¿Cómo pinta el 2019 para la Argentina?


Empezó el 2019 manteniendo las tendencias económicas heredadas del 2018 en la Argentina: elevada inflación y consolidación de la recesión productiva con impacto regresivo sobre la mayoría empobrecida de la población.
Los pronósticos aluden a una elevación de precios que oscilará entre el 30 y el 35% contra actualización de salarios, jubilaciones, pensiones y planes sociales que perderán mayor capacidad de compra, la que se acumula a la perdida de los años previos.
El registro inflacionario de los precios minoristas en 2018 alcanzó el 47.6%, mientras que los precios mayoristas marcaron un 73,5% de aumento, asegurando un remanente de incrementos para el comienzo del 2019, con la lógica consecuencia de un registro elevado pronosticado para todo el año.
Como hemos sostenido, la inflación es un mecanismo de transferencia de ingresos, de los que menos tienen a los sectores de ingresos más concentrados, agravando el cuadro de desigualdad vigente en el país.
Desde los organismos internacionales señalan una caída de la actividad económica para el presente año muy por encima del -0,50 % pronosticado por el Gobierno en su presupuesto para el próximo año y que avalara el Parlamento, es decir, oficialismo y oposición cómplice.
La CEPAL alude a una caída del -1,8% y el FMI a una retracción similar del -1,7%, manteniendo la situación del presente año, que a noviembre del 2018 registra una caída del -2,2%, confirmando tres años recesivos de los cuatro de la gestión presidencial de Mauricio Macri, entre diciembre del 2015 y diciembre del 2019.
El tema de la recesión se agrava porque la menor producción de bienes y servicios derivada de la menor actividad económica tiene que distribuirse para consolidar la estructura del poder concentrado y por ende, hay menos para repartir. Agravado el tema con el condicionante del achique del gasto público para lograr el déficit fiscal primario cero, privilegiando cuantiosos pagos de deuda, asegurados con el ingreso de los fondos del FMI.
Se confirma así una situación que augura un año de empobrecimiento de la mayoría de la sociedad en beneficio del sector más concentrado, el que se explicita en el 10% de la población de mayores ingresos, que como mucho puede extenderse a una 40% en condiciones de superación del ingreso promedio percibido por la población en la Argentina.
Queda claro que los perjudicados de la realidad económica recesiva, tal y como se presenta al comienzo del año afectará al 60% según las propias estadísticas del INDEC.
Impacto en la política en un año electoral y de conflicto social
El interrogante es si esto afectará el objetivo reeleccionista de Macri para un nuevo periodo presidencial entre 2019 y 2023.
Bajo condiciones normales, tras un periodo de gestión de gobierno con deterioro de todos los indicadores sociales, podría vislumbrarse un voto castigo y la expectativa por un nuevo rumbo de la economía y la política.
Sin embargo, la división del peronismo opositor puede facilitar la renovación gubernamental del macrismo. Desde los medios se instala la voluntad electoral divida en tercios entre Mauricio Macri y Cristina Fernández, habilitando la posibilidad de terciar con otra candidatura. Son especulaciones que solo se resolverán cuando se inscriban las candidaturas que disputen la representación política institucional.
En estos días y a propósito del debate sobre Venezuela, la perspectiva estratégica de los principales referentes del peronismo y otros espacios con capacidad de liderar proyecto político electoral, apareció fragmentada en el apoyo al gobierno de Nicolás Maduro o a la injerencia extranjera y el aliento a un gobierno paralelo en la tierra de Bolívar y Chávez.
No es un dato menor a la hora de definir coincidencias ideológicas sobre el rumbo a definir para el desarrollo inmediato de la política en la Argentina.
Hasta la fecha solo juega la candidatura oficial de Macri, aun cuando algunos auguran variantes y opciones improbables en el macrismo, sea la gobernadora provincial bonaerense o el jefe gubernamental de la ciudad capital del país.
En el campo opositor con probabilidades de acceder al gobierno, son variadas las pre postulaciones sin quedar en claro el mapa de la confrontación electoral, especialmente en el balotaje, lo que se descuenta ante la imposibilidad de lograr alguna mayoría electoral en la primera vuelta de octubre 2019.
La incertidumbre al respecto impacta en una mayor presión del poder económico, los “inversores”, para que no se modifique el rumbo económico de ofensiva del capital contra el trabajo.
Más allá de la disputa por el Gobierno nacional, será 2019 un año de renovaciones en los ejecutivos provinciales, lo que supone una sucesión de elecciones primarias y finales entre febrero y octubre próximos; pero también de renovaciones legislativas en municipios, provincias y en la nación, con un debate político electoral extendido durante todo el año.
Claro que ese debate transitará en simultáneo con una conflictividad social creciente derivada de la reaccionaria política oficial.
Las discusiones políticas trascenderán el escenario electoral y se pondrán de manifiesto en la movilización y organización popular más allá del resultado institucional provincial y nacional.
El verano empezó con movilizaciones populares contra el incremento de las tarifas de servicios públicos, de agua, luz, gas o transporte.
Movilizaciones que recorren todo el territorito interpelando al conjunto de la sociedad y  conformando un entramado social y político que contiene a diferentes proyectos políticos electorales, los que no necesariamente confluirán en propuestas unificadas en el proceso electoral.
La imposibilidad de pagar cuentas por parte de las familias o sectores sociales populares organizados en clubes sociales, organizaciones barriales e incluso pequeñas y medianas empresas, convoca a organizar el reclamo por la condonación de las deudas con empresas prestadoras de servicios públicos o entidades financieras que aplican intereses imposibles de cubrir por las menguadas economías familiares y populares.
Desde el movimiento sindical se procesan las condiciones para un paro general antes de finalizar el verano, confluyendo con la tradicional discusión sobre el conflicto educativo a comienzos del año escolar. Los docentes universitarios, con inicio de clases previsto para febrero en algunas casas de estudios, amenazan con paros si no se recupera la escandalosa cifra perdida en 2018, agravada con la perspectiva del 2019.
Es una situación que se comparte con estatales de diversas actividades que sufren la aplicación del ajuste fiscal.
Los programas en lucha
El debate político ya está planteado más allá de las elecciones de renovación de cargos institucionales.
Se asocia la discusión a los niveles de organización popular necesarios para constituir un proyecto político que supere los límites que instala el programa del poder.
Un programa que se sustenta desde el gobierno y la complicidad opositora en el Parlamento y que para el 2019 tendrá epicentro en la reforma laboral y previsional, contenidas en el acuerdo con el FMI y como demanda estratégica del poder económico local y mundial.
La respuesta desde el movimiento obrero, para el caso argentino es sustancial, pues se trata de uno de los países de mayor sindicalización en la región y con una larga tradición de lucha, especialmente con capacidad de convocar y realizar paros nacionales.
Sujetos movilizados en lucha, construyendo un programa propio más allá del resultado electoral, aparece como desafío popular para construir propuesta política alternativa que supere los límites de una coyuntura que aparece definida por la continuidad de las políticas de ajuste contempladas en el acuerdo con el FMI.
Buenos Aires, 28 de enero de 2019

LA IZQUIERDA TIENE PRESENTE Y FUTURO


Respuesta a Jorge Sigal por su nota en LN del 23/01/19: “El duelo pendiente de una izquierda melancólica y con amnesia”
“LA IZQUIERDA TIENE PRESENTE Y FUTURO”
Por: Julio C. Gambina
Al leer la nota de referencia me sentí interpelado en mi carácter de Presidente de una entidad de pensamiento, que se asume marxista, la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.
Sigal escribe sobre un supuesto duelo respecto de una riquísima tradición y experiencia que pretende sea asumido por el conjunto de la izquierda. Aclaro que este año que pasó, desde la FISYP realizamos un Seminario sobre “Marx y la Política. El legado de Carlos Marx a 200 años de su nacimiento: la fragmentación del movimiento obrero”, con la participación de intelectuales y dirigentes sociales sindicales y territoriales, de Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Haití, México, Paraguay, y de varias ciudades argentinas. Las ponencias pueden leerse en nuestro sitio en internet, en: https://fisyp.org.ar/media/uploads/regular_files/periferias-26.completo10.12.2018.bis.pdf
En esa oportunidad dimos cuenta sobre la tradición y el presente de la revolución, el anticapitalismo y el proyecto irresuelto del socialismo. Claro que un año antes habíamos convocado a un debate sobre los 100 años de la revolución de Octubre, lo que supone sustentar el objetivo vigente de transformar la realidad e intentar construir una sociedad opuesta a la que violentamente construye el capitalismo en forma cotidiana. No se trata de repetir situaciones de antaño y de modo irreflexivo, sino de considerar bajo las nuevas condiciones del desarrollo social, la necesidad de criticar y superar al capitalismo, claro que ello incluye la crítica, no la destrucción, a la teoría y práctica de la Revolución.
Violencia en el capitalismo
Hay que reflexionar sobre la actualidad, por caso el Foro de Davos que en estas horas está discutiendo bajo las consignas del Clima y la Desigualdad. Son dos aspectos derivados del modelo productivo y de desarrollo capitalista en el orden mundial. No es el clima el problema, sino el impacto en la Naturaleza de la deforestación y las formas productivas que exacerban y privilegian las ganancias por encima de cualquier consideración relativa al respeto a la naturaleza o a la huella ecológica. Podemos creer o no en la sensibilidad de los protagonistas del Foro Económico Mundial, pero ahí se presenta el Informe OXFAM que equipara la riqueza de 26 multimillonarios a las de la mitad de la población mundial. Ambas cuestiones en debate, el calentamiento global y la acumulación de gases de invernaderos, junto a la creciente concentración de riqueza y desigualdad constituyen los elementos más evidentes de la violencia sistémica.
Nada de esto aparece en la nota de Sigal, solo la crítica a la violencia de la izquierda en todo su trayecto desde 1917, pasando por experiencias que aun requieren análisis sobre su legado e incluso presente, casos de la Unidad Popular de Salvador Allende o la gesta del pueblo de Vietnam.
Pero también la OIT difunde su Informe sobre el futuro del trabajo, a propósito del centenario del organismo (1919-2019). Destaca la OIT la realidad de 190 millones de desempleados, o los 534 millones de empleo necesario hacia el 2030 para terminar con el flagelo del desempleo; o los 2.000 millones de trabajadores con sustento en la economía informal. Menciono el tema porque si algo preocupa en la Argentina, la región y en el mundo son las presiones para una reforma reaccionaria de las relaciones laborales y el régimen previsional. Los datos presentados por la OIT aluden a la violencia del sistema, cuando en la nota de Sigal, la preocupación transita por el fracaso de la izquierda, enfatizando su carácter violento y antidemocrático.
Puede pensarse por omisión que se escamotea a la dictadura del capital y sus horrendos crímenes cotidianos en México o Brasil, en Haití, Honduras, Guatemala o Colombia, por solo mencionar los casos más emblemáticos en la región. En el cierre nos convoca “…a matar al muerto. Para salir de la melancolía e imaginar un mundo en que la vida y la libertad sean valores no negociables”. El “muerto” es la experiencia de la izquierda sin importar “diferenciar entre quienes estaban o no alineados con Moscú”. Se carga Sigal a toda la izquierda y sus experiencias, sin considerar esa práctica de búsqueda que sobrevive muy a pesar de quienes entierran a Marx, a Lenin, a Rosa Luxemburgo, al Che o a Fidel Castro, personalidades que animaron y animan el debate teórico y político en la perspectiva de un mundo sin explotación, aun hoy, ya entrado el Siglo XXI.
Nuevas formas de la violencia y la intromisión del poder
Su acusación contra las experiencias de cambio político en los últimos años, a las que alude como populismos y con apoyo de la izquierda, no tiene en cuenta el accionar deliberado de los sectores hegemónicos y dominantes que batallan con noticias falsas y nuevas formas del golpe de Estado, vía intervención venal de la Justicia o Parlamentos corrompidos por los negociados propios del orden capitalista. No pretendemos ser acríticos de las experiencias revolucionarias, de las centenarias, o de las más recientes, incluso de las denominadas populistas, pero todas en conjunto constituyen un acervo que merecen ser estudiadas a fondo.
Dice Sigal que existe mimetización con populismos más cercanos al fascismo que al socialismo. Categoría difusa si la hay es la de populismo, que puede remitir a propuestas a la derecha o la izquierda del arco político. ¿Es el intento de construir una integración productiva solidaria en materia de alimentos o energía una propuesta fascista o socialista? ¿Promover una nueva arquitectura financiera para el Sur suponía demagogia, fascismo o intento de avanzar en potenciales caminos anticapitalistas?
¿Acaso remite al papel de las Fuerzas Armadas en apoyo de algunos de estos procesos? Si así fuera, hace falta mayor explicitación y precisión en la crítica, de lo contrario, parecen argumentos amigables con la crítica reiterada de la derecha tradicional y en defensa del orden capitalista.
Puede no resultar sencillo contestar los interrogantes, pero solo son preocupaciones construidas en estos años en novedosos intentos por recrear contemporáneamente las propuestas de izquierdas y por la revolución socialista que animan debates que Sigal omite.
De ofensivas y contraofensivas
Sigal comienza su relato con la muerte de Salvador Allende y la asocia a Fidel y al AK regalado por éste al presidente de Chile, asociando por añadidura a la URSS. No hay mención en la nota a Pinochet, al papel de EEUU en el apoyo y promoción del terrorismo de Estado en Chile y luego en toda Sud América, el plan Cóndor, verdadera transnacional del crimen. Ese momento, hacia septiembre de 1973 combina una gigantesca caída de la tasa de ganancia del capital mundial y la máxima acumulación de poder popular y anticapitalista, con el triunfo y despliegue de la revolución cubana y muy especialmente con la victoria de Vietnam sobre la intervención militar estadounidense.
La ofensiva capitalista define, vía neoliberalismo (Friedman y la escuela de Chicago) la eliminación de toda experiencia reformista o revolucionaria que atente contra el régimen del capital y por eso se redobla la agresión hacia los pueblos e incluso las estrategias revolucionarias o reformistas, comunistas o socialdemócratas. Desde entonces se confronta con cualquier estrategia reformista o de “progreso” como alude el autor. La flexibilidad laboral, las privatizaciones y la apertura para el libre movimiento de capitales se construyen por la violenta política de las clases dominantes, aquí, allá y por doquier. Esa ofensiva neoliberal está ahora en crisis, con Trump, el Brexit o Bolsonaro y sus propuestas nacionalistas, y hasta resulta paradójica la defensa de la globalización efectuada desde China.
Por eso, ahora los pueblos tienen el desafío de retomar la tradición de confrontación anticapitalista, la de ayer y la del presente, para asumir las tareas actuales, por la igualdad, contra el colonialismo, el capitalismo, el imperialismo, contra el patriarcado y toda forma de discriminación y racismo. Si hay que condenar acciones que deshonran a la izquierda o incluso, quieran o no, consolidan el proyecto de los que dominan, eso debe circunstanciarse, pero no tirar toda la experiencia histórica del proceso de confrontación contra el orden capitalista.
Finalmente, vale señalar que si bien el texto de Sigal se centra en los procesos del siglo XX y XXI, en realidad obtura la misma idea del progreso social y la aspiración a una sociedad justa e igualitaria.
Buenos Aires, 24 de enero de 2019

Los rumbos de la política en Nuestramérica


México y Brasil tienen nuevos gobiernos y animan el debate del rumbo de la región, con Cuba cumpliendo 60 años de revolución contra el orden capitalista. ¿Cambios reformistas, reaccionarios o revolucionarios para la región?
Venezuela y Nicaragua están en el centro de la ofensiva de la OEA, es decir, de EEUU y los gobiernos afines del continente, los que predican el libre comercio, aun contra la diatriba discursiva proteccionista desde Washington.
Bolivia encara un tiempo electoral en donde se discute el proceso de cambio inaugurado en 2006.
Gobiernos de derecha y  “pro mercado” se afianzan en varios de los países en la región, incluso algunos de los que protagonizaron la oleada reformista.
Nuestramérica está convulsionada y en debate, no solo por sus procesos nacionales y/o regionales, que involucra el proceso de integración o de desintegración, sino por lo acontece en el mundo, especialmente con Donald Trump en el gobierno de EEUU y su política “nacionalista” con tasas de interés en alza.
Una política exterior estadounidense que en lógica imperial se extiende sobre todo el continente y por ende recela de la presencia de China, de creciente peso comercial, económico, y financiero en la región.
El marco de los debates sobre el rumbo ocurren en momentos de crecimiento pobre de la economía mundial, con desaceleración de la evolución económica regional, afectando derechos económicos sociales ganados con luchas históricas de los pueblos.
Lo que está en juego es la cotidianeidad y la satisfacción de las amplias necesidades de la sociedad y por eso nos interesa discutir hacia dónde vamos en la construcción del orden económico y social.
Tal como señalábamos al comienzo nos interrogamos si es este un tiempo de reformas como supone el nuevo gobierno mexicano; de contra reformas sugeridas con la asunción del gobierno brasileño; o de confirmación de perspectivas que emanan de los 60 años de revolución en Cuba.
¿Hacia dónde va Nuestramérica?
El cambio de siglo, del XX al XXI, estimuló el debate y nuevos procesos emergieron discutiendo la tradición conservadora por décadas, especialmente el consenso neoliberal desde los 80 del siglo pasado.
La novedad era el horizonte socialista que amplió la solitaria experiencia anticapitalista y por el socialismo expresada por Cuba desde 1959/61.
En el lenguaje político apareció el horizonte del socialismo del siglo XXI en Venezuela, o el socialismo comunitario en Bolivia; junto a caracterizaciones constitucionales por el Vivir Bien o el Buen Vivir, en Bolivia y Ecuador respectivamente.
También emergieron propuestas de distribución del ingreso compatibles con procesos de integración novedosa, que incluyeron propuestas inconclusas de una Nueva Arquitectura Financiera, e incluso mecanismos de cooperación para renovados proyectos productivos y de desarrollo en ámbitos que esperan mejor oportunidad para su concreción, especialmente en materia alimentaria o energética.
Nuestramérica apareció como una identidad que recuperaba una perspectiva emancipadora por más de doscientos años y con capacidad para interactuar con la tradición ancestral de los pueblos originarios.
Por eso destacamos la experiencia  que incluyó la emergencia de nuevos sujetos que visibilizaron la complejidad de la lucha social, política y cultural de nuestro tiempo.
Destaca en ese sentido  el movimiento originario, indígena y campesino, de larga trayectoria en la confrontación civilizatoria, especialmente en los países andinos, ampliando la territorialidad de la lucha indígena y constituyéndose en fenómeno visible de carácter continental y global desde el proceso de cambio político boliviano desde 2006.
En ese orden surge a la consideración social la lucha de las mujeres y el movimiento feminista en sus diversas corrientes y acepciones, con reivindicaciones por la igualdad de género y en contra de toda discriminación sexual. El movimiento adquirió una dimensión cultural que atravesó a toda la sociedad gestando un salto en la socialización de una reivindicación que aparecía de minoría y particular para transformarse en social y general.
Del mismo modo adquiere relevancia la lucha ambiental y en defensa de los bienes comunes, contra el modelo productivo y de desarrollo que afecta y depreda a la Naturaleza y la condición de la vida sobre el planeta, e involucra las consideraciones sobre el hábitat, la urbanización y la colonización y subordinación al capitalismo y al consumismo de la vida cotidiana, en el campo y la ciudad.
La complejidad de la lucha social, política, económica y cultural diversificó la tradición de la confrontación de clases, de la contradicción entre el capital y el trabajo, para adquirir desde allí otras y articuladas dimensiones que desafiaron el orden vigente, componiendo una nueva singularidad al conflicto social y la lucha de clases.
Mirando el panorama actual, la revolución continúa siendo un sueño eterno, parafraseando a Andrés Rivera, el escritor que recuperaba las expectativas a comienzos del Siglo XIX, en Haití o Sudamérica,  y que nosotros proyectamos en los procesos vividos en 1959 en Cuba, en 1979 en Nicaragua, y con matices y especificidades en tiempos recientes en todo el continente.
Un sueño que se funde con diversas expectativas por reformas sociales, las que alimentan un debate de época sobre reforma y revolución, e incluso de contra reforma, y nos convoca a resolver el interrogante sobre el presente y el futuro del rumbo en la región latinoamericana y caribeña.
¿Es posible la lucha por la igualdad bajo el capitalismo?
Más allá de la revolución o las revoluciones, el Siglo XXI generó expectativas de distribución del ingreso y satisfacción de necesidades de los sectores más vulnerables.
Desde la CEPAL se fundamentaron indicadores socioeconómicos que daban cuenta de una mejora en la distribución del ingreso, pero no necesariamente de la riqueza. La ilusión de la reforma del capitalismo ganó espacio en la política y anima nuevas y renovadas ilusiones para repetir la experiencia, más allá del accionar reaccionario de los sectores hegemónicos y dominantes.
La política social masiva apareció en escena y morigeró los efectos más nocivos de la concentración de ingresos y riqueza. Se trató de una política social masiva que trascendió procesos nacionales del “giro a la izquierda” y que se generalizaron más allá de la orientación de derecha o de izquierda de los gobiernos.
Es más, en plena ofensiva actual de las derechas, la masividad de la política social no mengua, sino que se amplía en la perspectiva de contener el conflicto social.
Bajo esas condiciones de articulación de una perspectiva de reforma y revolución, los tiempos de revancha y contra reforma no se hicieron esperar y la hegemonía política conservadora y tradicional disputó el consenso de la sociedad.
Lo hizo con golpes blandos, apoyados por Parlamentos o sistemas judiciales, o electoralmente por la vía de la manipulación mediática.
Para esto se empleó a los tradicionales medios de comunicación, monopólicos, privados o públicos, junto a nuevas redes sociales emergentes, permeadas por una religiosidad e ideología individualista del “sálvese quien pueda”, funcional a la lógica de la dominación capitalista, con eje en la seguridad personal.
El orden capitalista busca así la normalidad de su funcionamiento, es decir, de la ganancia y la acumulación, alejando la realidad de cualquier perspectiva revolucionaria o reformista.
Ya no acude a la tradición del golpe cívico militar; sino a novedosos mecanismos asentados en la manipulación del consenso social, incluso falseando la realidad.
Lo que pretendemos discutir es el orden democrático y económico en curso y en su conjunto, lo que supone analizar el horizonte de confrontación por la igualdad, junto a la libertad de elegir y gobernar.
No alcanza con la lucha por la igualdad, la distribución del ingreso y la riqueza, si al mismo tiempo no se cuestiona el orden político y cultural bajo sus formas democráticas realmente existentes, lo que implica superar el carácter electivo de la democracia para abordar mecanismos de protagonismo de la comunidad en la toma de decisiones.
En Nuestramérica hubo un tiempo en donde las contradicciones aparecían entre dictaduras o democracias constitucionales, pero que ahora, tras la fachada de gobiernos constitucionales que estabilizan el orden capitalista, se requiere discutir una estrategia integral de la economía y la política, de la igualdad y la libertad para resolver las demandas de una mayoría empobrecida y explotada.
Derechos económicos y políticos para un futuro de liberación
Se necesita un horizonte de discusión sobre los contenidos de la emancipación, al mismo tiempo que se debaten las formas de la participación política de la sociedad.
La soberanía alimentaria, energética o financiera demanda la soberanía en las formas decisorias sobre la cotidianeidad. La comunidad necesita expresar los rumbos de los contenidos y formas para resolver necesidades insatisfechas.
No es solo economía o política, sino economía y política; modelo productivo y de desarrollo, de formas de convivencia de la sociedad en nuestro tiempo, en una búsqueda de superación del debate coyuntural. Por eso no alcanza con la discusión contenida en procesos electorales limitados al campo de lo posible que recreen momentos anteriores de la construcción social.
En rigor, los cambios provienen de nuevas prácticas desplegadas en el movimiento de la sociedad, que pueden modificar la conciencia colectiva y así, desde la hegemonía cultural intentar institucionalizar nuevas modalidades en la producción, la distribución, el cambio y el consumo, bajo modalidades de protagonismo y participación ampliada en la toma de decisiones sobre el orden político, económico, social y cultural.
Pretendemos señalar que no habrá distribución del ingreso y menos de la riqueza, o nuevo orden económico, si no se modifica en simultáneo la política, o sea, el ejercicio de la soberanía del pueblo.
Buenos Aires, 2 de enero de 2019

Cae la actividad económica en la Argentina


El Indec acaba de informar la evolución de la actividad económica del tercer trimestre del 2018 (julio, agosto y septiembre), con una reducción del -3,5%, lo que supone un achique de la torta a repartir, y obvio, los sectores más concentrados nada resignan y por ende, a la mayoría empobrecida le toca menos.
La consecuencia directa es la suba del desempleo. Si en septiembre del 2017 el desempleo abierto alcanzaba al 8,3%, ahora es del 9% y la subocupación pasa de 10,8% al 11,8%, agravado con la presión sobre el mercado de trabajo de quienes buscan mejorar sus ingresos y condiciones laborales, que pasó del 29% al 32% en un año.
No cabe duda que la peor parte de la dura situación económica recae sobre los sectores de menores ingresos, los más vulnerables a las condiciones de funcionamiento económico bajo la policía hegemónica del capitalismo en la Argentina.
Según la Universidad Católica Argentina, la pobreza creció en más de 2 millones de personas, con un indicador del 33,6%, evidenciando el deterioro de las condiciones de vida de millones de personas.
Los indicadores económicos
Bajo estas condiciones no sorprende la baja de la producción y los servicios, con reducciones en el agro, la ganadería y la pesca de -5,2%; con la industria manufacturera con -6,6% y el Comercio mayorista y minorista cayendo en un -8,9%.
En sentido contrario, los servicios financieros crecieron 5,1% y la actividad inmobiliaria un 1,1%.
Así, el contraste es importante y todo aquello que está asociado a la producción se contrae, mientras crecen los rubros vinculados a la actividad especulativa.
En ese marco no sorprende la caída del .4,5% del consumo privado, explicada por la merma de ingresos de la mayoría empobrecida, o la baja del consumo público del orden del -5%, motivado en un ajuste continuado que se proyecta hacia el 2019 con el Presupuesto aprobado recientemente.
Más fuerte que la caída del consumo es la reducción de la inversión, un tema presente en el discurso oficial que sigue esperando el ingreso de capitales externos.
La inversión cae en el periodo con un -11,2% mostrando los límites actuales del capitalismo local, que sin inversiones dificulta el proceso de valorización de capitales.
De ese modo, la inversión en máquinas y equipos cae en un -13,3% y en equipos de transporte un -36%.
Importa destacar que ni el sector privado local ni el Estado disponen de recursos para resolver la disposición financiera para poner en dinámica inversiones locales y por eso se acude a la externa, que no llega, porque privilegia otros destinos, más aún cuando sube la tasa de interés en EEUU.
Con una suba incesante del riesgo país local, a unos 821 puntos por encima de la tasa de EEUU, los capitales buscan reguardo fuera de la Argentina.
Es discutible que el país no tenga recursos financieros, con 66.000 millones de dólares en las reservas internacionales, claro que gracias al swap suscripto con China y al último desembolso del FMI. Entre ambas operaciones se acumularon 15.000 millones de dólares en las reservas que administra el BCRA.
Claro que si se dispusieran de esos fondos para un proyecto productivo y de desarrollo que no se subordine a la lógica de la acumulación de los capitales hegemónicos, es poco probable que el FMI sostuviera su línea de apoyo financiero, pero vale mencionarlo para discutir la imposibilidad de recursos propios para un plan económico alternativo.
Oferta y demanda achicada
La ecuación macroeconómica supone pensar la igualdad entre la oferta y la demanda global. La oferta se constituye por el PBI, que como dijimos cayó un -3,5% más las importaciones, que producto de la recesión se redujeron en un -10,2%. Con estos datos, la oferta global cae -5,1%.
Del lado de la demanda global tenemos una baja del -5,1% (equivalente a la oferta) compuesto por una baja del consumo del -5%, del -11,2% de las inversiones y una reducción del -5,9% de las exportaciones.
Como la oferta es igual a demanda, lo que tenemos es una caída en todas las variables, afectando a la mayoría de la sociedad que ve reducirse la torta a repartir.
A una menor torta, los sectores enriquecidos disputan no ceder su pauta de ingreso regular y por ende empujan un ajuste en toda la línea a los sectores populares, lo que supone más pobreza, desempleo y baja de ingresos, por salario, jubilaciones o planes sociales.
La Argentina funciona con endeudamiento público deliberado, lo que sostiene al gobierno Macri.
Como el problema es que pasa al día siguiente…, es decir, en el 2020, el poder mundial que sostiene al macrismo con préstamos, abre el paraguas con el indicador del Riesgo País para presionar al ajuste y a la quita de derechos sociales, laborales y de la seguridad social, y así cobrar sus acreencias en el futuro.
Se propone así, inducir la llegada de inversiones externas para la recuperación de la economía con salarios rebajados y menores costos en la contratación de la fuerza de trabajo.
El momento de la ampliación del ajuste coincide con un tiempo electoral en el 2019 y por eso, ante la falta del estímulo económico para disputar el voto, se acude al accionar ideológico propagandístico con apoyo mediático y del entramado del poder del Estado en el ámbito municipal, provincial y claramente con complicidad parlamentaria y judicial.
¿Puede continuar el macrismo en 2019?
Solo si lo facilita una dinámica social dispersa y fragmentada en la crítica y la resistencia a las medidas oficiales, muchas veces acompañadas de la oposición que solo busca disputar la gestión del capitalismo local.
Una respuesta diferente requiere de una densidad social movilizada y organizada con importante conciencia de transitar un rumbo alternativo, incluso más allá del orden capitalista. Insistimos en ello porque es la gran tarea del momento.
Sin ganar en conciencia social de otro rumbo será muy difícil revertir los reaccionarios cambios que se consolidan en el orden vigente desde diciembre del 2015 y que pretenden consolidarse en 2019, mucho más si la oposición sistémica solo busca sustituir al gobierno para gestionar el rumbo anti popular.
No se puede especular con un resultado electoral anti macrista que no se sustente en dinámica social en conflicto, al que debe sumarse la conciencia de un programa de transformación social con eje en la satisfacción de las amplias necesidades sociales.
Buenos aires, 23 de diciembre de 2018

Bloques regionales en discusión


La discusión se instaló entre globalización y proteccionismo, lo que asumió estado público con el Brexit, el trumpismo y el nuevo papel de China en el sistema mundial.
En las dos potencias históricas de la hegemonía capitalista, GB y EEUU, apareció el límite de la panacea aperturista por la que bregó el discurso hegemónico a la salida de la crisis capitalista de los años 70 y China, asume la bandera de la apertura para consolidar la ampliación de su eso en la economía mundial.
Aquel relato liberalizador de la escuela de Chicago en EEUU, pregonaba los beneficios de la libertad del movimiento internacional de capitales, más aun con la consagración del Nobel de Economía otorgado por la academia sueca a Milton Friedman en 1976, el mentor de Freedom to choose (libres de elegir).
Con estos lauros, el ensayo neoliberal se inició en el Sur de América, terrorismo de Estado mediante, para consolidarse con la restauración conservadora de Thatcher y Reagan en el cambio de los 70 a los 80 del Siglo XX. Son los años del cambio en China, desde 1978 bajo la dirección de Deng Xiaoping.
Son los mismos territorios, GB y EEUU, casi cuatro décadas después, que desandan el camino del mensaje por la liberalización y disputan consenso bajo lenguaje proteccionista y nacionalista. El auge neoliberal se construyó entre mediados de los 70 y la emergencia de estos fenómenos en GB y EEUU desde 2016.
La guerra comercial entre EEUU y China es expresión de estos debates y disputas de la hegemonía del sistema mundial.
El desorden en Europa
Todo el andamiaje de la regionalización y globalización se desmorona y se hace visible al interior de la más antigua experiencia: la Unión Europea, un club del que no se puede salir, tal como quedó manifestado hace poco en Grecia, con ajuste más allá de la voluntad popular plebiscitada.
Hay que ver cómo le cuesta salir a Gran Bretaña de la UE, y aun cuando quisiera desarmar el Brexit, saben que volverían derrotados y a una mayor subordinación respecto de la burocracia gobernante en Bruselas.
Estalla la Unión Europea y se visibiliza en variadas fenómenos de luchas populares y de emergencia de viejas ideologías políticas, las que reivindican al fascismo y son funcionales a la derecha clásica. Pretenden restaurar la normalidad del capitalismo amenazado por demandas sociales que las clases dominates no están dispuestas a satisfacer.
Los chalecos amarillos y su masiva movilización en Francia discuten la austeridad y la política favorable a las ganancias y la acumulación, auspiciada por un gobernante que se autodefinió en campaña electoral “ni de izquierda ni de derecha”.
El pueblo en las calles discute el orden y desestabiliza la lógica del discurso hegemónico por décadas. No queda claro quien hegemonizará esas luchas, pero a izquierda y derecha se busca en el marco de la masiva movilización la disputa de la conciencia social.
Derecha e izquierda se re-significan en el debate por el presente y el rumbo del futuro. La división entre izquierdas y derechas no nos remiten a la historia de la revolución burguesa y a la vieja Francia, sino que reaparece bajo nuevas condiciones en distintos momentos de la lucha de clases.
Se trata de Grecia, de Gran Bretaña, de Francia, pero también de Italia, de España o de la propia Alemania, la que manda e impone condiciones en la Unión Europea y marca el rumbo del euro y la política monetaria.
La Unión Europea está desafiada por brotes nacionalistas y crisis diversas que ponen en discusión verdades hasta hace poco irrefutables sobre la integración y la regionalización. Por más que intenten disimular y se establezcan condiciones sociales, la integración capitalista bajo la UE hace agua.
¿Cómo andamos por América?
No es distinto con los tratados de Libre Comercio suscriptos en los últimos años. Empecemos por el Nafta, el Merconorte entre EEUU, Canadá y México, que acaba de alumbrar un nuevo marco institucional en ocasión de la reunión del G20 en Buenos Aires.
La nueva institucionalidad responde a las necesidades de la política exterior de EEUU con un Trump que demanda América First.
Además, como si fuera poco, el nuevo acuerdo se suscribió en el último día del gobierno del PRI en México, condicionando a la nueva gestión de Andrés Manuel López Obrador, asumido al día siguiente bajo un tratado de la dependencia y la subordinación. Eso responde a una lógica de defensa de las inversiones del proteccionista que habita la Casa Blanca en Washington.
El proyecto del ALCA fue derrotado en 2005, tanto en la Cumbre de Presidentes, como en las calles por el movimiento popular y la Cumbre de los Pueblos, habilitando un nuevo tiempo de integración alternativa, no subordinada, cuyos mayores ensayos fueron el ALBA-TCP, la CELAC y un conjunto de iniciativas que suponían, entre otras cuestiones, una nueva arquitectura financiera con el Banco del Sur como insignia, que nunca logró su materialización.
Los proyectos comunicacionales, de salud y educación, de investigación compartida y especialmente en el área de la producción y el desarrollo entusiasmó a diversos movimientos sociales, culturales, políticos; a una intelectualidad y a la comunidad profesional que se preparaba para un nuevo tiempo en materia de cooperación y rebase de las fronteras nacionales en favor de resolver añejas necesidades populares.
El proyecto de liberalización encarnado en el ALCA, los TBI (Tratados Bilaterales de Inversión), o los TLC (Tratados de Libre Comercio) no podía permitir el avance de la esperanza transformadora bajo el discurso de la integración alternativa.
Con la experiencia acumulada por bloquear cualquier intento de transformación social, ejercido por décadas contra los intentos socialistas, que en la región se evidencia con el bloqueo a Cuba, el imperialismo ejerció el boicot de todos y cada uno de los procesos de cambio en la región.
Es cierto que la tarea la facilitaron las debilidades, errores y horrores de los procesos de cambio, sin perjuicio de la falta de articulación, coordinación y objetivos comunes para superar nacionalismos estériles que atrasaban las mejores iniciativas de la integración alternativa, especialmente en materia de producción y desarrollo.
Vale pensar al Mercosur, surgido en el auge neoliberal, reformado bajo la experiencia del cambio político a comienzos del Siglo XXI, incluso incorporando a Venezuela luego del rechazo al ALCA. Con los nuevos tiempos de la contraofensiva de derecha el gobierno de Caracas fue desactivado de la pertenencia al Mercosur, intervención de la OEA mediante.
Pero más allá de idas y venidas, el nuevo gobernante de Brasil, Jair Bolsonaro anticipa que la región no será su privilegio en la política exterior.
Aun coincidiendo en cuestiones de fondo con el gobernante en Argentina, Bolsonaro no participó del convite al G20 y Macri le retribuye con ausencia en la asunción presidencial de aquel.
Claro que igual se encontrarán a mediados de enero porque “negocios son negocios” y ninguno puede obviar el carácter estratégico del comercio bilateral, favorable a Brasil, por supuesto.
El Merconorte y el Mercosur están en terapia, en proceso de adecuación a los nuevos tiempos y aún queda abierta la agenda de inserción en la lógica globalizadora o proteccionista que define la guerra comercial entre EEUU y China e impacta en Nuestramérica.
Partir de la acumulación para retomar el rumbo por otra integración
Desde La Habana llegan informaciones de la Cumbre del ALBA-TCP que intentan, aun en la ofensiva de la derecha, defender lo logrado bajo el espíritu de la integración no subordinada.
Se reconoce el papel de la intromisión imperialista en los procesos nacionales de cambio, ya no bajo las viejas formas del golpe militar, sino vía el accionar judicial, el lawfare, o parlamentario, a lo que debe adicionarse el mecanismo del accionar de las redes y medios con noticias falsas que promueven un sentido común contrario a toda estrategia de trasformación social.
Insistamos que mucho del accionar de las derechas se sustenta en límites de los procesos de cambio, tengan los matices que tengan entre sí, pero al jugar la política alternativa con las reglas “democráticas” que impone la dominación, es ésta la que condiciona y termina ganando, imposibilitando cualquier horizonte de sentido común favorable al cambio.
Las cartas están jugadas. De un lado se procesa la discusión en torno a la globalización o regionalización que impondrán desde la disputa hegemónica y que nos permite los siguientes interrogantes.
¿Será desde China y su apuesta por la apertura y la globalización? ¿Será desde EEUU o GB y sus lógicas de renovada protección de sus negocios fronteras adentro? ¿Podrán sostener a la UE desde el poder burocrático en Bruselas o del Banco Europeo? ¿Se consolida la estrategia de nuevos TBI o TLC?
Pero del otro lado está la experiencia acumulada en institucionalidad y conciencia social en camino de una integración no subordinada.
Acaba de surgir una articulación regional de movimientos populares en red que pregonan “Latinoamérica mejor sin TLC”, inspirando una campaña continental con pretensión de articular voluntades globales para un rumbo no capitalista en el ámbito mundial.
¿Puede ese movimiento confluir con las renovadas expectativas generadas en Cuba con el ALBA-TCP?
No se trata de cuestiones de organización de movimientos y lógicas de gobierno, sino de instalar en la conciencia social un sentido común crítico a lo que supone el libre comercio, incluso en su perspectiva contradictoria entre globalización y proteccionismo.
Se trata de alumbrar nuevos rumbos que antepongan alternativas al modelo productivo y de desarrollo capitalista, con la economía familiar y comunitaria; la soberanía alimentaria y energética; el feminismo económico y el cuidado del medio ambiente desde el eco-socialismo.
Es la búsqueda de horizontes de liberación que anidan acumulados en la experiencia popular por años y que se requiere puedan articular en la resolución de una crisis que es civilizatoria.
Buenos Aires, 15 de diciembre de 2018