La inflación en el debate teórico

 

A propósito de la elevada inflación en países como Venezuela y en Argentina, incluso la suba de precios en Cuba por el ordenamiento monetario desde enero pasado, la SEPLA, Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Economía Política y Pensamiento Crítico, inició una serie de debates de su Junta Directiva con intelectuales marxistas especialmente invitados. El objetivo apunta a considerar teóricamente el fenómeno, incluso en sus variantes deflacionarias. La idea no es solo el análisis teórico, sino considerar las posibilidades de resolver la situación, especialmente para los sectores más perjudicados, lo que supone discutir una perspectiva en contra y más allá del capitalismo. En debates preliminares, la situación venezolana[1] y argentina[2] fueron seguidos con especial interés, promoviendo una instancia de consulta e investigación, iniciada con la presencia del británico Michael Roberts[3] y del español Mario del Rosal[4], en dos sesiones realizadas durante este mes de marzo. Las consultas continuarán con pormenorizados análisis desde Cuba y la atenta mirada en lo que acontece en Venezuela y Argentina, motivo originario de la preocupación.

En Venezuela, el alza de precios disparó la hiperinflación y aún en descenso en los últimos años, los valores se mantienen muy elevados, en situación de hiperinflación. El esclarecimiento del tema en diversos textos de Pasqualina Curcio Curcio intentan actualizar un debate imprescindible para la izquierda y el marxismo. Para la Argentina, con años de una inflación de dos dígitos se aceleró la suba promedio de los precios hasta el 57,3% en 2019, para bajar al 36,1% en 2020 y a febrero del 2021 presenta valores para los últimos 12 meses del 40,7%[5], con incertidumbre sobre la evolución anual, aun conteniendo la disparada de las tarifas y el dólar, epicentro de la política económica en el país. El porqué de la especificidad inflacionaria es motivo de interesantes debates públicos y a puertas cerradas. En rigor, no solo se trata de la región, sino de otros países del mundo con recurrentes ascensos de precios, casos de Irán, Turquía y algunos países africanos. Para noviembre del 2018, el Banco Mundial advertía sobre el impacto global de las tendencias al ascenso inflacionario en el orden mundial, con fuerte impacto regresivo en los países menos desarrollados[6].

La situación tiene sus bemoles, ya que la mayoría de los países presentan datos de un dígito en la evolución de los precios, superando un asunto que resultaba estratégico en los años setenta del siglo pasado, por lo que desde entonces se consideró esencial la lucha contra la inflación. Para aquel momento la novedad era que la suba inusitada de precios estaba acompañada por la recesión, por lo que se habló de “estancamiento + inflación”, usando un nuevo vocabulario: la “estanflación”. Hace poco, en agosto del 2020, el titular de la FED despidió la política monetaria de EEUU que emergió con Reagan presidente y que se sostuvo por 40 años, incluso señalando que para salir de la caída de actividad actual hacía falta un poco de inflación, claro en torno del 2%, muy lejos de los indicadores de los países que nos ocupan. La inflación, lejos de la polémica mundial, puede reaparecer en la coyuntura, incluso su contracara, la deflación.

Resulta aún temprano para ponderar la situación cubana, pero el reciente ordenamiento monetario está impactando en los precios relativos, con especial seguimiento de las autoridades para contener y compensar el impacto social regresivo en la distribución del ingreso[7]. La inflación mensual en Argentina es superior a las mediciones anuales de la mayoría de los países de la región, en algunos de los cuales se discuten los efectos de la deflación, casos de Perú o Colombia.

Inflación deflación en debate

Tanto la inflación o la deflación afectan los ingresos y condiciones de vida de la mayoría de la población, por lo que las cuestiones monetarias deben ser consideradas en su complejidad desde el pensamiento crítico de la Economía Política.

La dinámica inflación-deflación resulta un mecanismo de dominación, por ende, de apropiación del excedente económico por los capitales más concentrados del sistema mundial.

Es importante el estudio sobre las causas de la inflación, ya que las consecuencias son evidentes y remiten a la “función de la inflación para distribuir la plusvalía relativa”, tal como lo describió Mario del Rosal en el debate de la SEPLA.

La necesidad del debate se impone ante el “sentido común” instalado por la concepción liberal hegemónica que “la inflación es en todo tiempo y lugar un fenómeno monetario”, convocando a restringir la emisión monetaria e incluso de deuda pública y dejar todo a resolución de la libre oferta y demanda en el mercado. Una falacia que se desmiente entre otras cuestiones en la inmensa emisión monetaria y de deuda en los principales países del capitalismo desarrollado, especialmente en un año recesivo como el 2020, agravado por la crisis sanitaria; pero también en la mayoría de los países del mundo, aun en menor medida mientras más débiles sean esos estados del capitalismo mundial. La fortísima emisión no resulta necesariamente en aumento de los precios.

La discusión teórica es con el monetarismo en sus más diversas variantes, pero también con otras expresiones, que siendo críticas de la ortodoxia imaginan que se puede domesticar a las fuerzas del mercado con intervención estatal. Entre estas se destacan las variantes actuales del keynesianismo, sean los “neo”, los “post” o los cultores de la Teoría Monetaria Moderna (TMM). Desde el marxismo existe un debate en expansión sobre la cuestión monetaria en el ciclo de producción y reproducción de la lógica del capital.

Vale insistir que el debate contemporáneo recupera tesis históricas del pensamiento económico. El liberalismo remite a la primera sistematización de la Escuela Clásica, más allá de matices y destaques de tal o cual autor. El keynesianismo no solo remite a la obra principal del fundador, sino a textos previos sobre el dinero y la moneda, con lo que incluso polemiza el autor inglés. Los difusores de la TMM se inspiran en la escuela alemana de fines del siglo XIX, que a diferencia del enfoque relativo al dinero mercancía (oro o plata) se concentran en el dinero fiduciario (creado por el Estado). La teoría marxista se apoya en los textos de Marx, esencialmente El Capital y su acento en el valor y el plusvalor, o sea en la explotación de la fuerza de trabajo. La primera sección de la obra de Marx lleva por nombre “Mercancía y Dinero”, lo que coloca al dinero en relación con la producción mercantil capitalista.

Ese relato histórico sobre el origen de las fuentes teóricas remite a quienes se apuran a señalar que referir a Marx para considerar problemas contemporáneos resulta antiguo. Bueno, la realidad es que todo el debate teórico actual nos envía a marcos teóricos de los siglos XVIII y XIX. Claro que la dinámica del capitalismo supone actualizaciones, especialmente cuando debido a la evolución técnica y tecnológica, el dinero fiduciario, o creado por los Estados, ocupa un lugar especial relativo a las funciones del dinero como medida de los valores, medio de circulación, o dinero mundial, incluida la capacidad de atesoramiento. Es más, en el marxismo está abierto un debate luego de la crisis monetaria de agosto de 1971, momento en que EEUU rompe los acuerdos de Bretton Woods y se pierde la relación entre el dólar y el oro para la promoción de un sistema múltiple de relaciones monetarias en el ámbito mundial[8].

Tanto Michael Roberts[9], como Mario del Rosal[10] estudian pormenorizadamente las concepciones originarias de los monetaristas, corriente principal de la teoría económica contemporánea, y de sus principales oponentes en la perspectiva de la reforma capitalista desde la regulación estatal, el keynesianismo en sus variantes. Los monetaristas derivan la evolución de los precios del exceso de la oferta monetaria y en el keynesianismo se privilegia la producción y realización de la ganancia, mientras que en Marx interesa la distribución del nuevo valor creado entre salarios y ganancias, que no debiera afectar precios, sino las partes relativas de apropiación de la riqueza socialmente generada. Son puntos de partida diferentes, incluso contradictorios y que conllevan a conclusiones y a políticas económicas no convergentes. Por eso también, a veces, puede parecer un debate de sordos.

Especificidades locales y poder global

En la profunda polémica que sostiene Pasqualina Curcio Curcio con los monetaristas sobre la situación venezolana[11], destaca la irrealidad de los argumentos relativos a la emisión y se concentra en el factor externo, la manipulación del tipo de cambio. Ese factor externo puede asociarse al “poder” mundial y sus vínculos locales, los que se expresan con especificidades en cada país que sufre ataques a sus monedas locales, sea Venezuela, la Argentina, o cualquier país. Existen las especificidades y problemas derivados de la cantidad necesaria de moneda en cada caso, pero no constituyen elementos suficientes para explicar la evolución de los precios. Menos en niveles tan diferenciados de una lógica global de relativa contención de la evolución general de los precios.

La hipótesis que sustento, que necesita ser demostrada, remite a la disputa política por el rumbo de las economías nacionales, sobre todo si estas no aparecen en total sumisión a la lógica más general del orden mundial. Se trata de una cuestión válida incluso para procesos políticos que no se propongan ir más allá del capitalismo, pero que el poder mundial combate en la búsqueda de direcciones políticas gubernamentales más afines a la lógica mundial de acumulación.

Son precisamente países con elevada inflación, aquellos en los que el debate por el poder político en el sentido mencionado está presente. Queda claro que en todos los países existe discusión por el poder e incluso en términos de hegemonía en el gobierno, que no es necesariamente lo mismo que la disputa del poder, subyacente más allá de cualquier gobierno. Dicho de otro modo, ¿cuál es el gobierno más favorable a la lógica de la transnacionalización en los países de elevada inflación? Ello no supone avalar todo lo que se hace en países sancionados por la política exterior de EE.UU. o sometidos a la fiscalización de los organismos internacionales.

Cuba está bloqueada prácticamente desde el triunfo de la revolución y, por lo tanto, la lógica mercantil capitalista (poder subyacente) disputa en la cotidianeidad contra todo intento de superación. En esa contradicción pueden observarse todos los esfuerzos llevados adelante en Cuba para superar al capitalismo, entre ellos y recientes, la actualización del modelo económico en 2011, del que emerge la perspectiva del actual ordenamiento monetario. La fortaleza política de un rumbo alternativo al capitalismo aleja la propensión a la subordinación a la dinámica mundial del orden capitalista, por lo que alguna vez el líder de la revolución cubana sostuvo que la única posibilidad de fracaso se asienta en las propias ineficiencias e ineficacias del proceso revolucionario. Dijo Fidel: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.”[12] La creación del socialismo como tarea inconclusa fue reflejada en esa misma intervención, por lo que el poder global de las relaciones capitalistas están presentes en cualquier país aun cuando formule su perspectiva socialista.

Por ahí debe buscarse la disputa en Venezuela, más allá de cualquier consideración sobre las políticas implementadas bajo la gestión de Hugo Chávez (1999-2013) y de Nicolás Maduro (desde el 2013).

Insistiré en que el problema del rumbo del orden económico social es lo que determina la “estabilización de la economía” y, por ende, la inflación tiene causas específicas, propias de las leyes económicas, pero en la que la “política” propiamente dicha, o la disputa del poder político resulta esencial.

En ese sentido, es común escuchar a Martín Guzmán, Ministro de Economía de la Argentina desde diciembre del 2019 destacar que su objetivo es “tranquilizar” a la economía. Tranquilizar es hacer funcionar al capitalismo, con su lógica de producción para la rentabilidad, lo que puede suponer también relativa satisfacción de necesidades sociales vía empleo e ingresos de la población. La intranquilidad deviene de la disputa por el rumbo de la Argentina en el orden mundial. El poder (subyacente) histórico del país fue desafiado con el imaginario de un “capitalismo autónomo” y el proceso de industrialización con la aparición de la burguesía local. Son muchos los autores que derivan desde ese momento el problema de extravío del país, y con ello, el fenómeno irresuelto de la inflación. Resulta simple mirar hacia atrás en el proceso industrializador de hace un siglo, con la emergencia y disputa del gobierno, primero del radicalismo (1916) y luego del peronismo (1946).

La búsqueda por “normalizar” el capitalismo local tiene cita en los años de la dictadura genocida (1976-1983), la década del 90 del siglo pasado (1989-2001) y el gobierno macrista (2015-2019), sin perjuicio de que nunca pudo revertirse en esencia la dinámica regresiva instalada desde 1975/76. No hay solución antinflacionaria bajo el orden capitalista sin subordinación de las clases subalternas a una lógica de producción y acumulación que definen los grandes capitales, aun en procesos en crisis mundiales como los actuales. Por eso es una cuestión sistémica, que se manifiesta en la disputa por el excedente económico, afectado en tiempos recesivos.

Disciplinar a los de abajo para bajar la inflación o disputar el poder

La inflación se redujo en el mundo desde fines de los años 70 y 80 del Siglo XX, especialmente asociado a la hegemonía de las políticas liberalizadoras, llamadas “neoliberales”.

El disciplinamiento social en Gran Bretaña y en EEUU, también en Europa fue clave para universalizar lo que se ensayó previamente bajo dictaduras militares en el Cono Sur de América. Por caso, los momentos de escasa inflación en la Argentina ocurrieron durante tiempos limitados en la dictadura y en los 90. En ambos periodos sobre la base del terror por represión, la propia inflación y el desempleo y miseria generada.

Más que mirar los precios, venimos insistiendo que lo que debe observarse es cuánto del ingreso nacional se apropian los propietarios de medios de producción y cuanto las trabajadoras y los trabajadores.

El problema es el ingreso apropiado por los principales propietarios contra la mayoría social empobrecida.

Si la cuestión es el valor y con él el plusvalor, para evitar la escalada de precios y la apropiación del excedente por pocos, la búsqueda debiera orientarse a la des-mercantilización de la vida cotidiana, un debate que sostuviera Ernesto Guevara en los tempranos 60 cuando se discutía como construir el socialismo en Cuba.

El problema es que mientras resolvemos cuestiones civilizatorias la vida cotidiana transcurre, por lo que se necesita definir políticas antinflacionarias, lo que supone una confrontación con los dueños del poder, con base en la distribución progresiva del ingreso y de la riqueza, algo que el poder no está dispuesto a resignar, tal como se observa cuando se discuten impuestos a las grandes fortunas para atender las emergencias de nuestro tiempo.

La cuestión se define en términos de iniciativa política. Una predica la baja de la inflación con la reducción del gasto social, las regresivas reformas estructurales y una lógica de subordinación con el poder mundial, que en la Argentina significa pronto acuerdo con el FMI, a quien se le debe en Derechos Especiales de Giro (DEG), que con la devaluación estadounidense de su moneda, la Argentina tiene que conseguir cada vez más dólares para cancelar su deuda con el Fondo y así agravar la situación de resignar recursos para atender las necesidades de la población. La otra supone conformar poder político popular para otro rumbo civilizatorio en el país, en contra y más allá del capitalismo. Esa es la grieta de fondo en la Argentina.

Buenos Aires, 12 de marzo de 2021



[5] INDEC. Precios al consumidor, febrero del 2021, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipc_03_21DBEC742F63.pdf

[6] Banco Mundial. Las economías emergentes y en desarrollo se enfrentarán a desafíos si aumenta la inflación a nivel mundial, en: https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2018/11/07/emerging-developing-economies-to-face-challenges-if-global-inflation-rises

[8] Fred Moseley. “La MELT y el Razonamiento circular en la Nueva Interpretación y en la Interpretación Temporal y de Sistema Único”, en: https://marxismocritico.files.wordpress.com/2016/07/la-melt-y-el-razonamiento-circular.pdf

[9] Anuncia próxima publicación de un texto actualizado en co-autoria con Guglielmo Carchedi.

[10] Mario del Rosal. “La gran revelación. De cómo la Teoría Monetaria “Moderna” pretende salvarnos del capitalismo salvando el capitalismo”. © Ecobook - Editorial del Economista. 2019.

[11] Pasqualina Curcio Curcio. “HIPERINFLACIÓN. ARMA IMPERIAL”, con Prólogo de Judith Valencia. Editorial Nosotros Mismos, 2018.

[12] Fidel Castro Ruz. Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0253-92762015000100013

América Latina y el Caribe en la búsqueda de un horizonte emancipador

 

La novedad por estas horas es la movilización popular en Paraguay, uno de los territorios habitados con una población empobrecida, sea por la historia corta o la larga. Historia larga remite a la guerra de la triple alianza, desatada por la entente entre Uruguay, Brasil y Argentina entre 1864 y 1871, contra el intento más interesante de desarrollo autónomo en el marco de la lucha contra la “colonialidad” de entonces. La independencia y autonomía como proyecto, más allá de su posibilidad de materialización, devino en subordinación y condicionamiento cultural de la población asentada en territorio de los guaraníes al orden capitalista. Pero también debe sumarse a ese registro la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, que data de 1932-35. Son casi 70 años (1864 a 1935) marcados a fuego por dos guerras devastadoras en términos de vidas y condicionante de las formas de organización económica, social y política.

Más grave aún, cuando en la historia corta, no tan corta, tenemos la dominación de la dictadura de Stroessner entre 1954 y 1989, la que se proyecta en el presente gobierno constitucional del Paraguay. Este presente está asociado al “golpe parlamentario” en junio del 2012 al gobierno de Fernando Lugo (2008 a 2012). El principal objetivo del golpe fue restablecer el poder oligárquico en el gobierno del Estado nacional, y así despejar los obstáculos de un gobierno crítico a las políticas hegemónicas. El gobierno Lugo concentró años de protestas y organización popular, que con sus luchas habilitó la posibilidad de un gobierno que generó expectativas en todo el Cono Sur de la región. Ese intento por articular un proyecto alternativo encontró la respuesta del poder local, mundialmente articulado, para restablecer el orden. Esas fuerzas que dieron sustento a ese breve interregno de búsqueda de alternativa es lo que hoy se manifiesta en las calles, sin un eje articulador de proyecto socioeconómico para el futuro cercano y más allá. Se trata de un abigarrado movimiento sociopolítico con fuerte raíz en la tradición cultural de esa historia larga comentada.

Paraguay importa por su carácter de país empobrecido por su élite y sus vecinos y aquellas confrontaciones de la historia que deben ser cerradas sobre la base de un proyecto compartido y común que recoja la tradición originaria y la emancipadora contra el colonialismo y el imperialismo. Es más, la provincia argentina vecina al Paraguay, Formosa, también se encuentra en estas horas movilizada y en protesta contra el orden económico y político. En la provincia argentina existe menos articulación popular alternativa que en Paraguay, y por eso es la oposición macrista, la que intenta, oportunismo mediante, disputar la representación de la protesta para recuperar esferas de gobierno. No lo logra porque la complicidad política asocia a gobernadores radicales y peronistas en todo tiempo constitucional, siendo alternadamente oposición u oficialismo. En Formosa u otras provincias argentinas, como en Paraguay se juegan dos planos de la discusión. Uno remite a la ofensiva política de las “derechas” y sus dependencias de la estrategia intervencionista, ejemplificada en todos los “golpes”, de viejo o nuevo tipo, financiados y pensados desde la política exterior de EEUU. Otro nos lleva a la estructura económico social asentada en un patrón primario exportador subordinado al agro-negocio dominado por las transaccionales de la alimentación y la biotecnología, que se complementa con negocios ilegales.

No solo es Paraguay, ya que, con su especificidad, Haití experimenta una nueva ola de protestas y demandas contra las nuevas formas del autoritarismo de facto. Es algo que hoy se manifiesta en la extensión temporal autodefinida del gobierno, más allá de cualquier legalidad y sostenido por la represión. La violencia represiva es lo común a considerar ante los levantamientos que pongan en discusión el futuro del orden social, sea en Paraguay, Argentina, Haití o en cualquiera de los territorios de Nuestramérica. Recientemente, las protestas en Chile desafiaron el orden constitucional, legado de la sangrienta dictadura que plantó el tiempo originario de eso que ahora llamamos “neoliberalismo” en todo el planeta y que aún en crisis continúa dando letra del rumbo a seguir, con liberalizaciones diversas y ajustes que golpean a los sectores de menores ingresos.

La búsqueda no es nueva y como sostenemos, tiene historia larga y corta. A lo lejos reaparece cada tanto el proyecto de la “patria grande”, derrotado a manos de burguesías locales que privilegiaron sus negocios asociados al capital externo y al imperialismo emergente a fines del Siglo XIX. Más cerca y a comienzos de este Siglo XXI el objetivo retomó en fuerzas sociales y políticas que imaginaron un nuevo tiempo para un proyecto emancipador de carácter regional. Ese imaginario fue golpeado por los golpes de Honduras, Paraguay, Brasil o Bolivia, pero también por cambios devenidos en las urnas, los que se manifestaron en Argentina (2015) y luego Brasil (2018), incluso ahora, contradictoriamente, en Bolivia (2021). En las elecciones sub-nacionales recientes, la “derecha” boliviana mostró su capacidad de consenso electoral más allá del fracaso del golpe y el consenso para el retorno del MAS al gobierno del país andino. En el medio de este relato largo o corto aparece la demanda por el socialismo, inaugural en el pensamiento y acción del amauta José Carlos Mariátegui y muchos otros en los 20/30 del Siglo XX y materializadas con la revolución cubana a mediados del XX, la que sostiene el proyecto estratégico pese a las dificultades del bloqueo y las sanciones del poder mundial, especialmente desde EEUU.

Entre el proyecto de la patria grande o la aspiración socialista cubana se puede resolver un imaginario de horizonte concreto para el presente y futuro de la región latinoamericana y caribeña. Más allá de los límites de los diversos procesos nacionales en la región, ellos inspiran expectativas esperanzadas para recomponer un proyecto viable de transformaciones del orden económico y social para el “vivir bien” o el “buen vivir” al que nos convocan las constituciones boliviana y ecuatoriana, de reciente factura y que pueden alumbrar un camino en el marco de la oscuridad de la convergencia de la crisis sanitaria y económica en curso.

Buenos Aires, 9 de marzo de 2021

Protestas en FORMOSA, Argentina

 

¿Qué pasa en Formosa-Paraguay?

Formosa (Argentina), epicentro de un proceso histórico profundo y complejo

Por Nicolás Fabri y Ciriaco Buenaventura.

“El Imperio del Brasil, la Confederación Argentina y la República Oriental del Uruguay, fueron los verdugos de un pueblo que se levantaba orgulloso en medio de las selvas entre los milenarios ríos Paraguay y Paraná. Con sus armas cambiaron la disposición del Río de la Plata, rompiendo el equilibrio de la región, de la mano del liberalismo, que se instaló definitivamente en Paraguay como herencia de la desastrosa contienda”. Prólogo de Fernando Lugo en LA BRASA ARDIENTE CONTRA LA CUÁDRUPLE INFAMIA. Los levantamientos de los pueblos de las provincias interiores contra la Guerra del Paraguay. JUAN GODOY.

La provincia de Formosa, ubicada en el noreste de la Argentina, limitando al norte con el río Pilcomayo que la separa de Paraguay, al este con el río Paraguay que la separa de nuevo de Paraguay, al sur con los ríos Bermejo y Teuco que la separan de la provincia del Chaco, y al oeste con Salta, mediante un meridiano, Con 530.162 habs. en el año de 2010.

Tiene una profunda relación con Paraguay, pues muchas oleadas de inmigrantes de ese país poblaron gran parte de Formosa, trayendo su cultura e historia, temores y esperanzas. Esa historia viviente tiene que ver con dos guerras: La triple Alianza y la contienda con Bolivia, ambas guerras provocaron inmigración a Formosa, Misiones y Buenos Aires.

Antropológicamente el formoseño actual es el resultado de una cultura que tiene que ver con el miedo, la mansedumbre, la paciencia, producto de la enseñanza de padres temerosos de que sus hijos “se metan en política” que es “una actividad peligrosa y controlada” por el stronismo y sus nexos dentro de la provincia, muchos años antes del Plan Cóndor.

Parte de esa cultura está extendida en el” norte argentino” e incluso en buena parte del país, muy especialmente por el trabajo ideológico del miedo, emergente desde los años de la dictadura genocida.

El “no te metas” es una consigna que ganó fuerza y que ahora se azuza para comprometer una participación “en contra de la política”, asumiendo a esta como una actividad rentada de “profesionales” y no como una actividad de la población para discutir el rumbo económico y social.

1983 Vuelta a la democracia

Tres actores políticos se destacarían en Formosa con un claro y contundente plan político de gobernanza: Vicente Joga, Floro Bogado y Samudio Godoy, quienes se apoderaron del PJ e inmediatamente produjeron un pacto de gobernabilidad con los dueños de la UCR, que básicamente consistió en “nosotros gobernamos y ustedes acompañan, colaboramos con aportes para sus campañas electorales y excelentes dietas legislativas y todo en orden”.

Ese pacto de gobernabilidad de los tres actores-Joga, Bogado y Godoy- lo rompe Gildo Insfrán e inmediatamente profundiza el Estado policiaco-stronista. Recordemos que el Dr. Floro Bogado fue también gobernador y luego embajador en Paraguay, profundizando acuerdos con el mismísimo Gral. Stroessner.

Estos son los elementos estructurales del gobierno llamado Gildismo-stronista, que como todo proceso sufrirá los embates del tiempo y la entropía organizacional, sumado ahora a su ataque a los medianos productores y comerciantes, antiguos sostenedores del régimen, pequeña burguesía que se siente traicionada y en consecuencia contra ataca.

Los acuerdos con el sector de dominación paraguayas y los componentes del gobierno formoseño lo ligan en la suerte del estallido social de ambos.

Pero también la UCR-PRO formoseño acompañó el régimen y si sale a la calle es porque no quiere quedar al descubierto, trata, por tanto, de frenar o desviar el proceso a una salida “elegante” políticamente hablando y no empujar un proceso de democratización y desmantelamiento del Estado policiaco y neoliberal formoseño.

Paraguay con Stroessner en el gobierno, no tan sólo fue un gobierno tiránico sino que cumplió un rol de polea de transmisión de Brasil, del llamado Sub-imperio en el Cono Sur, cuya estructura de su Estado nunca fue desmantelado, es más, sigue funcionando, por eso el golpe parlamentario contra el gobierno de Fernando Lugo, progresista, que no se atrevió a desarticular el Estado stronista que prosigue en su faz más perversa: cultural.

El hartazgo y consecuente estallido social en pandemia desnuda a Formosa y Paraguay como “globos de ensayo del nuevo capitalismo”, pues ambos territorios aplican políticas de desatención sanitaria razonables y ruinas de medianos comerciantes y su consabida concentración y monopolización, llevando penurias crecientes al pueblo.

La diferencia entre los países hermanos es que la izquierda paraguaya tiene un mayor nivel de articulación, aun fragmentada, e incluso una tradición sindical y social en la búsqueda de un proyecto político que la represente adecuadamente. El gobierno Lugo implicó parcialmente la visibilidad de una dinámica social más allá de la gestión del capitalismo. La lucha actual en el Paraguay bajo la consigna de “que se vayan todos” expresa un mayor nivel de organización popular y disputa de la izquierda por representar al movimiento social.

En Formosa, la expresión organizada del movimiento popular expresa niveles de debilidad y fragmentación mayor, con ausencia de un proyecto político articulador.

Dos cuestiones esenciales

Una cuestión remite a la política y a la ofensiva de las clases dominantes por asegurar el poder en toda la región nuestramericana. En ese plano están los golpes en Honduras, Paraguay, Brasil y Bolivia; pero también los consensos electorales logrados en los últimos tiempos en Argentina, Brasil, incluso en Bolivia, que se suman a los más tradicionales de Colombia, Perú e incluso en Chile, ahora confrontada por la movilización popular. El hartazgo con esa derecha cómplice con el imperialismo es que la que habilitó la votación mexicana para una nueva experiencia y una dinámica de búsqueda electoral en Bolivia o Ecuador.

La continuidad y agresividad del bloqueo sobre Cuba y Venezuela, tanto como las iniciativas de movilización a favor de las derechas locales se expresan crudamente en Formosa, Argentina. La lucha del pueblo de Paraguay favorece los intentos por estimular la movilización y organización popular en Formosa y el norte argentino en la construcción de alternativa política popular.

No escondemos que una tarea central de la etapa es frenar la ofensiva política del poder mundial, la que se viene construyendo desde las dictaduras del Cono Sur en los 70 del siglo pasado y que hoy adquiere nuevas formas con golpes de nuevo tipo y una asociación de las empresas de medios de comunicación e incluso la capacidad de incidencia desde las redes sociales, gestionadas también por grandes empresas concentradas de capital trasnacional.

Otra cuestión trascendente remite a lo estructural del modelo de producción y de desarrollo, concentrado en la primarización de la producción, con el epicentro en la Soja, producto central del modelo agrario exportador bajo dominación de las transnacionales de la alimentación y la biotecnología.

Ese modelo está en el centro de la acumulación de capitales dependiente de nuestro tiempo, condicionada por el endeudamiento externo que hipoteca los recursos públicos y posterga las soluciones sociales que demanda nuestro pueblo.

El problema es el capitalismo y la dominación transnacional, que estimula y promueve la dependencia económica, financiera, tecnológica y cultural de nuestros países y al que están asociados las burocracias nacionales y en cada una de las provincias del país.

Formosa concentra hoy este doble carácter de la ofensiva política de la derecha y las contradicciones de un modelo productivo en tiempos de crisis sanitaria y recesión.

Existe la necesidad de estimular la movilización y organización popular, al tiempo que rechazar toda forma de represión y denunciar los intentos de apropiación de la movilización para un rumbo de consolidación de políticas antipopulares. La solución está en la movilización y organización popular.

9/93/2021

La intervención estatal en debate

 

La corriente principal en economía pugna a favor del “mercado” y en contra del “Estado”, lo que forma parte de un discurso ideológico que enaltece uno de los términos y denigra el otro. Siempre sostuvimos que ambas categorías constituyen relaciones sociales y, por ende, en cada caso siempre existen beneficiarios y perjudicados. El “mercado” supone vendedores y compradores. Aquellos pretenden el máximo precio en la relación de intercambio y, éstos, el menor precio posible. La relación de intercambio es contradictoria, por lo tanto, dejar actuar al “mercado” supone definir a favor del mejor posicionado en la relación bilateral. Ocurre lo mismo con la “intervención estatal”. Durante el gobierno Macri (2015-2019), se actualizaron las tarifas a valores exorbitantes, favoreciendo la demanda de ingresos de las empresas que gestionan los servicios públicos privatizados. Cuando el Estado define actualizaciones de jubilados y jubiladas y por debajo de la inflación, favorece el ajuste público demandado por el poder.

La política pública no es autónoma de beneficiarios y perjudicados. Por eso es que debemos discutir la orientación hacia el “mercado” o hacia el “estado” desde el punto de vista de quienes se benefician y quienes se perjudican. Por las dudas insistiremos en que aludimos al “mercado” y al “estado” en el capitalismo, por lo que no resulta difícil deducir que se trata de orientaciones en favor de la lógica del capital, que privilegia la ganancia y la acumulación. No solo se trata de lo que ocurre en el país, sino que es un tema generalizado s escala mundial, incluso en la capacidad de acción de los propios Estados nacionales. Un informe de la ONU de comienzos del 2021 señala:

El gasto en medidas de estímulo por habitante en los países desarrollados ha sido casi 580 veces mayor que en los países menos desarrollados, a pesar de que los ingresos medios per cápita de los países desarrollados sea solo 30 veces mayor que en los países menos desarrollados.” A continuación, agrega: “Además, la financiación de estas medidas de estímulo ha implicado el mayor préstamo que se ha solicitado en tiempos de paz, lo que ha aumentado la deuda global un 15 %. Este aumento masivo de la deuda supondrá una carga excesiva para las generaciones futuras…” [1]

Son dos cuestiones de gran interés. La primera, es que más allá del discurso relativo a la no intervención estatal, los principales países del capitalismo mundial tienen una capacidad de intervención muy superior a los países menos desarrollados e intervinieron para “salvaguardar” los intereses del capital. La otra cuestión alude al endeudamiento y la “carga fiscal” en los próximos años, lo que supone perspectivas de ajuste fiscal en perjuicio del gasto social. Es más, en el mismo informe se dice:

“…el devastador impacto socioeconómico causado por la pandemia de la COVID-19 será tangible durante muchos años, a menos que se lleven a cabo inversiones estratégicas en los ámbitos de la economía, la sociedad y la resiliencia climática”.

La cita interesa para pensar y discutir quien define esas inversiones, sus destinos y los beneficiarios, algo muy discutible si vemos el deterioro resultante sobre la mayoría social empobrecida en las últimas décadas de liberalización económica, la que está asociada a la ortodoxia de la corriente principal en el pensamiento económico. Vale insistir en que el Estado con su política define el volumen del gasto y su orientación, pero también el sentido de las inversiones y, por ende, a quien beneficiar, e incluso, en desmedro de quien. Una cuestión especial a discutir deviene del apoyo de la política monetaria y fiscal de los principales países capitalistas, las que actúan en defensa del mercado financiero y la especulación. Al respecto, en el FMI se sostiene que:

“a pesar de la persistente incertidumbre en torno a las perspectivas económicas, parece que los inversionistas mantienen su confianza en las perspectivas de crecimiento para 2021, defendiendo que el mantenimiento de las políticas de apoyo compensará cualquier posible desengaño a corto plazo. La desconexión entre los mercados financieros y la economía, de la cual tanto se ha hablado, persiste. A pesar del reciente incremento de las tasas de interés a largo plazo en Estados Unidos, los participantes en el mercado se remiten a las expectativas de tasas muy reducidas en los próximos años y las revisiones al alza de las previsiones de beneficios después de que se anunciasen las vacunas para justificar el repunte de los mercados”.[2]

Parece increíble, pero es real, en el marco de las incertidumbres sanitarias y económicas y sus impactos regresivos en pobreza, desempleo y caída de los ingresos populares, los inversionistas especulativos confían en que las políticas públicas sostendrán sus expectativas de ganancias. Es que la concreta intervención estatal de este tiempo sostiene y promueve la dinámica actual del capitalismo en el aliento al capital ficticio y su lógica especulativa.

El Estado siempre interviene y lo que interesa es discutir a favor de quien, por lo que debe poner en debate el carácter del Estado. En ese sentido venimos insistiendo en construir fuerza política ampliamente sustentada para desarrollar un “estado de transición”, desde la sociedad actual a otra donde el beneficio sea para la mayoría hoy perjudicada. Eso es el anticapitalismo, ya que la lógica ahora imperante, más allá de cualquier discurso en a favor del orden capitalista. No alcanza con discursos. Lo que hace falta es modificar la correlación de fuerzas en lo político, cultural y social para avanzar en un consenso social para la transición del capitalismo a una sociedad en beneficio de las mayorías empobrecidas. Esa transición debe partir por una tendencia a la des-mercantilización y a la satisfacción de los derechos sociales, de alimentación, educación, salud, entre muchos que hacen a la vida cotidiana en nuestro tiempo.

No se trata del Estado contra el Mercado, sino de otro Estado para otras relaciones sociales, incluso mercantiles, sustentadas en la solidaridad y la cooperación para la satisfacción de los derechos sociales y en un marco de respeto al orden natural.

Buenos Aires, 7 de marzo de 2021

 



[1] Naciones Unidas. Situación y perspectivas de la economía mundial 2021, 25 de enero de 2021, en: https://www.un.org/development/desa/dpad/publication/world-economic-situation-and-prospects-2021/

[2] FMI. Actualización del Informe sobre la estabilidad financiera mundial, enero 2021; en: file:///C:/Users/jcgam/Downloads/texts%20(2).PDF

¿Qué rumbo para América Latina y el Caribe?

 

En el blog del FMI se puede leer un informe que remite a las dificultades de corto y mediano plazo para la región latinoamericana y caribeña, con recomendaciones sobre el rumbo a seguir[1]. La norma que se sustenta desde el organismo internacional ratifica la continuidad esencial respecto de las políticas tradicionales, aunque con algo de realismo relativo a no abandonar la “asistencia” fiscal y monetaria a los más necesitados. Un realismo subordinado al temor y a la incertidumbre que genera la continuidad de la pandemia, mutaciones del virus mediante, y a la desaceleración de la economía mundial. Lo que no figura en la consideración de los escribas del FMI remite a los descontentos sociales y mucho menos a las protestas crecientes ante el regresivo impacto social, que el propio articulo reconoce.

Al respecto, señalan:

“Los costos sociales y humanos de la pandemia han sido enormes, y hacen que se cierna una gran sombra este pronóstico. Se estima que cerca de 17 millones de personas han entrado en una situación de pobreza. El empleo permanece por debajo de los niveles previos a la crisis y es probable que la desigualdad haya aumentado en la mayoría de los países. Más de 18 millones de personas han sido infectadas, y la cifra de muertos asciende a medio millón.”

Así, dan cuenta de la gravedad de la situación y más allá de los guarismos destacan lo relativo, cuando aluden a que “es probable que la desigualdad haya aumentado”. No hay dudas al respecto, y es consecuencia directa del orden capitalista, que por definición privilegia el objetivo por la producción de ganancias y su acumulación para sostener el rumbo de una inserción subordinada de la región en el sistema mundial. Todo en beneficio de una élite del poder. Se trata de una cuestión muy delicada, ya que los autores inician la reflexión con cierto optimismo de una mejora relativa en el tercer trimestre del 2020 respecto del segundo trimestre de ese año, epicentro de la pandemia y su impacto económico. Luego tendrán tiempo de explicar con nuevas expectativas esperanzadas por qué no se logró el objetivo teñido de optimismo.

No alcanza con el optimismo por restablecer el capitalismo

Resulta interesante considerar en que basan los autores de la nota el optimismo por la recuperación de la actividad económico. En el “dinamismo de las exportaciones” dicen, a sabiendas que los beneficiarios son las grandes corporaciones transnacionales que dominan el comercio exterior de la región, sustentado en la apropiación de los principales productos generados en nuestros territorios. No solo apropiación, sino sustentado en la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes, potenciando la dependencia tecnológica, económica y financiera. Es más, afirman que pese a ese crecimiento existe “escasez del consumo y la inversión”, dos categorías que ilustran la potencialidad del mercado local y a ello asociada la posibilidad de satisfacer necesidades de la población. No se trata de desconocimiento, sino de intencionalidad en orientar un diagnóstico que genere consenso para favorecer un rumbo que contribuya a los objetivos de más largo aliento del organismo internacional, obviamente vinculado al de los capitales más concentrados en el orden capitalista local y mundial.

La región necesita modificar el rumbo y para ello hace falta un plan, que desande lo andado y construya nuevos imaginarios sociales, políticos, culturales y económicos, relativos al modelo productivo y de desarrollo. Para ello hace falta un gran debate, tal como se discutió hace doscientos años contra el colonialismo, de donde surgió el proyecto de la “patria grande”, que fuera derrotado por las expectativas de burguesías locales que alimentaron la posibilidad de los “capitalismos nacionales”, los que derivaron en esta fragmentación actual. La subordinación a una lógica de dominación imperialista tuvo y tiene entre sus socios a las clases dominantes locales, cuyo proyecto se vincula a objetivos de reproducción de las condiciones de vida de la élite.

El tema de un proyecto regional con perspectivas de emancipación volvió a la agenda política en el despunte del siglo XXI y estuvo asociado a la promoción de una nueva experiencia de integración económica, política y cultural. Una cuestión central para ello devino del prestigio esencial de los valores instalados por la revolución cubana, muy especialmente con sus resultados sociales en materia de educación o salud, incluso en la coherencia de una solidaridad verificable en tiempos de catástrofes, por caso el coronavirus y la renovada solidaridad en donde se lo permita. El proyecto de la patria grande se manifestó entre otras cuestiones en una nueva institucionalidad insinuada con la CELAC como estandarte, pero también con iniciativas muy concretas en la producción y circulación de bienes y servicios. Destacan entre otras, la articulación productiva en alimentos o energía, y muy especialmente la promoción de una nueva arquitectura financiera para la utilización del excedente económico y los recursos financieros con fines de autonomía para satisfacer necesidades de los pueblos.

Sin “integración no subordinada” no hay posibilidad de solución para nuestros países. Por eso es que no alcanza con aumentos de la inversión o recomposición de la actividad económica, como pregonan los escritos del Fondo. Resulta necesario que se procuren cambios que reestructuren el orden social, afectando los privilegios de la élite y construyendo políticas que satisfagan amplias necesidades, al tiempo que respeten la vida social y natural.

Buenos Aires, 2 de marzo de 2021



[1] FMI. “Un camino sinuoso hacia la recuperación en América Latina y el Caribe”, en: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=14993