En vísperas del balotaje argentino

Este comentario será efímero. Solo tendrá vigencia por algunas horas, ya que pronto, el 22/11, el voto definirá quien asumirá la presidencia de la Argentina para el próximo periodo que se inaugura el 10/12.
La discusión es intensa en varios ámbitos que transitamos en nuestra cotidianeidad. Se debate el último discurso de uno u otro de los candidatos y el sentido de cada campaña. Se discute el comentario de algún analista o político afín a uno u otro, a al voto blanco o la impugnación.
Entre los argumentos se encuentra la utilidad o no de las opciones en curso y en las familias y entre amigos aparece la pasión irreconciliable.
Lo determinante es la politización que genera el acontecimiento electoral y hace tiempo que esto no ocurre. Es una aspiración que este estado de discusión política se sostenga más allá del acto electoral del 22/11.
El asunto está asociado al sistema electoral que introduce la opción del balotaje y algunos insospechados de adhesión hacia algún candidato incorporan el lenguaje de la facción que sostiene la candidatura.
Por un lado están los que optan por Scioli y argumentan que es el mal menor e incluso defienden el modelo de país agredido por el candidato de la derecha. Hasta ayer nomás sustentaban otra candidatura, insatisfechos con el gobierno o la oposición ahora más votada. Otros optan por Macri, no por convicción, sino cansados del kirchnerismo, tal como argumentan en el propio oficialismo.
Algunos definen la ecuación en términos de abismales diferencias de proyectos políticos de candidatos que gobiernan hace 8 años el distrito Capital y la Provincia de Buenos Aires. Ambos candidatos mantuvieron diálogos amistosos hasta ayer nomás. Se los veía compartir y disputar fútbol, como escenarios de debate político. Hasta hubo acuerdos para aprobar legislación que hiciera gobernable ambos distritos, claro que también diferencias, para no igualarlos en toda la línea.
Solo aparecieron las diferencias ahora, con el balotaje, y los dos corrigen sus discursos en busca de los electores necesarios.
Daniel Scioli asume algunas propuestas de Massa, como el 82% móvil para el salario mínimo o la actualización del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias de cuarta categoría. No se entiende por qué no remitió una ley al Congreso en ese sentido. Mauricio Macri sostiene ahora la gradualidad en la eliminación de las restricciones al mercado de divisas, el llamado “cepo”.
Un interrogante es si los compromisos de última hora serán un pacto de ejecución desde el 10/12 o solo estratagema al límite de la elección final.
¿Qué esperar luego del 22/11?
Con el resultado electoral se conocerá los equipos completos que acompañarán al Presidente electo, aun cuando el oficialismo ya anticipó el gabinete. A partir de allí podrán deducirse las orientaciones de las primeras medidas de política económica y orientaciones en diferentes áreas de gobierno. Esta política económica se deriva del diagnóstico que realicen sobre el estado de las cuentas nacionales. Ese es el marco para entender que cambia y que se continúa.
Puede cambiar el diagnóstico sobre la situación de los precios y su medición; lo que supone correcciones o continuidad de la política económica en ese sentido. Ello va desde que hacer con el INDEC hasta definir la política de gobierno en materia de negociación salarial, especialmente entre los docentes, un clásico en cada fin de año y comienzo de otro. Pero si de precios se habla, ello incluye el del dólar, el tipo de cambio, y de hecho, la relación entre el peso y las monedas extranjeras. Todos sabemos, en las condiciones actuales, que ese precio se traslada a varios otros precios de la economía, con pérdidas directas en la capacidad de consumo entre los perceptores de ingresos fijos y ganancias acrecidas entre grandes productores y exportadores.
Vale mencionar con relación a operaciones a futuro sobre divisas, que la Justicia allanó esta semana el BCRA y preventivamente se suspendieron esos negocios hasta la próxima semana, pasado el balotaje. Todo para evitar especulaciones con divisas en un momento de bajas reservas internacionales. Donde se especuló en forma fue en la Bolsa de Valores, especialmente con acciones de las empresas de energía, puesto que los operadores bursátiles descuentan la disminución o eliminación de los subsidios de las tarifas (precios de los servicios públicos privatizados).
En materia de precios, algunos imaginan la convocatoria a algún tipo de pacto social entre patrones y trabajadores; una conciliación para contener precios de bienes y servicios por un lado y de salarios por el otro. Es una ecuación en la que siempre pierden los trabajadores, máxime cuando más de un tercio del trabajo es informal, precario y con un promedio de ingresos que apenas ronda los 6.000 pesos mensuales.
Una gran incógnita, de lo que poco se habla, es como negociarán los candidatos, ya presidentes, el tema de la deuda, especialmente con los fondos buitres que tienen sentencia de la Justicia estadounidense que obliga a la Argentina a cancelar el 100% de la deuda reclamada. Existe una comisión bicameral que ya debió expedirse sobre una investigación de la deuda entre 1976 y el presente y nada se sabe al respecto. Algunos de los legisladores designados vencen en su mandato el 10/12 y todo indica que la investigación de la deuda desde la dictadura seguirá siendo una asignatura pendiente.
Lo que no se discute
La política económica puede cambiarse total o parcialmente, pero no el modelo productivo y de desarrollo que comparten ambos candidatos.
Se trata de la expansión de la frontera agrícola, principalmente sojera; la mega minería a cielo abierto; o la extracción de hidrocarburos no convencionales vía fractura hidráulica (fraking). Extractivismo exacerbado dicen algunos; otros directamente capitalismo, en la era de la transnacionalización. En la industria se sostiene el modelo de armaduría con dependencia al ingreso de insumos que define la dependencia del sistema fabril de la tecnología de las transnacionales, algo común en la producción agraria e industrial.
Ambos candidatos son tributarios de la dependencia de las inversiones externas y el crédito del sistema financiero mundial. La dependencia está en el centro del modelo productivo y de desarrollo, sustentado en la aplicación del consumo y el endeudamiento público, privado y personal.
Me discutía un compañero que es lógico que esto no se discuta, ya que el capitalismo es la norma del presente, no solo para Argentina y la región, sino para todo el planeta. Con ello, el capitalismo es el límite de lo que puede sostenerse en la coyuntura y cualquier otro horizonte solo entraría en el campo de lo utópico. Por ende, el capitalismo no se discute y es el límite de lo posible.
El horizonte del otro mundo posible a que convocaban las movilizaciones locales, regionales y globales en el 2001, solo son parte del recuerdo para buena parte de los críticos al orden neoliberal. Otros claro, demandan, aun con eufemismos el retorno a las políticas de mercado, a la apertura económica y a la libertad de mercado en tiempos de dominación monopolista, lo que niega en la práctica la llamada libertad de competencia o el régimen de libre mercado.
Todo un problema cuando se trata de definir el rumbo por el que luchamos; nuestro horizonte para explicitar una conducta, en este caso, la opción electoral, por uno, otro, o blanco o impugnación.
Inserción internacional y DDHH
Es cierto que existen algunos temas centrales donde aparecen posicionados en contradicción los candidatos, y en los que conviene detenerse. Remito a la inserción internacional de la Argentina y a la política de Derechos Humanos, especialmente los relativos a la memoria sobre la Dictadura.
El candidato Macri anticipa que llevará al seno del Mercosur la cláusula democrática contra Venezuela y más grave aún, existen amenazas en estas horas que repiten el dicho de la derecha sobre el “curro” de los DDHH.
Todo ello puede anticipar un corrimiento de las alianzas internacionales de la Argentina, más proclives a la agenda estadounidense.
El tema preocupa, no solo por lo que acontece en el país. Por caso, en Uruguay existen reclamos contra los dichos por el ex canciller frenteamplista de ese país, ahora al frente de la OEA, sobre Venezuela. Además y gracias a la movilización popular se impuso la salida de Uruguay de las negociaciones por el TISA, un ALCA contemporáneo.
La realidad es que existe una presión de las clases dominantes para que la agenda regional se reoriente hacia la integración subordinada.
Son sospechas concretas y reales, aunque poco se tiene en cuenta el papel de la organización popular en sustentar ambas agendas, sea la histórica lucha por el NO al ALCA y contra la liberalización; como la persistencia de organismos sociales, sindicales y de Derechos Humanos en no olvidar ni perdonar el genocidio del terrorismo de Estado.
Por eso es que no alcanza con la voluntad del futuro Presidente, o la del Parlamento, incluso la Justicia, para hacer realidad una inserción internacional que favorezca un proceso de independencia por otro mundo posible; o la continuidad de una política de reivindicación de la memoria histórica y la defensa de los derechos humanos integrales en el presente. Ambas tareas son patrimonio de la lucha y la organización popular.
Hace poco la CTA Autónoma señaló que gane quien gane los trabajadores deberán en la calle enfrentar las políticas de ajuste, sea por una política de  shock o gradual. Más allá de la opción electoral y que no da los mismo uno que otro, y que es válido votar en blanco o impugnar, la vida continua y con ello la lucha por hacer realidad la posibilidad de luchar por otro mundo posible.

Buenos Aires, 20 de noviembre de 2015

La crisis mundial como trasfondo del debate por el balotaje argentino

Se acerca la fecha del balotaje, el 22/11, y se multiplican los análisis sobre las posibilidades futuras de la evolución económica, política y cultural de la sociedad argentina bajo el nuevo gobierno que se instale el 10/12.
Existe una politización creciente del debate cotidiano y no existe la indiferencia, sea por el voto a uno u otro, e incluso por el voto blanco, nulo, impugnado, o directamente la acción de no asistir a votar.
La cuestión no solo aparece en el país, sino que es motivo de discusión en toda la región, algo que verificamos en Medellín entre el 9 y 13 de noviembre, en el ámbito de la XXV Asamblea de CLACSO, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, y su VII Conferencia de Ciencias Sociales con intelectuales y académicos de toda la región y el mundo.
Una pregunta obligada que receptamos es ¿cómo está la situación en Argentina y quién ganará? Para luego asociar la respuesta a una conversación sobre lo que ocurre en toda la región.
Es más, en dos conferencias magistrales, masivas, de los ex presidentes de Brasil y Uruguay, Lula y Mugica; ambos expresaron las preocupaciones por los tiempos que corren en el mundo y en la región. Pusieron de manifiesto las tensiones que existen sobre el proceso de cambio regional en curso en este comienzo del Siglo XXI. Es un tema que recorre buena parte de las discusiones en paneles diversos, pero sobre todo en los corrillos informales. La discusión apunta a discernir sobre el momento actual del proceso de cambio político regional.
Algunos resaltan en sus intervenciones y debates las tareas pendientes de los gobiernos, mientras que otros argumentan sobre los proyectos que quedaron en el camino y podrían haber intervenido en la promoción de cambios estructurales; especialmente todo lo atinente a nuevas articulaciones productivas en materia de alimentos y energía, sin olvidar la propuesta por una nueva arquitectura financiera, por remitir a los “económico”.
Esta iniciativa política sobre las finanzas tenía en el Banco del Sur un eje central para pensar en financiamiento para un desarrollo alternativo, o mejor aún, alterativo. Toda demora en su ejecución fortaleció condiciones de rearme del poder.
La crisis, el secretismo y la restricción democrática
La cuestión de fondo que tiñe el debate local, regional y mundial es la continuidad de la crisis mundial y la ofensiva capitalista por la liberalización, entre lo que destaca el reciente Tratado Trans-Pacífico, el TPP.
A 10 años del No al ALCA, la ofensiva del secretismo vuelve con el TPP, demostrando que la lógica neoliberal del capitalismo de ésta época es profundamente antidemocrática.
De hecho, el capitalismo está reñido con la democracia, sea por las negociaciones secretas de los tratados de libre comercio, como por los acuerdos empresarios, caso de YPF con Chevron, ahora con disposición de la Corte Suprema para hacerse públicos.
El capitalismo no conjuga con la transparencia y por eso promueve democracias restringidas que solo contemplan los intereses del poder económico, que en este tiempo son los de las corporaciones transnacionales, asistidas por los Estados de origen y de aquellos Estados que disputan la radicación de inversiones externas.
Resulta curioso confirmar como los Estados Nacionales son los que discuten, en secreto, los tratados comerciales, de liberalización de la economía. El propósito apunta a favorecer las demandas y condiciones de los grandes monopolios transnacionales.
En el TPP destacan las presiones de las corporaciones farmacéuticas que pujan por privilegios a sus marcas por encima de los genéricos. Defienden sus derechos de propiedad intelectual, afirmando la lógica por el derecho a propiedad que sustenta el orden capitalista.
No solo propiedad de patentes, sino también derechos de autor y con ello el control sobre internet. El programa de la liberalización sostiene hoy una fuerte ofensiva para condicionar cualquier variante en el gobierno de la Argentina o de la región.
El libre comercio se agotó hace siglo y medio con la aparición de los monopolios, Sin embargo, el debate de ideas que genera sentido común mayoritario aboga por la libertad de comercio, el libre cambio y la libre competencia, como si ello fuera posible en tiempos de la dominación monopólica de las corporaciones transnacionales.
Se trata de un tema clave cuando se piensa en la dominación del modelo productivo y de desarrollo en la Argentina y en Nuestramérica, algo que se pone en juego en momentos de discusión electoral y de politización de la sociedad. Aunque no necesariamente esta sea la agenda de discusión y muchas veces se agota en el debate sobre el mal menor, o quién es peor en este sentido.
La hipoteca de la institucionalidad de los 90
El programa de las transnacionales es la liberalización y se canaliza por variados mecanismos institucionales y jurídicos que atan a los países a la lógica del libre mercado, aunque insistamos que ello es un sinsentido en la era de la dominación transnacional.
Los años 90 fueron prolíficos en la suscripción de esta juridicidad que hipoteca a los países a la lógica capitalista del ilusorio libre mercado. Es el tiempo del ingreso a la política de Macri y de Scioli, ambos de la mano de Menem. Las políticas neoliberales de los 90´ generaron cambios estructurales regresivos, que al no modificarse condicionan futuros cercanos de restauración conservadora.
Un dato importante es que muy pocos países intentaron en estos años revertir esos condicionantes en momentos de mayor acumulación de poder legislativo y consenso social. Ahora, con mengua en el consenso electoral, ya parece tarde para encarar la tarea, mucho más si se dificultó el proceso de movilización y organización social.
Entre otras consideraciones, una de las cuestiones más discutidas en estas horas remite a la inserción internacional de la Argentina, y por ende, de la región. La sospecha de una nueva ronda de subordinación a EEUU aparece con mucha fuerza.
Claro que también aparece debilitada la iniciativa por una integración alternativa, que incluso desarrolló cierta institucionalidad (ALBA-TCP; UNASUR, CELAC) con escasa acción sobre los asuntos estructurales del orden económico y la producción.
Es más, existen señales en todos los países vecinos para desandar rumbos de profundización de integración regional y reorientar los vínculos con el programa liberalizador. El frustrado intento uruguayo de subirse al TISA estaba en ese camino, como los obstáculos desde Brasil para la nueva arquitectura financiera regional y relocalizada con privilegio hacia China y los proyectos del bloque de los BRICS. En el Mercosur crecen las tensiones variadas que limitan sus aspiraciones de constituirse en bloque para la integración alternativa.
La estrategia del poder imperialista y las nuevas resistencias
Por su parte, EEUU está activo al no superar la crisis mundial disparada desde su territorio en 2007 y empeñado en no habilitar mayor espacio a la acumulación global de poder de otras potencias, máxime luego de los acuerdos entre China y Rusia.
Es la política exterior estadounidense la más interesada en la promoción y extensión del libre comercio, sustentado en la expansión territorial de las empresas transnacionales originadas en ese país.
La orden del día es frenar la expansión y el desafío global de China, mientras intenta condicionar la autonomía que Europa pretendió con la emergencia del euro. Ese es el marco de la subordinación imaginada de nuestros países a su política de liberalización.
Es un problema para la Argentina y para Nuestramérica la situación, ya que el cambio de la situación económica mundial, con caídas de los precios de las comodities de exportación, que favorecieron holgados presupuestos para políticas sociales masivas, parecen agotarse.
La deuda externa aparece como una solución en la agenda de los presidenciables, tanto como la apertura a las inversiones externas, lo que supone la continuidad esencial del modelo productivo y de desarrollo sustentado en la transnacionalización de la economía local, que no es muy distinto de lo que acontece en la región Nuestramericana.
El desafío para la sociedad, especialmente para el movimiento popular, más allá del resultado electoral, pasará por reinstalar un debate de ideas y una densidad social organizada y en lucha contra el discurso y las acciones por el libre comercio, la libre competencia y el libre cambio, y así habilitar condiciones de posibilidad para avanzar en el cambio político y en el imprescindible campo de la economía, la gran asignatura pendiente de este tiempo histórico.
Sobre el cierre de la Conferencia de CLACSO pude ser comentarista de una conferencia de Theotonio dos Santos sobre Democracia y Socialismo en el Capitalismo Dependiente.
Con la trayectoria del teórico de la Dependencia se pudo reinstalar una discusión actual sobre la ilusión del “fin del socialismo” que las clases dominantes pretendieron instalar en los 90´, y la necesidad y el desafío para el pensamiento crítico por discutir el capitalismo actual y prefigurar las luchas presentes y futuras por el socialismo.

Medellín, 13 de noviembre de 2015

A 10 años del ALCA: el programa de libre comercio continúa

Esta semana se hicieron actividades conmemorativas del rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en varios países de la región, y por supuesto también en la Argentina.
Resulta interesante recuperar la memoria de una de las gestas más importantes protagonizadas contra un proyecto estratégico de las clases dominantes en la región. La liberalización impulsada por EEUU en las negociaciones por el ALCA contaba con el consenso de todos los gobiernos de la región, excepto Cuba, excluida de los cónclaves de Presidentes de las Américas.
Todo era producto de la lógica neoliberal que imperaba en los años 90, los del Consenso de Washington, a favor de la iniciativa privada y la liberalización de la economía.
La combinación de la campaña continental contra el ALCA y el acceso al gobierno de Hugo Chávez en 1999 significó el primer escollo al avanzado proyecto por el ALCA que se negociaba en secreto. En efecto, en la III° Cumbre de Presidentes de las Américas del 2001 en Quebec, apareció la primera fisura en la reunión de los jefes de Estado, con una gigantesca movilización continental de la II° Cumbre de los Pueblos en las calles de la ciudad canadiense.
Allí empezó una nueva etapa, con el fin del secreto en las negociaciones de los Jefes de Estado. Fue el comienzo del fin de un tratado que definía en el corto plazo la integración subordinada de nuestros países a la lógica de liberalización del capital transnacional y los intereses de la política exterior estadounidense. La libre circulación de mercancías, servicios y capitales constituía el sentido de la política aperturista del ALCA.
Ese estado de situación del No al ALCA se potenció en los años siguientes y en noviembre del 2005 en la IV° Cumbre de Presidentes de las Américas en Mar del Plata, George Bush y los gobiernos aliados intentaron reinstalar la agenda por el ALCA. No pudieron, ya que fueron frenados por la movilización social reunida en la III° Cumbre de los Pueblos, junto a una nueva correlación de fuerza política en los gobiernos de Sudamérica, especialmente Venezuela y los 4 del Mercosur. La articulación con estos gobiernos impidió la institucionalización del ALCA.
Integración alternativa
Fue un gran triunfo que habilitó una discusión sobre la integración alternativa, con nuevas consignas, como la soberanía alimentaria, energética o financiera.
Ese es el marco para el debate procesado entre 2005 y 2010 para pregonar la necesidad de una nueva arquitectura financiera en la región. Incluso antes, en diciembre del 2007 se suscribió un acuerdo para instalar rápidamente un Banco del Sur, como parte de una estrategia de integración financiera con perspectiva alternativa.
La crisis mundial, actualmente en curso, aparecía con fuerza en el sector financiero hacia 2007, y alentaba en Nuestramérica una búsqueda para transitar senderos alternativos. Grandes cantidades de reservas internacionales se acumulaban en nuestros países y se discutía el uso orientado hacia otro modelo de producción.
Esas expectativas no se concretaron, aun cuando subsistió el objetivo y el discurso por una integración alternativa. Es más, algunas iniciativas avanzaron, caso de la Alianza Bolivariana de los Pueblos (ALBA) por acuerdos entre Cuba y Venezuela hacia fines del 2004, que con la incorporación de Bolivia en el 2006 se transformó en ALBA-TCP (Tratados Comerciales de los Pueblos), para continuar creciendo en adhesiones.
Con el ALBA-TCP se avanzó en el intento de la nueva arquitectura financiera, con un banco y una moneda para el intercambio comercial, el SUCRE; pero con los límites que impone la no integración a esos procesos de los países de mayor desarrollo relativo, especialmente Brasil y Argentina. Si se constituyeron ámbitos de articulación, más políticos que económicos, caso de Unasur y la Celac.
Aquel clima de época y de esperanzadas  expectativas, del lustro siguiente al 2005, no prosperó en su orientación principal, mientras seguían no tan subrepticiamente los estatutos de la liberalización.
Así, el mantenimiento en varios de los países de los tratados bilaterales de inversión y la negociación de tratados de libre comercio, del Mercosur con Israel, por ejemplo; incluso las conversaciones para retomar las negociaciones con Europa desde el 2010, dan cuenta de una agenda liberalizadora que reapareció en la región.
La Argentina no siguió el camino de Bolivia, Ecuador y Venezuela, que denunciaron la participación ante el CIADI. Vale recordar que Brasil jamás aceptó integrarse a la lógica del tribunal impulsado por el Banco Mundial.
Se puede coincidir que la integración alternativa sigue siendo una asignatura pendiente, pero que las demoras en ese proceso favorecieron remedos del ALCA como la Alianza del Pacífico, al que son tentados para ingresar los países que resistieron hace una década al ALCA.
Nuevos protagonistas para la inserción mundial
Otros actores globales intervinieron para definir la inserción de Nuestramérica en el sistema mundial, especialmente China. Se trata de un vínculo de complementariedad sin modificar el modelo productivo.
La presencia china fue creciendo desde las relaciones comerciales, a las inversiones y los préstamos, constituyéndose en varios de nuestros países en primero o segundo país en vínculos económicos internacionales.
Esas relaciones y las condiciones globales de la situación mundial estimularon el alza de los precios de los productos primarios de exportación, algo que ya no ocurre, consolidando la primarización de las exportaciones de Nuestramérica. El resultado directo fue la confirmación de un modelo productivo subordinado a la lógica de acumulación de las transnacionales.
El papel de China avanza en múltiples direcciones y articulaciones globales más allá de Nuestramérica. Pretende su lugar en la disputa de la hegemonía del sistema mundial. Destacan en ese sentido las crecientes relaciones políticas y económicas con Rusia y el liderazgo en la construcción del bloque BRICS, algo que genera expectativas, aun cuando no está propuesta la superación del orden capitalista.
La discusión habilitada para nosotros es sobre el modelo productivo y de desarrollo. Si el problema es la subordinación a un bloque de países u otros sin superar la hegemonía del régimen del capital, o si, de lo que se trata, es de superar la inserción dependiente de Nuestramérica en el orden capitalista.  
Subordinación o autonomía para un nuevo modelo productivo
A 10 años del No al ALCA sigue vigente la discusión sobre la inserción internacional de Nuestramérica y el carácter subordinado o autónomo de la integración regional.
No es un tema menor en la Argentina, en momentos en que se define un nuevo turno presidencial. No haber avanzado en la agenda por la integración alternativa en estos años facilita la presión del poder económico por la apertura, la liberalización y la subordinación al programa de máxima del capital transnacional.
Hace muy poco y en Uruguay, la movilización popular denunció el secreto del gobierno uruguayo para integrarse en el TISA y frustró el proyecto, que es una de las tantas formas de institucionalizar la liberalización. El triunfo de la movilización y organización popular muestra el camino a seguir.
Por eso vale la pena recuperar la memoria por el triunfo de hace una década y continuar en la brega por reinstalar una agenda para la integración no subordinada.
No está cerrada la discusión y el momento de mayor expectativa en la construcción de proyecto alternativo estuvo determinado por la dinámica de movilización popular e iniciativa política de transformación. Ese es el desafío en la coyuntura para recrear condiciones de posibilidad para la lucha por la emancipación en la región Nuestramericana.

Buenos Aires 7 de noviembre de 2015

La economía que se viene luego de las elecciones presidenciales

Las elecciones presidenciales de la Argentina (25/10/2015) vinieron con sorpresa, aun cuando y como se esperaba ganó el oficialismo por escaso margen (36,86% a 34,33%), algo así como 9 millones de votos para el Frente para la Victoria y aliados, mientras que la coalición Cambiemos colectó 8.400.000 votantes. Es la primera vez en la historia política argentina, que una opción electoral alineada a la derecha protagoniza una acción de masas de esta magnitud, con el antecedente de 8 años en el gobierno de la ciudad capital, y que ya renovó para otro periodo. Vale recordar que la división de las opciones kirchneristas en 2007 le abrieron las puertas al gobierno de Mauricio Macri.
A una semana del acto eleccionario existe incertidumbre sobre el resultado de la segunda vuelta para el 22/11. Curiosamente, el protagonismo principal en la disputa del voto proviene de la primera mayoría, donde preocupa el ascenso impensado de la opción opositora, que aprovecha el impulso de una votación quizá impensada. A partir de esa realidad es que se mantienen las incógnitas sobre el futuro de la política económica. ¿Qué propuesta se impondrá para atender el problema de la inflación? Es decir, cuál será el horizonte en materia de precios, especialmente de las divisas, y con ello la distribución del ingreso y de la riqueza. La tendencia actual es preocupante, especialmente para los sectores de ingresos fijos.
El dato más novedoso fue el triunfo de la oposición de derecha en la provincia de Buenos Aires, la más grande de la Argentina, casi el 40% de la expresión electoral nacional. Como dato no menor y en simultáneo, gane quien gane la segunda vuelta del 22 de noviembre próximo, los distritos con más población y de mayor peso económico estarán gobernados por la actual oposición. Además de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires gobernada por el PRO, debe incluirse en esa situación, aun con matices de sus gobiernos, a los socialistas en Santa Fe; justicialistas disidentes en Córdoba y los radicales en Mendoza y Jujuy; casi en todos los casos producto de coaliciones opositoras al kirchnerismo, gobernante por 12 años en la Argentina. Sin duda, una nueva historia para la política y la economía en la Argentina.
Celebración del poder y defensiva gubernamental
Entre los sectores hegemónicos del poder económico hubo celebración por los resultados, aun cuando anticipadamente otorgaban crédito a cualquiera de los principales candidatos en la disputa por el gobierno. Ambos son amigables con el poder económico y mediático.
La celebración fue puesta de manifiesto en los negocios procesados en la bolsa de valores y las acciones e iniciativas especulativas. La agenda del poder en política económica fue ratificada en la perspectiva del ajuste y la devaluación, con costo, claro está, para la mayoría de la población, los que viven de ingresos fijos, sean trabajadores activos, jubilados o beneficiarios de planes sociales, incluso, empresarios cuyo destino es la actividad económica en el mercado interno.
En el marco de esa agenda, la preocupación gubernamental apunta a frenar operaciones que disparen anticipadamente la elevación de la cotización de las divisas. Para ello, el BCRA aumentó las tasas de interés sobre los plazos fijos para estimular inversiones en pesos por sobre la demanda de dólares; al tiempo que agudizó las restricciones a la compra de divisas en el mercado local y acelerar la liquidación de activos en divisas de las compañías de seguro. Al mismo tiempo estimula el mercado a futuro para marzo del 2016 con una cotización de 10,80 pesos por dólar. Un gran negocio para especuladores con capacidad de inversión en el corto plazo y que desde ahora descuentan una segura devaluación con el cambio de gobierno. Son medidas que encarecen el crédito y fortalecen las inversiones especulativas de corto plazo, con impacto directo en los precios, que no crecen más por las condiciones de estancamiento presentes desde hace tiempo.
El discurso electoral es convergente hacia el centro, intentando ampliar los núcleos duros de consenso. Por eso desde el opositor Macri se apunta a cambios en las formas de la política más que en nuevos rumbos de la orientación económica, aunque es previsible una mayor relación con el bloque que en la región estimula la liberalización de la economía. El desemboque de ese rumbo es más amigable con la Alianza del Pacifico, que empuja EEUU con sus aliados regionales en México, Colombia, Chile y Perú.
Queda muy lejos un balance crítico a la subordinación liberalizadora que hace una década se sostenía contra el ALCA, que ahora resurge bajo nuevas formas de integración subordinada. El intento de Scioli aparece complicado, con historia y perfil a la derecha del gobierno, lo que provoca discusión al interior del consenso oficial. En esas condiciones realiza esfuerzos por asimilarse lo más posible al imaginario del votante oficialista y enunciar nuevas propuestas. En ese sentido intentó difundir un compromiso con la demanda del 82% móvil del salario mínimo, intentando asociar la propuesta a la que sostiene el movimiento de jubilados y fue descalificado inmediatamente por la opinión presidencial, quién recordó que oportunamente había vetado esa iniciativa. Las propuestas relativas a las actualizaciones impositivas para la cuarta categoría también parecen llegar a destiempo.
Ambos candidatos disputan el consenso mostrando confiabilidad en la atracción de inversiones externas y capacidad para intervenir en la reinserción de la Argentina en el mercado financiero, lo que supone negociar con los inversores no ingresados a los canjes de deuda del 2005 y 2010, incluidos los fondos buitres que cuentan con la sentencia del Juez Griesa ratificada en instancias superiores. Un tema agravado con la asimilación dispuesta en estas horas a los llamados “me too”, otros inversores que demandan igual beneficio que el logrado por los buitres en la justicia de EEUU.
El debate político en estas horas es intenso, con el objeto de mostrar diferencias de orientación en uno u otro de los candidatos y claro, existen matices entre ellos, especialmente sobre la base social de sustento de cada uno y de la posibilidad para desandar cierto consenso social construido desde la crisis del 2001, que incluye, obvio, la resistencia a las políticas de reestructuración reaccionaria generalizadas en los 90. En esa consideración es que más allá del resultado electoral y la gestión presidencial emergente, el movimiento popular organizado en diversas experiencias con pretensión alternativa, incluso a la dominación capitalista, interpondrá límites a cualquier objetivo de restauración conservadora. No se trata de una expectativa esperanzada, sino del desafío que supone la coyuntura para construir y avanzar en un camino por la emancipación.

Buenos Aires, 1 de noviembre de 2015

Lo que se discute y oculta sobre la economía en víspera de elecciones

En vísperas de las elecciones de renovación presidencial, se procesan problemas económicos que atraviesan fenómenos coyunturales y otros estructurales. Algunos se asumen en la discusión electoral, especialmente en la lógica de retomar la senda del crecimiento; y otros, especialmente los estructurales aparecen ocultos o escasamente tratados, aun cuando la sociedad demanda su atención.
Se destacan entre estos últimos los relativos al modelo productivo, con escasa visibilidad en el debate electoral, aun cuando tienen fuerte presencia en el conflicto social y en la discusión por otra sociedad.
Entre ellos, sobresale el episodio promovido por la Barrick Gold y el derrame de solución con cianuro en San Juan, que movilizó a buena parte de la población, especialmente en la ciudad de Jáchal, la zona directamente afectada. La novedad es la represión y detención a los protagonistas del bloqueo para el ingreso a la mina Veladero, la más importante en la producción de oro en la Argentina. Es un episodio que genera múltiples debates entre el activismo crítico a la mega-minería y la sociedad que asiste con asombro al cambio de clima respecto al consenso previo a la gestión política de estas inversiones externas y su efecto de saqueo. Aún está pendiente la opinión judicial y los estudios técnicos sobre el asunto y se habilitó un debate escamoteado hasta el momento, con escasa intervención y opinión de los principales aspirantes a ocupar la presidencia en el próximo periodo gubernamental, entre 2015 y 2019.
Algo similar remite al bloqueo, que ya acumula más de dos años, a la planta que Monsanto pretendió instalar en Malvinas Argentinas, Provincia de Córdoba. Los tres candidatos presidenciales al frente de las encuestas sostienen el modelo agrario de industrialización para la exportación fundado en el paquete tecnológico abastecido por transnacionales de la alimentación  y la biotecnología. Las opiniones críticas se sostienen desde el activismo social y político con relativo éxito en la discusión pública, aun cuando existen extendidas voces entre pobladores, campesinos, productores, comunidades, técnicos, profesionales y ámbitos académicos en la discusión sobre la soberanía alimentaria, más allá de la difundida seguridad alimentaria, que a diferencia de la anterior, no discute el modelo agrario.
Tanto la mega-minería como el modelo sojero y agrario, son aspectos trascendentes del modelo productivo y de desarrollo en la Argentina, ampliamente elogiados por sus mentores, los inversores externos y sus socios locales, como estratégicos para el crecimiento y el desarrollo de la economía. En rigor, para sus ganancias y lógica de acumulación de poder económico y político. Algo similar ocurre con la explotación de los hidrocarburos no convencionales, ámbito en el que se esperan ingresos de capitales externos para la explotación y superación de la crisis derivada del déficit energético de la Argentina. Adicionemos que se trata de un sector que acaba de recibir beneficios sustanciales en el precio de sus productos, muy por encima del precio internacional de los hidrocarburos, aun cuando lleva meses la caída del precio en el ámbito mundial.
Durante años se sostuvo la importancia del fuerte ingreso de las inversiones para la realización de la mega minería a cielo abierto y solo ahora aparecen más visibles los efectos regresivos sobre la sociedad y la naturaleza. Es cierto que el asunto estuvo anticipado en Esquel en 2003, contra el intento de radicar una inversión cercana en la ciudad, y más recientemente en las denuncias contra la explotación del cerro Famatina en La Rioja, o las denuncias y resistencias por La Alumbrera en Catamarca. Pero el derrame en San Juan evidenció al país el riesgo del modelo productivo de saqueo sobre nuestros bienes comunes.
En el mismo sentido debe considerarse el cambio productivo en el agro, consolidado con la autorización al uso de transgénicos en la década del noventa, que permitió la expansión de la frontera agrícola sojera para la exportación. Ese fenómeno motivó la salutación a las autoridades argentinas de los directivos de Monsanto, principal proveedor del paquete tecnológico para el funcionamiento del modelo agrario en el complejo de la soja. Hoy es cuestionado por un amplio movimiento social que incluye a los pueblos fumigados y al sector productivo asociado a la agricultura familiar y comunitaria, y no solo por razones económicos, sino también sociales y culturales asociados al modo de desarrollo.
Con matices se afronta la cuestión industrial, ya que todo parece reducirse en el debate electoral a la necesidad del ingreso de capitales externos para la inversión, con escasa discusión del carácter dependiente de insumos estratégicos que supone el sector integrado en la economía mundial, el que definen las transnacionales y sus socios locales. Lo que no aparece es la necesidad de discutir un modelo industrial que resuelva insuficiencias históricas que promueven la dependencia y el atraso, asociado a lo cual se inserta el debate sobre los sujetos de la industrialización, algo en lo que pueden intervenir los protagonistas de las fábricas recuperadas, las cooperativas de producción y los emprendimientos autogestionarios. A ellos se puede sumar a un amplio abanico de pequeños empresarios subordinados productivamente a la lógica hegemónica del gran capital fabril, local y extranjero.
En el modelo productivo y de desarrollo está el corazón de los que se necesita discutir. Sin embargo, son aspectos alejados del debate electoral, que solo se concentra en la lógica de lo visible en materia de política económica: evolución de los precios, especialmente de las divisas; la confianza en las inversiones externas y la reinserción en el sistema financiero, con más deuda pública, todo para superar la desaceleración económica y la caída de la producción manufacturera.
No es menor discutir sobre la inflación, sus impactos y medidas correctivas sobre impuestos, especialmente de la 4ta categoría en ganancias, o el sentido y destino del gasto público; pero son todas medidas derivadas de las cuestiones estructurales, en general ausente en el debate electoral y presentes en la demanda de la sociedad que aspira a la organización de otro modelo de producción y de desarrollo. Será algo a definir en el proceso de la lucha y la disputa cotidiana por otra sociedad, una cuestión que trasciende la contienda electoral.

Buenos Aires, 23 de octubre de 2015