El FMI sostiene al gobierno Macri y condiciona el futuro


El Directorio del FMI autorizó un nuevo desembolso por 10.870 millones de dólares que ingresarán a las cuentas argentinas en la próxima semana y desde 15 de abril se autoriza se utilicen 60 millones de dólares diarios y hasta 9.600 millones de dólares hasta fin de año para contener la evolución del dólar, que hoy se acerca a los 45 pesos y con perspectivas al alza.[1]
La argumentación del organismo internacional es que las políticas aplicadas están “dando frutos”, muy curioso ante el regresivo impacto sobre vastos sectores de la población que sufren la inflación y la recesión. Sobre la inflación señalan que es decepcionante su evolución, y sobre la recesión destacan que siempre que llovió paró y, por ende, esperan recuperación antes de finalizado el año.
Se trata de un saludo a la bandera, auto justificando el propio accionar del FMI, para continuar con el ajuste y la reestructuración. Es un mensaje de único camino posible, dirigido al oficialismo y a cualquier oposición en condiciones de gobernar; pero también a inversores internacionales, enfatizando que el país se encamina en una dirección orientada a favorecer la obtención de ganancias, por lo que recuerdan las necesarias reformas estructurales de contenido reaccionario.
Ya suman 38.900 millones de dólares desde el primer desembolso en junio del 2018, según informa el propio FMI. El monto deberá sumarse a los 307.000 millones de dólares de la deuda pública de la Argentina, lo que representa un 95,4% del PBI, según informa el Ministerio de Hacienda. El monto total del préstamo acordado con el FMI alcanza los 56.600 millones de dólares, de los cuales el 90% se entregarían antes de fin de año y solo una pequeña porción bajo la nueva gestión. Hacia el 2004 la deuda pública bruta representó el 118% del PBI, tal como explicita  la estadística oficial.[2]
Ese porcentaje bajó hasta 38,9% en 2011 (política de des-endeudamiento) y desde entonces viene subiendo, alcanzando el 52,6% en 2015, último dato para el gobierno de Cristina Fernández; luego escala bajo el gobierno de Mauricio Macri al 53,3% en 2016; 57,1% en 2017 y al 95,4% en 2018. Un guarismo que parece no tener límite. El 2018 fue el año de la corrida cambiaria y la mega devaluación que llevó la cotización de 20 pesos a 40 por dólar.
¿Cómo interpretar el acontecimiento de asociación Macri-FMI?
Hay que señalar que la política económica de la Argentina se sostiene con el apoyo financiero del FMI, especialmente por decisión política del socio hegemónico: EEUU y el gobierno Trump.
Trump necesitaba de un gobierno sudamericano con consenso electoral para su política exterior en la región, para aislar a Venezuela y redefinir las relaciones interamericanas, consolidando la hegemonía estadounidense en la región.
Es una premisa la hegemonía en territorio americano, para la discusión y disputa mundial en tiempos de tensiones económicas, políticas y militares, especialmente con China y sus aliados. La cuestión se afianzó con la irrupción de Bolsonaro en el Gobierno de Brasil.
La presencia de un nuevo gobierno en México desequilibra los propósitos de la política exterior de EEUU, pero con gobiernos afines en Argentina y Brasil, sumados a las administraciones derechistas en Chile, Colombia o Perú, se afianza una iniciativa política de profundización de la subordinación de la región al poder estadounidense.
El costo a pagar con una eventual cesación de pagos no es lo importante, incluso si la hipoteca se termina ejecutando contra bienes comunes, sean los hidrocarburos no convencionales o el litio. No sería la primera vez que se canjea deuda por bienes. En su momento (años 80) se ofreció capitalizar la deuda contra el capital público, efectivizado con las privatizaciones en los 90´. Algo similar supuso la cancelación de las deudas británicas con la incorporación al patrimonio público de los ferrocarriles otrora ingleses.
Enfatizamos en estos argumentos políticos en la relación de la Argentina con el FMI y EEUU, porque existen análisis técnicos que subestiman el dato del apoyo de Donald Trump al Gobierno Macri, señalando que Argentina no podrá devolver su deuda. El aumento del riesgo país por encima de los 700 puntos les estaría dando la razón. En ese marco de impago de la deuda, imaginan un proceso de renegociación con el Fondo luego de las elecciones de renovación presidencial, lo que solo ocurrirá si se continúa con las cuestiones esenciales, que van más allá de lo específico económico.
Hay fuertes argumentos de un próximo default de la deuda, asentado en carácter impagable de la deuda de la Argentina. Lo que se omite es que mientras exista el apoyo político financiero de EEUU y el FMI, el oficialismo tiene la opción de superar con éxito la elección de octubre y encarar un nuevo ciclo de gobierno, un segundo periodo. Incluso, el propio Fondo señaló que no tendría inconveniente en continuar la asistencia con otro gobierno, claro que en el supuesto que se cumplan los términos y objetivos del acuerdo por el ajuste y la reestructuración, laboral, previsional e impositiva.
Varios funcionarios de gobierno sostienen que un periodo no alcanza para resolver los problemas del país, los que se sufren por las políticas económicas asumidas en los últimos 70 años previos a la asunción de Macri, entre 1945 y 2015. Omiten en ese trayecto los años de gobiernos surgidos de golpes de Estado e incluso periodos constitucionales con rumbos afines a los del presente, especialmente las experiencias de la dictadura genocida y los años 90 con Menem y De la Rúa.
El objetivo gubernamental en desplegar en un periodo, y si pueden, continuarlo, apunta a continuar deteriorando la capacidad de negociación por derechos de los de abajo y así construir condiciones de posibilidad para la generación de ganancias y acumulación de capitales del núcleo local de la dominación capitalista.
La deuda condiciona el futuro cercano
La situación social y económica es mala para la mayoría de la sociedad y así lo explicitan los indicadores oficiales en materia de inflación y recesión, pobreza y desempleo, pero no puede obviarse que se intenta disimular con la gigantesca asistencia del FMI, de lo contrario todo sería peor. Al mismo tiempo, esos fondos contribuyen a potenciar la salida de capitales y la apropiación de cuantiosas ganancias en muy pocos sectores de la especulación, con tasas de interés cercanas al 70%.
Queda claro que el acuerdo con el FMI juega para la acumulación de ganancias y de poder. La deuda es un mecanismo que favorece la transferencia de riqueza social al sector más concentrado de la economía, al tiempo que potencia la tendencia a la dolarización y extranjerización de la economía, propiciando la concentración de la riqueza socialmente generada en muy pocas manos.
Mientras se tira la pelota para adelante, desembolsos del FMI mediante, muy pocos hacen grandes negocios y las consecuencias del impacto de la inflación y la recesión las sufre la mayoría empobrecida. Eso motiva que se acreciente el descontento social y se manifieste en protestas masivas que no terminan de galvanizar una propuesta de rumbo económico alternativo. He ahí un problema a resolver.
En las movilizaciones, visible claramente el pasado 4/4, coexisten distintas miradas políticas sobre el rumbo a seguir. Las motivaciones de la cúpula de la CGT y sus simpatías político-electorales no convergen con las que anidan en otros sectores movilizados, caso del moyanismo, las CTAs, la Corriente Federal u otras expresiones de los movimientos sociales. Incluso entre estos no hay necesariamente convergencia, aun cuando una parte muy importante imagina un futuro gobierno dirigido por el kirchnerismo. Para la cúpula de la CGT, el compromiso pasa más por el peronismo no K. En rigor, la dispersión política también se expresa dentro de los movilizados entre quienes apuestan a una salida electoral y aquellos que pretenden mayor nivel de organización y lucha para inducir salidas más radicalizadas de la coyuntura, caso de la demanda demorada por un paro nacional, reivindicación sustentadas por las izquierdas partidarias, sociales y sindicales.
Quienes apuestan a la salida electoral para reproducir condiciones de años anteriores subestiman las nuevas realidades del desarrollo capitalista, efectivizadas con los cambios de rumbo en la región y en el mundo. No habrá en 2020 las condiciones económicas que favorecieron el proceso de distribución del ingreso, tanto por condiciones internas como externas. No hay boom de inversiones sobre los países de América Latina y el Caribe, no siendo por ello solo un problema de la Argentina; ni existe un boom de las commodities y materias primas. Son condiciones que restringen en el marco del capitalismo procesos de distribución del ingreso o más aún, de la riqueza. Por eso hace falta explicitar que se pretende hacer en política económica más allá de la crítica al ajuste, que además de gobierno, sustenta la parte de la oposición que facilitó la legislación, entre ellas, las pautas presupuestarias.
Ante la ausencia de alternativa política electoral que defina un rumbo que entusiasme a la mayoría perjudicada con estas políticas, lo que emerge es el descontento, e incluso la despolitización de una parte de la sociedad, que no percibe como la “política” podría resolver sus problemas cotidianos. Si es así, podría crecer el desinterés y con ello el ausentismo electoral, consolidando una votación de los núcleos duros de adhesión a las identidades políticas en disputa, con final abierto entre las novedades de nuestro tiempo: kirchnerismo y macrismo. No queda claro que terceras opciones cristalicen en proyectos que puedan intervenir en la disputa por ingresar a la segunda vuelta.
Pero, más allá de cualquier especulación el interrogante es que hará el próximo gobierno con el condicionante del fuerte endeudamiento y el monitoreo del FMI con sede en el BCRA.
Queda clara la opción oficialista por acelerar las políticas actuales, agravando la situación de la mayoría empobrecida, por lo que aparece con fuerza el objetivo que pretende impedir un nuevo mandato del PRO-Cambiemos, lo que habilita la discusión sobre el quehacer de un gobierno que pretenda enfrentar el condicionante del FMI, que no puede quedarse en la renegociación para cancelar la deuda.
Resulta obvio que una confrontación con el condicionante de la deuda y el FMI tendrá costos, como los tiene cualquier país que intenta avanzar por un camino crítico al hegemónico, más aún si pretendiera un proceso de emancipación. Son debates necesarios que no aparecen aun en el debate político electoral, especialmente cuando no sabemos quiénes encabezarán las opciones para la disputa del próximo gobierno.
Mientras se constituye un debate de fondo sobre el programa electoral y sus candidaturas, surge la necesidad de politizar y radicalizar la demanda social y contribuir a disputar el discurso y el que hacer desde ahora para condicionar el ajuste y la reestructuración y más aún si se piensa en cambios para un nuevo gobierno desde diciembre. Una de las lecciones de la última etapa en Nuestra América, fue que estos gobiernos desmovilizaron a las organizaciones populares y con ello restaron capacidad de acción para confrontar al poder.
El paro nacional aparece como una demanda que crece, con el afán de instalar la discusión sobre el presente y el futuro en toda la sociedad. Será la capacidad de acción social masiva la que podrá modificar el condicionante que hoy hipoteca el futuro. La deuda condiciona, pero más puede condicionar la masiva acción colectiva, especialmente si ello conlleva la articulación de un proyecto que reinstale una propuesta centrada en la suspensión de los pagos previa investigación de la deuda y la fuga de capitales, que en tanto se apliquen requerirá inmediatamente acelerar procesos y políticas que discutan el modelo de producción y de desarrollo en su conjunto.
La discusión es quien condiciona a quien, si condiciona la deuda y el acuerdo del gobierno con el FMI, o la sociedad movilizada construye otro condicionante en la defensa de los derechos y la soberanía.
Buenos Aires, 6 de abril de 2019


[1] FMI. El Directorio Ejecutivo del FMI concluye la tercera revisión en el marco del Acuerdo Stand-By a favor de Argentina, aprueba desembolso de USD 10.800 millones, en: https://www.imf.org/es/News/Articles/2019/04/05/pr19107-argentina-imf-executive-board-completes-third-review-under-argentinas-stand-by-arrangement (consultado el 6/4/2019)

Lo que queda luego del gobierno de Mauricio Macri y que rumbos para la próxima gestión


El INDEC señala que la pobreza por ingresos llegó al 32% de la población, con la indigencia en un registro del 6,7%.
Se verifica el ascenso de la pobreza y se diagnostica desde el gobierno que el problema es la inflación, un guarismo que resulta difícil proyectar para todo el año 2019.
Dicen que será menor al 2018 con su 47%. ¿Cuánto? Vaya uno a saber, con las petroleras o las pre-pagas aumentando, con autorización oficial, por supuesto. Entre todos los precios se distinguen los de los alimentos y las tarifas de servicios públicos, y a no olvidarse, la tasa de interés, que aumenta, por ahora, hasta el 68%, que llegó a estar al 73%, así que aún puede subir más…, solo hay que esperar como continua la carrera entre las tasas de interés y el dólar, cercano a los 45 pesos y en alza.
Los responsables de la pobreza son los aumentos de precios sostienen desde el gobierno. Chocolate por la noticia, puede alguien sostener. Alguna vez se dijo con razón que los precios suben por ascensor y los salarios por las escaleras.
¿Quién determina la fijación/formación de los precios?
El gobierno regula ciertos precios, por ejemplo, las tarifas, al tiempo que condiciona la actualización de los ingresos populares, sean planes sociales, jubilaciones y los salarios estatales.
¡Ahí tenemos un responsable de la inflación, el gobierno y su política económica!
Los economistas libertarios dirán que son responsables los gobernantes porque gastan más de lo que recaudan y convocarán a acelerar el ajuste, a cesantear personal estatal y a disminuir la cobertura de derechos, en salud, educación u otras áreas, agravado con que debe priorizarse el gasto de seguridad y el pago regular de los intereses y el capital de la deuda pública.
Con ello, las deudas por derechos sociales pueden esperar, no los de los acreedores externos.
También son responsables los empresarios que pueden subir sus precios, con autorización o no.
Por lógica mercantil, mientras haya quien compre, los precios podrán subir, claro que hasta un cierto límite. No es verdad lo que dicen los libertarios que los precios pueden subir sin límite en condiciones especiales.
Los precios son relativos y expresan las posiciones de fuerza en una economía monetario-mercantil, forma de funcionamiento del orden capitalista. Los precios expresan poderes de unos sobre otros, de unos contra otros.
Hay quien puede fijar precios y quien tiene recursos para adquirir bienes o servicios (riqueza), o incluso no satisfacer por imposibilidad de compra (pobreza).
El gobierno y los empresarios fijadores de precios son los que pueden aumentar, salvo que la mayoría empobrecida PUEDA imponer sus condiciones para limitar el PODER de los que establecen los precios.
Diremos hasta el cansancio que la inflación es una cuestión de PODER, que expresa la competencia entre los capitales contra trabajadoras y trabajadores; tanto como entre los capitales entre sí, donde se imponen los de mayor composición orgánica del capital, o sea, la capacidad de acumulación de cada capital con relación a los demás.
Combatir la inflación
Me evaluarán por la disminución o crecimiento de la pobreza y la inflación, sostuvo Macri en sus campañas electorales, que persisten ahora para renovar el mandato por unos cuatro años más a partir de diciembre del 2019.
Ahora agrega que no alcanza con un periodo de gestión gubernamental para resolver y, por lo tanto, hace falta otro periodo. Atención al argumento, ya que hay quienes lo aceptan y se amparan en años previos, con gobiernos que no resolvieron un tema estructural, la inflación.
Lo que no resolvieron fue estabilizar el núcleo del poder del capital en el territorio, por eso imaginaron “resolver” con Martínez de Hoz y sus articulaciones con el poder local y mundial.
Se imaginaron que resolvían con funcionarios de Bunge y Born en los 90 o luego con Cavallo, la Fundación Mediterránea y la burguesía local, asociados todos a la lógica de la transnacionalización imperante mundialmente.
La dictadura genocida partió en su diagnóstico en la necesidad de frenar la inflación, para lo cual intentó disciplinar a la sociedad de abajo desde el terrorismo de Estado, al tiempo que edificó las condiciones para reformas profundas, con ley de inversiones externas para la apertura económica y la reforma de la ley de entidades financieras, todavía vigente a más de 36 años de gobiernos constitucionales.
Se buscó insertar a la Argentina en la globalización para protagonizar la transnacionalización de la economía con inclusión en una parte del poder de la cúpula empresarial local, asociada a la estrategia de las corporaciones transnacionales y el poder global, organismos internacionales mediante.
Con la convertibilidad por más de una década (1991-2002) se imaginó una estabilidad monetaria convertida en “valor” más allá de la dimensión económica, tanto que algunos críticos confesaron hacia 1999 su error en no haber comprendido el asunto en origen, por lo que trajeron nuevamente al gobierno a Cavallo.
El costo de esa contención de la paridad cambiaria por vía legal en los 90, lo pagaron desempleados y pobres, incluso pequeños y medianos productores y empresarios, deteriorando las condiciones de vida de una parte importante de la sociedad.
Solo recordemos el 57% de la pobreza medida por el INDEC en mayo del 2002.
El 32% en crecimiento de la pobreza de la última medición puede escalar hasta el máximo histórico a la salida de la convertibilidad, si es que la sociedad de abajo, la perjudicada no decide ponerle fin a la manipulación en curso sobre lo que existe como única posibilidad de acción de la política económica.
No tienen razón el gobierno ni los economistas libertarios, ya que la inflación no se combate con ajuste, sino con un cambio en la correlación de fuerzas para otra orientación del orden económico, con el horizonte en satisfacer necesidades sociales y no una lógica de la ganancia de los grandes operadores económicos, hoy: grandes productores y exportadores del campo y la industria; las empresas privatizadas de servicios públicos, los especuladores y el poder financiero.
Los dólares del FMI sirven para confirmar la salida de capitales, por cancelación de deuda o fuga para consolidar activos en el exterior. Lo mismo ocurre con las divisas de los grandes exportadores. Ese real y/o potencial ingreso de divisas, no sirve para frenar el alza de los precios ni satisfacer ninguna demanda económica social. Solo son mecanismos de afirmación de la dependencia de fondos externos para sostener la lógica del funcionamiento del capitalismo local en condiciones de alta inflación y recesión.
¿Es posible transitar otro rumbo?
Claro que sí, pero se requiere acumular poder en la sociedad. En primer lugar, desmantelar la manipulación mediática cultural relativa al camino en curso, pero al mismo tiempo discutir la lógica del horizonte civilizatorio, es decir, poner en discusión que se pretende resolver con la política económica.
Si hay que combatir la pobreza, lo principal pasa por resolver el destino de los recursos fiscales, los que deben orientarse con ese fin. Se trata de asegurar derechos de educación, salud, energía y otros al conjunto de la sociedad. Para eso se requiere de sujetos conscientes de que se pretende afectar al PODER y transferir recursos para resolver mayoritarias necesidades sociales.
¿Quién paga? Es el inmediato interrogante de los que no imaginan resignar ingresos a favor de la mayoría empobrecida. Los que así interrogan realizan discursos contra la pobreza, pero no se les ocurre reorientar una distribución progresiva del ingreso y mucho menos de la riqueza.
¿Se puede hacer? Si y solo si hay voluntad de resolver esas necesidades, algo que no puede demandarse a quienes piensan en atraer inversores para dinamizar el capitalismo local. Esos inversores vendrán si se disminuye el costo de producción y se asegura la repatriación de las ganancias por el actuar en nuestro territorio. Sus objeticos no pasan por disminuir o erradicar la pobreza, sino que se concentran en sus motivaciones por las ganancias y la acumulación.
Hay que modificar la lógica del orden económico y no pensar en los inversores, sino en las necesidades a resolver. Me dirán que la ausencia de capitales impide construir una realidad alternativa, pero bien vale recordar que los clásicos de la economía política sostenían que el capital es trabajo acumulado y lo que sobra en nuestra realidad es fuerza de trabajo dispuesta a producir riqueza social para satisfacer necesidades.
El tema es organizar el trabajo en la sociedad sin el privilegio al capital privado y su objetivo de ganancia. ¿Nos animaremos a ir más allá del orden del capital? No lo sé, pero queda claro que son temas muy alejados del debate por la renovación presidencial en este año.
Mientras, podemos afirmar que los cambios estructurales motivarán nuevas rondas de ajuste y de medidas que promueven la regresiva reestructuración social, tales como la reforma laboral y previsional.
Será interesante escuchar que tienen para decir las distintas candidaturas que disputen el gobierno para el próximo periodo desde diciembre 2019. Ya sabemos que Macri imaginará consenso a sus políticas y profundizará el rumbo.
¿Qué rumbos ofrecerán desde la oposición? ¿Cuál será el rumbo que se demande desde la conflictividad social?
No alcanza con rechazar el actual rumbo, aunque en sí es importante, pero necesitamos avanzar en definir nuevos senderos, contrarios a las demandas del acuerdo con el FMI, el condicionante del endeudamiento y la liberalización de la economía.
Buenos Aires, 30 de marzo de 2019


A 43 años del Golpe de 1976


Resulta de interés recuperar los objetivos del poder económico, político, social y cultural para el Golpe del 24 de marzo de 1976, con antecedentes inmediatos en el “rodrigazo”[1] del mes de Julio de 1975; y aún antes, con la instalación del terror parapolicial y paramilitar de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) desde el propio Estado, luego continuado y exacerbado ya como terrorismo de Estado con la asunción de la Junta Militar.
Esos propósitos del Poder solo fueron posibles por el uso de la violencia estatal del golpe genocida, que buscó frenar la acumulación de poder popular, cultural, sindical y territorial del movimiento social en el país. Se buscó con el Golpe “des-acumular el poder popular” conquistado en décadas anteriores con la lucha social, política y cultural en la Argentina. Había que transformar regresivamente a la sociedad para recuperar el proyecto de acumulación capitalista.
Vale mencionar el poder popular acumulado, que era en rigor un clima de época, con extensión planetaria del anticapitalismo, incluso por el socialismo.
Evidencia de lo dicho pasa por el triunfo entre 1973-75 de Vietnam sobre la invasión militar de EEUU; y por cierto la situación latinoamericana y caribeña con la experiencia de Cuba desde 1959 y su objetivo por el socialismo luego de la invasión estadounidense a Playa Girón en 1961, lo que convalidaría la Constitución cubana de 1976.
A mediados de los 70 se verifican un conjunto de crisis simultáneas en el orden capitalista (monetaria, energética, medio ambiental), las que se manifiestan con una fuerte caída de la tasa de ganancia de los capitales más concentrados. Había que revertir esa situación e ir contra las políticas económicas del reformismo capitalista para reinstalar una lógica de libre mercado.
El diagnóstico de los monetaristas y neoliberales, con Milton Friedman a la cabeza, que fuera Premio del Banco de Suecia de 1976 (Nobel), uno de los padres del neoliberalismo, convocaba a desarmar el Estado del bienestar, a bajar el gasto público social y a dar aliento a la iniciativa privada y retomar la máxima del libre cambio.
Fueron postulados que se conocerán y generalizarán luego en los años 90, bajo la denominación del “Consenso de Washington” para aplicar en la región latinoamericana y caribeña.
Había que desarmar las políticas keynesianas aplicadas a la salida de la segunda posguerra en todo el sistema mundial. Ese era el objetivo del neoliberalismo.
El keynesianismo fue la política hegemónica en el mundo luego de 1945, asumida para contrarrestar la emergencia del socialismo desde 1917 en Rusia, en la URSS desde 1922 y en el campo socialista de Europa desde 1945, acrecido en 1949 en China. Hasta se podría considerar el carácter keynesiano de las políticas en el este de Europa y el llamado sistema socialista.
Por eso, el neoliberalismo hoy vigente como corriente principal de las políticas económicas surge en respuesta y para desarmar la política keynesiana y cualquier sentido de un rumbo socialista, aún de carácter reformista. Trump y Bolsonaro en su reciente encuentro manifestaron su apuesta por el fin del socialismo en la región.
Ofensiva capitalista
El neoliberalismo emergió con las dictaduras del Cono Sur de América entre 1973/76, como ensayo que coronaron Margaret Thatcher y Ronald Reagan en los años 80, más allá de matices actuales con los libertarios (Milei, Espert, Boggiano), liberales a ultranza, enemigos del propio Estado capitalista.
Las políticas de cuño neoliberal se consolidaron en los 90 en la Argentina, y ahora pretenden no solo afirmar el cambio estructural en materia de las relaciones entre el trabajo y el capital, con mayor flexibilidad salarial y laboral; sino también, avanzar con la reforma reaccionaria del Estado vía reformas laborales, previsionales o impositivas; tanto como profundizando la dependencia a la política exterior imperialista, especialmente estadounidense, siendo ese el caso de la agresión e injerencia en Venezuela.
Resulta de interés pensar estos temas de cara a la campaña electoral, con un gobierno que presenta nefastos resultados económicos y sociales para la mayoría empobrecida, combinando inflación con recesión, y una ofensiva ideológica y política, descalificando adversarios como expresión lo viejo, relativo a lo ocurrido entre 1945 y 2015.
Por eso aluden a que los problemas argentinos se remontan a los 70 últimos años, supuestamente hegemonizados por el “populismo”, forma de atacar la orientación keynesiana, hegemónica en el mundo para esos años, por lo menos hasta comienzos de los años 80. Claro que omiten los tiempos neoliberales bajo la genocida dictadura (1976-1983) o la década del noventa (1989-2001) del siglo pasado.
Convengamos que la respuesta no es volver hacia atrás, a repetir cualquier experiencia de orientación keynesiana o populista, aun cuando puedan demostrarse experiencias pretéritas de gobiernos con una progresiva distribución del ingreso, ya que los modelos de industrialización por sustitución de importaciones y sus Estados correspondientes en los 50/70, ya no se compadecen con ciclos productivos encadenados mundialmente bajo cierto desarrollo tecnológico unificado.
Lo que hace falta es gestar un proyecto que supere al orden capitalista, en momento donde los propios consultores del sistema, el FMI por ejemplo, aluden a las dificultades para superar los obstáculos que instaló la crisis del 2007/09, que todavía continua y que provoca el desorden político global con emergencia de gobiernos autoritarios, como Trump o Bolsonaro, o el mismo Macri, con destino para afirmar mecanismos represivos que limiten y superen la resistencia a los cambios que pretenden implementarse en un segundo turno de gobierno, entre 2019 y 2023.
Buenos Aires, 21 de marzo de 2019



[1] Celestino Rodrigo era Ministro de Economía del Gobierno constitucional presidido por María Estela Martínez de Perón, quien en Junio de 1975 impulsó una serie de medidas de política económico de carácter antipopular para desarmar la lucha sindical por mejoras del ingreso. Ese conjunto de medidas de ajuste y shock fueron denominadas: “rodrigazo”.

La política monetarista fracasa para bajar precios y agiganta la desigualdad


La inflación de febrero alcanzó al 3,8%, para sumar 6,8% durante los dos primeros meses del año y proyectarse en torno al 30% en todo 2019. El rubro alimentos está a la cabeza con 5,7% para febrero, sumando 9,3 en dos meses. La inflación anualizada alcanzó al 51,3% y los alimentos lo hicieron al 58,3%.[1]
Hemos sostenido varias veces que los pobres son los que sufren la inflación, ya que la mayoría de sus ingresos se destinan a la alimentación y sustento cotidiano de la familia. La conclusión se valida con estos datos de los incrementos de precios, especialmente de los alimentos, los que, juntos a la suba de las tarifas de los servicios públicos privatizados, dolarizados y extranjerizados, evidencian a los perjudicados directos de la situación económica actual.
La inflación es un mecanismo de transferencia de ingresos hacia el poder económico concentrado. Es un mecanismo de apropiación de plusvalía generada por el trabajo social. Parte de esa plusvalía se transfiere como intereses de la deuda pública, o como renta derivada de inversiones especulativas, lo que incluye la fuga de capitales.
Como si fuera poco, ahora el FMI autorizó a vender hasta fin de año en el mercado de cambios unos 9.600 millones de dólares de los desembolsos del organismo internacional.
Así, el crédito del FMI es funcional a la fuga de capitales, en el camino de los 29.000 millones de dólares cedidos a la especulación y la fuga en tiempos de Sturzenegger y Caputo al frente del BCRA en el 2018. Después, se critica los planes sociales, ínfimos al lado de estas cifras millonaria en dólares.
Para combatir la suba de precios, el gobierno de Macri acude a la receta monetarista, consistente en disminuir la cantidad de pesos en circulación y por eso, junto al déficit primario cero se compromete a un programa monetario durísimo de no emisión durante todo el año.
Así, vía emisión de títulos, el gobierno retira de la circulación todos los pesos posibles y con ello acrecienta peligrosamente el endeudamiento público. Las Leliq, Letras de liquidez que emite el BCRA, ya suman más de 1 billón de pesos (un millón de millones), el equivalente de unos 25.000 millones de dólares a 41 pesos por dólar.[2]  
Esas Letras onerosas, son préstamos asumidos por el BCRA para retirar pesos de circulación y pagan una tasa de interés promedio del 63,3%. Es un costo gigantesco que asume toda la sociedad en beneficio de los tenedores de esos títulos: los bancos.
Con ese nivel de tasa de interés, cualquier traslado al mercado de crédito constituye una usura, especialmente para los sectores de menores ingresos, empresarios o público en general.
Estos sectores de menores ingresos son los que financian los vencimientos de sus tarjetas de crédito o compran en cuotas con tasas elevadísimas que aplican los comercios para favorecer las ventas. Ni hablar del crédito productivo obstruido por este costo financiero.
No solo el país califica en riesgo con 750 puntos, sino que la familia argentina es la que está en default, como señala la campaña de la CTA Autónoma denominada “yo no llego”.
Todo parece encaminado a frenar la cotización del dólar, una variable considerada estratégica de cara a las elecciones de octubre.
Se imaginan en el gobierno que retirando pesos de circulación caerá la demanda de divisas, obviando que las grandes oscilaciones de la cotización están asociadas a movimientos especulativos de inversores externos y locales, los que ante la incertidumbre del resultado electoral ya empezaron a cambiar sus activos en pesos por otros en dólares.
Dolarización y lucha de clases
El camino de la dolarización está en curso y lo que existe es la lógica de la máxima ganancia en funcionamiento, que requiere domesticar cultural y socialmente a la mayoría trabajadora de la sociedad para asumir las nuevas condiciones de vida en la Argentina, muy lejos de estándares de amplia cobertura de necesidades con derechos sociales conquistados en otros tiempos.
Convengamos que eso es lo que pretende el capital mundial en la actualidad, sin distinción de fronteras. Solo puede existir el matiz derivado de la fortaleza del movimiento obrero y popular en la resistencia al objetivo de la ofensiva capitalista.
Es quizá, una de los problemas que puede mostrar la Argentina a inversores ávidos de ganancias, más allá de los triunfos electorales de la derecha en 2015 y 2017 e incluso de cualquier resultado en octubre próximo.
Además de ganar elecciones, las derechas tienen que limitar y/o eliminar el conflicto social, algo difícil en la Argentina, aun con los límites para encarar iniciativas de protesta en profundidad, caso de un Paro Nacional en las condiciones de agresión actual a trabajadores y trabajadoras.
La histórica acumulación de poder popular es la que hasta ahora impide se avance en la reaccionaria reforma laboral con la consecuente pérdida de derechos sindicales, sociales e individuales, objetivo principal de la dominación capitalista en el país. Es consecuencia de las particulares condiciones de la lucha de clases en la Argentina
El monetarismo ortodoxo, aun cuando lo propagandean los “libertarios”, muestra su fracaso para frenar la inflación, que sigue profundizando la regresiva consecuencia de la distribución del ingreso, con aumentos de alimentos y tarifas que los empobrecidos no pueden pagar. Se trata de una cuestión de poder y cuenta con apoyo del FMI.
Por eso, el interrogante es si la errónea estrategia del diagnóstico y la propuesta monetarista, que considera a la inflación como un problema monetario, les habilita el camino de la reelección.
Hasta hace poco no había dudas en el poder sobre un segundo periodo de gobierno de Mauricio Macri, pero con la permanencia de elevados índices inflacionarios y aguda recesión con fuerte incidencia en la producción, el comercio y el empleo, las dudas crecen y con ellas las potencialidades de nuevas postulaciones en la disputa electoral.
Hasta el poder tiene Plan B, que puede incluir candidaturas de crítico discurso al gobierno, aun cuando asumirán gestionar el condicionante fuerte del acuerdo con el FMI, por lo que no extraña que, aunque el FMI apuesta fuerte por Macri y le facilita recursos para su estrategia antiinflacionaria, al mismo tiempo señala que continuará con su brega por el ajuste y la reestructuración reaccionaria gane quien gane en las elecciones de fin de año.
Como siempre hemos sostenido, no solo es cuestión de elecciones, sino de la respuesta generada desde la sociedad y el movimiento popular, no solo para resistir la ofensiva monetarista, sino para instalar otra propuesta de discusión que supere la encerrona del debate actual entre tasas y dólar.
En todo caso, lo que se requiere es considerar otras posibilidades de organización de la economía, con el acento colocado en horizontes de satisfacción de amplias necesidades sociales, más aún cuando crece el desempleo y el empobrecimiento de una parte importante de la sociedad.
Buenos Aires, 15 de marzo de 2019


[1] INDEC. Índice de Precios al Consumidor (IPC). En: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipc_03_19.pdf (consultado el 15/3/2019)
[2] BCRA. Informe diario de pases y LELIQS. En: http://www.bcra.gov.ar/Pdfs/PoliticaMonetaria/Infopases.pdf (consultado el 15/3/2019)

Mujeres y Economía. Lo que nos deja el 8M


Impresionante movilización por el 8M y el paro internacional de mujeres en varios territorios del mundo.
Resulta un dato muy importante y de proyección mundial la movilización protagonizada por el movimiento de mujeres, que se apoya en una lucha histórica por el reconocimiento de derechos por la igualdad de género con capacidad de intervenir en la transformación de la sociedad y que vale para pensar críticamente nuestro tiempo.
El 8M constituye crecientemente un acontecer que define una nueva subjetividad transformadora en la sociedad contemporánea, en una dinámica alternativa a otros fenómenos contrarios del presente, como la presencia de nuevos autoritarismos legalizados por procesos electorales, evidentes para el caso Bolsonaro en Brasil; Trump en EEUU, o las nuevas derechas europeas; y en ese marco, la deriva represiva y ajustadora del gobierno Macri y sus aliados en la oposición que estimulan políticas de seguridad y defensa de la propiedad y el individualismo por encima de derechos sociales y la seguridad social.
Ambos fenómenos, contradictorios son parte de nuestra realidad. Uno es el avance de las derechas y los autoritarismos, pero también queremos destacar la presencia de novedades sociales que entusiasman en la emergencia de nuevas subjetividades por la transformación social, del cual el feminismo extendido en su masividad permite dinamizar prácticas sociales tradicionales en el movimiento popular, articulando viejas y nuevas contradicciones entre el capital y el trabajo; entre aquel y la naturaleza o contra la sociedad en su conjunto.
No es cuestión de adornar o edulcorar un movimiento que siendo masivo contiene en su seno lecturas y propuestas contradictorias que aun requieren de síntesis que pretendo revolucionarias. En todo caso es para relativizar las convicciones que quieren naturalizar por un tiempo prolongado las opciones por derecha y avizorar que en el presente también existen pretensiones de un futuro diferenciado por ampliación de derechos e igualdad.
Por ello es necesario estudiar el fenómeno de la lucha feminista en la historia, porque ésta es rica en acontecimientos que modificaron la realidad, desde la movilización de las mujeres en Rusia que dieron la voz de inicio para derrocamiento del régimen zarista en febrero de 1917, a las mujeres trabajadoras de Chicago víctimas de la represión y la crueldad empresarial, que evidenciaron al mundo las diferencias de género para hacer visibles las demandas por el reconocimiento específico de un día internacional de las mujeres. Es una historia larga, con debates y contradicciones que merecen ser revindicadas.
En ese recorrido está el aporte local al movimiento global del “ni una menos” y la instalación del Paro Internacional de Mujeres como forma de movilización y organización del 8M, que a esta altura expresa un cruel diagnóstico de la discriminación y el patriarcalismo.
La dinámica anti-patriarcal crece en todo el mundo, con sus contradicciones, por cierto, y desafía a pensar la realidad con perspectiva de género.
Es muy importante como emerge con enorme visibilidad la cuestión de la desigualdad laboral, de ingresos y de oportunidades de las mujeres; una verdadera discriminación que ofende, en el marco del alarmante feminicidio que constatamos recurrentemente.
Si vamos por los ingresos, las mujeres trabajadoras perciben menos recursos y aunque pueda haber un ejemplo en contrario, la norma es que las mujeres perciben menores ingresos que los varones. Si apuntamos al desempleo, las más afectadas son las mujeres trabajadoras y entre la juventud, donde el desempleo es mayor respecto de los y las mayores, se verifica que son más afectadas las jóvenes trabajadoras.
En este sentido señala un documento de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA, que “En Nuestra América, las mujeres destinamos al trabajo no remunerado un promedio de 37 horas semanales, mientras que los varones sólo 13 horas (CEPAL, Observatorio de igualdad de género). De no ser mercantilizado, este trabajo no entra a la formación del valor de la fuerza de trabajo en general, aunque sea esencial para reproducirla. La explotación del trabajo doméstico femenino es esencial a la reproducción capitalista.”[1]
Agregan también que “A la vez, de no ser siempre mercantilizado, el cuidado y el trabajo femenino crean prácticas solidarias y comunitarias que pueden servir como germen para nuevas construcciones societarias en la lucha anticapitalista.” En esta frase anticipan una perspectiva de organización alternativa a la economía cotidiana del lucro.
Señala la SEPLA que “La explotación de las mujeres en la división social del trabajo es a la vez la base para la apropiación patriarcal sobre nuestros cuerpos, también necesaria a la reproducción capitalista y de ella indisociable en el momento presente. Según la CEPAL, 2.795 mujeres fueron asesinadas por ser mujeres en Nuestra América el 2017. Es la región donde ser mujer es más peligroso fuera de una zona de guerra abierta. Según la ONU Mujeres, el 69% de las mujeres de 15 países de la región que manifestaron ya haber sufrido violencia lo fueron por parte de sus parejas. El 47% han sido víctimas de al menos un ataque sexual durante el transcurso de su vida. La situación es peor mientras menor sea el nivel de renta.”
Hay que señalar que el INDEC ha comenzado un seguimiento por ahora parcial, según señala sobre los casos de violencia de género en la Argentina, recogiendo información parcial entre 2013 y 2018.[2] Resulta imprescindible formalizar los estudios y cuantificaciones que den cuenta de la cruel realidad de la discriminación de género en el país y en el mundo. Conocer y fundamentar la realidad resulta imprescindible para modificarla.
Queda claro que el 8M se consolida como un día de lucha contra la explotación, el patriarcado, el racismo y la discriminación y que es un tema que nos atañe a todas y todos, mujeres y hombres.
Reivindicaciones económicas con perspectiva de género
Las reivindicaciones económicas por derechos están largamente contenidas en los documentos que circularon en torno al 8M, los que ponen el foco más allá de las especificidades de género en la política económica en curso, acordada y monitoreada con el FMI y que en esta semana pareció concentrarse en la polaridad contradictoria del dólar y las tasas de intereses pagadas por el BCRA.
Es más, algunos festejaron que la cotización del dólar bajó del jueves pasado al viernes, de $43,5 a $42,20 por unidad de moneda estadounidense, obviando que el saldo es una nueva devaluación que impacta en la disminución de la capacidad de compra de la mayoría empobrecida y en el aumento de los precios. Además, el BCRA llegó a pagar tasas de interés del 59,06% por las leliq (letras de liquidez), un título al que acceden solo entidades financieras que gestionan el mercado especulativo de inversores externos y locales. Sigue el festival del endeudamiento público que hipoteca las cuentas del fisco, agravando las condiciones del ajuste fiscal.
Se trata de una carrera entre la cotización del dólar y el nivel de la tasa de interés de referencia, la que se traslada con valores usurarios a cualquier crédito destinado a ampliar la producción o a satisfacer necesidades personales. El dólar aparece como una de las claves en la estrategia del gobierno para intentar controlar esa variable de alto impacto en la precepción social de la realidad económica. El instrumento de control es la política monetaria restrictiva y la elevación de la tasa de interés, favoreciendo así la dinámica especulativa y recesiva de la economía local.
La cuestión preocupa, porque más allá de la especulación y las cuentas macroeconómicas, la realidad material de la economía se deteriora en el marco de la creciente inflación que ya se proyecta por encima del 30% en las propias consultoras que hacen al Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de BCRA[3]. Pero también de una recesión que según el REM escala al -1,9% para este año, alejado del -0,5% previsto en el presupuesto aprobado por el Parlamento hace apenas un par de meses.
En ese marco, según el INDEC, la producción industrial argentina anualizada cayó a enero 2019 el -10,8%[4]. Más grave es que automotores cayó -28,2%; Equipos, Aparatos e Instrumentos un -26,3%; Productos metálicos, Máquinas y Equipos un -22,3% y Minerales no metálicos y metales básicos un -16,8%. Destacamos al sector automotor por el peso en la cadena de valor que involucra a muchas medianas y pequeñas empresas proveedoras, además del impacto laboral directo e indirecto que supone sobre autopartes, siderurgia y metalurgia, pero muy especialmente a la producción de medios de producción que es la más afectada por la recesión productiva del sector fabril.
Remitimos a un sector que es estratégico en la producción, aun cuando la población consume de manera directa bienes de consumo, los que requieren previamente de esa generación de medios de producción. Los bienes de consumo también disminuyeron, pero queremos enfatizar la gravedad que reviste el deterioro de la capacidad productiva de las fábricas de medios de producción. Es una cuestión que no solo impacta en mercado interno y el empleo, sino que profundiza la dependencia industrial y productiva de la Argentina.
Además de la caída industrial sobresale en los datos aportados por el INDEC en la baja de la construcción en un 15,7% para los últimos 12 meses.[5]
Por todo ello es que insistimos en que existen problemas estructurales en el proceso de producción y sin perspectivas de resolución por ausencia de inversiones del sector privado o del público.
La estrategia oficial, con complicidad en parte importante de la oposición política se concentra en los intereses de los sectores hegemónicos de la clase dominante, destacando los grandes productores y empresarios de la exportación junto al sector especulativo asociado al mercado financiero mundial.
Desde nuestro lado importa una agenda alternativa para satisfacer las demandas sociales de la mayoría de la población, que necesariamente necesita incluir una perspectiva de género para superar no solo el capitalismo, sino el patriarcalismo.
En ese sentido, la SEPLA demanda que “Hoy día, las mujeres luchamos en todos los espacios de la vida. Luchamos a diario para nutrir y hacer sobrevivir a la humanidad, en momentos de ofensiva burguesa contra la clase trabajadora y profundización capitalista-neoliberal. El rasgo neoconservador necesario a la reconfiguración capitalista profundiza la división sexual del trabajo y la división racial del trabajo.”
Por ello, la SEPLA recupera el 8M y “…se suma a las protestas organizadas por mujeres en todas las regiones de Nuestra América, a la lucha por la legalización del aborto y a la huelga internacional de mujeres. La lucha feminista debe ser anticapitalista. Mujeres y hombres debemos reconocer que la lucha anticapitalista que a diario construimos debe ser antirracista y anti-patriarcal, o no será.”
Una clave para pensar alternativas de orden económico requiere en primer lugar la construcción de una subjetividad consciente para la experiencia de un nuevo orden. En ese sentido, la visibilidad del movimiento del 8M y sus reivindicaciones habilitan a la construcción colectiva de un programa de transformaciones más allá de la coyuntura y que se proyecte con perspectiva de género por la emancipación social.
Buenos Aires, 9 de marzo de 2019


[1] SEPLA: ¡QUE VIVA LA LUCHA DE LAS MUJERES!!! En: https://sepla21.org/comunicado-de-sepla-por-el-8m/ (consultado el 9/3/2019)
[2] INDEC. RUCVM, registro único de casos de violencia contra las mujeres, resultados 2013 – 2018, en https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/rucvm_03_19.pdf (consultado el 9/3/2019)
[3] BCRA. Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/rucvm_03_19.pdf http://www.bcra.gov.ar/PublicacionesEstadisticas/Relevamiento_Expectativas_de_Mercado.asp (consultado el 9/3/2019)
[4] INDEC. Índice de producción industrial manufacturero. Enero de 2019, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipi_manufacturero_03_19.pdf (consultado el 9/3/2019)
[5] INDEC. Indicadores de coyuntura de la actividad de la construcción. Enero de 2019, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/isac_03_19.pdf (consultado el 9/3/2019)