Se reabre el debate por la Tax Tobin.¿Un freno a los flujos de capitales especulativos? ¿Se puede ir por más?

Con la cesación de pagos del consorcio inmobiliario financiero de Dubai se habilita otro capítulo de la crisis integral del sistema capitalista mundial. En este marco, otra transnacional en problema da cuenta de los responsables de la crisis y sus apoyaturas globales y locales. En 2008 fue Lehman Brothers, el Banco Transnacional de origen en EEUU, y ahora el consorcio transnacional de la ciudad Estado de los Emiratos Árabes Unidos. El sujeto principal de la crisis y del sistema capitalista es el capital transnacional, que renueva en estas condiciones su estrategia de liberalización, que se materializa en el saqueo, la explotación y la violencia, para lo cual acude al soporte del Estado capitalista. Si alguien lo duda basta con observar el destino del salvataje global o los múltiples subsidios nacionales en todo el mundo a empresas con problemas para su valorización.



Es evidente la indispensable colaboración de los Estados nacionales con el objetivo de consolidar la valorización financiera o la producción concentrada, la dominación y, por tanto, la continuidad del modo de producción capitalista en esta época de transnacionalización. En ese marco se entiende el “salvataje” instrumentado por los Estados como una clara señal en pos del mantenimiento del orden mundial vigente. Es el “Estado” al servicio del “mercado”, demostrando la hegemonía de la esencia de clase del accionar político estatal. Tal connivencia entre el capital y el “Estado”, intenta encubrir las fatales consecuencias sociales, políticas e ideológicas que genera la actual crisis de la economía mundial. En ese sentido, interesa abordar aquí el cuestionamiento a los presupuestos ideológicos neoliberales sobre los que se asentó el discurso contra el gasto público social, la empresa estatal y a favor de la iniciativa privada, la apertura comercial, económica y financiera como programa aplicado prácticamente en todo el mundo. Cabe resaltar que la predica neoliberal no sólo tenia asidero entre los núcleos de saber especializado, sino que se constituyó en un saber del sentido común, influencia mediante de los medios de comunicación en el establecimiento de este discurso.

Reaparece la Tax Tobin 
Por estos días y luego de más de tres décadas del más acérrimo neoliberalismo, desde Gran Bretaña, uno de los países europeos centrales, se propone estipular un impuesto (tax en inglés) al flujo financiero de capitales (Tax Tobin).

Al menos así lo expresó Gordon Brown, el gobernante laborista británico, quien el 8 de noviembre y nada menos que en el marco de la apertura de la reunión ministerial del G-20 en la ciudad escocesa de Saint Andrews, sorprendió a su país y al mundo al declarar que es necesario un nuevo “contrato social” con el sector financiero y que “no es aceptable que los beneficios del éxito los cosechen unos pocos y los costos del fracaso los paguemos todos”. En el mismo sentido y apoyándose en esa propuesta, el premio Nobel de Economía del 2008, sostiene que es tiempo de “reflotar la tasa Tobin”. Al mismo tiempo que apoya en su nota a las autoridades británicas, critica la negativa estadounidense y demanda que “ha llegado la hora de un impuesto a las transacciones financieras”.

  
¿Pero que significa que desde el núcleo mismo del poder capitalista se realice un planteo semejante? Para contestar esa pregunta es necesario remontarse a la historia. La Tax Tobin es un impuesto sobre las transacciones de divisas, que surge a comienzos de los años 70, inicio de la eclosión especulativa que derivara en la burbuja explotada en nuestros días. El impuesto toma su nombre del Premio Nobel de economía, el estadounidense James Tobin, que la propuso en 1972 para frenar la ola especulativa asociada a la compra venta de divisas. Intentaba, con su propuesta, gravar mínimamente las operaciones con divisas, colocar un grano de arena en el engranaje de la especulación emergente. A su modo proponía rescatar al capitalismo del peligro de la especulación, sin comprender la lógica de la concentración y centralización que llevaba el rumbo de la liberalización de la economía mundial.


La opinión de Tobin no fue considerada oportunamente y la realidad del desarrollo capitalista transcurrió sin obstáculos por el camino de la liberalización, la desregulación, la apertura de las economías y el libre movimiento de capitales internacionales, potenciados por la revolución tecnológica. Y la propuesta de James Tobin, por supuesto, fue desechada. Sin embargo, por el año 1998 el movimiento popular rescata y resignifica la Tasa Tobin. Surge la Asociación por una Tasa Tobin de Ayuda al Ciudadano, ATTAC, que se articula como una red en más de 40 países del mundo, entre los cuales figura Argentina. Estaba claro que ahora no se trataba de salvar al régimen del capital, sino de promover un instrumento de recaudación global para afrontar los problemas de la creciente pobreza e indigencia en el mundo. Se pensaba a la propuesta como un punto de partida a sustentar con otras medidas que suponían una confrontación con el pensamiento hegemónico de los noventa. Era una proposición para constituir sujetos contradictores en un clima de avasallante hegemonía de la ola neoliberal.

  
Pero retomemos nuestra reflexión sobre el ámbito desde donde ahora se propuso la Tax Tobin. Ante la incapacidad del G8 para ordenar el sistema en crisis, se le otorgó carácter de cumbre presidencial al G20. Este agrupamiento de países tiene antecedentes en las crisis de la década del ’90. Emerge con el fin de suplir los problemas que dejan las políticas de liberalización financiera a lo largo del mundo, las cuales eran “recetas” de los organismos multilaterales de crédito y el poder económico mundial. Inicialmente se trataba de una reunión ministerial convocada una o dos veces por año; pero cambió de calidad cuando estalló la actual crisis en EEUU en el 2007-8. La principal conclusión de la última reunión del G20 realizada en Pittsburg (septiembre 09), es la coincidencia de los gobiernos de los países miembro en la rehabilitación del sistema financiero y junto con ello, la persistente confianza en la autorregulación de los mercados, base de la ideología neoliberal.

  
De hecho, la respuesta en contra del planteo de G. Brown no se hizo esperar. Así, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, rechazó la propuesta de inmediato, alegando que “un impuesto cotidiano a las transacciones financieras es algo que no estamos dispuestos a aceptar”. Al tiempo que el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, expresó a la prensa que “la tasa Tobin es una vieja idea que hoy es impracticable”.

  
Sendas declaraciones dan cuenta de la tensión existente referida a quién y cómo se pagan los costos de la crisis vigente. En el marco de esta puja se abre el espacio para debatir iniciativas alternativas al pensamiento neoliberal hegemónico, incluso más allá de la Tax Tobin.

  
Es que Brown y Krugman por un lado sostienen el carácter benévolo para el capitalismo en crisis al colocar “un grano de arena” a la especulación financiera, ampliamente rechazada por la autoridad del Fondo y el gobierno de EEUU. Ambos oponentes razonan desde una lógica de salvataje del capitalismo. Para nosotros, la cuestión es si se puede ir más allá del capitalismo en crisis, partiendo de la utilización de esos potenciales recursos a obtener por una Tax Tobin, para resolver necesidades sociales insatisfechas.

  
El mencionado contrapunto evidencia también, el empeño por proteger la libre circulación de los capitales. Es que el G20 decidió rescatar al capitalismo de la crisis mundial con un fortalecimiento del FMI, para lo cual le triplicó la capacidad de préstamos y favoreció una ampliación en su capacidad de emisión de Derechos Especiales de Giro, DEG. En ese sentido, entre los habituales argumentos en contra de la restricción especulativa, se aduce que un impuesto con tal objetivo, interferiría el flujo de las inversiones externas directas. Falacias. Porque la aplicación de la tasa Tobin apunta a regir la compra y venta de divisas y el movimiento especulativo de fondos, mientras que las inversiones suponen colocaciones de riesgo en el mediano y largo plazo, con impacto en la economía real.

  
Cabe recordar que, a su modo, Brasil decidió aplicar un impuesto al ingreso de capitales destinado a la compra de activos financieros. Es un antecedente en la región que valida la factibilidad de la aplicación del impuesto tipo Tobin. Aún antes, Chile fue ejemplo mencionado en la restricción al ingreso de capitales de corto plazo. En rigor, en Argentina también se establecieron límites temporales para el ingreso de recursos externos. Agreguemos que un acuerdo global o regional le otorgaría un mayor poder de aplicabilidad a la propuesta tributaria. De hecho, el debate ya se dio en el seno de la Unión Europea, en el mes de septiembre del 2001, más no logró la cantidad necesaria de votos para su ejecución.

  
¿De qué montos hablamos? ¿Quién debe administrarlos? 
A modo estimativo, y a fin de otorgar una dimensión certera de la cantidad de dinero que implicaría un impuesto de este estilo, se puede decir que, tomando en cuenta el volumen de los movimientos financieros que circulan diaria y libremente por el mundo en busca de ganancias, se estima que, tasa Tobin mediante, entre 100.000 y 300.000 millones de dólares anuales, según sea la alícuota aplicada. Son valores que superan la suma anual necesaria para erradicar la pobreza extrema en el mundo. Por ello, la Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras y Ayuda a los Ciudadanos en Argentina (Attac–Argentina), enmarcada en el Movimiento por la Soberanía e Integración de los Pueblos (MoSIP), sostiene:
- el control estricto de capitales es esencial para poner fin a la inestabilidad y a la especulación financiera;
- un impuesto como la “Tasa Tobin” debe aplicarse a todas las transacciones financieras a un tipo impositivo suficiente (el propio Tobin sugirió del 0,5 al 1%), previendo la posibilidad de aumentarlo fuertemente para cortar de raíz cualquier movimiento especulativo naciente;
- este impuesto sería más eficaz si se aplicara a escala mundial, pero desde ahora mismo sería perfectamente operativo en el ámbito de algunos procesos de integración económica como el MERCOSUR, la Unión Europea;
- este impuesto debe ser parte de un conjunto de medidas coherentes para reducir la influencia del poder de las finanzas: supresión de los paraísos fiscales, limitación de ingresos financieros, eliminación de las primas (bonus);
- la administración de los recursos que se generen a través de la aplicación de la Tasa Tobin deberá ser efectuada por instituciones internacionales cuyo funcionamiento no esté regido por la lógica neoliberal.”


En este último punto, deja claro que tanto los organismos multilaterales de crédito como las instituciones financieras internacionales hegemónicas vigentes, no debe estar a cargo de la implementación de esta política, dado que su lógica capitalista asegura una asignación regresiva de los valores recaudados. Con las sucesivas crisis económico-financieras y sociales, queda en claro que la lógica neoliberal no sólo no soluciona la grave polarización social existente, sino que la exacerba. En síntesis, no existe el tan mentado “derrame”. Por lo tanto, desde el mismo Attac-Argentina se propone que sea un organismo como el Foro Social Mundial el encargado de aplicar, recaudar y ejecutar las partidas provenientes de este impuesto a la especulación financiera.

La crisis del sistema capitalista mundial es una oportunidad para que los pueblos consoliden el camino hacia un cambio profundo de la sociedad. En ese sentido se inscriben procesos de cambio político nacional que incluyeron reformas constitucionales y que avalan procesos de integración alternativa como el ALBA-TCP (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos), y la puesta en marcha de instrumentos financieros como el Banco del Alba y del Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE) aprobada para sustituir el dólar en el intercambio comercial entre los países miembros del ALBA. Es un camino que puede potenciarse con el demorado Banco del Sur o la incipiente operatoria de compensación en monedas locales en el comercio entre Brasil y Argentina, aún cuando terminan cancelando saldos en dólares.


La crisis continua y las propuestas apuntan al sostenimiento y relanzamiento del régimen del capital; o a encontrar caminos que supongan resolver necesidades inmediatas de los más necesitados y en ese camino disputar un rumbo más allá del régimen del capital. Ante la multiplicidad de regresivos efectos sociales provocados por la crisis, no resulta ni plausible ni efectiva una solución focalizada. Es preciso un cambio rotundo, integral, que tenga como eje la transformación del modo de producción capitalista.


28 de noviembre de 2009

Se reabre el debate por la Tax Tobin. ¿Un freno a los flujos de capitales especulativos? ¿Se puede ir por más?

Presupuesto 2010: una ley que marca el rumbo económico del año próximo

El senado aprobó el Presupuesto para el 2010 y ya es ley. Como se sabe, el presupuesto anticipa la política económica para el próximo año.




¿Qué podemos leer en ese sentido? Según el texto aprobado por el Parlamento, la Argentina vuelve al crecimiento económico. La pauta es del 2,5%. La duda que puede sostenerse remite a cual será finalmente el dato de evolución de la economía durante este año. El pronóstico oficial habla de un 0,5% de crecimiento y existen evaluaciones locales e internacionales que sindican una regresión que varía de 0 a -3%, con lo cual, el crecimiento del próximo año, apenas compensaría el decrecimiento del presente.


De todas maneras no es menor pensar en crecimiento en el marco de la crisis de la economía mundial. EEUU y la zona del euro anunciaron que en el tercer trimestre de este año volvieron al crecimiento, luego de 4 trimestres de recesión en EEUU y 5 trimestres en la zona euro. Lo cual nos lleva a otra discusión que el volumen de la asistencia estatal aplicada en el capitalismo desarrollado para superar la recesión de la economía de los principales países del capitalismo mundial. Estamos hablando de 5 billones de dólares aplicados al salvataje de grandes bancos y corporaciones transnacionales. Es un valor que abruma si al mismo tiempo se piensa en el dato recientemente ofrecido por la FAO, órgano de la ONU relativo a temas de alimentación, señalando que son más de 1.000 millones los hambrientos del mundo.


Entre las preocupaciones de los datos ofrecidos por el Presupuesto figuran los superávit fiscal y comercial. Sobre el fiscal, deberíamos señalar la preocupación por la nueva deuda a asumir, tanto del Estado nacional, como de las provincias, puesto que se suspendió la prohibición a las provincias para tomar deuda, tema contemplado en el pacto fiscal acordado luego de la crisis del 2001-03. Todo se concentra en la capacidad de recaudar por parte del Estado nacional que reitera el esquema impositivo para el próximo periodo. Preocupa el tema en lo coyuntural por las restricciones que tendrá el Estado para transferir a las provincias recursos suficientes para hacer frente al gasto corriente, situación agravada con el deterioro de los ingresos provinciales en la mayoría de los Estados de Provincia. Pero también preocupa en lo estructural porque no hay modificaciones planteadas en lo relativo a coparticipación federal, una deuda que se arrastra desde la reforma constitucional de 1994, que otorgo un plazo de dos años para modificar el régimen de coparticipación de recursos entre la nación y las provincias. Además, en lo estructural queda claro que no está prevista ninguna reforma impositiva para el próximo año. Ni siquiera la eliminación de las excepciones contempladas en el impuesto a las ganancias sobre las rentas provenientes de actividades financieras y la especulación.


El otro superávit que interesa es el comercial, puesto que este año se sostuvo sobre la base de la disminución de las importaciones, asociadas a la desaceleración de la producción, principalmente del sector industrial. Si para el próximo año se prevé un incremento de la producción es muy probable que se incrementen las importaciones comprometiendo los niveles elevados de superávit sostenidos en estos años, especialmente por la incertidumbre que generan los precios d exportación de la Argentina, como el impacto de las condiciones naturales sobre la producción agropecuaria. A propósito del crecimiento económico es poco lo que se espera de las inversiones del sector privado, recayendo el peso en la inversión pública.


En fin, quizá en una de las últimas votaciones sustanciales del periodo, se avanzó en la aprobación del Presupuesto sin que de allí se visibilicen cambios importantes en el rumbo de la economía. Entre los temas que no figuran, además de la reforma impositiva demorada, debemos destacar la incidencia que tendrán sobre el gasto público, los arreglos en la deuda externa que inciden negativamente en la prosecución del objetivo de la distribución del ingreso.

13 de noviembre de 2009

Boudou y el G20

El Ministro de Economía Argentino participó en Saint Andrews, Escocia, de un encuentro con pares del Grupo de los 20. Boudou sostuvo que no es función del Fondo “monitorear ni dar consejos respecto de las políticas económicas de cada uno de los países” y afirma que con Brasil participan de una estrategia de modificación de las funciones del FMI, señalando que la orientación del titular del organismo avanza en ese mismo sentido. Son declaraciones que no se compadecen con los estatutos y reglamentos que definen el funcionamiento actual del Fondo, ni con el papel que le asignan al organismo los principales actores, por caso, EEUU. Además, se estableció un calendario que empieza en enero del 2010 para cruzarse información entre los países y con la asistencia del FMI y el Banco Mundial. Serán 4 cruces de información durante el próximo año.
La estrategia política del ministerio transita por tres carriles, sin importar el orden en que se produzcan. Uno es la normalización de las relaciones con el Fondo; el otro pasa por un plan de pago de la deuda con el Club de París, es decir con Estados nacionales del capitalismo desarrollado por unos 7.000 millones de dólares y finalmente por la reapertura del canje a los inversores que no aceptaron la oferta del 2005 y que de hecho implica un reconocimiento de nueva deuda a la que reconocen las cuentas públicas, por 20.000 millones de capital y unos 10.000 millones reclamados por intereses. Todo indica que primero se resolverá el canje, luego el plan de pago al Club de París y al final del camino el acuerdo con el FMI. Lo cierto es que sin importar el orden de los factores, entre la normalización de deuda que está en cesación de pago y el acuerdo con el Fondo constituye hoy lo esencial de la política económica. ¿Porqué? Porque hace falta financiamiento externo para mantener la lógica del funcionamiento económico actual.
Vamos por partes. El Estado necesita financiamiento para sostener las cuentas públicas. Es una realidad del país y de las provincias. Se acaba de aprobar la flexibilidad para renovar el camino del endeudamiento de las provincias, suspendiendo las restricciones que suponía la legislación vigente de “responsabilidad fiscal”. ¿A qué tasa se financiarán los Estados provinciales y el nacional? Las últimas tasas se pactaron al 15%, siendo la pretensión reducirlas al 9 ó 10%, que aún con la importancia de la reducción tendrán un efecto gravoso sobre el gasto público, limitando la capacidad de afrontar gastos sociales o de desarrollo, privilegiando así la cancelación de la deuda externa. Por su parte, desde la política pública se pretende incentivar el endeudamiento del sector privado para estimular inversiones que posibiliten el fin del ciclo de desaceleración de la economía argentina.
La realidad es que la deuda está nuevamente como tema central de la coyuntura. Solo falta saber la cantidad de deuda incorporada por el canje y el arreglo a que se arribe para el pago al Club de París, y en función de ello definir el monto de los intereses a abonar en el futuro. Todo dependerá de la cantidad de bonos que se canjeen, de la quita que se establezca y de la tasa de interés que se defina en los nuevos instrumentos de deuda que reemplazarán a los viejos títulos en default. Hablamos de un total de 30.000 millones entre capital e intereses atrasados por el canje y 7.000 millones del Club de París, más lo que se logre por nuevas colocaciones, que según se anticiparon de boca del Ministro se podría empezar por una emisión de 10.000 millones de dólares para marzo del 2010.
Distintas estimaciones indican que el nuevo monto de deuda a reconocer podrá oscilar entre  ambos conceptos, unos 10.000 a 11.000 millones de dólares, con una incidencia anual en cancelación de intereses del orden de los 1.000 millones de dólares, a lo que deberá adicionarse el interés de la nueva deuda.
Entre las novedades de la reunión de ministros del G20 en el Reino Unido sobresale la propuesta del anfitrión de establecer un tributo a las transacciones financieras internacionales, un símil de la Tax Tobin, el impuesto sugerido al comienzo de los 70 por James Tobin que según sus palabras pretendía ser “un grano de arena” en el mecanismo incipiente de la especulación. Es necesario afirmar que el impuesto propuesto por Tobin fue difundido por los movimientos de resistencia a la globalización capitalista en los últimos años, especialmente por la red ATTAC, pero en un sentido diferente del propuesto por el premio Nobel y lógicamente en las antípodas de la propuesta británica actual.
En la Lógica de Gordon Brown está crear un fondo para atender próximas situaciones de crisis, en el mismo sentido que el multimillonario “salvataje” orientado a bancos y empresas transnacionales con dificultades. Para ATTAC y el movimiento de resistencia a la globalización capitalista, los fondos recaudados tendrían destino en la ayuda ciudadana, contra el hambre, la pobreza y la satisfacción de necesidades elementales no cubiertas en la sociedad contemporánea.
Una sociedad contemporánea en crisis, que nos muestra indicadores de salida de la crisis con agravamiento de la situación social, tal el caso de EEUU, donde la empresa Ford vuelve a mostrar un balance positivo, con ganancias de 1.000 millones de dólares en el III trimestre del 2009 y la medición del desempleo indica un aumento al 10,2 % de su población económicamente activa, cerca de 16 millones de desocupados. La realidad del capitalismo contemporáneo es la aplicación de políticas públicas para defender el régimen de acumulación y el ciclo de negocios, sobre la base de una nueva ofensiva del capital sobre los trabajadores.
Es algo que en la Argentina también se hace visible ante la conflictividad sindical y social creciente.

Boudou y el G20

El Ministro de Economía Argentino participó en Saint Andrews, Escocia, de un encuentro con pares del Grupo de los 20. Boudou sostuvo que no es función del Fondo “monitorear ni dar consejos respecto de las políticas económicas de cada uno de los países” y afirma que con Brasil participan de una estrategia de modificación de las funciones del FMI, señalando que la orientación del titular del organismo avanza en ese mismo sentido. Son declaraciones que no se compadecen con los estatutos y reglamentos que definen el funcionamiento actual del Fondo, ni con el papel que le asignan al organismo los principales actores, por caso, EEUU. Además, se estableció un calendario que empieza en enero del 2010 para cruzarse información entre los países y con la asistencia del FMI y el Banco Mundial. Serán 4 cruces de información durante el próximo año.
La estrategia política del ministerio transita por tres carriles, sin importar el orden en que se produzcan. Uno es la normalización de las relaciones con el Fondo; el otro pasa por un plan de pago de la deuda con el Club de París, es decir con Estados nacionales del capitalismo desarrollado por unos 7.000 millones de dólares y finalmente por la reapertura del canje a los inversores que no aceptaron la oferta del 2005 y que de hecho implica un reconocimiento de nueva deuda a la que reconocen las cuentas públicas, por 20.000 millones de capital y unos 10.000 millones reclamados por intereses. Todo indica que primero se resolverá el canje, luego el plan de pago al Club de París y al final del camino el acuerdo con el FMI. Lo cierto es que sin importar el orden de los factores, entre la normalización de deuda que está en cesación de pago y el acuerdo con el Fondo constituye hoy lo esencial de la política económica. ¿Porqué? Porque hace falta financiamiento externo para mantener la lógica del funcionamiento económico actual.
Vamos por partes. El Estado necesita financiamiento para sostener las cuentas públicas. Es una realidad del país y de las provincias. Se acaba de aprobar la flexibilidad para renovar el camino del endeudamiento de las provincias, suspendiendo las restricciones que suponía la legislación vigente de “responsabilidad fiscal”. ¿A qué tasa se financiarán los Estados provinciales y el nacional? Las últimas tasas se pactaron al 15%, siendo la pretensión reducirlas al 9 ó 10%, que aún con la importancia de la reducción tendrán un efecto gravoso sobre el gasto público, limitando la capacidad de afrontar gastos sociales o de desarrollo, privilegiando así la cancelación de la deuda externa. Por su parte, desde la política pública se pretende incentivar el endeudamiento del sector privado para estimular inversiones que posibiliten el fin del ciclo de desaceleración de la economía argentina.
La realidad es que la deuda está nuevamente como tema central de la coyuntura. Solo falta saber la cantidad de deuda incorporada por el canje y el arreglo a que se arribe para el pago al Club de París, y en función de ello definir el monto de los intereses a abonar en el futuro. Todo dependerá de la cantidad de bonos que se canjeen, de la quita que se establezca y de la tasa de interés que se defina en los nuevos instrumentos de deuda que reemplazarán a los viejos títulos en default. Hablamos de un total de 30.000 millones entre capital e intereses atrasados por el canje y 7.000 millones del Club de París, más lo que se logre por nuevas colocaciones, que según se anticiparon de boca del Ministro se podría empezar por una emisión de 10.000 millones de dólares para marzo del 2010.
Distintas estimaciones indican que el nuevo monto de deuda a reconocer podrá oscilar entre  ambos conceptos, unos 10.000 a 11.000 millones de dólares, con una incidencia anual en cancelación de intereses del orden de los 1.000 millones de dólares, a lo que deberá adicionarse el interés de la nueva deuda.
Entre las novedades de la reunión de ministros del G20 en el Reino Unido sobresale la propuesta del anfitrión de establecer un tributo a las transacciones financieras internacionales, un símil de la Tax Tobin, el impuesto sugerido al comienzo de los 70 por James Tobin que según sus palabras pretendía ser “un grano de arena” en el mecanismo incipiente de la especulación. Es necesario afirmar que el impuesto propuesto por Tobin fue difundido por los movimientos de resistencia a la globalización capitalista en los últimos años, especialmente por la red ATTAC, pero en un sentido diferente del propuesto por el premio Nobel y lógicamente en las antípodas de la propuesta británica actual.
En la Lógica de Gordon Brown está crear un fondo para atender próximas situaciones de crisis, en el mismo sentido que el multimillonario “salvataje” orientado a bancos y empresas transnacionales con dificultades. Para ATTAC y el movimiento de resistencia a la globalización capitalista, los fondos recaudados tendrían destino en la ayuda ciudadana, contra el hambre, la pobreza y la satisfacción de necesidades elementales no cubiertas en la sociedad contemporánea.
Una sociedad contemporánea en crisis, que nos muestra indicadores de salida de la crisis con agravamiento de la situación social, tal el caso de EEUU, donde la empresa Ford vuelve a mostrar un balance positivo, con ganancias de 1.000 millones de dólares en el III trimestre del 2009 y la medición del desempleo indica un aumento al 10,2 % de su población económicamente activa, cerca de 16 millones de desocupados. La realidad del capitalismo contemporáneo es la aplicación de políticas públicas para defender el régimen de acumulación y el ciclo de negocios, sobre la base de una nueva ofensiva del capital sobre los trabajadores.
Es algo que en la Argentina también se hace visible ante la conflictividad sindical y social creciente.
08.NOV.09