Disputa del poder en la cúpula

Disputa del poder en la cúpula Por Julio C. Gambina Existe una importante crisis política por arriba para dirimir el liderazgo del bloque en el poder mientras la dinámica popular construye la resistencia a la ofensiva ajustadora del gobierno de Milei y sus aliados, más allá de las disputas. El bloque de poder se reorganiza en el marco de la crisis capitalista. La desaceleración con perspectivas de recesión mundial tiene su especificidad local empujada por la política de austeridad de Milei. La inflación elevada deliberadamente por la devaluación en origen del gobierno (dólar de 400 a 800 pesos) más liberación de precios contribuye a la generación de miedo de la población empobrecida y a aceptar, por ahora, las restricciones de un brutal ajuste sobre los ingresos populares. A la inflación se suma la recesión con impacto en desempleo, baja de actividad económica y consumo. Más temor y condiciones para exacerbar el ajuste y la regresiva reestructuración. El enfrentamiento del gobernador de Chubut con el Presidente es una discusión al interior del poder, no solo es una cuestión política entre las derechas de LLA o del PRO, sino de los intereses detrás de los sellos políticos. Una disputa que arrastra a sectores sociales detrás de proyectos ajenos, regresivos, bajo la bandera de la soberanía de las provincias, restituida por la reforma constitucional del 94, producto del pacto PJ-UCR. Las petroleras deciden no continuar con inversiones en hidrocarburos convencionales, base de la producción y exportación desde Chubut y se orientan a la nueva meca de las ganancias en Neuquén y el yacimiento de vaca muerta. El objetivo apunta a potenciar el sesgo primario exportador del modelo de acumulación hegemónico en el país. La ganancia y su acumulación prima en las decisiones del capital. Milei sabe que su éxito está en un discurso crítico a la política tradicional y por eso insiste en que el problema es la casta. ¿Qué es la casta? Todo aquello que obstaculiza el objetivo de liberalización a ultranza, a favor de la propiedad privada y la libertad de mercado, o sea, de los inversores privados. Ese fue el eje de su campaña, de su discurso inaugural y reiterados en toda entrevista y posibilidad de comunicación; en Davos en el FEM y recientemente en la cumbre de acción política conservadora en EEUU, abrazo y compromiso mediante con Donald Trump. Milei juega a todo o nada, no sabe actuar de manera distinta. Reconoce su ausencia de partido y de poder institucional o territorial, por lo que fuerza la máquina para hegemonizar la reconversión reaccionaria del capitalismo local, más allá de burocracias de derecha, en los partidos o en los medios de comunicación. Hasta ahora parece funcionar y deja sin discurso a sus aliados, a quienes quiere subordinar, tal como ya hizo con aquellos cooptados a su gestión, caso de la fórmula presidencial de Cambiemos, o destacados funcionarios del Frente de Todos. Bloque popular El problema está en la sociedad y un consenso político más allá de los votos conquistados en agosto, octubre o noviembre del 2023. El movimiento popular está desarrollando variadas iniciativas de confrontación, desde el inicio del gobierno Milei, con el paro nacional y movilización del 24E y la multiplicidad de jornadas de luchas que se suceden desde entonces a los conflictos gremiales desatados en el presente, de docentes, de estatales, de portuarios, entre otros. Pero también en inter-sindicales, multisectoriales, asambleas barriales y variadas formas de articulación para frenar el ajuste y las regresivas reformas estructurales en materia laboral, previsional o en privatizaciones. Lo que debe reconocerse es que, así como en el bloque de poder hay debate político sobre quien dirige y en ese sentido, Milei lleva la iniciativa ideológica política hasta el paroxismo, en el movimiento popular existe ausencia de alternativa política. Existen distintos proyectos políticos en ese reagrupamiento del movimiento popular y actúa desde el peronismo y sus distintas fracciones (en ese sentido está el documento de Cristina Fernández), como en la izquierda, lo que involucra a los partidos con representación institucional y un amplio abanico de construcciones políticas que articulan con aquellas, con diferencias y matices y voluntad de construir nueva identidad de izquierda para la disputa de poder, incluso con voluntad de ampliar la participación institucional. El abanico de la izquierda se incluye en movimientos sociales, sindicales, territoriales, culturales, de intelectuales, en un amplio espectro de perspectiva anticapitalista, atravesada por los feminismos populares y el ambientalismo en su diversidad, especialmente los que luchan contra el régimen del capital y su lógica de saqueo. Reagrupamientos en la disputa de poder Son tiempos de desafíos políticos en la reestructuración de los bloques que disputan poder. Por arriba está claro quiénes son los sujetos que le ponen nombre a la discusión por la hegemonía. Está pendiente la cuestión por abajo, lo que se define en la dinámica de organización y lucha del pueblo, tanto como en la crítica al capitalismo actual y la orientación de una estrategia de poder en contra del régimen del capital, una ausencia de época en la etapa actual del capitalismo. Buenos Aires, 26 de febrero de 2024

Crece el horizonte del conflicto. ¿Perspectivas de revolución?

La caída de la actividad económica y especialmente de los ingresos populares augura un crecimiento de la conflictividad social, especialmente de la huelga general. En los cursos de economía se enseña que el Ingreso (Y) es igual al Producto (P), es decir, que el PBI se iguala con los ingresos de la población, sean salarios, ganancias o rentas. La disminución del P y de los Y no es igualitaria. En efecto, la distribución del Y es desigual y las estadísticas del INDEC destacan que el crecimiento económico, del P en 2022 y 2023 no se distribuyeron equitativamente, si no que hubo una transferencia de ingresos desde los salarios a las ganancias. En el mes de diciembre, según fuentes oficiales el índice del empleo estable, el RIPTE, bajó un 17,2%, expresión de la pérdida de ingresos de salarios, jubilaciones y planes sociales. Según informa MATE, colectivo intelectual de Rosario, las trabajadoras y trabajadores perdieron 1,6 billones de pesos de sus ingresos, lo que implica una pérdida de 1,1 billón en el ingreso de bolsillo, una merma en la recaudación tributaria del orden de los 390 mil millones, una reducción de la recaudación de obras sociales por 109 mil millones y menor contribución a los sindicatos por 24 mil millones. Lo que se pierde de ingresos populares se gana en el ingreso empresario, sean ganancias o rentas. El tema es similar en todas las áreas de ingreso populares. El salario promedio es equiparable a la situación del 2001/02, del mismo modo que la jubilación mínima se encuentra en esos registros históricos de deterioro. El Consejo del salario no llegó a ningún acuerdo, ya que las centrales sindicales propusieron un 85% de actualización, para llevar el mínimo a 288.000 pesos mensuales. Las patronales no acordaron ni propusieron alternativa para la negociación y el gobierno hizo mutis por el foro y según se informa lleva el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) a 202.000 pesos por mes desde marzo, un 30% de actualización, por debajo de la inflación sufrida por la población empobrecida. El 50% del SMVM es base para el plan potenciar trabajo y el 82% de ese monto es la jubilación mínima, de allí su importancia, además de referencia para toda negociación salarial. Desde el gobierno se anticipa que no convocará a paritarias a los docentes, negando la negociación colectiva, espacio para ejercer la “libertad de discusión salarial” de trabajadores y trabajadoras. Eso demuestra la restricción de la libertad de fijar precios solo a quienes desde posición de poder pueden sumar precios. Trabajadores y trabajadoras estarán limitados de luchar por el precio de la fuerza de trabajo al negarse los espacios de discusión de esos ingresos, base para intervenir sobre el conjunto de los ingresos populares. Paro nacional y horizonte transformador La respuesta solo se resuelve desde la huelga general, anunciada desde las centrales de trabajadores y trabajadoras, en el camino del 24E y que ya aparece con fecha antes de fines de febrero, según los resuelto por el plenario de estatales del 15 de febrero pasado, con el aval de 40 organizaciones sindicales del Estado y de las empresas públicas, de jubilados del sector y articulaciones sociales diversas. Crece la conflictividad sobre la base de un descontento social ampliado por la carestía de la vida, la consecuente reducción del consumo popular por la baja de los ingresos, constituyendo el punto de sostén de una protesta diversa que convoca a la organización de inter-sindicales y multisectoriales, de asambleas populares que empiezan a definir, sin claridad de dirección política un rumbo de confrontación con la política oficial. En rigor, ocurre un debate sobre la hegemonía en el movimiento popular, entre quienes reiteran hegemonías previas y la búsqueda de nuevos rumbos, incluso más allá de la confrontación de corto plazo y que defina una nueva hegemonía en la base social para una disputa por otro orden socioeconómico más allá del capitalismo. La derecha se reorganiza bajo la hegemonía de Milei y el liberalismo exacerbado, si es que su proyecto avanza, mientras, en la oposición se habilita un debate sobre el rumbo. Hay quienes imaginan un “capitalismo reformista”, con distribución del ingreso sin cambiar las relaciones de producción, que se definen políticamente en el “centro”, con base en la tradición de gobiernos constitucionales por décadas, incluso algunos proyectos que intentan superar las agrupaciones tradicionales, sea de la lógica bipartidista o de las dos coaliciones que definieron la política luego de la crisis del 2001. En la izquierda existe una presencia institucional, cuyo peso importa a la hora de la denuncia, y un conjunto fragmentado de organizaciones sociales, culturales y políticas, incluyendo personalidades que actúan en espacios intelectuales, artísticos o culturales diversos, que animan el espacio de la búsqueda por regresar horizontes anticapitalistas, socialistas, comunistas, de autogestión y organización económico social comunitaria, sin fin de lucro y por otro orden. En este ámbito existe un importante debate ante la oportunidad de la reorganización de la derecha y el desconsiento de la tradición centrista, para constituir una propuesta política alternativa y que dispute consenso en la sociedad para un rumbo no solo alternativo a la propuesta oficial, sino uno que actúe y contribuya a la necesaria animación de propuesta de liberación en el país, la región y el mundo. La crisis capitalista empuja más liberalización y es lo que encarna el gobierno Milei. La izquierda global no tiene estrategia conjunta que se exprese en un imaginario colectivo tal como se visibilizó por décadas desde el Manifiesto Comunista, la Comuna de París o la revolución en Rusia. Más allá de matices, el rumbo por la revolución definía el Siglo XX. ¿Es posible reinstalar una perspectiva por la revolución en el Siglo XXI? Una parte de los debates en el amplio espectro de la izquierda diversa transita la discusión por reinstalar un imaginario de confrontación con el capitalismo y sus consecuencias actuales en la destrucción del ambiente o el crecimiento de la desigualdad y la amenaza sobre la vida y la naturaleza. Buenos Aires, 19 de febrero de 2024

Déficit cero más desregulación en camino a la dolarización

En un informe oficial de fines de enero pasado se menciona que: “El Ministerio de Economía refuerza su compromiso de alcanzar el equilibrio fiscal financiero en 2024, como punto central de un programa económico orientado a estabilizar la macroeconomía y generar las condiciones para un crecimiento sostenido del empleo.” Queda claro que eso se logra: a) disminuyendo sustancialmente la transferencia de fondos discrecionales a las Provincias, “mejorando” las cuentas públicas nacionales e induciendo un “ajuste federal”; b) eliminando los subsidios al transporte público de pasajeros a provincias y disminuyéndolos en zona metropolitana, cargando ese costo en los presupuestos provinciales, con ingresos disminuidos por merma en la coparticipación y la recesión económica que afecta a todo el territorio nacional (medida que puede redundar en limitaciones o eliminación del servicio de transporte en localidades sin capacidad de sustentar el servicio público de transporte); c) no transfiriendo los fondos de incentivo docente, haciendo peligrar el inicio de las clases, según manifiestan los propios gobernantes de provincias. Lograr el fin de déficit fiscal se explica también por la no entrega de alimentos a los comedores y muy especialmente con la licuación de las jubilaciones y los salarios estatales. En este sentido, el INDEC informa que, a diciembre del 2023, los salarios tuvieron una variación porcentual del 8,9%, contra una inflación minorista del 25,5%. Pero, en ese marco, si los salarios privados registrados se actualizaron al 11%, los del sector público lo hicieron al 5,5%. Mientras que la inflación minorista del 2023 que alcanzó el 211,40%, los salarios privados regularizados tuvieron una variación del 165,8% y los salarios estatales del 148,6%. El ajuste fiscal, promesa de campaña electoral se está cumpliendo restando recursos a las provincias, y descargándose sobre el empleo público y las partidas del gasto social, que en definitiva se traslada como deterioro de las condiciones de vida de la población más empobrecida. El Ministro de Economía señaló que al no aprobarse la Ley de “Bases y Puntos de Partida para La Libertad de los Argentinos” (ómnibus), el ajuste fiscal deberá incrementarse. En efecto, la idea del déficit cero suponía una mejora del ingreso fiscal, especialmente tributario, en un 2,1%, lo que se suponía venía del blanqueo de capitales, la moratoria tributaria y la disponibilidad de alícuotas incrementadas de impuestos, sin efecto al caerse el tratamiento en las extraordinarias legislativas. Por eso, si la idea era reducir el gasto un 2,9%, ahora debe bajarse más al gasto para compensar la insuficiencia de ingresos fiscales previstos, más aún cuando no se podrá avanzar, por ahora con las privatizaciones de empresas públicas. Con el profundo ajuste fiscal, paralización de la obra pública mediante y ña creciente recesión producto de la caída de la actividad económica, producción y circulación de bienes y servicios, el gobierno busca que la inflación disminuya del pico del 25,5% de diciembre. Así mostrará “sus logros”: bajar el déficit y la inflación, claro que primero duplicó el índice minorista de noviembre a diciembre, y luego bajará…¿a cuánto? Incluso, a qué costo social, en caída de ingresos populares y satisfacción de amplias necesidades alimentarias, sanitarias, educativas. Devaluación del peso y rumbo para la dolarización Pero los logros que se registran son también monetarios y entre ellos sobresale que, derivado de la devaluación, el BCRA disminuyó el pasivo en pesos y acumuló reservas por 7.000 millones de dólares contra una base monetaria de 8.000 millones de dólares según Milei. Son declaraciones del Presidente ante la sugerencia de Forbes para acelerar la dolarización. En efecto, Steve Forbes, editor y nieto del fundador de la revista Forbes, elogiando y apoyando a Milei, especialmente por su intervención en Davos, destacó que “si no dolariza no tendrá éxito”. El camino de la dolarización empezó con la devaluación, confirmando el operativo tendiente al uso de los dólares del colchón o en cajas de seguridad, evidente en el gasto turístico de este verano, especialmente al exterior, incluso de pequeños ahorristas que compensan el gasto mensual liquidando sus tenencias de divisas ahorradas. Pero también desde el BCRA y la operatoria con el BOPREAL, el “Bono para la Reconstrucción de una Argentina Libre”, que dolariza los pasivos del Banco Central y tras su primera colocación de una serie por 5.000 millones de dólares empieza a ser atractiva para inversores, especialmente puesto de manifiesto con la compra realizada por el Fondo Black Rock. Bienvenidos los buitres, pareciera ser la onda de los financistas en la gestión del gobierno de la Argentina. Milei dice que estamos cerca del objetivo de la dolarización, ahora planteado para el 2025, en el camino de Menem y Cavallo, sus referencias políticas de la Argentina reciente. Lo que debemos recordar es el final de esa experiencia en el 2001, con una pueblada derivada de una pobreza acrecida que quedó como fenómeno estructural del país actual, un fuerte desempleo como consecuencia de una actividad achicada, orientada como proveedora de bienes primarios bajo la lógica subordinada de la dominación del capital externo en una dinámica transnacionalizada de la economía local. El problema es el consenso electoral que anima el ajuste, la devaluación, la desregulación económica, la libertad de comercio y para establecer precios, que está en la base del avance de una reaccionaria política económica, y que aun con importante resistencia no perfora aún el aval de los votos, por lo que el problema, más que económico es político. La dolarización y el ajuste podrá pararse si se logra articular una propuesta política que no pretenda retomar tendencias estructurales del capitalismo local de los últimos años, sino precisamente una dinámica económica y política de cuestionamiento al régimen del capital. Claro que no es sencillo, pero la voluntad del voto en el 2023 está más en el rechazo a lo existente y en la expectativa de soluciones a futuro prometidas con la liberalización de la economía y el crecimiento de la productividad para luego distribuir en beneficio de la sociedad. Una proclama jamás evidenciada en la historia del capitalismo y que el fracaso de las experiencias anticapitalistas no impide la reiteración de la crítica al orden vigente y la búsqueda de nuevos ordenes civilizatorios. Buenos Aires, 13 de febrero de 2024

Las perspectivas del capitalismo en 2024

La economía mundial capitalista continúa con sus problemas estructurales, con bajo crecimiento, principalmente en los territorios de la dominación, EEUU, Europa y Japón. China, India y otros países “emergentes” disminuyen la tendencia global y amortiguan los problemas de producción y circulación en el ámbito mundial. En el fondo, es parte de la disputa por la hegemonía del orden global, base de las disputas económicas, políticas, diplomáticas, militares que pueblan la cotidiana realidad, en un marco de amenaza civilizatoria, sea por el cambio climático o la creciente criminalidad del capitalismo, expresado en el tráfico de drogas, de armas, o la trata de personas. El objetivo principal del régimen del capital en estos momentos de crisis pasa por la creciente explotación de la fuerza laboral y el saqueo de los bienes comunes. Eso explica la fuerte ofensiva del capital en contra de las trabajadoras y los trabajadores, sus derechos y formas de lucha y organización sindical y social; tanto como la ofensiva contra la naturaleza expresada en la apropiación de los bienes comunes y los territorios, especialmente del sur global. Una ofensiva que se manifiesta en contra de toda la sociedad desde la manipulación ideológica y mediada por redes sociales y medios de comunicación subsumiendo a la humanidad en la lógica de la ganancia y la acumulación capitalista. Salir de la crisis es el desafío de las clases dominantes y en ese rumbo consolidan las preocupantes tendencias a la desigualdad, a la guerra y la militarización, orientando recursos a fines improductivos en desmedro de la satisfacción de necesidades insatisfechas de la población mundial. Aumenta el gasto militar global y se profundiza la privatización de derechos sociales, caso de la salud y la educación. El FMI pronostica un crecimiento para el 2024 del orden del 2,9%, menor a los registros pos-pandemia entre 2021 y 2023, con las “economías avanzadas” en un registro del 1,4%, en donde EEUU crecería al 1,5%, Alemania al 0,9% y el Reino Unido al 6%. Los “emergentes” crecerían al 4%, con China al 4,2% y la India al 6,3%. América Latina y el Caribe un 2,3%, explicitando serios problemas para la evolución de los países periféricos del capitalismo mundial. La información sobre la riqueza que elabora la Unión de Bancos Suizos (figura abajo) destaca el crecimiento de la desigualdad en todo el mundo, con una pirámide que se ensancha en la base empobrecida y concentra en la cúspide un núcleo reducido de concentración de riqueza e ingreso. La crisis en el capitalismo y la alternativa La economía mundial, el capitalismo, contestó a la crisis de los 60/70 con la política de liberalización de la economía bajo la denominación genérica de “neoliberalismo” porque intentaba restaurar la lógica originaria de la Economía Política (Adam Smith en 1776 y seguidores), la que fundamentaba los cimientos del orden capitalista en expansión universal. El liberalismo de los clásicos de la Economía sustentaba bajo los principios de libre comercio, libre competencia y libertad de mercado las aspiraciones de la nueva dominación burguesa de las relaciones humanas. La crítica de Carlos Marx (1867 se publica El Capital) fundamentó las aspiraciones anticapitalistas por otro orden social, sin explotación ni saqueo, que inspiró organizaciones sociales populares desde la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864). La respuesta a la perspectiva de “revolución” emergió bajo nueva fundamentación con la escuela neoclásica, que desde fines del siglo XIX resulta hegemónica en la academia y ámbitos de gobierno nacionales y globales del sistema mundial. Desde ese enfoque neoclásico emergió el keynesianismo para intentar resolver la superación de la crisis de 1930 sin caer en la perspectiva que ofrecía la revolución rusa y el socialismo. En ese derrotero es que ante la crisis de los 60/70 y bajo el ensayo terrorista de Estado en Sudamérica es que surge el “neoliberalismo”, que extiende la liberalización económica desde la década del 80 del Siglo XX y que desde 2007/09 entra en crisis y búsqueda de nuevos rumbos teóricos y políticos para orden capitalista. Desde ahí se explica la agresiva ofensiva contemporánea. Ante la desaceleración de la economía y los límites al crecimiento de la productividad del trabajo, explicitado en la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, lo que opera es un agravamiento de la explotación y el saqueo para acrecentar la masa de ganancias, explicitadas especialmente desde el complejo militar o el negocio farmacéutico sanitario, entre otros muchos. Por eso, el cambio energético demandado resulta en función de mejoras de las ganancias y la acumulación de concentrados y centralizados sectores de la economía global. Es el caso de Elon Musk y Tesla, una de las empresas que manifiesta las tendencias contemporáneas del desarrollo tecnológico y la disputa de territorios para el saqueo, como puede observarse en los intentos de apropiación del litio como insumo para la transformación del patrón energético. La disputa actual es por la subordinación de la fuerza de trabajo a la lógica del capital, lo que requiere de “consensos” ideológicos, políticos, culturales, por lo que la centralidad de la dominación mundial está en resignificar las formas políticas de la dominación. En ese sentido, así como en 1973, la dictadura chilena se constituyó en el ensayo neoliberal que luego se extendió en todo el planeta, el triunfo electoral de Javier Milei en Argentina en 2023 puede ser el experimento para una nueva prueba de liberalización económica, que aleje cualquier perspectiva anticapitalista. Contrario a otras expresiones de la ultraderecha (Bolsonaro, Trump, Meloni o Le Pen), Milei no es “nacionalista”, sino “liberal libertario”, tal como se auto define. Su objetivo es restaurar la “libertad de mercado” a ultranza, disputando consenso de la sociedad en desmedro de cualquier proyecto de crítica al capitalismo, objetado por la deriva del colapso en el este de Europa y la ausencia de un imaginario global anticapitalista. A 50 años del golpe de Chile y del inicio “neoliberal”, las clases dominantes se re-articulan en un escenario de amenaza sobre la naturaleza con violencia (guerra y desigualdad), evidenciando un capitalismo criminal que subordina a la humanidad al objetivo de la ganancia y la acumulación. El desafío teórico y político pasa por una crítica situada a las nuevas condiciones del capitalismo mundial en la perspectiva de desaceleración y crisis del 2024. Un desafío que tiene historia en la lucha de los pueblos originarios, resignificada y visible en la primera década del siglo XXI en los países andinos, especialmente las experiencias de Bolivia y Ecuador, en cuyas constituciones aprobadas hacia el 2009 se configura y delinean las bases de un programa emancipador para el Siglo XXI. En ese sentido actúa la experiencia de las luchas de los feminismos populares, las luchas anticapitalistas contra el saqueo de los bienes comunes, la re-significación de las luchas sindicales y de trabajadoras y trabajadores que enhebran nuevas formas de organización, lucha y reproducción de la vida cotidiana desde la autogestión, la cooperación y el comunitarismo. 15/01/2024

Milei pone en evidencia la crisis política

Milei avanza en su proyecto liberalizador, en defensa de la propiedad privada de los grandes medios de producción, esos que están concentrados en manos de grandes inversores, locales y mundiales. Nada para los pobres, los que tendrán que esperar el “derrame” prometido por la ideología liberal libertaria. No es una novedad, pero arrastra en la coyuntura el consesno electoral de sectores empobrecidos. Desde el diario La Nación aluden a una “revolución”, aseveración en la letra de sus principales columnistas, Carlos Pagni y Joaquín Morales Solá. Una revolución a favor de un capitalismo ortodoxo, sin intervención económica del Estado, a tal punto, que Milei reprime y pretende cobrar a los reprimidos el costo de la represión. Según Milei, el pueblo resistente debe pagar lo que no quiere comprar: la represión, lo que será una vulneración del principio de libertad que sustenta el anarco-capitalista en el gobierno. La lógica política del nuevo gobernante en Argentina desconcierta a propios y extraños, ya que convoca a sesiones extraordinarias y nadie conoció la letra chica en el Congreso hasta hoy, y en sintonía con la regresividad política, se califica a ambos instrumentos de un contenido antidemocrático, sea la Ley Ómnibus como Decreto de Necesidad y Urgencia, el DNU, que arrasa con 300 regulaciones de un plumazo, con claros beneficiarios en la cúpula empresarial y una extensa variedad de perjudicados entre los sectores empobrecidos. Además, amenaza Milei a los congresistas señalando que, si no aprueban el DNU, convocará a un plebiscito para que la sociedad ratifique su voluntad de transformación reaccionaria. El Procurador Rodolfo Barra, recordado ejecutor implacable del programa menemista en los 90, destaca el carácter no vinculante de esa consulta. Sin embargo, la amenaza apunta a resaltar la continuidad del consenso social en la “revolución restauradora” del poder oligárquico imperialista. La realidad del alza de precios de la “revolución liberal” puede evidenciar los límites del consenso social logrado en el proceso electoral, en apariencia supérstite mientras no se receptan aun las subas de tarifas en servicios públicos de energía o transporte. El descontento no es aun visible y genera desconcierto sobre como confrontar con una línea política de esencia ortodoxa en el discurso que no tiene experiencia de ejecución. Hasta algunos liberales temen por el experimento ultra liberal de Milei, quien apuesta a ser “modelo” en el mundo y por eso desafía con sus propuestas a la elite del pensamiento y la política global. Repite sin datos fehacientes que Argentina fue líder de la economía mundial a comienzos del Siglo XX y que ahora debiera retomar ese lugar. El interrogante está en si la sociedad argentina soporta el deterioro de una calidad de vida que viene de medio siglo de retroceso, con escasos momentos de tibia recuperación, que nunca supusieron revertir la “revolución” conservadora, verdadero propósito del golpe de 1976 y del rumbo potenciado en los 90 con gobernantes peronistas y radicales, una senda que intentó desarrollar Mauricio Macri entre 2015 y 2019. Alternativa se busca Se trata de un problema estructural, en rigor, no solo de la Argentina, sino en el ámbito mundial. La crisis política es global y las clases dominantes discuten como procesar una propuesta que otorgue salida a la crisis del 2007/09, lo que explica las tendencias de “derecha” que se ensayan en el ámbito mundial. En ese marco se destaca Milei, una derecha no nacionalista, que exacerba el argumento esencial de la escuela austríaca, desde Carl Menger a Murray Rothbard. La revolución “liberal”, “neo”, desplegada desde el terrorismo de Estado del sur de América, como ensayo, y generalizada en el norte imperialista por Thatcher y Reagan, entró en crisis. Esa es la razón para que aparezcan ideas y proyectos “salvadores” por derecha, evidenciando también el fracaso de propuestas tradicionales de una izquierda que colapsó en la experiencia de la URSS y sin réplica en el presente. Proyectos que sobreviven a esa experiencia o “modelo” intentan, con suerte diversa, abrir sus propios rumbos, que aun requieren ser analizados en sus posibilidades de transformación anticapitalista. El capitalismo viene respondiendo a la crisis de los 60/70 con una ofensiva reaccionaria que se define en el crecimiento de la desigualdad, la afectación del medio ambiente y la profundización de una lógica de militarización, violencia explícita y estímulo a la criminalidad del orden vigente, con trata de personas, venta de drogas, armas y una especulación exacerbada dirigida por el capital ficticio. La ausencia de alternativa política es el problema a resolver. El fracaso de las propuestas de “reforma” al orden emergente hace cuatro décadas en la Argentina, con continuidad de un modelo productivo primario exportador demanda la generación de un proyecto sustentado en un bloque social que, partiendo de las experiencias sociales y políticas por otro orden, pueda proyectar un horizonte de “revolución” en contra y más allá del régimen del capital. Resulta imprescindible la crítica al capitalismo, lo que supone recuperar en esencia los análisis de Marx, contra quien se levantó la “escuela austríaca”. Se trata de un debate histórico por la supervivencia del régimen del capital o la posibilidad de confrontarlo. La teoría austríaca tiene ahora la posibilidad de ejercer políticamente sus postulados, convocando al mismo tiempo a una crítica sustancial sobre el orden capitalista, con las especificidades nacionales de la Argentina y su inserción global, en una historia viva de búsqueda de la emancipación social. Asistimos a un tiempo de crisis de la política y de ensayo de nuevas propuestas sustentadas en la crítica del orden vigente. Buenos Aires, 27 de diciembre de 2023