Milei y un nuevo turno de reformas reaccionarias
El presidente electo de la Argentina se fue para Washington a buscar “consenso” para su programa de reestructuración regresiva del capitalismo local.
Las clases dominantes y el nuevo ocupante del gobierno argentino quieren recuperar la dinámica del “consenso de Washington” de los 90 del siglo pasado, asentado en la liberalización de la economía, la promoción de la iniciativa privada, la venta del capital público al sector privado de la economía, local o global.
Precisemos que ese “consenso” es el del poder asentado a orillas del Río Potomac, sede del gobierno estadounidense, de la Casa Blanca, del Capitolio y de la Corte Suprema de Justicia del país hegemónico del capitalismo mundial.
El capitalismo en crisis necesita de la Argentina, territorio que cuenta con cuantiosos “bienes comunes” que pretenden incorporar a la mercantilización, especialmente los hidrocarburos no convencionales (segunda reserva mundial de gas y cuarta de petróleo), el litio, el cobre, el oro, sin perjuicio de la tradicional tierra y los productos de ella derivados o asociados, explicitados en los complejos agroexportadores de soja, maíz o trigo; de la ganadería, e incluso del agua dulce, justipreciada por el capital transnacional.
Antes de viajar anticipó que, en diciembre, luego de asumido convocará a sesiones parlamentarias extraordinarias para resolver un paquete legislativo para avanzar con el ajuste y las reformas estructúrales necesarias a su programa de gobierno.
Vale recordar que Menem aceptó asumir antes de tiempo en 1989 si la oposición le aseguraba tratamiento parlamentario de las leyes de “reforma del Estado” y de “emergencia”, imprescindibles para el ajuste, las privatizaciones y regresivas reestructuraciones de los 90.
Esas leyes que Milei reclama apuntan a lograr consenso mayoritario en el Congreso nacional para el ajuste fiscal, las reformas monetarias, del Estado y la desregulación de la economía. Es lo que le demandan los que mandan en Washington, aval legislativo y político de las instituciones constitucionales del país, convalidando el consenso electoral del 56% recientemente obtenido.
No será la última prueba para asegurar los intereses del hegemón capitalista, a quien como siempre se le solicita sustento financiero para reproducir la lógica mundial de la ganancia y la acumulación capitalista.
La riqueza natural aún inexplotada de la Argentina es apetecida por la dominación global y pretende asegurarse ante un sistema en crisis.
Fondos para el rescate argentino
Durante la campaña y en las últimas semanas trascendieron distintas proposiciones para materializar el programa del liberal libertario, sea la dolarización y destrucción del BCRA o previas mediaciones hasta el logro de ese objetivo, que podría posponerse sine die.
Hoy no hay “dolarización” ni eliminación del BCRA.
En cualquier circunstancia, lo que se reitera es la necesidad de financiamiento, entre 15.000 a 30.000 millones de dólares, lo que se pueda, claro que, como resultado de esa potencialidad, se agrave la hipoteca de la deuda que recae sobre el conjunto del pueblo argentino.
Sostiene Milei y sus adláteres que necesitan divisas para resolver la deuda del BCRA con los bancos y desde allí avanzar en eliminar las restricciones para la liberalización de mercado cambiario y favorecer el libre comercio de bienes y servicios para estabilizar la economía.
La deuda del BCRA a que remiten son los pases pasivos y las letras de liquidez (LELIQ). A octubre del 2023, el balance del BCRA reconocía unos 14 billones de pesos en LELIQ y otros 7 billones en pases pasivos.
Es de interés comprobar que durante noviembre, ante la inminencia de la derrota oficialista y más aún cuando esta se concretó, los bancos no renuevan las licitaciones de LELIQ y se pasan a los pases, inversiones de corto plazo.
Así, la relación entre pases pasivos y LELIQ, cambió a favor de las primeros, con pases que alcanzan los 13,1 billones y las LELIQ unos 10,72 billones; más aún, durante lo que resta de la gestión actual vencen unos 6 billones de LELIQ, los que seguramente irán hacia los pases pasivos.
Entre pases y LELIQ suman más de 23 billones de pesos, que al tipo de cambio oficial expresan más de 66 mil millones de dólares y que en una devaluación esperable por la nueva gestión podría reducirse a 36.000 millones de dólares.
Así se puede explicar la demanda de crédito en el mercado global. Este monto o cercano es lo que se busca en el sistema financiero para encontrar una “solución de mercado” a la deuda en pesos del BCRA.
Transformar deuda en pesos por deuda en dólares, que podría transferirse desde el BCRA al Tesoro nacional y profundizar la lógica de la deuda como principal mecanismo de la dependencia local al capitalismo mundial.
Para el sistema financiero mundial resulta un mecanismo efectivo para la apropiación de excedente económico socialmente generado desde la Argentina.
Los bancos tenedores de esos pasivos remunerados del BCRA están avisados del mecanismo y satisfechos, aun cuando alarguen los plazos de sus colocaciones y reduzcan rentabilidad por menor tasa de interés. Pero claro, cambiaran acreencias en pesos por otra en divisas.
Esos pasivos son tres veces la circulación monetaria y por eso, para atender tamaña operación es que se demanda al congreso aval legislativo.
Un negocio muy importante para las finanzas locales y globales, base para estabilizar un proceso de ajuste fiscal a descargar sobre la población, especialmente la de menores recursos.
Entre pases pasivos, un 10% del PBI y los gastos a recortar por otro 5% entre obra pública, subsidios, tarifas y eliminación de gasto público y del déficit, explican la promesa electoral de reducir el gasto en un 15% sobre el conjunto del PBI.
¿Avanzarán las reaccionarias reformas?
Milei y su equipo negocia a todo nivel para asegurarse el resguardo institucional a sus medidas, por eso las conversaciones con Scioli y su continuidad, con los gobernadores del peronismo y del macrismo o lo que queda de ello, incluso de fuerzas provinciales.
Las negociaciones son febriles, no solo por cargos, sino por acuerdos y compensaciones de una economía cuya inflación se acelerará de cara al 2024.
El gran interrogante es la respuesta social, más allá del movimiento organizado en torno al proyecto liderado desde el peronismo y el kirchnerismo.
La demanda está planteada por una reorganización del movimiento social popular ante la ofensiva de un nuevo bloque de poder y su expresión política en la presidencia de Milei.
Buenos Aires, 27 de noviembre de 2023
Milei y el consenso electoral de millones
Milei retuvo sus votos de octubre y sumó casi todos los de Bullrich y de Schiaretti, expresado en 14,5 millones de votantes, el 56% del total. Un consenso electoral aplastante que ahora está desafiado en constituirse en consenso político. Es una duda a partir de confirmar en el discurso del triunfo el rumbo del “ajuste fiscal” y de reaccionarias reformas. Nos resta conocer la respuesta de su consenso electoral ante medidas que afecten condiciones de vida de millones de sus votantes…, el tiempo dirá. Massa retuvo los propios más los votos de la izquierda y una porción del gobernador cordobés, solo eso. Mientras Milei sumó 25,7% a su 29,99% de octubre, el Ministro de Economía solo incorporó 7,5% a su 36,78%, una cosecha magra sin nuevos votantes de un ausentismo que se mantuvo. Si los votantes ahora fueron el 76,31, en octubre fueron más, el 77,04%. Así, el libertario le sacó más de 11 puntos al ministro candidato, unos 2,9 millones de votos.
El inefable Macri parece haber realizado un trabajo de relojería, desgastando a Rodríguez Larreta primero y luego a Bullrich, a quien rindió ante Milei, en un trío que luego de la elección celebró el nuevo pacto de la derecha reestructurada. Macri logró instalar a su primo Jorge Macri en la Ciudad de Buenos Aires, y es socio del triunfo de Milei, constatación hecha en el agradecimiento público del sosegado mensaje, en las formas, y duro en el fondo, del electo presidente al final del acto electoral. Solo le falta vencer en el Club que lo inició en la gesta de la política para hacer la tripleta. El ex presidente se desprendió de las “palomas”, tal como le pedía Milei y hoy existe una derecha reorganizada, que habrá que ver cómo funciona en el Congreso y las legislaturas, como en los alineamientos de los ejecutivos provinciales y municipales con el nacional desde el 10/12.
Milei ratificó su discurso de campaña en la celebración. Un corto mensaje, leído, cuidadosamente preparado, en formato “estadista”, abandonado el papel del panelista irreverente. Sosegado en las formas y firme en los contenidos, especialmente relativo al ajuste. Anticipó un 15% de ajuste en campaña, solo falta ver en acción por donde pasa ese recorte y cuál será la respuesta de los afectados. Anticipó un “shock” y contacta con el enojo de sus votantes con los “privilegios”. Una categoría difusa que la realidad de los próximos días, luego del 10/12 harán más concretas. ¿Quiénes serán las/os afectadas/os? ¿Qué respuestas se generarán, incluso cómo se expresará la aplicación de la ley a los “violentos” (represión) que se movilicen en su contra? Las respuestas pueden ser rápidas y pondrán en juego el nuevo ciclo de luchas en la Argentina.
La reestructuración de la derecha convoca a otras reestructuraciones en el arco político de la Argentina. ¿Cómo se reestructurará el peronismo y el radicalismo, partidos tradicionales del ciclo bipartidista del siglo XX hasta el 2001? La reconversión bipartidista en régimen de dos coaliciones parece haber llegado a su fin. ¿Y la izquierda, asumirá el desafío de una ampliación a variados grupos de inserción social popular sin representación legislativa, e incluso a la articulación con la tradición peronista combativa, anticapitalista y antiimperialista?
El proceso electoral 2023 da muestras de cambios políticos a la luz de los operados en el orden capitalista local, como parte de las modificaciones globales ante la ofensiva capitalista de medio siglo que supuso la liberalización de la economía mundial. En la desigual distribución del ingreso y de la riqueza debe buscarse el sentido del voto. La mayor explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo sobre los bienes comunes generó la “miserabilización” de millones que solo esperan cambios, con la aspiración de mejorar la cotidianeidad. A eso debe sumarse el desprecio de una cultura “antipopular” que identifica al peronismo y a la izquierda como indeseable, expresión del racismo en nuestro territorio.
Pronto conoceremos la totalidad de los miembros del ejecutivo del presidente liberal libertario. Algunos nombres se conocen y sus propuestas son reaccionarias y antipopulares. Faltan casilleros a completar y suena el tren fantasma de antiguos colaboradores de tiempos de la dictadura o de los 90, quienes desembocaron en las dramáticas consecuencias del 2001. El proyecto de la dictadura y del 90 retorna para encarnar la antigua aspiración de la restauración conservadora de 1880 a 1910, el año del centenario, con los fastos del poder y el “estado de sitio” ante las protestas obreras y populares de las organizaciones anarquistas, socialistas, comunistas.
Cambió el capitalismo desde 1975/76 y se expresa con el triunfo de la ultra derecha en 2023. Es una realidad convergente con otros procesos en el capitalismo mundial, que incluye un escenario de guerra acelerada, con más gasto improductivo, especialmente militar, con desigualdad y especulación estimulada por la forma ficticia que asume el capital para la acumulación en esta tercera década del siglo XXI. La relación entre el peso local y las divisas así lo demuestran. Milei quiere un peso devaluado para facilitar su proyecto de dolarización. En ese camino se deterioran las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad. Las cotizaciones del dólar cripto pese al feriado van en ese sentido. Ahí se juegan las próximas tensiones de la economía.
El interrogante apunta a si la sociedad empobrecida lo acepta o genera nuevos ciclos de resistencia y de construcción de alternativas políticas para otro rumbo, más allá del consenso electoral, que por ahora queda en suspenso su consolidación como proyecto político que marque rumbo del presente y futuro cercano de la Argentina.
La derecha mundial festeja. La izquierda global está convocada a pensar críticamente la realidad y a proyectar una iniciativa política que pueda encarnar las aspiraciones de del vivir bien de las/os empobrecidas/os. Es un desafío para el presente que ilusione un porvenir de transformaciones sociales en contra y más allá del régimen del capital.
Buenos Aires, 20 de noviembre de 2023
A días de la elección presidencial
Todo tipo de denuncias y operativos mediáticos cruzados entre las principales candidaturas definen la renovación presidencial de este domingo 22/10 en Argentina, ocultando detrás de las diatribas la cuestión de fondo: un proceso inflacionario que afecta a la mayoría empobrecida del país. En efecto, un 12,7% de inflación en septiembre que se eleva al 14,3% en alimentos y bebidas no alcohólicas y al 15,7% en prendas de vestir y calzado, que anualizado alcanza al 138,3%.
La inflación es un mecanismo de transferencia de ingresos, desde la mayoría empobrecida a la minoría enriquecida. Es uno de los tantos mecanismos de apropiación de ingresos y de riqueza del poder concentrado y extranjerizado. El capitalismo local funciona con esa lógica de acumulación, que al tiempo que exacerba la desigualdad interna, reitera bajo la fuga de capitales una inserción mundial en la reproducción capitalista potenciando los rasgos de la dependencia y subordinación al poder mundial.
En rigor, a estos problemas locales debe sumarse la situación mundial, de alza de los precios internacionales, especialmente de alimentos y energía, ahora por el conflicto entre Palestina e Israel, como hace poco en Ucrania y antes a la salida de la recesión pandémica del 2020.
La incertidumbre global de estos años, con el trasfondo de la crisis mundial 2007/09 supone una recidiva de la estanflación. No solo, lo que crece es el peligro de la militarización, del armamentismo y sus secuelas de delincuencia, por el contrabando de armas y la circulación de bandas armadas que “justifican” luego intervenciones como la de Haití.
Asistimos a un mundo en peligro, que puede escalar a la confrontación nuclear, al despliegue de combates y guerras regionales, con trasfondo de disputa de poder global, alejando cualquier solución a problemas globales, sea el cambio climático o la desigualdad.
Se trata de un combo local y global que augura no solo la continuidad de los problemas actuales de la economía argentina, sino el augurio de más ajuste y empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría, especialmente asegurado con la continuidad del acuerdo con el FMI.
En el horizonte cercano existe presión devaluatoria, no solo porque hay resguardo de “riqueza” cambiando excedente en pesos por dólares, sino porque existe un accionar para condicionar cambios estructurales regresivos en las relaciones laborales y de la seguridad social, especialmente jubilaciones.
Se genera “miedo” en la población a la hiperinflación y con ello se empujan cambios políticos y económicos que perjudican a la mayoría que vive de ingresos fijos, sea con devaluaciones sucesivas o la posibilidad de la dolarización.
El próximo domingo 22/10 se juega quien gestiona el capitalismo local, pero también la composición del Congreso, territorio de realineamientos en la disputa política del nuevo turno de gestión.
Si el bi-coalicionismo reemplazó al bipartidismo, no dudemos que ahora se construye un nuevo orden en la correlación política, que no solo se juega en las instituciones, sino también en la reorganización de la sociedad y el movimiento popular.
Todos los espacios políticos juegan las dos cartas, la disputa por el ejecutivo y la del legislativo, ámbito de interés especial de la izquierda en una dinámica de acumulación de poder institucional que se jugará en la posibilidad de articular un proyecto más amplio.
Un proyecto de articulación social, cultural y político para la emergencia de un sujeto que pueda discutir el rumbo en el país más allá de la disputa electoral, que pueda discutir modelo productivo y de desarrollo, contra la explotación y el saqueo de los bienes comunes.
Lunes 16 de octubre de 2023
Acontecimientos sociales que modifican la política
Los procesos electorales constituyen acontecimientos que definen rumbos en la política. Es el caso de las PASO de agosto pasado en la Argentina. El inesperado resultado electoral movió las piezas del tablero. Tres candidatos quedaron muy cerca del 30% cada uno, pero encabezados por la ultraderecha “liberalizadora”. Esta fue la gran sorpresa y que convocó a interesantísimos debates sobre el contenido del voto, junto a elucubraciones sobre incertidumbres para el próximo turno de gobierno entre 2023 y 2027.
El dato relevante es que la población votó, aún con un 30% de ausentismo, el más alto en las series de votaciones desde 1983. Entre los ausentes y el triunfo de los ultras liberales se consideran distintos niveles de desconformidad con la situación de elevada inflación, empobrecimiento en alza y deterioro de condiciones de vida de millones de personas. La sensación es que todo saltó por los aires y ya no hay previsibilidad cierta, con muchas incógnitas sobre lo que vendría.
Por un lado, el FMI despejó el camino para un desembolso de fondos, que venía demorado por meses y empujó, en acuerdo con el gobierno una devaluación del 22% en el primer día hábil luego de la elección. Con esa medida, todos quienes pudieron subir precios lo hicieron, más allá de cualquier límite cuantitativo dispuesto por la devaluación.
El aumento “por las dudas” o “por lo que se viene”, mayores devaluaciones e incluso una hipotética dolarización, elevó el costo de vida más allá de cualquier racionalidad económica.
Ratifica así que el FMI es uno de los factores aceleradores de la inflación, un mecanismo de redistribución regresiva del ingreso y la riqueza. Otro argumento para demandar la anulación del acuerdo con el FMI y por ende la suspensión de pagos e inmediata auditoria sobre las deudas del país.
Por otro lado, se reestructuró la política electoral y las tácticas de los contendientes.
Un golpe fuerte recibió el macrismo, atrapado en festejar la suma de votos por derecha, pero que curiosamente lo dejaba afuera de la segunda vuelta, un tema a verificar el 22 de octubre.
Recién ahora, luego de algunas elecciones provinciales y la designación de Melconian como futuro ministro de economía parece haberlos sacado del letargo del golpe por no encabezar las preferencias electorales en las PASO.
Imaginaban un triunfo cantado para dirigir el gobierno del próximo turno y en la foto de la fecha están afuera. Tan es así que ahora no solo batallan contra el oficialismo, sino también en contra de los ultras liberales, una política acompañada por los principales medios de comunicación, Clarín y La Nación, que ahora descubren el peligro Milei.
La movilización electoral por Milei conmovió al oficialismo, quien luego de la devaluación lanzó un conjunto de iniciativas compensatorias, algunas de fuerte impacto, como la eliminación de la cuarta categoría del impuesto a las ganancias, una histórica reivindicación del movimiento sindical.
Fueron varias las medidas, ente las que destaca la devolución del IVA y diversos bonos o recursos que se distribuyen entre sectores de bajos ingresos.
Lo que no se hiso en años, ante el cambio de situación política, en pocas semanas fue posible avanzar con reivindicaciones históricas asociadas a la distribución del ingreso, más allá del impacto en la macroeconomía y los equilibrios fiscales suscriptos con el FMI.
¿No era que no se podía? Massa escuchó el mensaje de Lula: “andá y hacé lo que tengas que hacer para ganar”.
Hay que ver si alcanza para ganar, o para ingresar en la segunda vuelta, pero pone de manifiesto que se podría haber avanzado con Vicentin y generar una empresa testigo como inicio de un cambio del modelo productivo en el sector primario exportador.
Los límites de los gobiernos los pueden desbordar procesos sociales de masas, y 7 millones de votos a la ultraderecha, muchos de los cuales fugaron del oficialismo, son una razón de más para cambios, aun compensatorios e incluso en pensar en ir por más.
¿Qué sería ir por más?
Cambiar el modelo productivo y romper con la lógica mayoritaria de las clases dominantes y los partidos que disputan la gestión del capitalismo local.
Ese modelo emergente desde 1975/76 es lo que debe modificarse, que tienen como ancla la legislación financiera y de inversiones externas más la hipoteca del endeudamiento público que condiciona la política económica desde la genocida dictadura.
La Argentina genera divisas por su inserción exportadora en el mercado mundial. sin embargo, esas divisas son apropiadas por un núcleo concentrado del poder económico. Es lo que explica el carácter acreedor del país.
Es que las cuentas públicas señalan que los activos externos suman 424.535 millones de dólares, menos los pasivos por 331.607 millones de dólares, supone un saldo favorable de 92.928 millones de dólares.
Claro que esas cuentas muestran una discriminación en donde el sector público es deudor, ya que el sector gobierno tiene activos por 11.526 millones de dólares y pasivos por 109.767 millones de dólares.
Mientras, el sector privado acusa activos por 377.453 millones de dólares y pasivos por 181.608 millones de dólares, con un saldo favorable de 195.845 millones de dólares.
De esos activos, en moneda y depósitos suman 243.968 millones de dólares, una parte de la cual se encuentra en cajas de seguridad o en el colchón.
Esa masa de dinero es producto de la monetización del excedente económico producto del trabajo social en la Argentina. Hay que disputar ese excedente para un proceso productivo y de desarrollo que atienda en primer lugar las demandas de los sectores populares.
Por eso hay que ejercer un fuerte control del comercio exterior, de la banca y el circuito que define la concentración primaria exportadora del país. Remito al complejo de la soja, los hidrocarburos, el litio, el cobre, parte del consenso productivo del poder para la explotación de bienes comunes y de la fuerza laboral en nuestro país.
Desde allí puede pensarse en otro modelo productivo y de desarrollo, sobre la base de la soberanía alimentaria, energético o financiera.
Pretendo señalar que, así como se avanzó en medidas compensatorias ante el impacto del voto en las PASO, la movilización popular puede inducir cambios estructurales en el orden económico social y romper con esa lógica instalada del “progresismo” que no se puede por que la correlación de fuerzas no da.
Ahora, la fuga de votos y la opción por la ultraderecha indujeron cambios de política económica que motivaron la adhesión en actos masivos de las centrales sindicales y variados movimientos sociales.
La política responde a procesos de movilización, por lo que se hace necesario potenciar la organización y movilización social, no solo para inducir cambios coyunturales y relativos a reivindicaciones democráticas, sino que deben promoverse dinámicas de luchas y organización popular por cambios profundos que afecten los intereses de los sectores dominantes.
Ir por más supone organizar la fuerza política y social para disputar gobierno y poder. Ampliar el espacio de la izquierda en el parlamento y en las calles constituye un desafío ante la continuidad del ajuste y la reestructuración regresiva que anticipa el avance de las derechas ajustadoras en el país.
Buenos Aires, 30 de septiembre de 2023
Milei y sus falacias
El candidato de la ultraderecha habló en el “Council of Americas” y fue aplaudido por un auditorio de empresarios que escucharon lo que querían, un programa de máxima del gran capital, en defensa de la propiedad privada y la demanda por rentabilidad acrecentada en tiempos complejos del capitalismo contemporáneo, no solo en Argentina.
Milei les propuso un proyecto a 35/45 años y recuperar un plan liberal, el de Alberdi (1850/60), que logró “éxitos” en cinco décadas, hacia el 1910, desde el imaginario de la Argentina potencia, entre los principales países del capitalismo mundial por su PBI, obviando el retraso social y la dependencia del capital externo a la que se asociaba la oligarquía terrateniente en esos tiempos.
Además, 1910 es tiempo de “ESTADO de SITIO” y represión a trabajadorxs, base de la década infame en años siguientes y de golpes militares restauradores del poder oligárquico desde 1930.
Milei les propuso a los empresarios una REVOLUCIÓN LIBERAL, sustentada en cuatro aspectos:
1/ una reaccionaria reforma estatal, similar a la de los 90 con Menem, Cavallo o de la Rúa;
2/ una regresiva reforma laboral, denominada “modernización” dialogada con Gerardo Martínez y Luis Barrionuevo (modelo UOCRA);
3/ apertura de la economía como en los 80 de la dictadura y Martínez de Hoz, los 90 o el macrismo (las 4 M: Martínez de Hoz, Menem, Macri y Milei);
4/ el cierre del BCRA con dolarización y más deuda y dependencia, ofreciendo los títulos en manos del Estado para sustentar el cambio de moneda, unos 40.000 millones de dólares.
Entre las falacias de Milei opera el ejemplo de la INDIA y de IRLANDA escamoteando el origen colonial dependiente de la dominación del Imperio británico, los usurpadores de Malvinas.
La lucha por la INDEPENDENCIA es una asignatura pendiente en todos los territorios colonizados por el CAPITAL. Es parte de la lucha independentista de Irlanda, subordinada al mismo tiempo que se liberaba Haití a comienzos del siglo XIX, jamás perdonada por ser la primera revolución antiesclavista triunfante del mundo. La independencia es el objetivo incumplido de la Argentina.
Otra falacia de Milei remite al escamoteo del reclamo de "la tierra para quien la trabaje" con la que los arrendatarios reclamaron la reforma agraria contra el poder terrateniente en el grito de Alcorta en 1912. La Argentina potencia del centenario se sustentaba en el poder terrateniente y el CAPITAL externo, sustentado en la explotación de la fuerza de trabajo y la apropiación privada de los bienes comunes, especialmente la tierra.
Por eso la falacia de Milei sobre “Argentina potencia n°1 del mundo en 1910”, producto del auge liberal del programa de Alberdi, obviando el estado de sitio x el conflicto social extendido en el centenario. La riqueza hacia 1910 tiene base en la apropiación privada de las tierras (genocidio) y gran inmigración de trabajadorxs.
Las falacias de MILEI se sostienen en que "la riqueza la producen los privados (empresarios)", cuando los clásicos de la economía, incluso los fisiócratas, sostenían hace más de dos siglos que la riqueza tiene padre y madre: el trabajo y la tierra, que el CAPITAL es trabajo acumulado; no pagado a sus creadores, las trabajadoras y los trabajadores.
Milei se sustenta en un plan de largo aliento por instalar en la conciencia social la ideología de la liberalización y en la ausencia de un proyecto político alternativo en contra del régimen del capital. No quiere decir que no existan esos proyectos en grupos, partidos, organizaciones populares, sino que no logran una acumulación suficiente para ser opción de poder ante las miserias que sufre la mayoría de la sociedad.
La lucha y organización popular desde un proyecto político que acumule fuerza para la lucha anticapitalista será el desafío para la disputa del presente y el renovado escenario contrarrevolucionario de la ofensiva capitalista, sustentada hoy desde las falacias de la ultraderecha y que agreden a nuestro pueblo.
Buenos Aires, 19 de septiembre de 2023
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