Una devaluación para aumentar la rentabilidad

Toda devaluación favorece a los grandes productores y exportadores, al mismo tiempo que afecta a los perceptores de ingresos fijos.
Desde esa lógica se alude a las devaluaciones como favorables para la competitividad de la producción local, ya que mejora de los precios de los bienes y servicios exportables, ganando así en competitividad.
Eso ocurriría si existiera una producción diversificada y en competencia con producciones de otros países. Como eso no ocurre para los principales productos de exportación de la Argentina, la realidad es que la devaluación se manifiesta como un mecanismo de capturar ganancias del complejo exportador, principalmente del agro-negocio.
Las exportaciones agropecuarias de la Argentina no se manejan competitivamente con las de otros países, sean por la abundante demanda externa, como por las condiciones internas de producción. El precio internacional no se define en el país, sino que resulta de las imposiciones del mercado mundial. Por eso es que se habla de commodities (maíz, trigo o soja).
Queremos enfatizar que la devaluación no se produjo para generar competitividad productiva, reactivar la producción y mejorar las condiciones macroeconómicas del país. La devaluación se materializó para incrementar la facturación del sector hegemónico del agro-negocio, o sea, las transnacionales de la alimentación y la biotecnología, los principales beneficiados por la política económica del gobierno Macri. Así, estos sectores, lograron una inmediata recomposición de la tasa de ganancia.
Por eso, la respuesta inmediata del sector agroexportador, principalmente sojero, fue la aceleración de la liquidación de cosechas almacenadas en silo-bolsas (el compromiso con el gobierno es por 400 millones de dólares diarios).
La facturación empresaria creció por la devaluación y la baja de las retenciones.
El impacto se expresa en una recomposición de reservas internacionales, que habían llegado a un piso de poco más de 24.000 millones de dólares y ahora empiezan a recuperarse.
La intencionalidad del gobierno Macri es recomponer reservas monetarias  internacionales y para eso necesita que se continúe con la liquidación de los exportadores e ingresen nuevas y más divisas por préstamos externos e inversiones extranjeras.
Claro que los préstamos llegaran si se supera la traba de la demanda de pago por la sentencia judicial en EEUU sostenida desde los hold-outs o fondos buitres; lo que supone un mayor endeudamiento externo y suba de los compromisos futuros de pago, por lo menos, de intereses.
Palos y zanahorias
Y las inversiones se concretarán si se logra frenar las expectativas de actualizaciones salariales en paritarias. Un objetivo central del gobierno Macri es frenar o controlar el conflicto laboral y social.
Esta es la razón de la acción represiva ejercida en víspera navideña contra los trabajadores de Cresta Roja y la voluntad de instalar un protocolo de acción contra el conflicto social.
Con el caso Cresta Roja se marca el camino de la represión y el diálogo, de la coerción y búsqueda de consenso, con balas de goma y camiones hidrantes para desalojar la ruta y luego bolsones de mercadería y colaboración en dinero, incluso incrementando esos aportes monetarios  para descomprimir la demanda de los trabajadores en lucha. Sobre la cuestión de fondo, esperan que se resuelva entre privados, que en la lógica oficial es dejar que el mercado decida y el Estado solo ser facilitador de negociaciones entre empresarios, los que buscan, principalmente, obtener ganancias.
La devaluación es el primer acto en la recomposición de la ganancia empresaria. El segundo acto es la lucha por ingresos populares compensatorios, y por eso las movilizaciones por bonos resarcitorios de fin de año.
Son bonos ya logrados en ciertos ámbitos del sector estatal y privado, con una diversidad de montos que fomenta una mayor dispersión de ingresos y dificulta acciones coordinadas para el logro exitoso de la demanda.
Valga como ejemplo el anuncio de una compensación mínima de 400 pesos para beneficiarios de planes sociales y jubilaciones mínimas, orientados a más de 7 millones de perceptores, para desarticular la que parecía una gran movilización en demanda del bono compensatorio. El arco social y político de la convocatoria del 22/12 pasado expresa una diversidad con potencialidad para constituir un arco de acción política para la etapa iniciada el 10/12 con nueva gestión de gobierno nacional.
El costo fiscal del bono es mínimo con relación al producido por la eliminación y reducción de las retenciones al agro y a la industria, evidenciando beneficiados y perjudicados de la política económica del gobierno Macri.
Por eso no debe sorprender que la política oficial se sustente con palos y zanahorias. Son mensajes para disciplinar el conflicto social y generar consenso político más allá del transitorio consenso electoral logrado para ser gobierno.
La combinación de represión y acción política compensatoria son mecanismos de manufacturación de consensos en un marco de ajuste que afecta a la mayoría de la población.
Esa construcción de consenso asocia una brutal transferencia de ingresos hacia el sector más concentrado de la economía y presencia oficial ante dramas sociales, caso de las inundaciones en el litoral por desborde del Río Uruguay, especialmente en Concordia.
Desafíos para la iniciativa popular
Más allá del accionar deliberado por convertir consenso electoral en político, el ajuste de precios y la inflación, aunque ahora el INDEC no mide, impacta sobre la mayoría de la sociedad empobrecida, base de conflictos sociales y laborales.
Los estatales convocan a paro nacional para el 29/12 y luchan por efectivizar un voluminoso empleo informal del Estado y contrarrestar iniciativas en curso para disminuir la planta de trabajadores. El gobierno anuncia la revisión de miles de contratos de los últimos tres años, y con el argumento de eliminar “ñoquis” o contratos de la política, se busca achicar el empleo público para reducir gasto y equilibrar las cuentas fiscales.
Por su parte, los privados denuncian acciones de las patronales, caso de la GM (planta cercana a Rosario) que extiende su parada técnica por tres semanas aduciendo dificultades de provisión de insumos desde Brasil; todo en espera de aumentos de precios de venta de los automotores al comienzo del 2016 y que abulte su cuenta de ganancias.
Los primeros días del gobierno Macri ponen de manifiesto el pragmatismo oficialista con medidas para recomponer rentabilidad de las grandes empresas (retenciones y devaluación), con fuerte impacto inflacionario que se difumina regresivamente entre la mayoría empobrecida de la población.
Desde el gobierno se especula con el tiempo de gracia que supone ser una gestión recién llegada y la incógnita persiste en la capacidad de aguante de los perjudicados de la iniciativa oficialista. La novedad política debe esperarse desde la iniciativa popular para frenar la ofensiva por el ajuste y restaurar condiciones de posibilidad para construir alternativa política.

Buenos Aires, 26 de diciembre de 2015

Más deuda pública en el horizonte cercano

Las primeras señales del gobierno Macri apuntan a consolidar el consenso electoral y transformarlo en acuerdo político a un gobierno de minoría parlamentaria y escaso peso de fuerza propia en el conjunto de las Provincias argentinas.
Por eso, la actividad inicial se concentró en completar los casilleros de una administración con eje en la burocracia de gobierno en la Nación, la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires. Al mismo tiempo negocia con ex candidatos, gobernadores y legisladores de la oposición condiciones para hacer viable el gobierno.
El diálogo político aparece más como una necesidad de minoría que funciona con decretos y señales, demorando medidas que se anticipaban para el primer día de gobierno.
La agenda es mayormente política, y en materia económica se enuncian los temas sin definiciones concretas aún, con un ritmo gradual, diferente del shock imaginado en la campaña, mostrando los límites de la realidad de las cuentas públicas para imponer los cambios imaginados y demandados por el poder económico.
Tipo de cambio
Destaca entre esas medidas postergadas la devaluación y unificación del tipo de cambio para eliminar las restricciones a la compra venta de divisas.
Se trata de anuncios que se imaginaron para el primer momento y que se postergan hasta que se den las condiciones, como refirió Alfonso Prat Gay, el Ministro de Economía.
¿Cuáles son esas condiciones? El ingreso de divisas a la contabilidad del Banco Central.
La aspiración es colectar en corto plazo entre 10.000 y 20.000 millones de dólares para entonces instrumentar la tan mentada devaluación y unificación del tipo de cambio.
Mientras tanto subsisten las restricciones, el cepo cambiario, incluso se agudiza con mayores límites para la compra de dólares para ahorro, algo que significó una fuerte pérdida de divisas en los últimos años. Ni hablar de las divisas que requiere la industria para ingresar insumos necesarios para la producción fabril.
En definitiva, más que levantar el cepo, todo indica que hasta que ingresen fondos del exterior, las restricciones se agravarán.
Se había anunciado la eliminación de las retenciones a diversos cultivos y las disminuciones progresivas respecto de la soja. Sin embargo, para hacerse realidad tiene que ocurrir en simultáneo la unificación del tipo de cambio, o sea, la devaluación.
Nadie venderá lo acumulado en silo-bolsas hasta saber cuál será el precio del dólar.
La encerrona es que no se vende la cosecha hasta tanto no ingresen divisas y se ejecute la mentada devaluación.
Más deuda pública
Por todo ello, el objetivo central es conseguir que ingresen divisas, siendo el problema discernir quien proveerá esos fondos, ya que la demora en las correcciones de las retenciones pospone la liquidación de stock del agro y dificulta el ingreso de moneda externa por la vía comercial.
La única respuesta posible es el endeudamiento público, la vía financiera, y ya se iniciaron las conversaciones en el sistema bancario para ese fin.
Sin embargo, las negociaciones para préstamos se frenan ante la presión del BCRA por desconocer los contratos a futuro, hacia marzo y abril próximos.
El tema es que la autoridad monetaria, en la gestión anterior, se comprometió mediante estas operaciones especulativas a compensar la diferencia de cotización del dólar al vencimiento.
Los contratos suscriptos por bancos y operadores del mercado de capitales, fueron inspirados en la pauta presupuestaria para el 2016 y aprobada por el Parlamento, que suponían un dólar a 10,70 para el primer cuatrimestre del próximo año. Como todo apunta a convalidar una devaluación del 40 al 50%, la perdida para el BCRA será cuantiosa, por lo que el BCRA negocia la modificación de esas pautas.
Existe una encrucijada para las autoridades económicas. ¿Ceder ante los bancos y pagar el costo según sea el volumen de la devaluación y así facilitar la recepción de fondos de deuda para asegurar el funcionamiento de la economía según la lógica gubernamental; o exigir la renegociación de contratos a futuro para evitar mayores pérdidas al BCRA y deteriorar la capacidad de obtener fondos del sistema financiero?
Hay que pensar que cualquier restricción financiera de bancos locales se extiende a los bancos externos, derivado de la fuerte extranjerización del sistema bancario en el país.
La capacidad de lograr el aporte vía organismos internacionales requiere de previos compromisos políticos con el FMI y otros ámbitos del sistema financiero mundial. Eso lleva tiempo y demoras en el ingreso de fondos, y de la devaluación.
Como si esto fuera poco, la crisis fiscal de las provincias exige préstamos urgentes de la Nación a las Provincias. Dos gobernadoras lo hicieron explícito en los momentos iniciales de su gestión. Tanto en Buenos Aires, María Eugenia Vidal, como en Santa Cruz, Alicia Kirchner, se aludió a la quiebra de las finanzas provinciales y a la necesidad del sostén financiero del Estado Nacional.
En lo inmediato hay que prever la continuidad de la emisión monetaria para sostener la situación fiscal en esas y otras provincias, un tema que está en la reunión del Presidente con los Gobernadores, máxime si se piensa en materializar la demorada reforma de la coparticipación federal en materia impositiva.
Precios y salarios
La mayor deuda pública y la emisión monetaria son las respuestas en lo inmediato, convalidando el proceso inflacionario exacerbado al final de este año, con un índice anual que puede superar el 25% y que se agravará al momento de dilucidar la nueva paridad cambiaria.
Queda claro que el tema afecta la capacidad adquisitiva de la población que vive de ingresos fijos, la mayoría, por lo que los primeros estudios de las organizaciones sindicales de cara a las paritarias señalan demandas iniciales por encima del 40%. Se contempla la inflación del 2015 y el impacto de una devaluación del orden del 40 al 50% para el 2016, con un anticipo ya realizado en la suba de precios.
La puja en la distribución del ingreso se procesa entre la capacidad empresaria por establecer precios de monopolio, el conflicto por actualizaciones y aumentos de salarios, y el sentido de la política económica del Estado, que a juzgar por la campaña electoral, los objetivos anunciados pro mercado e iniciativa privada, junto a las características y tradición política y empresarial de los miembros del gabinete, no hay dudas que privilegiarán la recomposición de la tasa de ganancia y por ende al sector empresario.
El cónclave del Ministro de Educación con los gremios docentes constituye la primera escena de una negociación salarial y laboral con objetivos no convergentes. Por eso, igual que a nivel general, el objetivo del gobierno apunta al consenso y al desarme del conflicto y la capacidad de disputa del movimiento obrero. En ese sentido camina el propósito de un pacto social para contener la protesta sindical y social.
La presencia del titular de la OIT en el país, en la segunda semana del gobierno Macri apuntalará las expectativas patronales y gubernamentales por contener la demanda de las/os trabajadoras/es, especialmente en materia del Derecho a Huelga.
Del mismo modo que el gobierno privilegia la política para hacer caminar su proyecto económico, el movimiento popular necesita rearmar y ampliar su estrategia política y de alianzas para defender posiciones y reivindicaciones democráticas e ir por la construcción de condiciones subjetivas para la ofensiva popular.
Es un desafío político y teórico, por lo que entre variadas convocatorias, la CTA Autónoma, convoca desde el Instituto de Estudios y Formación para el próximo miércoles 16/12 a un debate sobre pensamiento crítico para constituir una agenda federal a desplegar hacia el próximo año, ya que son tiempos de reflexión, organización y lucha para afirmar derechos y estrategia de poder del pueblo.
Algunos esperan que se acomode la situación, externa e interna de las organizaciones ante el nuevo escenario de la lucha de clases. Otros creemos que no hay dos tiempos, y la estrategia de acumulación de poder exige inmediatas acciones de pensamiento y articulación social para la disputa de poder.
La ausencia de alternativa política y la fragmentación de la estrategia popular demanda generosidad y búsqueda compartida por encima de propuestas sectarias, auto-centradas y excluyentes de la diversidad en que hoy se manifiesta el movimiento social.

Buenos Aires, 12 de diciembre de 2015

Devaluación y pacto social

El ajuste económico está en marcha, y a caballo del cambio de gobierno los precios suben y afectan a la mayoría de menores ingresos. Hay responsabilidad de los que se van y de los que vienen.
La mitad de los trabajadores perciben menos de 6.500 pesos mensuales y junto a la mayoría de jubilados y pensionados, como los perceptores de beneficios sociales son los principales perjudicados por el cambio de precios relativos. Son millones de personas, cerca de la mitad de la población.
No todo ocurre en estos días o en esta semana. A fines de noviembre, luego del balotaje subieron los combustibles, una medida largamente acordada entre los expendedores y el ministerio de economía, en un cronograma que se inició a comienzos del 2015.
Más allá de lo programado, el impacto se siente en este último aumento, que vino acompañando de los anuncios del nuevo gobierno de la unificación del tipo de cambio, lo que en definitiva es una devaluación. La incógnita es el volumen de la misma. El aumento de combustible es motorizador de otros incrementos.
Esos aumentos inflacionarios son el marco político coyuntural para que se disparen un conjunto de precios de la canasta de consumo cotidiano, entre otros los alimentos y medicamentos.
La gran incógnita apunta a cuanto sumará finalmente la inflación del 2015, con aceleración en noviembre y diciembre, y como dijimos, a cuanto se disparará el precio de las divisas.
A la par de la suba de precios, los ingresos populares se mantienen congelados y dan cuenta del desigual impacto en la vida cotidiana que genera la situación económica en el presente y el futuro cercano. Sin duda, será un antecedente a considerar cuando se inicien las discusiones paritarias para las actualizaciones de los salarios.
Por eso se solicita en estos días un bono de fin de año en compensación y se demanda la no inclusión del medio aguinaldo para las retenciones de ganancias.
Inversiones y ganancias
Lo que está ocurriendo es una recomposición de las utilidades de los sectores empresarios en condiciones de establecer precios, a costa de la capacidad de compra de la mayoría de la población.
Es el piso sobre el que se piensa partir para un futuro acuerdo de precios y salarios, o pacto social gestado desde el Estado entre empresarios y trabajadores. Ese pacto social es lo que les adelantó en estos días el futuro ministro de trabajo de Macri a los dirigentes de las centrales sindicales, a cambio de algunas resoluciones que demandan las conducciones sindicales, especialmente relativas a la actualización del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y respecto de acreencias de recursos para las organizaciones sindicales por obras sociales.
Es un dato de la realidad que las remarcaciones señalan un punto de partida diferenciado en el proceso de negociaciones futuras. Las patronales ya tienen su colchón, que podrán incrementar incluso luego de conocidas las primeras medidas del nuevo gobierno, principalmente el nivel de la devaluación monetaria.
La lógica empresaria reconoce la necesidad de recuperar condiciones de rentabilidad y eso requiere nuevas rondas de redistribución regresiva del ingreso personal. Se trata de lograr un menor peso de los salarios en la distribución de la renta nacional.
Si la lógica de política económica de estos años se presentaba como de estímulo al consumo, no solo consumo popular, sino también de lujo, tal como el turismo externo o la compra de automotores, incluso importados; en la próxima etapa se coincide desde el gobierno y el poder económico que el eje es la inversión.
La ecuación macroeconómica se concentra en: a) el consumo; b) la inversión; y c) el saldo del comercio exterior. El diagnóstico coincidente del poder económico en la Argentina y el gobierno entrante está en la necesidad de expandir las inversiones, algo que también promovía el gobierno saliente.
No hay mejor estímulo para el inversor que el aseguro de alta rentabilidad, y en la esencia de la rentabilidad y su volumen está la magnitud explotación de la fuerza de trabajo.
Visita de la OIT                          
Por eso se buscan condiciones para limitar la demanda salarial y laboral luego de años de convenciones colectivas. Más aún, se busca contener el conflicto y por eso visitará la Argentina Guy Ryder, titular de la OIT, invitado por la Unión Industrial Argentina, UIA.
Es que el objetivo de la UIA, a días de inaugurado el nuevo ciclo presidencial apunta a instalar la agenda de discusión de la OIT, que en estos años sustenta la demanda empresaria por restringir, y si se puede, eliminar el derecho de huelga.
Claro que estamos en Argentina, con fuerte tradición de huelga y organización de los trabajadores, algo que no siempre consideran análisis políticos o académicos.
La conflictividad es un dato de la realidad argentina y por eso, para que el plan funcione, desde el gobierno se busca sostenimiento financiero mientras se acomoda en la gestión de gobierno. Es un asunto delicado porque supone una fuerte apuesta al endeudamiento externo de la Argentina.
El gobierno Macri no duda en lograr nuevos fondos de deuda externa que le permitan atender el gasto fiscal a fin de este año. Lo considera necesario para asentarse, disputar consenso y relanzar el objetivo de máxima por una restauración conservadora que rechaza el pueblo argentino.
La gran incógnita es si el gobierno Macri estabiliza e incrementa el consenso electoral en consenso social para sus objetivos de fondo, o si se estimula una propuesta e iniciativa política popular que discuta el ajuste en curso e imagine la disputa por un orden social, económico y político alternativo, de contenido anticapitalista.
Buenos Aires, 4 de diciembre de 2015

Orientaciones de política económica de la presidencia Macri

La campaña electoral, la designación del gabinete de ministros, especialmente en el área económica, y unas primeras declaraciones del Presidente electo nos otorgan algunas pistas sobre la orientación general de la política económica de la próxima gestión de gobierno a partir del 10 de diciembre.
El privilegio es la inserción internacional ratificando y ampliando las relaciones con China y fortaleciendo los vínculos con EEUU. Es un movimiento que piensa hacerse efectivo desde las relaciones en la región, es decir, intervenir en modificar explícitamente el núcleo de definiciones sugeridas por la integración regional. Ese es el marco para la denuncia sobre Venezuela en el Mercosur y la orientación para acercar a la región a la Alianza del Pacífico y su proyecto liberalizador.
Se trata de retomar la agenda por el libre comercio y hacerlo no solo desde la Argentina, sino promoviendo un cambio discursivo en la institucionalidad de la integración regional, en el Mercosur, la Unasur y la CELAC. Aun cuando no tenga éxito el gobierno Macri en sus propósitos con los países vecinos y socios de la integración, lo que importa es buscar la difusión de un discurso pro mercado y liberalización contrarrestando la lógica discursiva, aun con pocos éxitos de la integración alternativa.
La reciente realización de un Encuentro Hemisférico de lucha contra el libre comercio en La Habana, Cuba, a 10 años del No al ALCA adquiere relevancia para el movimiento popular de la Argentina, ya que la lógica que intentará el gobierno Macri para colocar al país en posición más amigable con la política exterior liberalizador de EEUU exige ser confrontado desde nuestro territorio.
Mirando hacia el interior, el marco de alianzas que define el gabinete asocia al gobierno con ejecutivos de grandes empresas extranjeras y profesionales fuertemente vinculados a la lógica discursiva del poder económico. Incluso la sorpresa de la continuidad del ministro de Ciencia y Tecnología debe encontrarse en los oportunos elogios del titular de Monsanto hacia la Argentina por su orientación en los desarrollos científicos relativos a los transgénicos y químicos (glifosato), un tema central en la estrategia de las transnacionales de la alimentación y la biotecnología. Los desarrollos en el área son políticas de Estado, explicó Cristina Fernández para avalar la continuidad de su ministro del área en el gobierno Macri.
Dólar, retenciones y tarifas
La unificación y corrección del tipo de cambio aparece como la primera medida de interés mediático, asociada a alguna rebaja progresiva en las retenciones, aún transitoria, especialmente en materia de soja, acompañado de la posible eliminación de otras retenciones a las exportaciones, caso del trigo, el maíz y otros cultivos, como también de la carne.
El objetivo apunta a una cotización de dólar que se ubique por encima del oficial y más cercano al ilegal o blue, en el supuesto que los precios de la economía ya están fijados en esa magnitud.
Vale mencionar que nadie puede asegurar que eso sea así, y sin perjuicio que muchos precios se están ajustando bajo esa premisa, la enunciación de la medida luego de la asunción presidencial puede impactar en subas de muchos precios, y consolidar una agresión expresa a la capacidad de compra de la población que vive de ingresos fijos y bajos.
La suba de los precios anticipando la devaluación define las condiciones de arranque de la nueva etapa, con sus consiguientes beneficiarios y perjudicados.
En simultáneo a las correcciones del tipo de cambio, las elevadas tasas de interés buscarán estimular las colocaciones en pesos en el sistema financiero. Se continúa así con la pretensión gubernamental para atraer los dólares atesorados.
De ese modo, entre liquidaciones de la soja en silos, estimada en 4.500 millones de dólares, sea por reducción parcial de las retenciones y el corrimiento del precio de la divisa vía devaluación, se espera recomponer reservas internacionales disminuidas.
Claro que la expectativa estará en la búsqueda de fondos del exterior, consolidando el carácter de inversor y prestamista de China y normalizando la situación con EEUU y el sistema financiero mundial, lo que impone negociaciones concretas con los acreedores de la sentencia Griesa: los fondos buitres. En ese sendero está el camino de la normalización de las relaciones con el FMI, incluida la posibilidad del financiamiento.
El ajuste de las tarifas eléctricas mostrará el camino de la adecuación de las tarifas de servicios públicos, con el doble objetivo de reducir el déficit fiscal vía eliminación o reducción de subsidios y conceder a la demanda de las empresas para transformar subsidios en precios a facturar a los usuarios. El solo anticipo de la propuesta viene impactando en la valorización bursátil de las empresas energéticas, ya que descuentan el retorno a la senda de la rentabilidad. El impacto es aumento de los precios que incide en el costo de la cotidianeidad de los usuarios, con impacto diferenciado según el nivel de ingresos en las familias.
La adecuación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias que se comenta tiende a buscar consenso en buena parte del millón de trabajadores que hoy es sujeto de esa contribución tributaria. Al mismo tiempo se supone un incremento del gasto personal por ese mayor ingreso y que pueda incidir en la recaudación tributaria.
Rumbo estructural y respuesta social
Desde el Ministerio de Trabajo se intentará avanzar en una especie de pacto social entre patronales y sindicatos para morigerar la demanda de actualización salarial. La historia de los pactos sociales supone la descarga del costo de la reducción inflacionaria a costa del salario, el precio de la fuerza de trabajo, aun cuando la incidencia de este en el precio final de bienes y servicios no sea determinante.
La política económica del gobierno entrante será enunciada en crítica a la del gobierno saliente, aun cuando expresará continuidades esenciales en la promoción del modelo productivo y de desarrollo. Se explicará hasta el cansancio la crítica por a la herencia recibida para intentar descargar cualquier ajuste sobre las espaldas del gobierno saliente y así descargar el costo del relanzamiento del orden capitalista sobre la mayoría de la población.
No es ninguna novedad la continuidad del rumbo estructural, las que empezaron a definirse en el largo plazo del programa económico de la dictadura (Plan Martínez de Hoz, 1976), afianzado en los noventa del siglo pasado (Menem-Cavallo; De la Rúa-Cavallo) y consolidado por estos años. Conviene acotar la satisfacción del múltiple ex ministro con las orientaciones que se anticipan. Quizá Cavallo está buscando su lugar en la administración Macri, aunque solo sea como aval intelectual.
Con lo estructural remitimos a la expansión de la frontera sojera, a la expansión de la mega-minería, la industrialización (armaduría) dependiente de insumos externos, asociado a una lógica de recurrente endeudamiento público y fuga de capitales. Todo sustentado en el consumo masivo (consumismo) de una producción altamente concentrada y centralizada con fuerte dependencia del capital externo.
El dato relevante de la orientación económica del gobierno Macri apunta a explicitar el programa económico de las clases dominantes. Claro que eso incluye contradicciones entre sectores del poder económico y entre la estos y el equipo en el gobierno. Vale adicionar en la consideración final, que además del poder y la burocracia existe la sociedad en su conjunto, la que recibe los impactos de la política de gobierno.
¿Cuál será la respuesta social a la política oficial está por verse? Quizá, la actitud de los trabajadores del Diario La Nación en réplica a un reaccionario editorial de la empresa mediática emblemática del poder conservador nos anticipe que el ánimo de la población actual está más asociado a las respuestas populares del 2001 que a las de los 90 del siglo pasado.
Puede ser una señal de los tiempos venideros, donde no solo existe iniciativa política del poder, sino reflejos de organización social de la experiencia reciente para pensar en perspectivas de alternativa política.

Buenos Aires, 28 de noviembre de 2015

Macri será el nuevo presidente de la Argentina

Tras un año de elecciones, finalmente se develó la incógnita para el nuevo turno presidencial desde el 10/12/2015: Mauricio Macri fue electo por el voto de 12.903.301 personas, un 51,40% de votantes, contra 12.198.441, un 48,60% del oficialista Daniel Scioli. La diferencia son 704.860 votos, un 2,80%. Los votos en blanco, nulos, recurridos o impugnados fueron 636,818, un escaso 2,47%. Son datos relativos al 99,17% de las mesas escrutadas[1] con más de 80% de votantes sobre el padrón electoral.
Se trata de un final reñido para un nuevo ciclo de disputa política en la Argentina. El resultado confirma nuestra tesis relativa a las novedades políticas en la Argentina desde la crisis del 2001. El bipartidismo tradicional entre peronistas (PJ) y radicales (UCR) cedió lugar a las nuevas identidades que disputaron el balotaje reciente, con coaliciones que en magnitudes diversas contienen a peronistas y radicales, entre otras identidades políticas vigentes en la Argentina. Macrismo y kirchnerismo son la novedad política de estos años.
Macrismo
Macri organizó su partido en estos últimos 10 años, el PRO, con aportes sustanciales de cuadros y votos provenientes del peronismo e incluso, aunque menos, radicales y de otras tradiciones políticas y de la gestión empresarial. Esa fue la base para dos periodos de gobierno en la ciudad capital de la Argentina (2007-2011 y 2011-2015) y asegurar un próximo tercer mandato liderado por su colaborador más inmediato. Supo en el último tiempo organizar una coalición, CAMBIEMOS, aprovechando la dilatada estructura radical, presente en prácticamente todo el país y favorecer la supervivencia del viejo partido de Irigoyen, que ahora acumula unos cuantos legisladores, intendentes y gobernadores, cuando parecía desaparecido de la escena política.
El PRO presenta ahora a sus principales cuadros al frente de la gestión del distrito nacional, la ciudad capital del país y la Provincia de Buenos Aires, expresión de un 37/38% de la economía, la población y el peso electoral, que además, fue la gran novedad en la elección de octubre al desplazar al oficialismo, favorito en todas las encuestas y análisis político. Se trata de un peso importante en la disputa por la hegemonía política y en la capacidad de consolidar poder territorial propio para nacionalizar una fuerza surgida desde la Ciudad de Buenos Aires.
Los votos propios logrados por el PRO son el 25% aportado en las primarias (agosto del 2015), en las que su coalición, CAMBIEMOS, consiguió el 30%; extendido a 35% en las elecciones generales de octubre (25/10) y logrando el 51,40% en el balotaje (22/11). El candidato tiene tradición en la derecha política y expresa por primera vez en la historia reciente (1983-2015) incluso más atrás, la emergencia de un partido de derecha con votos en la disputa institucional. La mayoría de sus votantes no son propios y difícilmente pueda considerarse a la mitad de sus votantes como de derecha, aunque constituyen una base masiva para construir consenso al proyecto de restauración conservadora.
Kirchnerismo
El kirchnerismo emerge como versión renovada del peronismo en 2003 y con capacidad de incorporar a sectores políticos con identidad a la izquierda del peronismo, con atracción de intelectuales y jóvenes, especialmente sobre fines del primer mandato de Néstor Kirchner (2003-2007). El kirchnerismo no es necesariamente peronismo, tal como lo fue el menemismo, sino que constituyó el intento de construir un proyecto transversal con capacidad de actuar sobre diversas organizaciones sociales y políticas para extender su base social.
Tres periodos de gobierno (2003-2007; 2007-2011; 2011-2015) y una importante votación e imagen de Cristina Fernández da cuenta de la eficacia en la construcción de consenso de estos años, favorecidos por una coyuntura internacional de alza de precios internacionales de las comodities, especialmente de la soja y la minería que abonaron una política social masiva que atendió la demanda de ingresos de millones de personas. Los principales logros sobre los que construyó el consenso se sustenta en la política social aludida; la posición asumida en las relaciones internacionales, orientadas hacia la región latinoamericana y caribeña, coronada en 2005 en la Cumbre de Presidentes de las Américas realizadas en Mar del Plata; que en convergencia con la Cumbre de los Pueblos, se impidió el resurgimiento de la agenda por el ALCA que pregonaba el presidente de EEUU en ese tiempo; y en una política de DDHH, especialmente concentrada en la memoria relativa a los años de la dictadura genocida (1976-1983), la anulación de las leyes de la impunidad y el aliento a los juicios a los genocidas.
La falencia en la construcción de poder propio está clara en el estilo de gestión kirchnerista, que impidió asegurar la continuidad del ciclo. El candidato seleccionado para la disputa electoral nunca satisfizo a los núcleos militantes del oficialismo y solo se sostuvo por las mediciones de consenso electoral provistas por las consultoras de opinión y la decisión de la presidente. El kirchnerismo no pudo gestar en 12 años una línea de cuadros para la sucesión, ni mostró capacidad, más allá de organizar fuerza propia, para disputar consenso en la organización del movimiento social, ni entre los trabajadores, ni en los territorios, los establecimientos educativos o diversas expresiones de la organicidad popular. El extendido vínculo del consenso se procesaba entre el liderazgo de Néstor y Cristina con sus adherentes, dando cuenta de una falencia en la construcción de mediaciones de poder en el movimiento popular. De aquí surgen las incógnitas del futuro cercano del kirchnerismo, ya que la base de poder devino de las posiciones en la gestión del Estado.
Peronismo
Hay peronismo en la coalición que lidera Macri. Existe peronismo en el kirchnerismo, y también están los peronistas disidentes, liderados por la coalición entre Sergio Massa y José Manuel De la Sota, quienes colectaron el tercer lugar en la elección general de octubre pasado y con 5,5 millones de votos. Un caudal que mayoritariamente optó por Macri, con señales orientadoras en ese sentido de los principales líderes.
Luego de la muerte de Perón en 1974 habiendo legado su proyecto al Pueblo, el peronismo fue derrotado a la salida de la dictadura por Raúl Alfonsín (1983-1989) y resurgió con proyecto reaccionario con Carlos Menem entre 1989 y 1999 para consolidar los cambios estructurales regresivos imaginados en tiempos dictatoriales (1976-1983). El proyecto del terrorismo de Estado fue posible luego, desde el consenso logrado por el peronismo (menemismo) en el gobierno. Se destaca en este sentido la afirmación del modelo productivo y de desarrollo subordinado a la dominación de las transnacionales de origen extranjero, la exacerbación del extractivismo para la exportación y la profundización de la dependencia y la especulación con eje en el endeudamiento público y la fuga de capitales.
De la mano del peronismo llega Néstor Kirchner al gobierno y construye su propio poder más allá del peronismo. Ello genera las disidencias que habilitan a pensar en una nueva ronda de disputa por el liderazgo de la identidad peronista. Ya dijimos que buena parte de los votantes de Macri provienen del peronismo, aunque la disputa por el legado peronista se procesará entre el kirchnerismo y los gobernadores de esa tradición y muy especialmente por la alianza entre Massa y De la Sota.
Es probable también que el macrismo dispute una transversalidad corrida a la derecha para captar dirigentes y referentes del peronismo y otras identidades políticas.
¿Por qué ganó Macri?
Mucho del voto en el balotaje fue en contra. Contra Macri se votó, en buena parte, a Scioli. Contra el kirchnerismo, o contra Cristina Fernández, muchos votaron a Macri. Esta opción fue más fuerte y sobre 7,5 millones de votos hacia otros candidatos en octubre pasado, Macri colectó 4,5 millones y Scioli 3 millones. La lógica del balotaje es la opción entre uno y otro, y así se percibió por 25 millones de electores y un escaso voto blanco, nulo o recurrido.
El voto castigo es la primera explicación que puede encontrarse, aunque el consenso del oficialismo es amplio, no solo por la votación (48,60%) sino por la elevada imagen positiva con que deja el gobierno Cristina Fernández luego de 12 años.
Ya mencionamos que el candidato oficialista no fue el mejor y no tenía grandes diferencias con Macri, ni por su origen empresario, su inicio en la política de la mano de Menem y una gestión de la Provincia de Buenos Aires por dos periodos (ídem Macri en la Ciudad de Buenos Aires) y con resultados no muy distintos en salud, educación, seguridad, inseguridad, entre otros aspectos.
La evolución de la economía, especialmente desde el 2011, con el 54% de apoyo electoral al segundo periodo de Cristina Fernández, no tuvo los mejores datos. La crisis mundial golpeó con bajas de los precios internacionales. La inflación se elevó considerablemente afectando los ingresos populares. Las reservas internacionales, de un máximo de 52.000 millones de dólares en 2011 se redujeron a la mitad en el presente, explicado por la fuga de capitales y la cancelación de una deuda que hipoteca y condiciona el presente y futuro del país, junto a una sentencia en firme en EEUU para cancelar 100% de la deuda de inversores no ingresados al canje de deuda del 2005 y 2010, los fondos buitres. El empleo dejo de crecer y la caída de la producción industrial puso en evidencia los límites del proceso de producción fabril, reducido a una armaduría dependiente de insumos extranjeros, especialmente con déficit energético.
Ni la política, ni la economía fueron datos favorables para un cuarto periodo de gestión kirchnerista. El resultado se sustentó en la oferta de “cambio” propuesta por Macri, quien licuó su programa tradicional haciéndola más amigable a varios proyectos del gobierno kirchneristas. Todo parecía que la oferta era cambiar el estilo de gestión, aunque se reconoce que el espectro intelectual profesional detrás del futuro presidente supone la restauración de un programa más favorable a las clases dominantes.
Un elemento destacable fue el papel de los medios favorables a la oposición que instalaron un sentido común de crítica a la gestión del gobierno. A su vez, la prensa oficialista no pudo superar el estilo de propaganda orientada hacia los convencidos, sin asumir una mínima crítica a las políticas oficiales y eludiendo los descontentos sobre el candidato y la campaña oficialista.
El carácter contrario al proceso de cambio latinoamericano en la prensa hegemónica organizada desde monopolios privados de comunicación propagandizó una crítica al ciclo inaugurado desde la elección de Hugo Chávez en Venezuela en 1999 y otros procesos regionales que intentaron el aliento a una integración no subordinada. La prensa instaló con éxito la crítica a la experiencia venezolana e identificó la propuesta de la revolución bolivariana con el destino del gobierno kirchnerista, cuando nunca éste asumió el proyecto anticapitalista formulado desde Caracas.
Primeros mensajes
Reorientar la política internacional, con iniciativas contra Venezuela e Irán, promoviendo nuevas y renovadas relaciones con China y especialmente con EEUU. Se trata de un mensaje claro de alineamiento con el programa liberalizador que sustenta el imperialismo y las clases dominantes, empujando desde el Mercosur el acercamiento con la Alianza del Pacífico.
Las designaciones en el Gabinete no tienen sorpresas, salvo la continuidad del Ministro de Ciencia y Tecnología que acompañó a Cristina Fernández en sus dos periodos de Gobierno. El elenco de gobierno son profesionales y políticos de concepción neoliberal y con orientación a promover la iniciativa privada, el acceso de inversiones externas y la reinserción de la Argentina en el sistema financiero mundial. Buena parte de los funcionarios del nuevo gobierno tienen curriculum en empresas privadas.
El mensaje cuidadoso en la campaña electoral puede continuar en la primera parte de la gestión, aunque la anunciada unificación del tipo de cambio (devaluación de la moneda) puede impactar no solo en cambios de los precios relativos, sino en la percepción de la población sobre el sentido de la política de la nueva gestión presidencial. Es algo que se hará visible en los próximos días, luego de la asunción el 10 de diciembre.
Los mercados respondieron al estímulo de un gobierno pro mercado y en estos primeros días se mostraron al alza e incluso con tomas de ganancias en el corto plazo, dando cuenta de una sensibilidad para la especulación pro capitalista.
Para pensar
El cuadro descripto es de crisis del sistema político, con emergencia de nuevos actores que disputan la identidad del pueblo argentino; con el macrismo pretendiendo una transversalidad hacia la derecha. Al mismo tiempo habilita a pensar en la posibilidad de construir alternativa política popular. Es algo no logrado desde la crisis del 2001; especialmente cruzado por la emergencia del kirchnerismo y su transversalidad hacia la izquierda. El desafío se suscita en la potencialidad de construir alternativa política para impedir la restauración e ir más allá de lo posible que permite el orden capitalista contemporáneo en proceso de crisis mundial.
Se requiere caracterizar adecuadamente el momento actual, que no es el retorno liso y llano a los 90´; sino una propuesta de modernizar el proyecto político de las clases dominantes, que por primera vez accede al gobierno con el consenso de los votos.
En la reelección de Menem en 1995 existió consenso al proceso de reestructuración regresivo desplegado en el primer mandato entre 1989 y 1995. No es lo que ocurre ahora, con una mayoría lograda como voto castigo al gobierno. No hay mandato explícito para la restauración de los 90´ aunque el gobierno sustentará su programa liberalizador en el apoyo electoral.
Baja estas condiciones es que se requiere pensar críticamente la realidad y proponer una perspectiva de emancipación social más allá del régimen del capital.
Buenos Aires, 27 de noviembre de 2015