (cierre de empresas) e impacto recesivo en la producción mundial, tras un primer impacto de retroceso en la generación y apropiación de riqueza desde enero hasta mayo, la recuperación desde junio genera una desigualdad acrecentada de la apropiación personal de la riqueza, altamente concentrada. Se destaca en el Informe, en la página 17 que:

“Las diferencias de riqueza entre adultos se ampliaron en 2020 para el mundo…en la mayoría de los países.”

“El número global de millonarios se expandió en 5,2 millones para llegar a 56,1 millones…para pertenecer al 1% más rico del mundo. El grupo de alto patrimonio neto (UHNW) agregó un 24% más de miembros, el más alto tasa de aumento desde 2003.”

La gráfica de la pirámide de la riqueza es elocuente, en donde el 1,1% de la población adulta del mundo, unos 56 millones de personas, cada uno con más de 1 millón de dólares se apropian de 191,6 trillones de dólares, el 45,8% de la riqueza total acumulada hacia el 2020, año de la pandemia.

En la escala siguiente, los que acumulan riqueza entre 100.000 dólares y 1 millón, son casi 583 millones de adultos, el 11,1% del total, acumulan 163,9 trillones de dólares, un 39,1% de la riqueza total. Entre ambas categorías suman 639 millones de personas adultas que concentran el 12,1% de la población y el 84,9% de la riqueza. En la base de la pirámide, 2.879 millones de personas adultas, el 55% del total, con menos de 10.000 dólares se apropia del 1,3% de la riqueza.


¿Fracasa el neoliberalismo o estas referencias especifican la realidad de un orden social de privilegio a la concentración del ingreso y de la riqueza en pocas manos?

Mientras el 1,1% de la población adulta concentra el 45,8% de la riqueza socialmente generada, el 55% apenas se apropia del 1,3%. Algo así como que 56 millones de personas apropian el equivalente de casi 2.900 millones de personas.

Esta pirámide expresa la situación actual del orden capitalista, que recrea las condiciones de funcionamiento para la valorización de los capitales y la dominación social.

La discusión es si se puede disputar el sentido común del orden social necesario para construir otro sistema de relaciones económico sociales sin explotación, ni patriarcalismo y saqueo de bienes comunes para atender las más amplias necesidades de la población mundial.

Buenos Aires, 26 de junio de 2021

 



[1] Doctor en Ciencias Sociales de la UBA. Profesor Titular de Economía Política de la UNR. Integra la Junta Directiva de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA.

El producto es igual al ingreso, pero los precios en alza y los salarios en baja dan cuenta de la inequidad en la distribución

 

La inflación preocupa en la Argentina y empieza a aparecer como problema en otros países, especialmente en EEUU.

El registro mensual de la inflación en el país sudamericano equivale a la proyección anual del norteamericano, pero la suba de precios, manifestación de la inflación, supone un problema para la parte mayoritaria de la sociedad que percibe menores ingresos, aquí, allá y donde sea.

Los manuales de economía explican la igualdad entre producto (o valor agregado) e ingreso, entre el flujo real de bienes y servicios, y el flujo nominal, el dinero que se usa para retribuir a los factores de la producción: Tierra, Capital y Trabajo.

El producto no incluye a los medios de producción, solo al valor agregado, que en términos de distribución son la remuneración a la propiedad de la fuerza de trabajo(salarios) y a la propiedad de los medios de producción (ganancias diversas o rentas).

Por eso, con aumento o reducción del “producto”, importa considerar como se distribuye el resultado en materia de “ingresos” de los factores de la producción: renta, ganancia o salario. Los precios expresan la valorización del producto, por lo que la reducción de salarios supone el incremento de la ganancia (incluida las rentas) y viceversa.

En la coyuntura argentina se discute la suba del precio de la carne, hoy por encima del promedio de los alimentos y del conjunto de precios medidos por la estadística oficial. No siempre ocurre así, pero es lo que motiva hoy el conflicto entre las grandes centrales empresarias del agro versus el gobierno, el lockout del campo. La motivación de la respuesta empresaria es la suspensión temporal por 30 días de las exportaciones dispuesta por el gobierno. La réplica del lockout en la comercialización de la carne acontece mientras transcurre la negociación, en un intento de flexibilizar la política oficial y la respuesta empresaria.

El problema es la suba del precio de la carne, la suba de los alimentos y/o de los bienes y servicios de la canasta de consumo, junto a la realidad de una menor capacidad de compra de la mayoría de la población que percibe ingresos fijos. Este debiera ser el problema central en la discusión. Aludimos a los asalariados en relación de dependencia o no, con seguridad social o flexibilizados, precarizados, o simplemente aquellos que obtienen ingresos por trabajos circunstanciales (changas); tanto como jubilados/as, o beneficiarios/as de planes sociales.

Son los perjudicados por el alza de los precios. El “ingreso” se distribuye al conjunto social, es decir, también a los propietarios de medios de producción. Entre estos, a los pocos que monopolizan la gran propiedad de la tierra, o aquellos que concentran como propiedad privada, lo principal de las instalaciones, máquinas, herramientas, materiales y materias primas, elementos necesarios para encarar el proceso de producción. Estos propietarios perciben rentas o ganancias.

Por esto, más allá de la inflación, el crecimiento o la recesión, el “producto” se distribuye como rentas, ganancias o salarios. La renta es del suelo, petrolera, gasífera, financiera; como la ganancia es industrial o comercial, evidenciando dos fuentes de ingresos derivadas de la propiedad de los medios de producción, o de la fuerza de trabajo.

El problema esencial hoy es la suba de precios, sí, pero, sobre todo, la baja de los ingresos populares. Lo que existe es inequidad en la distribución del ingreso, confirmando una tendencia a la desigualdad socioeconómica. La canasta básica total para una familia de 5 integrantes, según el INDEC, requiere de 66.217 pesos al mes.[1]

Pensando en una jornada laboral de 8 horas diarias y por 21 días al mes, se requeriría una retribución del orden de los 395 pesos por hora. Otro cálculo sencillo podría ser el equivalente entre una hora de trabajo y un kg de carne, que podría, según el corte, elevarse a 450/600 pesos por hora. Así calculado, el salario mínimo debiera oscilar entre lo necesario para cubrir la canasta total del INDEC, más de 66.000 pesos y unos 100.000 pesos mensuales. Valores alejados del salario o la jubilación mínima y ni hablar de los planes sociales. Incluso lejos del promedio de los ingresos populares.

¿Quién se defiende de la inflación o le gana a la suba de los precios?

Se defienden los que perciben ingresos superiores, en general los grandes propietarios de los medios de producción. Incluso, aquellos que perciben ingresos fijos que están muy por encima del promedio de los salarios, los gerentes y elencos gerenciales de las grandes empresas.

El aumento de la producción puede favorecer la discusión sobre la apropiación equitativa de los ingresos, aunque no siempre, mientras que la disminución, la recesión, exacerba la lucha por la apropiación de quienes dominan el orden económico desde la propiedad de los medios de producción. Por eso abominan de cualquier política económica que restrinja la apropiación de ganancias o rentas, entre ellas las retenciones.

Un tema adicional a considerar es el destino de la producción de carne o de alimentos, algo que interviene en la distribución del ingreso y en el impacto inflacionario. Es que la exportación porta un precio que es apropiado por el último eslabón de la cadena comercial y productiva, no siempre asociado al productor en origen del bien exportado. El resultado de la exportación es apropiado por el gran acopiador y exportador y no socializa en el colectivo necesario para su producción. Por eso, el precio internacional, ahora en alza, como las commodities en general, supone una defensa en los ingresos de esos grandes productores y exportadores en desmedro del conjunto que produce la riqueza social, incluso en contra de pequeños y medianos empresarios que participan de la cadena de valor de la carne u otras producciones.

Es cierto que existe una menor ingesta de carne vacuna en Argentina. Hay razones culturales en el cambio de la dieta de la población. Por ello, el menor consumo de carnes remite, por ende, a los menores ingresos de la mayoría de la población que percibe ingresos fijos, pero también a razones culturales. Por la misma razón se puede explicar la mayor ingesta de carne vacuna de la población en China. No solo hay razones culturales en el cambio de la dieta alimentaria del gigante asiático, sino también un crecimiento de los ingresos de la población, derivados a su vez de la expansión del producto.

Ese cambio en la dieta o la mejora en la distribución del ingreso es resultado de un objetivo de política económica. La política económica, sea para favorecer un orden social o para modificarlo, es lo que importa, y en general, es lo que no se debate. ¿Por qué en China puede existir una mayor propensión social al consumo de carne vacuna y no en la Argentina? Incluso, para el debate y en términos relativos, que sería lo adecuado, allá o acá.

Un importante comprador de carne argentina es China, país que planifica su economía y el cambio de la dieta alimentaria de su población. Como nadie en el mundo, China ha contribuido a mejorar el ingreso per cápita en su territorio y contribuido globalmente a disminuir la pobreza, se piense lo que se piense en materia política, económica, o cultural, del modelo productivo y de desarrollo chino.

Ese gran comprador estimula la suba de precios de la carne o de la soja, entre otros bienes. En ese marco, los vendedores desde la Argentina o de cualquier país, pretenden cobrar en el mercado interno el precio internacional, en las condiciones de la demanda actual. Por eso sube el precio de las carnes en el mercado local y afecta a los sectores sociales empobrecidos con pérdidas relativas en sus ingresos.

Por eso, defenderse de la inflación supone discutir el modelo productivo y de desarrollo. No se trata de no vender al mercado mundial, sino de planificar la producción y su distribución, en el mercado mundial y en el local, asociado a definiciones estratégicas. La carne y el trigo son esenciales en la dinámica cultural del consumo local, no así de la soja. Por ellos es que se requieren definiciones específicas sobre cada uno de los procesos productivos y de circulación de bienes y servicios, lo que incluye la planificación de la distribución del ingreso y de la riqueza.

¿Bajarán los precios con la suspensión temporaria de las exportaciones de carne vacuna? Difícil responder, y en rigor, habilitó una nueva ronda de negociaciones que no modifican la cuestión de fondo, que remite al régimen de propiedad y dominación. Las patronales pretenden el precio internacional en las ventas locales, y si no, lo más que puedan. La política gubernamental disputa el consenso, en un año electoral de medio turno presidencial. La esencial que remite al modelo productivo y de desarrollo aparece escamoteado en el debate público.

Resulta adecuado defender la vinculación del país con el mercado mundial, pero desde la premisa necesaria de satisfacer la demanda local en una proporción adecuada al tipo de inserción internacional y perspectiva de civilización pretendida. Hace falta un consenso extendido sobre qué producir y para quién, sea en el mercado local o mundial, lo que debe resultar de un debate ampliado en el conjunto social.

Más allá de la inflación

Las retenciones no debieran estar en el eje de las discusiones, sino la necesaria reflexión sobre qué tipo de relaciones económicas se requieren para la sociedad en nuestro tiempo. Igual que las retenciones, el escamoteado debate sobre los tributos tiene el mismo sentido.

¿Quién debe financiar el gasto público y con qué objeto? Los empresarios, especialmente los grandes, tienen como objetivo la ganancia, la que se logra al mayor precio posible y evitando toda contribución al sostenimiento del Estado.

El precio es el “fenómeno” por el que disputan ingresos, y en “esencia”, detrás de los precios está el “valor”. Ese valor, o esa producción de valores está subordinada en el capitalismo a la inversión en origen. Inversiones realizadas con el objetivo de “ganar y acumular”, con el propósito en última instancia de “dominar” y reproducir la lógica capitalista. Al inicio está el dinero acumulado, que comienza un ciclo productivo desde la propiedad de los medios de producción en la contratación de fuerza de trabajo y la creación de más valor (plusvalor o plusvalía). Ese plusvalor es fuente de los ingresos de los propietarios de la tierra, las instalaciones, las maquinarias, los materiales, las herramientas, etc. El objetivo final pasa por las ganancias, la acumulación y la dominación.

La ganancia es ingreso, como la renta del suelo. Ganancia y renta es plusvalía transfigurada, como el interés o la renta financiera. El gran debate es el origen de esa renta, que en la escuela clásica y en la crítica de Marx se concentra en el trabajo como generador de la riqueza, en el trabajo social en general, no solo producto del trabajo directo en la producción de carne, o de soja. Es que buena del trabajo industrial o de servicios es necesario para esas producciones, incluso con poca contratación de fuerza laboral. Entre otros aspectos, aludo a la producción de computadoras, de tecnología, de la química, de las redes e interconexiones de la era digital, entre muchas formas del trabajo social que son necesarias para producir autos, alimentos, o productos de la fantasía, el arte, la literatura, la música o cualquier forma de producción social.

De hecho, lo concreto hoy es la tendencia al crecimiento de los ingresos por renta. Renta financiera y del suelo como eje del capitalismo actual, en donde esa renta proviene de la plusvalía o trabajo no pagado, no solo en un país, sino en el capitalismo mundial.

Volviendo a la inflación, la corriente hegemónica sostiene que los precios suben por la elevada emisión monetaria, omitiendo que el dinero no solo se emite para transacciones, sino también para atesorar o especular, compra de divisas o bonos incluidos. En la coyuntura, el precio de las divisas está contenido y entonces no se puede explicar la inflación por la emisión, cuando parte de esta tiene destino en la especulación más allá del proceso de circulación mercantil. Hace falta discutir estos temas más allá del precio tal o cual, porque lo que se discute es el proceso de producción y circulación, los beneficiarios y perjudicados, y que tipo de Estado se requiere para resolver los problemas de la cotidianeidad de una mayoría empobrecida.

Además, en momentos donde la emergencia sanitaria muta hacia una catástrofe agigantada por la miseria del orden económico, la situación se descarga con crueldad sobre la mayoría empobrecida de la sociedad. En vísperas de la revolución de mayo de 1810 vuelve a demandarse un grito de libertad para una vida adecuada a los tiempos en este transcurrir del primer tercio del Siglo XXI.

Buenos Aires, 24 de mayo de 2021

 

Comparaciones odiosas

 

La emergencia sanitaria por el COVID 19 nos trae sorpresas. El tema no se resuelve aun iniciado el proceso de vacunación y claro, la concentración de las vacunas en los pocos países de gran capacidad económica demora la posibilidad de inmunización de la población mundial.

El tema se agrava en la región latinoamericana y caribeña, una de las más afectadas, que con el 8% de la población planetaria acumula entre 25% y 30% de contagios y fallecimientos, con movilidad de perjuicio en términos relativos.

Brasil es el país de la región más afectado en términos absolutos y por mucho tiempo, Perú encabezó a los afectados por millón de habitante.

Las nuevas oleadas de afectación modifican el mapa de la situación y países que aparecían afuera del radar del virus, sienten el impacto de un modo agresivo y emergen a la cabeza del problema.

Solo a modo de ejemplo veamos la reciente información relativa a contagios y muertes en la región[1]. Uruguay aparece con el mayor impacto de incidencia por muerte COVID19 en las últimas dos semanas, seguido por Paraguay, Argentina, Colombia y Brasil, en ese orden.

Es curioso, porque la política oficial brasileña es “negacionista” del fenómeno pandemia, Argentina aparece preocupado desde el inicio y Uruguay parecía en principio no afectado.

La realidad de la pandemia modifica el tablero y aquellos que parecían inmunes soportan ahora el flagelo, caso uruguayo y quienes profesaban la prevención, Argentina, superan en casos por millón de habitantes al “negacionismo” brasileño.

Por eso aludimos a comparaciones odiosas, de un fenómeno que es global y que no distingue fronteras, solo transitoriamente alguno está mejor que otros.

Las distintas olas de contagios y derivas en fallecidos se convirtieron en un problema de larga duración. Iniciado el fenómeno a fines del 2019, para marzo 2020 fue declarado pandemia. A más de un año y analizando el impacto sanitario y económico, la situación, según varios organismos internacionales, se prolongará casi por un lustro. El horizonte de superación es el 2024 y hay que ver.

Primero se manifestó el virus en China, y aún existen quienes pretenden responsabilizar al país asiático por desencadenar la emergencia sanitaria, pero rápidamente se universalizó, afectando seriamente a Europa y luego a EEUU. En ese trayecto emergió la zona latinoamericana y caribeña como concentración de casos y más recientemente la India.

De poco sirvieron las comparaciones, e incluso China, territorio de origen, aparece hoy con las mejores respuestas integrales de combate al virus y la India, el otro superpoblado país del planeta surge como el territorio de concentración con mayor cantidad de contagios diarios desde la aparición del coronavirus.

Problema mundial de época

Se trata de un problema mundial atravesado por la convergencia múltiple de una crisis civilizatoria. El virus está asociado al modelo productivo del capitalismo contemporáneo, que en el último medio siglo mundializó las relaciones sociales de producción.

La proletarización avanzó en los territorios de mayor población, especialmente China y la India, con un tercio de la población mundial. El primero es territorio de inicio de la manifestación pandémica y el segundo concentra hoy la atención por la magnitud de afectadas/os.

Al mismo tiempo, esas relaciones económicas se expandieron mundialmente extendiendo la iniciativa privada, a contramano del medio siglo previo (1930-1980) que venía privilegiando la intervención estatal con ampliación de derechos sociales.

La privatización de la vida cotidiana afectó derechos sociales adquiridos, especialmente en la salud y la educación. La mercantilización de la vida cotidiana incluye la innovación y el desarrollo científico y tecnológico que en el caso de la “propiedad intelectual” exacerba el individualismo y la búsqueda de rentabilidad privada.

En rigor, si existe algo social es la cultura humana que atraviesa la cotidianeidad. Se adquiere la cualidad humana de modo social. No existe humanidad ni sociedad, por ejemplo, sin lenguaje, más allá de la diversidad de idiomas.

Se trata de un accionar colectivo, social, donde la experiencia humana organiza en la historia la dimensión de lo común, que hoy se manifiesta en la universalización del capitalismo y la propiedad privada, como forma específica de la historia de la humanidad.

En el antecedente está la “no propiedad privada” o si se quiere, la posesión en comunidad, como espejo de un futuro que niegue la negación. A la posesión territorial de los pueblos originarios por siglos, le sucedió la apropiación privada extendida a las relaciones sociales en toda su magnitud con el resultado que hoy sufre la humanidad. Es lo que debemos negar hoy.

Asistimos a un problema global, la pandemia, como parte de otros inconvenientes que sufre la sociedad, como la situación de hambre de casi 900 millones de personas cuando existe producción primaria para abastecer necesidades de 12.000 millones de personas, siendo unos 7.500 los habitantes del planeta.

Es que, ante la crisis energética, buena parte de esa producción se destina a satisfacer el hambre de las máquinas y equipos, antes que la de las personas. Por eso el cambio climático es un derivado directo del modelo productivo y de desarrollo, que cruza la dimensión alimentaria, energética, ambiental, económica, financiera, cultural y política. Una integralidad que aborda al conjunto de la civilización contemporánea.

Hace falta un cambio cultural, que supongo un retorno a lo común, a lo comunitario, en contra y más allá del individualismo construido por siglos.

No se trata de ver qué país gestiona mejor la pandemia, sino como la sociedad confronta el fenómeno pandémico con la esencia del orden social que se manifiesta en esta agresión a la vida de la humanidad y de la propia Naturaleza.

Buenos Aires, 19 de mayo de 2021

Las retenciones en la distribución del ingreso (Una versión publicada en BAE, en: https://www.baenegocios.com/columnistas/Las-retenciones-en-la-distribucion-del-ingreso-20210518-0190.html

 

Reaparece la discusión sobre las retenciones a las exportaciones de bienes, ahora a propósito de la suspensión por 30 días de las ventas de carne al exterior. Si la medida no tiene resultados inmediatos podría acudirse al alza de las retenciones. El fenómeno es la suba de los precios, con la carne por encima de los alimentos y de estos sobre el promedio general.

Además, la carne es un consumo importante en la dieta cotidiana de la familia argentina que, en baja en los últimos tiempos por cambios culturales de la ingesta alimentaria, se agrava por la reducción de los salarios e ingresos populares, jubilaciones y beneficios sociales.

Favorecer el consumo popular de la carne es lo que motiva el anuncio de la suspensión de las exportaciones y el aviso que podrían aumentarse las retenciones.

La respuesta anunciada es el lockout de las centrales empresarias que representan a los propietarios de medidos de producción del agro en la argentina, los que perciben los beneficios del modelo asociado al agro negocio de exportación.

En esencia, lo que se discute es quien se apropia del trabajo social, en rigor, no solo del sector primario, sino del generado por el conjunto del aparato productivo, especialmente en un momento de la economía mundial donde crecen los precios de los productos exportados por el país.

Los propietarios de la tierra y demás medios de producción sostienen que el bien producido les pertenece y por ende son destinatarios finales del ingreso por ventas a precios internacionales, que también pretenden lograr en las ventas en el mercado local.

Existe una circunstancia especial y se deriva del gran comprador de carne que es China en pleno proceso expansivo de sus compras internacionales para satisfacer la demanda de consumo de su población. Eso interviene en la suba de los precios, sin perjuicio de los insumos necesarios para producir carne, como suba de tarifas, combustibles, etc.

Sin embargo, no solo hace falta capital, medios de producción, para producir, sino y especialmente fuerza de trabajo. Por eso, desde el origen de la ciencia, la economía política definió la ley del valor-trabajo como fuente del valor y con ello, de los precios.

De ahí proviene la explicación teórica de la lucha por la apropiación del ingreso entre propietarios de medios de producción y los de la fuerza de trabajo, denominada la puja distributiva. El Estado intenta mediar en esa puja y por eso aparecen las herramientas de recaudación, entre ellas, impuestos y retenciones.

Se discute si es una medida política, y sí, lo es, en tanto se intenta morigerar la capacidad de apropiar ingresos por el propietario del capital. La vía de las retenciones o los tributos constituye un mecanismo de redistribución social de una ventaja que otorga la propiedad. Claro que también podría ser la inversa y por eso el reclamo de los inversores por reducir la presión impositiva.

¿Podría existir alguna otra herramienta? En otros tiempos se ensayaron las Juntas Reguladoras, lo que supone la intervención estatal en la mediación entre la producción y la circulación local y mundial. Pero también se pueden ensayar nuevas formas de organización de la producción para privilegiar el consumo de la población, especialmente si se trata de alimentos en un país con la mitad de su gente bajo la pobreza.

Buenos Aires, 18 de mayo de 2021