¿CEPO sí o no?

ESTA NOTA FUE PUBLICADA EN PAGINA12, en: https://www.pagina12.com.ar/803121-cepo-si-o-no Los grandes inversores piden terminar con las restricciones a la salida de capitales, que eso es el CEPO. Los titulares del capital concentrado, eso son los grandes inversores, cuentan con el aval “profesional” del FMI, que también reclama salir del CEPO. Son quienes pretenden libertad del movimiento internacional de capitales, de entrada y de salida, pero no ingresan capitales si no se les permite salir cuando quieran. Aun con el RIGI, demandan terminar con las restricciones, más aún en tiempos de vuelo hacia la calidad, que supone una atracción desde EEUU ante las vulnerabilidades financieras que se presentan en la economía mundial. El gobierno de Milei, hizo campaña diciendo que sacaría el CEPO, y lo sigue diciendo, aunque no sabe cuándo, porque tiene temores de que le ocurra lo que le pasó a Macri durante su gestión. Macri su gobierno eliminó las restricciones a la salida de capitales, y lo que ocurrió fue una disparada de la cotización de las divisas. Como sabemos, cuando se devalúa la moneda local hay cambios de precios relativos y pierden los sectores de ingresos fijos, que actualizan estos con “delay”, es decir, los ingresos populares corren de atrás a los precios, y si los alcanzan, éstos tienden a aumentar nuevamente. En definitiva, un acelerador del índice de precios, la inflación. Lo central para la gestión es bajar el índice inflacionario La lectura de Milei, Caputo y equipo es que el principal rédito político de la gestión libertaria se asienta en la tendencia a la baja del índice de inflación, de más del 20% en enero 2024 a menos del 3% en diciembre pasado. Más allá del costo social, reconocen que el sostén político de una parte de la sociedad está en la esperanza en que en algún momento “mejoren” sus condiciones de vida. Difícil que eso ocurra con el ajuste en curso, pero la política no siempre se asocia al bolsillo y operan otras cuestiones para consensuar, incluso, políticas antipopulares como las de la Libertad Avanza y sus asociados, cómplices desde la “oposición” dialoguista. Entre esas otras cuestiones se incluye la labor ideológica en contra de los “zurdos”, o sea, todos los que no remiten a la lógica discursiva y de valores de la Libertad Avanza. Como tienen desde el gobierno una mirada fija en la evolución del índice de precios, “regulan”, en la medida que pueden la política económica. Es curioso pero real, “intervienen” desde el Estado, aunque se manifiestan anti Estado. Lo hacen desde la política cambiaria y monetaria, entre otros instrumentos a disposición de la política económica del Estado bajo gestión libertaria. De ese modo lograron que el dólar se actualizara 27% en 2024, contra un índice de precios del 117,8%. Es lo que se llama apreciación de la moneda local, a contramano de la devaluación que está ocurriendo en casi todo el mundo a causa de la valorización o apreciación del dólar estadounidense. La apreciación de la moneda dificulta la colocación de productos locales por perdida de competencia del tipo de cambio, lo que no impide que el país tenga superávit comercial, por exportaciones del agro y la energía, pero con incapacidad de acumular suficientes reservas internacionales, ya que la fuga de capitales se sostiene. Remitimos a una fuga que se asienta en pagos por deuda, por remesas de utilidades al exterior o por constitución de activos externos de argentinas/os, incluido el turismo emisivo y especialmente el atesoramiento en billetes de moneda extranjera, estimado en 250.000 millones de dólares, que no están registrados en el sistema financiero local. ¿Quién gestiona las divisas? Argentina, así lo expresan sus cuentas públicas, está atrapada sin salida por la voracidad del capital privado, quienes detentan las divisas que el Estado no puede gestionar, ya que están en manos privadas. Vale recuperar que el “blanqueo” realizado en 2024 regularizó unos 22.000 millones de dólares, depositados en el sistema financiero por el sector privado, sin multas ni costo fiscal para esos evasores de tiempo atrás. Se trató de un perdón gigantesco a sectores enriquecidos, muy distinto al parámetro que se tiene con los más vulnerables y empobrecidos, caso de la quita de subsidios en tarifas o eliminación del plan de entrega de medicamentos a jubiladas/os. El CEPO lo reinstaló la gestión Macri y se mantiene porque el Estado no tiene poder para disciplinar al sector privado detrás del movimiento internacional de capitales, promoviendo la evasión que intenta luego “blanquearse”. Por eso, e gobierno quiere más deuda, del FMI o de quien sea, para armar un colchón para enfrentar la demanda de divisas de los grandes capitales. Ese fue el destino del préstamo del FMI en 2018. El BCRA informó en 2020 que esos recursos ingresaron por una puerta giratoria, pues los recibió el Estado y los derivó al sector privado vía fuga de capitales. Claro que la devolución del préstamo se carga al conjunto de la sociedad, con la renegociación del 2022 y la que está en curso en el presente. Entonces…, ¿sí o no al CEPO? No se trata de CEPO si, o CEPO no, si no del conjunto de la política económica, en bendijo de quien. Es lo que esencialmente no se modifica, y por eso la crisis política en el país. De ahí las búsquedas de soluciones en un “prestidigitador” que ofrece respuestas inmediatas, que logra hasta ahora consenso suficiente, mientras hipoteca a la mayoría de la sociedad y promueve reaccionarios cambios que mucho costará revertir. En definitiva, con CEPO o sin él, hay pocos beneficiados por la política oficial y una masa social inmensa perjudicada con el ajuste y la reaccionaria transformación del país. Más allá del CEPO, el debate ausente es por un orden económico social alternativo, con el centro en la satisfacción de las necesidades de la mayoría empobrecida de la población. Buenos Aires, 8 de febrero de 2025

Argentina en Davos no solo fue discriminación contra la diversidad sexual

Una versión de esta nota se publicó en PERFIL, en: https://www.perfil.com/noticias/opinion/lo-que-no-se-dijo-de-davos-por-detras-de-las-criticas-a-la-diversidad.phtml El Foro Económico Mundial, FEM, en su 55° cónclave anual reunió a la cúpula del poder mundial, empresarios, gobernantes, organismos internacionales, la crema del mando económico mundial. Estos encuentros se realizan anualmente desde 1971, motivados en la necesaria lectura sobre los problemas del capitalismo por los poderosos del sistema mundial. Vale recordar que en 2001, a 30 años del FEM, se reunió por primera vez el Foro Social Mundial, FSM, en 2001 en Porto Alegre, para intentar una respuesta desde los de abajo. Un signo de nuestro tiempo es la ofensiva continuada del FEM y una menor iniciativa y languidecimiento del FSM. Lo que trascendió en Argentina fue el discurso de Milei, muy concentrado en una agenda en contra de los derechos de las mujeres y diversidades, promoviendo un debate sobre valores y derechos, que alejó la discusión sobre los temas que hacen al diagnóstico de crisis del capitalismo mundial. Pretendemos en lo que sigue, tratar los aspectos esenciales del debate suscitado entre el 20 al 24 de enero en Davos, Suiza. Vale resaltar que una gran movilización popular confrontó con el discurso de Javier Milei en el FEM de Davos. La provocación presidencial en sus dichos generó una masiva respuesta de repudio, aunque ello no incluyó explícitamente la crítica y discusión sobre los temas que se trataron en el FEM. La agenda de DAVOS La reunión fue convocada bajo el grandilocuente título de “Colaboración para la era de la inteligencia”. Entre los principales ejes se sustentaba el debate sobre como “reconstruir confianza”, claro, de los inversores capitalistas y su lógica de la ganancia. También, “repensar el crecimiento”, ante la desaceleración de la economía mundial y, por ende, recomponer negocios alicaídos en el capitalismo contemporáneo. Otro asunto aludía a “salvar al planeta” ante la crisis climática, negada por Trump o Milei y muchos negacionistas de la contaminación ambiental derivada del modelo productivo destructor de la Naturaleza. Como abordar la “economía en la era de la inteligencia”, especialmente en lo relativo a generar cambios en las relaciones laborales para adaptar el empleo a la innovación tecnológica y la digitalización, todo en la lógica de mayor productividad y ganancias empresarias. Finalmente, “invertir en las personas”, una concesión para pensar en esa mayoría social excluida del avance tecnológico y que puebla la ampliación de una inmensa base empobrecida en el mundo. Todo bajo la mirada del poder concentrado y transnacionalizado del capitalismo mundial, en donde sobresale la palabra “en remoto” de Donald Trump, recién asumido en su segunda gestión y que utilizó el Foro para marcarle la cancha a los líderes del sistema mundial, gobernantes y empresarios, intelectuales y profesionales allí convocados. El America first sonó muy fuerte y amenazó con represalias a quienes no acudan al llamado de hacer grande nuevamente a EEUU (Make America Great Again, MAGA). Junto a Trump u otros personajes del orden contemporáneo, pasaron por allí los principales referentes de los organismos rectores del régimen del capital, sea el FMI o el Banco Central Europeo. Los mencionamos, ya que sus exponentes, las titulares, Kristalina Georgieva o Christine Lagarde, concentraron sus intervenciones en contestar a Trump. Ambas europeas, destacaron la nueva actitud que debe asumir Europa para no perder la carrera de la competitividad, algo sobre lo que alentó a fines del 2024 el Informe Draghi, en el sentido de que Europa estaba perdiendo contra la dinámica de las vanguardias chinas y estadounidenses, para lo cual, se recomienda un gran ajuste y una regresiva reestructuración de las relaciones de producción y circulación. La crisis del capitalismo es el centro de la preocupación de los poderosos y el debate es sobre cómo salir y superar el problema relanzado la dinámica de explotación y saqueo. Además de Milei, en Davos habló Reider El que habló sobre estos temas en un debate relativo a América Latina y el caribe, fue Demián Reider, el asesor en jefe y que Milei postulara junto a él como futuros premiados por el Banco de Suecia. Hablo Reider en un panel con presencia de representantes de Chile, Brasil, República Dominicana, entre otros, coordinados por la Decana de la Escuela Internacional de París. El lenguaje similar era en contra del populismo y a favor de la liberalización de la economía, nada novedoso. El mensaje del asesor de Milei fue eminentemente político, y destacó el ajuste económico y fiscal como premisa para asumir los desafíos del país, de la región y del mundo. Con soberbia señaló que el mundo debe hacer lo que hace con “éxito” la Argentina. Destacó que no es ningún milagro, sino que es producto de “ideas” claras, liberales y de “coraje”, claro, para disciplinar a la sociedad en la regresiva reestructuración en curso. Hablaba un “agrandado”, con el respaldo que el gobierno siente que le otorga el poder mundial y local, sustentado en un consenso electoral que pretenden afianzar en este año electoral sumando congresales al proyecto libertario. Si el temario estaba elaborado con el lenguaje diplomático de los conclaves globales, la respuesta del representante argentino fue directa: ajuste y reestructuración para la recomposición del orden capitalista. Si no se hace lo que está instrumentando la Argentina, el camino es el despilfarro y el populismo. A la hora de los desafíos sostuvo que el presente y el futuro es la “inteligencia artificial”, demandante de enormes masas de energía y que el país está en el camino de producir y exportar en magnitudes importantes la energía. En particular se refirió a la “energía nuclear” y anticipó que estará al frente del ente nuclear nacional para impulsar en plan que se difundirá en este febrero de 2025. Al respecto señaló que la Argentina irá a contramano del cierre nuclear propiciado por Alemania y estar a la vanguardia de la transformación y transición energética. El país es rico en bienes comunes, en agua y tierra, que abundan en la Patagonia, y claro, la Argentina abre sus puertas a inversores externos para el uso mercantil de bienes comunes muy preciados en el mundo. La receta de Reider y Milei, destacada por el funcionario es “achicar el gobierno”, el ajuste con “disciplina fiscal y monetaria”, más fuerte “intervención del sector privado”. Nada nuevo bajo el sol, se necesita alternativa Es una propuesta que sostuvo Álvaro Alsogaray a mediados del siglo pasado y que retomaron los gobiernos de la restauración conservadora con la genocida dictadura, continuaba en los 90 del siglo pasado y retomado con entusiasmo por le macrismo y ahora con más fuerza y decisión por el gobierno de la ultraderecha. Es más audacia, acompañada de complicidades institucionales y una base de consenso electoral. La marcha de repudio del 1 de febrero deberá asumir el programa de crítica al plan completo que se ejecuta diariamente y que también estuvo en Davos, como modelo a seguir en otras latitudes. Hay reservas democráticas en el país contra la discriminación y el racismo, como también se manifestaron a favor de la educación y la universidad pública, o recurrentemente en defensa de las jubilaciones, los salarios y los ingresos populares, las que deberán asumir la perspectiva de confrontación al ajuste y a la regresiva reestructuración de la economía, del estado y de la sociedad. Resulta ello imprescindible si se pretende dar una respuesta alternativa a los propios problemas que define el capital concentrado y el poder local y mundial. Buenos Aires, 8 de febrero de 2025

Todos los cañones de Milei para bajar el índice de inflación

En un año de elecciones de medio término y con el objetivo de mejorar la cantidad de parlamentarios, el gobierno de Milei privilegia un índice de inflación por debajo del 2% mensual. Le dio resultados esa política en el 2024 y espera lo mismo en este 2025 de elecciones de medio término. Remito al índice, porque la inflación real, la del bolsillo de cada uno se verá afectada por la suba de los servicios, especialmente de las tarifas. Por su lado, las premisas de la baja del índice se aceleran. Son las ANCLAS de la intervención estatal para cumplir, aunque parezca contradictorio, con el plan liberal libertario. Milei hace intervenir al Estado, como siempre ocurre con el capitalismo. La crítica al Estado, a su intervención es pura ideología de mercado, mercadotecnia para el logro del consenso, para conseguir los votos y obtener legitimidad institucional para el ajuste y la regresiva reestructuración del capitalismo local. Lo primero es el ancla cambiaria. Contener la devaluación es una estrategia deliberada, a cualquier costo, mientras devuelva la imagen de control de la evolución del dólar y un resultado en la baja del índice inflacionario. En efecto, la inflación del 2024 fue de 117,8% contra un alza de la divisa del 27%. Por eso, ahora la devaluación mensual, el “crawling peg”, será de 1% en contra del 2% desde el inicio de la gestión Milei-Caputo. Con la apreciación del PESO, el gobierno intentó disciplinar a quienes imaginaron un dólar a 2.500 pesos y subieron el índice en los primeros meses del gobierno Milei. Peor la pasaron los que perciben ingresos populares y el complejo empresarial cuyo destino su juega en el consumo popular. Evitar el traslado a precios de la devaluación es y será un objetivo político de la gestión Milei-Caputo. No importa la recesión por baja de consumo popular, cierre de pequeñas y medianas empresas, incluso algunas grandes que son noticias en estos días de crecientes suspensiones y despidos. Por eso también se profundizará el ancla salarial y previsional, que explica la gran pérdida de capacidad de consumo de quienes viven de ingresos fijos, salarios y jubilaciones. Asociado a ello, el ancla fiscal, el ajuste de la licuadora y la motosierra, que permitió superávit fiscal. Más aún ante la pérdida de ingresos por eliminación y baja de retenciones a las exportaciones, estimadas en 2.000 millones de dólares, los que deberán reemplazarse por mayor reducción del gasto, o sea, más motosierra y más licuación del gasto social, no en vano el presupuesto 2025 es el mismo del año anterior, prorrogado del 2023. Manda la política En el gobierno tienen claridad que la baja del índice de inflación otorga réditos en el consenso social y electoral. La inflación se constituyó en el principal problema percibido por gran parte de la sociedad, y los gobiernos anteriores solo la incrementaron sucesivamente desde el 2006, en donde reapareció el fenómeno de la suba de los precios. Una suba que expresaba la presión del poder económico para mejorar su rentabilidad, a costa del ingreso popular y una menor participación de la sociedad empobrecida en la distribución del ingreso y de la riqueza. El programa ortodoxo y regresivo de Milei-Caputo se asienta en bajar el índice de precios a cualquier costo, mientras “la política” permita el ajuste, la recesión, el cierre de empresas, la caída del empleo, de los salarios y de las jubilaciones. Para disputar ese consenso político, levemente mayoritario en el ámbito institucional, sean los poderes ejecutivos provinciales, las cámaras legislativas nacionales, provinciales y municipales, se requiere de nuevos horizontes de lo que se pretende. No se trata de devaluar ante la apreciación de la moneda local, ya que los perjudicados serán los mismos, la mayoría de ingresos fijos, empobrecidos por décadas de políticas que consolidaron el modelo productivo y de desarrollo que empezó a diagramar la reacción desde mediados de 1975 y más aun con la genocida dictadura. Se requiere otra política que dispute consenso social para hacer posible el rechazo a la lógica del endeudamiento que se constituyó en el principal condicionante de política económica desde 1975/76. Primero, salir del FMI y rechazar el odioso e ilegitimo préstamo del 2018, renegociado en 2022 y en vísperas de un nuevo acuerdo bajo esta gestión para afianzar la hipoteca que nos ata al FMI y al sistema financiero mundial. Eso traerá problemas, es cierto, especialmente con el rumbo que asume EEUU con la gestión Trump y las disputas globales que se responden con represalias unilaterales. No solo contra países críticos de la política estadounidense, casos de China, Rusia, Irán, Cuba o Venezuela, sino en la política arancelaria contra socios históricos como Canadá o México. La política manda y por eso Milei confronta. En ese plano, lo alternativo es también confrontar, y el FMI se lleva todas las fichas y no alcanza, ya que la confrontación será con el poder económico local, beneficiado por la lógica imperante desde diciembre del 2023, con Decretos o ley Bases, entre otros aspectos de la reaccionaria política oficial. Todo eso debe desandarse, lo que demanda una gran construcción de consenso político popular. Esta es la cuestión a resolver, en un camino que involucra a la gran movilización contra las amenazas de Milei en Davos y lo previo en defensa de la Universidad y la educación pública, los paros nacionales del 2024 y toda la resistencia sindical, territorial, cultural que hoy no tiene conducción unificada ni proyecto político en disputa a ser asumido por una nueva mayoría. La izquierda, dividida, tiene la posibilidad de articular la diversa resistencia, solo si se asume como proyecto de poder y deja de lado debates secundarios de un sectarismo que la aleja de las búsquedas sociales, pero también de una tendencia en fracciones al seguidismo del mal menor, reiterando un anti Menem o un anti Macri, que ahora asumiría un anti Milei. Esta propuesta está lanzada y reitera experiencias que no resolvieron el problema, ni en 1999, ni en 2015 ni en 2023, tampoco en 2025 o 2027, por lo que hace falta una discusión a fondo del programa a sustentar y las formas de ejercicio de la política para un gran consenso para otro tipo y modelo productivo y de desarrollo. Ante quienes dicen que no hay programa, este lo desmiente el proceso organizado de resistencia, en variadas movilizaciones, más grandes o más chicas, en el conflicto instalado por mejoras de ingresos salariales o previsionales, por reivindicaciones territoriales de tierra, vivienda o hábitat, por la autogestión y la defensa de los derechos democráticos, contra la discriminación y el racismo, en defensa del medio ambiente y de los bienes comunes demandados por el gran capital transnacional. Programa hay, tanto como colectivos organizados para la lucha y la confrontación con el poder. Lo que resta es el consenso masivo en un proyecto político que haga realidad la aspiración de millones que se organizan y movilizan por otro país posible. Buenos Aires, 2 de febrero de 2025

Trump y el gobierno del gran capital concentrado

Los ultra-ricos del capitalismo contemporáneo rodean y financian a Donald Trump, recién asumido al frente del gobierno estadounidense entre 2025 y 2029. Elon Musk, Mark Zuckerber o Jeff Bezos, entre otros, son la expresión de la expectativa de la vanguardia de la burguesía mundial que en el ámbito de la tecnología diseña los rumbos del desarrollo capitalista actual. La mayor competitividad del capital se asienta en la innovación tecnológica, la inteligencia artificial (i.a.) en particular, mecanismos contemporáneos de estímulo a la mayor producción de plusvalor. Asistimos a una nueva etapa de la ofensiva del capital en contra del trabajo, por la apropiación de los bienes comunes y el disciplinamiento social bajo la cultura consumista del régimen del capital. La nueva gestión Trump intentará avanzar sobre los derechos laborales y sociales al interior de la formación socio económica estadounidense, y como anunció en su discurso inaugural, promoverá la explotación de los recursos petroleros no convencionales sin preocupación por la afectación ambiental, todo en aras de la reducción del costo de producción empresario. Es el punto de discusión en la disputa de la hegemonía económica que sostiene EEUU con China. La planificación oriental bajo gestión del Partido Comunista de China hegemonizó la producción fabril global en esta primera parte del Siglo XXI, y EEUU disputa la preeminencia en el proceso integral de producción y circulación de bienes y servicios desde las mejoras en la productividad vía i.a. y el peso mundial del dólar, de las finanzas transnacionales, y el poder militar, por lo que la gestión del magnate Trump se asocia a esa expectativa por sustentar los objetivos del capital más concentrado y de vanguardia del sistema capitalista. Convengamos que esos capitales transnacionalizados aspiran a la liberación del mercado mundial, para lo que necesitan de la iniciativa del Estado estadounidense, que se asume “proteccionista” bajo la gestión Trump. ¿Es acaso una contradicción? No, es parte de la realidad que supone la competencia entre la dinámica global de acumulación de las empresas de origen chino, con fortísima participación estatal, y el capital más concentrado de EEUU e incluso de otros países capitalistas desarrollados. El proteccionismo del capitalismo desarrollado es una característica histórica de los países hegemónicos del orden capitalista. La promoción del libre cambio en los orígenes del capitalismo suponía al mismo tiempo el aperturismo a la libre circulación del capital, de las relaciones de producción capitalistas, en el ámbito mundial, en los territorios a colonizar. Por caso, Javier Milei sustenta desde su gobierno en la Argentina un aperturismo exacerbado mientras Trump enuncia el privilegio a la protección de la capital local. No hay contradicción en tanto este ejerce un papel dominante, de potencia imperialista y aquel, el de un país dependiente, subordinado a la lógica hegemónica de EEUU y el capital concentrado transnacional. Asistimos al gobierno de la potencia imperialista asentado en el gran capital de origen estadounidense, más allá de cualquier contradicción entre distintas fracciones, incluso, con la particularidad de condiciones óptimas de hegemonía institucional. De ser Trump un outsider del Partido Republicano en tiempos de su primera gestión en 2016, se transformó en el jefe de las diferentes facciones políticas republicanas, con una orientación de ultra derecha. Todos los poderes del Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial al servicio de una lógica con pretensión de superar la crisis capitalista explicitada hacia 2007/09 y un desarrollo capitalista ralentizado desde entonces. La “democracia” liberal de EEUU avanza en un rumbo de autoritarismo o de totalitarismo propio del capitalismo de nuestro tiempo, bajo mecanismos de violencia explícita, verbal o física, que se convierte en norma recurrente de la cotidianeidad. La Secretaria del Tesoro saliente, Yanet Yellen informó por escrito a los legisladores, un mes antes de finalizada la gestión, que alcanzarían el techo de deuda permitido a fin del mandato Biden, y que realizarían ajustes contables para evitar el límite de la deuda permitida, afectando pagos de jubilaciones y de seguridad social. En este sentido puede entenderse que una prioridad del gobierno Trump será la reducción de un gigantesco déficit fiscal que se acrecienta por décadas y que se sostiene en la emisión de moneda y un endeudamiento que alcanza el 140% del PBI de EEUU. Elon Musk, el multimillonario designado al Gabinete para hacer “eficiente” al Estado, será el responsable de achicar ese déficit, principalmente recortando gasto social y compromisos asociados a campañas por el medio ambiente en contra del cambio climático y todo aquello asociado a derechos conquistados en estos últimos años en materia de derechos sociales, de minorías o de género. Se asegurará Musk de mantener los contratos estatales o los subsidios gigantescos receptados por sus empresas, al tiempo que potenciará el papel del Estado capitalista para el desarrollo del régimen del capital. En rigor, son beneficios logrados más allá del territorio estadounidense, por lo que utilizará su jerarquía de funcionario gubernamental para incidir en concesiones de otros Estados nacionales del capitalismo mundial. El Estado capitalista está gobernado por grandes empresarios, entre ellos Donald Trump y Elon Musk. Esos objetivos pretenden mundializarse, para lo que la política de Milei resulta funcional. Un poder libertario, liberalizador, de ultra derecha, afirmando el rumbo autoritario del capitalismo en nuestro tiempo, resulta un signo de época, que requiere de la crítica para contribuir a desarrollar imaginarios alternativos de otro mundo posible. Una tarea para el internacionalismo popular que requiere materialización local, especialmente en tiempo en que se deterioran las condiciones de vida de una mayoría empobrecida y se despliega una fuerte iniciativa por hacer realidad la restauración conservadora del proyecto golpista entre 1930 y 1976, reasumido en los 90, luego por el macrismo y ahora por Milei. Buenos Aires, 22 de enero de 2025

Ofensiva reaccionaria de Milei y los caminos de la alternativa

Aun cuando Milei se presenta como especialista en crecimiento y lo promete durante los próximos 40 años (2025-65), no debe sorprender la tendencia al estancamiento por años de la economía argentina. Es una situación convergente con la tendencia capitalista global a la desaceleración, compensada por importantes crecimientos en China o India, entre otros países que atrajeron inversiones externas en los últimos cuarenta años. Luego de la crisis capitalista del 2007/09 la economía mundial viene creciendo a menor ritmo que en los años previos y por eso la exacerbación de la iniciativa política por la liberalización económica, lo que supone modificar regresivamente la relación entre el capital y el trabajo, el cambio de funciones del Estado para favorecer la rentabilidad de las inversiones y el estímulo a la transnacionalización del capital global, más allá de sanciones unilaterales lideradas desde EEUU. Así, la radicación de inversiones por décadas, en China o India, entre otros “emergentes” se asocia a la búsqueda de rentabilidad en territorios de abundante mano de obra, o fuerza de trabajo, barata. La extensión de la explotación es la motivación del capital por la plusvalía y la reproducción de su lógica de acumulación y dominación. Con rumbos políticos diferenciados en esos países, el desarrollo de las fuerzas productivas en el mundo genera las condiciones de posibilidad para la competitividad internacional de los capitales radicados en esos países, con consecuencias interesantes para el debate “geopolítico”, o de correlaciones de fuerzas internacionales y disputas sobre la hegemonía del sistema mundial del capitalismo. Entre otras cuestiones, es algo que agiganta el gasto militar y la guerra, con amenaza concreta sobre la vida humana y la propia naturaleza, Cambia el mundo, y con él muta el orden capitalista. El desarrollo científico y tecnológico, con su aporte actual centrado en la inteligencia artificial, la robótica y las comunicaciones en la red global, reestructura las relaciones socioeconómicas globales, estimulando nuevas confrontaciones en la dinámica histórica de la lucha de clases entre la burguesía transnacional que renueva su dominación y la clase obrera mundial, base de la producción y circulación de la riqueza, claro que con apropiación privada altamente concentrada. Todo ello interviene en las modificaciones culturales, ideológicos y políticas que se visibilizan con avances autoritarios de propuestas de ultraderecha, proceso que mundialmente expresa el proceso estadounidense bajo el fenómeno Trump, con sus respectivos correlatos en diversos territorios, caso de Javier Milei en la Argentina, más allá de matices en la política pública que enuncia uno u otro. Claro que es un tiempo de manifestación de resistencias y luchas por otro orden socio económico en diversos territorios. Las expresiones aludidas remiten a una lógica de confrontaciones en todo el planeta, desde la “primavera” árabe, la consecuente lucha del pueblo palestino y el conflicto en medio oriente, la dinámica del Sahel en África, junto a las luchas y experiencias latinoamericanas y caribeñas, a las que se suman las desplegadas en el territorio del capitalismo desarrollado. Argentina Países como Argentina, con un relativo mayor desarrollo de ingresos en la región durante la primera mitad del siglo XX, inició un proceso de empobrecimiento en el último cuarto del siglo pasado (desde 1975), acumulando ya medio siglo (1975-2025) de una tendencia a la pauperización creciente, confirmando una estrategia del capitalismo local. La ofensiva del capital define esa estrategia. Más allá de algunos momentos en este tiempo histórico, la tendencia se afirma en los preocupantes datos socioeconómicos de empobrecimiento, deterioro de los ingresos populares y pérdidas de derechos sociales, individuales y colectivos. Una situación con impacto en la desarticulación de una cultura histórica de sindicalización y organización popular. Esa ofensiva se manifiesta en cambios políticos en la representación institucional, en donde los partidos tradicionales fueron perdiendo capacidad de expresar sus imaginarios en programas previsibles, de ciudadanización y republicanismo en el caso del “radicalismo” y de justicia social y soberanía económica en el “peronismo”, sin perjuicio de otros cambios en diversas tradiciones políticas, entre los cuales mencionamos al socialismo y al comunismo, a las democracias diversas, progresistas o cristianas. Que aun existan núcleos reivindicando esas tradiciones y representaciones simbólicas, no elude la realidad de fugas hacia nuevas entidades emergentes luego de la crisis del 2001; en la disputa entre coaliciones que contienen las históricas expresiones de la política local, kirchnerismo y macrismo, hasta el presente desafiante de un consenso amenazante en la atracción del líder libertario y su proyecto antipopular. Las luchas en el periodo son fuente de estudio de una nueva camada intelectual desafiada a renovar síntesis de la construcción alternativa ante los cambios del capitalismo global en su especificidad local. El resultado de la ofensiva del capital, pese a las resistencias, es la creciente desigualdad verificada en los datos sobre Argentina, confirmando la concentración del ingreso y la riqueza en una cúpula minoritaria de la población, “nuevo núcleo de la dominación”, a la vez que se ensancha la base empobrecida, más allá de cualquier indicador de pobreza. Es que los indicadores no son fiables, por diversos motivos, a veces, incluso deliberadamente, sea para esconder los nuevos fenómenos de las contradicciones del capitalismo local. La profundización de la explotación es el camino elegido de la burguesía, local y global, actuante en la Argentina. El destino es lograr afirmar una tendencia a la igualación descendente de las condiciones de vida de la población, con relación a las vigentes por décadas en otros territorios de Latinoamérica y del caribe. A ello se asocia la confirmación de un modelo productivo que profundiza el saqueo de los bienes comunes, especialmente asentados en la tierra, el agua, la minería o la energía, potenciando una mecánica de producción para la inserción subordinada en la economía mundial. El único límite a ese proceso es la lucha popular y la emergencia de un proyecto político de inserción masivo, alternativo, inexistente aun en el imaginario social mayoritario. No se trata de opciones electorales en “contra del mal mayor” para recrear viabilidad capitalista al orden local. Aludimos a una ampliación de la construcción cotidiana de contenido alternativa a la lógica de la ganancia. La ultra derecha en su salsa Milei es el resultado de ese proceso largo de iniciativa política del poder, iniciado con la dictadura genocida y continuado en los ciclos de los 90, con Menem y de la Rúa, luego con Macri. Milei pretende coronar el proceso de restructuración regresiva del capitalismo local, por lo que disputa la instalación hegemónica de un proyecto reaccionario con consenso ampliado, incluyendo mecanismos represivos extendidos, claro que con la complicidad del sistema institucional y mediático. Eso requiere renovar la estrategia contra el capital. La base de esa estrategia está en las experiencias de reproducción de la cotidianeidad de millones de personas que protagonizan la solidaridad, la asociación y la autogestión, en variados emprendimientos asociativos de tipo cooperativo, comunitario, colectivo, en ocasiones, solo para lograr la supervivencia ante la insensibilidad de la lógica de explotación y saqueo. La alternativa existe en la fragmentación de la experiencia popular, que requiere articularse en proyecto político, no solo de resistencia y confrontación, sino de disputa de un imaginario alternativo, en el sentido histórico de los explotados y dominados en la larga lucha contra el capitalismo, global y local. Es la izquierda, en sentido amplio, contra la derecha o la ultra en su nueva expresión, bajo novedosas formas que asume la organización contradictoria del capitalismo en la actualidad. En el centro de la discusión está la lucha de clases, categoría a reivindicar en estos tiempos de relato posmoderno. El capitalismo es lucha de clases, es el poder a la ofensiva y la contraofensiva de las clases explotadas y dominadas, en una dialéctica que se resuelve en la lógica de quien vence a quien. La unidad de los afectados por el ajuste y la regresiva reestructuración es la base material de un proyecto en contra del capitalismo, por la liberación y el socialismo. Buenos Aires, 3 de enero de 2025