Las políticas para frenar la inflación
El principal problema para la mayoría de la sociedad en Argentina es la suba de precios. Afecta a la mayoría empobrecida, ya que al núcleo que concentra la riqueza y los ingresos, la remarcación no les limita en su capacidad de consumo y de acumulación.
La inflación no afecta por igual a la población y aun, todo quien “puede” aumentar precios, incluso pequeños empresarios, si lo convalida el consumo, lo hará, y no necesariamente le ganará al proceso inflacionario.
Sostenemos que la estrategia del gobierno de Milei apunta a inducir miedo a la hiperinflación, por lo que explica que hoy se asiste a una proyección del 1% diario, o al 3.500% anualizado, incluso aludió a un pronóstico de 15.000%, un disparate que induce el temor ante la imposibilidad de la reproducción de la cotidianeidad.
La política oficial es un chantaje para favorecer el ajuste y la regresiva reestructuración del régimen del capital.
Es una estrategia tendiente a provocar la adhesión a una política de shock en el ajuste que afecta a la mayoría empobrecida y favorece la acumulación de ganancias en el sector más concentrado de la economía, al tiempo que se generan condiciones de posibilidad para reformas estructurales regresivas en las relaciones laborales y en el ámbito previsional, entre otras.
Se alude a un problema heredado, que en parte es cierto, pero que la liberación de precios inducida exacerba las remarcaciones y agrava el cuadro de situación en los precios relativos.
La inflación es guerra de precios (competencia)
Los precios son expresión de los valores generados en el proceso de producción capitalista.
El alza de precios es un mecanismo del capital en la disputa por el excedente económico, la plusvalía.
La producción capitalista se sustenta en valores, base constitutiva de los precios, que mediante sucesivas mediaciones se presentan ante el consumidor como precios de mercado.
Estos precios de mercado no son necesariamente equivalentes al valor producido en cada rama de la producción, sino que son parte de un proceso social ampliado de producción y circulación mercantil que integra al conjunto de la economía.
Por eso, lo que ocurre en el mercado es una guerra de precios y claro, en esa disputa, los capitales más concentrados son los que definen la competencia a su favor.
Remitimos a grandes conglomerados empresarios, extranjeros y locales, que concentran la producción, las ventas y las ganancias, en la industria, el agro o los servicios.
El trabajo productivo genera valor, que lanzados al mercado se realizan mediante los precios, insistamos, en un proceso social en el cual se define la acumulación capitalista desde la centralización y concentración de capitales mediante la competencia.
La explicación teórica relativa a los precios y a la inflación debe entenderse desde la teoría del valor de Marx, por ende, de la crítica a la economía política, que es la crítica al capitalismo.
Regular la inflación es, por ende, una tarea que asumen los Estados del capitalismo desde su capacidad para disciplinar el funcionamiento en cada país de las relaciones capitalistas.
Eso podría explicar el porqué de los elevados índices inflacionarios en Argentina, ante la incapacidad del Estado local para disciplinar no solo la contradicción entre el trabajo y el capital, sino, principalmente la competencia inter capitalista, es decir, entre los principales capitales que lucha por la apropiación de valor y plusvalor.
Milei pretende que ese disciplinamiento lo logre la 2libre competencia” y por eso profetiza el fin del Estado. Es la base de su concepción “anarco capitalista”.
Siguiendo la ley del valor de Marx, verificamos que el inversor privado anticipa dinero (D) en medios de producción (MP) y en fuerza de trabajo (FT) para obtener un producto, una mercancía (M) que al llevarla al mercado la vende por un precio mayor al D originalmente invertido. Así, la producción en el capitalismo responde a la fórmula: D que compra MP y FT para producir M y obtener luego de la venta D+d, en donde d es la plusvalía. En definitiva: D – M – (D+d); o D-M-D´
Las mercancías llegan al mercado (salen a la venta), más allá de las mediaciones de intermediarios con un VALOR, que, en la complejidad del capitalismo, el PRECIO no es necesariamente igual al VALOR de cada mercancía, sino que las mercancías, portadoras de valor (trabajo socialmente necesario) se expresan en un precio de producción asociado a la composición orgánica de cada capital (c/v), o sea, la cantidad de capital constante sobre el capital variable, que es la forma de expresión del avance tecnológico aplicado al proceso productivo en el capitalismo.
Insistamos que los productos, bienes y servicios, en el mercado, tienen un precio en correspondencia con la ley del valor de Marx.
Esa ley del valor permite explicar el funcionamiento de la sociedad capitalista, monetario mercantil, basada en la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes.
Distintas políticas contra la inflación
La inflación es un fenómeno que expresa la disputa de los capitales por apropiarse del plusvalor generado socialmente por el trabajo productivo, aquel que produce la plusvalía o excedente económico que define la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista.
Por eso resulta complejo asumir políticas antiinflacionarias en el marco del capitalismo.
Confrontar a la ley del valor desde la política de un Estado es un tema que el Che Guevara introdujo en el debate en los primeros años de la revolución cubana. Su estrategia apuntaba a la des-mercantilización de la economía, a una producción a contramano de la lógica mercantil y monetaria.
Es un tema que requiere desarrollo en la actualidad y constituye una asignatura pendiente en el debate teórico contemporáneo de la izquierda.
La propuesta antiinflacionaria de Milei y Caputo es una réplica bajo nuevas condiciones de los intentos de Martínez de Hoz, Cavallo o Macri en este ciclo de regresiva reestructuración capitalista entre 1976-2023.
Es una política de transferencia de ingresos desde las mayorías empobrecidas al capital más concentrado.
Una política de izquierda supone entonces, en primer lugar, combatir esta propuesta reaccionaria y generar suficiente acumulación de poder político popular para empujar políticas de distribución progresiva del ingreso que habiliten propuestas de construcción de una estrategia revolucionaria que vaya más allá del régimen del capital.
En esa perspectiva debe lucharse por modificar el modelo productivo y de desarrollo asumiendo el programa construido por el movimiento popular, sustentando las lógicas soberanas en materia de alimentación, energía o las finanzas, como parte de una perspectiva de transformación sistémica, revolucionaria, en contra y más allá del capitalismo.
Buenos Aires, 18 de diciembre de 2023
Ajuste con represión convoca a reagrupar
Una semana de gobierno Milei y se confirma el pronóstico, de ajuste y represión. El ministro de economía, Luis Caputo, anunció su “paquete de urgencia”, primera exposición de un Plan de reestructuración regresiva del capitalismo local. Enseguida, la ministra de seguridad, Patricia Bullrich presentó en sociedad el “protocolo anti-piquetes”, un estatuto para la represión”.
Ambas cuestiones estuvieron en el discurso de asunción presidencial el 10/12, remitiendo al mensaje ajustador y que el que no cumpla con la ley (corte de calles o rutas, por ejemplo) será reprimido, “todo dentro de la ley, nada fuera de ella”.
No hay novedad, en todo caso, precisiones y letra chica de la reestructuración reaccionaria.
Lo primero concreto fue la devaluación, del 50% (de 400 a 800 pesos por dólar), lo que supone un costo más elevado de los dólares, si antes hacían falta 366 pesos, ahora se requieren 800, casi un 120% de incremento.
Como sabemos, la devaluación es un mecanismo de transferencia de ingresos, de quienes perciben ingresos en pesos al sector dolarizado, especialmente grandes productores y exportadores. Eran los que pedían las devaluaciones, y que las obtenían de manera parcial, caso de los “soja I, II y III”, y otras parecidas, incluso la devaluación pos-primaria, realizadas por el gobierno saliente del Frente de Todos.
El objetivo de la devaluación apunta a consolidar el modelo exportador, al tiempo que encarece las importaciones. Ambas cuestiones son funcionales a un objetivo de promover la RECESIÓN de la economía para favorecer la baja inflacionaria.
La lógica es privilegiar la producción para el mercado mundial, del complejo agro-ganadero de exportación, del incremento de la producción minera y de hidrocarburos, consolidando la primarización de la producción y las exportaciones.
El mercado interno no se privilegia y por ende se espera que se “enfríe” la economía, y que la recesión suponga cierres de empresas, despidos o cesantías, suspensiones y junto a ello la disminución del consumo por afectación de los ingresos populares, sean salarios, jubilaciones o planes sociales, inclusos las ganancias aminoradas de sectores pequeños y medianos del comercio y la industria local.
Milei aludió a la “estanflación”, que de hecho acontece desde hace una década. Más que estancamiento se asistirá a una caída de la producción, a una recesión inducida por la política pública.
La devaluación y la recesión están en el eje de la política antiinflacionaria del gobierno Milei. En ese marco hay que ver el ajuste fiscal, definido por Caputo como el principal problema de la suba de precios.
Es una lógica conceptual monetarista y por eso la solución pasa por el “ajuste”, mejorando los ingresos en 2,2% y reduciendo el gasto en 2,9% para alcanzar el déficit cero en 2024. En estos datos está el mentado 5% de ahorro fiscal para equilibrar las cuentas nacionales.
Más impuestos, cuando había prometido “cortarse los brazos” antes de aumentar tributos; y menos gastos, que en su mayoría afectan a la clase trabajadora, incluyendo allí incremento de tarifas, reducción de asignaciones a provincias y aspectos relativos a ingresos del personal estatal y no renovación de contratos.
La sola prórroga del presupuesto del 2023 para el próximo año, con actualizaciones arbitrarias del poder ejecutivo, pone en discusión el funcionamiento de variados ámbitos, especialmente las Universidades públicas, que podrían empezar a tener problemas de funcionamiento en el primer trimestre y ser inducidas a financiarse vía mecanismos de privatización para mantener abiertas sus puertas.
Un dato relevante es que se anunciaba un ajuste a la “casta”, a la “política”, y Milei acaba de confirmar que las medidas en curso suponen “un 60 por ciento en los políticos” y “otro 40 por ciento en el sector privado”, escamoteando que los principales perjudicados son los sectores de menores ingresos.
Se trata de un duro ajuste, sin anestesia, avalado por el consenso electoral y la impunidad de un balance relativo a la herencia inflacionaria del gobierno anterior.
Es un argumento que sirvió para ganar las elecciones, que contactó con la población que no veía satisfacer sus necesidades con la política previa y que compartía la narrativa de ingresos privilegiados de gobernantes y representantes políticos de la “democracia liberal”, la realmente existente.
La crítica al gobierno de Fernández y al de Macri es el que habilitó la propuesta de ajuste y refundación (reestructuración) del orden económico, social y político del capitalismo local.
Esa refundación se asocia con la Argentina del centenario (1910), antes de la Ley Sáenz Peña y el gobierno electo con voto universal (de varones). Es un tiempo de importante expansión económica, pero también de resistencia y organización obrera y popular, por eso el “estado de sitio”. Bonanza económica para el poder concentrado y represión a las clases subalternas.
Ahora se pretende lo mismo, un gran ajuste para poner las cuentas en orden, equilibrar el presupuesto de ingresos y gastos y al mismo tiempo avanzar en una reestructuración a fondo, a realizarse con leyes, las que se tratarán en sesiones extraordinarias desde enero próximo.
Mientras, desde el BCRA, el socio de Caputo en la “consultora”, Bausilis, dispuso la creación del BOPREAL Bono para la Reconstrucción de una Argentina Libre. Nombre pomposo que explicita la estatización de una deuda privada
El vencimiento del bono será en octubre del 2027. Se contrata entregando pesos y se recibirán dólares. Es al mismo tiempo un mecanismo de absorción de pesos. La AFIP auditará los reclamos y se estiman una emisión de 30.000 millones de dólares. Un gran un privilegio para grandes importadores, en donde se presume auto-préstamos con casas matrices.
El cambio Milei supone una reestructuración regresiva del capitalismo local, mirado con sumo interés en el mundo, ya que las derechas emergentes lo son ante la crisis contemporánea del capitalismo.
La respuesta neoliberal a la crisis de los 60/70 se construyó con el ensayo reaccionario de Chile en 1973, seguido de las genocidas dictaduras del cono sur, lo que fu luego asumido en el capitalismo desarrollado de las manos de Thatcher y Reagan.
Eso entró en crisis en el 2007/09 y por eso las tendencias al desorden o al combate a la mundialización con las sanciones unilaterales, lo que provoca reorganizaciones políticas para el logro de los objetivos del régimen del capital.
La radicalidad de Milei, que se diferencia del “nacionalismo” de otras experiencias de ultraderecha, pueden asumirse como un nuevo ensayo que con consenso social introduzca perspectivas de restauración de poder concentrado, sin las ataduras que supone la experiencia de la democracia liberal.
Por eso las apelaciones a funcionar bajo decretos sostenidos en el acuerdo social ampliado al obtenido en elecciones, algo que aún está por verse. Tanto como el temprano protocolo que anticipa la represión e intenta desmovilizar el reclamo social ante la agresión del paquete ajustador.
La derecha local y global se reagrupa en torno al gobierno Milei, evidente en las visitas a su asunción, especialmente el enviado de EEUU y la OTAN, Zelensky. Las próximas visitas de funcionarios estadounidenses y el explícito apoyo del FMI dan muestras de consensos políticos del establishment global.
El desafío está en la izquierda y el movimiento popular, que requiere un reagrupamiento que supere la experiencia que habilitó el camino de las experiencias gubernamentales por derecha, ayer Macri y hoy Milei.
No pasa la solución por reconstruir la misma experiencia fallida de los últimos años, sin confrontar con la lógica capitalista, sino la de avanzar en un proceso de articulación diversa, de tradiciones políticas y experiencias con perspectiva de confrontar, no solo contra el ajuste y la reestructuración regresiva, sino de ir mas allá, por un nuevo bloque de poder que dispute al régimen del capital la reorganización de la sociedad argentina.
Buenos Aires, 16 de diciembre del 2023
Milei y un nuevo turno de reformas reaccionarias
El presidente electo de la Argentina se fue para Washington a buscar “consenso” para su programa de reestructuración regresiva del capitalismo local.
Las clases dominantes y el nuevo ocupante del gobierno argentino quieren recuperar la dinámica del “consenso de Washington” de los 90 del siglo pasado, asentado en la liberalización de la economía, la promoción de la iniciativa privada, la venta del capital público al sector privado de la economía, local o global.
Precisemos que ese “consenso” es el del poder asentado a orillas del Río Potomac, sede del gobierno estadounidense, de la Casa Blanca, del Capitolio y de la Corte Suprema de Justicia del país hegemónico del capitalismo mundial.
El capitalismo en crisis necesita de la Argentina, territorio que cuenta con cuantiosos “bienes comunes” que pretenden incorporar a la mercantilización, especialmente los hidrocarburos no convencionales (segunda reserva mundial de gas y cuarta de petróleo), el litio, el cobre, el oro, sin perjuicio de la tradicional tierra y los productos de ella derivados o asociados, explicitados en los complejos agroexportadores de soja, maíz o trigo; de la ganadería, e incluso del agua dulce, justipreciada por el capital transnacional.
Antes de viajar anticipó que, en diciembre, luego de asumido convocará a sesiones parlamentarias extraordinarias para resolver un paquete legislativo para avanzar con el ajuste y las reformas estructúrales necesarias a su programa de gobierno.
Vale recordar que Menem aceptó asumir antes de tiempo en 1989 si la oposición le aseguraba tratamiento parlamentario de las leyes de “reforma del Estado” y de “emergencia”, imprescindibles para el ajuste, las privatizaciones y regresivas reestructuraciones de los 90.
Esas leyes que Milei reclama apuntan a lograr consenso mayoritario en el Congreso nacional para el ajuste fiscal, las reformas monetarias, del Estado y la desregulación de la economía. Es lo que le demandan los que mandan en Washington, aval legislativo y político de las instituciones constitucionales del país, convalidando el consenso electoral del 56% recientemente obtenido.
No será la última prueba para asegurar los intereses del hegemón capitalista, a quien como siempre se le solicita sustento financiero para reproducir la lógica mundial de la ganancia y la acumulación capitalista.
La riqueza natural aún inexplotada de la Argentina es apetecida por la dominación global y pretende asegurarse ante un sistema en crisis.
Fondos para el rescate argentino
Durante la campaña y en las últimas semanas trascendieron distintas proposiciones para materializar el programa del liberal libertario, sea la dolarización y destrucción del BCRA o previas mediaciones hasta el logro de ese objetivo, que podría posponerse sine die.
Hoy no hay “dolarización” ni eliminación del BCRA.
En cualquier circunstancia, lo que se reitera es la necesidad de financiamiento, entre 15.000 a 30.000 millones de dólares, lo que se pueda, claro que, como resultado de esa potencialidad, se agrave la hipoteca de la deuda que recae sobre el conjunto del pueblo argentino.
Sostiene Milei y sus adláteres que necesitan divisas para resolver la deuda del BCRA con los bancos y desde allí avanzar en eliminar las restricciones para la liberalización de mercado cambiario y favorecer el libre comercio de bienes y servicios para estabilizar la economía.
La deuda del BCRA a que remiten son los pases pasivos y las letras de liquidez (LELIQ). A octubre del 2023, el balance del BCRA reconocía unos 14 billones de pesos en LELIQ y otros 7 billones en pases pasivos.
Es de interés comprobar que durante noviembre, ante la inminencia de la derrota oficialista y más aún cuando esta se concretó, los bancos no renuevan las licitaciones de LELIQ y se pasan a los pases, inversiones de corto plazo.
Así, la relación entre pases pasivos y LELIQ, cambió a favor de las primeros, con pases que alcanzan los 13,1 billones y las LELIQ unos 10,72 billones; más aún, durante lo que resta de la gestión actual vencen unos 6 billones de LELIQ, los que seguramente irán hacia los pases pasivos.
Entre pases y LELIQ suman más de 23 billones de pesos, que al tipo de cambio oficial expresan más de 66 mil millones de dólares y que en una devaluación esperable por la nueva gestión podría reducirse a 36.000 millones de dólares.
Así se puede explicar la demanda de crédito en el mercado global. Este monto o cercano es lo que se busca en el sistema financiero para encontrar una “solución de mercado” a la deuda en pesos del BCRA.
Transformar deuda en pesos por deuda en dólares, que podría transferirse desde el BCRA al Tesoro nacional y profundizar la lógica de la deuda como principal mecanismo de la dependencia local al capitalismo mundial.
Para el sistema financiero mundial resulta un mecanismo efectivo para la apropiación de excedente económico socialmente generado desde la Argentina.
Los bancos tenedores de esos pasivos remunerados del BCRA están avisados del mecanismo y satisfechos, aun cuando alarguen los plazos de sus colocaciones y reduzcan rentabilidad por menor tasa de interés. Pero claro, cambiaran acreencias en pesos por otra en divisas.
Esos pasivos son tres veces la circulación monetaria y por eso, para atender tamaña operación es que se demanda al congreso aval legislativo.
Un negocio muy importante para las finanzas locales y globales, base para estabilizar un proceso de ajuste fiscal a descargar sobre la población, especialmente la de menores recursos.
Entre pases pasivos, un 10% del PBI y los gastos a recortar por otro 5% entre obra pública, subsidios, tarifas y eliminación de gasto público y del déficit, explican la promesa electoral de reducir el gasto en un 15% sobre el conjunto del PBI.
¿Avanzarán las reaccionarias reformas?
Milei y su equipo negocia a todo nivel para asegurarse el resguardo institucional a sus medidas, por eso las conversaciones con Scioli y su continuidad, con los gobernadores del peronismo y del macrismo o lo que queda de ello, incluso de fuerzas provinciales.
Las negociaciones son febriles, no solo por cargos, sino por acuerdos y compensaciones de una economía cuya inflación se acelerará de cara al 2024.
El gran interrogante es la respuesta social, más allá del movimiento organizado en torno al proyecto liderado desde el peronismo y el kirchnerismo.
La demanda está planteada por una reorganización del movimiento social popular ante la ofensiva de un nuevo bloque de poder y su expresión política en la presidencia de Milei.
Buenos Aires, 27 de noviembre de 2023
Milei y el consenso electoral de millones
Milei retuvo sus votos de octubre y sumó casi todos los de Bullrich y de Schiaretti, expresado en 14,5 millones de votantes, el 56% del total. Un consenso electoral aplastante que ahora está desafiado en constituirse en consenso político. Es una duda a partir de confirmar en el discurso del triunfo el rumbo del “ajuste fiscal” y de reaccionarias reformas. Nos resta conocer la respuesta de su consenso electoral ante medidas que afecten condiciones de vida de millones de sus votantes…, el tiempo dirá. Massa retuvo los propios más los votos de la izquierda y una porción del gobernador cordobés, solo eso. Mientras Milei sumó 25,7% a su 29,99% de octubre, el Ministro de Economía solo incorporó 7,5% a su 36,78%, una cosecha magra sin nuevos votantes de un ausentismo que se mantuvo. Si los votantes ahora fueron el 76,31, en octubre fueron más, el 77,04%. Así, el libertario le sacó más de 11 puntos al ministro candidato, unos 2,9 millones de votos.
El inefable Macri parece haber realizado un trabajo de relojería, desgastando a Rodríguez Larreta primero y luego a Bullrich, a quien rindió ante Milei, en un trío que luego de la elección celebró el nuevo pacto de la derecha reestructurada. Macri logró instalar a su primo Jorge Macri en la Ciudad de Buenos Aires, y es socio del triunfo de Milei, constatación hecha en el agradecimiento público del sosegado mensaje, en las formas, y duro en el fondo, del electo presidente al final del acto electoral. Solo le falta vencer en el Club que lo inició en la gesta de la política para hacer la tripleta. El ex presidente se desprendió de las “palomas”, tal como le pedía Milei y hoy existe una derecha reorganizada, que habrá que ver cómo funciona en el Congreso y las legislaturas, como en los alineamientos de los ejecutivos provinciales y municipales con el nacional desde el 10/12.
Milei ratificó su discurso de campaña en la celebración. Un corto mensaje, leído, cuidadosamente preparado, en formato “estadista”, abandonado el papel del panelista irreverente. Sosegado en las formas y firme en los contenidos, especialmente relativo al ajuste. Anticipó un 15% de ajuste en campaña, solo falta ver en acción por donde pasa ese recorte y cuál será la respuesta de los afectados. Anticipó un “shock” y contacta con el enojo de sus votantes con los “privilegios”. Una categoría difusa que la realidad de los próximos días, luego del 10/12 harán más concretas. ¿Quiénes serán las/os afectadas/os? ¿Qué respuestas se generarán, incluso cómo se expresará la aplicación de la ley a los “violentos” (represión) que se movilicen en su contra? Las respuestas pueden ser rápidas y pondrán en juego el nuevo ciclo de luchas en la Argentina.
La reestructuración de la derecha convoca a otras reestructuraciones en el arco político de la Argentina. ¿Cómo se reestructurará el peronismo y el radicalismo, partidos tradicionales del ciclo bipartidista del siglo XX hasta el 2001? La reconversión bipartidista en régimen de dos coaliciones parece haber llegado a su fin. ¿Y la izquierda, asumirá el desafío de una ampliación a variados grupos de inserción social popular sin representación legislativa, e incluso a la articulación con la tradición peronista combativa, anticapitalista y antiimperialista?
El proceso electoral 2023 da muestras de cambios políticos a la luz de los operados en el orden capitalista local, como parte de las modificaciones globales ante la ofensiva capitalista de medio siglo que supuso la liberalización de la economía mundial. En la desigual distribución del ingreso y de la riqueza debe buscarse el sentido del voto. La mayor explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo sobre los bienes comunes generó la “miserabilización” de millones que solo esperan cambios, con la aspiración de mejorar la cotidianeidad. A eso debe sumarse el desprecio de una cultura “antipopular” que identifica al peronismo y a la izquierda como indeseable, expresión del racismo en nuestro territorio.
Pronto conoceremos la totalidad de los miembros del ejecutivo del presidente liberal libertario. Algunos nombres se conocen y sus propuestas son reaccionarias y antipopulares. Faltan casilleros a completar y suena el tren fantasma de antiguos colaboradores de tiempos de la dictadura o de los 90, quienes desembocaron en las dramáticas consecuencias del 2001. El proyecto de la dictadura y del 90 retorna para encarnar la antigua aspiración de la restauración conservadora de 1880 a 1910, el año del centenario, con los fastos del poder y el “estado de sitio” ante las protestas obreras y populares de las organizaciones anarquistas, socialistas, comunistas.
Cambió el capitalismo desde 1975/76 y se expresa con el triunfo de la ultra derecha en 2023. Es una realidad convergente con otros procesos en el capitalismo mundial, que incluye un escenario de guerra acelerada, con más gasto improductivo, especialmente militar, con desigualdad y especulación estimulada por la forma ficticia que asume el capital para la acumulación en esta tercera década del siglo XXI. La relación entre el peso local y las divisas así lo demuestran. Milei quiere un peso devaluado para facilitar su proyecto de dolarización. En ese camino se deterioran las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad. Las cotizaciones del dólar cripto pese al feriado van en ese sentido. Ahí se juegan las próximas tensiones de la economía.
El interrogante apunta a si la sociedad empobrecida lo acepta o genera nuevos ciclos de resistencia y de construcción de alternativas políticas para otro rumbo, más allá del consenso electoral, que por ahora queda en suspenso su consolidación como proyecto político que marque rumbo del presente y futuro cercano de la Argentina.
La derecha mundial festeja. La izquierda global está convocada a pensar críticamente la realidad y a proyectar una iniciativa política que pueda encarnar las aspiraciones de del vivir bien de las/os empobrecidas/os. Es un desafío para el presente que ilusione un porvenir de transformaciones sociales en contra y más allá del régimen del capital.
Buenos Aires, 20 de noviembre de 2023
A días de la elección presidencial
Todo tipo de denuncias y operativos mediáticos cruzados entre las principales candidaturas definen la renovación presidencial de este domingo 22/10 en Argentina, ocultando detrás de las diatribas la cuestión de fondo: un proceso inflacionario que afecta a la mayoría empobrecida del país. En efecto, un 12,7% de inflación en septiembre que se eleva al 14,3% en alimentos y bebidas no alcohólicas y al 15,7% en prendas de vestir y calzado, que anualizado alcanza al 138,3%.
La inflación es un mecanismo de transferencia de ingresos, desde la mayoría empobrecida a la minoría enriquecida. Es uno de los tantos mecanismos de apropiación de ingresos y de riqueza del poder concentrado y extranjerizado. El capitalismo local funciona con esa lógica de acumulación, que al tiempo que exacerba la desigualdad interna, reitera bajo la fuga de capitales una inserción mundial en la reproducción capitalista potenciando los rasgos de la dependencia y subordinación al poder mundial.
En rigor, a estos problemas locales debe sumarse la situación mundial, de alza de los precios internacionales, especialmente de alimentos y energía, ahora por el conflicto entre Palestina e Israel, como hace poco en Ucrania y antes a la salida de la recesión pandémica del 2020.
La incertidumbre global de estos años, con el trasfondo de la crisis mundial 2007/09 supone una recidiva de la estanflación. No solo, lo que crece es el peligro de la militarización, del armamentismo y sus secuelas de delincuencia, por el contrabando de armas y la circulación de bandas armadas que “justifican” luego intervenciones como la de Haití.
Asistimos a un mundo en peligro, que puede escalar a la confrontación nuclear, al despliegue de combates y guerras regionales, con trasfondo de disputa de poder global, alejando cualquier solución a problemas globales, sea el cambio climático o la desigualdad.
Se trata de un combo local y global que augura no solo la continuidad de los problemas actuales de la economía argentina, sino el augurio de más ajuste y empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría, especialmente asegurado con la continuidad del acuerdo con el FMI.
En el horizonte cercano existe presión devaluatoria, no solo porque hay resguardo de “riqueza” cambiando excedente en pesos por dólares, sino porque existe un accionar para condicionar cambios estructurales regresivos en las relaciones laborales y de la seguridad social, especialmente jubilaciones.
Se genera “miedo” en la población a la hiperinflación y con ello se empujan cambios políticos y económicos que perjudican a la mayoría que vive de ingresos fijos, sea con devaluaciones sucesivas o la posibilidad de la dolarización.
El próximo domingo 22/10 se juega quien gestiona el capitalismo local, pero también la composición del Congreso, territorio de realineamientos en la disputa política del nuevo turno de gestión.
Si el bi-coalicionismo reemplazó al bipartidismo, no dudemos que ahora se construye un nuevo orden en la correlación política, que no solo se juega en las instituciones, sino también en la reorganización de la sociedad y el movimiento popular.
Todos los espacios políticos juegan las dos cartas, la disputa por el ejecutivo y la del legislativo, ámbito de interés especial de la izquierda en una dinámica de acumulación de poder institucional que se jugará en la posibilidad de articular un proyecto más amplio.
Un proyecto de articulación social, cultural y político para la emergencia de un sujeto que pueda discutir el rumbo en el país más allá de la disputa electoral, que pueda discutir modelo productivo y de desarrollo, contra la explotación y el saqueo de los bienes comunes.
Lunes 16 de octubre de 2023
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