Bolsonaro en Argentina: ¿moneda común?


Antes de consolidarse la propuesta del “Peso-Real” anunciado por el ultra liberal Ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, en ocasión de la visita de Jair Bolsonaro a la Argentina, el propio Banco Central del Brasil le bajó el precio a la iniciativa. Roberto Campos Neto, titular de la entidad brasileña dejó en claro que no existen estudios técnicos al respecto, aunque destacó la importancia de la convergencia de iniciativas de cooperación económica y financiera entre los socios mayores del Mercosur.
Más allá de la bola de ensayo lanzada por Paulo Guedes, el seguidor de la escuela de Chicago y monetarista ortodoxo a cargo de la política económica del derechista gobierno brasileño, su par argentino, Nicolás Dujovne, salió desde Japón, donde participa en una reunión preparatoria de la Cumbre del G20, a confirmar las conversaciones sostenidas al respecto entre los funcionarios de Economía de la Argentina y del Brasil.
Convergencia reaccionaria de la política económica
La desmentida desde el Banco rector del sector financiero en Brasil no anula las mutuas aspiraciones de convergencia liberal, neoliberal, de la política económica de ambos países. Las derechas convergen en sus aspiraciones por sustentar un rumbo a la economía y a la política de ambos países y del conjunto de la región latinoamericana y caribeña, por lo que se unen junto a EEUU en la crítica a Venezuela y a Cuba.
Sostienen voceros de Bolsonaro que la prioridad en la coyuntura pasa por la reforma previsional, un tema que es agenda del FMI, del Banco Mundial y del mercado mundial de capitales. Se trata de un tema contenido en el acuerdo de la Argentina con el FMI.
Con la reforma del régimen jubilatorio en todo el mundo se pretende utilizar los fondos aportados por trabajadores y trabajadoras, más los realizados por las patronales y los fondos específicos complementados por los Estados nacionales para financiar el ciclo de valorización de los capitales.
No es un tema menor en tiempos de restricciones al financiamiento de los países “emergentes”, quienes no definen el rumbo del capitalismo contemporáneo, mucho más aún cuando la Reserva Federal de EEUU (FED) acaba de anunciar el cambio de su política monetaria: ya no subirán las tasas de interés en EEUU, sino que bajarán, como consecuencia de la tendencia a la desaceleración de la economía estadounidense en el segundo semestre del 2019.
Los anuncios de la FED suponen mayor fuga de recursos hacia los mercados de capitales de los países desarrollados y, por ende, menor oferta de inversores externos en las economías dependientes, ahora llamadas “emergentes”. Es conocida la demanda de esos inversores en nuestros países, que solo atraen inversores especulativos o acrecentamiento de la deuda pública que hipoteca el futuro de los pueblos.
Pero seamos claros, no solo es globo de ensayo, sino anticipo de imaginarios de sectores hegemónicos en la región para intentar un lugar en la transnacionalización de la economía mundial capitalista, con Brasil liderando regionalmente ese proceso. El “subimperialismo” que sugirió Rui Mauro Marini en su momento.
Brasil intentó en la etapa anterior, gobiernos del PT, integrarse en la lógica de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), proceso del que Argentina imaginó sumarse, sin éxito, como BRICSA. Allí se insinuó la lucha por una Nueva Arquitectura Financiera del sistema mundial, algo que está detrás de las guerras comerciales y monetarias contemporáneas.
El cambio de rumbo político en Brasil reabre la discusión por el tipo de inserción internacional de la mayor economía de la región, y el vínculo con la Argentina, favorecido por el gobierno Macri. ¿Inserción independiente o subordinada a la lógica del poder de las transnacionales?
Ambos países reconocen las vinculaciones comerciales mutuas y similares perfiles productivos en materia de agro negocio, primarización de exportaciones y potenciales ventajas ante la crisis energética para la producción de energía, sea el “Pre-sal” en Brasil o “Vaca Muerta” en Argentina. Los dos países asumen la estrategia discursiva de la ortodoxia del ajuste fiscal y las regresivas reformas estructurales: laboral, previsional y tributaria en un marco generalizado de expansión de la mercantilización de la vida cotidiana.
Las tareas planteadas por los dos gobiernos suponen adecuaciones nacionales en la forma de funcionamiento del régimen capitalista, lo que implica la eliminación de derechos laborales, sociales, individuales y colectivos, conquistados en diferentes momentos de la historia de ambos países. Por eso se estimulan y apoyan mutuamente, algo que quedó claro en los discursos y mensajes de ambos mandatarios en el paso de Bolsonaro por Buenos Aires y en las reuniones sostenidas del Presidente del Brasil con el poder económico local.
Recuperar la historia de la institucionalidad liberal (neoliberal)
El Mercosur fue definido como “institución” por Brasil y Argentina, y desde esos acuerdos se lideró el ingreso de Paraguay y de Uruguay, países subordinados a la lógica productiva que definen las transnacionales de la alimentación y la biogenética en la región; o las petroleras y las trasnacionales de la energía en un marco de inserción en una lógica general de especulación. Solo en condiciones políticas muy especiales se incorporó Venezuela al Mercosur, luego de la fallida Cumbre por el ALCA en el 2005.
Ahora, nuevamente, bajo la ofensiva liberal (neoliberal) se busca liderar el fenómeno de la integración subordinada entre los dos mayores del Sur, para arrastrar a los dos más chicos e incluso a una Venezuela despojada de su actual gobierno. Esa es la razón para apurar acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y avanzar en la liberalización económica que supone la inserción subordinada de nuestros países en la economía mundial.
Claro que se realiza a contramano de las tendencias “proteccionistas” del gobierno de EEUU. No se trata de una contradicción como algunos imaginan, sino una opción de vinculación dependiente con la lógica de los capitales más concentrados, con la aspiración, por cierto, de participar en una cuota parte de los beneficios que implica incluirse en las tendencias de la hegemonía contemporánea del capitalismo.
Las reformas estructurarles de los años 80 y 90, consolidadas con el Consenso de Washington en la última década del Siglo XX, afirmó el proyecto liberal (neoliberal) en la región, que fuera objetado en los primeros años del Siglo XXI.
Hoy se pretende recuperar la iniciativa política, demorada por el accionar de la resistencia de los pueblos y los gobiernos del cambio político a la estrategia de apertura de la economía, la desregulación y las privatizaciones, como respecto a la integración subordinada. Ese rumbo transitado pretendió construir iniciativas confrontadas por una Nueva Arquitectura Financiera; nuevas estrategias de producción compartida y formas novedosas de integración más allá del campo de la economía. Aunque mucho de ello solo quedó en propuestas irresueltas, siguen inspirando programas de acciones posibles para transformar la realidad.
Argentina y Brasil deben avanzar en procesos de integración alternativa y en ese camino proponer políticas económicas, financiera, monetarias, culturales compartidas, pero en un escenario de emancipación social. La ofensiva en curso de las derechas en la región, especialmente en Brasil y Argentina, pretenden cerrar el camino de la crítica a la lógica de construcción de las relaciones económicas en nuestros países. El interrogante siempre estará en la respuesta de los pueblos a las iniciativas políticas del poder local y mundial.
Buenos Aires, 8 de junio de 2019

Incertidumbres en la política y la economía


En pocos días se anunciarán alianzas electorales (12/6) y candidaturas (22/6) de las distintas opciones que disputarán en octubre el gobierno argentino para el periodo 2019-2023.
Por ahora, lo que hay son hipótesis de variantes que incorporan incertidumbre en la situación política local en un marco de inestabilidad con variados interrogantes sobre el futuro cercano de la Argentina.
¿Hay espacio para la continuidad de Mauricio Macri en el gobierno? ¿Cuál es la alianza opositora en condiciones de asegurar un gobierno de signo político diferenciado a la gestión Pro-Cambiemos?
Las posibilidades en uno u otro sentido cambian de día a día según avancen o no las negociaciones sobre acuerdos electorales.
Esta incertidumbre política está asociada a la que se presente en materia económica, porque es la primera vez que la dimensión económica interviene en la decisión sobre el voto.
Lo “económico” no pesó en las elecciones del 2015 o del 2017, pero sí parece intervenir en la decisión por el voto del 2019. Lo que apareció como definitorio fue un voto castigo, en contra del gobierno anterior. Es algo que disminuye en la coyuntura, aun cuando no desaparece por completo, especialmente en el escenario de ballotage.
Queda discernir cuánto interviene la cuestión económica en la definición por el voto, especialmente en un marco de continuidad de la suba de precios y la recesión. En la fecha volvieron a subir los combustibles, lo que asegura traslado a precios y deterioro de la capacidad de compra de la población sujeta a ingresos populares deprimidos: salarios, jubilaciones y planes sociales.
Incertidumbre mundial
A los problemas locales se suman los mundiales. Los problemas son globales, ya que los principales socios comerciales de la Argentina presentan su propias dificultades económicas y políticas.
Es algo a destacar para el caso brasileño que presenta un trimestre económico a la baja, con proyección de reiterarse y definir una recesión para el principal comprador y vendedor en las relaciones internacionales de la Argentina.
Pero también acontece con los otros dos principales animadores del comercio internacional de la Argentina: China y EEUU.
El primero, China, desacelera su ritmo por la inestabilidad del orden mundial, que lo tiene como protagonista por la guerra comercial que le declaró el gobierno de Trump y que impacta en el conjunto de la economía Mundial, por ende, sobre la Argentina y sus relaciones bilaterales.
Para el segundo, EEUU, aparece preocupante el horizonte de la segunda mitad del año, a la baja de la actividad económica, luego del empuje en la etapa inicial del gobierno estadounidense desde la llegada de Trump en 2016.
Esos problemas agudizan las contradicciones de EEUU con el sistema mundial, no solo la guerra comercial con China, sino que agrega ahora la suba de aranceles a México para inducir la intervención mexicana para frenar la inmigración proveniente de ese país y de otros que mudan desde Centro América y el Caribe.
Un problema especial en EEUU deviene de la merma en la actividad agrícola, que induce una suba de los precios internacionales de los precios de productos primarios para la exportación, algo que en la coyuntura mejora las cuentas nacionales de la Argentina.
En efecto, las expectativas de los grandes productores y exportadores de la Argentina son elevadas ante los límites de la producción estadounidense. Es una situación confirmada con la evolución reciente de la actividad agrícola y ganadera de la Argentina, la única que crece en los datos relevados para marzo por el INDEC. El Agro crece 10,8%, siendo el único sector en expansión de la actividad local. En sentido inverso lo expresan la caída del sector industrial por -13,2% y del sector del comercio minorista y mayorista por -14,6 para marzo pasado.
El FMI indica tendencias a la baja de la economía mundial, que no son mayores por el efecto de China y otros emergentes, los que siguen creciendo, pese a sus dificultades, más que los países capitalistas desarrollados.
La situación de EEUU, acoplada a la baja expansión europea y japonesa agregan incertidumbre al momento actual de la economía mundial.
Por eso preocupa la tendencia al pobre crecimiento de la economía mundial, agravado con la expansión de la especulación y el endeudamiento público de varios países.
Son todos elementos que anticipan estallidos que suponen una recidiva de la explosión 2007/09 que derivó en la gran recesión. Es una situación aún no superada según variados análisis de la situación global.
¿Qué expectativas?
No son buenas las expectativas en el corto y en el mediano plazo, y en rigor, es un panorama poco destacado en el limitado debate sobre el rumbo económico de la Argentina actual.
¿Qué hacer en el país ante el condicionante del acuerdo con el FMI y los fortísimos vencimientos para el 2020 y años subsiguientes? Es un tema central que apenas se sobrevuela con la mención a renegociaciones de difícil factura, no solo por la situación local, sino por la global.
En la coyuntura pesó la protesta por el masivo Paro Nacional del 29/5 pasado, a 50 años del Cordobazo, pero muy alejado del clima político de aquel acontecimiento hace medio siglo. La protesta de entonces suponía una determinada correlación de fuerzas en la disputa del imaginario social, a contramano del actual, condicionado por la influencia neoliberal en el sentido común instalado.
Desde el gobierno se insistió en el costo producido por el paro, cuantificado en unos 40.000 millones de pesos, lo que suena a risa contra la perdida de los 11.000 millones de dólares desembolsados por el FMI y acreditados en el BCRA el pasado 9/4. A menos de dos meses ya se dilapidaron más de 500.000 millones de pesos (al cambio de hoy).
Más que pedirle cuenta y facturar al sindicalismo en protesta, habría que investigar el destino de esos recursos fugados de las cuentas de reservas internacionales y analizar a los responsables de la política pública.
El rumbo de la economía debe cambiar y para que ello ocurre debe modificarse la correlación de fuerzas en el ámbito de la política, algo que trasciende el proceso electoral y se dirime en la sociedad, no sin conflicto.
Buenos Aires, 1 de junio de 2019

¿Lo peor ya pasó? Un interrogante actual y que se proyecta más allá de las elecciones presidenciales


El gobierno intenta hacer propaganda sobre una mejora en perspectiva de la economía y, sin embargo, los datos estadísticos del propio oficialismo devuelven otra realidad, la que sigue definida por la recesión y la inflación, más allá de las obras de infraestructura inauguradas, especialmente en la ciudad capital de la Argentina. Un gran interrogante es como afecta esta situación en la disputa del consenso electoral, incluso luego de la renovación presidencial, especialmente con los condicionantes de política económica futura, gane quien gane las elecciones presidenciales en octubre próximo.
La recesión continúa y el INDEC lo señala en los últimos datos oficiales, a marzo del 2019, que la actividad económica cayó un -6,77% respecto de marzo del 2018, e incluso, se revirtió el signo alentador que propagandeaba el gobierno, cuando señalaba que mes a mes, la actividad venía creciendo, poco, pero creciendo. Sobre esa base sostenían que lo peor ya pasó. En efecto, en diciembre del 2018 la actividad económica había crecido respecto del mes anterior un 0,4%, en enero del 2019, un 0,5%, en febrero de este año otro 0,1%, y ahora en marzo, la reversión es de -1,3%, desarmando el discurso alentador del oficialismo y confirmando una tendencia recesiva que complica la situación económica del 2019. Es más, la caída acumulada en un año es del -5,7%.[1]
En el informe del INDEC se comprueba que es el sector de la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca el único que manifiesta crecimiento con un 10,8% en marzo. Mientras, en el otro extremo, figuran en baja el comercio minorista y mayorista con un -14,6%, principalmente explicando por el deterioro de la capacidad de consumo popular. También en fuerte retroceso está el sector de la industria manufacturera con un -13,2%. En este caso resuena el incremento de cierres de empresas y los despidos de personal, tanto como el cierre de negocios por la baja del consumo.
Los datos recesivos explican al mismo tiempo el superávit externo de 1.131 millones de dólares para abril del 2019, como consecuencia de 5.305 millones de dólares de exportaciones y 4.174 millones de dólares de importaciones, los que sumados alcanzan 9.479 millones de dólares de intercambio comercial de la Argentina, una evolución negativa del -16,2% respecto a abril del 2018.[2] Hay decrecimiento del comercio exterior, desmintiendo la propaganda oficial de una mayor inserción del país en el mundo. El dato real es la baja de insumos importados, imprescindibles para un sector industrial dependiente de bienes de capital e intermedios. La suba del dólar por devaluaciones sucesivas disminuye la capacidad de compra de la dependiente industria local e impacta en la recesión, al tiempo que incrementa el peso de la deuda sobre el conjunto del PBI, los bienes y servicios finales producidos en un ejercicio.
El FMI y la realidad condicionan el presente y el futuro
Constituye una preocupación la coyuntura recesiva, agravada con la inflación de precios, cuya tendencia alarma para el conjunto del 2019, con un registro similar al del 2019. Repetir un valor entre 40 y 50% para el presente año agravará el presente y el futuro cercano de la mayoría de la sociedad empobrecida y de menores ingresos, más del 60% de la población, incluida la discriminación de género al interior de la referencia. La cuestión se agudiza por el condicionante estructural que la situación supone hacia adelante, sea repetición del gobierno Macri para un nuevo periodo, o cualquiera que lo suceda con el FMI exigiendo se cumpla el ajuste y la regresiva reforma laboral, previsional y tributaria.
Por eso interesa profundizar en el estado de la conciencia social sobre el momento económico y político. Es una cuestión a dilucidar en los discursos y propuestas electorales. ¿Qué imaginan que ocurre en el pensar y sentir de la sociedad desde el oficialismo y las oposiciones? ¿Alcanza para el oficialismo con profundizar un sentimiento crítico al gobierno kirchnerista por 12 años entre 2003 y 2015, especialmente en materia de corrupción? ¿Resulta suficiente la comparación de la situación económica en el tiempo de los gobiernos K contra la pérdida de derechos e ingresos en estos años bajo gobierno Macri, tal como sostiene el kirchnerismo? ¿Existe lugar para un camino del medio entre un gobierno Macri y otro Kirchnerista? ¿Hay posibilidad para una propuesta de izquierda explícita, más allá de las hegemónicas?
Esta última pregunta supone también discutir que se considera una propuesta de izquierda en la coyuntura actual. Es una premisa que proponen algunos diagnósticos para toda la región, destacando el avance de la ofensiva de las derechas y la política intervencionista de EEUU en la región, especialmente sobre Venezuela y Cuba.
Me toca compartir ámbitos de militancia y de relaciones personales, asociadas a un abanico de ideas a la izquierda del arco político, e incluso críticos al orden capitalista. En esos espacios, estos interrogantes son parte del debate regular y las respuestas y enfoques ensayados en los debates son diversos, lo que dificulta la síntesis necesaria de amplios espacios de confluencia ideológica por transformar la realidad.
Están quienes sostienen que la izquierda se define la unidad de quien resulte más efectivo en culminar con el ciclo de gobierno Macri, algo aún dificultado por la irresuelta interna del peronismo, que involucra al “peronismo federal” y a la alianza entre el PJ y Unidad Ciudadana, la que arrastra un colectivo de partidos políticos con diversa tradición en la izquierda y el centro (categorías difusas pero generalizadas en la prensa). Otros sostienen un camino más vinculado a la experiencia de la izquierda partidaria, que encuentra en el FIT al principal polo de atracción electoral, al mismo tiempo que sostienen los límites de una estrategia que no involucra una unidad más amplia con sectores muy diversos de la acumulación política de la izquierda, en el ámbito social, cultural y político. Coexisten con esas posiciones las propuestas abstencionistas e incluso los que imaginan la potencialidad de una articulación política y social que acumule para el futuro.
Claro que todavía falta tiempo, escaso, por cierto, para la materialización de alianzas electorales y la confirmación de candidaturas, todo lo que ocurrirá en menos de un mes. Ello incluye la alquimia de “colectoras electorales”, corte de boletas mediante en las elecciones provinciales, válido muy especialmente para la elección en la Provincia de Buenos Aires, un tema que está pendiente de resolverse.
En este corto lapso se dirimen posicionamientos políticos diversos que contribuirán a esclarecer muchas de las dudas actuales y encaminarán colectivos sociales en uno u otro sentido.
Será un tiempo de discusión sobre propuestas programáticas relativas al corto y mediano plazo, como que hacer con el condicionante del acuerdo con el FMI, siendo muy pocos los que pretenden confrontarlo y muchos los que piensan renegociar sin afectar el contenido regresivo de sus términos. En el mismo sentido se puede pensar en la continuidad o no de un modelo productivo sustentado en el agro-negocio; en la energía basada en las promesas relativas a los hidrocarburos no convencionales surgidas de la explotación del yacimiento Vaca Muerta; la industria de armaduría y la continuidad de los mecanismos especulativos que definen el fuerte endeudamiento y la dependencia de los fondos externos, sean inversiones productivas o financieras.
Articulación popular
Más allá del debate programático, la discusión involucra las mejores o peores condiciones que se generan en la construcción de alternativa. Por un lado, la continuidad de un gobierno que manifiesta que un consenso electoral confirmará el rumbo de estos 4 años y se acelerarán los mecanismos e instrumentos para su concreción. La contracara es la posibilidad de construir consensos para discutir alternativa a futuro bajo un gobierno que suponga la derrota electoral del gobierno Macri.  
Todo lo cual se procesa en un marco de descontento que se expande socialmente y un conflicto social que no termina de explotar, aun cuando está el llamado a Paro Nacional para el próximo 29/5. Una fecha simbólica, a medio siglo del Cordobazo, emblemática lucha histórica que expresó una acumulación de unidad obrero estudiantil, por ende, de sectores de ingresos relativamente elevados; a contramano de una penuria social que suponen los alicaídos ingresos actuales de trabajadoras, trabajadores y sectores medios.
Resulta prematuro anticipar el final de estos debates en la coyuntura, aunque puede ser estimulante que se generen espacios de contención de diferentes posicionamientos político electorales, ejercidos en unidad de acción en el conflicto social, pensando en el proceso político posterior a la asunción a fines del 2019 de un nuevo gobierno en la Argentina.
Buenos Aires, 27 de mayo de 2019


[1] INDEC. Estimador mensual de actividad económica. Marzo de 2019, en:  https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/emae_05_1946015599C0.pdf (consultada el 27/05/2019)
[2] INDEC. Intercambio comercial argentino. Cifras estimadas de abril de 2019, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ica_05_191E0031A3A3.pdf (consultada el 27/05/2019)

Argentina agrega estrés a la economía mundial


Al terminar la reunión entre los directivos de la CGT y los funcionarios del FMI hace pocos días, los delegados del Fondo señalaron con previsibilidad discursiva que la Argentina va mejor y que no hay temor a cambio en la presidencia para el próximo periodo.
Como salidos de otra reunión, los jefes de la Central sindical mayoritaria convocaron al Paro Nacional para el 29 de mayo. Se trata de una fecha emblemática, nada menos que a 50 años del “Cordobazo”, antecedido en pocos días por el “rosariazo”, y que serían fechas históricas del momento de máxima acumulación de poder popular en la historia local.
Para contrarrestar tremenda movilización popular, obrero estudiantil, y con todas las corrientes combativas del sindicalismo, dirigidas entonces por Atilio López, René Salamanca y Agustín Tosco, hizo falta el accionar parapolicial y paramilitar, seguido luego por el terrorismo de Estado genocida, para inaugurar décadas de ofensiva capitalista en contra de las trabajadoras, los trabajadores, la naturaleza y el conjunto de la sociedad.
Graves problemas económicos
Los argumentos de la CGT para la convocatoria al Paro nacional aluden a la necesidad de modificar la política económica en curso y a la necesaria solidaridad con los trabajadores en conflicto; a la grave situación económica que afecta al mercado interno, a la producción y su consecuente secuela de cesantías que agudizan el problema del empleo y la pobreza.
Aunque se convoca a paro sin movilización, el anuncio de ambas CTA, el sindicalismo disidente de la CGT y los movimientos populares, anticipan que saldrán a movilizar, incluso recuperando la fecha histórica del medio siglo del “Cordobazo”.
No solo el sindicalismo y el movimiento popular se preocupa por la grave situación económica de la Argentina, con recesión e inflación. Los precios de los últimos 12 meses crecieron por encima del 55% y el de los alimentos por más de 66%, constituyendo datos alarmantes ante los ingresos populares deteriorados por la recesión, el cierre de las empresas y las cesantías de personal.
El caso es que, más allá del sindicalismo, también se preocupan los entes especializados. De hecho, el británico “Financial Times” llama la atención sobre la fuga de capitales financiada en Argentina con los préstamos del FMI. Es algo no permitido por los estatutos del organismo internacional y que la práctica en el país consolida la fuga de capitales, sea por pagos de intereses, cancelaciones de deuda de capital, remesas de utilidades al exterior o simplemente atesoramiento de divisas, sin perjuicio de inversiones en activos externos.
Dicen los especialistas del periódico británico que esta situación no solo afecta a la Argentina, sino a la reputación del Fondo y de su Directora Gerente, Christine Lagarde.
Vale mencionar que, si el 9/4 pasado se acreditaron 10.835 millones de dólares en las cuentas de reservas internacionales, gestionadas por el BCRA, eso se debió al último desembolso del FMI. Las reservas alcanzaron entonces los 77.481 millones de dólares. Cinco semanas después, para el 15/5 las reservas habían disminuido a 67.306 millones, habiéndose fugado unos 10.175 millones de dólares. Prácticamente la misma cifra ingresada, en apenas un poco más de un mes.
Como con Sturzenegger y Caputo antes, ahora con Sandleris, desde la Presidencia del BCRA se facilita la salida de capitales en beneficio de muy pocos y a cuenta del conjunto de la sociedad. La socialización de las perdidas y las privatizaciones de las ganancias constituyen un dato en el capitalismo realmente existente.
Por su parte, el FMI destaca el crecimiento del Índice Mundial de Incertidumbre (WUI) que mide la desconfianza de los inversores capitalistas y que afecta el crecimiento mundial de la economía, bajando la previsión para el 2019 a 3,3% cuando en 2018 fue de 3,6%.
Se menciona como principales problemas de la economía mundial a la guerra comercial entre EEUU y China, y al Brexit, con impacto en una menor tasa de crecimiento de la economía mundial.
La cuestión se agrava dice el informe por el “estrés económico que incorporan Argentina y Turquía” a la economía mundial.
¿Quiénes son los responsables de la situación?
Retomando la argumentación, la CGT, mesurada en medidas de protesta, llama la atención sobre la situación económica local, en consonancia con insospechados observadores internacionales como los mencionados, lo que provoca a pensar las responsabilidades sobre el fenómeno.
El gobierno y Los principales operadores económicos, políticos y mediáticos apuntan la responsabilidad al gobierno anterior entre 2003-2015, sin matizar en los diferentes momentos de esas gestiones; y más aún al porvenir si resultara gananciosa una propuesta de regreso a la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner (CFK).
Los argumentos fueron contrastados en Washington por Axel Kicillof, insistiendo que el problema no es el pasado o el futuro, sino el presente del Gobierno Macri.
Una jugada política inesperada del sábado 18/5 realizada por CFK, anunciando la fórmula Alberto Fernández a Presidente y acompañada por ella, desarticula esos razonamientos por capacidad de diálogo del presidenciable con los principales medios de comunicación, especialmente el diario Clarín, la llegada a sectores del poder económico y a la diplomacia estadounidense, lo que impactaría favorablemente en lo llamados “mercados”, que no son otra cosa que los inversionistas internacionales.
Más allá de especulaciones y consideraciones que la fórmula entre Unidad Ciudadana y el PJ sugiera, el dato real es que la vulnerabilidad económica está asociada a casi cuatro años de gestión del gobierno Macri, del PRO y Cambiemos, sin haber podido avanzar lo suficiente en las demandas de modificaciones estructurales, especialmente la reforma laboral, previsional y tributaria.
Un dato sobresaliente lo constituye la situación mundial, que no define necesariamente la Argentina y que se expresa en la Guerra comercial en curso entre EEUU y China que afecta al sistema mundial, pero también lo dificultoso que resultan las negociaciones por el Brexit. Todo eso aleja inversiones hacia los países emergentes, aun cuando se la califique nuevamente y en ese sentido a la Argentina.
En rigor, solo se atraen inversiones con la pérdida creciente de soberanía, tal como la procesada con las adjudicaciones de 18 áreas offshore para la exploración de gas y petróleo, entre otras, a empresas británicas vinculadas al ilegitimo gobierno kelper en las Islas Malvinas. Se trata de un área extensa en frente del territorio que involucra desde el sur de Buenos Aires al extremo fueguino y las Islas del Atlántico Sur.
¿Alcanza la alquimia electoral?
Muchos interrogantes habilitan la jugada política de CFK, destacando en primer lugar la respuesta de los inversores especulativos, entre ellos, los principales tenedores de títulos de la deuda pública local, que son los que están fugando divisas, sea por desconfianza en la actual gestión o especulaciones sobre el futuro político de la Argentina.
Otros interrogantes remiten al electorado y a otros partidos, grupos y referentes que intentan armados electorales competitivos por fuera de la iniciativa de Macri y sus aliados, o de CFK. En ese sentido se considera la posibilidad de un armado diverso que involucre a sectores del peronismo y otros espacios del centro político que puedan disputar un lugar en el ballotage, y no necesariamente con Macri en la competencia.
También existen quienes demandan creatividad y amplitud a la izquierda para intervenir más allá de lo testimonial, completando un cuadro diverso en la resolución electoral. Al estilo de las recientes elecciones españolas, ya no serían dos los que compiten, sino que la ecuación cierra con socios a derecha o a izquierda.
Más allá de cualquier especulación política, lo que importa es qué diagnóstico de situación está detrás de cualquiera de las propuestas y, por ende, cuáles son las proposiciones en materia de política económica para superar la grave situación económica que afecta a la enorme mayoría de la sociedad en la Argentina. Es algo que se juega más allá del proceso electoral.
Buenos Aires, 18 de mayo de 2019

Teorías que fundamentan el discurso económico en tiempo electoral


Aún no están los candidatos definitivos para las elecciones de octubre próximo en la Argentina, pero las ideas en disputa aparecen en los escritos y discursos de los precandidatos y grupos o partidos políticos que intervienen en la discusión sobre el momento político y económico.
Existe una verdadera lucha de ideas y opiniones, las que tienen base teórica que las sustenta en la tradición histórica de la Economía Política y su crítica.
Remito al liberalismo devenido en “neo-liberalismo”, hegemónico en el sentido común abonado por los principales formadores de opinión; al keynesianismo en sus versiones contemporáneas y diversas, “neo” y “post”; como a la continuidad matizada en la “crítica” que expresan los seguidores de Carlos Marx, una minoría en la discusión.
Son las tres fuentes en las que abrevan discursos y escritos de candidatos o de propuestas políticas en el debate por un nuevo ciclo de gobierno desde fines del 2019.Con esos fundamentos se despliegan propuestas de Política Económica y estrategias políticas para atender una coyuntura muy difícil que definen la recesión y una elevada inflación, las que traen gigantescas y regresivas consecuencias sobre la mayoría empobrecida de la población.
La economía argentina está en problemas y más allá de cualquier diagnóstico sobre las responsabilidades, que para el oficialismo remiten al anterior ciclo de tres periodos de gobierno, el kirchnerismo; o incluso lo extienden a siete décadas bajo el surgimiento del peronismo en el gobierno de 1945. El ex Ministro de Economía Axel Kicillof respondió desde Washington, que el problema no está en el pasado, sino en el presente del gobierno de Macri, del PRO-Cambiemos. No muy distinta resulta la crítica de la oposición no kirchnerista y que disputa el gobierno del capitalismo local. Desde los seguidores de Marx se complica el asunto, ya que el fondo esencial de la crítica apunta al capitalismo propiamente dicho, lo que no cuenta con suficiente conciencia social instalada para intervenir efectivamente en la discusión, algo que involucra a la propia práctica de la izquierda política y social.
El rincón de las derechas
Entre los liberales se encuentran los oficialistas con sus matices al interior de la coalición de gobierno, o incluso de aquellos que por razones diferentes quedaron afuera del núcleo de las definiciones. El debate es en torno al gradualismo o el shock del ajuste y la reestructuración regresiva, con el límite de todos ellos de no contar con base social organizada, más allá del consenso electoral o pasivo derivado del accionar ideológico de medios de comunicación afines. A ello puede sumarse algún centro de opinión o grupo profesional con capacidad de incidencia sobre cámaras empresarias o núcleos de organización tradicional de las clases dominantes, como puede ser la SRA o la CRA. El radicalismo, socio político principal se debate entre la pertenencia a la coalición de gobierno o su rechazo.
La crítica por derecha al gobierno de Macri se concentra en los nuevos cruzados con fuerte presencia en los medios de comunicación, especialmente en la TV, los liberales ortodoxos, autodenominados “libertarios” o “anarco-capitalistas”. Entre estos, el tema esencial es la crítica al gasto público y más a fondo contra el Estado. Exacerban el discurso simplista contra la Política y el Estado. Suena muy parecido al sentido común de las dictaduras. Es más, recordemos que el neoliberalismo solo pudo ensayarse mundialmente en los 70´ de la mano de las dictaduras del Cono Sur de Nuestramérica y luego generalizarse desde la impronta autoritaria y de derecha de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en los años 80´.
Desde el gobierno ofrecen su decálogo para el consenso, verdadera hoja de ruta del acuerdo con el FMI para el ajuste y la regresiva reestructuración de las relaciones entre el capital y el trabajo, reforma laboral, previsional y tributaria mediante. La propuesta para el debate es simple y se limita al aval de la política impulsada desde el Poder Ejecutivo. Aparece como una convocatoria al debate lo que solo es un convite para subirse a la estrategia condicionada por acuerdos internacionales sustentados en una hipoteca de imposible pago y que condena al ajuste perpetuo. Detrás de la estrategia está el apoyo, que parece incondicional, de EEUU y su gobierno dirigido por Donald Trump, que está dispuesto a ir más allá del FMI, con asistencia financiera directa del propio Tesoro estadounidense, según trascendió de la conversación telefónica en estos días de ambos jefes de Estado.
Oficialistas y críticos por derecha abrevan en la tradición histórica de la escuela clásica (Siglo XVIII), devenida en neo-clásica (desde fines del Siglo XIX), sin los atributos ni consideraciones sociales, éticas o morales que podrían atribuirse a la primera, la que sustentaba la teoría objetiva del valor-trabajo. Recuperando el vínculo ideológico con los neo-clásicos, negando a Keynes y sus seguidores, los neoliberales confirman un objetivo por la eficiencia técnica de las empresas, mejorando la productividad, para asegurar la maximización de la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista. El tiempo de la crisis de la globalización en curso (2007-09 al presente), exacerbado por la guerra comercial decretada por EEUU contra China, parece no entenderse desde el arco derecho de la confrontación de ideas e incluso sobre qué medidas concretas encarar para atender la evolución cotidiana del orden económico local. Mientras tanto, los problemas se trasfieren hacia los sectores de más bajos ingresos, promoviendo una lógica recurrente de ajuste.
El rincón de las reformas
La crítica al oficialismo y a la crítica por derecha es numerosa en propuestas y en disenso a su interior, lo que aleja cualquier posibilidad de un frente anti Macri que algunos imaginan. Se trata de un frente fragmentado que involucra al kirchnerismo como principal colectora de consenso electoral; al peronismo muy diverso, aun cuando contiene destacamentos muy difíciles de aislar del rumbo oficialista, aun militando en el anti Macri; y a otras propuestas que incluyen a radicales disidentes y un variado arco de propuestas políticas auto-asumidas en el centro, en un anodino ni de derechas, ni de izquierdas.
Sorprendió en estos días el discurso de Cristina Fernández al presentar “Sinceramente” (libro de su autoría) en la Feria del Libro reivindicando la política económica de Trump. Se entiende el énfasis en la defensa de la producción local, lo que no necesariamente supone mejora integral de los beneficiarios del mercado interno estadounidense, aun con el nivel más bajo de desempleo en los últimos años. No resulta menor considerar que uno de los ejes de la economía de Trump pasa por la baja de impuestos a la franja más enriquecida de la población estadounidense, lo que puede explicar cierto rebote en el crecimiento del PBI que muestra EEUU en los años recientes. Más allá del índice laboral estadounidense, interesa descubrir en EEUU la creciente irregularidad en el empleo, la ausencia de legislación protectoria del trabajo (que inspira la reforma laboral local), la pobreza y marginación de inmigrantes e indocumentados, tanto como una persecución discriminatoria hacia minorías migrantes de todo el mundo, muy especialmente de la región nuestramericana.
Es verdad que se critica el aperturismo anti producción local evidenciado en las políticas de estos años bajo el gobierno Macri, pero hace falta mencionar el complemento, esencial, en definitiva, de la política imperialista sustentada desde Washington. La guerra comercial en curso contra China encarece el consumo en EEUU y la propia producción dependiente de las importaciones de insumos, en muchos casos provenientes desde el gigante asiático, al mismo tiempo que incorpora incertidumbre en el conjunto de la economía mundial, especialmente entre los países dependientes y subordinados del capitalismo mundial. La política exterior estadounidense incluye la estrategia de boicot a Cuba y Venezuela, tanto como eliminar toda forma de construir lazos de cooperación regional que florecieron como propuestas alternativas en los últimos años.
Más allá del elogio a la política económica de Trump, se destacó la experiencia del pacto social en 1973-74, liderado por el peronismo en el Gobierno (Cámpora y luego Perón) y la CGT con la CGE, propuesta acompañada ahora de un debate sobre el orden constitucional. Todo “pacto social” supone determinadas correlaciones de fuerza entre quienes sustentan el acuerdo. En ese sentido, resulta de interés considerar los sujetos involucrados en cualquier acuerdo y cuáles son los condicionantes de época. Uno de esos condicionantes en la actualidad es el acuerdo con el FMI y los compromisos de pago de una acrecida deuda que dificulta cualquier proceso de redistribución progresiva del ingreso, más aún si se pretende distribuir la riqueza.
Un tema no menor es que la inflación tiene base en la puja distributiva, por lo que no queda claro cuál sería el eje de una negociación a pactar entre quienes suscribirían un acuerdo: el gobierno de la derecha, los principales formadores de precios, y los representantes sindicales o sociales. Vamos a insistir que lo que importa es la correlación de fuerzas para instalar una base de ingresos populares en la distribución del ingreso. Resulta de interés balancear como está hoy la iniciativa de las clases en el poder y la capacidad de organización y lucha de los sectores populares.
Un tema que atraviesa a todo el arco opositor a Macri remite al modelo productivo, especialmente a la nueva expectativa que genera el yacimiento Vaca Muerta y los hidrocarburos no convencionales. El tema es una gran coincidencia de éstos, los opositores y de los oficialistas, y cuando mucho, la discusión es sobre el modo de encarar el proceso de explotación, que excluye la condena de la invasiva tecnología del fracking y menos la extranjerización que supone la subordinación al capital inversor de las petroleras, un asunto que está presente desde el origen del acuerdo secreto entre Chevron e YPF.
Lo mismo diríamos si el tema remite al modelo del agro negocio, la mega minería o la industria de ensamble. En todos ellos, el común denominador es la dependencia del capital externo y la inserción subordinada en la transnacionalización. Cuando mucho, la discusión se centra desde el neo-desarrollismo, en el privilegio al crecimiento y al productivismo como crítica a la economía especulativa. Aun así, son varias las décadas de gobiernos constitucionales desde 1983 y la legislación financiera de 1977 sigue vigente, base de la extranjerización de la banca y el vínculo con el mercado internacional de capitales.
El rincón de las izquierdas
Mucha menos visibilidad tiene el conjunto de las propuestas sustentadas desde la izquierda, que es también diversa y fragmentada.
El punto en común es contra del acuerdo con el FMI, su rechazo e investigación de la deuda y suspensión de pagos para reorientar escasos recursos en resolver demandas insatisfechas de la amplia mayoría empobrecida de la sociedad y encarar una nueva política productiva y de desarrollo integrado. Sería un punto de partida de una generosa convocatoria a la unidad, la que aparece debilitada por miradas muy diferentes sobre la situación regional, especialmente en la consideración sobre la agresión imperialista sobre Cuba y Venezuela.
La menor visibilidad de la izquierda en la consideración pública está asociada al clima de época y al accionar de medios de comunicación y un sentido común más favorable a la mercantilización que a la defensa de derechos históricos. No se trata de subestimar problemas en el propio espacio de la izquierda, pero queremos enfatizar en colocar en el centro del problema a la ofensiva del capital y sus diferentes mecanismos ideológicos y represivos.
El mayor límite para la visibilidad de la propuesta teórica y política de la izquierda está en la posibilidad de ganar conciencia colectiva anti capitalista en una parte importante de la sociedad. Solo a modo de ejemplo podemos acotar la importancia de múltiples resistencias, especialmente de mujeres en el último tiempo (algo que trasciende a la izquierda), pero también del ámbito sindical y territorial, de organizaciones de derechos humanos y juveniles, contra ciertas facetas del modelo productivo, pero sin capacidad de articular en un objetivo integrado por otra sociedad no capitalista.
Más allá del proceso electoral, la izquierda necesita potenciar su organización y capacidad de promover la más amplia lucha por reivindicaciones democráticas y revolucionarias para ganar en subjetividad colectiva y consciente con capacidad de disputar la mayoría social en la lucha por el poder y otra sociedad.
En definitiva, aun cuando resta conocer los principales candidatos en la disputa electoral, el debate de ideas ya está lanzado, y es la oportunidad para hacer visible la crítica a la política de Macri y su derrota, al tiempo que se trascienda los límites de la lucha por gestionar el orden capitalista, e intentar ir más allá en la consideración de la sociedad.
Buenos Aires, 12 de mayo de 2019