Brasil y China acuerdan intercambios sin dólar
Entrevista de Lorena Guillen, de ABYA YALA TV (Bolivia) a Julio Gambina sobre los acuerdos entre China y Brasil para el intercambio en monedas locales, sin depender del dólar. El acuerdo se realizó el 29/3/2023 y la nota fue realizada en vivo el sábado 1 de abril 2023.
Lorena Guillén (LG): ¿Qué opinión te merece el acuerdo entre Brasil y China?
Julio Gambina (JG): es una noticia de fines de marzo, muy reciente, y es muy importante porque China ha pasado a ser el socio comercial nº1 de Brasil, y eso tiene consecuencias no solo en la relación bilateral entre China y Brasil, sino que va a tener impacto en la región.
Hay que pensar que para el caso argentino Brasil es el socio comercial nº1, China es el socio comercial nº2 y hace ya un tiempo que las relaciones comerciales y monetarias mundiales están complicadas, sobre todo por las sanciones unilaterales de EEUU a varios países, agravado en la situación de guerra en Ucrania.
La verdad es que en el último tiempo se ha desordenado el sistema de relaciones internacionales tanto comerciales como monetarias. Por lo tanto, China viene emergiendo como una nueva potencia que abre puertas para multiplicar los lazos comerciales, económicos y monetarios.
Tengamos en cuenta que el sistema bancario mundial se mueve históricamente a través del sistema Swift, un sistema de canje, de intercambio, que involucra a más de 3500 entidades financieras del mundo y que con la guerra de Ucrania el año pasado empezaron sanciones muy fuertes contra Rusia, suspendiendo operaciones en el sistema Swift.
Venían ya sanciones comerciales de EEUU con China, y China viene, ya hace mas de una década, generando vínculos y lazos para favorecer y sortear de alguna manera las sanciones de EEUU contra China, Rusia y otros países de la región latinoamericana y caribeña (Cuba, Venezuela, etc.) y por lo tanto, este anuncio que tiene que ver con dos países de un peso relativo importante.
Hay que aclarar que su implementación requiere de un proceso para su instrumentación El acuerdo se firmó recién el pasado el 29 de marzo. Vale recuperar que Brasil tiene una experiencia de intercambio en monedas locales con Argentina desde 2008, pero no necesariamente eso se transformo en el principal vinculo monetario entre ambo países.
Claro que China tiene otro volumen en la relación comercial con Brasil y por lo tanto es de esperar que ese importante volumen de intercambio operado entre el gigante asiático y el latinoamericano pueda tener impacto en la región y de alguna manera le da salida a muchas dificultades que existen en e sistema productivo, económico, comercial, monetario. Digamos que la circulación y la producción mundial están afectadas por esta dinámica de sanciones y es interesante e importante que aparezcan señales como esta, que muestran caminos distintos.
Quisiera recordar que, a comienzos de este año, en la reunión de la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños, realizada en Buenos Aires cuando Brasil retornó a la CELAC, porque en los últimos años durante el gobierno de Jair Bolsonaro Brasil estuvo afuera de la CELAC.
En dicha ocasión, Lula, el presidente de Brasil señaló que “si por mi fuera, impulsaría una moneda única en la región”. Es una voluntad individual y personal, pero me parece que este acuerdo entre China y Brasil marca una tendencia o un rumbo de cierta voluntad expresada por el presidente brasileño de que América Latina y el Caribe transite por otros carriles en la cooperación monetaria y financiera.
Por eso hay que verlo con expectativas. China no es solo el primer socio comercial de Brasil, sino que es un importante socio comercial de muchos países de la región, ha crecido mucho el peso de las inversiones chinas en América Latina y el Caribe y crecientemente se ha ido constituyendo en un prestamista de ultima instancia.
En este último sentido, por ejemplo, en el caso argentino, necesitado de divisas, el acuerdo swap entre Argentina y China favorece que, en un momento de escasa disponibilidad de divisas para la Argentina, esta acuda a este acuerdo financiero con China y resuelva sus problemas de límites de divisas.
Por eso creo que es auspiciosa esta apertura monetaria mercantil donde se asocian dos países de tremenda importancia en el sistema mundial y en la región.
LG: ¿Estamos listos los latinoamericanos para el deseo del presidente Lula de una moneda única?
JG: Bueno, no es sencillo, hace falta voluntad. Yo siempre recuerdo que el actual presidente de Bolivia cuando era ministro de economía en el gobierno de Evo Morales y tenia a disposición el capital exigido para el Banco del Sur, un banco que se creo en 2007 y nunca pudo funcionar, Luis Arce dijo que Bolivia tiene el capital para aportar al Banco del Sur y sugirió que las reservas internacionales de los países que suscriben al acuerdo Banco del Sur se canalicen hacia el Banco del Sur, lo que le daría a un eventual Banco del Sur un fundamento económico financiero muy importante para pensar en desarrollos productivos alternativos para la región.
Fue la voluntad de un ministro de economía de una de las economías mas exitosas en ese tiempo, hoy presidente de Bolivia y un animador del proceso de integración no-subordinada e integración alternativa de la CELAC.
La voluntad personal de Lula, mas estos comentarios que estoy haciendo realizados en su momento por el ministro de economía de Bolivia, podrían sumarse a otras voluntades personales como se pusieron de manifiesto cuando se discutió una nueva arquitectura financiera para la región, que fue una política enunciada en UNASUR, en la primera década del siglo XXI.
Quiero señalar que hay instrumentos, hay iniciativas, hay propuestas, a veces a título individual, a veces formuladas colectivamente en ámbitos de articulación política en la región latinoamericana y caribeña, que son una base muy importante para generar lo que llamaría un gran debate político, social, cultural, ideológico en la región para que sean los pueblos de América Latina y el Caribe los que presionen para una nueva arquitectura financiera, para terminar de constituir el Banco del Sur, para generar una dinámica donde los recursos generados en Nuestramerica sean orientados para el financiamiento de una producción que resuelva las necesidades de nuestros pueblos.
América Latina y el Caribe tiene todo lo que se necesita para producir bienes y servicios que resuelvan las necesidades de nuestros pueblos. Muchas veces se ha dicho que “la riqueza tiene padre y madre: el trabajo y la naturaleza”. Bueno, América Latina y el Caribe tienen una clase trabajadora altamente capacitada, con disposición para llevar adelante la producción de riqueza y tenemos la dotación de unos bienes comunes para un desarrollo soberano en defensa de los intereses de nuestros pueblos, de la reproducción de la naturaleza, la vida y la sociedad.
Por lo cual contar con un financiamiento genuino sustentando en procesos de soberanía financiera en la región, seria una muy buena noticia y una posibilidad para intervenir en un momento de desorden de la economía mundial, precisamente por los elementos de descomposición que muestra esta actitud de unilateralidad de las sanciones de EEUU, las que lamentablemente en general acompaña Europa y genera tensiones adicionales que impacta en la inflación y en el crecimiento de la desigualdad, y por lo tanto un impacto en la pobreza, donde América Latina y el Caribe sin ser el territorio mas pobre del mundo si es el territorio donde más crece la desigualdad.
LG: Un proceso como ha vivido la unión europea en su momento de integración no solamente a nivel ideológico sino en hechos de tener una misma moneda como es el euro. Las económicas latinoamericanas son muy diversas ¿cómo se tendría que regular esta situación en América Latina?
JG: Lo más importante sería una voluntad integradora, yo mencione hace un momento a la CELAC, por que incluye países con gobiernos con orientaciones políticas diferentes, incluso contrarias, pero eso no impide que haya dialogo, capacidad de encarar proyectos compartidos, de desarrollos que sean favorables para todos los pueblos. Es cierto que hay diversidad en los desarrollos económicos, políticos, culturales e incluso de lengua: Brasil distinto del resto de la región no habla español, Haití se comunica con el creole (criollo).
Pero que importante seria que el conjunto de la región latinoamericana ante una pandemia que continua, potencie los desarrollos que tiene Cuba en materia de vacunas, que la experiencia del Cono Sur en materia de alimentos se propague y difunda para el desarrollo de políticas de soberanía alimentaria en toda la región, que la potencialidad energética que en algún momento Venezuela planteo “construyamos Petroamérica”, en aquel momento la Argentina tenia una petrolera privatizada y por lo tanto no era atractivo para la petrolera privatizada avanzar en una lógica hidrocarburifera de soberanía energética, de carácter regional. Brasil se ha transformado en una potencia de reservas internacionales de petróleo muy fuerte, Argentina también, Bolivia tiene una larga tradición en ese aspecto, ni hablar de Venezuela que es el principal reservorio de hidrocarburos, Ecuador, Colombia.
Insistamos que América Latina y el Caribe aun con las diferencias de rumbo, si hay voluntad política podría avanzar en programas de soberanía alimentaria, de soberanía energética y como dijimos hace momentos, de soberanía financiera.
Pero me da la impresión e que no solo tiene que ser una voluntad de los gobiernos, sino que debe ser una presión del movimiento social, de las organizaciones sindicales, sociales, territoriales, de mujeres, de jóvenes para que presionen a un rumbo distinto.
Tengo la sensación de que las luchas juveniles que animaron el cambio de escenario político en América Latina, estoy pensando en los acontecimientos en Chile, en Colombia, por supuesto toda la movilización social boliviana para confrontar la situación de golpe, y la dinámica popular de lucha que muestra un país empobrecido como Haití, nos muestra que hay una voluntad política social extendida que necesitaría articularse en un proyecto político y popular de integración regional.
América Latina y el Caribe tiene que contestar con integración a los problemas que hoy presentan la economía mundial que es un momento de gran desorden y crisis y donde los grandes estados del capitalismo mundial solo atienden a las necesidades de los grandes bancos, de los grandes capitales en un tiempo en que la inflación extiende los problemas de la pobreza en el mundo. CEPAL lo confirma para América Latina y el Caribe: en los últimos 10 años es una nueva década perdida para la región, hemos bajado en todos los indicadores sociales deteriorando un ritmo de mejora a la situación económico social en nuestros países.
Por eso América Latina y el Caribe lo que necesitaría es una mayor presión social para que se asuma como propuesta creíble desde el punto de vista de los estados de la región.
LG: Volviendo al acuerdo entre Brasil y China ¿Qué repercusiones puede tener en los países, sobre todos los del alrededor como en el caso de Bolivia o Argentina?
JG: Va a ser un desafío para toda la región. Hay que pensar que ese acuerdo se suscribió por agencias de China y de Brasil, Lula suspendió un viaje que tenia a China por razones de salud, pero en estos días se esta materializando ese acuerdo, habrá que ver como se potencia este acuerdo bilateral y que curso de acción sigue en la región.
No hay ninguna duda de que tanto Bolivia como Argentina, Uruguay o Paraguay con regímenes gubernamentales distintos, con objetivos distintos, pueden potenciar e involucrarse en esta iniciativa.
Sin lugar a duda es una noticia muy importante que impacta, yo insisto con la importancia que tiene Brasil en la región y la importancia que ha ido asumiendo China, un tema que preocupa sobremanera a EEUU, que esta ejerciendo presión, por ej., con la Argentina y su relación con el FMI, para que Argentina no potencie las relaciones con China. Pero China es el 2º socio comercial de la Argentina y Brasil es el 1º.
No hay ninguna duda de que hay que acercar a los países sudamericanos a una estrategia común y compartida, incluso en el vinculo con China, porque el problema es que las relaciones con China son de carácter bilateral. Que importante sería que estas relaciones bilaterales tengan lazos integrados, que sean un vínculo del Mercosur con China, de una recreada UNASUR con China, de la CELAC con China. Que haya un vinculo mas estrecho, multilateral y que responda a una estrategia compartida, donde no sean los intereses nacionales sino los intereses regionales, porque insisto en que hay mucho para trabajar en conjunto.
La mejor prueba fue el abastecimiento histórico de gas de Bolivia a Brasil y a Argentina, del mismo modo que la Argentina completa la soberanía alimentaria de Bolivia con las exportaciones de harina. Por lo tanto, hay muchos puntos en común de necesidades irresueltas de los países que se pueden resolver con procesos de profundización de la confianza, de la articulación productiva, económica y social en beneficio de los pueblos y no de la ganancia o de las trasnacionales, que es la lógica que impone la mercantilización, la privatización, la financiarización con que se ha venido desarrollando el sistema económico a nivel mundial.
Creo que es auspicioso el vinculo Brasil-China y que eso puede potenciar relaciones articuladas de nuestra región con China que es indudablemente una potencia emergente que, en lo productivo esta a la cabeza del sistema mundial, y claro que, en una disputa en sentido integral por la hegemonía del sistema mundial, principalmente con EEUU.
La región tiene que actuar integrada y articuladamente y no tanto en la relación bilateral que es lo que acontece.
La crisis bancaria y la respuesta del Estado capitalista
I - La crisis bancaria
El fenómeno de la crisis bancaria se hizo visible con las recientes caídas de algunos bancos regionales estadounidenses, caso de Silicon Valley Bank, el Signature Bank y el Silvergate Capital.
A ellos se sumó la crisis del Credit Suisse y su absorción por el UBS, extendiendo el problema a Suiza y a Europa, nada menos que con las pérdidas de valorización del Deustche Bank.
En ese marco, los Estados del capitalismo desarrollado salieron a sustentar con aportes y préstamos, las necesidades de la banca en problemas.
Junto al Estado, la banca privada de más espaldas hizo lo propio, caso del First Republic Bank que fue asistido por un conjunto de bancos como el Bank of America, JPMorgan, Goldman Sachs, entre otros grandes, por la suma de 30 mil millones de dólares.
Las principales autoridades de las bancas centrales, de EEUU y de Europa respondieron de inmediato con disposiciones orientadas al salvataje del sistema financiero.
Para el caso estadounidense, si bien la legislación contemplaba la devolución de fondos depositados hasta 250.000 dólares, una suma significativa, ante la bancarrota y la corrida bancaria, las autoridades económicas y financiares cambiaron las disposiciones para asegurar que todos los depositantes recibirían sus depósitos.
Se trató de una medida excepcional que atiende la demanda de los sectores de mayor concentración de ingresos y de riqueza.
No es posible encontrar una medida semejante para atender la vulnerabilidad de la pobreza o la indigencia en los países capitalistas desarrollados, lo que hace evidente el papel del Estado capitalista en tanto sostén de los intereses del capital concentrado.
La crisis bancaria evidencia la preocupación del poder político en los principales países del capitalismo mundial.
No solo se trata de la banca central, supuestamente autónoma del poder político, sino y especialmente, de los gobiernos, que son la expresión del poder sustancial en el régimen del capital. Política y economía se articulan como un todo en la definición del rumbo del orden socioeconómico capitalista.
Es más, la Reserva Federal se asustó y dudó en continuar con su lógica de aumento de las tasas, pero decidió sustentar la ortodoxia liberal, con una tendencia a la disminución del alza de las tasas y augurando una disminución de la perspectiva de crecimiento económico, al 0,4% para el presente año y una perspectiva menos optimista de reducción de la inflación hacia el 2025.
II – La crisis del capital
En rigor, lo esencial es lo que está detrás del fenómeno que expresan las quiebras bancarias y los salvatajes estatales. En ese sentido, valen consideraciones históricas y de la lógica y dinámica del orden capitalista.
II.1 – Una mirada retrospectiva
Desde lo histórico, hay que remitir al 2008 y al 2001 estadounidense. En efecto, la crisis de las “punto.com” nos lleva al periodo 1998/2001, cuando el imaginario de la ofensiva liberalizadora auguraba un tiempo renovado con la “nueva economía” en desarrollo desde Seattle.
Fue el movimiento popular movilizado en 1999, en la batalla de Seattle, quien impidió la realización de la “cumbre del milenio” de la OMC.
Con ese antecedente, se obstaculizó la iniciativa del poder hasta luego de los episodios de septiembre del 2001 en Nueva York. Entonces, si, en noviembre del 2001 se volvió a las rutinas de los cónclaves mundiales para intentar la institucionalización de la liberalización.
Era al fin del Siglo XX el momento de máxima acumulación del poder capitalista, que anunciaba un tercer milenio para la liberalización y el dominio in-objetado del capitalismo. Eran tiempos de una década de la debacle del “socialismo real”.
Claro que también se iniciaba un tiempo de expectativas de cambio político en la región latinoamericana y caribeña, con restablecimiento de una propuesta socialista y un conjunto de programas derivados de una integración no subordinada que tenían a Cuba como estandarte de la condición de posibilidad de confrontar con el orden capitalista.
La región constituía una vidriera de esperanza para el mundo subordinado a la lógica capitalista.
Reitero en las consideraciones históricas, porque ante la imaginación de una “nueva economía” en el capitalismo hacia 1999, con la digitalización y la revolución científico técnica detrás, lo que emergía era la resistencia popular y la potencia de una nueva institucionalidad “nuestramericana” que desafiaba la lógica de la hegemonía capitalista.
La respuesta de la dominación estadounidense hacia el 2001 se orientó en una fuga hacia adelante, estimulando el crédito público y privado, de los estados, las empresas y las familias, que desembocó en la crisis hipotecaria del 2007, base y fundamento de la crisis bancaria y financiera del 2008 y la caída de Lehman Brothers, episodio que decidió a la Reserva Federal y al Tesoro de EEUU a generalizar el salvataje del sistema financiero sin escatimar costos, o consecuencias según la lógica liberal y monetarista.
Si en el 2001 el salvataje fue la emisión gigantesca de deuda, en el 2008, la solución provino de una inmensa emisión monetaria. Contrario a todo predicamento liberal, no hubo freno ni obstáculo a una inmensa emisión de deuda y de dinero para el salvataje del orden capitalista.
Al mismo tiempo se extendió la represión y la militarización de la sociedad mundial. Los presupuestos de gastos militares no han dejado de incrementarse en el nuevo siglo, desandando toda prédica emergente de comienzos de los 90 y relativa al final de la historia.
No fue la paz la que se extendió luego de la debacle del socialismo en Europa. Todo lo contrario, y resulta evidente con la extensión territorial de la OTAN y su compromiso en la asistencia a Ucrania.
En Nuestramérica, es evidente el accionar imperialista asociado a las derechas tradicionales y a las nuevas derechas para revertir las dinámicas políticas de cambio de la primera década del siglo, para habilitar la recreación de proyectos políticos comprometidos con la orientación restauradora del poder tradicional capitalista en la región.
La crisis actual remite por ende al 2008 y las propuestas de solución entonces asumidas, tanto como a la crisis del 2001 estadounidense y sus rumbos de salida.
II.2 La ley del valor actúa en la realidad
Pero, más allá de las consideraciones históricas, vale mencionar los límites para la expansión del régimen del capital, o sea, las dificultades en el proceso de valorización y acumulación capitalista.
El hecho de la disputa por la hegemonía del orden mundial es expresión de los problemas del imperialismo estadounidense. El dato a tener en cuenta es la transnacionalización del capital, que supone décadas de inversiones más allá de los territorios de origen de esos capitales. Es uno de los ejes considerados por Lenin al estudiar el fenómeno del imperialismo, pero es también la explicación de la respuesta Trump (2026-2020) bajo el lema America First. Era expresión de una pretensión para revertir la dinámica de salida de capitales estadounidenses hacia el exterior, particularmente hacia China, proceso materializado desde la modernización del gigante asiático desde 1978.
Una modernización que actuó como fenómeno de mundialización de la ley del valor, de estímulo a la sociedad monetario mercantil. La ley del valor se abre paso más allá de cualquier teorización y política de Estado.
Más allá de la voluntad política del gobernante yanqui, la realidad de la transnacionalización del capital, sustentada en la internacionalización de la producción pone de manifiesto nuevos territorios de la expansión del capital.
Es lo que algunos denominan la “emergencia capitalista” contemporánea, hacia China, India, incluso Brasil y otros países de Asia u otros territorios del planeta.
La crisis del capital está en los problemas de la valorización de capitales y en la ampliación de la productividad en los territorios tradicionales de la acumulación capitalista por siglos.
Remito a la acumulación originaria descripta por Marx en territorio europeo, seguida por la dinámica de las “nuevas” potencias del capitalismo mundial, Alemania y EEUU, según Lenin en su estudio sobre el imperialismo, y claro, a la emergencia del desafío a la hegemonía que hoy expresa China.
Asistimos a tiempos de mutación de las relaciones económico sociales en el marco del desarrollo capitalista, por lo que existe un relativo desorden y una búsqueda de un nuevo ordenamiento de las relaciones capitalistas.
III – Desorden y búsqueda de un nuevo orden
En este sentido, la dinámica contemporánea del orden capitalista se presenta como desorden recurrente, con la pandemia desde el 2020 o la amenaza de su continuidad o emergencia de nuevas pandemias, tanto como la realidad de un proceso de guerra desde 2022 que escala con amenazas nucleares.
Un desorden que trae aparejados fenómenos con la combinación de inflación con recesión. Precios que suben como resultado de una ley del valor dificultada por trabas a la circulación derivadas de unilaterales sanciones impuestas por EEUU y sus socios globales, pero también obstaculizando las cadenas de valor, encareciendo procesos productivos y de circulación y contribuyendo a una lógica buscada de recesión.
El Estado capitalista opera en la solución a la lógica de la valorización y de la ley del valor, ya que lo que importa es la tasa de ganancia y la acumulación.
Ante la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y las dificultades para el crecimiento de la productividad del trabajo, el Estado capitalista de cada país intenta sostener políticas monetarias y fiscales que apuntalen la lógica capitalista.
Por eso en 2001 se avaló la emisión de deuda, en 2008 la emisión monetaria y en 2023 se amplió la garantía sobre los depósitos ante bancos en quiebra, es decir, todo lo que haga falta para el salvataje de un orden en crisis, en donde la pugna por la dominación resulta evidente.
El problema es que se trata de un orden social, contradictorio y, por ende, no solo cuenta la iniciativa del poder, económico, político, militar, ideológico, sino también necesita incluirse la iniciativa de los sectores explotados, excluidos, oprimidos, porque en definitiva, se trata de lucha de clases.
Así como el movimiento contra la globalización capitalista se hizo evidente en los tiempos de la crisis entre 1997-2001; la acumulación de las propuestas de cambio político en varias regiones del mundo hacia la primera década del Siglo XXI mostró los límites de la propuesta liberalizadora del poder, evidenciando el carácter histórico y temporal del orden y la hegemonía capitalista. En todo caso, exacerbaron la ofensiva del capital por todos los medios posibles para revertir cualquier tendencia al cambio sustancial del orden vigente.
En esta tercera década del Siglo XXI, la crisis bancaria evidencia los límites del capitalismo contemporáneo y desafía al Estado capitalista a nuevas ingenierías de salvataje, que deberán ser confrontadas por la lucha y organización popular. El problema a resolver es la construcción en este tiempo histórico de una alternativa estratégica en contra y más allá del capitalismo, que pueda superar la defensiva luego de medio siglo de ofensiva capitalista.
Buenos Aires, 29 de marzo de 2023
Crónica de una estafa
La estafa a los jubilados es una historia larga y tiene antecedentes cercanos en la privatización de las jubilaciones, desde hace tres décadas (1993-2023).
En efecto, en los primeros años de la última década del siglo XX se procesaron cuantiosas privatizaciones, entre ellas, las de las jubilaciones, un negocio gigantesco para las AFJP y sus bancos asociados. Estos a su vez, llevaban más de 15 años bajo la legislación financiera de la dictadura (1977), que promovía la extranjerización y concentración financiera. Remito a una ley aún vigente (1977-2023), que posicionó a la banca, principalmente extranjera, como abanderados de la lógica especulativa y subordinada al mecanismo de la libre circulación de capitales y el endeudamiento externo, especialmente público.
La privatización del 93 fue una estafa y un negocio para el sector más concentrado de la economía, que favoreció la especulación y la explotación del trabajo, apropiando recursos de trabajadores y trabajadores para la construcción de un mercado de capitales sustentado en parte importante con recursos de las trabajadoras y los trabajadores. El fondo de capitalización de las AFJP se integraba esencialmente por los aportes de los trabajadores y las trabajadoras.
El Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) se crea en el 2007, y con la crisis mundial del 2008 y la estatización del régimen jubilatorio, el FGS viene siendo un mecanismo de financiamiento del régimen del capital, sustentando el endeudamiento público (más del 70% de los activos) y la demanda de capital vía acciones de las empresas y crédito para procesos productivos esenciales del modelo productivo de inserción subordinada en la transnacionalización en curso.
Volvamos a mencionar en ese plano la importancia del endeudamiento para la dinámica de inserción subordinada de la Argentina en el capitalismo global.
El capitalismo se sustenta con explotación, agravada con la apropiación de ingresos salariales aportados al sistema de seguridad social que se canaliza vía mercado de capitales en el financiamiento de la producción y negocios capitalista.
Pura lógica del régimen del capital, por lo que sustentamos el carácter de estafa permanente.
Una estafa fue la privatización, y otra, el uso de los fondos previsionales para financiar la lógica del capitalismo local y global.
El canje actual
En ese marco no sorprende la actual disposición gubernamental de acudir al canje de bonos de los organismos estatales, entre ellos los que acumula el FGS, para “resolver” las obligaciones auto infligidas en el acuerdo con el FMI en 2022.
Se sustenta en el acuerdo con el FMI restricciones a la emisión monetaria y expansión de las reservas internacionales, junto a un ajuste fiscal para reducir el déficit del estado. Bajo esa premisa y para hacerse de pesos, el gobierno decreta la venta de los activos dolarizados en poder de los organismos estatales, bajo elementos de “contabilidad creativa” (se entregan a cambio de los bonos dolarizados, bonos en pesos con actualización por tipo de cambio o inflación, lo que sea mejor).
El resultado apunta a la pesificación de la deuda de los organismos estatales, al tiempo que favorece la compra de activos dolarizados por el sector privado, los que podrán aguantar esos activos hasta el vencimiento y como los “fondos buitres” demandar la cancelación por la totalidad del valor nominal. El sector privado más concentrado demanda divisas y por eso, ahora se les ofrecerán títulos dolarizados de legislación nacional puestos a disposición por los organismos estatales.
La demanda de divisas se manifiesta como “fin del cepo” o directamente en la solicitud de una devaluación monetaria para favorecer la dinámica de acumulación capitalista.
En rigor, la medida apunta a “ganar tiempo” en un partido en donde el único resultado posible es el ajuste permanente y el deterioro de la condición de vida de millones de sectores sociales empobrecidos, tal como lo muestran los indicadores económicos sociales, especialmente de la indigencia y la pobreza.
Los fondos de la seguridad social se utilizan para los objetivos del régimen del capital y no para beneficio de sus principales aportantes. Los mecanismos de acumulación de recursos de la seguridad social y/o previsionales no están concebidos para sustentar una garantía de beneficios sociales, sino que son instrumento financiero del capital más concentrado, entre ellos, el propio estado capitalista.
Terminar con la estafa
Desandar la estafa supone anular el acuerdo con el FMI, suspender los pagos de la deuda, investigar los destinos originarios del endeudamiento y castigar a los beneficiarios de la estafa materializada bajo el gobierno Macri y refrendada en la negociación posterior.
Claro que al mismo tiempo hay que entregar el FGS a sus verdaderos beneficiarios, los trabajadores y trabajadoras, jubilados/as y en actividad, para que sean quienes gestionen el destino de esos recursos.
Eso nos llevará a otro debate, que remite a la reproducción del orden capitalista o al financiamiento de una estrategia de transición hacia otro modelo productivo y de desarrollo, que requiere de otras medidas que completen y complementen el acto de justicia que supone la devolución de los fondos previsionales a sus legítimos y principales aportantes: las/os trabajadoras/es.
La crónica de la estafa tiene décadas y requiere de un fuerte consenso socio político para ponerle fin y reorientar esos recursos en beneficio de jubiladas, jubilados, de trabajadoras y trabajadores, del conjunto del pueblo empobrecido.
Se trata en definitiva de una discusión política que no asumirán los asociados a la dependencia del endeudamiento por décadas y a la subordinación de una lógica de dominación que tiene en la cúspide al FMI y a su socio principal: EEUU.
Buenos Aires, 28 de marzo de 2023
Canje de bonos con organismos públicos
Hay nuevas medidas enunciadas hoy ante operadores del sector financiero desde el Ministerio de Economía. Es una iniciativa, como muchas otras encaradas últimamente para ganar tiempo en un año electoral.
La preocupación gubernamental que justifican los anuncios está asociada a maniobras especulativas de estos días, las que intervienen en el aumento del tipo de cambio paralelo (ilegal o blue), que inciden en los dólares financieros (MEP, CCL). Estos son demandados por las empresas para hacerse de divisas ante el control oficial respecto del comercio con divisas al tipo de cambio oficial (cepo).
Señalemos que las subas de los dólares financieros o paralelos intervienen en la suba de precios, más allá de cualquier vínculo de los costos de producción o circulación con las monedas extranjeras.
Destacamos también que la devaluación del tipo de cambio oficial se acelera al ritmo inflacionario, y ya no es ancla, tal como ocurría en tiempos de Martín Guzmán.
Sin perjuicio de ello, desde el gobierno perjuran que no tienen plan de una mega devaluación, tal como demandan desde el poder económico concentrado, especialmente los grandes productores y exportadores.
Para escaparle a la mega devaluación se vienen realizando recurrentes anuncios que, en general benefician al poder, aun cuando postergan la demanda devaluatoria de los más poderosos.
Entre esas concesiones se destacan las operatorias del “dólar-soja o malbec”; el canje de deuda de hace un par de meses, usando recursos de Reservas Internacionales, que objetó el FMI; y ahora este canje de activos dolarizados en manos de organismos públicos para atender la demanda de divisas del sector privado.
Le temen a la mega devaluación, solicitada por los grandes exportadores y el núcleo más concentrado del poder local, por el regresivo impacto social que generará, ampliando las dificultades económicas de la mayoría empobrecida, en torno al 50% de la población.
Mientras tanto satisfacen la solicitud del poder en aumento de tarifas, cotización especial de exportaciones especiales, caso de la soja o el vino, etc.; y en este caso, la demanda de divisas del sector privado.
Más aún, el temor gubernamental a la mega devaluación es que la suba del tipo de cambio (del dólar) acreciente el descontento social, que se transforme en protesta y extensión de la conflictividad, obviamente desaconsejable en tiempos electorales.
Lo que está en juego son unos 35.000 millones de dólares, que el Ministerio, en coordinación con el BCRA, pretenden gestionar para no tener que acudir al uso de reservas internacionales, afectadas además por las condiciones de merma de exportaciones derivadas de la sequía, pero también de la continua fuga de capitales del país.
No se aprecia la misma inventiva para resolver los temas del empobrecimiento, de la baja de los ingresos populares y el conjunto de reivindicaciones de los de abajo.
Las medidas
La operatoria en curso apunta a pesificar la deuda con los organismos estatales (OE), para lo cual avanza en un canje. Los OE deberán desprenderse de los bonos en dólares de legislación extranjera y local.
Así, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) o los bancos públicos entregarán sus tenencias de bonos en dólares de legislación extranjera a cambio de nuevos bonos en pesos, actualizados por inflación o tipo de cambio. Se estima una suma de 4.000 millones de dólares.
También, y por 120 días, al ritmo que dispongan el ministerio y el BCRA, los OE ofrecerán a licitación sus tenencias de bonos en dólares de legislación local. Se pretende con ello ofrecer una masa de recursos a la demanda de divisas de inversores privados. Se calcula un monto de 31.000 millones de dólares.
Entre ambas operatorias se calcula una intervención sobre 35.000 millones de dólares.
Insistamos, el objetivo apunta a bajar la crecida de la cotización de las divisas y de la inflación en general. Al no poder intervenir con reservas internacionales, virtualmente inexistentes, se acude a este mecanismo de gestión de bonos hasta ahora en manos de los OE.
Se trata de pesificar la deuda. Al entregar bonos en pesos contra los nominados en dólares en manos de OE, el ministerio destaca que los elimina de circulación, con una baja de la deuda registrada en dólares.
Así, se eliminarían unos 4.000 millones de dólares de la deuda pública y se acrecienta la deuda pública en moneda nacional, lo que genera un debate con matizados argumentos.
Hemos señalado que la deuda dolarizada complica porque la Argentina no produce los dólares o divisas, tiene que comprarlas. Al pesificar, debe utilizar recursos fiscales para cancelar intereses, impidiendo la satisfacción de derechos sociales: educación, salud, alimentación, ingresos populares, etc.
Las licitaciones de los bonos dolarizados de legislación local significarán ingresos de pesos a los OE, los que se utilizarán para comprar bonos pesificados, actualizados por tipo de cambio o inflación.
Así, el estado se hará de unos 2 billones de pesos en un cuatrimestre para atender el déficit fiscal sin emisión ni deuda para cumplir con la meta acordada con el FMI. Siempre está el condicionante del FMI.
Por un lado, avanza la pesificación de la deuda, al tiempo que orienta la deuda dolarizada de legislación local hacia los tenedores privados. El supuesto teórico detrás de la medida es que se debe reemplazar deuda en divisas, por obligaciones en moneda local.
En síntesis
Lo que está haciendo el gobierno es una iniciativa para hacerse de dinero que financie el déficit fiscal, en un momento donde está disminuyendo el ingreso de divisas por disminución de las exportaciones derivadas de la sequía.
Como siempre y tal como históricamente se actuó, se acude a los fondos de la seguridad social, especialmente en este caso al FGS.
Al mismo tiempo profundiza la lógica de pesificación de la deuda pública, disminuyendo parte de la deuda en moneda extranjera y habilita nuevos canales de oferta de títulos en divisas para intervenir en el mercado cambiario disminuyendo las presiones al alza.
De ese modo, pretende contener la potencial devaluación que demanda el poder económico y la oposición de derecha.
Se intenta ganar tiempo en momentos de gran incertidumbre mundial, ante la crisis de bancos estadounidenses y europeos, cuando la Reserva Federal de EEUU sostiene la suba de tasas de interés para contener la inflación.
La combinación de los problemas locales y los globales impacta en el deterioro de las condiciones de vida de la población empobrecida, por lo que, más que nunca se requiere la anulación del acuerdo con el FMI, la suspensión de los pagos de la deuda, su auditoría y una reorientación de la política económica.
Esa reorientación debe atender a satisfacer la demanda social de sectores de menores ingresos, empobrecidos por una dinámica que privilegia la ganancia y la inserción subordinada del país en el capitalismo global.
Buenos Aires, 22 de marzo de 2023
El aumento en alimentos agrava la pobreza
Los datos de inflación a febrero del 2023 preocupan. En efecto, el 6,6% de febrero de 2023, un 13,1% en el primer bimestre del año y el 102,5% acumulado en 12 meses, preocupa en general, pero más aún en los sectores sociales empobrecidos.
Es un tema agravado cuando el rubro alimentos creció un 9,8% en febrero, un 17,2% entre enero y febrero y 102,6% en el acumulado de 12 meses.
Convengamos que, con ingresos populares en baja, sean salarios, jubilaciones o asistencia social diversa, el deterioro de las condiciones de vida cotidiana de la mayoría de la población agrava la situación de empobrecimiento.
Un dato de la realidad es la desigualdad, manifiesta en la concentración de ingresos y riqueza en muy pocas manos y una ampliación del empobrecimiento social.
Hace rato que preocupa el tema inflacionario, y no alcanza conque señalar que se trata de un fenómeno mundial, ya que la inflación en EEUU llegó al 8/9% anual y ahora está en torno al 6%.
En general, sea en Europa u otros países del sistema mundial, la inflación anualizada ronda entre el 8 y el 20%, claro que hay países con registros menores, muchos de ellos en la región latinoamericana y caribeña.
La especificidad de Argentina es que loa inflación anual para varios países es mensual en los registros locales. No es un tema nuevo, sino de largo aliento, que, en la última etapa, con alzas y bajas empezó a escalar desde el 2006/07.
Teoría, política, alimentos y pobreza
Hay un debate teórico y político sobre las causas de la inflación y las políticas antiinflacionarias. Es un debate inconciliable, sustentado en bases teóricas y políticas que pretenden objetivos diferenciados y expresan intereses económicos, políticos y culturales particulares.
Desde el liberalismo se sostiene un enfoque monetarista que desemboca en políticas de ajuste fiscal, elevando al déficit fiscal y a la emisión monetaria como los problemas esenciales.
La escuela keynesiana, con variantes sustenta políticas de “acuerdos” entre distintos eslabones del proceso de producción y circulación, y resuelven el diagnóstico abusando de una multi-causalidad que puede explicitar variadas causas y efectos.
Obvio que en cada corriente existen matices, como los hay en quienes polemizan desde el marxismo, que asientan sus posiciones en la ley del valor de Marx y, por ende, el carácter monetario mercantil de la sociedad capitalista.
El debate está inacabado y puede parecer un diálogo sin escucha, imposible de sintetizar, y en él mientras tanto, los precios generan la creciente desigualdad, lo que supone la extensión del empobrecimiento.
La suba de precios afe3cta en primer lugar a las y los generadoras/es de la riqueza social: las y los trabajadores. A ello se suman un conjunto de sectores pequeños de la producción y la actividad económica en general, sin capacidad de intervenir en la disputa por el excedente económico.
Desde esta preocupación, del deterioro agravado de los empobrecidos, es que nos interesa específicamente que ocurre con los alimentos, el rubro de mayor incidencia en el índice de inflación, que oscila entre el 25% en el Gran Buenos Aires (GBA) y el 38% en el Noreste.
El gasto de la pobreza es principalmente en alimentos y si estos crecen en precio con deterioro de ingresos populares, queda claro el resultado de mayor indigencia y pobreza.
Algunos datos provistos por el INDEC para febrero y el GBA evidencia una suba de precios respecto de enero del 35% en carne picada común, 34,3% el cuadril, 33,5% la paleta, 32,8% la nalga y 28,6% el asado; 14,6% el arroz blanco simple, 13,2% los huevos de gallina, 9,9% el queso cremoso o el yogur firme; y más aún, 72,4% la naranja, o 13% la batata.
Son solo algunos datos que ilustran la mayor suba de alimentos respecto del promedio de los precios que subieron 6,6% en febrero pasado, y recordemos 9,8% los alimentos.
Discutir el diagnóstico y las propuestas
Mucho se discute sobre la fijación de precios en general, y existen ramas monopolizadas en la producción y circulación de alimentos, al tiempo que existe una diversidad de productores de frutas y verduras distribuidos por todo el territorio que producen, en simultáneo con una red inmensa de puestos de ventas diseminados por todo el país.
Consultados pequeños comerciantes de barrio, productores de frutas y verduras, incluso profesionales que atienden a esos pequeños empresarios del campo o la ciudad, todos coinciden que un problema central está en la intermediación, por lo que una primera conclusión que habría que sacar remite a la necesidad de organizar la articulación entre esa masa de productores y distribuidores al menudeo, acercando la producción al consumo.
No se trata de establecer vínculos individuales entre productores y consumidores, sino que bien podrían desarrollarse formas comunitarias, cooperativas y de autogestión para la producción y circulación de frutas y verduras, sin perjuicio de otros alimentos en los que el país tiene elevada experiencia y desarrollo tecnológico, sea en carnes o lácteos, por ejemplo.
La propuesta involucra a trabajadores y consumidores, incluso con participación universitaria en la asistencia técnica y ámbitos específicos de las administraciones municipales provinciales y nacionales.
Claro que también se explica que la sequía agrega problemas, que genera escases y pérdida de calidad en la mercadería. Es un tema asociado a otros países y vinculado al cambio climático, que pone de manifiesto que es un tema que transciende la coyuntura y que todo indica que es escasa la planificación de iniciativas que contemplen un problema estructural que debiera resolverse en el marco de la integración regional.
El mercado de alimentos, especialmente frutas y verduras demanda la extensión de los “mercados centrales”, no solo los que hoy existen en varios territorios, sino que debiera extenderse como política de articulación de la producción, la circulación, el intercambio y el consumo, vías “ferias” o “mercados populares” con participación de trabajadores, productores y usuarios, impulsado por la política estatal.
Debe reconocerse que el precio aparece inducido por las grandes cadenas de circulación, fuertes concentradores de la producción y formadores de precios, a los que se adecuan los pequeños establecimientos. Es un dato que el productor pequeño es el que menos posibilidades tiene de intervenir en la fijación de precios.
Eliminar o disminuir la intermediación resulta estratégico, lo que requiere una deliberada política estatal con recursos para sostener una logística adecuada y una planificación participativa que involucre a trabajadores, productores y consumidores.
La especulación intermediaria solo puede resolverse con planificación y participación, aunque es cierto que detrás de todo está la ley del valor y, por ende, unos precios atados al régimen de producción capitalista que domina las relaciones económicas y sociales en su conjunto. 15/03/2023
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