Los anuncios son paliativos tardíos
El candidato ministro asumió la iniciativa política con anuncios económicos en domingo, marcando la cancha del debate político en la semana.
Obliga a la oposición derechista a criticar medidas de impacto en el ingreso de sectores desfavorecidos en la distribución del ingreso, especialmente luego de la devaluación pos PASO.
Por eso, las medidas son tardías, ya que lo primero que hizo el gobierno fue favorecer la demanda del club de la devaluación, o sea, la del poder económico concentrado.
Ahora, cuando ya los precios se dispararon anuncian el congelamiento de combustibles y medicamentos hasta comienzos de noviembre, suspensión de aumentos de las prepagas y acuerdos de precios con grandes empresas y cadenas, que solo podrán aumentar un 5% por mes. Medidas que no aseguran impacto en los comercios de cercanía.
Claro que millones de personas recibirán mejoras de ingresos en septiembre y octubre y eso genera expectativas, no soluciones a los problemas de fondo, no solo de la mayoría empobrecida, sino de la dinámica de funcionamiento económico de la Argentina.
Es más, lo más probable es que con el solo anuncio, algunos intentan cubrirse y los precios escalen estimulando la ola inflacionaria en ascenso de agosto y hasta la definición del proceso electoral y más allá.
Las soluciones de fondo no están en la discusión política electoral en curso, ya que el condicionante del endeudamiento augura salidas regresivas, matizadas con el grado de shock que proponen los candidatos con posibilidad de triunfar en octubre y noviembre próximos.
Con los anuncios actuales, el gobierno pretende conquistar votos y entrar en el balotaje para disputar con la explícita posición por la devaluación o la dolarización, pero todos en el marco del acuerdo con el FMI y los fortísimos compromisos con los acreedores externos.
Lo más probable es que el próximo gobierno, gane quien gane vuelva a negociar el acuerdo con el Fondo, e incluso reestructure la deuda en divisas y en pesos, que como hemos sostenido es imposible de cancelarse.
Es algo que el FMI y los acreedores externos sabían en el 2018 cuando Mauricio Macri acudió al FMI para el préstamo de 45.000 millones de dólares y que luego renegoció Fernández y Guzmán, con compromisos hasta el 2034.
Sabía el FMI que Argentina no podía canelar el prestamos del 2018, ni la negociación del 2022 y que vamos a un ciclo de permanente renegociación, salvo que la lucha popular genere condiciones para la anulación del acuerdo y el repudio del crédito y los condicionantes de los acreedores externos, especialmente del organismo internacional.
Estos paliativos llegan tarde, aun cuando quien los reciba actualice mínimamente sus ingresos en el futuro cercano, sabiendo que la espiral de precios no se frena.
La demanda por actualización y mejoras de ingresos populares está a la cabeza de las reivindicaciones democráticas de los sectores más empobrecidos y constituyen la base de una lucha que debe extenderse y radicalizarse para hacer posible perspectivas más profundas y cambios revolucionarios que impacten en el modelo productivo y de desarrollo.
En rigor, la dinámica de lucha por reformas y revolución trascienden el momento electoral y constituyen un desafío del movimiento popular y la izquierda en su conjunto.
Buenos Aires, 28 de agosto de 2023
Argentina y la ofensiva capitalista A propósito de las PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) y el triunfo de la ultraderecha
Las elecciones PASO del domingo 13/8 traen novedades políticas interesantes en la Argentina, las que se asocian a dinámicas similares en otras partes del mundo. Son resultados que merecen nuestra atención y reflexión de cara a una estrategia con perspectiva revolucionaria. En efecto, una de las novedades fue la elevada abstención y voto en blanco, por lejos, la primera minoría en torno al 35% de la población en condiciones de votar. No es una cuantía homogénea, ya que son voluntades dispersas y no necesariamente expresan unidad de criterio, aunque puede imaginarse el descontento y el desánimo por las propuestas electorales. Pero asumiendo los votos positivos, el candidato ultra liberal, Javier Milei, se constituyó en la fuerza ganadora con el 30,04% de la votación, unos 7.116.352 votos, seguido muy de cerca por la coalición Juntos por el Cambio liderada por Patricia Bullrich y apadrinada por Mauricio Macri, que lograron el 28,27%, 6.698029 votos; en tercer lugar, el oficialismo, con el candidato y Ministro de Economía Sergio Massa, con el 27,27%, unos 6.460.689 votantes. Apenas 655.663 de diferencia entre el primero y el tercero, por lo que se alude a una elección de tercios, los que disputaran los dos lugares para el balotaje.
El resultado constituyó una gran sorpresa, no prevista por ninguna consultora o analista en la previa electoral. Por eso la novedad política es tema de discusión en todo el arco político de la Argentina, e incluso más allá. En su momento fue sorpresa Bolsonaro en Brasil, cuando nadie imaginaba el triunfo de la ultraderecha, del mismo modo que ahora la ultraderecha, que sumada a las opciones de derecha en la oposición (salió segunda) e incluso existe derecha integrada en la coalición gobernante, lo que presenta un consenso mayoritario. Es una realidad a contramano de una tradición de organización y lucha del pueblo argentino, que aparece ahora desafiado ante un consenso electoral volcado a la derecha, sea por cansancio en una trayectoria definida por los gobiernos de Mauricio Macri entre 2015 y 2019 y el actual de Alberto Fernández entre 2019 y 2023. Se debe indagar en el sentido del voto, ya que no solo “ricos” votan a la derecha, puesto que una cantidad muy elevada de votantes optaron por propuestas claramente alineadas a la derecha del arco político.
Porque los pobres votan por sus verdugos es un interrogante difícil de responder. Puede pensarse que sectores muy afectados por años de ajuste y empobrecimiento social no sienten satisfacción con la propuesta política de la tradición local, sean peronistas o radicales, o coaliciones que ellos involucran. La búsqueda por terceros que ofrezcan dinamitar lo existente y colocando la responsabilidad de la miseria en la política tradicional, asumiendo un discurso ideológico intransigente y liberal, captó el interés de millones de votantes, sin con ello coincidir con los efectos que tendrá una política agresiva de liberalización, lo que augura conflictividad en alza e incluso, ingobernabilidad.
La inflación, el crecimiento de la pobreza y la precariedad laboral son quizás los datos relevantes de un impacto social acrecido en estos años, en un marco de estancamiento de mediano plazo. Argentina muestra un crecimiento ralentizado en la última década con deterioro de la calidad de vida y aumento de la desigualdad producto de la concentración del ingreso y la riqueza. Una parte muy importante de la sociedad empobrecida, trabajadoras y trabajadores, cercana a la mitad de la población, sin ninguna expectativa de resolver la cotidiana reproducción vital optaron por la ultraderecha y un discurso simplificador crítico del “orden” existente.
Ese “orden” es el capitalismo. Entonces, necesitamos discutir el capitalismo en sus manifestaciones locales y poder entender porque la primera minoría, de ultraderecha, pudo captar el consenso electoral. Eso nos lleva a discutir el capitalismo, su dominación política y la ausencia de alternativa de izquierda con posibilidad de disputar gobierno y poder. No es solo un problema nacional, sino de varios procesos en la región y en el mundo.
La opción por las derechas nos convoca a discutir desde las izquierdas el porqué del descontento no se canaliza en perspectiva anticapitalista y por el socialismo.
Breve recorrido histórico
El desorden político a fines de los 80 del siglo pasado, expresión de la crisis, se hizo manifiesto en la renuncia de Alfonsín (1989) antes de finalizado su mandato, sobre la base de un deterioro de las condiciones de vida de millones empobrecidos, una inflación creciente y una deuda pública heredada de la dictadura genocida que actuaba como condicionante de la política económica, todo lo cual había generado inmensas movilizaciones de resistencia y demanda de soluciones de trabajo e ingreso.
La “resolución” transitoria de la crisis provino bajo el liderazgo de Menem (1989-1999) y su capacidad de disciplinar desde el peronismo a la burocracia política, sindical, social, periodística e intelectual; y con su régimen de convertibilidad (1 peso igual a 1 dólar), que logró la estabilización de precios a costa de un fuerte ajuste en los ingresos populares. Era el tiempo de la caída del muro y el comienzo del fin de la experiencia socialista en el este de Europa y con ello el deterioro en el imaginario mundial de la posibilidad del socialismo.
La “estabilidad” de precios lograda durante el menemismo fue considerada un “valor”, pese al regresivo impacto social, algo que se sostuvo hasta la rebelión popular del 2001 y la salida devaluatoria de inicio del 2002, con un saldo inmediato del 57% de pobreza y el 21,5% de desempleo, según datos oficiales, en el marco de la miseria extendida en los sectores trabajadores e incluso de micro y pequeños empresarios a ellos vinculados. La estabilidad monetaria resolvió los conflictos por arriba, en el poder económico, aun cuando el debate de época se resolvía entre unos que pretendían la total dolarización de la economía y otros más vinculados al mercado interno pugnaban por una devaluación.
El modelo productivo y de desarrollo, continuador del inaugurado por la dictadura genocida, sustentado en la inserción subordinada del capitalismo local, promoviendo la producción primaria y sus exportaciones, bajo dominación de capitales locales y transnacionales, por ende, reduciendo el ingreso popular para favorecer la apropiación de ganancias, constituía el marco de acuerdo a la estabilidad de precios lograda y habilitaba un debate vía competencia entre capitales por la dolarización o la devaluación.
La rebelión popular definió el fin de la convertibilidad, volcando la dinámica del poder en condiciones de una salida del 1 a 1 vía devaluación. Con la devaluación del 2002 volvió el desorden en la cúpula del poder, afectando intereses de capitales concentrados del exterior y del país, asentados en empresas privatizadas de servicios públicos, al tiempo que reactivó la economía local favoreciendo ganancias, empleo e ingresos populares, reanimando consenso para el peronismo en el gobierno (Duhalde 2002/03) y su emergente líder con Néstor Kirchner desde el 2003/07 y Cristina Fernández de Kirchner en dos periodos entre 2007 y 2015.
Un nuevo tiempo emergió en 2002, que en este trayecto de dos décadas explicitó novedades políticas, entre ellas, el surgimiento del kirchnerismo, liderando al peronismo y a otros sectores políticos del centro izquierda y la izquierda (tres periodos presidenciales). Pero también al macrismo, constituyendo una alianza que arrastró al radicalismo y a otras formaciones políticas para constituir una coalición identificada con las propuestas liberalizadoras de la derecha. En rigor, ambas coaliciones integraron peronismo y radicalismo. Se había terminado un ciclo histórico de disputa hegemónica electoral entre peronismo y radicalismo desplegado entre 1945 y 2001.
Esas dos nuevas coaliciones son las que acaban de perder la primera minoría a manos de la ultraderecha, por eso la “novedad”. En la Argentina de hace poco, todo se dirimía en la “grieta” entre kirchnerismo y macrismo, ahora apareció una opción que les quitó la punta en el último tramo de la disputa electoral. La incógnita es si esto se mantiene y se transforma en nuevo ciclo de liderazgo político. Es parte del debate actual hacia la elección de octubre e incluso la segunda vuelta en noviembre.
Convengamos que la ultraderecha se expresó históricamente con los golpes militares entre 1930 y 1976/83 para restaurar el poder oligárquico y del capital externo, que se sustentaba históricamente bajo el “fraude electoral”. Todo indica que esa restauración ya no proviene bajo los tradicionales golpes militares. En efecto, ya en 2015 ganó la presidencia Mauricio Macri, siendo el primer presidente constitucional que no accede al cargo desde las dos tradiciones que ocuparon el poder ejecutivo, desde Irigoyen en 1916 hasta Cristina Fernández en 2015. El gobierno Macri no pudo cumplir su papel restaurador del poder oligárquico imperialista y transnacional, aun con el apoyo de un préstamo gigantesco del FMI por 45.000 millones de dólares, incumpliendo el Fondo las normas estatutarias y a sabiendas acreedor y deudor la imposibilidad de la Argentina para cancelar esa odiosa deuda.
Ante el fracaso del gobierno actual, que asumió con la expectativa del voto popular de retrotraer la situación en una perspectiva favorable a los intereses de la mayoría social empobrecida, la ultraderecha aparece con la posibilidad de disputar con éxito la renovación presidencial en la votación de octubre. El gobierno de Alberto y Cristina perdieron la oportunidad de denunciar el préstamo con el FMI ni bien asumieron en 2019, y al contrario se embarcaron en una negociación que incluyó a los acreedores privados, grandes fondos de inversión, que solo trajo miseria al pueblo, y con ello el descontento que hoy se castiga electoralmente con la opción de la ultraderecha.
Elecciones presidenciales
La elección de octubre se discute entre 5 fórmulas, 3 de ellas con posibilidades de disputar, incluso en segunda vuelta (noviembre) la presidencia del país. Milei, Bullrich y Massa lideran esos tres espacios. Muy lejos se encuentran Juan Schiaretti, actual gobernador de la provincia de Córdoba, con un 3,83% captado en las PASO, unos 907.437 votos, y Myriam Bregman, única opción de izquierda con menos del 2,65%%, unos 628.893 votos.
El resultado electoral es incierto y cualquiera de las tres opciones puede quedarse con el gobierno para el próximo periodo que inicia en diciembre del 2023, por lo que buscan que voten aquellos que se abstuvieron y se orientan a la búsqueda de los votos de quienes no ingresan en la disputa presidencial. El resultado es motivo de discusión diversa y tiene como trasfondo la crisis del capitalismo y sus manifestaciones locales. En efecto, el capitalismo en la Argentina presenta problemas específicos, entre ellos la inflación y sus regresivas consecuencias sociales.
Argentina reconoce una inflación anualizada del 114%, muy lejos de los registros de los países de la región e incluso del mundo. Mucho se discute sobre esa especificidad. En el capitalismo rige la ley del valor explicada por Marx. Por ende, el interrogante es que tiene de especifico la economía local que no logra, aun con tendencia a la suba de los precios en todo el planeta, especialmente de alimentos y energía, registros aminorados tal como se manifiestan en otras economías capitalistas vecinas o del mundo. Cada país tiene sus especificidades de expresión de la crisis del capitalismo, siendo la inflación el fenómeno principal a considerar, en tanto mecanismo de redistribución del ingreso producido socialmente.
Nuestra hipótesis apunta al desorden en la dominación y que se manifiesta en la tendencia a la exportación del excedente económico local, lo que se designa como fuga de capitales. La burguesía hegemónica no logra estabilizar un ciclo político que favorezca la dinámica de acumulación capitalista con mínima satisfacción y consenso de la población. No solo se confronta en la cúpula de la burguesía hegemónica, sino entre éstos y el conjunto del pueblo trabajador, en tanto expresión compleja y concreta de la lucha de clases local.
En los 90 del siglo pasado pudo estabilizarse el orden capitalista sobre la base de la convertibilidad y el disciplinamiento social con el peronismo en el gobierno, algo que subsistió hasta 1999. La coalición liderada por el radicalismo entre 1999 y 2001 no pudo sostener el “orden” pese a sostener la “convertibilidad”, signo de la estabilización de precios, y sobrevino la rebelión popular, sustentada en un ciclo de luchas populares desplegadas con movilizaciones y resistencias diversas en los años previos. Un tiempo de construcción de subjetividades e identidades de organización y lucha popular para sustentar un programa de profundas transformaciones, pero que no cristalizó en una propuesta política revolucionaria.
Si bien el kirchnerismo reactivo la dinámica económica sin cambiar sustancialmente el modelo productivo y de desarrollo, de acumulación asociado a la fuga de capitales, y aun recomponiendo empleo e ingresos no pudo evitar la reaparición del fenómeno inflacionario desde el 2006, en proceso ascendente, habilitando la disputa inter-capitalista (competencia por la apropiación de la plusvalía) y del capital en contra del trabajo. Esa dinámica de lucha de clases es el trasfondo de la aparición de una derecha electa por el voto en 2015 (Macri) y que ahora resumen las dos primeras minorías en las PASO (Milei y Bullrich), claro que la opción gubernamental también disputa desde una lógica asociada al ajuste y a la regresiva reestructuración, especialmente condicionada por el acuerdo con el FMI.
La resolución está abierta y se juega en la disputa electoral hasta el 22 de octubre, para ver si ahí se resuelve lo que requiere que el ganador obtenga el 45% de los votos, o 40% y una diferencia de 10 puntos sobre el segundo. De no ser así, habrá segunda vuelta el 19 de noviembre. La campaña está en proceso y las especulaciones y operaciones de todo tipo proliferan en el debate mediático, incluso si el gobierno termina el mandato. Las propuestas ultra-liberales de Milei, que incluyen la dolarización, previa eliminación del BCRA y un violento ajuste del gasto público genera temor en sectores del poder asociado al presupuesto público, incluso la política exterior definida hacia occidente, privilegiando a EEUU y a Israel, pone en discusión la realidad de acercamiento económico de Argentina con sus principales socios comerciales, Brasil y China. Existe el desafío para discutir con el voto a Milei sobre las consecuencias de ese programa ultra liberal, que es probable que sea ampliamente resistido en su intento de ejecución.
Bullrich está desafiada a diferenciarse y el propio Macri parece más cercano al ultra-liberal que, a su propia creación, aun cuando sostiene a la presidenta de su partido. Señala que ahora hay condiciones para avanzar en el sentido que el propuso y no pudo en su tiempo del 2015 al 2019. No solo se alude al ajuste, sino a las reformas estructurales, especialmente las regresivas reformas laborales y previsionales, para generar mejores condiciones a la apropiación de ganancias para favorecer un ciclo de reactivación inversora para el desarrollo capitalista. El perdón a los genocidas es parte de la propuesta sustentada por la aspirante a la vice presidencia.
El gobierno, condicionado por el acuerdo con el FMI respondió al día siguiente de las PASO con una devaluación que aceleró la suba de precios y con ello elevó las condiciones sociales de miseria y empobrecimiento, al tiempo que esboza algunas medidas paliativas complementarias, de dudoso éxito en la colecta del voto descontento.
Hay incertidumbre sobre el futuro cercano y cualquier resultado bajo estas condiciones supone profundización del ajuste y la reestructuración regresiva del capitalismo local.
La izquierda puede intentar alguna representación electoral, que con los números actuales no logra, y está presionada para orientar la preferencia electoral presidencial en contra de la ultraderecha. Lo acumulado, pese a lograr el mínimo requerido legalmente para disputar la elección, la coloca en situación compleja. Una amplia izquierda existente en la Argentina demanda la ampliación política para disputar el descontento más allá del proceso electoral. Esa articulación es un desafío para el presente y el futuro, dejando de lado sectarismos y habilitando ante la nueva situación de alza del consenso electoral en la ultraderecha para convocar a la más amplia unidad de las izquierdas, incluso de sectores que renuevan su rechazo a la dinámica electoral, pero que nutren la lucha cotidiana en contra el capitalismo.
Es un dato la novedad de la ultraderecha encabezando las opciones electorales en el país, claro que existen dudas que su proyecto liberalizador a ultranza puede encaminarse sin lucha y resistencia del pueblo. Sería especular sustentar un resultado desde hoy, pero sin duda, evidencia la ausencia de una alternativa política popular con perspectiva emancipadora, que, en rigor, trasciende la realidad local y se presenta como un desafío para la izquierda mundial en su totalidad. La caída de la experiencia socialista en el este de Europa hace más de tres décadas desafía la reconstrucción de una estrategia por transformar revolucionariamente la sociedad.
Buenos Aires, 21 de agosto de 2023
Deuda y tipo de cambio para entender la especificidad inflacionaria de la Argentina
La suba generalizada de precios no perjudica al conjunto de la sociedad, ya que, en una sociedad mercantil, donde todo se compra y se vende, lo que interesa es la capacidad de ingresos cotidianos para resolver las necesidades recurrentes. Por ende, el tema no son solo los precios, sino también y especialmente los ingresos. Aquí está el problema, y si discutimos los ingresos: a) salarios, jubilaciones, beneficios sociales; b) ganancias o rentas, confirmaremos que la mayoría de la población de ingresos fijos (a) sufre el deterioro de los mismos, afectando su capacidad de gasto o de compra, con el resultado de empobrecimiento, afirmando una tendencia al crecimiento de la insatisfacción por resolver necesidades y derechos.
En una economía mercantil monetaria la cotidianeidad se resuelve en un mercado que responde a condiciones locales y globales. En los últimos años se generalizó el problema inflacionario a escala mundial, especialmente en alimentos y energía, dos rubros esenciales para atender la cotidianeidad. Si consideramos la economía local, nos encontramos con un modelo productivo hasta ahora productor de bienes primarios, especialmente alimentos, con destino a la exportación y un déficit en el abastecimiento energético y, por ende, un país importador de energía. Así, el país se beneficia con la suba del precio internacional de los alimentos (soja, trigo, maíz, carne, etc.) y se perjudica por la importación de energía, especialmente gas.
Pero, es bueno interrogarse si quien gana o pierde es el país en su conjunto, ya que la realidad es que el ingreso por la exportación de bienes primarios no se socializa al conjunto de la sociedad, sino que es apropiado por el núcleo concentrado que domina el comercio internacional de bienes primarios, dominado por las transnacionales de la biotecnología y la alimentación, tanto como las mineras y petroleras. Del mismo modo que el mayor gasto en energía se descarga como gasto sobre la mayoría de usuarios empobrecidos, incluso a cargo del Estado vía subsidios y beneficios para un núcleo privado concentrado que gestiona la importación y distribución de esa energía importada.
Lo que pretendemos enfatizar es que la inflación internacional genera escasos beneficiarios y muchísimos perjudicados en el mercado local, especialmente quienes viven de ingresos fijos y no cubren la canasta de necesidades básicas, e incluso sectores pequeños y medianos del empresariado vinculados al mercado interno subordinado a los compradores de ingresos fijos deteriorados.
A lo señalado debe sumarse lo especifico de la inflación local. En efecto, en un informe reciente de Kristalina Georgieva, titular del FMI (https://www.imf.org/es/Blogs/Articles/2023/07/13/weak-global-economy-high-inflation-and-rising-fragmentation-demand-strong-g20-action) se insiste en el problema de la “alta inflación”, con un listado de países del G20 que oscilan entre el 2 y el 8% de inflación anual, con Turquía en el orden del 38,2% y Argentina del 114,2% (medición a mayo 2023). Es evidente que la argentina, además de la inflación internacional tiene sus propios problemas a la hora de considerar la suba generalizada de los precios.
¿Por qué esa especificidad del alza de precios en el país?
Los precios en el capitalismo tienen relación con la ley del valor, una cuestión negada por el paradigma mayoritario de la economía política actuante en la academia y en la toma de decisiones, por lo que las recetas antiinflacionarias no pueden resolver la cuestión de fondo.
Existe un problema de diagnóstico, que remite a una cuestión monetaria o incluso, desde voces con base en Keynes o similares, se alude a la multi-causalidad, sin con ello detectar la esencia, que está precisamente en la lógica capitalista de la producción de valor y plusvalor.
Convengamos que se trata de un problema global del análisis sobre la realidad inflacionaria en el ámbito mundial, por eso, en general, la respuesta a la alta inflación es de contenido monetarista, que niega la teoría del valor y se apoya en la concepción neoclásica y la lógica subjetiva, por lo que se identifican con soluciones autorreguladas por el propio mercado. Con ese diagnóstico, la política antiinflacionaria transita el camino de la suba de la tasa de interés, una dinámica que se recorre en el planeta en el último año y medio.
Una suba de tasas que impactó en la crisis bancaria de marzo y abril pasado, con cierre de bancos en EEUU y Europa seguido de una fortísima intervención estatal, pese a la lógica de mercado imperante en la filosofía política de los gobernantes del capitalismo en el mundo. Es que los liberales y la derecha aprendieron que el Estado “capitalista” es un actor fundamental a la hora de distribuir condiciones para la lógica de la ganancia y la acumulación, la reproducción y la dominación.
Ni hablar del impacto regresivo de la suba de intereses en países de alto endeudamiento, caso de la Argentina y del sector privado, especialmente familias empobrecidas y fuertemente endeudadas vía créditos al consumo facilitados por mecanismos electrónicos diversos, entre ellos las tarjetas.
Volvamos a la especificidad local, en donde lo financiero, suba de tasas (uno de los precios de la economía) se asocia regresivamente al gran condicionante del endeudamiento, con acreedores privados y el FMI, que exige crecientes fondos públicos para cancelar deuda asumida por el Estado, un fenómeno de arrastre desde la dictadura genocida, recreado con canjes de deuda realizados por todos los turnos constitucionales desde 1983 hasta el presente. Además, debe adicionarse que el Estado “capitalista” local, resulta el proveedor de divisas para que los privados cancelen sus deudas con el exterior, una cuestión no siempre verificable.
La deuda y el sector financiero están en el centro de la dependencia del modelo productivo y de desarrollo en la Argentina, por lo que la variable determinante termina siendo el tipo de cambio, un precio de la economía que está en el centro de la atención mediática y en las demandas del poder, entre los cuales destacamos a los grandes productores y exportadores; las grandes industrias asociadas a la integración en cadenas globales de valor; los grandes especuladores asociados a la inversión especulativa. Por eso es que se insiste recurrentemente con la devaluación, e incluso desde los más radicalizados se reclama la dolarización.
Vale recuperar el 2001
En plena crisis del 2001 el poder económico debatía si devaluación o dolarización. Para la primera opción se anotaba esencialmente el sector productivo y para la segunda las empresas privatizadas de servicios públicos, que cobraban en pesos y remitían sus utilidades en divisas al exterior. En la pulseada se impuso la devaluación que sostuvo un ciclo de crecimiento económico entre 2002 y 2008, momento de salida parcial de la cesación de pagos por el canje de deudas de Kirchner y Lavagna (2005), que al comienzo no impactó en precios por una situación de inmenso deterioro del ingreso de una población con 57% de pobreza y un 21% de desempleo.
La relativa mejora de los ingresos y el empleo disparó la disputa por el excedente económico y la inflación retomó desde el 2006 para ascender en diferentes ciclos a los niveles preocupantes actuales. Es el tiempo final de Lavagna y de una nueva historia en la gestión de la política económica, evidenciando que lo que estaba y está en juego en la Argentina es como se produce la apropiación del producto social del trabajo. Los precios son ese mecanismo de disputa que actúa en la distribución. Eso explica la importante tenencia de activos externos del sector privado de la Argentina.
Aludimos a una tenencia, según información oficial, por casi 380.000 millones de dólares, junto a pasivos por 173.000 millones de dólares. Por ende, un saldo positivo en más de 200.000 millones de dólares del sector privado en el exterior, lo que incluye divisas en cajas de seguridad o en el colchón.
No faltan divisas en la Argentina, están privatizadas y, por ende, el camino a seguir debiera ser el fortalecimiento de la soberanía monetaria y no los históricos rumbos de devaluación o dolarización, reiterando la discusión del poder en el 2001.
Para hacer posible una política antiinflacionaria, que aborde la especificidad local en la disputa por el excedente y asuma un diagnóstico de crítica al orden capitalista desde la teoría del valor, se requiere una fuerte voluntad y consenso político para modificar el modelo productivo, de desarrollo y, por ende, la política económica a seguir.
Claro, lamentablemente no es lo que discuten los candidatos con posibilidad de ser gobierno en el país desde diciembre próximo. Ese es el desafío para pensar en alternativa política con otros beneficiarios para resolver la demanda social para satisfacer derechos y en esa búsqueda se define la confrontación socio política e ideológica para resolver necesidades sociales insatisfechas.
Buenos Aires, 26 de julio de 2023
El viaje a Washington mejora cotizaciones bursátiles y augura más ajuste sobre sectores empobrecidos. Desafío para la izquierda
Con el solo anuncio de la concreción del viaje de funcionarios del Ministerio de Economía a Washington para nuevas flexibilizaciones del impagable acuerdo con el FMI, se dispararon las cotizaciones en bolsa, liderando a todas las negociaciones con títulos y acciones en la región. Según la agencia Bloombrerg se debe al optimismo sobre el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y frente a los resultados electorales de las PASO en Santa Fe. (https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/argentina/). La lectura favorable de parte del “poder económico” local y mundial sobre la coyuntura política y económica del país augura la profundización del ajuste a descargar sobre la mayoría empobrecida del país. Además, la señal de cambio de gestión en diciembre con candidaturas amigables con la agenda del capital más concentrado (oficialismo y oposición) favorece el estímulo a inversionistas, especuladores y variados sectores del poder económico.
En ese sentido, las medidas en pro del mercado que supone la adecuación de la política económica al acuerdo con el FMI, sea la aceleración de la devaluación del tipo de cambio oficial y la continuidad en la disminución del déficit fiscal, favorece esa lectura “optimista” de inversores locales o globales. Es cierto que éstos demandan una mega devaluación, ídem el FMI, que en tanto acreedor pretende asegurar la mejora de las reservas internacionales y certificar su cobro. El gobierno se desmarca de esa demanda ultra por la devaluación ante el temor de la protesta social organizada que amenace las expectativas electorales, por lo que opta por un proceso gradual de modificación del tipo de cambio.
El conflicto: el temor del poder y el desafío para la izquierda
Para los analistas más racionales, la preocupación pasa por indagar si la desconformidad social con la política abandonará un sesgo “abstencionista” o de voto blanco, impugnado, anulado, e incluso el aliento a opciones con propuestas hacia la derecha liberal. El temor es a la organización y movilización de la protesta que devenga en la emergencia de propuestas políticas que disputen consenso social para la confrontación en contra de políticas de ajuste, más allá de los matices de la derecha en el oficialismo y en la oposición. Desde otro ángulo, esa preocupación se constituye en un desafío planteado a sectores críticos al orden vigente y especialmente a la izquierda, que más allá de su discurso impugnador al rumbo y a las perspectivas de las opciones de la derecha, incluso los esfuerzos de organización y movilización, no logra presentar una propuesta electoral de amplia participación de organizaciones y movimientos populares en búsqueda de alternativas al orden vigente. Las movilizaciones populares en Jujuy son parte de esa expresión de desconformidad que habilita a pensar en condiciones para la emergencia de propuestas políticas alternativas.
La derecha en boga en la Argentina actual, con un discurso facilista y de alto impacto consigue votos de sectores sociales que sufrirán en su vida cotidiana las reaccionarias políticas que se anuncian. En rigor, sustentan un agravamiento de un rumbo en curso asumido por el oficialismo desde el condicionante que supone el acuerdo con el FMI y la opción por el modelo productivo y de desarrollo asociado a la promoción de exportaciones para acumular divisas con destino privilegiado a la cancelación de la deuda. Esta derecha se asocia a una tendencia global que desafía la creatividad y los esfuerzos de construcción alternativa en la izquierda.
Existe decepción entre los votantes del Frente de Todos en 2019 y los datos socioeconómicos, sea la inflación, la pobreza y la indigencia, y por ende los ingresos populares, así lo indican. Esa población insatisfecha sufre un fraude político a manos de políticas que consolidaron un modelo productivo y de desarrollo de producción primaria para la exportación, potenciado con los nuevos negocios asociados a la energía: gas no convencional y litio. Por otro lado, la satisfacción de los poderosos con este rumbo económico se verifica en el informe sobre inversiones externas directas (IED) de la CEPAL, el que reconoce un fuerte crecimiento en 2022 para toda la región, repuntando una tendencia descendente por una década desde el 2011. Para la Argentina se destaca el crecimiento de la IED entre 2022 y 2021, segunda en los porcentuales más elevados en la región, a contramano de una propaganda de retiro de inversores internacionales. Vale destacar que estos inversores continúan presionando para aumentar rentabilidad y la posibilidad de remitir utilidades al exterior sin restricciones y por eso claman por eliminar obstáculos a la salida de capitales, el llamado “cepo” (https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/48978/11/S2300390_es.pdf)
No es fatal el rumbo a la derecha que ofrece la coyuntura electoral, lo que exige la construcción de una estrategia política de unidad en la diversidad de las izquierdas más allá del actual proceso electoral. Una propuesta con capacidad de intervenir en todos los ámbitos de la lucha de clases, con iniciativa ofensiva para la articulación plural en lo social, político e ideológico, sin preconceptos ni prejuicios, con vocación de disputar gobierno y poder.
Buenos Aires, 18 de julio de 2023
Tres recetas diferentes
La incertidumbre es la norma de la economía mundial y se visibiliza en tres tipos de respuestas “nacionales” ante la situación económica global. Mientras EEUU congela desde la Reserva Federal (FED) la suba de las tasas de interés, el Banco Central Europeo mantiene la política de subas, y China dispone la disminución. Resulta de interés analizar las opciones diferentes de “política económica nacional” ante un cuadro de fuerte incertidumbre mundial.
La economía es mundial y se evidencia en precios internacionales que no tienen en cuenta las distintas productividades, sea el petróleo, la soja, el oro, la tendencia es a fijar precios con indiferencia del costo nacional de producción. La propia tecnología explícita el carácter mundial de la producción, que en la mundialización desplegada en el último medio siglo habilitó un tiempo de apertura económica inusitada, ahora restringido por crecientes sanciones unilaterales, especialmente dispuestas desde Washington.
El aumento de los precios de los alimentos y la energía disparó el alza inflacionaria en el mundo y pese a la complejidad del tema, la ideología dominante, monetarista, pontificó que el asunto es la emisión monetaria, por lo que lanzaron en los últimos dos años una política de incremento de las tasas de interés liderada por la Reserva Federal (FED). Entre otros aspectos, eso explica la crisis bancaria de marzo pasado con cierres de bancos estadounidenses y europeos. Una curiosidad, o no, es que frente a una lógica liberalizadora a ultranza, la respuesta fue de una fortísima intervención estatal para que la crisis no se difundiera hacia el conjunto de los depositantes del sistema bancario.
Por estas horas, la FED discute si volver al aumento de las tasas, lo que podría acelerar el aterrizaje de la economía y un horizonte de recesión. Las secuelas son evidentes en cierres de empresas, problemas de empleo e ingresos de importantes sectores, con impacto en la caída del consumo yu la inversión, sin perjuicio de los problemas que ello deriva en las relaciones comerciales internacionales.
Europa está jugada en una respuesta ortodoxa sustentada en alza de las tasas de interés agravando la desaceleración de su economía, contribuyendo a deteriorar un clima social de protesta que es evidente en la coyuntura francesa y otros países, especialmente de la eurozona. Europa aparece atrapada en la subordinación a la política de sanciones unilaterales ante la guerra en Ucrania.
China es consciente que ya no crece a tasas siderales, aun cuando mantiene una evolución de su economía superior al promedio mundial. Su receta es de bajar las tasas de interés para la promoción de la capacidad productiva y su disputa por un lugar mayor en las relaciones internacionales. China pasó del 1% de su participación en la economía mundial a comienzos del siglo al 18% actual, creciendo en la discusión sobre el destino de la economía mundial.
De este modo, cada uno de los grandes define su política nacional en función de un escenario mundial de incertidumbre. Lo interesante es discutir que hacer desde cada país para tratar de evitar impactos negativos de la situación global sobre su población. Un tema estratégico para países como la Argentina con elevado nivel de endeudamiento e inflación que condiciona la cotidianeidad, más aún en tiempos de renovación de la gestión de gobierno.
Buenos Aires, 6 de julio de 2023
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