¿Es posible seguir el ejemplo estadounidense?

 

Cuando todavía persiste la incertidumbre sanitaria y económica, se empieza a mensurar el rebote de la economía mundial, lejos de recuperar la tendencia, pobre, por cierto, previa a marzo del 2020. Una de las incógnitas es para cuándo podrá recuperarse esa perspectiva de crecimiento en el capitalismo global. Todo indica que involucrará todo un lustro desde la emergencia de la pandemia y el cierre planificado de las economías nacionales y la circulación mundial del producto. El horizonte apunta hacia el 2024/25. Esa es la razón, pese al rebote económico “diverso”, como sostiene el FMI, que muchos organismos internacionales y economistas en posiciones estatales estén preocupados por sostener el financiamiento público de la recuperación.

Remito al FMI, entre otros, que promueve no desatender la intervención fiscal para contener impactos regresivos y por supuesto, cualquier esbozo de conflictividad social. Como no somos inocentes, aclaramos que estas consideraciones de los organismos internacionales son convergentes con las preocupaciones tradicionales apuntadas al ajuste y a las reformas estructurales que favorezcan la tasa de ganancia. Al tiempo que se atiende el gasto social en la coyuntura, avanzar en reformas de fondo, caso de los regímenes laborales y previsionales. Se trata de flexibilizar y si se puede derechos sociales, sindicales, laborales, históricamente conquistados, revertiendo la situación derivada del momento definido por el “estado benefactor”.

Es el caso también de Yanet Yellen, la Secretaria del Tesoro de EEUU que lleva en estas horas a la reunión conjunta del FMI y del Banco Mundial, como al G20, la propuesta de una iniciativa global para grabar a las corporaciones transnacionales. El hecho es la reducción tributaria impulsada por la administración Trump, bajando la imposición a las ganancias corporativas del 35 al 21%. La gestión Biden pretende recuperar posiciones y establecer una tasa del 28%. Ante la amenaza de retiro de esas empresas y la búsqueda de territorios favorables a la no imposición (paraísos fiscales, entre otros), se pretende generalizar la iniciativa al mundo. Leemos en la prensa los dichos de la Secretaria del Tesoro[1]:

"todavía es demasiado pronto para hablar de victoria", por lo que los países tienen que continuar con "el fuerte esfuerzo fiscal y evitar retirar el apoyo demasiado pronto para promover una recuperación sólida" y ayudar a evitar la aparición de desequilibrios globales.”

Viene de lejos la tendencia a imposiciones regresivas para mejorar la perspectiva de los inversores de capital. Hace años que se discute en el sistema mundial la reversión de esa lógica tributaria favorable a los capitales más concentrados, que son los que más ganancias acumulan. Es posible ver el fenómeno actual en las empresas tecnológicas, caso de la expansión del comercio electrónico mediado por las restricciones en tiempos de pandemia. Con motivo de la innovación se promovieron oportunamente reducciones impositivas para favorecer esos desarrollos empresarios que evolucionaron a grandes conglomerados transnacionales. Esos beneficios impositivos debieran revertirse o suspenderse para la contribución a la emergencia, especialmente ante la dimensión de la valorización y ganancias de esas empresas por un lado y la recurrencia de nuevos brotes de contagios y muertes por un virus que es por ahora no controlable. Son gigantescas las ganancias de las empresas que operan la virtualidad en el contexto 2020/21.

Claro que EEUU tiene sus propias razones para elevar impuestos, como sostiene Yellen. Podemos ver detrás la necesaria financiación de un proyecto de renovación de infraestructura de unos 2 billones de dólares. El tema se discute en el parlamento estadounidense, al tiempo que profesionales como Paul Krugman discute desde su columna regular en el New York Times la ampliación de la categoría “infraestructura”, como algo mucho más allá de “puentes y caminos”. La propuesta del Nobel de Economía 2008 apunta en el mismo sentido de la Secretaria del Tesoro: apoyar monetariamente todo lo que sea necesario a los efectos de no cometer los errores del 2008, que restringió el salvataje solo al gran capital concentrado y en general asociado al mundo de las finanzas. Hoy la preocupación es por sostener el complejo entramado productivo que involucra a pequeñas empresas y a millones de personas afectadas por la emergencia.

Se trata de salvar al capitalismo. Incluso, si leemos atentamente las proyecciones de la Reserva Federal sobre la economía estadounidense, observamos el rebote 2021, pero también la tendencia a la ralentización en los años siguientes. Dice la FED que el crecimiento previsto para el 2021 es del 6.5%, pero la previsión para el 2022 baja al 3.3% y más aún en el 2023, con un pronóstico del 2.2%.[2] No está asegurada la perspectiva de superación de la fuerte caída del 2020, que arrastraba ya una lenta recuperación de la crisis del 2007/09. Por eso, la política económica de EEUU, según la fuente mencionada, sustenta en la coyuntura un salvataje generalizado para defender la posición relativa en la economía mundial y un repunte con objetivo de retomar un desempleo del 3,5% para el 2023 en un marco inflacionario del 2%. Por eso necesitan que las corporaciones tributen y contribuyan a sostener la gallina de los huevos de oro. Es que, si las corporaciones trasnacionales no tributan, solo queda afectar los ingresos populares, alicaídos por la situación de emergencia y eso puede generar conflictividad. La variante de la emisión está fuertemente usada, tanto como la del endeudamiento y existe incertidumbre sobre cuanto estirar la cuerda entre ingresos populares y ganancias en sus diversas formas de beneficio empresario o renta.

El temor de los intelectuales sistémicos es retroceder al tiempo de la estanflación que Reagan combatió con reestructuración y ajustes estructurales de los ingresos populares y una mayor explotación de la fuerza de trabajo. Por eso habrá que pensar en tensar la cuerda contra las ganancias y a favor de los ingresos populares, para lo cual habrá que encarar transformaciones estructurales que afecten la lógica de producción y reproducción del capitalismo.

Buenos Aires, 6 de abril de 2021



[1] EE UU pedirá en el G-20 armonizar el impuesto de sociedades a nivel global, en: https://cincodias.elpais.com/cincodias/2021/04/05/economia/1617625688_822481.html

[2] FED. Resumen de las proyecciones económicas del 17 de marzo del 2021, en: https://www.federalreserve.gov/monetarypolicy/files/fomcprojtabl20210317.pdf

No sorprende el aumento de la pobreza en la Argentina

 

Hacia 1975 nos sorprendió el incremento de la pobreza y de la indigencia, tanto la pobreza por ingresos, como la estructural o de las necesidades básicas insatisfechas (NBI). La primera se mide regularmente y más allá de cambios en la metodología o sospechas de escamoteo de información en algún periodo, el fenómeno ha sido relevante en el último medio siglo, agravado en el presente[1]. La segunda surge de los Censos de población y va más allá de los ingresos mensuales y remiten a condiciones de vida y de vivienda, entre otros. Uno y otro de los indicadores dan cuenta del deterioro de las condiciones de vida en una parte importante de la población de un país considerado rico por su potencial, e incluso en su real capacidad de generar riqueza. Los datos actuales confirman el problema de la pobreza como fenómeno estructural, de largo aliento y de no fácil resolución si no median cambios profundos en la organización económica de la sociedad. Hasta entonces, los datos estadísticos sobre pobreza o problemas de empleo no ofrecían relevancia en las consideraciones más generales sobre la evolución económica, aun existiendo pobreza. Todo indicador negativo parecía encontrar solución en las políticas de industrialización gestadas desde comienzos del Siglo XX, entre 1910 y 1974/5. Es una constante reiterada de esos tiempos bajo gobiernos constitucionales e incluso dictaduras.

El desarrollismo será una constante, con los matices y énfasis en cada momento, ya que no es lo mismo la gestión del ciclo industrializador bajo regímenes constitucionales que en dictatoriales. Estos últimos intentaron restaurar el poder conservador y una lógica de subordinación al modelo definido desde la gran propiedad terrateniente. No tuvieron éxito por las resistencias populares y una lógica mundial asociada a la extensión del proyecto mundial de expansión de la industrialización. El agotamiento y transformación global de ese “modelo” opera a mediados de los 70. Pretendemos apuntar a que el horizonte de la pobreza y los problemas de empleo emergieron como fenómeno visible para la consideración pública en el último cuarto del siglo XX. Será desde entonces un tiempo de desindustrialización relativa, asociado a una subordinación a lógicas globales por la mundialización, definida por las cadenas de valor que perforan los límites de las fronteras nacionales. La transnacionalización del capital converge con el fin de la extensión de la industrialización gestada en tiempos del desarrollismo capitalista.

¿Es diferente en el mundo?

La gran expansión fabril en China desde fines de los años 70 del siglo pasado tuvo impacto en la mejora de los ingresos del país más poblado del mundo, contribuyendo a bajar los indicadores de pobreza en el ámbito mundial. Si se excluye a China, los indicadores no son tan favorables. Es más, con la pandemia creció la pobreza, los problemas de empleo y se revirtieron las tendencias globales a la disminución del fenómeno de la pobreza en todo el mundo. Lo interesante es que en simultaneo a la mejora relativa de los indicadores de pobreza, la relación de desigualdad entre riqueza y pobreza se extendió desde el inicio del modo de producción capitalista hasta el presente. En rigor, la concentración del capital y sus mecanismos de acumulación definen la desigualdad, por lo que en esta tercera década del siglo XXI nos encontramos con crecimiento de la pobreza y de la desigualdad entre ricos y pobres.

Señala recientemente la titular del FMI que:

“El futuro económico es muy diverso. No todos los países ni todas las personas tienen ya acceso a las vacunas. Son demasiados los que siguen enfrentando la pérdida de puestos de trabajo y el aumento de la pobreza. Son demasiados los países que se están quedando atrás.”[2]

Las palabras de Georgieva remiten al rebote de la economía mundial para este 2021, pero “diverso”, sostiene, ya que los motores son China y EEUU, no necesariamente todos los países capitalistas desarrollados y menos los emergentes o los empobrecidos y con mayor población vulnerable por las condiciones de funcionamiento de la economía capitalista contemporánea.

De hecho, el fenómeno de la pobreza está en el origen mismo del orden capitalista, ya que la novedad en la investigación sobre la “riqueza de las naciones”, título de la obra fundación de la Economía Política clásica, remite a la sistematización de la disciplina científica del orden capitalista. Claro que la riqueza inglesa estudiada por Smith hacia 1776, en tanto novedad, incluía a la pobreza como la “norma” de la vida, incluso en el territorio de expansión de las nuevas relaciones sociales capitalistas. El crecimiento de la riqueza no impide el de la desigualdad, tema esencial de los recientes estudios del francés Piketty u otros informes sobre el tema. Por eso, el problema es el orden capitalista, que ya no puede disimular los límites relativos del enriquecimiento y de la pauperización por la extensión de las relaciones capitalistas a todo el territorio mundial.

La tendencia decreciente de la productividad del trabajo impuso los cambios del último tiempo, los que promueven el privilegio a la renta como forma de apropiación del plusvalor, sea la renta del suelo, la petrolera, o la financiera, todas subsidiarias de la propiedad privada concentrada del capital, la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes. El resultado es la extensión de la pobreza y la desigualdad.

Más de cuatro décadas de liberalización

Por eso es que ahora es visible la cruda realidad de la pobreza en la Argentina, como fenómeno relativamente nuevo.

El país capitalista insertado en la economía mundial desde 1880 se presentaba como una potencia en expansión, con crecimiento de su población, especialmente la trabajadora, inmigración mediante, incorporando todos los atributos de la innovación tecnológica provista por el capital externo, y en el saber hacer de una clase obrera educada en países con mayor desarrollo relativo.

La pobreza “parecía” importada, pero el capitalismo local otorgaba oportunidad a los “pobres extranjeros” para la superación de su condición, incluso, el hecho de que muchos trabajadores y trabajadoras pudieron “ascender” en la escala social como pequeños empresarios, algunos de los cuales pudieron crecer, acumular y transformarse en parte de quienes disputan integrarse en la cúpula empresarial.

De ahí la ilusión del “capitalismo nacional” como aspiración de proyecto político para el país burgués. Una concepción imposible derivada de la tendencia a la universalidad del régimen capitalista, transnacionalización mediante. La ilusión desarrollista se estrelló hacia 1975-76 y con ella el destino de industrialización, inserción laboral masiva y ascenso social por ingresos. La novedad fue el desempleo, el subempleo, la precariedad laboral, la pobreza y la indigencia. Es lo que nos devuelve el INDEC para fines del 2020 con 42% de pobreza, 10,5% de indigencia y el lacerante dato del 57.7% de menores de 14 años bajo la pobreza. Esto es hipoteca para el futuro, un no destino de la sociedad empobrecida, mayoritaria.

Fue grave el dato de la pobreza en la grave situación del 89/90, que más allá de los estallidos sociales desembocaron en la “convertibilidad” de hace 30 años (abril del 91) y su lógica de liberalización (privatizaciones, apertura económica, etc.). Ahí se consolidó una tendencia histórica que define el pico de crecimiento de la pobreza argentina en torno al 57% de la población, que derivó en la pueblada del 2001 y la crítica a las políticas hegemónicas de liberalización.

Los datos del presente están entre los del 89 y los del 2001, superando a aquellos y no alcanzando aun el pico de hace dos décadas. La preocupación es que los datos de pobreza del presente evolucionen manteniendo las fronteras de estos elevados valores. Por ello, en la coyuntura nos animamos a sustentar la necesidad de cambiar profundamente la política económica para incidir en la forma de producir y consumir y de ese modo, que se resuelva el problema estructural de una pobreza que ya no puede atacarse con “desarrollismos”, una estrategia fuera de época. Una estrategia para eta época supone confrontar con el poder y su base material instalada en la propiedad privada de los principales medios de producción.

Buenos Aires, 3 de abril de 2021

 



[1] INDEC. Informe sobre “Condiciones de vida., Incidencia de la pobreza y la indigencia

en 31 aglomerados urbanos”. Segundo semestre de 2020, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/eph_pobreza_02_2082FA92E916.pdf

[2] Kristalina Georgieva, Directora Gerente del FMI. Washington, DC, 30 de marzo de 2021, en: https://www.imf.org/es/News/Articles/2021/03/25/sp033021-SMs2021-Curtain-Raiser

Crece la incertidumbre, la emisión monetaria y el endeudamiento en el mundo

 

El dato relevante es la inyección de 650.000 millones dólares en una pronta emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG), la moneda del FMI, o la fuerte emisión de los principales países capitalistas del mundo[1]. La titular del FMI confirma que sin esa inyección de recursos la situación del 2020 podría haber sido peor y aun hoy existe diversidad de situación, que solo excluye en su mensaje a China y a EEUU. La incertidumbre, especialmente para los países más empobrecidos trasciende el presente y se proyecta hasta mediados de la década, agravando la situación social de la población de menores ingresos. Lo problemático de la situación es que todo lo que se hace apunta a recomponer las condiciones del ciclo del capital, sin proponerse una modificación del modelo productivo y de desarrollo, claro que ello no puede pedirse a los actores hegemónicos del sistema mundial, sean los capitales transnacionales más concentrados, los principales Estados nacionales del orden capitalista, o los organismos internacionales, surgidos para monitorear los intereses de la dominación capitalista.

Mientras se “resuelve” la condición de posibilidad de funcionamiento del orden capitalista mundial, el impacto social regresivo se extiende. Es notorio el problema con la extensión y propagación de la pandemia por el coronavirus con casi 130 millones de contagiados y casi 3 millones de fallecidos, situación que se hace compleja especialmente para los países de América Latina y el Caribe. En todo el mundo recrudece el problema sanitario y económico, aun con las perspectivas “mejoradas” que anuncia el FMI, relativizando la expectativa ante la diversidad de situaciones. Dice la titular del FMI en el discurso mencionado:

“La pérdida acumulada de ingreso per cápita, en comparación con las proyecciones de antes de la crisis, será del 11% en las economías avanzadas de aquí al próximo año. En el caso de los países emergentes y en desarrollo, excepto China, la pérdida será mucho peor y alcanzará el 20%, un recorte de una quinta parte de lo que ya es un ingreso per cápita mucho menor que en los países más ricos. Esta pérdida de ingreso significa que millones de personas caerán en la indigencia, se quedarán sin hogar y padecerán hambre. Esto se ve claramente, pero muchas otras cosas no están tan claras.”

El análisis continúa con tono dramático para señalar que:

“En realidad, uno de los mayores peligros es la extrema incertidumbre que nos acecha.”

Queda claro que aun cuando se destaca el rápido crecimiento de China, incluso de EEUU, aun en menor dimensión, estos serán motor de la economía mundial, pero sin resolver los problemas económicos de los vulnerables de cada país. Incluso con serias dificultades en la potencia hegemónica, que más allá del gigantesco apoyo en efectivo del último plan de gasto y asistencia fiscal por 1,9 billones de dólares de la administración Biden, el impacto regresivo de la COVID19 y el cierre de la economía, afecta al tercio empobrecido de la población de ese país. Ni hablar de América Latina y del Caribe, fuera del radar de las expectativas de ganancia de los inversores externos, salvo aquellos orientados al saqueo de los bienes comunes: la tierra, el agua, los hidrocarburos, el litio, entre muchos de los que la región cuenta en abundancia. Por eso preocupa el endeudamiento creciente del mundo y de la región, que puede resolver problemas financieros en la coyuntura, pero hipoteca el futuro.

El FMI llama la atención sobre el endeudamiento público y privado de los últimos años y si bien señala que ha contribuido en el último año con unos 100.000 millones de dólares en préstamos otorgados por el organismo. A esos fondos hay que sumar los créditos otorgados por países y los provenientes del sistema financiero. Todo ese conjunto constituye una burbuja que atiende en la coyuntura la demanda de liquidez, leyendo la experiencia de la crisis del 2007-09, pero habilitando una siembra de una burbuja que podría estallar a corto plazo. Es más, la recuperación estadounidense podría significar aumento de las tasas de interés, algo que se espera dispare la Reserva Federal. Ello sumará al carácter impagable de las actuales deudas de varios países hipotecados por impagables deudas que condicionan el presente y el futuro de esos países.

Para muestra hay que observar a la Argentina, “beneficiada” en 2018 con un préstamo del FMI por 57.000 millones de dólares, de los cuales se desembolsaron 45.000 millones. El BCRA publicó una investigación dando cuenta que esos recursos facilitaron la salida (fuga) de capitales, sea por pago de deudas, remisión de utilidades al exterior o constitución de activos externos de residentes locales. Ahora el Fondo pretende recuperar esos recursos, a sabiendas de la imposibilidad de cancelación hasta el 2024, según lo previsto. Por eso, se abrieron negociaciones con el gobierno argentino, que incluirán en el monto final los intereses punitorios y otras cargas por el impago, extendiendo el pago a 10 años, probablemente, pero sin ninguna posibilidad de cancelar, salvo un gigantesco ajuste fiscal que condenaría a profundizar los actuales problemas sociales con un 40% de la población bajo la línea de la pobreza. Más grave aún es que el préstamo fue en Derechos Especiales de Giro (DEG), condenando vía devaluación de la moneda estadounidense a acrecentar la deuda con el FMI.

La incertidumbre es por la situación sanitaria y económica. No habrá solución si no se modifica el patrón de producción y distribución en cada país, en la región y en el mundo. Por ello es que existen expectativas en la dinámica política crítica en varios países, con elecciones próximas en Perú o Ecuador, incluso las elecciones por la reforma constitucional en Chile, o las recurrentes crisis políticas del gobierno de Brasil. El cambio de clima político se viene proyectando desde los cambios institucionales en México, la Argentina o Bolivia, pero especialmente por la impronta del descontento y la protesta, caso de Haití y diversas movilizaciones desplegadas más allá del “aislamiento” o el “distanciamiento” por la pandemia. Entre la disputa institucional y la organización popular se juega la potencia de un nuevo tiempo que habilite cambios locales y muy especialmente una perspectiva de integración no subordinada.

Es una potencialidad para avanzar en la cooperación productiva de vacunas de origen regional, con Cuba a la cabeza de esos desarrollos, pero también demostrada experiencia de otros procesos nacionales de investigación y producción al respecto. En esa cooperación regional se juega no solo la solución de los pueblos, sino la posibilidad de pensar en otro mundo posible.

Buenos Aires, 30 de marzo de 2021

La Argentina conmemora una fecha de inflexión

 

Prontos a conmemorar un nuevo 24 de marzo, vale recuperar en el presente que esos problemas que hoy se acumulan y nos laceran, pobreza, indigencia, desempleo, subempleo, violencia social, entre muchos, tienen origen en la historia larga, pero muy especialmente en el tiempo fatídico de profundos cambios estructurales. En efecto, fue en torno al 76, aun antes y desde mediados de 1975, el país comenzó a mutar en lo económico, en lo político y en lo social.

Solo hay que pensar en las representaciones políticas actuales, totalmente disociadas de aquellas organizaciones políticas que protagonizaron el momento constitucional previo al golpe. La jerga cotidiana, no solo de los medios, remite a los nombres de la/os políticas/os y los referentes de las diluidas identidades partidarias actuantes. El presidente es Alberto y la vice es Cristina, los opositores son Mauricio, la Pato o Larreta, solo para mencionar algunas/os. Hacia los 60/70 y antes, claro, si bien existían matices y disputa por la hegemonía en los principales partidos políticos, no había dificultad para caracterizar y asociar a ciertas franjas sociales a esos principales partidos. El radicalismo recogía la impronta de la revolución del parque o la gesta de la reforma universitaria, entre otras muchas gestas empujadas por los sectores medios de la nueva burguesía local. El peronismo irrumpe con la movilización de las “masas populares” y su demanda por derechos sociales y laborales, incluso arrasando la tradición anarquista, socialista y comunista en el movimiento obrero. Antes, el socialismo y el comunismo ligan su tradición, principalmente en la cultura política de la inmigración y un horizonte de revolución social. Existe hoy una individualización y profesionalización de la política.

Antes del 76 se reconocía al tiempo constitucional como el del desarrollo del mercado interno y, por ende, con conflicto, los intentos de “pactos sociales” que asegurarían ganancia y salario, sustento de políticas desarrollistas, con industrialización protegida y consumo de masas. Ese programa e imaginario terminó en el 75/76 y se inició una nueva etapa de “aperturismo”, un remedo del proyecto de la generación del 80 del Siglo XIX, pero ahora en el marco de una creciente mundialización y transnacionalización del capital más concentrado actuante en el país. No solo aconteció durante la genocida dictadura, sino que se proyectó en el tiempo futuro. La liberalización de los 90 concretó el proyecto del 75/76 y tuvo sus rondas de recreación estructural, más allá de atenuaciones temporales, con sucesivas medidas que consolidaron el modelo de inserción subordinada de la Argentina en el sistema mundial.

Todo intento a contramano de esa tendencia estructural desde 1983 solo pudo morigerar esa mutación estructural, no revertirla ni transformarla en un sentido favorable a la mayoría social. Es importante rescatar esos momentos, sin embargo, el límite estuvo en contenerse en la crítica al orden emergente, “neoliberal”, sin cuestionar las premisas estructurales del orden capitalista. Existe similitud esencial con el acontecer regional y por eso el límite de la experiencia de cambio político en Sudamérica en los primeros años del Siglo XXI.

No solo hubo cambios en las relaciones sociales locales, sino que Argentina mutó su relación con el mundo, siendo parte de la ofensiva capitalista contra los derechos laborales y previsionales, modificando el patrón productivo para ofrecerlo al sistema mundial, incluso produciendo sin objeto de consumir localmente, especialmente en el modelo de la producción primaria para la exportación, sea soja, hidrocarburos, oro, o de bienes industriales ensamblados con destino al mercado mundial. Un mecanismo privilegiado para esa transformación provino del endeudamiento externo y la adecuación de la legislación y el régimen financiero y de inversiones externas para favorecer la circulación y movilidad del capital especulativo.

Por eso aludimos a un cambio integral, de modificación de las relaciones sociales de producción para hacer más regresivo al capitalismo local, en sintonía con lo nuevo que se inauguraba en el mundo, especialmente ratificado con la ruptura de la bipolaridad mundial en la última década del Siglo XX. Se sepultaba el sueño de la autonomía para el desarrollo capitalista, siempre irreal e imposible, mucho menos en un tiempo de extensión universal de la dominación del capital en sus manifestaciones transnacionales.

Maia y los millones de empobrecidos

Esos cambios estructurales explican el desempleo elevado del 2001 y el actual; los datos de la pobreza y la indigencia de hace dos décadas y de ahora. La coyuntura nos devuelve la crudeza de la situación de miseria de una menor, Maia, condición de vida de casi 60% de pobres entre los menores en la Argentina. Por eso aludimos a una realidad lacerante, la de Maia, que es la de millones de menores y de personas, de familias, de una situación que no empezó ahora por la pandemia, ni en el último turno de gobierno, sino que se trata de un problema estructural que arrastra casi medio siglo. Las tasas de pobreza de un dígito quedaron allá lejos. El tiempo nuevo construido por casi medio siglo es de creciente desigualdad y de una voluntad hegemónica por exportar (fugar) el excedente económico generado en el país.

¿Qué hacer para que no haya Maia y muchas/os similares? La respuesta hegemónica es invertir, favoreciendo la dinámica de inversión y desde ahí, con crecimiento derramar al conjunto social. Una gran falacia. Solo restaría decir que quienes invierten priorizan el uso del excedente económico en la fuga de capitales. La fuga es el pago de la deuda externa (renta financiera de los inversores de capital), las remesas de utilidades al exterior (renta por capitales invertidos en la producción y los servicios locales) y la constitución de activos en el extranjero (compras de propiedades o de títulos y bonos en el exterior, incluso billetes en el país). Es lo que denunció el BCRA respecto de los recursos ingresados desde el exterior durante el gobierno Macri. Mientras ingresaban los fondos del FMI, por una puerta giratoria se remitían al exterior esos mismos recursos. Esa lógica por ingresar dólares o divisas y favorecer su salida es lo que hace inestable al capitalismo local, con el sello de la inflación que lo diferencia de la mayoría de los países de la región y del mundo. El problema, dicen, es la baja productividad del trabajo que impide la competitividad local en el capitalismo mundial. Claro, si el excedente se fuga resulta imposible un proceso de mejora e innovación tecnológica y de adecuada formación de la fuerza laboral para esa expansión y desarrollo científico tecnológico orientado al incremento de la productividad del trabajo.

La lógica de la dominación y su reproducción es la “fuga” de capitales y por ende la acumulación en el sistema mundial. Esa es la especificidad local respecto de otros territorios, donde la dinámica mundial no anula la reproducción de la acumulación local. De nuevo, el argumento es a favor de las ganancias, ya que se insiste que el problema es el costo laboral elevado, especialmente a la hora de despedir. La solución sería entonces, bajar salarios y el costo asociado a la contratación y despido de trabajadoras y trabajadores. Qué eso lleva a peores condiciones de vida e incluso incrementar la miseria, la pobreza, la indigencia, el desempleo, el subempleo o la precarización laboral, no ingresa en el razonamiento de la “modernidad” de un pensamiento hegemónico. Un pensar estimulado desde los principales medios de comunicación, con argumentos académicos que replican la razón empresaria para ganar en sentido común de la población.

Superar la conmemoración de aquel momento de inflexión en la organización económica de la sociedad argentina y contribuir a la gestación de un proyecto más allá de las fronteras para constituir un imaginario de recuperación de la independencia y la solidaridad entre pueblos hermanados, requiere de una profunda crítica de nuestro presente y la historia reciente en el país y en la región. Es una tarea nacional y de articulación regional por otro mundo y distinto modelo productivo y de desarrollo.

Frenar la tendencia a la fuga de capitales supone denunciar el carácter ocioso de la deuda con el FMI y con ello modificar la gestión del endeudamiento, suspendiendo pagos y auditando con participación popular la deuda externa desde los tiempos del genocidio dictatorial. Empezar por la deuda y reorganizar la economía, los que supone mutaciones esenciales en las relaciones sociales de producción, especialmente en las relaciones de propiedad. El acceso a la tierra está en la primera consideración de cualquier transformación económica y social. La matriz productiva debe asociarse a la satisfacción de las necesidades del conjunto social y no orientadas por la generación de excedente con destino al sistema mundial.

Si en marzo del 76 o en torno a esa fecha se estructuró el tiempo fundacional de estos lacerantes tiempos, es hora de gestar las condiciones de posibilidad para una refundación pensada en la solución de problemas creados por el orden social derivado de aquellos años de fuego, los que ganaron en sentido común y transformaron la economía, la política y la sociedad.

Buenos Aires, 20 de marzo de 2021

Política exterior de EEUU y salud en Nuestramérica

 

El nombre oficial es Estados Unidos de América, USA en inglés. En la jerga mundial se habla de “americanos” para referirse a los ciudadanos de ese país, por lo que José Martí acuñó la designación de “nuestra América” al territorio al sur del Río Bravo, diferenciando el estado de situación de la región americana hacia 1891. La aclaración viene a cuento de quienes se sorprenden por el uso del vocablo “Nuestramérica” o “nuestroamericano/a”, que distingue a la EEUU y a Canadá por un lado y a la América Latina y al Caribe por el otro bajo un apelativo que los unifica en un destino común: la patria grande.

La introducción tiene relación con una consideración generalmente aceptada e incluso inscrita en la política exterior estadounidense de considerar a toda la América como territorio propio y, por ende, sujeta a intromisión. Existe una larga historia de intromisión estadounidense, justificada desde la defensa de los intereses nacionales de ese país imperialista. En ese sentido me llamó la atención el reporte de salud 2020 del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EEUU[1]. Una curiosidad, en el sitio figura como “informe 2019” y al ingresar al documento, aparece el reporte citado con información sobre el 2020[2].

El documento tiene una introducción a cargo de Alex M. Azar II, el Secretario de Salud y Servicios Humanos del gobierno Trump. Entre muchos aspectos interesantes me concentro en el capítulo referido a la protección de la salud de los “americanos” en dónde vivan, estudien, trabajen (objetivo 2). En la página 49 del texto puede leerse que la Oficina de Asuntos Globales (OGA):

“utilizó las relaciones diplomáticas en la región de las Américas para mitigar los esfuerzos de los estados, incluidos Cuba, Venezuela y Rusia, que están trabajando para aumentar su influencia en la región en detrimento de la seguridad de Estados Unidos.”

Para ser enfáticos: la diplomacia estadounidense contrarrestó la iniciativa de otros Estados, especialmente Cuba, Venezuela y Rusia, los que afectan la “seguridad de EEUU”. Una grosería reconocida en un documento oficial de una agencia estadounidense. El mismo informe señala que la Oficina de Asuntos Globales (OGA) coordinó:

“con otras agencias gubernamentales de EE. UU. para fortalecer los lazos diplomáticos y ofrecer servicios técnicos y asistencia humanitaria para disuadir a los países de la región de aceptar ayuda de estos estados mal intencionados. Los ejemplos incluyen el uso de la oficina del Agregado de Salud de OGA para persuadir a Brasil de rechazar la vacuna rusa COVID-19 y ofrecer asistencia técnica a los CDC en lugar de que Panamá acepte una oferta de médicos cubanos.”

Más claro imposible. EEUU boicoteó el acceso de Brasil a la vacuna de origen ruso “Sputnik V”, siendo el país de la región más afectado y el segundo en todo el mundo (luego de EEUU) en cantidad de contagios (11.519.609) y muertes (2.665.749) por el COVID19.[3] La situación de colapso actual está asociado a la afinidad electiva entre la política de Donald Trump y de Jair Bolsonaro. Pero también se explicita la intervención para el rechazo de Panamá a la presencia solidaria de la Misión de Salud de personal cubano, tal como sí ocurrió en varios países, entre otros en Italia. Panamá acusa a la fecha, según la fuente citada 348.155 contagios y 6.005 fallecidos. Vale mencionar que la Misión sanitaria de Cuba está siendo candidata al Premio Nobel de la Paz por un conjunto de organizaciones y personalidades del mundo. Resulta interesante leer al respecto:

“El Consejo de Asuntos Hemisféricos (Council on Hemispheric Affairs, COHA) se complace en anunciar que ha postulado formalmente a la Brigada Médica Internacional Henry Reeve para el Premio Nobel de la Paz 2021, en una presentación formal entregada el pasado 22 de enero, al Comité del Premio Nobel en la ciudad de Estocolmo, Suecia. Por más de 40 años el COHA ha proporcionado un análisis ético y crítico de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, además de estudiar la cultura, políticas y programas sociales de Cuba. Desde sus primeros años, la Brigada Médica Internacional Henry Reeve, patrocinada por el gobierno de Cuba, ha brindado suministros médicos y cuidados de salud de alta calidad a cientos de miles de personas desfavorecidas y desatendidas a través del mundo. Los servicios que ha brindado incluyen tanto la prevención como el tratamiento. A través de la construcción de puentes de entendimiento entre diferentes países, independientemente de sus culturas e ideologías, el mensaje que ha enviado la Brigada Henry Reeve es de solidaridad y paz. Es en este sentido que la Brigada Henry Reeve representa lo mejor de la cooperación internacional por el bien de la humanidad.”[4]

En el mismo reporte del saliente Secretario de Salud de EEUU se lee el beneplácito por el restablecimiento de la cooperación con Bolivia durante el 2020 poniendo de manifiesto que ello contribuye a:

“Fortalecer los lazos en la región, lo que es importante para influir en los foros regionales y multilaterales, incluida la Organización Panamericana de la Salud. Mejorar las relaciones y la colaboración técnica también es importante para la seguridad sanitaria de Estados Unidos y aumentar la capacidad de Bolivia para prevenir, detectar y responder a brotes.”

No hay dudas de los intereses en juego para la política exterior de EEUU, especialmente en su manipulación en los organismos internacionales, caso de la OMS o la OPS. Respecto de la mención a Bolivia, resulta de interés recordar que en estos días fueron capturados para enjuiciamiento a las/os principales responsables del golpe de Estado en Bolivia de fines del 2019, los mismos que restablecieron esas relaciones destacadas por el funcionario de Trump en salud. Lo mejor para Nuestramérica, fuertemente afectada por el COVID19 y la dependencia capitalista es la consolidación de un proyecto de emancipación.

Buenos Aires, 16 de marzo de 2021

 



[1] Reporte anual 2020, en: https://www.hhs.gov/sites/default/files/2020-annual-report.pdf (consultado el 16/03/2021)

[2] Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE. UU. (HHS), en: https://www.hhs.gov/about/index.html

[4] Council on Hemispheric Affairs, COHA. COHA tiene el honor de nominar a la Brigada Médica Internacional Henry Reeve para el Premio Nobel de la Paz 2021, en: https://www.coha.org/coha-tiene-el-honor-de-nominar-a-la-brigada-medica-internacional-henry-reeve-para-el-premio-nobel-de-la-paz-2021/