¿Cómo se procesa el debate por la distribución del ingreso en la Argentina?

La lucha de clases tiene múltiples manifestaciones y se expresa, entre otras, en los debates que emergen del múltiple “diálogo” propuesto por el gobierno nacional en el escenario posterior a las elecciones legislativas de medio tiempo a fines de junio del 2009.

Uno de los diálogos es apurado con gobernadores de provincia preocupados por apropiar parte de los recursos fiscales nacionales, con declinantes superávit fiscales, ante la crisis de la recaudación provincial. La demanda de los mandatarios provinciales hace explícita la lucha con la nación por fondos públicos. Es una discusión sobre la distribución federal de los ingresos del Estado, amén de la cuestión de la asignación de esos fondos, concientes de que más de la mitad del gasto provincial se aplica a sueldos.
En otro de esos diálogos se escucha la vos de los partidos políticos que reclaman para sí, para la “política”, la solución de los diferendos sociales, es decir la disputa por la apropiación de la renta nacional entre los distintos sectores sociales, una clara alusión a la escamoteada lucha de clases. El lugar sugerido es el Parlamento, especialmente luego de la merma de legisladores oficialistas, aún antes del recambio legislativo en diciembre del 2009.

Sin embargo, el tema parece resolverse en el definitorio diálogo con los sectores económicos y sociales mediados por el accionar gubernamental, tal como se evidencia en estos días en los acuerdos promovidos en el ámbito del Consejo del salario mínimo, la productividad y el empleo y en el diálogo del gobierno con la Mesa de Enlace de las entidades agrarias en la previa de la inauguración de la Feria de la SRA de Palermo. Es un cónclave que preludia el mentado Consejo para el Diálogo Económico y Social, pensado hace tiempo y postergado varias veces en la búsquedas de consensos o clara hegemonía de los participantes.

Respecto del Consejo del salario mínimo, la productividad y el empleo, una vez más solo se consideró lo relativo al salario mínimo, elevado a 1500 pesos por mes en un cronograma que llega a finales del año, es decir en cómodas cuotas para avanzar progresivamente desde los 1240 pesos mensuales actuales. La CTA, como en ocasiones anteriores, no avaló el acuerdo empresarial y de la CGT alentado por el gobierno, motorizado en otras valoraciones sobre la falta de credibilidad en las estadísticas públicas y las necesidades sociales insatisfechas, pero también asentadas en la necesidad de discutir políticas universales más allá del ingreso salarial, tal como la asignación universal para menores o los ingresos previsionales para los mayores sin cobertura. Es cierto que el salario mínimo es el más elevado, en términos relativos, desde la recuperación de gobiernos constitucionales, aunque tiene el límite de la creciente informalización laboral. Sobre la productividad ganada y acumulada en años de crecimiento económico nada se discute. Todo terminó en las cuentas de ganancias de las empresas y forman parte de las crecientes remesas de utilidades al exterior que fundamentan, entre otras modalidades, la fuga de capitales, que en los últimos dos años equivalen a las reservas internacionales acumuladas. El debate sobre el empleo sigue siendo un ausente en el cónclave anual privilegiado por la alianza del sindicalismo tradicional, las agrupaciones de los empresarios concentrados y el gobierno.

El diálogo del gobierno con la Mesa de Enlace de las entidades agrarias estuvo precedido por subsidios a la lechería. Se promovieron medidas para favorecer la exportación de carne y satisfacer demandas en materia de retenciones al trigo y al maíz, no a la soja, la gran reivindicación de los empresarios del campo. El gobierno difundió el otorgamiento de subsidios agrícolas por más de $21.000 millones de pesos en el último año, poniendo en evidencia la asignación de cuantiosos recursos públicos al sector empresarial primario. En realidad, lo que no se discute, más allá de algún argumento debatido marginalmente en los medios de comunicación, es el modelo productivo, especialmente en el agro, que tiende al monocultivo de un producto demandado por el mercado mundial. Un proceso que viene de la mano de una especialización local derivada de políticas económicas sustentadas en el auge neoliberal de los 90´, donde la Argentina promovió una inserción internacional altamente funcional a las demandas de los capitales de mayor dinámica en la acumulación de ganancias, riqueza y poder en el ámbito mundial: las empresas alimentarias, de biotecnología, mineras y de apropiación de recursos naturales en general.

El Consejo del salario mínimo intentaba ser un preámbulo del Consejo para el Diálogo Económico Social, instituto en formación al que la Mesa de Enlace aún no se involucra en un claro juego de lucha por la hegemonía política en la conducción del proceso económico nacional, es decir, en la acumulación de capitales en la Argentina. Se trata de una disputa a dos bandas, con el gobierno por un lado, y con otros sectores del empresariado por el otro. Está claro que el conflicto político del 2008 se mantiene en pie y condiciona el funcionamiento político de la economía. Es una cuestión de hegemonía en el capitalismo realmente existente en el país, y claro, todo en el marco de los estrechamientos que supone la crisis de la economía mundial.

Hipótesis de superación de la crisis

La realidad es que la crisis de la economía mundial se hace sentir y habilita una disputa por la renta nacional, donde cada quién tiene su pronóstico y propuestas para evitar el mayor costo posible. Desde el Ministerio de Economía (Reportaje a Roberto Feletti en Página 12 del domingo 2 de agosto) se sostienen pronósticos positivos sobre el futuro mediato. Se dice que mejorará la exportación de producción argentina por crecimiento de la demanda de China con la argumentación de que el país asiático está más concentrado en el desarrollo de su mercado interno que en la estrategia anterior de fomento a sus exportaciones. El crecimiento chino no será tanto por su inserción exportadora en el mundo, sino por su insatisfecho e inmenso mercado interno. El argumento se completa con la recuperación de Brasil para facilitar las exportaciones argentinas a ese país.

Se esgrime la tesis de que China y Brasil demandarán más de Argentina y eso favorecerá la recuperación en nuestro país desde el último tramo del 2009 y se consolidará hacia mediados del 2010. Es un diagnóstico que ratifica la apuesta a una recuperación del nivel de actividad derivado de la inserción internacional en la oferta privilegiada de recursos primarios. También suponen una expectativa de mejora en las inversiones mediante la promoción de una banca de desarrollo o fomento, ya anunciada por el Ministro de Economía, Amado Bodou, aunque demorada en su concreción inmediata.

En la ecuación macroeconómica PBI= C+I+X-M (Producto es igual a Consumo + Inversión + Exportaciones – Importaciones) puede leerse que la propuesta es crecer por el lado de las Inversiones (I) y por Exportaciones (X). En materia de Consumo (C) todo se concentra en el estimulo al gasto público sostenido en el superávit fiscal. El problema señalado por el vice ministro son los vencimientos externos, ya resueltos para el 2009, según afirma, y se confirma con la cancelación de 2.250 millones de dólares del vencimiento de uno de los cupones anuales del BODEN 2012 el 3 de agosto del 2009. Se da por descontada la cobertura para afrontar los pagos en el 2010, y avanzar en arreglar con el club de París (unos 7.000 millones de dólares); con los acreedores que no entraron al Canje de la deuda pública en cesación de pagos en el 2005 (unos 28.000 millones de dólares); y regresar al mercado voluntario de crédito con la emisión de nuevos títulos públicos, en una confesión sobre el condicionante estructural del endeudamiento externo. Se asumen los problemas de la fuga de capitales en la desconfianza por la crisis internacional; los giros de las transnacionales al exterior y las compras de divisas de los inversores locales.

Son expectativas alimentadas con cierto optimismo derivado de algunas informaciones que provienen del centro de la crisis. En esta semana se dieron a conocer los datos de la economía de EEUU del segundo trimestre del 2009 con una reducción del PBI del 1% y se corrigieron a la baja datos previos sobre la evolución del producto de la potencia norteamericana, destacando que la recesión empezó a comienzos del 2008 y no en el segundo semestre como se pensaba hasta ahora (www.bea.gov). Los pronósticos son alentadores según el gobierno de Barack Obama, pero sobresale la precaución por la tendencia insuficiente al consumo, que explica dos tercios del PBI estadounidense y pese a la fortísima contribución estatal en subsidios y en la reducción de impuestos personales. El tema de principal preocupación en EEUU lo constituye el desempleo, que alcanza al 9,5% y podría superar el 10% a corto plazo. A mediados del 2007 apenas se registraba un 6%, y desde entonces no cesan las cesantías laborales que alimentan el efecto pobreza y de temor que incide en el sentido común y reducción de la propensión al consumo y la inversión de la población estadounidense.

El desempleo creciente es el diagnóstico más común en los organismos internacionales, y especialmente CEPAL, que recientemente (informe de la Secretaria General del 17/7/09) considera que este año 2009 podrían sumarse entre 3 y 4 millones de nuevos desocupados en la región latinoamericana y caribeña. Todo dicho en el marco de una expectativa favorable para evolución de la economía en la región en la perspectiva de mediano plazo hacia el próximo año. Son informaciones que alientan pronósticos positivos sobre la evolución de la economía mundial y que no incluyen mensajes similares en materia de empleo e ingresos. Son formas en que la lucha de clases se manifiesta también en el discurso profesional especializado. Queda claro que “mejorar” es para las ganancias y los objetivos de los capitales, por encima de la preocupante cuestión social.

Es un tema que se suma en las preocupaciones sobre la evolución de la economía en la Argentina, donde el freno a la actividad económica recreó viejos problemas de caída del salario, precariedad laboral, reemergencia de la pobreza y la indigencia. El mapa de la conflictividad había mutado de los piqueteros a los trabajadores en tiempos de crecimiento de la economía local. El paisaje del conflicto por los ingresos devuelve a las calles, junto a los trabajadores y su lucha por el salario, el reclamo de los sin trabajo por planes sociales o empleo. Aunque menos visible que los reclamos agrarios, los sectores sociales de menores ingresos son también parte de la discusión sobre la distribución de la renta en la Argentina.

“Hay un proceso de extranjerización en la economía argentina”

Leé el artículo publicado en el blog del programa radial PRIMERA MANO y escuchá la nota haciendo click acá.

Elecciones legislativas del 2009. ¿Fin de ciclo? ¿Qué oportunidades políticas se habilitan?

La propuesta del oficialismo perdió su principal apuesta en la Provincia de Buenos Aires, aunque colectó una buena cantidad de votos, el 32%. Con el resultado final de las elecciones se instaló una referencia política, Francisco De Narváez, con posibilidad de disputarle la gobernación al Kirchnerismo en el 2011 con el 34% obtenido por la alianza del PRO (derecha macrista) y los peronistas disidentes, cuyo dirigente más visible es Felipe Solá, ex gobernador en tiempos de la presidencia de Kirchner, es decir, un ex aliado y compañero en épocas de transversalidad en el discurso. La elección bonaerense habilitó la continuidad del radicalismo en alianza con la diáspora radical y los seguidores del vicepresidente, colocados en un tercer lugar con el 21%; pero más importante aún por la potencia de movimiento político en construcción pasa por el 6% obtenido por el Nuevo Encuentro que logra la diputación por Martín Sabatella (ex intendente de Morón) y Graciela Iturraspe que incluía entre sus aliados a fuerzas políticas de gravitación en la CTA, en la APYME, el movimiento cooperativo, territorial, vecinal; sectores del socialismo, el Partido Comunista provincial y otros sectores en una experiencia novedosa de pluralidad política y movimientismo con voluntad de articular proyecto con otros distritos. La experiencia del Nuevo Encuentro sintetiza una experiencia de gestión en el municipio de Morón con la práctica de movilización y organización popular de la CTA y parte de la izquierda política provincial.


Quizá deba consignarse la capacidad de recreación que mantienen los partidos tradicionales más allá de la crisis de la política que venimos mencionando. El dato es que en muchos distritos se procesó una interna dentro del peronismo. Vale mencionar que detrás de la lista de Unión PRO estaba la voluntad del ex presidente Eduardo Duhalde. El otro dato a considerar es la sobrevivencia del Partido Radical en su articulación panradical que les permite ubicarse como segunda fuerza parlamentaria y con disposición para disputar el 2011. El bipartidismo en crisis apuesta a su renovación bajo nuevas denominaciones para la construcción de una representación política hegemónica para el capitalismo local bajo las nuevas condiciones de la acumulación del capital.

Los datos de la Provincia de Buenos Aires pueden leerse en el Cuadro III, donde sobresale la capacidad del macrismo para articular una política metropolitana con perspectiva de disputar representación política nacional hacia la renovación presidencial en el 2011. La concentración poblacional en la provincia, de trabajadores y pobres, de pequeños y medianos productores y empresarios constituirá un desafío al bloque legislativo con pretensión de articular un proyecto popular y de izquierda. Igual que en la Ciudad de Buenos Aires, en el Cuadro IV puede percibirse el elevado ausentismo y la escasa importancia de los votos blancos, nulos e impugnados.







Similar a la derrota bonaerense ocurrió con la derrota en Santa Cruz, el distrito originario de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, que aún con escasa población y por ende representación política en el conjunto, ocupa un lugar referencial en el plano simbólico del escenario de derrota oficialista. Si bien perdieron por poco, pues la primera fuerza obtuvo el 42%, la opción oficialista colectó el 41% relegado al segundo lugar, lo que representa un profundo significado negativo en el imaginario colectivo. En definitiva, el resultado final es la resignación de una veintena de legisladores y la mayoría en el Senado, comprometiendo las mayorías legislativas que se construyeron en el ciclo que termina. Aún manteniendo la primera minoría, el sentido del voto es de castigo a la administración gubernamental. La estrategia adoptada fue la de plebiscitar la gestión y el resultado fue crítico, aunque el gobierno mantiene un tercio de la voluntad electoral nacional. Desde los sectores hegemónicos y la derecha se busca sustituir la administración para una gestión más confiable y afín a las necesidades del capital en tiempos de crisis de la economía mundial. Para los sectores populares y la izquierda (en sentido plural) se castigó el posibilismo y se demanda una mayor radicalización de las propuestas que acerquen a la Argentina al ciclo de cambios políticos más radicalizados en nuestra América.

Lo que viene
Se habilita entonces un nuevo tiempo político sobre la base de una renovada crisis de la política, con oportunidades para estabilizar una hegemonía capitalista, por derecha, pero también para conformar una propuesta política de carácter popular y más asociada a los procesos de radicalización que avanzan en la región, con los 50 años de socialismo en Cuba y las experiencias venezolana, boliviana y ecuatoriana. A estas se suman otros procesos en la región que generan expectativas de cambios, y que en conjunto pueden definir propuestas de carácter anticapitalista y por otro orden social. Argentina puede ser parte de ese proceso si en la izquierda y el movimiento popular se hace una adecuada lectura del pronunciamiento del 28 de junio pasado. Ello supone consolidar lo logrado y articular en un bloque político con todos los sectores con voluntad de avanzar en cambios profundos.

Vale considerar que se ha abierto la campaña electoral para la renovación presidencial y hay varios postulantes, algunos candidatos ganadores en estas elecciones (Reutemann) y otros que sin disputar en esta ocasión, sus espacios políticos acumularon fuerza (Cobos, Binner, entre otros). Se habilita ahora una disputa a procesar en más de dos años hasta la renovación presidencial en el 2011. Es un tiempo que se llenará de tensiones al interior de los partidos políticos en crisis e incluso en el conjunto de las representaciones sociales. Una gran incógnita será el papel del sindicalismo tradicional y en particular el camino a seguir por la presidente y el ex presidente.

Pero la vida cotidiana no es solo el ámbito institucional y las elecciones. La conflictividad está presente ante el agravamiento de la crisis y el posible giro con concesiones al poder económico, en previsible errada lectura de hacer lo posible ante un corrimiento electoral por derecha. La verdad es que el voto capitalino demuestra que existe variación en la apuesta política, tanto con la reducción de votantes del macrismo, como por la incorporación de un bloque de diputados en potencia de articular un espacio alternativo con legisladores de otros distritos para disputar a la derecha porteña el gobierno del 2011, como la instalación de una agenda en el Parlamento que contacte con las demandas del movimiento popular.

El resultado electoral, especialmente en la ciudad de Buenos Aires, demuestra que es posible enfrentar a la derecha y que para ello no hace falta resignar discurso y propuestas. Existe respuesta en la sociedad para una propuesta en defensa de la soberanía sobre los recursos naturales, la condena al hambre y la distribución del ingreso y la riqueza; el rechazo al cumplimiento de las demandas de los acreedores externos y la discusión sobre el modelo productivo y el patrón de consumo. Se puede defender un proceso de nacionalizaciones con participación popular en la toma de decisiones. Es la oportunidad para continuar con ese nivel de propuesta en la construcción de iniciativas como la Constituyente Social, con protagonismo popular en el debate sobre el país o ciudad que tenemos y pretendemos. Se trata nada más y nada menos que disputar la construcción de poder popular.

La OIT, el desempleo y las políticas anticrisis

En la reunión de la OIT en Ginebra se discute sobre la crisis y el empleo. Tres presidentes hicieron oír sus voces este lunes 15 de junio. Sarkozy sustentó la necesidad que la OIT pueda tener su palabra ante la OMC, el FMI y el Banco Mundial, al promover la participación del organismo en el G20 para defender la obligatoriedad de aplicación de la regulación necesaria para defender el empleo. Todo al tiempo que se estimula la flexibilización laboral y se deroga la disminución de la jornada de trabajo. El premier francés se pronunció en defensa de la regulación y por la aplicación de la tasa Tobin contra la especulación. Resulta curioso escuchar al líder de la derecha francesa hablar de “regulaciones” cuando su plataforma electoral y su accionar de gobierno son por la liberalización de la economía.


A su turno Lula cuestionó que las instituciones financieras internacionales no tengan recetas para superar la crisis económica mundial, cuando abundaban en recetas ante las crisis variadas en el sur del mundo. Es una manifestación crítica al FMI y al Banco Mundial, al mismo tiempo que Brasil sustentó el programa de apoyo al Fondo aprobado por el G20 en Londres a comienzos de abril. En esa ocasión se triplicó la capacidad de préstamos del organismo internacional desde los 250 mil millones a los 750.000 millones de dólares, simultáneo con una capitalización de la entidad. Para cumplir con el objetivo de fortalecimiento de la institución internacional hegemonizada desde Washington, el gobierno brasileño anunció su contribución con un préstamo por 10.000 millones de dólares al FMI y que éste reorientará a países en dificultades. China comprometió 50.000 millones de dólares y Rusia 10.000 millones de dólares. En total, la entidad debe recolectar 500.000 millones para hacer realidad la política definida por el G20.

La presidenta argentina Cristina Fernández sostuvo que “es necesario que el capital y el trabajo vuelvan a ser los ejes centrales” de una política anticrisis y defendió la utilización de los fondos previsionales para sostener el nivel de actividad y el empleo ante una situación de crisis como la actual. Lo curioso es que la relación entre el capital y el trabajo también impregna a las finanzas e incluso la especulación. Como ya se demostró hace más de 150 años, la fuente de las ganancias, sean beneficios empresariales, intereses, o rentas diversas que remuneren al factor capital o naturaleza provienen de la plusvalía, o sea de la explotación de los trabajadores por los capitalistas, sean industriales, del sector agropecuario, financiero, comercial o bajo cualquiera de las formas que asume la relación capitalista.

Todos los jefes de gobierno defendieron el ingreso de la OIT en el G20 junto al Fondo y al Banco Mundial como forma de asegurar el cumplimiento de las recomendaciones de la organización tendientes a aminorar el impacto de la crisis sobre el empleo. El problema es que la crisis mundial se descarga ya sobre los trabajadores. La OIT señala que serán hasta 59 millones los nuevos trabajadores desocupados en el mundo durante el presente año. Una tendencia que también se verifica en la región latinoamericana tal como destaca un informe conjunto de la OIT y la Cepal. Dicho informe relata que más de un millón de personas han perdido su trabajo en América Latina debido a la crisis global al cierre del primer trimestre de este año, lo que hace presumir una cifra de unos tres a cuatro millones para todo el 2009. El documento destaca que el desempleo podría subir hasta el 9,1% este año en la región.

Techint o la histeria de la derecha

Columna de análisis emitida el domingo 31 de mayo de 2009 en el programa Hipótesis, LT8 Radio Rosario, Argentina.

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